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Etnopolíticas del evangelismo gitano y esfera pública: transversalidad, poder y etnicidad.

Abstract

La economía de la identidad gitana está hoy parcialmente en manos de los sectores más activistas e influyentes de las iglesias evangélicas a través de su brazo social, la Federación de Asociaciones Culturales Cristianas de Andalucía (FACCA). Los supuestos religiosos y los espacios rituales se han vuelto, también, cuestión de etno-política. Nuestro trato científico de la religión la ha vuelto un problema de difícil manejo en el espacio público; de hecho muchos pensadores contemporáneos sostienen que en la esfera pública debemos entendernos con el único lenguaje de la razón secular, que el lenguaje religioso funciona únicamente fuera de este mundo secular e introduce premisas inaceptables excepto para los creyentes. El caso analizado aquí revela que (1) los procesos contemporáneos de etnogénesis como el que se muestra son en gran medida procesos ligados al desarrollo de políticas públicas; (2) que las administraciones han de dialogar con esos nuevos sujetos políticos, en nuestro caso líderes religiosos y pastores gitanos, si aspiran a que las políticas públicas alcancen a las comunidades gitanas; (3) que los regímenes secularistas deberían ser capaces de dar respuestas razonables a toda la diversidad interna de las sociedades modernas, incluyendo la pluralidad de concepciones religiosas que coexisten en la esfera pública y que, en casos como el analizado aquí, se intersectan con demandas de reconocimiento político para salvaguardar derechos culturales de las minorías étnicas y garantizarse el acceso a recursos. Como argumenta Taylor, el secularismo (o el laicismo) no debe ser un asunto que enfrente únicamente al Estado y Religión. A lo que de verdad se refiere es a la relación del Estado democrático con toda la diversidad. El principal objetivo del artículo ha sido exponer las conclusiones de la investigación realizada sobre las respuestas de los trabajadores del textil y confección de las comarcas citadas ante la incertidumbre. Más en concreto, el propósito era conocer a través del análisis de sus discursos de qué manera los trabajadores del textil-confección encaraban la falta de certeza. La respuesta mayoritaria ha sido el rechazo a todo posible cambio que genere duda y la defensa ante ella así como su minimización haciendo uso de los escasos instrumentos que la clase trabajadora tiene a su alcance: la privatización de sus intereses, la limitación de las expectativas de consumo y de vida, y el intento de sumergir toda su vida en una mínima rutina que les permita la planificación que la incertidumbre les sustrae.

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Etnopolíticas del evangelismo gitano y esfera pública: transversalidad, poder y etnicidad.

Author: Cantón Delgado, Manuela
Publisher: Universidad Complutense
Year: 2013
DOI: 10.5209/rev_POSO.2013.v50.n3.40757
Source: https://idus.us.es/bitstreams/bcc15b03-3b8f-46df-a404-c9f4786409fd/download
Polí ica y Sociedad ISSN: 1130-8001
2013, 50, Núm. 3: 1037-1063
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E nopolí icas del e angelismo gi ano y es e a
pública. T ans e salidad, pode , e nicidad1
Manuela CANTÓN
Uni e sidad de Se illa
[email p o ec ed]
Recibido: 28-11-2012
Acep ado: 28-05-2013
Resumen: La economía de la iden idad gi ana es á hoy pa cialmen e en manos de los sec o es más
ac i is as e in luyen es de las iglesias e angélicas a a és de su b azo social, la Fede ación de Asocia-
ciones Cul u ales C is ianas de Andalucía (FACCA). Los supues os eligiosos y los espacios i uales
se han uel o, ambién, cues ión de e nopolí ica. Nues o a o cien í ico de la eligión la ha uel o un
p oblema de di ícil manejo en el espacio público; de hecho muchos pensado es con empo áneos
sos ienen que en la es e a pública debemos en ende nos con el único lenguaje de la azón secula , que
el lenguaje eligioso unciona únicamen e ue a de es e mundo secula e in oduce p emisas inacep a-
bles excep o pa a los c eyen es. El caso analizado aquí e ela que (1) los p ocesos con empo áneos de
e nogénesis como el que se mues a son en g an medida p ocesos ligados al desa ollo de polí icas
públicas; (2) que las adminis aciones han de dialoga con esos nue os suje os polí icos, en nues o
caso líde es eligiosos y pas o es gi anos, si aspi an a que las polí icas públicas alcancen a las comuni-
dades gi anas; (3) que los egímenes secula is as debe ían se capaces de da espues as azonables a
oda la di e sidad in e na de las sociedades mode nas, incluyendo la plu alidad de concepciones
eligiosas que coexis en en la es e a pública y que, en casos como el analizado aquí, se in e sec an con
_____________
1 Es e ex o ecoge los p ime os esul ados del P oyec o ianual de In es igación Funda-
men al no o ien ada Re . CSO2010-17962, ap obado po el Minis e io de Ciencia e Inno a-
ción (Con oca o ia 2010) y del que soy in es igado a p incipal. Dicho P oyec o de I+D, que
lle a po í ulo La cons ucción polí ica del e angelismo gi ano: Iglesias, ede aciones y
nue os ac o es polí icos, cuen a con la pa icipación o mal de la D a. Te esa San Román
Espinosa, ca ed á ica de An opología Social de la Uni e sidad Au ónoma de Ba celona.
h p://dx.doi.o g/10.5209/ e _POSO.2013. 50.n3.40757
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demandas de econocimien o polí ico pa a sal agua da de echos cul u ales de las mino ías é nicas y
ga an iza se el acceso a ecu sos. Como a gumen a Taylo , el secula ismo (o el laicismo) no debe se
un asun o que en en e únicamen e al Es ado y Religión. A lo que de e dad se e ie e es a la elación
del Es ado democ á ico con oda la di e sidad.
El p incipal obje i o del a ículo ha sido expone las conclusiones de la in es igación ealizada sob e
las espues as de los abajado es del ex il y con ección de las coma cas ci adas an e la ince idumb e.
Más en conc e o, el p opósi o e a conoce a a és del análisis de sus discu sos de qué mane a los
abajado es del ex il-con ección enca aban la al a de ce eza. La espues a mayo i a ia ha sido el
echazo a odo posible cambio que gene e duda y la de ensa an e ella así como su minimización
haciendo uso de los escasos ins umen os que la clase abajado a iene a su alcance: la p i a ización
de sus in e eses, la limi ación de las expec a i as de consumo y de ida, y el in en o de sume gi oda
su ida en una mínima u ina que les pe mi a la plani icación que la ince idumb e les sus ae.
Palab as cla es: Secula ización, e nogénesis, e angelismo, e nicidad, gi anos
E hnopoli ics o he Gypsy E angelism and Public Sphe e. T ans e sali y,
Powe and E hnici y
Abs ac : The economy o Gipsy iden i y is sus ained a p esen by he mos ac i e and in luen ial
sec o s o he e angelical chu ches, ac ing h ough hei social a m: FACCA (Fede a ion o Anda-
lusian Cul u al Ch is ian Associa ions). Religious ideas and i ual spaces ha e become as well a ma e
o e hnopoli ics. Ou obsession wi h eligion has made i in o a p oblem di icul o handle; in ac ,
many hinke s hese days a e suppo ing he idea ha wi hin he public sphe e we should use exclu-
si ely he language o secula easoning, because eligious language only wo ks ou side ou secula
wo ld and i s use in oduces p emises which a e accep able only o he belie e s. The case we analyze
he e shows ha (1) con empo a y e hnogenesis p ocesses like his one, in wi ch we can ind poli ical
ac o s om he eligious leade ship, a e p ocesses linked o public policies; (2) public adminis a ions
mus dialogue wi h hese new poli ical subjec s, eligious leade s and e angelical minis e s, i hey
wan hese public policies o each gypsy popula ion; (3) secula ised go e nmen s should be able o
gi e easonable answe s o all o ms o di e si y in mode n socie y, including he plu ali y o eligious
concep ions wi hin he public sphe e. In ou case, hese eligious plu ali y in e aces wi h poli ical
ecogni ion, e hnic mino i ies cul u al igh s and hei access o public esou ces. As Taylo has no ed,
secula ism (and laicism) is no abou he con on a ion be ween S a e and Religion, bu abou he
esponse o he democ a ic s a e o all o ms o di e si y
Key wo ds: Unce ain y, s a egies, wel a e, ex ile and clo hing sec o
Re e encia no malizada
Can ón, M. (2013). “E nopolí icas del e angelismo gi ano y es e a pública. T ans e salidad, pode ,
e nicidad”. Polí ica y Sociedad, Vol.50 Núm. 3 1037-1063
Suma io: 1.Religión y es e a pública: apun es pa a un deba e. 2.Gi aneidad y e nónimos. 3.La
FACCA. Cues iones de ans e salidad y pode . 4.E angelismo gi ano, e nopolí ica y secula ización.
