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Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad?

Manzano Arrondo, Vicente

Abstract

La fuerte presión que se está ejerciendo actualmente sobre la educación superior dificulta su capacidad para trabajar directamente hacia el bien común desde su carácter de organización basada en el conocimiento. Esta consecuencia afecta a la relación entre la universidad y el tercer sector, en la puesta en práctica de experiencias de aprendizaje servicio, investigación-acción y otros modelos de sinergia. A partir del análisis de las publicaciones y de entrevistas a cargos académicos y profesorado activista, este documento describe dos perfiles complejos que ayudan a entender las reacciones de los miembros de la academia cuando se enfrentan a estas presiones. Estas reacciones muestran cuatro criterios dicotómicos: actitudes frente a la hegemonía (tendencia de mercado o tendencia social), reacciones a la presión (obediencia o resistencia), imparcialidad académica (neutralidad o posicionamiento) y posturas sobre el pragmatismo (realismo o idealismo). Así, el perfil MOR es definido por estilo de (M)ercado, (O)bediencia y (R)ealismo; mientras que el perfile SRIP es definido por tendencia (S)ocial, (R)esistencia, (I)dealismo y (P)osicionamiento. El trabajo describe las consecuencias en el trabajo universidad-tercer sector y propone vías para solucionar estos problemas.

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Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 28 Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? Vicente Manzano-Arrondo [email protected] Universidad de Sevilla, España. Resumen La fuerte presión que se está ejerciendo actualmente sobre la educación superior dificulta su capacidad para trabajar directamente hacia el bien común desde su carácter de organización basada en el conocimiento. Esta consecuencia afecta a la relación entre la universidad y el tercer sector, en la puesta en práctica de experiencias de aprendizaje servicio, investigación-acción y otros modelos de sinergia. A partir del análisis de las publicaciones y de entrevistas a cargos académicos y profesorado activista, este documento describe dos perfiles complejos que ayudan a entender las reacciones de los miembros de la academia cuando se enfrentan a estas presiones. Estas reacciones muestran cuatro criterios dicotómicos: actitudes frente a la hegemonía (tendencia de mercado o tendencia social), reacciones a la presión (obediencia o resistencia), imparcialidad académica (neutralidad o posicionamiento) y posturas sobre el pragmatismo (realismo o idealismo). Así, el perfil MOR es definido por estilo de (M)ercado, (O)bediencia y (R)ealismo; mientras que el perfile SRIP es definido por tendencia (S)ocial, (R)esistencia, (I)dealismo y (P)osicionamiento. El trabajo describe las consecuencias en el trabajo universidad-tercer sector y propone vías para solucionar estos problemas. Palabras clave Aprendizaje servicio, investigación-acción, educación superior, mercantilización, institucionalización. Fecha de recepción: 28/VII/2014 Fecha de aceptación: 19/IX/2014 Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 29 Activism Against Standard: Who Saves University? Abstract The strong pressure that is now, more than ever, being exerted on higher education is abating its capability to work directly towards the common good from the place of a knowledge-based organization. This result affects the relationship between the university and the third sector via the implementation of service learning, action research and other models of synergy. From the analysis of scientific publications and interviews of both academic managers and activist professors, this document describes two complex profiles (MOR and SRIP) which help make sense of the reactions of university members when facing those pressures. These reactions show four dichotomous criteria: attitudes facing hegemony (market trend versus social trend), reactions to pressure (obedience versus resistance), academic impartiality (neutrality versus positioning), and positions on pragmatism (realism versus idealism). Thereby, MOR profile is defined by (M)arket style, (O)bedience, and (R)ealism, whereas SRIP profile is defined by (S)ocial trend, (R)esistance, (I)dealism, and (P)ositioning. This document describes consequences in university-third sector work, and proposes ways to solve these problems. Keywords Learning-Service, Action Research, Higher Education, Commodification, Institutionalization. Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 30 1. Introducción Las instituciones de educación superior se encuentran sometidas a intensas reformas, que generan varias crisis de envergadura en su seno (De Wit, 2010; Jarab, 2008; Manzano-Arrondo, 2009, 2011, 2012, en prensa; Rubalcaba, 2003; Shumar, 2004; Sousa, 2006). Uno de los aspectos que más sobresalen es la creciente presión que sufre el mundo académico para centrar su actividad en la publicación dentro de revistas indexadas en sistemas como el Journal Citation Index (Fernández-Quijada, Masip y Bergillos, 2013; Mateo, 2012; Oyarzun, 2008; Urcelay y Galetto, 2011). Esta actividad focaliza la academia hacia la salvación individual por medio de una continua adaptación, que reduce las posibilidades de modelos de trabajo centrados directamente en la promoción de cambio social desde praxis universidad-calle (en adelante, PUC), como ocurre con los modelos de aprendizaje servicio, investigaciónacción, co-investigación, o unidades de acción comprometida. Así, Fox (2008) pregunta, en otras palabras, ¿cómo implicarse en PUC, cuando las trayectorias académicas recorren caminos más ágiles y desconectados de los problemas reales de la mayoría de la población? Abordar PUC desde la universidad requiere dosis de activismo y niveles de autonomía, que se ven dificultados por las presiones normativas. Al respecto, la tesis de este trabajo es doble: 1) coexisten dos perfiles de reacción frente a las reformas: seguimiento de la norma frente a activismo, y 2) el perfil que actualmente está guiando el rumbo de las instituciones de educación superior es el seguimiento de la norma. En contraste, abundan las voces que reclaman una universidad al servicio directo del bien común desde lo que le es propio: la construcción, difusión y gestión de conocimiento (Ellacuría, 1999; Johnson y Hirt, 2011; Manzano-Arrondo, 2012; Rodrigues, 2007; Siegel, 1984; Watson, 2008). Desde una perspectiva provocadora, la universidad necesita ser salvada de esta vorágine de adaptación irreflexiva, para desempeñar su función constructora de mundos mejores. Si sus miembros se encuentran inmersos en tareas de autosalvación y ajuste normativo, ¿Quién salva a la universidad? Este documento no pretende responder de forma literal y concluyente a la pregunta, sino ofrecer materia prima para trabajar en la solución. Para ello, el primer apartado aborda los fundamentos teóricos y experienciales que sostienen la existencia de dos perfiles contrapuestos en las instituciones de educación superior, mientras que el segundo ofrece datos que avalan tal distinción. En el último apartado se ofrecen algunas indicaciones que podrían estimular soluciones concretas. Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 31 2. Marco teórico Barreras reformistas para las PUC Especialmente desde los años 80, las instituciones de educación superior se encuentran inmersas en un profundo proceso de transformación como resultado de lo que ha sido denominada hegemonía de la globalización neoliberal (De Wit, 2010; Manzano-Arrondo, 2011; Shumar, 2004; Wang, Ling, Spalding, Odell y Klecka, 2011; Yogev y Michaeli, 2011). De acuerdo con este modelo hegemónico, las instituciones de educación superior han de comprometerse activamente con los valores y las prácticas de la globalización mercantil mediante un paquete de medidas que se impone a lo largo del planeta, tal y como se ha denunciado ya en Australia (Worthington y Higgs, 2011), Chile (Spinoza, 2008), Indonesia (Susanti, 2011), Israel (Yogev y Michaeli, 2011), Nueva Zelanda (Codd, 2005), Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia (Musial, 2010), Grecia (Venieris y Cohen, 2004), Japón (Yamamoto, 2004), España (Manzano-Arrondo y Andrés, 2007) o Turquía (Kennedy, Senses y Ayan, 2011), además de países de la periferia como China, Fiji, Uganda o Kenia (Johnson y Hirt, 2011). Este paquete de medidas es definido mediante 1) a nivel de docencia, formación de profesionales altamente cualificados, disponibles en tiempo, lugar, y ocupación, capaces de adaptarse con anticipación a los cambios dinámicos de los mercados y de formarse a sí mismos; 2) a nivel de investigación, transferencia de tecnología a las empresas, orientación de objetivos y prácticas de investigación hacia ventajas competitivas, y partenariado con las organizaciones privadas del sector productivo; y 3) a nivel institucional, reducción de la financiación pública, fusión de universidades, desaparición de centros públicos, reducción de plantilla en las instituciones de educación superior públicas, adopción de estilos empresariales de gestión y transformación en espacios de negocio. Respecto al interés de este documento, los efectos que más dificultan el trabajo de la institución y de sus miembros en PUC pueden ser: desánimo de los académicos (Shields y McGinn, 2011); devaluación de personas e instituciones que no se adaptan a estas presiones (Malecki, 2000); aumento del individualismo y del credencialismo (Shumar, 2004), que casa bien con la evangelización en los valores mercantiles (Manzano-Arrondo, 2009) y con la orientación del trabajo académico hacia las demandas