«FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 7, 2009, pp. 1-21. ISSN: 1132-3329
MARCELINO RODRÍGUEZ DONÍS
LA INTELIGENCIA ANIMAL EN
MARSILIO FICINO
Quizás el máximo ep esen an e, den o de la iloso ía enacen is a, de la
inmo alidad del alma y de la supe io idad del homb e sob e los animales sea
Ma silio Ficino (1443-1499), sace do e, médico y eólogo lo en ino que adu-
jo, en e o os, a Pla ón, a Plo ino y a Zo oas o, y que al mismo iempo, es
au o , en e o as, de la impo an e ob a denominada Pla onica heologia de
immo ali a e animo um ad Lau en ium Medicem i um magnanimum, más cono-
cida como Theologia pla onica,1 un a ado undamen al pa a comp ende la
necesidad que el au o , jun o a las au o idades c is ianas de la época, sen ía de
demos a , con a el a e oísmo y el ma e ialismo epicú eo de muchos au o-
es de su iempo, la inmo alidad del alma. Se a a de una ob a bellamen e
esc i a, que no ue edi ada has a 1482, pe o que, según pa ece azonable sos-
ene , es aba e minada p obablemen e an es de 1474. El au o se p opone,
según hemos adelan ado, la de ensa de la eligión c is iana, y en pa icula la
c eencia en la espi i ualidad del alma y la supe io idad indiscu ible del homb e
sob e las bes ias. Su lec u a ha p o ocado un o en e de opiniones a a o y
en con a de la inmo alidad. En e los que echaza án sus a gumen os en p o
de la inmo alidad des aca án, aunque de modo indi ec o, Pomponazzi y los
pensado es libe inos, en e los que el Theoph as us edi i us, manusc i o anó-
nimo de 1659, ocupa un luga muy signi ica i o ya que se p opone la de ensa
del a eísmo y de la mo alidad del alma humana.
Pomponazzi sos iene que san o Tomás se equi oca al a i ma que la in-
mo alidad del alma no es incompa ible con los undamen os de la iloso ía
a is o élica, y sob e odo que el mismo A is ó eles sos u o la inmo alidad del
1 Ci amos po la edición de Raymond Ma cel: Ma sile Ficin, Theologie pla onicienne
de l´immo ali é des âmes, 3 ols. Pa ís, Les Belles Le es, 1964.
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alma humana. En su ob a De immo ali a e animae (1516), Pomponazzi sos iene
que la e dade a in e p e ación de la doc ina a is o élica sob e el alma con-
duce a la negación de la inmo alidad. El alma es, pues, de acue do con la in-
e p e ación pomponazziana de la psicología a is o élica, po na u aleza mo -
al, aunque de modo acciden al, inmo al (na u ali e e simplici e mo alis e
secundum quid immo alis). La doc ina omis a de la c eación del alma y su
pos e io a i mación de la inmo alidad, de acue do con Pomponazzi y o os
conocedo es del pensamien o a is o élico, no es iel a A is ó eles, que sos enía
la e e nidad del mundo y de la especie humana. En e ec o, la esis de san o
Tomás ue inmedia amen e echazada po Duns Sco , y ce ca de Pomponazzi
nada menos que el ca denal Caye ano, maes o gene al de la o den de los
dominicos, sos enía que la inmo alidad na u al del alma no e a demos able a
la luz de la azón. Sabemos que el alma es inmo al sólo median e la e.
Pa a algunos ilóso os del XVI, el hecho de que la inmo alidad na u al del
alma no uese demos able ilosó icamen e no es un escollo insal able, ya que
Dios puede ope a median e su in ini a po encia y sabidu ía el milag o de
con e i en inmo al algo que po su na u aleza in ínseca no lo es. En cual-
quie caso, Pomponazzi se decla a c eyen e en la inmo alidad del alma y,
según se cuen a, cuando es in e ogado po el ibunal que lo juzga, a la p e-
gun a de si c eía que el alma humana e a inmo al, espondió «no lo c eo, lo
sé». Ese doble ámbi o de la e dad, el de la iloso ía y el de la e, dominó cie a
pa e del pensamien o ilosó ico de algunos au o es enacen is as y, lógica-
men e, ha dado pie a que muchos ean en Pomponazzi a un homb e que, pa a
sob e i i , se e obligado a sos ene públicamen e que c eía en la inmo ali-
dad del alma. Debemos ene en cuen a que, según un acue do del Concilio
La e anense, e a p eciso que, apa e de la in e p e ación pe sonal que un p o-
eso podía ene , és e mos ase cuál e a la doc ina de la Iglesia. A es e acue -
do, en pa e excesi o y humillan e, sólo se opusie on el obispo de Pé gamo y
el ca denal Caye ano.
Esa iloso ía de la sospecha iene sus de enso es y sus de ac o es, en e los
que cab ía ci a a Gilson, pa a quien no hay azón alguna pa a duda de la
palab a de un au o . Si el mismo Pomponazzi dice que c ee en la inmo ali-
dad, ¿po qué amos a duda de su palab a? Aho a bien, lo que sí es cie o es
que Pomponazzi nunca se desdijo de su a i mación inicial. En la Apologia y en
el De enso ium, en donde esponde a las objeciones de sus oponen es y sob e
odo a Ni o, que no hace, a su juicio, más que epe i los a gumen os de Fici-
no, siemp e sos iene lo mismo: que desde el pun o de is a de la azón na u-
al, el alma humana es de na u aleza co po al y mo al. Si el homb e es un
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odo uni a io compues o de alma y cue po, y si, como dice A is ó eles, pa a
pensa es necesa io ene imágenes o madas po la an asía, es imposible que
el alma humana subsis a, una ez des uido el cue po, o que pueda pensa sin
necesidad de las imágenes. El alma es, según A is ó eles, ac us co po is y, en
consecuencia, oda la ac i idad del alma es á inculada con el cue po y depen-
de él como suje o o como obje o. Del mismo modo que no se puede camina
sin pies, no se puede pensa sin imágenes, es deci sin el cue po. Luego sos e-
ne que el alma in elec i a iene de ue a, es deci , que es c eada po Dios e
insu lada en el semen, como sos iene Ni o, supone que el alma p eexis e al
cue po mo e pla onico. Si así uese el homb e pe de ía su unidad sus ancial.
