Continuidad y transformación en las ciudades hispanorromanas del siglo II D.C.: la fase Trajano-Adrianea (98-138 D.C.)
Abstract
A través del análisis del registro arqueológico y epigráfico proveniente de un nutrido grup de ciudades hispanas, realizamos una aproximación general al proceso de evolución y transformación de estos núcleos urbanos en el siglo II d. C. Dicho examen ha permitido establecer que la mayor parte de estas ciudades vivió un periodo de expansión en época trajano-adrianea.
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© ARQUEOLOGÍA IBEROAMERICANA 47 (2021): 31-40. ISSN 1989-4104. https://laiesken.net/arqueologia/. CONTINUIDAD Y TRANSFORMACIÓN EN LAS CIUDADES HISPANORROMANAS DEL SIGLO II D. C.: LA FASE TRAJANO-ADRIANEA (98-138 D. C.) Continuity and Transformation in the Hispano-Roman Cities of the Second Century AD: The Trajanic and Hadrianic Phase (98–138 AD) Diego Romero Vera Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Sevilla, España ([email protected]) Recibido: 23-12-2020. Aceptado: 7-1-2021. Publicado: 19-1-2021. Edited & Published by Pascual Izquierdo-Egea. Endorsed by José Beltrán Fortes & Sebastián Vargas Vázquez. English proofreading by Emma R. Messinger. Arqueol. Iberoam. Open Access Journal. License CC BY 3.0 ES. http://purl.org/aia/4704. RESEARCH ARTICLE RESUMEN . A través del análisis del registro arqueológico y epigráfico proveniente de un nutrido grupo de ciudades hispanas, realizamos una aproximación general al proceso de evolución y transformación de estos núcleos urbanos en el siglo II d. C. Dicho examen ha permitido establecer que la mayor parte de estas ciudades vivió un periodo de expansión en época trajano-adrianea. PALABRAS CLAVE . Urbanismo romano; Hispania; siglo II d. C.; monumentalización; crisis urbana. ABSTRACT . Through the analysis of the archaeological and epigraphic record from a large group of Hispanic cities, we conducted a comprehensive examination of the evolution and transformation of urban centers in the second century AD. This review has allowed us to establish most of these cities lived a period of expansion under the rule of Trajan and Hadrian. KEYWORDS . Roman urbanism; Hispania; second century AD; monumentalization; urban crisis. INTRODUCCIÓN Tradicionalmente, la historiografía había establecido que las ciudades hispanas experimentaron en el siglo II d. C. una etapa de relativo estatismo o estancamiento después de recibir las infraestructuras urbanísticas y los edificios públicos necesarios en las fases previas. Figura 1. Cloaca del decumanus localizado en la calle Vía Augusta, Baetulo (Padrós y Sánchez 2014: fig. 8).
– 32 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 Debido a la ausencia de nuevas construcciones en esta etapa, se consideró que los núcleos urbanos vivirían una prolongada etapa de mantenimiento o continuidad. Esta situación cambiaría con la irrupción de acontecimientos traumáticos como invasiones, inestabilidad política y diversas catástrofes que originarían la llamada «crisis» del siglo III. Precisamente, la fisonomía urbana del siglo II d. C. constituye un objeto de estudio sobre el que apenas se ha indagado. Hasta el presente, la comunidad científica, tanto en su vertiente arqueológica como histórica, se ha interesado fundamentalmente por la fase de monumentalización que se desarrolla en Hispania entre la época de Augusto y la dinastía flavia, o bien, aunque en menor medida, por la desarticulación del urbanismo clásico en el marco de la tardoantigüedad. De hecho, puede afirmarse que hoy en día existe un hiato de conocimiento entre la realidad urbana del siglo I y la del III d. C. e inicios de la tardoantigüedad.1 Para intentar paliar esta situación hemos analizado de forma amplia, y a la vez obligatoriamente sintética, la realidad urbana de Hispania en el siglo II de nuestra era. Esta investigación parte del análisis de una treintena de