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Diario de un viaje a Oriente...

Moreno de la Tejera, Vicente

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DIARIO DE ARGEL, ÑAPOLES, POMPEYA YEL VESUBIO, SICILIA, GRECIA, EL ARCHIPIELAGO, TURQUÍA YEGIPTO. Viaje Tcriiicado áDoraloae la fragata de guerra •> Arapiles» POS 'DOS VICENTE MORENO DE LA TEJERA. ADMINISTRACION: calle del mesón de paredes, núm. 100. jVLuAXDIFIITD. o Es propiedad de Manuel Mar- •.inez7 ynadie, sin su consentimiento. podrá reimprimirla. Queda hecho el depósito que ..marea la ley. Imp. de Manuel Maktinez, Mesen de Paredes, 100. Al ILUSTRÍSISO SMOR D, IGNACIO GARCÍA DE TUSELA, CAPITAN DE NAVIO DE PRIMERA CLASE. Dígnese Y. ,amigo mió ,admitir estas páginas. En la primera debe figurar su nombre, el nombre del distinguido marino que con tanto acierto mandaba la fragata Arapiles en la excursión áque este libro se refiere . Hace seis años no hubiera osado dedicar áY. mi obra. Este acto liubiérase podido interpretar desfavorablemente para mí. Entonces era Y. mi jefe. Hoy que, retirado hace tiempo del servicio de la Armada, me consagro solo dentro de mi humilde ylimitada esfera de acción al cultivo de las ciencias yde las letras, esta dedicatoria no puede significar otra cosa que un público testimonio de afecto que se complace en tributarle su admirador yamigo, •CktrnU JUtm At ta %«ui. ma mmm & :>/ id sg or.rAv ac kati ia !.:l -í¡;: _¡ .; >•:.> 'ú- ..:•« voviiav. Liv&aiUii) iva 9-;ua;C:: io fy'áiílOíí U¿ .vw fi'UíSínq \ ;i:sv«ísis^tsrñ BtísbMfli elwoi; oti:», í*oo o: Ponhsaí o*-íf?íio :üa orídií sJeo ti *a¿.. jivvivi^v r> ::v ..-í-iíi-j im .7 ¿•.-vivvjfc obfiío «eitíaii cá¡: a¿~-: sskB ;a via :- :,i;:-;o7;íi>v5 ;ss.irnn. si eóibeq-S88ií«dHíf >fi/¿ eb;r:Im .• •r- ?oH ¿slol. Ira -sis v"i:iüíi.a .íítt fo-tóq oi va 0~yC'v03 •:...' a;:í or rfí!ü5]¿ aobos 9t) BTSÍaa ebBJifnii ver-lir^uíl ioisboiJ .• --V;i •. Joirrot::;- vi 05 ,v. ,v.-v Vi ¡O <>:. ,os¡;ns 7Toús‘úf:.!be as ohsii cih; na oaBíqtoc > -i )' jíiiMth ' INTRODUCCION. CARTAS ÁUN AMIGO. I. Con una candidez que te honra, querido amigo, me diriges los más duros epítetos, increpándome por lo que llamas mi indolencia. Solo siendo tan mi amigo puedes tratarme tan mal, yhabré de perdonarte en gracia siquiera de tu buena intención. ¿Por qué no doy ála luz pública mis viajes? Más cándido que tú fuera yo si lo intentara. Ignoras que mis viajes ni conmueven ni interesan, lo que te explicarás fácilmente con que te diga que ni me ha sucedido ninguna extraordinaria aventura, ni me place inventarla. No he visitado países desconocidos óignorados, ni he luchado con tiburones ni caimanes, ni presenciado descomunales batallas entre salvajes, ni he cazado leones, ni he naufragado nunca ni descarrilado siquiera. No soy capaz de inven- VIII INTRODUCCION. tar como Arago en su Vuelta al mundo, ni de poetizar hasta lo más prosaico como Lamartine en su Viaje aOriente,ni de soñar como Castelar en sus Recuerdos de Italia. He tenido la desgracia de ser en mis viajes tan realista como idealista me hicieron las obras puramente imaginativas, ácuya lectura me entregué con tanto atan en otro tiempo, y habiendo visitado muchos pueblosjdiversos países, yhabiéndolos visto sin las galas de la poesía, sin el encanto de lo ideal, tales como son yno como fueron (ó como tal vez no fueron nunca) habría de presentarlos bajo un prisma demasiado verdadero para que fuera agradable. El soñador de aldea que mira encerrado el círculo de su vida en la estrecha superficie de su valle, que encuentra una abrumadora monotonía en aquellos árboles, en aquellos montes, en aquel riachuelo que está viendo desde su niñez; se finge en su acalorada fantasía mundos desconocidos, llenos de luz, llenos de encanto, yarrastrado por el vértigo que le domina, buscando impresiones nuevas en el nuevo mundo que ha soñado, abandona sus hogares yse tanza al torbellino de la ciudad, doñee aprende, ácosta de dolorosos desengaños, que la realidad de ia vida está exenta de poesía en la ciudad 2/ en la aldea, que esos mundos ideales existen solo en la mente yse disipan como las sombras al despertar de un sueño. Dei mismo modo el misántropo que huye de la ciudad porque le asfixia su atmósfera, yle aturde su ruido yle fatiga su eterno movimiento, yle can- INTRODUCCION. IX san sus costumbres, yle aburren sus fiestas, encuentra en el reducido pueblo, donde pretende bailar descanso, la oficiosidad del cura ódel alcalde que le abruma, yla chismografía de los vecinos y la curiosidad empalagosa de las mujeres, ysale al campo, ycurtido por el sol ópor el frió, perseguido por el perro de ganado, molestado por los insectos, buscaren vano refugio yaislamiento, yse acuerda con deleite de su casa ysu familia que en mal hora abandonó . Yo, en otro tiempo, tuve algo del soñador ydel misántropo, yno sólo la ciudad, sino la patria donde. nací, me parecia estrecho círculo para mis aspiraciones. Su ciencia, sus. artes, sus costumbres, su naturaleza variada con sus hermosas perspectivas, su vegetación, sus bosques, sus llanuras, sus montañas, sus.rios, sus manantiales, todo me parecia pobre, pequeño, mezquino, raquítico al lado de los encantados países que yo soñaba. Yo veia otros mundos dotados de una vegetación gigante yvigorosa, de montañas inaccesibles, de animales extraños; yo veia rios espumosos, atronadoras cascadas, países deslumbradores, ciudades soberbias ymonumentales; vela otras civilizaciones, otras costumbres, otra naturaleza con nuevas flores yarmonías nueras, yperdido en este torbellino de fascinadores sueños, exclamaba delirante:—El hombre es cosmopolita; el mundo es el inmenso libro de la Naturaleza; cada pueblo, cada localidad es una página; recorramos estas páginas si queremos leer este libro sacrosanto.—¡Genova, Nápoles, Pompeya, el .zoroo ;JCnxzi ;:í ca eS : ~'i::'. -§l&OSl ' .goio-üin: i-oq 3g"SffsJs"ías .- :7o óoí> Gissiirr •3es nuof'fhA 7.BBSi-iftishí Sssoñftcsio >'iiOÍ3BKe$Í. feS'gTSÍ 03 SBp sol 09 eoqi •omiHS é''ó •' .'ó'f.;r¿í /:ÉáSá '": ' -O'-; -... \-.i’'«1 .oínorr^! oí; ;-r .onpsiíos :<r _osx-- 'g 5/a oír .so /odiad ésn_p süoicüdcb i/don ib ér.O’Á 90 0(SCO íOÍfI9ÍfEí30a:00 SOJSÜV 5¿SI 7Í0IJ !Síiíi: .m;"• rá . ~b -i o" ohíyñUñc^b te .eia&ióbs no atojí* ob /V; ;;;,o rá¡f0S9Í) ¿u Aefeoí Cíí 00 OOTlSOSb-: ü'Oq ,7/SiC :.yoh Ofeírá CAPÍTULO PRIMERO. LA FSAGATA C'AEAPILES» En ios primeros dias de Mayo dei año 1871 encontrábase la escuadra española del Mediterráneo fondeada en el hermoso puerto de Barcelona. Besde la muralla del Mar podían verse cuatro magníficas fragatas, amarradas al muelle del Sur: ¿a Numancia , de aspecto magestuoso lleno ála par de gracia por el color blanco de sus filaretes yremates que contrastacon la neg-ra mole de su poderosa batería; la Villa de Madrid, de elegante yesoelto corte yalto aparejo; la Ílendez-Nuñez (aní¡gua Resolucim), con su reducto blindado; yúltimamente la Arapiles, altiva yguerrera con sus porgas pintadas de rojo sobre fondo negro. Dejemos las tres primeras á-las que basta para 18 diario db un viaje áoriente. su justo yuniversal renombre con los gloriosos recuerdos del Callao. „, Nos encontramos ábordo de la Arapiles. Hasta nosotros llegan los vagos rumores de la populosa ciudad que vive, no sabemos si defendida óamenazada constantemente por el Monjuicb. El sol próximo áocultarse lanza sus últimos torrentes de luz sobre el imponente castillo yel animado puerto, que en todas direcciones se vé cruzado por numerosos yligeros botes con sus blancas velas desplegadas para aprovechar la brisa de la tarde. Los oficiales de la escuadra se apresuran ábajar atierra donde los encantos de la ciudad les proporcionarán justa compensación álos azares yla monotonía 'de la vida del mar. Sin embargo, los déla Ara-piles,en vez de imitar ásus compañeros, se encuentran, en su mayoría, reunidos en la toldilla dei buque. Algo muy grave debe suceder ábordo. Pocos dias hace que esta fragata llegó al puerto procedente de Tánger, ynatural parecía que sus tripulantes desearan disfrutar de las diversiones y atractivos que se encuentran en Barcelona. Lo que sucede no es grave: pero es estraño. Los oficiales, muy ásu satisfacción, se ven retenidos por un deber de galantería. Acaba de llegar ábordóla esposa del comandante, la distinguida señora doña Fernandina Casariego de Tudela, yes preciso hacerle los honores del barco. Dícese que la escuadra permanecerá en el puerto de Barcelona durante todo el verano, yesto ha movido sin duda ála señora del comandante áemprender el viaje. Los oñ- 19 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. dales la ofrecen sus respetos que ella aco-e con es quieta amabilidad. En amenajagradable conversé Ti. f beT’cuand<,p000 aníes de -i bandera, {lj la fragata capitana llama ásu bordo por medrn de los gallardetes de señales al comandante de la Arapzles. Acude este al llamamiento^ en un bote se traslada ála Villa de Madrid. Su regreso es esperado con impaciencia. Vuelve por fin, yantes de llegar ála toldilla se le vé comunicar ordenes al oficial de guardia. Se reúne á su señora ypronuncia una sola frase: —Aos vamos. dónde? pregunta Fernandina con voz trémula, mientras su rostro palidece. —A Argel. —¿Cuándo? —Muy pronto. Madrid? 0^rem°Stiempo Para disponer mi regreso á ,,7y°h&J tiemP° Para disponer nada. Mañana al amanecer salimos. ráete?0'G i St°’ C0Q 1S actividad Prodigiosa que ca- !, lzaal br Tudela, comenzó áocuparse de los i-‘ eparanvos de marcha. Inusitada animación se presenta ábordo en estos casos. n^iandes Ianchon.es cargados unos de agua para af aar ai c'ibes, otros de carbón, otros de víveres can a103 cos^dos del buque, ymientras unos -) Maniobra que ge practica áia írnoste del sol. *20 diario de un viaje áoriente. de detalles que fuera prolijo e™fra¿ ir--» +»nto van vvienen los botes de lo» reposte o4a es vguardias-marinas ,maquinistas y ^fanza procuran proveerse de todo !o necesario, T¡n medio de esta animación hácense comentarios de la duración yobjeto del viaje. ^ Por esta vez el objeto lo sabemos todo=. Distraídas las fuerzas francesas de ia Argelia,co „0tivo de la guerra franco-prusiana, lian aproveladola ocasión las Rabilas fronterizas para insurreccionarse contra el gobierno francés. Llevamos, pues, la misión de defenaer, eca»o necesario, los intereses españoles en krge~ ^ ~Entera la noche se pasa en estos preparativos, klas cuatro de la mañana, cuando una incier* - crepuscular tiñe apenas de carmín el mde pm Oriente rasgando las sombras de lanoche,pónete ¿reo en movimiento, ydejando ála derecha ia alta montaña donde el Monjuich se asienta, salimos de mierto de Barcelona. ^ r1 El tiempo se presenta apacible, la mar lian* ./ ’espejado el cielo. , Navegando con ligera brisa de proa, poca^ ^ ras desunes de nuestra sáuaa dejamos po¡ » caer la tarde quedamos sorprendíaos Tiendo áiatoldilla ála señora del comandante. diario de un viaje áoriente. n El que navega en un barco de guerra se acostumbra a todos los espectáculos de la naturaleza y nada le asombra. El cielo con sus nubes de caprichosas formas ycontornos festoneados ysus fenómenos eléctricos, la tierra con sus bellos panoramas, sus islas, montañas yvolcanes, la mar con sus encrespadas olas ysus pavorosos rugidos, todo se presenta ásu vista, yde tai modo se acostumbra áestos espectáculos tranquilos óterribles que llega á contemplarlos tal vez con indiferencia. Pero lo que ha visto pocas veces, lo que le llena de asombro yestrañeza es la grata presencia de una señora ábordo. Figuraos una isla cubierta de volcanes que vomitan fuego, desolación ymuertey serabr da de rosas que embalsaman la atmósfera; figuraos un sangriento combate en el cual se oyera al par del trueno de los cañones ylos lamentos de las víctimas los sentimentales acordes de una melodía italiana; figuraos los mayores absurdos, yaún así no llegareis áformar idea del estraño contraste que forma eí semblante dulce ysuave de una mujer al lado de tantos rostros atezados, su figura graciosa, delicada yesbelta en medio de sables yhachas de abordaje, de fusiles ycañones ytantos otros instrumentos de muerte, su voz argentina entre estas voces roncas y varoniles. ¿Qué tiene la mujer en sus ojos, en su voz, en su figura, en su sér entero que con su presencia solo embellece yllena de encanto cuanto le rodea? Así nuestros barco no es ya solo una sombría 22 diario de un viaje áoriente. máquina de guerra. Sin perder en magestad ha ganado en encanto desde que sirve de albergue ala belleza yla virtud. El comandante de la Arapiles, esclavo siempre de su deber, ocupóse de los preparativos de viaje de la fragata yno le quedó tiempo para disponer el regreso áMadrid de su señora. Esta, pue^, no tuvo otro remedio que trasladar ábordo su equipaje, y confiada en que la misión que áArgel nos lleva durará poco, emprender con nosotros la peregrinación por los mares. El barco que nos conduce, de construcion inglesa, es una hermosa fragata de esbelto porte, fino aparejo ypoderoso blindaje. Sus condiciones marineras son excelentes. Su andar es rápido. En buenas condiciones de mar yviento arranca doce millas. Sus balances no tan violentos como son por lo general los de todos los buques blindados. Maniobra ála vela con la misma precisión que ei mejor buque de mtdera. Con un andar de cinco millas ha virado por avante en cuatro minutos, dirigiendo la maniobra el entendido oficial D. Manuel Alemán (1). El castillo, la taldilla, el combés, la batería, el sollado, los camarotes, todo es espacioso yelegante. Los grifos para inundar cualquier punto del barco en caso de incendio, están admirablemente distribuidos; la despensa, los pañoles, la botica, las dos enfermerías (una en el sollado para combate y (1) Virar por atante es virar en contra del Tiento. DIARIO DE ÜN TIAJE ÁORIENTE. otra en cubierta, debajo del castillo, perfectamente ventilada) todos los servicios, todos los detalles, en fin, se encuentran ála altura de los últimos ade - lautos. Sabido es que los barcos blindados, por su poca ventilación, no reúnen las condiciones hig-iénicas necesarias para la salud de sus tripulantes. De esta regla se exceptúa la fragata Arapiles. En más de dos años que permaneció ásu bordo el que estas lineas escribe, no tuvo ocasión de presenciar la tris - íísima ceremonia de arrojar un cadáver al agua. Réstame exponer, para que puedan mis lectores formar idea de la Arapiles, sus dimensiones, peso, fuerza yartillado, que son como sigue : Eslora (longitud) 85.00 metros. Manga (latitud) 16.48 id. Puntal (altura) 7.84 id. Desplazamiento 5.468 toneladas. Fuerza de máquina. ...800 caballos. Espesor del blindaje. ..12 centímetros. Artillería,. Dos cañones de á300, Armstrong. Cuatro de á180, idem. Diez de 20 centímetros, núm. 2. Estos en batería, yademás uno de 180, Armstrong, colisa de proa en el castillo. -Tal es el barco que, bajo el mando de D. Ignacio García de Tudela, vá árepresentar en Argel los intereses de España. CAPÍTULO II. ABSEL. Amanece un dia claro ysereno. El sol se eleva magestuoso en un cielo sin nubes. La mar. ligeramente rizada áimpulsos de la brisa que roza su superficie, forma en la cresta de las pequeñas olas copos de blanca espuma. Las aves que cruzan el espacio nos anuncian la proximidad de la costa, yen efecto, álas nueve de la mañana vemos tierra corrida por la proa. Distínguese al fin la ciudad de Argel, asentada, ómejor dicho, escalonada en la vertiente de frondosos montes. Al entrar en la ancha bahía contemplamos en toda su extensión el bello panorama que la ciudad presenta. En una vasta planicie al pié de los montes, yen la vertiente de estos, como si quisieran escalar su DIARIO DE UN VIAJE ÁORIEXTE . 