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América, mil y mil veces descubierta

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América, mil y mil veces descubierta

Author: Jiménez Núñez, Alfredo
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1995
Source: https://idus.us.es/bitstreams/9d7ec2e7-ca2d-4130-8cbb-88fc0d25a574/download
DISCURSO
DE
INGRESO
ENLA
REAL
ACADEMIA
DEL
EXCMO.
SR.
D.
ALFREDO
JIMENEZ
NUÑEZ
EL
DIA
3
DE
DICIEMBRE
DE
1989
AMERICA, MIL Y MIL VECES DESCUBIERTA
¿,De
qué habla en es a ocasión solemne? No
e a
di ícil
Ja
elec-
ción pa a quien ha sen ido oda la ida el in e és,
Ja
ascinación
po
las ie as y gen es de Amé ica. Mucho más di ícil esul ó desde
un
p incipio comp ende las azones del hono que se me hacía con
la
elección de miemb o de núme o de la Real Academia Se illana de
Buenas Le as. Reduci mis posibles mé i os a su mínima alo ación
pod ía pa ece un eje cicio de alsa modes ia o supone que los que
me eligie on es aban o almen e e ados. Pe o, en el mejo de los
casos,
no
puedo deja de e la mano de la gene osidad y la bene o-
lencia como p incipal ins umen o de mi ing e
so
en la Academia.
Ni
siquie a mi condición de uni e si a io y i p o esado ame icanismo
pod ían explica la elección, pues bien y al amen e ep esen ada que
es á ya la ins i ución po homb es de
Ja
Uni e sidad y po p es igio-
sos ame icanis as que han sido maes os ejempla es y más a de en-
añables compañe os de claus o.
Tu e siemp e a la Academia
en
la más al a conside ación y qui-
zá po es a misma al u a
en
que la enía yo si uada, he i ido es-
pe uosamen e dis anciado de ella has a el momen o
en
que se
ne
comunicó la buena nu
e a
de mi elección. A pa i de en onces, gocé
del hono de asis i a las sesiones o dina ias y ha sido pa a mí una
au én ica delicia compa
i
ac os ín imos sazonados con las p imi-
cias de las in e enciones académicas y salpicados
po
la g a ísima
8 ALFREDO JIMENEZ
NUÑEZ
con e sac1on de sesudos e ingeniosos a ones de los que an o se
ap ende solamen e
co
n sab
e
escucha . En es os iempos de
p isa
y
múl iples ocupaciones, de muchedumb es y uidos, ha sido pa a
mí
una uel a a lo me
jo
del pasado y a las dimensiones humanas
de
la
ida, el encuen o pe iódico en es e he moso e i o de Se illa,
qu
e
si e pa a quienes lo ecuen an de alimen o del espí i u y
e apia
del cue po. Po deci lo de o a mane a, se me concedió en su
día
el
p i ilegio de i i
po
den o una de esas ins i uciones de la c
iudad
de la que odos los se illanos ienen no icias pe o muy pocos c
ono
-
cen.
Si
mi g a i ud a la Real Academia Se illana de Buenas Le as es
g ande po in i a me a su seno,
mi
econocimien o es inmenso
po
la
ind
ul
gencia que me pe mi e i i es e momen o con un e aso
im
-
pe donable sob
e
la echa de elección. Sólo oy a ecu i a una
a
-
zón que
ni
siquie a se a e e a se di
sc
ulp
a,
y es el sob ecogim
ien o
que me p oducen los ac os públicos y solemnes, especialmen e
si
me
oca algún p o agonismo. Puedo asegu a que una pa e de la
deuda
co
n aída con la Academia po la hon osa dis inción que me hace, la
pago con el es ue zo que pa a mí supone desempeña hoy el
pape
l
que co esponde a ese hono
.
::::;:;,:
La Academia i e po que
se
enue a, y en la sus i ución de unos
miemb os po o os
-seg
ún Reglamen o y l
ey
e.le
ida qu
e,
po
lo
mismo, ambién es de
mue e-
siemp e se iene a ocupa la acan e
que deja a alg
ui
en que nos p ecedió en el ance inal. Ha que ido el
Des
i
no que me co esponda llena el acío - in en o ano
po
mi
pa e-de Al onso G osso Sánchez. Y
lo
que pudie a pa ece a i i-
ciosa elación, no lo es en absolu o. Al onso G osso
u
e an e odo
pin o , pe o su p esencia en la R
ea
l Academia Se illana de Bue
na
s
Le as es u o más que jus i icada.
En
p ime luga , po que pa a o
do
e dade o hum
an
is a no hay on e as
ni
encasillamien os. El esc ibió
con pincel algunas de las mejo
es
páginas de nues o a
e
en
es
e
siglo. Al onso G osso supo pene a con su sensibilidad en los
más
ín imos
i
ncones de la Se i
ll
a más ocul a, y al desc ibimos con p
osa
de
co
lo es la g a
nd
eza y modes ia de los con en os de Se i
ll
a,
ll
eg
ó
no solamen e a los conocedo es del a
e sino ambién al pueblo
ll
ano,
incluidos los que
ni
siquie a sabían lee pe o en endie on pe ec a-
men e el ex o esc i o sob e lienzo.
El
di
sc
u so de ing eso de Al onso
G osso u o po í ulo «Gus a o Adol o Bécque , poe a y pin o », y
DISCURSO DE INGRESO EN LA
RE
AL
ACADEMIA 9
es
e
a gumen o enía a mos a la
co
njunción que en el académico
se
daba en e
la
s le as y las a es plás icas.
Al onso G osso ue pa a mí -sin habe
l
e a ado pe sonalmen-
e
-
un
pe sonaje ami
li
a
que hacía compa ible su condición de i-
gu a señe a
del
mundo cul u al se illano con esa o a no a
de
popula-
idad o conocimien o del pueblo que ado na a cie os pe sonajes
de
nues a sociedad. En es e pun
o
, debo
co
n esa que cuando andaba
al ededo de los quince años
mi
aspi ación e a se pin
o
lo cual
me
lle aba a isi a con especial in e és las mues as de un a e que
po
aquellos años enía ya como g an maes o a Al onso G osso. Po
se
yo he mano de la co adía del Museo
de
sde que nací. pasé
mu
ch
as
ho as de mi ida en ese ozo
de
Se illa que o man la Capilla, el
p opio Museo y la plaza.
En
ese ámbi o me encon é con ecuenc
ia
a Al onso G osso, quien supo
co
njuga pe ec amen e su a ea pic ó-
ica con la ac i idad docen e y la espon
sa
bilidad de di ec o de nues o
Museo.
No me ex iendo más
en
es
e
ecue do sino que emi o a o os
ex os sob e el ilus e académico cuya ida y ob a han lle
ga
do a
se
obje o de una esis de
li
ce
ncia
u
a en nues a Uni e sidad. Y
no
h
ay
me
jo
compendio pa a calib a
la
alía de Al onso G osso que
la
in e ención de nues o académico José He nández Díaz en la sesión
nec ológi
ca
dedicada en su momen o al g an a is a se illano.
