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Artículos • Cristina Cuenca Piqueras, Juan Sebastián Fernández Prados • 45 • Resumen: El presente trabajo analiza estadísticamente el significado de la variable o dimensión social que denominamos Productivismo vs. Decrecentísmo. Construimos su definición operativa a partir del trabajo de los autores que han contribuido a la teoría del decrecimiento. Y para el análisis estadístico de utilizan los datos de la sexta oleada de la Encuesta Mundial de Valores (2010-14) y los datos del informe sobre desarrollo humano (PNUD, 2014). Lo cual permite también establecer comparación con la dimensión Materialismo vs. Postmaterialismo . Los resultados muestran que los posicionamientos sociales respecto al Productivismo vs. Decrecentismo son independientes de las otras tradicionales clasificaciones que distinguen entre izquierda y derecha o entre materialismo-postmaterialismo. En discusión de este resultado destacamos el cambio en los sistemas de valores que afecta transversalmente a la sociedades avanzadas. Palabras clave: ecología política, productivismo, decrecimiento, postmaterialismo, ideología, valores y categoría social. Abstract: This work statistically analyzes the significance of the variable or social dimension called “Productivism vs. degrowth”. First, we build the operational definition of the variable from the work of authors who have contributed to Degrowth theory. Next, for the statistical analysis we use data from the World Values Survey (wave 6, 2010-14) and data from the Human Development Report (UNDP, 2014). This allows us also to compare results on Productivism vs. degrowth with Materialism vs. Posmaterialism dimensions. The results show that the variable “Productivism vs. Degrowth” is independent from other traditional classifications that distinguish between “left vs. right ideology” or between “materialism vs. postmaterialism”. In discussing this result, we notice that a deep change in the value systems of more advanced societies is taking place. Keywords: political ecology, productivism, degrowth, postmaterialism, ideology, values, social category. DECRECIMIENTO Y DECRECENTISTAS: DE TEORÍA SOCIO-ECONOMICA A POSICION SOCIO-IDEOLOGICA ESTADISTICAMENTE MEDIBLE DEGROWTH AND DEGROWTHERS: FROM SOCIO-ECONOMIC THEORY TO STATISTICALLY MEASURABLE SOCIO-IDEOLOGICAL POSITION Cristina Cuenca Piqueras. Universidad de Almería. ([email protected]). Juan Sebastián Fernández Prados. Universidad de Almería. ([email protected]). Recibido: 27/03/2015 Aceptado: 07/02/2016 • Anduli • Nº 14 - 2015 • 45-60• ISSN 16960270 • Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/anduli.2015.i14.03 •
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 46 • 1. Introducción: La Encuesta Mundial de Valores ha sido un instrumento esencial para el análisis del cambio social y cultural, principalmente a través de la conocida dicotomía que presenta Ronald F. Inglehart, que distingue entre los valores materialístas y postmaterialistas. A lo largo de seis oleadas, se han ido añadiendo países desde la primera con solo diez países (1981-84) hasta la última con 59 países (2010-14). Iniciamos el artículo con un análisis teórico de la teoría decrecentista con referencias a los autores más destacados, que plantean una nueva crítica al crecimiento exacerbado e ilimitado. Más adelante, apoyándonos en los datos de la encuesta mundial de valores, observaremos cómo se comporta una nueva categoría que proponemos, que distingue entre partidarios del crecimiento (productivistas) y partidarios de respetar los límites ecológicos del planeta (decrecentistas). El aumento del interés por el medioambiente nos hace cuestionarnos si los valores ecologistas actuales trascienden las clasificaciones hasta ahora utilizadas en el marco de la teoría del cambio social postmaterialista o la clásica diferenciación ideológica de izquierda y derecha. 