Elogio fúnebre del Doctor D.F. Martínez de la Rosa leido en la Universidad Literaria de Granada en el claustro público de la misma
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<#>£/; ■ ELOGIO FÚNEBRE DEL Dr. D. FRANCISCO MARTINEZ DE LA ROSA.
ELOGIO FÚNEBRE DEL De. D, FRANCISCO MARTINEZ DE LA ROSA, LEIDO UNIVERSIDAD LITERARIA DE GRANADA ANTE EL CLAUSTRO PÚBLICO REUNIDO EN SU HONRA EN EL SALON DE ACTOS DE LA MISMA, DESPUES DE LAS EXEQUIAS SOLEMNES CELEBRADAS POR SU ALMA EL DIA 15 DE FEBRERO, Dr. D. FRANCISCO FERNANDEZ Y GONZALEZ, CATEDRÁTICO DE LITERATURA GENERAL Y ESPAÑOLA , EN LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. GRANADA. IMPRENTA DE D. FRANCISCO VENTURA Y SARATEL. 1862 .
10 cantoras nació el cantor de la bella naturaleza, y su primer son¬ risa coincidió, sin duda, con la sonrisa periódica de la creación. Tuvo lugar aquel fausto acontecimiento el dia 10 de Marzo de 1787 ('), siendo sus padres 1). Francisco Martínez Verdejo y D. a Luisa de la Rosa, personas distinguidas, de lo mas ilustre y notable de esta Ciudad ( 1 2 ) , Desde muy niño mostró un ingenio prematuro, y mas de una vez nos manifiesta en sus obras que ha cultivado la poesía desde la infancia. Alentados sus padres con tan felices disposiciones, no perdonaron desvelo, á fin de proporcionarle una educación que des¬ arrollara tan gallardas facultades, adoctrinándolo bajo la dirección de excelentes maestros ( 3 ) , así en los rudimentos de la gramática patria y educación religiosa, como en el conocimiento de la lengua del Lacio, que poseyó con la profundidad que declara su traducción de la Poética. Tenia apenas doce años y había estudiado Retórica, Poética, Geografía, Mitología é Historia antigua ( 4 ) , cuando con el carácter de colegial de San Miguel se matriculó en esta Uni¬ versidad ( 5 ) . (1) Así resulta de su partida de bautismo, encontrada por nuestro querido compañero D. José So¬ moza y Llanos en la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de esta ciudad. De la misma apare¬ ce que en la pila se le pusieron los nombres: Francisco de Paula , Jerónimo, Meliton, Manuel, Josef y María del Cármen, habiendo sido padrino D. Manuel Martínez Verdejo, y testigos D. Diego Martí¬ nez Arroyo, D. Juan de Burgos y D. Antonio Cervino, medio racionero de la Catedral. Véase en el archivo de la referida Iglesia, libro XVII, fol. 526. (2) Su tio paterno I). Manuel Martínez Verdejo, cuya riqueza ha quedado en adagio, fué condeco¬ rado con la Cruz de Cárlos III, previa la correspondiente información de nobleza. (3) Fueron los suyos para las primeras letras D. Cristóbal de Urbina, que por espacio de mucho tiempo conservó después un Colegio en las casas inmediatas á las monjas de Sancti-Spiritus, y para la Latinidad y otros ramos de Humanidades el Maestro D. José Garci-Perez de Vargas, Catedrático de Elocuencia de esta imperial Universidad, en el estudio particular que tenia en su casa. (4) La noticia de estos estudios está tomada de una relación de los méritos, grados y ejercicios li¬ terarios del Dr. D. Francisco Martínez de la Rosa, expedida en 16 de Agosto de 1804 por el Secreta¬ rio de la Universidad el Maestro D. Tomás García, en virtud de documentos ante él exhibidos, y que se halla impresa en dos hojas en 4.