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La violencia económica de género en la literatura española : el caso de Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, notas para un estado de la cuestión

Haro Fernández, Ana María de

Abstract

El objetivo de este trabajo es llevar a cabo un acercamiento al estado de la cuestión de una investigación en curso, que pretende rastrear las raíces de un fenómeno actual, la violencia económica de género (esto es, la desigualdad de género basada en la dependencia o emancipación económica), a través de su reflejo en la literatura, entendida como herramienta válida de análisis de la sociedad a partir de los presupuestos del nuevo historicismo. Para ello hemos seleccionado una corriente literaria concreta, el realismo del siglo XIX español (motivado por un deseo expreso de retratar la realidad), y un caso particular, el de dos autores contemporáneos entre sí: Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. De esta manera, a través de la comparación entre las obras escritas por un hombre y las escritas por una mujer, se pretende detectar las diferencias y similitudes que pueda haber en su tratamiento de la Cuestión Femenina.

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LA VIOLENCIA ECONÓMICA DE GÉNERO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA. EL CASO DE EMILIA PARDO BAZÁN Y BENITO PÉREZ GALDÓS. NOTAS PARA UN ESTADO DE LA CUESTIÓN. De Haro Fernández, Ana María. Alumna del Máster en Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla. Departamento de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura Universidad de Sevilla. ana.de.haro.fernand[email protected] RESUMEN El objetivo de este trabajo es llevar a cabo un acercamiento al estado de la cuestión de una investigación en curso, que pretende rastrear las raíces de un fenómeno actual, la violencia económica de género (esto es, la desigualdad de género basada en la dependencia o emancipación económica), a través de su reflejo en la literatura, entendida como herramienta válida de análisis de la sociedad a partir de los presupuestos del nuevo historicismo. Para ello hemos seleccionado una corriente literaria concreta, el realismo del siglo XIX español (motivado por un deseo expreso de retratar la realidad), y un caso particular, el de dos autores contemporáneos entre sí: Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. De esta manera, a través de la comparación entre las obras escritas por un hombre y las escritas por una mujer, se pretende detectar las diferencias y similitudes que pueda haber en su tratamiento de la Cuestión Femenina. PALABRAS CLAVE Estudios de género, Cuestión Femenina, Sociología de la literatura, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, violencia económica de género, escritura femenina, realismo. - 421 - INTRODUCCIÓN AL TEMA: NOTAS PARA UN ESTADO DE LA CUESTIÓN El objetivo de este trabajo es exponer los resultados de una investigación, aún en curso, surgida como proyecto de iniciación a la investigación y culminación del programa de doctorado Literatura y Estética en la Sociedad de la Información – Programa de Estudios Interdisciplinares. Se ha estructurado, pues, como el primer acercamiento a un asunto de mayores dimensiones y múltiples posibilidades, en forma de estado de la cuestión. No se trata, por tanto, de una investigación al uso, con principio, nudo y desenlace en forma de conclusiones, sino de un primer planteamiento de los argumentos que entran en juego, y que culminan en la apertura de diversas líneas de investigación. No se trata de responder, sino de plantear las preguntas adecuadas de cara a una investigación posterior. Nuestro objetivo en este trabajo es rastrear la existencia de un conflicto manifiesto en la actualidad, la violencia de género, a partir de sus huellas en la literatura, entendida como uno de los discursos fundamentales que constituyen el corpus cultural de una sociedad y, por tanto, como herramienta de investigación. No hablamos, sin embargo, de la violencia de género como algo físico, sino de un fenómeno que consideramos menos evidente, pero igualmente determinante: la violencia económica de género, que tiene como origen y resultado la dependencia económica de la mujer, que pasa desapercibido al escrutinio mediático y que se manifiesta en fenómenos actuales como el techo de cristal o las desorbitadas diferencias en los salarios, y que, en la literatura, se manifiesta en la presencia de un mercado matrimonial basado en el estatus económico, sistemas de herencia que restringen su acceso al capital familiar, limitaciones en el plano laboral, etc. Recurrimos a la literatura universal, que ha registrado las vivencias y cambios de mentalidad de la experiencia humana durante siglos, para rastrear las raíces de este fenómeno, y para ello nos hemos centrado en la corriente literaria que supone la culminación de la novela como género y que, además, tiene como objetivo explícito reflejar la realidad: el realismo decimonónico español, y, concretamente, dos de sus grandes representantes: Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. Siendo conscientes de que la crítica feminista, al igual que cualquier otra investigación de carácter humanístico, no puede ser nunca neutral1, es necesario aclarar que nuestro objetivo no es, como afirma Alda Blanco, llevar a cabo un “acto de justicia literaria feminista” 2, tan al uso en nuestros días. No se trata de reivindicar, como aún es necesario, las obras de las autoras maltratadas por la crítica y la historia, sino de volver nuestros pasos sobre los grandes autores, tanto femeninos como masculinos, pues sólo mediante la comparación entre ambos podemos acercarnos a la ilusión de la objetividad, evitando el extendido error de la crítica feminista que considera que las autoras no reflejan los roles de género, o que los autores no pueden hacer crítica feminista. A lo largo de este trabajo abordaremos de forma general las grandes líneas de investigación que forman parte de nuestro planteamiento, analizando qué se ha estudiado en cada una de ellas de manera separada, para finalmente incidir en la necesidad de combinarlas para constituir así un único objeto de investigación, un único proyecto. JUSTIFICACIÓN DEL TEMA DE INVESTIGACIÓN El tema de investigación seleccionado surge del intento de aunar en un mismo objeto de investigación dos grandes intereses: la cuestión de género como asunto de plena actualidad 1MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p.10. 