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Mas igualdad. Redes pa a la igualdad
MUJERES INFLUYENTES EN LA REPÚBLICA ROMANA: EL EJERCICIO DEL
PODER FEMENINO A TRAVÉS DE LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS
Co é Fe e Alcan ud
Uni e sidad Complu ense de Mad id
1. P eámbulo
A pesa del a ac i o que susci an el conocimien o y el es udio de las ci ilizaciones de la an igüedad,
hoy en día la his o ia social sigue siendo odo un e o pa a los his o iado es debido a las limi aciones
cien í icas. La escasez de uen es li e a ias y epig á icas, las di icul ades de in e p e ación de ma e iales y
es igios en los espacios a queológicos o incluso el uso p olongado en el iempo de cie a e minología
an igua incluida ac ualmen e en nues o ocabula io habi ual y que ha su ido mu aciones e iden es
–como es el caso de empe ado , economía o epública, concep os la inos y g iegos que ya nada ienen que
e con el p opósi o pa a el que ue on c eados–, son sólo algunos de los mencionados incon enien es. En
es a línea de in es igación y den o de la p opia his o ia social omana, la his o ia de la muje se descub e
como la más enigmá ica de las especialidades. A la muje omana, al igual que en o as sociedades an iguas,
le co esponde desempeña un papel que po adición y cos umb e –las eglas de los homb es– le ha sido
asignado po los a ones: el hoga . Siendo o no his o iado as, es un da o que so p enden emen e ala ma
poco a las muje es de hoy en día y es que, como enía diciendo líneas más a iba, las di e encias en e
“aye y hoy” son, en ocasiones, espan osamen e ocan es. No obs an e, a di e encia de la muje a eniense
–con inada a habi a una sola es ancia pa a ocupa el luga “que le pe enece”–, la omana i e con mayo
libe ad, al menos una libe ad ela i a, ya que a pesa de pe manece la mayo pa e del iempo ocul a en
la domus, es deci , ocul a en el ámbi o p i ado de la ida omana, iene pe mi ido isi a odas las es ancias
de la casa, enca ga se de la amilia y o dena las a eas de los escla os.
Con odo, el pe iodo más conocido de la his o ia de Roma co esponde a los úl imos años de la
República y aquellos que aba can el P incipado y el Impe io g acias a que los au o es que i ie on en
es e espacio empo al pusie on g an empeño en desa olla y plasma los acon ecimien os, al es ilo de un
his o iado mode no –sal ando las dis ancias y, po supues o, “los siglos”–. No obs an e, las no edades
dadas du an e el Impe io omano en cuan o a leyes, ins i uciones, e i o ios, o nue as medidas económicas
y polí icas, su gen odas de si uaciones y no mas p eceden es, de pau as es ablecidas con an e io idad.
Es deci , que a pa i del 27 a. C., con el in de la República y el inicio del modelo impe ial, la polí ica
pie de pa e de su habi ual juego al ededo del cu sus hono um, la ca e a polí ica median e la que los
a ones omanos adine ados podían accede a los ca gos ci iles de la Ciudad, a a o de un nacien e pode
indi idual que, en consecuencia, se ans o ma en una cesión, bien po consanguinidad o he edi a ia, bien
“a dedo”, que se con e i á en la ónica habi ual du an e la ase impe ial. Y es que la polí ica omana iene
su o igen y mayo desa ollo du an e la ase epublicana: el es udio de la polí ica en el pe iodo omano
–con más posibilidades de es udio que los asun os emeninos debido a que posee mayo disponibilidad
de da os– se o ece como uno de los más apasionan es campos de la in es igación his ó ica, adqui iendo
su pun o más ené gico y ib an e du an e la República, que comp ende adicionalmen e del 509 a. C.
–el in de la mona quía con la expulsión de los eyes– y el 27 a. C. cuando cambia al nue o égimen del
P incipado –año en que Oc a io eins au a la República bajo su manda o como Augus o– . De hecho, en
las ases del P incipado y el Impe io la ge encia del es ado se o na he edi a ia. En el caso de las p incesas
y empe a ices, su in e ención se e á di igida al pode indi idual y al bene icio pe sonal, pe maneciendo
como conso es o mad es de los empe ado es, llegando incluso a p o oca la c eación de una li e a u a que
las a aba en su mayo ía de se es maliciosos, deshon osos y como sinies as manipulado as, al y como
nos cuen a el di e idísimo bióg a o Sue onio en sus Vi ae Caesa um que da an de mediados del siglo II
d. C.
Finalmen e, hemos de ene en cuen a que la muje que hace polí ica es, en odos los casos, de
clase al a. Es o se debe a dos pun os undamen ales, el p ime o de ellos es que la in o mación ace ca de
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las muje es que no o man pa e de la a is oc acia –a pesa de la ep esen ación epig á ica que conocemos
sob e és as en asun os eligiosos du an e la República (Schul z, 2006: 50 y ss.)– es insigni ican e o poco
ú il y, en segundo luga , las muje es que no gua dan elación con los homb es pode osos, homb es que
pa icipan en la ida pública de la ciudad, no pod ían bajo ningún concep o in e eni en la polí ica de
la misma. En úl ima ins ancia, sólo las a is óc a as ue on capaces de pene a , aunque de mane a u i a,
en la ida pública y, en consecuencia, en la polí ica de la República.
