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REALIDAD Y SÍMBOLO DE QURTUBA/CÓRDOBA EN LA LITERATURA
NEO-ÁRABE
Cla a M.ª Thomas de An onio
Qu uba/Có doba, con su his o ia, sus pe sonajes y su iqueza cul u al, ha susci-
ado una amplia gama de sen imien os, a eces encon ados, en los li e a os á abes
mode nos, que con su pluma an a e oca an o su ealidad pasada como su signi i-
cado simbólico pa a el p esen e del mundo á abe.1 Po lo que signi icó y signi ica,
o ma pa e an o de su pa imonio como del nues o, con o mando unos asgos
de iden idad compa idos.
La ealidad de la Qu uba andalusí
Muchos au o es á abes desc iben la his o ia de la Có doba andalusí y
sus gobe nan es, la ciudad, sus monumen os y su ica cul u a, cuya impo ancia
ap enden a alo a ya desde la escuela.2
La his o ia de la Có doba andalusí y sus p incipales gobe nan es
El libanés Amin al-Rihani, en La luz de al-Andalus (‘Nu al-Andalus’), u o de
su iaje a España en 1939, na a la his o ia de la Có doba andalusí y, an es de e e-
i se a sus di e sos gobe nan es y acon ecimien os, la esume así:
El omeya ‘Abd al-Rahman b. Mu‘awiya, llamado al-Dajil, undó la dinas ía ome-
ya de al-Andalus en 138 H. (755 C.), e hizo de Có doba su capi al. Aquella di-
nas ía du ó has a el año 422 H. (1031 C.) y luego se desin eg ó, con i iéndose
en a ios «es adi os» en época de los eyes de ai as. Có doba ue incluida en el
Emi a o de Se illa en el año 1070; en 1091 se apode a on de ella los almo á ides,
y en 1148 los almohades. A és os se la a eba ó el Rey San Fe nando el 22 de julio
de 1236. En onces e minó el gobie no á abe en ella.3
‘Abd al-Rahman I al-Dajil, «el Sac e de Qu aysh» (756-788), unda el
Emi a o Independien e de Có doba (756-929). El si io Adonis, en dos agmen-
os de su la go e inspi ado poema «El Sac e» (‘Al-Saq ’), del Lib o de las huidas y mudan-
zas po los climas del día y la noche (‘Ki ab al- ahawwula wa-l-hiy a i aqalim al-naha wa-l-layl’),
na a cómo es e p íncipe omeya escapa a la ma anza de su amilia po los abasíes y
llega a al-Andalus, donde e ige su Emi a o:
Los jine es se ace ca on an o como pudie on y nos g i a on desde la o illa: «Vol-
ed, no engáis miedo». Yo nadaba sin descanso, al igual que mi jo en he mano,
1 El ema ue a ado ampliamen e en nues o abajo de 1997, donde hay o os aspec os y ex os que no se
incluyen en es e abajo. Véase Cla a M.ª Thomas (1997). «Có doba en la li e a u a á abe con empo ánea»,
Re is a del Ins i u o Egipcio de Es udios Islámicos, xxix, pp. 227-277.
2 Véase, po ejemplo, el in e esan e es udio de Mikel de Epalza (1972). «España y su his o ia is a po los
á abes ac uales (a pa i de los ex os de enseñanza media en Si ia)», Almena a, 2, pp. 53-108, especialmen e
sus e e encias a Có doba, an o en sus aspec os his ó icos como en los de su ci ilización, pp. 60-61, 72-73,
76, 83-84 y 104.
3 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Mad id: Can A abia, ol. 2, p. 599.
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y me ol ía hacia él pa a da le ánimos. Pe o no me hizo caso y, engañado po el
amán que nos o ecían y eme oso de ahoga se, se ol ió a oda p isa hacia ellos.
Acabé de c uza el Éu a es y pude e que el muchacho, mi he mano, se di igía
con iado a los caballos. Le hicie on ab i la ma cha y en ese mismo ins an e lo
decapi a on y se ue on, lle ándose su cabeza. Tenía ece años. Eché a co e y
pa ecíame que no ozaba el suelo con los pies, sino que olaba. Abde ahmán el
Inmig an e (El Sac e de Co aix).4
[...] Como aman e en a eba o audaz,
con el esplendo súbi o y la is eza
de la pasión ju enil,
e ige un Ándalus de hondas en añas.5
‘Abd al-Rahman III al-Nasi (912-961) se p oclama cali a y unda el Ca-
li a o de Có doba (929-1031), lo que supone la independencia de la España mu-
sulmana y su época más glo iosa, como señala al-Rihani:
[Có doba] gozó de un gobie no de singula pode ío y jus icia con una co ec a
ejecu o ia: el gobie no del g an omeya ‘Abd al-Rahman III, llamado al-Nasi [‘el
Vic o ioso’], que du ó cincuen a años. Al-Andalus ue en onces un luga donde
nacían las luces de la ciencia, la cul u a y la ci ilización, y el Cali a al-Nasi es u o
po delan e de los sobe anos de su iempo po su g andeza, p udencia y pode ,
me eciendo, po an o, odo el desmedido elogio que los his o iado es y poe as
á abes le concedie on.6
Le sucede su hijo al-Hakam II (961-976), cuyo papel en el campo cul u al
des aca al-Rihani en La luz de al-Andalus, aunque ambién le achaca habe p opiciado
el in del Cali a o:
El lo ecimien o del eino, al igual que el esplendo de es a ci ilización, con i-
nuó en iempos de su hijo al-Hakam II, que siguió la huella de su pad e, y además
amaba la ciencia y a los sabios y p omo ía acciones cul u ales y ci ilizado as, pe o
que sin emba go pe judicó a la he encia eal omeya al in oduci en ella sang e
ex anje a. Al-Hakam se había casado con una muje del pueblo asco [‘Al Bask’],
español de e i o io, de nomb e Au o a, y llamada en á abe Subh, la cual en-
gend ó un solo hijo, Hixam, que le sucedió (976) en el ono.7
Al-Rihani p osigue la his o ia señalando que con Hisham II al-Qasi (976-
1013), incapaz de con ola las in igas po el pode , empieza la decadencia del Cali a o:
Hixam, hijo de al-Hakam po pa e de la asca Subh, —Hixam II—, es aquel a
quien se culpa de las causas del e oceso del Reino y la Nación du an e ein e
4 Fede ico A bós (1993). Adonis. Lib o de las huidas y mudanzas po los climas del día y la noche. Guada ama: Ediciones del
O ien e y del Medi e áneo, p. 49.
5 Ibídem, p. 67.
6 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., p. 602.
7 Ibídem.
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años, es deci , as la mue e de su hayib Ibn ‘Ami [sic], y has a que las gue as
ci iles es alla on conduciendo al caos y a la desapa ición.8
Almanzo (940-1002), al-Mansu bi-llah o al-Mansu b. Abi ‘Ami , se
con ie e en p ime minis o de Hisham II y lle a al Cali a o a su máximo esplen-
do , lo que es imula la unión de los eyes c is ianos pa a a aca lo, p o ocando así
su acele ado inal,9 como man iene al-Rihani:
El sup emo Chambelán del Cali a Hixam, Ibn ‘Ami Muhammad, i ulado Al-
manzo [‘al-Mansu ’], ealizó en su ida cincuen a campañas, odas ellas ic o io-
sas. [...] Una ez llegó [...] a San iago, y lo saqueó e hizo p isione os en e su
población, despojando a la Iglesia de su San o Jacobo [‘Sa Yakub’] de sus o endas
y campanas, que los p isione os lle a on a Có doba. El iempo ue pasando po
las gen es, y a los ein e años de la mue e de Almanzo cayó el Cali a o de Có -
doba, y los conquis ado es c is ianos en a on en la ciudad. Es as campanas, que
seguían gua dadas, ue on de uel as, a espaldas de p isione os musulmanes, a su
iglesia de San iago [...]. Al-Hayib al-Mansu mu ió en 1002, es años después
de la mue e del Cid. Como és e, al inal de su ida ue de o ado y a ligido. El
Cid mu ió de o ado po los almo á ides, y Almanzo alleció lejos de la ba alla
del ío Due o, en la que su hijo mandaba las opas á abes con a los es eyes
c is ianos de León, Na a a y Cas illa, en la cual ue de o ado.10
Cien años de elicidad y glo ia que empiezan con el Cali a o de Abde amán III
y con inúan en iempos de al-Hakam II y al que le sob e iene en el úl imo cua o
de ese iempo un en usiasmo eligioso del p ime es ilo, eno ado po Almanzo
con sus campañas, que puso en a iso a los eyes c is ianos sob e la necesidad de
uni se pa a comba i lo y de eno a los a aques a los á abes.11
Al cae el Cali a o,12 el país se di ide en los llamados Reinos de ai as,
como le cuen a un guía a al-Rihani al isi a Có doba:
El guía dijo: «Cuando cayó el Cali a o de Có doba, odo el que poseía algo de
ie a se e igió en cali a del país. ¡Los Reinos de ai as!».13
8 Ídem.
