Medio natural y desarrollo. 2, El clima y el agua
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MEDIO NATURAL Y DESARROLLO.
Se pretende evaluar en esta primera parte del Informe la dimensión natural y ambiental del territorio en Andalucía. El sistema de indicadores seleccionado para este fin ha estado condicionado por tres hechos básicos. En primer lugar, por los propios fines del Informe, que no es en sí mismo un informe ambiental, sino territorial, y en el cual el contenido ambiental sólo está al servicio del territorio, junto con los demás componentes. No hay que pretender, en consecuencia, encontrar en este apartado un conjunto de indicadores ambientales estrictamente homologables a los que constituyen los sistemas de indicadores ambientales stricto sensu, sino un sistema propio en el que el territorio en su conjunto es el protagonista. La distinción no es banal; los sistemas de indicadores ambientales han nacido para evaluar el estado de determinados problemas ambientales y la eficacia de las políticas implantadas para intentar darles solución. En consonancia con ello, están efectivamente centrados en problemas y responden a la ya clásica distinción entre indicadores de presión, estado y respuesta1para reflejar no sólo el estado actual del problema analizado, sino también los impactos que potencialmente lo están amenazando (presión) y los intentos de solución que se están aplicando sobre él (respuesta). Frente a ello, en este Informe lo que se pretende valorar es el papel jugado por la naturaleza en la calificación final de los distintos territorios, y ello implica la toma en consideración, en primer lugar, del patrimonio natural disponible en cada uno de ellos, y, además, de su gestión y de las posibles disfuncionalidades que en ella se produzcan, las cuales, naturalmente, darían lugar a la aparición de estos problemas medioambientales antes mencionados. El segundo condicionante en la elección de los indicadores ha sido –aunque parezca paradójico– la voluntad de que éstos guardaran las mayores similitudes posibles con los sistemas de indicadores ambientales implantados en los distintos niveles competenciales (europeo, español y de la propia comunidad autónoma andaluza), a fin de permitir la comparabilidad de los datos y facilitar la interpretación de los resultados. En consecuencia, pues, los indicadores tratan de ajustarse a los ya implantados en el terreno de la disciplina ambiental, si bien adecuándose a las especificidades y los objetivos propios de este Informe territorial. Por último, ha sido un condicionante básico en la elaboración del sistema de indicadores la disponibilidad de información, la cual se reduce mucho cuando se trabaja en escalas territoriales de detalle (comarcal y municipal), como es este caso. Como consecuencia de ello, muchos aspectos que hubieran sido fundamentales para comprender la realidad ambiental de los distintos territorios no han podido abordarse, aunque se pretende incorporarlos progresivamente en el futuro a medida que tales datos pasen a engrosar la información municipal. Los dos primeros condicionantes nos han impulsado a abordar tres grandes temas: el estado de los recursos naturales, necesarios para la vida y para el desarrollo de la comunidad, los residuos generados en los procesos productivos, como contrapartida inevitable de este mismo desarrollo y como uno de los mayores retos ambientales a los que se enfrenta la humanidad, y la preocupación medioambiental, como indicativo de la penetración en la sociedad de la conciencia ambiental, única vía a través de la cual la situación puede irse mejorando. Por su parte, el tercero de los condicionantes, la disponibilidad de información, ha impuesto que cada uno de estos temas se aborde de manera desigual. Esta primera parte del Informe se organiza en torno a tres capítulos, de los cuales los dos primeros (capítulos 2 y 3) se dedican al estado y la gestión de los recursos naturales, estando el primero de ellos centrado en los recursos ligados al clima y el agua, y el segundo en aquellos asociados al suelo, la vegetación y el medio natural en general. Por último, el capítulo cuarto se ocupa de la preocupación medioambiental en la región, distinguiendo la preocupación institucional, que a su vez se aborda desde distintos ámbitos competenciales, y la preocupación empresarial. Las fuentes utilizadas han sido muy diversas y se precisan en cada capítulo, aunque es destacable, como es lógico, el papel ocupado por la información procedente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, que presenta ya una larga tradición en el levantamiento y organización de la información ambiental de la región, primero a través del SinambA (Sistema de Información Ambiental de Andalucía) y, mas recientemente, a través de la Red de Información Ambiental de Andalucía (RIA). Conviene destacar también las SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 35 Presentación 1O sus derivaciones y mayores precisiones, en las que ahora no se entrará.
detalladas escalas espaciales que suelen caracterizar a los datos procedentes de este organismo; en primer lugar, porque en numerosas ocasiones se trata de datos procedentes de la teledetección; además, por los grandes esfuerzos que en él se han desplegado para la georeferenciación y espacialización de la información. En muchos casos esto ha permitido la elaboración de mapas de representación continua del espacio, ya que los recursos naturales suelen ser categorías no vinculadas a límites administrativos. No obstante, la necesidad de producir indicadores comparables ha obligado a darles base territorial en función de los distintos ámbitos administrativos intraregionales, lo que ha supuesto en ocasiones una pérdida de precisión informativa, que se ha dado por válida en aras de la integración de todo este apartado en el conjunto del Informe. En todos los capítulos se ha procurado seguir criterios comunes en cuanto a la selección de los indicadores y su tratamiento. La selección de los indicadores ha estado presidida por el afán de obtener el máximo de representatividad con el mínimo número de éstos. Además, se han privilegiado aquellos indicadores que mostraran una clara evolución en el tiempo y que reflejaran el grado de avance, en positivo o negativo, del fenómeno analizado en cada caso. En ese sentido, conviene precisar que se han omitido muchas variables que pudieran ser buenas indicadoras del estado de los recursos naturales, pero que, por su carácter estático o aleatorio, no encajarían bien con los propósitos de un informe periódico como el que nos ocupa. Efectivamente, buena parte de los recursos naturales no varían en el tiempo o, al menos, no lo hacen a la escala de la vida humana, como ocurre con los recursos renovables. La disposición de los suelos de buena calidad agrícola en la región no varía sustancialmente de unos años a otros, como tampoco lo hacen las áreas dotadas de abundantes o escasas precipitaciones, o las áreas más o menos soleadas, y sería demasiado repetitivo y redundante reproducir cada año la distribución del potencial natural de la región, el cual ya se describió en el primer IDTA. En este segundo Informe y en los sucesivos se recordará este potencial natural en los epígrafes introductorios, y sólo se reproducirán de nuevo variables expresivas de recursos naturales cuando tengan que relacionarse con algún otro parámetro par dar lugar a indicadores relativos. Es el caso, por ejemplo, de la precipitación media caída en Andalucía, de la cual se deriva la lluvia útil por unidad de superficie, que se reproduce de nuevo porque, al relacionarse con la demanda de agua (ésta sí variable en el tiempo), permite reflejar la presión existente sobre los recursos hídricos en la región. Tampoco se recogen las variables que registran variaciones interanuales aleatorias –como sucede con todas las variables climáticas, tales como el número de días de helada, el total anual de precipitación, el número de horas de sol y tantas otras–, dado que estas variaciones coyunturales enmascararían las verdaderas tendencias registradas por el estado de los recursos naturales en la región, que es lo que realmente interesa caracterizar. En este sentido, por ejemplo, la inclusión de un mapa de precipitaciones correspondiente a un año muy seco o demasiado lluvioso sería más confusa que esclarecedora sobre la verdadera disponibilidad de agua en la región, la cual es el resultado de la coexistencia de ambos tipos de años en una sucesión aleatoria. Con respecto al tratamiento de los indicadores, se ha procurado seguir una secuenciación que parte de los indicadores absolutos, continúa en los relativos (respecto a la población, la superficie o algún otro indicador, según los casos) y conduce a los que muestran la evolución seguida por el fenómeno analizado, que son los que permiten, en último término, valorar las tendencias seguidas por el capital natural y ambiental de la región. SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 36
MEDIO NATURAL Y DESARROLLO. 2. EL CLIMA Y EL AGUA
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 39 2.1. Planteamientos iniciales 2.2. El consumo de energía Es bien conocido que los recursos climáticos constituyen un gran potencial natural para la región y, probablemente, una de las facetas más importantes del conjunto de su patrimonio. El potencial climático se deriva de la existencia de numerosos aspectos favorables para el desarrollo de la comunidad, pero también de la interferencia de algunos inconvenientes destacables. En la parte positiva hay que incluir la abundante insolación, que constituye una fuente extraordinaria de recursos energéticos (desgraciadamente, muy insuficientemente explotada), un input muy destacado para el desenvolvimien- to de la agricultura y de la vida vegetal en general, y un activo de primera magnitud para el desarrollo turístico. La bonanza térmica es otro de los aspectos más favorables y también está en la base de la agricultura y el turismo, dos actividades económicas esenciales para la región. La disponibilidad media de agua también puede calificarse como positiva, si se tiene en cuenta que las precipitaciones medias anuales sobre el territorio se evalúan en unos 700 l/m2. Por otro lado, como el número de días de lluvia no es muy elevado, estos totales pluviométricos pueden alimentar los recursos hídricos de la región sin devaluar en exceso los recursos turísticos, muy sensibles a este parámetro. Por último, entre los aspectos positivos, aunque con menor importancia, cabe mencionar la existencia de algunos enclaves dotados de vientos lo suficientemente intensos como para constituir un potencial energético significativo e incluso un activo importante de cara al turismo deportivo (área del Estrecho de Gibraltar y Almería). En el mismo sentido es destacable la presencia de la nieve en Sierra Nevada, que contribuye a la diversificación turística en la región. Los principales inconvenientes de orden climático vienen dados por la gran variabilidad espaciotemporal que caracteriza a sus variables y, especialmente, a las pluviométricas. La variabilidad pluviométrica interanual es ya proverbial y alimenta dos de los riesgos de mayor trascendencia en la región: las sequías y las inundaciones. Además, cuando ocasiona episodios de especial intensidad, contribuye a generar las elevadas tasas de