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Razones y recelos de un reconocimiento patrimonial: los paisajes del olivar andaluz

Andreu-Lara, Carmen; Ojeda-Rivera, Juan F.; Infante-Amate Juan

Abstract

El 27 de enero de 2017, la UNESCO ha incluido al paisaje del olivar andaluz en una lista tentativa de futuros patrimonios mundiales, lo que presenta oficialmente en el mundo estos paisajes y exige mantener sus valores patrimoniales. Aquí se ofrece una lectura científica e interdisciplinar de las claves geográficas, históricas y estéticas que justifican tal consideración y también se presenta la problemática ambiental y social que está suponiendo para aquellos seculares paisajes la adopción de insumos y manejos insostenibles del olivo para adaptar sus producciones a un exigente mercado.

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Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79 ISSN: 0212-9426 eISSN: 2605-3322 Cómo citar este trabajo: Ojeda-Rivera, J. F., Andreu-Lara, C., & Infante-Amate, J. (2018). Razones y recelos de un reconocimiento patrimonial: los paisajes del olivar andaluz. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29. http://dx.doi.org/10.21138/bage.2471 Razones y recelos de un reconocimiento patrimonial: los paisajes del olivar andaluz Reasons and misgivings of a heritage recognition: the olive grove landscapes of Andalusia Juan Francisco Ojeda-Rivera [email protected] Departamento de Geografía, Historia y Filosofía Universidad Pablo Olavide (España) Carmen Andreu-Lara [email protected] Departamento de Pintura Universidad de Sevilla (España) Juan Infante-Amate [email protected] Departamento de Geografía, Historia y Filosofía Universidad Pablo Olavide (España) Resumen El 27 de enero de 2017, la UNESCO ha incluido al paisaje del olivar andaluz en una lista tentativa de futuros patrimonios mundiales, lo que presenta oficialmente en el mundo estos paisajes y exige mantener sus valores patrimoniales. Aquí se ofrece una lectura científica e interdisciplinar de las claves geográficas, históricas y estéticas que justifican tal consideración y también se presenta la problemática ambiental y social que está suponiendo para aquellos seculares paisajes la adopción de insumos y manejos insostenibles del olivo para adaptar sus producciones a un exigente mercado. Recepción: 02.08.2017 Aceptación: 24.10.2017 Publicación: 15.12.2018 Este trabajo se publica bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional. Palabras clave: Geografía; historia; pintura; ecología; paisaje; olivar. Abstract Last 27th of January 2017, UNESCO included The Olive Grove Landscapes of Andalusia in a preliminary list of candidates to become part of World Heritage list, which would mean a global recognition of this landscape and its a call for maintaining their heritage values. The goal of this paper is to analyze, through a scientific and transdisciplinary approach, the arguments for and against such recognition. We thus explore the geographic, historic, cultural, and aesthetic reasons that would justify the inclusion of this landscape in the World Heritage list. Moreover, we aim to assess and discus the environmental and social challenges faced by olive agro-ecosystems as a result of recent industrial management and global demands. Key words: Geography; history; painting; ecology; landscape; olive. 1 Introducción El olivar es el cultivo mediterráneo por excelencia. Sus requerimientos vegetativos se adaptan a las especiales condiciones agroclimáticas de la mediterraneidad, de manera que, además de extenderse por las tierras que bordean al Mare Nostrum, también está presente en las otras regiones mediterráneas del planeta (California, Chile, Suráfrica o Australia). Pero no sólo estamos ante un vegetal de una singular adaptación espacial, sino sobre todo ante una cultura y un cultivo de larga y fecunda tradición histórica, que hunde sus raíces en los primeros procesos de domesticación agraria y que ha tenido un papel central en la ecología, la economía, la historia y la belleza del Mediterráneo y sus paisajes. Y dentro de tal ambiente, ocupa un lugar primero en Andalucía, donde destaca por extensión y por una importancia milenaria como fuente de riqueza y sustento de las primeras