25 cima, agrúpanse yescalóaanse las casas de blancura deslumbradora, en caprichoso anfiteatro, destacándose sobre ellas las cúpulas de los templos cristianos ylos minaretes de las mezquitas, cerrando el cuadro por todas partes una verde, lozana y poderosa vegetación. Bajemos átierra. Pisemos esa abrasada tierra de Africa donde se levantó la soberbia Cartago disputando áBoma la soberanía del mundo. Visitemos esa orgullosa ciudad de Argel, cuyos marinos, por tanto tiempo terror de los navegantes, osados fueron en pleno siglo xvi ásaquear los pueblos, de las costas de España. Las Córtes de 1559 decían áFelipe II: «Las tierras marítimas se hallan incultas ybrabas ypor labrar ycultivar, porque ácuatro ócinco leguas del agua no osan las gentes estar, yassi se han perdido ypierden las heredades que solian labrarse en las dichas tierras, ytodo el pasto y aprovechamiento de las dichas tierras marítimas y las rentas de Vuestra Magostad por esto también se disminuyen, yes grandísima ignominia para estos reinos que una frontera, sola como Argel pueda hacer yhaga tan gran daño yofensa átoda España.» (1) Pero no podremos ya, por fortuna, formar idea de la riqueza ydel poder de este pueblo de piratas. Su orgullo fué domeñado, abatida su soberbia, y (1) Véase Apu-ntes para la vida de Felipe II, por D. Cayetano Manrique; 32 DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE. ee, frívolos yligeros, no desmienten este carácter en sus prácticas religiosas. He asistido áuna función de la catedral yquedé sorprendido al ver un numeroso grupo de muchachos, vestidos, con brillantes colores, no sé si de monaguillos óde máscaras, que al toque de la campanilla yal compás de una orquesta, movíanse, giraban ymarchaban con la misma precisión que un pelotón de reclutas. Verdaderamente era gracioso el espectáculo que excitaba más de una vez la hilaridad de la concurrencia que fijaba su atención en esto, olvidando la severidad de las austeras prácticas del catolicismo. Bien mirado tal vez tengan razón los franceses. Es más bello reir que llorar, yes mas grato divertirse que empeñarse en ver el mundo como un valle de lágrimas. Por eso en Argel no faltan esas diversiones áque tan aficionados se muestran los franceses, yasi como durante el dia hemos visto la mezquita, la si - nagoga yla catedral, si por la noche recorremos la población, ála luz de los mecheros de gas, encontramos más de un cafécantante donde se representan vaudevilles ózarzuelas bufas, donde oímos epigramáticas canciones, calemburges de color subido, ydonde se baila el siempre aplaudido can-can. jlás de una vez, ála salida ópuesta del sol, he recorrido los alrededores de la ciudad. Vo puede darse nada más bello. Encuéntranse montes frondosos, intrincadas selvas donde las plantas ylas flores más extrañas brotan ai acaso, hermosos bosques yamenos valles poblados de casas de campo. DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. a; Por todas partes una vegetación poderosa, una naturaleza salvaje, un panorama pintoresco, variado yencantador. En los extremos de la ciudad, deliciosos paseos, como ei jardín Marengo, que en largas alamedas cortadas aquí yallí por plazas ymesetas con fuentes yrústicos cenadores, rodea en caprichosos espirales un pintoresco cerro. En las cercanías deliciosos sitios de recreo, como San Eugenio, con bellísimos jardines yPunta Pescada, donde ála orilla de mar ybajo la fresca sombra de los árboles se sirven en modestas fondas, refrescos ycomidas. ¿Quien en Argel no recuerda la amarga desventura del Manco de Lepanto, de ese genio gigante cuyo recuerdo vivirá eternamente por sus obras en la conciencia de la humanidad? En la costa, yádistancia del puerto, dicese que existe una gruta, de cuya situación nadie acertó ádarme noticia exacta, en la cual se albergó Cervantes en una de sus tentativas de evasión, hio pude cerciorarme de la existencia de la gruta; pero ¡cuantas veces, desde lo alto del jardin Marengo, al contemplar ávista de pájaro la ciudad ysus alrededores acudía ámi mente el recuerdo del sublime autor del Quijote! ¡Con cuánta amargura, con qué tristeza tan infinita contemplarían sus ojos estas Gostas, estos cerros yesas azuladas ytranquilas aguas que le separaban de su patria querida, de su patria, que le guardaba, en recompensa de la gloria que él le ofreciera, no ménos dolores ypesares quedos sufridos en su largo y triste cautiverio! 3 34 DIARIO DE UJs VIAJE ÁORIENTE. Estos cerros, estos montes, estas selvas, esta ciudad yestas aguas que contemplo, esta africana tierra que mis piés huellan, son las mismas selvas, los mismos espectáculos que contempló el triste cautivo, es la misma abrasada tierra que tal \ez humedeció con sus lágrimas. Es la historia de todos los pueblos, es la historia de la humanidad .Los apóstoles de la idea no tie - nen otra recompensa que el martirio. Desde béneca hasta Guiñeo, desde Arístides áColon, la historia de la ciencia yla virtud con lágrimas está escrita. Dejando estos recuerdos yconsideraciones, examinemos la actual situación de Argel. Extraídas fuerzas francesas, como anteriormente queda expuesto, con motivo de la guerra francoprusiana, insurreccionáronse algunas kabilas contra el gobierno francés. Trató el gobierno de enviar refuerzos, yal salir las tropas de Marsella hubieron de suspender su embarque para acudir áLyon, donde nuevos trastornos complicaban más ymás la difícil ycrítica situación de Francia. Ocho mil hombres forman hoy el ejército de Argelia, ycon tan escasas fuerzas hay que atender á la defensa de las poblaciones yácontener la osadía de los insurrectos. Ardua es la empresa, ypor hoy tropieza con dificultades. Los moros recorren el territorio argelino cometiendo toda clase de desmanes. Fuera de los grandes centros de población no hay seguridad algmna. En la misma capital es hoy peligroso arriesgarse DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 35 en las anas lloras de la noche ápasar por los barrios que los moros ybeduinos habitan. Un cuerpo de ejercito francés tiene su campamento ácuatro leguas de Argel, ymás de una vez se na visto atacado por el enemigo, yaunque haya sido éste rechazado, no dejan de tener importancia estos encuentros, que revelan, si no la fuerza, la osadía de los argelinos. En los pequeños pueblos del interior la vida -se hace imposible. Los pacíficos moradores ven sus hogares asanados por hordas de moros que cometen toda clase de excesos. En Palestro han sido pasados ácuchillo casi todos sus habitantes, españoles en su mayoría. Este ha sido el motivo de la venida áArgel de la fragata Arapiles. La presencia de este barco ha calmado los justos temores de la colonia española. Dícese que en un pequeño pueblo, próximo ála costa, se encuentra sitiado por los argelinos un regimiento francés. Barcos de guerra han salido en su auxilio. Cuando un país se encuentra en tan insostenible situación, surgen siempre complicaciones yconflictos. Por esto son hoy tirantes las relaciones entre españoles yfranceses. Parece que al comenzar la insurrección hízose un llamamiento ála colonia extranjera para que auxiliara ála defensa del territorio. Armáronse los españoles formando un batallón. Creyendo tal vez |as autoridades francesas que no Ueg-arian átomar incremento los iniciados trastornos, óno convinien- 36 DIAEIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. do tener organizada por cuenta propia una fuerza de españoles ,temibles acaso por su catéter díscolo, ópor otras razones que no podemos conocer ,-fué el batallón disuelto ydesarmado. Hov las autoridades, hallándose con escasas tropas oara dominarla temible insurrección, acuden de nuevo álas masas, yhoy los españoles se niegan a tomar las armas, resentidos por el anterior desaire. Ignoro si la venida de la fragata Arapiles tiene también alguna relación con estas desavenencias. L Muchos compatriotas me aseguran que al tino, Prudencia vrelevantes dotes de nuestro cónsul don Balbino Cortés yMorales, se debe que no hayan surgido más sérios ygraves conflictos entre espano.es -v franceses, aquí donde la colonia española es na morosísima. Bebido áesta situación anómala porque eipats atraviesa, no es hoy la vida en esta ciudad tan distraída yanimada como en circunstancias normales debe serlo. Muchas familias han emigrado: multitud de comercios han cerrado sus puertas ysuspendido sus operaciones ;la compañía de ópera que actuaba en el teatro ha terminado la temporada, y esto por una parte; ypor otra el temor ysobresalto en presencia de tan graves acontecimientos, quitan hoy áesta ciudad una gran parte de su vida yanimación. Veinticuatro dias hemos permanecido fondeados en el puerto. Comienzan állegar numerosos refuerzos de tropas en barcos de guerra. Entre éstos llama la aten- DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 37 cipn el navio Magenta,hermoso buque con dos baterías ypoderoso blindaje. (1) Con los refuerzos cobra nuevo empuje el ejércita francés: los argelinos son derrotados ydispersos; la confianza renace, yseguramente en breve plazo volverán las cosas ásu estado normal. Nuestra presencia es ya innecesaria. Una fragata inglesa yotra italiana, que, como nosotros, tenían la misión de velar por los intereses de sus nacionales, han abandonado el puerto. Tal vez de un momento áotro reciba la Arapiles orden de regresar á España. En efecto, en la mañana del 27 de Mayo recibe órden el comandante, yen el acto comienzan los preparativos de marcha. Pero ¡oh sorpresa! Con inmenso júbilo recibimos la noticia de que salimos para Ñapóles. Vamos árepresentar áEspaña con motivo de la Exposición marítima que en Ñapóles se celebra. Por última vez contemplamos el bellísimo panorama de Argel. Al llegar al puerto lo vimos inundado de luz, álos resplandecientes rayos del sol que se levantaba en el firmamento. Hoy se presenta á nuestros ojos iluminado con esas pálidas ymelancólicas tintas del crepúsculo de la tarde. Tal vez en el porvenir no vuelva átener ocasión de ver el pintoresco anfiteatro de esta ciudad ni la (1) Este buque ha sido víctima recientemente de una explosión de Pólvora en la bahía de Tolon: Con él ha perdido Francia uno de sus mejores barcos. 38 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. hermosura de esta vegetación vigorosa, de esta naturaleza salvaje. Por halagüeñas yvariadas impresiones que en mis viajes me esperen, cuando abandono una ciudad, tal vez para no volver áella, una amarga tristeza se apodera de mi ánimo, pensando en el triste destino de aquel, que forastero en todas partes, pasa su vida de pueblo en pueblo, de nación en nación, de continente en continente, siendo siempre recibido sin amor ydespedido sin pena. CAPÍTULO III. DE ARGEL ÁÑAPOLES.—EL DOMINGO ÁBORDO. Alas cinco do la tarde, con rumbo N. E. ycuatro calderas encendidas, salimos del puerto. La tarde está hermosa yla mar en calma. Aún se distinguen vagamente las costas africanas cuando el sol oculta su magnífico yrefulgente penacho de fuego. La poderosa hélice, azotando las aguas, deja ánuestro paso en larga yfosforescente estela, torbellinos de blanca espuma. v Poco ápoco se borran de mi mente los recuerdos de Argel, para pensar en Ñapóles, en esa poética ciudad que tantas veces nos han pintado como el vergel de Europa, como el templo del placer ydel amor; en Ñapóles que nos espera con su hermosura, sus ruinas, su belleza, su campiña ysu temible volcan. 40 DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE. Ver Nápoles, recorrer sos bellos alrededores, internarme en 'sus grutas, respirar en las ruinas de Pompeya la atmósfera del pasado, ha sido una de las más dulces ilusiones de mis juveniles sueños. Yha querido la casualidad que al abandonar á Argel, donde gimió Cervantes en el cautiverio, vaya áÑapóles, donde su protector el conde de Lémus llevó consigo álos Argensolas, yá donde le hubiera acompañado el autor del Quijote á. no habérselo impedido los años ylos achaques. Entregado áestos recuerdos dejo pasar la noche, yveo despuntar el dia, con mar llana yviento flojo ¡El domingo! Para cumplir mi propósito de dar áconocer ámis lectores las costumbres, casi ignoradas, de la gente de mar, ocasión es esta de describir ía manera como ábordo se celebra la fiesta del doming’o. Todos recordamos que en casa de nuestros padres, que aún conservaban reminiscencias del pasado siglo, esta nesta puede decirse que comenzaba el sábado con una limpieza general de la casa: se iregaban los suelos, se removían los trastos, todo se sacudía yarreglábase todo. El domingo nos poníamos la camisalimpia yla ropa nueva. El padre no trabajaba, la madre no cosía yel niño no iba ála escueia. Algo de esto queda en los pueblos, muy poco en las capitales ynada en Madrid, porque en Madrid siempre es domingo. 1orecuerdo que en mi niñez el doming'o era casi un acontecimiento. DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 41 Abordo es más que un acontecimiento; para el marinero el domingo es una felicidad. Como en casa de nuestros padres, comienza la fiesta el sabado con un UMeo de piedra yarena ó limpieza general del buque. Al siguiente dia el marinero nada tiene que hacer, excepto las maniobias indispensables. Desde muy temprano se visten todos de limpio con la ropa más nueva. Alas diez se dice misa en cubierta. lo creo que la misa, tal como la celebraban los primeros cristianos en las Catacumbas, teniendo por altar una piedra, por toda imagen un Crucifijo de madera toscamente tallado, una misa sin pompa ysin ornato, debia impresionar más profundamente que la aparatosa suntuosidad de las modernas catedrales. Ycreo esto, porque yo, que difícilmente me conmuevo con las ceremonias religiosas, me he sentido impresionado ante la sublime sencillez de la misa ábordo. Unas tablas cubiertas con un paño blanco por altar, yun trapo amarillo yrojo por colgadura, esto es todo. Pero ¿qué impórtala pobreza del ajuar ni el reducido espacio que el barco ofrece, cuando sirve de templo la inmensidad de los mares? Aquí no hay oro, mirra, ni incienso; pero el pensamiento se pierde yse confunde en el infinito cuando el hombre eleva su mirada ála inmensa bóveda del firmamento que le sirve de dosel. Aquí, en vez de órgano, cuyas acordes notas retumben en el artesonado techo de una catedral, Wsolo una corneta; pero su toque desapacible y agudo se mezcla al confuso murmullo de las olas y CAPÍTULO IV, COSTUMBRES.—EL RECINTO DE LA CIUDAD. Ni en las obras de la naturaleza ñi en las del hombre puede existir la belleza absoluta. La belleza es siempre relativa. En la mayor parte de los casos la apreciamos por comparación. Por eso sin duda, al contemplar ála luz del dia el panorama de Ñapóles, lejos de sentir entusiasmo be sentido en el alma el desencanto. Yeo el ancho semicírculo del golfo, desde Possílipo al Vesubio, yno encuentro la realidad de las brillantes descripciones que he leído. Yes que aún viven en mi mente los recuerdos de la pujante yvigorosa vegetación de los alrededores de Argel, yesta naturaleza me parece pobre al lado de aquella naturaleza salvaje. DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 49 Bajo átierra: pongo el pié en el muelle, me abro paso por entre súcios yharapientos pescadores, atravieso una estrecha puerta ydejando ámi izquierda el arsenal, sigo una ancha calle, dejando mis huellas señaladas en el blando asfalto de la acera. Multitud de cocheros me interceptan el paso ofreciéndome sus carrnselas, pequeñas berlinas descubiertas. Al atravesar la calle pénenme delante el coche para que suba: no me dejan andar. Libróme de ellos, respiro; pero me olvidaba de los cicerones. Se me acerca uno, lo despido; luego otro yotro después, ysi voy solo, quiera óno quiera, vienen ámi lado óen pós de mí; ysi voy con un amigo es imposible sostener conversación alguna, porque nos vemos siempre -interrumpidos por los importunos. Por librarme de ellos tomo un coche. —S'lrada di Toledo—digo al cochero. Sabia que esta es la calle principal de Capoles, yme era grato decir en italiano un nombre propio español. íío bien arranca el coche, un cicerone sube de un salto al pescante, yvolviéndose ámí se ofrece áconducirme ála gruta del Perro, áPossílipe, álas Catacumbas, ála Villa Reale, yátodas partes. Rechazo sus servicios amostazado ya, yllego por fin ála calle de Toledo. Con disgusto veo que han cambiado su nombre yhoy se llama Via dÁ Roma. Entro en el café de Europa, el mejor de Nápoles, que no es por cierto ni grande ni lujoso, yel sinnúmero de baratilleros que vienen ávender objetos de lava no me dejan tranquilo. 4 50 MARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. Salgo del café, yotra vez me asaltan los ciceronis. Esto no es vivir. No seguiré punto por punto mis escursiones por la población ysus alrededores, porque seria muy molesto, ycomo quiera que permaneceré algún tiempo en Nápoles, tiempo me queda para verlo todo detenidamente. No me ocuparé de la historia de Nápoies, harto conocida, en la cual hay más de una página gloriosa para España, siguiendo la convencional costumbre de considerar como glorias los triunfos militares que traen consigo la dominación y.la tiranía. Cuenta Ñapóles hoy 500.000 habitantes, yes una buena ciudad, con espaciosas plazas ycalles, siendo la principal la mencionada de Toledo, de media legua de larga, un poco tortuosa yno muy ancha relativamente ásu importancia, sus comercios, su mucho tránsito,, yal sinnúmero de ómnibus ycoches de todas clases que la recorren. Preciso es convenir en que no son muchas las calles buenas, pues la mayoría son estrechas yun tanto sombrías por la elevación de las casas. No faltan en algunos puntos cuestas yescaleras; pero aparte de esto, no cabe duda en que el centro de la ciudad es hermoso. Una espaciosa plaza en forma de semicírculo, cuyo diámetro ocupa la fachada del antiguo Palacio real, ycuyo arco está formado por la iglesia de San Francisco Paolo; otra plaza próxima con la fachada lateral del palacio unida al teatro de San Carlos; la DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE . 51 calle de ioledo, que comienza aquí mismo, forman el centro de ía ciudad, brillante por su animación. No muy lejos de este sitio, yen la orilla del mar. se encuentra el hermoso paseo llamado Villa Reale' ü3 un jardín largo, espacioso, adornado con fuentes, esculturas, invernadero, templetes y. varios cafés en lujosos kioscos. No figura Nápoles en primera línea por edificios notables. Los mejores son el Palacio real, la iglesia de San Francisco Paolo, la Catedral, el Museo yel teatro de San Carlos. El Palacio real fué construido por el conde de Lémos en 1600, yes obra de Domenico Fontana. No queda de aquella época más que la fachada principal, con tres órdenes de columnas, coronadas por su correspondiente cornisa, yadornada con bajosrelieves. El resto fué modificado en diferentes épocas yreconstruido después de un incendio que sufrió en 1837. Ocupa una hermosa posición, rodeado por la plaza, el arsenal, el teatro ybellos jardines. Tieneanchas galerías, hermosos salones yuna soberbia escalera de mármol, recientemente construida. Admíranse en sus salones pinturas de Velazquez, Rivera, Ticiano, Rafael, Caravagio yBélicario" Corenzio. Magníficos tapices adornan algunas salas, yes entre ellos notable uno alegórico de Italia’ JVenecia: una jóven vestida de blanco, Italia, rompe las cadenas que oprimen á otra jóven enlutada, Venecia, que se inclina ante ella estrechándola con gratitud las manos. El trabajo es delicadísimo ynotable la actitud yexpresión de las figuras. 52 MARIO DE UN VIAJE AORIENTE. Llama ia atención como obra de arte una cuna de nácar yoro con incrustaciones ycamafeos, regalo del Municipio de Ñapóles ála princesa Margarita, esposa dé Humberto. Álg-unas salas están adornadas con hermosísimos jarrones de porcelana de la antigua fábrica de Capodimonti, de tiempo de Carlos III, fábrica que filé destruida por los soldados de Murat. Ypor último, entré las pinturas, es notable por su correcto dibujo, brillante colorido, ymás que por esto por recordar una gloria española, un fresco de Corenzio, representándola entrada délos aragoneses en Nápoles. Pocos edificios particulares hay dignos de mención, ysolo citaré el palacio Angri, obra de Vantivelli, 1773, que si no es notable por su grandiosidad, lo es por haberse en él alojado Garibaldi cuando verificó su entrada triunfal en Ñapóles en 1860. Tiene Ñapóles 257 iglesias ymultitud de capillas, poco notables en su mayoría. La Catedral (San Genaro) es la más espaciosa. Fué levantada sobre el emplazamiento de los antiguos templos de Apolo yNepíuno. Atribuyese su fundación áCárlosT de Anjou óásu hijo Carlos II. Fué destruida por un terremoto en 1456 yreconstruida por Alfonso Ide Aragón. Su interior ha sido diferentes veces restaurado, ysus columnas, que pertenecieranáios antiguos templos, están cubiertas de estuco. Nada de bella ni de notable tiene la fachada; pero su interior es majestuoso por la elevación de DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 53 las columnas que sostienen la alta bóveda, ypor lo espacioso de sus naves. Admíranse en algunas capillas cuadros yfrescos de Jordán. La pila bautismal está formada por un vaso antiguo de basalto de Egipto, sostenido por un pié de pórfido. Lo más notable de la Catedral es la capilla de San Javier, incrustada de mármoles yarabescos, y sostenida por ocho columnas de orden jónico. Aquí se encuentran las tumbas de Cárlos Ide Anjou, de Cárlos Martel ydel cardenal Caracciolo. La iglesia, d,c San Fra/ncisco d,e Pavía,, forma al exterior una semicircunferencia, como queda expuesto. Aderecha éizquierda del vestíbulo, sostenido por diez columnas jónicas, se extienden ios pórticos con cuarenta ycuatro columnas. Su interior no he podido visitarlo, pues está la iglesia cerrada, por verificarse en ella reparación. El Museo Nacional ocupa un hermoso edificio que fué comenzado en 1587 por el duque de Osuna. El conde de Lémes lo hizo concluir por Julio Fontana, hijo del célebre Dominico; ydestinó el edificio para Universidad, que quedó instalada en 1616. Fernando Ien 1816 lo dedicó áMuseo. Divídese este Museo, uno de los más notables, ysin disputa el más curioso de Europa, en varias secciones que comprenden: pinturas ymosaicos antiguos de Pompeya yHerculano; esculturas antiguas; antigüedades egipcias; estatuas antiguas en bronce; inscripciones; Hércules ytoro Farnesio; 54 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE . vasos antiguos: papírus; biblioteca; alhajas; monedas ymedallas; bronces; gabinete reservado; y, últimamente, galería de cuadros. Por esta enumeración se comprende que necesitaría un libro entero si, ápesar de mi incompetencia, tratara de hacer un detenido estudio, óde reseñar siquiera las mil curiosidades que encierra este Museo. Sólo en la última de las secciones expuestas se encuentran representadas además de las escuelas española yflamenca, todas las italianas: la bolonesa, la toseana, la napolitana, la veneciana yla florentina. En este Museo está refundido el antiguo Borbónico, creado por Cárlos III, donde se guardaban las antigüedades de Pompeya, yáestas muy especialmente dediqué mi atención. Ya que estudiar no pueda el gran número de frescos, mosáicos yestatuas que existen de Pompeya yHerculano, citaré por ser lo más notable, el magnífico mosaico encontrado el año 1831 en la casa del Fáuno de Pompeya, representando la batalla de Alejandro contra Bario, en el momento decisivo de la victoria. Tiene este mosaico o!15 metros de largo por 2‘75 de ancho, yentran en su composición las figuras de quince caballos, un carro yveintiséis guerreros, cuj otamaño es una cuarta parte más pequeño del natural. Causa verdadero asombro el brillantísimo vOiorido, la precisión de los detalles yla vida de la acción. Ai. teatro de San, Cárlos es uno de los más hermosos de Europa. Fué construido en 1737 por Ca- DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE. 55 resale; destruido por un incendio en 1816 lo reconstruyó Niccolini. El salón, espacioso yelegante, tiene seis órdenes de palcos, yen su conjunto ofrece aig'una analogía con el teatro de .la Opera de Madrid, aunque no le llega en magnificencia. En el teatro de San Carlos he oido la ópera Norma. La numerosa orquesta interpretó perfectamente la sentida partitura de Bellini; pero los cantantes dejaron mucho que desear. Tuvo lugar después la representación de un baile fantástico, puesto en escena con inusitado lujo. Este espectáculo despertó el entusiasmo del público. Los demás teatros nada de particular ofrecen, y están ápoca mayor altura que nuestros cafés-cantantes. Exceptúase el teatro del Fondo, que es bastante espacioso, donde actúa también una regular compañía de ópera. Tres castillos defienden la ciudad: castell Nuovo, castell dell‘ Ovo ycastell San Telmo. Terminada esta breve reseña de los edificios que se encuentran dentro del recinto de la ciudad, visitemos sus alredores. II. POSSÍLIPO.—EL LAGO DE AGNAN. —LA GRUTA DEL PERRO.—CAPODIMONTI.—LAS CATACUMBAS. En uno de los extremos de .Ñapóles se levanta ei promontorio de Possílipo, donde se encontraba la turaba de Yirgilio. Este promontorio verde yfron- 56 DIARIO DE US VIAJE ÁOKIEXTE. doso está lleno de quintas de recreo que reciben el nombre de Villas. Para llegar ála gruta del Perro se atraviesa Possílipo. Hice esta escursion en una carrumia, dirigiéndome al promontorio. Este se encuentra atravesado por una gruta artificial, mejor dicho, por un túnel, que no tendrá ménos de 600 metros de largo, por seis de ancho yquince de altura. Esto es lo que recibe el nombre de gruta de Possilipo yfué construida por los romanos con objeto de facilitar las comunicaciones entre Nápoles yPuzzuoli. Diay noche está hoy la gruta iluminada por faroles de gas. Al salir de ia gruta se sigue por algunos minutos el camino de Puzzuoli, que luego se divide en dos: uno que conduce ádicho punto yotro al lago de Agnan óde Agnano. Yo tomo este último, condúceme el cochero por una ancha carretera en la que se ven áuno yotro lado hermosas quintas de recreo con deliciosas huertas yarboledas, ytorciendo lueg'ó ála derecha me lleva por un camino abierto entre montañas, que desemboca en un extenso valle, rodeado de frondosos montes, yen cuyo centro se vé, medio seco, el antiguo lago de figura ovalada que recibe el nombre de Agnano. La perspectiva de este valle es deliciosa ysorprende por la transición brusca que se espenmenta ai llegar áél, después de haber recorrido un largo camino abierto entre peladas rocas. Llego áunas casuchas óventas, una de las cuaíes se llama de la zingarella,ysalen árecibirme unas extrañas criaturas, súcias ydesgreñadas, mu- .DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 57 jeres al parecer, por el corte de sus harapos. Comienzan por enseñarme la estufa. Recibe este nombre una pequeña ytosca habitación construidajunto áunos boquetes de la roca, por donde se desprende gran cantidad de vapores yun excesivo calor. Es un buen baño ruso, yáél acuden ábuscar alivio algunos reumáticos. Ai efecto hay dispuestas algunas viviendas pobres ymiserables. Llévanme después áuna pequeña gruta, cuyo nombre igmoro, en la que se percibe un fuerte olor áamoniaco. Llego por último ála gruta dél Perro. Es esta una gruta natural de dos átres metros de longitud, uno de ancho yuno ymedio de altura. Sus paredes son de piedra terrosa, yel suelo de la misma sustancia; pero de tierra algo más blanda. Por los intersticios de. las paredes yla porosa tierra se desprende el ácido carbónico, que, máspesado que el aire, ocupa las capas inferiores de la atmósfera, distinguiéndose perfectamente su color azulado. Un hombre entra sin peligro porque alcanza árespirar las capas superiores del aire de la gruta, mientras un pequeño animal se asfixiarla prontamente. Hácese el experimento con un perro, yesto dá nombre ála gruta. Tan pronto como llegué al recinto cercado que la rodea vi dos perros que al divisar una persona estrada comenzaron ádar vueltas tratando de ocultarse. Un hombre, de vários que allí estaban, cogúó brutalmente uno de los perros, yántes que yo tuviera lugar de oponerme al experimento, lo metió en la gruta sujetando algunos segundos contra 64 UIAEid DE l‘S VIAJE ÁORIENTE. ledo. Gomo ya había aprendido que es preferible no contestar para que no entablen conversación, guardé silencio. —¿Voúlez vous une demoisdle tres folié?—añadió con excelente pronunciación francesa. No respondí tampoco. Entonces repitió la preg’unta en español, yya en este idioma, le contesté con una de nuestras enérgicas interjecciones, consiguiendo que me dejara en paz. Molestado otra noche por uno de ellos, me propuse no hacerle caso; pero ¡cuál seria mi sorpresa, cuando me dijo que tenia certificados de oficiales de marina, españoles, que acreditaban sus servicios! ¿Es posible que nadie certifique tales cosas? Le exigí los certificados, yála luz de un escaparate los leí. En ellos constaba, que Fulano de Tal, había proporcionado lavanderas yplanchadoras hlos oficiales de! buque. De tal manera aguzan el ingenio para entrar en relaciones con los extranjeros. Poco ápoco se proveen de certificados escritos en todos ios idiomas, para inspirar confianza álos viajeros, cualquiera que sea su nacionalidad. vais áun teatro, áun baile, al circo ecuestre; ai salir os hablaran de las actrices, las bailarinas ó las gimnastas. Dejemos los cicerones yentremos en los comercios. Preguntáis el precio de un objeto yos piden 50 irancos; no creáis que exagero, ofreced cinco yos lo darán. Yo he comprado por cuatro óseis irancos, objetos de lava, por los que me habían pedido 2o ó30, ypor 30 francos adquirió un eompa- diario de un viaje áoriente 65 ñero mió un aderezo de coral por el que le pidieron 150. He llegado ácomprar objetos que tenian el precio expuesto al público, ytuvieron la osadía de pedirme tres veces más del precio marcado. Creyeron sin duda que no sabría leer. Tomáis un coche; sabéis perfectamente la tarifa; dais una gratificación al cochero, por grande quesea, os exigirá el doble. Con estos yotros detalles, que omito, llega á cansar de tal modo este carácter, que se desea abandonar la población. Os dirigís al barco; antes de llegar al muelle os vereis rodeados por multitud de súcios marineros que os aturden con sus voces: —¿Andiamo ábordo? No faltan botes bien acondicionados con 3us colchonetas ápopa, que ofrecen comodidad al pasajero; pero la mayoría, medio desguazados, son tan sucios como sus dueños. Esto sucede en todos los puertos; pero yo pregunto: —¿Dónde están esos pescadores napolitanos cuoiertos con aseados trajes de vistosos colores?.¿Dónde están esas alegres fiestas que distraen el ánimo }convidan átomar parte en ellas? Yo solo he visto algunos bailes verificados en las cercanías de los súcios muelles, yen los que solo se veian mozos pobremente vestidos ymujeres que nada tenian tampoco de limpias ni de hermosas. Resulta, pues, que, si la campiña es bella, no es sorprendente; que si la ciudad es buena, no gana en grandeza yhermosura ámuchas ciudades de 5 diario de un viaje áoriente. 67 ''vamos ásalir de Ñapóles, pero debo ántes, por deber de galantería, dedicar dos palabras álas mujeres napolitanas. De hermosas tienen fama; y en verdad, que es merecida: pero están en esta ciu • dad tan relajadas las costumbres, que no es posible, en general, formar de ellas la mejor idea. Virtudes habrá aquí, corno en todas partes; yno trato de ofenderlas; pero no creo que sea esta la tierra del amor, ámenos que se dé este nombre al grosero sentimiento que habla alos sentidos sin interesar el corazón. El amor, tal como yo lo entiendo, es más pudoroso yrecatado. Salgo, pues, de Ñapóles, sin conservar ni una sola de mis antiguas ylisonjeras ilusiones. CAPÍTULO ¥. POMPETA. Alos tres días de mi llegada áÑapóles, realizo uno de los más vehementes deseos de mi juventud. Voy ávisitar las ruinas de Pompeya,'y áescalar la alta cima del Yesubio. Con la mente embargada por los recuerdos yel alma por la emoción, salgo de ábordo en las primeras horas de la mañana, en compañía de mis amigos ycompañeros, el distinguido médico don Rafael Cañete, los tenientes de navio D. Ignacio Gutiérrez yD. Joaquín Cerquero, yel ilustrado oficial de artillería, D. Eladio Santos. Cerca del muelle, tomamos dos coches para llegar ala estación del ferro-carril. Recorremos algunas calles sucias ymal empedradas. De pronto uno DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. de los coches se detiene; las ruedas se han metido en un profundo-bache. Algunas mujeres harapientas, desde las puertas de sus miserables casuchas, se ríen ynos contemplan con estúpida curiosidad.’ Después de algunos minutos de detención, sale el e. che del atolladero ydando tumbos llegamos áun hermoso paseo, donde se encuentra la estación. lomamos billetes de ida yvuelta para Pompevh, ynos instalamos en el tren de bocera. La podero.ia máquina lanza su agudo silbido, yel tren se pone en movimiento, lleg’ando en pocos minutos á Pórtici, que es más bien que un pueblo un arrabal de Nápoles, yen él se encuentra un hermoso palacio construido en tiempo de Cárlos III. La vía férrea, construida ála orilla del mar, recorre un terreno fértil, cubierto de viñedos. Torre dil Greco; el tren pasa por eñ medio del pueblo que ha sido varias veces destruido por las erupciones del Vesubio, yreconstruido siempre, merced ála excesiva fertilidad que este suelo ofrece ásus moradores. Torre della AnvMziata;detiénese el tren cinco miñutos, yparte otra vez. Trascurre corto tiempo, nos detenemos nuevamente, yllegan amis oidos los gritos de Pompei,Pompei \Pompeya) que con su. rutinario tono ycon la mayor indiferencia pronuncian los empleados. ¡Cómo! ¡Es posible que digan Pompeya como si dijeran Vallecas óGetafe! Yo había leído esto en el viaje de D. Pedro Antonio de Aiarcon, yno le di entero crédito. Por lo ménos, pienso que los viajeros se asomarán con interés y curiosidad álas ventanillas para contemplar las DIARIO DE UN VIAJE XORIENTE. ruinas:.. También me engaño. Bajamos del coche y nos encontramos en una estación como otra cualquiera. Cuatro óseis viajeros entran con nosotros en la estación. Miro átodos lados yno veo más que un extenso campo cubierto de negra ceniza por derecha éizquierda. Vuelve ápartir el tren yadvierto con asombro que se considera este pueblo como uno de tantos que se encuentran en el camino. Ybien mirado, esto no es un pueblo; es el cadáver de un pueblo. Ysin embargo, tiene camino de hierro yestación cpn .su aparato telegráfico. pCosa extraña! la vida yla muerte confundidas; la vida moderna prestando ála muerte su hálito poderoso, como si quisiera reanimarla. Vestid una mómia egipcia con un traje moderno ytendréis idea del contraste que ofrece la ciudad 'muerta hace diez yocho siglos, servida hoy por ferro -carriles ytelégrafos Seguimos una calle de árboles que .parte de la estación, yálos pocos pasos, encontramos dos car telones: léese en uno Hotel de los Artistas., yen otro Hotel Hiómedes: almuerzo 3francos, comida 4.