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Una Reflexión Filosófica sobre el Arte

Abstract

En Este Texto Intentaremos Reflexionar Desde La Filosofía Sobre Algunas De Lascuestiones Fundamentales Del Arte: La Necesidad Del Arte, El Artista, Su Mundo,El Proceso Creador Y La Obra. Con Ello Buscamos Encontrar Una Idea General Delarte Que Nos Ayude A Comprender La Esencia De Esta Actividad Humana Tanespecial.

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Una Reflexión Filosófica sobre el Arte

Author: Muñoz Martínez, Rubén
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2006
Source: https://idus.us.es/bitstreams/babb0521-75a4-4aee-9e5d-a5e32aa760b1/download
THÉMATA.
REVISTA
DE
FILOSOFÍA.
Núm.
36,
2006.
UNA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE EL ARTE
Rubén Muñoz Ma ínez. Se illa
Resumen: En es e ex o in en a emos e lexiona desde la iloso ía sob e algunas de las cues iones unda-
men ales del a e: la necesidad del a e, el a is a, su mundo, el p oceso c eado y la ob a. Con ello buscamos
encon a una idea gene al del a e que nos ayude a comp ende la esencia de es a ac i idad humana an
especial.
Abs ac : In his ex we
'
ll y o e lec om philosophy abou some o he undamen al cues ions in a : he
necessa y o a , he a is , his wo ld, he c ea i e p ocess and he wo k. Wi h ha we would like o ind a
gene al idea ha we help us o unde s and he essence o his such special human ac i i y.
1.
¿Qué es el a e?; Una alo ación ilosó ica.
Es e esc i o iene como obje i o undamen al ealiza una e lexión de ca ác e
gene al, en ocada desde la iloso ía, sob e los elemen os undamen ales que componen el
a e. De es a mane a se analiza á la dimensión subje i a (el a is a), la dimensión obje i a
(la ealidad), la conjunción en e ambas (la c eación) y el esul ado (la ob a de a e).
Pe o an es de lle a a cabo es a labo se á necesa io que comencemos nues a in es i-
gación con una b e e e lexión sob e el a e en endido como ac i idad humana esencial.
Debe queda cla o desde el p incipio que nues a p e ensión no es la de hace una
his o ia del concep o de a e, sino que el p opósi o p incipal de es e es udio es el de
in e oga nos sob e qué sea el a e al y como hoy lo en endemos, algo que no se queda en
una educción del é mino sino que aba ca la o alidad del mismo, ya que como se i á
mos ando a lo la go del ex o el concep o undamen al de a e no a ía con el paso del
iempo. Es e concep o gene al al que es amos aludiendo se mani ies a an cla amen e en
el Do í o o de Policle o, aunque los g iegos no conside a an a la escul u a a e en el mismo
sen ido que noso os la conside amos hoy, como en Las majas de Goya o en El Gue nica de
Picasso. En cualquie caso, es o es algo que se pod á i islumb ando poco a poco a lo la go
de es e es udio.
El a e es algo que no puede se ence ado en una de inición o aba cado desde una
mi ada global que p e enda explica su o alidad; es po ello po lo que pienso que lo más
adecuado pa a ace ca nos a es a ma e ia es lle a a cabo una desc ipción de sus elemen os
que nos si a como puen e pa a a is a una comp ensión global su icien e. De es a mane a
p o undiza emos más en el a e que si nos pusié amos, cual in es igado es posi i is as, a
in en a busca una de inición en la que se desc ibiese su esencia. La esencia de cualquie
en e es «inap esable» y más si enemos en e manos algo an complicado como es el a e.
Pa a ap oxima nos concep ualmen e a nues o obje i o u iliza emos una se ie de
«ideas-guías» que nos i án ace cando len amen e a la acla ación in elec ual que buscamos
ace ca de la idea de a e.
Pa a ello acudi emos en p ime luga a Hegel, ilóso o de g andísima lucidez que
pene ó como pocos en la espi i ualidad de la ealidad; y ya que el a e es una ac i idad
espi i ual, aunque inalmen e pa a su ealización enga que se plasmada en el ma e ial
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24 Hegel, G. W. F. In oducción a la es é ica. Ba celona. Península. 1997 (pág. 17)
25 Hegel, G. W. F.: op. ci ., pág. 128
26 Heidegge , M. A e y poesía. A gen ina. F. C. E. 1988 (pág. 63)
sensible, conside o que es más que ace ado pa a nues a indagación pone los ojos en
algunas de las ap eciaciones de dicho pensado en o no al a e.
