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CAPÍTULO VIII EL DIÁLOGO SOCRÁTICO Y LAS VENTAJAS DE SU APLICABILIDAD EN EL AULA. UNA REIVINDICACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO A TRAVÉS DE LA AUTONOMÍA Elia Sánchez Gómez1 Universidad de Oviedo, España Resumen Partiendo del contexto histórico cultural y social en el que se engendra el método socrático y ayudándome principalmente de las teorías de W. Jaeger, entre otros, se expondrá en qué consiste dicho método. Posteriormente se llevará a cabo un análisis sobre la posibilidad de aplicación del método socrático en la actualidad en el ámbito educativo a través de la teoría de M. Nussbaum para comprobar los beneficios e inconvenientes que este podría acarrear al aplicarlo analógicamente en la actualidad, siempre con una serie de modificaciones acordes al devenir histórico. El análisis conducirá a la necesidad de promover una enseñanza basada en el método socrático que sea orientativa y reflexiva en la que garantice la libertad del individuo, algo que difícilmente se respeta en el modelo de enseñanza imperante. Palabras clave Educación, método socrático, pensamiento crítico, diálogo, autonomía. 1 Opositora a la enseñanza pública secundaria. Máster en Formación del Profesorado y ESO, Bachillerato y FP y grado en Filosofía por la Universidad de Oviedo. Posee cursos de extensión universitaria tanto en materia filosófica como en el ámbito educativo. Su línea de investigación se centra en la filosofía y la teoría de la educación. - 153 -
1. Introducción y objetivos El carácter comunicativo y didáctico de la filosofía socrática resulta innegable; de hecho, Sócrates entiende la educación como la búsqueda colectiva de la verdad a través de un ejercicio de diálogo continuado. El carácter comunicativo y expansivo del modelo educativo socrático dista mucho de los métodos de enseñanza predominantes hoy en día, que están más orientados hacia la adquisición de una serie de conocimientos teóricos estipulados por el sistema, relegando asá la verdad como telos a un segundo plano. Actualmente los supuestos de los procedimientos de enseñanza ‘tradicionales’ siguen teniendo una presencia significativa. Enaltecen el papel del educador, al que contemplan como el único poseedor de unos saberes que «debe» transmitir enciclopédicamente a sus alumnos. En un símil histórico, las pedagogías tradicionales se asemejan mayoritariamente a un método de enseñanza ‘sofista’ que a la metodología socrática que hemos descrito. El papel del alumnado en los procedimientos educativos tradicionales (derivados de la sofística) queda reducido al de espectador-receptor; esto es, en buena parte de la práctica docente actual que las mentes de los alumnos son concebidas, al más puro estilo lockiano, como tábulas rasas. En último término, el principal objetivo de esta reflexión será el de meditar acerca de la implementación del método socrático en la educación como manifestación práctica y material de una educación cívica y libre. Esto resulta crucial, pues considero que esta concepción puede ponernos en la pista de la consecución no solo de conocimiento integrador y transversal por parte del alumnado, sino también de autonomía y pensamiento crítico, ingredientes esenciales para un desarrollo personal pleno. 2. Las formas de transmisión del saber en la Grecia clásica: Sócrates y los sofistas En el siglo V a.C., en toda Grecia en general, pero muy especialmente en Atenas en particular, cohabitan dos concepciones muy diferentes sobre el saber, y por ende dos formas de transmitir conocimiento; o más claramente, dos modos de enseñar. Estas visiones, que difieren en contenido y forma, son la sofistica y la socrática, esta última encarnada en la figura de Sócrates. Ambas posturas rompen con la tradición educativa ateniense más conservadora, que aparece reflejada en Las nubes de Aristófanes en el año 423 a. C. Para el modelo de enseñanza más conservador, que acaba por convertirse en un modelo educativo, el más elevado fin al que aspirar es la prosperidad de la vida en la polis, cuya mejoría se alcanza, de acuerdo a este modelo, a través de la formación en ciertas destrezas físicas y cuestiones ideológicas, entre las cuales se encuentran los principales elementos de la paideia griega ;la educación en las artes y oficios, la instrucción acerca de - 155 -