2. La teoría del decrecimiento y la nueva dicotomía “productivistas vs. decrecentistas”: La teoría del decrecimiento propone abandonar la idea del crecimiento exponencial constante. Se considera que debe controlarse la producción económica para lograr un equilibrio con la naturaleza y entre las personas. Por esto, se sugiere la transición hacia una economía diferente, que se funde sobre otros principios productivos. Los expertos que defienden esta teoría se apoyan en la afirmación de que no es posible mantener una economía en constante crecimiento cuando los recursos materiales son finitos (Leff, 2008). Se señala como precursor de la teoría del decrecimiento1 económico al informe “Los Límites del Crecimiento” del Club de Roma. También se consideran clave las aportaciones de Georgescu-Roegen (1971), que aplica la entropía a las leyes económicas, planteándose las cuestiones ambientales desde la termodinámica (Gudynas, 2003, Leff, 2008). En este sentido, se pretende abandonar la meta de crecimiento exponencial, puesto que el objetivo es promovido por la búsqueda de beneficios de los dueños del capital y tiene consecuencias desastrosas para el medio ambiente, y por lo tanto, para la humanidad. Se considera que la sociedad del crecimiento no sería deseable por diferentes razones. Entre ellas, se encontrarían las desigualdades e injusticias que genera el sistema, que crea un bienestar ilusorio y que no fomenta una sociedad favorable a la convivencia, sino una anti-sociedad enferma de su riqueza (Latouche 2008; 2009). Por tanto, se propone aprender a vivir de otra manera, ya que, nos encontramos en una economía de expansión material continua que hace que estemos deteriorando nuestro ecosistema. Partiendo de esta premisa, el interés se centra en atajar la principal causa de la contaminación, que es el exceso de producción, y no en los efectos. El problema no se resolverá sólo analizando qué se hace con los residuos, sino reflexionando sobre las causas, es decir, sobre el cómo organizar la 1 La palabra decrecimiento aparece por primera vez en 1972 en un dossier del Nouvel Observateur sobre el informe del Club de Roma elaborado por André Gorz y vuelve aparecer en 1979 en la traducción del libro de Nicholas Georgescu-Roegen “La decrosisance. Entropie-Écologie- Économie” (Llegey y otros, 2014).
Artículos • Cristina Cuenca Piqueras, Juan Sebastián Fernández Prados • 47 • producción y el consumo (Riechmann, 2008). Entre las medidas para el cambio que se proponen se encuentra la re-conceptualización de las formas de medir la riqueza y la pobreza, la re-localización de la producción a nivel local, la reducción del impac- to ambiental de nuestras formas de consumo, el aumento de la re-utilización de los productos y el reciclaje (Latouche 2009). Así, partiendo de las premisas de la teoría del decrecimiento, se derivan algunos de los postulados de la simplicidad voluntaria, organizaciones y movimientos sociales, corrientes económicas e ideológicas propias de la ecología política, (ver cuadro 1): Cuadro 1. La teoría del decrecimiento y sus implicaciones individuales, colectivas, económicas y políticas. Implicaciones de la Teoría del decrecimiento Individual o estilo de vida Colectiva y movimiento social Corriente económica Ideología política Simplicidad voluntaria Movimiento en transición: ciudades y barrios en transición, ecoaldeas, ecofeminismo, movimiento slow... Economía solidaria: economía social, comercio justo, economía del bien común... Ecologismo fuerte o ecología política Fuente: Elaboración propia En relación con la idea: aprender a vivir de otra manera, encontramos las reflexiones de algunos teóricos que consideran que el decrecimiento supondría una simplicidad voluntaria,- también conocida como reducción de marchas o simplemente la vida simpleque se opone a los estilos de vida de alto consumo que prevalecen en las sociedades actuales. No obstante, este concepto no busca que se viva en la pobreza, renunciando a todas las ventajas de la ciencia y la tecnología, sino que se centra en cuestionar nuestras relaciones con el dinero, las posesiones materiales, el planeta, nosotros mismos y los demás (Alexander, 2011). En cierta manera, la simplicidad voluntaria se basaría en el paradigma de la modernización reflexiva, es decir, la persona