erosividad de la lluvia que caracterizan a buena parte de la región. La variabilidad intraanual también es importante, sobre todo, por lo que concierne a la extremada aridez estival que caracteriza a todo el territorio. Esta exigüidad pluviométrica en la época en la que las temperaturas –y por ende las exigencias evaporativas– son más elevadas, constituye una presión extraordinaria sobre los recursos hídricos y da lugar a uno de los retos más importantes a los que se enfrenta la región en el ámbito de la gestión del medio natural: la gestión del agua. Por su parte, la variabilidad espacial es la responsable de que en Andalucía convivan áreas muy lluviosas (Sierras de Grazalema y Cazorla sobre todo) con otras en las que la escasez de precipitaciones constituye una limitación mayor (el sudeste almeriense). Todos estos aspectos relativos al potencial climático andaluz ya fueron presentados en el Primer IDTA y sólo experimentan variaciones interanuales aleatorias por lo cual, y siguiendo las directrices marcadas en este sentido para todo el bloque, no serán abordados de nuevo en este capítulo. Ahora el centro de atención del capítulo será puesto en tres aspectos clave: los consumos de energía, la atmósfera –que se abordará esencialmente a través de la emisión de gases de efecto invernadero y la calidad del aire en los entornos urbanos e industriales– y el agua, que incluirá epígrafes alusivos tanto a los recursos hídricos disponibles y su gestión como a los problemas ligados a la calidad del agua. El consumo de energía ha estado tradicionalmente asociado al conjunto de la actividad económica, hasta el punto de presentar una elevadísima correlación con el grado de desarrollo económico y con la renta per cápita de las distintas sociedades; un elevado consumo de energía siempre ha sido y continúa siendo un indicador de prosperidad económica. Sin embargo, cada vez se hacen más patentes los perjuicios medioambientales derivados de estos elevados consumos energéticos y, por muy diferentes motivos, la energía ha pasado a ser uno de los problemas ambientales percibidos como más graves por el conjunto de la sociedad. La reciente eclosión del problema del cambio climático no ha hecho sino consolidar esa idea, dado que se asume que la producción de energía es la principal responsable de las emisiones de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera y que, en consecuencia, las soluciones para este problema habrán de pasar por procesos de ahorro y de mejora de la eficiencia energética.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 40 El consumo de energía ha adquirido, pues, un carácter ambivalente y constituye, cuando alcanza valores elevados, tanto un indicador de prosperidad y desarrollo económico como la evidencia de un importante problema medioambiental. Este carácter ambivalente ha llevado a su consideración, desde la disciplina ambiental, en términos de eficiencia o intensidad energética; conceptos ambos que llevan implícita la asunción de que los problemas derivados del consumo de energía son inevitables, pero que, a la vez, sólo son tolerables en la medida en que los beneficios económicos que reporten sean claramente superiores a los problemas medioambientales que generen. Así, del mismo modo que la ecoeficiencia puede entenderse como la ratio entre la actividad económica generada y la unidad de medio ambiente utilizada, la eficiencia energética se definiría como el cociente entre el PIB y el consumo de energía de una determinada sociedad, siendo deseable la obtención de altos valores en este cociente. El inverso de la eficiencia energética sería la intensidad energética, y en este caso, lógicamente, lo deseable es la obtención de valores bajos. En estos términos de eficiencia energética se pretende abordar el tema del consumo de energía en el territorio andaluz, pero eso es imposible en los momentos actuales por la imposibilidad de obtener las fuentes de información necesarias a las escalas municipales. No existen datos municipales de Producto Interior Bruto ni ningún otro indicador de actividad económica o productividad que pudiera ser equivalente. Tampoco se conoce el consumo total de energía que se realiza en estas escalas espaciales, habiendo de limitarse a utilizar la información relativa al consumo de energía eléctrica, a partir del cual se hará la aproximación al problema ambiental constituido por el consumo de energía en Andalucía. Antes, no obstante, se darán unas cifras orientativas en torno al consumo energético en la Comunidad. En Andalucía en 2000 se produjo un consumo de energía final de 10.987 ktep1, una cantidad que sigue en los últimos años una tendencia creciente, como corresponde al crecimiento económico que paralelamente se va produciendo, pero que todavía resulta muy inferior a la media europea o española si se expresa en consumo por habitante. Así, si en estas fechas en la Unión Europea se alcanzaba un consumo medio de 3,8 ktep/hab; este valor se reducía a 2,8 ktep/hab para el territorio español y apenas alcanzaba el valor de 1,66 ktep/hab en Andalucía (EOI, 2004). Las fuentes de procedencia de estos consumos, que se reflejan en el cuadro 2.1, apuntan a un predominio del petróleo, seguido de la electricidad, el gas natural y las energías renovables, ocupando un papel muy residual el carbón, que apenas alcanza el 1% del consumo de energía final. Es destacable la gran similitud que esta estructura presenta respec- to a las estructuras española y europea, particularmente en lo concerniente al papel de la electricidad; como lo es también el hecho de que en Andalucía las energías renovables ocupen un lugar más destacado que en estos dos ámbitos, aunque todavía siga siendo un lugar modesto (cuadro 2.1). Menos similitudes se encuentran en los datos relativos a la eficiencia energética o su dato inverso, la intensidad, y en este aspecto las cifras son más desfavorables para Andalucía. Así, si en 2000 la intensidad energética final –es decir el cociente entre el consumo de energía final y el PIB– alcanzaba en Europa el valor de 0,128, en España se elevaba a 0,15 y en Andalucía ascendía hasta 0,16. Puesto que, como ya se ha mencionado, dentro de Andalucía no puede hallarse un indicador municipal relativo al consumo de energía total, se analiza en este caso el consumo de energía eléctrica, siempre teniendo en cuenta que ésta sólo representa el 21% del consumo total de Andalucía. Este tipo de energía puede asociarse fundamentalmente al consumo doméstico, al consumo público y al de aquellas actividades económicas llevadas a cabo en establecimientos2. Es necesario advertir, no obstante, que dado que la fuente de información ha sido la compañía Sevillana-ENDESA, no ha sido posible contar con datos municipales para el total de la región, puesto que se han excluido los municipios abastecidos por revendedores, que aparecen sin datos. Atendiendo a la distribución del consumo eléctrico por tamaño poblacional del municipio, en el cuadro 2.23puede observarse cómo las ciudades mayores de 50.000 habitantes concentran el 47,9% del total andaluz, porcentaje que llega hasta el 85,3 si se incluyen las de tamaño superior a 10.000 habitantes. Respecto al consumo medio municipal, éste aumenta progresivamente, a excepción del rango de 50.000 a 100.000 habitantes. La distribución espacial de los consumos se refleja en el mapa 2.1, y en él puede observarse cómo la depresión del Guadalquivir y el litoral presentan en general consumos más elevados. En el intervalo más alto se sitúan las capitales de provincia y algunos términos limítrofes de sus aglomeraciones urbanas, varios municipios de la costa, así como ciudades medias (Utrera, Antequera...) y localidades de menor tamaño pero claramente asociadas a una fuerte actividad económica (Lucena, Bailén...). Por el contrario, Sierra Morena en la mitad occidental de la región y las Béticas a lo largo del sur de Jaén, Granada y Almería, con consumos inferiores a los 25 GWh/año, poseen los valores menores, destacando por su extremadamente bajo consumo parte de la Sierra de Huelva y de la Cuenca Minera, además de Las Alpujarras y el Campo de Tabernas. 1Ktep = kilotoneladas equivalentes de petróleo. 2Determinadas actividades requieren el uso de combustibles fósiles y, por estar normalmente relacionadas con algún tipo de vehículo (maquinaria agrícola o para el transporte de bienes), no suelen llevarse a cabo en establecimientos. 3Sólo se incluyen los municipios abastecidos por Sevillana-ENDESA. Cuadro 2.1. Consumo de energía final por procedencias en Andalucía, España y la Unión Europea en el año 2000. Fuentes UE(*) % España(*) % Andalucía(**) Ktep % Petróleo 45,7 57,8 6.880 63 Carbón 4,7 3,1 71 1 Gas natural 24 14,6 1.125 10 Energía eléctrica 21 20 2.262 21 Renovables 4,1 4,4 649 6 Total 10.987 (*) Fuente: Boletín Electrónico nº 5. Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía. (**) Fuente: Informe de Medio Ambiente, 2000.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 41 En cuanto al consumo eléctrico por habitante, el mapa 2.2 no parece obedecer a una pauta concreta. Así, las mayores ciudades tienen ahora consumos por habitante bastante moderados, mientras que entre los municipios con un alto consumo por habitante se encuentran ciudades medias, algunas de ellas claramente vinculadas con determinadas actividades productivas (Los Barrios, Alcalá de Guadaíra, Minas de Riotinto...). A pesar de esto, se observa que el intervalo más bajo suele corresponder en su inmensa mayoría a municipios de pequeño volumen demográfico y situados en áreas serranas, lo que puede relacionarse con dos factores: por un lado, población generalmente envejecida y bajo-consumidora (ver capítulo 12), y por otro, escasa actividad económica. Tal afirmación se ve corroborada por el cuadro 2.2, donde el menor consumo por habitante se registra en los municipios inferiores a 1.000 habitantes y aumenta progresivamente hasta llegar al intervalo de 50.000 a 100.000 habitantes. A partir de la realidad reflejada en el mapa 2.1 de consumo eléctrico total se corrobora efectivamente la relación entre actividades económicas y consumo de energía, apuntándose indirectamente los problemas ambientales asociados a los ámbitos más dinámicos, como pueden ser las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Por otra parte, si se tiene en cuenta el consumo por habitante, es destacable la similitud existente entre los valores de los municipios de menor volumen demográfico y las grandes ciudades (mayores de 100.000 habitantes). Tomando por un lado las diferencias existentes en consumo total en función del volumen demográfico; por otro, las relativas similitudes en consumo por habitante y finalmente la hipótesis de que el PIB es considerablemente mayor en las grandes ciudades, podría lanzarse la teoría de que su eficiencia energética es más alta, a pesar de presentar importantes problemas ambientales. Desafortunadamente, no es posible corroborar esta afirmación en la actualidad debido a la escasez de información ambiental disponible en el ámbito municipal, lo que pone de manifiesto la urgente necesidad de generar este tipo de estadísticas. < 1.000 194.689.651 154 1.264.218,50 2.288,80 0,67 1.000 < 2.000 387.879.200 105 3.694.087,60 2.455,20 1,38 2.000 < 5.000 1.744.435.662 176 9.911.566,30 3.092,50 6,21 5.000 < 10.000 2.864.767.366 91 31.480.960,10 4.386,40 10,1 10.000 < 20.000 4.187.190.616 67 62.495.382,30 4.131,90 14,9 20.000 < 50.000 5.245.490.618 38 138.039.226,80 4.816,00 18,67 50.000 < 100.000 3.580.580.425 12 29.831.702,10 5.024,90 12,75 > 100.000 9.885.056.527 11 898.641.502,40 3.842,80 35,19 Total 28.090.090.065 654 42.951.208,10 3.235,70 100 Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Sevillana-ENDESA. Cuadro 2.2. Distribución del consumo eléctrico según tamaño municipal, 2002. TAMAÑO MUNICIPAL (HABITANTES) CONSUMO TOTAL (KW/H/AÑO) Nº MUNICIPIOS CONSUMO MEDIO MUNICIPAL (KWH/AÑO) CONSUMO POR HABITANTE (KWH/AÑO) % SOBRE EL TOTAL DE ANDALUCÍA
