Dispersión y fragmentación: prensa y sociedad del exilio republicano español
Abstract
La comunicación aborda la relación existente entre los medios de comunicación en el exilio y la emigración republicana de 1939. Representa un primer paso en la exploración sobre este tema y se enmarca en un proyecto de investigación I+D+I sobre refugiados y exiliados políticos de la Europa de posguerra (“Relaciones España-Europa Centro Oriental: refugiados políticos, comunicación, cultura y economía, 1939-1989”).
Full text
1 DISPERSIÓN Y FRAGMENTACIÓN: PRENSA Y SOCIEDAD DEL EXILIO REPUBLICANO ESPAÑOL Matilde Eiroa San Francisco (Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Universidad Carlos III de Madrid ) Índice: 1.- Los destinos, residencias involuntarias de los republicanos españoles. 2.- La prensa republicana ante la dispersión de sus receptores. 3.- Prensa y sociedad exiliada: la mutua alimentación de una ilusión. Resumen: La comunicación aborda la relación existente entre los medios de comunicación en el exilio y la emigración republicana de 1939. Representa un primer paso en la exploración sobre este tema y se enmarca en un proyecto de investigación I+D+I sobre refugiados y exiliados políticos de la Europa de posguerra (“Relaciones España-Europa Centro Oriental: refugiados políticos, comunicación, cultura y economía, 1939-1989”). The paper approaches to the relationship between the mass media in the exile and the republican emigration of 1939. It represents a first step in the exploration on this subject and it is framed in a research project about refugees and political exile in the post-war Europe (Relations Spain Central East Europe: political refugees, communication, culture and economics, 1939-1989”).
2 La historia de la II República española en el exilio no puede obviar el estudio de sus medios de comunicación presentes en Iberoamérica, Francia y el resto de las áreas geográficas donde encontraron cobijo los españoles del bando perdedor de la guerra civil. Dos son los motivos que nos conducen a esta aseveración. El primero de ellos se basa en la relación que existe entre periodismo y evolución político-social. El segundo es el interés de los contenidos de las publicaciones, en las que muchos intelectuales participaron con artículos, columnas o reportajes. Allí volcaron su opinión y su testimonio del pasado. Hemos planteado el contenido de esta comunicación en tres partes. En la primera, analizamos los destinos a donde fueron a parar los exiliados, caracterizados por la dispersión de éstos y por el gran riesgo que en algunos casos suponía para sus vidas – el ejemplo de Francia es el más evidente-. La segunda nos sirve para examinar a grandes rasgos el tipo de prensa del exilio y la nueva situación a la que hubieron de enfrentarse los actores de los medios y los propios medios de comunicación ante el inquietante presente y el impredecible futuro. En la última parte tratamos de establecer los vínculos que existen entre prensa y sociedad, el reflejo de ésta en los órganos de comunicación de los exiliados y su papel en el mantenimiento de una idea poco ajustada a la realidad política en la que se desenvolvían. Los republicanos españoles no fueron los únicos que vivieron en el exilio. La II Guerra Mundial expulsó a numerosos ciudadanos de toda Europa de sus lugares de origen y les obligó a aceptar residencias transitorias o permanentes que nunca habían imaginado 1 . Cuando la Guerra acabó, muchos de los que habían salido retornaron a sus zonas de procedencia sin apenas complicaciones; otros, sin embargo, se vieron abocados a una nueva salida. Nos referimos a los ciudadanos de la Europa Central y Oriental, subordinada a la URSS después del reparto de Yalta y Postdam, forzados a buscar refugio en Occidente. En Londres, París, Washington y Nueva York se 1 Bade K.J., (2000) Europa en movimiento. Las migraciones desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días, Barcelona: Crítica.