consideraría los efectos sociales y ambientales perversos de la modernidad, con el fin de evitarlos (Romano, 2012). Teniendo en cuenta las premisas comentadas, en la actualidad se está desarrollando un interesante debate en torno a la necesidad y la posible puesta en práctica de estas teorías, dónde las posiciones son contrarias. De un lado, algunos autores describen las dificultades para extender la idea de simplicidad voluntaria, considerando que la vuelta a valores éticos como la templanza, el autocontrol y el freno a los deseos inmanentes con el fin de alcanzar objetivos a largo plazo, contrasta con los ideales del sistema capitalista, que alimentan la búsqueda de la satisfacción inmediata, sin remordimientos y sin pensar en las consecuencias. Dando un paso más, se critican los postulados de Latouche considerando que el modelo de modernización reflexiva ya ha sido rechazado por la historia y que las propuestas decrecentistas centradas en vivir con menos no son atractivas, por lo que no interesan a la ciudadanía (Romano, 2012). De otro lado, algunos expertos consideran que, pese a que estas ideas parecen utópicas, el cambio ya se ha iniciado gracias a lo que denominan la economía del conocimiento. Los expertos afirman que la tecnología e Internet suponen un punto de inflexión, ya que facilitan la gratuidad de los avances, pudiendo llegar a convertirse en bienes comunes universales. De hecho, se pronostica que en el futuro, los productos necesarios podrán crearse en talleres cooperativos o comunales (Gorz, 2007). Este cambio socioeconómico está concretándose en el auge de las economías solidarias presentes en la economía social, comercio justo y más reciente eco-
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 48 • nomía del bien común, donde la prioridad no está en maximizar la producción, el beneficio o el dinero, sino en valores sociales como la solidaridad, la justicia y el bien común (Felber, 2012 y 2014). Entre las propuestas que los teóricos incluyen se encontrarían las propiedades comunes, las cooperativas, la reducción de las horas de trabajo, la relocalización, los modelos innovadores de habitabilidad y las ciudades y barrios en transición, entre otros (Kallis et al. 2010). El movimiento en transición nació en el Reino Unido en el años 2005 y está aglutinando en torno a la idea de la era del fin de petróleo un sinfín de experiencias en más de 40 países de barrios, aldeas, municipios que producen, consumen y se relacionan con el objeto de reducir su huella ecológica (Hopkins, 2011). Además, a estas propuestas deben sumarse las aportaciones que se realizan desde el ecofeminismo, que señalan la necesidad de contemplar la equidad de género como una cuestión clave en el cambio económico. En este sentido, se destaca que si buscamos una economía solidaria, no podemos olvidar que el bienestar social depende en gran medida del trabajo reproductivo no remunerado que desempeña mayoritariamente la mujer (Bauhardt, 2014). El ecologismo fuerte o ecología política rechaza el productivismo fuera de la dicotomía capitalista-socialista. Los expertos ahora se cuestionan si sigue teniendo sentido la oposición entre capital y trabajo, que no atiende a la importante crisis ecológica actual. Por estos motivos, se plantea observar un nuevo eje, que denominan productivista-decrecentista (ver figura 1), en el que no supone una importante diferencia quien posee los medios de producción (Marcellesi, 2012). De esta manera, tal y como afirma Dobson (1997), el término ecologismo sí sería una ideología política que se centraría en la premisa de los límites naturales al crecimiento económico y demográfico. Lo importante ya no es ¿Quién produce?, sometiendo esta cuestión a un debate sobre si la producción debe realizase por parte del estado o de los particulares, sino ¿Cómo debe producirse? Aquí encontraríamos la diferencia entre el ecologismo conservacionista o light, (denominado también medioambientalísmo), frente al ecologismo fuerte o ecología política. Figura 1: La ecología política en el escenario tridimensional Fuente: Marcellesi (2012: 32).
