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Paradojas del desarrollo humano: lección inaugural de la Universidad de Sevilla. Curso Académico 2011/2012

Abstract

El estudio del desarrollo psicológico humano es ante todo el análisis de los procesos de cambio que se van produciendo con la edad. Son cambios que afectan a la persona toda, desde sus neuronas a sus relaciones, desde su inteligencia a sus emociones, desde su identidad a su personalidad, desde sus periodos de transic ión y cambio acelerado a los de mayor estabilidad. Basta mirar en la foto al pequeño bebé, a sus primos y primas escolares y adolescentes, a su madre y su padre, a sus tíos, abuelos y bisabuela para darse cuenta de la importancia de esos cambios. La distancia entre los dos extremos es extraordinaria y los personajes intermedios nos hablan de los hitos que van jalonando nuestro desarrollo como personas. Quienes nos dedicamos a la psicología evolutiva estudiamos esos cambios, analizando su génesis y su desarrollo, estudiando las transiciones y tratando de entender las trayectorias personales en relación con la etapa del desarrollo en que cada uno se encuentra.

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Paradojas del desarrollo humano: lección inaugural de la Universidad de Sevilla. Curso Académico 2011/2012

Author: Palacios González, Jesús
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 2015
Source: https://idus.us.es/bitstreams/bbf19f8c-d9a9-44a4-a455-22c3a4b652ae/download
JESÚS PALACIOS
PARADOJAS
DEL DESARROLLO HUMANO
Lección Inaugu al leída en la Solemne Ape u a
del Cu so Académico 2011-2012
en la Uni e sidad de Se illa
EDITORIAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA
Índice
colección
Biog a Ía
JESÚS PALACIOS
Depa amen o de Psicología E olu i a de la Educación
Facul ad de Psicología
PARADOJAS
DEL DESARROLLO HUMANO
Lección Inaugu al leída en la Solemne Ape u a
del Cu so Académico 2011-2012 en la Uni e sidad de Se illa
Se illa 2015
Índice
Po ada
colección
Biog a Ía
Colección Tex os Ins i ucionales
Núm.: 51
Rese ados odos los de echos. Ni la o alidad ni pa e de
es e lib o puede ep oduci se o ansmi i se po ningún
p ocedimien o elec ónico o mecánico, incluyendo o oco-
pia, g abación magné ica o cualquie almacenamien o de
in o mación y sis ema de ecupe ación, sin pe miso esc i o
de la Edi o ial Uni e sidad de Se illa.
© EDITORIAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA 2015
C/ Po eni , 27 - 41013 Se illa
T nos.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443
Co eo elec ónico: [email p o ec ed]
Web: <h p://www.edi o ial.us.es>
© JESÚS PALACIOS GONZÁLEZ 2015
ISBNe: 978-84-472-1676-5
Edición digi al: Dosg aphic, s. l. < www.dosg aphic.es >
Comi é edi o ial:
An onio Caballos Ru ino (Di ec o de la
Edi o ial Uni e sidad de Se illa)
Edua do Fe e Albelda (Subdi ec o )
Manuel Espejo y Le do de Tejada
Juan José Iglesias Rod íguez
Juan Jiménez-Cas ellanos Balles e os
Isabel López Calde ón
Juan Mon e o Delgado
Lou des Mundua e Jaca
Jaime Na a o Casas
Mª del Pópulo Pablo-Rome o Gil-Delgado
Ado ación Rueda Rueda
Rosa io Villegas Sánchez
Edición digi al de la p ime a edición imp esa de 2011
Po ada
Índice
A Paula, mi hija, en pleno desa ollo pe sonal
A Ma iano Valdecan os, su abuelo, ya casi cen ena io
Índice
In oducción: cambio y con inuidad en el desa ollo
psicológico desde el p incipio has a el inal de la ida
humana. Una ap oximación desde la pa adoja ....... 11
1. P ime a pa adoja. El ecién nacido: un g an ce e-
b o en una cabeza muy pequeña ...................... 24
1.1. Inmadu ez y dependencia iniciales .......... 25
1.2. Ac i os has a du miendo ........................... 27
1.3. Capacidades de p ocesamien o de in o -
mación ........................................................ 31
1.4. Necesidad de elaciones ............................ 34
1.5. Cons uyendo las emociones más p o un-
das ............................................................... 36
1.6. Todo lo que cabe en una pequeña ca-
beza ............................................................. 44
2. Segunda pa adoja. Desa ollo ce eb al en la
adolescencia: una bicicle a con p oblemas de
diseño ................................................................... 46
2.1. C ecimien o y cambio ................................ 47
2.2. Neu obiología de las emociones in ensas 51
2.3. Neu obiología de los sis emas de con ol 58
Pa a i a página pulsa en la línea
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Po ada
colección
Biog a Ía

2.4. Asinc onía en e sis emas .......................... 61
2.5. En la e olución, la cla e ........................... 65
3. Te ce a pa adoja. Po in adul os, po in li-
b es… o casi ........................................................ 70
3.1. Una len a y p olongada ansición .......... 72
3.2. Libe ad c ecien e ....................................... 73
3.3. La biología del amo .................................. 75
3.4. Del apego in an il al apego adul o........... 80
3.5. En amado psicobiológico .......................... 89
4. Cua a pa adoja. Vejez: en e el de e io o y el
o alecimien o ...................................................... 93
4.1. Cambios demog á icos ................................ 94
4.2. En ejecimien o y de e io o ........................ 100
4.3. Salud neu ológica y cogni i a ................... 104
4.4. Fo alecimien o en las elaciones sociales
y el bienes a emocional ............................ 108
4.5. En ejecimien o ac i o: o alece las debi-
lidades pa a en ejece más y mejo ......... 114
Ag adecimien os ......................................................... 123
Re e encias .................................................................. 125
Pa a i a página pulsa en la línea
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Po ada
colección
Biog a Ía
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Po ada
Índice
S . Rec o Magní ico de la Uni e sidad de Se illa,
Au o idades,
Claus o de P o eso ado,
Pe sonal de Adminis ación y Se icios,
Alumnado,
Seño as y Seño es:
in oducción: cambio y con inuidad
en el desa ollo psicológico
desde el p incipio has a el inal de la ida
humana. una ap oximación desde la pa adoja
Imaginemos una o og a ía omada con ocasión de la ies a
a milia pa a celeb a la llegada de un bebé. Lo sos iene
en b azos, en el cen o de la o o, la bisabuela nonagena-
ia. Además de a los pad es1, en la o o obse amos a algunos
1 Un ex o dedicado al análisis del desa ollo humano opieza con-
inuamen e (de hecho, a ias eces den o de una misma página) en la
pied a del a amien o del géne o en español. No hay solución buena. La
epe ición con inua de “la niña y el niño”, “el pad e y la mad e”, e c., a ea
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Po ada
Índice
niños y niñas de edad escola , a adolescen es, a las ías y los
íos, y a los abuelos del bebé. En ese pequeño g upo enemos
el eco ido en e o de la ida humana, desde el nacimien o
has a los úl imos años de un la go iaje. El g upo pod ía se
obse ado desde muchas pe spec i as, odas ellas sin duda
llenas de in e és. Po ejemplo, desde el pun o de is a his ó ico,
que pod ía indica las ci cuns ancias de gue as, ansiciones,
c isis o apogeos que a cada gene ación le ha ido ocando i i ;
o desde el pun o de is a an opológico, que sab ía si ua a cada
cual en la ealidad social y la e apa de desa ollo cul u al en
que ha c ecido; o desde el pun o de is a médico, que pod ía
ácilmen e e lexiona sob e las cues iones de salud ele an es
pa a cada g upo de edad ep esen ado en la o o. La que se
o ece en es a lección inaugu al es una mi ada sob e el g upo
de la o og a ía lle ada a cabo desde la psicología. Pe o la
isión psicológica pod ía a su ez cen a se en a ios aspec os.
Po ejemplo, pod íamos pensa en ese g upo desde el pun o
de is a de la psicología de la amilia, de su composición, sus
elaciones, su edes y conexiones; o desde el pun o de is a clí-
nico, a ando de pensa qué ensiones pod ían es a a ec ando
el es ilo y lo hace innecesa iamen e a agoso. Los plu ales gené icos son
masculinos (los adolescen es, los pad es, e c.), lo que, lejos de esol e el
p oblema, lo acen úa. Algunas exp esiones que alen pa a una edad (las
pe sonas mayo es) no ienen bien pa a o as, po más que bebés y ado-
lescen es sean ambién pe sonas. En es e ex o se al e nan unas soluciones
con o as, con iando en que el uso ocasional de gené icos masculinos no
se ome como insensibilidad an e el a amien o lingüís ico del géne o.
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Po ada
Índice
a la salud men al de los pe sonajes de la o og a ía. La que
o ece emos aquí se á una mi ada desde una disciplina llamada
psicología e olu i a o psicología del desa ollo, es deci , desde
aquella pa e de la psicología que se especializa en el es udio de
los p ocesos de cambio que se p oducen en los se es humanos
desde su concepción has a su mue e. Se a a del ascinan e
eco ido ep esen ado en la o og a ía amilia de que hemos
pa ido, el que, pasando po p imos escola es y adolescen es,
po íos más jó enes o más mayo es, po pad es y po abuelos,
a desde el ecién nacido has a su nonagena ia bisabuela.
El es udio del desa ollo psicológico humano es an e odo
el análisis de los p ocesos de cambio que se an p oduciendo
con la edad. Son cambios que a ec an a la pe sona oda, des-
de sus neu onas a sus elaciones, desde su in eligencia a sus
emociones, desde su iden idad a su pe sonalidad, desde sus pe-
iodos de ansición y cambio acele ado a los de mayo es a-
bilidad. Bas a mi a en la o o al pequeño bebé, a sus p imos
y p imas escola es y adolescen es, a su mad e y su pad e, a
sus íos, abuelos y bisabuela pa a da se cuen a de la impo -
ancia de esos cambios. La dis ancia en e los dos ex emos
es ex ao dina ia y los pe sonajes in e medios nos hablan de
los hi os que an jalonando nues o desa ollo como pe so-
nas. Quienes nos dedicamos a la psicología e olu i a es u-
diamos esos cambios, analizando su génesis y su desa ollo,
es udiando las ansiciones y a ando de en ende las ayec-
o ias pe sonales en elación con la e apa del desa ollo en
que cada uno se encuen a.
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Po ada
Índice
pe sonas a las que es udiamos o aquellas que las odean. Pa a
el es udio de p ocesos muy a iados en edades muy di e en es
disponemos, pues, de un a senal de diseños y de me odologías,
así como de oda la a iedad de so is icadas écnicas es adís i-
cas de análisis de da os que nos pe mi en cuan i ica indicado-
es, analiza causalidades y co elaciones, delinea ayec o ias
y con igu a modelos de cambio y con inuidad.
Dada la complejidad de los con enidos de que se ocupa y
de las edades que aba ca, la docencia de la psicología e olu i a
suele desplega se en a ias asigna u as del plan de es udios que
sigue el alumnado que se o ma en psicología. Es ácil en onces
imagina la di icul ad de da una imagen de la disciplina en
una sola lección. Mucho más, en una lección di igida a una
audiencia he e ogénea en su composición y cuajada de pe sonas
con las más ele adas cuali icaciones académicas y p o esio-
nales. Así, el hono que supone el enca go de impa i es a
lección se e acompañado desde el p ime momen o del e o
que implica elegi un ema, así como del deseo de ace a en
su a amien o an e un audi o io an a iado como exigen e.
Tu e cla o desde el p incipio que no debía habla de mis
p opias in es igaciones, de aquellos emas en los que el eje -
cicio p o esional a a és de la docencia, la in es igación y
las aplicaciones p ác icas me ha lle ado a una cie a especia-
lización. Ello hab ía hablado más de mi mismo que de mi
disciplina académica, que es la que yo que ía e e lejada en
es a lección inaugu al.

