scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La identidad de la juventud andaluza

Díaz Sánchez, Juan

Full text

Identidad Personal y Educación 1 LA IDENTIDAD DE LA JUVENTUD ANDALUZA. JUAN DÍAZ SÁNCHEZ INSTITUTO ANDALUZ DE LA JUVENTUD A través del conocimiento de la realidad social se construye la identidad personal y colectiva de los grupos. La identidad no es sólo un hecho constatado sino que sobre todo es un fenómeno y una necesidad de los individuos y de las sociedades en torno a la cual se articulan todo un entramado vital, de emociones, pulsiones, agresiones y afectos que dan sentido y orientan la vida individual y colectiva. Castells (2001:28) entiende por identidad el proceso de construcción del sentido atendiendo a un atributo cultural, o un conjunto relacionado de atributos culturales, al que se da prioridad sobre el resto de las fuentes de sentido. Todas las identidades son construidas, pero lo esencial es saber cómo, desde qué parámetros, por quién y para qué se construyen. Estos interrogantes, así como otras motivaciones de orden estratégico, programático y político han fundamentado que desde el Instituto Andaluz de la Juventud se lleve a cabo varias investigaciones sobre los Jóvenes Andaluces al objeto de conocer qué quieren, qué les preocupa, qué sienten, cómo ven su papel en la sociedad, con qué se identifican. El conocimiento de la realidad juvenil de una forma sistemática y reflexiva nos permite establecer programas educativos que respondan a las necesidades y demandas detectadas. Éste es el punto crucial que da sentido y vincula la Educación con el conocimiento de la identidad juvenil, pues nos permite no sólo relacionar y establecer un buen engranaje entre lo que se hace y el por qué se hace sino que sobre todo da sentido y eficacia a los procesos educativos que abordamos. Entre las Investigaciones abordadas por el IAJ para el conocimiento de la realidad Juvenil podemos destacar, entre otras, las siguientes: • Las razones de los Jóvenes. Discursos de los Jóvenes Andaluces. • La situación social de los Jóvenes en Andalucía. • Jóvenes Andaluces de zonas urbanas: Estudio de los factores de riesgo del comportamiento violento. • Valores y actitudes democráticas en los jóvenes andaluces. Este rico material nos facilita el conocimiento de la identidad de la Juventud, o de los jóvenes y la lógica que les moviliza para alcanzar una determinada identificación y las asociaciones y condiciones que favorecen u obstaculizan las identidades. En los estudios reseñados se presenta una perspectiva complementaria que centra su atención en el modo cómo los jóvenes construyen su identidad, valoran su realidad y adoptan decisiones sobre su papel en los distintos contextos sociales en los que se encuentran. Sin embargo, consideramos muy pertinente que antes de aterrizar en Identidad Personal y Educación 2 las identidades juveniles afrontemos un peldaño anterior, que no es otro que describir el entorno y las circunstancias vitales y sociales de la Juventud en nuestros días, esto nos proporcionan algunas claves para comprender no solo sus comportamientos y actitudes, sino también el por qué de las identificaciones que adoptan. A continuación sintetizamos las condiciones envolventes de los jóvenes andaluces en 20 puntos: 1.- La situación social de los jóvenes andaluces está marcada por los problemas que encuentran en el mercado de trabajo. Esta situación, por supuesto, es muy diversa en función fundamentalmente de las trayectorias y estrategias de inserción laboral seguidas y del origen familiar de los jóvenes. Pero al margen de estas diferencias los jóvenes encuentran unas mismas dificultades para acceder al empleo y unas mismas condiciones laborales desfavorables. Estas circunstancias configuran una situación de bloqueo del “relevo” generacional en lo que se refiere al trabajo, al que se enfrentan los jóvenes de distinto modo y con diversos resultados. 2.- Las circunstancias adversas del mercado laboral suponen dos consecuencias fundamentales para la población juvenil: - Produce un retraso generalizado en la incorporación al mercado de trabajo y un deterioro de las condiciones de trabajo de los primeros empleos, sobre todo en lo que se refiere al sueldo y a la estabilidad laboral. La escasez de los empleos supone un retraso generalizado en el momento de acceso a los mismos que, no obstante, puede ser mayor o menor en función de la estrategia de inserción laboral adoptada. Las estrategias centradas en la adquisición de formación son, en este sentido, las que suponen en mayor medida diferir el momento de acceso al empleo. Podemos hablar de una tendencia a aumentar el periodo de formación que vendría determinada no sólo por las mayores exigencias de cualificación de los puestos