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Adopción y problemas de conducta

Palacios González, Jesús; Sánchez Sandoval, Yolanda; León Manso, Esperanza

Abstract

Los problemas de conducta de niños y niñas adoptados se examinan en este trabajo más desde la perspectiva de su variabilidad intragrupo, que desde la de comparación adoptados-no adoptados. En una muestra de 181 niñas y niños procedentes de seis países y adoptados en España a una edad promedio de 38.5 meses, se analizaron los problemas de conducta y el contexto de las relaciones padres-hijos en los que se sitúan. Los datos resaltan la normalidad general de los adoptados, así como la mayor incidencia entre ellos de problemas de hiperactividad-distracción. Los problemas de conducta parecen a la vez afectar y estar afectados por la dinámica de las relaciones padres-hijos. Finalmente, los datos muestran la importancia de no dejarse llevar por etiquetas generales que ocultan la importante diversidad que se esconde en el interior de este grupo.

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171 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 Adopción y problemas de conducta Adoption and behavior problems JESÚS PALACIOS, YOLANDA SÁNCHEZ-SANDOVAL Y ESPERANZA LEÓN 1 RESUMEN Los problemas de conducta de niños y niñas adoptados se examinan en este trabajo más desde la perspectiva de su variabilidad intragrupo, que desde la de comparación adoptados-no adoptados. En una muestra de 181 niñas y niños procedentes de seis países y adoptados en España a una edad promedio de 38.5 meses, se analizaron los problemas de conducta y el contexto de las relaciones padres-hijos en los que se sitúan. Los datos resaltan la normalidad general de los adoptados, así como la mayor incidencia entre ellos de problemas de hiperactividad-distracción. Los problemas de conducta parecen a la vez afectar y estar afectados por la dinámica de las relaciones padres-hijos. Finalmente, los datos muestran la importancia de no dejarse llevar por etiquetas generales que ocultan la importante diversidad que se esconde en el interior de este grupo. Palabras clave: Adopción, Problemas de conducta, Relaciones padres-hijos. ABSTRACT Adopted children’s behavior problems are here explored from the perspecti- ve of intragroup diversity more than from the adopted-nonadopted comparisons. In a sample of 181 chidren from six countries adopted into Spanish families at 1. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Psicología Universidad de Sevilla. Calle Camilo J. Cela s.n. 41018 Sevilla, España. Correspondencia electrónica: [email protected]. 172 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 an average age of 38.5 months, children’s behaviour problems and the context of family dynamics in which they are situated were analyzed. Data show the group of adoptees to be behaviorally normal, although with a higher incidence among them of hyperactivity-distraction problems. Behavior problems seem to simultaneously affect and be affected by parents-children relationships. Finally, data show that it is important not to consider the adoptees by general labels that tend not to appreciate the important diversity existing within this group. Key words: Adoption, Behaviour problems, Parent-child relationships. INTRODUCCION La investigación sobre adopción está conociendo un importante incremento en los últimos años. Ello probablemente se debe al efecto combinado de una serie de factores, entre los que cabe destacar el incremento de los casos de adopción (particularmente, de adopción internacional), la creciente visibilidad social de la adopción (en otra época un secreto familiar y en la actualidad un ejemplo más de diversidad familiar), el descubrimiento de los investigadores de la adopción como un experimento natural (un terreno privilegiado para estudiar cuestiones relacionadas con la influencia de las experiencias tempranas y las capacidades de recuperación humana) y el creciente número de actividades profesionales desarrolladas alrededor de la adopción y de los en ella implicados (padres biológicos, padres adoptivos, niños y niñas adoptados). La pregunta más frecuentemente planteada se interesa por la comparación adoptados-no adoptados y trata de mostrar si los adoptados tienen o no más problemas (de adaptación, de conducta, de rendimiento académico...) que los no adoptados. Sin duda, existe un cierto debate en torno a la cuestión, pues mientras que algunos investigadores resaltan la mayor proporción entre los adoptados de quienes tienen problemas de diverso tipo (por ejemplo, Verhulst, 2000), otros encuentran diferencias mínimas entre los adoptados y los no-adoptados (por ejemplo, Sharma, McGue y Benson, 1998). Varias son las razones que explican estos datos contradictorios. Por un lado, la mayor incidencia de problemas entre los adoptados en comparación