núcleos urbanos hispanorromanos.2 Asimismo, se ha empleado el método comparativo para establecer analogías entre las distintas urbes analizadas; este se revela como un instrumento útil para identificar los patrones urbanísticos que imperan en la mayoría de los núcleos urbanos en el marco cronológico y espacial de nuestra investigación. Una vez concluido este examen, llama la atención el hecho de que el siglo II sea un momento de ruptura o quiebra de la dinámica urbana existente. En efecto, algunos centros cívicos muestran en esta etapa un declinar que los llevará a ser abandonados a finales de dicha centuria o a comienzos de la siguiente. Su vitalidad se trunca, a veces de forma abrupta, y son incapaces de sobrevivir a su propio declive. Por contra, en el mismo periodo, otros núcleos urbanos no muestran síntomas de regresión, continúan siendo habitados e incluso revelan ciertos signos de vitalidad. Por tanto, durante la segunda centuria se desarrolla, claramente, una disyuntiva urbanística. Parece como si se pusiera en marcha un proceso de «selección natural» que determinase el fracaso o el triunfo de proyectos urbanos cuya existencia se remontaba mucho tiempo atrás.3 Este doble panorama afecta, en mayor o menor medida, a todas las regiones y provincias de Hispania, sin excepción aparente. En este punto, cabría preguntarse cuándo se desarrolla el cambio de tónica, es decir, esa transición entre continuidad y regresión.4 En dos trabajos pretendemos verificar el momento en que se produce este cambio de tendencia a partir del análisis de la documentación epigráfica y arqueológica que han aportado las ciudades hispanas entre los reinados de Trajano y Septimio Severo (98-211 d. C.).5 LA FASE TRAJANO-ADRIANEA: UNA SÍNTESIS A partir de la documentación disponible, observamos que la mayoría de las ciudades analizadas muestra señales de gran dinamismo en el primer tercio del siglo II. En esos momentos, la imagen urbana de estos núcleos se completa con la puesta en marcha de reformas y construcciones de nuevo cuño. Y todo ello a pesar de que, como es sabido, los espacios públicos habían sido ámbitos de actuación preferente desde época augustea. Existe, en cierta medida, una continuidad con respecto al periodo flavio. Es decir, las ciudades habían ido adquiriendo un notorio repertorio monumental entre época augustea y flavia y ahora muchas de ellas culminan ese proceso. Por lo que respecta a los municipios flavios, el registro arqueológico pone de manifiesto que la promoción municipal supuso una época de efervescencia constructiva.6 La actividad monumentalizadora derivada de la municipalización no se consumó hasta inicios de la época antonina. Por otro lado, esta efervescencia no excluye a las comunidades privilegiadas más antiguas, puesto que, como veremos, también vivieron un periodo de apogeo edilicio. Desde el punto de vista del equipamiento utilitario, se constata la ampliación y mejora de las infraestructu1 Las obras de referencia más recientes dedicadas a las transformaciones urbanas en Hispania a finales de la Antigüedad son, entre otras: Ramallo y Quevedo (2014), Brassous y Quevedo (2015), Andreu (2017) y Andreu y Blanco (2019). 2 Este trabajo forma parte de un estudio de conjunto sobre el urbanismo de las ciudades hispanorromanas en el siglo II d. C. (en preparación para su próxima publicación), cuya base es nuestra tesis doctoral (Romero Vera 2016). 3 Martín-Bueno (1997: 121). 4 Tradicionalmente, se ha mantenido que las dificultades o transformaciones no comienzan a afectar a las estructuras del Imperio hasta la época de Marco Aurelio y Cómodo (Chic 2005; Alföldy 2013: 25-28). 5 El presente artículo es paralelo y complementario a otro que hemos publicado en el mismo volumen de esta revista. 6 Andreu (2004: 168-180).
– 33 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 Tabla 1. Homenajes epigráficos públicos datados en el siglo II d. C.