9 ‘Abd al-Hamid Yawda al-Sahha , en su no ela La p incesa de Có doba (‘Ami a Qu uba’), ela a la his o ia de Al-
manzo y la «sul ana» Subh. Véase Ped o Ma ínez Mon á ez (1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con-
empo ánea. La casa del pasado. Mad id: A gu al, pp. 223-234. E Ib ahim Anis esc ibe el d ama El Almanzo andalusí
(‘Al-Mansu al-andalusi’) pa a de ende a Almanzo , acusado de c uel y b u al, ya que unió a la nación, o ga-
nizó los cue pos gube namen ales y ayudó a es ablece la segu idad y la p ospe idad. Véase Waleed G. Saleh
(1990). Al-Andalus y el ea o á abe con empo áneo, en Fe nando de Ág eda Bu illo. La aducción y la c í ica li e a ia.
Ac as de las Jo nadas de Hispanismo Á abe (Mad id, 24-27 de mayo de 1988). Mad id: Agencia Española de Coope ación
In e nacional (aecid), p. 274.
10 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., pp. 576-577.
11 Ibídem, p. 605.
12 Husayn Mu’nis es au o de Essai su la chû e du Cali a Umayyade de Co doue (1945). Véase Ped o Ma ínez Mon á ez
(1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con empo ánea. La casa del pasado. Op. Ci ., p. 174.
13 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., p. 511.
Realidad y símbolo de Qu uba/Có doba en la li e a u a neo-á abe
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Gobe nada po los banu Yahwa , Có doba se inco po a a la ai a de Se illa.
Al-Rihani dedica a ias páginas de La luz de al-Andalus a la agonía del Cali a o, y llega
a es a conclusión:
Es a ic o ia [de Las Na as de Tolosa, 1212] acabó con la dinas ía almohade en
Có doba, que as ella sólo i ió ein icinco años, y los á abes ue on echazados
hacia el su —hacia G anada—, a las cos as, y ya no anhela on más el o o lado de
Sie a Mo ena.14
Pe o es a ic o ia c is iana sob e los almohades, que lle a a la pé dida de
Có doba en 1236, no la conside a al-Rihani «de ini i a» sino « ela i a», ya que la
p esencia á abe en España se man end á en el Reino naza í du an e o os doscien-
os cincuen a años.15
El esplendo de la ciudad de la Có doba andalusí y su decadencia pos e io
La si ia Il a al-Idilbi, en Inspi ado en España: lág imas y son isas (‘Min wahy Isba-
niya: dam‘a wa-ib isama’), nos dibuja la impo ancia de es a ciudad en la época cali al:
Có doba e a una ciudad g ande [...] que llegó a alcanza casi el millón de almas.
Los á abes la con i ie on en la capi al más espléndida del mundo de en onces.
E a un cen o de i adiación cien í ica, a ís ica y li e a ia, al que se di igían es u-
dian es de odos los países del mundo pa a segui los cu sos de los sabios á abes.
La p ime a Facul ad de Medicina del mundo, en la que se o maban g an núme o
de médicos eu opeos y de o os con inen es, ue undada po los á abes. Có doba
e a la ciudad más elegan e del mundo: enía sus calles pa imen adas, con ace as. De
noche se alumb aba con lin e nas de o ma que la gen e podía iaja diez millas con
luz, en e dos ilas inin e umpidas de edi icios. Sólo en Có doba había 700 baños
y un g an núme o de biblio ecas públicas con cen ena es de lib os. No ol iden,
seño es, que en aquella época los lib os e an muy ca os, pues se copiaban a mano.
Aun así, se en egaban gene osamen e a los es udian es de la ciencia de Có doba.16
El egipcio Muhammad Fa id, en De Egip o a Egip o. Viaje del año 1901 a al-An-
dalus (España), Ma uecos y A gelia —‘Min Mis ilà Mis . Rihla min sana 1901 bi-bilad al-Andalus
(Isbaniya) wa-Ma akus wa-l-Yaza‘i ’—, compa a el esplendo de la Có doba omeya con
la Eu opa de su iempo, y comp ueba su decadencia as la pa ida de los á abes al
isi a la en 1901:
Es a ciudad ue p óspe a y lo ecien e en la época del Islam y de los musulmanes.
Cuando Eu opa es aba sumida en ma es de igno ancia y ale a gada en desie -
os de ba ba ie, Có doba ebosaba de escuelas y de es udiosos que, desde odas
14 Ibídem, p. 589.
15 Ídem, p. 612.
16 Fe nando de Ág eda (1991). Temá ica española en la ob a de la esc i o a si ia Il a al-Idilbi, en Uni e sidad
Au ónoma de Mad id (uam), Depa amen o de Es udios Á abes e Islámicos y Es udios O ien ales. Ac as de las I Jo nadas de Li e a u a
Á abe Mode na y Con empo ánea. Mad id: Depa amen o de Es udios Á abes e Islámicos y Es udios O ien ales,
uam, p. 24.
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pa es, se di igían allí pa a ap ende de sus g andes sabios. Luego, cuando los
musulmanes se e i a on, decayó comple amen e.17
Llegué allí la mañana del ma es 23 de julio [de 1901] y no me gus ó su aspec-
o, pues i que las calles que iban de la es ación al cen o de la ciudad no e an
limpias, es aban llenas de pol o, ca ecían de ace as y no es aban emped adas. El
in e io , sin emba go, es muy limpio. La mayo ía de sus calles son an es echas
que los coches no pueden pasa po ellas, y es án pa imen adas desde la época de
los musulmanes.18
La misma sensación de decadencia acongoja al libanés Mus a à Fa uj al
deambula po la ciudad en 1930, como ela a en una ob a de í ulo an signi ica-
i o como Viaje al país de la glo ia pe dida (‘Rihla ilà bilad al-mayd al-maq ud’):
Es ábamos en la ciudad de ‘Abd al-Rahman I, en la capi al del cali a o omeya de
aquel Andalus que ue la más p óspe a ci ilización de Eu opa. Llegamos a ella, y
¿qué nos encon amos?: una localidad pequeña, no muy di e en e a un pueblo...
Sus calles son angos as y zigzaguean es, casi acías de gen e, sal o una o dos pe -
sonas que caminan po la somb a, emoloneando po el poco abajo y el mucho
iempo lib e que dedican a holgazanea y aguea ... Sin emba go, hay muchos
ca és siemp e llenos de pa oquianos que, sen ados, beben, juegan o do mi an...
Vi a la Có doba de hoy en ese es ado calami oso. El núme o de sus habi an es no
llega al de cua en a mil, y e lexioné sob e el iempo en que había sido la capi al
de la ci ilización, cen o de las ciencias, las le as, las indus ias y las a es, la p i-
me a ciudad ag ícola... Me quedé a u dido y de amando lág imas.19
En e los g andes monumen os de época andalusí, los di e sos esc i o-
es á abes an a e e i se de modo especial a la mezqui a, a Medina Azaha a y a
la A uza a.
El mayo a ac i o de Có doba pa a el iaje o á abe suele se la con em-
plación de la mezqui a. En 1954 Il a al-Idilbi desc ibe su la ga y aza osa his o ia
en Inspi ado en España: lág imas y son isas:
En Có doba, el guía nos lle ó a su amosa Aljama, llamada en español «mezqui-
a» (po de o mación de la palab a á abe masyid) y nos hizo de ene en el pa io
[...]. «Es a Mezqui a-Aljama que amos a isi a ep esen a uno de los más g an-
des es igios á abe-islámicos. Inició su cons ucción el cali a ‘Abd al-Rahman I
en el año 786 de J. C. Dos años después mu ió y con inuó la ob a su hijo el cali a
Hisham. Sus suceso es siguie on ampliando las ob as du an e dos siglos has a
que alcanzó 742 pies de anchu a en iempos de Almanzo . Había 1.290 columnas
de má mol de las que sólo quedan 825. Vamos, pues, a en a en es e magní ico
monumen o». [...] Se ab ió an e noso os la pue a de la mezqui a y nos encon-
amos an e un bosque de esbel as columnas de má mol, sopo es de dis in os
17 Nie es Pa adela (1993). El o o labe in o español: iaje os á abes a España en e el s. x ii y 1936. Mad id: Ediciones de la
uam, p. 176.
18 Ibídem.
19 Ídem, p. 215.