los dioses y la religión y las enseñanzas con respecto a la vida política y familiar preestablecida (Velàsquez. O, 2001, p. 192). Hasta la llegada de Sócrates, los sofistas que por ese entonces habían desbancado la educación tradicional griega anterior, eran los principales educadores en la polis. Haciéndose llamar «maestros de la areté», enseñaban la virtud a los jóvenes, no sin antes percibir un pago por adelantado. Por areté o virtud los griegos entendían una actuación de la voluntad que era propia de los seres humanos y que hacía que el que la poseía se decantase por el justo medio, actitud propia del hombre juicioso y sabio, «la virtud es el medio entre dos vicios» (Ferrater Mora, 1994. p. 3704). Los sofistas se interesaban por el lenguaje y por el papel que desempeñaba la palabra como instrumento en la retórica y en la oratoria; es más, algunos sofistas como Gorgias incluso llegaron a caer en un relativismo extremo con respecto a la comunicación. Tanto es así, que, en su obra, Acerca de la naturaleza del no-ente, Gorgias llegó a afirmar que la realidad experimentada por el que habla no es la misma que por el que escucha, lo cual, sin lugar a duda, recuerda a la doctrina solipsista. Cometiendo un gran anacronismo, Gorgias podría incluso llegar a ser tildado de nihilista, especialmente si tenemos en consideración que sus conclusiones sobre la imposibilidad de comunicación entre sujetos parten de la afirmación de que nada existe, para proseguir diciendo que si algo existiera no podría ser conocido y que, si algo pudiera ser conocido, no podría ser comunicado (Sexto empírico, p. 156). Con este relativismo radical, el sofista se colocaría en las antípodas de Parménides al negar la correlación entre el ser el pensamiento y el lenguaje, pues para Parménides el ser es, puede ser conocido porque es uno y estable. Así dejaría de lado la posibilidad de una trasmisión de conocimientos real y verdadera entre los seres humanos. A pesar de la posición de Gorgias, no todos los sofistas cayeron en el relativismo radical. Para la mayor parte de los sofistas, el lenguaje resultaba útil para intercambiar sentimientos y opiniones y era además, capaz de crear nuevas posibilidades en el mundo. Sin embargo, estas posibilidades son por lo general prácticas e instrumentales; es decir, el lenguaje era útil para el debate empleándose como instrumento y, finalmente, dada su facilidad para generar nuevas posibilidades, podía ser usado como elemento de manipulación y dominio, ya que los sofistas consideraban que la finalidad de un diálogo no es la aproximación a la verdad o el conocimiento, sino la derrota del interlocutor, que es visto como un oponente o adversario. No resulta difícil extrapolar estos esquemas al ámbito educativo de los sofistas, para ellos, la finalidad de la educación sería el éxito en la vida pública, en la política y en el ámbito práctico inmediato del diálogo, que es visto como una batalla dialéctica encarnizada, como una competición o momento agónico. - 156 -
El método de trasmisión de saber de los sofistas presuponía que la multitud era ignorante. Por esto mismo, los interesados en aprender actuaban únicamente como receptores pasivos del saber. Estos pensadores transmitían sus conocimientos a sus clientes, que los reciben de forma pasiva y acrítica. En este escenario entraría Sócrates que, como afirma Cicerón, es «el hombre que baja la filosofía del cielo y la releva al ámbito de los hombres» (Cicerón citado en Jaeger 1945, p. 43) Sócrates llegaría con el fin de criticar esta forma de enseñanza en la que según su criterio se menosprecian las habilidades y capacidades del pupilo relegándole a un papel pasivo en proceso de enseñanza-aprendizaje. Según Jaeger, esta