– 34 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 ras urbanas (pórticos, alcantarillado, apertura de nuevas arterias, reforma de la red viaria) en una horquilla temporal que va desde época flavia hasta los inicios del siglo II. Los ejemplos que mejor reflejan este proceso de transformación son Lucus Augusti,7 Asturica Augusta,8 Conimbriga,9 Baetulo10 y Valentia11 (fig. 1). Por su parte, los centros forenses completan su imagen con nuevas construcciones, reformas o actualizaciones de los programas decorativos. Así se comprueba especialmente en Carthago Nova,12 Valeria,13 Bilbilis,14 Astigi,15 el foro colonial de Tarraco16 y el forum Novum de Corduba.17 Asimismo, la edilicia doméstica de urbes pujantes como Astigi,18 Augusta Emerita,19 Barcino20 y Carthago Nova21 comparte un horizonte constructivo común en esta fase. Esa dinámica afecta a los edificios de espectáculos, pues no en vano los munera gladiatoria y los ludi scaenici vivieron una etapa de esplendor en estos momentos.22 Justamente, en el primer tercio del siglo II, se erigen los anfiteatros de Tarraco23 o Italica.24 Igualmente, se edifican los teatros de Bracara25 y Baetulo26 y se reforman y embellecen bastantes de los ejemplares preexistentes; cabría citar al respecto los edificios teatrales de Augusta Emerita,27 Bilbilis28 y Carthago Nova.29 Finalmente, esta etapa coincide con la erección de numerosas domus suburbanas sobre antiguos espacios funerarios y la puesta en marcha de procesos de urbanización en los suburbia.30 Figura 2. Vista de la pared norte de la curia, Labitolosa (Magallón y Sillières 2013: fig. 8). 7 González Fernández (2011: 300). 8 González Fernández (2012: 269-272). 9 Reis et al. (2011: 189-192). 10 Padrós y Sanchez (2011: 224226). 11 Ribera y Romaní (2011: 33, 37). 12 Noguera et al. (2009: 236-241). 13 Conde (1996: 256-258). 14 Martín-Bueno y Sáenz (2004: 261). 15 Felipe y Márquez (2014: 167-170). 16 Mar et al. (2010: 62-65). 17 Portillo (2018: 90-93). 18 García-Dils et al. (2009: 524). 19 Corrales (2016: 262-263). 20 Cortés (2011: 61). 21 Fernández Díaz y Quevedo (2007-2008: 283). 22 Melchor y Rodríguez Neila (2002: 155); Ceballos (2007: 459). 23 Alföldy (1997: 62-67). 24 Hidalgo (2008: 222-226). 25 Martins et al. (2013: 43-52). 26 Padrós y Moranta (2006: 205-222). 27 Trillmich (1989-1990: 87-102); Mateos (2018). 28 Martín-Bueno y Sáenz (2010: 260-263). 29 Ramallo y Ruiz (1998: 67-69). 30 Macias (2012: 67-79); Romero Vera (2017: 709-721).
