Artículos • Chabier Gimeno Monterde • 53 • RETOS TRANSFRONTERIZOS DE LA INTERVENCIÓN EN BARRIOS MULTICULTURALES CROSS-BORDER CHALLENGES FOR COMMUNITY INTERVENTION IN MULTICULTURAL NEIGHBORHOODS Chabier Gimeno Monterde Universidad de Zaragoza
[email protected] Resumen: Esta investigación presenta un análisis comparativo entre dos ciudades transfronterizas del Pirineo y pretende identificar las dinámicas de colaboración público-privada, que favorecen la participación bottom-up en los barrios populares multiculturales. La metodología utilizada es cualitativa mediante las técnicas de entrevistas en profundidad y observación participante. Se detectan intervenciones similares para la promoción de la convivencia, la inclusión laboral y la renovación urbana, desarrolladas a través de estrategias participativas. Estas intervenciones con enfoque comunitario responden a los intereses económicos y políticos de los actores institucionales (públicos y privados), pues eluden la desigualdad y la diversidad cultural presente en el modelo de ciudad neoliberal. Esta disonancia explica la elusión de participación ciudadana, así como la sobrerrepresentación de los técnicos y el tejido social prestador de servicios en los espacios institucionales de participación Palabras Clave: comunidad, participación, diversidad, desigualdad, trabajo social, urbanismo. Abstract: This research, which presents a comparative analysis of two crossborder cities of the Pyrenees, aims to identify the dynamics of public-private collaboration that stimulate bottom-up participation in popular multicultural neighborhoods. The methodology is qualitative, using in-depth interviews and participant observation. Similar interventions are detected for promotion of coexistence, labor inclusion and urban renewal, all of them developed through participatory strategies. These community-based interventions respond to the economic and political interests of institutional actors (public and private), as they avoid inequality and cultural diversity in the neoliberal city model. This dissonance would explain the circumvention of citizen participation, and the over representation of technicians and entities who provide services in public institutions. Keywords: community, participation, diversity, inequality, social work, urban planning. Recibido: 05-10-2017 Aceptado: 05-12-2017 • Anduli • Nº 16 - 2017 • 53-72 • ISSN 16960270 • http://dx.doi.org/10.12795/anduli.2017.i16.04 •
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 16 - 2017 • 54 • 1. Dos modelos de políticas públicas para barrios multiculturales Desde 2012, con la colaboración de investigadores y profesionales de la intervención comunitaria de ambos Estados, realizamos un análisis comparativo entre barrios multiculturales de Zaragoza (Aragón) y Toulouse (Occitanie)1. Ambas ciudades son similares en población, pero divergentes en los modelos de políticas que se están aplicando en barrios con una alta diversidad cultural, consolidada tras los flujos de migraciones internacionales de las últimas décadas. La ciudad francesa tiene una fuerte intervención pública sobre el territorio, en clave urbanística y social. Con políticas que inciden especialmente en la participación de los habitantes más afectados por el desempleo y la exclusión social (Cefaï et al., 2012). El barrio estudiado, Bagatelle, fue construido en los años sesenta y, según los informes sociourbanísticos municipales, sufre desde los años setenta una degradación tanto en las construcciones como socialmente (Revitasud, 2010). Aunque a finales de los ‘70 hubo intentos de pequeñas intervenciones públicas, a mediados de los ‘90 se puso ya en marcha un proyecto de gran envergadura para transformar la imagen del barrio y mejorar la vida de sus habitantes. Se trata de un barrio próximo al metro, escasamente comunicado por otras vías con la ciudad, donde aproximadamente dos terceras partes de las viviendas son de tipo social, presentando un único tipo de construcción que mantenía un aspecto degradado. Un 20% de estas viviendas sociales contaban con 5 o más habitaciones, acogiendo a familias numerosas. La población del barrio estaba compuesta por un 25,5% de personas de nacionalidad extranjera y el número de perceptores de la renta mínima o Renta de Solidaridad Activa (RSA) era del 36,7% de los habitantes. Durante los años ‘90 aumentó hasta el 17% el número de viviendas vacías, abandonándose progresivamente también las actividades económicas locales (comercio, pequeños talleres, etc). En contraste, existe un gran número de equipamientos públicos ubicados dentro del barrio, que lo han convertido, por su situación respecto al centro urbano y sus comunicaciones con las vías periféricas, en un