Hegel sos iene: «El a e es una o ma pa icula bajo la cual el espí i u se mani ies a»
24
.
En es a a i mación encon amos la idea del a e como mani es ación del espí i u; pe o
como una mani es ación del espí i u que se p oduce de «una o ma pa icula ». Es a
pa icula idad a la que alude Hegel no es ningún asun o meno , pues o que nos in oduce
en la complejidad del asun o.
La mencionada ci a no llega de po sí a la esencia del a e, pe o sí nos aden a di ec a-
men e en su p oblemá ica.
Desde la in e io idad del asun o a la que nos ha conducido la a i mación an e io ,
Hegel le an a o a esis undamen al: «La a ea del a e consis e en hace que la idea sea
accesible a nues a con emplación bajo una o ma sensible»
25
.
En es a o a idea de Hegel se mues a que el a e es exp esión sensible de la idea, algo
que ya nos ace ca más di ec amen e a la esencia de es a ac i idad humana.
Recapi ulando lo dicho, podemos deci que de la mano de Hegel hemos conseguido
sabe que el a e es una mani es ación del espí i u que se p oduce de «una o ma pa icu-
la » y que es exp esión sensible de la idea.
Una ez que hemos pa ido de Hegel, pasa emos aho a al que quizás ha sido el
úl imo g an me a ísico de occiden e, Ma in Heidegge , el cual dedicó oda su p oducción
ilosó ica a escla ece el sen ido del se , po lo que u o necesa iamen e que en a en el
e eno de la es é ica y con ello en el del a e.
Heidegge a i ma en una de sus con e encias: «La esencia del a e se ía, pues, és a: el
pone se en ope ación la e dad del en e.»
26
Es a «desc ipción» heidegge iana puede se enlazada con lo dicho an e io men e po
Hegel, pe o la e dad es que si nos ijamos bien en las palab as del au o de El se y el
iempo nos damos cuen a que de ellas se puede in e i que el a e además de consis i en la
mani es ación de la e dad, es esa ac i idad humana que nos si úa en el modo de la
pleni ud an e la mismidad de lo exp esado o ep esen ado. «El pone se en ope ación la
e dad del en e», nos dice Heidegge .
Con es as ap eciaciones ilosó icas ace ca del a e, en cie o modo ya nos hemos
aden ado en su esencia.
Pod ía habe empezado es e a ículo aludiendo a ípicas de iniciones: «el a e es
aquella ac i idad humana que p oduce belleza», «que ep esen a o ep oduce la ealidad»,
«que c ea o mas», «que exp esa», «que p oduce expe iencia es é ica» o «que p oduce un
choque», como di ían los eó icos de las angua dias. Pe o, sin emba go, he p e e ido
empeza in en ando lle a a cabo una dilucidación ilosó ica con la inalidad de p o undi-
za en su concep o, ya que conside o que es o es lo más adecuado de ca a a la inalidad de
es a in es igación.
Con es o, no se es á a i mando que es as de iniciones no sean álidas, odo lo con a-
io, incluso nos ald emos de ellas pa a nues o es udio; lo que sí hay que deja cla o desde
un p incipio es que es e abajo es un es udio de ca ác e ilosó ico y no de his o iog a ía o
eo ía del a e.
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Con mucha p udencia y muchos ma ices, ya que es amos aún en el inicio de la
in es igación, se pod ía deci que el a e es un «lenguaje» con el que el homb e exp esa la
ealidad humana ísica y espi i ual cap ando lo ex e io e in e io izándolo, pa a luego
de ol e lo a la ex e io idad desde la libe ad c eado a del a is a.
Lo que ha de queda cla o en es os p ime os an eos es que desde nues o posiciona-
mien o ilosó ico el a e es con emplado como una ac i idad humana que exp esa el
espí i u de la ealidad misma a a és de un ma e ial sensible, ya sea un lienzo, una
ca ed al o una escul u a; lo cual se p oduce a a és de cua o componen es sin los que no
hab ía a e: «el a is a», que es el c eado ; «la ealidad», que es la obje i idad que se
exp esa; «la conjunción», que es la c eación a ís ica y «el esul ado», que es la ob a de a e.