afirmación de Cicerón no se referiría únicamente al cambio de temática o a un cambio en el foco de atención, al paso del interés cosmológico por el interés hacia los problemas humanos (pues si fuese así, habrían sido los sofistas los innovadores en este aspecto) sino también a un cambio en la concepción del saber y a un nuevo método de adquisición y trasmisión de conocimientos (Jaeger 1945, p. 43). Este nuevo método (heredero de la tradición médica griega por la que Sócrates estaba familiarmente muy influenciado) se podría denominar empírico-inductivo, pues se sirve de la inducción para emprender la búsqueda de definiciones universales. Por consiguiente, será la base metodológica del proceso educativo y comunicativo socrático. La metodología empírico-inductiva tiene por origen la intención, por parte de Sócrates, de dar fin al relativismo gnoseológico y ético sofista. Es más, para Sócrates, quien sabemos que habla a través de la pluma de Platón, los sofistas son ‘mercaderes del saber’, « ¿No adviertes, Hipócrates, que el sofista es un mercader o un tendero de todas las cosas de que se alimenta el alma? Así al menos me lo parece a mí» (Platón, 2008, p. 48d). Los sofistas llegaron a la conclusión de que conceptos como lo justo, lo bueno o lo bello eran relativos y convencionales. Por ejemplo, Protágoras defendió el relativismo moral y cultural tras analizar las costumbres de varios pueblos y contrastar las grandes diferencias culturales que existían entre ellos. Protágoras puso por caso el incesto, un acto absolutamente abominable para los griegos; por contrapunto, indicó que el incesto estaba bien visto por los egipcios. Protágoras se sirvió de este caso para señalar que conceptos como el bien y el mal son relativos y no pueden ser tomados por absolutos, pues cada pueblo posee unas costumbres y leyes que, desde luego, no tienen carácter universal, sino de convención, de acuerdo. Por su parte, Sócrates confiará en la existencia de una verdad absoluta que nos permita que esos conceptos tengan cierta validez objetiva, pues, si no existen conceptos universales, ¿cómo sabemos que algo es justo? Si no tuviésemos una idea de justicia o de belleza ni siquiera sabríamos qué es lo justo o lo bello para nosotros, pues no tendríamos nada con que compararlo, y mucho menos varias personas podrían poseer el mismo canon o ideal de belleza (como sabemos en la Grecia clásica los griegos coincidían en un ideal de belleza basado en el cuerpo humano con equilibrio de proporciones y simetría). Para Sócrates tanto la belleza - 157 -
como la justicia y demás conceptos deben ser universales, es necesario superar el relativismo, buscar entre todos y a través de la mayéutica esa definición universal que nos permita saber o acercarnos cada vez más a cada concepto. Sócrates dedicara su vida a conocerse a sí mismo (gnoti seauton), después de haber tenido una experiencia mística en el oráculo de Delphos, y a conocer a los demás. Una máxima que posee vital importancia en el ámbito pedagógico pues «entre más nos acerquemos a los elementos que conforman nuestras normas de actuación, más podremos resolver si hemos actuado bien o mal, tanto actitudinal como prácticamente desde el punto de vista pedagógico – didáctico y personal» (Artavia 2011, p. 10) Por ello escudriña un método para extraer la verdad que, según considera, se encuentra oculta en nosotros mismos, todos tenemos en nuestro interior una parte de la verdad y podremos externalizarla, eso sí, siempre con la ayuda de los demás. Cabe destacar en este punto las aporías existentes a la hora de analizar las supuestas teorías socráticas, pues estas solo aparecen descritas con concreción en las obras de Platón lo cual conduce a la duda de cuáles son las ideas de Sócrates y cuales las de platón y si Sócrates existió realmente o si simplemente era un invento de Platón para exponer sus ideas (pues las ideas de Sócrates en la gran mayoría coinciden con las platónicas) (Copleston.F 2011, p. I-93). Numerosos estudiosos de la filosofía griega tales como Burnet y Taylor (citado en Copleston.F, 2011) o R. Hackforth (citado en Copleston.F, 2011), han dedicado varias de sus obras a resolver las aporías del corpus platónico. En cualquier caso, sea de una forma u otra a mi parecer y para el objetivo que busco es de mayor importancia el contenido y el extrapolar este a la actualidad, y no tanto el autor, por ello confiando en la interpretación de Burnet y Taylor del problema socrático hablaremos y trataremos las teorías que estos dicen socráticas como tales. 