Artículos • Cristina Cuenca Piqueras, Juan Sebastián Fernández Prados • 49 • 3. La Encuesta Mundial de Valores y su uso para medir el interés medioambiental: La Encuesta Mundial de Valores (WVS) es una investigación global que estudia los cambios en los valores y su impacto en la vida social y política. Para ello llevan a cabo encuestas nacionales representativas en más de medio centenar de países, conteniendo casi el 90 por ciento de la población mundial. En concreto se han realizado seis oleadas de encuestas desde 1981 a 20142. Este instrumento ha sido utilizado con frecuencia para medir el interés en las cuestiones ambientales, puesto que permite, además del análisis longitudinal, la comparación entre valores y creencias en personas de diferentes sociedades. Por ejemplo, en el estudio de Israel y Levinson (2004) se utiliza la Encuesta Mundial de Valores para analizar si la situación económica del país incide en el mayor o menor interés de los ciudadanos por preservar el medio ambiente. En la misma línea se encuentran los trabajos de Dorsch (2011) y Havasi (2012), que observan el interés ambiental poniéndolo en relación con los valores post-materialistas. También Shum (2009), compara el interés en cuestiones ambientales con las negociaciones y políticas de los diferentes países sobre el cambio climático, utilizando de nuevo los datos de la Encuesta Mundial de valores. De hecho, utiliza la misma pregunta que nosotros, porque consideran que refleja claramente las opiniones a favor del crecimiento económico y las que, por el contrario, se posicionan a favor de preservar el medio ambiente. En general, los resultados de estos estudios sugieren que la riqueza de las naciones es un factor decisivo al determinar los valores de los ciudadanos de cada país. Como es de esperar, los países ricos reflejan los valores postmaterialistas, no obstante, en general se aprecia un alto interés por las cuestiones medioambientales. En este trabajo pretendemos dar un paso más. No sólo tratamos de analizar el alcance de los valores decrecentistas, (los cuales, tal como hemos explicado, se relacionan con un ecologísmo fuerte o con la denominada ecología política), sino que proponemos que esta variable que mide el decrecentismo, presenta un comportamiento diferente a la variable materialísmo/postmaterialismo y frente a la variable ideología. Es más, comenzamos a explorar la forma en que funciona está variable y que cuestiones podría ayudarnos a explicar si la consideramos como una categoría con entidad propia. 4. Objetivos e hipótesis: Entre los objetivos del presente trabajo se encuentran el identificar en la práctica hasta qué punto la población está de acuerdo con el postulado principal de las teorías decrecentistas, que es ser consciente de que es necesario un descenso de la producción para preservar el medio ambiente. También se pretende comprobar la aplicación práctica de la categoría productivista vs. no productivistas, así como la necesidad de que esta categoría sea considerada independiente a la que define los valores materialistas y postmaterialistas. En este sentido, nuestra primera hipótesis de investigación es considerar la variable decrecentista/productivista como una categoría con entidad propia. Pese a que teóricamente se ha relacionado esta cuestión con los valores postmaterialistas, e 2 Para saber más sobre la Encuesta Mundial de Valores, se puede consultar la Web: http://www. worldvaluessurvey.org/