La
«in ención» espaiiola de Amé ica
No son pocos
-y
me emo que
de
aquí a 1992 se án más-
lo
s
que ponen epa os an e la a i mación
de
que España, con es emba -
caciones y un cen ena
de
ma ine os,
de
sc
ub ió
en
1492 el con inen e
que llama nos Amé ica. No oy a a cae en la en ación de que e
demos a
Jo
que es á egis ado en las p
< g
inas de
Ja
His o ia. Ni
quie o me e me
po
los e icue os de
la
semán ica ya que las pala-
b as son a eces como las ce ezas en cuan o que una i a de la o a
-descub imien os, hallazgo,
encuen o-
y así se puede llega a cual-
quie pa
e
, según el p opósi o que mue a a ca
da
uno; o puede uno
en eda se anamen e en
la
s palab as.
Quie o
yo
habla les
de
algunos
de
los mil y un descub imien-
os
-en
e ellos los
míos-
que
de
s
de
1492 se han hec
ho
de Amé-
ica.
Pue
s cu
an
do
un he
cho
se epi e po siglos y se hace uni e -
sa
l ya
no
es
p i a i o de nadie; y Amé ica nos pe enece a odos
los que la he
mos
in uido, amado y
de
sea
do
an es y después
de
conoce la y a pesa de conoce l
a.
Po que Amé ica, desde 1492,
ha
10
AL
FREDO JIMENEZ NUÑEZ
sido
pa a
Jos
que
nacíamos
en
el
Viejo
Mundo,
una
ilusión
y
una
espe anza,
un
p oyec o
que
algún
día
pod ía
ealiza se,
una
a en-
u a
a
co e ,
una
opo unidad
allá
en el
ondo
del
iempo
y
la
dis ancia.
Y
nadie
iene a gumen os, y
menos
de echo.
pa a
nega nos
nues-
os
p opios
descub imien os de
Amé ica
o
p i a nos
de
la
ilusión
de
que
al
o o
lado del
Océano
es án
las
ie as
que
los españoles
nom-
b a on Indias y que
po
unos
siglos encadila on ojos, caldea on
co a-
zones,
aguza on
alen os, alen a on
emp esas
económicas,
eligiosas,
in elec uales y cien í icas; a o men a on
concienc
ias
y causa on
no
pocos
des
engaños
en soldados. ailes y o os
clé igos,
colonos,
un-
ciona ios eales, muje es casadas y doncellas
casade as
que
en
opel
enían a
emba ca
en
Se illa
o
en
Cádiz
y ealizaban
-si
el
u o
del
ma
no
lo
impedía-
su ín imo y pe sonal descub imien o de
Amé-
ica.
Se ía
cosa
digna
de
e
cómo
po
los
caminos
que pa ían
de
Can ab ia
y As u ias, a a esaban
Le
ón y
las
Cas illa
s o
c uzaban
Ex emadu a
y,
po
in, pene aban en
Andalucía
pa a
con e ge
a
o illas
del
Guadalqui i
en
Se illa
o
en
la
bahía
de
Cádiz,
bajaban
españoles y españolas a
lomos
de
mula
o a caballo,
en
ca e as o
ca ozas y no pocos a pie. odos ellos con la
men e
pues a
en
el
Nue o
Mundo,
con
la
ilusión
p endida
en unas
Indias
que
habían
islumb ado al
escucha
el ela o
de
un pa ien e o
amigo
que
es aba
de
uel a
o
iba
ele
paso en e el
pu
e o y la
co e,
y
había
dejado
empo almen e
las
ie as de ul ama
pa a
a ende
algún negocio o
p ocu a
cie o
de echo o me ced.
La
His o ia
no ha
conocido
nada
'igual.
Roma
en ió
sus
legio-
nes. El
Islam
azuzó
con
el doble
lá igo
de
la
e y la codicia
los
co celes
que
mon aban
sus
gue e os.
De
Ingla e a
se
desgaja on
en
p incipio
unas
cua
n as
amilias
que
se
sen ían
incómodas
en
su
pa ia
y
ma cha on
a
Amé ica
en
busca
de
libe ad
eligiosa
ma -
cando
así
el
comienzo
de
una
peculia
colonización.
La
India, en
singula ,
-
la
e dade a
India
que
buscaba
Colón
po
el A lán i-
co-
no
pasó
de
se
colonia
de
soldados
y
unciona ios
b i ánicos.
Aus alia
ha
cumplido
en 1988 el
segundo
cen e
na io
del
comienzo
de
su
c
oloni
zació
n
eu opea,
y
el
p og ama
de
ac os
conmemo a i
-
os
--cuyo
máximo
acon ecimien o
ha
sido
una
exposición
in e na-
ci< nal-
no
pudo
ni
in en ó
ocul a
que
aquellas
lejanas
ie as iban
a
se i ,
p incipalmen e,
pa a
in e na
a
pelig osos
delin
cue
n
es
y
asesinos
. Y
no
hablemos
de la
c ónica
neg a
del
con inen e
llamado
DISCURSO DE INGR
ESO
EN LA
REAL
ACADEMIA 1 1
----
-----·--
--
---
- -
--
«neg o», po que la His o ia ya le ha
dado
un
í ulo más que sig
ni i-
ca i o: «El epa o de A ica», cons
umado
en el siglo XIX y
del
que se han de i ado abe aciones geopolí icas y é nicas, males y
iolencias que iñen con ojo de sang e
la
piel neg a de sus habi an-
es indígenas.
La
His o ia no ha conocido nada ig
ual
a lo ocu ido
en
la
Amé
i-
ca hispana. No en o aho a
en
la bondad o maldad de las pe sonas;
ni
siquie a en
la
iloso ía mo al o polí ica
de
las po encias colonizado-
as. Sólo quie o esal a que España -además de descub i Amé i-
ca-,
in en ó
Amé
ica, imaginó Amé ica, la hizo se lo que es hoy; y
desde
un
p incipio se
Ja
co
n cí
a Eu opa, al Viejo Mundo, en c ónicas
o iciales y ca as ín imas, en
hi
s o ias y a ados e udi os, en ley
en-
das, mi os y ábulas, en plá icas de iejos indianos man enidas al
calo de Ja lumb e ea i a
da
en aquel hoga que se dejó a ás, o a la
somb a de los sopo ales de
la
plaza
de
un
pueblo que se abandonó
en edad moza.
E a oda una nación la que i ía pendien e del Nue o Mudo.
E a
la Co ona de Cas illa, sob e odo,
la
que había apos ado po las u as
y ie as a lán icas. E a oda
un
a sociedad la que mi aba al oes e dis-
pues a con su cul u a a
«Oc
ciden aliza
n
--qu
é cu iosa
pa adoja-
el
más occiden al de los con inen es. Una España escasa en población
se desang aba, pe o lo hacía a la mane a que la mad e pie de san
g e
en pleno alumb amien o.
Las na
es
c uzaban en iaje de ida y uel a el Medi e án
eo
hispano y Ja gen e iba y enía de un mundo a o o sin sali de casa.