La mayo ía de los au o es del XVI es án a a o de las esis de Ficino, pe o
quizás sea digno de des aca , en e o as azones, po su condición de ilólogo,
a Agus inus Ni us, que después de susc ibi las esis de A e oes sob e la mo -
alidad del alma y la unidad del In elec o, se p opuso de ende con a Pompo-
nazzi las esis omis as en su Augus ini Niphi Suessani de immo ali a e animae
Libellus ad e usus Pompona ium, publicado en 1518 pe o con una segunda edi-
ción apa ecida el 13 de ab il de 1521. En e o as cosas, sos iene que A is ó e-
les no se p opuso a a el ema de la inmo alidad del alma, sino que lo hizo
de modo acciden al. Que sigue a Ficino se comp ueba en cada página de su
amoso Libellus con a la inmo alidad del alma, o mejo se ía deci , según él
a i ma, de la mo alidad del alma de Pomponazzi. Pe o és e, en la espues a a
los a gumen os de Ni o, ecogida en el De enso ium, dice que sus demos acio-
nes son i iales y muy conocidas: «no hay ningún aile ( a e ) que, subido en
el púlpi o, no las exponga a la gen e, ni ningún zapa e o (su o ) o ca nice o
(macela ius) o muje uca ( eminicula) que no las haya oído in ini as eces».
Como ya había e u ado en su T ac a us de immo ali a e animae (1516) los a -
gumen os de los espi i ualis as, espe aba de Ni o o a cosa: «Ma silio Ficino en
su lib o Theologia pla onica o ece es os y o os casi in ini os a gumen os mu-
cho mejo es».2
2 «Ma siliusque Ficinus in suo lib o de Theologia pla onica, haec e in ini a p ope
alia mul o melio a adduci ». En el capí ulo X de su De enso ium, Pomponazzi da es-
pues a a los a gumen os que Ni o expone en su Libellus desde el capí ulo 35 al 42,
ambos inclusi e. En ellos ecu e, a in de demos a la inmo alidad del alma, a los
a gumen os expues os po Ficino: el de la libe ad humana, el de los uni e sales y el
del ape i o de lo piadoso, eligioso y hones o: «si humanus animus pe i e cum co -
po e: homo non esse dominus suo um ac uuum: a homo es dominus suo um ac-
uum: e go anima non pe i cum co po e; 2. uni e salia ma e ialia sun immo alia e
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En el inicio mismo de la ob a, Ficino decla a que en és a, como en las de-
más que ha esc i o, sólo se ha p opues o sos ene lo que la iglesia acep a: «In
omnibus quae au hic au alibi a me ac an u , an um asse um esse olo
quan um ab ecclesia comp oba u ». Como es á con encido de que las dos
e dades undamen ales de odo el sabe son la di inidad del alma y el amo
de Dios, c ee, siguiendo la huella del pensamien o de san Agus ín y en ocasio-
nes la del de san o Tomás, que con ibuye a la di usión de la e dade a eli-
gión exponiendo la doc ina de Pla ón a in de que muchos espí i us dep a a-
dos («pe e sa mul o um ingenia»), que no se inclinan de buen g ado a la
au o idad de la Ley di ina, se some an a los azonamien os pla ónicos que
apoyan sólidamen e la eligión («Pla onicis sal em e ionibus eligioni admo-
dum su agan ibus acquiescan »). En la República pla ónica se dice que «el in
de la iloso ía es el conocimien o de las cosas di inas y una ascensión desde las
cosas que luyen y desapa ecen has a aquellas que son e dade as y siemp e
pe se e an las mismas».3 No obs an e, Ficino no siemp e sigue la eo ía pla ó-
nica, pues niega la p eexis encia de las almas y sos iene, siguiendo la Summa
con a gen iles de san o Tomás, que son c eadas. Rechaza así mismo la ans-
mig ación, incompa ible con la e.
Pa a lo que aho a nos incumbe, hemos de des aca la de ensa que Ficino
hace de la supe io idad del homb e sob e los animales. A di e encia de la esis
inmo alis a, los pa ida ios de la mo alidad del alma ienden a di aga , según
Ficino, siguiendo a Epicu o, pa a quien «las bes ias dis u an como noso os de
la azón y sólo les al a el uso de la palab a y de las manos pa a mos a al ex-
e io lo que es á ocul o den o de ellas» («Neque somnie Epicu us bes ias
sicu e nos a ione polle e, e um deesse illis se monis e manuum usum, pe
quem in us la en em ex a signi ice a ionem»). La na u aleza no es á ausen e
en las cosas necesa ias y no es p ódiga de lo supe luo («quoniam na u a ebus
necessa iis non de ici , supe luis non abunda »), como se desp ende, según
Ficino, del hecho de que a los á boles no les dio pies como a los animales, ya
inco up ibilia...igi u anima es pe essen iam immo alis: non i aque pe i cum co -
po e; 3. nulla o ma appe ens quae ens a que in eniens hones a, pia e eligiosa, e
co po e simplici e pende , homo habe o man appe en em, quae en em e ine e-
nien em pia, hones a e eligiosa, igi u e iam o ma quae es anima a co po e nullo
modo depende ; ex quo sequi u u ipsa si immo alis».