5.Más allá: cul u a, me cado y pa imonialización. Re e encias bibliog á icas.
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“La eligión es amenazado a, inspi ado a, consolado a, p o ocado a, una u ina
anquilizado a o una in i ación a juga se la ida. Es un modo de hace la paz y una
azón pa a hace la gue a (…) No es de ex aña que los deba es sob e la eligión en
la es e a pública gene en an a con usión” (Calhoun, 2011: 111).
1. Religión y es e a pública: apun es pa a un deba e.
En gene al los cien í icos sociales han mi ado la eligión como algo que iene poco
o nada que e con nues a ida in elec ual y polí ica o con nues a expe iencia
co idiana, como un ámbi o de la ida y la cul u a me amen e p i ado, i acional y
has a coac i o, mien as la es e a pública se con aponía como espacio abie o de
delibe ación acional y pací ica. Una de las más ecien es discusiones sob e el papel
de la eligión en la es e a pública, en la que con luyen a la ez la eo ía c í ica, el
p agma ismo ilosó ico, el pos es uc u alismo, la eo ía eminis a, la enomenolo-
gía, la he menéu ica o la iloso ía del lenguaje, ha econside ado el luga de la
eligión en los deba es sob e lo público, omando como pun o de pa ida la ob a
p ecu so a de Jü gen Habe mas His o ia y c í ica de la opinión pública (Mendie a y
Vanan we pen, 2011).
En es a ob a Habe mas pos ulaba que la es e a pública, su gida en el siglo XVIII,
cons i ui ía un espacio social, abie o y sin lími es de delibe aciones acionales
sob e el bien común de los ciudadanos, un ámbi o de a gumen ación c í ico- acional
dis in o del espacio del Es ado (que de en a el monopolio de la coe ción), la econo-
mía o la amilia. La eligión es aba ausen e en es a adiog a ía del nacimien o de la
es e a pública. Algunos au o es lo a ibuye on a los p ejuicios an i eligiosos de
Habe mas quien sos u o, en aquella con o e ida ob a, que la concepción eligiosa
de lo polí ico co espondía a un es adio ya supe ado de la e olución social y que lo
polí ico debía ep esen a la imagen de la sociedad como un odo. Censu ada como
e óg ada y desmen ida la idea según la sociedad puede se en endida en mane a
alguna como un odo compac o, de algún modo desman elada po sus excesos
eli is as y educ o es, es a p ime a concepción habe masiana ha dado paso, ya más
ecien emen e, al econocimien o unánime de que la mode nización no ha pues o in
a las eligiones. Habe mas admi e las c í icas y asien e, pe o insis e en que ello no
es óbice pa a deja de econoce las di e encias p imo diales en e e y conocimien-
o, de hecho aho a se hace más necesa io que nunca ei indica una pos u a pos se-
cula que econozca la i alidad de la eligión, de las uen es eligiosas de sen ido y
su ue za po encial pa a comba i las ue zas del capi alismo global, su condición de
aliada momen ánea o e en ual de la azón, pe o sólo a condición de aduci a un
“lenguaje uni e salmen e accesible” los con enidos é icos de las adiciones eligio-
sas como único modo de inco po a los a una pe spec i a ilosó ica pos me a ísica.
La azón: Las ideas eligiosas se exp esan en un lenguaje inaccesible pa a quienes
no pa icipan de esas adiciones conc e as (Habe mas, 2011: 24).
Es o ep esen a una mínima mues a del deba e que ecien emen e se ha p odu-
cido en e pensado es como Cha les Taylo , Co nel Wes , Judi h Bu le y el mismo
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Jü gen Habe mas, ecogido en el lib o de ensayos i ulado El pode de la eligión en
la es e a pública (2011). En es e deba e Taylo discu e la “ up u a epis émica” en e
azón secula y pensamien o eligioso pos ulada en úl imo ex emo po Habe mas,
a gumen ando que el papel neu al del Es ado secula ha de o ien a se a la di e si-
dad de pos u as an o eligiosas como no eligiosas, po lo que el pun o de is a de
la eligión no debe ía se conside ado como una excepción sino si uado al mismo
ni el que los pun os de is a no eligiosos del mundo. Puede que nues a obsesión
con la eligión la haya uel o un p oblema y, pese a se un p oblema an iejo como
la misma Ilus ación, muchos pensado es con empo áneos siguen apegados a la idea
de que en la es e a pública debemos en ende nos con el único lenguaje de la azón
secula . Pa a ellos el lenguaje eligioso es i acional, unciona únicamen e ue a de
es e mundo secula e in oduce p emisas inacep ables excep o pa a los c eyen es, lo
que conduce a una disyun i a pe e sa: Los supues os eligiosos son “mucho más
ágiles desde el pun o de is a epis émico; de hecho, no e con ence án a menos
que ya los admi as. Po an o la azón eligiosa o bien llega a las mismas conclusio-
nes que la secula , y en onces es supe lua, o bien llega a conclusiones con a ias, y
en onces es pelig osa” (Taylo , 2011: 53).
Taylo econoce que Habe mas acie a al de ende que el lenguaje o icial de las
democ acias plu alis as debe e i a cie as e e encias eligiosas, pe o la azón de
e i a las no es po que sean eligiosas, sino po que no son compa idas: “Po ejem-
plo, en el p eámbulo de una ley se ía an inacep able in oca una iloso ía a ea
como emi i a la au o idad de la Biblia” (Taylo , 2011:532). A la ez, Taylo discu-
e la up u a epis émica habe masiana en e azón secula y pensamien o eligioso, y
sos iene que los egímenes secula is as debe ían se capaces de da espues as
azonables a la c ecien e di e sidad in e na de las sociedades mode nas, a oda su
di e sidad in e na, incluyendo la plu alidad de concepciones eligiosas que coexis-
en en la es e a pública. Más allá, no hay azón alguna pa a sos ene que una iden i-
dad polí ica, que las me as que una sociedad se da, puedan se un des ilado único de
“la sola azón” o de algún pun o de is a independien e de la eligión, pu amen e
_____________
2 Calhoun, en el mismo deba e e in ocando a gumen os desa ollados po Richa d John
Neuhaus en su ob a The Naced Public Squa e de 1984, plan ea cómo en Es ados Unidos la
ida pública necesa iamen e implica una pa icipación p omo ida po la eligión y a eces
muy undamen ada en ella, po que la es e a pública democ á ica debe es a abie a a odos
los ciudadanos y en Es ados Unidos la eligión es muy impo an e pa a la mayo ía de ellos.
La negación de es a e idencia puede acaba en un e ec o pa adójico: El de cede g an pa e
del impulso democ á ico en la es e a pública a g upos como la en onces (se e ie e a la
época de Reagan en el gobie no de los Es ados Unidos) amosa Mayo ía Mo al del e e en-
do Je y Falwell: “El pelig o no es á en que la Mayo ía Mo al ue a un mo imien o conse -
ado . Es á en que quie e en a en la a ena polí ica haciendo a i maciones públicas basadas
en e dades p i adas (…) Las decisiones públicas se deben basa en a gumen os que engan
un ca ác e público” (Calhoun, 2011: 117).
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laico. La con usión, a juicio de Taylo , consis e en pensa el secula ismo (o el
laicismo) como un asun o que en en a únicamen e al Es ado y Religión, cuando a
lo que de e dad se e ie e es a la elación del Es ado democ á ico con la di e sidad.
No hay azón pa a conside a a la eligión como un caso apa e en e a los pun os
de is a no secula es o a eos3: “El Es ado (secula mode no, las democ acias plu a-
lis as) no puede se ni c is iano, ni musulmán, ni judío. Pe o po la misma azón,
ampoco debe se ma xis a, ni kan iano, ni u ili a is a” (Taylo , 2011: 40-54).
Pa a Co nel Wes , desde una posición que combina el c is ianismo p o é ico
a oame icano, el ma e ialismo his ó ico y el p agma ismo ilosó ico no eame i-
cano, “un con ol, secula puede se an a ogan e y coe ci i o como un con ol
eligioso”, po lo que a su juicio las eligiones han de se inco po adas al deba e
sob e la es e a pública y el secula ismo debe ía deja de dis aza posiciones dog-
má icas y au o i a ias que, a in de cuen as, sólo pe siguen some e a con ol la
es e a pública aniquilando su deso den esencial: “La cul u a de los mise ables del
mundo es p o undamen e eligiosa. Es a en solida idad con ellos equie e no sólo
un econocimien o de aquello a lo que se en en an, sino ambién un ap ecio po su
o ma de en en a se a su si uación” (Wes , 2011: 20).