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ipos de a cos: semici cula es, o os más abie os, o os en o ma de he adu a,
a base de pied as ojas y blancas al e nadas. Al e es e espec áculo po p ime a
ez se queda uno sob ecogido pa a, a con inuación, llena se de admi ación y es-
pe o. Quizás sea el mih ab lo más admi able de la mezqui a: allí los a is as á abes
esme a on al máximo su capacidad de c eación, su o iginalidad. Se a a de una
ca idad hep agonal enma cada en do ado y deco ada con inos mosaicos e oca-
dos po esmal es mul icolo es sob e un ondo azul y ca mesí. El guía lle aba una
lin e na que en ocó pa a mos a nos la ex ema inu a de las minia u as, y leí yo
en su on al: «En el nomb e de Dios clemen e y mise ico dioso. G acias a Dios
que nos guía. No i íamos po el ec o camino si no nos di igie a Dios». En me-
dio de la mezqui a encon amos un eno me edi icio que, a pesa de sus p eciosas
insc ipciones y a ís icas imágenes, desen onaba con el conjun o del monumen o
po su di e en e es ilo a ís ico.
—Aquí qui a on columnas y cons uye on es a ca ed al.
En es o se oyó la oz de uno de los u is as suecos:
—Es o es un c imen, un c imen ho endo: de o ma es e magní ico monumen o
pa a cons ui una ca ed al que podía habe se emplazado en cualquie o o luga .
La mayo ía de los u is as apoya on sus palab as. En onces añadió el guía:
—Es a disposición esul ó con enien e: al cons ui la ca ed al se p o egió a la
mezqui a de la ag esión de los aná icos, esa chusma que no al a en es e mundo.
Hoy han quedado supe ados esos enconos. La Di ección Gene al de Bellas A es
es á es udiando un p oyec o pa a desplaza la ca ed al a o o si io y de ol e el
edi icio a su es ado p ime o.20
El egipcio Muhammad Thabi , en su isi a de 1934, que ela a en su Pe i-
plo po las ie as del Nue o Mundo, en e Egip o y las dos Amé icas. Obse aciones de un u is a egipcio
(‘Yawla i ubu‘ al-dunya al-yadida bayna-Mis wa-l-Am ika ayn. Min musahada sa‘ih mis i’), am-
bién nos habla de la cons ucción del emplo c is iano en medio de la mezqui a:
Cuando San Fe nando conquis ó la ciudad, la ans o mó en ca ed al, aun-
que la in ansigencia alcanzó el ceni en la época de Ca los V. És e des uyó
el cen o de la mezqui a y cons uyó allí una eno me iglesia, cuya a qui ec u a
occiden al no ha conseguido bo a la majes ad del emplo islámico. Después
o denó cub i de yeso el a esonado y las pa edes en las que apa ecían magní-
icas insc ipciones á abes y aleyas co ánicas; llegó incluso a ele a en medio
me o el suelo pa a ocul a los es igios islámicos que allí había, pe o el nue o
égimen epublicano, aun siendo más libe ino que el an e io , ha obligado a
le an a , en lo que sea posible, odas las cubie as y descub i lo que se escondía
bajo las mismas.21
Pe o al-Rihani, en su isi a a es a ciudad en 1939 na ada en La luz de al-
Andalus, señala los cambios p oducidos desde su p ime iaje y el en ado de Ca los
V po habe des uido pa e de ella:
20 Fe nando de Ág eda (1991). Temá ica española en la ob a de la esc i o a si ia Il a al-Idilbi. Op. Ci ., pp. 24-25.
21 Nie es Pa adela (1993). El o o labe in o español: iaje os á abes a España en e el s. x ii y 1936. Op. Ci ., p. 236.
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Nos de u imos pa a isi a Có doba. Y cuando digo Có doba quie o deci la
G an Mezqui a, ese monumen o his ó ico- eligioso-a ís ico singula en el
mundo. Ya en 1917 lo había yo is o, pe o en es a segunda isi a ue mayo mi
asomb o. En la p ime a e a oda ella una iglesia, odeada po es pa es de un
conjun o de capillas pa ecidas a ca ed ales gó icas. La echumb e, con sus igas,
es aba ecubie a de un echo de yeso blanqueado, y las basas de las columnas se
hallaban bajo el suelo. G andeza humillada po el hacha y el pico, belleza de o -
mada en nomb e de la eligión, ma a illa en e ada po el yeso, a eada po insig-
ni ican es es a uas. Se cuen a que cuando el Rey Ca los V isi ó la Mezqui a, una
ez ya en pode de los c is ianos, dijo: «Si hubie a sabido lo que se p oponían
hace , no lo hubie a pe mi ido, po que lo que habéis cons uido se encuen a
en odas pa es, mien as que lo que habéis des uido no iene pa angón en el
mundo». Se ecien os años después, el gobie no español se dedica a a egla lo
que los an iguos c is ianos es opea on. De de ás del yeso saca on jácenas alla-
das y colo eadas, casi consumidas po las inieblas de la igno ancia y el ana ismo,
as ese ho endo echo. Sin emba go, el a e, en o ma y colo , aún dejaba en
ellos sus huellas. Los ob e os se dedica on a cons ui nue as igas semejan es a
ellas en alla y colo es como los o iginales. Te mina on una pa e de ese echo
y le de ol ie on su an igua belleza. Y odo ello, jun o al echo liso y blanqueado
que queda, es un milag o de belleza y he mosu a. Una de las cosas que hicie on
pa a comple a el a ís ico almina ue el exca a ap oximadamen e medio b azo,
con lo que apa ecie on sus bellos pedes ales, y luego epone el solado al nue o
ni el. Pe o más impo an e que odo ello ue el qui a de los lados de la Mezqui a
Aljama esas capillas o al a es que oda ía la de o maban más. De aquellos cien os
de lámpa as [‘qanadil’] que iluminaban la Mezqui a ealzando su esplendo y g an-
deza no queda sino una g ande de colo cob e ba ido que hoy ado na la pa e que
con inúa siendo iglesia, y en la cual se eza [...]. Se nos dijo que el abajo e mi-
na ía con el aslado de es a Iglesia, de o ma que queda a la Aljama como uno de
los monumen os á abes e e nos sólo pa a isi a y es udio, como la Alhamb a de
G anada y la Azoma de Se illa.22
La si ia Salmà Ha a al-Kuzba i, que p esencia los abajos de econs-
ucción que se ealizaban en Medina Azaha a (‘Madina al-Zah a’) desde hacía 50
años, nos ecue da la his o ia de es a ciudad pala ina en «Nues a huella en Espa-
ña» (‘A ha u-na i Isbaniya’), de En las somb as de al-Andalus (‘Fi zilal al-Andalus’):
La cons uyó el cali a ‘Abd al-Rahman III pa a cumpli el deseo de su escla a
a o i a, al-Zah a’, con i iéndola en una ciudad de ensueño pa a esidencia de
ambos. Luego la incendia on los be ébe es, y no queda on de ella más que los
escomb os.23
La con emplación de una casa de Có doba le ae a al-Rihani ecue dos
sob e es a bella ciudad en iempos de Almanzo , como e oca en La luz de al-Andalus,
de su iaje de 1916:
22 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., pp. 617-619.
23 Salmà Ha a al-Kuzba i (s. d.). Fi zilal al-Andalus. Damasco: Ma abi‘ Ali Ba’, p. 67.
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Ve dade amen e dis u é con lo que i, y u e nue amen e deseos de queda me
hablando, des elado. Cómo no, si el es igio e a á abe y me eco daba lo que
había leído una ez de un «san ón» que pasó po Azaha a, palacio de Almanzo ,
y dijo: «¡Ah, casa, en i hay de odas las casas! ¡Haga Dios de i en oda casa!».
Apenas pasados unos días de su in ocación ue on saqueados sus eso os y el es o
quedó des uido.24
Y en 1939 e ie e al-Rihani una anécdo a ace ca de los desmedidos elo-
gios sob e ‘Abd al-Rahman III:
Que ía hace se una sang ía, y se sen ó en el g an salón al o de Medina Azaha a, y
mandó llama al médico pa a al cosa; y cuando és e omó el ins umen o y omó
el pulso de al-Nasi , he aquí que asomó un o do, que se subió a la asija de o o
del salón y eci ó es e e so: «¡Oh, ú que sang as al Emi de los c eyen es! / Lo
que sang as es una ena que i i ica a los mundos».25
Al-Kuzba i, que ambién isi ó el an iguo emplazamien o de la A uza-
a (‘Al-Rusa a’), nos habla de su his o ia y de su si uación ac ual en «Nues a huella
en España»:
Hisham I Ibn ‘Abd al-Rahman I ue el que cons uyó el a abal de la A uza a
ce ca de Có doba y le dio ese nomb e pa a inmo aliza la memo ia de su abue-
lo, el omeya Hisham Ibn ‘Abd al-Malik, que mu ió en la A uza a que es aba
ce ca del Éu a es, en el desie o de Palmi a en Si ia, y que es conocida como la
A uza a de Hisham. Hoy no queda de ella más que su si io, donde el gobie no
español ha cons uido un magní ico ho el u ís ico que se llama La A uza a.26
O os li e a os elogian los ja dines y el u banismo de la an igua Có doba,
así como sus casas, an pa ecidas a las de cualquie país á abe. En su Viaje a al-Andalus
(‘Rihla al-Andalus’), el egipcio Muhammad Labib al-Ba anuni, que isi a Có doba en
agos o de 1926 con sus calles es echas en oldadas, e oca sus an iguos ja dines y su
sis ema de egadío:
Có doba en época á abe e a un lo ecien e pa aíso, un espléndido y luju ioso
ja dín siemp e e de, g acias al sis ema de egadío que in oduje on los á abes.