2. La muje en la República omana
Un buen comienzo pa a in oduci nos en el mundo de la muje en Roma es ci a un céleb e epi a io
del siglo II a. C. (CIL 1211; ILS 8403), eno memen e aludido en la his o iog a ía ac ual pa a explica la
si uación de la muje en Roma (Le kowi z y Fan , 1988: 133, nº 134; Fischle , 1994: 117; Knapp, 2011:
96): “Hospes, quod deico, paullum es , as a ac pellege/ Heic es sepulc um haud pulc um pulc ai eminae
/ Nomen pa en es nomina un Claudiam / Suom ma ei um co de deilexi souo / Gna os duos c ea i ,
ho unc al e um / in e a linqui , alium sub e a loca / Se mone lepido, um au em incessu commodo /
Domum se a i , lanam eci · Dixi · Abei”1
Los epi a ios solían con ene habi ualmen e y de mane a ex emadamen e ab e iada el nomb e,
la edad y la condición de la pe sona en e ada. No obs an e, algunos con ienen una escue a mención
a las cualidades o la ida del di un o y, en casos como es e, las palab as an di igidas al iandan e. En
e ec o, Claudia ha sido una buena hija, esposa y mad e, y su cualidad más des acable ue su gen ileza y el
lani icium o la labo de la lana. “Es o es odo, puedes ma cha ”, concluye eciamen e el ex o. Con es e
ejemplo es más sencillo comp ende cuál e a el espacio que ocupaba la ma ona o muje en el mundo
omano: en odos los casos es el ámbi o p i ado, el hoga . Desde la es e a domés ica el eje cicio de pode
es, den o de lo que cabe, más cómodo que el en o no público, luga des inado en exclusi a a los a ones.
Y aunque exis en momen os en los que compa en el espacio público con los homb es, como es el caso
de las ce emonias eligiosas, es en la domés ica donde la muje desempeña su ol mó il en o no a un
cen o de g a edad que es la amilia, medio en el que “ iene pe miso” pa a “gobe na ”. Del mismo modo,
las inanzas de la casa e an compe encia de la esposa – eco demos sino el signi icado e imológico del
ocablo g iego οἰκονομία, “ges ión del hoga ”, de la que de i a nues a economía–, aunque siemp e bajo
la supe isión de un u o masculino, y la do e que apo aba la jo en a su nue a amilia llegó a esul a
c ucial en momen os de c isis, lo que es imula á cie o ape u ismo en la legalidad de las muje es. De
o ma no edosa en el pe iodo an iguo, la muje omana e a la enca gada de p opo ciona la educación a
los hijos y pa a ello, al menos du an e la in ancia, niños y niñas compa ían indis in amen e las mismas
enseñanzas bajo el echo de la domus.
El papel de la muje en la casa es, po an o, de g an impo ancia. Ello queda plasmado en di e sidad
de p ocedimien os que inculan a la muje con el espacio domés ico con el in de e o za las unciones
a las que ideológica y socialmen e es á some ido el conjun o emenino, ma e ializándose en nume osos
i os de paso que o ece la eligión omana, desde la in ancia a la edad adul a y di e sas si uaciones
ligadas a la madu ez de las muje es. De la misma mane a, la dependencia de un cue po de leyes de alan e
masculino ma ca á no sólo las unciones que mencionamos, sino que además comenza á a debili a se poco
después, aunque casi inap eciablemen e, a a o de la muje . Es a elajación legal desa olla á el enómeno
conocido en la his o ia an igua omana como “emancipación emenina”. El pelig o que pod ía p o oca
al emancipación emenina del yugo de los homb es se á uno de los mo i os po los que el empe ado
Augus o lanza á su amosa emodelación ju ídica ag a iando el e íme o con ol sob e sí mismas que las
muje es habían alcanzado a p incipios del siglo I d. C.
1) “Ex año, lo que digo es algo pequeño; de en e y lee has a el inal. He aquí el sepulc o no bello de una bella muje . Sus pad es la llama on
Claudia. Ella amó a su ma ido con el co azón. Pa ió dos hijos: a uno de ellos lo deja en la ie a, el o o descansa bajo la ie a. De con e sa-
ción ag adable, y ambién de anda ino. Cuidó de su casa, ejía lana. Es o es odo, puedes ma cha ” ( aducción p opia).
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2.1 La condición ju ídica de la muje
Jun o con las uen es li e a ias en el sen ido es ic o del é mino, la in o mación ju ídica desp endida
de los a ados de Gayo y Ulpiano es indispensable no sólo pa a mos a las limi aciones de la muje
en la sociedad omana, sino ambién pa a comp ende la mo ilidad de la que se si e pa a alcanza el
éxi o polí ico. El iun o emenino en la polí ica se da á, en e o as cosas, g acias al paso de un sis ema
eno memen e p ohibi i o pa a con la muje a comienzos de la República a una casi inap eciable a enuación
que se iene dando desde el siglo II a. C. Desde en onces, son a ios los aspec os en los que la muje
queda ampa ada po la legalidad, es imulando el ecien emen e aludido enómeno de la “emancipación
de la muje ” en el siglo I d. C. (Cas illo, 1976; Balsdon, 1983: 45-62), el cual iene como lei mo i
el a o able desa ollo legisla i o emenino du an e el pe íodo epublicano en oda su ampli ud. Po
ejemplo, el ma imonio pasa de se cum manu a sine manu, es deci , que el subyugan e sis ema pa ia cal
se a disipando con la modi icación de los lega a ios en el an e io men e es ic o modelo de he encia,
donde aho a hay equidad en e he manos y he manas cuando an año no exis ía al “pa idad” (Rawson,
1986: 18). La muje adquie e ambién la capacidad de di o cia se de su esposo, hecho que, aunque puede
llama nues a a ención, no es un p oceso omano ex no o, sino que ambién se p ac icaba en G ecia aún
sabiendo que las helenas ienen menos cobe u a ju ídica que las omanas. Reco demos, sino, el popula
ela o de Plu a co (Alc., 8, 3) sob e el es a ega del siglo V a. C. Alcibíades y su esposa, Hipa e a, quien,
o endida po aquél, decidió p esen a una demanda de di o cio pe sonalmen e, ya que la muje a eniense
poseía la capacidad pa a hace lo sin in e media ios. Con o me a las leyes ac uó y la eacción del esposo
no se hizo espe a , és e la asió del b azo y a as ándola po el ágo a la lle ó a casa. El di o cio e a un
enómeno muy ecuen e, sob e odo al inal de la República, debido a la u ilización del ma imonio
como elemen o de p omoción polí ica, cuyo ejemplo más memo able al ez sea el de las a ias uniones
de Julio Césa , odas ellas polí icamen e in e esadas (Pome oy, 1999: 178). Es a asiduidad ayudó a la
c eación li e a ia omana de los exempla emeninos, esg imidos an o pa a la exal ación de la i ud como
la ep ensión de la impudicia (Posadas, 1996: 175, n. 7). Es e ejemplo nos es ú il pa a de e mina has a
qué pun o la muje en la An igüedad se eía some ida a la u ela del pad e en p ime luga , o he manos
en caso de al a és e, y del esposo en el segundo é mino. En e ec o, la u ela subyuga odas las acciones
de la muje a la de e minación del pa e amilias o un u o y de odas las medidas legales emp endidas con
obje o de eje ce al con ol; pa ece bas an e cla o que las limi aciones más impo an es e an las que iban
encaminadas a con ene el pa imonio amilia . En e ec o, las omanas podían he eda del mismo modo
que lo ha ían sus he manos al allece el pad e como sui y suae he edes, pe o a pesa de ello no dispond ían
de su pa imonio sin un u o , al menos así se dio has a la señalada e o ma de Augus o, donde la muje
que u ie a es hijos se ía libe ada de la u ela: el llamado ius libe o um (C ook, 1986: 65; Can a ella,
1991a: 211).