– 35 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 En consonancia con la situación descrita, es significativo que la mayor parte de la epigrafía cívica fechada en la primera mitad de siglo corresponda al periodo trajano-adrianeo31 (tabla 1). Es conocida la dificultad que conlleva la datación exacta de un documento epigráfico. Normalmente, a los epígrafes se les asignan unos márgenes cronológicos aproximados, generalmente de medio siglo o incluso más. Así pues, la gran mayoría de los documentos que manejamos han sido adscritos a una de las dos mitades del siglo.32 A la primera mitad del siglo II pertenece un total de 56 inscripciones; no obstante, hay que indicar que el 71 % de estas (40 inscripciones) se fecha con seguridad entre los reinados de Trajano y Adriano. Como hemos apuntado antes, esta efervescencia edilicia no sorprende en el caso de los municipios flavios.33 Los programas constructivos de estos centros cívicos comenzaron a ejecutarse a finales del siglo I d. C. pero, por cuestiones operativas, no fueron culminados hasta unos decenios después, es decir, dentro ya del marco cronológico de nuestro estudio. No obstante, este movimiento forma parte de una única fase edilicia a caballo entre los dos primeros siglos de nuestra era. Esa dinámica se observa, por ejemplo, en tres municipios flavios: Labitolosa, Conimbriga y Munigua. En el caso del primero, la curia fue concluida en torno a los años 120-130 d. C.34 (fig. 2). Por su parte, el centro monumental munigüense se completó con la basílica y el llamado templo de Podio a inicios del siglo II.35 Por último, la única actividad constructiva testimoniada en el foro de Conimbriga, durante el siglo II, consistió en la instalación de unas letrinas englobadas en un edificio de carácter semipúblico. En efecto, esta forica fue erigida poco después de la remodelación flavia del conjunto, probablemente en época trajanea.36 Además, en este sentido, destacan las grandes termas del Sur, fechadas igualmente en época de Trajano37 (fig. 3). Esta fase monumentalizadora es uniforme y también afecta a ciudades de promoción jurídica más temprana (siendo especialmente clara en los casos de Valentia y Caesar Augusta) y, por supuesto, a las capitales provinciales. En concreto, el foro de Valentia fue ejecutado en la segunda mitad del siglo I y culminado en la primera mitad del II d. C. con la construcción de un templo del que solo resta un fragmento de dintel.38 En referencia a Caesar Augusta, hay que indicar que el macellum, situado en la plaza forense, fue construido a finales del siglo I o inicios del II d. C.39 Por lo que respecta a las capitales provinciales, Tarraco adquiere su articulación urbana y monumental definitiva entre los reinados de Trajano y Adriano. Su anfiteatro fue erigido a expensas de un flamen provinFigura 3. Planta de las termas del Sur, Conimbriga (Correia y Reis 2000: 275). 31 Abascal (2019: 275-295). Vid. tablas 1 y 2. 32 Un gran número de inscripciones (32) se fecha de forma laxa en el siglo II, lo que supone el 32 % del total. 33 Andreu (2004: 168-180). 34 Sillières et al. (1995: 118-119, 126). 35 Schattner (2003: 43, 64-65). 36 Reis et al. (2011: 192-193). 37 Alarcão y Étienne (1977: 113-131). 38 Corell y Gómez (2007: 327-332); AE 2007, 816. 39 Aguarod y Erice (2003: 146).
– 36 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 cial en época trajano-adrianea40(fig. 4). También en época adrianea se reconstruye el capitolio republicano y se monumentaliza la tribuna de la basílica forense.41 Así pues, la estancia de Adriano en la colonia marca el culmen de la actividad edilicia en la Tarraco antonina (fig. 5). De hecho, este emperador ordenó restaurar a sus expensas el famoso templo de Augusto.42 En Corduba, por su parte, a raíz del análisis de varios elementos de decoración arquitectónica, se ha propuesto que el templo que presidía el denominado forum Novum fue objeto de una remodelación en época trajano-adrianea.43 Además, se ha documentado un fragmento de arquitrabe marmóreo colosal, datado en esa misma fecha, procedente del sector público de Altos de Santa Ana. Este vestigio acredita la construcción o reforma de un edificio, probablemente un templo, de grandes proporciones y factura monumental.44 Por lo que respecta a Augusta Emerita, hay que mencionar la erección del templo de Marte.45 Tampoco conviene olvidar la instalación de euripi en la spina del circo y, sobre todo, Figura 4. Planta general del anfiteatro de Tarraco (Dupré 1994: fig. 6). 40 Alföldy (1997: 62-67). 41 Mar et al. (2010: 62-65). 42 SHA, vit. Hadr., 12, 3-5; Pensabene y Mar (2010: 289). Por otro lado, hay que recordar que Italica también se benefició ampliamente del evergetismo de Adriano (Rodríguez Hidalgo 1997: 87-114). 43 Portillo (2018: 90-93). 44 Márquez (1998: 121). 45 León (1970: 181-197).