civilizaciones asentadas en la península ibérica. El olivar, en consecuencia, representa un paisaje de valor universal y excepcional por su geografía, su historia, su etnología y su estética. Tales perspectivas son nuestras referencias para reivindicar este cultivo como patrimonio de la humanidad, intentando –con este texto– ordenar elementos y argumentos que –desde un diálogo interdisciplinar– evidencien tal valoración patrimonial, evitando tópicos escasamente fundamentados sobre su origen, su función, su expansión, su morfología, sus paisajes o su importancia. Nuestro texto presentará el proceso histórico de expansión del olivar en Andalucía y reconstruirá su distribución geográfica desde 1750. Ello nos permitirá conocer sus principales áreas de expansión en estas latitudes durante los últimos dos siglos y medio e ir descubriendo las claves geohistóricas del olivar andaluz y sus diferentes morfologías, relacionándolas con sus cambiantes manejos y sistemas de explotación, cuyos hitos vendrán marcados por transformaciones tecnológicas o por los Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 2 distintos papeles económicos, sociales y culturales que se le han ido otorgando a lo largo de la historia y en las distintas comarcas de la región. Todo ello culminará en una lectura directa, hermenéutica y transdisciplinar de paisajes del olivar existentes hoy en Andalucía, mostrando no sólo las formas objetivas presentes en distintas áreas del territorio, sino también sus percepciones y las emociones que suscitan. En definitiva, nuestro objetivo es apuntalar –desde una mirada compartida e interdisciplinar– las bases espaciales, territoriales y paisajísticas del olivar andaluz, poniendo en evidencia sus caracteres excepcionales de adaptación ecológica, su papel histórico fundamental en la economía y la sociedad regional y su importancia secular como paisaje fundante de Andalucía, que merecerá ser incluido en la definitiva lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.1 Pero el conocimiento riguroso de tales valoraciones nos exige adoptar también una cierta cautela ante tal honor: En las tres últimas décadas del siglo XX, principalmente, el olivar ha mostrado un proceso de transición productiva hacia manejos industriales para quedar inserto en dinámicas mercantiles a escala global que ponen en cuestión algunos de los valores singulares de este cultivo milenario e incluso su propia sostenibilidad.2 Aun teniendo en cuenta que el paisaje es una realidad dinámica que no debe fosilizarse, entendemos que muchos de los olivares que hoy pueblan nuestros campos responden a un modelo que ha roto demasiados hilos con aquel olivar cuyos valores y dinamismo iremos descubriendo como economía y símbolo del Mediterráneo. Son muy serios los problemas ambientales (erosión, contaminación de suelo y agua, pérdida de biodiversidad…) y socioeconómicos (temporalidad del trabajo, migración estacional, pérdida de rentabilidad…) que hoy está produciendo el olivar en Andalucía y que serán presentados al final de este texto, donde mostraremos una mirada crítica a la propia sublimación de los paisajes de olivar que, paradójicamente, pretendemos apoyar. 2 Claves geohistóricas del olivar El cultivo del olivo ha estado presente en todas las civilizaciones mediterráneas. Su aparición data 5 milenios fruto de la domesticación de su variedad silvestre, el acebuche, y desde entonces ha jugado un papel fundamental en su economía y su cultura (Loumou & Giourga, 2003) Aunque sabemos de su formidable importancia ya en el mundo antiguo, no ha sido hasta tiempos contemporáneos cuando su ocupación ha alcanzado los niveles masivos que hoy caracterizan muchas zonas olivareras del Mediterráneo. Solo hasta hace poco más de 100 años es posible documentar cuantitativamente su importancia global. En la primera década del siglo XX, solo tres 1 Propuesta oficializada el 27 de enero de 2017 según se recoge en la web de la UNESCO. Más detalles en http://whc.unesco.org/en/tentativelists/6169/ 2 Aunque es cierto que algunos problemas se evidenciaros ya a finales del siglo XIX y a mediados del XX (e.g. Vanwalleghem et al., 2011; Infante-Amate, 2014; Lima Cueto et al., 2017). Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 3 países (España, Italia y Grecia) concentraban más del 80% de la producción de aceite de oliva. En la actualidad, ese porcentaje ha bajado sensiblemente por el crecimiento productivo en otras zonas del norte de África así como en “otros mediterráneos climáticos” como California, Chile-Argentina o Australia (Figura 1a). Figura 1. El olivar español en el sistema olivarero mundial Figura 1a. Producciones mundiales de aceite de oliva (media 2011/15) Figura 1b. Distribución del olivar en España por municipios en 2009 Fuente: 1a) FAOSTAT (2018); y 1b) INE (2009) y Molinero et al. (2013) Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 4 Entre los principales países productores sabemos que Italia fue el mayor suministrador a nivel mundial –conectado con las demandas de la Revolución Industrial inglesa– hasta finales del XIX, cuando debido a la crisis agraria finisecular España se convirtió en principal productor. Si bien es cierto que la crisis también afectó a España, su sector oleícola se reestructuró iniciando una senda de crecimiento que se aceleró en las tres primeras décadas del siglo XX. La crisis italiana perduró. En España, tras el apagón del sector en los años de la Guerra y el primer franquismo, la superficie y la producción siguieron creciendo hasta copar una cuarta parte de la superficie de olivar global y hasta un 40 % de la producción (Zambrana, 1987). Tabla 1. Evolución de las superficies de olivar en regiones españolas Miles de hectáreas % del país % del mundo 1858 1888 1930 1960 2015 1858 2015 2015 Andalucía Castilla-LM Extremadura 411 114 40 643 108 60 952 249 151 1.212 330 229 1.561 371 265 47,9 13,3 4,7 61,8 14,7 10,5 15,2 3,6 2,6 Zona Sur 565 811 1353 1771 2197 65,9 87,0 21,4 Cataluña Valencia Baleares Murcia 112 69 33 3 140 75 27 26 191 140 22 36 213 132 17 30 116 91 8 19 13,1 8,0 3,9 0,3 4,6 3,6 0,3 0,8 1,1 0,9 0,1 0,2 Zona Levante 217 268 389 392 234 25,3 9,3 2,3 Resto de España 76 135 281 286 95 8,8 3,8 0,9 España 858 1139 1882 2316 2526 100,0 100,0 24,6 Fuente: para 1858, Zambrana (1987); para 1888, Junta Consultiva Agronómica (1891); y para el resto de años se han tomado los anuarios del Ministerio de Agricultura. El porcentaje del mundo se ha estimado en base a FAOSTAT (2018) El crecimiento del olivar en España se ha explicado por varios factores en distintas fases históricas. A lo largo del siglo XIX creció como cultivo campesino capaz se suministrar una amplia gama de productos como la leña, las hojas, el orujo, etc. que sustituían los productos de los deforestados montes. A finales del XIX, más competitivo que el italiano, fue ocupando los crecientes mercados internacionales igual que ocurrió tras la reapertura económica española después de varias décadas de políticas autárquicas que ahogaron la expansión exterior del sector (Infante-Amate, 2014). A nivel geográfico el olivar español se ha ido concentrando en el sur, principalmente en Andalucía (Figura 1b). Aunque su presencia fue generalizada en la zona mediterránea del país (sur y levante), desde el siglo XIX las provincias levantinas fueron perdiendo superficie de olivar para concentrarse en la parte meridional donde hoy se encuentra el gran mar de olivos español. Así (Tabla 1) Baleares, pierde olivares ya desde el siglo XIX, Valencia, desde 1930 y Cataluña, especialmente, en la segunda mitad del siglo XX. En 1858, la zona mediterránea levantina concentraba más de un Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 5 25 % de la superficie de olivar del país y hoy no alcanza el 10 %. En definitiva, el aumento del olivar español se explica por el gran avance del cultivo en Andalucía que, en el último siglo y medio ha sumado el 70 % de las nuevas plantaciones en una tendencia de crecimiento continuado, lo que, de entrada, retrata un primer cambio en los paisajes agrarios de la región: presencia cada vez más dominante del olivar. Si a mediados del siglo XVIII la superficie era de unas 225 mil hectáreas, en 1888 había superado las 643 mil y en la actualidad alcanza el millón y medio. La Figura 2 representa las proporciones de superficie olivarera en Andalucía –a escala municipal– respecto de la superficie total de cada municipio en cuatro hitos históricos escogidos (1750, 1880, 1960 y 2010) y representativos