3 establecieron los gobiernos de Polonia, Hungría, Checoslovaquia, España,…, y gran parte de las colonias de huidos hasta las décadas de los años setenta y ochenta del pasado siglo. Con los exiliados de España y de otras naciones salió un caudal profesional y técnico, un colectivo humano y económico de gran valor para el país de acogida, al que enriquecieron con su presencia y con los recursos que generaron 2 . 1.- Los destinos, residencias involuntarias de los republicanos españoles La necesidad de salir del territorio español se detectó desde el principio de la Guerra Civil en las provincias donde triunfó la sublevación militar, a tenor de la situación que se presentaba para los fieles a la legalidad constitucional, cuya opción era o la de esperar las consecuencias del mantenimiento de su lealtad o la de exiliarse. La marcha de los republicanos fue constante desde septiembre de 1936, por lo que el término aceptado de “exilio de 1939”, responde más a una exigencia de aplicar una denominación sintética a este fenómeno que a la precisión del mismo. El éxodo masivo y sin posibilidad de retorno se efectuó desde la caída de Barcelona en el mes de enero de 1939, fecha que hemos tomado como punto de partida para nuestro trabajo 3 . Los republicanos se encontraron con un entorno internacional bastante inhóspito, en plena preparación de un camino que conduciría, el mismo año 1939, al segundo enfrentamiento europeo, transformado después en mundial. La dispersión fue la nota predominante de los transterrados, exceptuando los dos grandes núcleos que se concentraron en Francia y México. Los que se quedaron en Europa tropezaron con distintas vicisitudes dependiendo del país que eligieron como primera parada de su destino incierto. Los pocos que lograron visado para Gran Bretaña 4 y Suiza gozaron de 2 Resulta imposible citar el listado de científicos, médicos y profesionales de los que España prescindió. Algunos de estos ejemplos, en Martinez Gorroño, Mª.E. (1992), Españoles en Colombia: los médicos y odontólogos exiliados a consecuencia de la guerra civil en España. Una aportación española a América, Madrid: Fundación Españoles en el Mundo. López Delgado, A. (1996), Profesionales exiliados españoles peregrinos en el mundo, Cuadernos Republicanos, nº 25, 21-31. Guerra, F. (1996), Los médicos republicanos exiliados en Venezuela, 1ª parte, Cuadernos Republicanos, nº 25, 43-63. 3 La importancia cualitativa y cuantitativa de este hecho ha sido puesta de relieve por la historiografía desde hace años, a través de trabajos pioneros como el de José Luís Abellán -El exilio español de 1939, Taurus, 1976-1978- y otros recientes de un indudable valor. También del profesor Abellán es (1982) De la guerra civil al exilio republicano (1936-1977), Madrid: Mezquita. Más recientemente Consuelo Soldevilla ha realizado una síntesis en: Soldevilla Oria, C. (2001), El exilio español (1808-1975), Madrid: Arco Libros. Encarnación Lemus fue la editora del monográfico titulado Los exilios en la España contemporánea, Ayer. Nº 47. (2002). Asimismo, Egido A., y Eiroa M., (2004), Los grandes olvidados. Los republicanos de izquierda en el exilio, Madrid: CIERE. 4 Gran Bretaña recibió un goteo de exiliados desde 1939. Muchos trabajaron en la BBC para las emisiones en español de esta cadena: Luis Araquistain, Segismundo Casado, José Castillejo, Arturo Barea, Luis Portillo, quien además de trabajar como traductor, mantuvo un programa llamado Radio
4 cierta estabilidad, situación que compartieron con la mayoría que partió para América del Norte y del Sur. Sin embargo, la avalancha mayor de refugiados cruzó la frontera hacia Francia, donde se instalaron en la zona centro-sur, la que más peligro ofrecía por ser la controlada por el gobierno colaboracionista del mariscal Petain. La vida no fue fácil para ellos durante el tiempo que duró la II Guerra Mundial con la amenaza constante de las tropas de ocupación alemanas, situación que les obligaba a vivir escondidos y a cambiar de residencia con más asiduidad de lo deseado. Muchos fueron conducidos a campos de concentración franceses, donde permanecieron durante meses en condiciones humanas poco dignas, hasta que fueron trasladados en barco a México a petición expresa de su presidente 5 . Cuando la II Guerra Mundial acabó, sus problemas no acabaron, aunque paulatinamente lograron acomodo, excepto los miembros del PCE, quienes a partir de 1948 iniciaron un nuevo éxodo como consecuencia de la prohibición del gobierno francés a que permanecieran en su territorio. Este fue el momento de la llegada masiva de comunistas españoles a los países de la Europa Central y Oriental, distribuidos entre Praga, Budapest, Varsovia y Bucarest, donde se mantuvieron agrupados en células en torno al Partido y hallaron cobijo y trabajo, a pesar de las diferencias lingüísticas y culturales 6 . En la URSS encontraron refugio los miembros del PCE, los llamados “niños de la guerra” y las personas que les acompañaban. Constituyó un colectivo que se integró pronto en la sociedad soviética trabajando como militares, aviadores, profesores, Gaceta hasta fines de la década de los cincuenta. Arasa, D. (1995), Exiliados y enfrentados: los españoles en Inglaterra de 1936 a 1945, Barcelona: Ediciones de la Tempestad. 5 Por la historiografía sabemos que corrieron suertes diversas y ninguna fácil en un escenario bélico donde tuvieron que realizar los fortalecimientos de las líneas de defensa francesa, trabajar en fábricas de armamento, o en el campo, cubriendo los huecos de los agricultores franceses que habían sido llamados a filas. Otros fueron devueltos a las autoridades españolas, y un grupo importante tuvo como destino los campos nazis, donde encontraron la muerte o enfermedades que les acompañaron a lo largo de toda su vida. Algunos se trasladaron al norte de África, controlada por el Gobierno de Vichy, donde cayeron en campos de trabajo de condiciones infrahumanas, forzados a la construcción de infraestructuras para la Alemania nazi. Entre otros, véase, Dreyfus-Armand, G., (2000), El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Barcelona: Crítica. Pons Prades, E, (1975), Republicanos españoles en la II Guerra Mundial, Barcelona: Planeta. Rafaneau-Boj, Marie-Claude (1999), Los campos de concentración de los refugiados españoles en Francia (1939-1945), Barcelona: Omega. 6 Eiroa, M (2004). Republicanos en el Centro-Este de Europa: los intentos de normalización constitucional, En A. Egido y M. Eiroa (Eds.), Los grandes olvidados, op.cit., (pp 301-322). De la misma autora, (2001). Los apoyos exteriores de la II República española o el espejismo de la acogida internacional. Cuadernos Republicanos, nº 47, 32-44. Heine, H. (2001), El exilio republicano en Alemania Oriental (República Democrática Alemana-RDA), en Migraciones & Exilios, AEMIC, nº 2. J. Rubio (1977). Los reconocimientos diplomáticos del gobierno de la República española en el exilio, Política Internacional. Nº 149, 55-66. Madrid: Instituto de Estudios Políticos. Cabeza Sánchez-Albornoz, S. (1997), Historia política de la Segunda República en el exilio. Madrid: Fundación Universitaria Española.