Cuando los ancos conquis a on la ciudad en 1236, expulsa on a sus gen es, la
con i ie on en una o aleza pa a de ende los lími es de su eino y des uye on
los canales y las conducciones con las que los á abes hacían llega el agua de las
mon añas a sus palacios.27
Y al-Rihani añade que la salida de los á abes de al-Andalus u o ambién
consecuencias sob e el paisaje:
24 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., p. 650.
25 Ibídem, p. 602.
26 Salmà Ha a al-Kuzba i (s. d.). Fi zilal al-Andalus. Op. Ci ., pp. 66-67.
27 Nie es Pa adela (1993). El o o labe in o español: iaje os á abes a España en e el s. x ii y 1936. Op. Ci ., p. 196.
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Después de que expulsa an a los á abes de ellas, o más p opiamen e después de
que les a eba a an Có doba, Se illa, Toledo y Valencia, las ie as ecinas de esas
ciudades y zonas queda on ye mas du an e un iempo. Las man enían ocupadas
as o nos in e nos y gue as ci iles, y las deja on sin cul i a , po lo que se hi-
cie on de ca ác e á ido e imp oduc i o.28
La isi a de di e sos li e a os á abes a Có doba e oca la he mosa he encia
dejada po la cul u a á abe en España en sus casas, como señala Niza Qabbani en
Mensaje de amo a Có doba:
Es as casas co dobesas, do midas sob e un lecho de iole as, de a ayanes, de
mosaicos y de alabas o, pa ecen esconde se en e ues os callejones, es echos y
e o cidos, como pa aísos que no quie en se hollados en su silencio. Esas uen-
es que can an noche y día en los pa ios de ues as encan ado as casas, ¿qué
signi ican? Os digo, como poe a, que signi ican que los á abes no inie on a
Có doba como conquis ado es, sino como enamo ados. Los lazos en e los á a-
bes y Andalucía, lo digo y lo epi o, son lazos de amo . Y és a es la p ime a ez
en la his o ia en que la conquis a se con ie e en amo y en que la espada oma la
o ma de la osa.29
En su es ancia en Có doba en 1916, que na a en La luz de al-Andalus, al-
Rihani eside en la casa a ibuida a A e oes, que conse a las huellas del pasado, y
habla con su dueño, que se iden i ica mucho con lo á abe y admi a los monumen-
os omeyas de Có doba:
Bajamos la escale a [...] al pa io de la casa que es aba llena de luces. Había jaulas
en las que can aban los pája os y ies os en los que lucían las lo es [...]. Me lle ó
a un cua i o sin en ana ni en anuco, aunque en la pue a, que daba al es anque
del pa io, había unos aguje os que pe mi ían en a el ai e y el bo bo eo del agua
[...]. En las cua o pa edes había una anja de azulejos con la insc ipción «En el
nomb e de Dios Clemen e y Mise ico dioso. Bendi o sea Dios po la g acia del
Islam». Y ambién un poco de poesía, con unas palab as dispe sas, de sen ido
en eco ado, que el anciano me pidió que leye a y aduje a. Hice lo que pude.
Mo ió la cabeza, asin iendo, y se puso muy con en o. Luego dijo: «Tengo o a
cosa an igua que le in e esa». T ajo un candil [...] y salió con él po delan e hacia
un callejón, ue a de la casa. Allí, en un mu o de apa iencia an igua, había una
pied a en la que es aba g abado: Ruxd, con las le as casi bo adas po el iem-
po. Lo leí asomb ado. El anciano hizo un mo imien o de cabeza y dijo: «No me
cabe duda de que és a e a la casa de A e oes (es deci , Ibn Ruxd), que enseñaba
iloso ía en la Facul ad de Có doba». Lo más segu o es que la casa del ilóso o,
como las de los musulmanes impo an es, su ie a lo mismo que los palacios de
los sul anes, y que sus pied as queda an dispe sadas y algunas de ellas hubie an
quedado empo adas en aquel mu o. Pe o no me a e í a hace ambalea se la
opinión del anciano o es opea algo de lo que él es aba o gulloso. Le dije en on-
28 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., p. 569.
29 Ped o Ma ínez Mon á ez (1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con empo ánea. La casa del pasado. Op. Ci ., pp.
157-158.
Realidad y símbolo de Qu uba/Có doba en la li e a u a neo-á abe
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Sin emba go, en el d ama El mama acho (‘Al-muha iy’), el si io Muhammad
al-Magu hace una e oz c í ica del p esen e á abe —«nos despoja on de odo, del
hono , la alen ía, la dignidad y el o gullo, nos han con e ido en conejos»— e-
o zada po el a o deg adan e dado po los á abes al «Sac e» al se de enido en la
aduana de un país á abe:
Una au o idad impo an e llega a es a on e a pa a negocia sob e él con un
delegado del gobie no español, ya que és e lo conside a como un c iminal de
gue a que había some ido y conquis ado a su pa ia po la ue za. Al inal llegan
a un acue do que indica que las au o idades á abes ienen que en ega al Sac e al
gobie no español a cambio de una can idad de p oduc os alimen icios.51
Y el libanés Muhammad ‘Ali Sams al-Din o ece una isión is e y ape-
sadumb ada del Sac e de Qu aysh en su poema «Abde amán, quien sale» (‘Abd al-
Rahman al-ja iy’), en oposición a su apodo «al-Dajil», como me á o a de la pé dida
de al-Andalus:
El Sac e, quien en aba y conquis aba,
aho a lo es, en su doble amélico,
saliendo, sollozando.52
La igu a de ‘Abd al-Rahman III al-Nasi es elogiada po muchos
li e a os,53 como o ma de mani es a la memo ia colec i a. El g an a e egipcio
Ahmad Shawqi le ensalza al desc ibi «La Mezqui a de Có doba», en Viaje a al-
Andalus (‘Rihla ilà-l-Andalus’):
Me c eo habe llegado a un edi icio cons uido po la Ciencia
y en iquecido con odas las lecciones del pasado.
An es, po encima de la comunidad de los c eyen es,
se alzaba la majes ad de al-Nasi , que e a,
bajo el es anda e, la luz de los ejé ci os;
y su en e ado naba la aba ida co ona del c is ianismo.54
En el segundo agmen o, «Encuen o», de Canciones a Azaha a, del ma-
oquí ‘Abd al-Ka im al-Tabbal, su igu a, p o o ipo de la memo ia colec i a, es
símbolo de espe anza as la noche neg a:
¡Abde ahmán que uel es!
51 T aducción de Saleh, en Ibídem, p. 265.
52 Rosa Isabel Ma ínez Lillo (2003). «La unión e e na. El úl imo al-Andalus de Muhammad ‘Ali Sams al-Din»,
C ónicas Azaha , 1, pp. 74-75.
53 A es e pe sonaje le dedica el libanés Yi yi Zaydan su no ela ‘Abd al-Rahman al-Nasi ; y el his o iado egipcio
Husayn Mu’nis le dedica una pa e de su Viaje a España. No icia del pa aíso p ome ido (‘Rihla al-Andalus. Hadi al- i daws
al-maw‘ud’), í ulo muy signi ica i o de su simbología pa a los á abes.
54 Ped o Ma ínez Mon á ez (1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con empo ánea. La casa del pasado. Op. Ci ., pp.
47-48.
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El alba iene, as la ieja noche,
como un niño,
como cue po de má mol,
honda como el sec e o
as el pecho,
diá ana
como el p ado al mediodía,
ape i osa como la co nalina.
Lá a e el os o pues en e los mi os.
Pon e el más bello man o que poseas.
Pe úma e de azucenas y de na ciso,
Esc ibe la canción más ene ada:
la que nunca can ó ningún poe a.
La que nunca ha ocado ningún día.