objetivo “prioritario” de las actuales políticas de renovación urbana: siendo derribadas numerosas viviendas y construidas otras con estándares y habitantes de las clases medias. Por otro lado, el análisis de la intervención comunitaria en Zaragoza nos sitúa en un escenario de políticas públicas territoriales más híbridas. A pesar de su origen público, en la experiencia estudiada (el barrio de San Pablo, en el Casco Histórico), la participación de las entidades privadas, con y sin ánimo de lucro, está enraizada desde el diseño hasta la gestión final de proyectos. Entre ambos actores de la intervención hay una colaboración estrecha a través de procesos participativos promovidos desde la Administración. Estos procesos, aunque siguen el modelo ideológico socialdemócrata, son impulsados por entidades privadas benéfico-asistenciales, que dejan al margen la desigualdad y se focalizan sobre la diversidad cultural de la comunidad. La elección del barrio a estudiar, en este caso, no buscaba similitudes demográficas con Bagatelle, sino una experiencia dilatada en intervención comunitaria en un barrio con alta diversidad cultural. Puesto que el Casco Histórico es considerado distrito pionero en la ciudad en este enfoque. Aunque su condición de centralidad urbana 1 Actualmente esta investigación continua dentro del Proyecto de I+D+i “Convivencia y barrios multiculturales: conflicto y cohesión social en una España en crisis” (CSO2014-54487-R), dirigido por Pilar Monreal. Convocatoria 2014 “Retos de Investigación”. Ministerio de Economía y Competitividad.
Artículos • Chabier Gimeno Monterde • 55 • difiere del barrio periférico francés, la degradación sociourbanística a finales del siglo XX los aproxima. El distrito que lo engloba se encuentra en el centro geográfico de la ciudad y en el año 2015 tenía 46.879 habitantes, de los cuales el 24% eran de origen extranjero. Desde finales de los años ’80, los informes del Ayuntamiento analizados señalan, ya desde finales de los años ’80, que el barrio de San Pablo, en la zona oeste del área estudiada, concentraba el mayor grado de deterioro urbano y social. Se trata de la zona más poblada del centro y la segunda en extensión. Su economía se caracteriza por pequeños talleres artesanales y centros de hostelería. Con el nuevo siglo, cerraron numerosos establecimientos y se han abierto nuevos negocios con propietarios inmigrantes, así como industrias creativas. De la misma forma, ha aumentado la construcción de nuevas viviendas y la rehabilitación de muchos edificios que habían quedado abandonados. En el barrio de San Pablo conviven diversas culturas: población de etnia gitana (españoles y portugueses), familias autóctonas y población de origen extranjero (principalmente norteafricana y latinoamericana,) que no encuentra alojamiento y ha de acomodarse en infraviviendas de mala calidad. El porcentaje de estos últimos ha aumentado, sobretodo en edades comprendidas entre los 17 y 64 años. Gran parte de los vecinos tradicionales del barrio, cuya media de edad está en los 43 años, son aquellos que han estado vinculados al comercio artesano del llamado Mercado Central. Durante el paulatino proceso de degradación, se ha producido el éxodo de numerosas familias de clase media y trabajadora, hacia barrios con infraestructuras más modernas (Gómez, 2013). También ha ido empobreciéndose la población del barrio, que ha pasado de ser un barrio popular y económicamente central en la ciudad, a ser calificado como “barrio degradado” por la Administración Pública. Esta categorización se institucionalizó durante la transición política a principios de los años ‘80, tras la dictadura militar, con los nuevos ayuntamientos y la llegada de la izquierda socialdemócrata al poder. A partir de entonces, las instituciones públicas han realizado numerosos estudios para diagnosticar y atajar los orígenes de esa degradación. Esa acción pública ha tenido un especial interés, por un lado, en estimular una participación activa de los vecinos y, por otro, en hablar de la diversidad de sus orígenes étnicos y nacionales, obviándose su clase social y la desigualdad económica en la ciudad. Tabla 1. Características de los barrios Casco Histórico Bagatelle Población 18.202 7.840 Jóvenes (%) (<20 años) 16,5% 30 % Población de origen migrante (%) 28,9 25,5 Desempleo (%) - 46 Fuente: Gómez (2013) y Revitasud (2010). El objetivo de este análisis comparativo es identificar prácticas que favorezcan una participación bottom-up en las dinámicas de colaboración público-privada . A pesar de las diferencias en los modelos de gestión, los contextos de desafección hacia las políticas públicas y sociales son provocados por las intervenciones up-to-down, comunes en ambas ciudades.