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Po ada
Índice
Pa a aslada una cie a imagen de lo que el desa ollo
psicológico humano es, de la o ma en que lo es udiamos y
de algunas de las conclusiones a que llegamos, he seleccionado
inalmen e cua o co es del ciclo i al humano: las p ime-
as semanas de ida, la adolescencia, la adul ez y el p oceso
de en ejecimien o. De es a o ma, me e e i é a cosas que
a ec an a odas y cada una de las pe sonas que me hacen el
hono de escucha me o lee me. Po supues o, odos uimos
bebés y adolescen es. Algunos de noso os andan aho a en
sus años adul os, mien as que o as y o os enemos o es-
amos p óximos a ene la a je a do ada que señala nues a
pe enencia al g upo de los mayo es. Algunos ienen hijos o
nie os pequeñi os, mien as que los de o os es án en plena
adolescencia, o son ya pe sonas adul as con su p opia amilia.
Mi amos la o o con que hemos abie o es a in oducción y
en ella econocemos algunos de los asgos de nues a p opia
ealidad amilia y de las pe sonas que la componen; en ella,
con sólo cambia los asgos isonómicos, nos econocemos a
noso os mismos y a algunas de las pe sonas pa a noso os
más impo an es.
Es amos, pues, an e cua o co es e olu i os pa a cada uno
de los cuales he seleccionado algún hecho o ci cuns ancia
pa adójica que si a pa a pone de mani ies o la complejidad
del desa ollo humano en cada una de sus g andes e apas.
La pa adoja es una igu a e ó ica que eúne pensamien os
apa en emen e i econciliables o con adic o ios, pe o que
ienen un sen ido cohe en e. En la pa adoja encon amos dos
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Índice
ideas con apues as, habi ualmen e exp esadas de al mane a
que cons i uyen una in i ación a la e lexión de ca a a la su-
pe ación de la con adicción. Las pa adojas ienen una la ga
adición en el mundo de la lógica, desde las amosas apo-
ías de Zenón de Elea (la céleb e pa adoja de Aquiles y la
o uga, po ejemplo) has a, mucho más ce ca de noso os,
las pa adojas lógicas de Be and Russell (po ejemplo, la
del ba be o, ebau izada a eces, ap o echando a Rossini,
como la pa adoja del ba be o de Se illa). Tienen igualmen e
una la ga adición en la li e a u a y el sólo é mino pa a-
doja nos ae en seguida a la men e a Ches e on, a Pessoa
o a Bo ges. También a An onio Machado, que u ilizaba las
pa adojas con ecuencia (“el ojo que es no es/ojo po que
ú lo eas/es ojo po que e e”). Y, cómo no, a los cuad os
de René Mag i e, el pin o de las pa adojas y los juegos de
signi icaciones as ocadas.
La p ime a pa adoja que he seleccionado iene como p o-
agonis a al ecién nacido al ededo del cual se ag upaba la
amilia de la o o con que hemos comenzado. La pa adoja
seleccionada nos lle a á a analiza su adical inmadu ez, e-
sal ando al mismo iempo sus ex ao dina ias capacidades. La
he i ulado “El ecién nacido: un g an ce eb o en una cabeza
muy pequeña”.
Con la segunda pa adoja iaja emos al mundo adolescen e,
del que analiza emos la ensión en e los p ocesos que ienen
que e con la búsqueda de sensaciones y la asunción de iesgos,
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Po ada
Índice
po un lado, y los que se elacionan con la e lexión y la oma
en conside ación de las consecuencias de la conduc a, po o o.
La he i ulado: “Desa ollo ce eb al en la adolescencia: una
bicicle a con p oblemas de diseño”.
La e ce a nos si ua á an e el psiquismo adul o, con la pa-
adoja que supone al mismo iempo el ene po in el con ol
de la ida en las p opias manos y, a la ez, dispone de una
capacidad limi ada po la biología y po la p opia his o ia pa a
elegi en e opciones di e sas. “Po in adul os, po in lib es…
o casi” es el í ulo que esume es a pa adoja.
La cua a, inalmen e, nos lle a á a la bisabuela que en la
o o sos enía al ecién nacido, ce ando el ciclo del de eni
humano. Respec o a ella, nos ocupa emos de la pa adoja que
supone con empla al mismo iempo su decli e y su esis en-
cia, po lo que la he i ulado “Vejez: en e el de e io o y el
o alecimien o”.
P opongo, pues, a quienes me lean o me escuchen que me
acompañen en es e ápido eco ido po los ascinan es e i-
cue os del desa ollo psicológico humano. A iso de an emano
de que pa a cada una de las pa adojas a a é de usa el uco
del p es idigi ado : con una mano agi a é an e us edes un
a gumen o en el que quie o que ijen su a ención, mien as
con la o a mano oy p epa ando la so p esa que acaba á do-
minando la escena, jun as las dos manos al inal en busca del
e ec o deseado. Háganme el a o de acompaña me. Empieza
la unción.
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Índice
1. p ime a pa adoja. el ecién nacido:
un g an ce eb o en una cabeza
muy pequeña
El paso del iempo pesa sob e noso os como una losa.
Pendien es de los minu os que al an pa a algo que se
ap oxima, o de las semanas que end emos que espe a
pa a un acon ecimien o deseado o emido, o del cumpleaños
que ma ca nues o paso de una edad a o a, pequeñas unida-
des de iempo ienen pa a noso os un alo ex ao dina io.
Tan aliosas a escala pe sonal, esas unidades adquie en una
dimensión idícula cuando los biólogos e olucionis as oman
la palab a. Los p ime os o ganismos mul icelula es apa ecie on
sob e la ie a hace ap oximadamen e mil millones de años. Los
p ime os peces, hace 500 millones de años. El géne o Homo
apa eció hace unos 2,5 millones de años. Los humanos adqui-
imos el aspec o que aho a enemos hace 200.000 años. El
Neande al desapa eció de la ie a hace menos de 30.000 años.
Somos, pues, una especie muy jo en cuando se con empla en
la escala de la ilogénesis. Nues a ealidad como especie, lo
que odos enemos en común, se ha ijado en nues o genoma
hace ela i amen e poco. Así es como lo ecibimos de nues os
p ogeni o es y así es como se lo asladamos a nues a p ogenie
y como nues a p ogenie se lo ansmi i á a la suya. Son los
asgos que nos ca ac e izan como ípicamen e humanos, in-
cluyendo las e apas po las que pasamos a lo la go de nues a
ida. El p oceso se pone en ma cha as unos meses de ida
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Índice
e al y con inúa después con el nacimien o y odo el eco ido
i al pos e io . En el p oyec o de se humano que cada uno
de noso os es al nace es án, pues, acumuladas decisiones
omadas po la e olución de la especie, una de las cuales se
encuen a en la aíz de és a nues a p ime a pa adoja.
1.1. Inmadu ez y dependencia iniciales
En el p oceso e olucionis a que acabó con igu ando nues-
a especie, pocos acon ecimien os u ie on la ele ancia que
supuso pasa del desplazamien o a cua o pa as al camina
bípedo. Esa ansición p odujo una se ie de ans o maciones
sis émicas de ex ao dina ia impo ancia. Al queda libe a-
das de unciones locomo o as, las manos podían se u ilizadas
pa a ab ica a mas o he amien as, así como pa a ealiza
mo imien os inos con los dedos, po ejemplo pa a deja ins-
c i as sob e la pied a de las cue as ep esen aciones pic ó icas
de la ealidad ma a illosamen e simples. La libe ación de las
manos p opició cambios muy impo an es en el ce eb o, donde
adqui ie on un no able desa ollo las á eas elacionadas con
el con ol mo o ino. El ó ax quedó libe ado de la p esión
que suponía el desplazamien o a cua o pa as, lo que pe mi ió
mejo a no ablemen e el con ol de la espi ación y la posi-
bilidad de sonidos a iculados de una inu a sin p eceden es,
lo que de nue o supuso cambios ce eb ales ascenden ales
de ca a al desa ollo del lenguaje. Pa alelamen e, se habían
ido p oduciendo cambios en la alimen ación p opiciados en

• 26 •
Po ada
Índice
pa e po las modi icaciones ana ómicas subsecuen es a la
bipedes ación, así como po las posibilidades abie as po las
nue as des ezas e ins umen os pa a la caza. Se pasó de una
alimen ación ege a iana a o a en la que es aban implicados
animales cazados y luego cocinados, lo que pe mi ía espon-
de a la mayo demanda de p o eínas de un ce eb o cada ez
más necesi ado de nu ien es pa a desa olla sus unciones
c ecien emen e complejas.
Una consecuencia e iden e de la bipedes ación ue el es-
echamien o del canal del pa o. Pa a a a esa lo, en el p o-
ceso de con igu ación ilogené ica, el bebé humano u o que
educi sus p opo ciones al máximo, incluido el amaño del
c áneo y, consecuen emen e, del ce eb o en él alojado. Si el
ce eb o de un humano adul o pesa en e 1.300 y 1.400 g a-
mos, el de un ecién nacido es á po los 350-400 g amos.
Su inmadu ez es ex ao dina ia. La c ía humana es de una
clamo osa agilidad y necesi a de con inuos cuidados pa a su
supe i encia. Niñas y niños ecién nacidos pasan du mien-
do al ededo de 18 ho as dia ias. Necesi a án aún unos es
o cua o meses pa a se capaces de sos ene bien e guida la
cabeza como p olongación del onco. Conduc as como es i a
la mano hacia un obje o in e esan e y aga a lo necesi a án
alguna semana más pa a su dominio ino. Y necesi a án a ios
meses más pa a alcanza la au onomía que les pe mi a despla-
za se po su cuen a o usa el lenguaje pa a comunica se. El
ecién nacido de nues a o o de amilia es á aún muy lejos de
odo eso. Inmadu ez adical, agilidad ex ema, dependencia
• 27 •
Po ada
Índice
absolu a son exp esiones que cuad an bien pa a desc ibi al
neona o humano.
1.2. Ac i os has a du miendo
Como an as cosas en el es udio del desa ollo psicológico
humano, el de los bebés ha cambiado adicalmen e en las
úl imas décadas. Los a ances han es ado es echamen e liga-
dos a nues a o ma de en ende la p ime a in ancia. Na u-
almen e, si se piensa que los ecién nacidos no en ni oyen,
ca ece de sen ido es udia sus capacidades isuales o audi i as
emp anas. Igualmen e, si se conside a que una niñi a de un
pa de semanas ca ece de memo ia, es poco p obable que los
in es igado es explo en sus capacidades mnésicas. Pe o, po
o a pa e, es udia las capacidades isuales o de memo ia
de bebés an pequeños equie e el uso de me odologías di-
e en es de las que se usan pa a analiza las mismas cues-
iones en una niña o un niño de 5 ó 6 años, po deci una
edad cualquie a.
Así, po ejemplo, en el es udio de las capacidades de a en-
ción, memo ia y ap endizaje de bebés se u ilizan mucho las
écnicas de habi uación. Si exponemos a una niña pequeñi a
a un es ímulo nue o (audi i o, isual, ác il…), se obse a
que su in e és y su a ención se ac i an, dedicándose a exami-
na lo. Pasado un cie o iempo, se p oduce la amilia ización
con el es ímulo, decayendo el in e és y la a ención que la niña
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Po ada
Índice
le p es a. Imaginemos que el es ímulo e a, po ejemplo, una
o og a ía de un os o humano. La bebé lo mi a y explo a
du an e unos segundos o unos minu os, pasados los cuales
deja de in e esa le, lo que, en e o as cosas, mues a que es á
p ocesando ac i amen e la in o mación. La conduc a de deja
de explo a lo ya conocido es denominada habi uación. Si as
e i a el es ímulo ol emos a mos á selo un a o después,
pod emos obse a que su a ención uel e a ac i a se, pe o
que aho a su in e és se á mucho más educido, dedicando
menos iempo a su explo ación. Si en la siguien e opo unidad
se le uel e a p esen a la o og a ía del os o a la que ya se
había habi uado, pe o con algún asgo nue o (po ejemplo,
con los ojos y la boca muy abie os, como con exp esión de
g an so p esa), obse a emos que la a ención de la pequeñi a
se eac i a, dedicando de nue o más iempo y es ue zo a la
explo ación, has a que de nue o se p oduzca la habi uación.
G an pa e de nues os conocimien os de la psicología de los
niños y niñas más pequeños se han basado en la u ilización
de es e ipo de me odologías de es udio, complemen adas cada
ez más con so is icadas écnicas de g abación en ideo (in-
cluso en la oscu idad), con el egis o p eciso del camino que
sigue su mi ada en la explo ación de las pa es de un obje o,
así como con el uso de écnicas elec oence alog á icas y de
medición de po enciales e ocados.
Nos hemos ido así aden ando en el mundo in e io de
bebés humanos que ienen sus capacidades de exp esión aún
no ablemen e limi adas en ausencia de lenguaje (aunque no de
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Po ada
Índice
capacidad de comunicación po o os medios). Los descub i-
mien os es án siendo ascinan es y nos si úan en el in e io de
la p ime a de las pa adojas e olu i as aquí analizadas.
Veamos, po ejemplo, lo que ocu e con el sueño de los
humanos ecién nacidos (Ta ullo, Balsam y Fi e , 2011).
Decíamos an e io men e que due men al ededo de 18 ho as
dia ias. Pe o si se con olan su espi ación, su i mo ca díaco,
su ac i idad elec oence alog á ica, sus mo imien os ocula-
es y su ac i idad muscula , como hizo P ech l hace ya casi
40 años, se obse a que ienen dis in os ipos de sueño. Es á,
po un lado, lo que P ech l (1974) denominó do mi an-
quilo, ca ac e izado po una espi ación egula , un i mo
ca díaco es able y len o, ausencia de mo imien os ocula es
y de ac i idad de los músculos g andes del cue po. Es á, po
o o lado, el do mi ac i o: espi ación más i egula , i mo
ca díaco más a iable, mo imien os ocula es an o ápidos
como len os. Es á, inalmen e, el llamado do mi inde e mi-
nado, cuando el pa ón de sueño del ecién nacido no es ni
anquilo ni ac i o. Los ecién nacidos pasan ap oximadamen e
la mi ad de su iempo de sueño en el es ado de do mi ac i o,
que iene, en e o as, la en aja de acili a el desa ollo ce-
eb al g acias a la ac i idad endógena gene ada en el ce eb o
(de hecho, si se p i a expe imen almen e a a as ecién naci-
das de es e ipo de sueño, desa ollan una ac i idad co ical
más educida y al e aciones en la sensibilidad a los neu o-
ansmiso es, lo que signi ica que su uncionamien o ce eb al
no mal se e al e ado).
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Po ada
Índice
que la dep esión es c ónica y se da an o an es como después
del nacimien o del bebé.
El e ec o de la dep esión ma e na es sólo un ejemplo que
si e pa a ilus a que la maquina ia con que la c ia u a hu-
mana iene al mundo necesi a de in e acciones, de elaciones
y de es imulación. Las nega i as consecuencias que sob e el
ce eb o y el compo amien o in an il iene la c ianza en con-
ex os ins i ucionales ma cadamen e empob ecidos cons i u-
yen o o buen ejemplo, pues o ecien emen e en e idencia po
los es udios ealizados sob e niños y niñas adop ados in e -
nacionalmen e que habían pasado la p ime a pa e de su ida
en ins i uciones ca ac e izadas po una ma cada p i ación
senso ial, social y a ec i a, en las que los bebés pasaban a
eces has a 20 ho as al día sin ecibi p ác icamen e ninguna
a ención (Pollack e al., 2010; To enham e al., 2011).
1.5. Cons uyendo las emociones más p o undas
La e e encia an e io a la impo ancia y la necesidad que
los bebés ienen de elaciona se con sus cuidado es nos si úa
an e el úl imo de los elemen os de la pa adoja que es amos
analizando, elacionado con la ascenden al impo ancia que
pa a cualquie bebé y pa a odo su desa ollo pos e io an a
ene las expe iencias emocionales de sus p ime os meses. Y es
ascenden al po al menos dos azones. Po una pa e, po que
al se las p ime as, an a ene un cie o e ec o con igu ado