2BLANCO, A., (1998), “Escritora, feminidad y escritura en la España de medio siglo”, en ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, p. 7-8. - 422 - pero presente a lo largo de la historia, y la literatura como fiel reflejo de los procesos sociales. Partimos, por tanto, de que la base de la violencia de género es fundamentalmente económica, y que puede rastrearse su presencia en los roles que ejercen los personajes femeninos y masculinos en las obras de ficción. Nos apoyamos, en este sentido, en la creencia de que “la representación de la mujer nunca puede ser contenida en la investigación de género. Examinar el género es embarcarse en un análisis histórico de poder que incluye la formación de la clase y de la nación”3. Esto implica que nuestro acercamiento al tema ha de ser multidisciplinar, desde la perspectiva literaria, pero también psicológica, legal, histórica, etc. Nuestra argumentación se estructurará, por tanto, en cuatro hilos conductores: - La teoría crítica feminista. Para abordar este estudio es necesario adentrarse en la crítica literaria feminista y analizar sus principales corrientes y modalidades, a las que sin duda deberemos recurrir a lo largo de la investigación, para abordar cuestiones fundamentales: ¿existe realmente alguna diferencia en la literatura escrita por hombres y en la escrita por mujeres, o eso que algunos han dado en llamar “la escritura femenina”? ¿afecta la condición de autor o autora al reflejo que se hace de los roles de género? - La Cuestión Femenina en la España y Europa del XIX, así como las corrientes literarias de la época. Para estudiar el reflejo de estos debates en la literatura de la época, es necesario conocer su situación en el contexto histórico del que surgen las obras seleccionadas. - La variable económica, que constituye el argumento esencialmente novedoso de nuestro trabajo, pero que es, desde el punto de vista del estado de la cuestión, el menos estudiado. Se halla presente casi siempre como argumento secundario o tangencial, casi nunca estudiado desde la perspectiva de la ficción narrativa. - La acotación de la argumentación a un caso concreto, que dadas las características de la literatura realista del XIX (basada en la creencia de que efectivamente la ficción puede y debe retratar la sociedad circundante, entendiendo la novela como el espacio en el que los autores ensayan las teorías sociales; en este sentido, Iris Zavala afirma que la literatura es uno más entre los discursos sociales que nos ayuda a construir el contenido de la vida cotidiana mediante proyecciones valorativas4.), ha de ser necesariamente el de Benito Pérez Galdós, el mayor exponente de la novela realista, y el de Emilia Pardo Bazán, a la que muchos califican de naturalista. Ambos son autores contemporáneos entre sí, complementarios, y se encuentran en una posición de relativo equilibrio: ambos escribieron novela, ensayo y crítica, y mantuvieron una correspondencia, marcada por su relación amorosa, en la que debatieron, entre otros asuntos, acerca de la cuestión femenina. Además, Emilia Pardo Bazán constituye un caso fundamental en nuestra argumentación dado que desafió en mayor o menor medida las convenciones sociales y literarias y pudo hacerlo, he ahí la clave, gracias a su situación relativamente desahogada económicamente, y al raro privilegio de una educación. Siendo conscientes de los peligros de incidir en exceso en la biografía de los autores (escollo difícilmente superable en una disciplina, como los estudios de género, tan relacionada con la experiencia personal de los autores), nuestro objetivo es aplicar el método inductivo: desde el análisis de un caso particular, llegar a conclusiones de carácter general. En defensa de la utilización de la literatura como herramienta de análisis social, Pedro González Jiménez afirma que la dificultad de investigar sobre la mujer hace necesario recurrir a la nueva historiografía, que utiliza fuentes inusuales como la literatura: 3NEAD, L., en OLIPHANT, D. (Ed.), (1996), Gendered territory: photographs of women by Julia Margaret Cameron, Texas, Harry Ransom Humanities Research Center, 1996, p. 117. 4ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, p. 160. - 423 - Si los investigadores sobre el tema de la mujer tuviésemos que basar nuestras conclusiones apoyándonos exclusivamente en las fuentes tradicionales no podríamos escribir una historia de la mujer debido principalmente a que ésta no aparece como sujeto histórico en las fuentes oficiales5. METODOLOGÍA Como ya se ha mencionado, el nuestro ha de ser necesariamente un enfoque multidisciplinar. De cara ya a una investigación posterior de mayores dimensiones, más allá del estado de la cuestión en el que nos hallamos inmersos, nos interesa abordar el estado de la violencia de género en la actualidad, para lo que habremos de recurrir a herramientas prácticas como análisis de empleabilidad y encuestas de población. Sin embargo, nuestro actual análisis, centrado en un periodo literario concreto, nos plantea otro tipo de necesidades metodológicas. El estudio de la violencia de género en el contexto del siglo XIX hace necesario el conocimiento de la legislación de la época, por ejemplo. Sin embargo, nos centraremos en las fuentes derivadas del nuevo historicismo, como las literarias. Para ello es esencial el estudio de las obras de los autores escogidos, no sólo de ficción sino también sus escritos de crítica y ensayo, en los que trataron el argumento de la emancipación femenina más o menos directamente. Desde el punto de vista literario, nos basaremos esencialmente en el método comparatístico, observando el reflejo que tanto autor como autora hacen de las relaciones y roles de género, así como de su base económica. También recurriremos a la poética cognitiva, disciplina que se pregunta sobre el proceso de la obra y que hace hincapié en el papel del lector, lo que nos permite releer las obras decimonónicas en clave de género; así como a la narratología y la sociología de la literatura. Se hace necesario, como ya hemos mencionado, conocer los argumentos de la crítica literaria feminista, y muy especialmente en algunas de sus corrientes dominantes, como la crítica de imágenes de mujer, elaborada por Mary Ellman en Thinking about women (1968) y basada en el estudio de estereotipos femeninos, sobre todo en las obras de autores masculinos; el feminismo marxista de Simone de Beauvoir, que analiza la configuración de la mujer como grupo social sometido; y la obra de autoras como Myra Jehlen, que analiza los contextos femeninos y masculinos de creación, comparándolos para hallar “la diferencia que existe entre la literatura de las mujeres y de los hombres, diferencia que ningún estudio que se centre exclusivamente en la mujer puede captar”6. El análisis concreto de obras y personajes queda relegado a un análisis posterior. ESTADO DE LA CUESTIÓN: A continuación desglosaremos paso a paso las diferentes líneas que intervienen en nuestra investigación, atendiendo al corpus teórico y bibliográfico que existe de cada una de ellas. Es necesario tener en cuenta, sin embargo, que, al tratarse, como hemos comentado, de la primera toma de contacto con un asunto mucho más amplio y denso, hemos seleccionado una serie de obras representativas, que nos han servido de guía y de introducción en la materia, pero que será necesario ampliar en posteriores lecturas. 