del tejido productivo o financiero (de la Corte, 2004; Plaza, 2003); asunción del mínimo coste en las decisiones y prácticas (Worthington y Higgs, 2011); reducción de acciones posibles, en paralelo con la reducción de fondos (Frew, 2006); mutación de las instituciones de educación superior desde agentes de cambio social a instituciones bajo control (García, 2008), que deriva en una definición externa de la agenda universitaria (Filipakkou y Tapper, 2008); orientación de la actividad universitaria hacia el cumplimiento de estándares de calidad importados del mundo Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 32 empresarial (Temple, 2005), que mantiene entretenidos a los miembros de la academia en labores de competición (Amigot y Martínez, 2013); fomento de instituciones de educación superior más preocupadas por su imagen que por su función social (Wareass y Solbakk, 2009); imposición de un modelo de universidad desde el Norte hacia el Sur (Rodrigues, 2007), que aumenta el desequilibrio entre ambas partes (Sousa, 2006), e impone un modo de trabajo académico centrado en la competitividad internacional (Spinoza, 2008). Ordine (2013) es muy ilustrativo cuando acusa a las reformas de preocupar y ocupar constantemente al profesorado en tareas que le inhabilitan para lo trascendente. Y Ball (2003) es incisivo cuando presenta a los docentes como seres ontológicamente transformados, tecnificados y perdidos en una lucha interminable por adaptarse a reformas que vacían de sentido su profesión. Como resultado, la técnica sustituye a la ética, y la ejecución al significado. Se observa en todo ello una notable distancia entre los discursos académicos y los políticos, que se salda a favor de estos últimos (Jarab, 2008; Stensaker, Frolich, Gornitzka y Maasen, 2008; Yamamoto, 2004), plenamente instalados en las características descritas. No obstante, sería deseable que los miembros de la academia adoptaran un papel más propio de instituciones que se consideran sabias y acreedoras de la rebeldía que supone el conocimiento. Ello no implica una postura única. Las instituciones de educación superior no reaccionan de forma unívoca y menos aún sus miembros. Las reformas han sido y son contestadas desde movimientos sociales universitarios, si bien con notables problemas de visibilidad y de capacidad de contagio. Un análisis en términos de “activismo frente a norma” constituye una simplificación, debido a la complejidad mencionada. Sin embargo, permite suministrar algunas herramientas de intervención. Para entrar en ello, los siguientes epígrafes de este apartado suministran fundamentación sobre dicotomías de acción y reacción, identificables dentro y fuera de la universidad. Estas dicotomías permitirán dibujar dos perfiles más completos. Fuentes de información Este trabajo recurre a fuentes habituales: literatura sobre universidad y prácticas de compromiso; e investigación empírica. Además de ello, la experiencia personal como profesor universitario durante más de veinte años ha sido una base de información que requiere ser descrita. La experiencia académica pertinente a este trabajo surge principalmente de dos fuentes. Por un lado, se encuentra la membresía en órganos de gestión de la universidad: gestión de departamento y comisiones diversas (calidad, planes de estudio, etc.), además de experiencias normativas (estatutos de la universidad, de la Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 33 facultad y del departamento). Por otro, coexiste la condición de miembro en diversos colectivos académicos fácilmente calificables como movimientos sociales universitarios interdisciplinares, entre los que se encuentran:  Otra Investigación es Posible (Díez, Manzano-Arrondo y Torrego, 2013). Orientado a la construcción de relaciones entre: la investigación, las publicaciones y las soluciones concretas de problemas sociales mediante el trabajo conjunto con el tercer sector.  Universidad y Compromiso Social (Andrés, 2012) . Surge con orientación clara hacia dos frentes: promoción de una mirada transdisciplinar de la sociedad local y global, orientada hacia el bien común; y trabajo horizontal con el tercer sector para la solución de problemas concretos.  