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Sin e as no hay pa aíso. La ep esen ación de las elaciones en e homb es y muje es en
la adap ación española de un se ial colombiano
Iolanda To ajada, Nú ia A auna, A an xa Capde ila y Jose xo Ce dán
En es e capí ulo nos ace camos a Sin e as no hay pa aíso con el obje i o de analiza la
ep esen ación de las elaciones sexuales y a ec i as que p opone es a se ie. A lo la go de
es as páginas, expond emos la lec u a p e e en e (Hall, 1973; Mo ley, 1996) que se desp ende
de los di e sos capí ulos de su p ime a empo ada. A día de hoy, exis e abundan e li e a u a
ace ca de la p esencia de la muje en los medios, sob e las ep esen aciones de homb es y
muje es en di e sos o ma os y la sexualización de los medios. En meno medida, ambién se
han desa ollado es udios sob e la ep esen ación de la homosexualidad, las masculinidades y
la elación en e el eminismo y los ela os mediá icos. Todas es as apo aciones han pe mi ido
pone en e idencia el p edominio de una mi ada masculina (Be ge , 2006; Mul ey 1999) y las
desigualdades en la ep esen ación que és a aca ea. Las muje es y las opciones sexuales que
no encajan con la sexualidad no ma i a es án in a ep esen adas o ep esen adas de o ma
dis o sionada en odo ipo de p oduc os mediá icos: in o ma i os, icciones ( ambién en dibujos
animados), p og amas de en e enimien o, publicidad, e c. Lamen ablemen e, a pesa de la
cons a ación de es as p ác icas disc imina o ias en los medios de comunicación, no pa ece
que se haya a anzado mucho en es e e eno y, aunque en cie os aspec os la ep esen ación
es más abie a en los úl imos años (Gaun le , 2002), ambíén se cons a a la apa ición nue as
o mas de sexismo (Gill, 2009; Laza , 2009). Aún econociendo la necesidad de segui ealizando
es e ipo de análisis, pa a explica cómo se con igu an nues as iden idades en an o homb es
y muje es, ambién debemos p es a a ención a las cues iones elaciones en e géne os que
se mues an en los medios. Po eso, en es a in es igación cen amos nues a a ención en un
ema muy poco abajado has a el momen o en el ámbi o del géne o y la comunicación como
es el de las in e acciones. Sin luga a dudas, las iden idades con empo áneas ienen que e
con los oles sociales, el aspec o ísico y el econocimien o, pe o odas es as cues iones se
cons uyen de o ma elacional. Po ello, el abajo que p esen amos a con inuación se cen a
en las in e acciones y, en conc e o, en las que ienen que e con las elaciones sexuales y
a ec i as.
El pun o de pa ida de nues o es udio es que el amo no es una emoción i e enable sino que se
cons uye socialmen e (Gómez, 2004; Duque, 2006; Oli e y Valls, 2004). Como a i ma Go man
(1979), nues a socialización nos empuja a c ee en la na u alización de buena pa e de las
cons ucciones sociales. Po su pa e, los medios, jun o con o as ins i uciones socializado as
(la amilia, el sis ema educa i o o mal, el g upo de iguales, e c.), con ibuyen a con igu a es a
idea del amo como algo i e enable e ine i able, en e o as c eencias i acionales (Capde ila
e al, 2010).
Nues as concepciones y expe iencias de las elaciones ín imas es án cada ez más
media izadas. Los medios de ienen mojones, pun os de e e encia y cons i uyen ecu sos pa a
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la con e sación, el econocimien o y la iden i icación (Sil e s one, 2004), gene ando ma e iales
simbólicos de los cuales se nu e nues o yo (Thompson, 1998). Elabo amos nues os ela os
con ellos y, así, damos sen ido a la co idianeidad, a la ida y a nues o luga en el mundo. Las
expec a i as ace ca de quienes somos y quienes podemos llega a se es án conec adas, aho a
más que nunca, con las ep esen aciones mediá icas. El concep o de in imidad media izada
se e ie e a la o ma en que los medios cons uyen nues as elaciones ín imas (Gill, 2009). Ya
desde la in ancia, ap endemos (po lo menos en el denominado mundo occiden al) mucho de
lo que es una pa eja a endiendo a los medios de comunicación, y es os casi nunca p esen an
modelos de unas elaciones omán icas y amo osas equilib adas (Galician, 2004).
