Tragedia : La Gabriela, en cinco actos
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TRAGEDIA. Núm. 24 . LA GABRIELA. EN CINCO ACTOS. ACTORES. Raúl de Cuci. El Conde Pié Fayél. Gabriela de Eérgy. Monlac , criado de Cuci. Isaura , amiga de Gabriela. Alverico , confidente de Fayél. Scena es en Borgoña en el Castillo de Otrey. Los cuatro actos primeros pasan en una Galería que comunica á los cuartos de Gabriela y Fayél. acto primero, scena r. Fayél y Alverico. ^hcrico , habiendo visto de léjos á F y él y que parece muy desasosegado. *9l a yél, teme, suspira, y la amargu Que tan oculta en el silencio encieri Pronta ya á reventar , á su salida Parece que duplica su violencia. . * ay él sentándose. *ay. A Alverico llamé á declararle el 5 les uelto estab; ya está presente v a q , ne , así me aI * er i ™ '-?- í'¡r,r a a“"vt:T::; menta: 103 vuestro oprimido corazón suspira e! secreto do¡° * claranlente muestra estas d!! l0r í]ue le insume: todos los S anhnos ei1 °i rey COnsternan de aa„p« • • S » y de J ^ n t o inunda Sueste sitio la mansión risueña. En vuestra amable y moribunda esposa secó el dolor, marchitó la pena las bellas flores, que en su tierno rostro tan liberal sembró naturaleza. ¿Cuáles son las desgracias que aquí ocultas tanto terror y confusión fomentan ? este secreto mi lealtad ofende, y da justos motivos á mi queja. Pues qué ! no es Alverico aquel criado, á quien siempre, eligió la amistad vues¬ tra para fiel compañero; y que en los fuer¬ tes y peligrosos lances de la guerra á vuestro lado... Fayél tomándole la mano. Fay. De la Siria á Francia ya el gran Filipo victorioso llega; y este secreto que aclarar me importa al ir á verlo público me aterra. Alv. Señor, estoy confuso , ¿pues qué da¬ ños con la venida de mi Rey recelas ? ¿ temes qué un Soberano .tan augusto, solamente contigo injusto sea ? á vos por cuyo brazo victorioso miró abatida la cerviz soberbia A
6 . del Borgoñon rebelde , y cuya mano : en todo. real., tu noble zéífrpremia de su victoria con el primer fruto. Que queriendo sirvieses de defensa al ilustre Vergífcon cuya hija tuj unión feliz sus órderles abrevian} .puraque jtu valor cdntraprestase al de Borgoña , que oprimirle intenta, y que marchando á combatir las Lunas, estas regiones á tu cargo deja dándote á Otrey por dote de tu esposa, y de su afecto por constante prueba, ¿ temes acaso falte á su palabra ? Fay. No es el Rey el objeto que me in¬ quieta, otro ribal que le acompaña temo; y de quien las astucias lisongeras todo mi honor y gloria me han robado. Alv. Ignoro que ribal ser este pueda. Fay. ¡Oh secreto tirano y vergonzoso cuyo peso me oprime, y cuya fuerza rompiendo el corazón que le aprisiona con honor á la luz se manifiesta í Alv. Pues decidme quien es vuestro ene- si á mi amistad queréis tener sin queja. Fay. Pues que quieres saber’el atrevido que esta pasión rabiosa en mi despierta; el que á mi esposa infiel así pervierte, y el que mi llanto y mi dolor fomenta; es Cuci. Alv. Quién , Raúl ? Fay. Kl que has oído: y este secreto que en tu pecho encierra mi constante amistad; si de élsali.ése; ten por seguro que tu muerte es cierta: ¡ temes de oirlo I qué terror te asusta ? Alv. No es la amenaza, solo es la sospe¬ cha; y solo temo ver que á un tiempo mis¬ mo á mí, á tu esposa , y á tí propio ofen¬ das. Fay. Yo mas que tú maldigo mis recelos, mas de ser falsos dadme alguna prueba; I oh Gabriela cruel, que unir supiste a la de amarte , gloria tan suprema la odiosa precisión de aborrecerte I tu á quien acuso y á quien mi fe ve¬ nera, la que ultrajado admiro , y cuya gracia amante imploro, en medio de mi ofensa, ■ púes qlie 1 .tanto te adoro . «porque ca* 1 * say * no