Cabe menciona en es e sen ido la apa ición de la lex Voconia en el 169 a. C. Es a ley, es ablecida
po el ibuno de la plebe Q. Voconio Saxa y apoyada po Ca ón el Viejo (Ga dne , 1991: 171), cons i uía
que la muje no podía he eda si su es ado pe enecía a la p ime a clase del censo, es deci , a aquellos
que poseye an más de cien mil ses e cios en su pa imonio (Gayo, Ins ., 2, 274). Es a medida puede
in e p e a se como la p e ensión de en o pece el uso di ec o de las muje es sob e su p opio pa imonio,
de modo que pe maneciese en su o alidad bajo el echo del esposo, ya que a en a di ec amen e con a
la acumulación de iquezas po pa e de las muje es más icas (He man, 1964: 82-5; Ga dne , 1991:
170-8). Es a ley p o ocó, no obs an e, a ídicas consecuencias en e las muje es e incluso Cice ón la
supuso inhumana además de pe niciosa, quizás a causa del manejo inancie o ildado de “masculinizado”
que había lle ado a cabo su esposa Te encia –con quien, po cie o, con ajo nupcias con él sine manu–
mien as él se encon aba en el exilio (In Ve em, 2, 1, 105 y De epublica 3, 17).
A comienzos de la República, an o el adul e io como el consumo de ino se cas igaban den o del
p opio en o no amilia , no malmen e po decisión del pa e o u o legal, quienes podían incluso e mina
con la ida de la muje acusada (Can a ella, 1996: 84-6). El adul e io, s up um o p ob um2 (Can a ella,
2) S up um es un é mino ju ídico que du an e el pe íodo epublicano iene a signi ica adul e io, aunque conc e amen e a di igido a las
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1996: 95; Resina Sola, 1996: 46, n. 86) iene una de sus más céleb es ela os en o no a las acusaciones
sob e algunas ma onas po los ediles Q. Fabio Gu ges en 295 a. C. y L. Villio Tapulo, y M. Fundanio
Fundalo en 213 a. C. És as, al pa ece , es aban ealizando un i ual en hono a la diosa Venus Obsequens
du an e las ies as de las Vinalia Rus ica3, azón po la que hemos de pensa en un posible consumo de
eme um4 po pa e de es as muje es, lo que hab ía p o ocado la i a de los ediles y su expa iación (Vale io
Máximo, VI, 3, 9; Li io, X, 31), pues el consumo de ino es aba p ohibido en las muje es. Pe o quizás
el elemen o más impo an e de la legalidad emenina omana ue el paso del ma imonio cum manu a
sine manu (Can a ella, 1996: 107 y ss.). El descenso demog á ico p o ocado po las gue as, así como la
al a de pa imonio es a al, p o oca on la elajación de es as es ic i as uniones a pa i del s. II a. C.,
ans o mándose el ma imonio en una sue e de “consenso con ac ual” en e dos pa es (Can a ella,
1991b: 45-6). El cambio más impo an e pa a la muje e a la no inclusión en la amilia del esposo y con
ello la disposición al in de su p opio pa imonio. No obs an e es o no conduci nos a e o , ya que la única
azón po la que el homb e pe mi ió al mejo a ue po bene icio p opio y del Es ado, ya que hablamos
de un pe iodo emendamen e con ulso, el de las gue as omanas de expansión, pa a las cuales cualquie
apo ación económica –incluso de i ada del pa imonio de las muje es– pod ía signi ica la ecupe ación
de la bonanza inancie a pe dida.
Po an o, la muje no iene cabida en la ealidad legal pública pa a eje ce el ius su agii –es deci , no
puede o a en los comicios y en el senado– (Aulo Gelio, N.A., 5, 19), no puede os en a ca gos públicos,
ius hono um –como el desempeño de magis a u as–, ni ob iamen e puede desempeña el ius mili iae
–median e el cual se o ma pa e del ejé ci o que de iende el Es ado omano–. Así pues, legalmen e, la
muje no iene mane a ni de accede ni de pa icipa en la ida pública y, de es e modo, no iene capacidad
pa a eje ce el pode polí ico. Igualmen e, hemos comp obado cómo la u ela mulie um, o u ela sob e
la muje , es el elemen o de la ju isp udencia p i ada más u ilizado po los a ones pa a some e a odo el
conjun o emenino bajo su yugo, no obs an e, i á sucumbiendo p og esi amen e has a su desapa ición
en las modi icaciones legales compo adas en el siglo I d. C. Aún así, la muje epublicana ya e a capaz
de so ea el u elaje masculino median e la coemp io iducia ia o u elae eui andae causa (Gayo, Ins .,
114-15a, 1, 212), un ingenioso mecanismo de eno ación del u o median e el cual la muje pod ía
escoge a alguien de su con ianza con la inalidad especí ica de no en o pece las decisiones y acciones que
és a oma a de mane a indi idual, pe o que sin emba go se ía de “pa aguas legal” a ojos de los a ones
(Can a ella, 1991b: 37; Resina Sola, 1990: 99, 107-8).