El deba e es suge en e y sus ex ensiones pueden se múl iples, más de lo que po-
demos ecoge en es as páginas. La di e sidad eligiosa en alza ha pasado a ocupa
un luga cada ez más des acado en la agenda de los gobie nos eu opeos y algunos
han p opiciado la apa ición de ins i uciones especí icas, obse a o ios y undacio-
nes, des inadas a adiog a ia el cambian e mapa de la plu alidad eligiosa, dialoga
con las eligiones y ges iona su c ecien e di e si icación desde una pe spec i a
laica y espe uosa. El caso del que me ocupo en es e a ículo, que sis ema iza los
esul ados aún pa ciales de un P oyec o I+D que se inició en 2010 (y que inaliza a
inales de 2014) sob e la cons ucción e nopolí ica del e angelismo gi ano, pe o que
es con inuación de una in es igación pione a iniciada a inales de los años no en a
y que dio luga al lib o Gi anos pen ecos ales. Una mi ada an opológica a la
Iglesia Filadel ia en Andalucía (2004), es una mues a doblemen e in e esan e. Y lo
es po que combina a iables é nicas, polí icas, eligiosas, ilus a los puen es que
una mino ía é nica puede ende con la es e a pública desde el anclaje eligioso, y
des ela una incipien e economía de la iden idad en poblaciones de gi anos del su
de España.
_____________
3 “Las dos co ien es ilosó icas mundanas más ex endidas en nues o mundo con empo-
áneo, el u ili a ismo y el kan ismo, en sus di e en es e siones, ienen pun os en los que no
log an con ence a pe sonas hones as y de men e cla a. Si omamos los enunciados cla e de
nues a mo alidad polí ica ac ual, como los que a ibuyen de echos a los se es humanos po
el me o hecho de se lo, po ejemplo el de echo a la ida, no eo po qué el que seamos se es
que desean/dis u an/su en, o la pe cepción de que somos agen es acionales, hab ía de se
un undamen o más i me pa a es e de echo que es a hechos a imagen y semejanza de Dios”
(Taylo , 58)

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2. Gi aneidad y e nónimos
En los ex os académicos al uso y en los imagina ios his ó icamen e cons uidos, los
gi anos han sido desc i os de mane a un an o monó ona como un pueblo al ma gen
de las eligiones y de la polí ica. Es a simpli icación deno a que hemos enido
asumiendo una concepción e nocén ica y unila e al de la eligión y del pode , en
de imen o de un análisis c í ico de lo que el pode y la eligión ep esen an de
hecho pa a o os pueblos, en nues o caso los di e sos g upos omaníes en el siglo
XXI (Ma ushiako a y Popo , ci ados en Ca izo, 2011: 1). La con usión e mino-
lógica en el caso de los gi anos y los es ue zos po desc ibi su his o ia y su cul u a
es en sí una in i ación a ma iza la ele ancia que concedemos a los e nónimos.
I educ ibles en su di e sidad, apenas podemos llama gi anos a odos esos g upos
diseminados po Eu opa, Asia y Amé ica que ienen un o igen p esumiblemen e
común, pe o en e los que caben múl iples di iso ias esul an es de ayec o ias
his ó icas di e en es, o mas de mo ilidad, polí icas é nicas, iliaciones eligiosas o
lengua. En España la g an mayo ía se au odenominan gi anos, no omaníes, pe o
sólo en F ancia encon amos al menos es g upos bien di e enciados: Gi anos
españoles de F ancia, Roms y Manouches4
Pues bien, en España, La inoamé ica, Es ados Unidos, B asil y en casi oda Eu-
opa, es amos asis iendo a la apa ición de o ganizaciones de lide azgo gi ano con
ni eles muy di e sos de a iculación e nopolí ica que ebasan o se en e e an con la
o ganización adicional en pa ilinajes. Sean con esionales o no, muchas de es as
en idades ans e sales a los g upos de pa ien es buscan in encionalmen e p omo e
e ins umen aliza una cie a concepción de la gi aneidad, así como p ocu a ecu -
sos económicos y de ini demandas que los di e sos p ocesos his ó icos de diáspo a
y pe secución han enido negando a los omaníes. Aquí me ocupa é de analiza la
exp esión más ecien e de la e nopolí ica con esional gi ana en España: La Fede a-
ción de Asociaciones Cul u ales C is ianas de Andalucía (en adelan e, FACCA),
nacida en 2001 de la Iglesia Filadel ia, denominación e angélico-pen ecos al que
llega a España en los años sesen a del siglo XX p oceden e de F ancia. La FACCA
aglu ina ac ualmen e a unas 170 cong egaciones, iglesias o “cul os” e angélicos que,
en oda Andalucía, han ido undando asociaciones pa alelas en los úl imos diez años
y las han egis ado legalmen e5. Más a de lo e emos con de alle.
El mo imien o pen ecos al gi ano cons i uye un e dade o desa ío in e p e a i o
y nos expone a nume osas quieb as epis emológicas (Aga , 1992: 123), po que el
imagina io de la mayo ía social, pe o engo la imp esión de que una pa e de la
_____________
4 En F ancia sólo se llama gi anos a los gi anos españoles.
5 En o o luga hemos p opues o una ex ensa con ex ualización his ó ica y an opológica
del pen ecos alismo gi ano en Andalucía Occiden al, de eniéndonos en el análisis de los usos
sociales, polí icos, económicos, e apéu icos o simbólicos de las adhesiones locales a un
sis ema eligioso plenamen e globalizado (Can ón y o os, 2004).
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academia ambién, lo asocia de mane a mecánica al ana ismo eligioso, la aliena-
ción y el inmo ilismo polí ico, la pob eza es uc u al, el anal abe ismo y la d oga,
en suma al ejido social p opio de la ca a más ag ia de la ma ginación6. Y poco más.
T a a con eligiones sigue siendo pe u bado pa a quienes no han adqui ido su i-
cien e “oído pa a la eligión”. Es e ipo pa icula de azonamien os y de discu sos
que in ocan el acionalismo cien í ico cancelan la empa ía y la imaginación necesa-
ias pa a en ende el pode de la eligión, de las adiciones eligiosas y de su papel
en la c eación de nues a memo ia cul u al o de nues as u opías más p o anas
(Wes , 2011: 21). Dis in o debe ía se el caso de la an opología: lo que Wes de ine
como el u gen e “gi o p o é ico” que debe ían da los sociólogos es, pa a la e no-
g a ía, una condición inexcusable que pe mi e comp ende esa pa e a eces opaca
de la ida social, el mundo de las iliaciones y los imagina ios eligiosos, desde una
pe spec i a se ia, no complacien e y lib e de e nocen ismos.
La Fede ación de Asociaciones Cul u ales C is ianas de Andalucía es á di igida
y coo dinada po miemb os gi anos de las iglesias e angélicas andaluzas, las mis-
mas que en los años sesen a del siglo XX solici a on su egis o ins i ucional como
misiones gi anas7. Sin emba go la FACCA ha e i ado cuidadosamen e el é mino
gi ano en un ac ónimo que, de inclui el e nónimo, se ol e ía p obablemen e
demasiado educ o . Pa ecen juga ambiguamen e con algo que saben, pe o que
quienes nos ocupamos de la cul u a hemos a dado en e : El e nónimo nomb a y
econoce la di e encia, pe o ambién puede sepul a en ella a quienes designa.
Seguimos llamando gi anos a los gi anos, y yo misma u e que pensa bas an e
cuando uno de mis in o man es me explicó que si él e a en an e odo un gi ano yo
debía se an e odo de inida como paya, sin más, o que al ez p e e ía que me
llama an española, ambién sin más. Podía elegi , lo que supond ía que me de inie-
_____________
6 Si uado en la adición in e p e a i a y enomenológica, Aga p opone, siguiendo a
Giddens, que la e nog a ía es en su núcleo una “mediación de ma cos de signi icado”, de
mane a que su na u aleza depende á de la na u aleza de las adiciones que se pongan en
con ac o a lo la go del abajo de campo. En ese encuen o en e di e en es adiciones, la
e nog a ía debe ija su a ención en las di e encias que apa ecen, en el momen o en el que se
ompen las expec a i as del obse ado , es deci , cuando los supues os de cohe encia sal an
en pedazos. La di e encia, la up u a de expec a i as y la so p esa son indicios que de inen
lo que es in e esan e es udia . Lo que Aga ilus a es el ol cen al de la quieb a pa a pone
de elie e p oblemas que equie en a ención e nog á ica. Discu e en consecuencia la in es-
igación lineal obje i is a y de iende la na u aleza eme gen e del abajo e nog á ico (Aga ,
1992: 122 y ss).