° En dicho documento, que hemos podido consultar, gracias á la amabilidad del respetable magistrado de esta Audiencia, D. José de Aguilera, antiguo amigo y com¬ pañero de D. Francisco Martínez, se indica que obtuvo diferentes premios en dos certámenes públi¬ cos, que se celebraron por los alumnos del mencionado profesor Garci-Perez de Vargas. (5) Encargado el H del presente mes, en virtud de comisión honrosa del Sr. Rector de esta Uni¬ versidad el Dr. I). Pablo González Huebra, de escribir este elogio, fué mi primer cuidado acudir al ar¬ chivo de la misma, donde esperaba encontrar abundantes documentos en los papeles relativos al colegio de San Miguel, vulgarmente llamado de los Verdes. Por desgracia dichos papeles no habían ido á parar allí á la extinción del Colegio, siendo inútiles las pesquisas empleadas para hallarlos. De¬ tenido por esta causa al principio de mi investigación, me encontré á mi amigo i). Joaquín Amat y
RESENA DE SUS PROGRESOS ACADÉMICOS. Corría el mes de Octubre de 1799. El guerrero del siglo había desembarcado en Erejus, llevando en su cabeza los laureles de las Pirámides de Al-Árix y Ábu-Kir, su frente ennegrecida por el ardiente sol de Egipto meditaba el 18 de Brumario, soñando aca¬ so la diadema imperial; la Europa suspensa permanecía tranquila la víspera del nuevo drama que debia representarse desde el Neva al Tajo, cuando iniciaba su carrera universitaria en esta Ciudad un adolescente poco adelantado aun en estatura, de pelo castaño y tez blanca (') sombreada con un tinte melancólico, jurando obedecer al Sr. Rector, y matriculándose en Lógica. El futuro enviado á Martin, profesor del Seminario de San Cecilio, que me sugirió la idea de inquirir su paradero en el archivo arzobispal, por ser el colegio de San Miguel de protección de los limos. Arzobispos, ofre¬ ciéndome asimismo el dato de encontrarse en el colegio de Niñas Nobles de esta ciudad, protegido por su Ilustrísimo Prelado, los retratos de los antiguos varones eminentes que había producido el co¬ legio de San Miguel. Trasladados inmediatamente á aquel colegio, nos convencimos de que nada con¬ serva del de San Miguel fuera de las mencionadas pinturas; mas al pasar al archivo arzobispal rena¬ ció nuestra esperanza al hacernos presente el entendido Secretario del Excmo. é limo. Arzobispo el Sr. D. Victoriano Caro, Rector hoy de San Cecilio, que por lo menos se encontrarían allí los expe¬ dientes de pruebas de pureza de sangre , habiendo sido el colegio de San Miguel con el Eclesiástico, de aquellos en que con rigor se exigía dicha prueba hasta los últimos tiempos. Dispuesto á compla¬ cernos, nos franqueó además con suma amabilidad el archivo, encomendando á un oficial de la Se¬ cretaría, á pesar de sus multiplicadas ocupaciones, que nos buscara cuanto pudiera hallarse del colegio de San Miguel. Encontrados los expedientes de pruebas, no por esto pudimos satisfacer nuestro de¬ seo, pues registrado una á una por tres veces el crecidísimo número de pruebas de los colegiales que ingresaron del año 1790 al 1808, no dimos con el que era objeto de nuestras investigaciones, que por circunstancias ignoradas no se hallaba en su sitio. La existencia, empero, de dicha prueba no puede dudarse, recordando el Excmo. é limo. Sr. Arzobispo actual de esta Diócesis, antiguo Secreta¬ rio del Sr. Moscoso, que el expediente de tan distinguido alumno ha pasado por sus manos. (1) Algunos de estos pormenores se han conservado en el libro de matrículas de 1799, correspon¬ diente á Filosofía, un asiento al fol. 13; dice de esta manera: « D. Francisco de Paula Martínez de la Rosa, natural de esta Ciudad, pequeño, blanco, pelo casta¬ ño, de edad de doce años, juró obedecer al Sr. Rector, y se matriculó para Lógica.» Indicaciones semejantes se encuentran en las matrículas de los años posteriores, con la única alteración de señalar diferencias en la estatura y en el color del rostro.