Y llega, con el alba,
has a Azaha a.55
Al-Rihani alo a en La luz de al-Andalus las igu as de al-Hakam e Hisham,
así como los éxi os de Almanzo , pe o a és e le c i ica sus mé odos de saqueo,
mue e y des ucción y su ambición de pode que causa ían el inal del Cali a o,
lo que ambién achaca a la desunión á abe, a sus elaciones con los enemigos, a la
al a de pa io ismo, al casamien o con c is ianos y a los as o nos que causaban los
muladíes del ha én «de la Casa eal»:
Si no hubie a exis ido el Cali a Hixam al-Qasi no se hubie a dado el osado hayib. Y
si no hubie a es ado esa muje ex anje a c is iana [Subh] en el ha én de al-Hakam
II, no hab ían exis ido ni Hixam ni su chambelán [...]. [És e] no dejó ninguna
huella de ci ilización y p og eso en los e i o ios conquis ados, cuya ie a domi-
nó y cuyos cas illos des uyó. [...] En odos los e i o ios á abes de al-Andalus no
queda ni un solo monumen o loable de Almanzo que, sin emba go, sí que deseaba
el ono, sin p eocupa se de las consecuencias de sus ac os [...]. Y siguió con es e
p ocedimien o has a consegui que el Cali a i mase el cheque de enuncia al ono
en a o suyo [...]. Po consiguien e, Ibn ‘Ami había des uido y había usu pado,
y a ello se debe en p ime é mino que se unie an los eyes c is ianos con a los
musulmanes.56
Mien as los eyes de Có doba se in e cambiaban mensajes con los Césa es de Cons-
an inopla, que es aban en gue a con los musulmanes de al-Sham, Pe sia y Egip o,
los Cali as de O ien e pac aban con los eyes de los anceses, que es aban en pe ma-
nen e gue a con los musulmanes de al-Andalus [...]. ¿No se engañaban los p opios
á abes en Có doba y Bagdad, unos a o os, sin mi a los in e eses del Es ado y la e-
ligión? [...]. Y eso ue una de las causas que acele a on la úl ima ase de su his o ia,
la del e oceso y la co upción, la del caos y las sediciones, la de su desapa ición.57
55 Ped o Ma ínez Mon á ez (2011). Signi icado y símbolo de al-Andalus. Alme ía, Mad id: Can A abia, Fundación
Ibn Tu ayl de Es udio Á abes, Caja G anada, pp. 39-40.
56 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., pp. 604-605.
57 Ibídem, pp. 557 y 602.
Realidad y símbolo de Qu uba/Có doba en la li e a u a neo-á abe
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Así, la pé dida de Có doba simboliza pa a al-Rihani la pé dida de
al-Andalus:
Cayó Có doba. Y caye on múl iples Có dobas. Y más aún: caye on múl iples
emi a os independien es.58
Esa pé dida pasada simboliza ambién pé didas en el p esen e. El i aquí
‘Ali Ya‘ a al-‘Allaq iden i ica la pé dida de Có doba y la pé dida de Bei u en a-
ios agmen os de «Nue a elegía a Có doba» (‘Ma iya yadida ilá Qu uba’), de La u a
del pasado (‘Fakiha al-madi’):
No había espacio
en e sus pied as y el cielo,
sólo mis somb ías p egun as
y el pol o de mi aje [...].
Y i ciudades
que luchaban po no pe de se.
Aspi é los a omas
de sus almina es pol o ien os,
y se apode ó de mí una idea:
¿aquélla es Bei u ,
o Có doba? [...]
Mi compañe o de mesa
es una ie a que lucha po no pe de se,
y mi copa
el sép imo cielo de nues a melancolía.
Mi compañe o de mesa
es es e iejo gemido:
¿el camino lle a
hacia una pa ia pe dida
o a un luga abandonado?
En amos en sus callejuelas:
los balcones son gemidos y osas
y su mezqui a es un sobe ano
impasible
en su dignidad. [...]
Escuché los llan os de las insc ipciones
en e las pied as [...]
y p egun é a la noche:
¿Es Có doba,
o son caballos
que ienen de O ien e?,
¿o acaso es el clamo de la ie a? [...]
¿Te llama é p incipio,
o inal?,
58 Ídem, p. 583.
Cla a M.ª Thomas de An onio
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¿ e llama é Bei u
o Có doba?59
Y el p opio al-‘Allaq se p egun a, en «¿Cómo nos so p endió la noche
neg a?», cómo pudo pasa se de aquel esplendo co dobés a la ac ual si uación del
mundo á abe:
Que no se pe dió Có doba.
E a e de el espí i u,
e de el ien o. [...]
Có doba
no do mía.
¿Cómo nos pilló el sueño?
Son un as o de ba o nues os días. [...]
El olo de las nubes
es a sang e.
¿Cómo nos so p endió la noche neg a?
Nues os cue pos es án
con a sí mismos.
¿Cómo no se han uel o idóla as
nues as conciencias?
¿Y ien o nues os himnos pol o ien os?
¿Cuál
se ha quedado sin sang e,
de los dos:
ue Có doba
o noso os?60
El esplendo de la ciudad de la Có doba andalusí y su decadencia pos e io
Visi a la mezqui a ep esen a pa a un á abe un iaje indi idual y colec i o
al pasado, y no puede deja le indi e en e. Al-‘Uyayli besa emocionado las colum-
nas de la mezqui a, o ando su os o con a la du a pied a, cuando la isi a, según
cuen a en His o ias de iajes. Un chiquillo co dobés le había p opues o isi a la umba
de Manole e, a lo que él le había con es ado:
—No engo buscando yo aquí umbas de o e os, hijo mío, sino las huellas de
aquellos que pelea on y lucha on [...].
—¿En onces, quie e que le lle e a la mezqui a? [...].
—Sí, a la mezqui a sí, pe o deseo i allí yo solo [...].
En ealidad, yo no sabía i a la mezqui a, pe o en Andalucía no me gus aba i a
ninguna pa e acompañado de un guía. [...] Me sen ía como si ue a un bedui-
no, que, con los ojos ce ados en medio de las somb as de la noche, sabe cuál es
su posición en su desie o. [...] Los lazos que me unen a es e edi icio, e igido a
59 Manuela Co és (1991). Có doba y G anada en la poesía de ‘Ali Ya‘ a al-‘Allaq, en uam, Depa amen o de Es udios
Á abes e Islámicos y Es udios O ien ales. Ac as de las I Jo nadas de Li e a u a Á abe Mode na y Con empo ánea. Op. Ci ., pp. 108-111.
60 (1994). Tiempo de poesía á abe. Mu cia: e is a A eci e, p. 32.
Realidad y símbolo de Qu uba/Có doba en la li e a u a neo-á abe
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miles de kilóme os de mi Pa ia, son mucho más ue es que los que me unen a
muchos luga es de mi país.61
Shawqi dibuja su bosque de columnas, sus bellas echumb es y sus mu os,
y elogia de paso al amoso calíg a o Ibn Muqlà (886-941) en el poema, ya mencio-
nado, «La Mezqui a de Có doba»:
Toda ella de má mol, sob e el cual se deslizan las mi adas
y se an ala gando, inde inidas, pa a al in de ene se,
lo mismo que los ba cos al ancla ...
¡In ini as columnas alineadas,
como los áli es que en el papel aza a Ibn Muqla!
Los echos, an e el campo de los ojos,
pa ecen como man os ex endidos: man os de ina seda
con sus icos bo dados de hilos de o o.
Las aleyas g abadas en sus mu os
bajan como po san as escale as,
y el almimba se ha e es ido siemp e de g ande majes ad.62
También los sen imien os eligiosos iñen de emoción el alma de cual-
quie musulmán que la con empla, como pone de elie e en su ihla el embajado
ma oquí Ahmad Ibn Mahdi al-Gazzal que la isi a en 1766:
Desde que a a esamos es a mezqui a no se debili ó en noso os el g an ejemplo
que nos p opo cionaba la g andeza que con emplábamos, al eco da lo que ha-
bía sucedido en ella en la época del Islam, las ciencias que se habían es udiado,
las aleyas que se habían eci ado, las o aciones que allí habían enido luga y las
eces que se había ado ado a Dios —¡ensalzado sea! Llegamos a imagina que los
mu os y las columnas de la mezqui a nos saludaban y nos son eían pa a ali ia -
nos del g an pesa que sen íamos. Llegamos, incluso, a con e sa con es os se es
inanimados, a ab aza , una a una, odas las columnas y a besa , po den o y po
ue a, las pa edes de la mezqui a.63
Simila sen imien o in ade a Muhammad Fa id cuando la desc ibe en
1901 en De Egip o a Egip o, angus iado po que los c is ianos habían sus i uido a los
musulmanes:
Fui a la mezqui a y me encon é con algo que a u de las en añas y a anca el
co azón de is eza. Vi una mezqui a aljama a acada po la in ansigencia c is ia-
na, con campanas colgadas de su almina y con es a uas y c uces colocadas en la
en ada. Pe o es os añadidos mode nos no han conseguido des igu a su aspec o
61 Ana Ramos (1990). Visión de España en la li e a u a á abe con empo ánea: dos ejemplos si ios, en Fe nando
de Ág eda Bu illo. La aducción y la c í ica li e a ia. Ac as de las Jo nadas de Hispanismo Á abe (Mad id, 24-27 de mayo de 1988). Op.