Según Gómez (2004), nues a socialización amo osa es cla e pa a en ende quién nos a ae
y a quién elegimos. Pa a es e au o , nues os sen imien os, deseos e in e acciones se an
con igu ando, p incipalmen e, a pa i de dos g andes ma cos de e e encia, dos modelos
de a acción-elección a ec i a y sexual que Gómez (2004) concep ualiza como adicional
y al e na i o espec i amen e. Hay que oma en cuen a que los modelos de elaciones
p opues os po Gómez, en an o que modelos, son ipi icaciones abs ac as del conjun o de
elaciones ep esen adas en los p oduc os cul u ales y, po lo an o, signi ican dos ex emos.
Cuando analizamos ep esen aciones audio isuales, lo que encon amos son elaciones algo
más complejas con “ asgos” de uno de los modelos o, incluso, de ambos.
En cuan o al modelo adicional, y en é minos na a i os, la a acción y el deseo se ocalizan en el
hé oe que sob esale del es o y que esuel e si uaciones complicadas (a menudo con iolencia)
y la muje que des aca po su belleza y es seducida po aquel hé oe (Gómez, 2004). Tomando
en cuen a que, en an o que modelo, es una ipi icación abs ac a de las elaciones, su asgo
p incipal es que omen a la sepa ación en e la es abilidad y la pasión. Se incula el deseo con
ac i udes de iolencia, indi e encia y desp ecio. La exci ación no p o iene de alguien bondadoso
y accesible sino de alguien a quien no podemos consegui y/o que nos hace su i . Los homb es
iguali a ios que no esponden a es e modelo dominan e se alo an poco, no p o ocan pasión ni
a acción y las muje es los en como amigos, e o zando la conduc a masculina que se basa en
el modelo de masculinidad hegemónica, una ac i ud que se p i ilegia y que da p i ilegio po que
pe mi e consegui la acep ación en e los homb es y el éxi o en e las muje es (Duque, 2006).
De es e modo, se a c eando la idea de que las únicas opciones son o bien escoge un amo
pasional, ciego e ine i able, que acos umb a a supone su imien o, o bien un amo que esul a
más con enien e pe o que implica enuncia a la pasión (de Bo on y Oli e , 2009).
O os asgos de es e modelo, según Gómez (2004), ienen que e con la asociación del amo
con el des ino, base undamen al pa a una cons ucción mí ica del amo . El mensaje de que
hay que ac ua más po la in uición que po la azón y que hay que deja se lle a (de hecho, el
amo y la azón se con aponen) se ins ala de es e modo en el inconscien e mí ico colec i o. Se
po encian las elaciones y el deseo basados en los celos, la dependencia, la compe i i idad y la
insolida idad en e las muje es. Finalmen e, hay que sub aya que los homb es muje iegos, las
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muje es que imi an el modelo masculino y las pa ejas es ables y sin pasión son los es pa ones
en los que se conc e a es a mane a adicional de en ende y de i i las elaciones sexuales y
a ec i as.
Po el con a io, el modelo al e na i o iene que e con la adicalización de la democ acia y
con las elaciones basadas en el diálogo, el espe o y la conjunción de la pasión y la es abilidad
(Gómez, 2004). Pa a Giddens (1995), las ei indicaciones de las muje es a lo la go del S.XX han
lle ado las elaciones hacia un mue o modelo, el del amo con luen e, que es el que equie e
del diálogo y el consenso pa a undamen a una elación que sea sa is ac o ia. Lo impo an e es
la co-cons ucción de la elación y el p oceso comunica i o que pe mi e es ablece y man ene
ínculos olun a ios en e pe sonas con los mismos de echos y capacidades a ec i as. Es e
modelo dialógico p opone una desje a quización de las elaciones pe sonales y es la p opues a
que Gómez (2004) desa olla y que apues a po la posibilidad de un pa ón que pe mi a es ablece
elaciones que, simul áneamen e, son pasionales, iguali a ias y es ables.
En elación con lo expues o, lo que hemos p e endido en el análisis de la p ime a empo ada
de Sin e as no hay pa aiso es cons a a has a qué pun o las elaciones que se es ablecen en
el iángulo amo oso en e El Duque, Ca a y Jessi, pe sonajes p incipales de la se ie esponden
a un modelo adicional o al e na i o de a acción-elección a ec i a y sexual, qué concep o de
amo subyace a las in e acciones en e los p o agonis as y si exis e una inculación en e el
deseo y la iolencia.