Cada
cua
l iba a lo suyo y pa a much
os
-sin
duda,
la
mayo ía-
el
obje i o e a «hace las Amé icas»
en
bene icio p opio, sin
da se
cuen a apenas de que ambién es aban cons uyendo Amé ica. P
e o
una cosa son los indi iduos y o a la sociedad. Una cosa es
la
ex
-
ensión
de
una
ida
hum
ana y o a muy dis in a la ob a secula
de
la His o ia. Y así, en emezclados los al os ideales y los pe sonal
es
in e eses, Jos
sac
i icios y los abusos,
la
gl
o
ia
y Ja mise ia,
Ja
en ega gene osa y
Ja
ambición sin lími e, la poli iquilla, el nepo i
s-
mo y la al a pol ica de Es ado,
la
espa
da
y la c uz,
la
udeza d
el
lab iego y la cla i idencia d
el
sabio, se hizo Amé ica, se le an ó
una ci ilización sob e uinas pe o ambién sob e escoldos y aíc
es
i as de o as ci i
liza
ciones. Y ellos y ellas, los homb
es
de acá y
las muje es
de
allá, en iquecie on el pano ama de
Ja
humanidad con
la igu a del mes izo ame ican
o.
La
his o ia, cie amen e, no ha
co-
nocido nada igual.

12
ALFREDO
JJMF::NEZ
NUÑEZ
Ce an es y las llldias
No odos ie on cumplido su deseo de pasa a las Indias,
su
espe
-
anza de log a allá
lo
que aquí no encon aban. No
ha
habido
más
ilus e acasado en es a ieb e española de se a e y pa e
e.l
e Ja
emp esa indiana que el ingenioso
hic.lalgo
don Miguel de Ce an es.
Como an os españoles de su época, enía no icias de lo que
ocu ía
en las Indias y cuando p e ende
un
empico no lo hace a ciegas
sino
que sugie e al Consejo de Indias uno
e.le
cua o o icios que a la
sazó
n
es aban acos «
...
que con cualquie a de es os o icios que V.M.
le
haga me ced
la
ecibi á po que es homb e hábil y su icien e y
bene-
mé i o
...
»
La espues a bu oc á ica no pudo se más ía y lacónica «
Busque
po acá en qué se le haga me ced.
En
Mad id a 6 de junio de 1590».
El
au o que, co no pocos
en
la his o ia uni e sal, nos ha b inda-
do con su pluma
un
p o undo descub imien o del alma y de la na u-
aleza del homb e, no pudo ealiza
su
p opio descub imien o de
Amé-
ica. Ce an es no pudo emba ca
en
la
que e a pue o y pue a de
las
indias y u o que con o ma se con inmo aliza algunas escenas de
la
Se illa bulliciosa y píca a del Siglo de O o o esc ibi la ida
del
ingenioso hidalgo don Quijo e
de
la Mancha. En e dad, Ce an es
no
u o que emba ca pa a con ibui con su ingenio a la
hi
spaniza-
ción del Nue o Mundo que se pobló
-¡.cómo
no?-
de Quijo es y
Sanchos; de conquis ado es que soña on con Dulcineas que nun
ca
c uza on
el
océano y cuyos encan os y a ibu os ísicos ue on enca -
nados, sin o
o
emedio, po udas y u gen es indias. También pasa-
on a las Indias cu as y ba be os. ma ine os y galeo es que abandona-
ban el ba co en el p ime pue o pa a sen i se lib es an e ho izon es
in ini os; asimismo. ma cha on hacendosas amas, disc e as sob inas y
o os pa ien es y deudos que o maban en l
os
séqui os de unciona-
ios; í ulos que iban a desempeña al os ca gos y a ocupa sus idas
con
Jos
asun os de gobie no y en ies as donde no al a ían in elices
con e idos en bu ones que po unos momen os cabalga í
an
asomb a-
dos sob e Cla ideños de po en osas acul ades.
Dijo no hace mucho Oc a io Paz, aquí en e noso os, que «Amé-
ica empieza en Se illa». F ase he mosa y, además, cie a. Si acep a-
mos que el ma no
es
de
nadie, po que es de odo
s,
es ácil acep a
ambién que a pa i
de
1492 Amé i
ca
es una p olongación de Espa-
ña, pues en el siglo XVI se une a noso os po ese hilo de agua que
es
el
Guadalqui i . que en Sanlúca no se pa a en ba as y se me e en
el océano pa a lle a nos, con la habi ual escala en las Cana ias, has a
DISCURSO DE INGRESO
EN
LA
REAL ACADEMIA
Nue a España, Cas illa del O o. Nue a Andalucía. Nue a G anada,
Nue o San ande , Nue a Galicia, Nue a
Viz
caya
...
Todo
es nue o y odo es iejo pa a
lo
s p ime os descub ido es
de
Amé ica. Viejo po que la nos algia,
el
o gullo. la ilusión o el emo
al des ino incie o hacen que la imagen amilia de lo que se dejó
a ás se sob eponga a la imagen nue a
que
se
iene an e Jos ojos. Y
como
la sabana de Bogo á hace eco da al descub ido la ega
que
se ex iende al pie de
la
Sie a Ne ada,
llama
a la ie a «Nue a
G a-
nada
>>.
O cuando los españoles epa a on en el amaño y g andiosi-
dad de México, no encuen an mejo
nomb
e pa a aquellos e i o ios
que el de «Nue a España». Y cuando
la
plan a es ecunda y del
onco nacen amas y las amas se hacen onco, los descub ido es
que empujan hacia el no e la on e a
de
México bau izan las emo-
as ie as donde nace
el
Río G ande -
Guad
-el-Ke i de las Amé i-
cas-
con el í ulo de «Nue o México»: son los p ime os e oños
de
una mad e pa ia que p on o se hace abuela.
Mis emp anos
de
scub imien os
de
Amé ica
Como
odos los niños a es e lado del A lán ico. yo descub í Amé-
ica po p ime a ez en los lib os de la escuela. En l
os
cu sos inales
del bachille a o ya es aba ocado g a e y de ini i amen e po
el
mal
o
el
bien de lo ame icano. Cie os lib os me con agia on su pasión
po la epopeya de los españoles en
el
Nue o Mundo, y con en ega
de adolescen e dí con mi pasión y mis huesos en
un
edi icio que
en
la calle Al onso XII de Se illa albe gaba un cen o ame icanis a.
Allí
inicia ía aiios más a de la especialidad de His o ia de Amé ica cuyos
es udios inalicé en lo que hoy conocemos como «an igua Fáb i
ca
de
Tabacos». que po unos años compa imos con las úl imas «Cá me-
nes» o ciga e as y con cie as máquinas y labo es que desp endían
un pol o
de
abaco que, as lo a pe ezoso en
el
ai e de los pa ios
in e io es, se colaba en
la
biblio eca de la Facul ad
de
Le as. se po-
saba sob e mesas y lib os y p o ocaba en chicos y chicas el mismo
e ocilan e es o nudo que los empeluca
do
s caballe os del siglo XVIII
buscaban con uición en
el
apé, en onces de moda,
que
había eni-
do
poco an es de las Indias.
Me llegó
po
in el
día
de
emba
ca
pa a
Amé ica
y i
i
mi
p ime
descub imien o. Mi na e
e a
un a ión
oda ía
de hélice.
con
o ma elegan e
como
de
pez
más
que
de pája o. Mi
p
ime
des ino
e a
Nue a
Yo k y mi
escala
ue
San a
Ma ía
de
las Azo-
es.