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 50 • incluso, con una orientación ideológica concreta (la izquierda), esperamos encontrar diferencias entre las variables analizadas. Dando un paso más, nuestra segunda hipótesis parte de la premisa de la capacidad explicativa de esta categoría. Esperamos que el decrecentismo/productivismo pueda explicar algunas cuestiones mejor que la tradicional variable ideológica (que distingue entre afinidad con la izquierda o la derecha) y también que la variable materialismo/postmaterialismo. 5. Método: En el análisis que se presenta comparamos principalmente tres variables: la variable ideología, (que hemos recodificado en dicotómica considerando los valores 1 a 5 como izquierda y 6 a 10 como derecha), la variable materialísmo/postmaterialísmo (que la propia Encuesta Mundial de Valores calcula en una escala de 0 materialista a 5 postmaterialista y que hemos dicotomizado para este trabajo) y, otra variable que hemos denominado productivistas/decrecentistas que se corresponder con la pregunta siguiente: “Le voy a leer dos frases que la gente suele utilizar cuando se habla sobre el medio ambiente y el crecimiento económico. ¿Cuál de las dos se acerca más a su propio punto de vista?: 1. Debería darse prioridad a la protección del medio ambiente, incluso si provoca un crecimiento económico más lento y alguna pérdida de puestos de trabajo. 2. Debería darse prioridad al crecimiento económico y a la creación de empleo, incluso si el medio ambiente sufre en alguna medida”3. En el presente análisis también hemos utilizado algunas de las variables sociodemográficas de la Encuesta Mundial de Valores como la edad, la clase social subjetiva, el sexo y el hábitat. Esta propuesta hay que considerarla una primera aproximación, por lo que abundan los análisis descriptivos y las tablas de contingencia, con las que tratamos de dar respuesta a la primera de nuestras hipótesis. Para la segunda hipótesis, hemos realizado un análisis de los diferentes países incorporados en la última oleada de la Encuesta Mundial de Valores, que nos ayude a comprobar las diferencias en el comportamiento de las variables. Hemos incorporado a las tablas algunos datos relacionados con el nivel de desarrollo de los países que se analizan. Los datos han sido extraídos del último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2014). 3 Consideramos como decrecentistas a las personas que optan por la primera opción y productivistas a aquellos que dan prioridad al crecimiento económico. Sin embargo, este planteamiento tiene al menos dos limitaciones. Por una parte conceptual, donde la opción que hemos denominado decrecentista aparece como crecimiento económico más lento y, por otra metodológica, al contener la pregunta solo dos opciones de respuesta y no permitir determinados análisis estadísticos. La primera limitación entra en el debate sobre la respuesta a la crisis ecológica en términos de crecimiento sostenible tal y como lo define la World Commission on Environment and Development (WCED, 1987), que defiende un desarrollo sostenible donde no se comprometa los recursos y posibilidades de las generaciones futuras y la teoría del decrecimiento expuesta más arriba que solo contempla decrecer si queremos evitar el colapso y en definitiva garantizar también el futuro.
Artículos • Cristina Cuenca Piqueras, Juan Sebastián Fernández Prados • 51 • 6. Resultados y discusión: A continuación presentamos los resultados del análisis descriptivo. En la tabla 1 se expone la cifra absoluta y porcentaje de las tres variables de referencia, es decir, las que distinguen entre productivistas y decrecentistas, izquierda y derecha y materialísta-postmaterialista. Tabla 1: Descriptivos de las variables decrecentista-productivista materialísta-postmateria- lista e izquierda-derecha. Decrecentista Productivista Postmaterialísta Materialista Izquierda Derecha 34.436 (52,2%) 31.511 (47,8%) 20.457 (30%) 47.772 (70%) 37.126 (51,7%) 34.625 (48,3%) Fuente: Elaboración propia A primera vista, ya puede apreciarse que, pese a que el porcentaje de postmaterialistas es bajo, no lo es tanto el de personas que apuestan por el decrecimiento. Consideramos esta cuestión como una muestra del creciente interés que despiertan las preocupaciones medioambientales y la sostenibilidad. Esta afirmación se puede comprobar de forma más clara en la tabla 2, en la