porque marcan otras tantas etapas significativas en la expansión del olivar andaluz. Figura 2. Ámbitos de la región andaluza y evolución de la expansión del olivar en sus municipios Fuente: Infante-Amate et al. (2016) Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 6 En 1750 el olivar se abría paso en una sociedad preindustrial y con un marco institucional preliberal que condicionaba su expansión. La superficie de olivar era todavía muy limitada y se concentraba principalmente en la campiña sur de las provincias de Sevilla y Córdoba, lo que parece explicarse porque en aquellos territorios centrales de la región se cruzaban los principales corredores comerciales que conectaban los puertos marítimos con los pasos hacia interior del país. Hasta mediados del siglo XIX, el olivar mantuvo una senda expansiva relativamente análoga en las provincias del interior de la región: Sevilla, Córdoba y Jaén concentraban en 1858 casi el 90 % del olivar andaluz. En 1880, el segundo mapa de la Figura 3 revela que el corredor olivarero existente en 1750 mantenía la misma trayectoria con la única variación de que la concentración de olivos en la Campiña cordobesa (núcleo central de la región) se había hecho mucho más prominente, hasta convertirla en el epicentro oleícola andaluz. En las primeras décadas del siglo XX, Córdoba y Jaén (centro y noreste) aceleraron su crecimiento de manera notable. Hacia 1960 era raro encontrar un municipio en la provincia de Jaén (que alberga desde entonces la mayor concentración olivarera) con menos de una tercera parte de su superficie cubierta por olivos. Este proceso se aceleró en las últimas décadas del siglo XX. En los municipios olivareros del corazón de Andalucía el cultivo creció hasta levantar la mayor concentración arbórea cultivada de Europa y probablemente del mundo. En los últimos años asistimos al que parece ser un nuevo proceso de expansión del olivar en zonas de campiña caracterizado por manejos hiperintensivos. En resumen, aunque de importancia milenaria –las evidencias del comercio con la Bética son inexcusables– la masiva presencia del olivar constituye un fenómeno relativamente contemporáneo, ya que su gran expansión en España data del siglo XIX, porque en los contextos preindustriales, la recurrente limitación de establecer fluidas redes de transporte y de disociar las actividades de producción y consumo limitó ampliamente el desarrollo de monocultivos (Sieferle, 2001). Desde inicios del siglo XX, el cultivo estuvo presente en todo el país, aunque fue declinando del Levante peninsular y creciendo en el sur, hasta convertirse hoy en el proverbial “mar de olivos”, ocupante de las antiguas olas del mar Mioceno en las campiñas altas de Andalucía (Figura 3). Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 7 Figura 3. El “mar de olivos andaluz” Fuente: Carmen Andreu, Mar de Olivos. Temple de huevo sobre papel, 15 x 40 cm. (2011) 3 Dinámica de manejos y sistemas de explotación del olivar andaluz En la perspectiva de largo plazo, con la que aquí se trabaja, es posible establecer también una trayectoria de los grandes cambios que en Andalucía –y al socaire de las transformaciones técnicas y funcionales y de los distintos discursos sobre el olivar– se han ido produciendo en los sucesivos manejos de este árbol cultivado, conducentes a distintos sistemas de explotación del mismo. 3.1 Olivares primitivos: desde dispersos entre matorrales y cultivos hasta adehesados A mediados del siglo XVIII, Andalucía tenía una de las densidades de población más bajas de España (20 hab/km2), lo que, unido a las restricciones institucionales que frenaban el proceso de colonización agrícola, explicaba que más de la mitad del territorio estuviera todavía dedicado a pasto y monte. Además, la mayor parte de la superficie era ocupada por cereales y labrada con rotaciones muy extensivas. El olivar del Antiguo Régimen, poco capitalizado y con un marcado carácter multifuncional aparecía como un aprovechamiento más próximo a manejos agroforestales, como la dehesa o el montado, que al actual cultivo intensivo y ordenado en hileras. En otros trabajos –que estudian los contratos de arrendamiento de olivar en la región, entre 1740 y 1850– se ha documentado la morfología de los sistemas