logre con tu mano tu fineza ? mas me aborreces , y esta verdad cía? 3 es de mbagnavio triste consecuencia' í Y que' vuestra ternura... í Fay. E [ s mi dejito: mi atención y respeto la molestan: mi presencia la irrita ó la entristece? y mis cariños su dolor fomentan» Con nuestra unión nacieron sus r eIÍ ’ cores: su mano me entregó, pero violenta: ó infeliz ! yo creí en aquel momento; que al amor insensible su alma tie^ al tálamo oponía el rubor bello tan agradable al que triunfar espef®' Mas tarde conocí que el amor solo era el que ocasionaba su tristeza: solo en su llanto hallaba algún a.liví ff y sus tormentos sus delicias eran: su dolor conduciéndola al sepulcro? ’, de él la libraron sus memorias tierfl^ a la muerte llamaba presurosa, solo por ver h nuestraunion disu e ltí " y de ella se asustaba, contemplan^ que era forzoso que otra unión t0ta piera : ya próxima á su fin alegre estaba de pagar á mi amor alverse esenra, . porque el suyo al morir quedando á emplearse en su amante otra ( vuelva. v Alv. g Y es posible; Señor , que en Vl1 tro daño f una aprehensión consigatanta fu vos mismo fabricáis vuestras desd¡ c ’ > con ilusiones que el temor engeU^Ú Fay. No pienses que juzgándola culp 3p * estén sin fundamento mis sospeché' Yo amo , Alverico , y su dolor.p 8 ^ y aquellos ojos que el amor enseñ 3 á llorar y sufrir de iguales llanto®» pronto conocen la ocasión funesta» * Sábelo todo pues : quando esta in5 f iba á perder la vida , con cautela el indigno Monlac á Raúl mismo se atrevió á introducir 'á su prese* 1 ? Aquí la vid., cuando ella ya no vel y en su pálida mano cuasi yerta, el ya postrero á Dios su infame 2
- .ellar ge atrevió con insolencia. p F * r o quién os ha dicho... U 7' raismo A mían ce ^ sorprendió ; pero ya estaba fuera e vil traidor cuando llegué á saberlo. 1)21 amor de Raúl aquesta prueba en nada hace.culpable a vuestra esposa; que quizás de. su desmayo Vuelta os excesos no supo de su amante: ¿poro han tenido, alguna inteligencia después de haber.salido Raúl de Fran¬ cia? ^Ys'ía^s lanuda q°‘° “j" f “ r ° r eS tem|,la: acusar una te tan respetable solamente fundado en'nüs sospechas después que el Cielo 4 nuestro ruceo atento 5 para alivio del pueblo la conserva • de madre universal de eslos Vasallos el dulce .nombre á conseguir anhela, so tierno corazón suaviza siempre e nuestras leyes la observación recta, y en solo hacer mercedes desvelada de su continuo padecer se venga. Pero, ay de mí! que de su voz cansada e l débil eco el corazón penetra; sus tristes ojos su altivéz abaten , y sus pesares su hermosura aumentan con infinitas gracias y atractivos. . 4-h! sin Raúl y cuan dichoso fuera» pero esta cruel duda que me acaba, A* P ocos ^* as aclarar es fuerza: rmance está en Dijon, que dará aviso / a i ü° l t e mi coatrar io llega, y es foruoso 2 ^ - " 11 obM S ac!o ' ' me llama, Allí se aclararán S la° S í ,ambien ve «ga. con que se cubre f. negras sombras, y Raúl. sta Pasión funesta; Alv. Oh! y cuánto á l os . «n fama ¡guales ! ° s ,emo 1 Fay. Nuestro fin espera , y antes quizás el de mi j n fi eI A cada instante pasan mis sosn S 1 f osa * de la rabia al respeto^y def a los horrores que mi ma i , 1 » c . ai,no D ? una hora de furor pender/ 1 »** 9 ’ «u destino infeliz; quizás en ella 380 f verdugo sere de entrambas v,W «seré el vengador de su^Ven^ En vano la virtud me dará voces ; solo al arrepentirme escucharelas. Alv. Y qué sereis capaz ? Fay. Todo lo he dicho, y si á tu zeío doy esta advertencia , no es con el fin de armarlo en mi venganza; mi gloria solo vengará mi diestra, mas tú mis dudas aclararme debes; lo único es estoque Fayél espera: un amigo te pide , y manda un amo. Alv . Aunque