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Memorias de la violencia: los exiliados por ETA se confiesan [Reseña de] Memoria de la Violencia. Profesores, periodistas y jueces que ETA mandó al exilio de Ofa Bezunartea; Córdoba: Alfaguara, 2013

Pérez Curiel, Concha

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Reseñas / Número 26 institucional.us.es/ambitos/ En el número 26 de Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, les ofrecemos las siguientes reseñas: 1. Memorias de la violencia: los exiliados por ETA se confiesan 2. Confiar en la prensa o no. Un método para el estudio de la construcción mediática de la realidad 3. Jóvenes y ficción televisiva 4. Historia de la radio y la televisión en España 5. El cartel no pasa, se transforma 6. Mecanismos estratégicos en la publicidad moderna MEMORIAS DE LA VIOLENCIA: LOS EXILIADOS POR ETA SE CONFIESAN Bezunartea, Ofa, (2013). Memoria de la Violencia. Profesores, periodistas y jueces que ETA mandó al exilio . Córdoba: Alfaguara. 341 pp. “Hagamos memoria”. Es la sentencia con la que la periodista y catedrática vasca Ofa Bezunartea analiza los testimonios más directos de quienes han sufrido la extorsión, el chantaje y la presión de ETA, el miedo a perder a los suyos y a perder su vida. La autora, una víctima más de la huella que ETA ha dejado con su violencia presenta las entrevistas directas a profesionales intelectuales exiliados que se rebelaron con su voz, su pluma y su ética a estar “condenados al silencio”. El libro, fruto de un proyecto de la Fundación Jiménez-Becerril para rescatar las vivencias de aquellas otras víctimas de la violencia poco conocidas y menos reconocidas, se encargó a Bezunartea que reunía la condición de profesora de Universidad, periodista y exiliada. A su nombre se suman los de los profesores Mikel Azurmendi, Mikel Iriondo, Carlos Fernández de Casadevante, Gotzone Mora, Edurne Uriarte, Manu Montero, Francisco Llera y los periodistas José María Calleja, Aurora Intxausti, Carmen Gurrutxaga, Charo y José Antonio Zarzalejos y Pedro Briongos. El trabajo de recopilación de testimonios se inicia en 2010 cuando quedaba lejos el anuncio del cese de las acciones armadas de ETA por lo que los entrevistados hablan en presente de la situación que provocó su exilio de Euskadi. ¿Y cuántos otros se han mantenido en el anonimato? ¿cuántos ni siquiera saben qué han sido objetivo de ETA? ¿cuántos han renunciado a su ideología?¿cuántos han pagado para no abandonar su tierra, a su familia, su trabajo, su vida? ¿cuántos han callado?. Los números no fallan. A través de una rigurosa investigación avalada por los informes de la Ertzainza que pueden además ampliarse con los datos de la Polícía Nacional se comprueba que en las listas llegaron a figurar 65 profesores, 326 periodistas y 206 jueces amenazados sobre los que caía la sombra de posibles atentados. La excelente formación y buena pluma de la autora consiguen que el libro no caiga en el sensacionalismo (para 1/12 muchos medios ha sido un recurso al trasladar la situación de Euskadi a la opinión pública) gracias a la perfecta contextualización, antecedentes y consecuencias de los hechos que se narran. La descripción del marco histórico, político y social es la herramienta para entender la situación personal de cada uno de los entrevistados y una ayuda al lector para ponerse en su lugar y reflexionar qué hubiera hecho él en cada caso. El libro se estructura en ocho capítulos que presentan una interesante radiografía histórica, política, social y sobre todo humana de lo acontecido en el pueblo vasco desde los orígenes de ETA. Marcan un antes y un después en el contexto de los 50 años de sometimiento del País Vasco y de España en su totalidad a dos dictaduras que han dejado secuela hasta hoy: la del Franquismo y la de ETA. Como afirma Bezunartea “a pesar del esfuerzo de generosidad de las fuerzas democráticas, ETA y la izquierda abertzale decidieron prescindir de las vías políticas y utilizar el terrorismo y todo tipo de presión social para el logro de una Euskadi independiente socialista y euskaldun” Estos capítulos configuran un marco teórico muy documentado en el que se cita a autores especializados y fundaciones