con los no adoptados tiende a encontrarse cuando las muestras de comparación están constituidas por adoptados que son extraídos de muestras clínicas (es decir, niños y niñas que han sido reclutados para los investigadores en contextos clínicos a los que habían sido llevados por sus problemas) (Brodzinsky, 1993), mientras que las investigaciones en las que los adoptados son reclutados entre la población general dan de ellos una imagen mucho más normal que problemática (Sharma et al., 1998). Igualmente, quienes han sido adoptados a una edad más temprana y tras una institucionalización más corta (Levy-Schiff, Zoran y Shulman, 1997; Rutter, Kreppner y O’Connor, 2001) no destacan por presentar más problemas que los no adoptados, mientras que los adoptados más mayores y tras institucionalizaciones más prolongadas (Groze e Ileana, 1996; Rutter et al., 2001), tienden a presentar más problemas. Por lo demás, como mostró Warren (1992), parece que los padres de hijos adoptivos (que suelen ser quienes rellenan los cuestionarios sobre problemas de conducta de sus hijos) son más sensibles ante las conductas de sus hijos, pues buscan para ellos ayuda psicológica antes y por 173 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 problemas menos graves que los padres de no adoptados. En todo caso, cuando se detectan más problemas entre los adoptados, las áreas más frecuentemente implicadas son las relacionadas con los llamados “síntomas externalizados”, que incluyen hiperactividad, impulsividad, agresividad, conductas delictivas, etc. Los datos obtenidos por nosotros mismos en una investigación sobre adopción nacional en España son ilustrativos de estos contrastes. En este caso, los adoptados eran comparados no sólo con sus compañeros actuales, sino también con los que podrían haber sido sus compañeros si hubieran permanecido en instituciones o si hubieran permanecido viviendo con sus familias en zonas con una alta concentración de riesgo psicosocial. Los datos muestran pocas diferencias entre los grupos por debajo de los 6 años (con la excepción de la mayor incidencia de hostilidad/agresividad entre las niñas institucionalizadas), pero diferencias más importantes por encima de esa edad: los niños y niñas de instituciones y de zonas de riesgo presentan una mayor incidencia de problemas, aunque de diverso tipo (más problemas de hostilidad-agresi- vidad entre los de zonas de riesgo y más problemas de ansiedad-temores entre los institucionalizados). A quien más se parecen los adoptados es a sus compañeros actuales, excepción hecha del área de hiperactividad-dis- tracción, donde los adoptados presentan significativamente más problemas que sus compañeros (Palacios, Sánchez-Sandoval y Sánchez, 1997). En el trabajo que aquí presentamos profundizamos en estos temas en tres sentidos diferentes. Por una parte, mientras que nuestras investigaciones anteriores habían implicado a niños y niñas de adopción nacional, los analizados en este artículo son de adopción internacional, niños y niñas adoptados en España en su gran mayoría entre 1997 y 2000. Por otra parte, en lugar de interesarnos por la comparación entre adoptados y no adoptados, en este artículo nos interesamos, en primer lugar, por los problemas de conducta entre los adoptados, y, en segundo lugar, por los factores con que tales problemas se relacionan. Y no sólo factores de los propios niños y niñas (como su edad en el momento de la adopción, por ejemplo), sino también factores relacionados con la dinámica familiar y las relaciones padres-hijos. En segundo lugar, en este artículo prestamos una especial atención a las diferencias entre unos adoptados y otros, así como al análisis de los factores con que tales diferencias pueden relacionarse. La investigación acumulada sobre este tema es escasa, ya que las comparaciones adoptados-no adoptados han prevalecido en los intereses de los investigadores. Por lo que al análisis de la variabilidad de problemas existente entre los adoptados, el factor clave más frecuentemente analizado es la edad en el momento de 174 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 la adopción (Simmel, Brooks, Barth y Hinshaw, 2001; Sánchez-Sandoval, 2002; Verhulst, Althaus y Versluis- Den Bieman, 1990), si bien los datos de Howe (1997) muestran que el tipo de experiencias habidas durante la vida preadoptiva debe también ser tomado en consideración. Finalmente, una de las limitaciones de la investigación más habitual sobre adopción es que se centra en los problemas de conducta de forma bastante descontextualizada. En efecto, la estrategia habitual consiste en constatar si hay o no más problemas, de qué tipo son y con qué tipo de variables del niño se relacionan: edad en el momento de la adopción, presencia o no de institucionalización previa, malos tratos antes de la adopción, etc. Nosotros nos interesamos por esos