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Po ada
Índice
sob e las que luego ayan apa eciendo, y ello, como en se-
guida e emos, en más de un sen ido. Po o a pa e, po que
esas p ime as expe iencias suelen ene luego una muy la ga
con inuidad, pues lo más habi ual es que las pe sonas que
cuida on de noso os en nues os p ime os meses (y con las
que ap endimos un cie o ipo de elación y con las que desa-
ollamos un cie o es ilo emocional) sean las mismas que si-
guie on cuidando de noso os a lo la go de nues a in ancia y
pos e io men e du an e algunos años más, lo que signi ica que
no sólo ue on las p ime as elaciones, sino además algunas
de las más con inuadas que hemos enido en nues a ida.
Se ha señalado an es la eno me inde ensión y dependencia
de la c ía humana. Si las punzadas de hamb e pellizcan con
insis encia el es ómago de un bebé, si se sien e incómodo o
se hace daño, si algo le duele, no iene capacidad alguna pa a
egula po sí mismo la si uación de ca a a ol e a un es ado
más ag adable. Sólo la in e ención de o os consegui á llena
la ba iga, esol e la incomodidad y aplaca el dolo . Como
además es án aún lejos de pode exp esa se de o a o ma,
los bebés poseen –eso, sin duda– un mecanismo simple pe o
po en e pa a pedi ayuda: el llan o. Ese llan o susci a au o-
má icamen e una espues a isiológica en quienes de ella o él
se ocupan, espues a que implica una acele ación del i mo
ca díaco y una mayo p oducción de co isol (la ho mona
del es és) en el ce eb o. Es as espues as se han obse ado
ípicamen e en mad es (S allings e al., 2001), pe o ambién
en pad es que se ocupan del cuidado de sus bebés (Sei i z
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Po ada
Índice
e al., 2003). Lo que suele ocu i en onces es muy simple:
una niña pequeñi a llo a pa a pedi ayuda y alguno de sus
cuidado es habi uales ( ípica, pe o no necesa iamen e, alguno
de sus p ogeni o es) acude, decide cuál es el p oblema ( al ez
da de come , al ez cambia de pos u a, al ez libe a de
un sob eca gado pañal) y ac úa en consecuencia, siendo e icaz
pa a consegui que la causa que había mo i ado el desconsuelo
desapa ezca. Es a si uación, que se epi e cien os de eces a
lo la go de unas pocas semanas, acaba p oduciendo una doble
sa is acción: la de la niña, que queda calmada y anquila;
la del cuidado , que queda sa is echo con su capacidad pa a
esponde adecuadamen e a su pequeño eso o. De mane a que
ambos quedan bien dispues os pa a que la si uación se epi a:
la bebé pa a pedi ayuda, el adul o pa a p o ee la.
En buena medida a pa i de sus obse aciones sob e lo
que ocu ía con niños y niñas que es aban p i ados de ade-
cuados cuidados pa en ales, John Bowlby desa olló su eo ía
del apego (po ejemplo, Bowlby, 1979), que ha dado luego
luga a un monumen al desa ollo y que con inúa siendo uno
de los más uc í e os ámbi os de in es igación psicológica.
Su a gumen ación básica se en iende bien a p opósi o de lo
desc i o en el pá a o an e io . El bebé empieza necesi ando
a sus cuidado es pa a que a iendan a sus necesidades ísicas.
Y ya desde sus p ime as semanas, a a és de la llamada
“neu obiología del apego” (Sulli an, 2003), mues a una es-
pecial sensibilidad pa a cap a la p esencia de esas pe sonas
a a és del econocimien o de su oz, su olo , su ac o y los
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Po ada
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asgos de su os o. A base de in ini as epe iciones de esa
si uación (llan o del bebé-sa is acción de sus necesidades po
pa e de quienes de su cuidado se ocupan- anquilidad del
bebé-sa is acción de las pe sonas que cuidan), al bebé le es
muy ácil asocia la p esencia de sus cuidado es con la sen-
sación de bienes a y anquilidad. Llega un momen o en
que esa p esencia es po sí misma uen e de anquilidad y
bienes a , de mane a que el bebé desa olla una ue e p e e-
encia po esas pe sonas, una emoción posi i a cuando es án
p esen es y emociones nega i as (ansiedad, ensión…) cuando
se ausen an. Decimos en onces que el bebé se ha apegado. Y,
na u almen e, no sólo lo ha hecho él, po que mien as an o
sus cuidado es han ido o aleciendo unas emociones posi i as
que ípicamen e empeza on desde el momen o mismo en que
se supo que había un emba azo. Si las conduc as de apego
adul o son obse ables, pues, muy desde el p incipio, las de
los bebés son ya plenamen e iden i icables al cabo de seis
meses, aunque desde luego desde bas an e an es se obse aban
un cla o econocimien o y una decidida p e e encia espec o
a sus cuidado es habi uales.
Lo desc i o en los pá a os an e io es ilus a bien las lla-
madas conduc as de apego, es deci , aquellas en las que se
implican bebés y adul os de ca a a la sa is acción p ime o de
necesidades ísicas y muy poco después de necesidades emo-
cionales. Como son conduc as, podemos obse a las, medi las
y cuan i ica las, y así ha enido haciendo la in es igación sob e
apego desde hace algunas décadas, p ime o con écnicas sólo
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Po ada
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obse acionales y más ecien emen e con so is icados egis os
neu obiológicos. Pe o, como ya dejó esc i o el p opio Bowlby
(1979), po debajo del guión que obse amos se a cons u-
yendo o o más p o undo y su il al que él denominó “modelos
in e nos de apego”. Si cada ez que la bebé eclama ayuda hay
alguien ce ca pa a esponde , es á ap endiendo cosas sob e la
disponibilidad de sus igu as de apego; si cada ez que lo pasa
mal esas pe sonas ienen y consiguen pa a ella una sensación
de bienes a , es á ap endiendo cosas sob e su e icacia; si ade-
más, a a és de sus acciones y sus palab as, esas pe sonas le
exp esan con inuamen e su a ec o posi i o, es á ap endiendo
algo sob e su ca iño. Es en su piel donde ecibe las ca icias y
los cuidados, pe o es en el ondo de su psiquismo donde se a
insc ibiendo la lección: “es á siemp e disponible, es e icaz pa a
ali ia mis moles ias, me quie e, con es a pe sona es oy ísica
y emocionalmen e segu a”. Como pa e de la misma lección,
ap ende algo más, an impo an e como lo an e io : “yo sé
pedi ayuda cuando la necesi o, soy e icaz pa a log a el ali io
de mis ensiones, me ezco se cuidada, a endida y que ida”.
Lo desc i o an e io men e e leja lo que ocu e en la mayo
pa e de los bebés en su elación con sus cuidado es habi-
uales. De la niña que hemos es ado u ilizando como ejemplo
di emos que ha desa ollado un apego segu o. Po una pa e,
conduc as de apego segu as (pedi ayuda, busca la p oximi-
dad de las igu as de apego, sen i se sa is echa y a gus o en
su p esencia, así como is e o ansiosa en su ausencia, aleg a -
se cuando eg esan…). Po o a, modelos in e nos de apego
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Po ada
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segu os (con ia en la disponibilidad, el ca iño y la e icacia de
esos cuidado es, así como en las p opias capacidades y mé i os
de ca a a la elación con ellos). Las dos e ce as pa es de los
bebés, ap oximadamen e, desa ollan ese ipo y ese modelo
de apego. Pa a el es o, la his o ia es un poco di e en e. Y lo
es, undamen almen e, en unción de cuál sea la ci cuns ancia
de c ianza a la que cada cual enga que adap a se.
Pa a en ende lo que son los apegos no segu os es necesa io
pa i de dos conside aciones. De acue do con la p ime a, ape-
ga se o no apega se a un adul o conc e o no es una decisión
acional que oma el bebé. Su neu obiología le impele a ape-
ga se a quienes le cuidan habi ualmen e, no pudiendo oma
la decisión de no hace lo cuando las conduc as de los cuida-
do es no son las deseables. De acue do con la segunda, lo que
es c ucial pa a el bebé, po su ex ema dependencia, es asegu-
a se la p oximidad de sus cuidado es, po que en su ausencia
la supe i encia le es sencillamen e imposible. La es a egia
del bebé segu o es llo a , po que eso ale a a un adul o mo-
i ado pa a ace ca se y apo a los cuidados adecuados. Pe o
imaginemos que el llan o de un niño en ez de se in e p e ado
po el adul o como “me necesi a”, sea in e p e ado como “me
moles a”, o como “ a a de con ola me”, o como “es inso-
po able”. En es as ci cuns ancias, algunos adul os acudi án
unas eces y no o as, o ac ua án a eces con malos modos, o
g i a án, o se ausen a án. Como el bebé necesi a asegu a se la
p esencia del adul o, si ha ap endido que lo que moles a a su
cuidado es el llan o, po que cuando no llo a hay cuidados y

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Po ada
Índice
a enciones, desa olla un apego insegu o de ipo e i a i o (es
deci , ap ende a e i a la exp esión de las señales de ensión
como medio pa a a a de que la ensión sea ali iada). Po el
con a io, si el cuidado es ines able en su espues a, siendo
sensible a eces y en o as ocasiones insensible, acudiendo unas
eces pe o no o as, siendo unas eces e icaz y o as ine icaz,
el bebé desa olla á un apego insegu o de ipo ansioso (es
deci , ap ende que iene que llama la a ención del cuidado
insis en emen e pa a a a de consegui la espues a que le
in e esa, sin es a segu o de si lo log a á o no). Si el pa ón de
espues a del adul o es o almen e caó ico e imp edecible, el
bebé desa olla un apego deso ganizado, poniendo en ma cha
mecanismos más o menos e á icos pa a a a de que, sea como
sea, se le p es e la a ención que eclama (Ainswo h e al.,
1978; Wein ield e al., 2008). Si los cuidado es cambian con-
inuamen e y el bebé no iene más emedio que ap ende que
lo impo an e es que alguien acuda, sea quien sea, desa olla
un as o no de apego llamado sociabilidad indisc iminada;
si las espues as de los cuidado es son ex emadamen e nega-
i as de o ma sis emá ica, desa olla una pa ología llamada
apego inhibido. Mien as que es os dos as o nos (codi icados
en el DSM-IV como as o no eac i o de apego) son excep-
cionales en niños y niñas que c ecen en con ex os amilia es,
son po desg acia más ecuen es en niños y niñas c ecidos en
con ex os ins i ucionales (Zeanah e al., 2005).
De acue do con la lógica expues a an e io men e, los bebés
que desa ollan conduc as de apego insegu as, deso ganizadas
• 43 •
Po ada
Índice
o pa ológicas an simul áneamen e desa ollando una ima-
gen de sí mismos y de sus igu as de apego (es deci , unos
modelos in e nos de apego) que an a se el asun o in e no
de las ensiones, los miedos, insegu idades y deso ganización
que expe imen an con inuamen e en sus in e acciones co i-
dianas. Es deci , que lo que se es á cons uyendo en ellos
no son sólo es ilos de elación ma cados po la insegu idad,
la deso ganización o la pa ología, sino emociones p o undas
espec o a sí mismos y espec o a los demás eñidas de esos
mismos nega i os sen imien os. Sob e es as di e sas cues iones
ol e emos en el análisis de nues a e ce a pa adoja.
En esumen, el bebé an llama i amen e inde enso e in-
madu o no sólo es un ac i o p ocesado de la in o mación,
sino que es ambién un ac i o pozo de emociones, algunas de
las cuales son obse ables po cualquie a que se asome a su
supe icie, mien as que o as se an decan ando len amen e
en el ondo de su psiquismo. De acue do con la eo ía inicial
del apego (Bowlby, 1979) y con innume ables in es igaciones
que pos e io men e la han desa ollado, el es ilo de apego
(en la conduc a y en los modelos in e nos) que se desa olla
en la p ime a in ancia iene impo an es epe cusiones pa a
el u u o po el doble a gumen o ya expues o an e io men e:
po que es as elaciones son las p ime as y ienen po ello un
ca ác e p o o ípico y undacional, y po que hay muchas p o-
babilidades de que las conduc as adecuadas o inadecuadas ini-
ciales de los cuidado es se p olonguen luego a medida que el
desa ollo in an il p og esa. Cuando hay una discon inuidad,
• 44 •
Po ada
Índice
po ejemplo cuando los inadecuados cuidado es iniciales son
eemplazados po cuidado es pos e io es sensibles, e icaces y
amo osos (es deci , segu os), los apegos in an iles an o ien-
ándose en la nue a di ección, modi icándose más ápidamen e
en la supe icie (conduc as de apego) y más len amen e en el
ondo (modelos in e nos), como hemos mos ado en nues as
p opias in es igaciones con niños y niñas llegados a hoga es
andaluces a a és de la adopción in e nacional (Román,
Palacios y Mo eno, en iado pa a publicación), a las que ol-
e emos a e e i nos más adelan e.
1.6. Todo lo que cabe en una pequeña cabeza
La e olución de nues a especie nos ha dejado, pues, una
ex ao dina ia maquina ia que es á ac i a desde el p incipio.
Sin duda, desde el momen o del nacimien o, pe o ambién
du an e la ida e al. Bajo la apa iencia ( o almen e eal) de
dependencia y agilidad se esconde, pues, un pequeño se
humano que es ac i o has a cuando due me y que iene p e-
sin onizado pa a las elaciones sociales, que al p incipio son
las que man iene con las pe sonas que cuidan de él o ella
con más cons ancia y p oximidad. La capacidad de lo que
cabe en la pequeña cabeza esul a, de hecho, ex ao dina ia.
Desde el p incipio de sus días, los bebés pe ciben, a ienden,
disc iminan, ap enden y ecue dan, c eando en el in e io de
su ce eb o complejas edes neu onales que an egis ando
sus expe iencias y e lejando sus ap endizajes. Hacia los es
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Po ada
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meses an ap endiendo elaciones de causa-e ec o, así como
an mos ando una cla a p e e encia po la compañía de sus
cuidado es habi uales. A los seis meses, se han apegado a ellos
in ensamen e, c eando un ínculo emocional que se á una
de nues as señas de iden idad psicológica pa a el u u o. Al
año, empiezan a deci sus p ime as palab as. Pocos meses
después, caminan solos. A los 3 años, el peso del ce eb o ha
pasado de los 350 g amos iniciales a los 1.100 g amos, es de-
ci , se ha mul iplicado po es. Y el inc emen o no iene que
e con el añadido de nue as neu onas (de hecho, nacemos
con una p oducción ex a de neu onas, dándose pos e io -
men e una pé dida o “podado” en su núme o), sino con su
mielinización (lo que aumen a la elocidad de conducción de
los impulsos ne iosos) y con el es ablecimien o de conexiones
sináp icas o edes neu onales que aumen an la complejidad
de nues o ce eb o. Aquella cabeci a que nació pequeña pa a
pode a a esa el es echo canal del pa o, se ha con e ido
aho a en una de las pa es más g andes y más madu as de la
ana omía in an il. La cabeza de un bebé equi ale a la cua a
pa e de odo su cue po. Mien as que el amaño de la cabeza
a a pe manece luego más es able, el es o del cue po i á
c eciendo y aumen ando, de modo que nues a cabeza acaba
siendo una pa e p opo cionalmen e más pequeña del cue po.
F en e al equi alen e al amaño de cua o cabezas en el niño
pequeño, el Apoxiomeno de Lisipo, en la G ecia clásica, dejó
es ablecido el canon del cue po humano adul o en ocho cabe-
zas, que ue la medida e omada luego po Vi u io y, siglos
adelan e, po Du e o y Leona do.
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Po ada
Índice
que denomina de con ol cogni i o. El sis ema socioemocio-
nal es á localizado sob e odo en las zonas límbica y pa alím-
bica del ce eb o, incluyendo la amígdala, el es iado en al
y o as es uc u as ce eb ales p óximas. El sis ema de con ol
cogni i o es á sob e odo localizado en la zona la e al p e-
on al. Pa a en ende el a gumen o que que emos examina
en elación con es a e apa e olu i a, con iene analiza lo que
ocu e en cada uno de esos sis emas, pa a pasa después a
examina la c onología de su madu ación, donde encon a e-
mos la pa adoja que nos in e esa.
Los cambios que en la adolescencia se dan en el sis ema
socioemocional ienen que e en g an pa e con lo que ocu e
en el sis ema mesolímbico elacionado con el place , la ecom-
pensa y la búsqueda de sensaciones. Du an e la adolescencia se
p oduce una ac i ación de es os ci cui os neu onales es echa-
men e elacionada con los cambios ho monales asociados a la
pube ad. Tales ci cui os u ilizan la dopamina como p incipal
neu o ansmiso , de mane a que cuando un chico o una chica
se implica en ac i idades que le esul an muy placen e as (en
elación, po ejemplo, con la comida, con el sexo, con el consu-
mo de alcohol u o as d ogas, con la búsqueda de sensaciones
in ensas), se p oduce una no able libe ación de dopamina, lo
que gene a una in ensa sensación de place que conduce, en e
o as cosas, a busca su epe ición (Oli a y An olín, 2010).
Una de las ca ac e ís icas del uncionamien o del ce eb o
adolescen e, compa ado con el adul o, es la mayo ac i ación

