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— 123 — CAPÍTULO VIII AMAZONÍA ECUATORIANA: CONSTRUCCIÓN DE IMAGINARIOS A TRAVÉS DE LOS SIGLOS Msc. Jessica Paola Mantilla Salgado Universidad de Cádiz/ Universidad Técnica del Norte Resumen Como los espacios de disputa en el mundo, donde se enfrentan dos o más realidades, los discursos del poder construyen imaginarios, según su contexto. Esto parece ser el caso de la Amazonía ecuatoriana, un pequeño territorio en tan vasto entorno clave ahora en la situación ambiental, que a través de casi cinco siglos ha visto –y le han vistodesde diferentes maneras. El propósito de este artículo es, por un lado, analizar cuál ha sido los motivos de la creación de tal o cual narrativa, pero también evidenciar cómo a inicios del siglo XXI las miradas parecen repetirse. De allí la necesidad de, en primer término, acudir a los orígenes. Así, el 24 de junio de 1542 Francisco de Orellana, extremeño de 30 años, -en plenas campañas de conquista de la Corona española en el Nuevo Mundose enfrentó a unas mujeres aguerridas que portaban flechas mientras, sin conocerlo, conocía el Gran Río. A falta de una descripción, las llamó amazonas, con clara influencia del mito helénico. Si en el siglo XVI las especias eran una ilusión para los conquistadores, por el País de la Canela, ahora es, en menor grado, la ayahuasca en medio de sus alucinaciones. Sin embargo, como si la época colonial permaneciera inmutable, la ensoñación de El Dorado sigue presente: ahora la búsqueda del oro podría ser comparada con la explotación petrolífera y, en menor escala, por los nuevos destinos turísticos, que incluyen a los lodge con visión anglosajona, como la panacea para esta región que representa apenas el 2% del territorio de la cuenca amazónica pero que, al igual que ésta, enfrenta los mismos desafíos. En las revistas ecuatorianas especializadas como Ecuador Infinito y Terra Incógnita, aunque existe una mirada más condescendiente que se emparenta con lo ecológico, aún la construcción de una mirada poscolonial subsiste. Ese, acaso, sea el reto: mirar a la Amazonía como si alguien nos mirara desde la selva ya sin su carcaj. Palabras clave: Amazonía, Francisco de Orellana, Amazonas, Ayahuasca, El Dorado, País de la Canela, Ecuador.
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— 125 — 1. Amazonas, los primeros encuentros El nombre de río Amazonas fue bautizado por el conquistador extremeño Francisco de Orellana, que inició su periplo en 1541, cuando tenía 30 años, por un hecho fortuito: mientras se encontrada en la búsqueda de la prodigiosa tierra de El Dorado, se enfrentó a mujeres valerosas que le recordaron a las amazonas, del mito griego, quienes se cercenaban el pecho para tener mayor soltura en el lanzamiento de las flechas, mientras cabalgaban con destreza. De hecho, el nombre proviene del griego “amazós”: sin pecho, una leyenda que vendría del Asia Menor, de la región de Capadocia. Se sabe, además, que en esa contienda Orellana perdió un ojo, por lo que fue llamado el Tuerto del Amazonas, quien terminó el azaroso viaje de ocho meses iniciado junto a Gonzalo Pizarro, este último perdido en la enmarañada selva tuvo que volver a Quito y terminaría decapitado por los suyos. Lo que casi nunca se dice: 4.000 indígenas, la mayoría de los cuales perdieron la vida en el descubrimiento del Gran Río, en una expedición que contó con 340 soldados españoles. De hecho, en los primeros tiempos, tras los sucesos de conquista, los españoles, como por ejemplo Pizarro y Almagro, estuvieron cuatro años en disputa por el control del Cuzco. Orellana, quien se embarcó a América, a los 16 años, fue parte de esos años que cambiaron al mundo, por las implicaciones que produjo la presencia de América. Como se sabe, las ambiciones en definitiva por el oro de las nuevas tierras provocaron una suerte de guerra civil, que incluía deserciones como es el caso de Lope de Aguirre, retratado en la película Aguirre, la cólera de Dios, del cineasta alemán Werner Herzog. Esa atracción por la idea del encuentro con mundos fabulosos también estuvo presente en los versos de Juan de Castellanos, quien marchó a América apenas a los 16 años, en el siglo XVI. En el poema Fascinación Del Dorado escribió: Dijo más: las venidas son continas (sic)/ allí para ser ofrecimientos / de joyas de oro y esmeraldas finas / con otras piezas de sus ornamentos, / y afirmando ser cosas fidedinas (sic): / los soldados alegres y contentos / entonces le pusieron El Dorado / por infinita vías derramado (Citado en Benites Vinueza, 2002). Las disputas entre los primeros conquistadores fueron notables. Los Pizarro tuvieron, aunque después un destino trágico, una importancia capital. Así, Gonzalo Pizarro había sido nombrado por su hermano Francisco como Gobernador de Quito. Tenía jurisdicción sobre Popayán, Cali, Portoviejo y la recién fundada ciudad de Guayaquil. Fue a Gonzalo Pizarro quien se le ocurrió la idea de buscar otros rumbos y se alió con su pariente el joven Francisco de Orellana quien, al final por buscar víveres, dejó atrás a su mentor, lo que en algunos biógrafos se ha tildado como traición.