—¡Diómedes! ¡Un insigne, patri.ci9.de Pampeya! Hoy parece que renace yse convierte en fondista, y no cuenta por sestercios sino por fréneos. Determinamos almorzar en el Hotel Hiómedes . Dimos en él al final de la caile.de -árboles, ^entramos en el comedor. Yada en esta. habitación puede recordarnos que estamos en Pompeya. Mientras unos cuantos, músicos ambulantes tocando violin y arpa nos obsequian,, por nuestro dinero, con melodías italianas, almorzamos con buen apetito,, dando DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. .71 repetidos sorbos de lacrimaGhristi. Este vino emlocado ydulzarrón, no.fuéde nuestro agrado. Pero ¿quién al pié del Vesubio lo desprecia? Después del. almuerzo,: .siguiendo una cuesta, que, por detrás del hotel asciende, nos. dirij irnos á las ruinas. Llegamos áuna caseta donde se. despachan los billetes para entrar en Pompeja, no de otro modo que si se.tratara.de uña diversión pública. .Dos francos cuesta .el. billete que da derecho á ser acompañado por uno de los guias que tiene establecidos el gobierno., con prohibición de admitir de los viajeros otra recompensa por sus servicios. Los domingos, la entrada es gratis. Precedidos,, pues, del guia, tan hablador, melifluo vrutinario como .todos-ios de su especie, entramos en.Pompeyapor la puerta de la Marina. Detengámonos un momento para recordar la historia de esta desgraciada ciudad. Encuéntrase situada ai pié del Vesubio, por su parte meridional, sobre una colina que se eleva en uñ extenso valle, próximo al mar. Su fundación se debe .4 los fenicios, .según unos yálos sirios según otros. Entró áser colonia romana bajo la dictadura de Sila„ APompeya se retiró Cicerón después de la batalla de Farsália yla derrota de Pómpeyo, yaquí fué donde recibió á Augusto. Séneca pasó .en esta ciudad su juventud. El año 63 de la era cristiana fué Pompeya destruida, en parte, por un terremoto.. Sus habitantes la abandonaron; pero no tardaron en volver yrecobró la ciudad bien pronto suexplendor. 72 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE . Llegó el 23 de Noviembre del año 79. Llegó el último dia de Pompeya. Bien conocida es la catástrofe. ¿Qué puedo ya decir? ¿Quién es capaz de describir aquellas supremas horas de terror, de angustia despuésde la brillante ysentida ,descripción de Plinio? Séame permitido, como átodos. los viajeros, copiar algunos pasajes del citado escritor, con la fantástica pero exacta descripción de BuHwer. «El pueblo hallábase reunido en el anfiteatro. »En las gradas superiores, yaparte de los hombres se colocábanlas mujeres, cuyo vestidos de mil colores, producían el efecto de un vergel de flores. Inútil es añadir que eran la parte más bulliciosa del concurso, yque áellas se dirigian las miradas de los jóvenes yde los célibes que ocupaban puestos separados del resto de los espectadores.. En la parte inferior, inmediata ála barrera, se veian las personas más ricas yde más ilustre nacimiento, magistrados ,senadores,ymiembros del Orden ecuestre. Los pasadizos ócorredores de derecha éizquierda, que conducían áestas plateas por los dos extremos de la arena elíptica, servían también de entrada á los combatientes: fuertes empalizadas impedían.todo movimiento irregular por parte de las bestias yles hacían que se contentasen con la presa que se les asignaba. En torno del parapeto, que. había sobre la .avena, donde comenzaban las gradas, se. velan inscripciones ypiaturas.ai fresco, alusivas álas di- DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 73 versiones, propias del lugar. Cercaban el edificio conductos invisibles por los que odoríferas ondas iban árefrescar álos espectadores, ámedida que avanzaba el dia. »E1 lector versado en historia romana limitará ahora su imaginación, yno esperará encontrar en Pompeya una de esas magníficas escenas de carnicería con que un Nerón óun Calígula regalaban á los habitantes de la ciudad eterna. Los juegos de Roma que absorbían átodos los gladiadores mas célebres, yla gran mayoría de las fieras importadas en Italia, eran causa de que en ios pueblos ménos importantes del imperio, fuesen más raros yménos crueles los juegos del circo; ybajo este punto de vista, como bajo ios demás, Pompeya era una miniatura de Roma. No por eso es ménos cierto, qne era terrible éimponente espectáculo, con el que nada moderno podemos comparar por fortuna, el de aquel gran anfiteatro, cuyas gradas subían una sobre otra áuna altura de cerca de quinientos pies, yque estaba lleno de quince ádiez y ocho mil séres humanos, .contemplando no desgracias, imaginarias, no tragedias de. teatro, sino la victoria y. derrota reales, la vida triunfante ó la muerte cruel de cada uno de .los que entraban eii la arena. «Cuando se hallaban en lo mejor de la. fiesta ¿os alegres habitantes de Pompeya, contemplaron atónitos una inmensa nnbe que se alzaba de la cumbre del Vesubio, ámanera de un :gigantesco pino. El tronco era negro ylas ramas de. fuego: su viveza 74 diario de un viaje áoriente . cambiaba ácada instante, unas veces luciendo con terrible resplandor, otras presentando un color rojizo muerto, que ápoco tomaba un. brillo que no podía la vista resistir. »De todas partes se alzaron gritos de mujeres; los hombres, se miraban consternados y.mudos. En aquel instante sintieron la tierra temblar bajo sus pies; conmoviéronse las paredes del anfiteatro, y oyóse álo léjos el estruendo de techos qué se desplomaban; en seguida pareció correrse hacia ellos la nube de la montaña, oscura yrápida, como' un torrente; al mismo tiempo arrojó, de su seno una lluvia: de ceniza mezclada con pedazos de piedras abrasadas que arrasó los viñedos; llenando las calles desiertas, el mismo anfiteatro, yhasta el. mar, donde silbaba al apagarse en sus .agitadas olas. »Todos echaron ácorrer; se atropellaban unos á otros. Pisando álos que tenian la desgracia de caer en medio de gemidos, de imprecaciones, de plegarias yde gritos, los numerosos pasillos del anfiteatro vomitaron aquella azorada muchedumbre. ¿Mas áqué lado huir? Loe unos, previendo otro terremoto, corrían ásus casas por sus más preciosos efectos; otros, temiendo la lluvia de cenizas que seguía cayendo ámares por las calles, buscaban un abrigo bajo el techo de las casas más próximas, en los templos, do quiera que podían huir del cielo raso. ;>En tanto, la nube que amagaba ásu cabeza, .se hacia cada vez más grande, más oscura, más impe- diakio de un viaje áosiénte. 81 ínavo vida, yen ella pasiones que la combatieron ideas que la agitaron. Análoga impresión se experimenta en Pompeya, porque ála vez que el soliL no cementerio desús moradores, es el descarnado esqueleto de una ciudad. Las fuentes secas, las calles vacias con sus abiertas moradas, como huecos de una enorme calavera, las plazas solitarias, los templos sin cuito, los altares sin dioses, sin ciudadanos el foro,- todo nos habla de una vida que fué yque se extinguió, dejándonos como recuerdo estos restosinanimados. . Los vivos diferéncianse por sus facciones; los esqumetos, con pequeñas diferencias de tamaño touos se parecen. Así en las ciudades vivas distínganse las calles por sus edificios, por sus eomereI a3pect0 de cada una: en las etotete* míe, ms, con pequeñas diferencias de detalle óde tamaño parécense todas las calles, yel mismo parecido observase en las casas. Un vestíbulo, ¿na columnata operistilo con un patio descubierto ópequeño jaram con fuente en el centro yreducidas hahi aciones alrededor, todo ánivel del piso de la caue; estas son las casas de Pompeya. Entre ellas visitamos la del Oso óde la Fontana. ^^encuéntrase en el suelo, la figura de un 'so capujada en mosáico, ysobre él la palabra Ave. Parece que el dueño de la casa átravés de los tiempos,- quiere aún saludar álos que vayan ávisiJin -as paredes vénse pintados grupos de Sá - mos yBacantes, yotro de Marte yVénus. Detrás "-jardín se admira una elegante fuente adorna6 í>2 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. da con mosaicos representando áNeprn-iO roncado de peces yunaAeréide. El piso de esta casa es de precioso mosaico. La de Cornelio Rufo, conócese por un busto en mármol del propietario con su nombre en una inscripción. La del Fauno ^ se llama así por ía estatua en bronce de un fáuno que se encontró en ella. El pavimiento del vestíbulo es de preciosos mármoles. En.esta casa se encontró el magnífico mosáico representando la batalla de Alejandro contra Darío que existe en el Museo de Nápoles,' -y de .que me ocupé, en otro lugar. También encontráronse aquí ricos objetos de bronce yoro. La casa de Diómedes presenta la particularidad de tener dos pisos. Es espaciosa yconserv arestos de hermosas columnas. Por una estrecha escalera se baj aáunaextensa bodeg’a donde aún se conservan algunas ánforas. Aquí se encontraron diez yocheesqueletos enterrados en la ceniza. Dos de ellos en pié, próximos ála puerta, junto ála pared, han dejado en ella marcada su figura. Uno de éstos parece ser el de un jóven de catorce óquince años ájuzgar por la estatura; en pié, con el brazo derecho extendido hacia la puerta yla cabeza inclinada en la misma dirección, sin duda le sorprendió la muerte pugnando en vano por ganar la salida. El otro esqueleto que.se encontró en pié junto. ai anterior, era el de una jóven elegantemente vestida. Los diez y ocho infelices que aquí sucumbieronexpantados por la catástrofe que amenazaba sus cabezas, buscaron, DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 83 sm duda, refuguo en la bodega. Por las numerosas claraboyas de ésta, comenzó áentrar la ceniza abrasadora que llenaba el patio, ycuando los desgraciados -quisieransalir, obstruida la puerta, les seria imposible. Llenóse de ceniza la bodega yen ella enterrada pereció la familia. En el patio de la casa hánse bailado dos esqueletos: uno con un hacha y otro con una llave yuna bolsa de dinero. Hé aquí, átravés de los siglos, dos restos humanos que sintetizan dos sentimientos: el instinto de conservación yla avaricia. Pasamos después por delante de una inscripción que traducida, libremente quiere decir: Sólo los vagos ylibertinos pasarán adelante. Nosotros seguimos, aunque no somos libertinos ni del todo vagos, porque la inscripción citada fué hecha para los pompeyanos yno para los viajeros que la leen al cabo de tantos siglos. Entramos en una casa llamada el Lvjpanar yque otra cosa no ofrece de notable que las pinturas ai fresco que adornan las paredes. Pinturas son bastantes obscenas; pero á bien que en el gabinete reservado del Museo de Ñapóles hay pinturas y objetos bastantes para formar idea del grado de inmoralidad áque llegó esta población, yno es necesario para esto visitar el Lupanar. Consérvanse en Pompeya -varios hornos, semejantes álos que .aún usamos. .En ellos se molía el trigo entre dos g'randes piedras cilindricas, yhánse encontrado ea uno de los hornos panes carbonizados, que se conservan en un pequeño, museo que aquí existe. Tienen estos panes una figura parecida ORIENTE. §4 DIARIO DE UN VIAJE Á álos que en Madrid llamamos libretas, un poco más bajos yovalado?. Cuatro esqueletos, hallados en la Via pública, guáráanse cuidadosamente en urnas de cristal. Enterrados entre ceniza se han conservado perfectamente, ypor la postura, por la contracción violenta de sus miembros, revelan desdichados séres que tuvieron vida, yáquienes, sorprendió la muerte en medio de sufrimientos que hacen estremecer de horror. De estos esqueletos, dos parecen los de madre éhija, otro el de un hombre yel último de una mujer, tal vez de elevada clase, ájuzgar por el anillo de plata -que. aún se encuentra en el dedo raeñique de su mano izquierda. Los esqueletos hallados están reducidos áuna especie de ceniza ópolvo endurecido ycompacto, que deja conocer las formas ylas facciones. Entrelos edificios públicos, es la Basílica el mejor conservado. Divídese en tres naves por dos séries de columnas. Elévase en uno de sus extremos la tribuna de los jueces, ydebajo de ésta existe un calabozo al que se baja por dos escaleras laterales. Desde este calabozo, encerrados los presos, contestaban al interrogatorio de los jueces. Dos esqueletos se han encontrado en este sitio; tal vez dos presos que esperaban una sentencia cualquiera, yáquie nes condenó el Vesubio áhorrible muerte. El templode Venus es espacioso, con cuarenta yocho columnas de orden corintio. Ala derecha del vestíbulo una escultura representa una joven elegantemente vestida. Delante de la plataforma de DIASIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. piedra, que pudiéramos llamar el santuario, se en - euentra el ara oaltar de i.os sacrificios. El templo de Júpiter consta de un vestíbulo, un ancho espacio cerrado por columnas, ytres pequeñas haDitaeiones, donde se cree que se conservaban los archivos de la colonia. Súbese áeste templo, que se encuentra en una altura, por una magnífica escalera, que debió estar adornada con estátuas colosales. Ala derecha del templo de Júpiter , encuéntrase el Foro civil. Llégase áél pasando por un arco de triunfo adornado con preciosos mármoles. Aún se ven los restos de la gradería ydel extenso pórtico? así como los pedestales donde los bustos se colocaban de los patricios más insignes. Puédese aún formar idea de la grandiosidad ymajestuoso aspecto dei Foro cuando en él se reuniera un pueblo entero yresonara el elocuente acento de los tribunos. Ya todo pasó; algún curioso viajero recorre solo estos lugares yel gemido del viento ha sustituido al confuso rumor de las multitudes yála voz poderosa de los oradores. Las Termas es uno de los edificios mejor conservado de Pompéya. En primer término vemos un espacio que faé el Gimnasio; ála izquierda un gran baño rectangular, que servia de baño público, rodeado de pequeñas piezas, con un nicho que debió contener una esiátua, ylos muros conpinturas que representan ún jardín. Otra habitación estaba destinada átocador: había en su centro una estufa, bancos alrededor, yen las paredes pequeños huecos, donde DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE . 86 se guardaban las esencias ypomadas, de que tanto uso hadan los sibaríticos pcmpeyanos. Separada de estas habitaciones por.una doble pared, encuéntrase la sala dispuesta para baño caliente-, con una hermosa pila al objeto. Sabida es la importancia que los romanos, daban al baño, tanto por medida higiénica ypor el placer que les proporcionaba, corno por lo que hermosea y conserva la frescura del cuerpo yla agilidad de los movimientos. Nosotrossalimos de las IVm«í;repitiendp como el cantor de Itálica: Del Gimnasio ylas Termas regaladas leves vuelan cenizas desdichadas. Visitamos también -el Teatrotrágico,que .tiene la forma de un anfiteatro, con dos graderías-de. pie- . dra. En la parte baja un espacio semicircular servia de escenario; ocupaban los hombres la primera gradería, estando reservada la más alta para el bello sexo. Unos 6.000 espectadores p-odian acomodarse en este local. El templo de Mercurio, el de Esculapio y. otros, edificios, nada de notable ofrecen después de los que llevamos vistos. Visitando las citadas casas ymonumentos recorrimos las calles de la Abundancia , llamada así por una figura esculpida representando áesta diosa, que se encontró en una de sus fuentes, la de la Fortunei, la de Augusto, la de. Mercurio yotras; vpor DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 81 último, salimos por la puerta d&JTerculaiio ála calle de las Tumbas'i Ocho puertas daban entrada ála ciudad, siendo pa de Herculano, con su arco central ylas dos laterales, la mejor conservada.. Auno yotro lado de la carretera levántense numerosos, yen su mayor parte, sencillos monumentos sepulcrales. Más afortunados que sus hijos, los que aquí reposan, murieron tranquilamente sin presenciar el horrible cataclismo que sepultó en vida á Pornpeya yásus últimos habitantes. Sombrío éimponente es el aspecto de esta carretera que recibe el nombre de calle dx las Tumbas. Parece-el camino de la muerte. Por aquí debiera el viajero entrar en Pornpeya para disponer su ánimo ála impresión que produce un cementerio. Una de las inscripciones que en las tumbas se encuentran, copia exacta de la original que existe en el Museo de Ñapóles, dice así: A. YEIO. M. F. II. VIS. I. D. ITER. QVINQ. TEIB. MILIT. A. POPVL. D. D. Puede traducirse libremente como sigue: —A. Véius, hijo de Márcus, dos veces decemviro de justicia, tribuno del ejército, elegido por el pueble. Decretado por los decemviros.— - Después de cuatro horas que hemos pasado recorriendo estes solitarios lugares, nos alejamos de Pornpeya... 