7 Balague (Lé ida) y más a de el es o de Ca aluña , Cas illa y en los años sesen a An-
dalucía, azan la ca og a ía del e angelismo gi ano en España. Cuando cob a on auge
su icien e decidie on egis a se legalmen e como Mo imien o E angélico Gi ano Español
p ime o, como Misión Gi ana después (és e úl imo e a el nomb e del mo imien o en F ancia,
de donde p o enían los p ime os p edicado es). Pe o el Minis e io de Jus icia echazó es as
p opues as “po conside a que en España los gi anos e an españoles” (Jiménez, 1981: 91).
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an en adelan e según mi pe enencia y excluyendo odo lo demás. Pe o los e nóni-
mos no son u ilizados solamen e po sociólogos y an opólogos pa a delimi a
ag upaciones socioé nicas his ó icamen e cons uidas y más o menos es ables, lo
que conlle a una isión du a, dualis a y es uc u al de los g upos humanos, más
cómoda de a a y some e a análisis que lo que el lujo y la mezcla, condiciones
gene alizadas de la in e acción social, posibili an. También las p opias e nias los
usan con p opósi os que complican c ecien emen e las isiones esquemá icas de la
e nicidad.
Me p opongo, po an o, e e i me a gi anos sin in oca una iden idad gi ana a
p io i, po que en mi p opia e nog a ía he comp obado muchas eces cómo el campo
desmien e o se bu la de esas nociones du as que apun alan o sos ienen nues as
obse aciones. De o a mane a, “¿cómo abo da , analí icamen e, la iden idad,
cuando us da os piden a oces una enuncia a esa ca ego ía?” (Díaz de Rada, 2008:
193). Los e angélicos gi anos, i educ ibles en su di e sidad pese a odo, elabo an
dinámicamen e una concepción es a égica y si uada del juego en e las iliaciones
con esionales, las iden i icaciones socio-é nicas y de géne o, y el mismo diálogo
con las ins i uciones. Po ello, al habla de gi anos me e e i é a una ca ego ía
elacional socio-é nica que es ella misma cambian e y se cons uye en la di e sidad
in e na, en nues o caso, de los g upos omaníes. Las elecciones e minológicas son
ele an es po que dan cuen a de la dis ancia que media en e las ca ego ías acadé-
micas que nos damos, las iden idades que adjudicamos y la compleja expe iencia
co idiana de los suje os, hecha p incipalmen e de negociaciones y ínculos inespe-
ados. La an opología pa ece a eces mejo p og amada pa a econoce di e encias
y no mezclas. Designamos y obje i amos si iéndonos de e nónimos pa a ope a
con más comodidad, al modo como los obs e as p e ie en que las muje es den a luz
endidas aunque con ello desa íen la ley de la g a edad.
Sabemos que iden idad e iden i icación son nociones polisémicas y ambiguas.
Manejadas con lexibilidad posponen esa o ma no siemp e analizada de cede al
esencialismo, a la nos algia p imo dialis a, y nos dejan examina en su complejidad
y con oda su iqueza pa adójica las implicaciones o ganiza i as, iden i a ias, sim-
bólicas y polí icas de un campo dado de elaciones sociales. Desde Ba h es a
ad e encia se epi e pe o ambién se ol ida con acilidad, de modo que no es á de
más eco da que las iden idades han de se analizadas siguiendo las escalas de
p ác icas, como noción que impugna el uso ecuen emen e ei icado de los e nó-
nimos. Analiza la apelación al de echo a la iden idad po pa e de los ac o es
sociales pasa así a depende de los ela os de cohe encia y las escalas de p ác icas
que se o man en el juego social conc e o de las in e acciones co idianas, po lo que
la a ea consis i ía más bien en examina cómo se o man esos ela os, bajo qué
ci cuns ancias, y qué acciones desencadenan (Díaz de Rada, 2008). Desen ende se
de las o mas en las que las ealidades sociales que analizamos se in e sec an pa a-
dójicamen e unas con o as, o se agmen an y isu an has a ol e se casi i econo-
cibles, empeña nos en acionaliza esas pa adojas en luga de disce ni sus implica-
ciones desde el ela i ismo (Wagne , 2010: 10), nos lle a a p oduci in e esada y
ac í icamen e a nues os in e locu o es. Cuan o más complejos, mul isi uados,
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ans e sales y eme gen es son los escena ios que obse amos, más se nos apa ece
el cien í ico social como alguien cuya p ác ica pa ece consis i p incipalmen e en
delimi a , eco a y con ello p oduci sus escena ios de in es igación, lo que a la
pos e equi ale a p oduci sus luga es de es udio y a p oduci a sus mismos in e lo-
cu o es, al aisla los in e esadamen e de las condiciones p ác icas en las que consis e
i i co idianamen e en su mundo.
Pe o a la ez quienes nos hablan en el campo son ac o es ine i ablemen e p odu-
cidos po el in es igado en su p ác ica cien í ica, siemp e en alguna medida; y al
mismo iempo, son ambién ac o es que enca nan posiciones sociales his ó icamen-
e cons i uidas, así como socialmen e inse as en una densa ed de elaciones y
p ocesos. No son agen es indi iduales gobe nados po su p opia idiosinc asia. Vis a
así, la a ea de la e nog a ía consis e no sólo en la mediación de ma cos de signi i-
cados, como sos ienen Giddens o Aga , sino en un abajo analí ico si uado de las
condiciones sociales de p oducción an o de las p ác icas de los ac o es sociales
como del p opio suje o de la in es igación (Bou dieu, 2003: 155 y ss). E nicidad,
géne o, nacionalidad, pa en esco, ínculos biog á icos, iliaciones eligiosas, lazos
labo ales, clase social, ciudadanos que in e ac úan con las ins i uciones mode nas y
con sis emas expe os o o man e en ualmen e pa e de ellas… Todo ello con o ma
el en amado de la mul ipe enencia e ec i a ( ambién en e gi anos) a mundos de
sen ido, de expe iencias y de p ác icas co idianas que se in e sec an has a mos a se
sólo en los pliegues y los bo des de las iejas delimi aciones concep uales, en los
lími es de las ca ego ías con encionales y de las ine cias académicas al uso.
3. La FACCA. Cues iones de ans e salidad y pode .
En España los es udios sociológicos y an opológicos que examinan la elación
en e eligión (e angélica)/ polí icas (é nicas) en elación a la comunidad gi ana son
p ác icamen e inexis en es. Del mismo modo que es án aún po explo a las edes
ansnacionales del e angelismo gi ano, en Eu opa y Amé ica La ina po ejemplo, o
po a icula un es ado de la cues ión si iéndonos de las apo aciones más signi i-
ca i as de los oda ía escasos especialis as en la ma e ia (Te esa San Román, Palo-
ma Gay y Blasco, Ca men Méndez, Magdalena Sla ko a, Ruy Lle a Blanes, Tomas
H us ic, Da id Thu jell o Ta iana Podolinska, en e o os). Las azones son múl i-
ples y muy di e sas, pe o en pa e es a ci cuns ancia se debe a la escasez de abajos
que se ocupen de analiza la p esencia no sólo de iglesias p o es an es his ó icas de
no o io a aigo8, sino de o ganizaciones e angélicas de iliación pen ecos al, cuyo
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8 Las eligiones musulmana, judía y c is iano-e angélica (p o es an e) ue on econoci-
das en 1992 con el gobie no socialis a p esidido po Felipe González como eligiones de
no o io a aigo, cuya p esencia es muy an e io a la Ley O gánica de Libe ad Religiosa,
ap obada en 1980. En 2003 alcanza on el es a us de no o io a aigo los mo mones (Iglesia
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cong egación, no hay ecu sos pa a hace g an cosa: “El lema es hace de cada cul o
una asociación”, con la idea de “c ea una ed en cada p o incia, pe o el p oblema
es que a dan mucho en c ea se las delegaciones y no podemos unciona po que los
p oyec os han de pedi se en nomb e de una asociación y no de una iglesia, y las
asociaciones a su ez deben unciona en ed y pa a eso debe exis i una delegación
p o incial capaz de coo dina las… Y con ence a los pas o es no es ácil po que a
los gi anos, c eo que con azón, no les gus an los papeles” –en palab as de una de
las delegadas de FACCA.