3 Pla o, Rep., VII, 532 cd: «Philosophiae inis es cogi a io di ino um. Quod in
sep imo de eipublica Pla o nos e ubi e am inqui , philosophiam esse ascensum ab
his quae luun e occidun ad ea quae e a sun e sempe eadem pe se e an ».
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que és os necesi an desplaza se pa a busca el alimen o, y «su an asía iene
pocos y con usos concep os po que no son necesa ios sino pa a desplaza el
cue po y pueden se su icien emen e exp esados median e el lad ido, el elin-
cho, el go geo, el gañido, el g i o o los ges os» («Phan asia illo um paucos ali-
quos e con usos concep us habe e ad usum dun axa co po is necessa ios,
qui mugi u, la a u, hinni u, ga i u, ganni u, emi u seu nu ibus su ien e
exp imi possun »).
Aho a bien, a di e encia de aquellos que do an a la na u aleza de azón,
p udencia, in eligencia, bondad, e c., Ficino sos iene que ella no es acional y
que emi e en úl ima ins ancia a Dios: «Pe o, aunque es á desp o is a po sí
misma de azón, la na u aleza debe posee las azones de las cosas co po ales
pa a o dena desde el in e io cada uno de los se es hacia el in que les con ie-
ne, mo e los, o ma los, y, pues o que es i acional, es necesa io que sea di i-
gida po el que es de po sí acional e in o mado po las azones. Po que no es
azonable con ia el o den del uni e so a una na u aleza desp o is a de a-
zón».4 La iden i icación de Dios con la na u aleza, p opues a po algunos iló-
so os, choca on almen e con el c eacionismo de Ficino, pa a quien el c eado
del mundo no u o que ija se en los se es pa a pe cibi los, como piensan los
epicú eos5, ya que no necesi a de un modelo, sino que odo cuan o exis e de-
i a del pode de su in eligencia; de modo que «su conocimien o p ecede in-
dudablemen e a los o os se es p oducidos po él» («siquidem cogni io eius
alia ipsame cogni ione p oduc a p oculdubio an ecedi »).
Hay, según dice Ficino, di e en es ipos de ida je á quicamen e subo di-
nados de acue do a su pe ección: la di ina, la angélica, la acional, la sensi i a
y la ege a i a; de modo que en los á boles y en los animales la ida ege a i-
4 Ficino, XI, p. 118: «Opo e au em na u am, e si pe se i a ionalis es , amen
co po alium a iones habe e, quibus possi in insecus singula cong uis modis ad
inem con enien em a ionali e o dina e, mo e e, o ma e, cumque pe se
i a ionalis si , ab eo quod pe se a ionale es duci debe a ionibusque o ma e.»
5 Luc ecio, V, 181: «Exemplum po o gignundis ebus e ipsa/ no i ies hominum
diuis unde insi a p imum es /, quid ellen ace e u sci en animoque ide en /,
quoue modos unquam is cogni a p incipio um/quidquid in e sese pe mu a o
o dine possen , si non ipsa dedi speciem na u a c eandi?» («Además, ¿de dónde les
ino a los dioses el modelo pa a c ea el mundo y la idea misma del homb e, pa a
sabe y ep esen a se en su ánimo lo que que ían hace ? Y ¿cómo conocie on las i -
udes de los cue pos p ime os, y lo que és os e an capaces de hace al pe mu a su
o den, si la Na u aleza misma no les dio la idea de la c eación?»)
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a p oduce en su in e io una semilla que luego da luga a un á bol o a un
animal. La ida sensi i a alumb a po medio de la an asía un simulac o e in-
ención de las cosas an es de p oduci las en la ma e ia ex e na. La ida acio-
nal p oduce den o de sí las azones de las cosas y de sí misma an es de p odu-
ci las en el ex e io po medio del lenguaje y de la acción. La ida angélica, po
no ene con ac o con las cosas co po ales, posee las nociones de las cosas y de
sí misma. Finalmen e, la ida di ina gene a en sí misma, an es de p oduci la,
oda la máquina del mundo («Quamob em di ina i a eminen issima e oe-
cundissima omnium uni e sam hanc mundi machinam anquam p olem
suam in se gene a p iusquam pa ia ex a»). Sólo en Dios, que es, según Pla-
ón, la semilla uni e sal del mundo («uni e sale semen es mundi») el se y la
in eligencia se con unden, de modo que la noción que Dios al comp ende se a
sí mismo p oduce es como una imagen exac a de sí mismo que se iden i ica
con él.6
La in eligencia humana, po el con a io, en an o que descub ido a de
múl iples y a iadas cosas, ha ecibido en su de ensa el uso de un lenguaje
innume able, como in é p e e digno de ella («Ve um mens hominis in ini a-
um dis inc a umque in en ix e um usu se monis innume abilis su ul a es ,
quasi quodam digno eius in e p e e, manibus quoque muni a anquam ap i-
simis ins umen is ad in en a men is innume a»). También ha sido do ada de
manos, ins umen os muy ap os pa a lle a a cabo las innume ables in encio-
nes de la men e.