12 negociar con los ingleses, que burló la vigilancia de los agentes napoleónicos, el representante de Granada en las Cortes del año 13, el director de la Academia Española y presidente del Congreso, el sabio que ha derramado ondas de discreción y de luz del océa¬ no de su inteligencia privilegiada en todas las cuestiones difíciles, y circunstancias azarosas por que ha pasado nuestra nación, se acercaba con halagüeña esperanza á esta casa del saber para jurar¬ le adhesión, y demandarle ciencia. Entró en la carrera de las letras con tan generoso ardimiento, que en breve espacio, se enseñoreó su espíritu de todos los ramos de la filosofía, no solo de la Lógica y Etica, acostumbrado pasto y preparación de los estudiantes vulgares, si que también de las lenguas griega, francesa é inglesa ('), y aun de las Matemáticas y Física ( 1 2 ) , estudios abandonados y casi peregrinos en aquella época en algunas Universidades de España. Tan notables fueron sus progresos, que en 1801 había con¬ cluido el estudio de la Filosofía, recibiendo el grado de Bachiller por aclamación en 28 de Mayo del año referido, y en 27 de Octu¬ bre, á los 14 años de edad, el de Licenciado y Maestro en Artes ( 3 ) . (1) Cursó la primera en la Universidad, y estudió las dos últimas en el expresado colegio. (2) Véase la «Relación» mencionada. (5) « Para recibir el grado de Bachiller en Filosofía, dice la hoja citada, en lugar de tres cuartos de hora que previenen las reales órdenes, sufrió un exámen de tres horas, en el que se portó con el mayor lucimiento, á presencia del Rector, Catedráticos, Doctores, Maestros, Ministros Togados de esta Chancillería, Colegios, individuos de los cabildos y otras personas literatas, logrando la singular apro¬ bación per acclamationem . Igualmente con la misma presencia de ánimo tuvo dos horas y media de exámen para recibir el grado de Licenciatura y Magisterio en Artes, obteniendo igual aceptación y aprobación.» Grangeáronle tanto aprecio estas muestras de aplicación nada comunes, que excitaron el celo del Excmo. ó limo. Prelado de la Diócesis y Juez protector del colegio de San Miguel, que lo era á la sazón el Arzobispo D. Juan Manuel de Moscoso, para premiar de una manera distinguida sus notables adelantos. Con este motivo cuenta el respetable Arzobispo, que hoy rige esta Diócesis, el Excmo. é limo. Sr. D. Salvador José de Reyes (á cuya amabilidad suma debemos muchos datos de estas memorias, por haber conocido á D. Francisco desde su entrada en el colegio), que á pesar de la escasez de rentas del colegio de San Miguel, sostenido enteramente por las cuotas de los colegiales, dispuso el venerable Sr. Moscoso se honrase el mérito de aquel ilustre alumno con la concesión de media beca de gracia. Á este beneficio alude, sin duda, el testimonio de reconocimiento que consagra á dicho Prelado el Dr. Martínez de la Rosa en su dedicatoria á unas poesías en honor de la festividad del Corpus, de las cuales hablaremos después.
13 No menos brillante en el estudio de las Leyes, habiendo empe¬ zado á cursarlas en aquella sazón, recibió el grado de Bachiller en Claustro pleno en 13 de Abril de 1803, por unanimidad de votos, y completando en un solo año los estudios requeridos enton¬ ces para los grados de Licenciado y de Doctor, los recibió también á Claustro y por unanimidad en 1804. Aquí concluye su honrosísima vida de estudiante ( 1 ) , mostrán¬ dose desde este momento en el estadio del profesorado público, cuya carrera inició con no menos envidiables lauros. ( i ) Resulta de la t Relación de Méritos » que siendo colegial de San Miguel, fué comisionado va¬ rias veces por su comunidad como alumno Sobresaliente para argüir en los actos de la Universidad v del colegio de Santiago, habiendo sostenido en la Universidad cuatro conclusiones públicas de Ética y una de Física, y en su colegio imperial otra de Lógica, como Presidente. 4
PRIMEROS ESCRITOS LITERARIOS DEL De. MARTINEZ. SU ENTRADA Y MERECIMIENTOS HONROSOS EN LA CARRERA DEL MAGISTERIO. Habíase madurado con su estancia en el colegio de S. Miguel aquel maravilloso instinto poético, que anunciara desde sus prime¬ ros años su talento precoz para el arte. Sin contar un sainete (’) que circuló manuscrito entre sus compañeros, varios discursos pro¬ nunciados delante de las Autoridades con ocasión de exámenes pú¬ blicos, como tampoco algunas composiciones ligeras que se han perdido, han llegado impresas hasta nosotros entre los frutos de su temprana edad, una oda escrita con ocasión de exámenes en su antigua escuela de educación primaria ( 2 ) , á la sazón que era cole¬ gial filósofo, y una colección de odas en honor de la sacrosanta (1) Debemos algunos pormenores de esta composición que ocupó sus ocios de escolar, así como la noticia de la misma, á D. Juan Rodríguez de Aumente y D. José de Aguilera, condiscípulos y ami¬ gos del difunto. (2) Esta composición, cuya primera noticia debemosá los Sres. D. Pedro Mirasol y D. Gabriel de Burgos, empieza así: < Adonde, á do se fueron Aquellos dulces dias inocentes Que mi delicia hicieron, etc.» Se encuentra impresa con varios discursos y una Declamación contra la ignorancia de D. Mariano Sicilia en una Memoria literaria de dicho exámen, celebrado en 2 de Junio de 1800, cuando su autor apenas tenia trece años. De esta Memoria rarísima entre los curiosos, posee un ejemplar que nos ha facilitado nuestro erudito amigo D. Juan Rodríguez Aumente.