La se ie
Sin e as no hay pa aiso es el í ulo de la p ime a no ela de Gus a o Bolí a Mo eno publicada
en 2005 que, un año después, Ca acol Tele isión con ie e en se ie ele isi a en Colombia. Dos
años más a de, G undy P oducciones S.A. ealiza una adap ación de la misma pa a el me cado
ele isi o español que empieza a emi i se en Telecinco a inicios de 2008 (p ime a empo ada de
12 episodios en e ene o y ab il).
Las e siones ame icanas (la colombiana y o a p oducida pa a el me cado la ino de Es ados
Unidos) son adap aciones de la no ela ealizadas po el p opio Bolí a Mo eno. Ambos casos
gua dan idelidad na a i a con la no ela o iginal: las dos se ambien an en Colombia, a ancan
con el desplan e de “El Ti i” a Ca a, incluyen sus dos ope aciones de aumen o de pecho y acaban
con la misma au oinmolación del pe sonaje emenino. También en ambas la ama del iángulo
amo oso en e Albei o, Ca alina y la mad e de és a (Doña Hilda) cob a mayo p o agonismo. Po
el con a io, Telecinco y G undy, iendo la buena acogida de la se ie, e i a án la inmolación del
pe sonaje emenino p incipal al inal de la p ime a empo ada con la idea de segui explo ando el
ilón. Pe o las di e encias no acaban ahí: se simpli ica mucho la uculencia del a gumen o o iginal
(las dos ope aciones de Ca a, los p oblemas con los implan es…), desapa ece la compe encia
sexual en e mad e e hija po Albei o y el plan el de p o agonis as masculinos es sus i uido po
la p esencia única de El Duque, pelig oso y guapo na co a ican e que se c ió en el mismo ba io
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que Ca alina y Jessica (sic) y que, al inicio de la se ie, eg esa iun ado y ag esi o. El pun o
de in lexión p incipal en e la adap ación española y las o as dos es que la his o ia española
es una his o ia de amo . El eg eso de El Duque es el eg eso del “P íncipe Azul”, mien as que
las o as dos, al igual que en la no ela o iginal, se p esen an como una ábula mo al sob e los
mé odos ilíci os que pueden u iliza las adolescen es pa a sali de la mise ia en La inoamé ica.
En es os casos la na ación se a icula a pa i de las e as que a iculan las p o agonis as, si no
pa a ascende en el escala ón social, sí al menos pa a accede a una más acomodada posición
económica. En la e sión española es os componen es sociales y mo ales an a se sus i uidos
po una his o ia de amo ou, un amo que iene desde la in ancia y que iene la necesidad de
ab i se paso a a és de odos los impedimen os exis en es.
Las ci as de audiencia son elocuen es espec o a la acep ación de la se ie en e el público
español. La campaña de p omoción p e ia uncionó bien y c eó la su icien e expec ación pa a
que la se ie a ancase con un sha e del 21,7 % y, después de unos p ime os capí ulos en los
que pa ecía que las audiencias i ubeaban, a pa i de la emisión del quin o episodio las ci as
an en aumen o has a alcanza el 28% en el úl imo capí ulo de la empo ada.
Un modelo de elaciones adicional: es e eo ipos e in e acciones
El iángulo amo oso cen al de la p ime a empo ada de Sin e as no hay pa aíso es un caso
pa adigmá ico de lo que denominamos el modelo adicional de a acción y elección sexual
y a ec i a (Gómez, 2004); un ipo de ep esen ación de las elaciones p edominan e en los
p oduc os de la cul u a popula que aba can emas omán icos (Galician, 2004). En es e sen ido
obse amos el incisi o ínculo del a ac i o masculino con el eje cicio del pode y la iolencia,
gene almen e en con a de la eminidad, aunque ambién en compe encia con el es o de
masculinidades. Los indicado es de es e modelo de elaciones en e homb es y muje es se
co esponden con la es e eo ipación y la adsc ipción a los oles clásicos pa a cada géne o, y se
cons uyen en es e p oduc o ele isi o median e la es uc u a na a i a pe o ambién en é minos
de la pues a en o ma. Hay que admi i que algunos de los pe sonajes secunda ios de la se ie
o ecen un abanico algo más amplio de modelos de elación, es el caso del omance en e la
mad e de Ca alina y el sas e, que coope an en e ellos y es ablecen un ínculo comunica i o
más o menos es able, pe o po lo gene al es as uniones o bien son mos adas como poco
a ac i as e in ensas -la p o esión de él, sas e, se aleja de los alo es adsc i os al a ac i o
masculino y iene más que e con la domes icidad- o bien no con igu an, po lo gene al, un
modelo al e na i o sólido, si no que an solo algunos de sus asgos di e gen del es ic o blindaje
en o no a un esquema adicional p opues o po el ío p o agónico. Es el caso de la elación
que es ablecen Paula y Jesús, el he mano de Ca alina, donde hay que ene en cuen a que,
a pesa de que la elación es bas an e iguali a ia, el ínculo se inicia a pa i de la in idelidad
del homb e -con espec o a su no ia an e io -. Además, el pe sonaje de Jesús esul a cuan o
menos con adic o io en es e aspec o, pues pa a cuando se inicia su omance con Paula ya
ha desa ollado una obsesi a pulsión pa e nalis a hacia su he mana meno , Ca alina, lo que
p oblema iza la adsc ipción del pe sonaje a un modelo de elaciones al e na i o.