La iloso ía de Epicu o es á en el blanco de las c í icas de Ficino po que se
a a de una concepción en la que odo se explica a pa i de los á omos, que
son pe se ac i os y no p ecisan de ningún mo o que los ponga en mo imien-
o. No hay inalidad en el uni e so y odo lo que exis e iene unas azones
de e minadas de su exis encia. La c eación de la nada es imposible. No se a a
sólo de que Epicu o niegue la exis encia de los dioses7, sino de que conside a
que no in e ienen en la na u aleza, como se de i a, según Luc ecio, del
hecho de que és a es á llena de de ec os (« an a s a p aedi a culpa»). El alma,
po an o, es u o de la na u aleza, no de los dioses; es un cue po, que, como
6 Ficino, ib., p. 119: «In Deo au em quia esse e in ellige e idem sun , no io quam
Deis in elligendo se ipsum gigni anquam exac issimam sui ipsius imaginem idem es
a que ipse Deus».
7 En ealidad Epicu o a i ma la exis encia de los dioses y dice que enemos de ellos
un conocimien o cie o y segu o (p olepsis). O a cosa es que niegue la p o idencia
di ina y que sos enga que no in e ienen en la na u aleza.
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odos los demás ag egados a ómicos, se des uye a de o emp ano. La iloso ía
epicú ea, según dice Ficino basándose en Luc ecio,8 niega que Dios pueda
p oduci el alma en la ma e ia sin saca la de la ma e ia: («Quonam pac o, in-
qui Epicu us, p oduci Deus hanc animam in ma e ia, nisi e iam ex ma e-
ia?»). Pe o eso es lo mismo que a i ma que el sol no p oduce la luz en el ai e
sin saca la del ai e.
El e o de Epicu o adica, según Ficino, en que sos iene, equi ocadamen-
e, que la ma e ia es á do ada de un pode c eado , siendo así que la ma e ia
no iene po sí ninguna capacidad c eado a («ma e iam ipsam nullam habe e
i u em p opiam o ma icem»); ese pode sólo co esponde, como dice Pla-
ón en el Timeo9, a la azón de la in eligencia di ina («di inae in elligen iae
a ionem») que in unde en la máquina del uni e so, la necesidad y la men e
(«ex necessi a e cons a e men e»), es o es, la ma e ia necesa ia pa a los cue -
pos y las o mas que ep oducen la bondad y belleza de la men e di ina. Es
Dios quien p oduce po sí mismo la ma e ia y la p epa a pa a in oduci en
ella el alma («Deus e o pe se illam ma e iam p epa a am p oduci »)10. Las
almas i acionales las dejó Dios en manos de sus auxilia es, pe o la acional la
o mó él mismo («animam a ionalem a solo mundi ibui»).
Con azón Ni o ep ocha á a Pomponazzi su adhesión a la iloso ía de Epi-
cu o. En úl ima ins ancia, Pomponazzi sos iene que el alma su ge del semen,
eo ía que Ficino pone en boca de Panecio: «aunque Panecio admi e que Dios
puede c ea alguna cosa sin ma e ia y sin ins umen o, sos iene que el alma
del ecién nacido es engend ada po el alma de los pad es, como se demues a
a pa i del hecho de que an o el cue po como el ca ác e de los hijos a me-
nudo se asemeja al de sus pad es».11 La espues a de Ficino es que es o no
siemp e sucede así, de modo que el a gumen o no p ueba la mo alidad del
alma. Según Ficino, la na u aleza del alma es espi i ual, en e o as azones,
po que no p ecisa del cue po, ni de la imaginación, ni de la an asía pa a cono-
ce lo uni e sal. No puede mo i con el cue po, como c een los seguido es de
Epicu o.
8 Luc ecio, I, 205-207: «Nil igi u ie i de nilo posse a endum es , semine quando
opus es ebus, quo quaeque c ea ae ae is in ene as possin p o e i e au as».
9 Pla o, Tim., 50b, 51.
10 Ficino, X, p. 81.
11 Ficino, X, cap. VIII, pp. 83-4: «A bi a u enim am animam nascen is ab anima
pa en um, quam co pus a co po e gene a i, quia co po e e ingenio similes geni o i-
bus ilii nascan u ».
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El homb e no ocupa en el sis ema epicú eo una posición on ológica di e-
en e de la de los demás animales ni hay en él nada que lo haga especí icamen-
e supe io a ellos. Tampoco la esplendo osa na u aleza del mundo ue c eada
po los dioses en in e és de los homb es.12 La p e endida supe io idad del
homb e, de endida po Pla ón y los es oicos, esul a o almen e alsa a los ojos
del ma e ialismo epicú eo, que echaza lógicamen e odos los mi os sob e los
p emios y cas igos del alma después de sepa a se del cue po. Más aún, si el
alma humana necesi a apoya se en las imágenes senso iales pa a o ma los
concep os, una ez que se sepa a del cue po, ca ece de sensación y, en conse-
cuencia, no puede aleg a se ni en is ece se, es deci , no puede ecibi p emio
ni cas igo. De donde se in ie e que no sob e i e al cue po y que en conse-
cuencia es mo al.
Según Pomponazzi, és e e a el e dade o pensamien o de A is ó eles, pe o
Ficino sos iene que, en el lib o secundo de De gene a ione animalium, A is ó e-
les a i ma que «cuando el homb e ue engend ado, el in elec o ue in undido
desde ue a y que sólo es di ino aquello cuya acción no se lle a a cabo po
algo co po al» («Quando gene a u homo, in ellec um in undi o insecus, ac
solum esse di inum cuius ope a io non explea u pe aliquod co po ale»).