16 Eucaristía , compuestas para el adorno de la plaza en la función del Corpus el año de 1805, notables por la corrección de sus formas, y estilo fácil y elegante ( 1 ) . Xi dejaron de ser parte estas muestras de ingenio á aumentar su reputación académica. Desde 1802 ( 4 ) la Universidad venia señalándole con inequí¬ vocas muestras de aprecio, escogiéndole por su capacidad para co¬ misiones de importancia, como resulta de documentos existentes. En el Claustro celebrado por la misma en 18 de Enero del año re¬ ferido, fue nombrado Sustituto de la Cátedra del primer curso de Matemáticas ( 3 ) , en dicho año y en l.° de Octubre, en Claustro de (1) E ste impreso que con algunas composiciones inéditas del Sr. Martínez de la Rosa y parte de su correspondencia con el docto presbítero su maestro y presidente en el colegio de San Miguel D. Ma¬ riano Sicilia, nos ha sido generosamente franqueado por su poseedor nuestro respetable amigo D. Ga¬ briel de Burgos, lleva el siguiente título: «Odas á los atributos de Dios que brillan en la sacrosanta Eucaristía , cantadas por el doctor D. Francisco de Paula Martínez de la Rosa, catedrático de Etica en esta imperial Universidad, y presidente de Filosofía en el colegio de San Miguel, y con que esta M. N. Y M. L. ciudad de Granada adornó la plaza y estación en la solemnidad del Santísimo Sacra¬ mento en este año de 1805, siendo comisarios los señores D. Manuel Martínez Verdejo, veintiquatro, y L). Pedro Benavides, Jurado.=Granada.=En la imprenta de D. Francisco Gómez Espinosa de los Mon¬ teros.» Las odas son veinte y cuatro en número, diez y ocho correspondientes á las láminas que ador¬ naban la plaza en su circunferencia, cuatro que se pusieron en los testeros del tabernáculo del altar del centro, y otras dos que se colocaron en la Plaza Nueva y en el Pilar del Toro. Las precede la de¬ dicatoria al limo. Arzobispo Sr. Moscoso, una breve descripción de la plaza y la indicación del pen¬ samiento. En esta indicación leemos algunas frases que nos ilustran sobre el asunto de las primeras poesías de su juventud. «Mi musa, dice (p. 4), solo acostumbrada á cantar en algunos ratos de pasatiem¬ po las sencillas dulzuras del campo, los placeres del puro amor y la inocente amistad, no ha podido alzar su vuelo hasta un asunto tan sublime....» Si fuera lícito aplicar ácomposiciones con posterioridad impresas esta manifestación anticipada, habría que admitir, en concepto probable, que gran núme¬ ro de las composiciones publicadas en la primera parte de sus poesías líricas (Londres, 4858, t. M ), por ejemplo, La Espigadera, La niña descolorida, La Barquera, Las Anacreónticas, Los Besos, Las Aves, Venus y los Amores etc., que llevan el sello de la imitación clásica ó del gusto de los poetas del siglo XVIII, pertenecen á estas canciones á que alude. Como quiera que sea de estas cosas, la colec¬ ción de odas agradó tanto á todos, que movido de los generales aplausos su espléndido y opulento tío manifestó su complacencia al poeta, el dia que se fijaron las odas en la plaza, entregándole un cerrado cartucho repleto al parecer de confituras. Cuenta el mencionado Sr. Aguilera, con referencia á per¬ sonas de su familia, que siendo ya entrada la noche, deseoso de conocer el regalo de su padrino, se aproximó á una tienda para mirar á la luz, que salía de la misma, el contenido del cartucho. Figúrese la alegría del joven al percibir con sorpresa el relumbrante brillo de monedas de oro en respetable cantidad. Media hora después llegaba á su casa precedido de dos dependientes de una librería, carga¬ dos de cuantos libros habían formado hasta entonces el objeto de su codicia estudiosa. (2) Antes en Octubre de 4804 había sido nombrado por el Excmo. é limo. Sr. Arzobispo, Re¬ gente de las cátedras de Filosofía en su mismo colegio, y en 4802 Presidente de la misma facultad. (3) Libro de claustros celebrados en la real é imperial Universidad de letras de Granada, desde el año 4800 al 4809, f. 46.