Las instalaciones de energía solar térmica se han convertido, en los últimos años, en un elemento tecnológico común del paisaje urbano andaluz junto con otros como antenas de telefonía móvil, televisión, parabólicas o aparatos de aire acondicionado... Todos ellos, aprovechando las alturas de las edificaciones o el “vuelo” de las ciudades, garantizan el mantenimiento de ciertos estándares de calidad de vida. Los captadores solares (térmicos o foltovoltaicos) cumplen una función esencial contribuyendo al desarrollo sostenible de los núcleos de población, reduciendo las emisiones de contaminantes a la atmósfera y los costes de producción, con el contrapunto de que pueden presentar impactos visuales a considerar. Algunos municipios ya han dictado ordenanzas para que las nuevas construcciones o rehabilitaciones de edificios deban de instalar obligatoriamente un equipo captador de energía solar, por lo que el fenómeno se presenta creciente en número, importancia energética y desarrollo territorial. La evolución del número de instalaciones solares térmicas desde 1997 a 2003 (derivadas de las bases de datos municipalizadas ofrecidas por el Programa PROSOL) evidencia que las comarcas sevillanas son las que más instalaciones acogen (aproximadamente un 51% de las andaluzas). Destacan, analizados los municipios, las comarcas del Área Metropolitana de Sevilla y del Aljarafe, las que más crecen junto a las comarcas de la Depresión del Guadalquivir (Écija, Estepa, Osuna, Campiñas de Carmona, Morón y Marchena,...) apareciendo algunos vacíos en esta misma provincia tanto en las comarcas de Sierra Morena como en las de las Subbéticas. Las provincias de Cádiz (17%) y Málaga (14%) siguen a la de Sevilla a cierta distancia y, en ambos casos, son los municipios de las comarcas costeras; en Cádiz: Costa Noroeste, Bahía de Cádiz,Campo de Gibraltar...; en Málaga: Málaga-Valle del Guadalhorce, Costa del Sol Occidental y la Axarquía son las que acogen la mayor parte de las instalaciones. El resto de los espacios provinciales, en especial las zonas montañosas, son prácticamente desiertos en cuanto a número de instalaciones de energía solar térmica. Las provincias de Almería y Huelva (con un 7 y un 6%, respectivamente) siguen a distancia a las anteriores, ubicándose las instalaciones más que en las capitales en las comarcas del litoral, en ambos casos relacionándose con los niveles económicos derivados de las actividades turísticas y las propias de la agricultura de extratempranos o bajo plástico (en Huelva: las comarcas de la Costa Occidental, Huelva y El Condado, siguiendo el eje marcado por la Autovía A-49 o del Quinto Centenario con la prolongación hacia el Algarve; en Almería, el frente mediterráneo representado por las comarcas del Poniente Almeriense y Almería- Campo de Níjar, seguidas a cierta distancia por la comarca del Levante Almeriense). Las comarcas del resto del espacio provincial, en ambos casos, presentan una notable carencia en cuanto a instalaciones solares. La mayoría de las comarcas de provincias interiores (exceptuando el caso ya analizado de Sevilla) presentan valores mínimos, casi testimoniales, en cuanto al número de instalaciones solares: Córdoba, sólo un 3% (localizándose en las comarcas del Subbético y de Puente Genil); más llamativos aún son los casos de Jaén y Granada (con sólo un 1% en ambos casos), viniendo a representar ejemplos de comarcas vacías en cuanto al número de instalaciones solares térmicas. De todo lo anterior se deduce que hay una gran disimetría territorial en la ubicación de las instalaciones, favoreciendo a las comarcas ubicadas en el triángulo Sevilla-Cádiz-Huelva y en el litoral mediterráneo, debida principalmente a dos factores: - La localización de las principales empresas instaladoras en las capitales, en especial, Sevilla, que les lleva a ejercer su trabajo en los ámbitos geográficos más cercanos. Les siguen las comarcas del litoral, en parte relacionadas con lo anterior y en parte, con el siguiente factor. - La lógica de lo que puede llegar a considerarse el “efecto contagio” que se produce en las nuevas barriadas o expansiones urbanas de viviendas unifamiliares o de segunda residencia (en el caso del litoral). Aquí tiende a vivir o a pasar períodos vacacionales, según los casos, la población con perfiles socio-económicos medios y mediosaltos, que podrían tener, por una parte, una mayor concienciación ecológica y, por otra, una mejor situación económica; circunstancias que le lleva a estar más informada y a asumir los beneficios económicos y ambientales de las instalaciones solares térmicas. SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 42 Localización y distribución de las instalaciones de energía solar en Andalucía Instalaciones de energía solar y horas de sol en Andalucía Fuente: Sociedad para el Desarrollo Energético de Andalucía. Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa (Junta de Andalucía).
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 43 2.3. La atmósfera Dentro del ámbito atmosférico se ha centrado la atención en dos problemas ambientales de gran calado, ligados en ambos casos a la contaminación atmosférica y a la calidad del aire, pero con escalas espaciales de actuación diferentes. Se trata del cambio climático –asociado a la emisión antrópica hacia la atmósfera de gases de efecto invernadero (GEI)–, que actúa a escala global, y de la contaminación atmosférica en los entornos industriales y urbanos, que amenazaría a la calidad del aire a escala local. El tema del cambio climático se aborda desde la óptica de la emisión de GEI no sólo por ser éste el origen del problema sino, además, por reflejar el nivel de cumplimiento de los compromisos internacionales en este aspecto derivados de la firma del Protocolo de Kioto. De su comportamiento en el futuro se derivarán importantes repercusiones ambientales, pero también económicas e incluso territoriales. Los indicadores seleccionados en este apartado son las emisiones de los distintos GEI realizadas a escala municipal, así como las emisiones globales expresadas en unidades de CO2equiva- lente, las cuales aparecen tanto en valores absolutos como en relación con la población. Para reflejar los problemas de la contaminación atmosférica se ha recurrido a la información procedente de la Red de Vigilancia de la Calidad del Aire, perteneciente a la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Dicha Red suministra información de los principales enclaves industriales y urbanos, en los que se presume la posible existencia de problemas de calidad del aire. En estos enclaves, y con esta información, se ha identificado el porcentaje de días del año catalogados como de deficiente calidad del aire por alguno de los contaminantes medidos. 2.3.1. El cambio climático y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) Es un hecho ya unánimemente asumido que en el último siglo las temperaturas planetarias han experimentado un ascenso notable, evaluado en unos 0,6º C, y también lo es el hecho de que la responsabilidad de este ascenso es atribuible a la acción humana a través de la emisión continua y creciente hacia la atmósfera de gases de efecto invernadero (GEI). Tales gases serían el subproducto inevitable de las continuas combustiones requeridas por las sociedades industriales, lo que implica que las previsiones en torno a su futuro sean siempre muy desalentadoras bajo cualquiera de las hipótesis que se planteen. Pero, además, el largo tiempo de vida en la atmósfera que presenta la mayoría de estos gases determina que los escenarios de concentraciones sean incluso peores que los propios escenarios de emisión, lo que conduce a escenarios climáticos para el futuro que en todos los casos apuntan hacia subidas de temperatura más que alarmantes (Houghton et al, 2002). Ante esta situación, de la que empieza a tomarse conciencia ya en la década de los años ochenta, se registra una fuerte reacción internacional cuyos hitos más destacados son la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992, en la que se aprueba el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), y la Cumbre de Kioto de 1997, en la que se aprueba el Protocolo del mismo nombre, destinado a frenar el crecimiento de las emisiones de GEI. Merecen destacarse algunos hechos especialmente relevantes del Protocolo de Kioto: – Se asume la estrecha asociación existente entre desarrollo y emisiones de GEI y, en consecuencia, se asume también por parte de los países desarrollados la obligación de reducir estas emisiones, sin frenar, además, el futuro desarrollo deseable para los países subdesarrollados. Ello supone que las obligaciones de control de emisiones recaerán en los países desarrollados, que constituyen lo que se denomina las Partes. – Se impone como objetivo inicial una reducción de las emisiones de GEI (en realidad, de sólo seis conjuntos de gases: CO2, CH4, N2O, HFC, PFC y SF6) para el periodo 2008-2012 respecto a los niveles de emisión registrados en el año base de 1990, siendo esta reducción de un 5,2% para el conjunto de los países desarrollados. – Se exige para su puesta en marcha la ratificación por, al menos, 55 países que engloben el 55% de las emisiones de GEI en 1990. – Se establecen algunos mecanismos que ayuden a la ratificación del Protocolo por parte de estos países desarrollados mediante la maximización de las ventajas derivadas de las reducciones de emisiones. Entre estos mecanismos destacan: * El mecanismo de Aplicación Conjunta (AC), que permite que un país desarrollado (países del Anexo 1 del Protocolo) o país inversor pueda implementar proyectos que reduzcan las emisiones de GEI (o mejorar la absorción a través de los sumideros) en otro país del Anexo 1 (país receptor). El país inversor podría usar los resultados de la reducción de emisiones para alcanzar sus objetivos. * La posibilidad de computación del efecto de sumidero de GEI derivado de las políticas de uso del suelo y, esencialmente, de la política forestal. Se establecen algunos límites para la contabilidad de este efecto de sumidero. * El mecanismo para un desarrollo limpio (MDL) que permite obtener certificados de reducción de emisiones a los países desarrollados que inviertan en proyectos de desarrollo sostenible en países en vías de desarrollo.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 50 tido la provincia de Granada, donde también es reseñable la importante participación de las fuentes de área estacionarias (figura 2.10). Frontera y Espiel) sea la industria el sector fundamental y casi exclusivo de la economía y, desde luego, la justificación de su protagonismo en el ámbito de las emisiones de GEI. En los casos de Los Barrios, San Roque o Carboneras, donde se alcanzan valores superiores a 2.500.000 toneladas, el papel de la industria es absolutamente indiscutible. En el extremo opuesto se sitúa todo el conjunto constituido por las cadenas Béticas en su sector oriental (Granada, Jaén y Almería), donde las emisiones de GEI son muy reducidas en virtud de su escaso desarrollo industrial y urbano y de la escasa presencia que también tienen allí la agricultura y la ganadería intensivas. 