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La identidad cultural americana a finales del siglo XIX

Barrera López, Trinidad

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LA IDENTIDAD CULTURAL AMERICANA A FINALES DEL SIGLO XIX por TRINIDAD BARRERA LÓPEZ No parece haber duda de que desde el discurso crítico de la segunda mitad del siglo XVIII hasta nuestros días, la literatura hispanoamericana ha tenido como consigna la independencia literaria. Este esfuerzo fue tan tenaz que a pesar del estrecho eslabón con la literatura española, que no en balde estuvo dominando política y culturalmente durante tres siglos, una literatura autónoma frente al modelo peninsular pudo conseguirse con el Modernismo pues, como bien dice Angel Rama, «más que por tratarse de una invención insólita sin fuentes conocidas, por haberse emparentado con varias literaturas extranjeras occidentales en un grado no cumplido por las literaturas-madres». ' En esta originalidad de la literatura hispanoamericana está presente su movedizo y novelero afán internacionalista, pero también su peculiaridad cultural interna, fruto de una literatura híbrida desde sus comienzos que maduró sus múltiples instancias del mestizaje a lo largo de los siglos virreinales. América empezó como utopía, leyenda o mito, que no eran sino variantes de una idea que Europa había sedimentado durante años para esas tierras desconocidas e innominadas, «pero la otra noción de las nuevas colonias, la noción real, sólo pudo asumirse 1 Rama, Angel: Transculturación narrativa en América Latina, México, Siglo XXI, 1982, pág. 12. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 208  TRINIDAD BARRERA LÓPEZ a partir del desarrollo de sus propias fuerzas y vivencias, de su propia y peculiar historia ». 2 La independencia política viene a coincidir con el naufragio de los valores europeos: la época de la Santa Alianza (1812-1822), la destrucción del Imperio napoleónico o las inestables alianzas de los poderes. Así, en la Alocución a la poesía (1823) de Andrés Bello, que desde su prisma londinense capta perfectamente la situación, se advierte: esta región de luz y de miseria en donde tu ambiciosa rival Filosofía, que la virtud a cálculo somete, de los mortales te ha usurpado el culto; donde la coronada hidra amenaza traer de nuevo al pensamiento esclavo la antigua noche de barbarie y crimen. Ante esto, América, así lo postularía Bello, queda como el refugio de la libertad y la cultura, generadora 'y matriz de un mundo nuevo, territorio fértil y virgen, culturalmente. La alusión o llamada a la tierra, que Bello hace, adquiere un doble valor, el uno real, la vuelta a la agricultura; el otro metafórico, volver los ojos a ese campo literario pródigo y genuino. Así, la originalidad se encaminaría, con la ratificación romántica, a la representatividad de la región en la cual surgía la obra: medio físico, composición étnica heterogénea y diferente grado de desarrollo. Ya Simón Rodríguez advirtió que «crear o errar» eran las únicas salidas, pero lo que no pudo adivinar fue que su principio se convirtiera en misión patriótica para los románticos y que los asuntos nativos pasaran a ser el magma fundacional. De este modo se expresaba Ignacio Manuel Altamirano: «Si algo es rico en elementos para el literato, es este país, del mismo modo que lo es para el agricultor y para el iñdustrial». 3 Ese será nuestro objetivo, 2 Moreno Durán, Rafael Humberto: De la barbarie a la imaginación, Barcelona, Tusquets, 1976, pág. 103. 3 Altamirano, Ignacio Manuel: La literatura nacional, México, Porrúa, 1949, tomo I, pág. 10. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRÍCA  209 esbozar el concepto de americanismo que se desprende de algunos aspectos de unas cartas literarias que, si no separaron las aguas, sí al menos difundieron, con limitaciones inherentes y de forma oblicua, la representatividad de algunos intelectuales americanos del momento. El verdadero planteamiento del americanismo literario surge, como hemos dicho, como consecuencia de la independencia política. A los románticos les corresponderá enarbolar dicha bandera que se ajustaba perfectamente a una de las preocupaciones románticas por excelencia: la liberación intelectual y el nacionalismo literario herderiano. Los cauces del americanismo en esta época se ciñen únicamente a tres modalidades: paisajismo, indianismo e hispanismo, ejemplificados repetidas veces en diversas obras del siglo XIX, que aquí se centrarán en las obras y el pensamiento de tres escritores comentados por el crítico Juan Valera, nos referimos a Cumandá, Tabaré y Tradiciones peruanas de Juan León Mera, Zorrilla de San Martín y Ricardo Palma, respectivamente. Si los dos primeros son buenos ejemplos de las modalidades paisajista e indianista, medio físico y composición étnica distinta se dan la mano tanto en Cumandá como en Tabaré, obras que comparten la incidencia del paisaje propio 'y del indio en relación con el blanco; Palma, por su parte, a través de algunas «tradiciones », pone de relieve un hispanismo que se ancla en la colonia, como período temporal preferido, para dar el sentido histórico que se requiere en una tradición. Palma «ama la colonia como uno de los almácigos de nuestra nacionalidad », comenta Walter Peñaloza.' Indudablemente los tres reflejan diversas actitudes de un americanismo histórico-legendario, desprovisto del compromiso con el drama vivo de la realidad. Sobre estos autores, entre otros, escribiría Valera en sus Cartas americanas (1888- 1900). Aunque sus primeras impresiones datan de 1855, será a partir de 1888 cuando mire de forma sistemática hacia las letras hispanoamericanas. En sus Cartas se muestra se- 4 Peñaluza, Walter: Sij;nificado de Palma en la cultura peruana, en Orígenes del cuento hispanoamericano, México, Premia Editora, 1979, pág. 18. (14-11) UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 210  TRINIDAD BARRERA LÓPEZ guidor de las ideas de Feijoo en su Mapa intelectual y cotejo de naciones y Españoles americanos. Su intencionalidad está bien clara: reparar equívocos históricos, indagar el desenvolvimiento de las letras americanas y divulgar libros que le lleguen del otro lado del Atlántico, cuando los canales de comunicación eran escasos: «mi intención y propósito, que no era otro que el de dar a conocer, hasta donde alcanzasen mis fuerzas, las obras literarias de los hispanoamericanos entre sus hermanos los españoles».' Su finalidad se ajusta a un triple objetivo: «agradar, interesar y persuadir », como confiesa a don Luis Alonso. A él le expresa la dificultad de su tarea ante la falta de público lector, así como el desdén por lo español, frente a una creciente estimación de lo extranjero, principalmente de Francia. No debemos olvidar que estamos en los albores del Modernismo y que él goza de la primacía a la hora de apuntar el «galicismo rubendarista». Los propósitos del crítico se apoyan en una idea incuestionable desde su punto de vista: la unidad entre las letras españolas e hispanoamericanas: «España y las que fueron sus colonias de América [ ... ] deben conservar una superior unidad», 6 y precisamente para que esa unidad no se rompa escribe sus Cartas, para fortalecer los lazos de unión se convertirá en «uno de los predicadores y misioneros» de ese genio único que debe aunarlas. La base de la unidad es la lengua: «Yo afirmo, porque lo creo, que son ustedes españoles, porque son de nuestra raza, porque hablan nuestro idioma ». Sangre, lengua y cultura configuran dicha unidad, aunque dentro de ella llegue a admitir que: «Seguirán ustedes siendo europeos trasplantados, y sus repúblicas, con relación a los Estados de Europa, a modo de mugrones, lo 5 Valera, Juan: La poesía y la novela en Ecuador, en Nuevas Cartas ame - ricanas, Madrid. Libr. Fernando Fe, 1890, pág. 165 (Carta IV). Citaremos, por esta edición, las Cartas a Mera solamente. 