La cárcel en que se engendró el "Quijote" : discurso leído en los Juegos Florales de Sevilla el día 18 de mayo de 1916 / por Francisco Rodríguez Marín
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Obras cervantinas del mismo autor Cervantes y la Universidad de Osuna: estudio histórico-literario, (Extracto del Homenaje á Menéndez y Pelayo.) Madrid, 1899. Folleto en 4. (Agotado.) Cervantes estudió en Sevilla (1564-1565): discurso leído en el Ateneo y Sociedad de Excursiones de la dicha ciudad, en la solemne inauguración del curso de 1900 á 1901. Sevilla, 1901. (2.* edición, Sevilla, 1905.) Folleto en 8.0 —Una peseta. El Loaysa de “El Celoso extremeño” : estudio histórico-literario, Sevilla, 1901. Un tomo en 4.0 (Agotado.) En qué cárcel se engendró el “Quijote” : discurso leído ante la Real Academia Sevillana de Buenas Letras el día 8 de mayo de 1905. Sevilla, 1905. En 8,0 (Agotado.) E Cervantes en Andalucía: estudio histórico-literario. Sevilla, 1905. Folleto en 8.” (Agotado.) Rinconete y Cortadillo: edición crítica, honrada con el premio en certamen público extraordinario, por votación unánime de la Real Academia Española, é impresa á sus expensas. Sevilla, 1905, Un tomo en 4.0—8 pesetas. El “Quijote” y Don Quijote en América: conferencias leídas en el Centro de Cultura Hispano-Americana. Madrid, 1911. Un tomo en 8.0—z2 pesetas, El capítulo de los galeotes: apuntes para un estudio cervantino: conferencia leída en un Curso de vacaciones para extranjeros, organizada por la Junta de Ampliación de Estudios. Madrid, 1912. Folleto en 4.—Una peseta. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha: edición anotada. (De la colección de Clásicos Castellanos.) Madrid, 1911-1913. Ocho tomos en 8.0— 24 pesetas. Cervantes y la ciudad de Córdoba: estudio premiado en los Juegos florales y certamen de aquella ciudad. Madrid, 1914. Folleto en 8.0—Una peseta. Nuevos documentos cervantinos hasta ahora inéditos, (Obra publicada á expensas de la Real Academia Espñola.) Madrid, 1914. Un tomo en 4.—3 pesetas. Novetas ejemplares de Cervantes, edición anotada. (De la colección de Clásicos Castellanos.) Tomo 1. Madrid, 1914. En 8.0—3 pesetas. Una joyita de Cervantes, Madrid, 1914. Folleto en 8.” (Agotado.) Glosa del discurso de las armas y las letras del “Quijote” : conferencia leída en el Centro del Ejército y de la Armada. Madrid, 1915. Folleto en 8. (Agotado.) El Caballero de la Triste Figura y el de los Espejos: dos notas para el “Quijote”. (Extracto del Boletín de la Real Academia Española.) Madrid, 1913. Folleto en 4. (Agotado.) El andalucismo y el cordobesismo de Miguel de Cervantes: discurso leído en los Juegos Florales de Córdoba la noche del 24 de mayo de 1915. Madrid, 1915. Folleto en 4."—Una peseta. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha: edición crítica y anotada. Madrid, 1916. Tomos 1 y 11. Toda la obra (6 tomos en 4.0), sólo por suscripción, 60 pesetas. El doctor Juan Blanco de Paz: conferencia leída en la Asociación de la Prensa de Madrid la noche del 1.0 de abril de 1916. Madrid, 1916. En 4.0—Una peseta. El yantar de Alonso Quijano el Bueno: conferencia leída en el Ateneo de Madrid el día 5 de abril de 1916, Madrid, 1916. En 4.—Una peseta, Los modelos vivos del don Quijote de la Mancha (Martín de Quijano): conferencia leída en la Unión Ibero-Americana el día 12 de mayo de 1916, Madrid, 1916. En 4."—1,50 pesetas, Pr ERC o ina asi,
LA CÁRCEL EN QUE SE ENCENDRÓ EL “QUIJOTE, POR FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN PRESIDENTE HONORARIO DEL ATENEO DE SEVILLA HIJO ADOPTIVO DE LA MISMA CIUDAD E INDIVIDUO PREEMINENTE DE LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Discurso leído en los Juegos Florales de Sevilla el día 18 de mayo de 1916 MADRID TIP. DE LA «REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS» Olóxzaga, 1.—Teléfono 3.185 1916
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AL ATENEO DE SEVILLA POR CARIÑO Y POR AGRADECIMIENTO, Francisco Rodríguez Marín.