88 DIARIO DE UN VIAJE AOBIENT*., Yhoy, al recordar aquella escursion yaquellas tristes impresiones que embargaron mi espíritu ante las yertas ruinas, digo con el malogrado Becquer: —¡Dios mió! ¡Qué solos se quedan ios muertos! CAPÍTULO VI, EL VESUBIOLa montaña del Vesubio tiene una altura de 1.200 metros. Además del cráter principal existe otro situado ai N. E., llamado La.Somma, Entre estas dos bocas hay una distancia de 300 metros. Los escritores antiguos hablan ya de estas .dos partes del volcan.. Strabon hace referencia áun cono único, truncado, dividido en dos partes. Es posible que en lejanos tiempos fuera laSoTtima el verdadero volean , siendo apagado por la terrible erupción del Vesubio del 79. Después de esta y-de la del año 472, ya citadas, tuvo el volcan algunas otras erupciones, más ó niénos importantes, habiendo después permanecido en calma por espacio de más de un siglo, desde el añol-500 hasta 1631. Durante este período adquirió el Etna mayor actividad. La erupción de 1631 ha 90 DIARIO DE ÜN VIAJE ÁORIENTE. sido una de las más violentas; Ressina fué destruida, yse hace ascender ámás de 4.000 el número de víctimas. Desde entonces el volcan ha ¿tenido otras tres erupciones en el siglo xvii, veintiuna en el xvm, yveintiuna en lo que vá del xix. Las últimas han sido en 1847, 50, 55, 58, 61, 68, y71 (1). Ino tienen hoy las erupciones la. intensidad que antiguamente tenían: pero son más frecuentes. Su intensidad está en razón inversa de su frecuencia. La duración de los fenómenos volcánicos es variable. Unas veces persiste en constante actividad meses enteros, yotras la erupción es violenta ypasa con rapidez. Repasando la estadística de las erupciones yde las víctimas causadas, apénas se comprende cómo toda la falda del volcan se encuentre rodeada por multitud de pueblecillos, cuyos habitantes viven tranquilos ydescuidados en medio del peligro que constantemente los amenaza. Ysin embargo, tiene esto una explicación perfectamente lógica. Todos estos pueblos son agrícolas; la ceniza del volcan es un excelente abono, yaunque la lava destruya una cosecha, fertiliza el suelo, dejando gérmenes para nueva vidaycosechas más abundantes, que compensan con creces el daño causado. Queda destruido un pequeño pueblo de pobres casuchas yvuélvese á construir por sus mismos habitantes, que, previa- (1) Poco tiempo después de verificado este viaje, Iludo una terrible erupción (1872) que ocasionó numerosas víctimas. DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 97 laa ia nube jla columna de humo, divisamos áalgunos metros de profundidad picos salientes cubiertos de ceniza. ¡Horrible es la idea de caer en esa profunda y pavorosa sima! No hay auxilio que pueda salvar al desdichado que, asomándose imprudentemente, le acometa el vértigo ycaiga en este insondable abismo. Si trato ahora de analizar mis impresiones ¡qué triste desencanto! Quiero contemplar la belleza del paisaje yla nube que me envuelve ylas que quedan bajo mis piés por los flancos de la montaña, me lo impiden. He querido ver el enorme cráter, el fondo del volcan, yuna columna de humo se opone á rai deseo. ¡Tantos años anhelando llegar áesta cima, yhe subido por fin, he realizado mi deseo para encontrar humo solamente! ¡Ay! Así se convierten en humo las más bellas ilusiones de la vida. No lo niego. Al llegar he sentido un momento de inmensa satisfacción; pero mi felicidad ha sido tan breve, que ha pasado antes que el cansancio de mi cuerpo. No sé el tiempo que hemos permanecido en esta cima. —Ándiamo—dice al fin uno de los guias, yhaciéndonos desistir áGutiérrez yámí nuestros compañeros del propósito de dar la vuelta alrededor de} cráter, comenzamos el descenso. Este se hace rápida yfácilmente. Cógennos los guias por 'debajo de los brazos, y 7 98 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. cuidando 'de llevar el cuerpo echado hacia atrás, y de clavar los talones en el piso, bajamos ágrandes saltos por la ceniza. Deslizase ésta con nosotros, de suerte que cada paso nos hace avanzar cinco óseis metros. Esto, más bien que bajar una cuesta, es deslizarse por ella. En quince minutos recorremos la distancia que al subir nos costó cerca de dos horas, yllegamos al punto donde nos esperan los caballos. Además de los guías que, ajustados por nosotros, nos han ayudado en la subida, hemos sido acompañados por otros ocho ódiez, cuyos servicios nadie reclamó. Todos estos ganapanes nos piden ahora el precio de su oficiosidad, que nos negamos ásatisfacer. Así mismo el que nos proporcionó el botijo del lacrima nos exije un precio exorbitante, ypromuévese con tal motivo una acalorada disputa entre ellos ynosotros. Discuto yo con el del vino mientras mis compañeros montan ácaballo; tratan de impedirles el paso los oficiosos guias yel doctor Cañete levanta su bastón sobre ellos. En tal momento rompo contra un peñasco de lava el botijo vacío, ymonto ácaballo, dispuesto como mis compañeros ála defensa óal ataque. Pero no es preciso. Al ver nuestra actitud no* abre paso esta gente ynos dejan marchar sin reclamarnos ya ni aún el precio del vino. Emprendemos la mareha, arrojo dos francos al suelo, yno ®edesdeña de cojerlos humildemente el que poco ántes exigía mucho más con tono altivo. Desde este momento perdemos de vista al inglés. DIARIO DE ÜN VIAJE ÁORIENTE. 99 Aquí lo encontramos sin saber por dónde subió y aquí desaparece sin que sepamos por dónde piensa bajar. Llegamos sin novedad áTorre della Annv/nziala. yemprendemos en ei tren nuestro regreso áNápoles. Debo repetirlo. El placer de llegar ála cima del Vesubio yhollar con nuestros piés la frente altiva del g’igante, no compensa los trabajos yfatigas de la ascensión. ¿Por qué pienso ahora de este modo? ¡Quién sabe! Tal vez porque una ilusión realizada, es una esperanza perdida. CAPITULO VIL I>E ÑAPOLES ÁMESSINA. Al amanecer nos ponemos en movimiento, después de haber permanecido en Ñapóles por espacio de treinta ysiete dias. Con una esperanza más yuna ilusión ménos, fijo por última vez mis ojos en la cima del volcan, cuya actividad es mucho más viva que el dia de nuestra llegada. ^Salimos del golfo de Ñapóles yhaciendo rumbo ai b. vamos costeando la Calabria. La costa es alta, montañosa, áspera yaccidentada. Tan famosos como los bandidos de Sierra-Morena han sido ios calabreses, pero cuéntase que áfuer de hombres bien educados desvalijaban al viajero guardándole toda clase de consideraciones, que no quita lo cortés álo valiente, aunque en esta ocasión DIAHIO DE UN VIAJE ÁG-fiíESTE. 101 mejor pudiéramos decir que no quita lo atento álo cruel. ISo necesito añadir que no he podido por mí mismo asesorarme de lo que sobre los bandidos caiabreses refieren muchos viajeros; pero sí consignaré que jamás he sentido la menor curiosidad ni afición por esta clase de impresiones. Algún viajero conozco que soñando con ladrones se le antoja que ha sido víctima de ellos ,ycon la mayor seriedad se entretiene en dar cuenta de la extraordinaria aventura en que salvó su vida ácosta de su equipaje. De buen grado inventaría yo alguno de estos interesantes episodios para entretener á mis lectores, si no aspirára más ála fama de verídico que ála de soñador. Ycomo nadie ha de ser tan cándido que pueda creer, como posibie siquiera, que una banda de bandoleros se atreva áasaltar un barco de guerra, para no exponerme áque de mé serian habré de renunciar áreferir la interesante historia de bandidos que, en mi caso, inventado hubiera un Alejandro Dumas, por ejemplo. Por miparteconfieso que de veras celebro que la casualidad me haya deparado para mis viajes un buen barco, defendido por cañones de grueso calibre, porque en la lucha de la vida nadie me negará que es siempre ventajoso ypreferible ser el más fuerte. Yaunque lamente áveces que la monotonía de mis viajes quite interés ámis escritos, declaro también que no me agradará nunca que el público distraiga sus ócios con el relato de lances óaventuras en que yo haya sido víctima, No es de mi agrado estepapel por in- 102 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. teresante que sea, y, aunque de egoísta me tache algún misántropo, he preferido, siempre que rae envidien antes que me compadezcan. Ya las costas de Calábria se distinguen apénas á ios débiles rayos del sol poniente, yantes de entregarme ai descanso, recomiendo expresamente que se me despierte al.amanecer. Se cumple mi encargo ysubo ácubierta cuando aún mis ojos están cargados por las. sombras del sueño yel firmamento por las sombras de la moche. Son las cuatro ymedia de la mañana. Un ligero albor tiñe de rosa el horizonte yásu débil resplandor distínguense negras masas que se destacan sobre la superficie del mar. Son las islas de Lípori. Cerca pasamos del volcan de Strómboli, que forma un pequeño islote. Su cráter se abre en la cima de un elevado peñasco, fácil de reconocer por el penacho de humo que lo corona. Sus vertientes, formadas de lava,, son ásperas yescarpadas. En su falda, bastante fértil, distínguese un pequeño pueblo cuyos habitantes estarán, sin duda, acostumbrados ála incómoda vecindad del Strómboli, cuando tan sosegados viven en este aislado ypeligroso islote. Más al N. queda el Strombolino, elevado peñasco que arranca bruscamente de las olas, con sus laderas acantiladas, como cortadas ápico, presentando ja figura de una alta yestrecha pirámide truncada. Más al S. distínguense las demás islas que forman el grupo de Lípori. Ala una de la tarde, dejando áuno yotro lado los célebres escollos de ScilayCaribdis, embocamos DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 163 el estrecho de Messina. ¡Seila yCaribdis: En los tiempos en que los osados navegantes se lanzaban á los peligros del mar en ligeras naves, sin más medios de locomoción que unas pequeñas velas, en aquellos tiempos en que la isla de Sicilia tenia gran importancia por su posición, por su riqueza ypor el culto de sus mitológicos dioses,. y.se.velan las aguas del estrecho .surcadas por numerosos barcos, éstos que habían de embocarlo de vuelta yvuelta, como dicen los marinos, no bien salvado habian el escollo de Seila, eran empujados por el viento sobre el de Caribdis. ¡Cuántos navegantes habrán hallado la muerte en estas costas, en estas rompientes cubiertas de espuma, que nosotros divisamos apénas, y que vemos con indiferencia! Alas tres fondeamos en Messina. CAPÍTULO VIII. messisa. Debuen gradóme entretendría en referir ágrandes rasgos la historia de Sicilia, teatro en la antigüedad, mas de una vez, de las luchas entre cartagineses yromanos, tierra clásica de la mitología, Pero he de contenerme ydesistir de mi propósito, que fuera ridicula osadía querer enseñar ámis lectores lo que todos aprendimos en nuestros primeros sea táíUan ,° tr0S PUebl°3VÍ3Íte cuyahi3í0ria °° tan importante mconocida como la de la isla de eo e Í 10 KnOSenCOntram03 ’satisfaré entonces mi de,eo de hacer rápidas escursiones por el camno de ™a;fl0 taQt0 achaque de lucir erudicion cuant0 por el de refreácar conoc vez olvidados. No entraré en Messina, no obstante lo expuesto, diario de un viaje áoriente. 105 sin recordar que debe su nombre á¡os meásemos, yque es una de las más antiguas ciudades del mundo. Está Messina rodeada de mo ntañas ydefendida en su puerto por los fuertes de San Luis Gonzagay la Ciudadela que conserva señales de los bombardeos que sufrió tanto el año 48, como el 61 por Cialdini. ün hermoso muelle de mucho calado dá acceso ala ciudad. Esta, construida en extensa planicie, comienza en el muelle mismo, por una larga calle que ocupa toda la extensión de él, yque recibe el nombre de la Marina. Paralela áesta se encuentra 1ade Garibaldi, yen la misma dirección ymás al centro la del Corso. Estas tres calles son largas, anchurosas, perfectamente embaldosadas ylimpias. Las demás de la población son por lo general estrechas. Un bonito jardín sirve de paseo, yaunque de reducidas dimensiones, encuéntranse en él fuentes estanque, un templete yuna montaña rusa. No faltan tampoco en esta aseada ciudad plazas espaciosas como la de la Catedral ,adornada con una hermosa fuente llena de caprichosas esculturas. Entre sus edificios debo mencionar tres que son notables por su sólida construcción de piedra, y gusto moderno: el Municipio, ei Hospital vel Teatro. De sus edificios antiguos me ocuparé en primer término de la Catedral. Su construcción se remonta ni siglo xi: pero destruida en parte por un incen- ORIENTE. 106 DIARIO DE UN VIAJE Á dio en 1254 ypor mi terremoto en 1783, apénas se conservan en el edificio restos de su primitiva forma. Su cúpula, comparada al Campanillo de Yenecía, fué destruida por el expresado terremoto, reemplazándole una torre que ásu vez fué demolida eu 1865. Hoy en su lugar se levantan dos pequeñas y esbeltas torrecillas. La iglesia tiene la figura de una cruz. Las veintiséis columnas de g'ranitü que dividen sus naves, dícese que pertenecieron áun antiguo templo de Heptuno. De este modo encontramos reunidos en un solo monumento recuerdos de tres edades: las columnas de los .tiempos mitológicos, el cuerpo del edificio de la Edad Media, ylas torrecillas que lo coronan de los actuales tiempos. Adviértese con tal motivo falta de unidad yde armonía en el tono general del edificio, yen verdad, que, aunque notable por la antigüedad de su construcción, dista mucho de ser una de esas gloriosas páginas de piedra que nos legaron los artistas de la Edad Media. Ofrece, sin embargo, algún detalle que citarse debe como belleza de primer orden. Tal es el mosaico que adorna la bóveda, representando Cristo, la Virgen, San Juan, ylos arcángeles Gabriel yMiguel, obra delicadísima del sigdo xiv, debida al génio de Guidotto. Encuéntranse en la Catedral algunos sarcófag’os yentre ellos el que los restos guarda de Alfonso, el Magnánimo. Después de la Catedral debe citarse, no por notable, sino por ser el edificio más antiguo de Messina, la iglesia de Santa María de los Catalanes. 113 diario de un VIAJE áoriente. que déla corneta indica entonces los distintos ejercicios que hayan de afectarse; fuego ábabor, fue - go áestribor, yno se percibe más que las voces de manso yel arrastre de los proyectiles. Pero ;ah! si en vez de presenciar un simulacro asistiéramos á un combate, oiríamos el terrible estampido del canon que hace trepidar el barco, ylo? angustiosos lamentos de los heridos que hacen estremecer el alma. . rElia ei abordaje se encuentra la tripulación dividida en tres secciones ótrozos que, en caso necesario, son llamados ácubierta. Entonces, los marineros abandonan los cañones ysuben ácubierta por ;& única escotilla que queda practicable, yse lanzan, »e precipitan al sitio del peligro, empuñando e;sab;e, el puñal, la carabina óla temible hacha de abordaje. Aquí se reproduce la confusión yel tumulto: pero éste aumenta cuando en medio del supuesto combate toca áfuego la campana. Acude cada cual al sitio que tiene designado para este ca- ''°. ^nos pican la bomba, otros llenan cubos de agua, que van pasando de mano en mano, se disponen ios grifos para inundar los pañoles, yen tanto 'íguen otros batiéndose en cubierta. Después de una ódos horas de ejercicio, conduje el simulacro. Los proyectiles ycartuchos se recogen, los pañoles se cierran, se abren las escotiuas, se izan los masteleros, se cruzan las vergas, •uelven las armas á su sitio yqueda todo en estado normal. Come en la mar no cabe esperar recursos de fue8 114 DIARIO DE CN VIAJE ÁORIENTE. ra. como lian de aprovecharse los elementos que dentro del barco existan, como son muchos los peligros, yde la precisión yprontitud de las maniobras dependen la salvación del buque yla vida de quinientos hombres, de aquí la frecuencia con que estos simulacros se repiten ábordo. No sé si habré conseguido bosquejar ligeramente la animación, el movimiento, el ruido, la vida óue lleva consigo el zafarrancho de combate. Pero •ah! es una vida precursora de la muerte. Ese espectáculo tan curioso, ese cuadro tan agradable, tanto afan ypreparativos llevan consigo el espíritu de la destrucción. Ya que no nos sea dado esperar en nuestros tiempos que ese nefando espíritu concluya, dejemos que la llamada ciencia de la guerra estudie yperfeccione sus instrumentos de muerte, que tal vez del exceso del mal nacerá el remedio, y entónces podrá llegar para la humanidad el venturoso dia, deseado por Quintana, en que esas soberbias naos se hundan para siempre en los abismos. Después de tres dias, al caer el sol vemos tierra corrida por la proa yamura de babor. Es la costa del Peloponeso. Ya entrada la noche doblamos el cabo de Matapan. Al amanecer otro dia nos encontramos en el estrecho ócanal de Cervi, dejando la isla del mismo nombre por babor, ypor estribor la de Cérigo, que es la antigua isla de Citeres óCiterea. Nuevamente nos acercamos ála escarpada costa de la Morea óPeloponeso, doblando el cabo Malea, boj7San Angelo. Toda esta parte de la costa se en- DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 115 cuentra completamente deshabitada, ysolo en la lengua de tierra que avanza sobre el mar. formando el citado cabo, se vé una pequeña habitación, de figura semi-esférica, rodeada por un pequeñohuerto donde crecen tres higueras. Esta casita está habitada por un solitario cenobita que reside en ella hace muchos años .Con nadie comunica por mar ni por tierra; cuando alguien se acerca huye óse encierra en esa especie de s¿ioza de castor. Los habitantes de las cercanías dícese que gmardan áeste maniático el más profundo respeto, ysabiendo que no gusta ser visto por nadie, procuran no molestarle. Ycomo el sitio elegido por el cenobita no es paso para ning-una parte, ylos pueblos más próximos están á bastante distancia, le dejan vivir tranquilo. No he podido averiguar si este extraño personaje es un alucinado que cree implorar en su aislamiento la justicia divina ósi es un criminal que huye de la justicia humana. ¡Quién sabe! No excluye lo uno á lo otro, ypuede ser ambas cosas óninguna de ellas. ¿Será feliz? Lo ignoro. En todo caso, loco, alucinado, criminal óegoísta, ningún beneficio reporta ála sociedad con su vida de anacoreta. Esa vida, léjos de todos los. vínculos sociales, paréceme un suicidio. No sé si el hombre tiene derecho áemanciparse por completo de la sociedad. Si el hombre naciera ycreciera en el aislamiento, si llegara al completo desarrollo de sus fuerzas, sin el auxilio de nadie, venciendo por sí mismo todos los obstáculos que los elementos le presentaran, indiscutible seria ese derecho. Pero cuando nace en sociedad, cuando debe 11C DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE. su vida ásus semejantes que cuidaron de su niñez yprotejieron su debilidad, cuando álos vínculos sociales debe su crecimiento ydesarrollo, cuando de ia sociedad ba recibido beneficios, paréceme que tiene el hombre para con la sociedad deberes que cumplir. Muchos son los que de la sociedad se quejan porque exigen de ella una protección que si colectivamente es indudable que presta, individualmente no puede prestar. Quejas son esas tal vez nacidas de un error de juicio; pero aunque fundadas fueran, serian nacidas de vicios de organización, no del principio mismo, yácorregir esos vicios ó defectos sociales deben todos contribuir. Si admitiéramos la peregrina idea de que todo aquel que se juzgue víctima de una injusticia social tiene el derecho de aislarse, seria una utopia el progreso, volvería el hombre al estado salvaje, llegaría el aniquilamiente de la humanidad. Esto es un absurdo. Las sociedades se formaron por que la sociedad es absolutamente indispensable para la vida del hombre, es, por decirlo así, atributo inherente ásn modo de ser. Por eso son raros los ejemplos que se nos ofrecen como el que hoy contemplamos. Frecuentes fueron en las desdichadas épocas, en que el fanatismo religioso perturbaba las conciencias; pero el fanatismo es una demencia, ópor lo menos causa predisponente de enajenaciones mentales. Creo, pues, que si este anacoreta al que no tuvimos el gusto de ver, piensa llegar al cielo, en justicia y caridad, debiérase en la tierra proporcionarle un manicomio. Diario de un viaje áoriente. 