1 3 11 3 1 8 1 2 1 11 1 7 2 2 7 2 2 2 11 3 11 23 1 1 2 Figura 2.11. Mapa de las estaciones de control del IMA. Fuente: Consejería de Medio Ambiente, 2003. Elaboración propia. La dimensión municipal se pone de manifiesto en el mapa 2.6, que refleja muy bien la desigual participación de los diferentes sectores de actividad. Cuando el gran peso que la industria y el tráfico rodado ejercen sobre las emisiones de CO2 se combina con la influencia de la ganadería y la agricultura sobre los restantes gases, el mapa resultante identifica el espacio de las emisiones de GEI como una amplia área que, desde la zona occidental de la provincia de Cádiz, recorre el valle del Guadalquivir con prolongaciones en el norte de las provincias de Córdoba y Jaén y algunos enclaves de las de Huelva, Málaga y Almería; en estos últimos casos siempre ligados a grandes instalaciones industriales, áreas de agricultura muy intensiva o un tráfico rodado muy importante. No es una casualidad que los diez municipios que superan el millón de toneladas de emisiones de GEI en CO2equiva- lente tengan en todos los casos un gran desarrollo industrial, como tampoco lo es que en los seis municipios más emisores (Los Barrios, San Roque, Carboneras, Huelva, Palos de la 2.3.2. La calidad del aire En las escalas locales la protección del medio ambiente atmosférico se rige básicamente por la Directiva de la Calidad del Aire, con sus consiguientes directivas hijas –enfocadas a contaminantes concretos–, y por la Directiva de Control Integrado de la Contaminación (IPPC). En estas directivas y sus correspondientes trasposiciones a los ámbitos nacional y autonómico se establece con total claridad la necesidad de realizar observaciones y controles periódicos de la calidad del aire, especialmente en los entornos urbanos e industriales más amenazados; fijándose además los contaminantes Figura 2.10. Emisiones totales de los principales GEI (CO2,CH 4y N2O) en Andalucía por provincias y por sectores de actividad, 2000. Fuente: Consejería de Medio Ambiente, 2003.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 51 sobre los cuales se establecen los valores, que en el caso de la Consejería de Medio Ambiente son siempre diarios, lo que simplifica mucho su obtención. En estos indicadores se parte de fijar la calidad “regular” a partir de alguno de los umbrales importantes establecidos por la legislación en cada uno de los contaminantes. Así, en partículas y dióxido de nitrógeno es el valor límite, en SO2es el valor guía, en O3es el umbral de protección de la salud, etcétera. En consecuencia, puede decirse que los problemas se identificarían no sólo con las calidades mala y muy mala, sino también con la calidad regular, que ya suele ubicarse (a excepción del CO) por encima de los umbrales fijados en la legislación. Por ello, en este Informe el indicador de calidad del aire se ha establecido a partir del porcentaje de días con calidad regular, mala o muy mala existente para cada contaminante en cada observatorio. A esta decisión ha contribuido además el hecho de que durante el mes de julio de 2001 se cambiaron los criterios para el cálculo del índice de calidad del aire utilizado por la Consejería de Medio Ambiente como consecuencia de la entrada en vigor de la Directiva 96/62 de Evaluación y Gestión de la Calidad del Aire Ambiente; la cual establece nuevos valores límite para cada contaminante que son bastante más restrictivos que en la normativa anterior (ver Informe de Medio Ambiente de 2001). Estos nuevos valores no son de obligado cumplimiento hasta 2005, pero ya se está adaptando en Andalucía y ello ha supuesto la elaboración de un nuevo índice. Éste está dividido sólo en cuatro tramos correspondientes a los principales estados de calidad de aire: buena, admisible, mala o muy mala (cuadro 2.13). El valor del índice es 0 cuando la concentración de contaminante es nula, asignándosele un valor de 100 cuando la concentración coincide con el valor límite fijado en la nueva Directiva y obteniéndose por interpolación lineal el valor del índice para cualquier otro valor de concentración. Lógicamente, la reducción del número de intervalos de calidad del aire de cinco a cuatro dificultará la comparabilidad de los indicadores futuros con los actuales; pero, vistos los umbrales utilizados en uno y otro caso y el mayor rigor existente en la actualidad, parece que las futuras calidades mala y muy mala coincidirán razonablemente con las que hasta 2001 se clasificaban como regulares, malas y muy malas. Ello ha aconsejado aglutinar estas tres categorías en la elaboración del índice de calidad del aire. que han de considerarse, sus umbrales de amenaza para la salud o los ecosistemas, sus umbrales de alerta a la población etcétera. En Andalucía esta realidad legal y jurídica se ha traducido en la existencia de una Red de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire, que procede de la Ley 38/1972 de Protección del Ambiente Atmosférico; a partir de la cual se crea la Red Nacional de Vigilancia y Previsión de la Contaminación, pero que ha evolucionado mucho desde entonces, adaptándose a las nuevas disposiciones legales y a las nuevas realidades económicas y ambientales que se han sucedido en Andalucía. En 2001 la Red está compuesta por un total de 31 municipios, y cuenta con 67 estaciones automáticas, de las cuales 28 son de carácter industrial, otras 28 de carácter eminentemente urbano y 11 corresponden a ambos caracteres simultáneamente (figura 2.11) A partir de los datos de contaminación obtenidos en todas ellas y con atención especial a cinco contaminantes principales (SO2, PM10, NO2, O3y CO), la Consejería de Medio Ambiente elabora sus índices de calidad del aire, que están destinados básicamente a hacer comprensible una información que en principio resulta demasiado compleja y sólo accesible a personal especializado en el tema. Efectivamente, la normativa vigente establece para cada contaminante unos valores umbrales de concentración, conocidos como valores límite o valores guía, que se inspiran en los efectos que dichos contaminantes ejercen sobre la salud, los ecosistemas, etcétera. Estos umbrales serían los que deberían constituirse en valores de referencia en cada caso para la elaboración de los indicadores de calidad del aire; no obstante, la diversidad y complejidad de estos umbrales, particularmente en lo concerniente a las escalas temporales, hace difícil la elección en ellos de unos valores de referencia, que en principio deberían ser sencillos y sintéticos (ver Informes anuales de Medio Ambiente). En la búsqueda de estos dos rasgos, la Consejería de Medio Ambiente simplifica estos umbrales y establece la calificación diaria de la calidad del aire en los distintos observatorios andaluces con arreglo a los criterios que aparecen en el cuadro 2.12. Tales criterios están inspirados en los establecidos por la legalidad vigente en España, pero difieren de ellos esencialmente en los períodos SUSTANCIAS CONTAMINANTES PARÁMETRO Y UNIDAD CALIDAD Buena Admisible Regular Mala Muy mala Partículas Concentración media diaria (µg/m3)0-50 50-150 150-350 350-420 >420 Dióxido de azufre Concentración media diaria (µg/m3)0-50 50-150 100-150 250-350 >350 Dióxido de nitrógeno Concentración máxima diaria (µg/m3)0-135 135-200 200-378 378-957 >957 Ozono Concentración máxima diaria (µg/m3)0-65 65-110 110-180 180-360 >360 Monóxido de carbono Concentración octohoraria móvil (µg/m3)0-5 5-10 10-15 15-34 >34 Cuadro 2.12. Umbrales utilizados por la CMA en la calificación diaria de la calidad del aire en los observatorios andaluces. Fuente: Informe de Medio Ambiente, 1996.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 52 En consecuencia, el indicador de calidad del aire que se utiliza en este Informe es el número de días catalogados como de calidad regular, mala o muy mala para cualquiera de los contaminantes medidos en cualquiera de los observatorios existentes en los núcleos integrados en la Red de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire, expresado como porcentaje respecto al total de días de observación válidos. Los resultados de la aplicación de este índice al espacio andaluz se plasman en el mapa 2.7 y en el cuadro 2.14, y en ambos puede observarse cómo la superación de los umbrales críticos en cuanto a contaminación atmosférica en entornos urbanos e industriales no es la excepción. De los 31 municipios que integran la Red de Vigilancia de la Calidad del Aire, sólo siete consiguieron liberarse por completo de la existencia de días con problemas de contaminación durante 2000, y en otros siete el porcentaje de días regulares, malos o muy malos fue escasísimo, inferior al 3%; en el resto, los problemas ligados a la contaminación tuvieron una frecuencia no desdeñable. Hay que destacar los municipios en los que el porcentaje de días con calidad regular, mala o muy mala superó el 25% (Alcalá de Guadaira, Puerto Real, Córdoba y Sevilla), y especialmente Granada, donde dicho porcentaje se situó en un 76,7%, lo que constituye un valor claramente diferente y superior al del resto de los municipios andaluces. Conviene reseñar, no obstante, que dentro de este conjunto de días predominan con toda claridad los días regulares sobre los malos y muy malos, lo cual suaviza y atenúa en alguna medida la intensidad del problema aunque no aminore su frecuencia. Hay que destacar también que los mayores problemas de contaminación no se sitúan en los enclaves industriales sino más bien en los urbanos. Ello se relaciona estrechamente con el hecho de que el contaminante que genera mayores problemas en la región es el ozono, un contaminante secundario originado a partir de procesos fotoquímicos que tienen lugar sobre contaminantes primarios, derivados por lo esencial del tráfico rodado y de la calefacción (en el caso de la ciudad de Granada ésta última tiene una responsabilidad destacada en el problema). El clima de Andalucía, con un número elevado de horas de sol, especialmente en la época estival, potencia en gran medida la peligrosidad del ozono y lo convierte en la gran amenaza para la región. De hecho, España suele ser uno de los países europeos que mayores alarmas experimenta durante los veranos por este concepto y buena parte de esas alarmas se originan en Andalucía. Sólo en los núcleos de carácter netamente industrial aparecen el SO2 o las partículas como los contaminantes predominantes y, en cualquier caso, su frecuencia de aparición es netamente menor (cuadro 2.14). VALOR DEL CALIDAD ÍNDICE DEL AIRE 0-50 BUENA 51-100 ADMISIBLE 101-150 MALA >150 MUY MALA Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Cuadro 2.13. Rangos de calidad definidos por la Consejería de Medio Ambiente a partir de 2001. Granada 280 76,70 O3 Sevilla 145 39,70 O3y NO2 Córdoba 126 34,50 O3 Puerto Real 110 30,10 O3 Alcalá de Guadaira 96 26,30 O3y Partículas Cádiz 91 24,90 O3 Huelva 83 22,70 O3 Jaén 65 17,80 O3 El Ejido 61 16,70 O3 Málaga 58 15,90 O3 Jerez de la Frontera 47 12,90 O3 La Línea de la Concepción 42 11,50 O3 Bailén 41 11,23 Partículas Níjar 36 9,86 O3 San Roque 36 9,86 SO2 Almería 22 6,00 O3 Motril 11 3,00 O3 Niebla 5 1,36 Partículas y SO2 Algeciras 2 0,54 Partículas Punta Umbría 2 0,54 Partículas y NO2 S. Juan del Puerto 2 0,54 Partículas Garrucha 1 0,27 O3 Los Barrios 1 0,27 SO2 Palos de la Frontera 1 0,27 Partículas Carboneras 0 0,00 - Cuevas de Almanzora 0 0,00 - Espiel 0 0,00 - Villaviciosa de Córdoba 0 0,00 - Moguer 0 0,00 - Linares 0 0,00 - Vva. Del Río y Minas 0 0,00 - Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Elaboración propia. Cuadro 2.14. Número de días con problemas de contaminación atmosférica en las estaciones de observación de la Red de Vigilancia de la Calidad del Aire en Andalucía, 2000. MUNICIPIOS DÍAS CON CALIDAD REGULAR, MALA O MUY MALA Nº DÍAS % CONTAMINANTES PREDOMINANTES