Por una Universidad Pública y de Calidad. Su objetivo es la democratización interna de las instituciones de educación superior (con un interés muy especial en los sectores más débiles de la universidad) y la promoción de cambio social. Estas experiencias personales me han permitido identificar diferentes patrones comunes dentro del quehacer universitario, patrones que son reforzados por los trabajos publicados en la literatura sobre estos asuntos. Básicamente, estos patrones pueden ser descritos a lo largo de cuatro pares contrapuestos, analizados como las dos caras de cuatro monedas específicas. Moneda 1: posturas ante la hegemonía Las reformas en el sector público se implementan desde la década de los 80 a partir del modelo de la Nueva Gestión Pública, que imita los modos empresariales de gestión, fomentando la competitividad, la privatización y la orientación hacia el cliente (Christensen, 2011). Cuando este modelo aterriza en las instituciones de educación superior genera un discurso de performatividad (Quinn, 2012), caracterizado por un desgaste continuo de la academia a través de la prioridad por resultados medibles, estrategias de control y desprofesionalización (Ball, 2003). Uno de los resultados ha sido la mayor visibilidad de los conflictos (Venieris y Cohen, 2004), especialmente entre los valores académicos y los mercantiles (Moosmayer, 2011). Esta visibilidad ha propiciado que se pronuncien las diferencias entre formas distintas de entender las instituciones de educación superior. Manzano y Torrego (2009) distinguen tres modelos de trabajo y concepción que coexisten en la universidad. El primero dibuja una institución centrada en el trabajo intelectual y el progreso de la ciencia como resultado del amor por el conocimiento, donde el mundo académico goza de una libertad prioritaria y se autocontrola. El Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 34 segundo, que a los efectos de este trabajo podemos denominar de orientación mercantil, defiende las bondades del mundo de los negocios; la formación profesional técnica; la implementación de los modelos de calidad, gestión y productividad desde la experiencia empresarial; y la competición entre individuos e instituciones. El tercero, denominado aquí tendencia social, insta a orientar la actividad universitaria hacia la solución de los problemas sociales y medioambientales más urgentes, mediante una profundización en la democracia interna de la institución y la puesta en juego de sus mecanismos de construcción de conocimiento para un trabajo colaborativo con el tercer sector. Las tendencias mercantil y social constituyen las dos caras de esta primera moneda, asumiendo, cada una a su modo, la faceta académica o intelectual. Wang, Ling, Spalding y Klecka (2011) acuden a la expresión perspectiva de imperativo económico para la primera tendencia, y a perspectiva de resistencia crítica para la segunda. En términos más generales, Morin, Roger y Domingo (2001) utilizan respectivamente las denominaciones hélice cuatrimotor (ciencia-técnica-industria-economía) y hélice humanizadora. Moneda 2: reacciones frente a la presión Individuos y grupos pueden reaccionar de formas muy diferentes cuando se enfrentan a situaciones de presión, opresión o injusticia. Estas reacciones suelen observarse dentro de un continuo que Bacal (1994) sistematiza, acotando tres posturas: conformismo, resistencia y rebelión. En el conformismo, las condiciones no solo son aceptadas, sino que se colabora con el orden establecido. En la resistencia, se mantiene la situación, sin asumir las condiciones de opresión. En la rebelión, se articulan actuaciones concretas orientadas a luchar contra la injusticia. Para Seidman (1988), son también tres las posturas identificables en el continuo: 1) sintonización, acomodación o adaptación, manteniendo el estatus quo; 2) cambio incremental, es decir, lucha o trabajo por lograr un cambio en la línea de mejorar la situación; y 3) reestructuración, como alteración fundamental de las regularidades sociales. Watts, Williams y Jagers (2003) organizan el continuo en cinco etapas, que tienen como punto de mira una alta implicación en la mejora de la sociedad: 1) acrítica: el orden social es interiorizado y se acepta que se vive en un mundo justo; 2) adaptativa: hay conciencia de injusticia, pero se asume como inevitable; 3) precrítica: se cuestiona la propia posición y papel en los procesos y acontecimientos; 4) crítica: hay interés por aprender acerca del funcionamiento de la injusticia y de defender el cambio social; y 5) de liberación: existe un profundo compromiso por la transformación social. Es posible combinar algunas perspectivas sobre este asunto en un sistema de dos dimensiones, superando la visión del continuo. El cuadro 1 propone una concreción Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 35 basada en dos variables relevantes: 1) la presión que se recibe es asumida literalmente o, por el contrario, transformada; y 2) se ofrece o no resistencia u oposición a cumplir con la presión. Cuadro 1. Cuatro reacciones frente a la presión. Fuente: elaboración propia Existe oposición No Sí Transformación de la presión No Obediencia Resistencia Sí Adaptación Oposición transformativa En la cotidianidad es difícil observar modelos puros. Mi experiencia al respecto es que la transformación de la presión resulta más bien anecdótica en las reacciones dentro de la institución, por lo que la práctica descubre especialmente reacciones en