El análisis más de allado de es os cua o elemen os es lo que pasa emos a es udia en la
pa e cen al de nues a in es igación.
De es a mane a damos po e minada es a b e e e lexión, que como se puede ap ecia
es an e odo una in oducción que in en a se i de pun o de lanzamien o y de apoyo al
lec o .
2. ¿Necesidad o lujo?
¿Es el a e una necesidad o un lujo? Es a cues ión es una de las in e ogan es que más
han sido des acadas en lo que espec a a las polémicas habi uales ace ca del a e. Ve dade-
amen e ¿el a e se puede conside a una necesidad del se humano o es simplemen e un
lujo con el que és e ado na su ida?
De en ada hay que deci que pa ece cla o que el a e es algo que pe enece a la
esencia misma del homb e, ya que és e desde sus comienzos se ha is o « o zado» po su
p opia in e io idad a ep esen a o exp esa algo, ya sea lo ex e io que le odea o ha
odeado o lo in e io sen ido en cie os momen os conc e os de la his o ia.
Si po necesidad en endemos «algo» sin lo cual o o «algo» no se ía posible; y po lujo
en endemos «algo» que es supe luo y que sólo si e pa a ag ada más la ealidad o la ida,
queda cla o que el a e es una necesidad del se humano.
¿Qué se ía el homb e sin el a e? Hab ía que plan ea se se iamen e es a cues ión y
pensa si la humanidad se ía la misma sin el a e. ¿Se ía España la misma sin El Quijo e?,
¿se ía I alia, I alia sin Dan e?, ¿qué se ía de Ingla e a sin Shakespea e o de G ecia sin
Home o? Es o es algo que hab ía que pensa muy se iamen e; y no se a a de deci que
hay que lee , e u oí odas las ob as que han hecho de la humanidad lo que hoy es, sino
de comp ende que la esencia, po ejemplo, de España y del español es á plan eada en esa
g andísima ob a de la li e a u a uni e sal que es Don Quijo e de la Mancha; que el siglo
XVII se encuen a e lejado en Las Meninas o que el espí i u de la Eu opa de la época
habi a en Ca los V en la ba alla de Mühlbe g de Tiziano.
¿Acaso no es cie o que Home o, Dan e, Ce an es, Shakespea e, Velázquez, Goe he,
Moza , Bee ho en... han sido los g andes c eado es y los que mejo han sabido exp esa
la espi i ualidad más p opia de Eu opa?, ¿se ía Eu opa lo que hoy es sin ellos? Es lle ando
has a sus úl imas consecuencias es as cues iones como e dade amen e omamos concien-
cia de la ascenden alidad e impo ancia del a e.
El a e ecoge el p esen e pa a el u u o y queda como pasado.
Es ob io, pues, que el a e es una necesidad o al y absolu a del se humano. ¿Exis e
el a e desde que hay homb e?; o quizás se ía mejo p egun a se: ¿exis e el homb e desde
que hay a e? In e oguémonos en se io sob e es as cues iones.
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27 Hegel, G. W. F. In oducción a la es é ica. Ba celona. Península. 1997 (pág. 65)
28 Hegel, G. W. F.: op. ci ., pág. 67
El a e nos lle a a una dimensión de ascendencia que es necesa ia pa a el se huma-
no y que no podemos alcanza en esa modalidad de ninguna o a mane a. Ya sea a a és
de la li e a u a en gene al, de la a qui ec u a, de la pin u a, de la escul u a o de la música
el homb e desde que es homb e se ha is o o zado a c ea a ís icamen e. Y algo que iene
impues o desde den o como un manda o, al y como di ía Kan , es sin luga a dudas una
necesidad.
O a cosa es que el a e no enga un sen ido p ác ico al y como noso os, homb es del
siglo XXI en uel os en un mundo casi plenamen e ecnológico, en endemos ese concep o
al igual que le sucede a o as ac i idades como po ejemplo la iloso ía. Pe o es eso p ecisa-
men e lo que hace que es as c eaciones del se humano engan más alo , po que eso
quie e deci que exis en po que alen po sí mismas, en ellas eside su alo y no necesi an
de nada ex e io a ellas o de una inalidad p ác ica que les o o gue un sen ido.