2.2 La muje y la amilia
Poco a poco se a con o mando el en amado que nos lle a á a a e igua cómo las muje es pudie on
eje ce la polí ica a pesa de no es a gua ecidas legalmen e pa a ac ua de al modo en la es e a pública,
espacio des inado únicamen e a los a ones. Reco demos, en onces, que la amilia es el espacio p i ado,
el á ea que ocupa la muje con libe ad en odas las ases de su exis encia, desde que nace has a su
allecimien o, y bajo la cual ha de cumpli con las pau as que le han sido asignadas, del mismo modo que
hace homb e lle ando a cabo sus p opósi os en el ma co de la ida pública po medio de la p omoción
social, ascendiendo desde el cu sus hono um.
Se una buena hija p opo ciona a aquel que eje ce la pa ia po es as5 sob e ella, bien sea su pad e,
su he mano o un u o designado en caso de al a los a ones de la amilia, pode casa la pa a así
muje es que come en la acción sin es a casadas o siendo iudas, ya que exis ía di e encia legal en e ambos é minos. También se condenaba
en los homb es, pe o la pena no implicaba la mue e del indi iduo; bien es cie o que la e olución de la pena, en la e o ma legal de Augus o,
conlle a el des ie o como única sanción pa a la muje in iel con la lex Iulia de adul e iis.
3) La diosa Venus con el epí e o obsequens, es deci , compasi a, apa ece g acias al edil Q. Fabio Gu ges, undado de un emplo cons uido
g acias al dine o p ocu ado po las muje es acusadas de habe come ido adul e io. En o no a es a di inidad, y ambién a Júpi e , se celeb aba
la es i idad de las Vinalia Rus ica el día 19 de agos o.
4) El eme um es el ino que no ha sido educido con agua. En Roma el consumo de ino e a bas an e habi ual, no obs an e solía especia se
y mezcla se con agua. Asimismo, o maba solía o ma pa e de algunos i uales eligiosos, sin emba go el consumo po pa e de las muje es
es aba p ohibido po conside a que las inci aba a la pe e sión sexual y a come e in idelidades.
5) La pa ia po es as es un enómeno ju ídico omano según el cual el homb e que eje ce de cabeza de amilia eje ce un pode y un con ol
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es ablece o e o za ambiciosos lazos polí icos con o as amilias. Como esposa la omana puede pasea
lib emen e po odos los depa amen os de la domus, aunque quizás lo más so p enden e es que se le
pe mi e acompaña a su ma ido como conso e en euniones o e en os celeb ados en la suya y o as
casas (Hemel ijk, 1999: 9-10; Pome oy, 1999: 212). No es descabellado pensa que incluso pa icipa a
en con e saciones, cos umb e que sabemos p ac icaba Se ilia Caepionis, muje eno memen e polí ica,
además de se la mad e de B u o, uno de los asesinos de Julio Césa . Vol iendo al ciclo de la ida emenino
en Roma, en su papel de mad e si mo i ación p incipal debía se c ia a sus hijos, algo caduco ya en el
iempo de Táci o –siglos I-II d. C.– el cual señala en su ob a que en el pasado las mad es se ocupaban
pe sonalmen e de sus hijos y no si ien as con a adas como en época impe ial, “nam p idem suus cuique
ilius, ex cas a pa en e na us, non in cellula emp ae nu icis, sed g emio ac sinu ma is educaba u , non in
cellula emp ae nu icis, cuius p aecipua laus e a ue i domum e inse i e libe is”6 (Dial. de o ., 28). La
muje se enca gaba además, jun o a sus esposos y men o es, de educa les y de ansmi i les los alo es del
pensamien o adicional omano –es deci , la cos umb e ances al y pa ia cal–, pe o ambién u ie on la
opo unidad de inculca les no edosos in lujos, como sucede á con Co nelia quien, ayudada po Dió anes
de Mi ilene, ans i ió cie as doc inas helenís icas, como la idea de la democ acia, a sus hijos, los amosos
he manos Tibe io y Cayo Semp onio G aco, quienes a su ez ins au a on es a idea en Roma. El inal del
sende o de es a ma ona op ima es la iudedad, a la que ha de en en a se con sob iedad y man eniendo
el duelo, asun o que en época de Augus o hubo de se enmendado egula izándolo legalmen e: les es aba
pe mi ido un duelo de dos años con la obligación de ol e a con ae nupcias. Las cons an es caídas
demog á icas hacían necesa ias nue as uniones, así que ambién ue aplicada a las pe sonas di o ciadas,
con un lapso de ocho meses en e el in de un ma imonio y el inicio de o o (Can a ella, 1991a: 210).
Lacey concluye que “los omanos se en a sí mismos como una g an amilia” (1986: 125) pa a
de ende su esme ada conclusión, que el Es ado omano es una amilia. La pa ia po es as se ía, po ende,
el mo o que ige las elaciones públicas en Roma, es ipulando una ez más la incapacidad emenina pa a
desa olla y ejecu a el pode público, pues o que de una y o a o ma queda some ida a las sujeciones
de los pa es amilias del Es ado. Sin emba go, la muje ocupó una posición muy impo an e en la amilia
como hija, esposa y mad e, y el ma imonio con inuó siendo, g acias al ius libe o um, el medio más e icaz
pa a con ibui con el Es ado, ya que po un lado apo aba nue os ciudadanos, an necesa ios sob e odo
en las cons an es acciones bélicas, y po o o con ibuía con su p opio pa imonio al desa ollo de la
economía es a al po medio la p omoción social de esposos e hijos y educando a és os úl imos según la
adición pa ia cal omana. Pe ec a conocedo a de sus limi aciones, e i ó las ba e as que su gían de la
eclusión domés ica some iéndose conscien emen e al pode masculino, sabedo as de que indi idualmen e
ob end ían an ansiado pode sólo a a és de los a ones del hoga , desde la amilia.