Luego el in elec o, concluye Ficino, no se o igina, según A is ó eles, de la ma-
e ia como las o as o mas, sino que Dios in unde es a ( o ma) sin ins umen-
o.13 La in e p e ación de Ficino iene aún un escollo que so ea , pues A is ó-
eles sos iene que el mundo y el homb e son e e nos y, en consecuencia, a no
se que hable me a ó icamen e, no ha habido un momen o, como a i ma Pla-
ón, en el que el alma no es u iese ya en la ma e ia.
La e e nidad, según Ficino, co esponde a Dios pe se y las demás cosas de-
cla adas e e nas lo son po él. Esas cosas son c eadas e e nas po Dios, sin in-
e media io («i a in ae e ni a is o dine ul a Deum, qui pe se es ae e nus,
mul a sun quae pe illum ae e na iun »). El alma del homb e se á, pues,
ambién ella inmo al e in oducida po Dios en nues o cue po. La especie
uni e sal homb e es o mada po la men e ac i a (agen em) que p oduce los
uni e sales que la men e pasi a (capacem) ecibe. Esos uni e sales ca ecen de
ma e ia, de espacio, de iempo, y son c eados po el en endimien o agen e,
12 Luc ecio, V, p. 156 ss.: «Dice e po o hominum causa oluisse pa a e/ p aecla-
am mundi na u am (...) desipe es .»
13 Ficino, ib. p. 82: «Quasi non exp oma u ex in imo ma e iae g emio, sicu alias
o mas pu a exp omi. E go hanc sine ins umen o ipse Deus in undi .»
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inmo al y sepa ado.14 Esas especies que el en endimien o sepa ado de la ma-
e ia concibe no son, como a i ma Epicu o, pe ecede as, sino pe pe uas e in-
na as a la men e («quod species inna ae sun men i»), de modo que las especies
de los uni e sales no se imp imen en la men e po los simulac os («i a uni e -
salium species a simulac is non signan u in men e»), sino que son c eadas po
el pode de la in eligencia, del mismo modo que la an asía gene a los simula-
c os po sí misma («sed i a mens illas pe im suam e ici , sicu phan asia in-
gi simulac a pe se ipsam»). La azón de es o es que el an asma o imagen es
singula , mien as que los concep os son uni e sales. Luego es a especie uni-
e sal no p o iene ni de las imágenes ni de los cue pos ex e io es, que sólo
pueden in o ma a la men e po medio de las imágenes15. No se puede consi-
de a que una con usión de simulac os (simulac o um con usio) sea una especie
simple, luego se ha de conclui que es la in eligencia la que engend a na u al-
men e las especies uni e sales y que en sí misma con iene las especies de odas
las cosas, de modo que lo semejan e es gene ado po lo semejan e («Mens
igi u , quae pe suum esse na u ali e gene a uni e sales e um omnium spe-
cies, in ipsa quoque sua essen ia ab o igine nac a ide u uni e sales species
omnium, u similia similibus gene en u »).16
En el sis ema de Ficino, po an o, hay una gnoseología de ca ác e inna is-
a que con as a con el empi ismo de algunos in é p e es del pensamien o
a is o élico y epicú eo. La esis a is o élica de que el in elec o es imaginación o
no se da sin imaginación pa ece que no casa con el inna ismo pla ónico; de ahí
que se conside e p óximo al pensamien o a is o élico el apo egma nihil es in
in ellec u quod p ius non ue i in sensu. La cues ión es, po una pa e, si el uni-
e sal exis e ue a de los indi iduos de los que se dice y, po o a, si el in elec-
o que desma e ializa el an asma es de na u aleza inma e ial. Pomponazzi
sos iene que A is ó eles niega la inmo alidad del en endimien o humano
po que, según él, no puede conoce sin imágenes, es deci , necesi a del cue po
pa a conoce .
Po o a pa e, la doc ina de la p olepsis de los es oicos y epicú eos supone
14 Ficino, XI, p. 95: «Denique ea quae in ellec us a ingi i a sepa a a, si na u a
sun alia, alis quoque es in ellec us, nam cum a ingi sepa a a, ibi unc es ubi sun
ipsa, igi u e ipse sepe a us».
15 Ficino, XI, p. 99: «Si non i species haec quae e iam uni e salis nuncupa u a
simulac is, mul o minus i a ebus ex e nis, quae non possun pe aliud medium
o ma e men em, quam pe simulac a».