5 médicos o en tareas para el Partido, pero también en las fábricas soportando horarios y jornadas laborales muy prolongadas en un contexto estalinista de planes quinquenales e industrialización acelerada 7 . En América corrieron mejor suerte, especialmente los que se establecieron en el México de Lázaro Cárdenas. México no había reconocido al gobierno de Franco y la recepción que se les brindó despertó esperanzas de haber llegado al final del viaje 8 . Argentina y Chile, acogieron igualmente a grupos de exiliados españoles. En Argentina tuvieron dificultades porque el presidente Juan Domingo Perón fue uno de los principales sustentadores del régimen de Franco en su época de mayor aislamiento aunque los republicanos recibieron ayuda de las colonias de emigrados económicos de épocas anteriores 9 . A Chile llegaron gracias a las gestiones que Pablo Neruda realizó desde París. En Valparaíso y otras ciudades se asentaron exiliados del perfil profesional más obrero de Iberoamérica: pescadores, agricultores y muy pocos intelectuales 10 . Hubo españoles en Panamá, Perú, Uruguay, Puerto Rico y en la República Dominicana, donde se alojó un importante núcleo a pesar de que el general Rafael Leónidas Trujillo ejercía su poder como un férreo dictador. Trujillo, paradójicamente, dio acogida a estos exiliados que lo eran por defender un régimen antagónico al suyo. Las razones de esta acogida están basadas en el deseo de mejorar su imagen pública, la voluntad de “blanquear” el país con la inmigración de blancos y la necesidad de mano de obra agrícola 11 . Contrariamente a lo planificado, ninguno de estos objetivos le salió bien y después de 1945 apenas quedaba ningún refugiado. Asimismo, Venezuela, donde los vascos ya tenían una colonia desde tiempo atrás. En este país se encontraba Eduardo Ortega y Gasset, comentarista de radio y director de periódico. También hubo españoles 7 Alted Vigil, A., (2002), El exilio español en la Unión Soviética, en Lemús, ed., (2002), Los exilios en la España contemporánea, Ayer, nº 47, 129-154. 8 Matesanz, J. A. (1999), Las raíces del exilio. México ante la Guerra Civil española, México: El Colegio de México-UNAM. Lida, C. E. (coord.) (2001), México y España durante el primer franquismo, México: El Colegio de México. En México su actividad cultural fue impresionante como ya conocemos por la historiografía. Allí fundaron el Instituto Luis Vives o el Colegio Madrid; las editoriales Séneca, Fondo de Cultura Económica, Quetzal, Era. Véase Cruz Orozco, J.I. (2001), El Colegio Madrid de la ciudad de México. Un modelo de excelencia académica. En Migraciones & Exilios, AEMIC, nº 2. 9 En Argentina fundaron la editorial Espasa Calpe, Losada (donde editaban a Lorca, Alberti, Ayala, Rosa Chacel, Maria Zambrano, Sánchez-Albornoz, etc., etc.), Emecé, Pleamar, Editorial Sudamericana, Nuevo Romance. En Chile, Margarita Xirgú fundo la Escuela de Arte Dramático. También se hallaba allí la Editorial Cruz del Sur. Schwarzstein, D., (2001), Entre Franco y Perón: memoria e identidad del exilio republicano español en Argentina. Barcelona: Crítica. 10 Carcedo, D. (2006), Neruda y el barco de la esperanza, Madrid: Temas de Hoy. 11 La necesidad de limpiar su imagen ante la opinión pública se debía a la matanza perpetrada contra los haitianos en 1937, calculada en unos 20.000 asesinados. Por otro lado, quería “blanquear” el país para distinguirse de los haitianos de raza negra y mestiza y había hecho llamamientos para que emigraran europeos.