Y AN mW PEN | == e : Ñ y LY ls A A ME e n ÉS DA p AA a SEÑORA: Rendida y reverentemente os saludo, á fuer de súbdito leal de esa espléndida soberanía que ostentáis y que, sin dejar de ser humana, merece el dictado de divina. Os la otorgaron de consuno la juventud y la belleza, mágicas dotes que poseéis en sumo grado y que veis como copiadas y diversificadas en vuestra escogida corte de amor. Gozad en paz y á contento de todos vuestro envidiable aunque efímero reinado; esta brillante exaltación durará un día: lo que dura la vida de las rosas; pero su memoria será grata y perdurable, y reinando felizmente en un corazón y en un hogar, la acariciaréis de por vida, como á recuerdo amado que no logra desvanecer, sino que avalora con sus melancólicos cendales, la poética bruma del tiempo. Venid muy en buen hora á ese trono de flores. Vos llegáis como lozana primavera, llena de gentileza y de encantos; yo estoy cercano á desaparecer, como invierno próximo á su fin; recibid, estación floreciente y esplendorosa, la bienvenida con que os saluda en este día de buen sol el invierno que se va, y quedad alegrando al mundo con vuestra hermosura. Y ahora, os pido la venia para dirigirme, al par que
14 FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN siempre asegurado con la sola manifestación, en un lugar reducido como el presente, de toda la belleza y la gracia de las mujeres de Sevilla, envidiadas por las del mundo entero, sino también una notable serie de conferencias, que se encomendaron á cervantistas insignes, maestros consumados, además, en el difícil arte de hacer agradables y apetitosos los frutos del saber, enjoyándolos con las ricas y elegantes galas del bien decir. | Dieron principio á estas conferencias dos de mis ilustres compañeros en el Comité ejecutivo del Centenario de CERVANTES. El señor Gómez Ocaña, cuyos relevantes merecimientos acaba de premiar el Gobierno de Su Majestad otorgándole una senaduría vitalicia, disertó sobria y elocuentemente acerca de La invención del “Quijote”, con puntos de vista científicos y originales, propios de (quien como sabio fisiólogo ha ganado y disfruta merecida fama en Europa y América. Nuestra egregia paisana doña Blanca de los Ríos explanó de tal modo el asunto de su conferencia, Sevilla cuna del “Ouijote”, que como he dicho pocos días ha en la Unión Ibero-Americana de Madrid, no cabría en pocas palabras el justo encarecimiento de la gentil espiritualidad de su pensar ni de la gallarda y castiza elegancia de su decir, valiosas prendas á cuya admiración nos tiene acostumbrados con tantas y tan magistrales obras. Unos días después, don Manuel Siurot, á quien llamaríamos pedagogo sin par, á no existir, para gloria de España, el respetabilísimo don Andrés Manjón, “hizo pasar por los lentes de su poderoso cerebro” muchos de los Diversos puntos de vista que nos ofrece el “Quijote”, acertando á decir multitud de cosas nuevas y buenas; y como si todo esto fuera poco para enaltecer á CERVANTES, el señor Rodríguez Jurado, con
LA CÁRCEL EN QUE SE ENGENDRÓ EL “QUIJOTE” 15 ERRE A SPA AAN la maestría y la elocuencia que en él admiramos todos, ha escrito, no unos meros apuntes, como él los llama harto modestamente, sino una admirable Página cervantina de la historia de Sevilla, enriqueciendo con las preciadas noticias que exhuma en ella el ya copiosísimo cartulario del Príncipe de los ingenios españoles; y, en fin, don Joaquín Hazañas, á quien nuestra literatura debe alhajas tan valiosas como su edición de Gutierre de Cetina y su esmeradísimo estudio acerca de Los Rufianes de Cervantes, disertará de aquí á pocos días, tan doctamente como siempre, acerca de Sancho Panza. Todo esto, por lo que atañe á las conferencias cervantinas; y aparte de ellas, ofreciendo una prueba más de su grande amor á la ciudad de