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999 LA PARIDAD DENTRO DE LA ECUACIÓN INFORMATIVA EN LOS MEDIOS. LA EXPERIENCIA DE LA DEFENSORA DE LA IGUALDAD DE EL PERIÓDICO. Rojas Torrijos, José Luis537 Profesor Asociado Departamento de Periodismo II Universidad de Sevilla [email protected] RESUMEN: Pese a las transformaciones sociales experimentadas por las mujeres en los últimos años, la profesión periodística se ha situado en el punto de mira de la crítica feminista, que reivindica un tratamiento más paritario de las informaciones. De esta forma, a los medios de comunicación se les acusa de seguir utilizando de forma habitual un discurso sexista que no hace sino reforzar la transmisión de estereotipos y roles tradicionales, y mostrar la realidad de un modo androcéntrico, esto es, desde un prisma en el que las mujeres son representadas de manera asimétrica frente a los hombres y donde raramente aparecen como protagonistas de las noticias. Como consecuencia de esta situación, las administraciones estatal y autonómica han incorporado medidas para el fomento de la igualdad en los medios de comunicación, con reglas específicas para los de titularidad pública, mientras organismos e instituciones han promovido y editado guías, folletos y manuales con recomendaciones y propuestas encaminadas a erradicar el lenguaje sexista de la sociedad. Dentro de las estrategias emprendidas por los medios de comunicación para erradicar un tratamiento informativo discriminatorio, sobresale por su singularidad, la Defensoría de la Igualdad creada por El Periódico de Catalunya en 2010. PALABRAS CLAVE: Medios de comunicación / igualdad de género / sexismo / defensor 537 Miembro del Grupo de Investigación ‘Estudios de Medios para un Periodismo de Calidad’ de la Universidad de Sevilla
1000 INTRODUCCIÓN: IGUALDAD Y PRÁCTICA PERIODÍSTICA Los medios de comunicación desempeñan una labor fundamental en las sociedades contemporáneas como elementos constituyentes y garantes del orden democrático. Se erigen no solo como pilares del Estado de Derecho y la defensa de las libertades de los ciudadanos, sino también como fiscalizadores del poder, cuya labor somete a un continuo escrutinio con el fin de denunciar abusos y salvaguardar la normalidad política y la paz social. De esta forma, se han convertido en actores decisivos en el proceso de construcción de los pilares básicos sobre los que se ha de asentar toda sociedad que pretenda ser realmente libre, justa y solidaria, tales como la integración de colectivos minoritarios (como la población inmigrante o personas con algún tipo de discapacidad), el respeto y la tolerancia entre diferentes credos, ideologías o etnias y, de manera muy especial, la defensa y fomento de la igualdad de género en todos los ámbitos. No obstante, pese a que el sistema jurídico de los países más desarrollados equiparan de manera formal los derechos y obligaciones de hombres y mujeres, “esta igualdad legal aún no se traduce en igualdad real” (Fernández Morillo, 2011). Así, autoras como Victoria Camps advierten de que la existencia de ciertos vestigios sexistas en la sociedad actual impide que la igualdad de oportunidades para personas de ambos sexos sea efectiva: (...) "Porque más difícil que cambiar las leyes es cambiar las mentalidades y las actitudes que se reproducen con todas las inercias y vicios del pasado sin que nos demos cuenta. La televisión y el consumo -la publicidadno ayudan en absoluto a romper viejos esquemas y modelos que denunciamos como caducos" (1998:10). En este contexto, resulta crucial el papel de los medios de comunicación como plataformas de proyección de los logros alcanzados por las mujeres en los últimos años en terrenos como la educación, la salud, la cultura o la política, y, al mismo tiempo, como vehículos idóneos para contribuir a la formación en valores y educar en igualdad a todos los ciudadanos. Porque, a través de su discurso y de las pautas lingüísticas