Pa a da le más consis encia in elec ual a nues as apo aciones acudi emos de nue o
a Hegel, el cual sos iene que «La ob a de a e pe sigue un in pa icula que es inmanen e
en ella.»
27
El a e o, po ejemplo, la iloso ía sí que son «algo» p ác ico, ya que si en pa a
conoce lo que es el homb e y lo que es y ha sido el mundo; lo que sucede es que pa a eso
hay que ele a se a una ca ego ía de comp ensión a la que hoy día p ác icamen e nadie es á
dispues o a emon a se. De ahí las amosas ases: «La iloso ía, ¿y eso pa a qué si e?»,
«¿Qué es udias, a e, y eso pa a qué?»; pe o bueno, así es án las cosas y aden a nos aho a
de lleno a desen aña y escla ece es e p oblema se ía pasa nos a o a cues ión dis in a de
la que nos ocupa en es os momen os.
Po lo an o, sólo nos queda a modo de conclusión señala que el a e, como espe o
haya quedado cla o después de lo dicho, es una necesidad ineludible del se humano que
pe enece a la esencia de és e y que le ayuda a comp ende mejo la ealidad.
3. La subje i idad (el a is a).
Aho a pasa emos a analiza el p ime pun o nodal de es e es udio: el a is a.
El a is a es la subje i idad c eado a que ealiza la ob a de a e. In en a llega a una
comp ensión p o unda de es e componen e del a e supone el ija la is a en muchos
elemen os decisi os que se dan en el a is a y le conducen a la c eación. El a is a es esa
subje i idad c eado a que es capaz de c ea (a e) desde sí mismo.
Un p ime elemen o a des aca en el análisis del a is a es «la inspi ación», el cual es
el es ado en el que és e se encuen a cuando se sien e empujado a c ea . Hegel a i ma al
espec o: «La p oducción a ís ica se con ie e así en un es ado al que se da el nomb e de
inspi ación.»
28
Po su pa e Schopenhaue , que no se ca ac e izaba po se un g an amigo de Hegel
ni po compa i sus ideas, pensaba:
«La in ención de la melodía, el descub imien o de odos los más hondos sec e os de
la olun ad y de la sensibilidad humana, es o es ob a del genio. La acción del genio...
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29 Schopenhaue , A. El amo y o as pasiones. Mad id. Alba. 1998 (pág. 81)
30 He nández-Pacheco, J. La conciencia omán ica. Mad id. Tecnos. 1995 (pp. 136-137)
31 Kandinsky, V. De lo espi i ual en el a e. Ba celona. Paidós. 1996 (pág. 67)
32 Valé y, P. Teo ía poé ica y es é ica. Mad id. La balsa de la Medusa.1998 (pág. 62 y 102)
33 Kandinsky, V. La g amá ica de la c eación. El u u o de la pin u a. Ba celona. Paidós. 1996 (pág. 59)
es una e dade a inspi ación.»
29
De es a o ma emos que el au én ico a is a es el genio, el cual cuando alcanza el
es ado de inspi ación es capaz de exp esa lo más esencial de las cosas.
«A pa i de lo dicho podemos aho a en ende lo que es el «Genio». No es o a cosa
que lo que ya Pla ón denominó «demon», como la subje i idad ideal de odas las cosas
que, más allá de su de e minación y lími e empí ico, media en e ellas y su o igen
absolu o. (...) «El «genio» es esa ca ac e ís ica absolu a de las cosas, lo que hay en ellas
de de ini i o y ocul o, más allá de su o ma empí ica, po que es á en el o igen de odas
ellas.»
30
Una ez acla ado qué es el genio y qué es la inspi ación, pasamos aho a al enómeno
de «la necesidad in e io », el cual se mani ies a a a és de lo que Heidegge llamó en Sein
und Zei «la oz de la conciencia», que bien pod ía se llamado po noso os aquí «la oz
de la c eación».
Todo a is a sien e a la ho a de c ea esa necesidad in e io que le empuja a ealiza la
ob a y le indica cómo ha de ac ua . Oigamos al abande ado del mo imien o pic ó ico
abs ac o, Vasili Kandinsky, el cual a i ma lo siguien e: «La ineludible olun ad de
exp esión de lo obje i o es la ue za que aquí llamamos necesidad in e io y que hoy pide
una o ma gene al y mañana o a.»