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 16 - 2017 • 56 • Los recientes avances de la investigación han identificado dos claves para interpretar la fractura social, a las que dedicaremos este artículo (Epstein y Kirszbaum, 2016). Por un lado, estos barrios son escenarios comunitarios multiculturales como otros en Europa que, en ausencia de políticas interculturales, oscilan desde la coexistencia hasta la hostilidad. Con un clima de desbordamiento y estancamiento entre los profesionales de lo social, relacionado no sólo con las políticas de austeridad, sino también con carencias en sus competencias interculturales y en su formación en cuanto al enfoque comunitario. Y, por otro lado, es necesario aproximarse a las estrategias de deserción de los vecinos, que huyen de la intervención de políticos y técnicos, al mismo tiempo que se sumergen en ella, desorientando a los técnicos que concurren en estos nuevos “exorcismos urbanos” (Virno, 2003; Sorando, 2014). Reconocemos que en ese “exit” los habitantes señalan un margen de mejora en las políticas públicas en contextos multiculturales. 2. Metodología Esta investigación se inició en el marco del estudio de las migraciones trasnacionales y evolucionó hacia el actual estudio de la gestión de la diversidad cultural en ambas ciudades. El enfoque metodológico es el de una investigación multisituada (Empez, 2009). Aunque comenzó observando la movilidad circular de jóvenes magrebís entre ambas ciudades, esta línea de trabajo nos condujo a estudiar el campo social de este grupo (Gimeno, 2015). En ese contexto, quisimos captar las relaciones entre los contextos espaciales, los barrios de ambas ciudades en los que residían estas comunidades de origen migrante. La investigación fue derivando hacia las políticas aplicadas en estos barrios, más allá de la diversidad de localizaciones donde estábamos investigando. Así que tuvimos que construir un objeto de estudio centrado en las relaciones, asociaciones y vínculos entre esos lugares (Rivero, 2017). Los vínculos entre administraciones públicas, que comparten proyectos transfronterizos de intervención sociourbanística (Revitasud, 2010; Rehabitat, 2013), y los vínculos entre sus habitantes, que conforman en su conjunto un espacio social poco explorado hasta ahora. Para comprender estas intervenciones, hemos realizado un análisis documental (planes, evaluaciones, memorias, etc) de las iniciativas privadas y públicas orientadas a la población que reside en los barrios de Casco Histórico (Zaragoza) y de Bagatelle (Toulouse), que tienen en común el elevado porcentaje de habitantes de origen migrante. En ambas ciudades (tabla 2), hemos realizado entrevistas con profesionales de la sanidad, la participación y la acción social, así como a vecinos y activistas que trabajan con orientación comunitaria. Aprovechando, para el caso de Zaragoza, los discursos captados en los grupos de discusión con habitantes participantes en programas sociales de inserción laboral, que nos han aportado también la visión de la población más vulnerable. También hemos complementado este trabajo de campo con la observación participante en espacios y actividades comunitarias, así como con observaciones urbanas (Delgado, 2003).