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Una diégesis he e ono ma i a
An es de cen a nos en el esquema de elaciones es ablecido en e los es pe sonajes
p o agonis as, obse a emos el mundo p opues o po Sin e as no hay pa aíso, que se dibuja
como el ma co donde habi an nues os pe sonajes. La se ie p opone un ma co he e ono ma i o
de elaciones donde la ensión e ó ica sólo es posible en e pe sonas de dis in o sexo. Los oles
e imágenes de géne o son sumamen e es e eo ípicos, cen ados en los a ibu os clásicamen e
adsc i os a la masculinidad y a la eminidad (a sabe , pode y alen ía, pa a el p ime géne o;
belleza y cuidado, pa a el segundo) y, además, la he e osexualidad de los pe sonajes se da
po sen ada. En oda la p ime a empo ada solamen e se p oduce una ci cuns ancial ac u a
de la es ic a he e no ma i idad, median e una elación lésbica; se a a de una elación
sexual e ins umen al que el pe sonaje de Jessi es ablece con una ac iz de p es igio pa a
pode chan ajea la; se ep esen a como una elación espo ádica y ca en e de emo i idad,
es ablecida en e dos muje es anómalas, ías y calculado as. El hecho de que la ac iz
esconda su condición sexual y de que se some a al chan aje de Jessi demues a la condición
es igma izada y e gonzan e de las opciones no he e osexuales en el con ex o diegé ico de la
se ie. Además, el in de es e chan aje no es o o que some e al pe sonaje “des iado” a la no ma
he e osexual, casi a modo de sanción, pues o que la “lesbiana” se e á obligada a man ene
elaciones sexuales con uno de los clien es “macho” de Jessi, que p ecisamen e se sien e
a aído po la condición lésbica y, po lo an o, p esun amen e inalcanzable, de la ac iz. Po
o o, el lesbianismo no sólo es mos ado como una des iación de la he e ono ma i idad, eso sí,
siemp e subsanable con una “co ec a” elación -de pago- he e osexual, si no que además es
una condena pa a aquellos pe sonajes que lo p ac ican. De es e modo la se ie alimen a ía el
pa adigma dominan e espec o a las elaciones sexuales y a ec i as, no sólo in isibilizando oda
opción al e na i a a la no ma (Inag aham, 2006) sino es igma izándola cuando la p esen a. Es a
he e ono ma i idad se cons i uye como una ins i ución que es uc u a un sis ema de géne os
median e oles complemen a ios en e homb es y muje es, conlle ando és os una dis ibución
de las posiciones en el s a u quo: “...we ha e no adequa ely de e mined i wha we conside
gende o gende ed beha iou would e en exis i no o i s ela ionship o he ins i u ion o
he e osexuali y” (Inag aham, 2006:312). Po lo an o, hemos de en ende la co espondencia
en e los oles de géne o es e eo ipados y las elaciones a ec i as adicionales como un ínculo
de ecip ocidad: ambos sis emas de ep esen aciones se alimen an.