31
Con es a con esión de uno de los g andes a is as del siglo XX queda de mani ies o la
p esencia de esa necesidad in e io en el genio a la ho a de c ea .
Paul Valé y, po su pa e, a i ma:
«El a is a i e en la in imidad de su a bi a iedad y en la espe a de su necesidad.» (...)
«... unas eces es una olun ad de exp esión la que comienza la pa ida, una necesidad
de aduci lo que se sien e...»
32
Como ya se ha señalado an es es a «necesidad in e io » se hace p esen e a a és de
una «mis e iosa oz» que lle a a c ea . Respec o a es a oz, Kandinsky apun a:
«El a is a no abaja pa a me ece elogios o admi ación, o pa a e i a la censu a y el
odio, sino obedeciendo a la oz que le gobie na con au o idad, a la oz del maes o
an e el cual debe inclina se, y del cual es escla o.»
33
Y no es sólo Kandinsky el que se e ie e a es a expe iencia p ima ia de odo a is a,
sino que es o es a i mado po muchos o os, como po ejemplo, el decisi o músico del siglo
XX, Igo S awinsky:
«A la oz que me o dena c ea espondo con emo , pe o en seguida me anquilizo al

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34 S awinsky, I. Poé ica musical. Mad id. Tau us. 1977 (pág. 68)
35 Valé y, P. Teo ía poé ica y es é ica. Mad id. La balsa de la Medusa. 1998 (pág. 98)
36 Kandinsky, V. La g amá ica de la c eación. De lo espi i ual en el a e. Ba celona. Paidós. 1996 (pág. 123)
37 Kandinsky, V.: op. ci ., pág. 147
38 Heidegge , M. El se y el iempo. Mad id. F.C.E. 2000 (pp. 295, 297 y 298)
oma como a mas las cosas que pa icipan en la c eación...»
34
También el poe a y c í ico de a e Paul Valé y, ya ci ado an e io men e, dice:
«...ese poe a que se limi a a ansmi i lo que ecibe, a en ega a desconocidos lo que
posee de lo desconocido, no iene ninguna necesidad de comp ende lo que esc ibe,
dic ado po una oz mis e iosa.»
35
Pa a p o undiza más en es e enómeno an impo an e de la necesidad in e io ,
enemos que señala que cuando c eado es como Kandinsky ealizan a i maciones como
las que se án ci adas a con inuación, se es án e i iendo a un enómeno on ológico que
Ma in Heidegge señaló y desc ibió con g an exac i ud en su ob a cumb e El se y el
iempo (pa ág a os 56-58 undamen almen e) y que llamó « oz de la conciencia».
«Al hace un cuad o el pin o «escucha» siemp e una « oz» que le dice sencillamen e:
«!Exac o!» o «!Falso!»
36
o «Los a is as conocen bien es a « oz mis e iosa» que guía su
pincel y «mide» el dibujo y el colo .»
37
Heidegge a i ma en la ob a e e ida: «A la ocación no le es esencial la onación», «la
ocación alcanza al «se ahí»«. Incluso Heidegge al igual que Kandinsky habla de « oz
mis e iosa»
38
.
Aunque Ma in Heidegge es á apelando a la « oz de la conciencia» pa a un análisis
muy dis in o al nues o, su análisis on ológico coincide en g an pa e con lo que noso os
hemos denominado como la « oz mis e iosa» que llama al a is a a la c eación.
T as es e esbozo de la in e io idad del a is a en el que se ha hablado de la necesidad
in e io , de la oz mis e iosa que empuja a c ea o de la inspi ación, pasamos aho a a
señala dos elemen os que ambién in luyen en el p oceso de c eación, aunque se den
desde « ue a» de la subje i idad c eado a.