Artículos • Chabier Gimeno Monterde • 57 • Tabla 2. Metodología utilizada Técnica Descripción Zaragoza Análisis documental Plan Integral Casco Histórico (PICH) Planes de 19972004; 2005-2012; 2013-2020 Entrevista semiestructurada Trabajadores sector público 3 Trabajadores sector privado 4 Activistas 3 Habitantes 4 Grupo de discusión Trabajadores proyecto de inserción laboral 2 grupos (total 12 participantes) Observación participante Encuentro comunitario (PICH) 1 Espacio técnico de relación 2 Observación urbana San Pablo (zona oeste del Casco Histórico) 6 Toulouse Análisis documental Diagnóstico del barrio (Centro Social) 2014-2017 Contrato proyecto (Centro Social) 2014-2017 Plan de Acciones (Centro Social) 2014-2017 Proyecto transfronterizo Revitasud 2003-2008 Entrevista semiestructurada Trabajadores sector privado 5 Trabajadores sector público 6 Activista 1 Investigadoras 2 Observación participante Encuentro Ayuntamientos de Zaragoza y Toulouse Mayo 2016 Tertulia – almuerzo en asociación de desempleados 1 Observación urbana Bagatelle, Le Mirail, Empalot 6 (cuaderno de campo) Fuente: elaboración propia
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 16 - 2017 • 58 • 3. La intervención social comunitaria en la Politique de la Ville francesa 3.1. La Política de la Ciudad como marco En Francia, las políticas públicas orientadas al entorno urbano toman forma de Politique de la Ville (Política de la Ciudad): “una política de lucha contra la exclusión, desarrollada en un marco territorial, a favor de zonas urbanas donde la precariedad social es elevada, y dirigida por el Estado en partenariado contractual con los municipios” (Cour de Comptes, 2002). A partir de la Ley de Programación para la Ciudad y la Cohesión Urbana (febrero 2014), el Contrat de Ville (Contrato de Ciudad) es el nuevo marco de las acciones de estas políticas. Su objetivo es reducir las desigualdades en los denominados “barrios prioritarios” (Kirszbaum y Epstein, 2010), que concentran la mayoría de los habitantes con unos ingresos inferiores a 11.900 € por año (54.000 personas en Toulouse). El nuevo Contrato es un plan de acciones de seis años, orientadas a: la calidad de vida, la cohesión social y el desarrollo económico, contribuyendo así a luchar contra las discriminaciones, reforzar la igualdad de género y mejorar la participación de la juventud de estos barrios. Respecto a la calidad de vida, dado que la vivienda pública es mayoritaria en muchos de ellos, las actuaciones están orientadas a la renovación urbana. Es decir, a la reforma o, en su caso, a la demolición de los grandes conjuntos de viviendas heredados de los años ‘60, así como a la redefinición de los espacios públicos. De esta forma, se aspira a “garantizar la tranquilidad de los habitantes en su barrio” (Epstein, 2016), en clara referencia a los motines urbanos intensificados a partir de 2005, y que se centraron en estos barrios. En cuanto a la cohesión social, las acciones se focalizan sobre la educación2, el deporte y la “vida de barrio”. Esta última, entendida como la convivencia en el territorio, se pretende mejorar mediante el desarrollo económico y la inserción laboral, en unos barrios con un elevado índice de desempleo, y que han pasado por dos fases históricas muy diferentes. Dichos barrios se diseñaron para las clases medias, en un periodo de expansión económica (“Trente Glorieuses”, entre 1945 y 1973), antes de la crisis europea del Estado del Bienestar. Y, a partir de los años ‘80, acogieron a población de origen migrante, en un nuevo periodo económico, caracterizado por mayores dificultades para incluir socialmente a estos nuevos habitantes a través del empleo; así como por el declive de la movilidad social a través de la formación (Santelli, 2002). Ambos retos han derivado en la sociedad francesa fracturada de hoy. Las acciones del Contrato de Ciudad, en este ámbito, van orientadas a promover mejoras en la empleabilidad de los habitantes, así como a financiar actividades económicas con el Tercer Sector. La Ley de febrero de 2014, anteriormente citada, pretende la adhesión de los habitantes en la elaboración y el seguimiento del Contrat de Ville. Por lo que en Toulouse y en otras ciudades se han puesto en marcha los conseils citoyens (consejos ciudadanos) para cada barrio prioritario. Estos consejos están compuestos por habitantes (sorteados según las listas electorales o por propia candidatura), asociaciones, profesionales y comerciantes con presencia en el barrio. Ellos serán los encargados de expresar las necesidades de los barrios y de apoyar los proyectos de mejora urbanística y social. De los doce consejos de Toulouse, en el barrio estudiado actúa el que agrupa Bagatelle, La Faourette, Papus, Tabar y Bordelongue. 2 Los municipios franceses tienen competencias en inversión (construcción, reconstrucción) equipamiento y funcionamiento.