3. La muje y la eligión en Roma
La ma ona omana posee de echos ci iles, pe o no polí icos, po lo que no puede ealiza las es
labo es undamen ales del homb e pa a con la ida pública de Roma p e iamen e enume adas: no puede
o a , ni hace ca e a polí ica, ni o ma pa e del ejé ci o. En la eligión omana, no obs an e, la muje
domina un luga de mayo impo ancia que el que ocupa en la polí ica, pe o sin emba go no es u ilizado,
al menos de o ma palpable a ojos de los homb es. Lo que se espe a de ella es el cumplimien o del ideal
de muje omana, delicada, cas a y de o a de su amilia, así como piadosa en el ámbi o eligioso siemp e
en bene icio de los suyos. Es deci , a pesa de que la muje no enía capacidad legal pa a ac ua en la
es e a pública, debido a que és e es un espacio ese ado en exclusi a a los a ones, sí alcanzó el éxi o en
la polí ica u ilizando caminos indi ec os que es aban a su alcance.
absolu o sob e el es o de componen es de la unidad amilia . Del mismo modo lo hace sob e las muje es del hoga , bien sea la esposa, la
he mana o la hija, odas quedan some idas a es a ley. La au o idad que p o esaba e a al que podía incluso in ligi la pena capi al sob e los
miemb os de su amilia.
6) “An año los hijos p opios e an nacidos de una mad e cas a, no e an c iados en la habi ación de una nod iza, sino que e an c iados en el
ien e y el seno de su mad e, cuya mayo glo ia e a p o ege el hoga y se i a los hijos” ( aducción p opia).
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Cong eso In e nacional De La Asociacion Uni e si a ia De Es udios De Las Muje es (Audem)
La ía más empleada pa a log a al in e a pa icipa a a és de sus esposos e hijos p omo iendo
socialmen e las ca e as polí icas de mane a sub ep icia a los miemb os a ones de su amilia –g acias a la
posesión de impo an es medios económicos–, aunque ambién se dio el eje cicio de la in luencia di ec a
y absolu a sob e las acciones de aquéllos. No obs an e, la mane a más b illan e y o iginal de ob ene el
pode polí ico po pa e de las muje es ue se i se de asociaciones eligiosas y es i idades del calenda io
omano, como puede sucede g acias a la pe enencia al conjun o de las Ví genes Ves ales7, la celeb ación
del cul o a Fo una Mulieb is y la cu iosa undación de su san ua io, o la celeb ación de las ies as de
las Ma onalia. És os son algunos ejemplos de es a in usión de la muje de la éli e omana en la es e a
pública ap o echando es os encuen os cul uales (Cid, 1999: 43 y ss.). Al hilo de es o, la muje inde
cul o habi ualmen e a di inidades asociadas con ca ac e ís icas o elemen os de la ida emenina, ales
como el ma imonio, el emba azo, la salud en el pa o y o aleza pa a los hijos ecién nacidos (Cid, 2007:
357 y ss.). Ap o echando la dico omía exis en e en algunos cul os en e “di inidades de los homb es” y
“di inidades de las muje es” se en iende que la eligión pudo se u ilizada po las muje es como una ía de
asociación, sob e odo po aquellas que pe enecen a la éli e omana, pa a ene la opo unidad de euni se
y discu i asun os polí icos, e ulias que, bajo o as ci cuns ancias no pod ían lle a se a é mino. Hon a a
di inidades de o ma conjun a, bajo p ecep os ca ac e ís icos de la eminidad, que ela po las ac i idades
p opias de su sexo, la pa e masculina de la población igno a o no se p eocupa de cuáles son los con enidos
a ados ealmen e en es as euniones.
Con odo, puede deci se que la eligión pa a las muje es signi icaba una especie de compensación
po la exclusión que ecibía po pa e de los homb es en el es o de ci cuns ancias que se daban en la
es e a pública. Su plena pa icipación en nume osas es i idades p opias del calenda io, que en e o as
cosas se ocupaba de di igi la ida polí ica de la ciudad, da ía luga a euniones, g upos de e ulia o
“lobbies” (Can a ella, 1996: 124) donde pode , quizás, esuci a an iguos ínculos y c ea o os nue os
con in enciones di e sas (Cullham, 2004: 145).
3.1 Asociaciones en o no a un cul o
Como hemos ido iendo, la amilia y el es ado son en Roma un mismo o ganismo, son de análoga
na u aleza. De es e modo, ambién la eligión o ma pa e del conjun o es a al y con o ma una pa e i al
en cuan o que, al con a io que en o as ins i uciones, en ella pa icipa la g an mayo ía de la población,
sin dis inción de clase o condición sexual. Ello no signi ica que oda la sociedad ome pa e de mane a
unánime en las celeb aciones públicas, ya que en es e sen ido, como en el es o de acciones que suceden
ue a del ámbi o p i ado de la domus, exis en dis inciones. Hay cul os especí icamen e p og amados pa a
homb es y o os espaldados po muje es, de la misma mane a que los hay de pa icipación conjun a en e
pa icios y plebeyos, así como ambién hay di inidades que equie en una celeb ación p o agonizada po
gen es de un mismo géne o, pe o con una u o a pe enencia social. Pa a ilus a es a sen encia debemos
menciona el caso de la diosa Pudici ia Pa icia. El ela o (Li io, X, 22-23) a a ace ca de una pa icia,
Vi ginia, que en el 296 a. C. e igió un al a al e na i o al de la diosa pa icia –ac o po o o lado an
imp ac icable como i eal, pues hab ía necesi ado una o den sena o ial pa a lle a lo a cabo– cambiando
su epí e o po el de Plebeia, ya que había sido excluida del cul o a es a diosa po las o as muje es que se
encon aban en el emplo asignado pa a la Cas idad Pa icia en el Fo o Boa io. El mo i o ue que su unión
ma imonial con un plebeyo la había uel o indigna pa a pa icipa en es e cul o asignado en exclusi a a
las pa icias.