e ideológicas que contienen sus mensajes, los medios tienen una gran capacidad de influir en los modos de decir, hacer y pensar del público al que se dirigen y, por ende, de moldear y corregir determinadas mentalidades y comportamientos. Sin embargo, al periodismo, en su calidad de mediador entre el público y los contenidos informativos, se le acusa de seguir utilizando de forma sistemática un lenguaje textual y visual de corte sexista que no hace sino reforzar la transmisión de estereotipos y roles tradicionales, y de mostrar la realidad de un modo androcéntrico, esto es, desde un prisma en el que las mujeres son representadas de manera asimétrica frente a los hombres y donde raramente aparecen como protagonistas de las noticias (Rojas Torrijos, 2010). Estas políticas informativas de carácter conservador por parte de algunos medios de comunicación que no acaban de estar a la altura de las transformaciones sociales
1001 experimentadas por las mujeres en los últimos años (Aznar, 2005: 243) han situado a la profesión periodística en el punto de mira de la crítica feminista, que reivindica un tratamiento más equilibrado de las informaciones, de forma que estas recojan actitudes, pensamientos, valores, declaraciones y, en definitiva, formas de ver la vida que no se correspondan solo y exclusivamente con los hombres que protagonizan la vida política, económica o deportiva (López Díez, 2001: 60). Incluso desde dentro del periodismo se hacen autocrítica y continuos llamamientos a la reflexión para tratar de mejorar la práctica profesional de forma que se informe desde una perspectiva más plural y se proyecte así una imagen de la mujer más respetuosa y que no aparezca subordinada al poder masculino establecido. Sobre esta cuestión, Pilar López Díez (2005: 7) señala lo siguiente: (...) "La información conlleva también ofrecer otras alternativas, otros puntos de vista que, al mismo tiempo, deben ser contemplados por quienes la elaboran. Creemos que la profesión periodística debe hacer frente continuamente a los retos a los que les obliga su condición de intermediarios de ese flujo constante de ideas, opiniones, formas de ser y estar para poder elaborar piezas y relatos más acordes con los planteamientos que rigen en el siglo XXI." REPRESENTACIÓN DE LA MUJER Y SEGMENTACIÓN POR GÉNEROS DE LA TEMÁTICA INFORMATIVA La crítica feminista esgrime como uno de sus argumentos más contundentes que las mujeres siguen estando poco representadas en los medios de comunicación y que, cuando aparecen, en muchas ocasiones lo hacen desde una posición asociada a los roles más tradicionales. A su juicio, este tratamiento discriminatorio de las noticias se da tanto en la selección, distribución y composición de los contenidos, que son predominantemente masculinos, como en su presentación formal, al hacer uso de un discurso que incurre con facilidad en tópicos y estereotipos que denotan menosprecio hacia el sexo femenino. Efectivamente, el periodismo aparece como un ejemplo significativo y casi paradigmático en el que se produce una asimetría habitual entre el espacio que ocupa el hombre y el que los medios de comunicación otorgan a la mujer en calidad de protagonistas de la información. La mujer se torna más invisible en los medios de comunicación a pesar de que ocupa espacios sociales más relevantes que antaño. Asimismo, esta invisibilidad de la mujer en los contenidos periodísticos es algo que no se sostiene si nos atenemos a la aplicación de criterios estrictamente noticiosos, pues a menudo se producen muchos más logros femeninos de los que finalmente aparecen en los medios y, por ende, de los que finalmente llegan a tener conocimiento los ciudadanos. Al no otorgar una importancia suficiente a noticias que pueden merecer de manera objetiva una mejor valoración periodística, los medios de comunicación son culpados por ayudar con su conducta a afianzar las desigualdades aún existentes entre ambos sexos.
