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Forjadores de la paz: de la polis a la Ilustración

Abstract

Lo que me propongo en este artículo es hacer un breve recorrido histórico desde la polis a la Ilustración para tratar de demostrar que, históricamente, ha habido dos visiones del mundo, dos concepciones morales, dos postulados antropológicos e históricos

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Forjadores de la paz: de la polis a la Ilustración

Author: Villaverde Rico, María José
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2014
Source: https://idus.us.es/bitstreams/6e585afc-6d0a-4745-acdf-4d138c5a9a96/download
A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 16, nº 32. Segundo semes e de 2014.
Pp. 173-196. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/a auca ia.2014.i32.09
Fo jado es de la paz: de la polis a la Ilus ación
Peace make s: om he polis o he Enligh enmen
Ma ía José Villa e de Rico1
Uni e sidad Complu ense de Mad id (España)
Recibido: 23-04-14
Ap obado: 25-05-14
Resumen
Lo que me p opongo en es e a ículo es hace un b e e eco ido his ó ico
desde la polis a la Ilus ación pa a a a de demos a que, his ó icamen e, ha
habido dos isiones del mundo, dos concepciones mo ales, dos pos ulados
an opológicos e his ó icos opues os que han condicionado la mane a de en ende
la gue a y la paz. T a a é de a gumen a que es as dos líneas de pensamien o
es án sus en adas sob e dos concepciones ideológicas, el libe alismo y el
epublicanismo, y que solo el en oque libe al pe mi e da pasos signi ica i os en
el camino hacia la paz.
Palab as-cla e: Polis, Ilus ación, Gue a y paz, Libe alismo y epublicanismo.
Abs ac
Wha I am ying in his a icle is o make an his o ical ou look om he polis
o he Enligh enmen o p o e ha , his o ically, he e ha e been wo iews, wo
mo al concep ions, wo opposi e an h opological and his o ical unde s andings,
ha ha e condi ioned he way wa and peace ha e been unde s ood. I will
y o a gue ha hese wo lines o hough a e suppo ed on wo ideological
concep ions, libe alism and epublicanism, and ha only he libe al app oach
allows o signi ican s eps on he oad o peace.
1 ([email p o ec ed]) Ma ía José Villa e de es ca ed á ica de Ciencia Polí ica de la U. Complu ense de
Mad id. Ha abajado sob e el pensamien o de la Ilus ación (Hobbes, Spinoza, Rousseau, Dide o …), y sob e
emas como el cosmopoli ismo del XVIII y los o ígenes del nacionalismo, la ambi alencia del pensamien o
ilus ado y las aíces del acismo, el legado ilus ado y el an i eminismo del XIX, e c. Sus lib os más ecien es
en equipo son: Skep icism and Poli ics in he XVII and XVIII (Lau sen and Paganini, eds.), U. To on o P ess,
2014; Pa adoxes o Religious Tole a ion in Ea ly Mode n Poli ical Though (Lau sen and Villa e de, eds.),
Lexing on Books, 2012; J.J. Rousseau (1712-2012) (Van S aen, ed.), Uni . B uxelles, 2012.
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A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 16, nº 32. Segundo semes e de 2014.
Pp. 173-196. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/a auca ia.2014.i32.09
Key-wo ds: Polis, Enligh enmen , Wa and Peace, Libe alism and Republicanism.
Que la his o ia de la humanidad es un la go osa io de gue as no es más
que un luga común. Po ceñi nos al mundo occiden al, la gue a e a el elemen o
ca alizado , el eje de la exis encia de la polis. Esas sociedades mayo i a iamen e
ce adas, au á quicas y eplegadas sob e sí mismas, alimen aban los alo es
gue e os como un medio de man ene su independencia en e a las es an es
poleis y a los impe ios ecinos. El comba e o o gaba igualmen e a la ida cí ica
la dimensión ascenden e que el mundo del oikos, aquí icamen e ci cunsc i o
a la p oducción y a la ep oducción, negaba. La inmo alidad eque ía o o
escena io. Jun o a la a ena pública, donde los buscado es de aplausos a aban
con su o a o ia de seduci a la asamblea, la gue a e a la o a ins i ución que
depa aba glo ia a los in épidos. No hay que ol ida que la polis se e guía sob e
la a e é, el p es igio, la admi ación y el elogio, la eudoxía, que la colec i idad
o o gaba como ecompensa al que más des acaba. No se p emiaba al bueno,
sino al mejo . La idea misma de a e é apa ece inculada con la excelencia o
supe io idad. La eudaimonía pe seguía el lo ecimien o del ciudadano en a as
de la comunidad, no su elicidad indi idual. Y el gancho que se ía de es ímulo
pa a desa olla ales i udes e a la compe encia e oz pa a sob esali .
Es a isión de la ida buena que, ampa ada en el pa io ismo y la en ega a
la colec i idad, omen aba los alo es gue e os, se de aluó con el helenismo.
Con la ins au ación de la mona quía helenís ica, las poleis pe die on su
au onomía (es deci , la capacidad de da se el nomos, la ley), la ida polí ica se
ue disol iendo y los alo es cambia on. La doc ina es oica p opagó ideales
nue os como la a e nidad uni e sal y la igualdad de odos los se es humanos,
ensanchando así el es ic i o concep o de igualdad de la polis (igualdad en e
iguales), que omen aba el desp ecio hacia los desiguales (muje es, escla os)
y el desdén hacia los ex anje os (bá ba os)2. Como pa ícipe del Logos
uni e sal, el homb e -no ya el ciudadano- adqui ió una dignidad desconocida
has a en onces. En la cosmopolis es oica, egida po la azón y donde la
ciudadanía se ía un de echo de odos, la gue a no end ía cabida. Pe o el
paci ismo implíci o en la doc ina es oica no pudo de ene ni las conquis as de
los macedonios ni las de Roma.
Sin emba go, esa doc ina paci icado a que impulsó sen imien os
compasi os y lemas como consola al que su e o se i al p ójimo, se in il ó
en el cí culo de los Escipión y dejó su imp on a sob e las cos umb es y el
de echo omanos. Roma gi ó hacia el humani a ismo y omó conciencia de la
necesidad de un de echo lo su icien emen e amplio pa a ampa a a odos los
2 Conside ados po A is ó eles como se es in e io es. A is ó eles, La Polí ica, Mad id, Edi o a
Nacional, 1981 (2ª ed.), cap. II, pág. 49.
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se es humanos. Se dic a on leyes pa a p o ege a los escla os con a la c ueldad
de sus amos, se o o gó a la muje capacidad ju ídica y se elabo ó un de echo de
gen es, el ius gen ium, pa a espalda a quienes no e an ciudadanos omanos.