Ci ., p. 260.
62 Ped o Ma ínez Mon á ez (1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con empo ánea. La casa del pasado. Op. Ci .,
p. 48.
63 Nie es Pa adela (1993). El o o labe in o español: iaje os á abes a España en e el s. x ii y 1936. Op. Ci ., pp. 80- 81.
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p imi i o; bien al con a io, es un edi icio que con inúa exp esando su se de
es igio islámico y sigue p oclamando que sólo hay un Dios y que Mahoma es Su
en iado. Cuando el Homb e se de iene an e es e amplio luga sag ado se le hace
imposible domina , no di é el llan o pa a no exage a , pe o sí una sensación de
congoja en el pecho al e es a mezqui a aljama acía de musulmanes, desie a de
c eyen es en la unicidad di ina, especialmen e cuando esuena en sus oídos el eco
del ó gano, el can u eo de los que salmodian, la oz de los cu as y sace do es,
en ez de la llamada del almuédano, del deci «Dios es g ande» de los o an es y
de sus inclinaciones y p os e naciones. ¿Cómo no se a a escapa el co azón del
pecho, cómo no se a a hela la sang e en las enas cuando se piensa que lo que
ha pasado con es a mezqui a puede sucede con cualquie o o emplo de los
musulmanes, y que, mien as el Islam pe manecía en es e es ado, Eu opa con-
inuaba diciendo a oz en cuello que lo que se había a eba ado a la Media Luna
nunca ol e ía a ella? ¿Cómo no a el Homb e a mo i se de is eza cuando e
mezqui as que, en es a época nues a, se han as o mado en iglesias en Bulga ia
y en o os países que han sido sepa ados a la ue za del Islam y que, como dicen,
se han con e ido a la C uz?64
Mus a à Fa uj, en Viaje al país de la glo ia pe dida, esal a con conmo edo as
palab as la al a de luz de su in e io , ambién en sen ido me a ó ico, p o ocada
po el oscu an ismo c is iano:
Quien en a hoy en la mezqui a, iene que so p ende se necesa iamen e con la
in ensa oscu idad que eina en el luga y que hace imposible e nada, si no es
con g an es ue zo. La causa no es la al a de sol, pues sol hay mucho en es e país,
sino que algunos de los gobe nan es del emplo, que gus aban de las inieblas,
cega on odas las en anas pa a impedi que pene ase la luz y ce a on muchas
de las pue as, dejando en penumb a y en o al oscu idad odos los incones de
la mezqui a. De cie as esquinas eneb osas su gen unas macilen as elas, seme-
jan es a espí i us en e mos con es e o es de mue e, que simbolizan la agonía
del he moso, pe o desg aciado, a e en el co azón del luga . Po esos elones
esbalan unos ne ios de ce a, semejan es a las lág imas de una mad e que llo-
ase po sus hijos mue os. El humo se mezcla con el c epi a de la ce a y, a lo
lejos, apa ecen unos somb íos espec os que, en un espec áculo e ible, is e y
angus ioso, han hecho desapa ece oda la luz, odos los colo es y oda la belleza
que aquí había an es.65
El sonido de las campanas de su almina c is ianizado lo asocia el c is ia-
no libanés Abu Fadl al-Walid a las o aciones de los musulmanes:
¡Ay, mezqui a de Có doba!
¿No e aen al ecue do las campanas
la o ación del almuédano?66
64 Ibídem, pp. 176-177.
65 Ídem, pp. 215-216.
66 Ped o Ma ínez Mon á ez (1990). Li e a u a á abe de hoy. Mad id: Can A abia, pp. 44.
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También Medina Azaha a despie a la admi ación po el pasado á abe.
En «Can os de Medina Azaha a desde la o a o illa», el ma oquí Muhammad al-
Maymuni la e oca con nos algia:
Toda ía escucho, Azaha a,
el mu mullo de Abul-Walid
y palpo el uego de las lág imas y los besos
y me emb iagan el pe ume de la esbel a Wallada
y sus e sos en manos de esc i o es y p o e as.67
Una mezcla de sen imien os amo osos y eligiosos emba gan al ambién
ma oquí ‘Abd al-Ka im al-Tabbal al eco da la en «Can o a Medina Azaha a»:
¿En qué pue a de las uyas
me qui o el plumaje,
salgo de mí mismo,
hago mis abluciones en la albe ca del amo ,
me o ien o hacia o ien e
y ezo?68
Y Niza Qabbani ambién la e oca en su «Mensaje de amo a España»:
Busco los pa ios de las casas co dobesas, semb ados de lo es y de amo , los má -
moles que jun os —manos á abes con manos españolas— esculpimos en las na es
de la Alhamb a, en los pa ios de Medinaza a y en los ja dines del Gene ali e.69
El pa ecido en e las casas de Có doba y las á abes ambién lo e leja
Qabbani paseando po «Las calles de Có doba», an semejan es a las calles de su
Damasco na al:
Po la calles de Có doba,
a menudo,
me he me ido la mano en el bolsillo
pa a saca la lla e de mi casa
en Damasco...
Las aldabas de cob e de las pue as.
Las mace as de dalias y de lilas.
Las albe cas del cen o, como la pupila de la casa.
Los jazmines que epan a la alcoba
y nos caen po encima de los homb os.
La uen e, que es la niña mimada de la casa,
67 Abd Allah Djbilou (1990). El ema español en la poesía ma oquí ac ual, en Fe nando de Ág eda Bu illo. La aduc-
ción y la c í ica li e a ia. Ac as de las Jo nadas de Hispanismo Á abe (Mad id, 24-27 de mayo de 1988). Op. Ci ., pp. 249.
68 Ibídem.
69 Niza Kabbani (1965). Poemas amo osos á abes [ aducción y p ólogo de Ped o Ma ínez Mon á ez]. Mad id:
Ins i u o Hispano-Á abe de Cul u a, p. 127.
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y can a sin descanso.
Y a iba, las alcobas,
¡oh, qué g a os e ugios de esco !
Todo,
odo el mundo dichoso y pe umado
que odeó mi in ancia de Damasco,
me lo he encon ado aquí...
¡Oh, sí, seño a mía,
que me con emplas desde u celosía!
no emas...
si me la o las manos en u uen e pequeña,
o si a anco uno cualquie a de us jazmines.
No,
no emas si luego
subo po la escale a a una alcoba pequeña,
una alcoba pequeña que dé al no e,
de soleadas en anas
y lilas que desbo den los isillos.
No emas...
Una alcoba pequeña que dé al no e,
y con la cama hecha po mi mad e.70
Y Muhammad Fa id, al desc ibi las casas co dobesas en Viaje del año 1901 a
al-Andalus, sien e que no ha salido de su país:
Tienen un pa io odeado de columnas de má mol, en su cen o uen es con su -
ido es de agua y á boles, y en las en anas hay ejas de hie o. Has a al pun o se
pa ecen es as casas a las an iguas de Egip o, que yo c eí es a eco iendo uno de
los iejos ba ios de El Cai o.71
La cul u a y la sociedad en la Có doba andalusí
En gene al, los ex os escola es á abes compa an al-Ándalus, «pa aíso
pe dido» de la ci ilización á abe, con un a o o an o cha de cul u a y ensalzan sus
ja dines exube an es, su poesía e inada de la na u aleza y, aun mode adamen e,
su p oducción ag ícola.72 Y de ello se eno gullecen los á abes, iendo en su ci ili-
zación el ejemplo a segui en el p esen e.
70 Ped o Ma ínez Mon á ez (1988). 15 siglos de poesía á abe. Málaga: Li o al, pp. 365-366.
71 Nie es Pa adela (1993). El o o labe in o español: iaje os á abes a España en e el s. x ii y 1936. Op. Ci ., p. 176.
72 Mikel de Epalza (1972). «España y su his o ia is a po los á abes ac uales (a pa i de los ex os de enseñanza
media en Si ia)», Op. Ci ., p. 89.