de referencia que exponen sus tesis sobre la acción de ETA, la tipología de víctimas y los efectos presentes y futuros que han marcado a la sociedad vasca. Antonio Elorza habla de “círculos de víctimas y círculos de responsabilidades”. (…) “Resulta obvio que el centro de la tragedia corresponde a quienes perdieron sus vidas o sufrieron dañosfísicos o psíquicos-irreparables por efecto de la acción terrorista. El segundo círculo corresponde a familiares y allegados… Pero hay un tercer círculo al cual se hace menos referencia: quienes durante años pudieron pensar con sobrados motivos que se encontraban en la lista de espera para ser asesinados. Tuvieron peor fama, e incluso renombradas plumas progresistas condenaron su exhibicionismo por declarar que llevaban escolta, (…) Y un cuarto círculo: toda la sociedad vasca, sometida a la intimidación de los violentos, con reacciones a veces dignas, en otras de sumisión, e incluso de perversión de los propios valores”. (“La memoria vasca”. El País, 21 de mayo de 2012). En concreto este libro, Memorias de la Violencia, sin olvidar en ningún momento a los más de 800 muertos y más de miles de heridos víctimas de ETA, se ocupará del tercer círculo, aquellos que tuvieron fundados motivos para pensar que eran “el siguiente” en la lista de asesinados. La práctica terrorista de ETA con la cobertura de la izquierda abertzale ha tenido como víctimas la pérdida del derecho a la vida, el más codiciado de todos, sumado al de la libertad de pensamiento, de expresión, de ejercicio de la política, de la actividad empresarial y de la representación institucional de España y como consecuencia la tragedia de un pueblo que ha visto rota una sociedad y heridas las relaciones familiares, sociales y humanas. Duras afirmaciones de la autora que se reafirman con ejemplos claros de la experiencia vivida por los “testigos y víctimas del terror” que a través de este libro han hablado con claridad meridiana del antes y el después de su historia con ETA. Siguiendo la ordenación establecida es de vital importancia el primer capítulo para comprender datos, situaciones, conceptos y contextos en los que se mueven los protagonistas que hacen Memoria. La autora incide especialmente en la construcción del relato para conocer las fibras de la presencia de la violencia en las últimas décadas y que no se imponga un discurso (a partir de la fecha del anuncio del cese de la violencia armada) en el que como afirma el profesor de historia de la UPV, José Antonio Pérez “los victimarios pretenden aparecer ante la sociedad como víctimas de un proceso en el que se vieron irremediablemente abocados a tomar las armas” (Por un futuro con memoria, publicación de Gesto por la Paz); un intento de relato de los abertzales que puede encontrar aliados en la sociedad vasca en pro de un nacionalismo democrático o como argumento pacificador de representantes de la propia Iglesia vasca. Y advierte el periodista Florencio Domínguez “el mundo de la izquierda radical es consciente de lo que supone una batalla ideológica abierta y está volcado a una gran cantidad de esfuerzos para tratar de ganarla. Saben que se juegan la justificación de la historia asesina de ETA y que se dilucida si la memoria colectiva que queda es la de las víctimas o la de los verdugos”. (El Correo, 10 de noviembre de 2011) Pero la Memoria no olvida. No pueden amarrarse a la historia y justificar su terrorismo bajo el lema de la lucha por la libertad del pueblo vasco. Y es contundente la afirmación de Bezunartea “la táctica de achacar al determinismo histórico el ejercicio de la violencia del terrorismo supone verse exonerado de cualquier responsabilidad por el daño producido. Y si la sociedad a la que ha hecho sufrir no le castiga por ello, sino que, 2/12 al acogerle como una opción política más y premiarle con votos, le otorga una importante parcela representativa, es lógico que se afiancen en la idea del mal necesario y rechacen cualquier posibilidad de revisión crítica de su pasado. No vale pasar página, no puede vencer la desmemoria y la sociedad vasca no puede quedarse insensible en esta nueva etapa. Como afirma Iñaki Gabilondo “Me parece que en Euskadi se está procurando que las