El paci ismo es oico ma có ambién a un judío omano empapado de cul u a
helenís ica, Pablo de Ta so. G acias a él, los nue os alo es uni e salis as y
espi i ualis as cala on en la sec a judeo-c is iana y o o ga on a su doc ina una
ape u a ecuménica, ascendiendo el ma co his ó ico de Is ael. El Mesías de
los judíos se con i ió así en el Sal ado de la humanidad y el componen e
“nacionalis a” quedó sub e ido an e su cosmopoli ismo.
A pesa de la in luencia humanizado a del c is ianismo, en los p ime os
siglos de la Edad Media el gue e o seguía gozando de ca isma y p i ilegios y
odo un es amen o de la población eje cía esa ac i idad. Es cie o, sin emba go,
que cuando las gue as de conquis a de los ca olingios cesa on, y la lucha de
los bella o es po el bo ín se asladó al in e io del Impe io, desencadenando
oda sue e de desmanes, pillajes y apiñas con a los clé igos y sie os de los
dominios, la al a conside ación social de los gue e os quedó empañada. La
ideología de la Paz de Dios, p opagada po los monjes cluniacenses en el siglo
XI, puso in a la iolencia in e io , encauzando el con lic o hacia los enemigos
ex e nos. Con las c uzadas, la gue a con a el in iel quedó legi imada como
gue a jus a que pe seguía un obje i o san i icado. Con el iempo, la e lexión
sob e el concep o de gue a jus a, que emp ende á Vi o ia, sen a á las bases
pa a el nacimien o del de echo in e nacional.
En el siglo XVI, los con lic os bélicos se agudiza on aún más como
consecuencia del descub imien o de Amé ica y de las gue as de conquis a y
de eligión. La conquis a y colonización de las ie as ame icanas se jus i icó
p ime o con a gumen os a is o élicos y, más a de, en los siglos XVII y XVIII,
se legi imó la supe io idad eu opea sob e los indios u o os pueblos apelando a
una di e sidad de a gumen os3. Sal o a as excepciones como el Séneca de las
Ca as mo ales a Lucilio, la mayo ía de los pensado es occiden ales acep aba
la esis, de o igen bíblico, de la pe e sidad de la na u aleza humana debido
a la caída o iginal, y asumía que, dada la maldad del homb e, la gue a e a
ine i able.
A pa i del siglo XVII, con el su gimien o del acionalismo, se p odujo
una in lexión en el ema de la gue a. Se ascendie on las bienin encionadas
lamen aciones de los mo alis as y ilóso os del Renacimien o que se limi aban
a condena mo almen e la gue a, a ale a sob e sus e ec os de as ado es,
3
Desde la eo ía del clima, que se impond á en el siglo XVIII, a la esis de la di e sidad de azas
debida a la exis encia de un ances o p e-adami ae, sos enida po La Pey è e. No deja de se pa adójico
que, pa iendo de la igualdad y libe ad de odos los homb es (Hobbes, Locke) -una concepción sin
duda e oluciona ia pa a la época- muchos au o es ilus ados legi ima an la sup emacía eu opea.
Richa d H. Popkin, “The Philosophical Basis o Eigh een h-Cen u y Racism” (en Ha old E. Paglia o
ed., Racism in he Eigh een h Cen u y, Cle eland&London, The P ess o Case Wes e n Rese e
Uni e si y, 1973), pág. 246.
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a educa a los p íncipes en la mansedumb e y a exho a los a domina sus
ímpe us gue e os. Y se elabo a on p opues as polí icas, modelos acionales
de o ganización social pa a pone diques a la maldad humana y desac i a los
en en amien os en e los homb es. Tales in en os su gie on al calo de los
descub imien os de la ísica y de la as onomía (Tycho B ahe, Copé nico),
as cons a a que, mien as en el cosmos eina la a monía y la egula idad, la
sociedad humana es á sume gida en el caos y la a bi a iedad. Tal con adicción
esul aba pa icula men e hi ien e a unos homb es que c eían en la azón y
p e endían acionaliza un mundo que pe cibían como ingobe nable.
Ningún pensado supo desc ibi mejo que Hobbes ese eino de la insociable
sociabilidad del que habla á Kan más de un siglo después, y al que los au o es
pos e io es busca án pone emedio. Pe o la ob a hobbesiana deno a además un
cambio de men alidad. Ya no se a a de inc imina al se humano po su maldad
como hacían los mo alis as, de Mon aigne a Pascal o La B uyè e, sino de acep a le
como es, como un compues o de azón y de pasiones. En los ex os de Hobbes se
apun a ya, no solo la supe ación del dualismo ca esiano, sino el econocimien o
del homb e en su o alidad y en su ambigüedad. Un econocimien o que ha á
suyo Spinoza, negándose a emi i juicios sob e la bondad o maldad de un se que,
siendo una pa e más de la na u aleza, es á de e minado po leyes uni e sales.
Hobbes es el g an sub e so , cuya c udeza y, en ocasiones cinismo, le
con ie e en un pe sonaje incómodo pa a la biempensan e sociedad inglesa,
más p ocli e al ono conciliado de Locke medio siglo después. Hobbes es
quien ompe con la he encia pla ónico-a is o élica y ma ca la línea di iso ia
que inaugu a la mode nidad. Es él quien da es imonio de los cambios con
que i umpe el mundo mode no, an o en el e eno de la jus icia (que él
de ine, en e a la ieja escuela escolás ica p eñada de mo al, como el me o
cumplimien o de los pac os) 4, como en el de la economía (sepa ándola, de
mane a asép ica, de la mo al y negando la exis encia de un p ecio “jus o”5), y
quien se a e e a econoce que el alo de un homb e es, como en el caso de
las es an es me cancías, el p ecio es ablecido po el me cado6.
Hobbes no solo hace un magis al e a o psicológico del homb e del siglo
XVII en el ma co del incipien e desa ollo del capi alismo, sino que emp ende
un análisis de las elaciones sociales que se á asumido, de una mane a u o a, po
odos los au o es pos e io es, de Spinoza a Locke, de Mon esquieu a Rousseau.
A pesa de las c í icas y e icencias que susci a on sus ob as, p ohibidas en
1666 bajo la acusación de a eísmo y quemadas en Ox o d después de su mue e
en 1679, sus concepciones an opológicas se án el pun o de e e encia obligado
de los pensado es de los siglos XVII y XVIII.
4
Le ia án, Mad id, Edi o a Nacional, 1983, cap. XV, pág. 239.
5 Cómo si ue a injus icia ende más ca o de lo que se comp a, i oniza. Le ia án, cap. XV, pág. 245.
6
Le ia án, págs.190-191. Suena ex aña es a ase de esonancias p e-ma xis as.
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Su desc ipción del es ado de na u aleza como una si uación de gue a
(decla ada o la en e) de odos con a odos, ma ca las elaciones en e unos
homb es á idos de sa is ace sus ape i os e inme sos en una pe manen e ca e a
en pos de la consecución de un deseo as o o, que solo e mina con la mue e7.