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 53 2.4. Agua 2.4.1. Planteamientos iniciales Actualmente se ha convertido en un lugar común subrayar la fuerte significación territorial del agua. Esta significación tiene mucho que ver con la presencia del agua en todas las actividades sociales, productivas o lúdicas, y con su función básica en los sistemas naturales, independientemente de su abundancia o escasez relativa. Pero también responde al hecho de que el agua precipita, fluye y se utiliza por toda la superficie del territorio. Cualquier actividad, aunque no tenga un objetivo hidráulico directo, influye sobre la cantidad y la calidad del agua: roturar o reforestar un monte, la opción por un modelo urbanístico determinado, el diseño de la red viaria o las grandes superficies comerciales, por ejemplo; por no hablar de los cambios de técnicas de riego, la implantación de nuevas industrias o el crecimiento de las actividades turísticas. De ahí la complejidad, a la vez que la profunda significación territorial, del debate sobre el agua. Por este motivo, cada vez se refuerza más la idea de que la definición de las demandas y disponibilidades y la evaluación de los usos del agua de cada cuenca sólo pueden fundamentarse en el análisis, el diagnóstico y la consiguiente estrategia explícita de utilización del territorio. Esto es cierto para la gestión de cualquier otro recurso básico, pero en el caso del agua, por las interacciones territoriales que la rodean y por su dimensión económica, social y cultural, la gestión integrada en el territorio se hace aún más imprescindible. Partiendo de esta perspectiva de interacción agua-territo- rio, el apartado dedicado a los recursos hídricos se estructura en cuatro epígrafes: generación, demanda y presión sobre los recursos hídricos; calidad del agua y de los ecosistemas acuáticos asociados; usos agrarios; y usos urbanos del agua. La presentación de estos aspectos ha estado condicionada por dos factores: de un lado, por la función de este apartado del IDTA como una perspectiva específica que, entre otras, contribuye a un análisis territorial de Andalucía; y, de otro, por la disponibilidad de datos a la escala requerida. Por lo que se refiere a lo primero, es necesario subrayar que en este capítulo no se pretende caracterizar y evaluar sistemáticamente la situación del agua en Andalucía, sino presentar aquellos aspectos que pueden contribuir mejor al análisis integrado del desarrollo territorial. Por lo que se refiere a lo segundo, frente al ámbito de cuenca hidrográfica –o su desagregación en sistemas de explotación de recursos hídricos– en los que la documentación hidrológica presenta habitualmente los datos de recursos y demandas, en este apartado del IDTA se ha optado por la elaboración y presentación de la información en el ámbito municipal, que es el utilizado por el Informe en su conjunto. Esta opción aumenta las dificultades en la recopilación y presentación de la información pero permite homogeneizar el tratamiento de este aspecto con el análisis de otros recursos naturales, reforzando su papel como elemento del análisis integrado que se pretende. Generación, demanda y presión sobre los recursos hídricos Como aproximación al concepto de recurso natural, que expresa el volumen de agua que anualmente se genera, se utiliza el dato de lluvia efectiva o lluvia útil (mapa 2.9), elaborado a partir de la diferencia entre la precipitación y la evapotranspiración anual. Este concepto constituye una aproximación al de escorrentía, que expresa la parte del agua precipitada que se convierte en aportación; es decir, que circula por los cauces y desagua en el mar, ya sea a través del drenaje directo o del flujo de base. Este último es el condicionado por la inercia de los acuíferos, relativamente independientes de las características de cada uno de los sucesos de precipitación. Aunque el concepto de escorrentía es similar al de lluvia útil, no debe ser confundido con él. La diferencia entre ambos se debe a que, mientras la lluvia útil expresa la mera diferencia entre precipitación y evapotranspiración real, la escorrentía representa la aportación total en un ámbito territorial concreto y tiene en cuenta la manera en la que se distribuye la lluvia útil entre almacenamiento en el suelo, escorrentía superficial y recarga de acuíferos, que descargan de forma más o menos diferida a la red de drenaje. Sin embargo, en valores medios interanuales las diferencias entre las magnitudes asociadas a ambos conceptos son pequeñas y se deben únicamente a la redistribución espacial que se produce en la descarga del agua infiltrada al acuífero (Ministerio de Medio Ambiente, 2000). Por ese motivo y por la mayor sencillez de su cálculo, es el concepto de lluvia útil el que aquí se utiliza. Los datos de lluvia útil se presentan en mm/año (equivalentes a litros/m2/año) para cada municipio de Andalucía y están elaborados a partir de las series de precipitación y de los valores de evapotranspiración del período 1961-1990 (figura 2.124). Los valores de demanda (mapa 2.10) proceden del Inventario de los Regadíos de Andalucía (demanda agraria) y del Servicio de Planificación y Gestión Hidráulica de la Secretaria General de Aguas de la Consejería de Medio Ambiente (demanda urbana). Los primeros se refieren a las demandas agrícolas y están basados en el concepto de volumen de agua por unidad de superficie (metros cúbicos por hectárea y año) que es necesario aplicar a pie de parcela para satisfacer las necesidades hídricas de los cultivos en una campaña típica de riego. Las dotaciones necesarias globales proceden de multiplicar las dotaciones netas máximas de cada uno de los cultivos procedentes de los diferentes planes hidrológicos (calculando la evapotranspiración potencial por el método Penman-Monteith) por sus porcentajes de ocupación. 4Debido a su tamaño, esta figura se encuentra al final del capítulo.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 54 Los datos están referidos a la distribución típica de cultivos y año climatológicamente normal. La fiabilidad de esta información es muy variable dado que depende de la cambiante distribución de cultivos y de la idoneidad (en equipamiento, número y localización) de las estaciones meteorológicas utilizadas para el cálculo de su necesidades hídricas (Consejería de Agricultura y Pesca, 2003). Por su parte, los datos de la Secretaría General de Aguas se refieren a los consumos reales de los servicios municipales de Andalucía e incluyen las demandas urbanas (domésticas, sector terciario, usos municipales) y de la industria conectada a estas redes. La fiabilidad de estos datos, aunque mejor que en etapas anteriores, también está afectada por un cierto nivel de incertidumbre. Por otra parte, no se dispone de información desagregada municipalmente sobre los consumos de las industrias con suministros singulares, independientes de la redes de abastecimiento municipal. Mediante la relación entre la totalidad de las demandas de agua (urbana y agrícola) y la lluvia útil generada, tomando el municipio como ámbito de referencia en ambos casos, se construye un indicador de presión sobre los recursos (mapa 2.11). Una ratio menor de 1 indica la ‘autosuficiencia’ teórica de recursos, mientras que una ratio mayor de 1 expresa la dependencia de recursos alóctonos (lluvia útil generada en otros municipios). Dadas las características del agua –un fluido que se desplaza espacialmente de manera natural y que, precisamente, conecta los procesos naturales de los diferentes territorios– este indicador se debe entender como una mera aproximación al carácter importador o potencialmente exportador de recursos hídricos de cada municipio. En la evaluación de los recursos hídricos, ya sean naturales o disponibles, nunca se toma el municipio como ámbito de referencia. Incluso ámbitos administrativos mayores y más habituales, como las provincias o las comunidades autónomas, son fuente de confusiones y de distorsiones cuando se toman como referencia de evaluación de recursos. Sin embargo, como aportación a un estudio de carácter territorial, la imagen es expresiva, como se verá, de la distribución de zonas generadoras netas y zonas consumidoras de agua en Andalucía y de las relaciones de interdependencia entre unas y otras. Calidad del agua y de los ecosistemas acuáticos asociados Cada vez se hace más importante complementar los datos de cantidad con los datos de calidad del recurso. Esta última condiciona su adecuación a las condiciones requeridas por cada sector de demanda y, por tanto, su auténtica disponibilidad. La actual normativa, la Directiva 2000/60/CE que establece el marco comunitario de actuación en el ámbito de la política de agua (Directiva Marco del Agua), ha ampliado el propio concepto del agua: el objeto de la política del agua se extiende a los cauces (que ya formaban una entidad integrada con el agua en el concepto español de dominio público hidráulico) y, más allá de estos, a los denominados ecosistemas acuáticos asociados. El objetivo fundamental de la gestión del agua definida por esta nueva normativa ha pasado a ser la conservación o recuperación del buen estado ecológico del agua definido por parámetros físico-químicos, biológicos y, lo que resulta más novedoso, morfodinámicos (dinámicas de los cauces, procesos de erosión y transporte). Por otra parte, el ámbito de la evaluación y gestión de los recursos hídricos no termina en la desembocadura de los ríos en el mar, sino que se extiende a las aguas litorales y de transición. En Andalucía el control de la calidad de las aguas continentales es competencia de la Administración General del Estado a través de las Confederaciones Hidrográficas dependientes todavía (2003) del Ministerio de Medio Ambiente. El indicador más empleado para la evaluación de las aguas superficiales es el Índice de Calidad General (ICG), resultado de la combinación de 23 parámetros. Su valor oscila entre 0 y 100, correspondiendo la primera cifra al máximo nivel de contaminación (hasta 50 la calidad se considera inadmisible) y la última al mejor nivel de calidad (desde 85, excelente). El control se realiza a través de mediciones periódicas en una red de estaciones denominad Red Integrada de la Calidad de las Aguas (Red ICA) que se diseñó en 1993 integrando todas las redes de control de calidad existentes. Las estaciones de control de esta Red no tienen asociada una infraestructura específica. Se trata simplemente de una serie de más de 1.800 puntos localizados en