cosas se acomoden pensando que el tiempo lo cura todo. Y no es verdad. (…) A mí me gustaría que Euskadi estuviera proclamando su anormalidad; pero no, vive como si no hubiera pasado nada.” (Entrevista en El Correo, 2 de junio de 2012). El lector encontrará en este primer capítulo una relación de fuentes documentales, expertas institucionales, políticas, mediáticas que evidencian la enorme labor de hemeroteca e investigación de alto nivel de Ofa Bezunartea con el fin de ofrecer un abanico de posiciones y perspectivas desde todos los ángulos que genere el conocimiento de los hechos y la necesaria reflexión crítica. Son múltiples los ejemplos que la autora aporta para reforzar argumentos que consoliden el objetivo de este proyecto: No hay razones que justifiquen el asesinato, la amenaza, la extorsión o el exilio involuntario. “ETA mátalos, se ha oído a voz en grito en la calle y ha quedado plasmado en las paredes”. No se puede olvidar. La sociedad vasca no puede quedar impasible. El silencio del pueblo vasco es un ataque a la dignidad de tantas víctimas. Impresiona el uso de la cifra en el discurso de este libro: 858 asesinatos de ETA, 77 secuestros, 42.000 personas amenazadas (jueces, cargos electos de PSE y PP, más de 9000 ataques de la kale borroka y se suman además el número de los ejecutores o responsables de las acciones etarras que según el sociólogo Javier Elzo (El País, 3 de mayo de 2012) corresponde a unas 5000 personas de apoyo logístico, 50.000 personas que han mantenido el soporte social y han legitimado el terrorismo de ETA y de 25.000 a 270.000 votantes de IA, muchos de los cuales cuestionan la violencia. ¿Cómo mirar para otro lado? Y se cierra este primer capítulo con Relatos en primera persona donde destacan las palabras de Antonio Muñoz Molina: Hay que ponerse a contar. (…) Hay que contar exactamente lo que pasó y hay que empezar a hacerlo ahora que todavía viven y están lúcidos la mayoría de los protagonistas, los testigos, las víctimas no ejecutadas. Hay tiempo, pero es urgente (“Tiempo de contar”. El País, 21 de abril de 2012). Y es a partir de los siguientes capítulos donde el lector puede conocer el testimonio de un grupo profesores y periodistas vascos que sufrieron la irrupción de ETA en sus vidas, coartando su libertad de expresión, amenazándoles de muerte y convirtiéndoles por obligación en exiliados. Son las vidas marcadas. Un denominador común los agrupa: haber sufrido atentados o amenazas de ETA. ¿Por qué? El gremio de periodistas y profesores constituyen una especie de frente intelectual que como afirma Bezunartea “ETA ha tenido especial empeño en neutralizar”. Han sido profesores de la universidad (especialmente UPV-EHU), con reflexiones sobre todo en las tribunas públicas de los medios de comunicación que han desarmado ideológicamente los postulados de la izquierda radical y que además han promovido organizaciones cívicas como el Foro de Ermua, ¡Basta ya!. La intimidación que sufrieron los intelectuales a finales de los años noventa se encuadra en el marco de las llamadas violencia de persecución y estrategia de socialización del sufrimiento, en definitiva una decisión de ETA de añadir a sus objetivos tradicionales (fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y militares) otros sectores sociales como políticos, intelectuales, periodistas, jueces… Izquierda radical, kale borroka y la propia ETA se encargaron personalmente de “avisarles” en la sede de RNE y RTVE con cócteles molotov, pintadas de “el siguiente eres tú” en el domicilio del periodista José María Calleja, agresiones y atentados bomba como los de Carmen Gurrutxaga de El Mundo o Gorka Landáburu de Cambio 16… una lista de ejemplos que describen la realidad espeluznante de aquellos años. Bezunartea analiza en toda ocasión los antecedentes que provocaron las presiones de la banda terrorista a estos colectivos pero se extiende especialmente con el de los periodistas y los medios de comunicación y rescata las declaraciones de las entrevistas, que aparecen en formato original en el capítulo V como cierre de ese perfil de exiliados para pasar posteriormente al Capítulo VI titulado Jueces bajo el pánico escénico (colectivo profesional que a pesar