— 126 — Apenas se hizo cargo del gobierno de Quito, Gonzalo Pizarro creyó llegado el momento de llevar a la práctica su idea extender sus dominios al País de la Canela. Muchos historiadores y cronistas han narrado la hazaña de esta expedición que sirvió de asunto a varios poemas, dramas y aún comedias como la de Tirso de Molino, en donde se cuenta en romance castellano la gran aventura desde cuando renunció el marques Francisco Pizarro (Carrera Andrade, 2002, p. 21). El 24 de junio de 1542 la expedición fue atacada por feroces indias guerreras, que les hicieron recordar a las mitológicas mujeres "amazonas", particularidad que terminó marcando el nombre de aquel río y de toda la región, según se lee en El Descubrimiento y la Fundación de los Reinos Ultramarinos: hasta el sigo XVI - Volumen VII (Lucena Salmoral, 1982). El mito de las amazonas las sitúa en el ámbito heleno. Robert Graves (2001) en el libro Los mitos griegos, señala: Hay quienes dicen que Teseo participó en la triunfal expedición de Heracles contra las amazonas… Algunos dicen que las amazonas solo ofrecieron condiciones para la paz después de cuatro meses de dura lucha… (p.118). Pero cuando partió Orellana en esa aventura de ocho meses, que inició en Quito y terminó en la desembocadura del Gran Río y de allí a España, no había oído hablar de tales mujeres. Los hechos, han sido relatado en diferentes fuentes. Así, el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade (2002) señala: De esta manera, se figuró que a la orilla del gran río salían a atacarle mujeres guerreras o amazonas cuando eran quizás indios de cabellos largos… En el diario de navegación de fray Gaspar se puede leer estas frases escritas con toda seriedad…Estas mujeres son muy blancas y altas y tienen muy largo el cabello y entrenzado y revuelto la cabeza, y son membrudas y antes desnudas en cueros, tapadas sus vergüenzas, y con sus arcos y flechas en las manos haciendo tanta guerra como diez indios (p. 25). Los acontecimientos se inscriben en el siglo XVI, en América, nombre también construido. De hecho, la noticia sobre estas nuevas tierras llegó a otras partes de Europa a través de las cartas del navegante florentino Américo Vespucio (Florencia, 1454-Sevilla, 1512), quien participó en grandes viajes de exploración por las costas de lo que hoy conocemos como Sudamérica. Al regresar del último viaje, Vespucio, escribió en 1504 una carta en la que afirmaba que este territorio era “la cuarta parte del mundo”, y añadía: “Yo he descubierto el continente habitado por más multitud de pueblos y animales que nuestra Europa, Asia o la misma África”. (Citado en Foro Innovación y emprendimiento, CFN, pie del editor sobre la conferencia de Raúl Rivera Andueza, 2014).