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Po ada
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de zonas subco icales (pa icula men e, el es iado en al)
elacionadas con la búsqueda de sensaciones y la ob ención
de p emios, sa is acción o place . Pa a odo ello, la inmedia-
ez juega un papel impo an e, de mane a que en su oma
de decisiones, las chicas y los chicos adolescen es es án más
o ien ados al co o que al la go plazo, lo que les lle a a no
in oduci elemen os de e lexión sob e consecuencias u u as
que es án más allá de las sa is acciones inmedia as. No quie e
ello deci que no puedan azona sob e las posibles implica-
ciones de un de e minado ac o pa a el u u o, po que el
p o blema no es á en la al a de capacidad de azonamien o
(capacidad que, de hecho, aumen a en la adolescencia). Quie e
deci que si la elección es á en e consegui una sa is acción
inmedia a o pa a se a pensa en sus consecuencias pos e io-
es, la p obabilidad de que la decisión aya en di ección a
lo inmedia o es muy supe io en la adolescencia de lo que
se á pos e io men e en la adul ez. Ello es así, sob e odo, en
si uaciones con ca ga emocional, de búsqueda de place inme-
dia o o de asunción de iesgos, a las que son más sensibles las
pa es del ce eb o que se ac i an con ocasión de los cambios
que ocu en en la pube ad (Casey, Jones y Some ille, 2011).
Las conduc as de búsqueda de sensaciones, de iesgo o
de consumo ienden a inc emen a se ambién en si uacio-
nes g upales, po que se ha demos ado que los adolescen es
ienen a asumi más iesgos cuando es án acompañados que
cuando es án solos, algo que no ocu e en los adul os. Así lo
demos a on Ga dne y S einbe g (2004) en una a ea en la
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Po ada
Índice
que los pa icipan es simulaban conduci un coche y en la que
ac uaban de o ma signi ica i amen e más a iesgada cuando
es aban en compañía de o os que cuando es aban solos.
En la adolescencia, pues, hay una especial o ien ación al
e ec o placen e o de es ímulos an o na u ales (po ejemplo,
comida y sexo) como a i iciales (po ejemplo, alcohol y o as
d ogas). Al menos en elación con el alcohol, y pa a com-
plica un poco las cosas, chicas y chicos adolescen es pa ecen
se menos sensibles a los e ec os nega i os que pueden es a
asociados con su consumo. Así lo sugie en, al menos, los
es udios con a as adolescen es, ya que el expe imen o no
puede hace se con humanos po azones é icas mencionadas
an e io men e. Cuando es excesi o, el consumo de alcohol
iene acompañado de una se ie de consecuencias poco ag a-
dables ( o peza mo iz, sedación, di icul ades pa a habla ,
sensación de esaca…) que ac úan como señales de ale a
que lle an a ena el consumo. Lo que el abajo con a as
a las que se a iciona al alcohol demues a es que du an e la
adolescencia son mucho menos sensibles que las adul as a los
e ec os nega i os del alcohol (Spea y Va linskaya, 2010), una
insensibilidad que pa ece da se de modo pa ecido en el caso
de chicos y chicas, lle ándoles a un mayo consumo que acaba
con algunos adolescen es en las salas de u gencia hospi ala ia
con comas e ílicos que pueden llega a pone en pelig o sus
idas como consecuencia de la dep esión espi a o ia que se
p oduce una ez que quedan anuladas las espues as de ensi-
as del o ganismo.
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Po ada
Índice
Las es uc u as del sis ema límbico (sob e odo, la amíg-
dala) es án ambién implicadas en o o enómeno que iene
en los años adolescen es una incidencia mayo que la que
se obse a en la in ancia o en la adul ez: la i encia de un
a ec o nega i o in enso y ecuen e. El a ec o nega i o incluye
mani es aciones como la abia, el desag ado, la angus ia, el
miedo o la e güenza, emociones en las que la amígdala es á
implicada y que mues an en los años de la adolescencia una
ac i ación exage ada en compa ación con el es o de las e apas
de la ida humana (Casey, Jones y Some ille, 2011).
O o ipo de conduc a que así mismo puede p esen a una
mayo incidencia en los p ime os años de la adolescencia iene
ambién implicada, jun o a o as es uc u as ce eb ales, a la
amígdala: la ag esi idad eac i a p o ocada po acon ecimien-
os o si uaciones us an es y que implica un a aque u ioso,
no plani icado, sob e el obje o, la pe sona o la si uación que se
pe cibe como causa de la us ación. Es un ipo de ag esi idad
que suele i acompañada de una i a in ensa y que iene una
al a ca ga emocional, azón po la que a eces se la e ique a
como ag esión calien e. Es e ipo de ag esi idad no debe con-
undi se con la llamada ag esi idad ins umen al, o ag esión
ía, que es calculada y que no epa a en el daño in ligido a las
íc imas. Mien as que la p ime a iene una mayo incidencia
en los años que siguen a la pube ad, la segunda comienza
en la in ancia y puede es a p esen e a lo la go de odo el
ciclo i al, siendo ecuen e en pe sonas con g a es as o nos
psicológicos. La que aquí nos ocupa, la ag esi idad eac i a,
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Po ada
Índice
iene un ca ác e y una c onología di e en es; es un ipo de
ag esi idad que no damos po bien enida, pe o que iene una
meno du ación y un ca ác e menos p eocupan e e in enso
que la ag esi idad ins umen al. An e si uaciones pe cibidas
como amenazan es, el sis ema se ac i a y se hace más p obable
la conduc a ag esi a eac i a. La mayo p esencia de es e ipo
de ag esi idad al p incipio de la adolescencia se ha pues o
en elación con una mayo ac i ación de la amígdala po los
cambios ho monales ípicos de la pube ad, pa icula men e
con el aumen o de and ógenos y de es ógenos, po lo que
a ec a ía an o a chicos como a chicas (Conno , 2002).
En ealidad, buena pa e de lo que es á implicado en la ma-
yo p esencia de ag esi idad eac i a en es as edades iene que
e con la peculia idad de las eacciones an e el es és en es e
pe iodo. Cuando nos en en amos a una si uación es esan e
(po ejemplo, un enazo epen ino del coche que ci cula de-
lan e de noso os), se ac i a el eje hipo alámico-hipo isia io-
ad enal (HHA), lo que esul a esencial pa a la supe i encia,
pues mo iliza oda la ene gía necesa ia pa a hace en e a una
si uación c í ica. Una ez supe ado el pelig o, el o ganismo
uel e a su homeos asis, al equilib io an e io . Recien es in-
es igaciones han mos ado que el eje HHA expe imen a una
no able madu ación en la pube ad, lo que implica impo an-
es cambios en la eac i idad al es és en es a época de la ida.
La in es igación animal ha mos ado que la eacción ho mo-
nal an e una si uación de pelig o o es és es bas an e simila
en adolescen es y en adul os, con ni eles de sec eción ho monal
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Po ada
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simila es en ambas edades. Sin emba go, la in es igación am-
bién ha mos ado una di e encia no able en e los dos g upos
de edad: una ez supe ada la si uación es esan e, a las a as
pube ales an o masculinas como emeninas, compa adas con
las adul as, les lle a en e 45 y 60 minu os más consegui la
homeos asis de pa ida, es deci , ol e a los alo es no males
(Romeo, 2010). En esumen, el sis ema ho monal de espues a
al es és queda madu o en los p ime os años de la adolescencia,
pe o los e ec os de la si uación es esan e pa ecen p olonga se
en los adolescen es en compa ación con lo que ocu i á unos
años después. Con azón se ha llamado la a ención sob e las
consecuencias nega i as de la exposición de los adolescen es a
si uaciones ue emen e es esan es, sob e odo cuando ienen
ca ác e c ónico (Oli a y An olín, 2010).
Como se e, el en amado neu obiológico llamado sis ema
socio-emocional es pa icula men e ac i o du an e los años
de la adolescencia. Pa a anquiliza un poco, con iene en
seguida hace e e encia a la exis encia de muy impo an es
di e encias in e indi iduales. Los cambios es uc u ales del
ce eb o y odas las al e aciones neu o isiológicas elacionadas
con la pube ad son no ma i os, es deci , se p esen an en o-
das las pe sonas (de hecho, ocu en en odos los mamí e os).
Pe o no odas las pe sonas ienen la misma suscep ibilidad a
las conduc as que hemos es ado analizando. Dependiendo de
di e encias en su p opensión gené ica, en sus peculia idades
psicobiológicas, en su his o ia de c ianza y de exposición a ac-
o es de p o ección y de iesgo, unos adolescen es se implica án

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Po ada
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mucho en ac i idades como las que hemos enido analizando
y o os se implica án muy poco o incluso nada. Po ejemplo,
según los da os de Mo eno e al. (2011), en 2006, el 47% de
los adolescen es españoles de 15-16 años econocía habe se
embo achado alguna ez. Aunque el po cen aje es ele ado,
más al o esul a oda ía el de los que a i maban no habe se
embo achado nunca, que e a el 53% es an e. La adolescen-
cia, sob e odo en sus p ime os años, ma ca una época en que
las cosas que hemos desc i o son más p obables, pe o en la
que no son ine i ables ni en su apa ición, ni en su in ensidad
ni en su ecuencia.
2.3. Neu obiología de los sis emas de con ol
Como imos, el sis ema neu obiológico socio-emocional no
es el único que se desa olla en la adolescencia. De acue do
con la denominación de S einbe g (2010), es á ambién el sis-
ema de con ol cogni i o, con sede undamen al en las zonas
p e on al la e al y pa ie al del ce eb o. Filogené icamen e,
son zonas mucho más ecien es que las que con olan la pa e
socio-emocional, más p imi i as en su o igen ilogené ico. Tal
ez po eso Lu ia (1966) conside ó que el lóbulo p e on al
es el “ó gano de la ci ilización”. Es a pa e del ce eb o es
esponsable de unciones an impo an es como la capacidad
pa a con ola los impulsos ins in i os, la oma de decisiones
en si uaciones de ince idumb e, la plani icación y an icipa-
ción del u u o, la p e isión de consecuencias de la conduc a,
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Po ada
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el con ol emocional, el sen ido de la esponsabilidad hacia sí
mismo y los demás, y la capacidad empá ica. Como ocu e
con ecuencia en es e ipo de in es igaciones, el es udio de lo
que ocu e en pe sonas que su en lesiones en es a pa e del
ce eb o si e pa a ilus a sus impo an es unciones. Así lo
pusie on de mani ies o Becha a, Damasio y Damasio (2000)
al mos a que los lesionados en la zona en omedial de la
co eza p e on al enían se ias di icul ades pa a an icipa las
consecuencias u u as de sus acciones, an o las consecuencias
posi i as como las nega i as, así como pa a alo a los iesgos
inhe en es a de e minadas si uaciones o a cie as conduc as.
Los es udios ealizados con écnicas de esonancia magné-
ica es uc u al han mos ado que el desa ollo de las es uc-
u as ce eb ales implicadas en el sis ema de con ol cogni i o
es una ealidad con inua du an e los años de la adolescencia
y has a los comienzos de la e ce a década de la ida. Esa
madu ación se pone de mani ies o en la pé dida p og esi a
de conexiones sináp icas en desuso, así como en la con inuada
p og esión de la mielinización de las neu onas de la egión
p e on al del ce eb o. Además, du an e es os años se p o-
duce una mejo a en la conec i idad en e el ce eb o emocio-
nal y el acional, lo que a a acili a el con ol del segundo
sob e el p ime o. Las mejo as que du an e la adolescencia
se obse an en la llamada unción ejecu i a (León-Ca ión,
Ga cía-O za y Pé ez-San ama ía, 2004) son ibu a ias de
es os desa ollos neu ológicos. Dichas mejo as a ec an a la in-
hibición de espues as no deseadas, a la plani icación, a la oma
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en conside ación an o de iesgos como de bene icios en si ua-
ciones de ince idumb e, así como a la u ilización simul ánea
de múl iples uen es de in o mación.
Debe ene se en cuen a que la plani icación y la oma de
decisiones en la adolescencia son más complicadas que en la
adul ez, pues la co eza ce eb al p e on al adolescen e no se
ayuda an o como la adul a de o as egiones ce eb ales pa a
la ealización de a eas complejas. Po eso, compa ada con la
adul ez, la espues a inmedia a a si uaciones nue as o desa-
ian es suele se menos e icien e en la adolescencia, pues los
p ocesos ce eb ales que es án en la base de la capacidad de
con ol cogni i o es án aún desa ollándose y, al no epa -
i e icazmen e la ca ga cogni i a pa a apoya la memo ia
de abajo, es necesa io u iliza más ecu sos p e on ales.
Además, el uso de la co eza p e on al puede se más “alo-
cado”, menos o denado, cohe en e y e icaz, azón po la que,
con ecuencia, cuando e minan de ealiza una a ea que les
ha exigido mucho con ol men al o ejecu i o, los adolescen-
es quedan como ago ados o exhaus os. Pa a chicos y chicas
de es as edades, abaja bajo p esión, con excesi a y con i-
nuada ac i ación p e on al, puede con e i se en un p oble-
ma que lle a a eces a conduc as impulsi as, compo ándose
como si no pensa an en las consecuencias de lo que hacen
(León-Ca ión e al., 2010).
Pa ece ía, pues, que en la con igu ación de nues o o ga-
nismo la na u aleza nos ha do ado de dos mecanismos muy
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di e en es, pe o elacionados. Uno que nos lle a a busca el
place , a asumi iesgos, a esponde hedónicamen e an e
si uaciones que admi i ían ambién o as espues as. El o o
mecanismo nos pe mi e e lexiona , pensa en las conse-
cuencias pa a noso os mismos y pa a los demás, plani ica ,
con ene impulsos. Como en una bicicle a, enemos al mismo
iempo los pedales que nos pe mi en acele a pa a co e y
pa a busca las sensaciones ligadas a una mayo elocidad,
y ambién el manilla y los enos, que nos pe mi en elegi la
di ección que más nos con iene y len i ica la ma cha cuando
hemos llegado a nues o des ino o cuando pe cibimos una
si uación de pelig o pa a noso os mismos o pa a los demás.
La in e elación en e los dos sis emas nos pe mi i ía al e na
elocidad y len i ud a olun ad, de mane a que pudiésemos
dis u a de la conducción sin hace nos daño ni p o oca
acciden es. Pa ece ía un sis ema muy bien o ganizado, bien
diseñado po la e olución de la especie.
2.4. Asinc onía en e sis emas
Hay, sin emba go, un de alle que complica las cosas. En
una si uación ideal, los dos sis emas ce eb ales (el de impul-
so y el de con ol) es a ían disponibles simul áneamen e, de
mane a que pudié amos ac i a el uno o el o o –los pedales
o los enos– según nos con inie a o decidié amos. De hecho,
eso es lo que los adul os podemos hace no malmen e. El
p oblema en la adolescencia es que esos dos sis emas madu an
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se ale a ga a, po que no hay o a cosa en ella que ca ga a las
mozas con niños, pe judica las cos umb es, oba , pelea …”.
Las p eocupaciones espec o a la conduc a impulsi a du an e la
adolescencia pa ecen, pues, no se exclusi as de nues o iempo.
En cualquie caso, que los sis emas exci a i os se desa ollen
an es que los inhibi o ios a a p opicia una mayo au ono-
mía de los hijos espec o a sus pad es, lo que a a a o ece
su independencia, poniendo in al es ado dependien e y
p o egido más ípico de la in ancia. Si la cabezone ía y el
nega i ismo de los 2 años si en pa a ma ca la on e a
en e el bebé y el niño, señalando su c ecien e au onomía, la
ac i ación del sis ema del place y la ecompensa en ausen-
cia oda ía de con oles inhibi o ios, a a ma ca el ánsi o
de la in ancia a la adolescencia. Po supues o, se ía mucho
más ácil que nues o hijo o hija pusie a en la pue a de su
habi ación un ca el que dije a “Ya soy adolescen e” y que se
compo a a como a noso os nos gus a ía. Pe o pa ece que
la e olución de la especie ha p e e ido que sea o a la o ma
que iene de deci nos que ha cambiado, que ya no es el niño
o la niña que e a, que aho a le mue en o os in e eses, o as
mo i aciones, y que además no coinciden con los nues os.
De hecho, pa e de lo que hay que hace en la adolescencia
es explo a , in en a cosas nue as y aden a se en e enos
desconocidos, de mane a que la iden idad se aya o jando a
base de p oba y expe imen a , eligiendo luego unas cosas y
echazando o as. Si oda la conduc a adolescen e es u ie a
desde el p incipio dominada po la acionalidad y el cálculo