de gozar del derecho de movilidad y flexibilidad de destinos también se vió 3/12 abocados al exilio) y cerrar con dos últimos capítulos dedicados a cuestiones relacionadas con la Universidad vasca, como espejo de la anormalidad que ha caracterizado a Euskadi en esas décadas. Existe un hilo conductor con unas claves comunes en estos capítulos que el lector irá descubriendo. Se relata la historia de las “vidas marcadas” siguiendo los llamados Pasos del Calvario o el sufrimiento al que han estado sometidos nuestros protagonistas: El golpe de la noticia, Enemigo del pueblo, Síndrome del apestado, Excepción nacionalista, Decidir la marcha, El testimonio del que se queda y Sobre los autores de las amenazas, que además se corresponden con los temas que Bezunartea plantea a los entrevistados. Resumiendo cada paso: El golpe de la noticia que recoge su reacción cuando se enteran de que están en la lista negra, Enemigo del pueblo, título que los rechaza por antinacionalistas y traidores de Euskadi, el Síndrome del apestado cuando los demás te ven como amenazado, pierdes a los amigos, sus miradas buscan a los escoltas que te acompañan… Te vas aislando socialmente… Como afirma el profesor Manu Montero “el aislamiento se da porque producimos miedo”, La Excepción nacionalista, referida a los privilegios para la clase nacionalista frente al resto. Sobre esto, José Antonio Zarzalejos critica la actitud del PNV y sentencia: (…) “Les sobrábamos. (…) Nosotros éramos vascos traidores. (…) No hay persona peor tratada en el País Vasco que aquel vasco que disiente del régimen nacionalista”, Decidir la marcha o lo que es lo mismo destierro, exilio, con la familia, en soledad, sin trabajo, preguntarse a dónde ir…En las entrevistas cada uno de los “exiliados” refleja el problema que les creó a ellos y los suyos dejar “su tierra”. Hoy algunos “sólo vuelven por Navidad” y han decidido definitivamente no regresar. Cada caso reproduce lo que sufrieron por sus familias, por sus hijos, porque tuvieron que romper un estilo de vida, unas costumbres, adaptarse a la fuerza y resignarse. Se contempla también la excepción del que no abandona Euskadi en El testimonio del que se queda. El caso de Gorka Landáburu que a pesar de llevar en su rostro y manos la huella de un paquete bomba de ETA decidió no abandonar Euskadi reconociendo el riesgo y la dura realidad de vivir sin libertad de movimientos, con la perenne sombra de los escoltas. Por último, se pregunta a los exiliados Sobre los autores de las amenazas, una cuestión en la que los entrevistados manifiestan su desinterés por conocer la identidad o se quejan de la actuación policial y sopesan las escasas expectativas de llegar a tener datos sobres sus perseguidores. Abrumadoras palabras las de Carlos Fernández de Casadevante: “Mis sentimientos hacia ellos fueron de odio, pero ya no lo son. (…) no estoy dispuesto a que mi vida gire en torno a esta gente. Que se cuezan en su propia salsa ellos y los que los han votado, y los que no quieren mirar, los cómplices.”. El relato es tan gráfico que es imposible quedar impasibles. Son tantas frases, tantos sentimientos, tantas vivencias… Se han confesado las víctimas y lo hacen sin miedo porque puede ser su mayor aportación para que el cambio aunque lento se produzca. El cierre de las entrevistas da paso a la focalización de la autora en dos planos: el judicial que relata la extorsión y persecución de los jueces no vascos que se intensificó a partir del asesinato del magistrado José María Lidón, miembro del Poder Judicial del País Vasco y otra víctima más de la “socialización del sufrimiento” y el universitario, con una redacción muy detallada de la desestabilización de la vida académica en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) provocada por profesores “convertidos en vanguardia para la consecución de un profesorado propio y las irregularidades de los estudios de los presos. Acertadamente la autora titula este último capítulo La universidad, un espejo, un espejo que traslada las estrategias del MLNV, su correlato y el ataque a la vida universitaria. La distorsión, la manipulación, el acoso, el rechazo a los de fuera, la imposición del vasco en las aulas… enfrentaron