5GONZÁLEZ, P., (1993), “Fuentes para el estudio de la mujer burguesa gaditana en la época isabelina”, en CANTERÍA, C., (Coord.), (1993), VII Encuentro. De la Ilustración al Romanticismo. Cádiz, América y Europa ante la modernidad. La mujer en los siglos XVIII y XIX, Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, Cádiz, p. 253. 6MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p. 90. - 424 - I. La teoría crítica feminista Para comenzar nuestro análisis es necesario conocer los principales postulados de la crítica literaria feminista, esto es, el estudio de la literatura desde el punto de vista del género, pues serán dichos postulados los que guíen nuestra investigación y constituyen el marco conceptual en el que nos encontramos inmersos. Desde nuestro punto de vista, podríamos establecer una división de la crítica feminista en tres etapas: 1. Protofeminismo: las primeras obras que tratan la Cuestión Femenina, no siempre ligadas con la literatura: desde John Stuart Mill y Mary Wollstonecraft hasta Virginia Woolf. 2. Etapa clásica de la crítica literaria feminista: engloba las dos principales escuelas, la angloamericana y la francesa, con tendencias que se inauguran tras la Segunda Guerra Mundial y se mantienen en la actualidad. 3. Crítica feminista actual: pendiente aún de análisis, en ella podemos incluir ya obras hispanoamericanas, como las de Carme Riera o Montserrat Roig. La división entre las escuelas angloamericana y francesa no responde a la procedencia de sus integrantes sino al marco teórico al que pertenecen. Todas las autoras (pues en esa etapa son pocos los autores que contribuyen a la crítica feminista) que analizaremos a continuación tratan en sus obras, no sólo el análisis de textos, sino la cuestión de la escritura femenina, desde diversos puntos de vista, planteándose cómo afecta a la relación autor-texto-obra el que alguno de estos polos lo constituya una mujer. La corriente angloamericana se basa en el análisis de textos, y en ella destacan autoras como Kate Millet, Annete Kolodny, Mary Ellman, Elaine Showalter, Sandra Gilbert y Susan Gubar, Ellen Moer o Myra Jehlen. Por su parte, la corriente francesa, más política y mas abstracta al mismo tiempo y encarnada por Simone de Beauvoir, Julia Kristeva, Hélène Cixous o Luce Irigaray, entre otras, se detiene más en el análisis del lenguaje. Para la teórica noruega Toril Moi, cinco obras marcan la aparición de la cuestión femenina en la crítica literaria: Una habitación propia, de Virginia Woolf (1927); El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (1949); The troublesome helpmate, de Katharine M. Rogers (1966); Thinking about women, de Mary Ellmann (1968); y Sexual Politics, de Kate Millet (1969)7. La obra de Ellmann es fundamental en tanto que afirma que lo masculino y lo femenino inundan como categorías todas las actividades sociales, incluyendo las intelectuales, y configura los once estereotipos más presentes en las obras de autores y críticos en relación con la feminidad: Indecisión, pasividad, inestabilidad, confinamiento, piedad, materialidad, espiritualidad, irracionalidad, complicación, y, por último, “las dos figuras incorregibles” de la bruja y la arpía8. Inaugura el análisis de la crítica, afirmando que los críticos jamás dan el mismo grado de autoridad a un autor si saben que es una mujer, pues “automáticamente eligen adjetivos y expresiones que tienden a hacer que la poesía de las mujeres parezca dulce y encantadora (como se supone que son las mujeres), y no seria e importante (como se supone que son los hombres)”9. Es categórica, además, en su negación de la existencia de una escritura femenina, al afirmar que es imposible determinar el sexo de una frase. 7MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid. 8En MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p. 47. Cabe resaltar el hecho de que todos esos estereotipos, salvo tal vez la piedad y la espiritualidad, se consideran negativos. Además, es necesario tenerlos en cuenta y buscarlos en las personalidades de las heroínas de Pardo Bazán y Pérez Galdós: Tristana, Amparo Sánchez Emperador, la de Bringas… 9Op. Cit., p. 48. - 425 - Ellen Moer es la primera en describir, en su obra Literary Women (1976), la literatura escrita por mujeres como una especie de corriente poderosa y subterránea que “subyace o acompaña a la tradición principal masculina”10. Su trabajo se encentra en la línea de estudios mucho más recientes y circunscritos al ámbito español, como los de Mª del Carmen Simón Palmer, que elabora una historia paralela, la de las literatas, en la línea del nuevo historicismo, recuperando los nombres de todas las autoras españolas del siglo XIX, en el sentido más amplio de la palabra (desde autoras de ficción a doctoras, historiadoras o traductoras)11. Por su parte, Elaine Showalter, entiende, junto con teóricas como Germaine Geer, que la fama de las mujeres es transitoria12, y que las que son famosas en su época son olvidadas, justa o injustamente, por la posteridad. Showalter considera que la literatura de las mujeres reúne las características de una subcultura, como las surgidas en EE. UU. en los años 60 y 70: En primer lugar, hay una fase prolongada de imitación de las características principales de la tradición dominante, y una interiorización de sus modelos de arte y sus concepciones de los roles sociales. En segundo lugar, hay una fase de protesta contra esos modelos y valores, y de defensa de los modelos y valores de la minoría, incluyendo una petición de autonomía. Por último, hay una fase de autodescubrimiento, una vuelta hacia el interior liberada de la dependencia de la oposición una búsqueda de identidad. En una correcta terminología, estas fases podrían denominarse