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Iniciativas sociales para una recampesinización ecofeminista de la vida en Andalucía

Soler Montiel, Marta María; Pérez Neira, David

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Iniciativas sociales para una recampesinización ecofeminista de la vida en Andalucía Marta Soler Montiel, Universidad de Sevilla David Pérez Neira, Universidad Pablo de Olavide La subordinación material y simbólica de lo agroalimentario en el mundo occidental dominante La mirada occidental dominante se construye en torno a la articulación de tres sesgos predominantes -el antropocentrismo, el etnocentrismo y el androcentrismoque colocan lo alimentario y lo agrario en los márgenes del sistema económico y sociocultural, despreciando a quienes se encargan de los trabajos de cultivo, elaboración y cuidados necesarios para atender la alimentación, una de las necesidades humanas fisiológicas. El sesgo del antropocentrismo occidental sitúa en el centro al ser humano e ignora los vínculos biofísicos que sustentan la vida en el planeta poniéndolos a su disposición como meros “recursos” e impulsando unas pautas de "producción" y consumo insostenibles. Este sesgo impulsa la industrialización agroalimentaria rompiendo los límites de la naturaleza. El ideal del ser humano como centro no se produce de forma genérica, es a través del sesgo etnocéntrico europeísta que se construye la centralidad del sujeto moderno, blanco, joven, burgués/educado y predominantemente urbano en contraposición con las y los “otros” tanto internos como externos. El mito del desarrollo y el progreso, unido al crecimiento económico y la modernización/industrialización consolidan estos sesgos. Este sesgo desprecia e invisibiliza los rural y agrario, lo manual y artesanal, la alimentación no industrial. El tercer sesgo de la mirada occidental pone a los varones (heterosexuales) y lo culturalmente construido/definido como masculino en el centro del universo social, despreciando y subordinando todo aquello significado culturalmente como femenino, especialmente el espacio doméstico/privado en contraposición con el espacio público, y en especial el mercado, que se consolida en el imaginario colectivo como el principal lugar de prestigio y valor social (además de económico/monetario). En la “mirada” dominante, estos tres sesgos se encuentran fuertemente interrelacionados entre sí formando un patrón de poder global que define, clasifica y piensa el mundo en base a lógicas y categorías jerarquizantes típicas de la Colonialidad del Saber/Poder/Ser. La articulación de estos tres sesgos en torno a lo agroalimentario roba a los territorios y los pueblos su soberanía alimentaria, tejiendo sutiles cadenas de subordinación tanto en lo material como en lo simbólico que van desde los platos de comida cotidiana, a los espacios de trabajo y de vida, en el campo o la ciudad. En este sentido necesitamos articular proyectos alimentarios desde los feminismos, la ecología política y el pensamiento decolonial. Particularidades andaluzas en torno al concepto centro/periferia Un análisis complejo de Andalucía implica entender las relaciones de dominación centro/periferia a diferentes escalas y en distintos marcos histórico/temporales. Desde esta perspectiva, Andalucía se encuentra en una posición relativa y contradictoria entre espacio periférico y espacio colonizador. Históricamente se ha configurado como espacio periférico en relación al Estado español y Europa). Aunque como periferia, Andalucía también forma parte del centro, y como tal, parte de los procesos históricos de colonialidad sobre otros pueblos en especial africanos y latinoamericanos. A su vez, dentro de Andalucía operan otras subordinaciones y estratificaciones (centro/periferias internas) que complejizan lo anterior. En concreto las estratificaciones de clase, etnia y género, además de la jerarquía campo-ciudad. Andalucía como espacio periférico se ha especializado en la producción agroalimentaria orientada al abastecimiento de materias primas y alimentos a otros territorios. Interiorizando la mirada dominante de desprecio hacia lo agroganadero y alimentario. Es justamente en este espacio donde se desprecia con mayor virulencia lo que somos y de dónde venimos: gente del campo que trabajamos la tierra. Así, la cultura rural y agraria, apegada a la tierra, se concibe como despreciable (no moderno) si proviene del trabajo propio y admirable si proviene del trabajo ajeno y la propiedad relacionada con una mirada clasista propia del colonialismo interno. Así mismo, la mirada predominante sobre lo agroalimentario en Andalucía se centra única y exclusivamente en la comprensión de lo que en términos economicistas se ha denominado “producción” de alimentos y de aquellas actividades que se realizan en el espacio público. Al dominio masculino de este espacio, y en particular de las cuestiones del “campo”, se le suma el desprecio e invisibilización de los trabajos domésticos y de cuidados de alimentación categorizados como femeninos y realizados mayoritariamente por mujeres en el espacio doméstico. Cocinar, hacer la compra, elegir las comidas cuidando la diversidad de la dieta y el equilibrio nutricional, alimentar a las y los más pequeños y a las y los ancianos son tareas feminizadas fundamentales para el sostenimiento de la vida que son despreciadas por la mirada occidental Iniciativas sociales hacia una recampesinización ecofeminista en Andalucía La propuesta política de la Soberanía Alimentaria lanzada por la Vía Campesina implica la recampesinización como estrategia para redefinir localmente los sistemas agroalimentarios. En los últimos años, la visión ecofeminista se va incorporando activamente a esta propuesta política siempre en construcción. Una recampesinización ecofeminista del sistema agroalimentario andaluz implica colocar en el centro de la vida socioeconómica y política lo agrario y alimentario al servicio de la sostenibilidad de la vida. La Soberanía Alimentaria ecofeminista otorga centralidad a la atención de las necesidades básicas humanas, buscando la equidad y estabilidad social y respetando los límites biofísicos de los agroecosistemas. En lo agrario, se defiende lo campesino y cooperativo, reclamando la Reforma Agraria. El principio de la tierra y sus frutos para quienes la trabajan se une a la lógica de la autonomía del mercado y el Estado. Se defienden sistemas de manejo agroganaderos basados en trabajo y conocimiento campesino y el manejo de la biodiversidad, autónomos de insumos y multinacionales. El SAT, antes SOC, lidera la crítica al latifundismo y el reclamo de la Reforma Agraria. Un segmento minoritario de COAG, vinculado a la producción ecológica y campesina, pelea con objetivos complementarios desde quienes ya tienen tierra. De forma silenciosa y anónima, campesinas y campesinos andaluces trabajan la tierra para alimentar y para obtener un sustento digno, respetando la naturaleza. En los pueblos y ciudades andaluzas, están surgiendo cooperativas y grupos de consumo que se comprometen a alimentarse directamente con lo producido agroecológicamente por gente del campo. Se construyen así, desde el día a día del comer, alianzas en nuevos canales cortos de comercialización que politizan la vida cotidiana. Darle centralidad en nuestras vidas a qué comemos, problematizando como ha sido cultivado, transportado y elaborado nuestra comida es una estrategia de recampesinización ecofeminista para la Soberanía Alimentaria desde el consumo. Alimentarnos de lo que la tierra andaluza trabajada por gente en condiciones laborales y de vida dignas, recuperando y defendiendo nuestras recetas y platos es una estrategia ecofeminista por la Soberanía Alimentaria de Andalucía. Reconquistar las cocinas de las casas y politizarlas como espacios de rebeldía y equidad donde hombres y mujeres compartamos tareas, cuidados y disfrutes es una lucha ecofeminista por la Soberanía Alimentaria. Unir las luchas de las cocinas a las luchas del campo por la tierra y unas condiciones dignas de vida para todas, especialmente para quienes trabajan la tierra, es una lucha ecofeminista por la Soberanía Alimentaria.