Bécquer, contribuyen á la conmemoración hispalense del Centenario, con el estreno de su adaptación teatral de la novela Rinconete y Cortadillo, los hermanos Álvarez Quintero, á quienes, muy á pesar mío, no puedo hoy dedicar ni una frase de elogio, porque me lo impide cierta circunstancia que claramente está á vuestra vista (1) y, en fin, la áurea pluma de don Luis Montoto ha de poner digno remate á todo lo hecho por Sevilla en esta memorable ocasión, relatándolo en una crónica, que será, como obra suya, inestimable modelo de esta suerte de escritos. Empero, no todo lo que hicisteis es bueno para regocijar mi ánimo. Vengo á vuestra ciudad cuando casi todo está cumplido; vengo cuando casi todo está ya hecho, y (1) Había de leer, y, en efecto, leyó este discurso, por cierto magistralmente, don Serafín Álvarez Quintero, uno de los dos hermanos á quienes tantas y tan admirables y aplaudidas obras teatrales debe nuestra literatura.
16 FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN dicho, por quienes á maravilla saben decir y hacer. ¿De qué trataré, por tanto, fuera de estas generalidades de que acabo de hablar? ¿Cómo justificaré, cómo disculparé siquiera mi presencia entre vosotros, si llamándome cervantista las gentes, y siendo de todo en todo cervantinos vuestros juegos florales de este año, no empleo unos minutos en tratar de algún punto concreto en que estén estrechamente relacionados los nombres de CERVANTES y Sevilla...? Y pensando así, y puesto á meditar en ello, ocurrióseme que de cuantos asuntos de ese orden pueden ofrecerse á la consideración, no hay ninguno que iguale en importancia al referente á la cárcel en que, según las palabras de CERVANTES mismo, se engendró el libro profano más admirable que los siglos vieron: El Ingemoso Hidalgo Don Outjote de la Mancha. Tema es éste del cual, por vía de ensayo, traté en remota ocasión, y que hoy explanaré, no sin aportar datos nuevos, que lo hagan lo menos árido posible. Porque es harto conocida, no he de relatar una vez más la historia de la falsa tradición, inventada en el último tercio del siglo Xv111, según la cual CERVANTES escribió la primera parte del Ouijote estando preso en Argamasilla de Alba, en la cueva de la casa de Medrano. Esta fábula, para la cual dieron pretexto las festivas composiciones poéticas con que CERVANTES, á nombre de unos fingidos académicos de la Argamasilla, terminó la mencionada parte de su libro, sin caerse en la cuenta de que, por razones muy atendibles, más parece aludirse en tales versos á la Argamasilla de Calatrava que á la de Alba, esta falsa tradición—decia—no ha prosperado hasta hoy, y para las personas cultas y bien enteradas, sostener en la actualidad que el Ouijote se ideó en la casa de Medra-
LA CÁRCEL EN QUE SE ENGENDRÓ EL “QUIJOTE” 17 no, destruida pocos años ha por un incendio, es dar patentes pruebas de ignorancia ó de mala fe. Asensio, Máinez, Cavia, Navarro Ledesma, Armas, Cortejón y cuantos otros han estudiado á conciencia y sin prejuicios la vida de CERVANTES, rechazan como desprovista de todo buen fundamento la ridícula tradición argamasillesca, máxime cuando, por lo bien averiguado hasta ahora, no puede afirmarse que el glorioso ex cautivo de Argel residiese temporada aleuna en la Mancha, región que, sin embargo, conocía, por su frecuente paso por ella y por su muy repetido pernoctar y hablar con todo el mundo en ventas y mesones manchegos, al venir á Andalucía desde Castilla, y al tornar allá. Así, con razón ha dicho el insigne Cavia que “la leyenda de la a está de cuerpo presente”. Descartadas esta superchería y otras de poco momen- to, y que asimismo se urdieron á posteriori, referentes á supuestas prisiones de CERVANTES en el Toboso, en el Quintanar y en algún otro “lugar de la Mancha”, todas inventadas á la sombra de las famosas palabras “de cuyo nombre no quiero acordarme”, he reducido á las tres preguntas siguientes la materia de esta investigación: 1.