En la búsqueda de esos bienes escasos que odos codician – iquezas, glo ia,
pode - se en ec uzan in e eses y es alla la gue a8. Una gue a pe manen e que
la oz de la azón exige de ene . Pe o aunque su manda o se hace oí a a és
de las dos p ime as leyes de la na u aleza, que p omue en pau as acionales
de con i encia y de paz, el homb e, dominado po sus pasiones, apenas las
escucha. Hobbes jus i ica ese compo amien o apa en emen e poco acional
alegando que los homb es siguen las leyes na u ales cuando quie en y cuando
pueden “hace lo sin iesgo”9.
En su isión mecanicis a, an p opia del acionalismo del siglo XVII,
Hobbes desc ibe el desga o de un homb e escindido en e ue zas con a ias,
el manda o de las leyes de la na u aleza que le conminan a alcanza la paz, y las
pasiones que le conducen a la gue a. Finalmen e, el ec o dominan e, el de
las pasiones, se impone. Nada pod ía hace la azón pa a esca a al se humano
de ese es ado de gue a incesan e sin la coope ación de una pasión a ollado a
que le inci a ambién a pac a , el miedo a la mue e10. Así, o zados a pac a ,
los homb es eligen po mayo ía un sobe ano cuya misión consis e en pone in
a la gue a. Po que el es ado apa ece en el Le ia án como el seño de la paz,
al que los indi iduos del es ado de na u aleza ceden odo su pode y ue za
(obse emos que no se habla de de echos) en a as de su segu idad11. De la
mul i ud de indi iduos en en ados su ge así una Ci i as (Res pública o Es ado,
en é minos mode nos), ep esen ada po el sobe ano, cuya única inalidad es
impone la paz y la de ensa común.
No hay po pa e de Hobbes in e és alguno en de ende una mona quía
absolu a pe se, algo que sus con empo áneos moná quicos no le pe dona on.
A apado en e los absolu is as que aún c eían en la doc ina del de echo
di ino de los eyes, que el au o del Le ia án había sus i uido po la eo ía
del con a o social12, y unos pa lamen a ios de enso es de una sobe anía
compa ida en e el ey y el Pa lamen o, Hobbes ue una igu a es igma izada
po unos y o os. Aún hoy, el es igma de de enso del absolu ismo pa ece
7
Ese mo imien o incesan e en pos de la elicidad que de ine el mundo mode no poco iene que e
con el ideal a is o élico del eposo (summum bonum). Le ia án, cap. XI, pág. 199.
8
Le ia án, cap. XVII, págs. 263-268. Se ía in e esan e comp oba las eces que apa ecen en es e
capí ulo las palab as gue a e insegu idad.
9
Le ia án, cap. XVII, pág. 263.
10
Le ia án, cap. XIII, pág. 226.
11
Le ia án, cap. XVII, pág. 267.
12
Aunque su de ensa del Es ado absolu o no p esuponía necesa iamen e la mona quía como o ma
de Es ado, e incluso una epública como la de C omwell cumplía los equisi os es ablecidos en el
Le ia án, la acogida del bo ado en el Lond es de 1650 ue hos il.

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pe segui le y se aduce en una an ipa ía casi ins in i a po pa e de más
de un in es igado . Pe o es necesa io insis i en que Hobbes solo concibe
el absolu ismo de mane a ins umen al. Es e dad que el indi iduo cede al
es ado odo su pode , pe o al igual que lo cede en la democ acia spinozis a
pa a asegu a se un ma co de segu idad y es abilidad que le pe mi a dedica se
a sus asun os p i ados. La di e gencia en e ambos au o es consis e en los
medios pa a log a lo13. Pe o en ambos impe a un indi idualismo que es la
ma ca inequí oca de las ideas libe ales.
Ins au a un es ado ga an e de la paz in e io e a la al e na i a al p oblema
de la gue a que con emplaba la mayo ía de los au o es libe ales de los siglos
XVII y XVIII. Sin emba go, la c eación del es ado no acababa con el p oblema
de la gue a, an solo lo desplazaba al ámbi o ex e io . Fue a de sus on e as,
cada es ado pe manecía en si uación de con lic o con las es an es naciones.
Ins au a la paz más allá de las on e as del es ado se á el siguien e e o al
que se en en a án algunos au o es del siglo XVII y que domina á el escena io
polí ico del XVIII.
Siguiendo la es ela de los eólogos españoles del siglo XVI como
F ancisco de Vi o ia con su De iu e belli, pensado es como G ocio a a on en
el siglo XVII de es ablece no mas pa a egula las elaciones en e los es ados
y pa a impone un o den acional en la sociedad in e nacional. De iu e belli
ac pacis, de 1625, que alcanzó once ediciones en la ín y doce en holandés,
mues a el in e és que el ema susci aba en la época. El de echo de gen es,
aho a secula izado – eco demos que G ocio a i maba que el de echo na u al
exis i ía aunque no exis iese Dios- y que más a de se ía conocido como
de echo in e nacional, iniciaba su andadu a y cob a ía en el XVIII un auge
no o io an o en el plano doc inal como en el ins i ucional. También se agudizó
el deba e sob e la lici ud de la gue a y las condiciones que la hacían jus a.
La sensibilización an e el ema de la conquis a y colonización de los pueblos
indígenas, que las ec iminaciones y condenas de los eólogos españoles como
ay Ba olomé de Las Casas o F ancisco de Vi o ia habían despe ado, se i á
inc emen ando has a culmina en el siglo XVIII en los alega os an icolonialis as
de Dide o en la His o ia de las dos Indias.
Den o de es a paula ina oma de conciencia an ibelicis a, las gue as
de eligión del siglo XVI habían ma cado un hi o, al auspicia un clamo en
demanda de paz que se ex endió po Eu opa. Uno de los máximos exponen es
de ese p ime paci ismo del siglo XVII ue el lib o de Eme ic C ucé, Le
13
Hobbes enuncia a la libe ad mien as que Spinoza insis e en que, a pesa de su pode absolu o, el
indi iduo no puede enuncia a de e minados de echos: “Cada indi iduo sólo enunció, pues, al de echo
de ac ua po p opia decisión, pe o no de azona y de juzga ” pues “El in del Es ado, epi o, no es
con e i a los homb es de se es acionales en bes ias o au óma as, sino log a más bien que su alma
(mens) y su cue po desempeñen sus unciones con segu idad, y que ellos se si an de su azón lib e”.
T a ado Teológico-polí ico (ed. de A ilano Domínguez), Mad id, Alianza, 1986, cap. XX, pág. 411.