3. Sócrates. El método y los espacios de enseñanza En un primer momento, en el método educativo impulsado por Sócrates, hoy conocido como ‘método socrático’ se emplea el arte de ir formulando determinadas preguntas para lograr que el interlocutor asuma su propia ignorancia. A continuación, y siempre mediante la continuada sucesión de preguntas, se va acompañando al interlocutor en el descubrimiento paulatino de una verdad que habría permanecido oculta en su interior hasta ese preciso instante. Así, con este método provocador Sócrates se dirigía a aquellos que acudían a él creyendo saber y les hacía ver su ignorancia (ironía), condición indispensable para que el alumbramiento de la verdad interna pudiera tener lugar (mayéutica). Gregory Vlastos un gran estudioso y especialista en filosofía antigua, y en especial, en el método socrático, a la hora de analizar la metodología socrática resalta que esta está basada en la técnica del elenchus (ἒλενχος). Esta técnica implicaría la ironía, la cual conduciría a una serie de preguntas y - 158 -
respuestas entre interlocutores para acercarse así finalmente a las definiciones universales. En su obra sobre la filosofía socrática plantea este ejemplo para entender en qué consiste: [A] un visitante británico, que en mitad de un aguacero aterriza en Los Ángeles, se le oye comentar: « ¡Qué buen tiempo tienen ustedes aquí!». Aunque hace un tiempo horrible, el visitante lo califica de ‘bueno’, y no tiene problema en comunicarse dando a entender lo contrario de lo que dice (Vlastos 1991, p. 21). La ironía consiste en decir algo que no es cierto ni literal y a pesar de ello que el oyente no lo entienda como una mentira. En otras palabras, pronunciar algo incongruente con la realidad que se percibe, siendo de vital importancia que el oyente lo detecte y entienda que dicha formulación de la realidad es una formulación irónica y no meramente descriptiva. La ironía a la que se refiere Vlastos se puede observar en el fragmento del dialogo platónico Teeteto en el que Sócrates compara la ironía con el arte de partear, porque asumir la propia ignorancia genera el mismo dolor que el dar a luz. Este dolor se produce porque descubrimos el engaño vital en el que estábamos sumidos, porque se rompe con lo creído y tomado como verdadero hasta el momento, lo que la tradición y la familia nos ha enseñado, una caída de nuestras convenciones e ídolos, que nos hace cuestionar el sentido y veracidad nuestra propia realidad. Sócrates – Mi arte de partear tiene las mismas características que el de ellas, pero se diferencia en el hecho de que asiste a los hombres y no a las mujeres, y examina las almas de los que dan a luz, pero no con sus cuerpos. Ahora bien, lo más grande que hay en mi arte es la capacidad que tiene de poner a prueba por todos los medios si lo que engendra el pensamiento del joven es algo imaginario y falso o fecundo y verdadero. Eso es así, porque tengo, igualmente, en común con las parteras esta característica: que soy estéril en sabiduría. Muchos, en efecto, me reprochan que siempre pregunto a otros y yo mismo nunca doy ninguna respuesta acerca de nada por mi falta de sabiduría, y es, efectivamente, un justo reproche. Así es que no soy sabio en modo alguno, ni he logrado ningún descubrimiento que haya sido engendrado por mi propia alma (Pláton 1871, 150c). Con el método de la ironía ayudará a dar a luz los conocimientos antes ocultos en el seno del alumno, pues para Sócrates todos tenemos una parte de la verdad en nuestro interior (aquí podemos ver también una clara similitud con la teoría de la anamnesis platónica). La ironía sería el arte de hacer preguntas, Sócrates acorralaba a sus alumnos con preguntas para hacer que asumiesen su propia ignorancia «solo sé que no se nada». El método guarda relación con la reducción al absurdo, lo cual se ve en el dialogo platónico de juventud Eutifron. En un debate formado por dos interlocutores, el que hace las preguntas no estará buscando que las responda correctamente, - 159 -