1002 Veamos en qué medida la realidad se corresponde con estas acusaciones a través de un somero repaso a algunos de los principales informes y trabajos de investigación acerca de la presencia de la mujer en los medios de comunicación que han sido promovidos por organismos e instituciones tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Una de las últimas iniciativas en este sentido es el trabajo denominado Beijing + 15: Plataforma de Acción y la Unión Europea, tercer informe acerca del desarrollo de los compromisos adquiridos en la Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeres538. Este documento identifica los medios de comunicación como una de las doce áreas críticas prioritarias de intervención539 y en la que es preciso que los propios periodistas sean también quienes trabajen para corregir la desigualdad existente de acceso y participación entre hombres y mujeres en todos los sistemas de comunicación y para suprimir los estereotipos femeninos en los espacios informativos. Entre las iniciativas internacionales más destacadas, también se encuentra Media Report to Women, informe trimestral que elabora The Women´s Institute for Freedom of the Press540. De las estadísticas que recoge esta publicación correspondientes al año 2005, figuran datos tan concluyentes como que en las principales cadenas de televisión de Estados Unidos (CBS, ABC y NBC) el porcentaje de noticias que tuvieron a una mujer como protagonista apenas alcanzó el 538 En esta conferencia, que celebró la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas en Pekín (China) en 1995, las delegaciones de 189 estados allí reunidos adoptaron por consenso dos importantes documentos: la Declaración de Beijing y la Plataforma para la Acción. Ambos textos se constituyen desde entonces como el referente principal para la salvaguarda de los derechos humanos de las mujeres y la consecución de la igualdad de género real en el mundo. El citado informe de seguimiento, realizado durante la presidencia sueca del Consejo de la UE en 2009, se sustenta en el análisis del desarrollo de doce áreas centrales establecidas en la Plataforma de Acción y en relación a los Estados Miembros de la Unión Europea. 539 La Plataforma de Acción señala la importancia de intervenciones que tengan en cuenta las necesidades prácticas y los intereses estratégicos de las mujeres y reconozcan y apoyen su esfuerzo por: 1) Superar la pobreza, persistente y creciente que afecta a las mujeres; 2) Favorecer la igualdad en el acceso a la educación en todos sus niveles; 3) Fomentar el acceso a los servicios de protección social y sanitarios y promover la salud sexual y reproductiva de las mujeres; 4) Prevenir y tratar la violencia contra las mujeres; 5) Tomar en cuenta las necesidades concretas de las mujeres en la solución de los conflictos armados y su protección específica; 6) Promover el acceso al empleo digno de las mujeres y a los ámbitos de decisión sobre su actividad económica; 7) Favorecer la ciudadanía plena de las mujeres en el ejercicio de los derechos y su representación de forma equilibrada en el poder político y en todas las instancias de participación internacional, nacional o local donde se toman decisiones; 8) Incidir en todos los procesos de fortalecimiento institucional que promuevan la equidad de género en el desarrollo; 9) El respeto, la promoción y protección de todos los derechos humanos de las mujeres; 10) Suprimir los estereotipos sobre las mujeres y la desigualdad de acceso y participación de las mujeres en todos los sistemas de comunicación; 11) Erradicar la desigualdad de mujeres y hombres en la gestión de los recursos naturales y la protección del medio ambiente; 12) La defensa de los derechos de las niñas contra la violencia, la explotación, la marginación y la discriminación por cualquier causa. 540 Esta institución sin ánimo de lucro con sede en Washington (EE.UU) se fundó en 1972. Actualmente es una red internacional que agrupa a miles de periodistas mujeres con el objetivo de elevar el estatus femenino en los medios de comunicación.
1003 14% frente al 86% de los hombres o que el número de referencias femeninas en las portadas de periódicos de este país fue de solo el 15%. Lo que también resulta significativo es la distribución de las noticias que incluyen la presencia de la mujer entre las distintas secciones o áreas informativas dentro de un mismo medio de comunicación, un hecho que se encuentra directamente relacionado con las materias a las que suelen dedicarse las periodistas. El punto de vista femenino está, por tanto, más presente allí donde hay más mujeres que elaboran noticias. Así, por ejemplo, el estudio Global Media Monitoring Project541 realizado en el año 2000 detalla que las mujeres se encargan de secciones como Local, más que de Nacional o Internacional, y de materias consideradas más ‘blandas’ como el medio ambiente, la salud o el entretenimiento. Por el contrario, esta investigación subraya que los hombres copan las secciones de Política y, de manera particular, temas relacionados con defensa nacional, guerra, deportes y crisis internacionales. A esta misma conclusión también llega el trabajo La presencia de estereotipos en los medios de comunicación: Análisis de la prensa digital española, que contó con la participación de casi una decena de profesores e investigadores de universidades españolas. Su coordinadora, Ruth Mateos de Cabo, lo resume en los siguientes términos: (...) "Si hacemos una evaluación de los espacios con mayor prestigio periodístico, nos encontramos con secciones como Política, Economía y Opinión, ocupadas en buena parte por el género masculino. Por el contrario, otras áreas más cercanas al entretenimiento, cultura, ocio y sociedad se reservan a mujeres periodistas. Otro de los motivos que podrían explicar la ausencia de mujeres en los escenarios informativos de mayor relevancia podría ser su tardía incorporación a la esfera pública, un fenómeno que también explicaría su escasa representación como protagonistas del poder político, económico y social” (2007: 13). De esta forma, queda de manifiesto que existe una especie de segmentación por géneros más o menos clara en el reparto de temas a la hora de confeccionar las informaciones en los medios de comunicación, de forma que hay secciones y áreas informativas en las que el espacio ocupado por la mujer es algo más relevante que en otras. Sin embargo, el campo de la presencia femenina sigue siendo reducido porque suele limitarse aún a asuntos tradicionalmente considerados como secundarios o ‘blandos’ y, por consiguiente, no situados en el primer nivel informativo. Como consecuencia de ello, algunos autores, como Juan Carlos Suárez, van más allá y hacen una clara distinción entre un tipo información concebida socialmente como masculina y otra que 541 Estudio financiado y publicado por The World Association for Christian Communication (WACC), entidad con sede en Londres (Reino Unido). Su primera edición fue en 1995.