Conc e ando, en es a se ie los homb es son enca nados po na co a ican es ag esi os o
policías obsesi os y he manos p o ec o es, mien as que las muje es son p os i u as ambiciosas
o “buenas chicas” de escasa capacidad acional que se dejan lle a po el mal camino. Sin
excepción, los homb es se mue en en busca del p es igio social an e el es o de los homb es
y/o bien pa a con ola la sexualidad y el deseo emeninos. Po lo gene al odos los homb es
in en a an es ablece elaciones sexuales con las muje es de la se ie; si se quie e, y sólo
has a cie o pun o, con la excepción de aquellos que son ep esen ados como p esun amen e
“buenos homb es”: el comisa io To es y el he mano de Ca alina, Jesús; es os ac úan en cambio
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con un pa e nalismo exage ado sob e las muje es. En esumen, la na a i a de Sin e as no
hay pa aiso p opone un mundo gobe nado po un égimen he e osexual na u alizado que, en
palab as de Wi ig (1992) depende de la c eencia de que las muje es son se es sexuados y
sexuales incapaces de i i ue a de la no ma masculina, po lo que deben se some idas a una
economía he e osexual (Wi ig, 1992: 7). En un sen ido es ic o del é mino economía, además,
obse a emos que el dominio sob e los ecu sos pe enece a los homb es, y que las muje es
pod án u iliza los pa cialmen e en su bene icio sólo en ando en ansacciones con los homb es.
En es e sen ido, la p os i ución es la opción p io i a ia.
Es a pe spec i a se e ue za con una pues a en o ma que se ec ea en la sexualización de
los cue pos de las muje es aún cuando no exis a ningún p e ex o na a i o que lo jus i ique ni
ninguna elación con pe sonajes masculinos en cu so. Po lo an o, es a sexualización o bien
se di ige a la mi ada del espec ado , p esun amen e masculina (Mul ey, 1999) o bien se supone
in eg ada en la p opia iden idad de los pe sonajes emeninos, lo que end ía e o zado po una
con inua a ención de las muje es de la se ie sob e su p opia apa iencia ísica, a menudo a a és
de disposi i os como espejos o bien median e la ei e ada escena del es ido emenino como
pun o de encuen o y discusión del g upo. Asimismo, los códigos de eminidad se elacionan con
el consumo de p oduc os de lujo y cosmé icos (desde la ope ación de pechos has a es idos y
o os obje os deco a i os, no malmen e inculados a los p ocesos de po ni icación (Laza , 2009,
Ring ose, 2010), un ipo de obje os que, en la na a i a de la se ie, son p o is os po los homb es.
De es e modo, las elaciones en e homb es y muje es oma ían ambién una dimensión de
e ue zo de los oles de ambos géne os: consegui un homb e con es a us compo a ía que
es as muje es aumen asen su a io de a ac i o en an o que muje es.
La “po ni icación” del cue po de las muje es en STNHP no necesi a jus i icación na a i a. El aumen o de pechos
es una ope ación olun a ia sob e el cue po de la muje , p opo cionado po (“y g acias a”) los homb es y que
ambién se pe sigue con el in de complace a és os.
El iángulo amo oso
El esquema na a i o básico de la p ime a empo ada po lo que espec a a las elaciones
sexuales y a ec i as del ío p o agonis a es, a g andes líneas, el siguien e: El Duque se
enamo a de Ca alina aunque man iene elaciones espo ádicas con Jessi, po la que se sien e
a aído pe o con la que no iene in enciones espe ables en é minos clásicos. Después de una
se ie de malen endidos en medio de si uaciones de al o iesgo, du an e las cuales la elación
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omán ica en e Ca alina y El Duque se ensa, és e asesina al he mano de ella y enuncia a su
elación a cambio de un camión de “me ca” (la sal ación de su negocio). Al inal de la se ie, una
Ca alina ago ada y us ada e mina po abandona al homb e (que no apues a po la elación
pe o nunca e mina de deja la) y se casa con el peo enemigo de és e, Co és, con el p opósi o
de a uina la ida de El Duque. Él, po su pa e, es ablece una elación compasi a y sin amo
con Jessi quién, a pesa de habe sido menosp eciada po el homb e a lo la go de oda la
empo ada, accede a es ablece una elación de cuidado con él cuando se sien e necesi ado.
Pe o ¿de qué modo se azan es as elaciones? ¿Qué asgos de los pe sonajes los hacen
a ac i os y jus i ican la in incada ama elacional que los (des)une?