17 Doctores de todas facultades, Regente para la Cátedra de Ética ó Filosofía; en 1803 juez para el concurso de oposición á dicha Cᬠtedra; en 11 de Noviembre Consiliario filósofo; en Mayo de 1804 se le comisionó para contestar á un señor Oidor; finalmente, habién¬ dose opuesto en 6 de Setiembre á la Cátedra de Ética, vacante por ascenso de D. Narciso Heredia, aprobados sus ejercicios y obteni¬ do en su favor el primer lugar en la propuesta de los Jueces, tomó posesión de la misma en 17 de Abril de 1805 ('), á la sazón que solo tenia diez y ocho años. No es ocasión de enumerar las nuevas comisiones ( * 2 ) que le confió el Claustro desde esta época, ni de reseñar los informes cu¬ riosos y meditados ( 3 ) que continuamente brotaban de su pluma; baste decir, que siendo muy escasos en general los datos que se conservan en nuestro archivo de los profesores de este tiempo, no aparece medida notable en que no se muestre como promovedor ó encargado el catedrático de Ética. ( I) (bulen,, f. 53 v., f. 72, 82 v„ 109, 124. (2) Fol. 134 y siguientes. (3) Entre ellos merece atención muy notable el informe, que presentó en unión con el Dr. D. Ur¬ bano Nieto Navarro en 13 de Diciembre de 1806, sobre el estado de la facultad de Filosofía en esta Universidad, y las mejoras de que era susceptible. Según dicho informe, que se conserva á la letra en el libro de Claustros citado (fol. 257 — 270) y conforme al Plan de Estudios de 1776 se cursaban en la Filosofía, la Lógica, la Metafísica, la Moral, la Física general y especial, y la Química, y en las Ma¬ temáticas , consideradas como preliminares de los estudios filosóficos, las Puras en tres años, en aten¬ ción á no presentarse alumnos para el estudio de las Mixtas. Se estudiaba la Química por los elemen¬ tos de Chaptal, las Matemáticas por el compendio de D. Juan Justo García, y la Filosofía por la del Arzobispo de Lyon, (corregida por los profesores de los errores del cartesianismo), proponiéndose por los informantes que el estudio de la Física se haga por autores mas al alcance de los conocimientos moder¬ nos y en castellano, que las nociones de Química se comprueben con los aparatos indispensables, que se convierta en jardín botánico el huerto concedido á este fin, que los cursos de Matemáticas sean rigu¬ rosos , simultáneos y asimilables á la Filosofía, que en el de Ética se sustituya la obra del Lugdunense por las Instituciones iuris naturae Almici, que no se admitan certificaciones de colegios ni de reli¬ giosos en lugar de pruebas académicas, y que se destierre, en fin, el abuso de entrar graduados de otra facultad con los maestros de Filosofía á sus exámenes, faltando á la consideración debida al Claus¬ tro de filósofos y á sus catedráticos. «Por qué razón, dicen (f.262 v.), ha de ser tenida tan en despre¬ cio esta facultad que las demás han de invadir sus derechos y prerogativas?» Señalan, asimismo, co¬ mo la primera y mas urgente reforma la dotación de las cátedras, medida por que tanto había clamado la Universidad en años anteriores. «Esta necesidad de dotaciones, añaden, es aun mayor en las cáte¬ dras de Filosofía que en las demás; la razón de esta diferencia es muy sencilla: los que se dedican á explicar otras facultades logran en ello la ventaja de instruirse mas á fondo, y amaestrarse en una ciencia que les ha de proporcionar acomodos y medios de adquirir una subsistencia honrosa ; por el contrario, el que se consagra al cultivo de la Filosofía ¿qué esperanza puede tener ? Aunque se aven¬ taje en esta ciencia, no verá ante sí ni destinos ni empleos á que deba aspirar, y esto hará desmayar sus fuerzas.»