Es p ecisamen e pa a pode dispone de ondos p opios con los que hace en e
a esos in o mes de sol encia que en 2008 se c ea FASIDIS, la emp esa de inse ción
que, a la ez que como al ecibe ayudas públicas y po ello mismo es á condenada
a se de ici a ia, busca sin emba go gene a bene icios a a és de con a aciones
con la emp esa p i ada. Pe o no es has a 2011 que FASIDIS se egis a como
Emp esa de Inse ción en el Regis o Me can il. El abajo consis e en localiza
abajado es con de e minado pe il, no necesa iamen e gi anos, pe o de hecho
p ime o los buscan en e los p opios gi anos de las iglesias “y luego ue a si es
p eciso (…) Y suelen se los p opios pas o es los que e buscan a la gen e en e
quienes asis en al cul o, donde hay mucha necesidad, y son dados de al a pa a la
cons ucción, la ayuda a domicilio o los se icios de limpieza”, explica una
abajado a social de FACCA en Se illa. El p oblema, aunque no es el único, es que
son los p opios in e esados quienes han de paga odos los cos es del al a en la
Segu idad Social a cambio de un sueldo mensual que no es á asegu ado. FASIDIS,
en uel a en una ma aña de complejidades bu oc á icas sin inal13 que empeo an con
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13 En e o as complejidades la que esul a de los equisi os que ha de cumpli oda em-
p esa de inse ción que o me pa e de la AEIA (Asociación de Emp esas de Inse ción de
Andalucía, que depende de la Fede ación de Asociaciones de Emp esas de Inse ción ,
FAEDEI, a ni el es a al). Las emp esas de inse ción no son legalizadas po la Jun a de
Andalucía has a inales de 2010 (mien as en Mad id o Ba celona lle an años uncionando).
En e esos equisi os igu a el de a ende a colec i os en iesgo de exclusión: en as mínimas,
muje es mal a adas, inmig an es, discapaci ados, pe o en ningún caso mino ías é nicas. Los
in o mes p ecep i os han de i acompañados con los da os que mues en la inclusión de los
u u os bene icia ios de los con a os en un colec i o ipi icado como en iesgo de exclusión.
Esos in o mes los pueden hace los ayun amien os, los asis en es sociales de la Jun a de
Andalucía y las Dipu aciones, lo que gene a a su múl iples p oblemas de coo dinación. Pe o
además esos in o mes exigen ab i un expedien e de iesgo de exclusión, cla o que muchas
eces los a ec ados simplemen e no han acudido a los Se icios Sociales, po lo que o -
malmen e no cons a que es én en si uación de iesgo. Además “aho a piden que los solici-
an es se adsc iban a un colec i o en iesgo, pe o a su ez los asis en es sociales enca gados
de los in o mes se niegan po que la ley de p o ección de da os les impide hace pública esa
in o mación”, explica a inales de 2011, isiblemen e desespe ado, el enca gado de ami a
las con a aciones de FASIDIS en la FACCA. Es a es una in o mación que debe se aún
con as ada, de hecho la e isión de es e ex o pa a su publicación en Polí ica y Sociedad
incluía las dudas de uno de los dic aminado es, que se p egun aba cómo es posible que los

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la quieb a cons an e de emp esas en plena c isis económica, no gene a aún la
con ianza necesa ia pa a ami a con a aciones, lo que pe mi i ía gene a ondos
p opios y da con ello oxígeno a la maquina ia de FACCA en su ges ión de las
ayudas de la adminis ación. En o o sen ido, pe o a endiendo al in e és de la
mayo ía de los gi anos de las iglesias, se c ea ambién en 2008 la Asociación de
Vendedo es Ambulan es C is ianos, AVAC. La de inen como “una ONG ede ada a
FACCA”, es deci , el amal de FACCA que ac úa en el sec o de la en a ambulan e,
que ocupa mayo i a iamen e a los e angélicos gi anos. No nace, como FASIDIS,
pa a gene a bene icios, sino con ines pu amen e sociales. La Fede ación dispone
ac ualmen e de e dade as e noemp esas de inse ción como FASIDIS o de o gani-
zaciones sin ánimo de luc o como AVAC, pe o ambién ges iona localmen e p o-
yec os que en gene al suponen un peaje polí ico y pasan po la capacidad pa a
sos ene hábiles negociaciones con los ep esen an es polí icos locales de uno u o o
pa ido, a los que se les p esen an los esul ados de la Fede ación en an sólo diez
años y, sob e odo, la eno me base social ep esen ada po la Iglesia Filadel ia.
Vo os, en úl imo ex emo. No ex aña en onces la p udencia de la ieja gua dia
e angélica, de hecho la pésima expe iencia de algunas asociaciones gi anas en lo
e e en e a la dependencia de las sub enciones y la ges ión de las ayudas públicas
ha lle ado a la Asamblea Nacional de la Iglesia Filadel ia a desma ca se es a égi-
camen e de FACCA en epe idas ocasiones a lo la go de la úl ima década.
Pe o la Fede ación no iene elección, ha de cuida o zosamen e las elaciones
con la Iglesia si quie e sob e i i . Como explica una de las abajado as sociales de
FACCA, “noso os dependemos de la capacidad de mo ilización que iene cada
pas o con su iglesia, po que si cuen as con su apoyo lo ienes odo ganado…. ¿Qué
haces si quie es da una cha la sob e hábi os de ida saludables po que la
adminis ación e la pide y ú la conside as azonable? Con ence al pas o de la
iglesia pa a que lle e a su gen e y, a se posible, que gene almen e lo es, que la
ac i idad se haga en el p opio local de la iglesia. Si no, no acude nadie. Su
capacidad de mo iliza a la gen e es nues o p incipal ac i o y las iglesias, cada
iglesia, es un local de FACCA”. Ello, a gumen an con sa is acción, les asegu a
p esencia en los luga es de in e ención, pues o que las iglesias son el p incipal
luga de encuen o en muchos ba ios gi anos, y di e encia a FACCA de cualquie
o a asociación o ede ación de asociaciones gi anas no con esionales o
con esionales (como la ca ólica Fundación Sec e a iado Gi ano). A su ez la
adminis ación sabe que FACCA es un ins umen o muy cómodo pa a abaja con
la comunidad gi ana, “somos mediado es en e la adminis ación y las iglesias
donde se concen a la mayo ía de la población gi ana (…) Sob e odo desde la
desapa ición de la FARA, cuando la adminis ación quedó un poco hué ana po que
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abajado es sociales de Se icios Sociales se nieguen a la pe ición de un in o me social pa a
de i ación a un ecu so especializado, como son las emp esas de inse ción, conside ando
que el i ula de la in o mación p o egida es el p opio usua io.
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FARA e a muy ue e en Andalucía” –explica una coo dinado a de los écnicos. De
ahí que en Lina es la ac i idad de FACCA sea an isible en elación a o os
municipios andaluces, po que la población con e sa en e los gi anos de Lina es
es á en e las más al as de oda Andalucía, ap oximadamen e la mi ad de la
población gi ana de Lina es y el 70% de las amilias gi anas del ba io de A ayanes,
donde se localiza la mayo Iglesia Filade ia de oda Andalucía, son e angélicas
(Solana, 2010).
La adminis ación ha e minado po des ina más ecu sos allí donde hay más
gi anos que pueden se con ac ados a a és de la Fede ación, la cual ges iona una
pa e c ecien e de las ayudas públicas que se des inan a la comunidad gi ana. Pe o
FACCA abaja exclusi amen e con gi anos de las iglesias, con las que cuen an pa a
di undi las campañas y ejecu a los p og amas, de modo que las ayudas públicas
an a pa a exclusi amen e a los gi anos e angélicos: “T abajamos con los gi anos
de las iglesias, los o os no acuden”, cie a ajan emen e el ema la coo dinado a.
Los p oyec os en salud, educación o empleo es án, cabe espe a , pa cialmen e al
se icio del idea io e angélico, dado que han de pasa el il o del juicio que me e-
cen a los pas o es que componen la Jun a y el de los pas o es de las iglesias en
cuyos espacios, en úl ima ins ancia, se lle a a cabo la o alidad de las ac i idades.