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de iesgos y bene icios, se desa olla ía un es ilo de conduc a
an sumamen e cau eloso y conse ado que di ícilmen e cada
nue a gene ación se di e encia ía de la an e io .
Finalmen e, me ece la pena eco da que, cualquie a que
sea la edad que se conside e, las capacidades cogni i as de la
adolescencia son supe io es a las exis en es en la in ancia. El
desa ollo del ce eb o se a a inando con la madu ación y con
la expe iencia, pa icula men e en elación con las unciones
co icales, las más e olucionadas en e noso os. Puede esul-
a pa adójico que quien iene más capacidad in elec ual (la
adolescen e espec o a la niña, el adolescen e espec o al niño)
enga mayo endencia a implica se en conduc as de iesgo o
a oma decisiones que a la pos e pueden esul a se equi o-
cadas. Como han mos ado Casey, Jones y Some ille (2011)
y hemos eco dado an e io men e, el p incipal p oblema en la
adolescencia su ge an e si uaciones que es án emocionalmen e
ca gadas o que implican la ob ención de bene icios, sa is accio-
nes o place es inmedia os. Es ahí, y más oda ía en si uaciones
g upales, donde la mayo ac i ación de núcleos subco icales
y el meno con ol de la co eza on al sob e ellos se a a
pone más de mani ies o. Y el p oblema es más acen uado en
algunos chicos y chicas que mues an mayo inclinación hacia
lo ape i i o o hacia el iesgo, pues la a iabilidad in e indi i-
dual es, como hemos indicado, bas an e no able.
La pa adoja de la asinc onía en e el desa ollo de las pul-
siones y el de su con ol causa muchos dolo es de cabeza a los
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pad es y mad es de adolescen es. Algunos ienen más sue e
que o os, po que en sus hijos o hijas el desequilib io es meno
y las conduc as de iesgo y place son más mode adas. O os
ienen que hace en e a más ensiones y di icul ades. Casi
odos, sin emba go, acaban iendo cómo las cosas se econ-
ducen y cómo, poco a poco, la co eza p e on al a haciendo
ac o de p esencia y, inalmen e, omando el con ol, de ma-
ne a que la acción de los pedales se modula desde el con ol
del manilla y de los enos. De hecho, la mayo pa e de
chicos y chicas ansi an po es as aguas sin ahoga se, aunque
es cie o que a sus pad es les cues a a eces sali a lo e de
sus u bulencias. Y odo po no habe enido la opo unidad
de diseña la bicicle a de o a mane a.
3. e ce a pa adoja. po in adul os,
po in lib es… o casi
Resul a cada ez más di ícil de ini en qué consis e se
adul o y cuándo se adquie e ese es a us. En socieda-
des muy adicionales, el ánsi o de la in ancia a la
adul ez es á ma cado po unos i os de ansición que impli-
can que, as comple a los i uales que cada cul u a enga
es ablecidos, los jó enes sexualmen e madu os acceden al
es a us adul o, adqui iendo las esponsabilidades y p e oga-
i as de los adul os de su sociedad. La madu ez sexual y la
madu ez social ocu en, pues, de o ma acompasada. Según
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lo a caica o e olucionada que sea la sociedad de que se a e,
los i uales de paso pueden se más o menos p olongados.
Po ejemplo, en algunas cul u as y momen os his ó icos, ales
i uales podían implica , simplemen e, un cie o pe iodo de
sepa ación del g upo pa a ealiza ac i idades que in odu-
cían en el mundo adul o (ap endizaje de cie as écnicas de
caza, po ejemplo); pasado ese aislamien o y ap endizaje,
el niño que había salido del g upo eg esaba a él como un
adul o, ípicamen e con alguna ce emonia ma cando la im-
po ancia de la ansición. En sociedades más desa olladas,
el iempo como ap endiz o –en el caso de hijos de amilias
acomodadas– como es udian e, delimi aba los espacios que
sepa aban los oles in an iles de inmadu ez y dependencia
de los oles adul os de madu ez e independencia. A eces, la
supe ación de alguna exigencia social (po ejemplo, la eali-
zación del se icio mili a po pa e de los a ones) ma caba
cla amen e el ing eso en el mundo adul o. En es os casos,
había mayo dis ancia en e la madu ez sexual adqui ida en
la pube ad y la madu ez social alcanzada unos años después.
Pe o se a aba de una dis ancia de apenas unos pocos años.
No mucho después, se espe aba que se p oduje a una de las
mani es aciones más cla as y de ini i as de la ansición a la
adul ez: el ma imonio y la o mación de un nue o hoga .
Daba igual que pad es y mad es ue an muy jó enes e inex-
pe os, po que al lado es aba siemp e algún miemb o de la
gene ación an e io pa a enseña o eco da qué había que
hace , cómo y cuándo había que hace lo.
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3.1. Una len a y p olongada ansición
Las cosas son más complicadas en el momen o ac ual. Po
un lado, la madu ez sexual se adquie e bas an e an es que
en momen os his ó icos an e io es, pues se ha ido p oducien-
do un adelan amien o con inuado de la pube ad (Palacios y
Oli a, 1999). Po o o, el acceso al es a us social adul o no
deja de pos e ga se. Los i uales de ansición de la in ancia a
la adul ez o han desapa ecido o se han di uminado eno me-
men e. El acceso a la independencia económica se complica
en una época en que el desempleo o la p eca iedad labo al
en e los jó enes adquie en p opo ciones an desusadas como
insopo ables. La salida de los hijos del hoga de los pad es
(o, al menos, su independencia económica espec o a ellos)
se e asa cada ez más. Y la o mación de un hoga p opio se
e ambién comp ome ida po la con luencia de odos es os
ac o es. Así, la dis ancia en e la madu ez sexual adelan ada
y la madu ez social pos e gada no deja de aumen a . Como
hemos is o a p opósi o de la adolescencia, pe o más cla a-
men e oda ía a medida que se a anza en la e ce a década
de la ida, pe sonas ísica y cogni i amen e madu as se en
ealizando oles adicionalmen e asociados con la in ancia,
como la dependencia y la p epa ación pa a los oles adul os
del abajo y la o mación de la p opia amilia. Una de las
consecuencias de odo lo an e io es el ala gamien o de la
dis ancia en e el momen o en que se es á ísicamen e p e-
pa ado pa a la ep oducción y aquel en el que se accede a la
ma e nidad o la pa e nidad.
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Po ada
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La dis ancia no es sólo empo al. En las sociedades en las
que el ánsi o de la in ancia a la adul ez ocu ía as un b e e
i ual de paso, en las que la ansición a la ma e nidad y la
pa e nidad ocu ían muy p on o, la elección de pa eja es aba
muy limi ada an o po cues iones geog á icas como po im-
posiciones cul u ales. Si las p ime as obligaban a empa eja se
con alguien ísicamen e ce cano, las segundas a aban de
p ese a dos in e eses undamen ales: po un lado, la p ohi-
bición del inces o pa a p e eni la degene ación gené ica li-
gada a la endogamia; po o o, los in e eses de la amilia o
la ibu en emas elacionados con la p opiedad de la ie a, la
o mación de pac os o alianzas u o as azones de ipo es a-
égico decididas po los adul os. El ma gen de libe ad de
elección e a escaso, pa icula men e en e las muje es, que se
eían con ecuencia some idas a designios e in e eses ajenos
(un análisis his ó ico-an opológico de es as cues iones puede
encon a se en Bu guiè e e al., 1986 y, más esumidamen e,
en Palacios, 2006).
3.2. Libe ad c ecien e
Las cosas son adicalmen e di e en es en sociedades como la
nues a. Las ba e as geog á icas han desapa ecido y las dis-
ancias en e luga es muy alejados se miden en ho as de uelo
o se educen a la acción sob e unas cuan as eclas bajo la pan-
alla de un o denado . La idea de empa ejamien os o ma i-
monios impues os po la con eniencia o los designios adul os

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Po ada
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nos esul a no sólo ex aña, sino inacep able. La libe ad pa a
la elección de pa eja se ex iende, además, a la o ma en que
esa pa eja i e sus elaciones, con una c ecien e di e sidad en
cuan o a pau as y es ilos de cohabi ación. Alcanza ambién al
es ilo de c ianza que mad es y pad es deciden u iliza en las
elaciones con sus hijos e hijas. Po una pa e, ya no hay una
abuela al lado que diga lo que hay que hace , cómo y cuándo
hay que hace lo. Pe o, po o a, si la hubie a, p obablemen e
los nue os pad es se enca ga ían de ma ca el e i o io y deja
cla o que den o del suyo son ellos quienes deciden qué, cómo
y cuándo se hace. La libe ad de las pe sonas pa a oma sus
p opias decisiones iene, pues, muchas menos limi aciones que
en o as épocas his ó icas o que en o as sociedades.
Pa ece ía, pues, que jun o al incon enien e de un acceso al
es a us adul o cada ez más p olongado y complejo, nues o
iempo ha aído la en aja de una libe ad has a hace poco
desconocida espec o a la elección de pa eja, espec o a la
o ma de elación con ella, espec o a las decisiones sob e
ma e nidad y pa e nidad, y espec o al es ilo de elación en e
p ogeni o es y p ogenie. La pa adoja e olu i a que que emos
abo da aho a si e, p ecisamen e, pa a esal a que se a a
de una libe ad, po así deci lo, condicionada. La e idencia de
la pa adoja se mani ies a a a és de la espues a a dos p e-
gun as: ¿somos o almen e lib es pa a decidi si elegimos o no
una pa eja, o si pe manecemos o no jun o a ella pos e io -
men e? ¿somos comple amen e lib es pa a de ini el es ilo de
elación emocional que que emos man ene con esa pa eja y
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Po ada
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luego con los hijos en común? El ca ác e pa adójico de ambas
cues iones se e ealzado po el hecho de que los implicados
no son adolescen es inmadu os apenas sepa ados de su in an-
cia po unos i uales de ansición, sino, cada ez más, pe so-
nas que se han aden ado ya en la e ce a década de su ida y
que han enido amplias opo unidades pa a oma sus p opias
decisio nes y expe imen a opciones y al e na i as.
3.3. La biología del amo
Pa a encon a explicación al hecho de que los humanos
endemos po na u aleza a o ma pa eja y a man ene la du-
an e al menos un iempo signi ica i o, enemos que ol e
sob e algo comen ado a p opósi o de nues a p ime a pa adoja:
la ex ema inmadu ez del ecién nacido. Como pasa á mucho
iempo an es de que esa c ia u a sea au ónoma e indepen-
dien e, pa a su supe i encia iene la mayo impo ancia que
haya jun o a ella o as pe sonas que la cuiden y sa is agan
sus necesidades. En e los humanos, saca adelan e a hijas e
hijos supone una muy no able in e sión de iempo y es ue zo
(Clu on-B ock, 1991; T i e s, 1972). Es impo an e, pues,
asegu a se de que las c ías a las que du an e an o iempo y
con an o es ue zo y esme o se a a cuida sean las p opias y no
las del en ome ido ecino. La unión y con i encia de homb e
y muje iene po in no sólo la ep oducción, sino ambién
la c ianza. Como és a se p olonga a ios años, in e esa que la
elación de pa eja ambién lo haga. Mien as que hoy día es
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pe ec amen e posible imagina la c ianza de un niño o una
niña en un con ex o monopa en al, en los iempos en que se
o iginó nues a especie, las pa ejas homb e-muje asegu aban
mejo la supe i encia de las c ías, así como la posibilidad de
ene un mayo núme o de ellas que sob e i ie an si an o un
homb e como una muje es aban implicados. Dada la muy al a
asa de mo alidad in an il, e an necesa ios muchos emba azos
pa a consegui la supe i encia de unos pocos hijos (“un hijo
que nace hace ol ida a es que yacen”, sen enciaba el e a-
ne o), siendo i al que a la unidad amilia no le al a an los
medios de ida necesa ios pa a la pa eja y su p ole, medios
que podía apo a el homb e, sob e odo du an e las ei e adas
épocas en que la ma e nidad y sus a eas disminuían la dis-
ponibilidad de la mad e pa a consegui medios de subsis en-
cia. Como en an as o as cosas, esul aba esencial que es as
en ajas e olu i as no queda an al albu de la olun ad o la
capacidad de cada miemb o indi idual de la especie, sino que se
insc ibie an en el código gené ico común a odos los humanos.
La e olución de la especie nos dejó, pues, una neu o isio-
logía que nos p edispone al empa ejamien o, p e e iblemen e
de una du ación p olongada (la su icien e, al menos, como
pa a saca adelan e a las c ías). Como ocu e en o os anima-
les, ambién en e los humanos la a acción y el deseo se e-
lacionan con la p esencia de ho monas sexuales a pa i de la
pube ad que da acceso a la madu ez sexual y, con ella, a
la capacidad ep oduc i a, como se ha indicado a p opósi o
de la pa adoja an e io . Con de e minadas pe sonas que nos
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a aen, con las que nos sen imos pa icula men e bien y con
las que la p oximidad puede ans o ma se en con ac o í-
sico, en a en acción el sis ema opiáceo endógeno de sensa-
ción de bienes a y place . Los encuen os con esas pe sonas
(más ecuen emen e, con esa pe sona) se consolidan en nues-
a memo ia, c eando así un incen i o pa a desea u u as
opo unidades de es a jun os, i idas como placen e as y
asociadas con la p oducción de dopamina, que como se e-
co da á es un neu o ansmiso asociado con la sensación de
in enso place , y que aumen a la i alidad y ene gía, dismi-
nuyendo la necesidad de come o de do mi y cen ando la
a ención en la elación. En es as ocasiones, la p oducción de
ad enalina añade acele ación del i mo ca díaco, sequedad en
la boca, sudo en las manos… La p esencia de o as dos ho -
monas, oxi ocina y asop esina, e mina á de pone en ma cha
la maquina ia isiológica del ínculo emocional.
El papel de la oxi ocina es pa icula men e in e esan e.
Po una pa e, es seg egada an o po homb es como po
muje es en el con ac o ísico, jugando un papel en la me-
mo ia social y el econocimien o de o os (Neumann, 2008).
Su sec eción o ma pa e de la neu oquímica del o gasmo
an o en homb es como en muje es y la in es igación con
animales de o as especies ha demos ado que su p esencia
con ocasión de elaciones y con ac os aumen a la p e e encia
mu ua, e o zando así la es abilidad de la elación. Po o a
pa e, la oxi ocina juega ambién un papel impo an e en la
conduc a ma e na en dos sen idos di e en es. De un lado, se
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Po ada
Índice
ob ene una espues a que le ayude a egula la ensión y a
a on a la de o ma más e icaz que si u ie a que hace lo en
soli a io. Y mecanismos simila es en a án en acción cuando
la igu a p i ilegiada sea no una pe sona amiga, sino una
pa eja. Las posi i as ep esen aciones men ales de apego ( es-
pec o a uno mismo y espec o a los demás) y las conduc as
de apego adecuadas lle a án a es ablece elaciones ín imas
sa is ac o ias y placen e as. Exis e, pues, una homología en e
las p ime as elaciones de apego y las elaciones de in imidad
y las omán icas de años pos e io es (Hazan y Sha e , 1987).
La his o ia que hemos enido con ando es la del así llamado
apego segu o, en el que an o las conduc as como las ep e-
sen aciones de apego se basan en la con ianza en uno mismo
y en los demás, con ianza ap endida en las p ime as elaciones
y luego ex endida a o as pos e io es. Aunque es la his o ia
más epe ida, como imos, no es la única posible, como han
enido mos ado ehacien emen e los abajos sob e es ilos de
apego as la es ela del abajo o iginal de Ainswo h e al.
(1978). Aunque el apego segu o es el mayo i a io, exis en
ambién los apegos insegu os, deso ganizados y has a pa oló-
gicos, que, como imos, se an con igu ando en los p ime os
años como espues a a la his o ia de in e acciones en e el
niño o la niña y sus cuidado es habi uales. Y, como ambién
quedó indicado en elación con nues a p ime a pa adoja, la
he encia que esas elaciones dejan no es á sólo en el plano
de las conduc as de apego, sino ambién en el de su asun o
in e no, las ep esen aciones o modelos in e nos de apego,