Realidad y símbolo de Qu uba/Có doba en la li e a u a neo-á abe
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Al-Hakam II se á conside ado po Fá ima Me nissi, en Las sul anas ol i-
dadas, como el cali a que hizo de Có doba el p incipal cen o cul u al y cien í ico
de la época:73
Ibn Hazm, [...] conocido po no echa lo es en sus juicios a los sobe anos,
dijo que al Hakam [...] «puso su ene gía al se icio de las ciencias, que alo aba
eno memen e» [...] y ue uno de los que con i ie on Có doba en un g an cen-
o cul u al y cien í ico a a és de su polí ica sis emá ica de comp a de lib os en
odo el mundo y debido a su p o e bial gene osidad con los homb es de ciencia,
a quienes ap eció y hon ó.74
Niza Qabbani, en su he moso Mensaje de amo a Có doba, alaba el alan e
cons uc i o de los á abes al ins ala se en Có doba, en e al a án de des ucción
de o os conquis ado es:
Yo siemp e he elegido el colo e de pa a e a a la época á abe en la ciudad de
Có doba, ya que lo conside o el colo más exp esi o de la Na u aleza. Cuando
los á abes se es ablecie on en Andalucía, no emplea on más que el colo e de.
Su poesía, su p osa, su pensamien o y su conciencia ambién e an así. Los con-
quis ado es — odos los conquis ado es— han semb ado de espadas los luga es po
donde pasaban; en cambio, la conquis a á abe ue la p ime a que semb ó e sos
en luga de espadas. Es la p ime a conquis a que lle ó plan ones de palme as, de
na anjos, en edade as, jazmines y uen es de agua.75
Pe o al-Rihani, ec eando en La luz de al-Andalus la igu a del g an A e oes
un día que due me en la casa que se le a ibuye en Có doba, man iene con él en un
diálogo imagina io en que expone sus ideas sob e las causas cul u ales y polí icas
de la caída de al-Andalus y de la ac ual si uación de los países á abes, en especial
po que sus di igen es emplean la ue za y no el sabe , po la mezcla de eligión y
polí ica y po la al a de mode nización del islam:
—Pe o ues o acei e, seño , sigue iluminando sus lámpa as.
—Sí, en las lámpa as de los a anya [‘eu opeos’], no en las de los á abes. Eso se
debe a que con nues o acei e se ha mezclado mucha agua y los á abes no lo pu-
i ican an bien como ellos. Sí, se han mezclado con nues as ciencias muchas
supe s iciones, adiciones y quime as. Mi amos al mundo a a és de un elo,
73 Y su esplendo se in oca incluso en el siglo xxi; como señala Elena A igi a, se e oca al pa adigma de Có doba
incluso ue a del mundo á abe, como lo hacen la Co doba Funda ion de G an B e aña (2005), la Fundación
Pa adigma de Có doba (2010) o la Co doba Inicia i e de Es ados Unidos (2004): «El nomb e de Có doba
ha sido elegido pa a simboliza el momen o de la his o ia en el que los musulmanes, judíos y c is ianos con-
i ie on en paz y a monía y se c eó un p óspe o cen o de la ida in elec ual, espi i ual, cul u al y come cial
en la ciudad de Có doba». Véase Elena A igi a (2012). Las na a i as sob e el islam y Eu opa en un con ex o
local: Có doba como pa adigma, en Al-Andalus y el mundo á abe (711-2011): isiones desde el a abismo. G anada, Cá-
diz: Sociedad Española de Es udios Á abes (seea).
74 Fá ima Me nissi (1997). Las sul anas ol idadas. Op. Ci ., pp. 83-84.
75 Ped o Ma ínez Mon á ez (1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con empo ánea. La casa del pasado. Op. Ci ., pp.
157-158.
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que es el Islam. E a anspa en e y deslumb an e a eces, como lo ue el es ado
de Có doba en iempos de algunos omeyas [...]. Los á abes, es más, los musul-
manes, siguen en un cí culo es echo de la eligión, cuyos espesos lími es no
a a iesa la luz. El p íncipe sabio no sa is ace al pueblo y su p íncipe igno an e no
sa is ace a la éli e in elec ual; así que sólo puede gobe na median e la ue za, y la
ue za es algo malo y ep obable en es e iempo. [...] No e asomb e lo que digo:
el islam, hoy, sigue siendo como e a cuando yo enseñaba iloso ía en la Uni e si-
dad de Có doba, un islam eligioso, polí ico y social. El P o e a Muhammad ue
el p ime o que e igió la solida idad p opiamen e á abe (al-‘asabiyya) sob e es os
es pila es, pe o sus suceso es hicie on mal uso de ello. El cali a alzó su ce o
sob e la ie a y lo ex endió has a los cielos, y la eunión de las dos au o idades, la
polí ica y la espi i ual, pe judica a ambas. Es a mezcla de pode es, como la mezcla
de las ciencias, hace que sea lo eo lo p ime o que apa ezca y, c eciendo ápida-
men e, eche a pe de lo sano. Si al p opio P o e a se le p egun a a hoy po es a
mezcla, de segu o que no se mos aba sa is echo [...]. Es ad despie os, obse ad
bien, deseando odas las mani es aciones de la e dad y la exis encia, ansiándolas.
Y apa ad de los u os de aye los que no an con la mesa de hoy.76
Los á abes se eno gullecen e iden i ican con las pe sonalidades del mun-
do de la cul u a. Shawqi, as su des ie o en España, a a sen i se más ce ca de un
poe a de la nos algia (‘al-hanin’) como Ibn Zaydun —que se á la e e encia pa adig-
má ica de su poema «Andalusiya»— que de poe as panegí icos como al-Mu an-
nabi.77 Y sus amo es con Wallada los ecoge al-Kuzba i en «Los dos enamo ados
de Có doba. Wallada e Ibn Zaydun» (‘Ashiqa Qu uba. Wallada wa-Ibn Zaydun’), de En
la somb a de al-Andalus, señalando la doble pe enencia, á abe y española, de ambos
pe sonajes:
Pe enecen ambos a la época do ada de la poesía á abe en al-Andalus. De ellos
puede deci se que son á abes de O ien e po su lengua, su eligión, sus adi-
ciones y su pasado cul u al, a la ez que españoles po la de ensa que hacen de la
ie a donde nacie on y po el ambien e cul u al en el que i ie on, u o a su ez
del encuen o de la cul u a islámica con un medio occiden al.78
En «Wallada», del Romance o gi ano (‘Al-agani al-gaya iya’) del i aquí Hamid
Sa‘id, la poe isa simboliza la pa ia pe dida, la España-muje , deseada e inalcanza-
ble, que el poe a busca:
Su lecho es una pa ia,
que ella o ece a un in o mado , plagiado de e sos,
y cuando ése la aicionó,
se aco dó de mí.
76 Ca men Ruiz B a o-Villasan e (1993). Al-Mag ib al-Aqsà. Nu al-Andalus. Op. Ci ., pp. 653, 654 y 656.
77 Ped o Ma ínez Mon á ez (1992). Al-Andalus, España, en la li e a u a á abe con empo ánea. La casa del pasado. Op. Ci .,
pp. 45-46.
78 Ana Ramos (1990). Visión de España en la li e a u a á abe con empo ánea: dos ejemplos si ios. Op. Ci .,
p. 259.
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Te eo [muje ] mien as lle o de des ie o en des ie o
el pol o de la pa ia,
los sec e os pe iódicos, los poemas p ohibidos [...].
Donde mue e el poe a andaluz en las p isiones del nue o mundo
en el calabozo del úl imo jali a co dobés [...].
Ella dijo: Vi al úl imo ey de Có doba,
is emen e apoyado sob e su ono con el pa ido sable de made a,
como una pluma en el ien o sacudido.
Rodeábanle el poe a y el espade o, y el as ónomo eunuco
decía, mi ando ijamen e la bola de c is al:
Veo una nube oja sob e es a ciudad abie a
y de pechos co ados. Veo un águila eno me, Seño ,
colgada sob e i. Veo, Seño , hogue as po doquie ,
y a los pajes y escla as del alcáza mo i en enenados.
Te eo desnudo, ciego, mendigando,
en plena ía de Có doba.
Ella dijo: Y en onces indicó al espade o
que al poe a co a a la cabeza.
Pasó una noche. A la mañana,
el as ónomo eunuco ue quemado en el ho no
y se acabó el «Seño » [...].
Ella dijo, llo ando: En el e ugio de los hué anos
engañábamos a la policía a medianoche.
Y lle ábamos las e is as sec e as, los poemas p ohibidos, el uego,
has a los mausoleos, los conju os, los sac i icios, los ex o os.
Donde las muje es amo ajadas con los ha apos neg os y and ajosos.
Donde el poe a andaluz is e el sayo del ien o.
y llo a su pe dido amo de Có doba [...].
Bailamos cuando llo ió, y el ma amigo
llo aba su amo pe dido ya en el Mag eb. Ella dijo,
ú dices, y yo digo ambién:
Que el úl imo jali a de Có doba se mue e.91
Pe o, pa a esa Có doba pe dida, símbolo del mundo á abe que i e la
di ícil si uación ac ual, aún queda la espe anza en la lucha po el amo , la jus icia
y la libe ad enca nada en un Quijo e con empo áneo, al que can a el egipcio Mu-
hammad Ib ahim Abu Sinna en «Don Quijo e en su lecho de mue e» (‘Dun Kishu
‘alà i ash al-maw ’), de Ob as poé icas (‘Al-a‘mal al-shi‘ iya’):
El miedo esc ibe su nomb e sob e los mu os de Có doba.