* La historia de Don Quijote de la Mancha, ¿se engendró en una cárcel? 2.* En caso afirmativo, ¿qué cárcel hubo de ser la en que se engendró esta incomparable obra? Y 3.* El Príncipe de nuestros ingenios ¿quiso aludir con tal expresión, anfibológica para hoy, al acto, más interno que externo, de idear ó planear la primera parte del Ouijote, 6 al externo y definitivo de escribirla, en todo ó en parte? La primera pregunta podría parecer ociosa; pero no 2
18 FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN lo es, á buen seguro. Dijo el inmortal escritor, en el prólogo del Quijote, después de recordar que cada cosa engendra su semejante: “Y así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?» Algunos años ha, el doctísimo hispanista inglés múster Fitzmaurice-Kelly, mi ilustre amigo, advirtió en su excelente Historia de la Literatura Española que aquella frase bien puede ser un tropo, conjetura que ya mucho antes había apuntado Díaz de Benjumea, patriarca de los intérpretes esoteristas del Owjote. En paz sea dicho del sabio catedrático de Liverpool, creo con los más que la mencionada expresión debe entenderse á la letra. Ved por qué opino así. Entre las cosas que el supuesto Avellaneda, autor del falso Ouijote, dijo en su prólogo para denigrar cobardemente al infortunado escritor alcalaíno, disculpó en burla, jugando del vocablo, los que tuvo á bien llamar yerros de la parte primera, con “haberse escrito entre los de una cárcel; y asi—añadia— no pudo dejar de salir tiznada dellos”. Si hubiera de entenderse tropológicamente aquel lugar cervantino, si El Ingemoso Hidalgo no hubiera sido engendrado en una cárcel, así como suena, CERVANTES, que rechazó con nobilísima dignidad en el prólogo de la parte segunda de su obra las injurias de su encubierto adversario, no habría dejado pasar sin contradicción ni repulsa aquel aserto, estampado, como los otros, con el propósito único de agraviarle. ¿Qué cárcel, pues, fué aquella en donde se engendró
LA CÁRCEL EN QUE SE ENGENDRÓ EL “QUIJOTE” 19 el libro más deleitoso que se haya debido á humano entendimiento? Hay noticias dignas de crédito de tres prisiones de CERVANTES anteriores á la publicación de la primera parte del Ouijote: la prisión que sufrió en la cárcel de Castro del Río, por el otoño de 1592, á causa de haber enajenado sin permiso, pero á favor de las provisiones de las galeras, ciertas fanegas de trigo del pósito ecijano; la que, para ser conducido á Madrid, padeció en la Cárcel Real de Sevilla, por espacio casi de tres meses, en el último tercio del año 1597, por no haber formalizado ni rendido ciertas cuentas, carcelería de que al cabo fué suelto, mediante fianza de que iría á la Corte á darlas con pago, dentro del término de un mes; y, en fin, otra prisión que por idéntico motivo, y también á virtud de mandamiento venido de la Corte, sufrió en la misma Cárcel Real en 1601, 6, más probablemente, en 1602. Ignórase cuánto tiempo estuvo preso CERVANTES esta vez; pero, por indicios que sería pesado exponer en este lugar, parece que aquella prisión fué más dilatada que las anteriores. Á la Cárcel Real de Sevilla, y no á la de Castro del Río, pueblo cercano á Córdoba, y menos á la de cualquier lugarejo de la Mancha, hubo de referirse MiGuEL DE CERVANTES en el prólogo de la mejor de sus obras: fué engendrada en una cárcel, “en donde todo triste ruido hace su habitación”, y poco ruidosa podía ser la de villa tan pequeña, que en 1587, según el antiguo censo de población que sacó á luz don Tomás González, no pasaba de mil ciento cincuenta y dos vecinos. Bien que mucho menos ruidosa que la cárcel de Castro del Río era, sin duda, la decantada cueva de Medrano, que, según el autor de los Recuerdos de un viaje por España, tenía “seis varas de longitud y cuatro de latitud”. No obstante lo cual,