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Nou eau Cynée ou Discou s d’Es a ep esen an les occa ions & les moyens
d’e abli une paix gene alle, & la libe é du comme ce pa ou le monde.14,
publicado en 1623 en F ancia. C ucé e a hijo de un miemb o de la Liga, el
pa ido ca ólico ex emis a que, en 1572, había p opiciado la masac e de
hugono es du an e la noche de San Ba olomé. T auma izado po los ac os de
iolencia que había p esenciado, ideó un plan de paz de alan e muy di e en e
al de su con empo áneo Maximilien de Bé hune, duque de Sully, conocido
como el “G and Dessein” y publicado en sus memo ias, en 1640 y 166115. Es
cie o que mien as el p oyec o de C ucé en el que se inspi aba Sully, caía en
el ol ido, el de és e, a ibuido a En ique IV de F ancia de quien ue amigo y
conseje o, se con i ió en e e encia obligada en los a ados y p oyec os de
paz pos e io es. Sin emba go el esc i o de C ucé, de más al os uelos, es un
conmo edo ejemplo de ole ancia, humani a ismo y cosmopoli ismo así como
un espe uoso in en o de sal agua da los in e eses de odas las naciones y de
espe a sus posesiones.
Ninguno de los a ados pos e io es, sal o al ez el de Kan , da p ueba de
una concepción an ele ada y de un amo po la humanidad an sen ido. “Solo
hago humildes o os que se án posiblemen e inú iles. He que ido, sin emba go,
deja es e es imonio a la pos e idad. Si no si e de nada, paciencia. Es poca
cosa gas a papel y palab as, y algunos de los que lean es e pequeño esc i o me
lo ag adece án y hon a án mi memo ia”16. Alejado de la e ó ica habi ual, su
isión de la ie a como una ciudad común a odos los homb es donde ige el
de echo de hospi alidad (que Kan e oma á), se ap oxima a las concepciones
uni e salis as es oicas.
El ex o de Sully, po el con a io, se mue e en pa áme os di e en es. No
le animan sen imien os humani a ios como el su imien o o la mise ia de los
pueblos encadenados a gue as sin in, ni ampoco ideales cosmopoli as como
los que impulsan a C ucé, sino un obje i o p agmá ico y polí ico como es el
debili amien o de la Casa de Aus ia. Pe o habla de paz en el ma co de la Gue a
de los T ein a Años es a c edibilidad a un plan que as oca comple amen e
el mapa eu opeo, que cambia on e as y ocea es ados. Escudándose en
el desequilib io geopolí ico de Eu opa que, desde el siglo XVI, e a uen e
pe manen e de con lic os en las elaciones in e nacionales, p oponía educi los
es ados eu opeos a quince y elimina el impe io uso y u co. Esa “Eu opa de los
quince” es a ía compues a po seis einos he edi a ios: F ancia, España, G an
B e aña, Dinama ca, Suecia y Lomba día, seis es ados elec i os: el Papado,
Venecia, el Impe io, Polonia, Hung ía y Bohemia, y es epúblicas ede a i as:
la República Hel é ica, la República de I alia y la República de los Belgas.
14 Pa is, Chez Jacques Ville y, 1623.
15 Be na d Ba biche, Sully. L´Homme e ses idèles. Pa is, Faya d, 1997.
16 Le nou eau cynée, op., ci ., pág. 226. La aducción de odas las ob as en ancés es mía
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A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 16, nº 32. Segundo semes e de 2014.
Pp. 173-196. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/a auca ia.2014.i32.09
Es a ía di igida po un Consejo gene al -idea que oma de C ucé- in eg ado
po sesen a plenipo encia ios, que egula ía las elaciones en e cada sobe ano
y sus súbdi os, y end ía au o idad pa a impedi la cons i ución de gobie nos
i ánicos en el in e io de los es ados miemb os. Seis consejos pa icula es
di imi ían las di e encias en e los es ados en e sí. El Consejo gene al ija ía el
con ingen e de homb es que cada po encia end ía que p opo ciona así como
las espec i as con ibuciones económicas, y di igi ía las ope aciones mili a es
y el epa o de las conquis as. De es a mane a, según Sully, Eu opa goza ía de
una paz pe pe ua.
Si la p opues a de Maximilien de Bé hune se ci cunsc ibía al ámbi o
eu opeo y eclamaba una unión de la Eu opa c is iana con a el Impe io u co,
ememo ando la “Ci i as Ch is iana” medie al, el lib o de C ucé, e dade o
alega o a a o de la paz uni e sal, ascendía las di e encias eligiosas y
apos aba po un acue do en e c is ianos, u cos, paganos y judíos17. En
su Fede ación, jun o a los mona cas c is ianos y al Papa, debían sen a se
el ep esen an e del Impe io u co y los eyes de Pe sia, China, Mongolia y
Ta a ia. F en e al obje i o que Sully ma caba a la Alianza eu opea de hace la
gue a a los musulmanes, incu iendo en la con adicción de que e es ablece
la paz a a és de la gue a, C ucé mues a una ole ancia y un espe o a la
di e sidad de c eencias ex ao dina iamen e mode nos. Y pide ole ancia
pa a odas las eligiones alegando que, a pesa de las di e encias de i os y de
ce emonias, odas pe siguen el mismo in.
Lejos de exho a a los mona cas c is ianos a uni se con a los u cos o
a a a de debili a a unas po encias pa a a o ece a o as, como hace Sully,
C ucé des ela las causas que inci an a la gue a y lanza un du o a aque con a el
hono , una i ud que se alcanza con ecuencia median e el de amamien o de
sang e. A su juicio, ninguna causa jus i ica la gue a, ni siquie a la ecupe ación
de un ono usu pado. La adicalidad de su discu so paci is a, en una época que
alo aba po encima de odo las i udes gue e as, esul a so p enden emen e
ac ual.
Desde inales del siglo XVII, el deba e sob e la paz se con i ió en ma e ia
a o i a de discusiones y esc i os. La posibilidad de una paz du ade a en e los
es ados eu opeos e a una idea que lo aba en el ambien e. De Leibniz a Ben ham,
de Sain -Pie e a Kan , los pensado es eu opeos elabo a on p opues as y las
Academias con oca on p emios li e a ios. Muchos de es os esc i os como el
del landg a e E ns de Hesse-Rhein els, el de William Penn, el de Maye o los
de La Ha pe y Gailla d, p emiados po la Academia ancesa en 1767, caye on
en el ol ido. O os como el de Sain -Pie e adqui ie on ama in e nacional.
El mismo Leibniz, que en su ju en ud había soñado con la ins au ación de
una República c is iana uni e sal que, a pa i de Alemania, se i ía ex endiendo
17
C ucé o o ga al sul án un ango p eeminen e, si uándole después del Papa y an es del Empe ado .
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Fo jado es de la paz: de la polis a la Ilus ación
A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 16, nº 32. Segundo semes e de 2014.