factores, pero además prestamos atención a cuestiones que tienen que ver con la dinámica familiar y las relaciones padres-hijos, ausentes en la investigación usual sobre adopción. MÉTODO Sujetos Nuestra investigación sobre adopción internacional en España surge como respuesta a un encargo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales con el fin de conocer la situación de los niños y niñas adoptados y de sus familias en España. Por limitaciones de tiempo y presupuesto, la investigación se planteó en las comunidades autónomas de Andalucía, Cataluña, Madrid y Valencia, que representan en torno al 80% de todas las adopciones internacionales hechas en España. Finalmente, la participación de Cataluña no fue posible, por lo que los efectivos muestrales correspondientes se distribuyeron entre las otras comunidades autónomas. Así mismo, para abarcar a los países de procedencia que representan aproximadamente el 80% de las adopciones internacionales españolas, se incluyeron en la muestra niños y niñas procedentes de China, Colombia, la Federación Rusa, Guatemala, India y Rumanía. De cara a cumplir estrictamente con la obligación de confidencialidad que respecto a sus datos tienen las familias adoptivas, el camino para llegar a la muestra fue muy complejo. Desde el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales se nos facilitaron listados que incluían la información básica de cada caso (edad actual y en el momento de la adopción, país de procedencia, comunidad autónoma de residencia) excepto los datos de identificación personal (nombre, dirección, teléfono), sustituidos por un código numérico. Una vez seleccionados los sujetos de la muestra para que hubiera una adecuada representación de dos distintos países y las diferentes edades, los sujetos finalmente elegidos se identificaron a través de sus códigos al Ministerio, que entonces se 175 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 encargó de ponerse en contacto con las familias para solicitar su colaboración. De aquellas que aceptaron participar en la investigación y cuyos datos personales nos fueran transmitidos, el equipo de investigación recibió entonces la información relevante para iniciar los contactos de cara a la recogida de datos. Dada la complejidad del procedimiento, resulta difícil estimar con exactitud el porcentaje de familias que no aceptaron participar, aunque la estimación del 20% parece bastante ajustada. En estos casos, estas familias fueron sustituidas por otras de características equivalentes que habían sido seleccionadas en el muestreo de reserva, siempre siguiendo los mismos procedimientos para garantizar la confidencialidad. Hecho el muestreo teniendo en cuenta la edad de los niños y niñas en el momento de su llegada, los países de los que procedían y las comunidades autónomas de residencia, la muestra final está compuesta por 181 familias que han realizado una adopción internacional en las Comunidades de Andalucía (35 familias), Madrid (103 familias) o Valencia (43 familias). Estos niños y niñas proceden de seis países: China (40 casos), Colombia (34), Federación Rusa (31), Guatemala (19), India (37) y Rumanía (20). El 95% llegó a España entre los años 1997 y 2000. El 62.4% son niñas y el 37.6% niños, lo que se relaciona con el predominio de adopción de niñas en algunos países de la muestra (muy notablemente, China e India). Cuando estos niños y niñas llegaron a España tenían como media 38.5 meses (poco más de tres años). La más pequeña fue una niña que aún no tenía el mes de vida al llegar, y la mayor fue una chica que llegó con algo más de 14 años. Cuando la recogida de datos se llevó a cabo, los niños y niñas llevaban en España como media tres años. La edad media de estos niños y niñas en el momento de la entrevista era de 75.20 meses (DT = 39.35) o, lo que es lo mismo, algo más de 6 años. Analizados los datos por intervalos, en el momento de nuestro estudio un 13.8% eran menores de 3 años, un 37.6% tenían entre 3 y 6 años, un 32% entre 6 y 9 años, y un 16.6% era mayor de 9 años. Respecto a los adoptantes, en el momento de la entrevista la edad promedio de los padres fue de 44.47 años (DT = 6.53) y la de las madres de 43.57 años (DT = 5.78). Predomina en ellos y ellas el nivel educativo universitario, correspondiente a algo más de la mitad de los padres y madres. En torno a un 30% de los casos, tanto padres como madres, tienen un nivel de estudios correspondiente a enseñanzas medias, teniendo el resto (entre un 18 y un 14%) un nivel educativo bajo, que corresponde a los que como máximo tienen educación primaria. La distribución de la muestra de padres entre distintas profesiones es bastante similar en los sectores pro- 176 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 fesionales correspondientes a obreros sin cualificar (9.6%), obreros cualificados (10.1%), vendedores y