de trabajo sino, sobre todo, por los filtros que establece el mercado laboral ante la abundancia de demandantes de empleo en comparación con las ofertas de trabajo. No es que los jóvenes estudien cada vez más, sino que quienes lo hacen tardan más en alcanzar el objetivo formativo perseguido. La necesidad de complementar la formación obtenida con estudios que aporten excelencia y la necesidad de aportar experiencia laboral específica son los dos filtros más importantes que han producido una prolongación temporal de las estrategias de inserción laboral centradas en la adquisición de formación. - Las trayectorias y estrategias de inserción laboral se complejizan y diversifican, introduciendo importantes desigualdades entre los jóvenes. Aunque los condicionantes que plantea el mercado laboral sean compartidos, podemos considerar que las dificultades laborales de los jóvenes aumentan la desigualdad entre ellos en función de las distintas posibilidades de enfrentarse a ellas y de la diversificación de los modos de hacerlo. 3.- Ante estas dificultades y problemas que les plantea el mercado de trabajo los jóvenes muestran en sus discursos una importante capacidad de superación y esfuerzo, así como Identidad Personal y Educación 3 una percepción realista y pragmática. En particular, muestran unas aspiraciones elevadas y una resistencia al desaliento y la frustración de las expectativas. No obstante, también hay posicionamientos más negativos, pesimistas o conformistas. 4.- Las dificultades para la inserción laboral que encuentran los jóvenes está suponiendo un retraso en el momento de emancipación que, si bien es generalizado, afecta de manera desigual en función de la situación laboral y de los proyectos de vida particulares. En este retraso hay un componente importante de posibilidad económica, que configuran las condiciones de la emancipación, pero también intervienen otros factores que podemos considerar como “elegidos”, que configuran las decisiones de la emancipación. Entre estos factores destacan el nivel de bienestar material al que se aspira y la importancia de la intimidad en la relación de pareja. Para los jóvenes la perspectiva de la emancipación supone en muchos casos rebajar el nivel de bienestar familiar que gozan en sus familias de origen, sobre todo en lo que se refiere al consumo de bienes materiales y ocio. Los ingresos que les proporciona su actividad laboral les proporcionan una alta capacidad de consumo mientras tienen las necesidades básicas cubiertas familiarmente. Esto hace que muchos jóvenes que económicamente podrían plantearse una vida autónoma, no lo hagan porque esta opción implica rebajar su nivel de vida. Por otro lado, el grado de autonomía o libertad que tienen en su convivencia familiar hace que en muchos casos el único motivo para plantearse la emancipación sea la intimidad en la relación de pareja. Esto hace que la formación de una unidad familiar, generalmente en torno a la institución matrimonial, sea el factor que en mayor medida influye en las decisiones de emancipación. 5.- La permanencia de los jóvenes en la familia de origen hasta edades tardías genera relaciones familiares entre padres e hijos peculiares. Las familias suelen conceder a los jóvenes un estatus familiar “intermedio” o de semi-adulto que es definido en un proceso de negociación. Esto hace que las relaciones familiares no suelan ser conflictivas y la convivencia “forzada” entre adultos que supone esta situación se resuelva en la definición de espacios de autonomía limitada. Las dos cuestiones centrales en esta negociación son el horario y la capacidad de gasto, si bien el dinero que les proporciona la actividad laboral, ya sea ésta temporal, estacional o estable, proporciona en muchos casos a los jóvenes una autonomía de gasto al margen de sus familias. 6.- No obstante lo anterior, esta permanencia prolongada de los jóvenes en la familia de origen produce algunos efectos menos visibles pero no por ello menos relevantes. Entre estos efectos destaca un fenómeno que podemos llamar “infantilización”, marcado por el mantenimiento y consolidación de comportamientos casi infantiles y la resistencia a asumir responsabilidades que muestran algunos jóvenes. La investigación realizada no permite cuantificarlo, pero una sugerencia para establecer la extensión de este fenómeno sería las tareas y responsabilidades asumidas por las personas, las que se asumen parcialmente (o con ayuda de otros) y las que se “delegan”. Esta infantilización es el resultado de asumir la dependencia, ya sea por necesidad, costumbre o comodidad, pero que en cualquier caso supone una merma de la autonomía y el desarrollo personal, sobre todo en lo referido a la aparición y desarrollo de la responsabilidad y el compromiso. Sin duda, este fenómeno afecta de manera desigual a los jóvenes en función de su situación, su experiencia y sus circunstancias personales. Identidad Personal y Educación 4 7.