me pese, obedecer ¿es fueajr» za: mas vos vereis que pronto os desengañó. Fayél andai mira si ha vuelto lo Con - desa. Alverico mirando liúda lapuerta. Alv. Señor, aquí.está ya. S C E N A II. Gabriela , Fayél , Isaura y Alverico. Gab. á Isau. Sostenme Isaura; su' vista sola el corazón me aterra. Oh Cielos ! que opresión. Fay. á Alv. Su rostro mira verás que pronto su color altera: ah! en sus ojos los míos hallan siempre la dulce calma que al instante mues¬ tran. A Gabriela que se ha acercado. ¿Gustáis, Señora, acaso en este día algunos írutos de la bondad vuestra? en mis vasallos hay menos infelices? vos sola sois quien rompe sus cadenas, y que .su yugo hacéis menos pesado. Yo os evito el dolor que mas os cuesta que es el ver padecer otros dolores. Podré yo en fin lograr que mis fuer¬ zas... Gab. Fayél, el hacer bien es ley forzosa; siendo felices nuestra dicjia aumenta; y minora ó evita sus disgustos infelices: endulza nuestras penas;, menos son nuestros males, consolando nuestros hermanos. Fay. Pero cuales sean, decid, aquestos males? deseáis algo ? teneis de mi cariño alguna queja ? y grata la fortuna no os ofrece dignidades, poder, gustos, riquezas?
4 pues de qué os lamentáis? ¿por qué es¬ táis triste ? algún oculto bien os trae inquieta. Ahí si amais un esposo que os adora, si nuestra unión como á él, os lisongea después de tal dulzura, al universo ningún bien que ofrece á entrambos queda : mas vuestros ojos tristes y turbados en lágrimas me ofrecen la respuesta... Gab. No teneis ya mi mano? ¿pues qué os falta V Fay. Y qué sirve la mano si es violenta? es un presente odioso, y me avergüen¬ zo • de mi dicha , si causa vuestra pena: pero vuestra tibieza... Gab. Qué os espanta? - en que falta ha incurrido mi obediencia? Dos años ha que á vos estoy unida; mi fe os estima, os ama y os respeta; mil veces me habéis visto ya tocando de mi sepulcro las horribles puertas: si en tan exhausto cuerpo se halla el alma abatida, insensible y sin potencias, es acaso , Señor , la culpa mia ? mi última hora miro ya muy cerca. Vuestro excesivo amor que me enter¬ nece , solo porque os aflige me atormenta; y sufre mucho un corazón que tierno ve padecer á quien feliz desea. ¿Para qué al mió unis vuestro destino, cuando ya á separarse van por fuerza? pronto, Fayél, el rostro que amais tanto en sus entrañas deshará la tierra. Resistid valeroso un mal preciso , que al fin la unión destruye mas estre¬ cha ; y quiera ql Cielo que lo que mas adoro viva feliz después que yo fenezca. Si fuese así yo moriré tranquila. Fay. Tranquila ? mas creí .que yo os de¬ biera. con amargura. Quizá olvidáis que aquí dejais á otro: Gabriela admirada le mira , y él vuelve prontamente sobre sí. un padre h quien amais, tan poco o* cuesta? mas ya conozco os es indiferente solo por ser autor de la unión nueft^j no obstante en breve le vereis sin du<M pues á este sitio con su dueño llega : dos dias há que de León salieron, y es forzoso que estén de aquí nutf cerca. Ambos me mandan que h París los sW> y que me acompañéis también ordena 0, Gab. Yo á París? Fay. Si Señora, ya es forzoso volver h hallaros en la pompa rej^ de la Corte , voy luego á disponerlo? necesita mi rígida entereza á vista del M-onarca que me guie de vuestro dulce genio la asistencia* Quizás disiparán vuestros disgustos de la Corte el tumulto y la grande^' y aunque no hayais cumplido cua^ lustros, están bien conocidas vuestras prendé no obstante que la vuestra las ecüP si siempre os estiman las demas belle 2 *!' y con las gracias de que estáis do ta volvereis á lograr la paz primera* Gab. A dónde me lleváis, Señor? 1 tiemblo : si aun me queréis, á vuestras plan! 3 • puesta os pido por piedad me dejeis solí en este sitio. Fay. Obedeced sin réplica las órdenes de un padre y un Mona** ’ bien sabéis ya que nunca mi fineí 0 supo mandar , habiendo sido amsí^' antes que esposo, y si de hacerlo ^ biera , fuera el amor quien solo lo raandái’ 0 ’ y este siempre suplica, nunca ord eí> SC EN A III. Gabriela y Isaura. Gabriela arrojándose sobre una Gab. Isaura, yo fenezco: en qué h e tado ? Este golpe faltaba á mis miserias. ,j Isau, Obedeced á un padre y á un narca.