Todo
muy dis in o al
p ime
iaje co
lombino
de dos ca abelas
14
ALFREDO JIMENEZ NUÑEZ
y una nao, escala en las Cana ias y umbo a la i udes opicales.
Pe o mi emoción y es emecimien o no desme ecían de los
que
debie on sen i los miles de pasaje os a Indias que du an e
siglos
habían i ido la a en u a de a iba po ez
p ime a
a ie as
ame-
icanas. Mien as sob e olábamos en los albo es del día los
cielos
g ises de un Nue a Yo k en o oño, anhelaba
yo
el
momen o
de
pisa la ie a an o iempo imaginada. Pe o la p osaica
ealidad
se impuso a la imagen idealizada y al descende del a ión no
pisé
ie a sino cemen o encha cado
po
agua de llu ia enneg ecida
con
manchas de acei e:
e a
un signo del iun o de la ci ilización
in-
dus ial sob e unos paisajes que habían ya pe dido su i ginidad o
es ado de na u aleza.
El
poe a debió sen i algo semejan e a
mi
pasaje a desilusión
y,
desde luego, supo exp esa mejo que yo su isión de una «au o a»
en
Nue a Yo k, allá po los años ein a. Así dicen los e sos de Lo ca:
La au o a de Nue a Yo k iene
cua o columnas de cieno
y un hu acán de neg as palomas
que chapo ean las aguas pod idas.
La au o a de Nue a Yo k gime
po
las inmensas escale as
buscando en e las a is as
na dos de angus ia dibujada.
La au o a llega y nadie la ecibe en
su
boca
po que allí no hay mañana
ni
espe anza posible.
A eces las monedas en enjamb es u iosos
alad an y de o an abandonados niños.
Los p ime os que salen comp enden con sus huesos
que
no
hab á pa aíso ni amo es deshojados;
saben que an al cieno de núme os y leyes,
a los juegos sin a e, a sudo es sin u o.
La luz es sepul ada po cadenas y uidos
en impúdico e o de ciencia sin aíces.
Po los ba ios hay gen es que acilan insomnes
como ecién salidas de un nau agio de sang e.
DISCURSO
DE
INGRESO EN L
i
REAL
ACADEMIA
15
Es a imagen
lo c.¡u
iana no es más
que
una de las mil ca as de las
Amé icas. Las hay oda ía más is es, más d amá icas, más inhuma-
nas. especialmen e en las u bes que c ecen como cánce en
lbe o-
amé ica. Pe o el Nue o Mundo oda ía
es
en buena pa e
un
con i-
nen l!
jo en
y al na u al,
co
n ilos de sie as
no
desden adas po
el
iempo
geo
lógico; con íos que son ma
es
de agua dulce; con sel as
que si en de pulmón al mundo; con a esu as elú icas, p opias
de
un plane a adolescen e, que ompen en e upciones olcánicas o es e-
mecen la co eza
de
la
ie a con pa o osas sacudidas; con
ma es
opicales que engend an hu acanes y o nados que odo lo as o nan
a su paso como mano azos
de
un niño g ande en casa de muñecas.
Amé ica es ambién la se enidad
de
la p ade a; la soledad y
la
calma de la pampa:
la
cálida exul ación
de
las islas ca ibeñas: el ai e
límpido y esco del al iplano; el húmedo y umo oso ambien e
de
los g andes bosques y lagos;
el
silencio sob ecogedo de la puna y
la
blancu a cegado a de los ne ados andinos. Es a Amé ica g andiosa,
a ia y ex ema: sobe bia y modes a a un iempo; es a Amé i
ca
apa-
bullan e y ímida: escandalosamen e é il y ica o desolada y pob e
como la he mana Luna,
es
la Amé ica mil eces descubie a y mil y
mil eces po descub i .
P ime os «descub ido es» de Amé ica
La Amé ica que du an e millones de años ue i gen e in ocada,
genesíaca como salida de las manos del C eado , ue po p ime
a
ez
hollada
po
la plan a del homb e hace cua en a o cincuen a milenios,
al ez más. Aquellos nómadas del no es e asiá ico, que pene a on
en Amé ica sin sabe lo, son los p ime os des nb ido es, los p o ago-
nis as de
un
suceso pu amen e geog á ico e inconscien e.
¡,Y quién niega es e hecho a los que se empeñan en discu i y
p o oca pa a nega o ensomb ece el descub imien o colombino y
español?
Aquellas bandas
de
nómadas «descub ie on»
-si
así podemos ca-
li i
ca
l
o- un
con i11e11 e.
una ie a acía de ida humana. España
descub e en 1492
el
umb al
de
un
1111111do
de cuya na u aleza y ge
n
es
se da inmedia amen e cuen a y azón
al
es o de Eu opa.
Y
co
n iene sub aya
la
di e
encia
en e descub i ie a y des-
cub i
un
m1111do.
Po que lo
p ime o
es
pu a na u al
eza
cuya
ex-
plo ación, acciden al e inconscien e o
he
c
ha
ad ede, no supone más
que ag anda el espacio ísico, p olon
ga
el
escena
io na u al del
homb e, que no es poca cosa. Mien as que
el
iaje de 1492 y los
22
ALFREDO JJMENEZ
NU
ÑEZ
B asil
B asil exige su p opio descub imien o no an o po su ascenden-
cia po uguesa -
al
in
y al cabo ibé i
ca-
sino po
su
p opia y
co
m-
pleja na u aleza.
No he is o una mezcla más asomb osa. más ex emosamen e be-
lla de la na u aleza y la ob a del homb e, que la isión desde el
ai e
de la Bahía
de
Río de Janei o. Azul de las aguas, celes
e
de los c
ie
-
los, e do de ce os y colina
s,
o o cla o de las playas, mansas bahías
de Río de Janei o, el Pan
de
Azúca , los b azos siemp e abie os del
Co co ado, la ilig ana de
su
aza u bana
...
ele an la es é ica y la
a monía a unos ni eles en que odo pa ece i eal en cuan o que no es
posible ni ácil
de
acep a que
pu
eda da se an p odigiosa combina-
ción de elemen os.
Vol emos a descub i en las
ca
ll
es de Río el gus o po el paseo y
la cha la;
la
con emp
la
ción, que hoy se cali ica
ía
de machis a,
que
lo
s homb es apoyados en una esquina bien si uada o a la pue a de
un
ba dedican
al
paso
de
la muje , de la hemb a casi en abs ac o; o
como se decía en cas izo y pueble ino cas ellano, del «muje ío».
Ve
-
las eni , sen i las ce ca po unos segundos y deja las pasa en
un
i o cien eces epe ido
al
día du an e el cual la muje se sien e
co
n-
emplada y deseada sin que pueda o no quie a hace nada po e i a -
l
o.
¡La ida en la
ca
lle! El encuen o inespe ado e in e minable so
b e
la ac
e
a; el copeo en un es abl
ec
imien o desde donde se
e
lo
que
pa
sa ue a; los
jue
gos in an iles en l
as
plazas; los a umacos o
la
s
dispu as de los enamo ados en un banco de un
pa
seo; los co os don-
de se habla y discu e de odo como en pequeñas ágo as; los iejos al
so
l o
al
esco. según época y ho a. Todo ello es pa e esencial del
g an espec áculo de muchas ciudades que ienen algo en común a
pe
sa de l
a-;
dis ancias y de los ma ices.