Artículos • Chabier Gimeno Monterde • 59 • 3.2. La intervención con comunidades En primer lugar, debemos abordar algunas aclaraciones para lectores hispanohablantes, que permitirán situar la intervención con enfoque comunitario en el sur de Francia y facilitarán un análisis comparativo posterior. Por un lado, en el Trabajo Social francés existe una diferenciación metodológica similar, entre la intervención individual, grupal o comunitaria. Aunque con matices importantes, que explican diferencias evidentes en las acciones comunitarias observadas en Bagatelle. El Trabajo Social en Francia tiene una impronta transformadora y humanista, especialmente vinculada a lo comunitario, que se ha puesto públicamente en cuestión y está en el centro del debate actual sobre la disciplina (Dubasque, 2014). Esto ha suscitado desconfianza en quienes diseñan la Política de la Ciudad, por creer que puede derivar en comunitarismo o segregación étnica (Giraud, 2010; Capelier y Malochet, 2011). Esa misión de transformación de las comunidades es atribuida por el Consejo Superior del Trabajo Social francés a la Intervención Social de Interés Colectivo (ISIC), que busca reforzar los lazos de la persona con sus redes primarias, con los grupos de pertenencia y con los organismos existentes en su entorno de vida. Para ello establece varios niveles de intervención, que mostramos en la siguiente tabla: Tabla 3. Niveles de intervención y acciones Travail social de groupe (TSG) Reuniones puntuales centradas en una actividad propuesta por el trabajador social (café social, etc). Grupos centrados en el desarrollo personal de los miembros y en la dinámica interna del grupo (violencia de género, etc). Travail social communautaire (TSC) Grupos abiertos que desarrollan, además, una dinámica externa: apertura hacia problemáticas colectivas, implicando a otros grupos, al territorio de vida (barrio, pueblo), a personas claves del entorno. Développement social local (DSL) Dinámica territorial de desarrollo social. Acciones que agrupan diversas personas e instituciones, y los habitantes de un barrio con el propósito de resolver problemas colectivos que interesan a todos. Fuente: Dubasque (2009) y De Robertis et al., (2008). El desarrollo de la ISIC actualmente se sitúa dentro de un binomio de gobernanza en periodo de asentamiento, marcado por las políticas sociales francesas. Dicho binomio se compone por el desarrollo local, estructurado en torno a la movilización endógena de los actores (Capelier y Malochet, 2011), y la territorialización, estructurada sobre la intervención exógena del poder político, y que toma la forma de priorizaciones (Denieuil, 2008). Acorde con esos debates políticos y académicos sobre la necesidad de reorientar la intervención pública sobre el territorio, especialmente en entornos urbanos de alta diversidad cultural como los estudiados, la ISIC está también hoy en un proceso de redefinición. Nuestra observación de los dispositivos de intervención comunitaria en Toulouse indica que existe un evidente problema de implantación de la intervención de interés colectivo. En primer lugar, porque la relación individual entre profesional y vecino prevalece sobre las aproximaciones colectivas. Algo común en ambos lados de la frontera. La denominada Intervención Social de Ayuda a la Persona (ISAP) francesa absorbe buena parte de los esfuerzos y los recursos de los servicios sociales desplegados en el territorio estudiado. Por lo que la ISIC permanece confinada a espacios específicos, los Centros Sociales, que suelen estar poco articulados con el trabajo social individual. Esta desconexión, en el caso francés, viene favorecida por el mayor grado de desarrollo histórico del Estado del Bienestar (État providence), que sitúa las demandas individuales y fami-