117 1»- D n«° ,'f pconsider“Im««te los recuerdos de meníé *4“" empiezm 4etoltergar mi Surcamos las mansas ondas del golfo de Safo «tes e» 1, bahía de Falero, juato ,1 Z2 Í0Ue "**<* «-«lo. ¿Los ea CiPÍTULO X. EL PIREO YATENAS. Vamos ádirigir una mirada áesa pequeña porción de tierra, áesa Grecia desdichada, donde aun las huellas se encuentran que dejó ásu paso la dominación de los turcos. Ahora podremos ver si es cierto, como Lamartine afirma, que los turcos respetan las obras de arm, yformaremos exacta idea de su cultura ósu barbarie. Es una hermosa mañana del mes de Julio. En un cielo sin nubes de un azul purísimo, limpio ytrasparente, brilla el sol en todo su explendor ymajestuosidad, vertiendo torrentes de luz sobre las tranquilas ymansas ondas del mar Egeo. Anuestra espalda queda la antigua isla de Cíteres yla escarpada costa del Peloponeso. Hemos también atravesado DIARIO DE UX VIAJE ÁORIENTE. 119 el Golío de Salaroina: un pequeño promontorio en el continente se señala como el sitio desde el cual contempló Jerjes el combate, seguro de la victoria, y sufrió el terrible desengaño de ver su escuadra, aquella poderosa escuadra persa, que ya en tiempo de su padre habia asolado las islas del Archipiélago, completamente destrozada por los griegos, capitaneados por Temlstocles. Más allá, donde mi vista no alcanza, se encuentran las ruinas de Eléusis, ruinas que guardan el secreto de los misterios de Céres. Hemos fondeado en la bahía de Falero. De este puerto salió Teseo con rumbo á Creta, yde aquí también partieron las naves que Menesteo llevó á Troya. Vamos, por ñn, ádesembarcar en Grecia; vamos ávisitar Aténas. Apénas alcanzo ádarme cuenta de mis impresiones: analizarlas seria empresa superior ámis fuerzas. En estos momentos solemnes de la vida del hombre, parece que se agota el sentimiento, vemos ámanera de un ensueño lo que en torno pasa, como si perdiéramos la conciencia de nuestro sér yes que el espíritu se encuentra abrumado por la grandeza de un recuerdo. Decia Cicerón: «Los griegos han civilizado á todos los pueblos, yáellos debe Soma sus luces.» ¿Y quién soy yo, desconocido viajero, para juzgar de tanta gloria, si ella obliga al hombre áreconocer su pequeñez? Recorramos el recinto de la antigua Aténas con el más profundo respeto, yal contemplar sus monumentos, contentémonos con 120 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE hacer de ellos una ligera descripción, yno osemos analizar su pasado esplendor para no profanar su gloria. Desembarcamos en el Píreo. Este puerto, según Estrabon, podía contener 400 naves, 1.000 según Plinio, yhoy, unos cuantos barcos mercantes lo llenan por completo. El Píreo forma un pequeño pueblo, diseminado por la playa, con unos 6.000 habitantes. No nos detuvimos más que el tiempo preciso para tomar el tren que había de conducirnos á Aténas. En pocos minutos yatravesando un campo sembrado de viñedos, recorre el tren las cinco millas que separan el Píreo de la capital de Grecia. Hénos, pues, en Aténas, cuna de la civilización, madre de las artes ypátria de los sabios de la antigüedad, cuyos nombres veneran todos aquellos que rinden culto ála más santa de todas las religiones, ála religión de la ciencia. Milciades, Cimon, Temístocles, Arístides, Pericles, Sócrates, Platón, Pidias, Jenofonte, Demóstenes, guerreros, sábios, filósofos, héroes yartistas... baiudemos estos nombres venerandos, puesto que iamos ávisitar el templo de sus glorias. No dirijamos por ahora una mirada siquiera ála Aténas de hoy: basquemos el recinto de la antigua ciudad ycontemplemos las silenciosas ruinas, donde olvidando sus pesares, encuentra el ánimo consuelo, abismado en sus meditaciones. Saludemos al pasar las iigantescas columnas del templo de Júpiter Olímpico, el mercado de Adriano, mtribuna de Demóstenes, la Academia óescuela de 121 DIARIO de UN viaje áokiente. Piaton. el teatro de Baco yel templo de leseo. monumentos que visitaremos más despacio, vdirimíaos nuestros pasos ála Acrópolis,donde nos le'o-ó la antigua Grecia el sello de su génio, por Fidiás esculpido en mármoles del Pentélico. La Acrópolis, como indica su nombre (Ciudad aHdj ocupa una elevada colina. En estos sitios se construían primitivamente fortificaciones qu^ defendieran la ciudad; pero más tarde fueron dedicados áservir como de grandioso pedestal áios templos donde los dioses se alojaban. Recorriendo el recinto de las antiguas murallas para dirigirnos ála Acrópolis, llamaron nuestra atención una multitud de esculturas, que yacen en el suelo, representando cabezas humanas. Excitada nuestra curiosidad, se nos hizo saber que no permitiendo la religión de Mahoma representar de moao alguno la figura del hombre, los turcos decapitaron cuantas esculturas de este género hallaron en Atenas. Por una ancha escalera de mármol se liega áios Propileos, entrada monumental de la Acrópolis. El edificio de los Propileos, cuya construcción data de 432 años antes de Jesucristo, constaba de tres partes: la galería ópuerta central ylas dos alas. De la galería central, que tiene 18 metros de longitud,se Ten aún las hermosas columnas áre órden dórico, de nueve metros de altura yuno de diámetro. El pequeño templo de la Victoria, según algunos autores, es de construcción más moderna que los Propileos, ysegún otros formaba el ala derecha 122 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. de este edificio; pero tanto por la distancia que los separa cuanto por su érden arquitectónico, nos parece poco probable esta última suposición. El templo de la Victoria forma un pequeño recinto cuadrado; cada uno de sus lados ostenta cuatro columnas jónicas, yen su interior se guardan varias esculturas. Entre ellas se encuentra la célebre Victoria de Fídias, representada en relieve sobre mármol por una matrona descalzándose la sandalia. Esta alegoría quería sin duda representar que fatigada ya de la lucha la Victoria, se establecía definitivamente en Aténas. La actitud, la delicadeza del ropaje que en anchos pliegues envuelve áia matrona, el conjunto armónico ylos detalles de esta escultura, hacen de ella una obra maestra, yes reputada como una de las mejores de Fidias (1). Por entre rotas columnas, destrozados restos de pilastras, mármoles sin forma, ruinas sin nombre, tristes harapos que átravés de los siglos llegan á nosotros para despertar el recuerdo del lujo yesplendor pasados ypara siempre extinguidos, atravesamos el vasto perímetro de la 'Acrópolis hasta llegar ásu parte más elevada, sobre cuya eminencia descuella la majestuosa fábrica del Partenon. ¡Ah! turbada la vista, suspenso el ánimo, lleguemos ásaludar ei Partenon con religioso respeto. (1) Don Ricardo Velazquez, individuo de la comisión científica que hizo este viaje, adquirió, si la memoria no nos engaña, una copia en yeso de esta escultura, con destine al Museo Arqueológico da Madrid. CAPÍTU10 XII. ATENAS. (Conclusión.) Al Norte del Partenon se ve un pequeño edificio formado por los templos de Neptuno, de Minerva Foliada, el Erecteo jlas Cariátides. Cuenta una fábula mitológica que Minerva yNeptuno sostuvieron una larga ycruenta lucha porque los dos pretendían ser los protectores de Aténas. Triunfó Minerva, yNeptuno se hundió en tierra con su tridente. Más tarde, ansiando vengar su derrota, tiró desde el mar una enorme piedra ásu vencedora; pero esta, que estaba alerta sin duda contra las acechanzas de su humillado rival, rechazó la piedra con su lanza. ¡Buenas partidas tienen los dioses! 9 130 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. Temiendo los atenienses nuevos ataques por parte del vengativo Neptuno, para desenojarle erigiéronle un templo al lado de otro para Minerva. Desde entonces no lia vuelto áapedrear ála diosa el dios de los mares. La protectora de Aténas fué luego más suntuosamente alojada en e] Partenon. Del paganismo sin duda, tomó origen la costumbre que aún conservan los cristianos de implorar para sus ciudades la protección inmediata de algunos santos óvírgenes. Los mencionados templos se encuentran destruidos. Del Erecteo queda solo un trozo del friso, primorosa ydelicadamente labrado en mármol. Del templo de las Cariátides sé ve el hermoso pórtico. Sobre un pedestal las estatuas de las seis cariátides sirven de columnas para sostener la cornisa. Aunque bastante deterioradas, estas esculturas, aún pueden admirarse la pureza de sus líneas yla admirable perfección de sus formas. Por una feliz casualidad estas estatuas no han sido decapitadas por los turcos. Fueron las cariátides esclavas convertidas en diosas por su hermosura, que en todo tiempo rindió el hombre adoración ála belleza, yno podían las fábulas mitológicas relegar al olvido este sentimiento. En este templo se administraba justicia •« ios esclavos. Fatigado el cuerpo yel espíritu de esta excur - sion, siento la necesidad imperiosa de descansar, y entre los trozos de mármol que diseminados encuentro, elijo uno tallado en forma de asiento. Pronto me advierten que estoy profanando la silla 131 DIARIO DE CX VIAJE ÁORIENTE. de Ia saC8rdotlfde inerva, profanación por la que se imponía en la antigüedad pena de muerte. Puedo tranquilo descansar: aquellos dioses se fueron . Bajamos por fin de la Acrópolis, ynos dirigimos a_ tempio de .eseo. Este templo, aunque de proporciones mas reducidas, se asemeja al Partenon, al cual -al vez sirvió de modelo: aún se ven en las diez metopas de su fachada oriental algunas esculturas en reneve, representando las hazañas de Hercules yTeseo (1). Anuestra espalda queda la eminencia que ocupa oa el Areópago. De él no resta más Que el sitio yel recuerdo. Más al horte se encuentra un muro que sostiene una explanada al pié de un peñasco: sobre este peñasco se levantaba una tribuna, desde 3a cual decía ^emóstones álos atenienses—«Allí está Egina, ayer nuestra rival, yhoy nuestra esclava. »—Filipo de Macedonia hizo bajar esta tribuna al pié deí peñasco. También aquí resonó la voz de Pericles yAlcibiades, yescuchó el pueblo la sentencia que condenó áArísíides al ostracismo, que siempre la desgracia yia ingratitud fueron el premio que alcanzaron en viaa los justos ylos sabios. ^ En prueba de esta amarga verdad, no léjos de este sitio se levanta un cerro en cuya falda se vé la (1) Paso por alio las fábulas que áestos asuntos se refieren, de toaos conocidas, así como también me abstendré de largas descriocioaes arquitectónicas que tantos viajeros han hecho, para no fatigar la atención de los lectores. 132 DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE entrada de una oscura caverna. Su interior se divide en tres compartimientos, yeste sitio se señala como la prisión de Sócrates. Aquí el sabio con el corazón sereno, tranquila su conciencia yfuerte el ánimo, consumó el sacrificio de su vida en aras de la verdad que defendía, apurando la cicuta que en castigo de su ciencia le presentó la ignorancia. ¡Los mártires de la ciencia! Estos son los verdaderos héroes de la humanidad. Remirábanse los edificios más soberbios, piérdense ios pueblos conquistados, pasan las instituciones todas ybasta las religiones positivas se transforman ymueren en su extraviada senda: solo el genio es eterno, solo la ciencia vive yse perfecciona en su incesante trabajo, destruyendo, errores yhallando nuevas verdades. Por eso el espíritu humano rinde culto ála memoria decesos hombres que arrancaron de sus ojos la venda de la ignorancia, de esos hombres que fueron ios verdaderos mártires, los sagrados apóstoles de una religión eterna. Retiramos la vista de la prisión del maestro, y allá álo léjos contemplamos en un declive del terreno un pequeño valle que fué la mansión del discípulo. Es el recinto de la Academia. No son, sin embargo, esos árboles los que cobijaron áPlatón, que aquéllos cayeron al golpe del hacha demoledora de Siia. Nada queda tampoco del templo del Amor yde las Musas. Saludamos de léjos una pequeña torre que recibe el nombre de Linterna de Diógenes, en memoria de aquel filósofo, ynos dirigimos ávisitar las construcciones romanas. IHAUIO t>K UN VIAJE ÁORIENTE. 133 ai "eatr0 de Ba°o> construido por Adriano se levanta sobre el emplazamiento de un anticuo teatro gnego. tai vez el Odeon. Lamenta Chateubriand que ios gladiadores se entregaran ásus sangrientos juegos en ei mismo sitio donde se representaron las ooras maestras de Esquilo, Sófocles yEurípides. No participamos de su opinión; las reducidas proporciones del teatro no permiten suponerque sirviera para lucha de gladiadores. Aeste objeto, como es sabido, se destinaban los anfiteatros de vastas dimensiones, para albergar un pueblo entero. En Pompeya tuvimos ocasión de ver teatros yanfiteatro, unos yotro de construcción romana;" yesto nos hace creer que el sitio donde hoy estamos no pudo servir más que para la representación de tragedias. Ei teatro de Baco está formado por una gradería circular de mármol en cuyo centro queda un espacio rodeado por una valla de la misma piedra, de un metro de altura, adornada con bajos relieves que fueron completamente destrozados por los turcos. En los asientos de las primeras filas, de forma curnl, se ven inscripciones con los nombres de los magnates áquienes pertenecían. Llegamos ai mercado de Adriano. Sobre su puerta existia esta inscripción: Aquí está, la ciudad d,e Adriano yno la d,e Teseo. De este monumento quedan siete columnas de nueve metros de altura y uno de espesor, con capiteles corintios, que, colocados ádistancias desiguales, vienen áformar un segmento de círculo. Hénos ya en ei templo de Júpiter Olímpico. En 134 DIARIO DE UN VIAJE AORIENTE. una inmensa planicie completamente desnuda, respetadas por el tiempo, levántanse aisladas yorguHosas 16 columnas, que en esta soledad producen sorprendente efecto: más bien que restos de un edificio parecen gigantescos árboles que el capricho del tiempo yde la naturaleza quiso petrificar. Dos (le estas columnas están unidas por un trozo del arquitrave: otra yace en el suelo tendida yrota, mostrando ásus compañeras el fin que les aguarda. Este grandioso templo fué comenzado quinientos años antes de Jesucristo ,por Pisistrato :ásu muerte quedaron paralizadas las obras; continuaron su construcción los emperadores romanos con empeño, yle cupo áAdriano la gloria de terminarla. Ciento veinte columnas de órden corintio, de 19 metros de altura por dos de diámetro, tenia este majestuoso templo, cuyas dimensiones eran, 116 metros de longitud y56 de anchura. Hemos visitado los principales monumentos de ia antigua Aténas, ysi queremos buscar el contraste de tanta gloria ygrandeza tanta, no tenemos rnás que volver los ojos al mísero pueblo que se levanta al lado de estas ruinas. Pero nó; pasemos de largo sin fijar la atención en sus humildes viviendas, en sus iglesias pintorreadas, ni en su real palacio que más parece un cuartel. Ho destruyamos con mezquinas impresiones ia impresión solemne que han despertado en nosotros los restos de la antigüedad. Pero antes de salir de Aténas he de dejar consignado un recuerdo de g’ratitud al cónsul de España, DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. IS5 ei inspirado poeta D. Enrique Gaspar, que en unión de su amable ybellísima esposa, nos colmó de obsequios yatenciones. Yhoy, clespues de seis años trascurridos desde que tomé los anteriores apuntes, cumplo con un deber al dedicar un cariñoso recuerdo ála memoria de D. Jorge Zammií yRomero, que ya ha bajado al sepulcro. Asu conocimiento práctico del terreno, á su profunda ilustración, debimos el formar idea exacta de los sitios que visitamos. Siempre lamentaremos su muerte los que nos honramos con su amistad. CAPÍTULO XIII. DE GRECIA. ÁTURQUÍA. Cinco dias permanecimos fondeados delante de el Píreo. Rompía el sol apénas las brumas de la mañana, cuando el barco puesto en movimiento con mar llana ybrisa bonancible, me separaba, tal vez para siempre, de esos lugares donde vivieron los artistas los héroes ylos sabios cuyos nombres van unidos en mi mente con los recnerdos de los primeros estudios de mi juventud. El sol se ocultaba cuando desde el friso del Partenon distinguí el paño amarillo yrojo de la fragata Arapiles,yhoy al nacer el sol contemplo por vez postrera, allá léjos, en la cumbre de una eminencia, las majestuosas minas del sagrado templo. Desde este sitio se veia antiguamente toda la AORIENTE. 