— 127 — También, como si se tratara de una leyenda, la evocación de las amazonas está presente entre la frontera de la historia y la literatura, como se lee en el tomo I, Los nacimientos, de Memorias del Fuego, de Eduardo Galeano (1982): Habían oído hablar de estas mujeres y ahora creen. Ellas viven al sur, en señoríos sin hombres, donde ahogan a los hijos que nacen varones. Cuando el cuerpo pide, dan guerra a las tribus de la costa y les arrancan prisioneros. Los devuelven a la mañana siguiente. Al cabo de una noche de amor, el que ha llegado muchacho regresa viejo. Orellana y sus soldados continuarán recorriendo el río más caudaloso del mundo y saldrán a la mar sin piloto, ni brújula, ni carta de navegación. (p. 123). Desde la novela histórica, en este caso de George Millar (1957), en el libro Orellana descubre el Amazonas, se puede leer: Entonces las vi por primera vez, entre el nutrido grupo. Había diez o doce; eran altas, bien parecidas, de cabellos trenzados y de tez pálida. No usaban sino un pequeño taparrabo. Llevaban arco grande en un carcaj lleno de flechas. Las puntas de éstas eran metálicas, como pude advertirlo mientras preparaba mi ballesta y una de las mujeres hundió su flecha en el costado del “Victoria” (p 259.). Ha sido desde la versión de la novela histórica que como si se tratara de la mirada de Orellana, con su visión de un solo ojo de las amazonas, se lo ha transformado a veces en un héroe épico. Esto, curiosamente por escritores ecuatorianos, como es el caso de Leopoldo Benites Vinueza (2002), con el libro Argonautas de la selva, que hace clara referencia –otra vez- a los mitos griegos y las proezas de Jasón, para realizar una comparación con los primeros conquistadores quienes no iban en afán expedicionario, sino de apropiación de los recursos. Así, en el primer párrafo de la presentación se lee: “La Conquista es la más fascinante novela de caballería de la historia” (p. 25). Dicho por quien fuera diplomático y ocuparía la 28 presidencia del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1973. Estas visiones que retrataban a un Orellana mítico aún persistían en estos años, cuando las primeras petroleras ingresaban en la Amazonía, como lo hizo en 1967 la Texaco, cuando perforó el primer pozo para iniciar la explotación de manera comercial. Según esta mirada, Orellana quien se embarcó a América a los 16 años, quien presenció la ejecución de Atahualpa cuando tenía 22, es visto como el prototipo de hombre de mando: “cauteloso y prevenido”; “duro, fuerte, resuelto”; “enérgico y suave”; “generoso y manirroto”; “le guía la ambición más que la avaricia”; “suave y amable”… (Benites. 2002. p.18)
— 128 — Esta imagen también estaban presentes en los textos escolares del último cuarto del siglo XX, cuando en los poemas se lo ponía así: “Orellana el hombre altivo / y el valiente gran Pizarro / han cruzado muchos hombres / muchos hombres a caballo... En el relato de Benites Vinueza (2002) se sugiere que los conquistadores tuvieron que crear nuevas visiones del mundo ante lo que habían hallado. Crear un mundo de conceptos míticos similares a los que vivían en los libros de caballería... Las noticias vagas y las consejas repetidas fueron tejiéndose más seductores mientras más confusas. Habían peligros descomunales y habitaban allí seres fantásticos. Se hablaba de tribus de mujeres guerreras: las Huarmi Aucas, como las nombraban en el dulce quechua de la serranía, a las que los hispanos, con vagas evocaciones renacentistas, impregnadas de helenismo, comenzaron a llamar las Amazonas (p.28). Sin embargo, es necesario también señalar que el tema ha sido tratado con rigor histórico, como es el caso del libro “La región amazónica del Ecuador en el siglo XVI” de otro ecuatoriano José Rumazo González. Estos acontecimientos que designan el nombre Amazonas, sucedieron en los primeros años de la llegada de los llamados conquistadores. Esta fue la primera mirada sobre el también llamado “Pulmón del planeta”. Después llegarían las misiones, principalmente jesuíticas. Por largos siglos, al no encontrarse el mentado El Dorado ni el País de la Canela, este lugar quedó en el olvido. Al fin y al cabo, estos dos imaginarios que se refieren, el primero a lugares fabulosos y ciudades donde las leyendas relataban como fulgurantes de oro, donde los reyes se cubrían con polvo dorado y reverenciaban a las lagunas; y por el otro, la mención de la canela que tiene relación a la búsqueda de las especias exóticas, tal como suponía Cristóbal Colón en su viaje a la India (de allí también la denominación de indios, a los nativos de América). En lo que se refiere al segundo tema, de las especias, Benites Vinueza (2002) señala que Atahualpa, antes de su ejecución, había regalado a Francisco de Pizarro, unas flores traídas de la región oriental, “una selva vasta, perpetuamente verde y recorrida por ríos sin fin”: Esas flores de ishpingo afiebraron, junto con la leyenda El Dorado, las mentes hispanas: era la canela, la riqueza morena y odorante de la especiería. Y si el oro encendían la imaginación de los aventureros, las especias ejercieron también una fascinación irresistible sobre sus mentes apasionadas. Para buscar especias habían ido los españoles y portugueses de tumbo en tumbo hasta las playas lejanas en donde la soledad tiene palabras de espuma. Para buscar especias fue Colón en pos de las Islas del Poniente y se encontró con un continente tendido entre los mares.