ríos, lagos y embalses repartidos entre las nueve Confederaciones Hidrográficas, de los cuales 177 corresponden a la cuenca del Guadiana, 142 a la del Guadalquivir y 103 a la del Sur, con una densidad media de 340, 452 y 174 km2/estación. El sistema de información del Ministerio de Medio Ambiente (Hispagua) no dispone de una recopilación centralizada de los resultados de estos controles. El Informe de Medio Ambiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha suprimido en su última edición (2003) la información parcial que sobre este aspecto venía aportando. Con la información disponible sobre calidad de las aguas superficiales de Andalucía no es posible presentar una valoración precisa, mucho menos municipalizada, de la situación, por lo que no se incluye un mapa dedicado a este aspecto. Los datos disponibles se presentan en gráficos complementarios. Por lo que se refiere a la calidad de las aguas subterráneas, su seguimiento ha sufrido variaciones motivadas por los cambios funcionales y organizativos del Instituto Geológico-Minero de España (IGME) a lo largo de los últimos años, lo que ha provocado la disminución, previsiblemente coyuntural, de la reducida información pública de la que se disponía. Sin embargo, en este apartado del IDTA se presentan datos sobre contenidos de nitratos (NO3) correspondientes a 2000 y 2003 procedentes de las oficinas del IGME en Andalucía. El contenido en nitratos es indicativo de uno de los fenómenos más generalizados de contaminación. Procede de fuentes puntuales (actividades industriales y urbanas: vertidos líquidos y lixiviados de vertederos) o difusas (actividades ganaderas y prácticas agrícolas de abonado y riego). Por su amplitud y volumen de aplicación, estas segundas constituyen el principal factor de contaminación. La contaminación está en función de la cantidad e intensidad del lixiviado y de la vulnerabilidad del acuífero, que refleja la sensibilidad de las aguas subterráneas frente a posibles alteraciones de la calidad de origen antrópico. En el caso de los nitratos, los niveles de vulnerabilidad han sido objeto de una definición, identificación y delimitación espacial expresa que, con arreglo al Real Decreto 261/1998, ha sido competencia de las Comunidades Autónomas (ver figura 2.13).
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 55 Por este motivo, con la información disponible sobre calidad de las aguas subterráneas tampoco es posible presentar una valoración municipalizada de la situación. Sin embargo, la densidad de información permite en este caso incluir un mapa en el que se muestra la distribución de los niveles de nitratos en las aguas subterráneas de Andalucía (mapa 2.12). Con la restante información disponible sobre calidad de las aguas y adaptable a la escala y nivel de desagregación requeridos en este Informe ha sido posible elaborar otros dos indicadores referidos a otros tantos aspectos de interés: la calidad de las riberas y la calidad de agua de riego. La nitrificación no es un fenómeno que afecte a la cantidad de recurso disponible, pero sí a su adecuación para ciertos usos, fundamentalmente el abastecimiento urbano. El nivel guía y el valor máximo admisible en las aguas para abastecimiento público se fija según la reglamentación española y comunitaria en 25 y 50mg/litro, respectivamente (Directiva 98/83/EC y Real Decreto 140/2003). Como se ha indicado, la información que se presenta en este capítulo procede directamente de la red de control de calidad del IGME en Andalucía. La distribución de puntos de control es desigual y deja algunas unidades hidrogeológicas (U.H.) con un número insuficiente de controles para evaluar su situación. La información que proporciona el Plan Director de Riberas de Andalucía (PDRA, 2003) de la Consejería de Medio Ambiente permite presentar a escala municipal un indicador sintético de la calidad de las riberas (mapa 2.13). El proceso de elaboración del indicador comienza con una tipificación de los cursos fluviales, segmentados en tramos, teniendo en cuenta el régimen hídrico (permanente, temporal, esporádico), el régimen hidráulico (tranquilo, rápido, torrencial, torrente), las formaciones vegetales presentes (herbáceas, arbustivas, arbóreas) y el grado de dificultad para la restauración (una graduación de siete niveles, desde bajo a no viable). A partir de esta tipología, se ha elaborado una clasificación de las riberas basado en los atributos de conservación del cauce, de la cobertura vegetal y de la naturalidad y diversidad (malo, regular y bueno) y el tipo de afección (funcional, local o inundado). Estos datos se completan con la definición de los usos que se desarrollan en las márgenes (a ambos lados de las riberas, pero más allá del dominio público); estos usos se diferencian en agricultura de regadío y de secano, usos forestales y urbanos. Todo ello da lugar a un indicador sintético de calidad de las riberas, graduado en cinco niveles: estado natural, calidad buena, aceptable, mala y pésima. Figura 2.13. Delimitación de zonas vulnerables a la contaminación por nitratos. Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. 80604020020 Km N < 100 mm 100 < 200 200 < 300 300 < 400 400 < 500 500 < 600 600 < 700 700 < 800 800 < 900 >= 900 Figura 2.12. Lluvia útil anual para el período 1961-1990. Fuente: Instituto Nacional de Metereología. Elaboración propia.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 56 POBLACIONES FECHAS (HABITANTES EQUIVALENTES) LÍMITES MÁSDE15.000 ANTES DEL 1 ENERO DE 2001 DEMÁSDE10.000 A15.000 ANTES DEL 1 ENERO DE 2006 DE2.000 A10.0006ANTES DEL 1 ENERO DE 2001 Fuente: Directiva CE 91/271 de Depuración de Aguas Residuales. Cuadro 2.15. Calendario establecido por la Directiva CE 91/271 de Depuración de Aguas Residuales. 6Vertiendo a aguas dulces o estuarios. En este Informe se ha municipalizado la información, manteniendo la terminología que presenta el propio Plan Director. Para los municipios de los que, como es habitual, se dispone de más de un valor, se presenta el valor medio ponderado de los datos disponibles. El nuevo concepto de estado ecológico del agua que introduce la Directiva Marco del Agua exige, como se ha indicado, considerar las condiciones morfodinámicas y ecológicas de los cauces al referirse a la calidad del agua. En este sentido, el PDRA constituye un paso importante en la sistematización de la información que se requiere para aplicar las determinaciones de la nueva normativa. Por su parte, el análisis de la calidad del agua del regadío (mapa 2.14), procedente del Inventario de los Regadíos de Andalucía (2003) de la Consejería de Agricultura y Pesca, proporciona un indicador de la adecuación de la calidad del recurso disponible para este sector de uso. El indicador está basado en una estimación cualitativa de la calidad del agua de riego obtenida por medio de trabajo de campo realizado durante la campaña agrícola 2001-2002. Los valores utilizados son: buena (el agua no es limitante para ningún cultivo), regular (limitante para algunos cultivos) y mala (el agua no es apta para el riego). La información procede de cámaras agrarias, agencias de extensión, ayuntamientos y comunidades de regantes. La fiabilidad de este dato no es muy alta por estar basada en apreciaciones subjetivas de los entrevistados. Para su expresión municipal, se presenta un valor medio ponderado de los datos disponibles en un mismo ámbito. Usos agrarios del agua La elevada proporción de agua dedicada al regadío obliga a dedicar una atención especial a este aspecto que, por otra parte, cuenta con una disponibilidad excepcional de información gracias al exhaustivo y actualizado Inventario de los Regadíos de Andalucía ya mencionado. A partir de la información del Inventario se pueden presentar desagregados a escala municipal, por un lado, los datos del consumo agrícola de agua en términos absolutos (hm3/año) y por unidad de superficie regada (m3/ha/año); por otro, los de producción y empleo, tanto por cultivos como agregados a diferentes escalas: desde el área de riego hasta la cuenca hidrográfica. Con estos datos están elaborados los dos indicadores de eficiencia en el uso agua que aquí se presentan: la productividad del agua de regadío (euros/m3, mapa 2.15) y el empleo generado por unidad de agua aplicada en el regadío (UTA/hm3, mapa 2.16), que permiten valorar la rentabilidad económica y social del recurso. En ambos casos se utilizan los datos de consumo bruto de agua en cada zona de riego5 definido como el volumen de agua por unidad de superficie que es suministrado en cabecera del sistema para una campaña tradicional de riego. Los datos están referidos a la distribución típica de cultivos y año climatológicamente normal. La procedencia, como en el caso de otros datos utilizados por el Inventario de Regadíos, es diversa: generalmente los consumos se han obtenido directamente a través de la información aportada por las comunidades de regantes y contrastada con datos de las Confederaciones Hidrográficas y estudios agronómicos. En algunas ocasiones, los consumos se han estimado a partir de la distribución de cultivos y características climáticas de la zona. Por valor de la producción se entiende los rendimientos medios (Kg/ha) multiplicados por el precio medio percibido por el agricultor (euros/Kg) en la campaña agrícola normal del período 1998-2002. El dato procede de encuestas de campo completadas con información estadística sobre rendimientos y precios percibidos por los agricultores para los distintos cultivos (Consejería de Agricultura y Pesca, 1999). Las estimaciones de producción se basan generalmente en valores medios provinciales, teniendo en cuenta la distribución local de cultivos por lo que pueden observarse valores anómalos a nivel de detalle, si bien los valores medios obtenidos son aceptables. Los precios percibidos por el agricultor no incluyen las ayudas, salvo en los casos del algodón y el tabaco. Por lo que se refiere al empleo, se maneja el concepto de trabajo teórico demandado para el total de las distintas operaciones requeridas por el cultivo. La referencia temporal es la campaña agrícola normal del periodo 1998-2002. La unidad de medida son los jornales por hectárea y la UTA (1 UTA = 240 jornales /año = 1.920 horas/año). El cálculo esta realizado a partir de la asignación de jornales a los distintos cultivos según las Tablas Input-Output (TIO-90). Usos urbanos del agua En relación con los usos urbanos del agua se presenta y se analiza información sobre las demandas y sobre el estado de los sistemas de abastecimiento y de depuración de aguas residuales procedente de la Secretaría de General de Aguas de la Consejería de Medio Ambiente. Los datos de demandas se han cruzado con los de población abastecida en cada uno de los municipios para generar un indicador de dotación de agua de los abastecimientos urbanos (en litros/persona/día, mapa 2.17) que se valora en función de su relación con la dotación media de los municipios andaluces. Como tercer indicador referido a la situación de la gestión del ciclo urbano del agua, se valora el estado de la depuración de aguas residuales (mapa 2.18). Este indicador se 5El Inventario de Regadíos divide el territorio de la comunidad autónoma en zonas siguiendo criterios de unidad de gestión de aguas, homogeneidad en los sistemas de explotación y características agronómicas (CAP, 2003).