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en ases sucesi as al Sac o Impe io Romano, a Eu opa, a Rusia y a China, has a
aba ca odo el uni e so, se in e esó po el ema. Como señala Concha Roldán18,
algunas de sus p opues as son e oluciona ias; po ejemplo, la de c ea un Banco
mundial con olado po el Consejo gene al, donde los sobe anos eu opeos
end ían deposi ado pa e de su capi al, que les p oduci ía in e eses, pe o que
les se ía e enido en caso de in ingi las sen encias del ibunal eu opeo. F en e
a la buena olun ad de los sobe anos en la que se basaba Sain -Pie e, Leibniz
ecu ía a ga an ías mucho más sólidas. O a de sus inicia i as, la c eación de
sociedades cien í icas o de sabios como las Academias, buscaba ascende los
in e eses pa icula es de las espec i as naciones, eje ce in luencia sob e los
es ados y se i a los in e eses uni e sales. Es as Socié és de gens de le es –o
República de las Le as, como se las conoció en el siglo XVII– con ocación
cosmopoli a, enían como obje i o la unión de los homb es de conocimien o
po encima de las di e encias eligiosas y de las ba e as polí icas. Su emb ión
ue la Royal Socie y o London y las edes de co esponsales que, como el pad e
Me senne en F ancia, pusie on en con ac o a pensado es y cien í icos eu opeos,
de Hobbes a Desca es y de Spinoza a Boyle, y di ulga on sus ob as y sus
descub imien os.
La celeb idad de Sain -Pie e en la Eu opa del siglo XVIII se debió en g an
pa e a la di usión de sus ideas po pa e de Rousseau. Ello le alió el í ulo de
após ol de la paz uni e sal –aunque al ez es e a amien o co esponde ía con
mayo jus icia a o os au o es–. En F ancia, la mona quía ole ó sus p opues as
que conside aba como los sueños quimé icos e imp ac icables de un isiona io.
Se le ca alogaba más como una especie de p edicado que como un polí ico
y se le dejaba pon i ica po que nadie le hacía mucho caso. En sus ca as a
Fede ico de P usia, G imm i onizaba sob e lo absu das que e an sus ideas, y
Vol ai e se e e ía con so na al “op imismo bea o del bonzo Sain -Pie e”19.
E a muy ci ado pe o poco leído po que su desp ecio hacia el es ilo y la o ma,
de lo que se anaglo iaba, con e ía sus esc i os en ilegibles. E a an ingenuo
como acionalis a. Rousseau cuen a en sus F agmen s e no es su l´abbé de
Sain -Pie e20 que el aba e conside aba un debe p oc ea y que enía siemp e
a su se icio a una si ien a en edad é il con quien enía elaciones sexuales,
pe o a quien se negaba a oca una ez encin a. De es e modo engend ó una
coho e de hijos bas a dos a los que p opo cionaba o icios ú iles (sal o el de
peluque o).
Sain -Pie e e a miemb o del club de l’En esol, un cí culo e o mis a
undado en 1720 po el aba e Ala y, que se eunía los sábados po la a de
18
“Los p olegómenos sob e la paz pe pe ua” (en Robe o R. A amayo, Ja ie Mugue za, Concha
Roldán, eds., La paz y el ideal cosmopoli a de la Ilus ación, Mad id, Tecnos, 1996).
19 S en S elling-Michaud, In oducción a los Ec i s su l´Abbé de Sain -Pie e (en Œu es
complè es de J.-J. Rousseau, Pa is, Gallima d, 1964, III), pág. CXXIV.
20 Œu es complè es de J-J. Rousseau, op. ci ., pág. 660.
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Rousseau lo denig a39. En el P oyec o de Cons i ución pa a Có cega, acusa
al come cio de des ui la ag icul u a, de ele a los impues os y de a uina al
país40, y o ece como opción p escindi de la moneda e implan a el ueque y
la au a quía pa a p ese a la independencia41.
La al e na i a de ce a se a cal y can o al ex e io di icul a acome e planes
de paz o emp ende acciones que pudie an acaba con la gue a. Pe o, además,
¿sob e qué bases se es ablece ía una con ede ación de pequeñas naciones?
¿Qué c i e ios de posible acep ación gene al pod ían p opone se? ¿El espe o a
los de echos indi iduales, que es inexis en e en la sociedad ideal del Con a o
social42? ¿La ole ancia eligiosa, que es ambién desconocida en su modélica
ciudad-es ado, donde los a eos y los “papis as” quedan excluidos y donde los
es an es ciudadanos se en o zados a c ee en Dios bajo pena de des ie o o
de mue e43?
Las esis ousseaunianas conducen a es a siemp e a la de ensi a, a
mi a con ecelo odo lo ex e io , y a una de ensa a ul anza de los alo es
p opios. És e es el alan e que dela an sus dos p oyec os de cons i ución pa a
Có cega y Polonia, en los que se pe cibe un ue e sen imien o de emo an e
la p opagación de los disol en es hábi os ex anje os44. Fo alece la iden idad
nacional median e adiciones imposibles de desa aiga . Le an a ba e as
in anqueables como las que alza on los g andes legislado es de la An igüedad,
los Numa, Solón y Moisés, pa a p o ege a sus pueblos de las es an es naciones
e impedi les mezcla se con ellas 45. Y sob e odo hace del amo a la pa ia
la pasión sup ema. Es as son las ece as que Rousseau o ece a los co sos y
a los polacos pa a con e i los en “pa io as po inclinación, po pasión, po
necesidad”46, y pa a que cada ciudadano “desde que ab e los ojos no ea más
que la pa ia y has a su mue e no ea o a cosa”. De ahí su consejo de no deja la
educación en manos de ex anje os o sace do es que pod ían inculca pelig osas
ideas humani a ias y cosmopoli as. Pues, como a i ma en las Ca as esc i as
39
“Los an iguos polí icos hablaban sin cesa de cos umb es y de i ud; los nues os solo hablan
de come cio y de dine o”. Discou s su les Sciences e les A s (en Œu es complè es, . III, op., ci .),
pág. 19. Ve ambién no a IX del Discou s su l’O igine de l’Inégali é, OC III, p. 206: “De la sociedad
y del lujo que engend a nacen (...) el come cio (...) y odas esas cosas inú iles que hacen lo ece la
indus ia, en iquecen y conducen a la uina a los es ados”.
40 P oje de Cons i u ion pou la Co se, op., ci ., p. 920.
41 P oje de Cons i u ion pou la Co se, op., ci ., pp. 914-916.
42
En e ec o, a pesa de que en un pá a o del Discou s su l’Economie poli ique (en OC III, pp.
256-257) y, bajo la in luencia de Locke, econoce dichos de echos, an o el es o de la ob a como sus
o os esc i os y, en pa icula , el Con a social (lib o II, cap. III), se enca gan de desmen i lo.
43
Con a social, lib o IV, cap. VIII.
44
Es cie o que Có cega y Polonia e an íc imas de la codicia de las po encias eu opeas, en un caso
de Géno a y en el o o de Rusia. Aun así, la al e na i a p opues a po Mably, en el caso de Polonia, de
ilus a a los polacos e inco po a los a Eu opa, con as a con la posición de Rousseau de man ene los
aislados y a la de ensi a.