4. E angelismo gi ano, e nopolí ica y secula ización.
La mayo ía de las cong egaciones y asociaciones eligiosas gi anas a aiga on,
desde su apa ición en los años sesen a del pasado siglo, en el ejido social de los
espacios u banos ma ginales. Es deci , se hicie on isibles allí donde se concen a
la población gi ana de las ciudades, p ospe a on en e i o ios de exclusión u bana y
gue os donde las condiciones e an de pob eza e en ualmen e ex ema, desempleo y
ausencia de expec a i as sociales. Es as ba iadas ma ginales ue on el esul ado del
desa ollismo y de los consiguien es p ocesos de u banización que u ie on luga en
muchas ciudades españolas du an e la década de los años sesen a del siglo XX, y
ocasiona on los aslados o zosos y el ealojo de muchas amilias gi anas, lo que en
muchos luga es p o ocó concen ación, mezcla de linajes y desmemb ación del
en amado o ganiza i o gi ano (San Román, 1999). Pa alelamen e a es os p ocesos
de concen ación u bana, seg egación y desa aigo, las ag upaciones e angélicas,
las agencias eligiosas y los luga es de cul o, se ue on mul iplicando y p opiciando
con ello la paula ina apa ición de nue os espacios pa a el encuen o y el econoci-
mien o, impulsa on el abajo asis encial en con ex os de exclusión ex ema y
de inie on nue os ínculos de solida idad ans e sales que ebasaban los lími es
del pa en esco y gene aban es a egias insospechadas de mo ilización é nica. Con
ello se a o eció la apa ición de nue as es uc u as de au o idad, lide azgos y g u-
pos de pode . En suma, pusie on en ma cha la econs ucción simbólica y e ec i a
de un nue o noso os y la esigni icación misma de las que se enían asumiendo
como adiciones gi anas.
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El mo imien o eligioso, asocia i o y aho a polí ico de las o ganizaciones gi a-
nas e angélicas es á mo i ando un desplazamien o de las on e as é nicas (el
e angelismo es pan-gi ano) y una e e sión de las elaciones in e é nicas, un cam-
bio de eglas en el juego con las ins i uciones de la adminis ación del Es ado, una
elec u a de los mi os undado es14 y nue as na a i as de cohe encia. Todo lo cual
in i a a econside a las eo ías al uso sob e el uncionamien o de la e nicidad y
sugie en una ez más oma los p ocesos de e nogénesis como pun o de pa ida, no
de llegada; como p oceso que in en a al g upo y que, po an o, no es necesa ia-
men e p ecedido po la exis encia p e ia de una e nia au ocon enida. Imaginando de
nue o la comunidad desde la diáspo a, sin aspi aciones e i o iales que dispu a al
Es ado, eme ge la idea de una comunidad eligiosa ansnacional de he manos en la
e que ex iende los lazos de solida idad más allá de los g upos de pa ien es, al
iempo que enca an y ges ionan el es igma desde una e nicidad no con lic i a (Can-
ón y o os, 2004). De algún modo los gi anos de las iglesias, y en la úl ima década
su b azo social, FACCA, es án a ando de e e i una his o ia de des i ución,
pe secuciones y diáspo a que ha desembocado en ese habi a e i o ios u banos
ma ginales, pe o sin enuncia a su au onomía y mul iplicando los espacios al e na-
i os: iglesias, asociaciones, ede aciones. Buscan inancia se pa a pode sob e i i ,
pe o ambién pa a p oduci au ónomamen e un cambio que los ace que a la condi-
ción de ciudadanos de pleno de echo que pa icipan en el epa o de los ecu sos en
condiciones de igualdad. Al mismo iempo, p oclaman la con ianza en un modelo
de desa ollo que no los diluya en la mode nidad a día, pe o que ampoco los deje
a ás in ocando la coa ada de la di e encia cul u al, que les pe mi a p omo e sus
alo es y ans o ma los au ónomamen e, y es pa a ello que elabo an una e nopolí-
ica especí ica.
A la ez sus cong egaciones y asociaciones c is ianas, en ápido c ecimien o,
desa ían la ya ieja esis de la secula ización según la cual las eligiones y el comu-
ni a ismo eligioso encalla ían en las sociedades pos indus iales y a domode nas,
no o a cosa mues a la insis encia de los sociólogos en el e o no de lo eligioso y
la uel a con ue za de es e p oblema a los deba es públicos en Eu opa. Es un hecho
que en los úl imos años se ha ex endido de nue o el in e és po la ele ancia pública
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14 Uno de los aspec os más in e esan es del análisis desa ollado en o o luga , han sido
los juegos con la adición que hablan de gi anos en diáspo a como el pueblo judío, la
Biblia misma como Tie a P ome ida an e la ausencia de aspi aciones e i o iales y la
ausencia de un Es ado. Pe o ambién con los iejos consensos, de modo que desde las
iglesias se ha p edicado el echazo hacia algunas p ác icas de ca ác e socio- amilia y
económico que ellos mismos e mina on po asocia con su cul u a, pe o que según el nue o
código mo al son ya inadmisibles, como el ecu so a la iolencia pa a esol e o ensas, la
disposición a econside a la subo dinación de las muje es (en es e caso se mezcla con un
cla o opo unismo polí ico) o el echazo al obo y al engaño como es a egias de supe i-
encia.
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de la eligión, lo que ha aído una cada ez más ex ensa mues a de p opues as que
in i an a econside a nues as ca ego ías de in es igación y análisis. Mien as an o
el e angelismo pan-gi ano abande a nue as expe iencias o ganiza i as que a iculan
las dimensiones global y local, cons i uyendo sigilosamen e edes ansnacionales
de gi anos, comunidades ansnacionales de pa ien es y de c eyen es. Los luga es de
lo eligioso se e elan una ez más como luga es sociales, polí icos, simbólicos,
e apéu icos e iden i a ios, así como luga es pa a el in e cambio económico.
La ex ao dina ia ensión c ea i a y su na u aleza cambian e son un an ído o
con a ese educcionismo que consis e en explica las con e siones eligiosas en e
gi anos po el desgas e de las es uc u as adicionales o po su e icacia en el com-
ba e a los es agos del consumo y á ico de d ogas15. Han dado la uel a a las iejas
p o ecías según las cuales el e angelismo impedi ía a los gi anos alcanza o mas
e icien es de consenso o desencadena ía di isiones in e nas capaces de cancela
cualquie a isbo de espues a polí ica uni a ia an e las si uaciones de seg egación,
acismo y xeno obia (Can ón y o os, 2004: 325-333). Obse ándolos a ellos, aun-
que desde luego no sólo a ellos, hab ía que ma iza las p e isiones según las cuales
uno de los e ec os de la secula ización consis i ía en el epliegue laicis a de lo
eligioso a la es e a p i ada e incluso ín ima, po que sal a a la is a la a iculación
explíci a y compleja de las ep esen aciones y p ác icas eligiosas con o as es e as
de la ida social, económica, polí ica; de las ep esen aciones del cue po al diálogo
con las adminis aciones, del asociacionismo a la e nopolí ica y has a a la e noem-
p esa.
5. Más allá: cul u a, me cado y pa imonialización.
Aho a que la p ác ica an opológica a desmin iendo una a una sus ca ego ías-
e iche en la in es igación de la cul u a, la e nicidad o la eligión, cuando la an o-
pología ecela del alo heu ís ico, la pe inencia epis emológica y las implicaciones
polí icas de la noción de cul u a, aho a que ya se ha abie o paso la con icción
según la cual la ida social no puede se cap ada pa iendo de la exis encia, con a
oda e idencia, de conjun os cul u ales y é nicos homogéneos, es ables y p o is os
de una lógica in e na que a menudo se sob ees ima mien as se desa ienden los
lujos de la in e acción en e las mino ías y las sociedades nacionales, o en e ellas y
el me cado económico y simbólico ansnacional, es jus o aho a que los g upos
é nicos ena bolan la cul u a en endida al modo de la ieja an opología an e io
_____________
15 Hay oda una ayec o ia bien conocida desde la en ada en los ba ios gi anos de las
d ogas in a enosas en los años ochen a del siglo XX, has a las p ác icas ac uales de poli-
consumo.
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incluso a Ba h16, como epe o io o denado de cos umb es ances ales obje i ables
(lengua, i uales de boda, ge on oc acia, diáspo a), como ma cado es de di e encia,
diac í icos pa a el econocimien o que exhiben como emblemas pa imonializados y
es anda es de la di e encia cul u al. Y les a ibuyen –como an es hicie a la misma
an opología- unos lími es p ecisos capaces de con ene una iden idad p imo dial.
Obje i ando la cul u a, lo que ha colocado a muchos a un paso de ol e la me can-
cía, pasos que o os ya han dado (Coma o , 2011).