OaB. Siempre sus órdenes fueron mis tra¬ gedias : g que mi padre y mi Rey 6on mis ver¬ dugos? ( mentan. yo los adoro, aunque ambos me ator- Arrastrad , ó crueles , vuestra víctima de el Altar al sepulcro , y de la inmensa desdicha en que me veo a los delitos: el curso de mis males considera, y en que abismos me miro sumergida; discurre de mi padre la imprudencia ; y que nuevos tormentos me prepara; el mismo a mis desdichas me condena: " 5°T° nes , c n '=> ">fanc¡ a unidos, que de ra. madre i a s delicias eran, inhumano separa; y en m ¡ ¿ano de un justo Rey la autoridad suprema para hacerme infeliz, sorprende astuto; pues no paran en esto sus cautelas. Todo dispuesto en el mayor secretó, de repente me intima la sentencia de mi desgracia, y aunque ocultamente el dogal que me ahoga, él mismo aprieta. Ausente estabas cuando de mi mano no fueron bodas , no: fueron exequias: confusa y recelosa aun de mi suerte & mi padre miraba toda trémula: y el inhumano como alhaja suya al conde de Fayél mi mano entrega. De mi pronta obediencia asegurado, nunca se persuadió que yo pudiera en acto público desairar á un padre a quien he obedecido siempre ciega: mas ay ! que cuando yo era mejor hija, mi padre se olvidó que padre era. Sau ” No hay duda, de que siempre sus pasiones que los demas las sn^ ^ Cra faCl1 > Con este engaño ^ as contuv * e r an * las que en vos el a^. Unc ^ a P robar supo l i su vo" d ddj á J ¡ ° I entas ’ . * m ar y Pronta debía y esa razón de estado que hov a ’ • sacrificada por su mano os d J n d ° m ina Gab. Mas hace aun... Amado ¿ • . puesto que á verte su poder mTf ™ 10 ’ al mismo tiempo que KI Cielo es buen testigo , a r . * no me he hecho aiemfJ^ '" olencla ansiosa ln P re » por vencer 5 esta fiera pasión que me avergüenza, y querer solo á esposo que es tan digno, mas no ayudaron mi intención las fuer¬ zas. Pero siendo así, ¿cómo podré arrojar¬ me? e6ponerme otra vez a la presencia de áquel que; mis-potencias arrebata? cuya vista , dolores y tristeza reclamará el derecho que en mi tiene, ocupándome siempre con la idea de su genio sublime, de su aliento, y de su fiel amor que me hace rea. Si te veo, Raúl, ¿podré un instante cerca de tí desconocer tus señas, olvidarme de un héroe que ha sabido suavizar de su siglo la aspereza, y que empezó á mostrar desde la in¬ fancia los frutos que produce la experiencia? La inclinación á la virtud fue solo quien formó nuestra unión que así dis¬ puesta á solo mejorarnos anhelaba ; mi alma á la suya debía su entereza, y él por mi protegía al infelice: oh memoria culpable lo que cuestas! no, al Cielo juro no volver á verle aunque mi esposo, padre y Rey se ofendan : no, tiranos, no temo vuestras iras. S C E N A IV. Fayél , Gabriela , Isaura y Guardias . Fayél á las Guardias, Fay. Haced que luego al punto se le prenda y conducidle aquí. Las Guardias se van , quedando dos en el fondo. Gab. Y á quién es eso ? Fay. Al confidente de Cuci que intenta introducirse en este sitio , ignoro que motivo ó pretesto traerle pueda, que embarazos le ocupan, que miste¬ rios. Que, os asustáis? os buscará á vos mesina, y de venir á veros vuestro, amante, acaso no será la vez primera. * Gab. Qué es lo que habíais ?