Si en
al
gún caso es ap opiado el cali ica i o de «la ino» pa a aba -
ca a oda la población de
Ib
e oamé ica y conec a la con una pa e de
la ieja Eu op
a,
yo c eo que es en la he encia de unos modos de i
da
colec i os que
i
enen po escena io la ciudad en sus calles y plazas.
Pa a
mí
que el pun o común, la esencia la ina o medi e ánea de
Ibe oamé ica es án en la gen e que se comunica, se di ie e, se ama o
se despe
ll
eja en
pl
e
na
calle o plaza. Aquí es donde yo descub o ese
as ondo posiblemen e omano - al ez más an iguo, helénico-
qu
e
sigue i o en ciudades como Nápoles o Se illa y se aspla
n
ó
ha
ce
siglos a La Habana o Río de Janei o.

DISCURSO DE INGRESO EN
LA
REAL
ACADEMIA 23
Descub í B asilia cuando es aba ecién hecha,
cosa
que ocu ió a
an os españoles del siglo XVI que llegaban a las Indias y es enaban
ciudad
como
quien hoy es ena «u banización» o «polígono
».
B asi-
lia ue una ciudad imaginada en es udios
de
a qui ec os que no u i
e-
on en cuen a la sabias ins ucciones
que
la
co ona de España p o-
mulgó en el siglo XVI pa a la co ec a y humana undación de ciuda-
des. B asilia es o a ca a y o o a án
de
B asil: pobla el in e io ,
ebasa la colonización enicia y cos e a
que
los po ugueses
hi
cie on
de su impe io. B asilia es
un
espec áculo,
un
enómeno digno de
e
pa a después ma cha se;
un
expe imen o a con ape
lo
de
lo que iene
adición y igo en una cul u a.
Pe o B asil
-que
en el mapa es
como
el g an ien e de Amé ica
del
Su -
p esen a con as es más agudos y asomb osos. Si Río y
B asilia son an di e en es en e sí, ¿qué ienen en común
la
ciudad
de Sal ado , en el es ado de Bahía, y la
sel a
amazónica?
Sal ado es mula a; es cos e a y
mi a
po igual a Eu opa y A i-
ca. Me queda
en
el ecue do la imagen supe icialmen e aleg e
de
una ciudad que i e y espi a en los pulmones de sus calles y plazas.
Me quedan ambién
la
pena y la abia
de
habe descubie o, en un
paseo noc u no en compañía del g an in elec ual Thales
de
Aze edo,
unas escenas que hoy ya se an haciendo más ce canas a noso os y
an ecuen es en las páginas de la p ensa que
no
s dejan insensibles.
Paseando en la penumb a po cie as
ca
lles de Sal ado ad e í
que a la pue a de algunas casas había una mula i a, poco más que
una niña, apoyada en
el
quicio, sola y expec an e, que nos mi aba
co
n ojos que más que una inci ación e an
un
e ible in e ogan e:
«¿Po qué?, ¿Po qué yo?» Mi acompañan e espondió lacónicamen e
a
mi
muda p egun a: «P os i ución in an il. Sus pad es es án
al
ondo
de la casa en espe a
de
clien es. Es
un
medio más
de
ida pa a mu-
chas de es as gen es».
¡Qué is e descub i es a Amé ica que exis e de no e a su del
doble con inen e y que no espe a on e as de azas ni lenguas! ¡Qué
doble bocanada
de
ai e esco supone llega en
un
a ión mili a al
co azón
de
la sel
a
amazónica, a dos mil kilóme os de
la
cos a del
B
asil, y descub i una Amé ica p e
co
lombina de indios que se ace can
ímidos
al
a ión que muy de a de en a
de
se posa en una anja de
ie1 n
ganada a la sel a! Si
el
«buen sal aje» que imaginaba Rousseau
exis e, es á aquí en la cabece a del ío Xingú, a luen e del Amazonas.
Desnudos, con el cue po pin ado de una espesa capa oja que les p o e-
ge de los insec os; dedicados al cul i o de la yuca que es su pan
ele
24
ALFREDO JIMENEZ
NUÑEZ
-
--
·
----
-
cada día; a mados
de
a cos y
l
echas pa a caza pája os y monos
que
son su dic a de ca ne; sanos y ue es; p uden es y obse ado es 1os
homb es; ímidas y eca adas las muje es, aunque mues en
lo
que
no-
so os llamamos « e güenzas)
>,
quizás po la al a que su imos
de
las
mismas; son ien es y un an o asus ados los niños; pací icos odos
...
He mosa y desconce an e escena pues en ella
no
han
i umpido
oda ía la iolencia, el alcohol y
la
d oga,
la
apiña que alo a
má
s
los ecu sos na u ales que al p opio homb e. Po que, a di e encia
de
la du a ida
del
campesino y
de
la ágica si uación del emig an e a
la g an ciudad, es os indios del Neolí ico, de ida simple y eleme
n
al,
no conocen oda ía la mise ia, que no es una o ma de i i na u al
sino una c eación del p opio h
om
b
e, una consecuencia de la injus i-
cia social y
de
la a a icia.
No
es posible habla con los indios, con los «na u ales», como acos-
umb aban a llama los los españoles del siglo XVI. No conocen el
po -
ugu
és
ni
más lengua que la suya p opia. No es posible me cadea
con
ellos po que no conocen el dine o. Es án dispues os al ueque, pe o
no
amos p epa ados pa a consegui una hamaca de inísima y esis e
n e
ib a,
un
a co y una lecha con pun a de made a endu ecida
al
uego, o
una osca asija de ba o. Un solo obje o pa eció alioso a uno
de
aquellos indios que acep ó sa is echo una pequeña lin e na. Aquella
noche la pasó me odeando en e noso os y su choza mien as ilumina-
ba ascinado cada palmo de
i
e a y se ma a illaba de e en
plena
noche los ma o ales y las mad igue as. An es del amanece había
ago-
ado la ba e ía y había descubie o con pesa que la magia del homb e
blanco no e a du ade a; no an o como
el
uego de leña pe manen e-
men e encendido en el in e io
de
su g an choza.
Es ados U
nid
os
En No eamé ica es án
lo
s Es ados Unidos. ·La a i mación no
es
edundan e ni g a ui a, pues México ambién es pa e del Hemis e io
no e a pesa del común e o de di idi a oda la población de a
ll
en-
de el A lán ico en «no eame icanos» y «sudame icanos». Decía
que
en Amé ica del No e es án los Es ados Unidos; y ambién Canadá.
Ambos son giga
n
es
po
su amaño; el p ime o lo es, además, po su
población -unos 250 millones
de
habi an es-
y po su pode
eco
-
nómico, mili
a
y polí ico, que unas cosas son consecuencia de o as.
También po su igo cul u al, aunque no gus e o no se quie a eco-
noce desde pos u as absu damen e o gullosas o desde un cho inismo
de
escala eu opea.