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 57 El cuadro 2.17 ofrece los recursos disponibles por habitante en Andalucía y su evolución entre los dos primeros horizontes temporales de la planificación hidrológica vigente. Las infraestructuras hidráulicas de regulación iniciadas en la década de los ochenta, que empezaron a entrar en servicio al iniciarse la siguiente, explican el aumento del recurso disponible en Guadalquivir, Guadiana II y Guadalete-Barbate. En conjunto, el incremento del total de Andalucía ha sido del 21%, frente al 5,76% del aumento de la población. Destaca en el plano positivo Guadalete-Barbate, con valores relativos de aumento de agua y población del 89% y 2,36% respectivamente. Por el contrario, en el conjunto de la cuenca Sur de España, en el Guadiana I (Los Pedroches) y Segura (Los Vélez), la ratio recursos/población se ha deteriorado entre 1992 y 2002. Contrastando la situación de los usos del agua en Andalucía con la del conjunto de España y la de otros países europeos, se puede apreciar la comparativamente mayor presión sobre los recursos naturales y la fuerte orientación agraria de las demandas (cuadros 2.19 y 2.20). Andalucía se sitúa en un nivel de dotación de agua característico de países mediterráneos con una agricultura de regadío muy desarrollada. La demanda explícita para usos económicos es del 80,4 % con un leve descenso en relación con 1992; el mayor valor corresponde al Guadalquivir con 81,9% y el menor a Guadalete-Barbate con el 67,0%. Dentro de los usos económicos del agua, las demandas urbanoindustriales están por debajo del 20%. No obstante, se debe advertir que una parte de los usos terciarios e industriales se surten de las redes urbanas de abastecimiento, por lo que para su conocimiento más exacto habría que acudir a los datos desglosados de facturación existentes en las empresas y servicios municipales que explotan estas redes. Además del elevado peso de los usos económicos y dentro de ellos los agrarios, en Andalucía destaca, de manera muy especial, el alto índice de presión media sobre los recursos (demanda/recursos naturales), que se eleva al 0,51. Este índice, como se expone más adelante con detalle, se distribuye de manera muy desigual por el territorio de la comunidad autónoma. Calidad del agua y del dominio público hidráulico De acuerdo con la Consejería de Medio Ambiente, “el diagnóstico en España de la calidad del agua en función del ICG se puede valorar como aceptable, dándose valores buenos (de 85 a 75 puntos en la escala del índice) o excelentes (100-85) en la mayoría de las estaciones (437 sobre un total de 630)” basa en el nivel de adecuación de cada municipio de Andalucía a los criterios y calendario de la Directiva 271/91 de Depuración de Aguas Residuales. A la situación formal de cumplimiento (depuradora construida, en construcción, en tramitación o proyecto) se añade, en el caso de las construidas, la valoración sobre su situación real de funcionamiento (bueno, regular o malo). La fiabilidad de esta información, de difícil obtención, es variable debido a la dispersión y situación cambiante del estado de las plantas de depuración. 2.4.2. La situación del agua en Andalucía en el contexto español y europeo Generación, demanda y presión sobre los recursos hídricos El cuadro 2.16 muestra las precipitaciones medias en los ámbitos de los seis Planes Hidrológicos de Cuenca que afectan a Andalucía (figura 2.14), sus correspondientes volúmenes de lluvia y los recursos naturales totales generados, superficiales y subterráneos. Figura 2.14. Ámbitos de planificación hidrológica en Andalucía. Guadiana Sur Segura Guadalete y Barbate Guadiana Guadalquivir GUADALQUIVIR 51.183 596 30.505 6.450 SUR DE ESPAÑA18.330 547 10.027 2.483 GUADIANA II 6.871 700 4.810 1.293 GUADALETE-BARBATE 6.445 720 4.640 842 GUADIANA I 3.380 667 2.259 464 SEGURA 1.411 552 779 172 TOTAL 87.620 605 53.020 11.704 Fuente: Planes Hidrológicos de Cuenca; en López Martos (2003). Cuadro 2.16. Recursos naturales de Andalucía. PLAN HIDROLÓGICO SUPERFICIE (KM2) PRECIPITACIÓN MEDIA MM/M2 VOLUMEN LLUVIA HM3 RECURSO NATURAL HM3 GUADALQUIVIR 3.743.541 3.919.140 724 903 SUR DEESPAÑA1.939.087 2.129773 514 496 GUADIANA II373.77 392.869 925 1119 GUADALETE-BARBATE 809.822 828.933 358 676 GUADIANA I 57.457 52.886 487 226 SEGURA 16.845 16.451 534 364 TOTAL 6.940.522 7.340.052 631 765 Fuente: Planes Hidrológicos de Cuenca; en López Martos (2003). Cuadro 2.17. Recursos disponibles por habitante. PLAN HIDROLÓGICO 1992 2002 1992 2002 HABITANTES RECURSO DISPONIBLE M3/HAB
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 58 (Consejería de Medio Ambiente, 2004, 63). En este sentido, según esta misma fuente, en 2003 destacaron por su calidad las cuencas Norte y Tajo, mientras que las del Guadiana y Júcar presentaron los peores resultados a consecuencia de la contaminación procedente de los regadíos. En el mismo sentido, de acuerdo con otros informes, la calidad del agua de una parte de los ríos españoles ha mejorado en la última década, debido a las acciones concertadas llevadas a cabo para eliminar algunas fuentes puntuales de contaminación (OCDE, 2004). En Andalucia, la situación general en 2003, según la Consejería de Medio Ambiente, ha sido “favorable, encontrándose la mayoría de las estaciones de control (80 %) por encima de la categoría admisible, quedando sólo el 20 % de las estaciones en la categoría de inadmisible” (Consejería de Medio Ambiente, 2004, 117). Este mismo organismo señala que la cuenca que en Andalucía presenta una peor situación es la del Guadalquivir en donde son frecuentes los niveles denominados “admisibles” (de 65 a 50 en la escala), pero con una presencia destacada de estaciones con niveles inadmisibles, un total de 5. En la peor situación se encuentran el río Guadaira, con un ICG de 38,3, y el Guadiel (40,8). Por el contrario, el río Rivera de Huéznar presenta la mejor situación, con un índice 87,9. Cuando la valoración de la calidad del agua incluye también criterios biológicos (como exige la Directiva Marco de Agua de la UE), se produce un claro desplazamiento hacia los tipos de peor calidad. Por otra parte, en noviembre de 2003, el Tribunal de Justicia de la UE condenó a España al pago de una sanción de 624.150 euros al año por cada 1% de las aguas continentales de baño que no cumplieran las normas establecidas (15% en 2002). En el caso de Andalucía los puntos no aptos para el baño ascendieron en 2003 al 19% de los identificados para este fin. Por lo que se refiere a las aguas subterráneas, en el conjunto de España no se observa ninguna mejora en su calidad (OCDE, 2004, 69). La contaminación de las aguas subterráneas por nitratos sigue siendo un problema generalizado. Los datos más recientes muestran que la concentración de nitratos se ha mantenido estable en un 30% de los acuíferos, mientras que ha aumentado en más del 40% y disminuido en un 30%. De los 216 acuíferos estudiados, un 13% tiene concentraciones de nitratos por encima de 50 mg/l. Las zonas más afectadas son el Maresme, donde se llega a superar los 500 mg/l y grandes áreas de las planas costeras del Júcar (Castellón, Valencia), donde se superan ampliamente los 100 mg/l. Más adelante se analizan con detalle las unidades hidrogeológicas andaluzas en las que se registran valores superiores a 50 mg/l. GUADALQUIVIR 456 76 2943 329 3804 353 3451 GUADALETE-BARBATE 127 12 356 61 557 46 511 SUR DE ESPAÑA 283 37 1127 164 1612 (1) 1612 GUADIANA II 48 58 303 26 434 (1) 434 TOTAL 914 183 4729 580 6407 399 6008 (1) No se especifican retornos. Fuente: Planes Hidrológicos de Cuencas; en López Martos (2003). Cuadro 2.18. Demandas al año, 2002. PLAN HIDROLÓGICO URBANO INDUSTRIAL HM3 INDUSTRIAL SINGULAR HM3 REGADÍOS HM3 OTROS HM3 DEMANDA BRUTA HM3 RETORNOS HM3 DEMANDA NETA HM3 ALEMANIA 164.000 58.862 714 0,36 DINAMARCA 6.000 916 175 0,15 FRANCIA 188.000 40.641 698 0,22 GRECIA 60.000 5.040 481 0,08 ITALIA 175.000 56.2000 1.001 0,32 PAÍSES BAJOS 91.000 12.676 816 0,14 PORTUGAL 66.000 7.288 735 0,11 REINO UNIDO 145.000 12.117 208 0,08 SUECIA 174.000 2.708 306 0,02 ESPAÑA111.000 35.3323 900 0,32 ANDALUCÍA11.704 6.008 850 0,51 Fuente: Ministerio de Medio Ambiente, 2000; Consejería de Agricultura y Pesca, 2003. Cuadro 2.19. Recursos y demandas totales en diferentes países europeos. PAÍS RECURSOS RENOVABLES TOTALES (HM3/AÑO) DEMANDA TOTAL (HM3/AÑO) DEMANDA PER CÁPITA (M3/HAB/AÑO) RATIO DEMANDA/ RECURSOS ALEMANIA 611 3 80 DINAMARCA 49 9 42 0 FRANCIA 15 10 12 63 GRECIA 12 3 83 2 ITALIA 14 14 57 15 PAÍSES BAJOS 84 187 PORTUGAL 8 3 53 36 REINO UNIDO 52 7 14 27 SUECIA 35 55 6 4 ESPAÑA13 5 68 14 ANDALUCÍA14,5 2,8 77,6 5,2 (*) (*) En la estadística de los Planes Hidrológicos aparece en el apartado “Otros”. Fuente: Ministerio de Medio Ambiente, 2000; Consejería de Agricultura y Pesca, 2003; Informe de Medio Ambiente, 2003. Cuadro 2.20. Uso sectorial del agua en diferentes países europeos. PAÍS % USOS URBANOS % USOS INDUSTRIALES % USOS AGRÍCOLAS % REFRIGERACIÓN