137 DIARIO DB UN VIAJE grandiosa fábrica del Partenon yla colosal estatua de Minerva que se levantaba orgullosa delante del templo. Hoy solo se distinguen columnas aisladas, edificios derruidos, muros ypiedras formando un conjunto extraño sin forma determinada ni conocida. El ánimo se entristece, yuna dolorosa impresión atormenta ai hombre cuando con amargas consideraciones se despide para siempre del teatro de tantas grandezas. Nos internamos en el Archipiélago. Islas ypromontorios alcanzada vista por todas partes. Egina yLaurium quedan ánuestra espalda, la isla Longa yla de Zea, próximas ánosotros, la de San Jorge áiarga distancia, yallá más léjos, por la proa, Sira yNegroponto. Aún pasamos por entre Skiros yPsara, vemos Lémnos, Mitiline yotras islas que parecen surgir de las azuladas ondas, yal tercer dia de navegación, después de haber permanecido media hora delante de la isla de Tenédos, nos aproximamos al continente asiático, fondeando en la bahía de Besika. Henos, pues, en Turquía, dentro de los dominios del Sultán. CAPÍTULO XIV. LOS DAEDANBLOS. Estamos fondeados en la bahía de Besika. En cuanto la, vista alcanza no se ve más que una tierra inculta, que hace formar idea de la pobreza del país. Alguna que otra choza miserable completa el cuadro. Ni un pequeño muelle de madera donde atracar ios botes... ¿Ni para qué se necesita si el pueblo más próximo dista una legua, yes tan pome. que en él áduras penas han conseguido nuestros^reposteros encontrar algunos víveres?¿Y es este e'^.onae tuvo lugar aquella grandiosa eoopeva que con el nombre de guerra de Troya,átravés de L 'T S I8’„f 7ds Ias edad8s ha Hegado basta nosocros, ül tiempo nada respeta. ¿Qué resta ya de aquenos héroes, de aquella gloria? Dos montecillos que se señalan como sepulcros de Héctor yAquí- diario de un viaje áoriente. 145 y-mas aun, su dignidad ysu orgullo. La prueba de que el amor debe entrar por muy poco en estos celos esta en que el turco no busca la fidelidad de la mujer en la reciprocidad de sentimientos, yse contenta con la fidelidad obligada de la oveja hacia el pastor. De aquí los eunucos. La tenemos planteados los tres problemas, ó mejor, las tres grandes inmoralidades del harem: primera: las mujeres, como propiedad, se encuentiaii ian mal repartidas, que teniendo demasiadas los ricos, quedan muy pocas relativamente para los pobies, aquí donde la miseria abunda. Los que se quejan del mal reparto de la propiedad mediten sobre esto. Segunda: el estado abyecto de la mujer será la eterna rémora del progreso en Oriente, porque no es posible negar la legítima influencia de la mujer en las sociedades, formando los sentimientos del hombre, templando sus arrebatos, guiándole por ei camino del bien yde la virtud ,en sus tres esferas de hija, esposa ymadre. Santificad la mujer ysantificareis la sociedad. Los países más cultos, más adelantados, son aquellos en que la mujer goza mayores consideraciones, en los que es más libre éilustrada. En el santuario del hogar es la mujer la diosa de la familia, yes la familia el núcleo primitivo yfundamental de las sociedades. Donde la mujer es esclava, viven los hombres en un materialismo (i) grosero que ha de llevarlos ála (1) Entiéndase que no hay en esta frase alusión de ningún género á la escuela materialista, en punto áciencias naturales. 10 DIARIO DE EX VIAJE ÁOüíEW. abye'o'eiqa. Ydejando este asunto que debatido por muchos pensadores está fuera de toda nuda, ajémonos en la tercera cuestien de las señaladas: en los eunucos, _Existen en Turquía centenares de séres dedicados águardar yvigilar ála mujer.- La naturaleza los hizo hombres, ysiendo niños, el hombre los convirtió en eunucos. En tan delicada asunto excuso los comentarios. Es creencia generalizada queel eunuco es un sér escuálido yrepugnante. Por el contrario, como son muy apreciados paralas necesidades del serrallo, se los paga bien yse los cuida mejor, suelen ser buenos mozos yrobustos. Solo en la voz puede conocerse el triste oficio áque fueron destinados. Besulta de lo expuesto, que en Turquía, más que en ninguna otra parte, están reservados al rico todos los placeres yal pobre todas las miserias, y que es una creencia errónea la de que los turcos gozan una perpétua vida de amor, pues la mayor parte viven miserablemente con una sola mujer, y aun ésta no siempre les es fácil encontrarla. h'o necesito decir que no me fué posible penetrar en el harem. Preguntado mi guia sobre el peligro áe un escalamiento, me refirió el caso de un extranjero que se atrevió állevarlo ácabo en Constantinopia. yante el terrible castigo que sufrió (1) sentí desaparecer mi curiosidad. U> Cuéntase que cogido irifr/tganti te fué devuelta la libertad. o coavertido en. eunuco. > 147 DIARIO DE ÜN viaje ÁORIENTE. Penetremos ahora en las calles de Chanak Son en su mayor parte estrechas ytortuosas, sin que t encuentren apenas otras plazas que las que ITturaimeme resultan del cruzamiento de calles Constan ias casas de planta baja yprincipal, la primera de mampostera yde madera seca yrenegri¡Tto segunda, sobresaliendo constantemente el piso alto aei mver del bajo. No es posible formar idea del feto MJ1Q aspecto que estas calles presentan por la oscuridad yextraña construcción de sus casas, más parecidas aviejos palomares que áhumanas viviendas. Cmebres son las ciudades de Turquía por sus incendios, yfácilmente se comprenden los estragos que el fuego puede hacer al prender en estos maderas. Las tiendas son también estrechas ymezquinaspero en cambio abundan los cafés, si podemos dar este nombre áuna sala sin decorado con ocho ó diez mesas de madera yuna de billar. Ya tendremos ocasión de visitar algunos de estos establecimientos. En esta población no hay bazar: pero en Smirna, Beirut yConstantinopla podremos formar úna idea de los bazares turcos. Vagando por las calles de Chanak, no se tarda seguramente en encontrar un cementerio donde menos se piensa. Son aquí, sin duda, los vivos aficionados ála vecindad de los muertos. Además de cuatro grandes cementerios situados en uno de los extremos del pueblo, se encuentran otros muchos en las calles, contiguos álas casas. Su construcción no puede ser más sencilla; unas veces un 148 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE* poQUGíio jardín, otras, ni aun osto, un trozo do tor reno cercado por una empalizada de un metro de altura. Los cadáveres son sepultados en la tierra: el monumento sepulcral consiste en dos piedras largas, planas, de figura piramidal, enclavadas en el sitio correspondiente ala cabeza ylos pies o.eI cadáver. Algunas de estas piedras, donde se graoa el epitafio, presentan labrados caprichosos, yéstos, yla altura de tan sencillo monumento, nos dan idea del rango que en vida ocupó el difunto. Si tenemos en cuenta esta situación délos cementerios en un pais cálido, yañadimos la mala ventilación de las casas que no tienen por lo general más de dos ótres ventanas, el hedor que de esas casas se desprende yla suciedad de las calles, fácilmente nos explicaremos que haya servido siemnre este país para inficionar áEuropa de toda clase de epidemias. Cáscaras de fruta, sobras de alimentos, todo se vierte en las calles; su limpieza, sin duda, está encomendada álos perros, cuyo exorbitante número no sorprende al viajero, pues sabido es que en ninguna parte abundan como en Turquía, por más que hoy no sean mirados con el respeto que ge - neralmente se cree. Tampoco sorprende encontrar en los tejados yminaretes nidos de cigüeñas, aves que los mulsumanes consideran de buen agüero. Esta población, que cuenta unos 12,000 habitantes, está compuesta en su mayoría de turcos, judíos yarmenios. El traje que usan los turcos es bastante conocido para que me entretenga en describirlo, ysolo haré notar que se vá modificando notable- DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 149 mente, pues ya se encuentran muchos que visten á la europea, sin conservar del antiguo traje más que el gorro que no se quitan nunca, costumbre que han tomado también los judíos. Me ocuparé, pues, del traje de las mujeres yde su decantada hermosura, que, ádespecho del Koram, dejan entrever al extranjero por entre los pliegues del manto. Quien haya leído que las mujeres de Oriente son las más hermosas del mundo; quien haya entretenido sus ócios con brillantes ypoéticas descripciones de encantados harenes; quien se finja con los ojos de la imaginación mujeres ideales, voluptuosamente reclinadas en cogines de Damasco, vestidas con caprichoso traje, compuesto de bordada chaquetilla de terciopelo, de anchas yflotantes mangas, que dejan desnudo el brazo mórbido y alabastrino, faja de brillantes colores, ciñendo una cintura esbelta yflexible, rojo yholgado calzón de seda, sujeto al tobillo para que puedan lucirse los diminutos piés calzados con chinelas bordadas de oro, ypor último, blanco turbante, coronando el óvalo de una hermosa cara, de frente purísima, nariz de rectos perfiles, rojos yfrescos lábios, que, entreabiertos, dejan ver los pequeños dientes de nácar. negros yrasgados ojos, de mirada, ora lánguida, ora ardiente, que hacen enloquecer de amor; quien sueñe un paraíso de delicias, siga en su venturoso desvarío, en sus halagüeñas ilusiones, ypara no despertar ála realidad, no venga ábuscar en la mujer de Oriente el ideal de sus sueños. Usan las turcas para salir ála calle un traje 150 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE . compuesto de un jaique ómanto que en largos pliegues llega casi hasta los pies, especie de dominó de color morado, azul órojo, yno turbante sino nube blanca muy parecida álas que hasta hace pocos años usaban las mujeres de Europa, en cuya nube se envuelven la cabeza yla cara, dejando ver los ojos, que, en honor de La verdad, parecen hermosos, gracias ála habilidad con que se pintan las pestañas yálas disimuladas líneas negras con que prolongan el ángulo externo de los párpados. Sabido es que tienen las mahometanas la costumbre de pintarse las uñas de color de rosa óazul oscuro, siendo este color más frecuente que el primero, y como sus manos están muy léjos de ser blancas, resultan con esto verdaderamente repugnantes. El traje que dejo descrito, muy poco airoso, es llevado sin gracia alguna por estas mujeres, porque no es posible que resulte donaire con su modo de andar álargos ylentos pasos. En cambio, tienen la gracia de hacer que el viento descompóngala nube que llevan en la cabeza, dejando su rostro al descubierto cuando pasan cerca de nosotros, ycon una precipitación no exenta de coquetería, se apresuran después que las hemos visto ácomponer la indiscreta nube, tapándose cuidadosamente. Entre las muchas veces que esto sucedió, no tuve la suerte de encontrar una cara hermosa: vi solo mujeres de co- ;or muy moreno, casi cetrino, de rostro ancho y facciones muy pronunciadas. Posible es que haya visto las excepciones solo; Pgl oes triste suerte la mia de haber tropezado en HABIO DE ÜX VIAJE ÁORIENTE. 151 mis viajes con lo peor de cada país. Algunos de mis compañeros se empeñaban en sostener io contrario, yesto me hizo meditar, para ver si hallaba una explicación satisfactoria áesta diversidad de pareceres, porque no es la vez primera que apreciamos lo que vemos de modo bien distinto. Todos los viajeros del mundo hau celebrado la campiña de Ñápeles como el cuadro más bello Que puede pintar la fantasía. Homero celebró la miel del monte Bimetus, ydijo de la isla de Kios, que era la más bella de las islas de la mar. ¿Quién será bastante osado para oponerse ála opinión unánime de todos ios viajeros? Ysin embargo, la campiña de Ñápeles vista desde el Vesubio, es encantadora; pero no lleva ventaja ála huerta de Valencia, si se contempla desde el Miguelete. Eu cuanto áHomero, lejos de mí el pensar que pudo equivocarse; pero desde entonces ;han trascurrido tantos siglos, han descubierto los navegantes tantas islas más hermosas que las del Archipiélago! No obstante, al contemplar la isla de Kios, no vemos lo que vemos, sino io que Homero vio, sin parar la atención por un momento en que el gran cantor de la llidcla vió la juventud de esta isla, ynosotros contemplamos su vejez, yla vejez será siempre respetable, pero nunca hermosa. ¿Y quién, que como yo, haya probado en Aténas miel del monte Bimetus se atreverá ápensar que no es superior ála de la Alcarria? No soy de eses españoles rancios que nada encuentran aceptable léjos de su patria. Por el con- 152 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. trario, envidio para España muchos adelantos que en. otros países he visto, ylamento que la preocupación, la rutina yun mal entendido patriotismo nos tengan en verg-onzoso atraso. Pero fuera de esto, convenid conmigo en que hay muchas bellezas convencionales. Considero locura empeñarse en ver el ayer en el hoy. Lo que ha muerto se recuerda; pero no se encuentra ya. Volvamos álas turcas, ómejor, dejémoslas, puesto que las hemos visto en la calle, yno nos es dado seguirías al harem. Ya las volveremos áencontrar en Constantinopla, donde solo van cubiertas por un ténue velo de gasa, ypodremos verlas mejor.' ximbebido mi espíritu con las consideraciones que acabo de exponer, sorprendióme la puesta del sol vagando por las afueras del pueblo, en una hermosa alameda ádonde me llevó la casualidad. Sabiendo que está prohibido pasear por la noche fuera de la población, tuve que apresurarme ávolver á ella para no incurrir en falta, que me hubiera podido costar una multa áno pedir la protección del cónsul. ¡Oh, libertad, libertad! -uniremos en el café. Ya anteriormente describí el local, yme falta añadir que tiene salida áuna plataforma de madera, que sirve de muelle en la orilla del mar. En esta plataforma hay unas cuantas m®3as desvencijadas, ypreferí tomar aquí asiento mejor que en el salón. No está cerraua mi alma álas dulces emociones 153 OTARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. de la poesía yel sitio, la hora, los recuerdos, la melancólica belleza del marea calma, distraen el eípímu.