comerciantes (13.5%), y administrativos (10.7%). En proporciones superiores se encuentran técnicos de grado medio (19.1%) y profesionales liberales (24.2%). Las diferencias respecto a las categorías profesionales de las madres se refieren a la existencia de un 18% de amas de casa y a un mayor porcentaje (21.3%) de las que ejercen labores administrativas. Aunque la mayoría de las familias del estudio eran biparentales, en el 12.7% de los casos se trataba de familias monoparentales (19 mujeres y un hombre solteros, dos viudas y una separada). Por lo que a las parejas se refiere, llevan conviviendo una media de 16.14 años (DT = 5.591). Estas familias tenían entre 1 y 5 hijos, con una media de 1.74 niños. En 42 de estas familias (23.20%) convivían hijos biológicos y adoptados. Cuando había hijos biológicos, en la mayor parte de las familia se trata sólo de uno. Respecto al número de hijos adoptados, el 68% tenía uno solo, el 28.7% tenía dos y el 3.3% (seis familias) tenía tres. El 11.1% de las familias adoptaron a hermanos biológicos. Procedimiento Para obtener toda esta información se visitaba a las familias en su hogar. A cada domicilio se desplazaban dos investigadores previamente entrenados, uno de los cuales procedía a entrevistar a los padres mientras el otro se concentraba en la evaluación del niño o la niña. Se trataba siempre de largas visitas que raramente duraban menos de tres horas. En caso necesario, la familia recibía una segunda visita para completar la recogida de datos. Instrumentos de investigación La manifestación de problemas por parte de los niños y niñas de la muestra en el momento de ser estudiados fue evaluada a través de RRPS (Revised Rutter Parent Scales, Hogg, Rutter y Richman, 1997), un instrumento con versiones para preescolares y escolares. Esta escala ha sido utilizada por otros investigadores interesados también en los problemas de conducta de los adoptados (Hodges y Tizard, 1989; O’Connor, Rutter y the ERA study team, 2000; Quinton, Rushton, Dance y Mayes, 1998). Los padres informan de los problemas de sus hijos, 0 significando que el problema no está presente, 1 que lo está ocasionalmente y 2 que lo está habitualmente. La prueba da lugar tanto a una puntuación general, como a una información parcelada en cuatro subescalas, relativas a dificultades en hiperactividad, emociones, conducta y relaciones prosociales. En los datos por nosotros obtenidos, la 177 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 consistencia interna de las escalas es aceptable, pues de las diez puntuaciones analizadas (cuatro subescalas y la total en cada una de sus dos versiones) seis superan el valor de .70; el índice alpha de Cronbach más bajo lo tienen las escalas de problemas emocionales, que rondan el .50. Los padres completaban además una escala que evalúa sus estilos educativos (Escala Revisada para la Evaluación de Estilos Educativos, 4e- r, Palacios y Sánchez-Sandoval, 2000). La escala toma en consideración las variables tradicionalmente definitorias de los estilos de los padres: afecto y comunicación, disciplina y control. Se trata de un instrumento con 20 items a los que los padres responden con una escala Likert de 1 a 5 en función de su grado de acuerdo. Ejemplos de items son: “Si pido a mi hijo que haga algo y lo hace mal, no le pido que se esfuerce más porque al menos lo ha intentado” o “Un buen castigo a tiempo vale más que varias explicaciones”. El alpha de Cronbach para el total de la escala es de .79 y las parciales son de .58 en la subescala de inducción, .61 en la de exigencias y .78 en la de afectocomunicación. Además, los padres contestaron al Parent Report of Child Behavior to the Parent (Informe de los Padres sobre la Conducta del NiZo, IPCN) de Schaefer y Edgerton (1977), un instrumento a través del cual los padres informan del comportamiento de sus hijos hacia ellos. La escala consta de 25 items con cuatro opciones de repuesta: en absoluto parecido (1), poco parecido (2), bastante parecido (3), completamente parecido (4). Contiene cinco subescalas de cinco items cada una: implicación afectiva, distanciamiento afectivo, independencia, resistencia al control y obediencia. Se ha utilizado el valor medio obtenido en cada subescala, de manera que los datos oscilan entre 1 y 4 en cada una de ellas; las puntuaciones superiores en cada subescala indican que las familias perciben en mayor medida que la relación de sus hijos hacia ellos se caracteriza respectivamente por la implicación afectiva, el distanciamiento afectivo, la independencia, la resistencia a su control o la obediencia. El alpha de Cronbach para las distintas subescalas presenta aceptables índices oscilando entre .60 y .77, a excepción de la subescala de implicación afectiva hacia los padres en que el índice es más bajo (.45). El estado psicológico de los niños y niñas de la muestra a su llegada a España se evaluó a través de la información retrospectiva aportada por los padres utilizando la escala Battelle (Newborg, Stock y Wnek, 1988). El desarrollo de los niños y niñas de la muestra en el momento del estudio se analizó con la misma escala Battelle hasta los 6 años. Los mayores de esas edad fueron evaluados a través del test de inteligencia WISC-r (Weschler, 1974). 