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Po ada
Índice
que, a p opósi o de uno mismo y de las igu as de elación
p i ilegiada, en unos casos es a án ma cados po la segu i-
dad y en o os po la insegu idad, la ansiedad, la e i ación o
la deso ganización.
Po las mismas azones po las que hemos is o an es que
las conduc as y las ep esen aciones de apego segu o adqui-
idas en la p ime a in ancia y o mados sob e la base de las
elaciones con las p ime as igu as de apego, ienden a epe-
i se y p olonga se en las elaciones pos e io es, algo pa ecido
cabe deci espec o a los es ilos de apego ansioso, e i a i o
y deso ganizado. La his o ia de apego p e ia ma ca, pues, el
es ilo de las elaciones de apego pos e io es, siendo és a uno
de los supues os básicos de la eo ía del apego.
Pe o como el p opio p ime p oponen e de la eo ía dejó
indicado, la his o ia emocional de una pe sona no queda es-
c i a de o ma indeleble as las p ime as elaciones (Bowlby,
1969, 1979). Pa a empeza , la in es igación ha demos ado
que es cie o que las elaciones de apego pos e io es ienden,
po así deci lo, a e-esc ibi una his o ia simila o muy pa e-
cida a la inicial, lo que no hace sino ija ese es ilo de ela-
ción, consolidándolo y haciéndolo cada ez más p obable. La
pe sona con modelos y conduc as de apego iniciales segu os
iende a es ablece elaciones que se basan en las mismas
p emisas, lo que a con i mando su es ilo de elación. Lo
mismo ocu e en el caso de los o os es ilos de apego. Sin
emba go, el es ilo de las elaciones emocionales iniciales ni
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Po ada
Índice
nos ga an iza la segu idad en las elaciones emocionales de
oda nues a ida pos e io si los p incipios ue on segu os,
ni nos condena de po ida a la ansiedad, la e i ación o la
deso ganización si las p ime as expe iencias u ie on la ma ca
de la insegu idad.
Así lo hemos pues o de mani ies o, po ejemplo, en nues-
as in es igaciones sob e niños y niñas de adopción in e -
nacional que pa ían de expe iencias emocionales iniciales
ad e sas, que en algunos casos habían incluso lle ado a
iniciales exp esiones pa ológicas de apego al in eg a se en
amilias sensibles, dedicadas, cohe en es, e icaces y amo o-
sas (Román, Palacios y Mo eno, en iado pa a publicación).
Cuando hemos es udiado a esos niños y niñas en e uno y
es años después de su llegada, hemos encon ado que la
mayo pa e de ellos han desa ollado conduc as posi i as y
segu as con sus nue as igu as de apego. Pe o nues os da os
han mos ado ambién que en esos mismos niños y niñas,
sus ep esen aciones men ales de sí mismos y de sus igu as
de apego siguen las adas po algunos de los p oblemas de
pa ida, con elemen os de insegu idad, e i ación o deso ga-
nización. Pa iendo, pues, de ad e sidad p e ia, se pueden
llega a cons ui elaciones basadas en la segu idad, pe o
no po el p ocedimien o del bo ón y cuen a nue a, sino a
a és de un p oceso que no es ni simple ni lineal. De hecho,
en los niños y niñas po noso os es udiados, la segu idad
en sus nue as elaciones de apego pa ece coexis i con una
cie a agilidad emocional que hace a es os chicos y chicas
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Po ada
Índice
más ulne ables an e cualquie si uación que pueda se i i-
da como una amenaza a la es abilidad de la elación, lo que
p o oca angus ias e inquie udes emocionales que pa ece que
a dan más iempo en esol e se que lo que se obse a en el
plano de las conduc as.
Lo mismo pod ía ocu i en sen ido con a io, es deci , en
los casos en los que se han enido expe iencias iniciales segu-
as, pe o en los que las elaciones pos e io es ienen ma cadas
po la insegu idad. Pensemos, po ejemplo, en una pe sona
con elaciones iniciales de apego sa is ac o ias, con i madas
después po elaciones pos e io es de es e mismo ipo en su
in ancia y al ez en su p ime a adolescencia. Como mos ó
Bandu a (1982), nues a ayec o ia i al es á ma cada po lo
que él llamó encuen os casuales. La coincidencia acciden al
con un de e minado p o eso o p o eso a, po ejemplo, ma -
có nues a o ien ación ocacional y con igu ó nues a ida
p o esional pos e io . De igual modo, a la ho a de es ablece
elaciones de in imidad y omán icas, podemos ene la sue e
de encon a nos con pa ejas que con i men los modelos se-
gu os ap endidos p e iamen e o que ac úen e apéu icamen e
espec o a modelos no segu os iniciales. Pe o ambién podemos
encon a nos con expe iencias que aigan insegu idad (en
o ma ansiosa, e i a i a o deso ganizada) donde inicialmen e
había exis ido segu idad. Podemos ene , pues, a una pe sona
con apegos iniciales segu os agilizados luego po expe iencias
y elaciones insegu as. Pe o es p obable que esas expe iencias
no sean de ini i as, sino que después de ellas end án o as
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Po ada
Índice
nue as que, según su calidad, e-esc ibi án los modelos segu os
iniciales o los insegu os pos e io es. Si lo que se e-esc iben
son los insegu os, es más p obable que elaciones pos e io es
pasen a es a eñidas po ese es ilo de elación. Los modelos
in e nos de apego (es deci , la o ma en que esa pe sona se e
a sí misma en con ex os de elación e in imidad, y la o ma
en que pe cibe a los demás en esas si uaciones) i án c is ali-
zando en ese es ilo. No pod emos deci que ya nunca jamás
se modi ica án, pe o desde luego el cambio en ellos se i á
haciendo menos p obable.
F aley (2007) ha mos ado que lo impo an e no es sólo
la elación de apego es ablecida en la p ime a in ancia, sino
el g ado de con inuidad y discon inuidad a lo la go del
iempo. Pe o ha mos ado ambién que pa a que los mode-
los iniciales se modi iquen de o ma sus ancial y es able,
hace al a una ei e ación de expe iencias pos e io es que a-
yan una y o a ez a con aco ien e de los modelos o ma-
dos en las p ime as expe iencias. Al espec o debe ene se
en cuen a que esas p ime as elaciones no sólo ue on las
iniciales, sino que se p olonga on du an e al menos oda
la in ancia y pa e de la adolescencia, po que –como ya
imos– los mismos pad es que omen a on la segu idad (o
la ansiedad, o la e i ación, o la deso ganización) al p inci-
pio, suelen man ene ese ipo de elación en los años pos e-
io es, lo que iende a consolida un cie o es ilo de elación
y los consiguien es modelos in e nos que cons i uyen su
asun o men al.
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Po ada
Índice
En esumen, la o ma en que nos elacionamos con nues as
igu as de apego adul as no es á po comple o en nues as ma-
nos. No es una decisión lib e y acional que omamos como
adul os con ilimi ada capacidad de elección, sino que iende
a si ua se en línea de con inuidad con lo que ha sido nues a
his o ia p e ia de elaciones de apego, empezando po las
es ablecidas siendo bebés y ípicamen e man enidas luego a lo
la go de nues a in ancia. Se a a de mecanismos que ope an
ue a del ámbi o de la conciencia acional y que ienen mucho
de ac i idad no conscien e.
3.5. En amado psicobiológico
Hemos mos ado, pues, cómo hay aspec os neu obiológi-
cos y pu amen e psicológicos implicados en la psicología
del apego. El azonamien o se comple a al e que esos
dos planos no son independien es. La ecien e in es igación
neu opsicológica es á mos ando que los es ilos de apego de
que hemos enido hablando es án asociados con dis in os
pa ones ce eb ales (medidos, undamen almen e, con e-
sonancia magné ica es uc u al y uncional), así como con
di e encias en los sis emas isiológicos implicados en la e-
gulación del es és y el con ol emocional, pa icula men e
del eje hipo alámico-hipo isia io-ad enal (HHA) (medido
a a és del co isol en la sali a) y de las amas simpá ica y
pa asimpá ica del sis ema ne ioso au ónomo (con mediciones
como el i mo ca díaco, la p esión sanguínea, la espi ación

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Po ada
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y la ac i idad elec odé mica). Un pa de ejemplos se i án
pa a ilus a lo.
Bebés de apego insegu o hijos de mad es dep esi as ien-
den a mos a asime ías en la ac i idad p e on al de echa,
que suele asocia se con conduc as de e aimien o e inhibi-
ción como es a egia de egulación emocional (Coan, Allen
y McKnigh , 2006). También la in es igación ha mos ado
que adul os con apego ansioso, an e escena ios elacionales
nega i os, p esen an una mayo ac i ación en el gi o cingu-
lado do sal an e io y una meno ac i ación de la co eza
o bi o on al, lo que quie e deci que ienen di icul ades en
ac i a sis emas neu ales que si an pa a la egulación emo-
cional an e si uaciones ca gadas de nega i idad. En es e ipo
de pe sonas, pensamien os elacionados con sepa aciones,
abandono o mue e implican una mayo ac i ación de la
ac i idad de amígdala e hipocampo, con menos mecanismos
neu ales p e on ales egulado es de esa nega i idad ( éase
Coan, 2010).
Con espec o a la ac i ación isiológica, las di e encias in-
di iduales elacionadas con la ansiedad y la e i ación es án
ca ac e izadas po una ele ada eac i idad an e el es és an o
del eje HHA como del sis ema ne ioso au ónomo, lo que de
nue o habla de las elaciones en e la insegu idad en el apego
y los dé ici s en la egulación de las emociones (Diamon y
Fagundes, 2010). Así, adul os con es ilo de apego ansioso
mues an una ele ada ac i ación del eje HHA en espues a a
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si uaciones es esan es, así como una ele ación de la asa de
co isol an e si uaciones con lic i as.
Pa a e mina con es e en amado en el que lo psicoló-
gico, lo neu ológico y isiológico-endoc inológico se en emez-
clan e in e -in luencian, la ecien e in es igación en gené ica
molecula es á ayudando a ce a aún más el cí culo. Así, po
ejemplo, se ha encon ado que el apego ansioso es á asociado
a un polimo ismo del gen ecep o de dopamina DRD2,
mien as que el apego e i a i o es á asociado a un polimo -
ismo del gen ecep o de la se o onina 5HT2A (Gilla h e
al., 2008). Po su pa e, el gen ecep o de dopamina DRD4
y el gen de anspo e de se o onina 5-HTT se han pues o en
elación con el apego deso ganizado (Reine y Spangle , 2010).
Con iene deja cla o que nues o es ilo de apego no es á
p e-esc i o ni en nues os genes, ni en nues o ce eb o, ni en
nues a isiología. Se con igu a, con o ma y cambia en nues-
as elaciones, de o ma que nues o es ilo de apego adul o es
el que es como consecuencia, undamen almen e, de nues a
his o ia de elaciones emocionales. Pe o ni el es ilo de ela-
ciones ni su his o ia es án esc i os sob e el acío. Al menos
pa a algunos ipos de apego, pa ecen exis i de e minadas
p edisposiciones gené icas que ha án a una pe sona conc e a
más o menos ulne able a cie os es ilos de elación. Si luego
se dan de e minadas ci cuns ancias elacionales, esas p edis-
posiciones encon a án con i mación y se a ianza án, lo que
se á menos p obable en el caso de ci cuns ancias y ayec o ias
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Po ada
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emocionales di e en es. Y, po o a pa e, desde la p ime a in-
ancia, esa his o ia de elaciones se esc ibe no sólo en nues o
dia io adolescen e, sino ambién en nues o ce eb o y nues a
isiología, a o eciendo una de e minada mane a de i i las
elaciones y de egula las emociones con ellas asociadas.
En la p ime a pa e del análisis de es a e ce a pa adoja
hemos is o que, como pe sonas adul as, nues a libe ad pa a
elaciona nos emocionalmen e con quien que amos y du an e
el iempo que que amos es á bas an e limi ada po las imposi-
ciones dejadas en noso os po la e olución de la especie, que
ha a ado de asegu a se de que pe manezcamos du an e el
mayo iempo posible jun o a nues a igu a de apego adul o
y jun o a las c ías habidas en común. En la segunda pa e
del análisis de es a pa adoja hemos is o que ambién nues o
es ilo de elación emocional adul a es á lejos de se una decisión
acional omada desde un lib e albed ío ya bien desa ollado,
iniendo condicionada po cie as p edisposiciones gené icas
y po la his o ia de nues as elaciones de apego, empezando
po las ue emen e con igu ado as (pe o no de ini i as) de la
p ime a in ancia, y con inuando po las huellas que en nues o
psiquismo, nues o ce eb o y nues a isiología esa his o ia ha
ido lab ando a lo la go de nues a pe ipecia i al. Pa ece jus o,
en conclusión, econoce que, como mínimo, nues a libe ad
en lo que a es as cues iones se e ie e es á lejos de se abso-
lu a. Tal ez incluso se pod ía llega a a i ma que en ellas
se cumple aquella a i mación del poe a Schille según la cual
“la libe ad exis e sólo en la ie a de los sueños”.
• 93 •
Po ada
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4. cua a pa adoja. ejez: en e el de e io o
y el o alecimien o
Llegamos, inalmen e, al úl imo de los amos e olu i-
os de nues o eco ido, aquel en que es a ían im-
plicados los abuelos y la bisabuela del bebé de la o o
amilia con la que empezamos es as páginas. Como se ha
indicado a p opósi o de o os amos del desa ollo humano,
nues o conocimien o sob e su úl ima e apa ha aumen ado de
mane a ex ao dina ia en las úl imas es décadas. Así, los
a ances en el es udio es uc u al y uncional del ce eb o en los
úl imos diez años han con ibuido a aumen a nues o cono-
cimien o de la neu opsicología del en ejecimien o. Po o a
pa e, se han inc emen ado los es udios longi udinales que
han seguido a coho es de pe sonas desde su adul ez a anzada
has a los úl imos años de su ida, añadiendo así in o mación
de eno me alo a los da os an e io men e disponibles, que p o-
cedían undamen almen e de es udios ans e sales. Nues a
isión de la psicología y la psicobiología del en ejecimien o
se a haciendo así cada ez más ica y se a alejando de un
modelo pu amen e de ici a io en el que el é mino ejez se
iden i icaba casi exclusi amen e con pa ología y de e io o.
Las e idencias acumuladas nos pe mi en aho a con empla
ambién la exis encia de ac o es posi i os y elemen os de
o alecimien o, lo que nos coloca de lleno en el in e io de la
pa adoja que aho a nos ocupa. Pe o an es de aden a nos en
ella si ua emos el en ejecimien o en el ma co de los cambios
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Po ada
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– En e medades men ales (demencia y dep esión, p incipal-
men e).
– Al e aciones isuales y cegue a.
Es p ecisamen e en el análisis de emas elacionados con
la biología del en ejecimien o donde se encuen a pa e de la
pa adoja de que nos amos a ocupa en elación con es e amo
del desa ollo humano. La pa adoja se si úa en la dico omía
de e io o- o alecimien o y nos da á ocasión pa a analiza no
sólo el ca ác e mul i acé ico del p oceso de en ejecimien o,
sino ambién cómo puede p e eni se ac i amen e el de e io o
y aumen a se el o alecimien o.
4.2. En ejecimien o y de e io o
El en ejecimien o y la mue e o man pa e de nues a
con igu ación biológica. Resul a po ello poco so p enden e
que en medio del auge de la biología molecula , pa icula -
men e de la gené ica y la bioquímica, los in es igado es se
hayan lanzado a la búsqueda del “gen Ma usalén”. Uno de
los candida os ha sido una mu ación del gen ecep o de la
ho mona de c ecimien o semejan e a la insulina de ipo I,
conocida como IGF-I, que iene un papel cla e an o en el
p oceso de c ecimien o como en el de en ejecimien o. Aunque
no pa ece cabe duda de que la IGF-I es á implicada en el
p oceso de de e io o o gánico y su p e ención, su mecanismo
de ac uación es complejo y depende, a su ez, de la p esencia