DISCURSO
DE
INGRESO
EN
LA
REAL ACADEMIA
25
----
-
----
-
--
-
--
··-·
- -
---
--
Es ecuen e menosp ecia des
de
Eu opa a Es ados Unidos con la
a ümación de que la mayo
pai1e
de sus g andes igu as nacie on en
el Viejo Mundo. Pa a mí es e h
ec
ho es
el
mayo elogio que
se
puede
hace de una sociedad donde an os eu opeos
-d
ejados i po la ne-
gligencia o la en idia-han
lo
g ado
hace
su p opio descub imien o
de Amé ica y han encon ado allá el país de la opo unidad pa a ea-
liza y da a conoce uni e salmen e su ob a. Desde la época casi
a esanal de las ciencias de p inc
ipi
os
de siglo
-q
ue pe mi ió
al
ge-
nio
de
Ramón y Cajal ob ene en J 906 el p emio Nobel de Medicina
sin apenas medios ni comp ensión- no hemos enido en ochen a
años más que o o p emio Nobel en los
cam
p
os
de la cienci
a.
No
nos
dejemos, pues, lle a po
la
indignación
-que
mejo se ía
se
n
i nos
o
cados po la culpa-cuando Se e o Ochoa apa ece en l
as
elacio-
nes de p emio Nobel clasi icado como no eame icano.
Ni
p e enda-
mos la a esa culpa col
ec
i
a, nacional, con la alacia de que
un
ce-
eb o ha sido « ecupe ado
»,
cuando, en e dad, a su eg eso ya había
exp imido su sabe en labo a o ios ame icanos.
No nos dejemos lle a po la pa io e ía o el complejo de supe
i
o-
idad
de
se eu opeos cuando los m
é
i os no hay que p esumi los
sino demos a los. No nos engañemos. Nue a Yo k es capi al econó-
mica y
i
nancie a del mundo, pe o
amb
ién es su capi al cul u al.
Chicago no es la ciudad pelig osa de los «gans e s»,
ni
la me ópoli
za ia y uda del com
e
cio
de
ganado y g ano. Al menos no es sola-
men e eso, po que Chicago es un núcleo académico y uni e si a io
de p ime a magni ud y su ida a ís ica y cul u al es pujan e a a és
de sus
mu
seos y undaciones. Yo descub í en Chicago, como es u-
d
ia
n e, una uni e sidad de p ime í
si
mo o
d
en en cuyo campus e a
ácil c uza se con un p emio Nobel o escucha a Camilo José Cela
- a quien nunca
he
is o po Se illa-una con e encia sob e es
igu as de
la
«Gene ación del 98»; po no habla de bib
li
o ecas de
millones de olúmenes donde es más asequible es udia la mís ica
española, la «Gene ación del 27» o la his o ia
c
is iano-musulmana
de la Península que en cualqui
e
biblio eca española.
Es cie o, y ello hon a a la ieja España, que l
as
Uni e sidades
de
México y Lima se unda on años an es que la p ime a uni e sidad de
lo que hoy son los Es ados Unidos. Pe
o
no es menos cie o que en
un acimo de uni e s
id
ades
de
Nue a Ingla e a, en Chicago, Ca
li
o -
nia y alguna o a pa e del país
se
encuen a hoy la angua dia mun-
dial del conocimien o cien í ico, del pensamien o ilosó ico, socioló-
gico y an opológico. Y
lo
que es más desconce an e,
de
Ja
c eación
26
ALFREDO JIME
NEZ
NUÑEZ
li e a ia y a ís ica. Reco demos una ecien e anécdo a: cuando el
mexi
-
cano Ca los Fuen es ecibió la llamada ele ónica pa a anuncia le
que
se le había concedido el p emio Ce an es de las Le as Españolas
no
es aba en Alcalá de Hena es, en Salamanca ni ampoco en México.
Es aba dando clase sob e el Quijo e en la Uni e
si
dad
de
Ha a d
donde, según pa ece, no sólo se o man los ce eb os
de
la
emp esa y
la polí ica de los Es ados Unidos sino que ambién ienen iempo y
medios pa a ocupa se de Ce an es.
No puede so p ende que los hispanoame i
ca
nos se lancen
cada
día más
al
descub imien o de la Amé ica anglosajona pa a o ma se
cien í icamen e en sus uni e sidades, cosa
bi
en na u al; y pa a
cono-
ce mejo su p opia his o ia, cosa ya no an na u al. Mien as an o,
muchos igno an a las uni e sidades españolas, sal o que engan a
ecibi algún p emio ganado lejos
de
noso os. La si uación es
an
absu da y lamen able como pa a habe con e ido a
la
s uni e sidades
de F ancia,
In
gla e a y Alemania en compe ido as con en aja
de
la
Uni e sidad española en lo que
ya
se llaman co ien emen e «es
u-
dios la inoame icanos
».
Si en Es ados Unidos saben muy poco de noso o
s,
ambién Espa-
ña ha igno ado la ealidad hispana de los Es ados Unidos. La polí ica
ame icanis a de España de co e o icial
-l
a que se inicia después
de
la gue a ci il y casi llega a nues os días-
ha
ac uado bajo el o pe
p incipio de que la Amé ica española e minaba po el no e en la
on e a mexicana.
Hace poco más de ein e años, no exis ía en los Es ados Unidos
un « enómeno hispano
>>,
en é minos cul u ales y polí icos. Había
so
-
lamen e unas mino ías de habla española que mal i ían disc imina-
das e incomunicadas en e sí en
el
Su oes e, Texas, s
u
de
Flo ida,
Nue a Yo k ... El aumen o de es a población
-muy
supe io en
su
índice a la media
nacional-,
más la c ecien e y cada día más di e -
si icada inmig ación de gen es
de
habla española, han p o ocado un
enómeno de ace as no solamen e sociales y cul u ales sino econó-
mi
cas y polí icas. Los anglos
de
Es ados Unidos acaban de descub i
-¿
cuándo lo ha á
España?-
que los hispanos son ya bas an e
más
de
ein e milJones y que en muy pocos
añ
os se án la mino ía
má
s
g ande del país, po encima de la población neg a.
Un descub imien o ame icano de es e inal de siglo es que los
Es ados Unidos
de
Amé ica
del
No e, la nación cuya mayo ía
se
había clasi icado de siemp e como «blanca, anglosajona y p o es an-
e», es hoy la quin a nación hispana del mundo. No es á lejos el año
DISCURSO DE INGRESO
EN
LA
REAL
ACADEMIA
27
en que hab á más hispanohablan es en
lo
s Es ados Unidos que
en
España, pues ellos c ecen mien as noso os nos escaneamos demo-
g á icamen e y, pa a colmo, el cas e
ll
ano comienza a ene en 'algu-
nas egiones de España un ango y una conside ación que no necesi-
an aquí
de
cali icación explíci a.
Dos he manas que poco se pa e
ce
n: México y A gen ina
He dejado pa a el inal de es as andanzas p opias y ajenas po l
as
Amé icas, mis comen a ios a los dos países hispanoame icanos m
ás
ex ensos
po
su geog a ía y
de
mayo población: México y A gen i-
na. Son dos he manas
qu
e se pa ecen muy poco, aún den o del ai e
de amilia que une a odas las epúblicas
hi
spanoame icanas. A pesa
de las di e encias no ables
-y
es e hecho
es
pm· c
del enómeno com-
plejo y iquísimo del
mu
nd
o hispáni
co-
yo me he sen ido más
en
casa en cualquie a
de
es os dos países que en ningún o o de los
países ame icanos que conozco.