sino que no sepa responderlas, que se contradiga a sí mismo y asuma su propia ignorancia. Pasada esta primera fase en la que se disipan las ideas tomadas como ciertas y estables por el alumno, se avanza hacia la fase de la mayéutica (maieuo que significa «dar a luz»). En esta fase el alumno llegará a descubrir la verdad por sí mismo, aunque siempre guiado por Sócrates, que le ayudara a dar a luz a lo que el alma llevaba en su interior, a los conceptos que estaban ocultos, una verdad de la cual derivará la aletheia heideggeriana analizada y desarrollada en profundidad en Ser y Tiempo (Heidegger, 1927, p. 44), la cual romperá con la idea clásica de verdad como correspondecia y avanzará hacia una nueva forma de entender la verdad. Esta contendrá algunos matices socráticos, una verdad como desocultamiento del ser que consistirá en tomar algo que estaba oculto para nosotros y hacerlo evidente, revelarlo. En cuanto a los lugares en los que impartían sus enseñanzas, los sofistas se reunían con sus alumnos, por lo general de clases adineradas que querían instruirse en artes específicas, en lugares particulares y acotados a ese grupo de alumnos selectos. Sin embargo, Sócrates practicaba sus enseñanzas en lugares cotidianos y públicos, entre los que destacan los gimnasios de la época, a los cuales podía acceder cualquier ciudadano de pleno derecho (por lo general hombres cuyo padre y madre sean atenienses, hayan nacido en Atenas y sean mayores de veintiún años). Lugares muy transitados en los cuales se cultivaba el cuerpo, pero también el alma pues según comenta Mancorda, para Sócrates «las dos series de competiciones, del cuerpo y de la mente, van al mismo paso» (Mancorda, 1987, p.109) Tanto los gimnasios como los simposios serán los lugares, por naturaleza, más utilizados por Sócrates, quedando el resto que nos han llegado en algunos diálogos platónicos y testimonios de Jenofonte, entre otros, relegados a situaciones fortuitas y casuales. Así con la unión de un lugar de cultivo del cuerpo, con una discusión sobre los problemas humanos y la ilustración del alma, surgió una «gimnasia del pensamiento que pronto tuvo tantos partidarios y admiradores como la del cuerpo y que no tardó en ser reconocida como lo que ésta venía siendo ya desde antiguo: como una nueva forma de la paideia» (Jaeger, 1945, p. 46). Así, podemos concluir que la antítesis entre Sócrates y los sofistas va más allá de una cuestión metodológica y de objetivos, ya que difiere no solo en lo que a la trasmisión del conocimiento respecta, sino también en los lugares donde esta difusión se practicaba. Esto no resulta casual; como hemos comprobado, va estrechamente ligado a los fines perseguidos por cada uno de los dos modelos educativos, el sofista y el socrático. - 160 -
4. La comunicación actual en el aula, la herencia socrática-sofis- tica En este artículo defiendo la mayéutica como método para una educación y aprendizaje autónomo y libre, no obstante, esto no quiere decir que el método sofista sea totalmente negativo a la hora de transmitir conocimiento. Por otro lado, tampoco significa que no se haya producido una herencia socrática en la educación actual. Si analizamos las metodologías educativas imperantes a lo largo de la historia podemos ver que han sido las sofistas, sobretodo en la forma, ya que en contenido la tradición es esencialmente socrática con la identificación entre bien y verdad que posteriormente tomará el cristianismo. Sin embargo, cabe señalar más concretamente algunos aspectos en educación que derivan de