1004 va más dirigida al colectivo femenino, cuyas diferencias no solo residen en las temáticas, sino también en el tratamiento de los personajes dentro de las noticias: (…) “En la comunicación que va destinada al público masculino solemos encontrar temas que van desde la informática, motor, negocios, erótica-sexual, política o económica. Al hombre se le concibe como actor del espacio público, de las tecnologías y de la acción. El hombre sigue siendo representado bajo el imaginario del poder, en cualquiera de sus parcelas simbólicas (…) Otra diferencia que se puede apreciar en la prensa dirigida a ellos es el lenguaje impersonal, pues se trata de informar a un ser supuestamente racional al que hay que respetar su criterio independiente, mientras que la prensa para ellas las presupone un ser sensible, por lo que está llena de consejos y testimonios que le ayuden a tomar sus decisiones de acuerdo con las voces de otros actores informativos” (2011: 46-47). Por otra parte, junto con el hecho de que la mujer sea más o menos visible en los medios, el problema se ha de situar también en la forma en que esta aparece en las noticias, habitualmente distorsionada y ligada a roles establecidos desde hace décadas. Así, el segundo informe Representación de género en los informativos de radio y televisión, publicado en 2005 por el Instituto Oficial de Radio Televisión Española, concluye que en los informativos de radio, donde la presencia femenina constituye el 15% del total de personas representadas, existe una diferencia notoria en las menciones de estas según su estatus familiar. Un 8% de las mujeres nombradas lo fueron en calidad de esposa, madre, hija, etc. por solo un 0,5% de los hombres bajo este mismo criterio. Esta diferencia de tratamiento se agranda aún más en los espacios televisivos, donde las mujeres son protagonistas en un 21% de los casos y donde son mencionadas en virtud de su relación familiar en un 12,3% de las informaciones mientras que esto solo ocurre en un 1,3% de los hombres referidos. LA CONSTRUCCIÓN DE UN DISCURSO SEXISTA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Estas notables diferencias en la presencia y representación de mujeres y hombres en las informaciones se agravan si observamos con detenimiento el discurso que emplean los medios de comunicación. Estos pueden ser sexistas tanto por el contenido del mensaje como por la forma de enunciarlo y, en la mayoría de las ocasiones, lejos de erradicar la discriminación, consiguen afianzar tópicos manidos (Guerrero Salazar, 2006: 81), ya sea mediante alusiones innecesarias al aspecto físico o a la vestimenta a las mujeres que no se efectúan en el caso de los hombres, ya sea a través del uso de lugares comunes que relacionan a ambos sexos a partir de determinados estereotipos, los cuales proyectan la imagen de la mujer como un ser inferior y dependiente o como un actor social pasivo. Existe, por tanto, una doble vía por la que los medios de comunicación producen frecuentemente manifestaciones y proyectan comportamientos de corte discriminatorio, lo que ha llevado a muchos autores a discernir entre ‘discurso sexista’ y ‘lenguaje sexista’ o entre ‘sexismo lingüístico’ y ‘sexismo informativo’ o ‘sexismo social’, si bien se trata de conceptos que están