16 Ficino, XI, p. 101.
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no mue e con el cue po, sino que pe manece as la mue e». Ni o se apoya en Plo i-
no pa a demos a que el alma acional no o ma una sola cosa con la ape i i a, como
sos iene Pomponazzi, y que en consecuencia debe se inmo al: “pues el alma acio-
nal echaza la o nicación co po al u o o place , y se mani ies a posi i amen e en e
a él, como la expe iencia mues a. Así pues, el alma acional y el ape i o se án de
na u aleza dis in a; po lo cual, dado que el ape i o es simplici e ma e ial, el alma
acional se á simplici e inma e ial”. O o de los a gumen os en p o de la inmo ali-
dad se basa en el De somno Scipionis de Mac obio: el que apa ece la hones idad y la
eligión no sigue los place es del cue po, po an o depende del alma la elección de
esas cosas, lo que demues a que no es co pó ea, pues nada ape ece el cue po que no
sea co po al: “Aho a bien, con el cue po se hacen solida ios los animales, los cuales,
excep uado el homb e, no ape ecen nada que sea pío, hones o y eligioso; pienso que
es o no es po o a causa que po que oda su i ualidad se e ie e al cue po. Sin em-
ba go, emos que los homb es desp ecian simplici e oda cosa co pó ea, y buscan las
inco pó eas, y po ellas los emos mo i , padece y a ana se; lo cual no se ía posible
sino po que su alma es á po encima de los cue pos y sepa ada simplici e de ellos, y
no es á some ida a ninguna p esión co pó ea...Si el homb e es como quie e Pompo-
nazzi un animal, no iene simplici e nada más ele ado que los demás animales. ¿Po
qué el homb e pío, eligioso y hones o busca las cosas inco pó eas, las pe sigue y las
in es iga? ¿Po qué ningún animal ape ece las cosas inco pó eas, a no se que acep-
emos las ábulas de Plinio, que a ibuyó eligiosidad a los ele an es y piedad a los
leones?” (cap. XLI). Pa a Plo ino, según Ni o, es e es un a gumen o e icaz pa a p oba
la inmo alidad del alma, pues cuando el alma humana se halla en e a las cosas co -
pó eas (ú iles y placen e as) y las inco pó eas (piedad, eligión y hones idad) desp e-
cia simplici e las co pó eas y las echaza. Leemos que los homb es píos y eligiosos
desp ecian las iquezas, los hono es, los ce os y los einos y buscan las cosas simplici-
e inma e iales, pe o no leemos que el animal desease semejan es cosas. ¿Cómo pue-
de una cosa que no es á po encima del cue po ape ece an as cosas inco pó eas,
cul i a las, ene a las y obse a las? Sólo el homb e, como decía Pi ágo as, se inclina
hacia las cosas sublimes eligiosas y pías, po eso Dios lo le an ó de la ie a y lo ele ó
a la con emplación de su a í ice. Sólo él, a di e encia de los animales, mi a hacia el
cielo y le an a el os o hacia las es ellas. Ese es el signicado de la palab a an h opos;
po eso dice Cice ón que ningún animal, excep o el homb e, iene algún conocimien-
o de Dios. De donde se deduce que el alma no es inmo al secundum quid, como
a i ma Pomponazzi, sino simplici e . La p ueba de ini i a de que el en endimien o es
inco up ible pa a A is ó eles es según Ni o e iden e a pa i de es e ex o del De ani-
ma I, 4, 408b19-23: «El in elec o pa ece se , en su o igen, una en idad independien e y
no some ida a co upción. A lo sumo, cab ía que se co ompie a a causa del debili-
amien o que acompaña a la ejez, pe o no es así, sino que sucede como con los ó -
ganos senso iales: pues un anciano si pudie a dispone del ojo ap opiado e ía, sin
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gemos nues o genio, no es el genio o el des ino el que nos escoge a noso os
(«Ideo Pla o in lib o de Republica decimo, i u em animi, inqui , non esse
se ilem daemonen i ae ducem, ac u sus i ae o unam eligi a nobis, non
nos a daemone el o una»). Po eso la esponsabilidad (culpa) no es de Dios
sino de quien elige. También Zo oas o dice: «ne u augeas a um», es o es,
en us manos es á cede o no al des ino.
El homb e se dis ingue de los animales –dice Ficino– po la p ác ica de las
a es y po se capaz de es ablece no mas. Mien as que los animales i en
sin a es o eje cen una sola, a as ados po el des ino («ad cuius usus non ipsa
se con e un , sed a ali lege ahun u »), como lo p ueba el hecho de que no
hacen ningún p og eso en la habilidad de su ejecución («ad ope is ab icandi
indus iam nihil p o icun empo e»), los homb es son in en o es de innume-
ables a es, que eje ci an como les place. Lo que indica que cada uno de ellos
puede eje ce muchas a la ez, pe o además es inno ado y se hace más hábil
con el con inuo uso, «y lo más admi able: las a es humanas ab ican po sí
mismas cada una de las cosas que p oduce la na u aleza, como si ué amos
émulos de la na u aleza, no sus escla os».29
Hay una iple di e encia, según Ficino, en lo que concie ne a las a es, en-
e las bes ias y el homb e. P ime o, noso os las ecibimos de Dios di ec a-
men e, mien as que las bes ias las eciben po medio de la na u aleza celes e.
En segundo luga , noso os las ecibimos odas, ellas sólo una. La e ce a di e-
encia es iba en que las bes ias son empujadas a eje ce su a e po una com-
pulsión i esis ible de la na u aleza, mien as que noso os elegimos el eje ci-
cio de una sola a e o de a ias.30
duda, igual que un jo en. De mane a que la ejez no consis e en que el alma su a
despe ec o alguno, sino en que lo su a el cue po en el que se encuen a, y lo mismo
ocu e con la emb iaguez y las en e medades».
29 Ficino, XIII, p. 223: «e quod mi abile es , humanae a es ab ican pe se ipsas
quaecumque ab ica ipsa na u a, quasi non se i simus na u ae, sed aemuli. Es
au em di e en ia iplex in e nos e bes ias quoad a es pe ine . Pima, quod a Deo
sine medio eas accipimus, illae na u a caeles i in e ceden e. Secunda, quod quisque
nos um accipi cunc as, bes ia um species singulae singulas. Te ia, quod bes iae
necessa io quodam impulsu na u ae ad suae a is usum ce o empo e compellun u ,
nos au em libe o a ionis iudicio um a is unius, um plu ima um usum eligimus».