Pos ula que eso ocu e jus o en es os momen os po que la globalización cul u al
y el neolibe alismo económico han p o ocado la necesidad de e o za los ínculos
y los sen imien os é nicos puede se an imp uden e como explica el ( also) e-
su gimien o de las eligiones apelando a la c isis de los alo es y la sed de espi i ua-
lidad en un mundo desag egado, indi idualis a y olcado al consumo. Si se ei in-
dica pa a de e minados ines y desde den o la cul u a así en endida, en un momen-
o en el que la an opología discu e la noción, cuando se cues ionan las
co espondencias mecánicas en e luga y cul u a pa a asigna a esa ieja elación
el ca ác e si uado, en cons ucción y cambian e, a que obligan los desplazamien os,
in e secciones y en ec uzamien os de sen ido con empo áneos, cuando las ciencias
sociales han hecho su gi nociones como ansnacionalismo, des e i o ialización o
deslocalización pa a da cuen a de la ans o mación adical que la a domode nidad
ha impues o a las elaciones sociales, a la cen alidad y el a aigo de una cul u a a
un e i o io, jus o cuando nos pe ca amos de que el “luga ” ya no se ía el sus a o
mo ológico en el que eposan las cul u as sino el en ec uzamien o y la ans e sa-
lidad en la que con luyen di e en es lineas de ue za en el con ex o de una si uación
de e minada (O iz, 1996: 17)17, si se ei indica jus amen e aho a es po que la
_____________
16 F ed ick Ba h dis inguió, a ines de los años sesen a, cul u a y g upo é nico. Desde
que omó cue po es a dis inción y se in odujo, po pa e del mismo au o , una nue a de ini-
ción de on e a é nica, la noción p imo dialis a de cul u a ha enido expe imen ando un
se io desgas e. Pa a Ba h las iden idades g upales e an pe sis en es aun expe imen ando
p o undos cambios in e nos, lo cual se explica po que la con inuidad de los g upos en
é minos de iden idad é nica no se undamen a en el con enido cul u al como algo dado sino
en la cons an e ein ención de las delimi aciones in e g upales. Ba h p opuso así una
de inición de on e a é nica de ca ác e ope acional y de g upo é nico desde c i e ios
o ganizacionales, al iempo que pos ulaba la iden idad como un enómeno con as i o y
dinámico. Las cul u as cons i uyen en idades abie as y sólo se cons uyen en la in e acción
(Ba h, 1976).
17 O iz habla de si uación en un sen ido enomenológico. No obs an e ehúsa compa i
con el cons uc i ismo y, más especí icamen e, con la e nome odología de Ga inkel la idea
de que las elaciones sociales de i an únicamen e de las si uaciones, de la in e acción
conc e a en e indi iduos, sin conside a la de inición obje i a que de la si uación hacen las
ue zas sociales como po ado as de legi imidades desiguales y cons i u i as del ma co
den o del cual ac úan los indi iduos (O iz, 1996: 17).

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in ención es o a, aunque la ma e ia p ima con la que se p esen a la iden idad como
ma ca sea la de an es.
Los usos de la cul u a po los ac o es sociales se han ac ualizado como lo han
hecho las ca og a ías, lógicas y es a egias de las edes y o ganizaciones eligiosas.
No pueden en ende se es os cambios al ma gen de la lógica mode nizado a que ha
i ado de las demás ans o maciones. Los gi anos e angélicos lo hacen sin menos-
cabo de que esos epe o ios cul u ales ances ales esca ados pa a isibiliza se
como cul u a di e enciada en en en con adicción con los ideales de la mode nidad
que se de ienden en los p oyec os conc e os que p esen an los écnicos de la
FACCA pa a comba i el absen ismo escola , p e eni las d ogodependencias,
di undi la necesidad de la acunación y la educación, de ende la inse ción en el
abajo, el aho o o el de echo al consumo, c ea empleo pa a los jó enes o de ende
(muchas eces e ó icamen e) la igualdad de géne os. Como conjugan la indepen-
dencia que FACCA p oclama an e las adminis aciones del Es ado, en idades y
o ganismos de los que ob ienen ayudas y el hecho, como hemos explicado an e-
io men e, de la obediencia debida a un consejo di ec i o o mado exclusi amen e
po pas o es e angélicos en ac i o. Saben que las ayudas dependen de la mo iliza-
ción de sabe es cuya supe i encia ya no depende sólo de la o alidad, ol iéndose
de es e modo cues ión de e nopolí ica y de pa imonialización de la cul u a y del
pasado. La llegada del e angelio es p esen ada como la ase de ini i a en la e olu-
ción del pueblo gi ano, la que les edimi á no sólo de los pecados sino ambién de
su misma his o ia. Al mismo iempo los p oyec os en salud, educación o empleo
es án pa cialmen e al se icio del idea io e angélico, aunque sólo sea po que han de
se ap obados po los pas o es que componen la Jun a y el de los pas o es de las
iglesias en las que, en úl ima ins ancia, se lle an a cabo la o alidad de las ac i ida-
des.
Hay que p egun a se has a qué pun o deben se e isadas las isiones clásicas de
la di e encia cul u al y la e nicidad cuando la e nopolí ica pasa po la pa imoniali-
zación de la cul u a y su con e sión en me cancía (Coma o , 2011); cuando se
ecopila y se usa in encionalmen e la cul u a po sus p opios p o agonis as en un
p oyec o é nico que gene a ecu sos y que es lide ado po éli es que an ganando
p o agonismo en la selección de quiénes se bene ician o no de los ecu sos públicos
que sólo ellos ges ionan. Éli es que inalmen e se deben a sus unciones, an o más
en la medida en la que se bu oc a izan las o ganizaciones que di igen y cuaja su
papel como in e locu o es con las adminis aciones del Es ado, lo que los acaba
dis anciando de las comunidades a las que ep esen an y de la ida co idiana, al
pun o de llama les a de ende un p og ama mode nizado que no siemp e encuen e
ecos den o y que pueda, desde luego, gene a dis ancia, nue as di isiones y de-
sigualdades. Ese con ac o con el co idiano de sus ep esen ados es á oda ía asegu-
ado en FACCA po que es una ins i ución muy jo en, po que la p opia ede ación
depende en e amen e de la negociación de cada ac i idad con los pas o es locales,
uno a uno, y de los mismos espacios de las iglesias pa a su ejecución. Si el con ol
de los ecu sos y su ges ión cada ez más concen ada en pocas manos puede acaba
en la ac u a socio-é nica se e á en el momen o en el que una mayo ía de las
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iglesias haya ap obado la c eación de asociaciones pa alelas con un p esiden e que
dependa ya no del pas o , sino de la Fede ación. Es deci , cuando los líde es polí i-
cos de las iglesias hayan ganado au onomía con espec o a los líde es eligiosos en
las dis in as delegaciones e i o iales de la Fede ación. Quiénes se bene icia án de
odo ello es á po e se… “Es á po e se si la e noemp esa aumen a á e ec i amen-
e la p ospe idad, el bienes a gene al de quienes la con emplan como una panacea,
o si, en cambio, e mina á po exace ba o ein en a iejas o mas de ex acción y
desigualdad” (Coma o , 2011: 218).
Es cie o que, no sólo los gi anos de nues o a ículo sino ambién –po ejemplo-
un buen núme o de poblaciones indígenas ame icanas, se si en de esa ieja noción
de cul u a que la an opología a dejando a ás o mi a con ecelo. No nos cabe
ala ma nos po la exace bación es a égica de esa gi aneidad eno ada en manos de
los nue os ges o es de la e nopolí ica gi ana. Los gi anos con e idos al e angelis-
mo exhiben llegado el caso y sin disimulos su condición de gi anos y, de hecho, no
al an las exposiciones como aquella inaugu ada jun o con la iglesia de Ma chena,
o ganizadas po ellos mismos y en las que se mues a e ilus a la his o ia del pueblo
gi ano al y como es con ada en los lib os, iejas o os, ca oma os, pa ia cas,
escena ios en los que se ennoblece a un pueblo pa a mos a que no es sólo ése que
se hacina en los poblados chabolis as o en las u bes deg adadas del desa ollismo;
ela os en los que se ec ea in encionalmen e una iden idad his ó ica, el ma i io de
las leyes con a los gi anos, la pe secución y los campos de ex e minio, el a aigo
i enunciable de las cos umb es, el desp ecio a un pueblo “que in en ó la acampada
y el eciclaje” (como explicaba un pas o gi ano de Se illa) y emp endió muy
ecien emen e el camino de la mode nización, enca nado pa a ellos en la FACCA.
Y se ec ea una unidad a odas luces iluso ia, pe o polí icamen e e ec i a. Es un
hecho que los gi anos e angélicos no dejan de econoce se como gi anos y es esa
condición la que imp egna sus ela os de cohe encia, mien as que la con e sión al
e angelismo ha sido mos ada en la li e a u a an opológica sob e el ema como
ga an ía de dese ni icación en e muchas e nias ame icanas.