1005 imbricados y que, por tanto, no son deslindables. A este respecto, Ana María Vigara asevera lo siguiente: (…) “Como fenómeno social que es, el sexismo puede manifestarse en cualquier ámbito, y alcanzar un reflejo (explícito o implícito) en el lenguaje (aunque no siempre necesariamente). A nuestro alrededor (en los medios de comunicación, en la literatura, en nuestro trabajo o en nuestra vida cotidiana...) encontramos con frecuencia manifestaciones y hechos en los que diríamos razonablemente que subyace un punto de vista o una ideología claramente sexista, un discurso sexista, pero no siempre nos será fácil encontrar huellas explícitas en el lenguaje implicado ni poner palabras precisas al fenómeno” (2009: 14). Llegados a este punto, cabe preguntarse qué entendemos por sexismo lingüístico y en qué consiste exactamente. En opinión de García Meseguer (1994: 24), se incurre en sexismo lingüístico “cuando se emplean vocablos (sexismo léxico) o se construyen oraciones (sexismo sintáctico) que, debido a la forma de expresión escogida por el hablante y no a otra razón, resultan discriminatorias por razón de sexo”. A juicio de este autor, el sexismo léxico se manifiesta especialmente en los tratamientos de cortesía; pares incorrectos; duales aparentes (expresiones femeninas cuyos homónimos en masculino significan algo distinto); olvido de la mujer; asimetrías en la forma de nombrar a hombres y mujeres; vacíos léxicos, al haber palabras solo referidas a cualidades masculinas; vocablos ocupados; insultos y palabras malsonantes; chistes y refranes; la voz ‘hombre’; cargos, oficios y profesiones; y palabras y expresiones androcéntricas (las que aluden a la mujer no directamente, sino a través de su relación con el hombre). Entretanto, el sexismo sintáctico no resulta tan claramente perceptible en ocasiones al ser consecuencia directa de la mentalidad de la persona que construye el mensaje. Así, se produce cuando se efectúan asociaciones estereotipadas del tipo mujer-belleza o varón-fuerza o se da a entender que el receptor de la información solo puede ser un hombre y nunca una mujer. Este androcentrismo implícito en algunas noticias desemboca a veces en el denominado ‘salto semántico’, que consiste en el empleo de un vocablo de género masculino que, en un primer momento, tiene un sentido genérico -y, por tanto, engloba a las personas de ambos sexos-, pero que a medida que avanza la información se vuelve a utilizar en un sentido diferente, referido exclusivamente al varón. Para Meseguer, el sexismo sintáctico es “socialmente más nocivo, por más insidioso y profundo, que el léxico”, ya que el uso de ciertas palabras por otras pueden ser a fin de cuentas una cuestión de gustos, mientras la construcción de las frases responde más a una manera de pensar (1994: 56). Por su parte, Concepción Ayala, Susana Guerrero y Antonia María Medina (2006: 20) diferencian entre sexismo lingüístico y sexismo social, pese a tratarse de dos conceptos que están estrechamente relacionados. Así afirman que tiene lugar el sexismo lingüístico cuando las palabras o estructuras empleadas degradan o, simplemente, invisibilizan a las personas por razón de su sexo, mientras que el sexismo social se produce cuando la discriminación se debe al contenido del mensaje, es decir, a lo que se dice y no a cómo se dice.