^as blancas velas de los pequeños barcos que se deslizan sobre la tersa superficie de las aguas ngando en pos de sí una larga estela que álos páde ulat^Ta f 1Una , SemeJ' auaa brillante cinta de piata, la majestuosidad de nuestra hermosa fraga,a Arapttes, fondeada orgullosamente en medio f1Xan! ! /' "J0s mis °'í os en la cosía de Europa mientas huellan mis piés esta tierra de Asia, cuna de la üumamdad. yalia más léjos, siguiendo ese recodo de. Estrecho, Constantinopla, el Bósforo, todo habla aía imaginación con misterioso lenguaje. Involuntariamente recordaba las estrofas de la Canción del Pirata. «Asia áun lado, al otro Europa, yallá ásu frente Estambul.» Yáia mágia de los recuerdos, al encanto de la poesía, se añade el interés que há tanto tiempo despierta en Europa el nombre del Estrecho. Llegar áConstantinopla: la aspiración de Rusia. Poseer un puerto en los Dardanelos: el sueño de Inglaterra. Yante los encontrados intereses de las distintas naciones, sigue Turquía siendo dueña y señora de estos lugares, dejando sentir el yugo opresor de su tiranía en algunas islas del Archipiélago, hasta que el equilibrio se rompa, ycaíga el imperio turco, como otros muchos cayeron. Pero Salí.' que al desplomarse puede surgir una conflagración general enEuropa. yentónces, ¿cual será el 154 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. porvenir del Occidente? El temor de este porvenir contiene átodos dentro de una prudencia que tendrá fin, yla pavorosa cuestión de Oriente surgirá de nuevo con sombríos colores. Las nubes del porvenir, preñadas de electricidad presagian horribles tempestades. Pero no, la humanidad, en su marcha progresiva, vence todas las dificultades, arrolla todos los obstáculos, ysus san - grientas 7iecatombss son como las erupciones del Vesubio, cuya lava arrasa cuanto encuentra, pero cuya ceniza abona los campos; son como las inundaciones del Nilo, que por el momento destruyen, pero fecundizan la tierra; son como las tempestades del cielo, que lanzan el rayo, pero purifican la atmósfera, yde este modo las tempestades ylas revoluciones dejan tras su aparente desolación nuevos gérmenes de vida. Pero me he propuesto estudiar principalmente ias costumbres de este país yno llenar las páginas de mi Diabio con el relato d^mis impresiones, porque éstas, mejor que en el papel, quedan grabadas en él corazón. Embargado aún el pensamiento con las consideraciones que la hora yel sitio me sugieren, vuelvo los ojos al interior del café. Las ocho ódiez mesas ie la pequeña sala están ocupadas por turcos, pobremente vestidos, que en vez de refrescar, álo que el calor de la estación convida, se ocupan con indolente fruición en fumar el nargnillée. Voy átratar te describir este aparato. Figurémonos una botella ae agua de Seltz cuyo sifón se abre en la parte su- DIAHIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 257 de algún tiempo ha disfrutado del movimiento yla vida de una ciudad de primer órden. Algo le queda hoy, pero la apertura del Canal de Suez que va creando nuevas poblaciones ha de perjudicar áAlejandría. No ha sido vano para esta ciudad su trato continuo con los más civilizados pueblos de Europa. Alejandría hoy es en una gran parte una ciudad completamente europea, con calles rectas, anchurosas, casas de gusto moderno, cafés, teatros yestablecimientos lujosos. Sus calles principales están adoquinadas, yotras muchas, cuyo piso es terroso, se están empedrando átoda prisa. Si es cierto que como medios de locomoción dan los naturales la preferencia álos borriquiilos que desarrapados muchachos ofrecen al transeúnte, lo que se complacen en referir los viajeros, también es cierto, yesto no lo dicen, que sus calles principales se ven constantemente recorridas por numerosos carruajes. El suntuoso harem para cuando el virey reside en Alejandría, ymuchos hermosos palacios habitados por los cónsules, son magníficas construcciones modernas, dignas del más culto pueblo de Europa. Tal es el centro de la ciudad. El resto diferenciase poco de los pueblos turcos; pero sí se observa en sus moradores mayor atención para con los extranjeros ymayor cultura. Aquí he tenido ocasiou de observar una curiosa costumbre conservada en todos los pueblos orientales, yque he de referir tal como la presencié. Un árabe de atezado rostro ypronunciadas facciones, 17 258 DIARIO DE UN VI-AJE ÁORIENTE. más bien'que vestido, envuelto en harapos, está sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Un numerosísimo corro se forma alrededor suyo, ycon voz lenta, monótona, siempre en el mismo tono, habla, sininterrupcion, por espacio de una ódos horas, según me aseguran. Es que refiere una de esos interminables yfantásticos, cuentos árabes. Cuando el cansancio le rinde suspende su relación que reanuda al siguiente dia en el mismo sitio yála misma hora. Los oyentes recompensan su trabajo ópagan la distracción que les proporciona con algunas monedas de cobre, yaunque hay quien asegura que éstos, que podemos llamar novelistas errantes, recojen abundante colecta, ájuzgar por lo que vi, ni la colecta era abundante ni el traje del narrador acusaba holgura ni bienestar. Excuso decir que no entendiendo una palabra de lo que oia, ymolestándome el monótono acento del trashumante orador—novelista de callej uela—me detuve en el corro breve rato. Sospecho, sí, que debía ser en extremo interesante su historia, cuento óleyenda, ájuzgar por la profunda atención yreligioso respeto de sus oyentes. Dos monumentos notables se ven en Alejandría-, la Columna de Pompeyo yla Aguja dx Cleopatra. Esta de 21 metros de altura por dos ymedio de base, de figura piramidal, es construcción romana yfué elevada por Cleopatra en el templo de César. La Columna de Pompeyo es aún objeto de las discusiones de los sabios, pues su origen se refiere ádistintas épocas. Parece probado que constituía DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 259 el principal adorno del templo consagrado áSerápis, yse cree asimismo que fue construida por Dinocrato. ála vuelta de Alejandro de su expedición al Alto Egipto. Mr. Leake (de la sociedad real de Lóndres) asegura que carece de fundamento la versión que atribuye esta obra áun Pompsyo, gobernador del Bajo Egipto. Su estilo es corintio, su altura es de 114 piés franceses, ysu circunferencia de 28. Haciéndose izar por medio de cuerdas, puede subirse ála cima, y. en ella dícese que caben cómodamente catorce personas. Poco tiempo hace descubriéronse unas catacumbas, cuya antigüedad es aún desconocida yque no pudimos visitar. Muéstrase también al curioso viajero un espacio socavado por las agmas, que recibe impropiamente el nombre de Baño de Cleopatm. Creése que en este sitio se depositaban los cadáveres para ser lavados antes de su inhumación, yposible es que con este objeto fuera conducido aquí el cadáver de la hermosa reina. Cerca de la ciudad hay un hermoso paseo construido en la orilla de un canal que comunica con uno de los brazos del Nilo. Poco he podido juzgar de las costumbres peculiares de este pueblo en mi rápido paseo por Alejandría. Sí consignaré con gusto que después de recorrer la Turquía, produce agradable impresión el mayor grado de cultura, de civilización yde pro greso que alcanza el Egipto. ~He tenido la costumbre, creo haberlo dicho otra 260 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. vez, de recorrer solo las ciudades que visito. Hícelo así en Alejandría ysorprendióme la hora de regresar ábordo, perdido en un laberinto de calles de donde no acertaba ásalir. La noche avanzaba yal amanecer habíamos de salir del puerto. Cuanto más quería orientarme, más ymás me extraviaba. Por fin. acerté ápasar por delante de un cuerpo de guardia: el oficial hallábase sentado á la puerta; dirigimeá él, que me recibió levantándose ysaludándome con la mayor cortesía; le supliqué en francés que me indicara el camino para llegar al muelle, yaunque por señas me contestó que no entendía mi lenguaje, comprendió por mi actitud el favor que le pedia, ydió, según comprendí, órden áun soldado para que me acompañara, indicándome que le siguiera. Procuré por señas también manifestarle mi gratitud yllegué al muelle en pos de mi silencioso guía. Las mujeres de esta ciudad cúbrense el rostro como todas las mahometanas; pero el paño que oculta la parte inferior de la cara en vez de llegar hasta el pecho yser de corte cuadrado, llega hasta las rodillas ytermina en punta, en forma de triángulo. Este paño, por medio de una caña, se sujeta al manto que cubre la cabeza yla frente. Sin haber tenido tiempo de ir áMénfis, niáTébas, ai Cairo ni alas Pirámides, sin haber siquiera visitado el emplazamiento de la antigua Nicópolisf salimos de Alejandría. CAPÍTULO XXX, TROMBAS MARINAS.—MALTA. Sabido es que los barcos tienen ménos calado á proa que ápopa. Con objeto de disminuir el calado de esta, para evitar que otro descuido del práctico dé lugar áun percance como estuvo ápunto de sucedemos al entrar, dispone el comandante que todos los pesos de popa, como proyectiles, cañones, cadenas etc., sean trasladados áproa. Con estas precauciones salimos del puerto sin novedad, ysin accidente alguno hacemos en siete dias la travesía de Alejandría áMalta. La víspera de nuestra llegada áMalta, alas nueve de la mañana se vieron dos trombas por el ggoObservé por vez primera este fenómeno. De dos nubes próximas partían en dirección oblicua dos columnas de agua que fueron alargante y bajando gradualmente, atrayendo asi otras do= co DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 262 lunillas ¿6 agua del mar. Las olas por aquella parte agitábanse como si estuvieran en abullicion. Siguieron bajando las aguas de ias nubes, subiendo las del mar, yjuntáronse por fin, estrechándose, confundiéndose en un abrazo los dos infinitos, las dos inmensidades. Este fenómeno es debido, según la opinión de algunos físicos, al movimiento de rot-acion que se establece en el aire inmediato aías tempestades, y según otros reconoce por causa la electricidad atmosférica. Conócense estos fenómenos con la denominación de mangas ótrombas de aire ytrombas de agua, y según la localidad divídense en terrestres ymalinas. En tierra su energía es tal, que desarraígalos árboles más seculares yllega ádestruir edificio» enteros. En la mar el remolino de agua que forma en una gran circunferencia, constituye un grave peligro para los navegantes, No obstante se evita fácilmente disparando uno óvarios cañonazos, pues la detonación agitando el aire éimprimiéndole un determinado movimiento deshace la tromba. No bien llegamos áMalta fondeando en el puerto de Lavaletta, se presentó ábordo el cónsul de España, entregando al comandante ór den del gobierno para que emprendiéramos el viaje áCartagena. Con este motivo, no nos detuvimos en Malta más que el tiempo necesario para hacer carbón. La isla no presenta, vista desde el mar, ese riente aspecto que presta una lozana vegetación. Por el contrario es árida, ysu costa blanca ypoco 263 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. elevada sobre la superficie del mar parece estéril. La ciudad de Lavaletta, dividida en dos mitades por su hermoso puerto, es limpia, aseada, con buenas construcciones yhermosas calles yplazas. Esto solo pude ver en el único paseo que di por la ciudad. Alas diez déla noche ciérranse ios comercios, los transeúntes se retiran, queda la ciudad casi desierta, yyo también me retiro ábordo lamentando no haber podido visitar la iglesia de San Juan yla Armería donde las armas se guardan de los caballeros que después de haber defendido la isla de Rodas, estableciéronse en Malta por cesión de Carlos Y Con o-usto hubiera visitado la gruta de Calipso, próxima ála bahía de San Pablo, si tiempo hubiera tenido para dedicarme áestas excursiones .Consuéleme sin embargo, con la idea de verme en España Sode pocos dias, que ya siento Kt**do < . Ptttuytantos paisajes ypueblos que he visto cómo decoraciones de teatro, tan diverso;itr|es, idiomas ycostumbres, islas, continente;,eeolios, volcanes, todo se presenta ya confuso ami ima» nación, ycomo dice el poeta: Aturden, turban, marean Tanta visión, tanto afan. CAPÍTULO XXXI TEMPORAL.—LLEGADA ÁESPAÑA. Salimos de Malta con viento flojo, mar llana y cielo yhorizontes acelajados. Por la noche divisamos la costa de Africa por la amura de babor, desde cabo Bon ácabo Mustafá. Transcurren cuatro dias sin novedad. Amanece el quinto con cielo yhorizontes abrumazonados, viento fresco del S. O. ymarejada. Por la tarde el viento, que ha continuado refrescando, es duro, la mar gruesa yel cielo presenta mal cariz. Comienzan ábordo las precauciones. Desenvérgale las alas yrastreras, se calan mastelerillos, enciéndenseenla máquina dos calderas más, échanse abajo las vergas de juanetes ysobres, se recorren las trincas de la artillería yse cierran lasportas. La noche es oscura: la mar engruesa ylanza pavorosos rugidos; el viento silba en la jarcia sacu- DIARIO DE DN VIAJE ÁORIENTE. 265 diendo furiosamente las escalas ycordajes; las negras olas chocan yescalan los costados del buque como si quisieran sepultarlo. Aterrador espectáculo para el que lo presencia por vez primera: grandioso para el que acostumbrado ála vida de la mar conoce las condiciones del barco yno piensa en el peligro. Por fin, ála una déla noche comienza áamainar el viento, yal amanecer queda flojo, ymar tendida. Amanece de buen cariz con cielo yhorizontes despejados. ¡Qué alegría siente el ánimo cuando después de una noche como la pasada al nacer el sol encuéntrase un firmamento limpio ytransparente y una mar tranquila ybella! Navegando átoda máquina con viento bonancible del O. ymar tendida de él, avistamos tierra por la proa álas tres de la tarde, reconociendo los Juncos de cabo de Palos. Alas cinco estamos tanto avante con su farola. Estas son las costas de mi patria; no acierto á explicar mi emoción. El sol se oculta majestuosamente tras la cima de las montañas; jamás su luz me pareció más espléndida, ni más bellas sus refulgentes tintas, ni más ricos los variados matices que coloran el horizonte. El hombre es cosmopolita ytodos los hombres son hermanos; pero así como entre nuestros semejantes guarda el corazón más profundo cariño para los séres que nos dieron la vida ypara aquellos que con nosotros compartieron las horas de la niñez, así también por más que el mundo pertenezca al hom- 266 diario de un viaje áoriexte. ore, existe siempre un pedazo de tierra ycielo, aquel en que vimos por vez primera la luz del sol, aque recuerdo vá unido al sagrado recuerdo denúes tros padres, porción de cielo jtierra que amamos tiernamente, ycuyo yate sabemos soto cuando las vicisitudes de la vida nos alejan de '* ?r‘‘«ato el viviendo en lejanas tierras se pueae comprender profundo cariño que guarda el corazón para eisueio querido que nos vio nacer. Yo lie recorrido m chas veces esta costa mirando sus ^cidemej con indiferencia, yhoy al ver estos akna rebosa el corazón de alegría yaspiro e. am biente con el mismo afan, ccn la fruición con ;J respira el aire libre el infeliz que ha gemido laro0 tiempo en oscuro calabozo. ’» isla Alas ocho de la noche estamos *.S. con misla de Escombreras ygobernamos para el puerto.de Cartagena, dando fondo álas nueve entre iO» x-uer tes üe Puadera ySanta Ana. _.. Dió fin nuestro viaje; estamos en üspana. nesta me solo hacer brevemente el prometido resumen d mi excursión por Turquía. DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTE. 273 Los esfuerzos del poder se estrellan en la apatía, er. la inercia de un pueblo ignorante; el Sultán se enajénalas voluntades, el pueblo sigue dormitando en su indolencia, los magnates conspiran contra e Sultán yéste muere al fin con la amargura e haber realizado su obra. aiin La degeneración de los turcos no na llegado aun ai punto de hacer presagiar su muerte, han perJo la altivez de su carácter: valientes como toaos fus pueblos fanáticos éignorantes, sale>la:guerra ,¿mearlos de su indolencia. Hoy la guena pueblo brutal ysanguinario no menos atrae sado en punto álibertades políticas nene aJta«ar pueblos ignórame*, unpu fgu 8Spíritu guerdiciones, yel otro por *a ís bicjon de sus serebo, su afan de conquista yla ambición a ñoreS',, 50,porvenir’ ¡Quién sabe! Tal ¿Qué nos guarda el ;uerra 3Írve para vez esa calamidad qu ^álos pueblos destruir unas vece* yregenei deCSSemeute hemos ."erarse áPrusia, después de su3 ^^sm'vícíos, después de tarse áFrancia, curad la causa de la humasu3 derrotas. Ten| a“° causa deiprogreso, que nidad, tengamos fe en agu luz próxima a aunque por un instante P¿e la ignoranextinguirse entre las opacas nao 18 274 DIARIO DE UN VIAJE ÁORIENTÉ. cia, pronto brilla más refulgente ybella, como el iris después de la borrasca. Concretando lo expuesto ,resumiendo mis impresiones, sintetizando mi opinión diré que el atraso de Turquía es el escarnio de Europa. Creo, sin embargo, que su regeneración ósu muerte será la obra de la civilización 6del tiempo. Indice. -±———Páginas Dedicatoria V Introducción vn I. —Da fragata Amplíes. 17 II—Argel 24 ni.—De Argel áNápoles.—El domingo abordo. 39 1^ •—Ñapóles.—I. Costumbres.—El recinto de la ciudad.—II. Possílipo.—El lago de Agnan.—La gruta del Perro.—Capodimonti. —Las Catacumbas. —III. Fiestas.— Costumbres 48 V.—Pompeya .68 VI.—El Vesubio 89 VII.—De Nápoles áMessina 100 VIII.—Messina 104 IX.—De Sicilia áGrecia. —Zafarrancho de combate IOS X.—El Píreo yAtenas 118 XI.—Atenas.—El Partenon 123 XII.—Atenas.—Conclusión 129 XIII.—De Grecia áTurquía 136 Capitules. Páginas. XIV.—Los Dardanelos 138 XV.—Chanak 142 XVI.—Constantinopla ... 160 XVII.—Lésbos 177 XVIII.—Smirna 182 XIX.—El Archipiélago 196 XX.—Kios 199 XXI.—Sámos 203 XXII.—El Archipiélago 207 XXIII.—Rodas 212 XXIV.—Xavegacion 218 XXV.—Chipre 222 XXVI.—Beirut 229 XXVII.—La Palestina.—Jafía 246 XXVIII.—Puerto-Said. —Llegada áAlejandría. — Peligro de una varada 250 XXIX.—Egipto.—Alejandría 254 XXX.—Trombas marinas.—Malta 261 XXXI. —Temporal.—Llegada áEspaña 264 Conclusión.—Carta-epílogo 267