que realizamos un análisis de contingencia de las variables por pares. Tabla 2: Tabla de contingencia de las variables decrecentista-productivista materialísta-post- materialista e izquierda-derecha. Decrecentista Productivista Total Izquierda 28% 24% 51% Derecha 24% 24% 49% Materialista 35% 35% 70% Postmaterialista 17% 13% 30% Izquierda-Materialista 35% 33% 68% Izquierda-Postmaterialista 20% 12% 32% Derecha-Materialista 35% 36% 71% Derecha-Postmaterialista 16% 13% 29% Total 52% 48% 100% Fuente: Elaboración propia. Respecto a esta primera tabla de contingencia, cabe señalar que la población se distribuye de una manera bastante homogénea, es decir, existe más o menos el mismo porcentaje de personas de derechas productivistas y decrecentistas (24% de la muestra) o materialistas de una u otra alternativa del crecimiento económico (35% respectivamente). No obstante, tal y como se esperaba, la mayoría de las personas que se clasifican dentro de la izquierda reflejan valores decrecentistas (un 28% frente a un 24%). Sin embargo, sorprende el comportamiento de la variable “productivistas-decrecentistas”
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 52 • con respecto a la variable materialismo-postmaterialismo. Pese a que esperábamos que la mayoría de los postmaterialistas fuesen decrecentistas, encontramos sobrerepresentación en aquellas personas que reflejan valores materialístas y decrecentistas (35% de la muestra), lo que nos hace cuestionarnos si los modelos culturales sobre el postmaterialismo servirían para explicar los valores ecologistas en las sociedades en desarrollo o, por el contrario, son etnocentristas y se fijan exclusivamente en sociedades desarrolladas. Como puede apreciarse, predominan los valores decrecentistas. No obstante, algunos encuestados muestran estos valores y comparten también el resto de valores postmaterialistas. De hecho, encontramos muchas personas que se sitúan en el decrecentismo y que son materialístas, e incluso, de derechas (35% en la muestra). Por tanto, considerando los descriptivos de las tablas 1 y 2, en esta primera aproximación, nuestros resultados contrastan con los resultados de investigaciones anteriores, que mantenían que los ciudadanos con orientación ideológica a la izquierda, aparecen como más dispuestos a dar prioridad a las cuestiones ambientales, confían más en el movimiento verde y son más propensos a la realización de comportamientos políticos pro-ambientales (Neumayer, 2004). Si bien los perfiles de las variables que reflejan el postmaterialismo y el decrecentismo son similares, esta comparativa también nos muestra que no existe necesariamente una correspondencia entre estos valores. De hecho, un 17% en la muestra se considera postmaterialísta y decrecentista, lo que supone que las preocupaciones medioambientales trascienden los valores postmaterialístas y se encuentran también en personas materialistas y de derechas (en concreto, en un 35% de la muestra). Posiblemente la explicación se encuentre en la asociación cada vez mayor de las cuestiones ambientales con la seguridad (valores materialistas) y con la idea de la austeridad y la frugalidad asociados en algunos casos con ideologías conservadoras (derecha). De otro lado, en la tabla 3 realizamos tablas de contingencia entre las variables de referencia y otras variables relacionadas con cuestiones socio-demograficas. Entre ellas el sexo, la edad, la clase social y el hábitat. Se realiza esta comparativa al objeto de poder analizar perfiles. Tabla 3: Tablas de contingencia entre las variables “decrecentista-productivista” “materialísta-postmaterialista” e “izquierda-derecha” Materialista Postmaterialista Izquierda Derecha Decrecentista Productivista total SEXO Varón 48,8% 48,6% 47,7% 50,4% 48,7% 49,7% 48,70% Mujer 51,2% 51,4% 52,3% 49,6% 51,3% 50,3% 51,30% EDAD 18-29 28,5% 31,3% 27,0% 31,3% 29,2% 29,5% 28,90% 30-44 30,7% 30,5% 30,0% 31,9% 30,9% 30,6% 30,70% 45-59 23,0% 22,4% 23,7% 21,9% 23,4% 22,4% 22,80% 60 o más 17,8% 15,8% 19,4% 14,9% 16,6% 17,5% 17,60%