Femenina, Feminista y de la Mujer.13 Gilbert y Gubar, por su parte, se preguntan si es posible crear un modelo que explique la creatividad de las mujeres. Estudian cómo en el siglo XIX la creatividad artística se percibe como una cualidad esencialmente masculina, asociada a las figuras de autor como Padre y Dios del texto. Lo llaman “el mito falocéntrico de la creatividad”: A las mujeres se les niega el derecho de crear sus propias imágenes de feminidad, y se ven, en cambio, obligadas a conformarse con los modelos machistas que se les imponen.14 Consideran que las presiones sufridas por las escritoras constituyen el origen de una ansiedad esquizofrénica que se manifiesta en los textos, y se refieren a la existencia de una voz femenina oculta, una escritura de las mujeres caracterizada por la presencia de discursos implícitos. Por su parte, la escuela francesa se detiene con mayor detenimiento en consideraciones terminológicas: ¿Qué significa écriture feminine? Literatura “femenina” (entendida como literatura caracterizada por los valores que la sociedad considera propios de toda mujer) o “de la mujer” (es decir, literatura escrita por mujeres que puede o no ser “femenina”). ¿Cómo podemos saber cuándo esta expresión hace referencia al sexo o al género?15 Para Hélène Cixous, existe una escritura femenina que no se corresponde necesariamente con el sexo del autor del texto: Casi todas las mujeres son así: hacen la literatura de otro –del hombre- y en su inocencia la defienden y le dan voz, creando obras que en realidad son masculinas. Hay que tener un gran cuidado a la hora de estudiar la literatura femenina para no dejarse 10 Op. Cit., p. 64. 11 Nos referimos a su Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico, 1991, Nueva Biblioteca de Erudición y crítica, Castalia, Madrid. 12 MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p. 66. 13 Op. Cit., p. 66. 14 Op. Cit., p. 68. 15 Op. Cit., p. 106. - 426 - engañar por los nombres: el que una obra aparezca firmada por un nombre de mujer no significa necesariamente que sea femenina. Podía ser perfectamente una obra masculina, y a la inversa, el que una obra esté firmada por un hombre no la excluye de la feminidad. Es raro, pero se puede encontrar feminidad en obras firmadas por hombres: a veces ocurre16. Finalmente, en la línea de Showalter, Julia Kristeva se refiere a la mujer como un grupo subordinado, acallado. Según su teoría, los grupos sociales que se encuentran en situación de desigualdad unos con otros establecen diferentes formas de acercamiento al lenguaje. Posteriormente, sin embargo, su análisis evoluciona hasta negar las categorías de lo femenino y lo masculino y, por tanto, las diferencias en el lenguaje, afirmando que “no hay nada en las publicaciones pasadas o actuales de mujeres que nos permita afirmar que exista un modo de escribir femenino”. Para Kristeva, ese tipo de divisiones sirven solamente para perpetuar la desigualdad de las mujeres en el orden simbólico y social. La complejidad del asunto estriba en que, si afirmar la existencia de un lenguaje femenino supone reforzar la desigualdad de género, descartarla conlleva negar la posibilidad de analizar el reflejo de la experiencia de las autoras en sus obras. En este sentido, sin embargo, Toril Moi reflexiona lo siguiente en relación a la obra de Virginia Woolf y la supuesta esquizofrenia creadora de las autoras: Pero, ¿importa en realidad que Woolf temblara al escribir? Lo que sin duda importa es lo que escribía. 17 II. La Cuestión Femenina en la España y Europa del XIX La obra literaria de los autores seleccionados no surge, por así decir, de la nada, sino que se halla profundamente relacionada con el contexto social y filosófico de la España del XIX, en la que la Cuestión Femenina se encontraba en el centro del debate intelectual. Este asunto había surgido, ya en el ámbito filosófico, en Europa, a raíz de los planteamientos, por ejemplo, de Jean-Jacques Rousseau (1712-1804), que en su Emilio planteaba el tema de la educación y capacidad intelectual de la mujer a través del personaje de Sofía, defendiendo la educación en la misma en el papel de madre y esposa. Sus postulados son apoyados por el otro padre de la filosofía occidental, Inmanuel Kant (1724-1804), que deplora la injerencia de la mujer en las actividades del hombre y apuesta por una educación separada: atribuye a hombres y mujeres diferente capacidad moral y por tanto diferentes responsabilidades sociojurídicas18: para Kant, la concupiscencia femenina, a diferencia de la masculina, no tiene límites, y “es considerada además especialmente peligrosa porque está en relación con el derecho de herencia y propiedad”19. María Luisa P. Cavana, en cambio, señala como primeros escritos feministas las obras de Marie Jars de Gournay (Egalité des hommes et des femmes, 1622), y Poullain de la Barre, (De l’egalité des deux sexes, 1673). En 1792, sin embargo, se publica en Gran Bretaña el primer manifiesto del pensamiento occidental centrado en la emancipación de la mujer: la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft (1759-1797), publicado sólo un año después de la “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana” de Olympe de Gouges. 16 De su artículo “Castration”, en MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p. 118. 17 Op. Cit., p. 30. 18 FONTÁN DEL JUNCO, M., (1993) “La mujer de Kant. Sobre la imagen de la mujer en la antropología kantiana”. En CANTERÍA, C., (Coord.), (1993), VII Encuentro. De la Ilustración al Romanticismo. Cádiz, América y Europa ante la modernidad. La mujer en los siglos XVIII y XIX, Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, Cádiz, p. 54-6. 