45 Considé a ions su le gou e nemen de Pologne, op., ci ., pp. 957-58.
46 Considé a ions su le gou e nemen de Pologne, op., ci ., p. 966.

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desde la Mon aña, el pa io ismo y el humani a ismo son incompa ibles47. Y
como a i ica en su ca a a Monsieu Vs e i del 30 de ab il de 1763, el espí i u
pa ió ico “es un espí i u exclusi o que nos induce a mi a como ex anje o y
casi como enemigo a odo aquel que no sea nues o conciudadano”48.
El pesimismo his ó ico de Rousseau y su descon ianza en la azón humana
y en la posibilidad de acue dos y consensos de i an así en una exal ación de las
di e encias, de lo que desune, de lo nues o en e a lo ajeno, que conduce a la
di isión, al en en amien o, al con lic o, e imposibili a, de hecho, la consecución
de la paz49. Po ello cualquie in en o de egula las elaciones in e nacionales,
de mejo a el en endimien o en e los pueblos, esul a baldío. Po que, en el
ondo, a pesa de la apa en emen e op imis a isión que nos p esen a de la
na u aleza humana en el segundo Discu so, Rousseau no c ee en el homb e.
No c ee en las posibilidades de p og eso mo al del indi iduo, po pequeñas que
puedan se . De ahí que solo pueda soña con idílicas sociedades o madas po
u ópicos ciudadanos pe ec os50.
F en e a la u opía ousseauniana, los ilus ados nunca p e endie on
cons ui sociedades pe ec as pues, como solía deci Kan , con la made a
o cida de la humanidad no se puede cons ui nada ec o51. Po ello se limi a on
a edi ica ma cos de con i encia donde los se es humanos pudie an desa olla
sus po encialidades en paz. In en a on c ea o mas de asociación que no
coa asen la pe sonalidad de cada uno y que pe mi iesen el despliegue lib e
de la indi idualidad.52 Acep a on al se humano como es, con sus limi aciones
y sus mezquindades, y a a on de saca pa ido de sus de ec os o, al menos,
de neu aliza los. Eso es lo que p e endía, po ejemplo, Mon esquieu quien,
econociendo el ansia in ini a de pode que anida en el co azón humano,
a aba de pone le co o, oponiendo unos pode es a o os en su amosa eo ía,
llamada inco ec amen e de la di isión de pode es53. Esa es ambién la esis de
47 Las iloso ías humani a ias c ean homb es jus os y aman es de la paz y son po ello muy
bene iciosas pa a el géne o humano, pe o muy pe judiciales pa a las naciones po que disuel en
los lazos polí icos. Le es éc i es de la Mon agne (en Œu es complè es de J-J. Rousseau op., ci .,
OCIII.) p.706, no a.
48 Co espondance géné ale de J-J. Rousseau, Pa is, A mand Colin, 1924, IX, p. 265. Lo esencial,
sos iene en Emile (en Œu es complè es de J-J. Rousseau, op., ci ., . IV) pp. 248-249, es se buenos
con nues os ecinos, como lo e an los espa anos que aun siendo ambiciosos, a a os e injus os con
los ex años, e an desin e esados, jus os y pací icos con los suyos.
49
La esis que sos engo es opues a, po ejemplo, a la de S anley Ho mann en “Rousseau, la gue e
e la paix”, op., ci ., pp. 54 a 62.
50
A los que se ha a ancado el egoísmo y la insolida idad pues las buenas ins i uciones sociales
son las que mejo saben desna u aliza al homb e. “El que se a e e a ins i ui un pueblo, debe sen i se
capaz de cambia , po deci lo así, la na u aleza humana”. Con a social, op., ci ., p. 381.
51
Es a a i mación apa ece an o en Ideas pa a una his o ia uni e sal en cla e cosmopoli a como
en su ensayo sob e la eligión. Es ambién una idea que Isaiah Be lin epi e cons an emen e.
52
Tal obje i o une en una misma línea de con inuidad a au o es como Spinoza o Kan pe o ambién
a Tocque ille o John S ua Mill pe o dicha línea cie amen e no pasa po Rousseau.
53
No hay di isión de pode es po que, como es sabido, el ejecu i o iene de echo de e o sob e los
p oyec os de ley del legisla i o, po que el legisla i o es á acul ado pa a examina cómo se cumplen
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Mande ille en La Fábula de las abejas54, donde expone la conocida pa adoja
de que los icios p i ados cons i uyen bene icios públicos, y de que la anidad,
la a a icia, el o gullo y odos aquellos asgos del homb e que, desde el pun o
de is a de la mo al c is iana, se de inen como icios, son en ealidad la ue za
mo iz que hace p ospe a a la sociedad. Y lo mismo pensa on Adam Smi h55,
con su eo ía de la mano in isible, y Kan , pa a quien el an agonismo es el
medio de que se si e la na u aleza pa a log a sus obje i os56. Bien enida sea
la i alidad, pensaban es os au o es, que obliga a los homb es a compe i y a
desa olla lo mejo de sí mismos. Sin ella las es an es cualidades humanas
do mi ían el sueño e e no. Sin ella la sociedad se ía un pá amo.
Los homb es de las luces descub ie on así la ambigüedad de lo eal y
asumie on que el bien puede nace del mal y que de la inmo alidad y del egoísmo
de los indi iduos pueden su gi la cul u a y la ci ilización57. Es a c eencia les
dio alas pa a e o ma el mundo. No es que ce asen los ojos an e la e idencia
de la maldad humana ni an e el hecho de que en las elaciones in e nacionales
eina la ley del más ue e. Kan no negaba la maldad del homb e ni enía buena
opinión de los mona cas eu opeos, siemp e dispues os a u iliza a sus súbdi os
como ca ne de cañón, pe o con iaba en la posibilidad de in oduci e o mas
an o en las ins i uciones como en la mo al, sin auma ismos, g acias a los
u os de la ilus ación.
P obablemen e Rousseau son ei ía de mane a i ónica an e al mues a de
ingenuidad. Y menea ía, escép ico, la cabeza an e el dicho kan iano de que
has a un pueblo de diablos puede ins au a una buena o ganización polí ica58,
simplemen e haciendo uso de su azón. Y desde luego duda ía de que la
paz pueda se undada. Po que según Kan , enemos la obligación mo al de
in en a lo. Del mismo modo que la azón exige a los homb es asocia se en un
es ado pa a pone in a sus con lic os, les impone ambién supe a la gue a en e
las naciones e ins au a una Unión de es ados. Ya no es su icien e con le an a
un mu o de con ención an e la pe e sidad humana, como p e endía Hobbes en
el Le ia án. La c eación de un Es ado mundial cosmopoli a59 e a, pa a Kan ,
las leyes, y po que los nobles no son juzgados po ibunales o dina ios. Se ía más co ec o habla de
equilib io de pode es.