En es e con ex o compa a i o sob e la endencia cen ípe a que las ins i uciones adquie en con
espec o al Es ado, es ineludible habla ambién de las ci adas Ves ales. Fo man pa e de un collegium, es
deci , una asociación de pe sonas eligiosas en o no al cul o público a la diosa Ves a, pe o lo más des acable
es que és e es el único colegio sace do al in eg ado po muje es y, además, son las únicas en Roma que
7) Las Ves ales inden cul o a la diosa Ves a, di inidad del hoga , y su p incipal labo consis ía en man ene encendida la llama del emplo,
ya que ep esen aba la llama de la mo ada amilia . Con o man un g upo de sace do isas í genes o ganizadas en o no a un collegium que
de mane a excepcional y a di e encia de los o os collegia, odos masculinos, es á ocupado de mane a exclusi amen e po muje es. De hecho,
son las únicas muje es en Roma que escapan a la u ela legal masculina (Baye , 1983: 113).
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Mas igualdad. Redes pa a la igualdad
ca ecen de la u ela legal masculina, aunque de ac o el Pon í ice Máximo hace las eces de p o ec o y guía,
al es ilo del pa e de la amilia (Pome oy, 1999: 237). Es as sace do isas, dejando a un lado los aspec os
a chiconocidos ace ca de la cas idad, consecuencias de su incumplimien o (Mon e o He e o, 1994: 83),
los años de pe manencia en el cue po sace do al y o as peculia idades (Baye , 1984: 113), cumplían
p incipalmen e con la labo de la p ese a del uego en la mo ada de la diosa Ves a en el o o, a la que
se ían, el cual ha de se p ese ado del mismo modo que del hoga en la domus amilia , con lo cual la
simbología que elaciona ambas ac i idades es más que e iden e. Según Pome oy (1999: 236), las Ves ales
desempeñan un papel polí ico de cie a impo ancia en los dos úl imos siglos de la República. En el año
114 a. C., es de ellas ue on acusadas po el pon i ex maximus y en el 73 a. C. se elacionó al g upo de
implicaciones con Ca ilina y C aso. Aun conociendo es os acon ecimien os, el g upo de las Ves ales no
se ajus a ía a nues o modelo asociacionis a debido a dos mo i os: se a a de una ag upación de muje es,
cie amen e, pe o a di e encia de “las nues as”, és as quedan con empladas en ma co legal omano como
al y, en segundo luga , conociendo sus unciones y acciones, en ningún caso se nos apa ecen como un
colec i o de p esión social. Con odo, las conje u as c eadas al ededo de las Ves ales no son más que una
p oducción de la his o iog a ía ac ual an e una asociación emenina ins i ucionalizada que, p ecisamen e
po es e mo i o, no se epe i á bajo ninguna o a ci cuns ancia; al iempo que esul a di ícil en ende la
in ención de hace lo encaja con los alo es omanos.
Siguiendo la línea de las asociaciones emeninas, es inexcusable menciona a la diosa Fo una en
su ace a de p o ec o a de las muje es, p incipalmen e po dos azones: el mi o ace ca de la undación de
su emplo en Roma y su elación con el acon ecimien o polí ico emenino. El suceso diplomá ico al que
es á ligada la undación del san ua io en hono a la diosa da a del siglo V a. C., aunque no me ex ende é,
pues o que el ema es e omado unos capí ulos más adelan e en es e ex o: Co iolano, un gene al áns uga
que decidió alia se con los enemigos de Roma y ma cha en a mas con a ella desde la on e a delimi ada
po el age de la ciudad, ecibió la isi a de un pa lamen o de muje es, cons i uido po la que con ocó
la eunión, jun o con su mad e y su esposa, y ello impidió que el nues o p o agonis a ca ga a con a la
U bs. La uen e p incipal que nos in o ma sob e es o es Ti o Li io, quien habla de es e g upo de muje
en é minos asocia i os: “inges mulie um agmen”, es deci , una g an asamblea de muje es. y ecoge la
e ección del emplo a la men ada diosa (Li io, II, 40), cuya azón ue conmemo a el éxi o diplomá ico
ob enido po es as muje es. Es con enien e un b e e apun e ace ca de la di inidad. Fo una es una diosa
que ma ca odas las ases de la ida de la muje que comen ábamos en páginas an e io es men ado la
signi icación simbólica de los i os de paso. Como Fo una Vi ginalis se ocupa de los jó enes de ambos
sexos que es án en edad de con ae ma imonio; como Fo una P imigenia se enca ga del ma imonio, de
las mad es y de los nacimien os; la Fo una P enes e p o ege asimismo a los a ones y p ese a la bonanza
económica. Igualmen e, se cons uye on bajo su p o ección nume osos emplos a lo la go de los siglos,
se unió su cul o en alguna ocasión al de Ma e Ma u a en el Fo o Boa io o al de la Pudici ia Pa icia
que an es comen é. Resul a e iden e que la elación en e és a y o as diosas emeninas se p oduce bajo
las ad ocaciones ma onales que odas compa en en sus cul os y p ac ican es (no malmen e uni i ae o
ma onas en gene al). Asimismo, había una Fo una Vi ilis o una Balnea is, po pone algunos ejemplos.