19 Op. Cit, p. 56. - 427 - Wollstonecraft se opone a la noción rousseauniana de que puede existir una sociedad igualitaria que excluya las mujeres, y critica los tratados de educación destinados a las mujeres, como el Sermones para las jóvenes (1765) de James Fordyce o el Legado paternal a sus hijas (1774), de John Gregory. Para ella la desigualdad intelectual es fruto de una educación insuficiente, que se opone además a los intereses de la nación por cuanto a las mujeres, apenas instruidas, se les encarga la educación de los hijos. El mismo año se publica anónimamente en Berlín Sobre el mejoramiento civil de las mujeres, de Theodore G. Von Piel, que de nuevo afirma que las diferencias son producto de la opresión y el aprendizaje, y no innatas20. Y, de nuevo en el contexto británico, en 1861 se difunde La esclavitud femenina (1861), de John Stuart Mill, fundamental para nuestro trabajo ya que fue precisamente Emilia Pardo Bazán quien la prologó en España. También publicó en su Biblioteca de la mujer la obra de Augusto Bebel, La mujer ante el socialismo, sobre la necesidad de liberar a la mujer de la “jaula del hogar”. Finalmente, resulta esencial en el contexto europeo el papel de Anne Louise Garmaine de Staël- Holstein, Madame de Stäel (1766-1817), que en La literatura considerada en su relación con las instituciones sociales analiza el papel de la mujer en la literatura como introductora de la intimidad en la novela, critica el trato que las autoras reciben por parte de sus compañeros de profesión y de los críticos, que toleran el fallo, pero nunca el talento: They cannot forgive genuine superiority on a woman of the most perfect integrity. […] Men can always conceal their vanity and their desire for approval under the guise or the reality of greater and nobler emotions. But when women write, the public, generally assuming that the primary motive is their desire to show their cleverness, only reluctantly bestows its approval, and this gives rise to the temptation to withhold it21. En el contexto español, nos encontramos en una etapa de transición literaria: el Realismo se abre paso sin que el Romanticismo llegue a desaparecer del todo, con breves acercamientos al Naturalismo francés. En su obra Las Románticas (1991), Susan Kirkpatrick analiza cómo la sensibilidad romántica se integra en la realista, inculcándole estereotipos y mecanismos de representación y configurando un realismo diferente al europeo, más intimista e introspectivo 22. Al mismo tiempo, la literatura realista está marcada por su propósito social23. La aparición de la novela realista se documenta entre 1850 y 1870 y se hace explícita en la obra de Fernán Caballero y Pedro Antonio de Alarcón. Para algunas teóricas de la crítica feminista como Sandra Gilbert, surge como una reacción masculina a una tendencia considerada eminentemente femenina. Además, en 1880 llega a España el conocimiento del Naturalismo a raíz de la publicación de las obras de Zola. La propia Pardo Bazán estudia esta corriente en La cuestión palpitante, serie de ensayos publicados en La época en 1882. Para teóricos como Juan Varela, Los pazos de Ulloa yLa madre naturaleza, de Emilia Pardo Bazán. Afirma además que el Realismo de Galdós y el de Bazán son diferentes, siendo el primero más crítico y la segunda más espiritualista. Otros autores se oponen a la consideración de Pardo Bazán como naturalista. La tendencia realista o naturalista es esencial para nuestro trabajo en tanto que uno de los argumentos esenciales de la crítica feminista es si la literatura puede servir para expresar la experiencia de la desigualdad. Patricia Stubb, por ejemplo, aboga por un naturalismo que 20 CAVANA, M. L., (1993), “Sobre el mejoramiento civil de las mujeres, de Th. G. Von Piel: ¿Ilustración verdadera o a destiempo?”, en CANTERÍA, C., (Coord.), (1993), VII Encuentro. De la Ilustración al Romanticismo. Cádiz, América y Europa ante la modernidad. La mujer en los siglos XVIII y XIX, Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, Cádiz, p. 93-7. 21 DE STAËL, Mme., (1800), “Literature considered in its relation to social institutions”, en M. Berger, 1964, p. 233-4. 22 KIRKPATRICK, S., (1991), Las Románticas. Escritoras y subjetividad en España, 1835-1850, Feminismos, Cátedra, Madrid, p. 271. 23 VV. AA., (1980), Historia de la literatura española e hispanoamericana, t. 5, Orgaz, Madrid. P. 153. - 428 - represente los aspectos más complejos e íntimos de la naturaleza femenina, como la menstruación o el parto. Para Virginia Woolf fondo y forma son inseparables, por lo que el género se refleja inevitablemente en la obra, lo quiera la autora o no. Es también la postura de la crítica de imágenes de la mujer, a la que ya hemos hecho referencia. Jacobous, en cambio, critica el exceso de biografismo e insisten en que las autoras merecen “la libertad de ser leídas como algo más que como víctimas excepcionalmente articuladas de un complot machista”24. De ahí la necesidad de analizar obras tanto femeninas como masculinas, del método comparatístico. No debemos olvidar, además, la necesaria presunción de ficcionalidad del autor. A lo largo de la investigación se nos plantearán inevitablemente algunos interrogantes: ¿se corresponde determinada afirmación con la postura al respecto de Pardo Bazán o de Pérez Galdós? ¿Habla el autor aquí por boca de su personaje? La única respuesta posible, en la mayoría de los casos, será: ¿quién puede saberlo? Las cuestiones arriba mencionadas cristalizan, además, en el debate acerca de la Cuestión Femenina que se desarrolla en el territorio español en la segunda mitad del siglo XIX. En nuestro caso el debate se centra en gran parte en la salud física y mental de las mujeres. Textos como el de Moebius acerca de la supuesta inferioridad mental de la mujer (mencionado en Ensayo de higiene de la inteligencia, Mariscal y García, N., Madrid, 1898), difunden la idea de que no se pueden confiar a la mujer puestos de poder como el de juez o ministro: “y dígase si se comprende que pongamos en manos de quien tiene una salud tan frágil y una razón tan expuesta a claudicar intereses morales y materiales tan respetables”25. Cabe preguntarse, por tanto, cómo son las escritoras en un contexto como éste. Mª del Carmen Simón Palmer elabora en su Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico un catálogo de las escritoras que comienzan a publicar entre 1832 y 1900. Documenta, por ejemplo, la importancia de las contribuciones en prensa, por lo que figuran en él algunas que viven hasta bien entrado el siglo XX. En él tienen mucha importancia las contribuciones en la prensa, y la relativa escasez del uso de pseudónimos en la generación posterior a Fernán Caballero, a la que pertenece Pardo Bazán. Susan Kirkpatrick recoge una cita de Simón Palmer en la que describe la ideología dominante de estas escritoras: De más de 1.000 españolas que publicaban en el siglo XIX, […] la inmensa mayoría optó por erigirse portavoces de los valores tradicionales de la familia cristiana y defendieron la imagen de la mujer como madres y esposas, esperando así que se les perdonara la ofensa de escribir. […] Esta estrategia respondía a las presiones intimidatorios y domesticadoras que familiares, mentores, críticos, editores, y la opinión social en general ejercían sobre las mujeres26. La mayoría de ellas, además, estaban casadas, y escribían fundamentalmente poesía. Cuando escriben novelas optan casi siempre por el costumbrismo moral. Es en el terreno del ensayo en el que se desarrolla el debate de la Cuestión Femenina, más que en el de la novela. Dos tendencias fundamentales entran en juego en la narrativa escrita por las españolas: la ideología de la domesticidad, y del tópico del ángel del hogar. Están íntimamente relacionadas, por cuanto que la domesticidad es la ideología que sostiene y perpetúa el mencionado estereotipo. Alda Blanco estudia la aparición de la ideología de la domesticidad en un grupo de 24 MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p. 74. 