30 Ficino, XI, 5, p. 133. La in eligencia humana es inmo al po que ecibe na u al y
i memen e las especies de las ideas inmo ales de modo inmo al («p ocul dubio
mens hominis es immo alis, quae na u ali e i mi e qque immo alium idea um
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Como hemos dicho ya, los animales o i en sin a es o eje cen una sola
a as ados po el des ino ( a ali lege ahun u ). La p ueba es á en que no p o-
g esan en la habilidad de su ejecución. Los homb es han in en ado innume a-
bles a es que p ac ican a su a bi io. Las a es humanas ab ican lo que la na-
u aleza misma ha p oducido y los homb es de ienen más hábiles en su écni-
ca, lo que indica que somos dueños de la na u aleza, no sus escla os. Según
Plinio, Zeusis pin ó unas u as que a aían a los pája os, Apeles dibujó un pe o
an pe ec amen e que los caballos al e lo elinchaban y los o os pe os la-
d aban, P axí eles esculpió una Venus en má mol que despe aba pensamien-
os lasci os31. A qui as ab icó una paloma y la hizo ola . Los egipcios cons-
uye on es a uas que caminaban y hablaban. A químedes ep odujo en b on-
ce la es e a celes e, capaz de desc ibi con exac i ud los mo imien os de los
sie e plane as. Las pi ámides, las áb icas de id io de los omanos, son o os
an os a ances que demues an que la in eligencia humana imi a lo que Dios
c ea, y ejecu a, co ige y pe ecciona las ob as de la na u aleza in e io .32 Aun-
que la na u aleza ha do ado al homb e de menos de ensas que a los animales,
és e ha desa ollado a mas e ins umen os median e los que puede e i a sus
a aques y, ecuen emen e, domina los y, en de e minados casos, p es a les
ayuda.
El homb e conoce el modo de da sa is acción a múl iples deseos p o e-
nien es de cada uno de los cinco sen idos, pe o además no se ciñe, como las
bes ias, a los lími es del cue po, sino que median e la acción cogi a i a se dedica
a la escul u a, a la pin u a, al a e en gene al, sin busca ningún place sensible.
Ninguna bes ia es capaz de algo semejan e. El homb e se si e de los elemen-
species pe modum suscipi immo alem», p. 134.)
31 Plinio, N. H., XXXV, 63, 10 espec i amen e. En VIII, 17, 33 habla de la se pien-
e basilisco, «que nace en la p o incia Ci enaica con un amaño de no más de doce
dedos, una mancha blanca en la cabeza, como ado nada con una diadema. Espan a a
odas las se pien es con su silbido y no impulsa su cue po lexionándolo con muchos
anillos, como los demás, sino que a anza enhies a y de echa de medio cue po. Ma a
los a bus os no sólo al oca los sino incluso al exhala su alien o, quema las hie bas y
esqueb aja las pied as; al es el pode de su mal. Se c ee que en cie a ocasión se
ma ó uno desde un caballo con una lanza y que, al ascende po és a su eneno, mu-
ió no sólo el jine e, sino ambién el caballo». En XXIX, 66, habla de nue o del basi-
lisco.
32 Ficino, XIII, 3, p. 223: «Denique homo omnia di inae na u a ope a imi a u e
na u ae in e io is ope a pe ici , co igi e emenda ».
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os y los embellece, como se comp ueba en los campos alineados de á boles,
en la edi icación de las ciudades, en la canalización del cu so de las aguas. En
cie o modo e is e el papel de Dios ( icem ge i Dei).33 El homb e doma a los
animales, los cuida, los engo da, no al e és; de modo que eje ce una especie
de p o idencia sob e los se es i os y los no i os, po lo cual en cie o modo
es un Dios (es quidam Deus).
Mien as que las bes ias son capaces de cuida se de sí mismas y de su p ole
po un cie o iempo, el se humano gobie na su amilia, adminis a la ciudad,
di ige las naciones y manda en odo el mundo; se di ía que ha nacido pa a
di igi , incapaz de sopo a la escla i ud («e quasi ad egnandum si na us es
omnino se i u is impa iens»). Cul i a, además, las ciencias libe ales: el cálcu-
lo, la música, la geome ía, el es udio de la na u aleza, la o a o ia, la poesía,
sin cuida se del cue po, del que algún día se desp ende á (sine co po is auxilio
i e e).
La na u aleza del ingenio humano es simila a la de Dios («quis nege eum
esse ingenio, u i a loqua , pene eodem quo e auc o ille calo um»). ¿Quién
no e que el ingenio humano no es á suje o po su na u aleza al espacio ni al
iempo? («Quis non idea ingenium hominis na u a sua locis e empo ibus
non esse subiec um?»). Una ap i ud pa a ma e ias an nume osas e impo an-
es, una al es abilidad del conocimien o no se explica median e un pequeño
ángulo del ce eb o (angus o ce eb i angulo) ni se conse a po su ma e ia cam-
bian e y pe ecede a, sino que exige el ecep áculo muy as o y es able de un
alma di ina.34
El uso del lenguaje y de la esc i u a, exclusi os del homb e, indica que e-
nemos una especie de in eligencia di ina, que se halla en las bes ias. Pod ía-
mos i i sin lenguaje, como las bes ias o los mudos, pe o eso indica que se
nos ha concedido pa a un in más ele ado, a sabe , como in é p e es de la
in eligencia, he aldos y mensaje os uni e sales de descub imien os sin in
(«Ideo ad excellen ius aliquod opus es nobis se mo ibu us, idelice am-
quam men is in e p es, in ini o um in en o um p aeco e nun ius in ini us»).
El homb e, además de las manos, iene in eligencia, que median e el len-
guaje y la esc i u a, concibe en sí misma lo que Dios hace en el mundo po su
ac o de in eligencia. Po lo cual es necio quien haya negado que el alma sea de
33 Ib., p. 225.
34 Ni o, op. ci ., p. 228: «sed amplissimo ege s abilissimoque di inii animi ecep a-
culo».