olivareros de explotación. Así, en los olivares de sierras y comarcas no campiñesas, que –como se ha visto en la Figura 2– eran los territorios menos propicios a la extensión del cultivo, los olivos aparecían dispersos a lo largo del territorio sin formar filas ordenadas y, en algunos casos, asociados a otros cultivos. De hecho, las fuentes catastrales de 1750 señalan más de un centenar de municipios en los que se apunta que hay olivos en el término, pero en los que no se catastra ninguna finca de olivar. Árboles dispersos, salpicando los paisajes de sierras y Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 8 comarcas marginales, integrados en los ruedos y territorios agrícolas cercanos a las poblaciones o combinados con aprovechamientos ganaderos (Figura 4). Figura 4. Olivar disperso de montaña Fuente: Carmen Andreu, Subida a la Maroma. Temple de huevo sobre papel, 23 x 31 cm. (2011) En las áreas campiñesas, donde el olivar tenía mayor presencia, era más común encontrar fincas de olivar ordenadas en hileras, cuyo principal aprovechamiento era la producción de aceituna. Sin embargo, también en estos lugares, una parte muy importante de los olivares aparecían como dispersos en el territorio, en fincas de cereal, huertas de regadío y superficies forestales y de pasto (descritos en los catastros como de mala calidad o poco productivos). Se caracterizan como fincas de olivar con muy pocos pies por hectáreas (entre 40 y 50), en las que se combina la producción de aceituna con el aprovechamiento de su cubierta vegetal como pasto. Aunque resulta difícil cuantificar la dimensión de este modelo o sistema de aprovechamiento, parece claro que hasta bien entrado el siglo XIX el olivar más recurrente era un cultivo multifuncional, donde las extracciones de leña podían ser más importantes que la apropiación del fruto, crecía sin orden entre otros tipos de aprovechamientos, los animales pastaban en él, quedando inserto en los cercanos campos del ruedo entre huertas y vides (Infante-Amate, 2014). En el municipio de Baena, paradigma de la Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 9 4.1.2 Acebuchales pioneros entre las herrizas y a veces monumentales a) Componentes principales Acebuches arbustivos o arbóreos, que soportan adaptaciones a situaciones limitantes y se convierten en signos de vida vegetal allí donde no abunda, o de naturaleza silvestre, allí donde está muy domesticada –herrizas entre las tierras cultivadas de las campiñas altas–. También acebuches que han ido adquiriendo potencia arbórea y son hitos identificadores o monumentos naturales de lugares concretos (Figura 9). Figura 9. Acebuches aislados en herrizas de las campiñas altas y acebuche abanderado por el viento Fuente: Carmen Andreu. Enigmas en el paisaje. Temple de huevo sobre papel. 23 x 15 cm. (2012) Tinta sobre papel (2017) b) Atributos Capacidad de adaptación y belleza arbórea. Enigmas de silvestre libertad entre los ordenados cultivos. Monumentalidad, simbolizaciones populares y reconocimientos institucionales. c) Núcleo de sentido El acebuche es un arbusto ancestral y muy mediterráneo, cuyos ejemplares andaluces más hermosos se encuentran al sur del sur. Allí, cerca de África, aparece un rico mosaico de confluencias de redes de vida y de cultura. La influencia árida del cercano Sahara se atempera con el soplo de los vientos oceánicos de poniente, cuyas humedades se concentran en las sierras del Retín, la Plata y el Aljibe. Allí, en las margas y conglomerados de una atormentada geomorfología de flych, encuentra el acebuche suelos propicios que generan ejemplares muy bellos, cuyos troncos sostienen copas de ramas muy flexibles que tienden a orientarse o abanderarse en la dirección de los vientos dominantes… Por el estrecho pasan los barcos de fenicios y griegos, cuyos Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 16 conocimientos han ido convirtiendo el acebuche en un cultivo para el aceite que comenzará a lubricar las rutas comerciales y culinaria (Delgado Bujalance, 2011, p. 7). 4.1.3 Dehesas de acebuche a) Componentes principales Acebuches arbóreos ahuecados y conformando dehesas, en las que se mezclan con pastos y con matorrales diversos (Figura 10). Figura 10. Dehesas de acebuche Fuente: C. Andreu. Temple de huevo sobre papel. 