6 en Bolivia, Colombia, Cuba o Ecuador, en un continuo trasiego de intelectuales y profesionales por los distintos territorios de América del Sur. Por su parte, Estados Unidos no aceptó la figura bajo la cual los españoles se presentaban, a saber, la de “refugiados políticos” y nunca se les concedió el estatuto propio de esta condición 12 . La fórmula de entrada fue la de acogerse a las leyes de emigración vigentes y así poder establecerse como profesionales liberales. Solían entrar por California y Texas y viajaban hasta alcanzar Nueva York, percibida como un centro de aglutinamiento de colectivos dispares. Allí estaba la familia de Lorca, Fernando de los Ríos, Victoria Kent, Salvador de Madriaga, Joaquín Maurín -maestro y periodista-, Américo Castro, José Rubia Barcia o Ramón Sender. El exilio americano, por tanto, no sufrió ni la II Guerra Mundial ni las dificultades del idioma, lo cual les facilitaba la comunicación y la publicación de obras. Sin embargo, la aceptación por algunos gobiernos americanos no fue sencilla, porque eran regímenes de derechas o militaristas, a veces las dos cosas, y les resultaba incómodo recibir a personas tachadas de rojas, grupos que potencialmente podían revolucionar el país. Las circunstancias económicas en estos países tampoco eran muy favorables, y sólo una minoría logró organizarse profesionalmente con relativa rapidez. Junto a la coyuntura económica poco propicia, el perfil laboral del grueso de los exiliados respondía al de “intelectual”, hecho que reducía sus oportunidades para encontrar un empleo. La estancia en países democráticos tampoco estuvo exenta de complicaciones en la convulsa década de los cuarenta-cincuenta. En Estados Unidos, por ejemplo, se hallaban en plena época del maccarthysmo, movimiento de persecución contra la izquierda iniciado por el senador MacCarthy, que provocó la vigilancia y el control de muchos ciudadanos sospechosos de ser unos infiltrados de la Unión Soviética. Los republicanos españoles debieron guardar cierta prudencia en sus manifestaciones públicas para evitar situaciones incómodas con las autoridades del Estado, ciertamente obsesionadas con la presencia de comunistas en los organismos oficiales. Los motivos de la elección de estos destinos no obedecieron en un principio a un criterio definido, sino a la urgencia de salir de España y salvar sus vidas. La amenaza de la que eran objeto condujo a la disgregación de los exiliados porque no había tiempo 12 Actitud que resulta cuanto menos, peculiar, por parte del gobierno norteamericano, puesto que los refugiados políticos procedentes de Polonia o Hungría, países con gobiernos comunistas, fueron aceptados como tales y sujetos al estatuto de refugiado.
7 para planificar el trayecto a seguir, ni tampoco existía un abanico amplio de países que se hubieran ofrecido como lugar de residencia 13 . La distribución por los distintos territorios tuvo relación, en cierta medida, con su adscripción política e ideológica. Los partidos socialistas y los comunistas se asentaron sobre todo en Francia y éstos últimos lo hicieron mayoritariamente en los países del bloque soviético. Los grupos de republicanos de izquierda se localizaban en Francia, en México y en otros países de América del Sur. El gobierno republicano en el exilio también experimentó cambios de sede: en un principio se apostó en México, pero posteriormente pasó a París por la hipótesis de un retorno inmediato a tierras españolas 14 . Otros grupos minoritarios eligieron destinos diferentes de los anteriores dando lugar a una dispersión que impedía diseñar una estrategia política común, factor que unido a las divergencias políticas, a la II Guerra Mundial, a la Guerra Fría, a la falta de apoyos internacionales y a la disminución de recursos económicos, conformaron un conjunto de argumentos que bien podrían explicar la falta de alternativa al franquismo. 2.- La prensa republicana ante la dispersión de sus receptores La proclamación de la II República en España representó el impulso definitivo a la dinámica informativa que se había ido incubando en la década de los años veinte, frenada con motivo de la dictadura de Primo de Rivera y definitivamente desbloqueada en abril de 1931. A partir de estos momentos, la extensión del cine y la radio, el papel de la prensa como agente de la realidad política junto con la presencia de firmas de escritores e intelectuales de un alto nivel, convirtieron al periódico en un espacio informativo-cultural muy atractivo. De hecho, los años republicanos representan una de las etapas más brillantes de la historia del periodismo español al tiempo que prolífico, puesto que nacieron multitud de cabeceras con propósitos dispares como los órganos de comunicación de partidos políticos y sindicatos, aquellos que se afanaban en recuperar la lengua catalana y publicaban en dicha lengua, las revistas literarias o las emisoras de radio percibidas como un medio vivo y directo entre ciudadanos y políticos. 13 Las vicisitudes que pasaron hasta llegar a un lugar aceptable han sido objeto de una numerosa bibliografía, entre otra: Zurita Castañer, J. (1985), Los círculos del exilio español en Europa (1939-1975), Zaragoza. Carrasco J., (1984) La odisea de los republicanos españoles en Francia. Album-Souvenir del exilio republicano español en Francia (1939-1945), París: Association de Auteurs Auto-Edités. Soriano A. (1989), Éxodos. Historia oral del exilio republicano en Francia, 1939-1945, Barcelona: Crítica. Ferrer E. (1999), Páginas del exilio, México: Aguilar. Asimismo el trabajo realizado por Egido, Á. (2000), Francisco Urzaiz. Un republicano en la Francia ocupada. Vivencias de la guerra y el exilio, Madrid: Biblioteca Nueva. 14 Cabeza Sánchez-Albornoz, S. (1997), Historia política de la Segunda República en el exilio, op. cit