torno a la obediencia o a la resistencia. Ambas constituyen las dos caras de esta moneda. Moneda 3: visiones sobre la imparcialidad académica Cuando se pretende indicar que la academia no ha de tomar partido y mantener distancia respecto a los asuntos que se encuentran fuera de sus muros, es habitual confundir los conceptos de objetividad, imparcialidad, neutralidad, distancia y asepsia (Manzano-Arrondo, 2014). Una de las caras de esta moneda puede denominarse defensa de la neutralidad, descrita como la exigencia de que el conocimiento científico que no ha de posicionarse frente a nada que no sea sí mismo, buscando distancia de los acontecimientos y objetividad en el método. Esta pretensión forma parte de la tradición universitaria y de los sistemas educativos en general (Yogev y Michaeli, Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 36 2011). No obstante, se ha denunciado como ilusoria (Barnhizer, 1993) y sorprendente (Ibañez-Martín, 1998). En contraposición, la otra cara de la moneda, defensa del posicionamiento, ha sido descrita como la orientación del saber académico hacia la superación de las estructuras sociales injustas (Ellacuría, 1999), la construcción de justicia social (McArthur, 2011; Rizvi, 2006), el desarrollo de conciencia social, tolerancia y pensamiento crítico (Kennedy, Senses y Ayan, 2011), la modificación de las desigualdades (Apple, 2011), la promoción de rebelión antes que sumisión (Méndez, 2009), o la actitud de servicio a la comunidad (Borba, 2001). Moneda 4: actitudes acerca del pragmatismo Las dos caras de esta moneda, realismo y pragmatismo, requieren no solo de una descripción, sino que procede también señalar el diferente soporte intelectual que han recibido. Descripción Ante cada reforma, una postura realista es salvar la cotidianidad de la institución, gestionando su dinámica de tal forma que la obediencia a la nueva norma permita no poner en peligro la supervivencia o incluso la posición. Este proceder es llamado por Hoekstra y Korthagen (2011) reflejo orientado a la acción, llevado a cabo por quienes Ochoa (2007) denomina optimistas-reformadores y Ball (2003) aplica al ámbito específicamente académico con la expresión profesor postmodernista. La dinámica consiste en garantizar que la institución seguirá siendo administrativamente viable. No existen alternativas juiciosas y el realismo aconseja centrarse en la victoria de los postulados hegemónicos y aprovechar los medios que se disponen para hacer viable las reformas. En muchos casos, incluso se vive con júbilo la promesa de un mejor funcionamiento institucional gracias a las nuevas normativas. La visión realista puede ser descrita en tres puntos, aplicados al contexto de las instituciones de educación superior: 1. Existen normativas sobre qué ha de hacer la universidad, así como medios legales, institucionales y económicos para aplicarlas. 2. Las IES han escogido o están escogiendo seguir las nuevas normativas, lo que respalda su aplicación generalizada. 3. Si hacemos lo mismo, contaremos con los mismos medios. Si no es así, nos encontraremos en una soledad inviable. El realismo transita de los medios a los objetivos –¿qué podemos hacer con lo que tenemos?–; mientras que el idealismo camina de los objetivos a los medios –¿qué hacemos para conseguirlo?–. La postura idealista es definida por Hoekstra y Kortaghen Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 43 No obstante, tanto la coherencia lógica entre opciones, como las relaciones dibujadas en la literatura y la experiencia directa, sugieren la existencia de una fuerte relación de diferentes combinaciones entre sí. Así, por ejemplo, el individualismo y el materialismo que forman parte de la perspectiva mercantil, se encuentran también relacionadas con la obediencia como un valor en sí mismo (Passini y Morselli, 2010). En esta línea, los resultados muestran una alta coincidencia entre diferentes opciones de los criterios dicotómicos, conformando básicamente dos perfiles complejos más o menos nítidos, avalados por los dos colectivos o sectores académicos entrevistados. La figura 1 muestra el perfil Mercado-Obediencia-Realismo (MOR), asociado con el grupo Delphi GA; mientras que la figura 2 representa el perfil Social-Resistencia-Idealismo- Posicionamiento (SRIP), asociado con el grupo Delphi GB. Figura 1. Perfil MOR. Fuente: elaboración propia Figura 2. Perfil SRIP. Fuente: elaboración propia Posturas ante la hegemonía MOR adopta la tendencia de mercado al valorar de forma destacada la competitividad y el mérito, apuntando a problemas de naturaleza individual, señalando a las empresas como partenariado importante en la universidad, asumiendo el liderazgo de los modelos de calidad y deplorando la excesiva regulación del estado. SRIP adopta la tendencia social al conceder una importancia visible a los aspectos colectivos, deplorando la pérdida de valores humanos, defendiendo el partenariado con movimientos sociales, la democratización interna de la institución y el origen social de los estudiantes. Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 44 Reacciones frente a la presión La obediencia es un asunto incómodo. Es difícil que alguien acepte con agrado ser descrito como obediente, mucho menos en el contexto académico, donde la libertad es un aspecto muy valorado. No obstante, la obediencia es una buena hipótesis parcial para explicar el comportamiento MOR, cuando este perfil se enfrenta a la situación en la que hay que aplicar o no las reformas. No solo las respuestas de los cuadros 2 y 3 responden a una adaptación afín a la norma, sino también las narrativas en las entrevistas. Un miembro GA indicó “Que me guste o no la normativa no es algo importante. Como responsable de la gestión, mi obligación es garantizar que la normativa es aplicada. Es más, debo garantizar la tranquilidad de la universidad para que cuente con normas para todo. Nos guste o no, la ley es garantía”. Por el contrario, para SRIP, lo más característico son las referencias a las conductas de resistencia, muy afín también a la fundamentación de movimientos sociales con los que SRIP mantiene sintonía. Algunas porciones de discurso relevantes en dos entrevistas a miembros de GB son “Denuncié que la universidad se había vendido”, “No he participado en la implementación de la reforma”, “Esto no es más que un paquete de normas que amenazan la esperanza de un mundo mejor desde la universidad. Hemos de pararlo”. Este tipo de respuestas, tanto en las expresiones de las preguntas abiertas Delphi como en las entrevistas focales, estuvieron completamente ausentes en GA. Lo más cercano fue la queja más o menos compartida en que las reformas no vienen acompañadas por los medios suficientes para llevarlas a cabo. Actitudes acerca del pragmatismo Durante las entrevistas focales y en algunas respuestas abiertas Delphi, lo más destacado desde GA fue pragmatismo y realismo. Así, un miembro de este grupo respondía “Francamente, no manejo ningún referente teórico ni intelectual para llevar a cabo mi trabajo de gestión. Años de experiencia en la docencia, me han enseñado que para hacer cualquier cosa hay que contar con medios para ello”. La preocupación por resolver efectivamente la cotidianidad de la gestión universitaria, deja poco espacio en la práctica para dar carta de viabilidad a otros modos de resolver problemas o de guiar la institución. Un cargo indicaba “como dices, sería reconfortante trabajar con movimientos sociales, pero hay que reconocer que al menos a corto y medio plazo eso es imposible”. En contraposición, GB mostraba indicios más emocionales, con apertura a modos alternativos de funcionamiento y fuentes diversas de inspiración. Un profesor de este grupo expresaba “me inspiran procesos de lucha actuales en las universidades chilenas, egipcias, estadounidenses, griegas e inglesas, así como otras luchas pasadas como la de mayo del 68. Desde estas luchas cercanas y más lejanas recibo continuamente textos de compañeros y compañeras analizando la situación”. Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 45 Visiones sobre la imparcialidad académica No hay referencias a la neutralidad en las respuestas Delphi, ni en las entrevistas posteriores. GA no ha mostrado una postura clara y explícita hacia la neutralidad. Defender que la universidad ha de cumplir con su trabajo y que este trabajo no consiste en solucionar directamente problemas sociales no es defender la neutralidad, aunque la refuerce por omisión. No obstante, los miembros GB han manifestado directa e indirectamente claras posturas hacia el posicionamiento, en el sentido de una orientación clara del trabajo académico hacia la solución de los grandes problemas. El cuadro 3, ya comentado, es muy ilustrativo al respecto. Para apoyar su opción por el posicionamiento, un miembro GB rescató la famosa frase del dramaturgo español José Bergamín: “Si me hubieran hecho objeto, sería objetivo, pero me hicieron sujeto”. Otro miembro de este grupo dijo “necesitamos políticas específicas para guiar el trabajo de la universidad hacia la solución de los problemas que afectan a los más marginados”. Visión de conjunto Los cuadros 2 y 3, además de respuestas a las entrevistas, muestran una clara desconexión entre el perfil MOR, propio de los puestos con responsabilidad de gestión, y el perfil SRIP, identificable en el activismo universitario. Un miembro GB decía “Escojo el activismo de los movimientos sociales universitarios porque solo así puedo construir una universidad pública de calidad”. Los cuadros 2 y 3 abundan en la distancia entre ambos perfiles. Si los gestores universitarios escogen el pragmatismo derivado de la obediencia, mientras que los constructores