54
Ve el lib o de Es he Pascual López, Be na d Mande ille. Legi imación de la an asía y o den
espon áneo. Mad id, Sequi u , 2000.
55
Pa a una compa ación en e Mande ille, Adam Smi h y Rousseau, se puede consul a el lib o
clásico de Lucio Colle i, Ideología y sociedad, Ba celona, Fon anella, 1975, p. 278 y ss.
56
No en o aquí a discu i si las concepciones kan ianas sob e iloso ía de la his o ia, al in oduci
como ga an ía de la paz a la na u aleza y, en consecuencia, una cie a idea de P o idencia, e minan
pe i iendo el obje i o de Kan . C . el a ículo ci ado de Concha Roldán, p. 150 y ss.
57 Ve , po ejemplo, Ideas pa a una his o ia uni e sal en cla e cosmopoli a de Kan , Mad id,
Tecnos, 1987, p. 9 y ss.
58
Kan , La paz pe pe ua, Mad id, Tecnos, 1985, pp. 83-84.
59
Pa a alcanza dicho obje i o, Kan es ablecía, en su opúsculo sob e la paz pe pe ua, una se ie
de condiciones p e ias en e las que cab ía des aca , además del p incipio de la buena e que debía
guia las negociaciones, la desapa ición o al y p og esi a de las ue zas a madas, la no in e ención
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un impe a i o de la azón po que solo en ese ma co se ía posible acaba con la
gue a60. Ese Es ado de pueblos debe ía egi se po un de echo cosmopoli a –ya
eclamado po C ucé- que ga an iza ía la hospi alidad uni e sal a cualquie se
humano que eco iese el plane a61.
Kan asumía que la ins au ación del Es ado uni e sal y la paz pe pe ua e an
ideas i ealizables, y que las naciones e an enuen es a “sac i ica su sal aje libe ad
sin eno”, a cede una pa e de su sobe anía y some e se a leyes in e nacionales.
Si las naciones se a e aban a su independencia y echazaban cons i ui se en un
Es ado de naciones, en onces p oponía, en luga de la idea posi i a de una epública
uni e sal, el ecu so nega i o de una “Fede ación” de pueblos pa a p e eni las
gue as. Esa “Fede ación” no debía inmiscui se en los asun os in e nos de los
es ados, ni ampoco exigi la cesión de una pa e de su sobe anía, eniendo como
única misión p o ege a sus miemb os con a posibles a aques. Podía abandona se
en cualquie momen o y debía se eno ada de iempo en iempo. Es a Liga de
los pueblos o “Völke bund”62, é mino que designa á o icialmen e en alemán a la
Sociedad de Naciones cons i uida en 1920, se di e enciaba del me o a ado de paz
en que és e ponía é mino a una gue a mien as que el obje i o de la “Fede ación”
e a pone in a odas las gue as. El ca ác e p o isional de es a asociación no
e a óbice, según Kan , pa a a anza hacia la epública uni e sal siemp e que se
log a a a icula una unión en o no a algún pueblo ilus ado –él enía en men e a la
República ancesa- que si ie a de núcleo aglu inan e a o os es ados. Aho a bien,
mien as no se alcanzase el obje i o del Es ado uni e sal y pe du a a el es ado de
na u aleza en e los es ados, el de echo a la gue a segui ía igen e, y su lici ud
se ía econocida an e de e minados casos de ag esión o de amenaza al equilib io
einan e. Debía, sin emba go, eje ce se de al modo que no supusie a un obs áculo
insal able al es ablecimien o de la paz u u a.
Si, como se ha dicho, el Es ado mundial cosmopoli a y la paz uni e sal
son el in de la iloso ía polí ica kan iana, ¿cómo es posible que el ilóso o de
Königsbe g se econocie a en Rousseau, incapaz, po su descon ianza en el
géne o humano, de pensa la paz? ¿Qué le esul aba an ce cano y an a ayen e
en el gineb ino, siendo sus isiones del mundo an opues as?
po la ue za en la cons i ución y gobie no de o os es ados, y la p ohibición e minan e de u iliza en
con lic os pos e io es medios deshon osos, como la gue a de ex e minio u o os simila es, que hicie an
in iable una paz u u a. Además eque ía que la o ma de es ado de los i man es ue a epublicana po
se la más adecuada pa a alcanza la paz, de iniéndola como una cons i ución ep esen a i a y basada
en la sepa ación de pode es, que ga an izaba los de echos humanos, inna os e imp esc ip ibles. La paz
pe pe ua, p ime a ículo de ini i o. Ve ambién Teo ía y p ác ica, Mad id, Tecnos, 1986, p. 27 y ss.
60
C . Me a ísica de las cos umb es, 1ª pa e: Teo ía del de echo, secc. 3ª, conclusión.
61
Como señala An onio T uyol, el de echo de hospi alidad, que p obablemen e enga sus aíces
en el “ius communica ionis” de F ancisco de Vi o ia, se limi a a un “de echo de isi a”. “A modo de
in oducción: La paz pe pe ua de Kan en la his o ia del De echo de gen es” (en La paz y el ideal
cosmopoli a de la Ilus ación, op., ci .), p. 27.
62
An onio T uyol y Se a, “La gue a y la paz en Rousseau y Kan ”, Re is a de Es udios polí icos
8 (nue a época), pp. 57-58.
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Kan pudo sen i se a aído po el pe sonaje Rousseau -al igual que és e se
sin ió ascinado po la pe sonalidad de Sain -Pie e- a pesa de sus di e gencias
ideológicas. Pe o lo que debió deja imp esionado a Kan ue la audacia de
Rousseau al me amo osea la idea de una Eu opa de las mona quías en una
Eu opa de los pueblos. Ello suponía en oniza el sis ema epublicano y sen a
como undamen o del es ado la libe ad de los ciudadanos, es deci , la acul ad
de obedece solamen e las leyes a las que hubie an o o gado su consen imien o.
El ilóso o de Königsbe g no podía sino adhe i se con odas sus ue zas a es e
p incipio.
Y, sin emba go, más allá de es a conco dancia, po impo an e que ue a,
es allan los desacue dos. Nada más opues o, en e ec o, que los concep os de
epública que manejan ambos au o es. Mien as Kan pa e del espe o a los
de echos indi iduales, al sis ema ep esen a i o y a la sepa ación de pode es,
Rousseau niega odos es os p incipios y no econoce ni el de echo de eunión
y de asociación63, ni el de echo a la ida64, ni el égimen ep esen a i o65.
Nos encon amos así con dos modelos de democ acia opues os, la mode na,
ep esen ada po Kan 66, y la an igua, cuyo pa adigma se ía la ciudad-es ado
g eco omana y donde la libe ad consis ía en la pa icipación en las ins i uciones
públicas67. Pa a Kan al o ma de es ado se llama despo ismo68. Y despó icas
ue on, según él, las epúblicas de la An igüedad en las que se inspi a el ideal
de Rousseau, cuya isión epublicana supone una uel a a ás, un e oceso a
los alo es g eco omanos y a la he encia cí ica que simboliza Maquia elo.