25 MORENO, A., (1993), “Histeria y control de la mujer en España: una estrategia en la construcción del ideal de género”,en CANTERÍA, C., (Coord.), (1993), VII Encuentro. De la Ilustración al Romanticismo. Cádiz, América y Europa ante la modernidad. La mujer en los siglos XVIII y XIX, Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, Cádiz, p. 90. 26 Simón Palmer, M. C., en KIRKPATRICK, S., (1991), Las Románticas. Escritoras y subjetividad en España, 1835- 1850, Feminismos, Cátedra, Madrid, p. 262. - 429 - púlpito en cada dedo y se van por esos trigos predicando, no escojo: me quedo sin ninguno”53. Se trata, pues, de una escritora de origen romántico, realista-naturalista, que en su última etapa se acerca al modernismo. S u papel es muy relevante, tal y como señala Maryellen Bieder, en un contexto en el que el nuevo discurso feminista se está ganando adeptos en Europa y Estados Unidos, pero en España sigue teniendo escasa implantación, a causa de la dominación de los valores cristianos y tradicionales, que defienden la imagen de la mujer piadosa, sacrificada, abnegada. Frente a todo esto, afirma Bieder, Pardo Bazán es la primera que intenta integrar la idea del feminismo tradicional con las nuevas imágenes de la mujer: Emilia pardo Bazán no era el único intelectual que buscaba negociar un espacio para una nueva construcción de la mujer, pero indudablemente fue la que logró insertar el nuevo discurso con mayor efecto tanto en su propia escritura como en su propia vida54. Bieder recoge también uno de los rasgos más particulares de Pardo Bazán: su adscripción a una forma de escritura masculina, por así decir. A Pardo Bazán se la suele “inscribir más bien en el modelo masculino de escritor por su conexión con el Naturalismo, como si para aceptar que escribiera ella tales novelas hubiera que declararla hombre”55. Es la única mujer de su época a la que críticos y autores consideran “un escritor”. Bieder opina que, de esta manera, Emilia Pardo Bazán intenta “borrar su otredad” para insertarse en el mercado literario. Patiño recoge esta opinión: Al definirse Pardo Bazán como “escritor”, hace que toda escritora, sea literata o poetisa, ocupe la posición de la otra, la que no es ella. A la vez, sin embargo, la autora gallega tiende la mano a ésta y le indica el camino de un lenguaje “andrógino” en una tentativa de cerrar la distancia que media entre ellas. Este “lenguaje sin sexo”, con su correspondiente público andrógino, ofrece un modelo lingüístico que pocas mujeres de su época saben o se atreven a adoptar56. Patiño también recoge la opinión de la propia Pardo Bazán, en una carta a Luis Alfonso redactada en 1884, acerca de la existencia o no de una escritura femenina: Dentro del terreno literario no hay varones ni hembras, hay escritores que sufren inevitablemente las modificaciones inherentes al gusto estético de su edad; y cuando el historiador, con espíritu sereno y maduro juicio, reseña […] estudia a la artista, la considera en relación a su época, pesa los quilates de su mérito intrínseco, lo mismo que haría con un hombre; sólo este modo de proceder es literario, y V., crítico tan distinguido, está obligado a conformarse a él, sacando de su error a las damas que V. dice se asustan, y acaso creen que hay dos literaturas, una femenina, que trasciende a “brisas de violetas”, otra masculina, que apesta a cigarro57. 53 Op. Cit., p. 184. 54 BIEDER, M., (1998), “Emilia Pardo Bazán y la emergencia del discurso feminista”, en ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, p. 75. 55Op. Cit., p. 76. 56 En PATIÑO EIRÍN, C., (2005), “Lectoras en la obra de Pardo Bazán”, en TRUEBA, V., RUBIO, E., MIRET, P., DÍAZ LARIOS, L., BOTREL, J. F., y BONET, L., (Eds.), (2005), Lectora, heroína, autora. (La mujer en la literatura española del siglo XIX), Sociedad de literatura española del siglo XIX, Barcelona, p. 304. 57 Op. Cit., 304-305. - 436 - De hecho, ante esto, los críticos la tachan de viril. Bieder recoge la afirmación de Clarín de que Pardo Bazán “escribía a lo hombre”58, sea lo que sea lo que esto signifique. Ante esto, cabe recordar la idea formulada por Luce Irigaray en Spéculum, en la que entiende que, en el seno de una cultura machista, lo femenino puede reprimirse y disfrazarse, para hacerse aceptable, como el reflejo de lo masculino59. Sabemos que el yo lírico de Galdós es masculino, pero, ¿y el de Pardo Bazán? Podría considerarse que aporta una mirada femenina a la narrativa decimonónica, pero a través del ensayo de narradores masculinos. Ante el ataque de las literatas de la época, que la acusan de indiferencia ante los esfuerzos de las demás mujeres, Pardo Bazán responde que “cuando las mujeres escriben boberías… me desagradan exactamente lo mismo que cuando las escriben los hombres” 60. Los postulados de Pardo Bazán acerca de la cuestión femenina se recogen también en su “Biblioteca de la mujer”, publicada en 1892 en la forma de una decena de títulos editados bajo la premisa de que la educación de la mujer es la clave de la transformación social. En este sentido, se pregunta: “¿Hay algo más importante para la mujer que ella misma –su situación legal, social, moral, económica?”61. De esta manera, Emilia Pardo Bazán traslada las preguntas esenciales de la filosofía (¿quién soy y de dónde vengo?) a la cuestión de género: si la mujer es una construcción social, tiene sentido preguntarse de dónde procede dicha construcción e iniciar la formación femenina con esa pregunta. La empresa fracasó por falta de suscripciones: “Cuando yo fundé la “Biblioteca de la mujer”, era mi objetivo difundir en España las obras de alto feminismo extranjero, y por eso di cabida en ella a La esclavitud femenina, de Stuart Mill, y a La mujer ante el socialismo, de Augusto Bebel. He visto, sin género de duda, que aquí a nadie le preocupan gran cosa tales cuestiones, y a la mujer, aún menos. Cuando, por caso insólito, la mujer española se mezcla en política, pide varias cosas