6 Valera, Juan: Tabaré, en Nuevas Cartas americanas. Obras Completas, tomo III, Madrid, Aguilar, 1947, pág. 387. 7 Valera, Juan: La poesía y la novela..., op. cit., pág. 150 (Carta II). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRÍCA  211 cual no es de negar que cada uno de estos mugrones llegue a ser o ya sea vid más lozana, robusta y fructífera que la vieja cepa de que brotó)). 8 Su correspondencia, como le era habitual, se desliza hacia otras materias distintas a las literarias. Dos tendencias se descubren al hacer una lectura detenida de las mismas: una, la crítica literaria de intención esencialmente divulgativa y centrada, sobre todo, en los argumentos. Hoy día sus juicios críticos resultan poco relevantes 'a que son, por lo general, impresionistas, sin indagar ni aducir razones. Por ejemplo, cuando apunta, alegremente, que Palma «tiene el arte de animar las figuras y dejarlas grabadas en la imaginación del autor »; 9 lo cual no es óbice para que admitamos «el sentido histórico que subyace a las intenciones », como ha señalado Tierno Galván. Eso sí, no faltará nunca la relación de parentesco con algún autor español. Palma se asemejará a Estébanez Calderón en su casticismo —una de sus debilidades críticas —; o Zorrilla de San Martín a Bécquer en la forma poética, lo que responde también al acercamiento literario que guía sus intenciones. Otra, la defensa de la conquista eespañola y su paralelo menosprecio por las civilizaciones indias, fruto, como apunta Carlos Rama, de su «clara conciencia de la oportunidad histórica en que actúa y, que en cierto modo, legitima su esfuerzo crítico ». ' o A este último punto dedica la mayoría de sus páginas, y toma como eje de referencia las opiniones de Mera en su Ojeada (1868). Ya en su primera carta dice: «Sin declamación ni sentimentalismo, aun suponiendo al español de entonces, y sobre todo al aventurero que iba a América, vicioso, depravadísimo, ignorante y cruel, todavía queda el peor de estos españoles muy por bajo de los indios salvajes o semisalvajes, en vicios, crueldad e ignorancia». " 8 Ibídem, pág. 143 (Carta II). 9 Valera, Juan: Tradiciones peruanas, en Nuevas Cartas americanas. Obras Completas, op. cit., pág. 399. 10 Rama, Carlos: Historia de las relaciones culturales entre España y Amé -rica. Siglo XIX. México, F.C.E., 1982, pág. 315. 11 Valera, Juan: La poesía y la novela..., op. cit., pág. 138 (Carta I). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 212  TRINIDAD BARRERA LÓPEZ Su defensa de la conquista española corre pareja a su desconfianza del «soñado progreso y creciente civilización de los indios de América cuando llegaron por allí los españoles ». 12 La Carta II está dedicada in extenso a ese tema, su ideario se atiene a estos postulados: el estandarte de la civilización y la cultura estaría en Europa, las civilizaciones precolombinas no aportaron nada a la civilización que allí llevaron los españoles, porque aquéllas en sí significaron bien poco, y, por último, contrasta la decadencia de los indios en aquellos tiempos con la actitud del pueblo español al conservar la raza aborigen, a diferencia de la colonización anglosajona, para terminar afirmando que: «no se puede tolerar que afirmen Vds. que llevó España ahí la barbarie, que destruyó el saber indígena, y que (son palabras de Vd.) el célebre Colón mostró la manera de atravesar el Océano, mas no la de trasladar a esas regiones las simientes de la civilización y las producciones de las grandes inteligencias». 