178 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 179 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 RESULTADOS Manifestación de problemas Manteniéndonos por ahora a nivel puramente descriptivo, de los obtenidos con RRPS, llaman la atención algunos datos, el primero de los cuales tiene que ver con la incidencia de problemas, aspecto en el que las puntuaciones medias nos indican que en general hay una proporción baja (medias de en torno a 0.4) de problemas emocionales, de conducta y en las relaciones prosociales, así como cierta mayor presencia de problemas de hiperactividad (medias de en torno a 1), tal como se muestra en la Figura 1 (como se ha señalado más arriba, en esta escala 0 significa que el problema no está presente, 1 que lo está con alguna frecuencia y 2 que lo está habitualmente). Figura 1 - Problemas de conducta en niñas y niños adoptados. 0 0,5 1 1,5 2 Hiperactividad Emocionales Conducta Prosociales RRPS Preescolares Escolares Respecto a la hiperactividad, destacan las elevadas proporciones de padres que describen a sus hijos como “Muy inquietos” (84.2% en preescolares, 72.8% en escolares), así como la dificultad para concentrarse o facilidad para distraerse (en torno al 50% de los preescolares y del 70% de los escolares). En la subescala de problemas emocionales, destaca que al 51.3% de los preescolares les suelen dar miedo situaciones o cosas nuevas (al 44% de los escolares), que el 42.7% llora fácilmente, o que el 35% se preocupa con frecuencia por cosas sin demasiada importancia (48% de los escolares). Es muy inusual que sean niños que se muestren tristes o angustiados (3.9%). Entre los problemas de conducta, destacan los comportamientos desobedientes de buena parte de estos cuál fue la calidad de las experiencias que tuvieron antes de la adopción (¿estuvieron sus necesidades de estimulación y de relación interpersonal bien o mal atendidas en el contexto institucional?). De hecho, lo que en nuestros datos guarda relación con los problemas de conducta no es haber estado o no en una institución, sino la valoración que los padres hacen de en qué medida las necesidades de sus hijos estuvieron o no bien atendidas en ella. Como había apuntado Howe (1997), la historia de adversidad antes de la adopción debe ser considerada como un factor relevante para entender la problemática posterior de los adoptados. La información que los padres tienen del pasado de sus hijos adoptados suele ser escasa y fragmentaria. El hecho de que sólo el maltrato físico antes de la adopción se relaciones con los problemas de conducta actuales no es casual, pues se trata de una de las formas más visibles y reconocibles de maltrato, de forma que el dato, a nuestro juicio, no debe tomarse en el sentido de que sólo el maltrato físico deja secuelas conductuales posteriores, sino como indicador de que el maltrato sufrido en los primeros años es fuente de dificultades años después de haberlo experimentado y a pesar de condiciones posteriores más favorables. Juffer, Stams y van Ijzendoorn (2004) han mostrado que las características de personalidad de cada niño adoptado determinarán mayor probabilidad de unos u otros problemas de conducta, de forma, por ejemplo, que los niños y niñas adoptados que tienen una personalidad controladora presentan más frecuentemente problemas de tipo “internalizado”, mientras que aquellos con más dificultades de control muestran con más probabilidad problemas de tipo “externalizado”. Por tanto, la condición de adoptado por sí misma no lleva necesariamente implicado uno u otro tipo de problemas de conducta. Nuestros datos parecen ir exactamente en la misma dirección e indican que el tipo y la calidad de las experiencias antes de la adopción deben también tomarse en consideración para su mejor conocimiento y comprensión, no siendo adecuado guiarse por clasificaciones que nos hablan de con quién o dónde estuvo el niño antes de su adopción, por ejemplo, pero no de qué tipo de relación tuvieron o qué experiencias le fueron posibles o le estuvieron vedadas. Por otra parte, los problemas de conducta de los niños y niñas adoptados no pueden entenderse fuera del contexto de la dinámica de relaciones familiares. Una compleja dinámica en la que las relaciones de causa-efecto son la mayor parte de las veces suplidas por interinfluencias que se alimentan mutuamente. Algo parecido ha sido analizado, por ejemplo, por Webster-Straton (1990) en relación con las características de los niños y el estrés