8 Durante la Guerra Civil la prensa se fue orientando hacia la información de guerra. No podía ser de otro modo: la importancia de los hechos revolucionarios y bélicos, la propaganda y la censura, propia de épocas de crisis y de secretismos obligados, incitó a los medios a la focalización en noticias bélicas. En estas circunstancias, la prensa republicana informó todo lo que podía y le permitían, fue muy abundante en opiniones, vertidas por todo tipo de fracciones políticas, ávidas de manifestar sus pensamientos y hacer propaganda de su causa 15 . La desaparición de la II República y la implantación del Nuevo Estado lógicamente trajeron consigo una reordenación de la estructura del mundo informativo y cultural. En el interior, la Ley de Prensa de 1938 anunció la situación de este sector y diseñó el modelo informativo y comunicativo del Régimen hasta 1966 con la llamada Ley Fraga 16 . Mientras tanto, el mundo de la información en el exilio quedó completamente descabalado ante las anómalas circunstancias de sus habituales receptores y éstos a su vez pendientes de reorganizar sus vidas y sus haciendas y subordinados a los acontecimientos políticos en España. La continuidad de la prensa en estas condiciones se hizo especialmente difícil. La creación y distribución de las sencillas publicaciones iniciales respondieron a un deseo intencionado de comunicación y de expresión de los republicanos recién exiliados 17 . En los primeros momentos y para quienes se quedaron en Francia, el ejercicio del periodismo suponía un riesgo ante la posibilidad de ser descubierto por las autoridades de la Francia de Vichy o la Alemania nazi. A pesar de esta eventualidad, desde 1939 la prensa y la radio republicanas reanudaron la información desde sus lugares de refugio gracias a la ayuda de 15 Guillamet, J. (2004), Desarrollo del periodismo en tiempos de guerra. Notas sobre el caso de España., en Pena, A., coord. (2004) Comunicación y guerra en la Historia, Santiago de Compostela: Tórculo Ediciones, (pp. 291-304). Checa Godoy, A., (2004), La comunicación en retaguardia. Jaén y Sevilla en la guerra civil, en Pena, A., coord. (2004), Comunicación y guerra en la Historia, op. cit. (pp 481-494). Garitaonandía, C. y otros (eds.), (1990), Comunicación, cultura y política durante la II República y la Guerra civil. España, 1931-1939, Bilbao: Diputación Foral de Vizcaya-Servicio Editorial UPV. 16 Véase Sevillano Calero, F., (1998), Propaganda y medios de comunicación en el franquismo, 1936- 1951, Alicante: Universidad de Alicante. García Galindo, J.A., Gutierrez Lozano, J.F. y Sánchez Alarcón, I, (eds.) (2002), La comunicación social durante el franquismo, Málaga: Diputación Provincial de Málaga. 17 Se hacían primero a mano y luego con máquinas de escribir y consistían en boletines de enlace políticoculturales. Uno de ellos era El Bulo, confeccionado a modo de boletín oral. En la II Guerra Mundial en el campo de Gurs y en otros de Francia circulaban hojas como La Voz de España y la Voz de los Españoles. En el buque Sinaia, primera expedición de españoles a México, se improvisaron recursos materiales y humanos para recoger todos los días las incidencias del viaje y aprovechar la oportunidad de realizar entrevistas, semblanzas e informaciones sobre la situación mundial. Las hojas multicopiadas Sinaia, podrian ser, junto a las de El Bulo, las primeras muestras del periodismo en el exilio. Veáse la edición facsimil, VVAA, (1999), Siania. Diario de la primera expedición de republicanos españoles a México. Madrid: FCE, Instituto Mexicano de Cooperación Internacional y Universidad de Alcalá.
9 organizaciones hermanas locales, en el caso de partidos políticos y sindicatos, y a través de otro tipo de recursos en el caso de las publicaciones oficiales del gobierno republicano en el exilio. Tanto en estos años como en los posteriores, las dificultades para la publicación de los distintos rotativos, constituyen por sí mismas un capítulo especial de la historia del periodismo. Además de los problemas derivados de la falta de recursos económicos, hemos de tener en cuenta las trabas políticas que algunos gobiernos ponían a la existencia de medios informativos de los republicanos españoles, así como los obstáculos tecnológicos que conllevaba el no disponer de maquinaria propia o la escasez de periodistas profesionales, colectivo muy castigado por los acontecimientos en España. La distribución de los impresos, asimismo, era arriesgada y de una extremada lentitud por la limitación de los transportes propia de los tiempos de Guerra Mundial y la posterior restricción de las comunicaciones en los años de Guerra Fría. Las principales cabeceras republicanas se editaron, organizándolas por continentes: 1.- En África: Argelia –prensa socialista, comunista y de republicanos de izquierda 18 - y Marruecos. 2.- En América del Sur: Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y Venezuela. La mayoría se publicó desde Argentina, especialmente prensa gallega, asturiana, catalana y vasca. 3.- En América Central y Caribe destacó Cuba, aunque algunas publicaciones se editaron en Costa Rica, Guatemala y Puerto Rico. 4.- En el Norte del continente sobresalió sin lugar a dudas México, principal receptor de los refugiados, país desde el que se expresaron todos los órganos de partidos políticos, sindicatos y asociaciones de republicanos, así como los boletines de las instituciones de la II República en el exilio. Amparados por la Constitución mexicana, sumamente expeditiva en la libertad de expresión e imprenta, junto a la libertad de acción de la que dispusieron, constituyeron elementos determinantes que fomentaron la aparición de un buen número de diarios y semanarios de distinta índole, realizados no solo por periodistas, sino por un importante número de profesionales que encontraron protección bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas. En Estados Unidos, los exiliados contaron con el apoyo de las Sociedades Hispanas Confederadas, promotoras de España Libre 19 . 5.- En Europa hemos de destacar la importante proliferación de medios de comunicación en 18 Las cabeceras en estos países eran España Popular y Mundo Obrero del PCE; España Republicana de Izquierda Republicana; El Socialista de la UGT; Agrupación de Marinos de la República Española, que editaban un boletín de comunicación interna. Piedrafita, F. (1996). Fondo Hemerográfico del Archivo de la II República Española en el Exilio. Madrid: Fundación Universitaria Española. 19 El primer número salió en 1939, y aunque con cambios en la periodicidad, logró prolongarse hasta 1976.