El homb e: las con adicciones del hé oe
Una desc ipción de El Duque es eque ida pa a comp ende las dinámicas de in e acción con
las muje es en que se implica el pe sonaje a lo la go de es a p ime a empo ada. Aún cuando
la se ie no p opone un pe il psicológico muy complejo pa a su pe sonaje es ella, sí que lo
ep esen a como a apado po las con adicciones, un asgo que, en el discu so de la se ie, le
do a de innegable in e és e ó ico pa a las muje es, especialmen e po la po encial edención de
sus aspec os iolen os, una posibilidad que él mismo plan ea y con la que, a eces, an asea.
El Duque apa ece en la secuencia de ape u a de la se ie, y nos es p esen ado de o ma
p oblemá ica, o denando el asesina o de su p esun a compañe a sen imen al. P esenciamos
una pelea en e él y una muje ; igno amos la elación que hay en e ambos pe o la con ianza
en el a o ecíp oco y los g i os de ella (“¡Te quie o!”) apun an a una elación a ec i a. Él la
golpea y la i a al suelo y, con un ges o le e que da mues a de su pode , o dena a sus sica ios
que se la lle en y la ejecu en, lo que se lle a a cabo de o ma só dida en un descampado y
con suma c ueldad (aplicando la écnica de la “co ba a colombiana”) pe o sin la p esencia del
p o agonis a en la escena; lo que supone una ma ca de ango (él no ealiza el abajo sucio).
Hay signos de us ación en la exp esión y ges ualidad de El Duque po la decisión omada,
pe o poco más, eniendo en cuen a la g a edad de las consecuencias y la elación p e ia que
unía a ambos pe sonajes. La ocalización p opues a po el guión, que exclui á a las po enciales
no ias de El Duque del conocimien o de lo acaecido en la secuencia in oduc o ia, ma ca á en
cambio la elación del espec ado con el pe sonaje, pues o que se asumi á que las muje es
que emp endan elaciones a ec i as con él es a án en iesgo de co e la misma sue e. Po
lo an o, a lo la go de oda la se ie, el espec ado iene un conocimien o sob e El Duque que
las dos p o agonis as igno an (aunque pueden sospecha , p incipalmen e con o me a anzan
los capí ulos). Las elaciones de El Duque con las dos p o agonis as emeninas de la se ie no
a da an en inicia se y po lo an o la pe cepción del espec ado es a á ma cada desde la p ime a
secuencia con es e conocimien o del pe sonaje masculino. Aunque no odos los pe sonajes lo
expe imen en de la misma o ma, desde la posición del espec ado las elaciones de la se ie
auna án desde el p ime momen o la ensión y el iesgo a la pasión y el amo .
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La ace a oscu a de El Duque se á la p edominan e en la na ación, e o zada po la imagen
que se cons uye del pe sonaje: aci u no, de oz onca, a a iado de neg o, y con códigos
de compo amien o bu dos y de mal gus o, con omnip esen es ma cado es de al o capi al
económico (un descapo able) y de escaso capi al cul u al (un e iblemen e ki sch dálma a de
po celana como egalo a la mad e, lazo incluido), que además se inculan inde ec iblemen e a
su o igen humilde.
Es a dimensión ki sch de El Duque inculado a su pasado lo p esen a como la e sión
delincuen e del “nue o ico”. A su ez, la ape u a a su pasado es, p ecisamen e, el o igen de
la ambi alencia del pe sonaje, me a o izada po su dependencia de algunas muje es (su mad e
y, pos e io men e, Ca alina, a quién conoce desde la in ancia), y un yo us ado al e na i o que
de iene po encial en su elación con ellas. El mismo juego se da con las denominaciones de
Ra ael Duque, a quién odos lo llaman “El Duque” (secuaces, enemigos, pu as...) mien as que
sólo Ca alina y su mad e lo nomb an “Ra a”, de ol iendo así al pe sonaje a la in ancia en la que
no e a o a cosa que un niño de ba io humilde. Es de hecho p ecisamen e a a és de es as
muje es que El Duque descub e el e e so ágil de la no ma masculina y de iene un pe sonaje
al amen e dependien e. Es así un ejemplo de lo que Giddens (2006) conside a el p ecio que
la masculinidad adicional debe paga po su obsesión con el p es igio social, que lle a a los
homb es a descuida y abandona las cues iones ela i as al desa ollo ín imo:
Los homb es busca on la iden idad en el abajo, y se equi oca on –siemp e hemos de añadi que
en gene al-, al no en ende que el p oyec o e lexi o del ego implica una econs ucción emocional
del pasado pa a p oyec a una na a i a cohe en e hacia el u u o. Su dependencia emocional
inconscien e de las muje es e a un mis e io cuya espues a es aba en las mismas muje es
(Giddens, 2006: 62-63)
De es e modo, los a ibu os de El Duque ienen a se de una in ensa masculinidad que, como
obse ó Bou dieu (2007), en algunos aspec os se uel e dolo osa y con ap oducen e pa a el
a ón y que, a su ez, despie a el ins in o eden o que alimen a el ego de las muje es que
aspi an, amo median e, a cambia le.