20 FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN agregaba candorosamente: “Este fué el calabozo en que CERVANTES gimió largo tiempo, y donde escribió la primera parte de su famosa obra.” Pero, en realidad de verdad—preguntábame yo—, ¿qué quiso dar á entender el escritor amenísimo con las palabras “como quien se engendró en una cárcel?” ¿Quería significar que en una cárcel ideó el asunto de su novela, trazó su plan y pensó en su desarrollo, ó que en una cárcel la escribió, Ó, á lo menos, comenzó á escribirla? Don Juan Eugenio Hartzenbusch, que contra viento y marea, como dicen, quería sacar á flote la posibilidad, y aun la certeza, de que CERVANTES estuvo preso en la cueva de Medrano, porque en no probándose esto se patentizaba ser disparatado el preparar ediciones del Quijote en aquel escondrijo, en donde, según el impresor Rivadeneyra, “parte del día se trabajó con luz artificial”, el señor Hartzenbusch—digo—cuidaba muy mucho, al comentar las consabidas palabras, de advertir que CERVANTES dice que su Ouijote fué engendrado en una cárcel; no que vaciese en ella. Y añadió: “Parece que nos quiso dar á entender que lo ideó, lo trazó, lo inventó, en fin, hallándose preso; no dice que lo escribiera durante su encarcelamiento.” Y pocos renglones después: “Dice Avellaneda, Ó quiere decir, en el prólogo de su Ouajote, que la primera parte del de CERVANTES fué escrita entre los hierros de una cárcel; pero en tal cuestión ha de hacer más fe la declaración de CERVANTES que la de otro.” Bien pudo el insigne autor de Los Amantes de Teruel, ya que tan de veras, á lo que parece, buscaba la verdad, tener en memoria que CERVANTES, en el prólogo de la segunda parte de su sin par novela dijo que el libro de Avellaneda se engendró en Tordesillas y nació en Ta-
LA CÁRCEL EN QUE SE ENGENDRÓ EL “QUIJOTE” 21 rragona. Y como Tarragona es la ciudad en que fué impreso y salió á luz, es claro como la del medio día que por las palabras “se engendró en Tordesillas” ha de entenderse fué escrito, y no solamente fué ideado ó trazado. Y lo mismo se debe entender, sin duda alguna, la idéntica expresión referente á la primera parte del Ouijote. Pero, amén de todo lo dicho, don Aureliano Fernández-Guerra, en la segunda de las Dos cartas literarias publicadas en 1867 por él y por nuestro paisano don José María Asensio, declaró que en el siglo xv1 no hubo cárcel en Argamasilla de Alba, y así, “cuando era necesario asegurar algún reo de importancia, lo llevaban al castillo de Peñarroya, distante dos leguas..., remitiendo los demás á la villa de Alcázar de San Juan, cabeza del partido”. Está, pues, enteramente demostrado que el libro más famoso entre todos los de amenidad fué escrito, ó se comenzó á escribir al menos, en la Cárcel Real de Sevilla, especie que, ya como razonable conjetura, ya como rotunda afirmación, venía leyéndose de un siglo acá en las obras de los mejores biógrafos de CERVANTES. ¡La Cárcel Real de Sevilla! ¿Qué hermosa por de fuera! —dije en otra ocasión—. Ved cómo describía su exterior en 1587 el historiógrafo Alonso de Morgado: “Véese, pues, á la boca de la calle de la Sierpe, por la parte de la plaza de San Francisco, junto á ella, la Cárcel Real, que campea más que otra casa y se deja bien conocer aun de los más extranjeros, así por el concurso de la gente innumerable que sin cesar entra y sale por su principal puerta á todas horas del día y que la noche da lugar, como también por los letreros que tiene en su gran portada, con las armas reales y de Sevilla. Y en lo alto, por remate, una figura de la Justicia, con una espada levan-