– 37 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 la renovación del frente escénico y de otros elementos del teatro en época trajanea.46 No obstante, es bastante revelador que este vigor edilicio esté también presente en núcleos urbanos que, unos decenios después, vivieron episodios regresivos. Un ejemplo significativo lo encontramos en Bilbilis, cuyo centro monumental acogió una serie de intervenciones en época de Trajano. Prueba de ello es la restauración del templo forense y del teatro.47 El empleo de materiales de calidad en ambos monumentos, en especial mármoles exóticos, demuestra que, si bien las refectiones fueron motivadas por problemas de conservación, existió una intención de mejorar el proyecto inicial. Del mismo modo, Carthago Nova experimentó un notable auge constructivo desde comienzos del siglo II d. C. hasta el año 140. El edificio del Atrio, las termas del Puerto, el Augusteum, así como el teatro, experimentaron intervenciones en esta fase.48 En general, todo este movimiento edilicio, unido al volumen de las inscripciones cívicas de esta cronoloFigura 5. Planta de Tarraco en el siglo II d. C. (Macías et al. 2007: plano IV). gía, constituye un marcador de la vitalidad del modelo de vida urbano y señala un panorama económico óptimo para el conjunto de las ciudades analizadas. A la vez, hay que reseñar que estas comunidades, en mayor o menor medida, asisten en esa fase a un desarrollo material e institucional homogéneo que enlaza con las etapas augustea, julio-claudia y flavia sin que se vislumbren en ellas cambios significativos ni traumáticos. En virtud de ello, pensamos que el modelo de ciudad altoimperial en Hispania, al menos desde el punto de vista material, llega a su cénit en época trajano-adrianea, pues muchas de las ciudades vivieron del cuadro urbano desarrollado y completado en estos momentos, vigente en la mayoría de los casos hasta época tardía. En definitiva, los datos que barajamos nos permiten sostener que, en general, y al menos hasta el segundo tercio del siglo II, no se observan alteraciones en los esquemas de vida urbanos; antes bien, las ciudades hispanorromanas desarrollaron un proceso de crecimiento continuo. Será a partir de dicho momento cuando la tónica descrita se quiebre. CONCLUSIONES Conviene subrayar la diversidad de situaciones que nos muestran las ciudades hispanas del siglo II d. C. Como se ha dicho, algunas comunidades muestran un declive, visible especialmente en la degradación y amortización del equipamiento urbano y sus complejos monumentales. En contraste con lo anterior, otras ciudades no manifiestan signos de regresión e incluso algunas viven un ciclo de expansión y apogeo. Esta disparidad ya había sido señalada con anterioridad, sobre todo a partir de los núcleos urbanos que presentan problemas en este periodo; sin embargo, hasta el momento no se había determinado cuándo se produce ese punto de inflexión entre crisis y continuidad. Así, el análisis de la documentación arqueológica y epigráfica nos ha llevado a establecer dos fases dentro de nuestro marco de estudio.49 Como hemos visto, en la fase trajano-adrianea, prácticamente todas las poblaciones hispanorromanas muestran señales de gran dinamismo. En efecto, durante ese 46 Trillmich (1989-1990: 87-102); Sánchez-Palencia et al. (2001: 82); Mateos (2018). 47 Martín-Bueno y Sáenz (2004: 261; 2010: 259-260). 48 Ramallo y Ruiz (1998: 67-69); Noguera et al. (2011: 922); Pavía (2018: 248). 49 Vid. nota 5.