Ace ca de Fo una Mulieb is, la de las muje es, lo que in e esa con espec o a las asociaciones eligiosas es
que el i o hab ía seguido man eniéndose como ecue do del log o emenino a a o del es ado omano,
en una es e a polí ica ese ada en ealidad al géne o masculino; y ello como una he encia de la na ación
ace ca de la undación de su cul o inculada además a amas bélicas. De los abajos más impo an es
ace ca de la diosa Fo una, el que mayo p o undidad o o ga a su o ma como Fo una Mulieb is es la ob a
de Champeaux (1982: 334-73). Descub imos aquí la dualidad de es a diosa, la cual ac úa en bene icio de
la i ud y cualidades de las muje es po un lado, sin inculaciones polí icas, que es la unción esidual de
las celeb aciones a es a Fo una de las Muje es, y po o o lado, ambién con el epí e o emenino, in e iene
en la gue a desde el he oísmo ma onal pe cibido an o en la leyenda como en la ep esen ación igu a i a
de la di inidad, es ida con es ola y a mada pa a la ba alla.
Po úl imo, el cul o a la mis e iosa Bona Dea. Es ambién una diosa ma onal, pe o el sec e ismo
que gi a en o no a su celeb ación p o ocó las amosas, pe o du as, palab as de Ju enal, “sed quis cus odie
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Cong eso In e nacional De La Asociacion Uni e si a ia De Es udios De Las Muje es (Audem)
ipsos cus odes?”, quién cus odia á los p opios gua dias (VI, 348), e i iéndose a los escol as que p o egían a
las muje es en los ecin os donde se celeb aban, ya que en es e ex o el au o nos p esen a una deg adación
del i o ances al, ans o mado en encuen os de muje es eunidas pa a baila , bebe ino y desa a su
impudicia, es e a a la que incluso los p opios cen inelas podían sucumbi . En e sus palab as encon amos
una alusión al episodio de Clodio, el supues o aman e de Pompeya, esposa de Julio Césa : en el 63 a. C.
ue on p o agonis as de un escandaloso suceso en elación con la celeb ación en casa del polí ico de un
g upo de icas muje es, esposas de o os magis ados, en hono a la diosa Bona Dea. Césa se di o ció de su
esposa acusada de habe come ido adul e io du an e es a celeb ación en su casa, cuyo i ual excluye a los
homb es. Al pa ece , Clodio, el jo en aman e de Pompeya había en ado en el hoga dis azado de muje
como pa e de la cong egación musical que amenizaba la ocasión, pe o ue descubie o y ello p o ocó la
i a de Césa y su pos e io di o cio (Balsdon, 1983: 244). Es e ela o no hace más que e o za la idea
de que las asociaciones en el mundo eligioso omano e an ecuen es en e la colec i idad emenina
y no sólo espondían a la es ic a celeb ación i ual, sino que, en el caso de Bona Dea, e a además una
ies a acompañada de música y ino y a la cual los homb es no podían acudi (Cullham, 2004: 145).
Des inculándolos del pe nicioso ela o, pod íamos e que es os encuen os se i ían como un indicado
de que las muje es lle aban a cabo las euniones o e ulias clandes inas donde a a an emas elacionados
con la polí ica, ap o echando el sec e ismo que en ol ía la ce emonia, ¿qué mejo ocasión pa a con e sa
sob e asun os que en público les es aban e ados?
O a ocasión pa a euni se pudo habe sido la celeb ación de las Ma onalia8, ya que según Bauman
(1994) se u iliza incluso un é mino pa a designa una especie de ag upación emenina de la éli e omana
que se eunía du an e es a es i idad, con en um ma ona um. Del mismo modo puede que la his o ia de la
undación del san ua io de Fo una Mulieb is es é ligada a las nume osas ocasiones en que las ma onas se
han eunido bajo p ecep os eligiosos elacionados con es a diosa o su cul o, pe o cuya au én ica inalidad
se ía la de a a asun os de es ado en momen os c uciales pa a la ciudad y pa a ellas mismas, al in y
al cabo, pa a in e eni en polí ica. Pe o, en el caso de que el episodio de Co iolano y sus muje es no
uese una leyenda, la p egun a opo una aquí se ía, si no es una leyenda, ¿bajo qué ci cuns ancias legales
c eye on las muje es que pod ían ac ua y, más impo an e, po qué c eye on que se ían escuchadas po
los a ones si la ju isp udencia omana nunca con empló al desen ol u a diplomá ica po pa e de las
muje es? Es aquí donde se o na incues ionable la conexión en e el desempeño de acciones polí icas po
pa e de las muje es y el enómeno de asociación emenino en o no a un cul o o celeb ación eligiosa: si
las leyes no apoyan la pene ación de la muje en el ámbi o público, la eunión eligiosa es un buen medio
pa a enmasca a la in e ención o pa icipación en la polí ica omana.
4. E olución polí ica de la muje desde el enómeno asocia i o
Po lo que hemos is o, la posición de la muje es ambigua. Sabemos que la ida co idiana de las
omanas ha de sob e eni den o del hoga desempeñando las labo es que les son exigidas. Sin emba go, en
su posición de hijas, he manas, esposas o mad es de homb es pe enecien es a la éli e y, en consecuencia,
con una ida pública ac i a, pueden p opaga su in luencia en la polí ica de Roma a a és de ellos, es
deci , ans e i se desde el ámbi o domés ico hacia el no p i ado, con el p opósi o de pa icipa , so eando
la es ingida legalidad emenina, en la ida pública. Como al e na i a a es e enómeno indi idualis a
pa a pe pe ua ges iones polí icas, apa ece pa alelamen e el mo imien o asociacionis a emenino, el cual
pe sigue análogos p opósi os.