1006 En este mismo sentido, García Meseguer explica que el sexismo social y el sexismo lingüístico están vinculados entre sí pero no deben confundirse: (…) “Sexismo social y sexismo lingüístico se enlazan como dos serpientes que se devoran mutuamente por la cola. Diacrónicamente, el primero es la causa del segundo; pero el segundo contribuye a reforzar el primero, ya que el lenguaje conforma en parte la mentalidad de los hablantes. Piénsese que los niños, gracias al lenguaje y a otras cosas, pero sobre todo al lenguaje, se van incorporando lentamente a la cultura en la que vivirán de adultos y van asimilando inconscientemente sus mismos valores” (1994: 26). En cuanto al plano exclusivamente lingüístico, las propuestas más comunes que se realizan en guías y manuales para contribuir a un tratamiento igualitario a través del idioma se dirigen especialmente a evitar la ambigüedad del masculino genérico. Para ello, se recomienda sobre todo el empleo de sustantivos genéricos (que, con independencia de su género gramatical, puedan referirse a personas de un sexo o de otro), colectivos o abstractos (que aludan al cargo o profesión en vez de a la persona que lo desempeña); y, cuando no haya más remedio, de perífrasis o desdoblamientos. En este sentido, unas de las críticas más comunes vertidas contra las recomendaciones no sexistas, y que suscita un debate permanente entre los profesionales de la comunicación, es que el uso de algunos de los procedimientos lingüísticos mencionados no están justificados gramaticalmente y atentan contra el principio de la economía periodística. A este respecto, Guerrero, Ayala y Medina subrayan que la mayoría de los medios de comunicación muestran cierto conservadurismo que frena la puesta en práctica de las sugerencias o estrategias antisexistas escudándose en el mismo principio de la concisión del lenguaje que no aplican en otras muchas ocasiones: (…) “Los medios de comunicación tienden a la economía del discurso y con este fin recurren, entre otros procedimientos, al empleo del guión, la elipsis o las siglas, pero de igual modo es muy fácil encontrar ejemplos en los que, por influencia del lenguaje político, se dilata innecesariamente la frase por medio de archisílabos, locuciones, redundancias o perífrasis. Por eso, no deja de ser significativo y preocupante que se siga despertando entre quienes se dedican periodismo cierto recelo cuando este alargamiento va encaminado a evitar que se obvie o excluya a las mujeres en la redacción de los titulares, entradillas, sumarios o en el cuerpo de la noticia” (2006: 27). Hemos visto cómo, efectivamente, los medios de comunicación adolecen de un discurso sexista, que es fruto de una visión androcéntrica de la realidad y se manifiesta, por un lado, en la poca visibilidad de la mujer en las noticias y en una representación de la imagen femenina distorsionada y ligada a estereotipos; y, por otra, en la difusión de mensajes sexistas en las informaciones, tanto en el léxico como en la construcción sintáctica de los textos, que no hacen más que prolongar las desigualdades. Esta situación obliga, por todo lo aquí expuesto, a reflexionar acerca de los estrechos márgenes en que se mueven habitualmente los valores
1007 noticiosos y sobre las prácticas empresariales en la producción de los mensajes para valorar si no sería más enriquecedor elaborar la representación de la realidad sobre unos presupuestos más diversos, plurales y equitativos (López Díez, 2001: 60). ESTRATEGIAS DE AUTORREGULACIÓN EN LOS MEDIOS. LOGROS Y RETOS Las reivindicaciones femeninas han movilizado a las sociedades contemporáneas al plantear la necesidad, ya expuesta, de promover un cambio hacia la igualdad real entre hombres y mujeres y de hacerlo a través de los medios de comunicación por su potencial transformador. Así, diversos organismos e instituciones oficiales de ámbito nacional, regional e internacional, dentro de sus respectivos planes generales para la igualdad de oportunidades de las mujeres, han promovido, difundido y editado guías, folletos y manuales con recomendaciones y propuestas encaminadas a erradicar actitudes y manifestaciones machistas en los contenidos informativos y de entretenimiento. Entre otros organismos, destacan los trabajos específicos realizados por el Instituto Oficial de Radio Televisión Española y el Instituto de la Mujer (colección de trabajos denominada en ‘Nombrar En femenino y en masculino’, con siete títulos sobre uso igualitario del lenguaje en ámbitos como el derecho, la política, el deporte, la salud o la literatura), la Comisión Mujer y Deporte del Consejo Superior de Deportes, el Ministerio de Trabajo, la ONU (a través de las estrategias de Nairobi para el avance de las mujeres desde 1985), la Organización Internacional del Trabajo o el Parlamento Europeo (Informe sobre el