Uno de es os elemen os decisi os es el de «la dimensión de abajo». Indudablemen e
cuando hablamos del a is a c eado se es á hablando de una subje i idad especial que es
capaz de cap a y exp esa lo que el es o de las pe sonas no son capaces ni an siquie a de
pe cibi —es o es debido ambién a la «in uición», o o elemen o decisi o en nues o
ema—, pe o es o no quie e deci que el a is a sea una especie de igu a p i ilegiada po
un alen o que le pe mi a espe a a que llegue ese «g an momen o» que le dic e al oído su
ob a; sino que de ás de odo p oceso c ea i o hay muchas ho as de abajo que son las que
hacen que el a is a ob enga sus u os. Así, sólo hay que eco da la ase de Pablo Picasso,
uno sino el más g ande de los genios a ís icos del siglo XX, en la que decía: «Si la inspi a-
ción baja, que me coja abajando».
«...si el iempo de composición de un poema incluso muy co o puede consumi años,
la acción del poema sob e el lec o se ealiza á en unos minu os. En unos minu os
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39 Valé y, P. Teo ía poé ica y es é ica. Mad id. La balsa de la Medusa. 1998 (pág. 101)
40 Kandinsky, V. De lo espi i ual en el a e. Ba celona. Paidós. 1996 (pág. 65)
41 Kandinsky, V. La g amá ica de la c eación. El u u o de la pin u a. Ba celona. Paidós. 1996 (pág. 114)
ecibi á ese lec o el choque de hallazgos, compa aciones, islumb es de exp esión
acumulados du an e meses de in es igación, de espe a, de paciencia y de impacien-
cia.»
39
Pa a que la ob a su ja hace al a mucho abajo, y que nadie piense que el a is a es un
se p i ilegiado al que odo le iene dado. El a is a además de posee un alen o inna o es
alguien que dedica su ida po comple o a su ob a, pudiendo incluso es o lle a le a la
locu a.
Den o de las cualidades y ca ac e ís icas p opias del a is a ambién hay que señala
que és e e leja de una o ma o de o a, ya sea di ec a o indi ec amen e, conscien e o
inconscien emen e, el espí i u de su época y es o es algo que se p oduce po que el a is a
al igual que odo homb e se encuen a de e minado po su con ex o his ó ico. Nadie puede
sal a po encima del pe iodo empo al que le ha ocado i i .
Es po ello po lo que el a is a se iene necesa iamen e que nu i del «mundo ex e-
io » pa a plasma és e en sus ob as. El mismo Kandinsky, al que ya se ha aludido an es,
sos iene es a idea:
«Todo a is a, como hijo de su época, ha de exp esa lo que le es p opio a esa época»
40
;
«Toda la na u aleza, la ida y odo lo que odea al a is a, y la ida de su alma, son la
única uen e de cada a e.»
41
Hemos aludido, pues, a lo que según noso os son los elemen os más des acados de la
dimensión subje i a del a e (el a is a): el «genio» (se especial que cap a la esencia del
mundo); la «inspi ación» (es ado ideal que conduce al genio a c ea ); la «necesidad in e-
io » ( enómeno que a unido a la « oz mis e iosa») que impulsa a c ea ; la «dimensión de
abajo» y la in luencia del «mundo ex e io ».
Soy conscien e que con es a b e e ipología no hemos hecho, ni mucho menos, una
desc ipción o almen e comple a del c eado a ís ico, pe o espe o habe ealizado con ello
una labo bas an e de allada en la que se ha in en ado de una mane a o de o a aludi a los
componen es más impo an es que se dan en odo a is a.
La li e a u a es é ica sob e es e ema es an ex ensa que aunque quisié amos no
end íamos iempo den o de los lími es impues os a es e esc i o de aludi a odas las piezas
necesa ias, debido ambién en pa e a la complejidad del ema.
4. La obje i idad (la ealidad).
A con inuación analiza emos el o o polo de la c eación a ís ica: la ealidad, lo
obje i o. Aquí apa ecen p oblemas undamen ales como el de la belleza y la cap ación de
la misma o el de si el a e, en cuan o cap ación de esa belleza o ealidad, es algo obje i o o
simplemen e depende de lo que el a is a quie a, es deci , de su olun ad lib e y cap ichosa.