experimentado por sus padres: los padres más estresados tienden a 186 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 ser también más coercitivos y punitivos con sus hijos, que entonces desarrollan conductas aversivas con sus padres, cuyo estrés se ve entonces aumentado, desarrollando conductas que aumentan los problemas de sus hijos, etc. En el caso de nuestros datos, como hemos ya indicado, puede que los padres más afectuosos, más exigentes y que hacen menos uso de técnicas disciplinarias punitivas, tengan hijos que les plantearan de entrada menos problemas, pero es también muy probable que fueran cuales fueran las condiciones de partida de sus hijos, el uso de estrategias educativas con altas dosis de afecto, de control, de explicaciones y de diálogo, creara un contexto propicio para que la conducta infantil fuera encauzándose más adecuadamente. Basta con pensar en lo que significa un niño o una niña con problemas conductuales de partida y luego puestos en el contexto de relaciones marcadas por la frialdad, por la tensión, por exigencias y controles a veces excesivos o, por el contrario, excesivamente laxos, para darse cuenta de que, en efecto, lo que el niño o la niña aporta de entrada a la relación educativa no es sino un elemento de una ecuación mucho más compleja y –en todo casosiempre interactiva. En conclusión, los datos presentados en este artículo nos acercan a una más completa comprensión de los problemas de conducta de los adoptados, unos problemas que parecen no diferir de los de muchos otros niños y niñas, pero que presentan también sus rasgos peculiares. Y unos problemas cuya adecuada comprensión requiere un conocimiento detallado de las características y las circunstancias de cada uno, tanto las de antes como las de después de la adopción. Sin duda alguna, habrá entre los adoptados y entre sus familias quienes requieran ayuda psicológica, ayuda que será tanto más efectiva cuanto mejor se comprenda el carácter personal y la naturaleza fuertemente interactiva de las dificultades concretas que en cada caso puedan plantearse. La buena noticia, por otra parte, parece ser que la mayor parte de los adoptados y de sus familias no requerirán ayuda terapéutica, pues su desarrollo y su conducta se mueven dentro de los parámetros de la normalidad. Tras unos inicios adversos, su vida parece haberse puesto en orden en el contex- to de unas relaciones familiares generalmente positivas, estimulantes y protectoras, un clima propicio para el buen desarrollo personal y social. Algunas limitaciones de este trabajo debe ser resaltadas, entre otras cosas porque indican la dirección de nuevas líneas de investigación. La información sobre las experiencias de los adoptados previas a su adopción es notablemente escasa y fragmentaria. Es cierto que son muchos los padres que desconocen datos relevantes del pasado de sus hijos, pero tal vez los investigadores deberíamos ser 187 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 188 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 más sistemáticos y exhaustivos en la exploración de todos estos aspectos para asegurarnos de que toda la información relevante que los padres tengan es adecuadamente recogida. Por otra parte, la exploración de la dinámica familiar debería ser objeto de análisis más completos y detallados, pues parece razonable pensar que jugará un importante papel en el proceso de adaptación de sus hijos adoptivos. Aunque el trabajo aquí presentado constituya un avance en esa dirección, se trata de una información en la que sin duda alguna se puede y se debe ir más allá. Finalmente, la prueba utilizada para la valoración de los problemas de conducta no se encuentra baremada para la población española de niños y niñas no adoptados, lo que nos priva de un elemento de comparación de indudable interés. Afortunadamente, ello no afecta gravemente a las conclusiones aquí presentadas, más centradas en la variabilidad dentro de los adoptados que en la comparación de los adoptados con los que no lo son. 189 RIDEP ··Vol. 19 ··Nº1 ··2005 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Brodzinsky, D.M. (1993). Long-term outcome in adoption. The Future of Children, 11, 153-166. Brodzinsky, D. M., Schechter, D. E., Braff, A. M. y Singer, L. M. (1984). Psychological and academic adjustment in adopted children. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 52, 582-590. Fernández, M. y Fuentes, M. J. (2001). Variables infantiles de riesgo en el proceso de adaptación de niños/as de adopciones especiales. Infancia y Aprendizaje, 24, 341-359 Groze, V. e Ileana, D. (1996). A Follow-up Study of Adopted Children From Romania. Child and Adolescent Social Work Journal, 13, 541-565. Hodges, J. y Tizard, B. (1989). IQ and behavioural adjustment of ex-institutio- nal adolescents. 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