Pe o esa exal ación de la gi aneidad les ale en e dad de poco. Con a iamen e
al ap o echamien o simbólico pa a el consumo cul u al que b indan, po ejemplo,
los indios amazónicos (Cala ia, 2007), no hay in e és po los gi anos y su cul u a en
el imagina io de la mayo ía social, ni desde luego a aen a los u is as (ni casi a los
in es igado es sociales), más bien hab ía que des aca la excelen e salud de la que
gozan los ancios es e eo ipos es igma izan es con a ellos. Los gi anos siguen
inc us ados en ese ma gen, mi ados de eojo en las salas de u gencias de los hospi-
ales, en los juzgados y en los cen os come ciales, con ecelo cuando no con
abie a hos ilidad -y quién sabe si al ez po ello siguen siendo en g an medida
a í ices de sus p opios cambios. Es án lejos de e qué endimien os pod ía supo-
ne les la me can ilización de su au en icidad. Sus símbolos cul u ales son mi ados
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con indi e encia y a eces con indisimulado desp ecio18, lo único que los edimía y
ensalzaba en el imagina io de la mayo ía social e a su idealizado ínculo con el
lamenco y los e angélicos han llegado pa a enega de él, po que es án con enci-
dos de que el lamenco no es cosa de Dios, sino una ampa que pe enece al mundo.
Los Coma o cie an su e lexión sob e la ans o mación me can ilis a de la
cul u a en me cancía negándose a encomia el inc emen o de pode que supone es e
p oceso que, en el caso a ado en es as páginas, es oda ía emb iona io. Negándose
ambién a acep a la na u alización de la iden idad cul u al que conlle a o la o ensi-
a que la e nicidad-emp esa “plan ea con a o os epis emes”, así como denuncian-
do el de e io o paula ino de an iguos ideales de mo ilización y poli ización; al
mismo iempo econocen que algo debe ene la ans o mación me can ilis a de la
cul u a cuando an o a ae, y que de esa a acción depende a in de cuen as el impul-
so que ae eno adas o mas de au o ealización, nue os sen imien os, de echos.
Los cos os y las con adicciones consis en en que es os p ocesos enca nan a la ez
an o la insu gencia como las nue as o mas de desigualdad o una p o undización
en las ya exis en es, omen an al iempo que inhiben, alien an y a la ez aniquilan.
Nos en en an a un nue o “nexo con ain ui i o en e la emp esa y la e nogénesis”
(Coma o , 2011: 216). Algunos de esos cos os es án insc i os en la hegemonía en
alza del égimen global de p opiedad in elec ual o en la endencia a educi la
cul u a a algo que se posee y que, po an o, puede con e i se en obje o de un
copy igh na u al. En el caso analizado no se ha llegado aún, y es al amen e imp o-
bable que se llegue algún día, a es os ex emos que John y Jean Coma o es iman, a
in de cuen as, indeseables. Pe o, como los mismos au o es econocen, odos es os
_____________
18 Héc o I. Muskus na a las di icul ades pa a encon a quienes quisie an a en u a se
con él en un abajo sob e gi anos en Jalisco. Cuen a, al comienzo de un abajo de in es i-
gación inédi o que el au o amablemen e me cedió, que los inicios de su abajo de campo en
la comunidad gi ana de la colonia Ma iano O e o, en la pe i e ia su de la ciudad de Guada-
laja a (Jalisco, México), ue on muy di íciles: “¿I a la comunidad gi ana? ¡Ni pensa lo! –
comen a on a ios allegados al inicio de la in es igación (…) en algún luga de las a ue as
de Jalisco nos deja ían sin opa y po medio de b uje ías (…) e mina íamos dando el dine o,
encan ados po su hechizo”. El abajo, in e esan e en an o la bibliog a ía sob e gi anos
e angélicos en México es inexis en e, explica cómo los gi anos son pe cibidos como suje os
“dedicados a asun os eso é icos, a oba a la gen e y a ende cosas en mal es ado”, po lo
que an e an os p ejuicios los p opios in es igado es decidie on oma medidas: “Nos
es imos con la opa más ieja y desgas ada que hubie a en nues os clóse s, dejamos c ece
nues a ba ba, no nos peinamos, dejamos en nues as bille e as sólo el dine o necesa io pa a
una bo ella de agua y el bole o de un camión”. También se de iene en los cambios p oduci-
dos as la con e sión al e angelismo, desde el abandono de p ác icas es igma izan es como
“lee la mano, que es oba al he mano” has a la ea i mación é nica que he cons a ado yo
misma en e los pen ecos ales gi anos andaluces, y que con as a con el echazo a la e nici-
dad indígena en e au óc onos ame indios con e idos: “No po que cambies de eligión”, le
explica a Muskus un pas o gi ano de Guadalaja a, “dejas de se gi ano” (Muskus, 2008: 4-
22).
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p ocesos di ie en eno memen e en la elocidad con la que se au oelabo an, en
cuan o al papel desempeñado po las ex e nalidades o en cuan o al pun o en el que
el p oceso se llega a consuma , po que no siemp e la di e encia se elabo a has a
ans o ma se en una economía de la iden idad plena en el mismo g ado. Y es un
p oceso muy suscep ible a la in e ención del Es ado que, po elección o po nece-
sidad, acaba egulando la e nicidad-emp esa, la iden idad como pe sona ju ídica o la
ans o mación de la cul u a en me cancía. Y en medio de odo ese emolino ope a
la p agmá ica de la ida co idiana, las e nopolí icas del día a día. En e an o se
hacen dolo osamen e pa en es o os aspec os inapelables, como que “en muchas
egiones del mundo pob es has a la desespe ación, la endeblez de o os modos de
p oduci ing esos ha dejado como único medio iable de supe i encia la en a de
p oduc os cul u ales y los simulac os de indi idualidad e nicizada” (Coma o ,
2011: 215-217).
En pa e es os p o undos p ocesos de ans o mación cul u al y los que a ec an a
la economía de la iden idad gi ana es án, hoy, en manos de los sec o es más ac i is-
as e in luyen es de las iglesias e angélicas a a és de su b azo social, la FACCA.
Los supues os eligiosos y los espacios i uales se han uel o ambién cues ión de
e nopolí ica y el sos én de demandas al ez decisi as pa a el u u o inmedia o de
los gi anos, al menos de los que op a on po o ganiza se en las iglesias, asocia se y
ede a se, que no son odos pe o son cada ez más. Decíamos al comienzo de es as
páginas que nues a obsesión con la eligión la había uel o un p oblema de di ícil
manejo; de hecho muchos pensado es con empo áneos siguen con encidos de que
en la es e a pública debemos en ende nos con el único lenguaje de la azón secula ,
de que el lenguaje eligioso unciona únicamen e ue a de es e mundo secula e
in oduce p emisas inacep ables excep o pa a los c eyen es. Pe o es e géne o de
con icciones y aquella disyun i a pe e sa (la eligión llega a lo ob io po caminos
equi ocados o es con a ia al in e és común de mane a pelig osa), no debe ela nos
la ealidad de lo que quienes, ag upados desde hace más de medio siglo en o no un
conjun o de supues os eligiosos y o mas o ganiza i as compa idas, es án aho a
demandando de las polí icas públicas. O nega lo que e elan casos como el anali-
zado aquí: P ime o, que los p ocesos con empo áneos de e nogénesis, y el mo i-
mien o e angélico gi ano jun o con la FACCA, que enca nan bien una dinámica de
es as ca ac e ís icas en la que eme gen suje os polí icos di e enciados, son en g an
medida p ocesos ligados al desa ollo de polí icas públicas. Segundo, que las admi-
nis aciones han de ap ende a dialoga con esos nue os suje os polí icos, líde es
eligiosos y pas o es gi anos, si aspi an a que sus in e eses alcancen a las comuni-
dades gi anas. Y lo es án haciendo. Te ce o: Los egímenes secula is as debe ían se
capaces de da espues as azonables a oda la di e sidad in e na de las sociedades
mode nas, incluyendo la plu alidad de concepciones eligiosas que coexis en en la
es e a pública y que, en casos como el analizado aquí, se in e sec an con demandas
de econocimien o polí ico pa a a a de sal agua da de echos cul u ales de las
mino ías é nicas y ga an iza se el acceso a ecu sos. Po que segu amen e el secula-
ismo (o el laicismo) no debe ía se , como a gumen a Cha les Taylo , un asun o que