Compe encia en e muje es: dos ipos emeninos pa a un mismo modelo elacional
El an agonismo en e las dos p o agonis as emeninas de la se ie es e iden e desde las
p ime as secuencias de p esen ación de los pe sonajes. Ca alina y Jessi esponden a dos ipos
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de muje es apa en emen e dis in os, pe o en cambio azan los ejes de un mismo modelo de
eminidad. Si bien la compe encia en e ambas muje es es de alcance gene al, se conc e a en
elación con los homb es y, especialmen e, con la apa ición de El Duque, cuando en an en
compe ición con el obje i o de seduci lo.
En p ime luga , Ca alina se p esen a median e el es e eo ipo de lo que Giddens (2006: 61)
denomina ía la muje sin mancha, con odas las i udes asociadas a las nociones adicionales
de eminidad: abajado a, noble, humilde, inocen e, y i gen; en es e sen ido, se ei e a en los
diálogos con sus amigas el hecho de que no ha enido ninguna expe iencia a ec i o-sexual.
Los pechos pequeños de la p o agonis a se asocian a es a imagen de cas idad. Todos es os
elemen os la con ie en en una u u a esposa ideal. Con a iamen e, Jessi cumple el es e eo ipo
opues o, inculado a la muje que despie a el in e és sexual pe o que, po sus mismos asgos
sexualizados, así como po la inicia i a que oma en las elaciones, excluye oda posibilidad
de de eni esposa o muje legí ima. Es signi ica i o que odos los homb es se enamo en de
Ca alina y que, en cambio, ninguno mues e in enciones de es ablece una elación más allá de
la sexualidad con Jessi, algo de lo que ella misma, en algún momen o, se queja á: “¿Qué os
pasa con Ca alina? ¿Po qué odos os enamo áis de ella?”; es o aún cuando Jessi se mues a
sa is echa y con encida de que su modelo de eminidad es supe io y más emancipado que el
de Ca alina.
La compe i i idad en e ambas se ejempli ica en los espacios de ocio y públicos como po
ejemplo la disco eca, donde las dos muje es ponen a p ueba sus espec i os a ac i os an e
los homb es. El hecho de que la se ie plan ee es a supues a oposición en e “modos de se
muje ” es la base sob e la que se edi ica án las di e en es elaciones que es as muje es pueden
aspi a a es ablece con El Duque, e incluso la elación que, en e los es, compa i án, e
implica á la in idelidad del homb e pa a con ambas muje es (casi como un asgo de ini o io de
su hipe masculinidad) y los celos en e ellas dos, que ende án a ocaliza sus con lic os más
en la igu a de la “o a” que del cen o ac i o e ó ico que supone El Duque. Finalmen e, ambas
muje es con igu an un pano ama deseable pa a el “doble es ánda ” a ibuido al cinismo con
que el homb e ha pa icipado adicionalmen e del amo omán ico (Giddens, 1995): el amo
sosegado y legí imo pa a la casa, la pasión desen enada e impu a pa a los in e s icios. De
odos modos, la con lic i idad ex e na a las elaciones pe sonales en que la ama na a i a
sume ge a los pe sonajes, po momen os más ce cana a los códigos del h ille que a los del
melod ama, posibili a á algunas dinámicas de colabo ación en e los es pe sonajes.
B e es apun es de elaciones acasadas
Decíamos que los dos modelos con apues os de muje es se ponen en escena especialmen e
en elación al pe sonaje masculino. De hecho, los encuen os de ambas muje es con El Duque
son ampliamen e di e gen es. Al inicia se la se ie, Jessi ya iene una elación con él (y po lo
an o apa ece pelig osamen e más p óxima al pe sonaje asesinado al inicio del p ime capí ulo),
basada es ic amen e en el sexo y el in e és económico. En las p ime as secuencias en las que
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