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 16 - 2017 • 60 • liares para cubrir las necesidades básicas (ingresos mínimos, vivienda, alimentación, sanidad, etc) en el terreno de los derechos subjetivos. Esas necesidades, una vez diagnosticadas, devienen en prestaciones, que son gestionadas desde un enfoque administrativo, antes que desde la intervención social. A esta burocratización de la intervención individual hemos de añadir lo advertido en las entrevistas con profesionales: las últimas generaciones de trabajadores sociales están menos familiarizadas con la ISIC, ya desde su itinerario formativo (Fourdrignier, 2010). Este déficit puede explicar parte de la reactivación del interés por la ISIC que hemos percibido en los foros profesionales y en algunos investigadores. Para éstos, la renovación del Trabajo Social pasa por la promoción de las personas, asumiendo un proyecto emancipador y la co-producción de cambios sociales (Dupuis-Hepner, 2015). En definitiva, por tomar una posición técnica de alianza con la comunidad (De Robertis, 2011). 3.3. Acciones de promoción de la cohesión social El Contrat de Ville para Bagatelle (tabla 4) recoge puntos que son comunes o asimilables a las políticas públicas desplegadas en el barrio estudiado en Zaragoza (tabla 5). Tabla 4. Contrat de Ville en Bagatelle (extracto). Objetivos Acciones Renovación urbana Demoliciones Espacios públicos “Vida de barrio” “Agir dans mon quartier” Empleo Empresas de inserción (Desbal Services) Programas de empleo en mantenimiento, etc Contratación en empresas ubicadas en el área Fuente: elaboración propia Nuestro trabajo de campo indica que, a partir de la crisis de las revueltas urbanas de 2005 (Sala-Pala, 2015), la promoción de la participación de los habitantes, en las zonas anteriormente diagnosticadas como “sensibles”, ha devenido en una política pública con carácter central en lo presupuestario (Kirszbaum y Epstein, 2010). Según la citada Ley de febrero 2014, la nueva política de la ciudad debe co-construirse. Asociando a los habitantes de los barrios a las decisiones que les conciernen, principalmente a través de la puesta en marcha de los Consejos Ciudadanos. A la vista de nuestra observación participante en diversas reuniones con entidades sociales y profesionales de Bagatelle (y otros barrios), hay tres objetivos explícitos en este giro de las políticas. En primer lugar, en el plano urbanístico, atenuar la concentración de vecinos de origen migrante empobrecidos, a través de la promoción de la mixité o mezcla con otras clases sociales (Kirszbaum, 2014). El desplazamiento de población de clases populares que vivían en viviendas públicas hacia otros barrios, sustituyendo su presencia con población de clases medias, es una estrategia central del Nuevo Programa Nacional de Renovación Urbana, en vigor hasta 2024 (Epstein, 2016). En segundo lugar, se despliegan acciones dirigidas a insertar laboralmente o mejorar la empleabilidad de esas mismas clases populares. Pues el desempleo en esos conjuntos urbanos “prioritarios” es muy superior a la media (22’8% frente a 13’5%, en el
Artículos • Chabier Gimeno Monterde • 61 • resto de Toulouse). Siguiendo para ello pautas de contratación sostenida con fondos públicos: empresas de inserción (como Desbals Services), programas de empleo vinculados al mantenimiento de la escena urbana y contratación subvencionada en grandes empresas del entorno del barrio. Como veremos, en clara consonancia con el barrio zaragozano. Y, en tercer lugar, con el objetivo de mejorar la convivencia, toda la estrategia de revitalización urbana observada se vincula a lograr la participación de los habitantes, así como de las entidades vecinales y las prestadoras de servicios (sociales y culturales). De hecho, para acceder a los fondos debe haberse firmado previamente el Contrato de Ciudad, implicándose en las estructuras de participación. Este es el nuevo “mandato de la participación” (Talpin, 2013). ¿Qué acogida tiene esta orientación participativa entre los trabajadores sociales? El discurso mayoritario nos remite a un ocultamiento de la dimensión económica y social de la vulnerabilidad de los barrios prioritarios estudiados (Dhers et al., 2011). Como reconocen los técnicos de niveles intermedios entrevistados, las políticas sociales siguen favoreciendo el desarrollo de dispositivos organizados alrededor de lógicas contables (cuantificando el número de beneficiarios, etc). Por lo que, una pregunta recurrente en estos encuentros ha sido:hasta dónde están dispuestos los financiadores estatales y las autoridades locales a aceptar una forma de intervención social comunitaria más emancipadora (De Bony y Nivolle, 2014). Es evidente que las Administraciones