A es e espec o, las e en ualidades sociopolí icas del agi ado pe iodo epublicano p o ocan el
cambio in e no de las asociaciones eligiosas has a ans o ma se en un modelo de ag upación emenina
8) Las Ma onalia se celeb an en las kalendas de ma zo, es deci , el p ime día del mes. Es una ies a p o agonizada po las ma onae o muje es
casadas. El mi o de la undación de la es i idad no es o o que el del “ ap o de las sabinas” po pa e de los omanos, que ca ecían de muje es
en su e i o io y hubie on de ap isiona las en la localidad ecina. Es as muje es, aunque de mane a ic icia, ue on las p ime as muje es
cong egadas según el modelo de la asociación que log a on un éxi o diplomá ico. Es á dedicada a Iuno Lucina, la diosa de los alumb amien os
y las muje es encin as.
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Mas igualdad. Redes pa a la igualdad
cuya inalidad polí ica ige su composición y desempeño de acciones. Re lejo de ello son los signi ica i os
hechos del 195 y 42 a. C.: el p ime o, en e e encia a la injus a lex Oppia, es ablecida con a la supues a
opulencia emenina, y el úl imo, la e uel a lide ada po Ho ensia en con a de la ibu ación impues a
po los iun i os a las muje es más acomodadas de Roma. Las muje es en Roma son, po un lado, lib es
de encon a se en los espacios públicos de la ciudad, y po o o, he ede as de la cos umb e eligiosa de los
encuen os emeninos en o no a un de e minado cul o o celeb ación, ya a ados an e io men e. Ambas
ue on dos ca ac e ís icas que esul a on cla e an o pa a el desa ollo del asociacionismo polí ico emenino
como pa a la acción desa ollada en o no a es as dos echas, cuyos al e cados ue on an impo an es que
siguen siendo ejemplo del desa ollo del eje cicio polí ico emenino en nues o iempo.
4.1 Le an amien o del 195 a. C. con a la lex oppia
T as la de o a omana con a Aníbal en Canas, se ap obó en el año 215 ó 214 a. C. (He man,
1964: 64) la lex Oppia, una o denanza con a la sun uosidad de las muje es que se impuso como medida
de cons icción económica. Sin emba go, años después se desa ó una e uel a de muje es que p o es aban
en con a de es a imposición, cuya mo i ación p incipal ue el eg eso de la os en ación, pe o que según
Bauman (1994: 31-7) se ue ans o mando en un acon ecimien o más in enso, un au én ico mo imien o
social que de i a á de o ma más in ensa en el suceso de la sup esión de las Bacanales en el 186 a. C.
(He man, 1964: 69-79; Bauman, 1994: 35 y ss.; Schul z, 2006: 82-94), donde hubo sospechas po pa e
de los magis ados de la ciudad, quienes conside a on es as euniones de muje es como excusas pa a la
conni encia polí ica, pe o al que po cues iones de ex ensión no pod é e e i me en es e abajo. Al pa ece ,
la epe cusión del mo imien o asocia i o emenino en cues iones de polí ica, llegó has a mediados del
siglo I a. C. en elación a un caso que enseguida e emos.
Con inuando con los sucesos que acon ecie on en el 195 a. C., la uen e p incipal de la que
disponemos pa a es e suceso es Ti o Li io (XXXIV, 1) quien ep oduce las p ohibiciones de las muje es:
las muje es no ienen pe mi ido po a más de cie a can idad de o o con ellas, ni es i con elas de
colo es ni u iliza ehículo en la Ciudad, a menos que sea pa a la celeb ación de alguna es i idad o
ac o eligioso. Las muje es, cansadas de dichas limi aciones, se le an a on en con a de los magis ados
omanos exigiendo la es au ación de sus de echos, conside ando que es a ley del pe iodo de las Gue as
Púnicas no comp endía ya ningún sen ido p ác ico. Los ibunos Publio y Ma co Junio B u o, que
p e endían no sólo man ene , sino endu ece las cláusulas de es a no ma i a, se en en a on a Ma co
Fundanio y Lucio Vale io, ambién ibunos de la plebe, p o ocando la escisión del g upo ibunicio
en e pa ida ios y de en o es de la ab ogación de la lex y el Capi olio se llenó de un g an núme o de
pa ida ios y ad e sa ios. En e los ad e sa ios de su eliminación in e ino Ma co Po cio Ca ón, quien
en es os momen os os en aba el pues o de cónsul, el cual p onunció un apasionado discu so a a o de
su con inuidad y en con a del le an amien o emenino que acompaña ía a la discusión. Den o del
ex enso ela o, econs uido y di undido po Li io (XXXIV, 2), hay menciones a un pasado en el que la
u ela masculina ya ci ada se ha ans igu ado en la in usión de la muje en el e eno polí ico. De igual
o ma, puede obse a se a a és de la u bación que b o a de las palab as de Ca ón con espec o a es e
le an amien o social de las muje es ilus es omanas el miedo que su e en e a la posibilidad que se les
p esen a de es e modo a las p o agonis as de la insu ección: la adquisición de de echos polí icos. Ello
supond ía la cla e pa a aden a se en la ida pública de Roma y hace isibles sus ac os que has a en onces
sólo e an posibles si se ealizaban de mane a encubie a a a és de sus amilia es masculinos o ambién
de o ma sibilina desde las euniones con coa ada eligiosa9. Nues o desconocimien o sob e po qué
que ían Ca ón y sus aliados conse a la ley hace más di ícil su comp ensión. No obs an e, conside o
que es e suceso ha de in e p e a se po in como una au én ica in usión emenina en el espacio público
polí ico, con a iamen e a la elegación a la es e a p i ada sob e la que es amos acos umb ados a lee ,
9) Recomiendo al lec o que consul e el es udio de Co és To a (2004: 210-2) sob e el con enido del discu so de Ca ón, ya que llama la
a ención sob e la e minología la ina que és e emplea pa a e e i se a las muje es insu ec as. Concep os asocia i os y ambién mili a es que
pod ían e ela , bajo la onalidad despec i a del apasionado discu so, o as in enciones de es e g upo emenino, é minos como impo en ia
mulibe i; summum pe iculum; cons e na io mulieb is; mulie um secessione; obsidendi ias.