16 complejo y costoso que la edición de un diario. Problemas económicos y diplomáticos impidieron que los trámites ante distintos países europeos – Francia y Yugoslavia- y norteafricanos dieran resultados. Los republicanos, mientras tanto, utilizaban los micrófonos de Radio París o Radio Belgrado, desde cuyas ondas difundían mensajes favorables a la República. Paralelamente en España se oía furtivamente Radio España Independiente o Radio Pirenaica como era más conocida, lo cual contribuía a difundir la idea de que todos los exiliados eran comunistas. Finalmente, en 1959 Gordón Ordás consiguió que Venezuela cediera el permiso necesario para el funcionamiento clandestino de Radio Libertad, con emisiones de sólo media hora. La escasez de recursos tecnológicos y humanos impedía la preparación de una programación más amplia y como consecuencia de ello el impacto propagandístico e informativo fue mínimo, entre otras razones porque el alcance de sus ondas apenas cubría el continente americano. El gobierno del general Emilio Herrera creó en noviembre de 1960 una agencia de prensa, Free Spain Press y también editaron unos cuadernos mensuales llamados Servicio de Información de la República Española, pero en 1961 decidieron suprimir el Ministerio de Información y con él sobrevino el definitivo decaimiento de la información y la comunicación republicanas. Un arma tan importante como es la de los medios de comunicación fue menoscabada en unos tiempos de pleno crecimiento radiofónico y televisivo, especialmente desde que en España apareció este nuevo medio audiovisual en 1956. La prensa republicana en el exilio contó, en general, con la colaboración de lo más brillante de la cultura española, aprovechando la oportunidad de que un gran número de artistas, escritores, poetas, científicos, universitarios de todas las disciplinas se hallaban fuera de España ante la imposibilidad de expresar con libertad su pensamiento y creatividad en el contexto del franquismo. Muchos de ellos se convirtieron en periodistas accidentales, profesionales temporales de los medios, quienes enriquecieron con su sabiduría y su pluma las páginas de diarios y la producción impresa en el exilio por su contribución a la creación de revistas literarias y científicas y a tantas otras iniciativas culturales y de comunicación. Los periodistas que se hallaban en el destierro, trabajaron con todos los géneros periodísticos, pusieron en marcha revistas literarias, como Taller, Romance, Las Españas, Presencia, Comunidad
17 Ibérica 36 e incluso escribieron en las páginas de los diarios mexicanos donde al menos podían ejercer su profesión y ganarse un sustento mensual. Sus largos años de experiencia profesional les permitieron disponer de recursos suficientes para continuar su trabajo en condiciones claramente adversas, como las de los campos de concentración franceses, emplazamientos en donde intentaron mantener informados a los españoles, o desde México, lugar de salvaguarda del espíritu republicano, inevitablemente enfrentado a la dictadura con las armas de la denuncia y la propaganda 37 . Todos los centros emisores en el exilio se configuraron como portavoces de la disidencia, guardianes de la libertad de expresión y opinión, elementos sustanciales en la transición política española. La gran actividad que mostraron, enfrentándose a las dificultades de la disgregación de sus lectores y a la falta de medios económicos para sacar las ediciones, es una muestra de la constante preocupación por mantener informados a los exiliados ante la eventualidad de la caída del franquismo y la consecuente vuelta a casa. 3.- Prensa y sociedad exiliada: la mutua alimentación de una ilusión. Prensa y sociedad coincidieron en el espacio y en el tiempo y desarrollaron intereses comunes: la propaganda a favor de la República, la denuncia de la violencia del franquismo ante la opinión pública internacional, la difusión de la ideología republicana, la revelación de la pésima situación socio-económica en España, en definitiva, la acusación al régimen ante la comunidad internacional por constituir la única reminiscencia de los nazi-fascismos. Estas críticas continuaron en las décadas de los cincuenta y sesenta, ampliadas con la difusión de los movimientos de la oposición antifranquista en el interior y las actividades clandestinas de las fuerzas políticas reorganizadas. Tanto el gobierno de la República como los partidos y organizaciones republicanas eran conscientes de que la difusión de sus reivindicaciones a través de los medios de comunicación se configuraba como una de las vías más efectivas para 36 Varea, F. (1990), Periodistas en el destierro, en Tusell, J., Alted, A. y Mateos, A. (coord.), La oposición al Régimen de Franco, op. cit., Vol II. Madrid: UNED. (pp 97-109. Algunos ni siquiera lograron llegar al exilio porque había sido asesinados por el franquismo, como lo casos de Francisco Cruz Salido, Julián Zugazagoitia, Javier Bueno, Luis Silval. 37 En campos de concentración en Francia y al exilio de México llegaron Emilio Morayta, Gonzalo de Reparaz, Manuel Alvar, Enrique Díez Canedo, Juan José Domenchina, Antonio Zozaya, Roberto Castrovido director de periódicos republicanos como El País. Hemos de destacar el trabajo de Carlos Esplá Rizo, colaborador en numerosas publicaciones republicanas, como señala Angosto P.L (2001), Sueño y pesadilla del republicanismo español, op. cit.