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Po ada
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o ausencia de o os ac o es modulado es, como han mos ado
Yang, Anzo y Cohen (2005).
De hecho, la acción de la IGF-I pa ece se uno de los
ac o es que es án as lo que du an e mucho iempo se con-
side ó el esponsable undamen al del en ejecimien o, que
se había si uado en el ni el celula . Nues as células no se
pueden di idi inde inidamen e pa a p oduci o as nue as,
siendo su capacidad de di isión limi ada y es ando p e is a
su mue e (apop osis) an o como es aba p e is a su di isión
o egene ación (mi osis). Igualmen e, las cadenas de ADN
p esen es en odas las células se de e io an, pues los elóme os
que se encuen an en los ex emos inales de los c omosomas
se an aco ando y an limi ando la capacidad de egene ación
celula . Además, las células se an iendo ambién a ec adas
po daños bioquímicos, especialmen e po la p esencia de
adicales lib es o iginados en el me abolismo del oxígeno
du an e el ciclo celula ; cuando el núme o de adicales lib es
se inc emen a po encima de las necesidades del o ganismo,
el p oceso de oxidación celula aumen a, p oduciendo una
disminución en la capacidad de es au ación celula y el en e-
jecimien o p ema u o de los ejidos. Jun o con o os ac o es,
la IGF-I puede con ibui a la limi ación del de e io o celu-
la implicado an o en el en ejecimien o como en la p oli e-
ación celula descon olada que da luga al cánce . Pe o el
de e io o celula es ine i able y acaba a ec ando a odos los
sis emas, ó ganos y ejidos (piel, cabello, huesos, is a y oído,
sis emas espi a o io y ca dio ascula , e c.).
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Po ada
Índice
De pa icula impo ancia pa a nues o a gumen o es el
de e io o del sis ema ne ioso, pues la agilidad neu ocog-
ni i a ha sido iden i icada como una de las mayo es amena-
zas del en ejecimien o (Pa k y Reu e -Lo enz, 2009). T es
sín omas del en ejecimien o en el p ocesamien o de la in o -
mación pueden se usados como ilus ación de es e de e io o.
Po una pa e, la disminución en la elocidad de espues a a
los es ímulos; po o a, la meno e icacia de la memo ia de
abajo an o pa a man ene en ella la in o mación como pa a
manipula la; en e ce luga , una meno habilidad pa a egu-
la los p ocesos a encionales inos que pe mi en la a ención
selec i a po medio de la inhibición ac i a del “ uido” es imu-
la (es deci , decidi a qué es ímulos se p es a a ención y a
cuáles no, siendo e icaces pa a consegui lo).
Los cambios que ocu en en la es uc u a del ce eb o si -
en pa a en ende la impo ancia de las implicaciones neu-
ológicas del en ejecimien o. De en e esos cambios, uno de
los más llama i os es la pé dida de olumen p oducida po
el “encogimien o” ce eb al: las ci cun oluciones ce eb ales
educen su amaño y los su cos en e ellas se hacen mayo es
y más p o undos, aumen ando el olumen de los en ículos.
Compa ado con lo que había sido su peso adul o, el ce eb o
anciano pesa al ededo de un 10% menos.
O os cambios es uc u ales del ce eb o que son impo an es
a ec an an o a la ma e ia g is como a la blanca. Se da, po
una pa e, un adelgazamien o del man o co ical que a ec a
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Po ada
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más a unas zonas (co eza on al) que a o as (co eza isual)
(Sala e al., 2004). Se p oduce ambién una disminución de
la ma e ia blanca, hecha de los manojos de axones que es án
po debajo de la co eza. Tal educción es á en buena pa e
elacionada con la disminución en la densidad y la es uc u a
de la capa de mielina que ecub e los axones y que si e pa a
acili a la ansmisión de los impulsos ne iosos en el in e-
io de las neu onas, cuyo uncionamien o de iene menos
e icien e. Como ocu e con la ma e ia g is, la pé dida en la
blanca a ec a más a unas á eas del ce eb o que o as; así, po
ejemplo, las egiones empo al y pos e io del ce eb o se en
menos a ec adas que la p e on al, que iene un impo an e
desa ollo has a la mi ad de la e ce a década de la ida hu-
mana, que conoce luego una mese a con escasos dec emen-
os has a mi ad de la década de los 50 años y que p esen a
un ma cado de e io o en la úl ima pa e de la ida (Raz y
Rod igue, 2006; Sala e al., 2005).
Los an e io es no son los únicos de e io os neu ológicos
consecuen es al en ejecimien o. Po ci a sólo uno más, o o
cambio es uc u al ele an e iene que e con la pé dida de
ecep o es de dopamina en el ce eb o a medida que és e en e-
jece. El in e és psicológico de dichos ecep o es adica, en e
o as cosas, en su elación con la egulación de la a ención y
la modulación de la espues a a es ímulos del en o no.
El cuad o de conjun o del de e io o ligado al en ejecimien-
o pa ece, pues, cla o: es amos p og amados pa a en ejece
• 104 •
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e, ine i ablemen e, en ejecemos. Aunque a unas más que a
o as, el en ejecimien o a ec a a odas las pa es de nues o
o ganismo, desde la célula a los huesos, desde la piel a los
ó ganos in e nos, desde las a iculaciones al ce eb o.
4.3. Salud neu ológica y cogni i a
Sob e el as ondo del cuad o de de e io o pin ado en las
páginas an e io es, se ía p edecible un uncionamien o ísico
y psicológico muy comp ome ido. La pa adoja que aho a nos
ocupa adica jus amen e en que, an o subje i a como obje i-
amen e, en las pe sonas mayo es encon amos unos ni eles
de salud y de uncionamien o psicológico que son como mí-
nimo muy acep ables. Aunque aquí nos ocupemos sólo de las
cues iones psicológicas alo adas obje i amen e a a és de la
in es igación, me ece la pena una b e e e e encia a la salud
de las pe sonas mayo es e aluada subje i amen e. Bas a pa a
ello con e e i se a la encues a sob e pe sonas mayo es del
IMSERSO de 2010. Al esponde a la p egun a de cómo a-
lo aban su es ado de salud, el 60% de las pe sonas mayo es lo
conside a on bueno o muy bueno, no llegando al 15% quienes
lo alo aban como malo o muy malo (IMSERSO, 2010). En
medio, pues, de un de e io o ísico gene alizado y ap eciable,
la alo ación que de su salud hacen las pe sonas mayo es es
p edominan emen e posi i a. Como se e á en seguida, son
muchas las pe sonas mayo es cuya salud psicológica es obje-
i amen e sa is ac o ia. Ello es así po que el en ejecimien o
• 105 •
Po ada
Índice
ae consigo no sólo p ocesos de de e io o, sino ambién me-
canismos de o alecimien o. Las páginas que siguen se de-
dican a analiza los.
Nos e e i emos, en p ime luga , a cues iones elaciona-
das con el de e io o neu ológico de que se acaba de habla .
Pues o que al de e io o es un hecho, el enigma pa a quie-
nes se dedican a la neu obiología cogni i a, al como han
señalado Pa k y Reu e -Lo enz (2009), no adica en explica
los decli es in elec uales que se obse an en elación con la
edad, sino en comp ende cómo es posible que en medio de
semejan e de e io o muchas pe sonas de edad bas an e a an-
zada sean capaces de ene una ac i idad cogni i a adecuada
y sa is ac o ia. ¿Cómo es posible que ce eb os que en el aná-
lisis pos mo em mues an un conside able ni el de de e io o
es uc u al hubie an es ado si iendo de sopo e a un buen
uncionamien o in elec ual? Según los mismos au o es, la
espues a se encuen a en el “andamiaje compensa o io” que
se da en el ce eb o en espues a a los e os plan eados po el
de e io o neu ológico.
De acue do con Pa k y Reu e -Lo enz (2009), el ce eb o
hace en e al de e io o a a és de un p oceso que consis e
en hace in e eni a más pa es pa a ealiza ac i idades que
an es se lle aban a cabo desde una localización conc e a. Si,
como se ha is o, una de las localizaciones ce eb ales es uc-
u almen e más a ec ada po el de e io o es la co eza p e-
on al, se á p ecisamen e ahí donde mejo puedan obse a se

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Po ada
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los p ocesos compensa o ios a que se es á haciendo e e en-
cia. Además, en esa zona se encuen a un buen ejemplo de la
“des-especialización” obse able ambién en o as pa es del
ce eb o (es deci , que los p ocesos ce eb ales en el en ejeci-
mien o an con ecuencia en sen ido con a io a lo que ocu ió
en la in ancia y la adolescencia, años en los que unciones
especializadas del ce eb o iban apa eciendo y desa ollándo-
se). Lo que ocu e en el en ejecimien o es que los de e io os
es uc u ales en la co eza p e- on al se compensan con una
mayo ac i ación bila e al, de mane a que a eas cogni i as
pa a las que an e io men e se u ilizaba sólo un hemis e io
ce eb al, ienen en la ejez una mayo p obabilidad de a on-
a se desde la ac uación combinada de los dos hemis e ios.
Po así deci lo, al de e io o local se esponde con el o a-
lecimien o de una acción más global, de mane a que o as
pa es del ce eb o ienen a “andamia ” o “apun ala ” unciones
an e io men e ealizadas po localizaciones más especializadas.
Que la co eza p e on al sea una de las es uc u as en que
ese apun alamien o ocu e más cla amen e es de la mayo
impo ancia, dado su c ucial papel en el uncionamien o cog-
ni i o humano.
Pa a hace se una idea más comple a de lo que es e p oceso
compensa o io supone, se deben añadi es conside aciones,
dos que educen el op imismo y una que lo aumen a. En
p ime luga , hay que indica que los ci cui os neu ológicos
compensa o ios, andamiados o apun alados pa a hace en e
al de e io o, son menos e icaces de lo que lo e an los ci cui os
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Po ada
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especializados iniciales; es deci , que aunque el buen uncio-
namien o cogni i o puede man ene se, no siemp e se log a án
los ni eles de e iciencia que se enían cuando lo que in e -
enían e an localizaciones especializadas. En segundo luga ,
que cuan o más en ejecido y en e mo es é un ce eb o, más
di icul ades a a ene pa a ealiza el andamiaje o apun ala-
mien o compensa o io, llegando incluso un momen o en que
se á incapaz de hace lo. Así, po ejemplo, la en e medad de
Alzheime implica una pa ología que supone la desin eg ación
de los p ocesos epa ado es, de modo que, de mane a p ime o
selec i a y luego global, se llega á a p oduci un de umbe
de los andamios compensa o ios y un colapso es uc u al que
comp ome e á ya de o ma i e e sible el uncionamien o
cogni i o. Como con apeso a es os hechos somb íos, la e -
ce a conside ación esul a más espe anzado a: la acción de los
mecanismos de andamiaje compensa o io puede a o ece se
an o a a és de ías más gene ales e inespecí icas (man eni-
mien o de una buena salud du an e el en ejecimien o), como a
a és de o as más especí icas. A las p ime as nos e e i emos
luego en elación con los ac o es p o ec o es en el en ejeci-
mien o ac i o. Po lo que se e ie e a las segundas, un ejemplo
bas a á pa a ilus a el a gumen o.
La in es igación animal ha documen ado ampliamen e que
los ce eb os que han enido más es imulación mues an una
mayo plas icidad en edades a anzadas. Aunque queda aún
mucho po in es iga se al espec o, algo semejan e pa ece
ocu i en los humanos: una mayo ac i idad in elec ual a lo
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Po ada
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la go de la ida se ha elacionado de o ma cla a con ni eles
más ele ados de uncionamien o cogni i o en ancianos, así
como con un meno y más e a dado de e io o in elec ual.
Así, pe sonas con una ac i idad in elec ual más ica e in ensa
a lo la go de su ida p esen an un iesgo menos ele ado de
Alzheime , así como una mayo capacidad de esis encia en
los p ime os es adios de la en e medad (Wilson e al., 2002).
Pa ece que una ac i idad in elec ual más ica y p olongada
c ea una “ ese a cogni i a” que puede se de g an u ilidad
de ca a a usa edes neu onales que compensen el de e io o
ce eb al (S e n, 2002). Un ce eb o cogni i amen e o alecido
a lo la go de una ida in elec ualmen e ac i a pa ece, pues,
más capaz de hace en e con éxi o al de e io o ce eb al ligado
al en ejecimien o.
4.4. Fo alecimien o en las elaciones sociales
y el bienes a emocional
También lo que ocu e en el ámbi o de las elaciones sociales
si e pa a ilus a que los cambios ligados al en ejecimien o
ienen algo a la ez de debili amien o y de o alecimien o.
Po una pa e, se obse a una disminución en el núme o de
elaciones sociales, educción que de hecho no es un enó-
meno ligado exclusi amen e al en ejecimien o, pues se había
empezado a obse a ya en los años adul os, en los que a
a és de un p oceso de selección se había ido pasando de
un más amplio y dispe so núme o de elaciones, a una ed
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más educida, más in ensa e ín ima (Ca s ensen, 1992). La
educción a ec a, de hecho, a las elaciones sociales más pe-
i é icas y menos signi ica i as, pues el núme o de pe sonas
emocionalmen e signi ica i as pe manece ela i amen e es a-
ble o incluso se inc emen a lige amen e con la edad (Yeung,
Fung y Lang, 2008). En conc e o, las pe sonas de más edad
pa ecen encon a en las elaciones con miemb os de su ami-
lia el más al o ni el de emocionalidad posi i a, lo que con-
as a con lo que les ocu e a los adul os jó enes, que se sien en
mucho más a aídos po las nue as amis ades. El debili a-
mien o en la can idad de elaciones se e, así, compensado
con el o alecimien o de las más signi ica i as.
La selec i idad que pa ece ca ac e iza la úl ima e apa de la
ida no se limi a a la educción y la signi ica i idad emocio-
nal de las pe sonas con las que man ienen elaciones, sino que
a ec a ambién a las ac i idades sociales en las que las pe so-
nas de más edad se implican, habiendo una mayo endencia
con la edad a in e i es ue zos en aquello que es pe sonal y
emocionalmen e más signi ica i o. En e esas ac i idades, la in-
es igación ha demos ado, po ejemplo, los e ec os bene iciosos
que pa a las pe sonas mayo es iene implica se en ac i idades
que son ú iles a los demás. Cuando así lo hacen, expe imen an
ni eles más al os de emocionalidad posi i a y una mayo sensa-
ción de que su ida iene sen ido (G een ield y Ma ks, 2004).
Po lo demás, esul a muy in e esan e que la in es igación
haya encon ado una elación en e las cues iones cogni i as de
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el o alecimien o de que nos es amos ocupando. Exis en in-
nume ables e idencias cien í icas que mues an los bene icios
de la ac i idad ísica de ca a a un mejo y más p olongado
en ejecimien o. Así, el eje cicio ísico se ha asociado a un
meno iesgo de mo alidad y discapacidad, así como a una
meno incidencia de en e medades ca dio ascula es, os eopo-
osis y algunos ipos de cánce . De acue do con los da os de
la O ganización Mundial de la Salud (2002), la ealización
pe iódica de ac i idades ísicas mode adas puede e asa el
decli e uncional y educi el iesgo de en e medades c óni-
cas, an o en las pe sonas ancianas sanas como en aquellas que
su en en e medades c ónicas. Po ejemplo, según esos da os,
la ac i idad ísica mode ada egula educe el iesgo de mue e
ca díaca en e un 20% y un 25% en las pe sonas con alguna
en e medad del co azón. También puede educi sus ancial-
men e la g a edad de las discapacidades asociadas a en e me-
dades ca dio ascula es y o as en e medades c ónicas.
Pe o los bene icios del eje cicio ísico no se limi an al ám-
bi o es ic amen e biológico. Po una pa e, se ex ienden am-
bién a lo cogni i o, pues el eje cicio iene un posi i o e ec o
neu o ó ico, además de a o ece una educción de los p o-
cesos in lama o ios y oxida i os en las neu onas, odo lo cual
con ibuye a la educción de los p ocesos neu odegene a i-
os analizados an e io men e. Se en iende así que el iesgo de
desa olla la en e medad de Alzheime y su apa ición em-
p ana se ean educidos en las pe sonas que p ac ican eje -
cicio ísico de mane a egula (La son e al., 2006). Po o a