15 x 23 cm. (c.u.) (2012) b) Atributos Bosque abierto mediterráneo, perennifolio colorista y sonoro. Sotobosque muy variopinto y presencia ostensible de vida animal silvestre (conejos, jabalíes, perdices, tórtolas, cigüeñas…) y doméstica (vacunos, caprinos, ovinos y equinos). A veces, escenarios festivos y/o sagrados. c) Núcleos de sentido Acebuchal adehesado. “El acebuchal, adehesado e instalado en colinas que ceden generosas el agua a charcas y lagunas cercanas, acoge no sólo a vacunos sino también a cigüeñas, garcillas, garzas y patos… y se hermana con el lentisco para dar cobijo al conejo o con el palmito para ofrecer en sus proximidades el alegre correteo de la perdiz roja española” (Andreu, 2012).3 4.2 Olivares tradicionales progresivamente ordenados 4.2.1 Olivar sin marquilla, procedente de injerto en acebuche a) Componentes principales Mezcla de olivos salteados y alineados en piedemontes, terrazas y caserías serranas (Figura 11). 3 Comentarios de C. Andreu a sus pinturas. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 17 Figura 11. Olivos salteados y adehesados en una ladera y en una casería serrana Fuente: Carmen Andreu. Temples de huevo sobre papel. 15 x 23 cm. y 30 x 30 cm (2016) b) Atributos Calificados por los intérpretes americanos de sus primeras fotos aéreas (1956) como bosques abiertos o ahuecados: sabanas o dehesas (González Bernáldez, 1992). Escasas productividades. c) Núcleo de sentido Todavía en medio de los ordenados olivares de hoy, sobresalen a veces restos de olivos viejos de casta distinta, lechines, manzanillos, injertos algunos en acebuches por las cercanías de montes y cañadas, rebajados otros, hijos de mala madre, sin orden en su conjunto, tan libres, altivos y desgreñado, tan pródigos y llenos de poesía, bailadores eternos en el campo, de un verde jugoso, con cuerpo y sombra de árboles con acogimiento a su pie para caminantes, con menos aceitunas y más leyenda que estas diligentes filas de hojiblancos que no se acaban y a quienes no detienen más que las peñas en la herrizas y los limos de los ríos donde llegan a correr. Eran aquellos olivos de molino de viga, con largos husillos de ciprés o nogal, manejados por poco más que maestro y cagarranche que duraban lo que Dios quería, porque no eran tiempos de prisa, como acomoda a los olivos que maldito el caso que hacen del tiempo (Muñoz Rojas, 2006, pp. 167–168). 4.2.2 Olivar campesino tradicional a) Componentes principales Acebuches, olivos sueltos y olivar es de los ruedos (Figura 12), que ocupan parcelas pequeñas y multifuncionales en las que se mezclan con viñedos, frutales y sembradíos o enfilados como setos protectores de vientos en minúsculas propiedades. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 18 Figura 12. Acebuches y olivos en ruedos Fuente: C. Andreu, Ruedo de Estepa. Temple de huevo sobre papel 13 x 24 cm (2011) b) Atributos El olivo multifuncional como despensa que garantiza aceite, aceitunas, ramón, leña, varetas para encañe y cestería, caza, y cobertura vegetal para el huerto... como cultura, ligado a la vida y la gastronomía cotidiana. El olivo que protege del poder desecante del viento a los pequeños huertos sabiamente ubicados por los agricultores. c) Núcleo de sentido Olivos en los ruedos. “Es la cercanía, la vecindad, la que explica la mezcla domesticada y promiscua de los ruedos mediterráneos, en los que portal-enramada-pozo-parra-alberca-huerta-olivofrutal-viña constituyen un todo, que suma herencias y testamentos y sabe tanto de riñas y disputas como de juergas y disfrutes. Estos paisajes híbridos y armoniosos de muchos ruedos, por los que siempre se pasa con prisas, merecen un tiempo más lento que permita admirarlos y disfrutar con ellos” (Ojeda, 2002, p. 11). 4.2.3 Olivar de sierra, colonizador de laderas y de altiplanos limitantes a) Componentes principales Olivos trepando afanosos por laderas y ocupando baldíos y antiguos comunales con blancos caseríos dispersos y ocasionales (Figura 13). Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 19 Figura 13. Parcelas de olivar en sierra y olivares trepando por laderas de calizas devónicas Fuente: Carmen Andreu, Temples de huevo sobre papel. 