13 La Carta III gira en torno a estas dos tendencias: la conquista de nuevo, con ideas en apoyo de lo ya expresado; y la literatura. En el tratamiento de la primera cuestión encontramos poca novedad respecto a lo anterior, la gran labor española fue paralela a todas las cosas positivas que España llevó a América, desde la fauna 'y flora a lo más importante, la religión. Uno de los pocos puntos del tema sobre el que había acuerdo mutuo. En similares términos se expresará en la carta a Ricardo Palma, aunque pone buen . cuidado en advertir que: «Nada va contra usted, que describe la época colonial como fue, pero con amor, piedad e indulgencia filiales », 14 para recriminarle más tarde su animadversión a los jesuitas. El tema de la conquista y las civilizaciones aborígenes es motivo recurrente en las Cartas valerinas, quizás por la polémica que la cuestión en sí albergaba, ya que a propósito de la independencia, se habló de «guerra de reconquista en unos, Y guerra civil de emancipación, en otros ». Las palabras de Valera fueron calurosamente contestadas por Rafael Merchán, quien 12 Ibídem, pág. 141 (Carta II). 13 Ibídem, pág. 151 (Carta II). 14 Valera, Juan: Tradiciones peruanas, op. cit., pág 399. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRÍCA  213 en su «Carta al Sr. D. Juan Valera sobre asuntos americanos », argumentará una defensa de las civilizaciones precolombinas, con el apoyo de historiadores, eruditos, americanistas y críticos de todas las épocas, para terminar concluyendo: «la impresión que deja el estudio de los adelantos de los Aztecas, Incas y Chibchas, no es la de que fueran razas incapaces de elevarse por sí mismas a mayor grado de cultura, inertes para todo progreso, como las tribus africanas (...) yo sí admito la desigualdad de las razas, porque la veo en el mundo (...). Ni Livingstone, ni Stanley, ni Hartman, ni Serpa Pinto han desentrañado ideal alguno en el Continente oscuro; pero los Americanos sí los tenían, como lo prueban sus instituciones y sus obras, y su fe en un Dios desconocido, a semejanza del de los Atenienses; y toda raza que posee ideal elevado, aunque no sea el más elevado, está en vía de perfección». 's El segundo punto rebatido por Merchán es el de la conducta de los conquistadores, injustificable para el cubano. Frente a estos disentimientos, señala también la importancia que adquieren estas Cartas como mensajeras divulgadoras de cultura: «Uno de los grandes beneficios que está usted haciendo con ellas es que nos está dando a conocer unos a otros a los hispanoamericanos... Debido a sus Cartas, hasta la prensa extranjera más refractaria a nuestras cosas, empieza a sospechar que vivimos». 16 El autor de Pepita Jiménez, en su cuarta y última carta a Mera ya conoce el eco del libro de Merchán y zanja la cuestión al resumir en cuatro puntos sus ideas esenciales acerca de los españoles, la conquista y el expolio de las civilizaciones pasadas, de acuerdo con la línea que había mantenido siempre, porque, en definitiva, dice, el resultado arroja un saldo favorable: 15 Merchán, Rafael: Carta al Sr. D. Juan Valera sobre asuntos americanos, Bogotá, Imp. de la Luz, 1889, pág. 35. 16 Ibídem, pág. 63. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 214  TRINIDAD BARRERA LÓPEZ «que valía bien poco lo que nosotros destruimos en América en cambio de lo que en América fundamos, creamos e importamos». 17 Por todo ello no va descaminado el juicio de Pardo Bazán al ver en estas cartas, sobre todo, «una continua y noble vindicación de España en su papel histórico de descubridora, conquistadora y colonizadora de lo que se llamaron sus Indias ». Esta denodada defensa de la acción española en América será el fundamento ideológico de su pensamiento j, por ende, de su juicio sobre las letras de aquel continente. El segundo gran tema de las cartas valerinas es el literario. Aunque en la carta I a Mera empieza y concluye dedicando unos elogios a Cumandá, como la pieza del ecuatoriano más significativa, no es ese el propósito urgente de sus lineas, sino el tema a que aludimos anteriormente. Habrá, pues, que esperar a las cartas III y IV para que el crítico literario se descubra. La