- Podemos suponer, si quiera como hipótesis, que el grado de infantilización de los jóvenes que permanecen en la familia de origen depende de la autonomía y confianza que les conceden sus padres. La infantilización es el resultado de la extensión de las relaciones basadas en el control hasta edades cada vez más avanzadas. Por otro lado, estas relaciones basadas en el control no sólo se producen en la familia, sino que están implicadas en muchas de las decisiones públicas que se adoptan en relación a los jóvenes. Por ejemplo, la prohibición del consumo de alcohol en la calle como respuesta al “botellón” incluye esta lógica infantilizante, en la medida en que cifra la observancia de la norma en el control de sus comportamientos. Con ello no sólo se limita la capacidad de actuar de los jóvenes, sino que sobre todo se impide el desarrollo de la autorregulación responsable del comportamiento, en este caso, en relación al consumo de alcohol y la convivencia ciudadana. 8.- Hay un creciente extrañamiento o incomprensión social en relación con los modos de ocio de los jóvenes, en concreto con el ocio nocturno vinculado al consumo de alcohol y otras drogas, que se traduce en una crítica indiscriminada y descalificante de la juventud. Es revelador que esta crítica aparezca incluso en grupos de jóvenes referida a los menores, en la medida que indica su extensión y pujanza. Este juicio negativo es interpretado por los jóvenes como una desconfianza generalizada e indiscriminada, que tiene importantes consecuencias sobre su comportamiento social. Así, mientras los jóvenes presentan mayoritariamente un comportamiento abierto y público, desde estas críticas y el aumento del control que reclaman se les invitan a esconderse, a ajustar su comportamiento a una hipocresía social imperante que rechazan. Desde distintos planteamientos, se ofrece a los jóvenes la norma de que lo importante no es lo que se hace sino no ser visto ni castigado. 9.- Los jóvenes presentan muchos modos de ocio y están interesado generalmente por muchos tipos de actividades. Sin embargo, coinciden mayoritariamente en salir por la noche. Plantear la cuestión en términos de alternativa al ocio centrado en el consumo de alcohol es ineficaz en un doble sentido. Por un lado, porque los jóvenes que salen por la noche no realizan este tipo de ocio de manera exclusiva ni excluyente, por lo que no se plantean la necesidad de optar. Por otro lado, mediante el ocio nocturno los jóvenes tienen acceso a unas experiencias y a un tipo de relaciones que no encuentran en otros ámbitos. 10.- La creciente incomprensión de los jóvenes tiene también sus consecuencias sobre los modos cómo ellos interpretan los mensajes que reciben desde posiciones adultas. Por ejemplo, la alarma adulta que producen los comportamientos delictivos de los menores ha producido el discurso, por otro lado muy discutible, de la impunidad que supone la Ley del Menor en relación a dichos comportamientos. De esta manera, no es tanto la propia Ley sino una lectura adulta muy sesgada de la misma, la que produce la idea de la falta de castigo para los delitos cometidos por los menores. El caso es que los menores reciben la información de que sus delitos no serán penados en el sentido de que no tendrán ninguna consecuencia. Esta interpretación de la Ley del Menor, nos muestra como los discursos que reclaman un mayor control y una mayor dureza en los castigos a los menores, contribuyen a la aparición y extensión de los comportamientos de los que dicen alarmarse. Identidad Personal y Educación 5 11.- El ocio y el consumo son cuestiones centrales y cruciales en la vida de la mayoría de los jóvenes. Esto es debido en buena medida a las dificultades que encuentran en otros ámbitos, en particular en los estudios, en el trabajo y en la familia, para obtener experiencias y elementos con los que construir una identidad positiva. El resultado es que para muchos jóvenes que no encuentran estos elementos positivos en su “realidad”, la identidad adquiera un creciente carácter “virtual”, en la que predominan los componentes estéticos más que los componentes éticos y la capacidad de eludir el control más que la autonomía efectiva. 12.- Entre los jóvenes hay una creciente diversidad derivada, fundamentalmente, de la prolongación del periodo de tránsito a la vida adulta y de las desigualdades con las que se enfrentan a este tránsito, tanto en las posibilidades de todo tipo como en las decisiones que adoptan. Esto hace que la “condición” juvenil cada vez sea menos fuente de identificación, y que entre los jóvenes primen las relaciones de competencia sobre las relaciones de cooperación o acción conjunta. 