Noso os de en ada echazamos esa ípica de inición de a e como «aquella ac i idad
humana que a a de e leja belleza», ya que conside amos que queda nos en esa concep-
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42 Kandinsky, V. La g amá ica de la c eación. El u u o de la pin u a. Ba celona. Paidós. 1996 (pp. 115-116)
ción an simplis a del é mino supone inculca le al mismo una educción b u al. Ésa no es
la esencia del a e, es uno de sus aspec os
La exp esión de belleza en una c eación a ís ica es algo «secunda io» que puede i
añadido a la ob a. El a e no a a p incipalmen e de e leja belleza, sino de e leja la
esencia de la ealidad misma, el mis e io, a a és del a is a de o ma que sea econocida
como p opia po odos los ecep o es. Así, po ejemplo, hay c eaciones que sin se bellas
son au én icas ob as de a e.
Bien es e dad que en g an pa e de las e dade as ob as a ís icas las cosas son
e lejadas de al o ma que aunque lo que se mues e en ello sea eo, no malmen e nos
p oduce una imp esión bella.
El en oque on ológico adicional en lo que a nues o posicionamien o espec o de la
ealidad se e ie e consis e en pensa que noso os somos un suje o en e a un mundo que
es á «ahí» ue a, algo he edado de la mode nidad y la iloso ía ca esiana p incipalmen e;
lo que sucede es que si e dade amen e nos pa amos a pensa ese en oque nos damos
cuen a de que no somos sencillamen e unos suje os en en ados a la ealidad, sino que
noso os mismos ya somos pa e de esa ealidad, somos si se quie e, los ojos con los que la
ealidad se mi a a sí misma; pe o somos an e odo, y eso que quede cla o, ealidad.
Aho a bien, ¿cómo a on a es e p oblema desde la e lexión sob e el a e?, ¿qué es la
ealidad pa a el a is a?, ¿es esa ealidad una obje i idad que quede como al plasmada en
la ob a de a e, o po el con a io queda en ella de o mada?
La ealidad pa a el a is a es «eso» en que él es á y le si e pa a llena se como condi-
ción p e ia a la exp esión que se á plasmada en la ob a.
«...el pin o abs ac o no ecibe su «impulso» de un ozo cualquie a de na u aleza,
sino de la o alidad de la na u aleza, en sus aspec os más di e sos, que llegan a suma -
se en él pa a conduci lo a c ea una ob a.»
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La ealidad es la uen e de donde bebe el a is a pa a pode pos e io men e hace su
ob a.
La ealidad es algo obje i o, es lo que es á de po sí y no depende de una subje i idad
pa a se , y ahí es donde eside la «sus ancia» de la que el a is a se nu e pa a su c eación.
Pe o ¿cómo accede a ella? El a is a accede a la «sus ancia» de la ealidad median e
la in uición y la e leja a a és de la c eación a ís ica.
Que la ealidad es obje i a es e iden e, lo que no pa ece an cla o es si el a e es o no
obje i o, g an deba e de la es é ica del siglo XX.
Noso os sos enemos que el a e es obje i o, p ueba e iden e de ello es que oda
ac i idad ealizada po un a is a no iene po qué esponde al concep o de a e, p oblema
undamen al de las angua dias. Es a idea queda p ecisada con la dis inción ca ego ial
en e «ob as maes as» y «ob as de a e», lo cual hace e que ambos modos de c eación
pe enecen a ca ego ías dis in as.
No iene el mismo alo una «ob a maes a» que una «ob a de a e», ya que una «ob a
de a e» puede se cualquie ob a de un c eado poié ico que se ajus e a los cánones de un
de e minado a e; mien as que una «ob a maes a» es una ob a a ís ica de ales dimensio-
nes que supe a en demasía al conjun o de ob as a ís icas en gene al, debido a una se ie de
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43 C. Dan o, A.; H. Bel ing, W. S. ; M. Hanasmann, J. G. ; MacG ego , N.; Waschek, M. ¿Qué es una ob a
maes a? Ba celona. C í ica. 2000 (pp. 7 y 21)
elemen os cons i u i os p opios de la ob a que sólo esiden en ella y p ecisamen e po ello
dicha c eación pasa a se ca alogada como «ob a maes a», mo i ado po sus dimensiones
de exp esión y cap ación de lo eal. Así, La Gioconda de Leona do da Vinci o Los Gi asoles
de Van Gogh es án conside adas como ob as muy supe io es a o as c eaciones de dichos
a is as.
«Se llama «ob a maes a», es ic amen e hablando a « odo lo pe ec o den o de su
géne o.»» (...) «... las ob as maes as son «los gua dianes silenciosos del mis e io del
a e». No se puede deci nada; son pasmosas.»