asaz distintas, pero ninguna que directamente como tal mujer, la interese y convenga. Aquí no hay sufragistas, ni mansas ni bravas”62. También alude a la desigualdad en la educación y en el acceso al trabajo en su artículo La mujer española, publicado en 1889 en El Imparcial. La propia Pardo Bazán hace referencia a la importancia de su independencia económica a la hora de dedicarse a escribir, como atributo varonil, en una carta dirigida a Galdós: Me he propuesto vivir exclusivamente del trabajo literario, sin recibir nada de mis padres, puesto que si me emancipo en cierto modo de la tutela paterna, debo justificar mi emancipación no siendo en nada dependiente; y este propósito, del todo varonil, reclama en mí fuerza y tranquilidad. […] Lo dicho esta especie de transposición del estado de mujer al de hombre es cada día más acentuada en mí, y por eso no tengo tanta zozobra moral como en otro caso tendría. De los dos órdenes de virtudes que se exigen al género humano, elijo las del varón […] y en paz63. 58 BIEDER, M., (1998), “Emilia Pardo Bazán y la emergencia del discurso feminista”, en ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, p. 78. 59 MOI, T., (1988), Teoría literaria feminista, Cátedra, 1988, Madrid, p. 143. 60 BIEDER, M., (1998), “Emilia Pardo Bazán y la emergencia del discurso feminista”, en ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, p. 108. 61 Op. Cit,., p. 99. 62PATIÑO EIRÍN, C., (2005), “Lectoras en la obra de Pardo Bazán”, en TRUEBA, V., RUBIO, E., MIRET, P., DÍAZ LARIOS, L., BOTREL, J. F., y BONET, L., (Eds.), (2005), Lectora, heroína, autora. (La mujer en la literatura española del siglo XIX), Sociedad de literatura española del siglo XIX, Barcelona, p. 304. 63 BRAVO VILLASANTE, C., (Ed.), (1975), Emilia Pardo Bazán. Cartas a Benito Pérez Galdós (1889-1890), Turner, Madrid, p. 90. - 437 - De esa independencia se deriva el hecho, señalado por Susan Kirkpatrick, de que, utilizando su propio desahogo económico para escribir, Pardo Bazán fuera una de las pocas autoras en rechazar abiertamente el tópico del ángel del hogar. La intrépida Pardo Bazán, que adaptó los privilegios de su posición social en la oligarquía capitalista y aristocrática a una libertad sexual relativa en su vida personal, se convirtió en la década de los noventa en una firme defensora de las reformas feministas, uniendo su voz a la de la infatigable Concepción Arenal. Mientras que Pardo Bazán plantea aspectos importantes de la experiencia femenina –incluyendo (en La tribuna)la actividad política de la mujerella no expone una crítica inequívoca de los prejuicios sexuales y clasistas opresivos. Sin embargo, como propagadora activa de una perspectiva burguesa feminista, como primera profesora universitaria española, y como modelo vivo de mujer no intimidada, desempeñó un papel fundamental a la hora de establecer la base desde la que podría surgir el feminismo español del siglo XX64. La Tribuna es una de las obras más estudiadas de la autora en este sentido, por cuanto critica las bases económicas, sociales y familiares de la educación y matrimonio de la mujer burguesa española. […] En esta obra Pardo Bazán documenta los problemas económicos, las consecuencias del trabajo para la salud y la falta de movilidad social de las cigarreras y, en menor medida, los cigarreros. […]65. En Insolación, sin embargo, presenta un modelo diferente de mujer, que ejerce su libertad sexual sin experimentar las consecuencias económicas propias de la época66: Asís Tabeada mantiene una aventura fuera del matrimonio que, sin embargo, no arruina sus perspectivas de éxito social. Curiosamente, en la obra de esta autora, a diferencia de Galdós, el matrimonio no se presenta como premio y objetivo principal, y pocas de sus novelas acaban en boda. Otra de las más analizadas es Memorias de un solterón, que frecuentemente se estudia como contestación a la Tristana de Galdós: Es en ésta donde la autora desarrolla más ampliamente el discurso feminista y donde deja que la figura de la mujer nueva pase a ocupar la posición central, aunque no abandone la técnica de deformarla cómicamente. Recordemos que el mismo propósito de emancipación, en circunstancias menos propicias, animó a otra protagonista literaria, la Tristana de la novela epónima de Benito Pérez Galdós. Publicada pocos años antes, Tristana (1892) es sin duda un intertexto fundamental en Memorias de un solterón.67. La protagonista, Feíta, representa un modelo de trabajo femenino y de mujer nueva que apuesta por la educación e independencia, como demuestra uno de sus parlamentos más conocidos en Doña Milagros, donde por primera vez aparece el personaje: “Quiero estudiar, aprender, saber, y valerme el día de mañana sin necesitar a nadie. Yo no he de estar dependiendo de un hombre. Me lo ganaré y me burlaré de todos ellos”68. De ella se dice en Memorias de un solterón que Feíta era la mujer nueva, el albor de una sociedad distinta de la que hoy existe. Sobre el fondo burgués de la vida marinedina, destacábase con relieve singular el tipo de la 64 KIRKPATRICK, S., (1991), Las Románticas. Escritoras y subjetividad en España, 1835-1850, Feminismos, Cátedra, Madrid, p. 274. 65 BIEDER, M., (1998), “Emilia Pardo Bazán y la emergencia del discurso feminista”, en ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, p. 84-85. 66 Op. Cit., p. 88. 67 Op. Cit., , p. 91. 68 PATIÑO EIRÍN, C., (2005), “Lectoras en la obra de Pardo Bazán”, en TRUEBA, V., RUBIO, E., MIRET, P., DÍAZ LARIOS, L., BOTREL, J. F., y BONET, L., (Eds.), (2005), Lectora, heroína, autora. (La mujer en la literatura española del siglo XIX), Sociedad de literatura española del siglo XIX, Barcelona, p. 301. - 438 - muchacha que pensaba en libros cuando las demás pensaban en adornos; que salía sin más compañía que su dignidad, cuando las demás, hasta para bajar a comprar tres cuartos de hilo, necesitaban rodrigón o dueña; que ganaba dinero con su honrado trabajo, cuando las otras sólo añadían al presupuesto de la familia una boca comilona y un cuerpo que pide vestimenta; que no se turbaba al hablar a solas con un hombre, mientras las restantes no podían acogernos sino con bandera de combate desplegada...69 Pero los modelos de mujer de Emilia Pardo Bazán no se agotan aquí. Maryellen Bieder considera a Lina Mascareñas, la protagonista de Dulce Sueño, la construcción más radical de Pardo Bazán ante la desigualdad de la mujer, porque plantea un conflicto social al renunciar a su posición acomodada para evitar ser un reflejo especular del hombre, a la Irigaray. Son