22 FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN tada en la mano derecha, y en la izquierda un peso enfilado, con las dos figuras, á sus lados, de la Fortaleza y la Templanza, todas tres de bulto, de cantería labrada.” Pero por de dentro, ¡qué abominable dédalo, qué confusión indescriptible! ¡Cuánto crimen, y cuánta miseria, y cuánta desgracia en aquel gran patio de treinta pasos en cuadro; por aquellas tres puertas, llamadas, por alusión á la codicia de los desalmados cancerberos, la de oro, la de plata y la de cobre; en aquella infinidad de ranchos, denominados traidor, de los bravos, de la tragedia, pestilencia, miserable, casa de Meca, lima sorda..., y entre aquella muchedumbre copiosísima de reclusos, que de ordinario pasaban de mil ochocientos...! Inmortalizada y aun glorificada por CERVANTES la memoria de nuestra antigua Cárcel Real, no huelga, antes importa mucho, que la conozcamos lo mejor posible. Así, no terminaré este deshilvanado discurso sin ampliar algún tanto las breves noticias que de ella tienen los curiosos. La Cárcel Real de Sevilla, cuya reedificación se había terminado en 1569, estaba situada, como sabemos, en el lugar que al presente ocupa el Círculo de Labradores y Propietarios. En el vestíbulo, junto á la entrada, había, en un hueco del muro, un altar de Nuestra Señora, que se cerraba con dos puertas, al exterior pintadas de verde, como dando esperanza á los que allí oraban por los reclusos; pero por lo interior estaban representados en ellas, asimismo al óleo, y de mano menos que mediana, el martirio de San Hermenegildo y Sax Leandro, obispo de Sevilla. En el reinado de Felipe TI, los ya grandes apuros del erario acarrearon entre otros males el de aumentar escandalosamente la enajenación, temporal ó perpetua, de los
LA CÁRCEL EN QUE SE ENGENDRÓ EL “QUIJOTE” 23 oficios de la Corona. Á esto se debió que, en virtud de cierto préstamo de dinero hecho al Rey por el Duque de Alcalá, esta casa tuviese en empeño el alguacilazgo mayor de Sevilla; y como la alcaidía de la Cárcel Real era dependencia del alguacil mayor, lo mismo que los alguacilazgos que se llamaban de la justicia, de las entregas, de la tierra y de Triana, y el Duque de Alcalá discernía estos cargos á quienes mejor se los pagaban, vino á suceder, por lo tocante á la dicha alcaidía, que el régimen interior de la cárcel llegó á ser tal, que con muchos visos de razón se decía que el alcaide y sus ministros eran los mayores delincuentes que había de puerta adentro. De la pésima administración de esta cárcel dan noticias muy curiosas y circunstanciadas las actas capitulares de la Ciudad, y ya en 1590 el asistente de la misma, habida cuenta de que “en la cárcel no ay ni puede aver la custodia que se requiere para el castigo de los delitos, ni nadie puede cobrar su hazienda aunque prenda á su deudor”, porque salían á la calle y vivían á sus anchas cuantos presos querían y podían comprar la soltura, pidió al cabildo que tratase de lo conveniente que sería suplicar á Su Majestad que, mediante la entrega del dinero necesario para desempeñar el dicho oficio, lo cediera á la Ciudad, á fin de que por turno lo sirviesen sus caballeros veinticuatros. Tal proyecto no salió adelante, y lejos de corregirse, fueron en aumento los múltiples abusos carcelarios, de los cuales dejó puntualizadas noticias el padre jesuíta Pedro de León, bien que ya sabíamos no poco de ello por las interesantes relaciones del procurador Cristóbal de Chaves y por su famoso entremés de La Cárcel de Sevilla, atribuido á CERVANTES con disculpable error. Haciendo caso omiso de cien particularidades muy cu-
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PS ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTA CONFERENCIA EN LA TIPOGRAFÍA DE LA “REVISTA DE ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS” EL DÍA 31 DE MAYO DE M. CM. XVI
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