Artículos • Cristina Cuenca Piqueras, Juan Sebastián Fernández Prados • 53 • HÁBITAT (número de habitantes) Menos de 2,000 12,6% 10,9% 13,1% 11,0% 12,0% 12,4% 12,30% 2,000-5,000 13,4% 9,9% 11,1% 13,2% 11,6% 13,7% 12,10% 5,000-10,000 9,2% 8,4% 7,8% 10,1% 7,9% 9,7% 8,90% 10,000-20,000 8,7% 8,4% 7,7% 9,5% 8,3% 9,0% 8,60% 20,000-50,000 11,3% 12,7% 10,9% 12,3% 10,8% 12,1% 11,50% 50,000-100,000 9,1% 11,1% 9,1% 9,9% 9,0% 9,7% 9,40% 100,000-500,000 20,2% 20,4% 21,4% 19,5% 21,7% 19,1% 20,30% 500,000 o más 15,5% 18,2% 18,9% 14,3% 18,8% 14,3% 16,80% CLASE SOCIAL Clase alta 1,8% 1,9% 1,5% 2,4% 1,9% 1,9% 1,90% Clase media alta 20,2% 23,1% 18,3% 24,5% 21,7% 21,0% 21,00% Clase media baja 36,0% 37,6% 36,8% 36,0% 36,6% 36,2% 36,20% Clase trabajadora 30,1% 27,0% 31,4% 26,5% 29,4% 28,3% 29,20% Clase baja 11,9% 10,4% 12,1% 10,6% 10,4% 12,5% 11,60% Fuente: Elaboración propia Como puede apreciarse, el perfil más común en las mujeres se sitúa en las postmaterialistas, de izquierdas y decrecentistas. Por su parte, los hombres aparecen más representados en las categorías materialista, derecha y productivistas. También se aprecian pautas con respecto a la edad, puesto que normalmente las personas más jóvenes comparten más las preocupaciones del decrecentismo. De otro lado, el análisis de la clase social refleja que las clases altas se posicionan más en valores postmaterialistas y en la derecha, frente a las clases bajas, en las que predominan valores materialistas, de izquierdas y productivistas. En tanto a la variable hábitat podemos interpretar que, a más población en el municipio donde habitamos, más posibilidades tenemos de apoyar valores decrecentistas, posiblemente debido a una mayor conciencia medioambiental. En suma, los perfiles sociodemográficos de las tres variables reflejan que las mujeres, jóvenes y urbanas están sobrerrepresentadas en los valores postmaterialistas, tendencias de ideologías de izquierdas y principios decrecentistas. Así pues, si observamos los análisis realizados hasta el momento, consideramos que podemos confirmar la primera de nuestra hipótesis, que afirmaba que la categoría decrecentista/productivista tendría entidad propia y funcionaría independiente a la variable ideología y la variable materialismo/postmaterialismo. Fundamentamos nuestra observación tras analizar como se comportan las tres variables cuando son comparadas, así como también, al observar los diferentes perfiles que apoyan los valores decrecentistas. Al ser la muestra tan extensa, en prácticamente todas las comparativas en las que utilizamos el total de casos, el chi-cuadrado aparecía como significativo así como los estadísticos Phi y la V de Cramer en ambos casos, tal y como puede apreciarse en la tabla 4. Del mismo modo, también aparecen diferencias significativas en el análisis
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 60 • Neumayer, E. (2004). The environment, left-wing political orientation and ecological economics. Ecological Economics, 51 (3) 167-175. http://dx.doi.org/10.1016/j. ecolecon.2004.06.006 PNUD (2014). Informe sobre Desarrollo Humano 2014. Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia. New York: UNDP. Riechmann, J. (2008). Hemos de aprender a vivir de otra manera. En Riechmann, J. (coord.) (2008). ¿En qué estamos fallando?: cambio social para ecologizar el mundo (5-24). Barcelona: Icaria. Romano, O. (2012). How to rebuild democracy, re-thinking degrowth. Futures 44, 582– 589. http://dx.doi.org/10.1016/j.futures.2012.03.019 Shum, R. (2009). Testing Liberalism Seriously: Can Attitudes Predict Outcomes for Environmental and Climate Policies? Trabajo presentado en el congreso celebrado por la International Political Science Association (IPSA) en Santiago de Chile. Julio de 2009. WCED (1987). Our common future. Oxford: Oxford University Press.