de caminos alternativos los aplican solo en sus pequeñas esferas de control, no podremos esperar nada nuevo en las instituciones de educación superior. Esta conclusión hace a ambos perfiles igualmente responsables. Ambos sufren una mezcla de tragedia y fatalidad en sus conductas cotidianas. MOR cuenta con modelos operativos para gestionar la institución. Estos modelos, gracias a su soporte político y económico, son relativamente sencillos de aplicar. Dejar este camino trazado no es fácil si no se cuenta con alternativas desarrolladas o concretadas a nivel de gestión cotidiana. Por su parte, SRIP se limita a la esfera de pequeña envergadura que controla (prácticas concretas, movimientos concretos), que requieren pocos recursos y se basan en la autonomía académica todavía existente. Mannarini y Fedi (2012) encuentran que el compromiso requiere algún soporte social, cuya existencia es inversamente proporcional al estrés percibido. SRIP cuenta con este soporte, pues trabaja en grupos de resistencia y acción, en los que encuentra semejantes, seguridad y apoyo. Por su parte, MOR encuentra esa seguridad a través del isomorfismo con otras instituciones y de la conformidad con las normas institucionales (Teelken, 2012). Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 46 Sin embargo, la conexión entre MOR y SRIP en la reorientación de las instituciones de educación superior, resulta ideológicamente posible. Dado que MOR no defiende expresamente la neutralidad, el posicionamiento de SRIP no ha de ser un motivo de conflicto. Por otro lado, la obediencia y el realismo MOR están asentados en la seguridad de los caminos compartidos. La sintetización de las experiencias SRIP podría inspirar otros modelos de gestión realistas, en el sentido de que se demuestran viables en la práctica. El único punto descubierto para posibles conflictos es la orientación hacia el mercado o hacia los problemas sociales. Mi impresión, a la luz de los resultados y de la experiencia personal, es que el bien común es un objetivo compartido por ambos perfiles, como se observa en el cuadro 2 respecto a los problemas medioambientales y las desigualdades sociales. La diferencia es más una cuestión de método. MOR deposita su confianza en la normativa y en los funcionamientos mercantiles como procedimientos que generarán bien común, mientras que SRIP prefiere no mediatizarlo y trabajar directamente por ello. Algunos autores han apuntado posibilidades para el estímulo del compromiso social universitario a nivel institucional, lo que implicaría una transformación del imaginario MOR, en términos de la constancia de viabilidad. Una de estas posibilidades es facilitar experiencias de trabajo conjunto entre universidad y tercer sector donde participe MOR, mostrando que la universidad puede afectar agendas políticas y la vida de las personas en los problemas más urgentes (Strier, 2011). Otra es promover la imagen de instituciones que son responsables frente a la mejora de la sociedad (Warnick y Silverman, 2011). Otra más es adquirir compromisos con comunidades concretas, de tal forma que resulten atractivos desde un punto de vista académico, a la vez que se estimule el asociacionismo, la mentoría de profesorado y la implicación en programas de calidad (Borba, 2001). MacFarlane (2005) apunta como solución, organizar el tiempo y los espacios de la academia de tal forma que den oportunidades al azar, a las tormentas de ideas y a la reflexión, pues la falta de tiempo se relaciona con la falta de compromiso. En cualquier caso, los desacuerdos no solo se basan en posiciones ideológicas diferentes, sino también en experiencias previas de desacuerdo (Gray, 2004). La búsqueda activa de experiencias positivas de relación entre MOR y SRIP en algún frente común, puede romper ese ciclo y alimentar la construcción de modelos alternativos de gestión, más proclives a la construcción directa de bien común y, por tanto, afines a las PUC. Qué hacer con las PUC Las PUC, como ocurre con cualquier otro proceso humano, pueden considerarse una combinación de fondo y forma. El fondo se refiere a los objetivos últimos, a las Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 47 intenciones que bañan todo el proceso y a la coherencia que los pasos y las decisiones guardan con ese objetivo. En este sentido, se ha explicitado con claridad que el motivo último de las PUC es la transformación social mediante un trabajo horizontal con el tercer sector. Así se ha indicado en aprendizaje servicio (Speck, 2001), investigaciónacción participativa (Brydon-Miller, Greewood y Maguire, 2003), co-investigación (Borio, Pozzi, y Roggero, 2004) y unidades de acción comprometida (Manzano-Arrondo y Suárez, en prensa). La forma es una dimensión altamente modificable e instrumental, a la que exigimos eficacia y coherencia. En muchas ocasiones, se requiere