15 x 40 cm. y 40 x 40 cm. (2016) b) Atributos Mar de olivos que baja desde la sierra o escala flotantes colinas, humo, signos de ciclos de vida y de liturgia campesina. c) Núcleo de sentido Idilio mediterráneo. Amanece como un océano de aire y cristal transparente, vemos como la inversión térmica de estas primeras horas de la mañana genera distintos planos y refracciones sobre aquellas transparencias, La sensación es íntima y polisensorial. El vacío se va llenando de plenitud: Hasta el fondo hileras de olivos que convergen en el horizonte sobre suelos rojizos y en los primeros planos olivos sobre cuyas ramas cuelgan hojas como párpados a las que un sueño pesado, casi insoportable, hace caer sobre el aire y, vencidas por el propio peso del sueño, se mecen lentamente. Sus pestañas rayan el aire. Emerge la belleza como ejemplo del bien platónico, que la mezcla y vincula con bondad y armonía. Pero en el olivar también hay vida que amanece: Brilla la lumbre de las candelas; huele a ramón quemado; se oyen voces, afanes y trabajos buscando una buena cosecha; mucho trabajo que delata el humo. Al fondo, el sonido de un tractor ¡cuidado con la modernidad, indolente y metonímica! (Delgado Bujalance, en Cazorla, 11 de marzo de 2011, a las 07,30 horas). Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 20 Figura 14. Olivar diverso con cobertura vegetal en compañía de otros cultivos y setos silvestres Fuente: Carmen Andreu, Idilio mediterráneo. Temple de huevo sobre papel, 20 x 20 cm. (2016) 4.3 Olivares industrializados 4.3.1 Olivar moderno adaptado al mercado: Explotaciones monoproductivas (haciendas, caserías, molinos y cortijos de olivar) a) Componentes principales Gran finca de olivos ordenados, con edificio multifuncional y sotobosque variopinto y rico en frutos recolectables y en caza menor (Figura 15). Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 21 Figura 15. Olivar centenario en una hacienda del Aljarafe Fuente: Carmen Andreu, Caserío, huerta y olivar. 15 x 40 cm. (2012) b) Atributos Expresión del ascenso de la burguesía agrícola, mercado del aceite, complejo agroindustrial, residencia de recreo y exhibición de la clase terrateniente, dominante y urbana. c) Núcleo de sentido La hacienda de olivar es ante todo un producto urbano, cuya aparición está insoslayablemente ligada al desarrollo de la metrópolis sevillana…Así, la función agroindustrial de la hacienda, continuadora directa de la llevada a cabo en las antiguas heredades bajomedievales, llega a su momento de máximo desarrollo en las fechas en que la producción aceitera alcanza sus cotas más elevadas, impulsada por la demanda de un ávido mercado urbano que exige un aprovisionamiento a gran escala… Desde que los grupos sociales más encumbrados se hacen cargo de la gestión de sus explotaciones, además de servir como complejo agro-industrial, la hacienda pasa a convertirse en residencia secundaria para sus propietarios, los cuales, al tiempo que acuden a controlar las faenas de producción, aprovechan la ocasión para descansar y recrearse en el campo, acompañados de su cohorte de familiares y amigos y alejados del ajetreo de la ciudad… …Los molinos, caserías y cortijos de olivar, cordobeses, malagueños, jiennenses y gaditanos son casas rurales que, si bien están cuidadas en su conjunto, presentan una general sencillez arquitectónica, se disponen como edificios de dimensiones medias o grandes con todas sus dependencias organizadas en torno a patios interiores completamente cerrados, cuentan como piezas fundamentales con un molino aceitero y su correspondiente bodega, a las que añaden algunas cuadras para el ganado de labor Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 22 y diversas habitaciones de estancia para los trabajadores y, en la mayoría de las ocasiones, acogen una vivienda, de mayor o menor calidad según los casos, reservada para los propietarios (Florido Trujillo, 1996, pp. 104–126). 