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na u aleza di ina, siendo así que es émula de Dios en las a es y en el gobie -
no35.
F en e a las esis espi i ualis as de Ficino y de quienes, como Ni o, decla an
que los ac os he oicos demues an la inmo alidad del alma, Pomponazzi36, a
pa i de los ex os de A is ó eles (lib o e ce o de los Topici37, donde dice que
«de dos males se ha de elegi el meno », y el e ce o de los E ici38: «la elección
es de los bienes, y el echazo de los males») sos iene que eso se puede ealiza
sólo po i ud, sin necesidad de de que el alma sea inmo al: «si se elige la
mue e po la pa ia, po los amigos, pa a e i a el icio, se adquie e una
máxima i ud y es muy ú il pa a los o os, ya que de mane a na u al los
homb es alaban la i ud; en onces la mue e ha de se elegida máximamen-
e». Pe pe ando un c imen se pe judica máximamen e a la comunidad, po lo
cual ambién a sí mismo ya que es pa e de la comunidad. De donde se deduce
que, según A is ó eles, la ida no debe se seguida po que sea más la ga ni
más du ade a pe o in ame, sino que debe se p e e ida una co a pe o digna
de alabanza, del mismo modo que la ida de la bes ia no puede se p e e ida a
la del homb e po la ga que aquélla sea. Sólo en pa idad de condiciones se
elegi á una la ga.39
Tampoco se elegi á una ida iciosa, pues el icio es mise ia, según dice
Pla ón40, y, inalmen e, la mue e, sob e odo cuando no se sigue del c imen
come ido la elicidad. No debe p e e i se la mue e, dado que no es nada, sino
el ac o i uoso, aunque enga como consecuencia la mue e, igual que echa-
zando el icio no ehusamos la ida, que en sí es buena. Sólo en el caso de una
en e medad incu able se ha de echaza la ida, según dice Pla ón en el C i-
35 Ni o, op. ci ., p.299: «Quap op e demen em esse illum cons a , qui nega e i
animam, quae in a ibus e gube na ionibus es aemula Dei, esse di inam».
36 Pomponazzi, De immo ali a e animae, 21, 22, 23, p. 29: «cum igi u in eligendo
mo em p o pa ia, p o amicis, p o i io e i ando maxima i us acqui a u aliisque
mul um p osi , cum na u ali e homines huiusmodi ac um lauden nihilque
p ae iosius e elicius ipsa i u e, ideo hoc maxime eligendum es ».
37 A is ó eles, Top., III, 2, 117a8
38 A is ó eles, E h. Nic. III 4, 1111b33-1112 a 17.
39 «neque magnum empus i e e cum in amia es p aeeponendum i e e pa o
empo e cum laude: sicu i a hominis, quan umcumque b e is, es p aeponenda
i ae bes iae, quan umcumque diu u nae. A is o eles namque E ico um p imo dici
i am longe am non p ae e endam esse i ae b e i, nisi ce e a sin pa ia».
40 Pla ón, De epubl., X, 611b9.
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ón.41 Los ilóso os y los homb es i uosos, según Pla ón y A is ó eles,42 son
los únicos que saben alo a la i ud y cul i a la po sí misma, mien as que
la mayo ía de los homb es, si no espe a an una ida mejo as la mue e, la
ole a ían sin duda con ánimo muy inicuo, igno an es de la excelencia de la
i ud y de la al a de nobleza del icio.43
La espe anza del p emio y el emo al cas igo ue on in oducidos, según
Pomponazzi, pa a e ena los exec ables deseos de los homb es,44 que es a í-
an dispues os a come e cualquie c imen an es que elegi la mue e al igno a
la excelencia de la i ud y la ealdad del icio. La mue e no se a on a sólo
po que se suponga que el alma es inmo al, pues, según se deduce de la con-
duc a de las bes ias, cuyas almas son mo ales y se guían po el ins in o na u al
(«in quibus non es dubium animas mo ales esse a que ins inc u na u ae du-
ci»), muchos animales la a on an o la causan. En e ec o, an o A is ó eles
como Vi gilio,45 hacen e e encia a cómo las abejas luchan has a mo i po su
eina y po su Es ado. A is ó eles46 ci a o os ejemplos, como el de sepia ma i-
na que de iende has a la mue e a su pa eja, el del camello que ma ó de un
mo disco a su cuidado po habe le median e engaño obligado a apa ea se
con su mad e, o el del caballo que se a ojó a un p ecipicio, ambién engañado
en el mismo sen ido. Es as cosas se dice que son ealizadas po la na u aleza y
que son aco des con la azón, pues o que, según Temis io y A e oes, la na u-
aleza es di igida po una in eligencia que no ye a.47
41 Pla ón, C i o., 47d7-48b10.
42 Pla ón, De epub. IX, 582a8-e9. Ais ó eles, E h. Nic., IX, 8, 1168 a 28-1169b2.
43 «Si enim homines non spe a en melio em i am pos mo em, iniquissimo
animo eam ole a en , quia igno an excellen iam i u is e ignobili a em i ii».
44 «Qua e ad e enandum di as hominum cupidi a es da a es spes p aemii e
imo puni ionis».
45 A is ó eles, De his . animal., IX 40, 62 a 13-22; Vi gilio, Geo g., IV, 67-68.
46 A is ó eles, De his . animal. IX 47, 630b31-631a7.
47 Pomponazzi, De immo ali a e animae, 23: «Haec au em cum na u a ian , se-
cundum a ionem ac a sun , quandoquidem ex Themis i e A e ois sen en ia na u a
di igi u ab in elligen ia non e an e».