un claro apoyo institucional. En aprendizaje servicio, por ejemplo, se defiende la complicidad de la administración institucional (Coles, 2005) y las ventajas de las conexiones inter-institucionales (Butin, 2006). No obstante, este apoyo no está exento de peligro, a la luz de las conclusiones de este estudio, pues puede priorizar la forma sobre el fondo. Aguilera (2005) denomina “función ceremonial” a las prácticas institucionales centradas en el propio mantenimiento de la organización, en ocasiones contrapuestas a la misión de la institución. En esta línea, es frecuente denunciar que tanto los procesos de institucionalización o normativización, como los de mercantilización, se pierden en funciones ceremoniales (Apple, 2011; Jarab, 2008; Manzano-Arrondo, 2012; Ochoa, 2007), domesticando la forma y, con ello, debilitando el fondo; incluso perdiendo la vista a este al centrar los esfuerzos en aquella. Como ya se ha indicado con otras palabras en las primeras secciones de este documento, las regulaciones universitarias están fundiendo estos procesos ceremoniales al institucionalizar la mercantilización. La confluencia de ambas fuerzas resalta la importancia de la función ceremonial. Así, por ejemplo, Wareaas y Solbakk (2009) describen la fuerte tendencia que las instituciones de educación superior están mostrando por centrarse en el diseño y la práctica de la imagen de marca, consumiendo recursos institucionales y adquiriendo un protagonismo creciente al que denominan branding universitario. A esta inclinación se le suma también creciente tendencia a la tecnificación, es decir, al establecimiento de estándares, guías, protocolos y especializaciones que no solo burocratizan hasta la desesperación la cotidianidad universitaria (Ordine, 2013), sino que penetran en los significados, oscureciendo los objetivos últimos y llegando al extremo de tecnificar la ética (Kisnerman, 2001). Las conclusiones de este trabajo señalan que la gestión de las instituciones de educación superior se lleva a cabo a través de un perfil, el MOR, que deposita en la norma la confianza del funcionamiento institucional. La consideración en paralelo de todas estas circunstancias y funcionamientos, aconseja tener presente el peligro de la función ceremonial y la apuesta decisiva por el fondo de las PUC. A mi entender, esta consciencia requiere: Manzano-Arrondo, V. (2015). Activismo frente a norma: ¿quién salva a la universidad? RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje Servicio, 1, 28-55. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.3 48 1. Centrar los esfuerzos en una tarea lenta pero imprescindible: la promoción de una cultura universitaria ética, que tiene como una de sus principales consecuencias naturales la apuesta por PUC. 2. Potenciar la implicación de los activistas SRIP en las tareas de gestión de alto nivel y en el asesoramiento del ritmo y orientación institucionales. 3. Propiciar experiencias de relaciones directas con el tercer sector por parte de los cargos MOR. Ello implica, a su vez, aprovechar las oportunidades para que la institución se imbrique en proyectos locales que faciliten el contacto directo, así como abundar en declaraciones o posicionamientos institucionales que visibilicen la posibilidad del compromiso directo ante los propios miembros de la institución y la sociedad local. 4. Utilizar PUC concretas y fácilmente acotadas como vehículo natural para contagiar más experiencias. 5. Fomentar la presencia y visibilidad del tercer sector en la cotidianidad universitaria, mediante su participación en las aulas, en la organización de eventos, en la organización de convocatorias institucionales, en proyectos de investigación, etc. Estas vías se alimentan mutuamente. Las experiencias de éxito han de ser visibilizadas y contagiar tanto a la base universitaria como a la gestión de alto nivel. Estos referentes pueden ser las herramientas de trabajo para extender una cultura de implicación universitaria hacia el bien común, salvando a la universidad de un destino que tiende a desatender los sectores sistemáticamente más marginalizados de la sociedad. Referencias bibliográficas Aguilera, F. (2005). Los mercados de agua en Tenerife. Bilbao: Bakeaz. Amigot, P. & Martínez, L. (2013). Gubernamentalidad neoliberal, subjetividad y transformación de la universidad. La evaluación del profesorado como técnica de normalización. Athenea Digital, 13(1), 99-120. Recuperado de http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/view/1046- Amigot. Andrés, L. (2012). Universidad y Compromiso Social, una experiencia transformadora. En G. Celorio & A. López de Munain (Coor.), La educación para el desarrollo en la universidad. Reflexiones en torno a una práctica transformadora (pp. 14-22). Bilbao: Hegoa. Apple, M.W. (2011). 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