18 conseguir el reconocimiento de las potencias y la actuación contra Franco. El denominador común, como hemos señalado, era la defensa de la legalidad republicana y la denuncia al régimen franquista, aunque todos incorporaban a las páginas de sus cabeceras contenidos reivindicativos propios o propagandísticos destinados a la conquista de su público objetivo: exiliados en general, autoridades extranjeras, afiliados a partidos, etc. Y es que atendiendo al tipo de publicaciones que mencionamos anteriormente – de partidos políticos, ateneos y centros culturales y los del gobierno republicano-, el papel y las funciones de los órganos de comunicación responden a objetivos diferentes en función de sus propios intereses 38 . Las secciones en las que estaban organizados los medios en el exilio cubrían los temas de mayor interés para el colectivo transterrado: información internacional, noticias sobre España, información del partido o institución editores del medio de comunicación, cultura e información del gobierno republicano 39 . El análisis de los contenidos, a grandes rasgos y sin ser exhaustivos, nos conduce a agruparlos en torno a las siguientes unidades: en primer lugar, la represión y las fórmulas practicadas para sobrevivir. En algunos casos, se hacía especial mención a la aplicación de estas medidas en las nacionalidades históricas, Cataluña y País Vasco. Se trataba de la expresión pública del dolor por la muerte de familiares ejecutados y de la denuncia por la continuidad de esas prácticas. En segundo lugar, asuntos de política nacional, entre los que destacan los reportajes sobre Falange, carlismo, monárquicos y su insatisfacción con el régimen, difundido por la prensa como síntoma del descontento de estos grupos. La política de asilo a los acusados en Nüremberg fue uno de los hechos más deleznables cometidos en estos años, recogido por la prensa exiliada a grandes titulares en las portadas 40 . Es decir, un conjunto de informaciones que intentaban demostrar el apego del régimen a 38 Boned Cólera, A. (2001), La propaganda antifascista del exilio español en México, en Historia y Comunicación Social, nº 6, pp. 293-302. 39 De hecho la prensa en el exilio puede ser considerada como una buena fuente para el estudio del franquismo. Una sugerencia en Eiroa, M. (1997) Fuentes para el Franquismo: la prensa republicana en el exilio, en Santacreu, J.M. (coord.) (1997), II Jornadas Internacionales sobre Historia Contemporánea y Nuevas Fuentes. Alicante: Editorial Club Universitario ( pp. 117-126) 40 El 16 de julio de 1948 España Libre daba la escalofriante cifra de 70.000 nazis en España en 1948. España Nueva decía en su ejemplar de 30 de marzo de 1946 que el país se había convertido en un centro de información nazi y Barcelona en la sede industrial y financiera nacional a base de una aportación económica de origen nazi. Los alemanes derrotados se escondían en conventos, cambiaban de nombres, pasaban a ser ayudantes de las fuerzas de seguridad nacionales, etc. La historiografía actual ha demostrado que estas informaciones no eran una invención, Collado, C (2005), España, refugio nazi, Madrid: Temas de Hoy; o J.M. de Irujo, (2003), La lista negra. Los espías nazis protegidos por Franco y la Iglesia, Madrid: Aguilar.