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 59 En los últimos años, van adquiriendo mayor importancia los efectos de los productos fitosanitarios sobre la calidad de las aguas, especialmente de las dedicadas al abastecimiento de poblaciones. En Andalucía, resulta especialmente preocupante el incremento de los impactos de los residuos de productos fitosanitarios aplicados en el olivar, con 135 municipios y una población de 2.074.000 habitantes afectados (figura 2.15). Usos agrarios del agua El regadío es el principal sector de uso de agua en Andalucía, con un valor relativo total del 77,6% en 2002, algo inferior al de 1992. El valor máximo corresponde al Guadalquivir (80,3%) y el mínimo al Guadalete-Barbate (65,0%). El mayor descenso relativo de la demanda de regadío se ha producido en el Sur de España; por el contrario en Guadiana II, asciende considerablemente. Como muestra el Inventario y caracterización de los regadíos en Andalucía, el crecimiento del regadío ha desbordado las previsiones de los planes hidrológicos: ya en 1996 ascendía a 819.101 ha, con una situación especialmente preocupante en el Guadalquivir con 598.905 ha, que superaban las previsiones de su Plan para el año 2012; la posterior actualización de este estudio con datos referentes a la campaña 2001-2002 eleva estas cifras a 893.000 ha en toda Andalucía (Consejería de Agricultura, 1999 y 2003). Como ya se ha indicado, contrastando la situación de los recursos hídricos en Andalucía con la del conjunto de España y la de otros países europeos, Andalucía destaca por la fuerte orientación agraria de los usos (cuadro 2.22). La comunidad autónoma se sitúa en un nivel de dotación de agua característico de países mediterráneos con una agricultura de regadío muy desarrollada. De las estadísticas disponibles, sólo Grecia, debido al escaso porcentaje de uso en los sectores industriales y de refrigeración, presenta una cuota de uso agrícola por encima de la de Andalucía. CUENCA CALIDAD Excelente Bueno Intermedio Admisible Inadmisible EBRO JÚCAR SEGURA SUR GUADALQUIVIR GUADIANA TAJO DUERO NORTE TOTAL 19 29 19 7 3 13 16 12 12 8 695112 581 9 2 17 5 6219 415 78 57 18 2 27 11 7 2 58 65 24 8 212 225 97 63 33 Cuadro 2.21. Diagnóstico de calidad de las aguas continentales en España. Fuente: Ministerio de Medio Ambiente, 2000; Consejería de Agricultura y Pesca, 2003. Figura 2.15. Abastecimientos de agua potencialmente afectados por residuos de productos fitosanitarios aplicados en el olivar. Fuente: Secretaría General de Aguas. Junta de Andalucía.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 66 Medio natural y desarrollo. El clima y el aguaMedio natural y desarrollo. El clima y el agua. Consumo eléctrico. 2.1. CONSUMO TOTAL. 2002. 80604020020 Km NGWh/año < 1 1 < 10 10 < 50 50 < 100 >= 100 Sin datos Fuente: Sevillana Endesa. Fuente: Sevillana Endesa. 2.2. CONSUMO TOTAL POR HABITANTE. 2002. K m 8 0 6 0 4 0 2 0 0 2 0 N M W h / a ñ o / h a b i t a n t e < 2 , 0 2 , 0 < 3 , 5 3 , 5 < 5 , 0 5 , 0 < 6 , 5 > = 6 , 5 S i n d a t o s
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 67 Medio natural y desarrollo. El clima y el agua 2.3. EMISIONES DE CO2. 2000. 80604020020 Km N Toneladas < 25.000 25.000 < 50.000 50.000 < 500.000 500.000 < 1.000.000 >= 1.000.000 Sin datos 2.4. EMISIONES DE CH4EN UNIDADES DE CO2EQUIVALENTE. 2000. 2.5. EMISIONES DE N2O EN UNIDADES DE CO2EQUIVALENTE. 2000. 80604020020 Km N Toneladas de CO2 equivalente < 1.250 1.250 < 5.000 5.000 < 20.000 20.000 < 80.000 >= 80.000 Sin datos Fuente: Inventario de emisiones a la atmósfera en Andalucía, 2000. Consejería de Medio Ambiente. Fuente: Inventario de emisiones a la atmósfera en Andalucía, 2000. Consejería de Medio Ambiente. Fuente: Inventario de emisiones a la atmósfera en Andalucía, 2000. Consejería de Medio Ambiente. Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. Emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 68 Medio natural y desarrollo. El clima y el aguaMedio natural y desarrollo. El clima y el agua. Emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). 2.6. EMISIONES TOTALES EN UNIDADES DE CO2. EQUIVALENTE. 2000. 80604020020 Km NToneladas de CO2 equivalente < 50.000 50.000 < 100.000 100.000 < 250.000 250.000 < 1.000.000 >= 1.000.000 Sin datos 2.7. EMISIONES TOTALES POR HABITANTE EN UNIDADES DE CO2. EQUIVALENTE. 2000. 80604020020 Km NToneladas de CO2 equivalente < 10 10 < 30 30 < 90 90 < 270 >= 270 Sin datos Fuente: Inventario de emisiones a la atmósfera en Andalucía, 2000. Consejería de Medio Ambiente. Fuente: Inventario de emisiones a la atmósfera en Andalucía, 2000. Consejería de Medio Ambiente.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 69 Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. 2.8. CALIDAD DEL AIRE. PORCENTAJE DE DÍAS CALIFICADOS DE REGULARES, MALOS Y MUY MALOS SEGÚN LOS COMPONENTES EVALUADOS, 2000. Fuente: Informe de Medio Ambiente, 2000. Consejería de Medio Ambiente.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 70 Medio natural y desarrollo. El clima y el agua 2.9. LLUVIA ÚTIL ANUAL. 1961-1990. 80604020020 Km N Milímetros < 100 100 < 200 200 < 300 300 < 400 >= 400 2.10. DEMANDA TOTAL DE AGUA. 2002. 80604020020 Km N Hm3 < 1 1 < 15 15 < 30 30 < 90 >= 90 Sin datos 2.11. RELACIÓN ENTRE LA DEMANDA TOTAL DE AGUA Y LA LLUVIA ÚTIL. 2002. 80604020020 Km N Ratio< 0,5 0,5 < 1 1 < 2 2 < 4 >= 4 Sin datos Fuente: Instituto Nacional de Metereología. Ministerio de Medio Ambiente. Fuente: Inventario y Caracterización de los Regadíos de Andalucía. Consejería de Agricultura y Pesca; Secretaría General de Aguas. Consejería de Medio Ambiente. Fuente: Inventario y Caracterización de los Regadíos de Andalucía. Consejería de Agricultura y Pesca; Instituto Nacional de Metereología. Ministerio de Medio Ambiente; Secretaría General de Aguas. Consejería de Medio Ambiente. Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. Lluvia útil y demanda de agua.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 71 Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. 2.12. CALIDAD DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS. CONCENTRACIÓN DE NITRATOS. 2000-2003. Fuente: Instituto Geológico Minero de España. Ministerio de Educación y Ciencia. Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. Calidad del agua y de los ecosistemas acuáticos asociados.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 72 Medio natural y desarrollo. El clima y el aguaMedio natural y desarrollo. El clima y el agua. Calidad del agua y de los ecosistemas acuáticos asociados. 2.13. CALIDAD DE LAS RIBERAS. 2003. 2.14. CALIDAD DEL AGUA DE RIEGO. 2002. 80604020020 Km NCalidad Mala Regular Buena Sin datos Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Consejería de Medio Ambiente. Fuente: Inventario y Caracterización de los Regadíos de Andalucía, 2002. Consejería de Agricultura y Pesca.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 73 Medio natural y desarrollo. El clima y el agua 2.15. PRODUCTIVIDAD DEL AGUA EN EL REGADÍO. 2002. 80604020020 Km NEuros/m3 < 0,3 0,3 < 0,6 0,6 < 1,2 1,2 < 2,4 >= 2,4 Menor de 150 Has o sin datos 2.16. EMPLEO GENERADO POR UNIDAD DE AGUA APLICADA EN EL REGADÍO. 2002. 80604020020 Km NUTA/Hm3 < 15 15 < 30 30 < 60 60 < 120 >= 120 Menos de 150 Has o sin datos Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. Usos agrarios del agua. Fuente: Inventario y Caracterización de los Regadíos de Andalucía, 2002. Consejería de Agricultura y Pesca. Fuente: Inventario y Caracterización de los Regadíos de Andalucía, 2002. Consejería de Agricultura y Pesca.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 74 Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. 2.17. NIVEL DE DOTACIÓN DE AGUA POR HABITANTE Y DÍA. 2003. 80604020020 Km N Litros/habitante/día 0 < 150 150 < 200 200 < 250 250 < 300 >= 300 Sin datos Fuente: Secretaría General de Aguas. Consejería de Medio Ambiente. Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. Usos urbanos del agua.
SEGUNDO INFORME DE DESARROLLO TERRITORIAL DE ANDALUCÍA 75 2.18. DEPURACIÓN DE AGUAS RESIDUALES. 2003. Fuente: Secretaría General de Aguas. Consejería de Medio Ambiente. Medio natural y desarrollo. El clima y el agua.Medio natural y desarrollo. El clima y el agua. Usos urbanos del agua.