18 Así le vemos proponer al Claustro el cambio de obras de texto informar sobre la conveniencia del estudio de la Moral para las Leyes ( '), ya encargándose de pedir al Gobierno las dotacio¬ nes de las Cátedras (’), ya interviniendo también como vocal ele¬ gido para el nombramiento del Sr. Rector ( 4 ) . Por estos cuidados no olvidó enteramente su favorito culto á las musas. No solo les consagraba los escasos ocios que le conce¬ dían sus multiplicadas tareas, si que mantenía correspondencia epis¬ tolar sobre sus versos con algunos individuos de Academias y Cuer¬ pos científicos ( 5 ) . Servíale ademas de generoso estimulo en sus trabajos la emulación con sus doctos amigos los Maestros D. Ra¬ món de la Roca, poeta gaditano, y el presbítero D. Mariano Sicilia, orador correcto y escritor de buen gusto (“), que le dirigía consejos sobre sus obras, tan llenos de acierto y profundidad crítica, como ricos de celo y sinceridad. Asociado también á dos profesores de gran fama D. Antonio Fernandez Gallegos y D. Miguel Molinero, c? (1) Ibidem. (2) Ibidem, f. 496. . TT ; ... ( 3 ) p or Real orden dada en San Ildefonso en 51 de Agosto de 1807, se previno a esta Universidad que remitiese una razón de las dotaciones que, atendidas las circunstancias del país, debieran tener las Cátedras expresadas en el nuevo Plan de Estudios, á que respondió con el acuerdei del Claustro de 14 de Setiembre, proponiéndose se asignase á los catedráticos de Latín y de Filosofía elemental un sueldo variable entre 7,700 y 11,000 reales, y á los que hoy tienen categoría de facultad, por ejem¬ plo los de Matemáticas superiores, Economía política y.Leyes de trece á quince mil, sin contar de¬ rechos de grados, sueldo decoroso para aquella época en que el valor del dinero era mas elevado que en el dia. (Este proyecto fué aprobado en todas sus partes, y empezó á regir en 15 de Noviembre de 1807) Del mismo resulta y de Claustros posteriores, que hubo cátedras de Griego y de Hebreo en esta Universidad, de Álgebra aplicada á la Geometría y de Dinámica, ayudante de Química, maqui¬ nista, jardin botánico etc., elevándose el presupuesto del personal aparte de Maestro de ceremonias, mozos y bedeles á la cantidad de 359,740 rs. Ibidem , f. 519-520, 541, 5o3 (4) Ibidem, f. 549. , ,. . (5) El año 1806 le habia llamado á su seno la Academia de Bellas Letras de Cádiz, a la cual diri¬ gió diferentes composiciones. , _ , , (6) Habíale precedido este varón respetable en el cargo de Presidente que desempeñaba en el co¬ legio de San Miguel, donde fuera su maestro , y es fama que desde la época en que el Dr. Martínez concluyó el estudio de la Filosofía se formó una conferencia académica entre el Rector de la Univer¬ sidad que lo era el Dr. D. Antonio Prieto Moreno, y los Sres. Sicilia, Mora, Heredia y Martínez de la Rosa, discutiéndose en la misma puntos controvertidos de Filosofía y Literatura. Nombrado Sicilia en 1805 cura de Albuñol, mantuvo correspondencia con D. Francisco Martínez de la Rosa, de la cual he¬ mos leído una parte que nos ha franqueado nuestro erudito amigo D. Gabriel de Burgos. Con ella he¬ mos visto sin firma una imitación de la conocida oda de Horacio: Lydia, dic , per omnes, etc., y fir¬ mado con el pseudónimo Marón un soneto contra el prepotente entonces Príncipe de la Paz, juntamente