***
El mexicano de ciudad que uno encuen a
nonn
ahnen e me esul-
a ex ao dina iamen e a ín
en
cuan o a su ac i ud an e
la
id
a,
su
sen ido del humo , la ma
ni
es ación
de
sus alo es eligiosos, su ácil
sociabilidad.
Sé
que
es
o
es
simpli ica mucho y puede que pelig o-
samen e. Es án, además, los g upos indígenas o los nume osos mes i-
zos que se inclinan más
en
la di ección de sus aíces indias que
no
españolas.
Es
oy hablando del ciudadano medio y del es e eo ipo que
poseemos y que an as eces nos hace e
la
s cosas
com
o pa ecen y
no como son.
Pe o
es
lo cie o que
se
p oduce una ácil
co
muni
ca
-
ción en e españoles y mexicanos, una coincidencia de gus os y
de
a icciones - al ez más cie as y e iden
es
con la España del su
-,
que pueden en
e
su más cla a mani es ación en hechos ópicos y
ípicos co
mo
el olklo e, el
ma
chismo y el concep o gené i
co
de la
amilia, la eligiosidad popu
la
, la de oción ma iana, el a o con la
mue e, las co idas
de
o os.
La ciudad de M
éx
ico,
co
n su á ea me opoli ana, es
mo
s uosa-
men e g ande sin que nadie pu
eda
asegu a
si
i
ene ece, quince o
dieciocho millones de habi an es.
Es
igual; cualqui
e
ci a,
po
al a
que
se
a,
la hace e dad el ápi
do
paso del iempo. Es ab
ig
a
ada y
desigual po que en sus calles, a enidas, pa ques, colonias y a a
bal
es
uno puede e oda la
ga
ma
del México plu ié ni
co
y oda
la
escala
social desde la mise ia in ahumana al lujo insul
a
n e.
Qu
eda muy

28 ALFREDO
JI
MENEZ
NUÑEZ
poco del espléndido México de la colonia, o al menos, es os es os se
achican y como se esconden an e el emendo c ecimien o huma
no
y
espacial, an e las mode nas edi icaciones, las kilomé icas a enidas,
el in e nal á ico que con amina lo que debie a se el esco y
pu o
ai e de un al iplano a 2.000 me os sob e el ma . Es a es quizás la
p ime a imp esión desilusionan e del descub imien o de la ciudad de
México. Después, uno encuen a luga es como la Plaza de las
T es
Cu
l u as donde con luyen es igios exca ados del pe íodo p ehispá-
nico, la iglesia colo
ni
al y la mode na a qui ec u a.
Aunque no hay nada
com
o El Zócalo, la inmensa Plaza
Mayo
de la ciudad de México, que puede i aliza con en aja con
la
de
Mad id y la de Salamanca. El Zócalo es un oasis de se enidad, de
ela i a calma, de equilib io y p opo ción, desde cuyo cen o
uno
puede con empla , al gi a sob e
sí
mismo, la Ca ed al y su
capilla
del Sag a io, el Palacio del Gobie no y o os edi icios de excelen
es
aza y ac u
a
colonial que dan al inmenso ec ángulo del
Zócalo
odo el sen ido de la adición española de la «plaza mayo », a
un-
que a escala p opia de la que ue capi al del Vi eina o de la
Nue a
España.
Más de una ez me he alojado
en
un ho el en la calle de F ancis-
co Made o, y después de un día aje eado; a o men ado po los
ui
-
dos, ma eado po la muchedumb e y la iada de ehículos,
me
he
ido
a pie, ya en plena noche, has a la ce cana plaza del Zócalo pa a
go-
za de
su
is a, pa a ensancha el espí i u y la memo ia sob e unos
me os cuad os de ie a que han concen ado du an e siglos y s
in
in e upción el pode y la glo ia de México. Allí en el Zócalo, al
lado
de la ca ed al, que es una de las más g andes de la C is iandad,
es án
las uinas de lo que ue el Templo Mayo de los az ecas, que an o
admi a on He nán Co és y Be nal Díaz del Cas illo al descub i
una
ciudad que les de
jó
pe plejos, ab umados.
La
ciudad de México es hoy un
e
nómeno digno de la a ención
de
las ciencias sociales. La ciudad de Méxi
co
es
la u be de mayo índice
de c ecimien o en el mundo, y si en o as épocas el amaño ísico y
la población de una ciudad e an signos de su pode y iqueza,
hoy
sabemos que el cance oso desa ollo de algunas ciudades es una
ca-
ac e ís ica del subdesa ollo, de la dependencia y, gene almen e,
de
la especulación y la co upción. Si no se pone emedio
-y
ya
es
muy a de-México es á condenada a se a ines de es e siglo
la
u be más populosa del mundo, con más de ein a millones de habi-
an es en su á ea me opoli ana; casi la población de España, oda la
DISCURSO
DE
INGRESO
EN
LA
REAL
ACADEMIA
29
·---
-----·
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población de A gen ina o de Canadá me ida
en
un alle, en una cuenca,
donde llega án a al a li e almen e el agua y
el
ai e espi able.
* * *
Buenos Ai es es o o gigan e u bano
pe o
muy dis in o de la ciu-
dad de México. po que epi o que A gen ina y México son dos he -
manas que poco se pa ecen. Buenos Ai es
es
jo en, undada de
la
nada po
lo
s españoles. El e i o io a gen ino no ue i eina o has a
muy a anzado el siglo XVIll, mien as
México
ue i eina o a
po
-
cos años de su conquis a. A gen ina es en g an pa e p oduc o de las
mig acio
ne
s eu opeas de los dos úl imos siglos, y Buenos Ai es ue
el pue o de en ada y el luga de asen amien o de la mayo pa e de
es a
mig ación. A gen ina c ece a i mo len o, más p opio de Eu opa
Cen al que de las Amé icas. Toda ía no
ha
alcanzado su población
los ein a millones, y casi Ja mi ad i e
en
el g an Buenos Ai es,
que es como la g an cabeza de
un
cue po apenas desa ollado.
Si la ciudad de México es,
al
menos en apa iencia, cas izamen e espa-
ñola, Buenos Ai es es una ciudad apa en emen e eu opea. T as doce ho-
as. si el uelo es di ec o desde Mad id a Buenos Ai es,
el
iaje o descu-
b e una ciudad en la i ud
mu
y eu opea -aunque a la in e sa en cu
an
o
a
e ano e in ie n
o-
en e a
Ja
casi cons an e opical de an as ciudades
ibe oame icanas. Ciudad cos e a, llana, azada en e ícula, esplendo osa
en
un
siglo muy p óximo a nues o iempo, nos ecue da
en
su u banismo
una Ba celona mul iplicada po cua o. Su ex enso come cio, sus ca
ll
es
ans e sales a las g a
nd
es a enida
s,
sus nume osos kioscos de p ensa; su
in ensa ida ea al; la aleg ía y la b oma, a eces exage ada, de sus
gen es que llenan ace as y calles pea onales, ambién nos ecue dan Ma-
d id. Y lo mismo debió ocu i a an os a gen inos, a an os po eños, que
i
ni
e on a España años a ás, o zados po las ci cuns ancias sociopolí i-
cas, y encon aban en
Ja
capi al del Reino la mejo éplica posible de su
«Buenos Ai es que ido», po deci lo con acen o de ango.
Re lexiones inales
Llegamos al inal de
un
camino en que nos hemos demo ado más
de la cuen a a pesa de habe lo eco ido a g andes zancadas. Es
momen o
de
unas e lexiones inales que conjuguen ace as di e sas
de
una ealidad indi isible: España, Amé ica, el ce cano cen ena io,
Se illa, el u u o
...
He que ido esboza un cuad o que mos ase la ex ensión y p o un-
didad de la huella de España en Amé ica y el d ama y la complejidad
30 ALFREDO TIMENEZ NUÑEZ
de
un
mundo sob e el que enemos una g ande e insoslayable
espo
n-
sabilidad an e la His o ia. Es amos a pun o de culmina cinco sig
los
de
p esencia y ob a de España
en
el Nue o Mundo, y las íspe as
so -
p enden a muchos mal p epa ados y sin en usiasmo. Quedan
a ás
años
p e
ciosos que debie on ap o ec
ha
se mejo en la a ea
de
in e -
p e a
la
his o ia y conoce el p esen e
de
Amé ica con la
pa simonia
y los m
ed
ios que son p opios
de
los g andes p oyec os
académicos
bien concebidos y mejo ejecu ado
s.
Los
ame
icanis as españoles
he-
mos abajado en es os años como siemp e:
con
mucha olun ad,
es
-
casos ecu sos y poca coo dinación a la al u a de las ci cuns a
ncias.
Pa a es a a ea habi ual no
e a
necesa io espe a ni i i la ex ao
di
-
na ia expe iencia del cumplimien o de medio milenio.
De
sp
ués de cinco siglos de andadu a his ó ica, bas an es
españo
-
les caminan encogidos y como a e gonzados po que unos cuan os -
que g i an y pa ecen
muchos-
acusan, se asgan las es idu as,
se-
ñalan a España con el dedo, u ilizan da os alsos o incomple os, y
esg imen a gumen os alaces pa a
juzga
una
ob a
de o os siglos
con
c i e ios y códigos de hoy.
El mundo iene casi ol idados
-y
es o es bueno
si
despeja el
ca-
mino
de
la
econciliación-
los ho o es de la segunda gue a
mundial
con sus campos de concen ación y ex e minio,
la
ma anza a ómica, las
pu gas polí icas con millones de íc imas, las expe iencias impe ialis-
as que siguie on a
la
llamada «paz» y a olla on a an os g upos
é ni-
cos sin espe o
ni
ole ancia a lengua, eligión y cul u a. Y es o
ha
ocu ido no cinco siglos a ás sino aye ; oda ía ocu e hoy.
F ancia
celeb ó hace
un
siglo con una Exposición Uni e sal el p ime cen e
na-
io de una Re olución que ue an ica en buenas in enciones
como
abundan e en sang e que cho eaba de un a ilugio que debe su
nomb e
al
doc o Guillo in. F ancia uel e a celeb a en 1989 con
un
esp
léndi
-
do y en idiable p og ama de ac os cul u ales, el segundo cen ena io
de
esa misma Re olución. ¿Qué ha ía F ancia en 1992 si pudie a mos a -
se an e el mundo del b azo de una ein ena de naciones ame icanas
que habla an su lengua y compa ie an su cul u a?
Y no pocos españoles, me idos en casa, ibios, escép icos, p uden-
es, y muchos con sen imien os
de
culpa, po que en un mismo
año,
hace cinco siglos, culminam
os
la econquis a
de
un e i o io que
ha
-
bía sido in adido po
la
ue za y, meses después, des elábamos
un
Mundo que e a nue o pa a Eu opa.
Y aún pues os a juzga el pasado, nadie puede culpa a nues a ge
ne-
ación de e1 n es y abusos de o os siglos. Nadie nos puede p i a de Ja
DISCURSO
DE
INGRESO
EN
LA
REAL
ACADEMlA 31
conmemo ación de medio milenio de his o ia
en
común con las Amé i-
cas. Nues as únicas esponsabilidades son
las
de
hoy
y las del u u o que
engend emos. Nues m gene ación iene
el
debe
de
e
-descub1i Amé ica;
de sali al encuen o de nues as hennanas;
de
ende la mano a los pue-
blos que nos necesi an, po que su independencia de España no signi icó
apenas libe ación, y algunos son hoy menos lib es que nunca
ya
que
i en a apados po pode es polí icos y ue zas económicas su iles y de-
g adan es como no lo ue la adminis ación española.
Pueden
pensa
algunos que la
Academia
y un discu so de ing eso
no son el
luga
ni
el
momen o pa a es as e lexiones. C eo, sin
em-
ba go, que
la
Academia
sólo
iene sen ido y azón de pe i encia si
es iel a su iempo, que es cons an emen e nue o y a iable.
La
Aca-
demia de
Buena
s Le as, que debe se lo
ambién
de buenas ob as; la
Uni e sidad y o as ins i uciones se illanas, y odos los sec o es
de
nues a sociedad, ienen un
com
p omiso
pa a
el 92
co
n aído con Es-
paña
y
la
comu
nidad in e nacional.
Se illa
ol e á a se
en
1992
capi al uni e sal, pue o y pue a no sólo
de
las Indias si
no
del mun-
do
. Vi imos íspe as que deben es a
plena
s
de
a anes e ilusiones. de
abajo
común,
de p oyec os
qu
e ayan
más
allá de 1992. No pode-
mos
cambia
ni
epe i
la
His o ia, pe o
sí
podemos y debemos ima-
gina
y cons ui pa a
la
His o ia.
Qu
ie o e mina con una idea y una suge encia.
La
Se illa e e na,
capaz
de asimila cul u as y adap a se a
cada
iempo sin aiciona se,
iene an e sí
la
opo
unidad y la exigencia de ol e a
se
la
ciudad
más
ame icana de Eu opa y oco que ilumine y libe e de somb as e
igno ancias mu uas. Si 1492 ma có el
comienzo
de
un descub imien-
o, 1992
debe
se
la ocasión pa a plan ea nos el edescub imien o
como
a ea dia ia e inacabable, po que el mundo
cambia
y las gene-
aciones
se
enue an.
En e lo
mucho
que
ha
de queda
en
Se illa como legado de 1992,
yo
sugie o un Ins i u o
de
Es udios
Eu o
-Ame
icanos que lle e
el
n
omb e
de nues
o
Rey Juan Ca los
l.
Ninguna
ciudad de Eu opa
se ía más idónea pa a se i de o o pe manen e de encuen os y es-
udios
que
ace quen las
dos
o illas del
A
lán ico. Ningún í ulo más
jus o
pa a
es e
Ins i u o
que
el nomb e
de
un
Rey
que
conoce y
ama
Amé ica; que es sensible an o a nues o des ino eu opeo como a
nues a ocación ame icana. Es a es ambién, a
mi
en ende ,
la
mejo
sín esis de
lo
que ue y debe
se
Se illa.
He
dicho