13.- Los jóvenes tampoco se identifican con la visión adulta sobre su realidad, sobre todo en lo que se refiere a los llamados problemas juveniles: carecen de la capacidad y del interés por la contestación, pero rechazan las visiones “negativas” de la juventud con el sencillo mecanismo de no asumirlas. Los problemas que se suponen afectan a los jóvenes, como pueden ser los accidentes de tráfico, el consumo de drogas o los trastornos de la alimentación, son considerados como ajenos, realidades que afectan a “otros” jóvenes. El discurso alarmante de los adultos se configura así, en buena medida, como un discurso de “consumo interno” entre los adultos, pero con una capacidad muy reducida de modificar o siquiera influir en los comportamientos y actitudes de los jóvenes. Circulan así entre los jóvenes, versiones de estos problemas que tienen que poco que ver con los mensajes que reciben de los adultos y están relacionadas con sus experiencias directas. 14.- Los jóvenes encuentran muchas dificultades para suscribir y mantener los sistemas de valores tradicionales y socialmente establecidos. Pero más que proponer un sistema alternativo, muestran una tendencia a sostener sistemas de valores personalizados, elaborados con elementos de distintas procedencias y que presentan unas mayores posibilidades de adaptación a las situaciones concretas de un mundo cada vez más complejo y diverso. Como contrapartida, estos sistemas pierden coherencia y, sobre todo, tienen una menor vigencia social, una menor capacidad de hacerlos valer socialmente. El universo valorativo de los jóvenes se ha atomizado sin que haya un principio rector que lo “gobierne”. 15.- Los jóvenes reflejan en sus discursos la primacía de los valores materiales sobre otros valores cívicos (ideológicos) o trascendentes (religiosos). No obstante, junto a este materialismo, entre los jóvenes adquiere especial pujanza y vigencia valores muy positivos tales como la tolerancia y el respeto y valoración de la diferencia. Respecto al sistema democrático, los jóvenes manifiestan una amplia adhesión, si bien consideran que precisa de un mayor desarrollo, en particular en lo que se refiere a los mecanismos de participación directa. Identidad Personal y Educación 6 16.- En el discurso de los jóvenes se manifiesta una indiferencia y desconfianza hacia la política. Pero esta actitud no deriva de un desinterés político, sino de una visión crítica de los mecanismos políticos y de la percepción de que las distintas opciones no se corresponden con sus intereses ni son susceptibles de modificar significativamente su realidad. Es más, perciben que no hay opciones sustancialmente distintas: la indeferencia sería una respuesta lógica ante la ausencia de diferencias entre “opciones”. Podría estarse produciendo un círculo vicioso en el sentido de que esta indiferencia provoca una menor participación, que a su vez motiva una mayor desconsideración del sistema hacia los jóvenes, lo que aumenta la indiferencia y desmotiva la participación, etcétera. La desconfianza, a su vez, tiene que ver con la indiferencia: si los jóvenes perciben que en la política se persiguen intereses con lo que no se identifican, los intentos por aumentar su participación son interpretados, en buena medida, como maniobras manipuladoras que sólo buscan su adhesión en forma de voto. 17.- En esta situación es complicado promocionar la participación política de los jóvenes desde discursos “adultos”. Sería más efectivo en este sentido propiciar un espacio discursivo paralelo y con capacidad de influencia en la definición de las políticas que pueden afectarles. No se trataría tanto de darles las soluciones a sus problemas desde una determinada opción política, ocupando el espacio discursivo, sino de facilitar su intervención e implicación en los procesos de toma de decisiones. 18.- En el discurso de los jóvenes hay muy pocas referencias a las políticas de juventud. Esta ausencia indica que conceden muy poca importancia a estas políticas, en el sentido de que no afectan sustancialmente a sus condiciones de vida. Pese a la poca información que nos ofrecen en este sentido los discursos analizados, podemos apuntar dos factores que inciden en la valoración que los jóvenes hacen las políticas de juventud y de los programas de actividades que se les ofrecen. Por un lado, las políticas tienen que ser menos cosméticas y más sustantivas, lo que supone fundamentalmente un mayor alcance y dimensión de sus objetivos. Por otro lado, debe promocionarse el protagonismo de los jóvenes, con su implicación en todo el proceso, en particular en la toma de decisiones, y con la ausencia de agentes “extraños”. 19.- Los jóvenes perciben que en esta sociedad se lo dan todo hecho y tienen un estrecho margen para aportar nada. Es más perciben en muchas de las opiniones y actitudes de los adultos, que lo que se espera de ellos es que no molesten. Los jóvenes gozan en la mayoría de los casos de un bienestar material apreciable. Pueden acceder a casi todo lo que desean, en ocasiones sin que ello les suponga mucho esfuerzo. Pero también con frecuencia carecen de espacio, tanto físico como participativo y discursivo, dentro de la sociedad. 20.- Las comunicaciones referidas a la juventud suelen tener un contenido crítico y negativo que es rechazado por los jóvenes, además de la atribución generalizada de unos determinados comportamientos problemáticos al conjunto de los jóvenes. Sería aconsejable evitar estas generalizaciones abusivas, así como incidir en otros aspectos positivos que también presentan los jóvenes. Por ejemplo, el pragmatismo que manifiestan en muchos de sus comportamientos anuncia transformaciones sociales que vendrán más de la emergencia de las contradicciones del sistema que de su cuestionamiento. Identidad Personal y Educación 7 Construcción de la identidad. Desde este marco social, estructural y vivencial, la identidad de los Jóvenes se construye no sólo desde la adversidad sino que también desde la incongruencia de cierta teoría social (lo que debe ser) y la práctica social actual (lo que se hace). En este sentido podemos señalar que hay un buen trecho entre lo dicho y el hecho. Esta situación existencial, más allá de ser un repertorio ordenando de características fríamente expuestas en un papel, es el conjunto de situaciones existenciales que condicionan y modulan la identificación del joven. En la construcción que los jóvenes realizan de su identidad social intervienen muchos factores que afectan de manera desigual, de tal forma que no podemos afirmar que un determinado factor incide por igual en la identidad de los jóvenes, si no que ésta incidencia varia y se ordena según complejas relaciones y circunstancias personales, sociales, culturales y del entorno que cada joven vivencia. En este sentido como en otros de la vida no se pueden establecer unas relaciones de causas efectos cerrados, sino que más bien se establecen desde la diversidad y desde la complejidad. No podemos olvidar que la identidad es la fuente de sentido y experiencia para la gente (Castells: 2001) y se construye mediante un proceso de individualización; cobrando sentido cuando la interiorizan de forma personalizada. Siguiendo con los planteamientos de Castells tendríamos que señalar que desde una perspectiva sociológica, todas las identidades son construidas. Lo esencial es cómo, desde qué, para quién y para qué. Para la construcción de las identidades utilizamos materiales de la historia, de la geografía, biología, la memoria colectiva y las fantasías personales, los aparatos de poder y las revelaciones religiosas. Pero son los individuos, los grupos sociales y las sociedades quienes procesan todo este material, lo reordenan y le dan un sentido un significado y una forma externa de manifestación que eclosiona con toda su fuerza singular. Castells (2001:29) distingue tres formas y orígenes de la construcción de la identidad. • Identidad legitimadora: introducida por las instituciones dominantes de la sociedad para extender y racionalizar su dominación frente a los actores sociales. • Identidad de resistencia: generada por aquellos actores que se encuentran en posiciones/condiciones devaluadas o estigmatizadas por la lógica de la dominación, por lo que construyen trincheras de resistencia y supervivencia basándose en principios diferentes u opuestos a los que impregnan las instituciones de la sociedad. • Identidad proyecto: cuando los actores sociales basándose en los materiales culturales de que disponen construyen una nueva identidad que redefine su posición en la sociedad, y al hacerlo, buscan la transformación de toda la estructura social. Identidad Personal y Educación 8 Características de la identidad juvenil en el marco andaluz. El contenido de este punto resume algunos aspectos de los informes e investigaciones denominados: las razones de los Jóvenes, discursos de los Jóvenes andaluces y la situación social de los jóvenes en Andalucía. Entre los rasgos característicos de la identidad juvenil en Andalucía, podemos destacar: La identidad de los jóvenes es considerada con provisional e inestable: Las condiciones reales que caracterizan la situación actual, así como la peculiar situación sociolaboral contribuyen a que las identificaciones de los jóvenes sean poco consistentes y se encuentren sometidas a los cambios y vaivenes que las circunstancias concretas exigen. Una de las características más significativas de los jóvenes es presentar una identidad en construcción, una identidad no acabada que se encuentra en un proceso de formación, y como tal, en parte inestable y problemática. La identidad juvenil está constituida por distintos elementos de la realidad, la situación laboral y la situación sociofamiliar son las dos dimensiones básicas de la identidad juvenil... El empleo y la familia se constituyen, por tanto, en las variables que con más fuerza destacan con mayor interés entre la juventud. Por otra parte debemos señalar que esta situación no es específica de la juventud en particular, sino de la sociedad en general, lo cual contribuyen a que tampoco la identidad adulta (en muchos casos) pueda ser considerada como definitiva. No podemos olvidar que la inestabilidad laboral y afectiva no es solo restrictiva de los jóvenes, sino que como es obvio también afecta a los adultos. Es por ello que los jóvenes tienen muchas dificultades para construir una identidad “positiva” a partir de la situación que les ha tocado vivir. Esta situación está caracterizada por la provisionalidad y por la dependencia. Es transitoria e incompleta y es una identidad marcada por la carencia tanto de la experiencia y autonomía, como de compromiso y responsabilidades. Las situaciones tanto laborales como socio familiar de los jóvenes no les sirve para construir una identidad positiva por varias razones: • Los jóvenes viven situaciones provisionales o transitorias que se fundamentan en aquello que puede ser o llegar a ser, pero no en lo que realmente es. • Es “negativa” por cuanto está caracterizada por una carencia que debe ser superada. • Las situaciones que viven los jóvenes son diferentes y heterogéneas, esto lejos de aunar contribuyen a crear diferencias y a separar. • Las propias diferencias y dificultades vitales, de acceso a un empleo, generan competencia y rivalidad. Identidad Personal y Educación 9 • Esta situación que vive la juventud es percibida y valorada socialmente como negativa, y tomemos como ejemplo los siguientes conceptos con los que son definidos los jóvenes: acomodamiento, irresponsabilidad, falta de esfuerzo personal, escepticismo, sentimiento de incredulidad, consumismo, pluralismo de valores, etc. Estas limitaciones de la situación de empleo y sociofamiliar les lleva a los jóvenes a construir una identidad positiva pero basándose en otros ámbitos de su realidad. Por ello, los jóvenes dan cierta importancia al ocio, al consumo, a la diversión, a los iguales…, estas actividades vividas de forma inmediata dan sentido a la identidad presente, reafirman el modo de ser, contribuyen ampliar el campo de la experiencia personal y a modular las creencias y la personalidad. De ahí, que los jóvenes construyen su identidad desde las experiencias y recursos que obtienen del ocio y del consumo. Todas estas características relativas a la identidad juvenil no son exclusivas solamente de los jóvenes sino que para bien o para mal, los distintos estratos sociales “padecen” las mismas circunstancias; lo que diferencia es “como” lo viven unos y otros, porque la situación y el punto de partida son distintos. Por otra parte no podemos equiparar por igual a todos los jóvenes, sino que hay una gran heterogeneidad entre el propio colectivo. Lo que da identidad a la condición juvenil según manifiestan los jóvenes en los estudios señalados son estos tres aspectos: 1. El primero tiene que ver con la percepción de la juventud como algo relativo y transitorio. Como una etapa destinada a cambiar. 2. El segundo aspecto se refiere al modo de vida específico; en gran parte corresponde con una forma de pensar y de comportarse, lo que implica unos hábitos y conductas que lo diferencian de otros sectores de población. 3. El tercer aspecto tiene que ver con las carencias, de aquello que no se tiene y se desea tener para llevar a cabo una vida independiente, emancipada y en libertad y autonomía. Estas carencias, por lo general, se centran en los recursos económicos y en la incapacidad o dificultad para integrarse laboralmente. De cualquier modo podemos concluir este trabajo señalando que la identidad juvenil consiste en un conglomerado de aspectos que intervienen de una forma interrelacionada y compleja, que la identidad juvenil no es una cuestión que se pueda abordar desde una perspectiva homogénea y simple. Desde aquí hemos abordado los diferentes matices que conforman y contribuyen a la construcción de la identidad; los resultados no hay que analizarlos en términos absolutos y definitorios sino más bien hay que saber interpretarlos, asumirlos y comprenderlos en la medida que contribuyen a la generación, no sólo de la identidad, sino en la constitución o generación de una determinada sociedad civil cargada de valores, principios y finalidades.