19 . humanistas distinguidos, empezó á publicar en esta Capital un pe¬ riódico intitulado El Diario, que adquirió celebridad nada común por su galano estilo y redacción variada y agradable. con una sátira literaria por el estilo de la de Jorge Pitillas, acompañada de notas aclaratorias, escri¬ tas ambas poesías en la córte, como demuestra este verso de la segunda: «Que gracias á un papel, que Dios maldiga, Que se llama el Diario en esta córte.» A pesar de que los escritos que tenemos delante aluden alguna vez al Diario que publicaba el Dr. Martínez en unión con otros literatos, no parece que á él se refiera en este pasaje, así por la circuns¬ tancia indicada, como por declarar en la nota primera que el Diario se ha convertido en vez de en un periódico instructivo en un libelo despreciable. El autor de la sátira se declara andaluz en un pasaje, censura agriamente la oda al combate de Trafalgar de D. Manuel José Quintana, y enaltece el valor li¬ terario de la Poética y Retórica de Sánchez Barbero.—Asimismo hay entre dichos papeles una égloga con la designación de VIII, que parece del Sr. Martínez de la Rosa, y una elegía que indudablemente lo es, con una concienzuda crítica de D. Mariano Sicilia, fecha de Albuñol á 17 de Mayo de 1806. En esta elegía deplora que, al cumplirse sus diez y nueve abriles, mire levantarse la terrible nube que vá á cubrir con sus sombras el claro cielo de su edad florida, manifestando que en su mente enviaría lejos la ambición insaciable, la sed ardiente de pública opinión, duros martirios de los hombres ilu¬ sos , y consagrada al amor su existencia; si no supiera que esto tiene también su fin, toda vez que ha de llegar dia en que apenas podrá pronunciar el nombre de su amada, quedando amarillos sus brazos .descarnados Lánguidos cual las ramas de los sauces, muriendo como muere todo, pues la muerte oprime la tierra con cetro de hierro lanzando de la débil vida á la eternidad sin límites, que llena la presencia de Dios, y dó ..mil siglos Piérdense en ella como leve pluma En el inmenso mar; concluyendo con una apostrofe á D. Antonio Prieto, su antiguo maestro y difunto amigo, que em¬ pieza así: .Caro maestro, Tú, sin pavor desde la oscura huesa, Ves el tiempo volar, sin que hado adverso De ingratos hombres en dañar versados Te aquejen mas, ni turben tu reposo; Ay! que contino en la tranquila noche Cuando en los yertos brazos.... Reposa el Universo, oir me parece ¡ O sabio amigo! los dolientes ayes Que en el lecho de muerte despedias.... » Entre los mismos se halla un romance burlesco en letra al parecer de D. Francisco Martínez de la Rosa, en que responde á la contestación de una crítica hecha probablemente en El Diario granadino de una comedia titulada El Carpintero de Libonia , con notas y los esbozos del mismo romance con muy frecuentes correcciones. También hay una carta de un académico llamado Ramón, probablemente el que se disfrazaba con el anagrama de Marón, en pseudónimo, á saber; su compañero D. Ramón de la Roca, donde juzga un trabajo de nuestro poeta preparado para un concurso y la égloga citada, ro¬ gándole á su vez le escriba un dictámen sobre algunas composiciones suyas, en tono de gran cariño y familiaridad. Finalmente, otra epístola de contenido puramente literario dirigida por D. Francisco Martínez de la Rosa á D. Mariano Sicilia, pidiéndole su consejo sobre la elegía extractada y otras dos piececitas, con frases llenas de sinceridad y respeto. Por las teorías que desenvuelve en esta epístola se vé su abundante lectura en la poesía clásica latina, en la contemporánea nacional y en la de franceses, ingleses é italianos, en numerosos ejemplos de Horacio, Young, Flórian, Iriarte, Cienfuegos y Quintana.