lenguaje no sexista, 2008). También el Instituto de la Mujer creó en 1994 el Observatorio de la Imagen de las Mujeres (OIM), que dispone de un servicio para recibir quejas de anuncios y contenidos informativos discriminatorios hacia la mujer y canalizar las denuncias. Como organizaciones destacadas que se han encargado en los últimos años en España de tratar cuestiones de género, se encuentran la Associació de Dones Periodistas de Catalunya (ADCP) y la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación (AMECO), así como la plataforma Mujeres en Red, creada en el año 1997 por la periodista Montserrat Boix como un foro de comunicación entre mujeres y colectivos feministas. Igualmente, en el ámbito de las organizaciones profesionales, destaca la constitución formal en 2002 dentro de la Federación de Asociaciones de Prensa de España (FAPE) del Grupo de la Mujer, con el propósito de forjar agrupaciones de mujeres periodistas y observatorios para denunciar tratamientos periodísticos discriminatorios; y ese mismo año del Comité de Género de la Federación Internacional de Prensa (FIP), dirigido a incrementar el número de mujeres en puestos laborales y de decisión de los medios, de forma que la mayor presencia femenina en el periodismo también repercuta positivamente en unas informaciones más respetuosas y equilibradas. Por otra parte, en España también ha proliferado en estos últimos años la publicación de guías de estilo no sexista por parte de administraciones públicas, que han contado para ello con la participación de profesoras universitarias expertas en la materia. Entre ellas, sobresalen las realizadas por María Concepción Ayala, Susana Guerrero y Antonia María Medina en 2002
1014 En este sentido, es especialmente intenso el trabajo que esta Defensoría realiza a través de internet, ya que actualmente es la vía de comunicación más utilizada por el lector para exponer su malestar y también debido a su inmediatez y universalidad, lo que le otorga muchas más posibilidades para proyectar su labor. Así en su blog, publica posts con una periodicidad algo mayor, con una media de dos por semana. Estos textos constituyen reflexiones y análisis sobre la participación de la mujer en asuntos de máxima actualidad (como las revueltas en el mundo árabe, el movimiento de los indignados del 15-M o los efectos de la crisis económica), la situación laboral de la mujer en diferentes ámbitos, la violencia de género, el sexismo lingüístico o el uso inadecuado de imágenes, que “reciben un control supremo y son lo que más impacta”, según señala Peruga. El blog está vinculado a las redes sociales, especialmente Facebook, que es la cuenta en la que mantiene mayor actividad y donde, además, publica enlaces a noticias publicadas por cualquier web o medio de comunicación, no solo El Periódico, en las que alguna mujer o colectivo femenino sea protagonista. Junto con ello, tanto en su bitácora como en Facebook, hace constantes menciones a la vida y obra de mujeres políticas, economistas, doctoras, abogadas, profesoras y expertas en temáticas relevantes que hayan destacado en sus respectivos campos y, por tanto, tienen una alta consideración en el terreno profesional. Así, propone nuevas fuentes de consulta a los lectores y usuarios y contribuye con ello a visibilizar logros femeninos que no son -o no han sidosuficientemente tratados en los medios de comunicación y, por ende, apenas son conocidos ni reconocidos por el público. CONCLUSIONES Mediante el desempeño de esta suma de tareas, la Defensora de la Igualdad refuerza su función primordial de educar en valores igualitarios no solo a los redactores del medio para el que trabaja, sino sobre todo al conjunto de la ciudadanía. Desde la enorme responsabilidad que le confiere defender la imagen pública de la mujer, hace todo lo posible para que su medio contribuya a construir una realidad desde un punto de vista más justo y plural, que tome en consideración e incluya voces femeninas y utilice un lenguaje desprovisto de estereotipos y alejado de discriminaciones. Al mismo tiempo, su labor se encamina a elevar la calidad en el ejercicio de la profesión porque, como ella misma concluye, el periodismo de calidad deber ser diverso y no excluyente; debe reflejar la realidad y no ocultar a ningún protagonista de ella. “El relato digno e igualitario, de calidad, marcará la diferencia. Y las periodistas no pueden quedarse al margen”, afirma Eva Peruga (Torres Flores, 2011: 246). La creación de esta figura pionera constituye toda una oportunidad para los medios de comunicación y demuestra que desde el periodismo se puede aportar algo más que un grano de arena para mejorar los contenidos informativos y, con ellos, acelerar el avance hacia la igualdad en muchos otros ámbitos de la sociedad.
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