ponderación empleada es llamativa, su crítica es dulce y de finos modales, prefiere la defensa al ataque y su amable bondad al emitir sus opiniones se deja advertir cuando comenta las obras de estos autores. Si alguna vez señala defectos, como la inverosimilitud de la heroína Cumandá o de Tabaré, es siempre con un propósito constructivo y lo aderezará con la enumeración de varias cualidades, en un alto tono elogioso, al saludar la feliz combinación de naturalismo e idealismo en estas obras. Valera fue uno de los pioneros de la crítica sobre la literatura hispanoamericana. Puntualmente nos fue dando noticias de todo lo interesante que se publicaba allende el mar. Su papel resonador fue, a veces, buscado intencionadamente por aquellos escritores americanos que le enviaban sus obras, pidiéndole consejo u opinión, y estamos de acuerdo con Bermejo Marcos cuando asegura que «el mayor interés de don Juan al escribirlas estribaba no en hacer un mero juicio crítico, sino en el más generoso de acercar a los lectores y escritores de ambos lados del Atlántico ». 18 Sin embargo, todo lo que le oliera a independencia cultural le desasosegaba. Ahí su equilibrio ' se tambalea. 17 Valera, Juan: La poesía y la novela..., op. cit., pág. 167. 18 Bermejo Marcos, Manuel: D. Juan Valera, crítico literario, Madrid, Gredos, 1968, pág. 218. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS V JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRÍCA  215 En la carta a Luis Alonso sobre Tabaré, alude al americanismo: «Tabaré es muy americano, y yo quiero decir algo del americanismo en poesía ». 19 Y aquí empiezan las divergencias, de absurdo califica Valera el intento de estos escritores en dar un «sello especial 'y exclusivo que distinga una obra poética escrita en América. Este sello,o acude sin que lo busque o no acude. En esta ocasión ha acudido ». m A pesar de sus palabras, sabrá distinguir sus ingredientes diferenciadores: inspiración en la naturaleza americana; sentimientos, pasiones y formas de pensar autóctonas, que significan, en su caso, la combinación de lo español y lo indio; así como el calar en lo íntimo del sentir y discurrir del indio auténtico. Pero, por encima de estas notas, priva la exaltación de los españoles o los sentimientos de caridad cristiana, herencia de la antigua metrópoli. Esta sublimación de los valores de la madre patria le resultan de mayor significación que los rasgos americanistas. Tanto en Mera, como en Zorrilla o Palma, se valora lo mismo, la dependencia cultural con la antigua metrópoli. Lo que no quiso ver el crítico andaluz era que dicho españolismo no era lo único relevante de estas obras y/o autores porque, por encima de sus posturas conservadoras y tradicionalistas, tenían clara una idea que ignoró Valera: la conciencia de estar creando una «literatura americana». «Si hemos de tener una literatura — escribió Juan María Gutiérrez— hagamos que sea nacional; que represente nuestras costumbres y nuestra naturaleza, así como nuestros lagos y anchos ríos sólo reflejan en sus aguas las estrellas de nuestro hemisferio ». 21 «Sean ustedes más americanos, piensen. como americanos, sientan como americanos» fue la propuesta de Mera. Otra cosa muy distinta es que este americanismo tuviese un carácter pleno y original, pues el intento se diluye por las dificultades intrínsecas, la aparición de España en los entramados de estas obras no oculta la presencia de lo americano de forma premeditada, porque esa autonomía pretendida no es sólo frente a España, sino en sí mismo, el deseo de conquistar su propia expresión. (Algunos críticos, al señalar la índole postiza de estos productos literarios, 19 Valera, Juan: Tabaré, op. cit., pág. 390. 20 Ibídem, pág. 390. 21 Cit. por Carilla, Emilio: Hispanoamérica y su expresión literaria, Buenos Aires, Eudeba, 1969, pág. 55. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA