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Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el conocimiento geográfico del Ecuador (Siglos XVIII XX)

Capello, Ernesto

Abstract

Entre 1901 y 1906, un equipo de geógrafos militares franceses visitó el Ecuador para desarrollar el segundo estudio geodésico del arco del meridiano ecuatorial; un esfuerzo que no solo conmemoraba el proyecto precedente del siglo XVIII, sino que fomentaba

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Araucaria Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades Año 12, No 24. Segundo semestre de 2010 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el conocimiento geográfico del Ecuador (Siglos XVIII-XX) Autor(es): Ernesto Capello pp. 150-175 URL: http://www.institucional.us.es/araucaria/nro24/monogr24_6.pdf Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, Año 12, No. 24. Segundo semestre de 2010. Págs. 150-175 Cartógrafos y clérigos Misiones geodésicas y religiosas en el conocimiento geográfico del Ecuador (Siglos XVIII-XX) Ernesto Capello Macalester College in Saint Paul, Minnesota (Estados Unidos) Resumen: Entre 1901 y 1906, un equipo de geógrafos militares franceses visitó el Ecuador para desarrollar el segundo estudio geodésico del arco del meridiano ecuatorial; un esfuerzo que no solo conmemoraba el proyecto precedente del siglo XVIII, sino que fomentaba las buenas relaciones entre las dos repúblicas. Este artículo considera el papel que la iglesia católica, entonces bajo el ataque de la política secularizadora de la administración liberal ecuatoriana, jugó al facilitar los esfuerzos de la misión geodésica y servir como interlocutor de una tradición intelectual local que denomino la visión mesiánica-nacionalista. En particular, el artículo traza los orígenes coloniales de esta sacralización cartográfica que destaca la redención de las poblaciones indígenas amazónicas al tiempo que articula una defensa del control territorial ecuatoriano sobre esta zona en disputa. Palabras claves: Ecuador, cartografía, Amazonas, iglesia católica. Abstract: Between 1901 and 1906, a team of French military geographers visited Ecuador to conduct the second geodesic survey of the arc of the equatorial meridian, an effort that commemorated an eighteenth-century project while seeking to foment goodwill between the two republics. This article considers the role of the Catholic Church, then under assault by the secularizing agenda of Ecuador’s Liberal administration, as both facilitator of the mission’s efforts as well as a cultural interlocutor communicating a local intellectual tradition, which I term the messianic-nationalist gaze. In particular, it traces the colonial roots of this cartographic sacralization, which features the redemption of the country’s Amazonian indigenous communities, while at the same time articulating a defense of Ecuadorian territorial control of this disputed region. Keywords: Ecuador, cartography, Amazon, Catholic Church. 151 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... Introducción Entre 1901 y 1906, una misión militar francesa, compuesta por un conjunto de geógrafos, agrimensores y arqueólogos, visitó el Ecuador para emprender la segunda gran misión geodésica en el país andino. La primera y más conocida misión franco-hispana fue organizada durante el siglo XVIII para confirmar la teoría de Newton acerca de la gravedad y su impacto en la forma terrestre. A pesar de la notoriedad que había alcanzado su líder, Charles Marie de La Condamine, y los prodigiosos avances en la tecnología geodésica, en el siglo y medio desde que los académicos europeos abandonaron el espacio quiteño no se habían repetido o confirmado las medidas tomadas en el siglo XVIII, situación que inspiró esta segunda visita. Como ha de suponerse, la misión aprovechó la reputación de la visita anterior para transformar sus esfuerzos en una reafirmación de la erudición tanto europea como ecuatoriana, hecho que queda confirmado en los discursos e informes para públicos locales y continentales. Estos escritos culminaron en una serie de volúmenes conmemorativos publicados por el Servicio Geográfico del Ejército Francés comenzando en 19091. Estas obras se concentraron en las medidas tomadas por los científicos europeos, destacando la importancia de los instrumentos geodésicos, especialmente de la tecnología heliotrópica que representaba lo más moderno de la era. Además de presentar los resultados de la visita, los tomos reprodujeron una variedad de evidencias visuales que resaltaban el entorno que encontraron los militares, incluyendo fotos de sus campamentos, levantamientos topográficos de las zonas andinas que visitaron, y una serie de croquis que demarcaban la cordillera andina ecuatoriana, generalmente cruzada por la trayectoria de la triangulación geodésica. Estas representaciones se deben considerar como un intento por cosificar la autoridad de la misión. Sin embargo, también cabe destacar la decisión intencionada de ignorar la expansión territorial amazónica de la república sudamericana, involucrada entonces en una disputa severa con el Perú por el control de la región, merced al carácter tanto diplomático como científico del análisis de la delegación francesa. 1 Mission du Service Géographique de l’Armée pour la mesure d’un arc de méridien équatorial en Amérique du Sud sous le contrôle scientifique de l’Académie des Sciences, 1899-1906, tomos múltiples, Paris, Gauthier-Villars, 1909-1922. 152 Ernesto Capello Figura 1. Paul Rivet, Carte Ethnique de la République de L’Équateur et du Bassin du Ht. Amazone, (1912). Cortesía del Archivo Histórico del Banco Central del Ecuador, Quito, Ecuador Existe, no obstante, una excepción singular a esta tendencia de obviar el oriente ecuatoriano. Esta se encuentra en un mapa etnográfico-arqueológico dibujado por el joven médico de la misión francesa, el entonces desconocido Paul Rivet. Este levantamiento (Figura 1) incluye la totalidad del territorio reclamado por el Ecuador al representar los grupos étnicos a través de la zona ecuatorial. Aunque Rivet rehúsa nombrar este espacio como pertenencia ecuatoriana, su representación se hace eco de una tradición cartográfica con orígenes en el siglo XVIII, tradición que considero en este ensayo como la representación mesiánica-nacionalista. Como explicaré, esta visión del oriente como objetivo nacional ligado al impulso misionero de la iglesia católica se desarrolló en tensión con el conocimiento científico del área. Esta tradición había sido comunicada a Rivet durante encuentros con sacerdotes académicos ecuatorianos, de los cuales destacan el entonces Obispo de Ibarra, Federico González Suárez, y el prior dominicano Enrique Vacas Galindo. Aunque los escritos de los dos fueron influyentes en el pensamiento de Rivet al concluir sus investigaciones sudamericanas, el aseso- 153 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... ramiento de González Suárez fue particularmente formativo al introducirlo en un método de antropología arqueológica que sería clave, en los años siguientes, en sus estudios de las culturas antiguas de Sudamérica y el Pacífico y en sus principales trabajos como director fundador del Museo del Hombre en París. A pesar de que este encuentro tendría resonancias críticas en el estudio geodésico y antropológico, y hasta en la política cultural francesa como ha señalado Christine Laurière, en este ensayo destacaré su importancia para la política geográfica-cultural del Ecuador2. Como es bien conocido, el fin de siglo representó la ascendencia de la Revolución Liberal de 1895, cuyos caudillos, Eloy Alfaro y especialmente Leónidas Plaza, desafiaron los fueros eclesiásticos que habían sido concretados a mediados del siglo anterior por la alianza clerical-conservadora del caudillo Gabriel García Moreno. Las amistades que cultivaron González Suárez y Vacas Galindo hicieron crecer su reputación positivista-científica, hecho que sustentó su continuada participación intelectual y política en plena época revolucionaria3. Este argumento se desarrolla a través de cuatro secciones. Comienza (1) al contextualizar la segunda misión geodésica francesa como una empresa conmemorativa dedicada a fijar diferencias entre la metrópolis europea y las poblaciones “primitivas”, tanto por parte de los enviados franceses como por parte del estado liberal. A continuación (2), desarrolla y amplía esta interpretación al considerar la manipulación de discursos continentales por geógrafos ecuatorianos del siglo XVIII y XIX, enfatizando el intento de esta ilustración criolla de revalorar el paisaje y capacidad moral del indígena, especialmente ilustrado por el ejemplo amazónico de los Jíbaros – conjunto lingüístico que incluye las poblaciones Shuar, Ashuar, Huambisa e Aguaruna – objeto de fascinación antropológica e histórica por sus costumbre de reducir cabezas y el espectro mítico de una gran rebelión en 1599. De aquí (3), pasa al análisis de encuentros claves entre el clero ecuatoriano y los miembros de la segunda misión geodésica. Esta sección, además, considera el impacto retórico y cartográfico de la erudición clerical en los informes y artículos publicados por Paúl Rivet. Por último (4), brevemente, considera el impacto de esta misión en las fortunas de la escuela conservadora, y el desarrollo de un paisaje conmemorativo sacralizado en la ciudad de Quito y sus alrededores. 2 Christine Laurière, Paul Rivet: le savant et le politique, Paris, Publications Scientifiques du Muséum national d’Histoire naturelle, 2008. Laurière trata la política de Rivet en su tercer capítulo. 3 Aunque el sentimiento anticlerical formaba parte de la plataforma liberal, el entusiasmo con el que este programa fue seguido aumentó después de la elección de Leónidas Plaza como presidente en 1902. Ver al respecto, Enrique Ayala Mora, Historia de la revolución liberal ecuatoriana, Quito, Corporación Editora Nacional, 1994, pág. 98-99, 124-48; y también, Santiago Castillo Illingworth, La iglesia y la revolución liberal: las relaciones de la iglesia y el estado en la época del liberalismo, Quito, Banco Central del Ecuador, 1995. 154 Ernesto Capello 1. Las misiones geodésicas y la visión colonizadora cartográfica En las últimas dos décadas, varios autores han subrayado la subjetividad de las proyecciones cartográficas y del estudio geográfico más allá de su aparente neutralidad4. Esta reconsideración teórica de las prácticas cartográficas ha generado con su influencia una serie de estudios concentrados en la territorialización del espacio por parte del creciente estado moderno al naturalizar su control espacial e imperial de forma discursiva, cartográfica y militar5. En lo concerniente a la historiografía latinoamericana, las obras de Mary Louise Pratt y Walter Mignolo acerca de encuentros cartográficos entre viajeros europeos y amerindios, y el análisis de Raymond Craib sobre la importancia de la cartografía en los intentos mejicanos por controlar poblaciones y regiones aisladas, resultaron ilustrativos al resaltar el papel de la cartografía, la geografía y la etnografía corográfica en el proceso de colonización, tanto imperial como interno6. Este discurso euro-céntrico se desarrolló a nivel global durante la expansión imperialista europea decimonónica, no obstante, Pratt señala la importancia como modelo de la primera misión-geodésica franco-española para las corografías nacionalistas e imperialistas decimonónicas7. Aunque esta expedición atravesó una gran extensión del territorio hispano-portugués, se concentró en la Audiencia de Quito, ancestro de la actual república del Ecuador. Esta zona, por lo tanto, recibió una reputación significativa en círculos ilustrados, que al final impulsaría la decisión de nombrar la república en honor a su posición geográfica ecuatorial en 1830. Como es bien sabido, la misión contaba tanto con una delegación francesa, 4 J.B. Harley, The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography, P. Laxton (Coord), Baltimore, Johns Hopkins University Press, 2001; Denis Wood, y John Fels, The Power of Maps, New York, The Guilford Press, 1992; John Pickles, A History of Spaces: Cartographic Reason, Mapping and the Geo-Coded World, London & New York, Routledge. 2004; Denis E. Cosgrove, Mappings, London, Reaktion Books, 2001. 5 Matthew H. Edney, Mapping an empire: the geographical construction of British India, 17651843, Chicago, University of Chicago Press, 1997; D.Graham Burnett, Masters of all they surveyed : exploration, geography, and a British El Dorado, Chicago, University of Chicago Press, 2000. 6 Mary Louise Pratt, Imperial eyes: travel writing and transculturation, London; New York, Routledge, 1992; Walter Mignolo, The Darker Side of the Renaissance: Literacy, Territoriality, and Colonization, Ann Arbor, University of Michigan Press, 2ª ed., 2003; Raymond B. Craib, Cartographic Mexico: A History of State Fixations and Fugitive Landscapes, Durham, Duke University Press, 2004. 7 El segundo ejemplo crítico que Pratt considera en la América Latina fue la extensa visita del Barón Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland entre 1799-1804. Este viaje también se puede considerar como ínclito en la formación de un entendimiento metafórico-nacionalista del Ecuador como encrucijada mundial; sin embargo, como la reputación de la primera misión geodésica es abrumadora en el discurso mesiánico-nacionalista de comienzos del siglo XX, he decidido concentrarme más bien en la primera visita. Acerca de Humboldt, ver. Pratt, Imperial Eyes, págs. 111-44; y también Jorge Cañizares-Esguerra, Nature, empire, and nation: explorations of the history of science in the Iberian World, Stanford, CA, Stanford University Press, págs. 112-28. 155 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... liderada por Charles Marie de la Condamine y Pierre Bouguer, como con un conjunto español, en el que destacaban Jorge Juan y Antonio de Ulloa8. Aunque las medidas del arco del meridiano tomadas en Quito demostraron la validez de las teorías de Newton, otra misión enviada a Laponia anticipó estas conclusiones, hecho que relegó el informe franco-español a una posición superflua y redundante9. Sin embargo, como ha sostenido Neil Safier, La Condamine superó este obstáculo al escribir un relato de su viaje que se volvió un best seller por sus animadas observaciones del paisaje andino, de sus habitantes “salvajes” (uno de los cuales mató a un miembro de la expedición en Cuenca), y particularmente, por su encuentro con la amazonia profunda. Sus relatos de esta zona cautivaron el imaginario europeo tanto por su calidad aventurera como por su importancia científica al representar el primer estudio moderno (europeo) de la cuenca amazónica desde el siglo XVI10. La fama de La Condamine eclipsó la reputación de sus colegas franceses y españoles después de la publicación de sus relatos de viajero. Tal vez la única excepción sea la celebración del quiteño Pedro Vicente Maldonado, oriundo de Riobamba y amigo íntimo de La Condamine, tras su romántico encuentro con el entonces aislado francés durante su primera estancia en la costa quiteña. Decididamente ambicioso, el sabio riobambeño había logrado una reputación local al abogar por la construcción de un camino entre la capital y el puerto de Esmeraldas, ciudad y provincia al norte de la Audiencia donde viajó por primera vez en 1735 y donde serviría como gobernador entre 1742 y 1744 antes de viajar a Europa para publicar su mapa de la Audiencia de Quito. Después de recorrer Portugal y España llegó a Francia en 1746, donde reanudó su amistad con La Condamine, aseguró la publicación de su levantamiento, y fue nombrado miembro correspondiente de la Academia de París. El mapa apareció dos años después de su prematura muerte en Londres con solo 44 años de edad, sirviendo de base para una variedad de mapas decimonónicos del Ecuador por la incorporación no sólo de sus propias medidas sino también de las observaciones de la misión francesa compartida por La Condamine. Cabe 8 Esta decisión se debía a la competencia internacional, ya que la ciencia se había transformado en eje de la política diplomática en el siglo XVIII. Ver al respecto, Richard Kagan, Urban Images in the Hispanic World, 1493-1793, New Haven, Yale University Press, 2000. 9 Los estudios narrativos más importantes de la misión aparecieron con motivo de la celebración del 250 aniversario, de entre los cuales destacan Nelson Gómez, La misión geodésica y la cultura de Quito, Quito, Ediguias, 1987; Antonio Lafuente y Antonio Mazuecos. Los caballeros del punto fijo: ciencia, política y aventura en la expedición geodésica hispano francesa al virreinato del Perú en el siglo XVIII. Barcelona, Ediciones del Serbal; Madrid, CSIC, 1987. También se debe considerar el análisis del poder autoral, científico, y conmemorativo que desarrolla Neil Safier en Measuring the New World: Enlightenment Science and South America, Chicago, University of Chicago Press, 2008; y también el relato cuasi-novelístico de la historia de Isabel de Godín escrita por Robert Whitaker, The mapmaker’s wife: A True Tale Of Love, Murder, And Survival In The Amazon, New York, Basic Books, 2004. 10 Safier, Measuring the New World, especialmente los capítulos 1-2. 156 Ernesto Capello subrayar, sin embargo, que a pesar del énfasis puesto en el conocimiento técnico en proporción con las normas ilustradas, el mapa de Maldonado solo incluye las zonas bien conocidas de la Audiencia, es decir, el litoral y la sierra andina, terminando, por lo tanto, en las faldas orientales de la cordillera. Esta visión, a pesar de su valor científico-técnico, contradecía lo que llamo la tendencia mesiánica-nacionalista que se transformaría en visión oficial a fines del siglo XVIII, como discutiré más adelante detalladamente. Los enlaces tan entremezclados entre la geografía francesa y quiteñaecuatoriana no se repitieron hasta la llegada de la segunda misión geodésica en 1901. Por un lado, este hecho se puede atribuir al fallecimiento de Maldonado. Por otro, se debería considerar como una función de varios conflictos entre los geodésicos y la élite criolla quiteña11. Las tensiones se animaron en particular por la construcción de pirámides conmemorativas decoradas con la fleur-delis, símbolo ancestral de la casa francesa de Borbón, el cual fue considerado como un insulto a la corona española. Los conflictos continuaron en los círculos intelectuales europeos, ya que La Condamine describió los esfuerzos de sus compañeros castellanos como auxiliares en su relato del viaje meridional, cargo que los españoles intentaron desmentir en su propio estudio. Años más tarde, sin embargo, la reputación cosmopolita que había recibido la memoria de este viaje inspiró la decisión de renombrar la nación en honor a su posición ecuatorial al separarse de la Gran Colombia en 183012. La dialéctica de elogio y desestimación se repitió durante la segunda misión geodésica, la cual se inauguró con la intención de repetir las medidas geodésicas con la tecnología decimonónica. El clamor por un nuevo estudio que floreció en congresos internacionales comenzando por el de 1889, culminó en una súplica apasionada por parte de la delegación estadounidense en Stuttgart en 1898. La Academia de Ciencias de Francia, por consiguiente, organizó una segunda misión en colaboración con el nuevo gobierno liberal del Ecuador, el cual donó 20.000 sucres para gastos incidentales y la protección de una guardia militar que escoltaría los científicos franceses entre 1901 y 1906. Sin embargo, la contribución de los militares ecuatorianos y la multitud de peones, porteros y guías indígenas, fueron sistemáticamente eliminadas de los informes intermi11 Este análisis fue expuesto de manera contundente por Deborah Poole, en Vision, Race, and Modernity: A Visual Economy of the Andean Image World, Princeton, Princeton University Press, 1997. Su análisis ha sido desarrollado en lo concerniente a los géneros literarios en Safier, op cit.; y en lo que respecta al desafío del Jesuita Juan Velasco contra la ignorancia del idioma y el conocimiento indígena en Jorge Cañizares-Esguerra, “Postcolonialism avante l’lettre? : travelers and clerics in eighteenthcentury colonial Spanish America”, Mark Thurner y Andrés Guerrero (coords.), After Spanish rule: postcolonial predicaments of the Americas, Durham, NC, Duke University Press, 2003, págs. 89-140. 12 Safier, Measuring the New World, op cit. Ver también, Ernesto Capello, “Mapas urbanos y nacionales: representación del espacio regional y nacional entre 1900 y 1950”, Políticas de la memoria, y descolonización en el Ecuador bicentenario (1809-2009), Quito, Ministerio de Cultura del Ecuador y FLACSO, 2010. 157 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... tentes en revistas europeas y también del reportaje final, el cual se publicó en varios tomos en 1910. Estos informes por lo tanto narran una teleología triunfal de la geodesia francesa desde La Condamine hasta el presente en la búsqueda del “perfeccionamiento continuo”13. El rechazo de la colaboración ecuatoriana fue particularmente agudo en lo que concierne a la contribución indígena en forma de porteros, manos de obra, intérpretes y guías. A pesar de su compromiso, los informes representan estas poblaciones como salvajes violentos enfrentados a los heroicos militares franceses. En julio de 1900, al comenzar el proyecto, vemos al Capitán E. Maurain comentando el riesgo de “la voluntad malvada y el fanatismo supersticioso de los Indios”14. Bourgeois, en el informe citado anteriormente, detalla la “civilización rudimentaria” de los indígenas andinos, que aparecen bien “dóciles” o “completamente salvajes”15. Estas características impuestas, cosifican la visión racial positivista entonces corriente, a la vez que justifican los enfrentamientos entre los cartógrafos y estas poblaciones. Tal fue la situación de una trifulca supuestamente provocada por la comunidad de Yaruquíes, que acabó con la muerte de un indígena, Juan Guamán, a mano del artillero Alfred Brasselet. Aunque este episodio acabó en un tribunal que retrasó el trabajo en esta zona al sureste de Riobamba, fue ignorado durante meses por los informes oficiales donde se lo describe solamente como una situación “excesivamente delicada”16. De nuevo, existe una excepción a esta regla en los estudios etnográficos y arqueológicos de Paúl Rivet. Tanto en su informe oficial, en el que trata de las poblaciones ancianas del Ecuador, como en una serie de artículos antropológicos, Rivet demuestra el impacto de la tradición etnográfica que se desarrolló en el Ecuador durante los siglos XVIII y XIX en los estudios que generalmente acompañaron las geografías nacionales. En estas obras se puede delinear una visión mesiánica del rol del Ecuador (o la Audiencia de Quito durante la era colonial) ligado a su presencia amazónica que será el tema de la próxima sección. 13 Robert Bourgeois, “Opérations de la mission Française chargée de la mesure d’un arc de méridien en Équateur”, La Géographie, vol. 5, 1902, pág. 341. 14 E. Maurain, “Reconnaissance de l’arc du meridian de Quito”, La Géographie, II: 7, 1900, pág. 8. 15 Bourgeois, “Opérations de la mission”, pág. 347. 16 “La Corte Superior de Riobamba envía copia del decreto expedido en la causa criminal seguida contra Alfredo Brasselet y Francisco Gómez de la Torre, por muerte á Juan Guamán y heridas a Miguel Guaipacha”, Registro Oficial, Quito, I: 300, pág. 3250-52. Ver también “La Corte Superior de Riobamba envía copia del decreto expedido en la causa criminal seguida contra Alfredo Brasselet y Francisco Gómez de la Torre, por muerte á Juan Guamán y heridas a Miguel Guaipacha”, Registro Oficial, Vol. I: 300 (1902), pág. 3250-52; y Mission du Service Géographique de l’Armée pour la mesure d’un arc de méridien équatorial en Amerique du Sud sous le controle scientifique de l’Académie des Sciences, 1899-1906, Vol. III, f. 1, Angles Azimutaux, Paris, Gauthier-Villars, 1910, pág. A62. 164 Ernesto Capello cia del liberal-progresista José María Urbina, se podría considerar el periodo garciano (1859-75) como crucial para la expansión del estudio geográfico a nivel nacional. Como bien se sabe, el mando de García Moreno fue caracterizado por el desarrollo de una “modernización católica” que desarrolló mejoras en la infraestructura fluvial, carreteras, y avances en educación pública mientras se consolidaba la hegemonía cultural de la iglesia y la clase terrateniente serrana33. El caudillo conservador también auspició la creación de una Universidad Politécnica destinada a ampliar estas obras públicas mientras se consolidaba la erudición católica, ya que la universidad sería dirigida por jesuitas alemanes e italianos34. Su arribo en 1870 coincidió con la reanudación de las negociaciones acerca de la frontera con el Perú, episodio que exigió la rápida expansión de la agrimensura y los levantamientos topográficos. Aunque la universidad tuvo que cerrar las puertas después del asesinato de García Moreno en 1875, el entrenamiento de cartógrafos, matemáticos y dibujantes durante este corto plazo impulsó el desarrollo de estos estudios durante el resto del siglo. El profesor encargado de levantar estas medidas fue el geólogo Teodoro Wolf, jesuita de origen alemán. De modo inesperado, éste tuvo que separarse de la Politécnica en 1874 debido a un escándalo originado por su decisión de explicar la teoría Darwiniana a sus alumnos. A pesar de la necesidad de despedirle de su cátedra, García Moreno se tornó reacio a perder a un ser tan capacitado, y le ofreció una comisión para completar un levantamiento corográfico nacional que reemplazaría los estudios de Maldonado, La Condamine y Juan y Ulloa, obra también apoyada por las administraciones posteriores. Wolf comenzó su trabajo con un plano de Guayaquil, seguido por varios estudios en el litoral y las Islas Galápagos, concluyendo la obra en 1890. A diferencia del estudio de Villavicencio, cuya carta fue despreciada por Wolf por incluir unas “montañas imaginarias” en la región baja costeña, su levantamiento y la geografía que le acompaña destacan por sus cuadros técnicos, que subrayan la autoridad positivista. Estos incluyen informes topográficos, medidas geodésicas, descripciones extensas de la flora y la fauna de las regiones ecuatoriales, una serie de dibujos a tinta china de los lugares más aislados como las islas Galápagos o las selvas del litoral, y también fotografías de los sitios más accesibles, como la cordillera 33 García Moreno ha sido estudiado en multitud de biografías y monografías, las cuales generalmente reprodujeron la polémica liberal-conservadora de sus autores. Para consideraciones más neutrales enfocadas en su técnica gubernativa véase, Enrique Ayala Mora, “Gabriel García Moreno y la gestación del estado nacional en el Ecuador” en Cultura, IV:10, pág. 141-174; Derek Williams, Negotiating the State: National Utopias and Local Politics in Ecuador, 1845-1875, tésis doctoral, State University of New York at Stony Brook, 2001, y Peter V. N. Henderson, Gabriel García Moreno and Conservative State Formation in the Andes, Austin, University of Texas Press, 2008. 34 Esta historia ha sido resumida en Jorge Gómez R., Las misiones pedagógicas alemanas y la educación en el Ecuador, Quito, ABYA-YALA, 1993. Véase también, J. Gualberto Pérez, Recuerdo histórico de la Escuela Politécnica de Quito, Quito, Tip. Prensa Católica, 1921; y Francisco Miranda Ribadeneira, La primera escuela politécnica del Ecuador: estudio histórico e interpretación, Quito, Ediciones Feso, 1972. 165 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... andina o los alrededores de Guayaquil. La prioridad que Wolf da al positivismo le lleva, incluso, a separar el Oriente del resto del país, relegándolo a un recuadro aparte a escala diminuta e identificándolo con la frase “regiones poco conocidas y habitadas por indios salvajes”. Ricardo Padrón considera la carta de Wolf una especie de “ruina cartográfica” que interroga la naturalización del espacio nacional, al contrario del tratamiento de Villavicencio. Comparando el mapa con la famosa novela Cumanda de Juan León Mera (1879), Padrón mantiene que la separación del Oriente del resto del país anuncia que el proceso de territorialización sigue incompleto a pesar de la ampliación de medidas positivistas35. Hay un gran mérito en esta sugerencia, especialmente si consideramos un hecho que Padrón ignora, es decir, la resonancia entre su descripción del oriente y la frase casi idéntica usada por Velasco para describir la zona de Nueva Granada al norte del Putumayo como “países bárbaros poco conocidos.” Aunque Velasco parece utilizar esta nomenclatura para desafiar la posición de la Audiencia de Quito como subalterna al Virreinato de Nueva Granada, en manos de Wolf estas palabras se transforman en una interrogación del paisaje mesiánico-nacional en sí, remplazado por un culto positivista a la medida técnica. Por lo tanto, desafía las iniciativas de figuras como Velasco, Requena, y especialmente Villavicencio, en su introducción, mientras subraya su erudición técnica a través de un sin fin de fotografías y cuadros. Aunque la obra de Wolf fue elogiada por la intelectualidad tanto conservadora como liberal, debería considerarse como un potente desafío a la visión sacralizada del territorio nacional. Como describiré en la próxima sección, este cuestionamiento estuvo desde el principio acompañado por la crisis política que representaba la Revolución Liberal de 1895. Esta doble contienda derivó en un conflicto extenso entre la iglesia y el naciente estado liberal que terminó con la derrota de los fueros eclesiásticos. Sin embargo, la geografía y la historia se pueden considerar áreas donde la tiranía positivista fracasó finalmente. Esto se debe no solo a los esfuerzos científicos de clérigos intelectuales como Federico González Suárez y Enrique Vacas Galindo, sino también a su habilidad para imprimir su personalidad dentro del discurso que acompañó los diferentes conflictos fronterizos de fin de siglo. Además, su contacto con los miembros de la Segunda Misión Geodésica fue fructífero a la hora de consolidar su posición intelectual y política. 35 Ricardo Padrón, “Cumandá and the Cartographers: Nationalism and Form in Juan León Mera”, Annals of Scholarship 12: 3-4 (1998), págs. 217-34. 166 Ernesto Capello 3. La geografía sagrada, el clero, y la segunda misión geodésica La Revolución Liberal se desarrolló en un momento de crisis social, política y cultural que amenazaba el mando del Partido Progresista; un partido moderado que había transcendido la fisura conservadora-liberal a finales de los años ochenta36. La crisis se inició en 1893, cuando se produjeron incursiones peruanas en la provincia de Mainas al sur amazónico, conflicto que acabó con la expulsión de las misiones dominicanas que operaban en esa región. Los conflictos eclesiásticos se expandieron ese mismo año debido a la necesidad de elegir un nuevo Arzobispo en Quito, decisión que tendría gran resonancia política. El clero moderado favoreció la candidatura del Arcediano de Quito, Federico González Suárez, que al final fue rechazado, por solo un voto, en favor del Obispo de Ibarra, un prelado conservador llamado Pedro Rafael González Calisto que fue apoyado por el episcopado conservador radical, la mayoría de origen extranjero. Esta tensión se volvió general al año siguiente, cuando González Suárez publicó el cuarto tomo de su Historia General de la República del Ecuador, en el que documentaba delitos sexuales de frailes dominicanos durante el siglo XVII. El tumulto resultante acentuó la resistencia del Arzobispo a nombrar a González Suárez como candidato al obispado de Ibarra, decisión que había sido forzada por los partidarios del decano. El 1894 el gobierno progresista fue desacreditado por haber facilitado la venta de un buque de guerra chileno a Japón para su uso en sus hostilidades con Rusia, venta que los chilenos no podían completar al haber firmado un pacto de neutralidad. Esta supuesta venta de la bandera impulsó la resignación del Presidente Cordero e inspiró el levantamiento liberal en abril de 1895. Las tensiones culturales se entremezclaron en el conflicto. Aunque la burguesía cacaotera se oponía al mandato de políticos extremos como Eloy Alfaro y su aliado Leónidas Plaza, su respaldo a pequeños cultivadores y a la fuerza laboral radicalizó la revolución. La respuesta eclesiástica a su programa, el cual incluía la libertad de cultos y el fin de los fueros, fue exagerada – González Calisto consideró herético a cualquier liberal y lanzó un llamado para un levantamiento general católico. Al llegar las fuerzas alfaristas a Quito en diciembre de 1895, el Arzobispo continuó impugnando la legitimidad del nuevo gobierno hasta que una multitud encendió la Imprenta del Clero mientras clamaba por la sustitución de González Calisto por González Suárez37. 36 El mejor resumen de la revolución liberal sigue siendo Ayala Mora, Historia de la revolución liberal ecuatoriana. También se deben destacar los estudios de A. Kim Clark, The Redemptive Work: Railway and Nation in Ecuador, 1895-1930, Wilmington, DE, Scholarly Resources Inc., 1998, que ha sido recientemente traducido al español e impreso por la Universidad Andina Simón Bolívar en Quito, y también Castillo Illingworth, La iglesia y la revolución liberal. 37 Castillo Illingworth, La iglesia y la revolución liberal, pág. 169. 167 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... Las tensiones entre el clero y el estado continuaron por varios años. En 1897, por ejemplo, el Obispo de Riobamba, Arsenio Andrade, se unió a la insurrección de Melchor Costales, cuyo fracaso precipitó el exilio de Andrade, dejando solo a los obispos de Ibarra y Quito en su diócesis durante los siguientes cuatro años. En 1899, una sesión especial del Congreso debatió la separación de iglesia y estado, ley que fue abandonada después de una conferencia privada entre el Presidente y González Suárez. Cuando un ejército conservador amenazaba invadir el país desde Colombia el año siguiente, el Obispo de Ibarra al fin denunció la resistencia como un pecado contra la patria en una carta pastoral, la cual deslegitimó la violencia para una población cansada de tanta guerra38. Al año siguiente regresaron algunos miembros del episcopado, incluido el Obispo Andrade. Los conflictos se reanudarían cuando Alfaro fue remplazado como presidente por el General Leónidas Plaza, quién siguió una política anti-clerical que estableció el laicismo como principio gubernamental al establecer el matrimonio civil (1902), la libertad de cultos (1902) y la expropiación de tierras eclesiásticas (1904); reformas aceleradas por la enfermedad de González Calisto que fallecería en 1904. La transición fue manejada por González Suárez, que fue nombrado Arzobispo en 1906, precisamente en virtud de su influencia en el gobierno liberal; decisión que facilitó la reconstrucción del episcopado y restableció el papel de la iglesia como factor integral en la política nacional39. Este fue el entorno sociopolítico en el que llegaron los miembros de la segunda misión geodésica. Como ha de suponerse, sus trabajos fueron inmediatamente politizados por un estado ansioso de establecer sus credenciales científicos. Sin embargo, el clero rápidamente reconoció que esta misión representaba una plataforma para no solo confirmar su relevancia intelectual sino también para controlar el discurso público y restablecer el dominio de una visión nacional sacralizada. El primer intento de politizar la misión por la jerarquía eclesiástica llego por parte del Obispo Andrade de Riobamba, quién pronunció una bendición de las labores, ya que la ciudad natal de Pedro Vicente Maldonado había sido escogida como sede central para las operaciones en el sur del país. En su bendición, Andrade sostiene la importancia de la misión, pero también incluye una serie de críticas indirectas al gobierno liberal. Por ejemplo, comienza con una referencia viperina a su reciente revestimiento como obispo, seguido por un elogio de la fe católica de los científicos franceses a pesar de la pestilencia “opresiva e incrédula” del liberalismo en Europa. Estas censuras anticipan la declaración del origen divino de la misión, que demostraría la mano providen38 Federico González Suárez, Carta del Ilmo. Y Rmo. Sr. Dr. D. Federico González Suárez, Obispo de Ibarra, á su Vicario General, Explicada por el mismo autor, Quito, Artes y Oficios, 1900. Ver también Enrique Ayala Mora, “Introducción”, en Enrique Ayala Mora (Coord.), Federico González Suárez: la polémica sobre el estado laico, Quito, Corporación Editora Nacional, 1980, págs. 12-68. 39 Castillo Illingworth, La iglesia y la revolución liberal, págs. 268-328. 168 Ernesto Capello cial de Dios. Cito: El plan divino tiene por objeto hacer ver a todos que la obra científica que ejecutan los ilustres comisionados es obra suya, por la que merece la gratitud y alabanza de los hombres, obra que dará lustre a la ciencia y producirá bienes a la humanidad. Obra en fin que la hace sentir a los ecuatorianos para infundir mayor lustre a su fe y radicarnos en todas nuestras creencias católicas. No seamos ciegos ni indiferentes a estas pruebas de amor que Dios nos envía, determinemos en nuestro ánimo imitar en todo caso el ejemplo que nos dan estos católicos caballeros y no tengamos recelo de mostrarnos sinceros creyentes40. Este pasaje refleja objetivos consistentes con una visión de la ideología conservadora-católica decimonónica. Por una parte, reclama cualquier avance científico como obra divina y parte de una cruzada sagrada. Al parecer, esta aserción se dirige más bien a la comunidad nacional, ya que espera que el trabajo geodésico pueda “infundir mayor lustre a su fe”; declaración que subraya su continuada oposición, aunque callada, al programa de modernización y secularización del gobierno liberal. Por otra parte, se subraya la necesidad de cultivar la iglesia para el empeño exitoso del estudio geodésico, contención dirigida especialmente a la misión francesa. Este aviso se realzaría durante los meses siguientes mientras las labores geodésicas eran regularmente frustradas por la destrucción de señales y conflictos con poblaciones indígenas. En particular, cabe señalar que la resolución del conflicto en Yaruquíes antes mencionado –que se saldó con la muerte del indígena Juan Guamán a manos de Alfred Brasselet, artillero francés– fue impulsada por el Obispo Andrade41. Éste intervino para pacificar a la población, que temía que la presencia francesa acabara con la expropiación de la loma Shuyu, un pico sagrado asociado en el folclor local con los Duchicela, caciques parientes de los últimos Incas42. Como recalcó el jefe de la misión sureña, Georges Perrier, al regresar al Ecuador en 1936 para participar en las celebraciones bicentenarias de la llegada de la primera misión geodésica, sin esta intervención hubiera sido imposible continuar sus labores en esta sección del país43. Mientras Andrade probó su valor como negociador al sur, al norte los geodésicos disfrutaron de la hospitalidad del Obispo de Ibarra, Federico González Suárez. Este les ofreció aporte logístico, arreglando guías para el recorrido de las sierras más aisladas y compartiendo su extensa biblioteca. En particular, patrocinó la investigación del médico Paúl Rivet, obsequiándole con copias de 40 Julio Mancheno al Ministro de lo Interior, Archivo Nacional del Ecuador (Gob., Min. Int., Chimb., c. 24, exp.a.1901, 169, 2 agosto 1901; c. 24, exp. a.1901, 181, 30 agosto 1901), sin página. 41 Angel I. Chiriboga N., Las misiones científicas francesas en el Ecuador (1735-1744) (18991906), Quito, Imprenta Nacional, 1936. 42 “La corte superior”. 43 Chiriboga, Las misiones científicas, pág. 32. 169 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... sus trabajos arqueológicos e históricos. Rivet llevó consigo el Atlas arqueológico ecuatoriano (1892) mientras la misión pasaba por la zona fronteriza con Colombia, quedando impresionado por su metodología avanzada. En una serie de cartas escritas a Raoul Anthony, su colega y compañero en el entusiasmo por el estudio antropológico, Rivet expresó las posibilidades que anticipaba la combinación de arqueología, etnografía, y lingüística que ofrecía González Suárez. Al regresar a Ibarra, se reunió de nuevo con el prelado, que le llevó a conocer una serie de tumbas precolombinas en compañía de huaqueros dedicados al pillaje de artefactos. Los huaqueros acompañaron a Rivet en lo sucesivo, y deberían ser considerados como profesores valiosos que lo introdujeron en la técnica arqueológica que más tarde le serviría de base para una serie de trabajos en los que presentó una etnografía precolombina que acabaría acompañando a los informes de la misión después de su regreso a Francia44. Estos posibilitaron la producción de una serie de estudios etnográficos de los indios colorados del litoral norteño, los jíbaros del oriente, y de las costumbres religiosas del indígena serrano. La influencia de González Suárez en esta producción de Rivet ha sido bien documentada45. Sin embargo, estos trabajos también demuestran la repercusión de la visión mesiánica-nacionalista; fenómeno que no fue ignorado por González Suárez quién denunció la falta de evidencia arqueológica en algunos trabajos de Rivet centrado en su simpatía con las ideas de Velasco46. Este elemento del estudio de Rivet ha sido desconocido, situación que considero consecuencia de pasar por alto la importancia de la obra de un misionero y futuro prior dominicano, Enrique Vacas Galindo. Vacas Galindo había trabajado como misionero desde 1887, cuando ocupó su cargo a los 22 años de edad en la ciudad oriental de Macas, donde trabajó extensivamente con poblaciones jíbaras47. Su trabajo misionero se vio rápidamente involucrado en la política exterior debido a las incursiones peruanas en la zona. Ya para 1888, editó una colección de cartas y escritos describiendo el territorio amazónico, que fue seguido por un catón católico traducido al shuar –idioma jíbaro– en 1891 durante una estancia en Riobamba en la sierra ecuatoriana. Después emprendió un viaje de reconocimiento con el propósito de llegar hasta Iquitos en 1892. Su recorrido fue interrumpido, sin embargo, antes de llegar al Amazonas cuando fue detenido en el pueblo peruano de Yurimaguas acusado de espionaje. Escapó de improvisto de la prisión y navegó en canoa 44 Laurière, Paul Rivet, págs. 95-98. 45 Paul Rivet, “Federico González Suárez”, Journal de la Société des américanistes 11 (1919), págs. 632-34. 46 González Suárez, Notas arqueológicas. 47 No existe una biografía extensa de Enrique Vacas Galindo. Para un resumen de sus datos, ver José Salvador Lara, “La Orden de Predicadores y la historia ecuatoriana”, en Salvador Lara, Los dominicanos en el Ecuador, Quito, Casa de la Cultura, 1988, págs. 44-52. 170 Ernesto Capello por el Marañón hasta llegar a territorio brasilero, regresando a su país natal en 1894, después de un largo viaje por el continente. Al regresar abogó por el fortalecimiento de las misiones y publicó Nankijukima (1895), obra que describía las costumbres jíbaras y presentaba un relato de sus viajes por el Oriente. No obstante, a causa de la situación nacional, las misiones fueron abandonadas por orden del nuevo presidente Eloy Alfaro, situación que Vacas Galindo criticó durante años. Dada la incertidumbre política, se demoró hasta 1898 su audiencia con el presidente, quién aprobó una misión al Archivo de Indias en Sevilla para determinar los límites históricos del país. Estas investigaciones vieron la luz en una serie de volúmenes que reproducían o resumían documentos del archivo que servían de base a la causa del control ecuatoriano de este territorio, y que culminaron con un mapa de límites históricos en 1906. Figura 4: Enrique Vacas Galindo, Mapa geográfico-histórico de la República del Ecuador (1906). Cortesía del Geography and Map Reading Room de la Biblioteca del Congreso, en Washington, DC, EEUU. 171 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... Mientras los trabajos que salen de su investigación en Sevilla se basan exclusivamente en la documentación del archivo, Nankijukima representa una amalgamación de la lingüística, la geografía, el relato personal, y la creación de personajes ficticios como el cacique Nankijukima. Por lo tanto ha sido señalado por Angel Rojas y otros críticos como una cuasi-novela, aunque en estilo se parece más bien al género etnográfico48. Este libro merece un estudio más detallado, pero para el propósito de este ensayo no cabe sino señalar su deuda con los relatos redentores de figuras como Requena, Velasco, y Villavicencio. Tal como había señalado Villavicencio, por ejemplo, Vacas Galindo distingue entre los “jíbaros feroces y záparos indolentes” (pág. 9, 64), relatos de las guerras jíbaras y su práctica de reducir cabezas (págs. 44, 68,158, 161-78), y descripciones de las riquezas naturales, aguas caudalosas y fauna exótica. Además, sigue la tendencia de Requena, Villavicencio, y Andrade de considerar el estudio geográfico como una obra sagrada destinada no solo a controlar el territorio para la extracción de bienes sino para salvar el espíritu de sus salvajes habitantes (págs. 20, 27, 55, 93, 120, 194), los cuales desaparecerán al asimilar las normas de la sociedad blanca49. El mapa que preparó Vacas Galindo después de su estancia en Europa también demuestra la influencia de estos trabajos anteriores, particularmente el deseo de naturalizar y sacralizar el territorio nacional, por una parte, y el empleo de la geografía etnográfica amazónica, por otro. La carta (Figura 4) rinde los territorios históricos del Ecuador y de la Audiencia de Quito en un esquema esencialmente monocromático con líneas fronterizas disminuidas, elementos que sirven para cosificar la construcción de un Ecuador de gran alcance. Vacas Galindo sigue la estrategia de Villavicencio al incluir, en letras mayúsculas, los nombres de poblaciones indígenas dentro del territorio en disputa, los cuales desaparecen en tierras peruanas y colombianas. A diferencia de Villavicencio, estos aparecen por todo el territorio histórico, y no solo en las fronteras contemporáneas; un gesto que vincula la historia, la etnografía, y la cartografía. La intersección de estas tres vertientes también se puede identificar en un interesante recuadro que explica las fuentes que formaron la base del trabajo del fraile. Estos incluyen, primero, el aspecto biográfico al resaltar el recorrido de sus cinco años por territorios amazónicos; aspecto que simbólicamente enlaza su acto misionero con el acto cartográfico. Después siguen un agradecimiento al trabajo de Wolf, el cual todavía reinaba como mapa oficial, y un agradecimiento a la misión geodésica por haberle facilitado sus cartas durante una visita en París, y por último un listado de los múltiples mapas históricos que había investigado. La historia, la etnografía, y la obra cartográfica moderna 48 Angel F. Rojas, La novela ecuatoriana, México, DF, Fondo de Cultura Económica, 1948. 49 Enrique Vacas Galindo, Nankijukima, Religión, usos y costumbres de los salvajes del oriente del Ecuador, Ambato, T. Merino, 1895. 172 Ernesto Capello representada por los trabajos de Wolf y la Misión Geodésica por lo tanto se adjuntan de nuevo. Citar a estas fuentes para legitimar el control territorial, sin embargo, representa una exageración. Como ya he notado, Wolf y González Suárez despreciaron el nivel de conocimiento del oriente ecuatoriano; de modo similar, las medidas geodésicas fueron, en general, limitadas a la serranía y sus estribaciones. De hecho, de la totalidad de las cartas dibujadas por la misión, solo existe un mapa que reproduce el territorio amazónico reclamado por el gobierno ecuatoriano en su totalidad –el mapa etnográfico trazado por Paúl Rivet en su etnografía anciana del Ecuador (Figura 1). Aunque las citas de Vacas Galindo parecen exageradas, la inclusión de su gran Ecuador en la etnografía de Rivet merece un análisis más detallado. Por un lado, contradice la tendencia a enfocar la visión cartográfica en el territorio donde se levantaron las medidas geodésicas que se emplea en el resto de los informes franceses –efectivamente, este es el único mapa amazónico incluido en estos informes. Por otro lado, parece deshilvanado en un volumen que trata casi exclusivamente la arqueología de la sierra y el litoral, con solo cuatro páginas dedicadas a una introducción truncada de las poblaciones del oriente. No obstante, esta referencia a la visión mesiánica-nacionalista de la geografía ecuatoriana se debe considerar como un gesto de Rivet hacía Vacas Galindo, cuya influencia en el pensamiento de Rivet se puede destacar en los trabajos acerca de la amazonia que precedieron el informe oficial de la misión geodésica. Rivet publicó 45 artículos que avanzaban estudios lingüísticos, antropológicos y arqueológicos, a veces en colaboración con Raoul Anthony y Henry Beuchat entre 1901 y 1912, de los cuales diez se concentran en la región amazónica50. Como los límites de esta monografía imposibilitan un estudio general de las deudas intelectuales contraidas por Rivet en estos diez artículos, me concentraré en una lectura cuidadosa del primero, y más desarrollado, que trata la historia, geografía, y costumbres jíbaras51. Este estudio comienza con un resumen histórico, en el que Rivet demuestra su familiaridad con una gran bibliografía en la que se incluyen no solo sus mentores franceses, sino los relatos de viajeros estadounidenses decimonónicos como James Orton o Friedrich Hassaurek, los geógrafos que trabajaron en entornos ecuatorianos como Villavicencio, Wolf, y hasta Requena, y la arqueología del alemán Max Uhle quién había comenzado sus trabajos a fines del siglo XIX. Como ha señalado Christine Laurière en una interesante biografía reciente de Rivet, también se pueden destacar las observaciones que algunos residentes particulares en Gualaquiza 50 Laurière, Paul Rivet, op. cit, pág. 683-86. 51 Paul Rivet, “Les Indiens Jíbaros. Étude géographique, historique et ethnographique”, L’Anthropologie, vol. 8 (1907), págs. 333-68 y 583-618. 173 Cartógrafos y clérigos. Misiones geodésicas y religiosas en el... enviaron directamente al médico francés52. Sin embargo, las dos figuras más citadas, y que aparentemente más influyeron en la metodología de su estudio son González Suárez, hecho que era de esperar por su fama como historiador y arqueólogo, y Vacas Galindo, cuya presencia es un poco inesperada. Como intentaré delinear, en su tratado de Vacas Galindo, Rivet revela no solamente su deseo de crear una obra sintética, sino su aprecio por la sensibilidad mesiánicanacionalista que se había desarrollado durante los últimos dos siglos. En este artículo, Vacas Galindo aparece primero como un experto en la geografía de la región, y después como un analista de la etnografía y lingüística jíbara. Su primera aparición llega al final de la introducción en un momento en el que Rivet está intentando delinear la topografía de la zona. El francés subraya su concordancia con la opinión del dominicano acerca de las fuentes del Río Upano, juicio que cuestiona el trazado del río realizado por Teodoro Wolf53. Aparece de nuevo unas páginas después al introducir una descripción más extensa de la geografía. Rivet de nuevo empareja a los dos frailes, esta vez para destacar la dificultad de fijar la posición de las tribus amazónicas, debido a la gran cantidad de selva y la dificultad para atravesar los ríos caudalosos de la región54. Aquí desaparece Wolf, que es remplazado por referencias repetidas a Nankijukima. Rivet aparece particularmente interesado en el análisis lingüístico y onomástico de esta obra pero también en las observaciones de Vacas Galindo acerca de la belicosidad e inclinación a tomar venganza del Jíbaro55. Rivet además repite otras temáticas que había destacado Vacas Galindo; en particular, el énfasis en el amor a la libertad y el espíritu independentista del Jíbaro y su hermosura robusta, los cuales habían sido parte del discurso mesiánico-nacionalista durante siglos, pero particularmente agudos en Nankijukima56. Llega incluso a subrayar la distinción entre los jíbaros y los zaparos que se había convertido en cliché retórico tanto en las obras de Vacas Galindo como en las de sus antepasados intelectuales. Estas referencias tanto textuales como temáticas deberían ser entendidas como reconocimientos del mérito de la erudición del fraile. No obstante, el conocimiento extenso de la literatura geográfica ecuatoriana exhibido por Rivet y su familiaridad con la política cultural de comienzos de siglo sugiere que la decisión de favorecer una perspectiva fuertemente ligada a una visión católica no se puede considerar casual. La repetición de este gesto al delinear un gran Ecuador, el mismo que había defendido Vacas Galindo, también apoya esta conclusión. 52 Laurière, Paul Rivet, pág. 126-36. 53 Rivet, “Les Indiens Jíbaros”, pág. 338. 54 Ibid., pág. 351. 55 Ibid., págs. 600, 605. 56 Ibid., págs. 358, 360.