4.3.2 Olivar contemporáneo con corrección de la vecería: fábrica de aceite desnaturalizada a) Componentes principales Regadío, herbicidas y sotobosque limpio y desnudo. Erosión. Plantación superintensiva. Olivos enanos. Poda en espaldera. b) Atributos De explotación agrícola a fábrica de aceite monoproductiva y con nombre propio. Mecanización total. Invasión de tierras muy fértiles y posible “burbuja olivarera”. c) Núcleo de sentido Paisajes de la geometría, que evidencian con descaro el control del hombre sobre la tierra. Un mundo lineal y dominado, de orden y repetición, retícula de ojos verdes con sabor amargo: Figura 16. El olivar lineal y subyugado Fuente: C. Andreu, Amarga geometría. Temple de huevo sobre papel, 30 x 40 cm. (2016) Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 23 5 Ecología y realidad del paisaje olivarero andaluz Figura 17. Momentos y procesos visibles de la genealogía del paisaje del olivar Fuente: Andreu, Infante-Amate & Ojeda (2016): Resultado del diálogo transdisciplinar A lo largo de este texto hemos tratado de evidenciar que la excepcionalidad de los paisajes andaluces de olivar que justifica su inclusión en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, que no sólo se sustenta en su formidable dimensión –mayor concentración arbórea del continente europeo– sino también en la milenaria relevancia que este cultivo y sus frutos han ido adquiriendo en el vivir diario y en las culturas de los distintos pobladores mediterráneos: partes esenciales de Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 24 sus dietas, fuente de sus energías, componente básico de sus medicamentos y afeites, ungüento de engrase de sus maquinarias, protagonista de sus obras artísticas, óleo santo de sus cultos religiosos, símbolo de la paz. Las distintas funcionalidades y adaptaciones históricas y geográficas de manejos y paisajes del olivar hablan de la complejidad del árbol y de sabias y elaboradas respuestas a necesidades en este territorio mediterráneo; sabidurías que no se limitaron al marco del mare nostrum, porque su carácter pionero como cultivo comercial ha ofrecido rentas derivadas de la exportación de sus productos, cruzando los mares para llegar a mercados lejanos. De manera que el olivo, sus productos y sus paisajes se constituyen hoy en ejemplo de repositorio de conocimientos agroecológicos, artesano-industriales y estético-simbólicos de la región mediterránea y de su identidad. Nuestro diálogo interdisciplinar nos ha permitido llegar a la síntesis transdisciplinar de la Figura 17. Pero también hemos mostrado cómo en las últimas décadas las exigencias del mercado han ido conduciendo a una intensificación del cultivo por la vía de la industrialización de sus manejos. La mecanización y la adición no sólo de agua sino de otros insumos externos de origen inorgánico han conseguido romper la tradicional vecería de un árbol vegetativamente problemático por su metabolismo del potasio. Tal respuesta a las necesidades de un mercado expansivo y de periodicidad inflexible, ha ido conduciendo a cuestionables manejos y gestiones de aquellos bellos e identitarios paisajes y marcándolos con indeseados efectos: • Aumento de los procesos erosivos en un contexto mediterráneo –ya proverbialmente castigado al respecto por su geomorfología y su irregular climatología– pero en el que tanto el acebuchal como el olivar jugaron y deben seguir jugando una marcada función de sostenedores de laderas y colinas, en vez de convertirse en promotores de cárcavas, de pérdidas de suelo fértil y de desertificaciones. Se documentan pérdidas de casi 90 toneladas por hectárea y año, muy superiores a cualquier nivel sostenible de pérdida de suelo (Vanwalleghem et al., 2011). • Ostensible pérdida de biodiversidad en unos olivares que –por la adición de productos químicos– se quedan desnudos, sin su variopinta cubierta vegetal y dejan de ser sustanciales biotopos de una diversificada flora y fauna silvestre (Muñoz-Cobo et al., 2001; Foraster, 2016). Los dos efectos negativos anteriores se producen por la intensificación del manejo para multiplicar las productividades (la media productiva española en 1890 era de poco más de 1000 kg de aceituna por hectárea, mientras que hoy se acerca a los 4000 kg), así como para reducir la mano de obra (en tareas preparatorias la demanda ha caído de unos 15–25 jornales de trabajo al año a los actuales 3–4 jornales) (Infante-Amate, 2014) Esto es, ha aumentado la productividad de la tierra y de la mano de obra. En menos superficie y con menor esfuerzo, el hombre es capaz de extraer Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 79, 2471, 1–29 25