La injus icia esc ibe su nomb e sob e los mu os de Có doba.
Y en las calles de la ciudad cas igada
se mue en sus p o e as,
los aman es se inden al más la go bos ezo.
Mien as el sol la cub e al pun o del c epúsculo
91 Ped o Ma ínez Mon á ez (1977). Explo aciones en li e a u a neo-á abe. Mad id: Ins i u o Hispano-Á abe de Cul-
u a, pp. 92-93.
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desde hace un siglo o más.
Heme aquí, en el lecho de mue e:
Ca gado de cadenas y de he idas.
En súplicas de jueces y es igos.
Abandonado en medio de un es ado de bá ba os.
Sob e mi iejo sable
a a esé los ma es de es e mundo caduco,
anhelando que el e de de las plan as
luye a po el iempo.
Salí en busca del homb e,
y lo encon é en los ojos de la muje más bella:
Dulcinea, la lejana.
Soñé con islas, suel as,
eco iendo los ma es:
Con un mundo de nobles caballe os.
Con segu idad y jus icia pa a odos.
Con el amo , del odo descubie o.
Soñé en pone a Có doba
encima de las lomas de una e de es ella
olande a en e somb a y luz,
sob e cuyas mejillas las nubes esc ibie an
poemas enca nados y ama illos.
¡He mosa Dulcinea! Soñé ambién
con un mundo en que los niños e an ángeles
y enían las muje es el co azón de o o;
con un as o en el ja dín de hojas pla eadas,
de amas en que los u os pe manecen
a lo la go del año.
Y soñé con palomas
que es aban anquilamen e en nues os homb os,
y, si lo deseaban,
cons uían su nido en nues as opas.
Mas ol í con he idas,
con esca necedo as ca cajadas;
con mi sable, en el pol o, des ozado
y lág imas llenando los ojos del co cel.
Y Có doba dejé:
Ciudad que la en u a no conoce.
Ciudad en donde manda la men i a.
Y en an o ú, lejana Dulcinea,
e pie des cual la au o a po los bosques,
yo mue o, as el ma ,
abandonado en medio de un es ado de bá ba os.
Si e llega el anuncio de mi mue e,
que no se llenen de lág imas us ojos
ni dejes que en mi en ie o
las muje es den g i os de dolo .
Que me lle en jine es
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y as la li e a suene el can o.
Po que no me a epien o
si he gas ado lo b e e de mi edad
luchando po un mundo lo ecien e
y me han ecompensado con he idas.
Veo ya los albo es de la au o a
po los mon es de O ien e
y eo ya las alas de la dicha
olando po el cielo de la mañana.
Pa a esc ibi su nomb e
en los mu os de Có doba.92
BIOGRAFÍA DE LA AUTORA
Cla a M.ª Thomas de An onio es p o eso a i ula de Es udios Á abes e Islámicos
de la Uni e sidad de Se illa y coo dinado a de su p og ama de doc o ado In e -
cul u alidad y Mundo A abo-Islámico. Especialis a en Li e a u a Á abe Mode na y
Con empo ánea, su his o ia y su sociedad, ha aducido y analizado ob as de au o-
es como ‘Abd al-Rahman al-Yaba i, Nayib Mah uz, Ib ahim Aslan, Fadwà Tuqan,
Hanna Mina, Gada al-Samman, Niza Qabbani, Ri a‘a ‘A a, Nasib ‘A ida, Fawzi
al-Ma‘lu o Abu l-Qasim al-Sabbi; ha es udiado en a ios a ículos el e lejo de
Se illa, Có doba o G anada en la li e a u a á abe mode na; y ha coedi ado el olu-
men El sabe en al-Andalus. Tex os y es udios i (2006).
RESUMEN
En es e a ículo se eúnen y comen an nume oso ex os de li e a os á abes mode -
nos y con empo áneos de di e sas geog a ías, es uc u ados en o no a dos ejes:
el p ime o ecoge los ex os que se e ie en de o ma igu osa a la his o ia de la
Có doba andalusí y a sus gobe nan es, a la ciudad y al esplendo de su cul u a; el
segundo ecoge los ex os que se e ie en al alo simbólico que iene pa a ellos
odo lo expues o en el an e io .
PALABRAS CLAVE
Có doba, al-Andalus, Li e a u a Á abe Mode na, Li e a u a Á abe Con empo ánea.
ABSTRACT
In his pape a e ga he ed and discussed nume ous li e a y ex s o mode n and
con empo a y A ab au ho s o di e se geog aphies, s uc u ed a ound wo axes:
he i s con ains he ex s e e ing igo ously o his o y o Andalusian Co doba
and hei ule s, he ci y and he splendo o i s cul u e; he second con ains he
ex s ha e e o he symbolic alue o hem in he men ioned g ounds.
92 Rosa Isabel Ma ínez Lillo (1990). Ap oximación a la igu a de D. Quijo e en la poesía egipcia con empo á-
nea, en Fe nando de Ág eda Bu illo. La aducción y la c í ica li e a ia. Ac as de las Jo nadas de Hispanismo Á abe (Mad id, 24-27 de
mayo de 1988). Op. Ci ., pp. 321-322.
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KEYWORDS
Co doba, al-Andalus, Mode n A abic Li e a u e, Con empo a y A abic Li e a u e.
Cla a M.ª Thomas de An onio
ﺺﺨﻠﻤﻟﺍ
ﻝﺎﻘﻤﻟﺍ ﺍﺬﻫ ﻊﻤﺠﻳ ﻖﻁﺎﻨﻣ ﻦﻣ ﻥﻭﺭﺪﺤﻨﻳﻭ ﺮﺻﺎﻌﻤﻟﺍﻭ ﺚﻳﺪﺤﻟﺍ ﺮﺼﻌﻠﻟ ﻥﻮﻤﺘﻨﻳ ﺏﺮﻋ ءﺎﺑﺩﺃ ﺹﻮﺼﻧ ﻦﻣ ﺍﺩﺪﻋ ﺶﻗﺎﻨﻳﻭ
ﺔﻔﻠﺘﺨﻣ ﺔﻴﻓﺍﺮﻐﺟ .ﻦﻴﻨﺛﺍ ﻦﻳﺭﻮﺤﻣ ﻦﻴﺑ ﺹﻮﺼﻨﻟﺍ ﻩﺬﻫ ﻉّﺯﻮﺘﺗ : ﻖﻴﻗﺩ ﻞﻜﺸﺑ ﺞﻟﺎﻌﺗ ﻲﺘﻟﺍ ﺹﻮﺼﻨﻠﻟ ﻊﻤﺠﺑ ﻝﻭﻷﺍ ﻡﻮﻘﻳ
ﺎﻬﻘﻧﻭﺭﻭ ﺎﻬﺘﻓﺎﻘﺛ ءﺎﻬﺑﻭ ﺔﻨﻳﺪﻤﻠﻟﻭ ﺎﻬﻣﺎﻜﺤﻟﻭ ﻲﺴﻟﺪﻧﻷﺍ ﺮﺼﻌﻟﺍ ﻲﻓ ﺔﺒﻁﺮﻗ ﺦﻳﺭﺎﺗ . ﺭﻮﺤﻤﻟﺍ ﺎّﻣﺃ ﻚﻠﺗ ﻊﻤﺠﻴﻓ ﻲﻧﺎﺜﻟﺍ
ﻖﺑﺎﺴﻟﺍ ءﺰﺠﻟﺍ ﻪﻟ ﺽﺮﻌﺗ ﺎﻣ ﻞﻜﻟ ﻢﻬﻟ ﺔﺒﺴﻨﻟﺎﺑ ﺔﻳﺰﻣﺮﻟﺍ ﺔﻤﻴﻘﻟﺍ ﺞﻟﺎﻌﺗ ﻲﺘﻟﺍ ﺹﻮﺼﻨﻟﺍ.
ﺔﻴﺣﺎﺘﻔﻤﻟﺍ ﺕﺎﻤﻠﻜﻟﺍ
ﺮﺻﺎﻌﻤﻟﺍ ﻲﺑﺮﻌﻟﺍ ﺏﺩﻷﺍ ،ﺚﻳﺪﺤﻟﺍ ﻲﺑﺮﻌﻟﺍ ﺏﺩﻷﺍ ،ﺲﻟﺪﻧﻷﺍ ،ﺎﺑﻭﺩﺭﻮﻛ.
Realidad y símbolo de Qu uba/Có doba en la li e a u a neo-á abe