— 129 — Para buscar especias fue Magallanes con sus cinco naves dejando en torno del mundo un cinturón de espumas (p. 27). Sin embargo, al no encontrar tan ansiados tesoros, en los próximos siglos la región que tanta esperanza había dado a los primeros conquistadores cayó en el olvido. Acaso, para resumir esta época y entender cómo cambió hacia la subsiguiente es necesario señalar que también se mostró en las narrativas una idealización de esos primeros intentos de encontrar oro y especias, lo cual no ocurrió. Aunque la marginalidad de la colonización y la precariedad de las comunicaciones con el resto del territorio provocaron el encapsulamiento de la región oriental durante el período colonial, el imaginario republicano construyó un pasado legendario, que habría tenido lugar durante la etapa de la dominación española, caracterizado por la riqueza de los recursos mineros y naturales del territorio y la fundación de «ciudades» florecientes. Este enfoque se apoyó en los textos de diversos historiadores coloniales, especialmente los de Juan de Velasco y fue reproducido por numerosos autores ecuatorianos de la etapa republicana. (Esvertit, 2001. p. 542). Así, el primer mapa del Amazonas recién lo trazó el jesuita alemán Samuel Fritz en 1707. Quienes llegarían desde el temprano siglo XVII ya no buscarían ni el oro ni las especias sino la redención de las almas de los nativos, representada en las misiones jesuíticas. Esto también estuvo acompañado de los relatos de las rebeliones de los indígenas, como las de Quijos en 1578 y la de Macas en 1599 y esto, a la postre, también significó que en los próximos siglos, cuando fue necesario, se apelara a la ferocidad de los nativos, como se verá más adelante. Es necesario precisar que todos los países de la cuenca amazónica, Colombia, Perú, Bolivia, Brasil, Venezuela o Ecuador, comparten historias comunes. La Amazonía con 5,5 millones de kilómetros cuadrados es considerado como el pulmón del planeta. Para el caso de Ecuador, que representa únicamente el 2% de la cuenca amazónica aunque es la mitad de su territorio, con una superficie aproximada de 116.000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, el país andino es considerado como uno de los más megadiversos del mundo. Para Patricio Trujillo (2001): Conquistar a los habitantes salvajes de la selva, y fundar ciudades en nombre de su rey y de su Dios, fue uno de los principales objetivos de las expediciones españoles a las selvas amazónicas. Sin embargo, los indios nunca fueron dominados, y las pocas fundaciones y misiones que lograron consolidar los blancos, fueron sistemáticamente asechadas y devastadas por los nativos. Es entonces, cuando la imagen de caníbales, feroces
— 130 — guerreros, brujos y hechiceros aliados del demonio, sin Dios ni ley, se consolida entre los indios de tan alejada zona (p.13). Desde los lejanos tiempos de las amazonas, el Ecuador precisaba durante la época republicana otros elementos para entender a la Amazonía. Si bien desde una visión neoclásica y romántica, pintores como Rafael Troya, quien era parte de un proyecto político, habían mostrado los paisajes remotos, el país parecía recién tomar conciencia de este vasto territorio, pero únicamente desde algunas de sus élites. Pero, como se señala desde la época colonial, la mirada hacia los indígenas se mantuvo con una clara dependencia a lo que el poder, cual quiera que este fuera, lo dictara. Sin embargo, esto no podría entenderse sin plantear que los acontecimientos sucedidos en los primeros años de la colonización, es decir en el siglo XVI, continúa repercutiendo hasta nuestros días. Así lo han postulado diversos autores, entre los cuales se encuentra precisamente el ecuatoriano Bolívar Echeverría (2013), quien ha creado una categoría: el ethos barroco. La modernización de la América Latina en la época “barroca” parece haber sido tan profundo que las otras que vinieron después –la del colonialismo ilustrado en el siglo XVIII, la de la nacionalización republicana en el siglo XIX y la de la capitalización dependiente en este siglo, por identificarlas de algún modono han sido capaces de alterar sustancialmente la que ella fundó en su tiempo (p.57). Por eso, Natália Esvertit (2001) señala, para la época republicana: Federico González Suárez, quien proporcionó una nueva perspectiva enriquecida por sus planteamientos como político y polemista en torno a temas relacionados con esta región y que caracterizó la idiosincrasia del Oriente como una realidad desarrollada al margen de la historia nacional: “Esa región tiene su historia propia, la cual debía ser contada por separado, porque los sucesos que acontecieron en aquella región no tuvieron influencia ninguna en la vida de la sociedad ecuatoriana durante la colonia, ni contribuyeron en nada para la prosperidad de ella, ni para su decadencia. Fueron, al principio, una esperanza halagüeña y, por lo mismo, fascinadora así para los conquistadores españoles, como para los misioneros de las diversas Órdenes religiosas; mas, al fin, tanto para conquistadores como para misioneros se convirtieron en una realidad desconsoladora”. (González Suárez citado en Esvertit, 2001. p. 567). Como se notará, es según el sentido y relación con los intereses que se produce un cambio radical del imaginario de los indígenas amazónicos. Precisamente, en las últimas dos décadas ha surgido otra visión que también va acompañada, para el caso de Ecuador, de un sostenido reconocimiento a la pluriculturalidad y plurinacionalidad del país, presente en su Constitución. Pero, como se sabe, la región amazónica es fragmentada hay una línea que es interesante analizar: el turismo, esa construcción de la época industrial.
— 131 — No hay que dejar a un lado, obviamente, otras disputas que aún se producen como es el tema petrolero, porque allí está el mayor recurso del país, la situación de los llamados colonos, la infraestructura desarrollada y, por supuesto, una visión ambiental de la zona. En este sentido, Patricio Trujillo (2001) en el libro Salvajes, civilizados y civilizadores, señala: Ante el desastre ambiental y económico que resulta para las poblaciones locales la extracción agresiva de recursos minerales en la región amazónica ecuatoriana se presenta el turismo y especialmente al “ecoturismo” como una alternativa viable para mejorar y potenciar la calidad de vida de los habitantes de esta zona (p.134). Y como si se tratara de una fiebre, aunque no de oro, el texto afirma que incluso los estudiantes de la región se han volcado al estudio de estas carreras vinculadas al turismo y, obviamente, las ofertas incluyen saberes ancestrales que ahora son mostrados con una tarifa. Rápidamente en este nuevo paradigma ingresa también el discurso de las agencias desarrollo y de ayuda técnica internacional quienes financian estos proyectos, apoyando a los grupos indios para que desarrollen sus propios proyectos de eco y etnoturismo (p.135). Así, un filón más que adecuado es el shamanismo, convertido en objeto turístico para un mundo hiperconectado que debe dejar las grandes urbes para encontrar algo de espiritualidad en la exótica región del Amazonas, como en las piedras sagradas de Machu Picchu. Y allí una pregunta latente: ¿Es el turismo una de las alternativas? Además, ¿Qué tipo de turismo? El turismo se presenta como una de las vías para mejorar las condiciones de vida de una población, incluyéndola en programas participativos, en donde las identidades locales venden su exotismo y naturalismo frente a ávidos turistas extranjeros que desean convivir en los espacios tribales del salvajismo y folcklorismo (Trujillo, 2001. p. 136). Es en este contexto, poniendo énfasis en los orígenes del nombre y lo que designa la Amazonía, se analiza dos revistas ecuatorianas especializadas que han dedicado trabajos sobre este tema. La primera Terra Incógnita, vinculada más a la difusión de temas ecológicos y culturales, así como Ecuador Infinito, una publicación del grupo editorial Trama, que –como dicenbusca recorrer el Ecuador y sus potencialidades. Hay que anotar que las dos no son estrictamente publicaciones de características turísticas donde, como se sabe y sucede en Internet, promocionan directamente el shamanismo. Cabe destacar que la palabra, de origen siberiano, está aceptada para definir el conocimiento ancestral de un sabio que, para el caso ecuatoriano