– 38 – ARQUEOL. IBEROAM. 47 (2021) • ISSN 1989-4104 periodo de cuarenta años, muchas urbes completan su imagen urbana con la puesta en marcha de reformas y nuevas construcciones. Puede afirmarse que, en general, existe una continuidad de la situación creada entre las épocas augustea y flavia. Por un lado, las comunidades que se habían beneficiado de la promoción municipal flavia desarrollaron ambiciosos planes de urbanización y transformación de sus centros urbanos. El registro arqueológico ha puesto de manifiesto que estos procesos, por cuestiones operativas, se dilataron unos decenios y no se consumaron hasta el primer tercio del siglo II. Por otro lado, este floruit también está presente en ciudades de promoción jurídica más temprana y se proyecta en la ampliación y mejora de las infraestructuras urbanas, la edilicia privada, los edificios de espectáculos y la reforma y actualización de los programas decorativos de los centros forenses. De esta forma, toda esa efervescencia edilicia, combinada con la cuantía de las inscripciones cívicas datadas en este periodo, avala la vitalidad del modelo urbano altoimperial. Es más, pensamos que el patrón de ciudad altoimperial llega a su culmen en esta fase, puesto que bastantes urbes viven del cuadro urbano y monumental desarrollado en el siglo I d. C. y completado en época trajanoadrianea, el cual estuvo vigente en no pocos casos hasta el final de la Antigüedad. Sobre el autor DIEGO ROMERO VERA es Doctor en Arqueología por la Universidad de Córdoba (2016). Ha completado su formación posdoctoral en el Centro Ausonius de la Universidad de Burdeos-Montaigne y en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, donde actualmente ejerce como profesor contratado doctor interino. Asimismo, ha realizado diversas estancias en centros extranjeros: Universidad de Florencia, Instituto Arqueológico Alemán de Roma, Instituto de Arqueología de la Universidad de Coimbra y Universidad de Oxford. Su principal línea de investigación es el análisis de las ciudades hispanas de época antonina desde el punto de vista arqueológico y epigráfico. Ha desarrollado, además, otras líneas de trabajo: la investigación sobre la existencia de espacios vacíos en el interior de las ciudades romanas y el estudio del patrimonio imperial en Hispania. BIBLIOGRAFÍA AGUAROD, C.; R. ERICE. 2003. El puerto de Caesaraugusta. En Puertos fluviales antiguos: ciudad, desarrollo e infraestructuras, coords. G. Pascual y J. Pérez Ballester, pp. 143-156. Valencia: Universidad de Valencia. ALARCÃO, J.; R. ÉTIENNE. 1977. Fouilles de Conimbriga 1. L’Architecture. París: De Boccard. ALFÖLDY, G. 1997. Die bauinschriften des Aquäduktes von Segovia und des Amphitheaters von Tarraco. Berlín: De Gruyter. ALFÖLDY, G. 2013. El Imperio romano durante los siglos II y III: continuidad y transformaciones. En Tarraco christiana ciuitas, eds. J. M. Macias y A. Muñoz Melgar, pp. 13-30. Tarragona: ICAC. ANDREU, J. 2004. Edictum, Municipium y Lex: Hispania en época flavia (69-96 d. C.). BAR International Series 1293. Oxford: Archaeopress. ANDREU, J., ED. 2017. Oppida labentia: transformaciones, cambios y alteración en las ciudades hispanas entre el siglo II y la tardoantigüedad. Uncastillo: Fundación Uncastillo. ANDREU, J.; A. BLANCO, EDS. 2019. Signs of weakness and crisis in the Western cities of the Roman Empire (c. II-III AD). Stuttgart: Franz Steiner. CEBALLOS, A. 2007. Geografía y cronología de los ludi en la Hispania romana. Caesaraugusta 78: 437-454. CHIC, G. 2005. Marco Aurelio y Cómodo: el hundimiento de un sistema económico. En La Hispania de los Antoninos (98-180), coord. L. Hernández Guerra, pp. 567-586. Valladolid: Universidad de Valladolid. CONDE, J. 1996. El capitel corintizante y su presencia en un contexto del yacimiento hispanorromano de Valeria. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid 23: 244-259. CORELL, J.; X. GÓMEZ. 2007. Dos inscripciones monumentales del foro de Valentia. En Provinciae Imperii Romani inscriptionibus descriptae, eds. M. Mayer, G. Baratta y A. Guzmán, pp. 321-326. Barcelona: IEC. CORRALES, A. 2016. La arquitectura doméstica de Augusta Emerita. Madrid: CSIC. CORTÉS, A. 2011. L’arquitectura domèstica de la ciutat romana de Barcino. QARHIS 7: 16-66.
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