cada corriente. La forma de trasmitir conocimiento para los sofistas estaba centrada en pronunciar largos discursos a sus alumnos, discursos que profesaban la verdad, una verdad siempre útil y orientada a fines prácticos expuesta de forma enciclopédica. Estaba orientada a fines prácticos porque los sofistas enseñaban básicamente la labor del ciudadano ateniense, y sobre todo a ganar debates en la asamblea, educando en oratoria y retórica. Esta forma de transmisión de saberes es criticada por Sócrates porque, para él, las largas ponencias en las que el orador tiene el monopolio de la conversación impiden discutir lo que dice el orador cuando se dan momentos de desacuerdo o duda. Era común para los sofistas acompañar sus enseñanzas de comentarios de textos antiguos, algo que Sócrates también rechazaba por la imposibilidad de preguntar a los autores por el significado de dichos textos. En este aspecto, lo que está claro es que Sócrates apostaría por una educación más dinámica, en la que tanto educador como educando tienen un papel fundamental y activo a la hora de la adquisición de los saberes. Una formación que se extendería durante toda la vida del individuo. Hemos visto cómo Sócrates pone de punto de partida en el proceso de enseñanza el asumir por parte del alumno su propia ignorancia. A través de un método basado en la ironía, que conduce, según Sócrates, a que el alumno vea que las ideas creídas hasta ahora eran erróneas, este se dará cuenta de su propia ignorancia. Dicho método, en boca del Sócrates expuesto por Platón, es vital porque ayudará a buscar y tener « […] una mejor disposición de espíritu en relación con la cosa que ignora» (Platón, 1981, p. 448). Sin embargo, esto no significa que el maestro sea el conocedor de la verdad y se la esté imponiendo al alumno; el maestro en cuestión es un guía para que el alumno descubra una certeza propia, se conozca a sí mismo y pueda exteriorizar dicha certeza, la cual será útil para conseguir una verdad sobre los conceptos o definiciones universales más sólida. Resulta paradójico como Sócrates cuya frase estrella es «solo sé que no se nada», puede hablar de una verdad objetiva y universal. Esto se explicaría a través de la - 161 -
alumnos para cumplir las metas y objetivos estipulados, que el gobierno en cuestión solicita. Esto genera competencia no solo dentro del propio país sino de forma internacional, por ejemplo, a través de programas de evaluación de estudiantes tales como el Informe PISA (OCDE 20015). Estos análisis acostumbran a ser cuantitativos, lo cual deja a un lado la consideración de aspectos educativos fundamentales como la imaginación, la capacidad de análisis, la reflexión, el aprendizaje adquirido o la capacidad crítica, que no son susceptibles de medirse cuantitativamente. Para superar estos escollos educativos que dejan de lado la educación conforme al pensamiento crítico, Nussbaum propone utilizar el método socrático aplicado sobre todo a las Humanidades por su amplitud de miras (Nussbaum, 2005). Así propondrá cuatro características que, para ella, la educación debería poseer: -Es para todos los seres humanos. Partimos de la idea socrática de que para el hombre la vida no vale la pena si no se examina. Es necesario algún tipo de enseñanza crítica y filosófica, pues implica la realización del sujeto. -Debe adaptarse a las circunstancias y al contexto del alumno. La educación socrática vuelve activa el alma de cada individuo y, por ende, se lleva a cabo de manera muy personal. Hay que tomar en cuenta la situación del estudiante, sus conocimientos y creencias, para que alcance la introspección y la libertad intelectual. -Debe ser pluralista, es decir, atenta a una diversidad de normas y tradiciones. El alumno debe ‘despertar’ de manera eficaz. Para ello, hay que lograr que realice las cosas de distinto modo al que siempre lo hace, sobre todo en áreas donde creía que sus métodos personales eran neutrales, necesarios y naturales. Al comparar sociedades para observar el modo en que éstas han contribuido