Es cie o que Rousseau no alcanza la e ocidad epublicana de Maquia elo
ni su apología de la gue a. Tan o su pe sonalidad como el con ex o his ó ico en
el que i ió endían más hacia la paz. Es e dad ambién que, en sus F agmen s
su la gue e, condena los con lic os que es allan en e las po encias eu opeas
pa a dispu a se pa celas de pode y iquezas69. Y es indudable asimismo que, en
su dedica o ia a Gineb a del segundo Discu so, se mues a pa ida io de un es ado
63 Ve el Con a social, op., ci ., l. II, cap. III, pág. 371, en donde a i ma que los ciudadanos
no debe án man ene en e sí ninguna comunicación du an e las delibe aciones de la Asamblea, ni
debe án cons i ui asociaciones pa ciales.
64
Ve l. II, cap.V.
65
Según el gineb ino, no exis e libe ad si el pueblo en pe sona no a i ica las leyes. La c í ica al
sis ema ep esen a i o igu a en el l. III, cap. XV.
66
Con las limi aciones sabidas, como la exclusión de la ciudadanía de si ien es y asala iados, que
odos los au o es en la ó bi a libe al, después de Locke, acep an.
67
El concep o an iguo de libe ad que, como eco dó opo unamen e Benjamín Cons an en el siglo
XIX, ue ena bolado po Rousseau, signi icaba que la colec i idad –en ealidad el educido g upo de
los ciudadanos- no dependía de ins ancias ex e nas sino que e a au ónoma. Y dicha concepción no solo
no compo aba el econocimien o de ninguno de los de echos indi iduales, de echos desconocidos en
la polis, sino que coexis ía sin mayo es p oblemas con una lag an e ausencia de libe ad indi idual
que, a nues os ojos, aya ía en coacción.
68
Como expone con oda cla idad en el p ime a ículo de ini i o de La paz pe pe ua.
69
Poco les impo a a los súbdi os de ales es ados sali ic o iosos o encidos, dice. La gue a no
a con ellos, Œu es complè es de J-J. Rousseau, op., ci ., OCIII, pág. 613.
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A auca ia. Re is a Ibe oame icana de Filoso ía, Polí ica y Humanidades, año 16, nº 32. Segundo semes e de 2014.
Pp. 173-196. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/a auca ia.2014.i32.09
pací ico70. E incluso a los polacos les ecomienda que no hagan conquis as. Aun
así, su exal ación del pa io ismo y su equipa ación en e ciudadano y pa io a
le alejan inexo ablemen e del paci ismo. Como dice S anley Ho mann, la débil
línea de dema cación en e pa io ismo y nacionalismo se bo a, a pesa de
sus buenas in enciones71. Su con ede ación de pequeñas epúblicas no busca
se el emb ión de una sociedad cosmopoli a in eg ada po ciudadanos del
mundo, sino de pa io as e es idos de o gullo cí ico, cuando no de anidad
nacionalis a. Esos pequeños es ados apa ecen blindados hacia el ex e io y
con una iden idad nacional e o zada. F en e a las sociedades abie as a o as
cul u as, que hacen hincapié en los aspec os acionales que unen a los homb es,
Rousseau p econiza sociedades ce adas donde los aspec os que sepa an, la
eligión, la lengua, la cul u a, las cos umb es, cob an p eeminencia. ¿Cómo
puede unda se así la paz?
Si Kan si úa el impe a i o de la paz en el co azón mismo de su iloso ía,
es e obje i o esul a ajeno a Rousseau. Solamen e el enca go de ex ac a las
ob as de Sain -Pie e coloca es e ema en el cen o de su e lexión. Pe o solo
du an e un iempo pues Jean-Jacques no puede pensa soluciones de paz ni pa a
el mundo ni pa a Eu opa. Po que, a pesa de lo que se ha dicho, ampoco c ee
en Eu opa. Es cie o que, a di e encia de Sain -Pie e, pe cibe con oda cla idad
los lazos que la his o ia, la eligión y las cos umb es han o jado a a és de
los siglos en las ins i uciones eu opeas, pe o al ma aña de ínculos, lejos de
conduci al en endimien o y a la conco dia en e los pueblos, ha a izado aún
más sus encillas y las ha en enenado con la c ueldad y la i ulencia p opias
de las gue as ci iles. La p e endida a e nidad de los pueblos eu opeos es
un espejismo. Eu opa es á gobe nada po el de echo del más ue e72. Ni el
come cio, que supues amen e o alece los in e eses comunes, pe o que en
ealidad agudiza la i alidad en e los es ados, ni el de echo in e nacional,
o almen e ine icaz, ni la polí ica de equilib io en e las po encias, han sido
capaces de o ce esa endencia. Rousseau es conscien e de que la ausencia
de un pode ansnacional a o ece la gue a, pe o no c ee que una ede ación
eu opea o mundial pudie a se la solución al p oblema. Ni siquie a en el
caso hipo é ico e ideal de una con ede ación de epúblicas independien es y
au á quicas se ía posible la paz, pues a de o emp ano la compe encia y el
amo p opio ha ían su apa ición y es alla ía la gue a.
Con a iamen e a Kan y a los homb es de las Luces que, al des aca
los aspec os acionales que unen a los se es humanos, busca on ó mulas de
en endimien o en e los pueblos y sen a on las bases pa a la c eación de las
ac uales o ganizaciones in e nacionales, el esu gi del pa io ismo a inales del
70 Œu es complè es de J-J. Rousseau, op., ci ., OCIII, pág.113.
71 Op., ci ., pág. 233.
72 Ex ai du p oje de paix pe pé uelle, op., ci ., págs. 568-569.

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XVIII de la mano de Rousseau nu i á la in ansigencia y la hos ilidad en e las
naciones y da á a mas a los nacionalismos pos e io es.
Mien as la adición epublicana, de A is ó eles a Maquia elo y, en meno
medida Rousseau, es una ideología belicosa, de comba e, que necesi a la gue a
pa a subsis i , no solo como medio de au ode ensa sino como ampolín pa a
la conquis a de pode , iquezas y g andeza – asgo especialmen e pa en e en
Maquia elo-, el libe alismo se p oclama un discu so de paz que busca po
medios no ag esi os –esencialmen e a a és del come cio- el log o de la
iqueza y el bienes a ma e ial. Aspec o mani ies o en Hobbes que, como hemos
is o, desc ibe el es ado-Le ia án como el “seño de la paz”, pe o ambién en
Spinoza, que asigna a los gobe nan es el in de p ese a la paz, y cómo no, en
Kan y has a en Cons an , quien apun a en la cuen a de esul ados posi i os del
libe alismo ese disgus o del ciudadano mode no po la gue a.
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