observadas, tanto municipales como estatales (Caisse d’Allocations Familiales), se sirven del DSL como una herramienta para responder mejor a las demandas de los territorios. De ahí acciones como Agir dans mon quartier, donde los vecinos pueden solicitar pequeñas subvenciones a fondo perdido, para proyectos de mejora de su entorno urbano y social próximo. De esto a una práctica social transformadora, puede quedar aún mucho, pues, hasta ahora, la población de Bagatelle es más un sujeto beneficiario, que un actor con igualdad de peso relativo en el renovado proceso comunitario. Dado que los vecinos “no participan” en la concepción de los proyectos, la ISIC observada suele caer en un trabajo interinstitucional: que extrae información de la población, voluntariamente ajena al proceso de diseño y decisión. Una herramienta más, por tanto, de la gobernanza a distancia (Epstein, 2005). Junto al mandato participativo, estas llamadas a participar que emiten los centros sociales deberían incluir, según los técnicos, un acompañamiento suficiente de la población afectada. Para no conducir a desilusiones desmovilizadoras (Epstein, 2016). Ese es uno de los retos que parecen estar encarando los Consejos Ciudadanos, todavía en fase experimental de implementación (Bacqué, 2015). Técnicos y activistas perciben igualmente oportunidades evidentes. Por un lado, el aumento del interés político por la participación activa de las personas en situación de exclusión (Talpin, 2013), cuando sólo la intervención comunitaria permite la emergencia de la voz colectiva de los grupos sociales y personas excluidas y estigmatizadas (Lorthois, 2000). Y, por otro lado, se reconoce que la Administración prima cada vez más las estrategias de comunicación de sus intervenciones. Esto beneficia a quienes apuestan por la ISIC, puesto que visibiliza mejor los resultados a corto plazo, toda vez que la ISAP suele quedar “en la sombra” (por los límites deontológicos). En definitiva, ante una crisis de legitimidad del État providence, la intervención comunitaria resulta más comunicable ante la población, los policy-makers o los financiadores.
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 16 - 2017 • 68 • social”. Esto es algo asumido por los técnicos entrevistados, y por la intervención comunitaria público-privada. Existe, pues, una voluntad de ciertos vecinos de rodearse de alteridad, de sacar de la coexistencia (o ausencia de relaciones entre vecinos tradicionales y nuevos) un beneficio si no social, al menos simbólico (Giroud, 2015). Esta posición, que calificamos como mimetismo, implica participar de este nuevo “mandato” que apunta a la convivencia como clave. Aproximarse lo justo para ser concebido como no hostil y luego retirarse, en cuanto se cumpla con los mínimos exigibles por los técnicos. Al mismo tiempo, intuimos que tanto para esa vida híbrida como para la oposición activista (iniciativas vecinales no vinculadas a la prestación de servicios) hay recursos técnicos y retóricos disponibles, capaces de “recuperarlos”. Sin embargo, la némesis de una intervención comunitaria exógena es esa forma natural de resistir. La tendencia de los vecinos a no ser operativizados en términos de la ingeniería social. No presentarse explícitamente ante lo institucional, vivir por encima y por debajo de lo que se está ordenando, uniformando. Ese camaleonismo que niega la participación, como algo viene de fuera de la vida comunitaria. Como reconocen los técnicos, ese es el mayor reto, dar voz y escuchar, al margen de lo que hasta ahora sabemos hacer (Rodríguez-Villasante, 2006). 6. Conclusiones El trabajo de campo multisituado nos demuestra, la referencia a una crisis del modelo de intervención social asistencial es universal. El discurso neoliberal, de culpabilización del individuo en situación de exclusión social, está obligando a los trabajadores sociales a actuar como técnicos de emergencias sanitarias en un conflicto bélico (tanto en la “retaguardia”, como en el “frente”). Mientras, los discursos profesionales registrados apuntan a la urgencia de otra ética, a un Trabajo Social de enfoque comunitario, concebido como una herramienta de transformación social. Paradójicamente, en los dos países la formación de estos profesionales tiene