a muchos docentes y tuvieron consecuencias académicas y de relaciones humanas también para el alumnado. Una verdadera pesadilla en las aulas. Se respira con la lectura la situación de riesgo y la valentía de los afectados, la persistencia de “los de la pancarta”, profesores euskaldunes vinculados a la izquierda abertzale que “eran beligerantes en favor del contrato laboral porque rechazaban convertirse en funcionarios de la universidad española” y en definitiva los años que costó volver a la “normalidad”. Como afirma Gonzalo Maestro, ex decano de la Facultad de Periodismo “La Universidad fue uno de los focos de la resistencia abertzale… se podría decir que fue suya durante un tiempo”. Bezunartea cierra su obra con un último capítulo titulado Un ángulo oscuro: los presos de ETA y la UPV-EHU y 4/12 dedicado al episodio de los “privilegios y condiciones peculiares” de los presos de ETA en sus estudios universitarios. El Foro de Ermua advirtió al presidente Aznar de estas irregularidades administrativas y académicas, lo que levantó una polvareda en los medios y en la opinión pública (se generó una imagen de complicidad de la Universidad con el terrorismo) y desencadenó la modificación de la Ley Penitenciaria: los presos sólo podrían acceder a la universidad a través de centros de estudios a distancia. Y vuelta a empezar con el eterno conflicto. Nuevamente se ofrece un relato directo de las fuentes, un análisis y una explicación e interpretación de los acontecimientos, una dinámica propia del investigador y del periodista especializado, dualidad que representa Ofa Bezunartea. Memorias de la Violencia es una obra que no puede pasar desapercibida, es un libro para aprender a opinar con argumentos, habla de quién, del sufrimiento en primera persona y del por qué, de la opresión de las ideas y de las personas y sobre todo demuestra la valentía de todos aquellos a los que el exilio de ETA no consiguió callar su voz. Hagamos Memoria. [subir] Concha Pérez Curiel Universidad de Sevilla CONFIAR EN LA PRENSA O NO. UN MÉTODO PARA EL ESTUDIO DE LA CONSTRUCCIÓN MEDIÁTICA DE LA REALIDAD Piñuel, José Luis, Gaitán, Juan Antonio y Lozano, Carlos (2013). Confiar en la prensa o no. Un método para el estudio de la construcción mediática de la realidad. Salamanca: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones, Salamanca. 206 pp. El presente método para el estudio de la construcción mediática de la realidad persigue confirmar la pertinencia o no de la práctica del Periodismo, responsable en gran medida de construir la realidad en torno al acontecer público. Se trata de un estudio que se centra en la auto-referencia de los Medios de Comunicación de Masas (MCM) en torno a la verdad y la comunicación. Se articula en dos bloques. La primera parte, titulada Periodismo y dominio histórico de existencia,está fundamentada en una obra anterior, Ensayo general sobre la Comunicación (Piñuel y Lozano, 2006). En ella se acota el término acontecer para referirse a aquellos acontecimientos que nos comprometen de alguna manera. Por ello, sólo nos implicaría el acontecer que somos capaces de reconocer. Pero ¿este acontecer reflejado en los Medios, es el socialmente relevante o se está produciendo una construcción mediática de la realidad porque los Medios convierten en acontecer aquello de lo que hablan? Si es aceptado que aquello que publican los Medios de Comunicación de Masas se torna en una realidad percibida y que lo no referido por ellos carece de percepción colectiva, es importante averiguar cómo se gesta la agenda pública a partir de la agenda mediática. La práctica social del periodismo, hoy crossmedia, es la que aporta mayor capital social de conocimientos y competencias en el aprendizaje de la ciudadanía. Los valores atribuidos a la información (v.g. la verdad) se transforman en valores sociales relevantes por su alcance público, lo que pone de manifiesto la responsabilidad de los medios de comunicación en la construcción social de la realidad. Los autores toman el concepto de autopoiesis de Maturana y Varela (El árbol del conocimiento. Bases biológicas del entendimiento humano. Madrid: Debate, 1984 y 1996). Con ello se refieren al “proceso recíproco 5/12