19 los nazi-fascismos y la inviabilidad del mismo, demostrada ésta incluso hasta por el descontento de las clases sociales que le apoyaron. En tercer lugar, la oposición en el interior con reportajes sobre la presencia de guerrilleros o el manifiesto del general Aranda pidiendo la vuelta de la monarquía. Se reveló la existencia de varios complots para asesinar a Franco, y se publicitó bastante la huelga de transportes en Barcelona (1951), primera de la oleada subsiguiente de protestas que caracterizarían la década. Con este tipo de noticias el efecto que se pretendía era el de mostrar las disidencias, no sólo evidenciadas por los grupos opuestos a la ideología en el poder sino por los mismos protagonistas del régimen. En cuarto lugar, la economía, cuyo protagonista indiscutible era el estraperlo y las anormalidades detectadas en el Banco de España, el paradero del capital franquista y datos concretos sobre los perjuicios ocasionados por el intervencionismo en la industria. Estos artículos eran una muestra de la pésima marcha de la administración y la corrupción del franquismo, que sostenía un país con graves problemas en las finanzas del Estado. En quinto lugar, la política exterior. La acción de los diplomáticos de Franco fue objeto de gran atención, no solo centrada en los pormenores de su gestión sino del tendido de redes hacia los principales mandatarios extranjeros y los métodos empleados para atraerlos hacia su causa. Y es que las “maniobras franquistas”, como los republicanos denominaban a la acción de la diplomacia española en el extranjero, estaba dando frutos muy jugosos, como el de los pactos con los Estados Unidos. Los republicanos conocían con bastante exactitud el apoyo de este país y la Santa Sede al gobierno español en los incipientes años de Guerra Fría. En el número de octubrenoviembre de 1953 Izquierda Republicana titulaba: La independencia que el franquismo proclama: la tierra española hipotecada a Estados Unidos y el espíritu sometido al Vaticano. Por último, se habló de un asunto escasamente conocido y citado por la historiografía sobre el franquismo: los contactos con la Unión Soviética y los países de su órbita. Franco solicitaba la devolución de los bienes pertenecientes a la República española depositados en el Banco de Moscú, mientras que la URSS perseguía debilitar la posición de Gran Bretaña en la entrada occidental del Mediterráneo. Las conversaciones, celebradas en Tánger y Estocolmo, habían supuesto cerrar un primer
20 acuerdo en este extraño acercamiento: abandonar las mutuas críticas realizadas desde las radios respectivas 41. Una opinión bastante extendida entre los exiliados era el fin próximo de la dictadura. Los disturbios en el interior, la labor de la oposición de dentro y fuera de las fronteras junto a la pésima situación económica, constituían evidencias de que el final del régimen llegaría pronto. Incluso a finales de los años cincuenta cuando la España de Franco fue admitida en los organismos internacionales, la España de la República no se dio por vencida, esperanzada en que un día u otro las potencias democráticas acabarían con la existencia de un gobierno poco apto para la nueva Europa en construcción. La prensa y la sociedad en el exilio estuvieron estrechamente vinculadas durante los años de destierro. Ambas se alimentaron de visiones y percepciones de la realidad bastante sesgadas. Entre 1939 y 1950, con el ínterin extraordinario hasta 1945, la nota dominante fue la esperanza en el triunfo aliado y la lógica vuelta a España. En este tiempo abundaron los órganos comunicativos plagados de euforia y de actividad, en plena consonancia con el espíritu de los exiliados, esperanzados en la restauración democrática. A partir de 1950 el exilio contempla a través de sus medios de comunicación cómo la sociedad internacional acoge al franquismo a través del paulatino ingreso en Naciones Unidas y de la firma de pactos con la principal potencia occidental, Estados Unidos. En sus páginas, sin embargo, los periodistas siguen insistiendo en que el franquismo está próximo a su fin, enfatizada la idea por el resurgimiento de la oposición en el interior, junto a las primeras protestas universitarias y las relaciones entre el exilio y la disidencia en el interior, cuya manifestación más clara es la Declaración de Munich de 1962. El espejismo de estas noticias impide a los transterrados ver la realidad. Vivían en un universo ideal a corto plazo, encerrados en su idea de que el mundo daría la razón sin más a la legalidad y a la justicia arrebatada por los militares sublevados del 18 de julio de 1936. Todo es un mosaico de la historia de España. La voz de oposición de los republicanos en el exilio, aunque unánime en la denuncia, se presentó de forma fragmentaria, escindida en numerosos grupos casi irreconciliables. Voz de dolor, fundida a nivel individual con el de un conjunto de emigrantes representantes de una cultura de lo imposible, ligado a un ligero quijotismo, aspiración apasionada por la libertad unida a la añoranza de España No podía ser de otro modo ante tantas 41 Ibérica, Nº 5, mayo 1953.
21 agresiones, ausente el sosiego para un análisis de ecuanimidad en las playas de Francia o en el paraíso teórico de México, y con el abandono absoluto de las democracias occidentales. Sociedad y prensa no se apercibieron de que el franquismo estaba asegurado y que contaba con apoyos entre la población, bien por formar parte de las clases sociales pro franquistas, bien por el miedo, manifestado a través del silencio. Los exiliados y sus medios no reconocieron o no fueron capaces de reconocer que el régimen de Franco estaba definitivamente asentado y apoyado por la sociedad internacional, apoyos que recibía bien por acción –caso de las dictaduras iberoamericanas, de Estados Unidos, del Vaticano, de algunos países árabes y de otras dictaduras asiáticas y africanas-, bien por omisión, como consecuencia del principio de la no ingerencia internacional en asuntos internos de los Estados. Les faltó autocrítica y un análisis profundo de la realidad española; tampoco hubo llamamientos suficientes a la unidad republicana. La alimentación recíproca de la ilusión de la caída del franquismo, junto al problema central de la fragmentación política interna, fue tremendamente perjudicial para todos porque les impidió disponer de un interlocutor ante las democracias y planificar una estrategia política que pudiera ser ofertada ante los foros internacionales como la alternativa democrática al franquismo.