grandes carencias en metodología comunitaria. De forma que las programaciones orientadas a los barrios observados acaban centrándose en lo cultural. Bien para resaltar su diversidad (en Zaragoza), bien porque, aun cuando se parta del asimilacionismo, se priorizan las áreas con más población de origen migrante (en Toulouse). Se asumirían así los efectos de esas políticas neoliberales, al silenciar la desigualdad y la exclusión, siguiendo implícitamente el citado paradigma de la construcción de la ignorancia. Ante la necesidad de propiciar un compromiso ético con la solidaridad comunitaria, los técnicos de lo social implicados en estas intervenciones, antes que por la redistribución de la riqueza, optan en las dos ciudades por promover la participación vecinal. Aunque, ante este “mandato hacia la mixité social”, los que acaben compareciendo sean sobre todo técnicos y no ciudadanía. Esta resistencia toma también otras formas, como el mimetismo y el camaleonismo, y señalan a un desinterés universal por las propuestas de arriba a abajo, que obvian la equidad. En suma, intuimos que la ética neoliberal de estas intervenciones, que no cuestionan la desigualdad, está vinculada a los intereses económicos y políticos que representan los actores institucionales: entidades prestadoras de servicios, nueva filantropía y administraciones públicas. Intervenciones que abocan a las comunidades a asumir la responsabilidad de su desarrollo, frente a un Estado en retirada. Al mismo tiem-
Artículos • Chabier Gimeno Monterde • 69 • po que asfixian económica y administrativamente a las iniciativas comunitarias más horizontales. Aparentemente, el participacionismo y el culturalismo habrían sido asumidos por las clases populares de estos territorios, si atendemos a las memorias e informes que registran la participación puntual en las acciones propuestas. Aunque también percibimos que existen prácticas colectivas que, desertando, cortocircuitan la apropiación por parte de los intereses de las élites de los espacios de vida de las clases populares urbanas: otra participación, esta vez desde los márgenes. Bibliografía Aricó, G. et al. (2016). Barrios corsarios. Barcelona: Pol.len Edicions. Authier, J.Y. y Lehman-Frisch, S. (2013). La mixité dans les quartiers gentrifiés: un jeu d’enfants? Métropolitiques, 2, octubre. Bacqué, M. (2015). De la recherche à l’expertise et à l’engagement Retour sur une mission sur la participation dans la politique de la ville. Sociologie, vol. 6,(4), 401-416. https://doi.org/10.3917/socio.064.0401 Bergua, J.A. (2011). Estilos de investigación social. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza. Bishop, M. y Green, M. (2007). Philanthrocapitalism. How giving can save the world. London: Bloomsbury Publishing. Capelier, F. y Malochet, G. (2011). Une voie d’accès à la citoyenneté : le travail social communautaire. En M. Jaeger, Usagers ou citoyens? Les catégories de l’action sociale en question (pp.239-254). Malakoff: Dunod. Carrel, M. (2007). Pauvreté, citoyenneté et participation. Quatre positions dans le débat sur les modalités d’organisation de la participation des habitants dans les quartiers d’habitat social, Coopérer aujourd’hui, 54, 4-20. Cefaï, D. et al. (2012). Ethnographies de la participation. Participations, 4, 7-48. https:// doi.org/10.3917/parti.004.0005 Cour de Comptes (2002). La politique de la ville : rapport au président de la République suivi des réponses des administrations et des organismes intéressés. París: Cour de Comptes. Cresswell, T. (1996). In Place/Out of Place: Geography, Ideology and Transgression. Minneapolis: University of Minnesota Press. Dell’Umbria, A. (2009). ¿Chusma? Logroño: Pepitas de Calabaza. Denieuil, P.N. (2008). Développement social, local et territorial: repères thématiques et bibliographiques sur le cas français. Mondes en développement, 142, 113-130. https:// doi.org/10.3917/med.142.0113 De Bony, J. y Nivolle, P. (2014). Ethnographie d’un projet de développement social local. SociologieS [on line], Dossier, Les échelles territoriales de l’intervention sociale. De Robertis, C. (2011). Evoluciones y desafíos del Trabajo Social. Situación en Francia. Trabajo social hoy, 63, 53-72.
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