sólo algunos ejemplos de cómo se ha estudiado el reflejo de los roles de género en las obras de estos autores, atendiendo al punto de vista económico. ¿Existen, pues, diferencias en la práctica entre la escritura de Galdós y la de Pardo Bazán? En este sentido, es necesario hacer un análisis pormenorizado de los modelos de hombre y mujer que presentan, de los rasgos del narrador y el yo poético, y de su postura ante determinadas temáticas (por ejemplo, el adulterio, que Galdós plantea como una tragedia para la mujer y Pardo Bazán retrata de forma más ligera): Pardo Bazán concede a la mujer el derecho al deseo y al placer sexual y, además, el derecho a casarse, por lo menos en segundo matrimonio, por gusto personal y no según los códigos de la sociedad burguesa.70 Nos encontramos, por tanto, ante dos de las figuras más prolíficas y complejas de la literatura española decimonónica, pero también de las más complejas, de profundidad tal que sus obras presentan espacio para, si cabe, nuevos análisis de los roles y relaciones de género, en nuestro caso desde el punto de vista económico. CONCLUSIONES: LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN Y NOVELAS SELECCIONADAS Tal y como apuntábamos al principio de nuestra argumentación, el acercamiento realizado al estado de la cuestión, lejos de responder a las preguntas planteadas, nos proporciona las herramientas necesarias para acometer nuestra investigación, partiendo de una serie de argumentos derivados de nuestro análisis previo. De esta manera, se nos abren las siguientes líneas de investigación: - A partir del análisis previsto de las raíces de la violencia económica de género y su reflejo en la literatura, pretendemos analizar la permanencia de un fenómeno de plena actualidad, con una trayectoria marcada a lo largo de la historia: de esta manera, podemos comprobar que los roles y relaciones de género se basan en una estructura de poder que está basada, a su vez, no en el orden natural sino en el estatus económico y en la jerarquía social que de él se deriva. La mujer queda constituida, de esta manera, como un grupo más de marginación social. De ahí la aparición en la actualidad de fenómenos como la llamada feminización de la pobreza. - Mediante este análisis pretendemos demostrar, además, la validez de la literatura como base y herramienta de una investigación rigurosa, en relación con las tesis que propugnan la capacidad de la novela realista como reflejo de la sociedad. Es más: aún si estamos en desacuerdo con dicha capacidad, la sola intención de los autores de retratar la realidad en sus obras ya asegura la presencia en ellas de, al menos, vestigios de un estado de cosas con cierto anclaje en la realidad. 69 Op. Cit., p. 300. 70 Op. Cit. , p. 86. - 439 - - Tristana (1892): De nuevo, observamos las consecuencias del acto sexual, en este caso entre otra joven huérfana y su tutor, mucho mayor, que la seduce. La protagonista plantea el modelo de la libertad honrada. En este caso el conflicto se resuelve mediante una mutilación física, que supone la caída de las aspiraciones intelectuales de la joven. La protagonista se casa, se aburguesa y se refugia en la religión. De Emilia Pardo Bazán: - La tribuna (1882): Se retratan las condiciones de vida y trabajo de las obreras, así como la incursión de la mujer en la vida política. - La dama joven (1885): un caso novedoso de aparente rechazo de la independencia por motivos de seguridad económica, en una obra de juventud. - Los Pazos de Ulloa / La madre naturaleza (1886-7): La obra más célebre de Pardo Bazán. Presenta diversos modelos de mujer, la determinación por el ambiente, la relación entre el estatus económico y el moral. Se trata de su obra más anclada en el naturalismo. - Insolación (1889): Se retrata una relación fuera del matrimonio, la sexualidad y el deseo femeninos sin consecuencias negativas (situación excepcional en la literatura realista decimonónica), la libertad amorosa. - Memorias de un solterón (1891): Se contraponen las posiciones del hombre soltero y de la mujer soltera, se muestra el trabajo de la mujer honrada, el matrimonio entre iguales, un nuevo modelo de mujer. - Dulce sueño (1911): La creatividad y la independencia del personaje femenino se interpretan como locura por parte de la sociedad. La mujer se construye a sí misma en primera persona, a través de un monólogo interior. - En el caso de esta autora resulta imprescindible, además, llevar a cabo una selección de sus relatos para estudiar el reflejo en ellos de los roles de género, dada la magnitud de su producción cuentística. Concluimos nuestro acercamiento a este trabajo de investigación regresando a la obra de una de las primeras autoras en plantear la importancia de la economía en la literatura cuando hablamos de autoras y no de autores: Virginia Woolf. La desigualdad económica se hace patente en las obras de Galdós y Bazán, y nuestro análisis de sus obras tiene como objetivo, no sólo arrojar una luz diferente sobre obras maestras ya reconocidas y tantas veces estudiadas, sino que esa luz sirva como complemento al conocimiento de una situación actual, que se sufre y experimenta hoy en día, dentro y fuera de la literatura. La respuesta a la posible desazón ante la pervivencia de conflictos tan antiguos nos la da, como siempre ha hecho, Virginia Woolf. La igualdad económica está lejos, pero “vendrá si trabajamos por ella, y vale la pena trabajar en la oscuridad y la pobreza”71. 71 DE HARO FERNÁNDEZ, A. M., (2008), “Heroínas y mercenarias. La violencia económica de género a través de su reflejo en la literatura inglesa”, en VV. AA., Violencia desenfocada. Dinero. IV Jornadas de Estudio, reflexión y opinión sobre violencia.18-21 noviembre 2008, p.199. - 441 - BIBLIOGRAFÍA. ARAGÓN, A., (1993), “Una imagen propia: la situación de la mujer a través de la obra de Frances Burney”,en CANTERÍA, C., (Coord.), (1993), VII Encuentro. De la Ilustración al Romanticismo. Cádiz, América y Europa ante la modernidad. La mujer en los siglos XVIII y XIX, Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, Cádiz, 371-382. BERGER, M., (1964), (Ed.), Madame de Stäel on Politics, Literature, and national character, Translated, Doubleday & Company Inc., New York. BIEDER, M., (1998), “Emilia Pardo Bazán y la emergencia del discurso feminista”, en ZAVALA, I. M., (Coord.), (1998), Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). V. La literatura escrita por mujer. (Del siglo XIX a la actualidad, Anthropos, Barcelona, 75-110. 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