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pa e, el eje cicio ísico iene e ec os an idep esi os, habién-
dose mos ado que, en adul os a ec ados po dep esión, la
emisión de los sín omas que se ob iene con un p og ama
egula de eje cicio ísico es semejan e a la ob enida con un
a amien o a base de medicación an idep esi a, ob eniendo
es os dos g upos mejo es esul ados que pe sonas some idas a
un a amien o placebo (Babyak e al., 2000; Blumen hal e
al., 1999). Los e ec os an idep esi os del eje cicio ísico se han
elacionado an o con ac o es biológicos (aumen o de los ni-
eles de se o onina, de la ac i idad dopaminé gica y de los
opiáceos endógenos), como psicológicos (mayo ac i ación
conduc ual, sensación de dominio y de au o-e icacia).
Lamen ablemen e, a medida que pasan los años hay una
mayo endencia al seden a ismo y, al llega la ejez, una mayo
esis encia a la ac i idad ísica (miedo al dolo , a las caídas,
e c.), pa icula men e en e pe sonas con mayo es endencias
dep esi as. Resul a po ello de la mayo impo ancia que an o
las in e enciones médicas como los diseños u banos iendan
a omen a el eje cicio ísico en e las pe sonas de más edad.
Y no sólo po los bene icios pe sonales que hemos is o que
aca ea, sino además po que, según la O ganización Mundial
de la Salud (2002), cada eu o gas ado en medidas pa a o-
men a la ac i idad ísica en las pe sonas mayo es conlle a un
aho o de 5 eu os en gas os médicos con esas mismas pe sonas.
Aún en el ámbi o de lo biológico, o a de las ías de o ale-
cimien o an e el en ejecimien o iene que e con la es icción
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caló ica a a és de la limi ación en la inges a de ene gía p oce-
den e de la die a. Aunque el bene icio de ca a a la longe idad
humana no se á an acen uado como el ob enido en p uebas
de labo a o io con a ones (en los que la es icción caló ica
con olada p olonga su ida en has a en un e cio adicional), la
es icción caló ica aumen a an o nues a expec a i a de ida
media como máxima (Rock, 2010). Es os bene icios se han
elacionado con las mejo as en pa áme os como la p esión
sanguínea, el coles e ol, los iglicé idos y el índice de masa
co po al. Además, se han demos ado ambién sus e ec os
neu o ó icos, aducidos, en e o as cosas, en mejo as en la
memo ia (Wi e e al., 2009). Aunque sin duda la educción
caló ica iene e ec os posi i os (“come poco si e es iejo y
conse a ás el pellejo”, ecomienda nues o e ane o) con iene
eco da que los bene icios de la educción caló ica sólo se
ob ienen a condición de que haya una alimen ación su icien e
y equilib ada que asegu e ni eles adecuados de la glucosa y los
nu ien es que el ce eb o, como los demás ó ganos, necesi a
pa a su uncionamien o.
Finalmen e, po lo que a hábi os elacionados con la salud
se e ie e, debe menciona se la impo ancia de la sup esión
del abaquismo. De acue do con el análisis de la O ganización
Mundial de la Salud (2002), el consumo de abaco es el ac o
de iesgo modi icable más impo an e pa a las en e medades
no ansmisibles an o en los jó enes como en los ancianos, así
como una impo an e causa de mue e p ema u a que se puede
e i a . Según ese análisis, uma no sólo aumen a el iesgo de
• 119 •
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en e medades como el cánce de pulmón, sino que ambién
se elaciona nega i amen e con ac o es que pueden lle a a
impo an es pé didas de la capacidad uncional. Po ejemplo,
uma acele a la asa de educción de la densidad ósea, de la
ue za muscula y de la unción espi a o ia. La in es igación
sob e los e ec os del abaco ha e elado no sólo que uma
es un ac o de iesgo pa a un ele ado y c ecien e núme o de
en e medades, sino ambién que sus e ec os son acumula i os
y de la ga du ación, de mane a que el iesgo de con ae al
menos una de las en e medades asociadas con el hábi o de
uma aumen a con la du ación y la can idad de la exposición
del humo del abaco. Según el análisis de la OMS, las en a-
jas de deja de uma (y de no es a expues o al humo del
abaco) son muy amplias y aplicables a cualquie g upo de
edad, no siendo nunca demasiado a de pa a hace lo. Po ejem-
plo, el iesgo de acciden e ce eb o ascula se educe después
de dos años de abs ene se de uma ciga illos y, después de
cinco años, llega a se igual que pa a las pe sonas que nunca
han umado (O ganización Mundial de la Salud, 2002).
Se ha hecho ya e e encia an e io men e a los bene icios que
la ac i idad in elec ual iene de ca a al o alecimien o cogni i o
en e al de e io o del en ejecimien o. Po un lado, po que,
como ya se io, el habe enido una ida in elec ualmen e ac-
i a du an e la adul ez c ea una ese a cogni i a de g an u i-
lidad de ca a al andamiaje o apun alamien o compensa o io.
Po o o, po que la ealización de ac i idades in elec ualmen e
es imulan es du an e los años de la ejez iene ambién un
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e ec o posi i o y neu op o ec o , ya se a e de adies a se
en el manejo de la o og a ía digi al, de ap ende un nue o
idioma, de pa icipa en alle es sob e esc i u a au obiog á ica,
de ap ende in o má ica, de hace c ucig amas y sudokus, o
de cualquie o a ac i idad que implique mo iliza ecu sos
cogni i os de mane a egula (Pa k y Reu e -Lo enz, 2009).
Aunque aho a exis en p oduc os come ciales des inados es-
pecí icamen e a es imula el ce eb o de los ancianos, no hay
e idencia empí ica que demues e sus bene icios.
Aunque los da os de in es igación son oda ía escasos,
la pa icipación en ac i idades g upales se es á incluyendo
ambién en e las ecomendaciones pa a un en ejecimien o
ac i o. Tales ac i idades son, po una pa e, un an ído o
con a el aislamien o que puede amenaza a algunas pe so-
nas de mayo edad, pa icula men e si i en solas. Además,
educen su seden a ismo y el iempo dedicado a e la
ele isión, eniendo ambién posi i os elemen os de es imu-
lación cogni i a (S udenski e al., 2006). Como se io an e-
io men e, ac i idades que ípicamen e implican el con ac o
con o os y que se elacionan con hace algo a a o de los
demás, han mos ado cla os e ec os bene iciosos du an e
el en ejecimien o.
También son oda ía escasos los da os e e idos a los
bene icios de la p ác ica de la medi ación, incluida cada ez
con más ecuencia en e las ecomendaciones de ca a a un
en ejecimien o ac i o (po ejemplo, en la e isión de Pa k y
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Po ada
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Reu e -Lo enz, 2009). Los bene icios de dis in as écnicas
de medi ación pa ecen ex ende se a di e en es ni eles, an o
ísicos (cambios en los ci cui os neu ológicos y en los p ocesos
neu oquímicos) como psicológicos (con ol del es és, egu-
lación de las emociones, ali io de sín omas psicosomá icos,
lexibilidad cogni i a). Muchas de esas e idencias se han
ecogido en un núme o de 2009 de los Annals o he New
Yo k Academy o Sciences. De odas o mas, como se concluye
en uno de los a ículos de dicha publicación, el en usiasmo
espec o a esos bene icios debe mode a se a la luz de da os
de in es igación no siemp e coinciden es, así como de la he-
e ogeneidad de p ác icas que se encuad an bajo el nomb e
gené ico de medi ación (Xiong y Do aiswamy, 2009).
Una de las en ajas de odas es as ecomendaciones de ca a
a o alece se an e el en ejecimien o, pa a p olonga la ida
y mejo a su calidad, es que nunca es demasiado a de pa a
implica se en ellas. Como indica el ya aludido in o me de la
O ganización Mundial de la Salud (2002), la adopción de
es ilos de ida saludables y la pa icipación ac i a en el p opio
au o-cuidado son impo an es en odas las e apas del cu so
i al, siendo e óneo pensa que en la ejez es ya demasiado
a de pa a adop a un es ilo de ida saludable. Po el con a io
–se concluye– las ac i idades de que hemos enido hablando
(jun o a o as, como el consumo mode ado de alcohol y de
medicamen os) pueden e i a la discapacidad y el decli e
uncional, p olongando la longe idad y mejo ando la calidad
de ida pe sonal.

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Con oda p obabilidad, la bisabuela con que iniciábamos
es as páginas hab ía hecho a lo la go de su ida algunas cosas
que, segu amen e sin sabe lo, es aban con ibuyendo a que
hicie a en e con éxi o al de e io o ine i ablemen e ligado a
la edad. Incluso si hubie a enido al mundo con el gen
Ma usalén y con o as ci cuns ancias biológicas que la p e-
dispusie an a una la ga exis encia, lo más p obable es que su
es ilo de ida a lo la go de los años y du an e su en ejeci-
mien o hubie an acili ado que su po encial gené ico pudie a
exp esa se du an e an o iempo, dándole la posibilidad, casi
100 años después, de sos ene en b azos, en el cen o de la
o o, a su bisnie o ecién nacido, el que ino al mundo con
un g an ce eb o en una pequeña cabeza. El mismo al que
luego se le desa olla ían los pedales an es que la di ección
y los enos. La misma pe sona que después se con e i ía
en un adul o en busca de una iden idad elacional en pa e
hipo ecada po su pasado y condicionada po su biología.
La misma que años más a de desa olla ía mecanismos de
o alecimien o en e al de e io o, esis iéndose a la ineluc-
able ausencia en las o os del álbum amilia .
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Índice
ag adecimien os
Q
uedo, en p ime luga , muy ag adecido a nues o
seño Rec o Magní ico, po habe me hecho el ho-
no –y habe me pues o an e el e o– del enca go de
p onuncia la lección inaugu al en el solemne ac o que ma ca
la ape u a de un nue o cu so académico. Cuando aún en
pleno in ie no ecibí su in i ación, no imaginaba lo ocupado
que la a ea me iba a ene du an e la p ima e a y el e ano.
Es oy muy ag adecido a algunos colegas de la Facul ad de
Psicología que me hicie on el a o de lee el manusc i o de
es a lección inaugu al y de hace me suge encias que con i-
buye on a mejo a lo. Po o den de apa ición en escena, debo
menciona en p ime luga al p o eso Al edo Oli a, que
ue mi in e locu o desde el p incipio; con él discu í posibi-
lidades emá icas y de sus suge encias bibliog á icas me be-
ne icié mucho pa a amuebla mi men e en p epa ación pa a
a a de supe a es a di ícil p ueba académica; pos e io men e,
leyó el manusc i o y me ayudó a mejo a lo. La p o eso a
Ma i Ca men Mo eno leyó el ex o comple o y me hizo ob-
se aciones agudas y comen a ios ce e os que con ibuye on
a puli lo y mejo a lo. A los p o eso es Ca los Gómez y José
León-Ca ión les pedí una lec u a desde su pe spec i a de
neu opsicólogos, pa a que con anquilidad de especialis as
calma an la lógica ap ensión del neó i o; sus suge encias y
comen a ios me esul a on muy aliosos y han con ibuido
ambién a mejo a el ex o inicial.
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Po ada
Índice
Ag adezco ambién su ayuda al p o eso Miguel Ángel
Muniain, de la Facul ad de Medicina, que me aseso ó en
emas elacionados con los p oblemas de salud du an e el
en ejecimien o. También a la p o eso a Elena Gonzalo, de
la Escuela Andaluza de Salud Pública, que me aseso ó es-
pec o al en ejecimien o saludable y su elación con las polí i-
cas de salud pública.
Na u almen e, ninguna de las pe sonas nomb adas en-
d ía nada que e con e o es o imp ecisiones en el ex o,
que se ían de mi exclusi a esponsabilidad en el caso de que
exis ie an.
• 125 •
Po ada
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JESÚS PALACIOS
Jesús Palacios González es licenciado (1974) y doc o (1977) en
Psicología en la Uni e sidad de Ba celona. P o eso de la Uni e sidad
de Se illa desde 1977, es ca ed á ico de Psicología E olu i a y de
la Educación en la Facul ad de Psicología desde 1986. Su abajo
docen e, in es igado y de in e ención p o esional se ha cen ado
en los ámbi os del desa ollo in an il, de la psicología de la amilia y
las elaciones amilia es, y de la p o ec ción in an il (mal a o in an il,
acogimien o amilia , adopción).
Ha sido p o eso isi an e en las Uni e sidades de Minneso a y
Connec icu , en Es ados Unidos, y en la de Camb idge, en Reino
Unido. Colabo a asiduamen e con las adminis aciones públicas en
ma e ias elacionadas con la p o ección in an il. Es au o o coau o
de 30 lib os y de más de 200 a ículos de in es igación y capí ulos
de lib os, publicados en edi o iales, e is as y monog a ías, an o
españolas como in e nacionales.
Índice
Po ada
colección
La au onomía uni e si a ia
Cu so Académico 2013-2014
Ángel M. lópez y lópez
Ideales y ac i udes pa a la Uni e sidad de Hoy
Cu so Académico 2012-2013
pila león-Cas o alonso
Pa adojas del desa ollo humano
Cu so Académico 2011-2012
Jesús palaCios gonzÁlez
Viaje a los con ines de la abla pe iódica.
Á omos lige os, á omos pesados y ene gía
nuclea
Cu so Académico 2010-2011
e nes o Ca Mona guzMÁn
La uni e sidad del siglo XXI en la sociedad
de la comunicación y del conocimien o
Cu so Académico 2009-2010
Manuel Ángel VÁzquez Medel
Concep o de Bo ánica.
Conside aciones sob e los einos
Cu so Académico 2008-2009
Beni o Valdés Cas illón
Las mo i aciones de la in es igación cien í ica
Cu so Académico 2007-2008
Manuel zaMo a Ca anza
Palab as y silencios
Cu so Académico 2006-2007
F anCisCo ga Cía o osa
Rup u a angua dis a, desin eg ación
y nos algia del A e
Cu so Académico 2005-2006
eMilio góMez piñol
Globalización y o den in e nacional
Cu so Académico 2004-2005
Juan an onio Ca illo salCedo
El p oceso de in eg ación de España
en la Unión Eu opea y en la Unión
Económica y Mone a ia Eu opea (UEME)
Cu so Académico 2003-2004
CaMilo leBón Fe nÁndez
La ingenie ía ae onáu ica
en la Uni e sidad de Se illa
Cu so Académico 2002-2003
an onio Ba e o ipoll
Cambios y conocimien o
Cu so Académico 2001-2002
aFael lópez polanCo
La imagen médica del cue po humano
Cu so Académico 2000-2001
Juan aMón za agoza u iBa
De nue o, la lección p ime a.
Sob e el concep o de la asigna u a
Cu so académico 1999-2000
Manuel oliVenCia uiz
La up u a educa i a. De la mundialización
a la localización en la acción educa i a
Cu so académico 1998-1999
luis núñez CuBe o
Elogio de la adicalidad
Cu so académico 1997-1998
José VillaloBos
Las emociones co idianas: De la biología
a la psicología social
Cu so académico 1996-1997
silVe io Ba iga JiMénez
La insulina: De la biología a la pa ología
molecula
Cu so académico 1995-1996
aiMundo goBe na o iz
Un p oblema clásico. El núme o Π
Cu so académico 1994-1995
José Co és gallego
La li og a ía, aye y hoy
Cu so académico 1993-1994
Miguel gu ié ez Fe nÁndez
Ca álogo comple o de nues as publicaciones
en la página web
<h p://www.edi o ial.us.es>
LECCIONES INAUGURALES DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA
Índice
Po ada
Biog a Ía