al bienestar se conseguirá la indagación socrática y la pluralidad. -Requiere garantizar que los libros no se transformen en autoridades. Hay que evitar la consideración de que los textos son obras maestras que deben seguirse al pie de la letra, como afirman los conservadores. Los libros deben poseer la capacidad de atraer la atención del lector, despertar en él cierta sensibilidad y una verdadera actividad racional que se adapte a las necesidades actuales y situacionales del alumno. Aunque sean valiosos recordatorios de distintos argumentos, los textos académicos pueden ser monótonos. No se les debe ver como incuestionables porque son propensos a dañar el conocimiento del estudiante (Nussbaum 2005, pp. 52 - 57). El método socrático será un método por tanto válido y muy útil para la realización personal de todos los seres humanos. Sin embargo, no por ello debe ser estático, sino que deberá adaptarse a cada persona y por ello a cada cultura. Por esto habría infinitos métodos que respetasen las subjetividades - 168 -
individuales adaptándose a cada cultura. Aquí podemos ver como la demanda de un pluralismo cultural en educación, hace que Nussbaum se separe de ciertos contenidos educativos socráticos, como por ejemplo la existencia de una verdad universal alcanzable para todos. Por ello esta perseguirá lo que podríamos denominar como una política de mínimos educativa. Por ello, tal y como afirma Nussbaum, es de vital importancia dejar claro en los alumnos que existen diversas culturas y que ninguna es más válida que otras y mucho menos por el simple hecho de que sea la propia. Según considero, y siguiendo a Nussbaum, es una labor de gran importancia si queremos mejorar la educación, socavar el etnocentrismo que la mayoría de los individuos poseemos (lo cual podría determinarse como una forma de autodefensa y reafirmación propia) lo cual podría ser uno de los primeros pasos a alcanzar en el alumnado. Es decir, asumir nuestra propia ignorancia con respecto a lo que creemos, pues la importancia de la duda es crucial. Como afirma Nussbaum, cuando se duda se cuestiona y se investiga para descubrir la verdad (Nussbaum 2006, p. 114). El método socrático, como sabemos, tiene como característica principal el cuestionamiento de las creencias hasta entonces asumidas como ciertas por parte del alumno. Esto implica que debe ser personal, ya que cada individuo tiene unas creencias preestablecidas que dependen de diferentes variables como la formación, el contexto cultural, la experiencia, el ambiente familiar... Esta premisa, aunque parece que complica la aplicación de la metodología socrática en el aula, realmente se complementa adecuadamente con su puesta en práctica. El profesor no acompaña a cada alumno individualmente; de hecho, esto sería imposible por tiempo y recursos (al menos en la educación pública de casi la totalidad de los países) y realmente como podemos comprobar en los diálogos de Platón ni siquiera el propio Sócrates hacia diálogos solo con un individuo. Con esto no quiero decir que no exista una educación individual útil y válida que se pueda servir de estas metodologías, lo que ocurre es que en tal caso dicha educación debería de darse en lugares con mucha cantidad de educadores y muy poca de educandos, o en una sociedad donde la educación pública tuviese una gran cantidad de recursos. El profesor en las clases de metodología mayéutica expondrá ciertas cuestiones que se adaptasen y sirviesen para reflexionar dentro de la cultura y tradiciones generales de los alumnos. Tras esto, los alumnos individualmente, después de haber cuestionado ciertas creencias compartidas, reflexionarán y podrán ya por sí mismos, sin la necesidad de la orientación del profesor y a través de la libertad intelectual, replantearse sus propias dudas de carácter personal. Por último, considero esencial abandonar esa costumbre sofística y posteriormente medieval de utilizar los textos para la trasmisión del saber. A pesar de que los libros son útiles y sin ellos y con la cantidad de alumnado que - 169 -