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La obje i idad del a e eside en la p esencia « eal», en la p oximidad con el se , que
se consiga en los esul ados de las c eaciones de los a is as; así, po ejemplo, El en ie o del
Conde de O gaz del G eco es una «ob a maes a» po que en ella se p oduce la mani es a-
ción del se , o lo que es lo mismo, una exp esión plena de ealidad que exp esa en pe ec a
a monía la conjunción en e un homb e y su mundo.
Re omando el ema especí ico de es e apa ado podemos deci , pues, que la ealidad
pa a el suje o c eado a ís ico es «eso» que le odea y que le si e de uen e de conocimien-
os, expe iencias, sen imien os... pa a luego a a és de su alen o inna o pode p oduci
a e.En cie o modo la ealidad es pa a el a is a aquello que le inspi a y le si e de manan-
ial de expe iencias pa a la c eación. Es an o «el camino» como la base o uen e de odo
c ea .
Po lo an o, la ealidad es un aspec o decisi o pa a el a is a, pues o que la esencia de
la au én ica ob a de a e eside en la capacidad de su c eado pa a cap a lo más ín imo de
la ealidad y exp esa lo desde su in e io idad en la ob a.
Así, po ejemplo, Goya exp esa magní icamen e en sus cuad os los desas es y su i-
mien os de la gue a; Shakespea e exp esa como nadie a a és de la agedia los sen i-
mien os uni e sales del se humano, algo que hace ambién en su géne o Miguel Ángel
con la escul u a; o qué deci de los e sos de Bécque , en donde la expe iencia del amo se
sien e de una mane a an p ima ia que llega a lo más p o undo del se , po no habla de la
pasión con que Bee ho en mani es ó su época en sus sin onías.
En de ini i a, queda cla o que oda g an ob a de a e es un cúmulo de ci cuns ancias
en donde esal an el alma del a is a y el mundo que le odea, el cual le hace sen i expe-
iencias que le lle an a dicha ob a.
O a cues ión es cómo sea después plasmado «eso» en la c eación poié ica. En las
escul u as de los an iguos g iegos hay una g an idealización del cue po humano, idealiza-
ción que mues a po o o lado el pode de los dioses; en las ca ed ales gó icas hay una
exal ación e ical que ma cha hacia el cielo pa a busca la unión con Dios; en los cuad os
de Velázquez se e una ealidad ielmen e e a ada, que si bien después es analizada se
puede comp oba que no es an « ealis a» como pa ece, ya que el imp esionan e pin o
se illano hace bello lo que « ealmen e» no lo es (cuad os de bu ones, e a os, e c.)... así
pod íamos segui enume ando a is as y ob as que mues an que la ealidad p ác icamen e
nunca es e lejada al cual. ¿Y es o a qué se debe? Pues la causa es que el a is a siemp e
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men e humano, es, como ya se dijo al p incipio, una necesidad humana. Y la ob a de a e
es el p oduc o que nos conduce a esa si uación exclusi a.
También hay que deja muy cla o que cualquie p oduc o de un a is a que p e enda
se a e no es una ob a de a e, ya que la ca ego ía de «ob a maes a», al y como se dijo
an e io men e, es á ese ada pa a aquellas ob as que ealmen e son capaces de exp esa
el se en pleni ud. Así, no odas las c eaciones poié icas de Ra ael, Ve di o Renoi son ob as
del mismo calib e a ís ico.
Ob as de a e hay muchas, pe o no cualquie ob a es «ob a maes a», algo que se
puede comp oba yendo a un museo, en donde hay muchas «ob as de a e» y no an as
«ob as maes as»... no es lo mismo.
Recapi ulando y a modo de conclusión, podemos a i ma que la ob a de a e es el
p oduc o inal al que nos conduce la ac i idad humana llamada a e; es el «luga » donde
se exp esa lo inma e ial de la ealidad, la esencia de és a, el se en pleni ud; es el «des-
elamien o» del Mundo, la exp esión del odo, la «c eación» de nue os mundos, la comu-
nicación de belleza a a és de las almas... es, en de ini i a, un ma a illoso mis e io y a la
ez un ma a illoso aspec o de la condición de se humano.
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Rubén Muñoz Ma ínez
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