conforma el aula sería misión imposible trasmitir los conocimientos exigidos, es tarea del profesor utilizar otras metodologías que puedan atraer la atención del alumno con mayor facilidad. Es necesario destacar que ni todos los libros de texto son iguales y caen bajo esta consigna, ni todas las escuelas e institutos en la actualidad utilizan libros de texto para transmitir los conocimientos. A través de técnicas de innovación educativas muchos profesores los relegan por otras formas más creativas de dar sus clases a través de métodos de enseñanza activa (González 2014). Pero los libros y textos no tienen solo el problema de su falta de atractivo sino también de su autoridad sapiencial. Hemos generado una serie de dogmas con respecto a que cualquier cosa que esté escrita y publicada posee una verdad casi incuestionable, lo cual afecta sobre todo a los estudiantes y que también se produce a través de otros medios de transmisión y comunicación de saberes. Además, de acuerdo con Sacristán los libros de texto hacen que la autonomía del profesor a la hora de dar clases se vea mermada: La competencia profesional de desarrollar el currículum, en principio una de las atribuciones genuinas del profesor, la comparten cuando no la monopolizan los mecanismos de producción de materiales que hay detrás de un número reducido de firmas comerciales.» (Sacristán 1988, p. 185). En muchas ocasiones los libros de texto, al venir estipulados y marcados desde arriba, hacen que los profesores pierdan libertad de elección a la hora de dar sus clases y que los alumnos tampoco se puedan beneficiar de posibles innovaciones educativas: El profesor puede utilizar como ayuda muchos recursos que siente necesarios, pero la dependencia de los medios estructuradores de la práctica es un motivo de descualificación técnica en su actuación profesional....Es, en definitiva, lo que ocurre con los propios libros de texto: no son solamente recursos para ser usados por el profesor y los alumnos, sino que pasan a ser los verdaderos vertebradores de la práctica pedagógica» (Sacristán 1988, p. 187). Sin embargo, un gran problema en los colegios e institutos es que los estudiantes están tan acostumbrados a recibir información a través de los libros, masticarla, regurgitarla y escupirla en los exámenes con consentimiento y satisfacción del profesor que ni siquiera se plantean que esa información sea válida o crucial o no. De esta manera, se crean individuos dóciles que no se preocupan en dudar acerca de lo que se les ofrece, educados para actuar y obedecer las normas que el mando superior les establece. El problema reside en que un alumno puede concluir (y de hecho suele hacerlo) las enseñanzas medias sin tener una opinión crítica sobre la mayoría de las cosas que ha estudiado, por no hablar de que la mayor parte de los conocimientos adquiridos, al no haber sido reflexionados y asentados, se habrán esfumado en un escaso periodo de tiempo. - 170 -
6. Conclusión Concluiré reivindicando que no es solo útil, sino necesaria la metodología socrática en las aulas, aunque no se aplique totalmente y en todas las materias, introducirla en la medida de lo posible podría ser altamente favorable para la capacidad de análisis del alumnado en el ámbito académico, pero también para una mayor y mejor reflexión, libertad personal y cívica. En términos generales, es vital la necesidad de llamar la atención sobre el menester de incorporar a las aulas técnicas similares a la socrática, que aboguen por la consecución de un pensamiento crítico por parte del alumnado. Estas técnicas, por supuesto, no pretenden desbancar a toda la metodología actual, pues serían susceptibles de combinarse con ella. En definitiva, se asevera es que la escuela debe de ser repensada y sus objetivos reconducidos del utilitarismo a la perspectiva crítica, y se propone una posible vía para hacerlo (por supuesto no la única), recuperando la sabiduría de parte del pensamiento clásico. - 171 -
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