6 Fay. Al fin ya me lie enterado y tus delitos manifiestos quedan. S C E N A V. Los actores antecedentes , y Alverico. Alv. Señor', nada femáis? en este sitio de Monlac será corta la asistencia , a otra parte sus pasos encamina :• no oculta sus designios , y las nuevas de haber muerto Raúl, al triste padre la comisión tan sola es quien la lleva. Gab. Qué es lo que escucho? Fay. con alegría. Qué Rdul ha muerto? Gab. Yo espiro , ísaurá. Cae en los brazos de Isaura. Fay. Reparad mi afrenta escrita en su dolor; ella le quiere. Ah perjura! mas ay! su muerte es cier¬ ta. Si mi vida estimáis , cuidad la suya. Isaura y las Guardias conducen á Ga~ briela desmayada. S C E N A VI. Fayél quiere seguir á Gabriela: pero se pára de repente , y vuelve hacia Alverico con alegría. Fay. Con que en fin acabo ya su carrera mi Ribal... pero él era querido: á la lia podrá ser que yo lo sea: recibamos tm rayo de esperanza. Quiere volver á salir , y vuelve haciendo rejlesion. Mas , qué duda otra vez mi pecho altera? . oh sospecha! oh temor! entre las listas á Alverico. que de los muertos en aquesta guerra me remite Bergi, Raúl no se nombra: si estará aun vivo? y si Monlac intenta con semejante ausencia asegurarme ? sí: el.corazón me avisa y me amedrenta, me han engañado, y esta voz que corre es un ardid que fraguan sus cautelas. Tiembla infeliz! sin tu atractivo ingrato los dos pereceremos, mis sospechas con lágrimas me avisan; yo conozco que en furor mi amor vuelto, horrible Scena puede hacer que se mire en este sitio, bien , aclarémonos, k su belleza observaremos : yo su fin decreto, y es su vida lo mas que me interesa’ ACTO SEGUNDO. SCENA I. Gabriela y Isaura. Gab. Por tu cruel socorro , ay infelice • otra Vez en mi sfer i verme vuelvo; y en eCíto piensas tu amistad probarfli^ mi ciado corazón gozaba quieto algún descanso, á mi sentido vuelta, despiertas otra vez á mis tormentos. jOh desmayo insensible y sosegado! i oh del alma tranquilo y dulce sueíí°’ si es como tu la muerte ¿es tan terrible- en fin Isaura, ya es cadáver yerto aquel héroe adorado : honor y gloria juntas con él á un tiempo fenecieron ¡ Oh pérdida de amor pronosticada de la cual me advirtió piadoso el Cielc ! escucho este prodigio: ya te acuerda* cuando para librar del yugo fiero del Musulmán odioso, de Solima ' los respetables muros, con denuedo armó la Europa sus mayores Príncipe* Fiiipo con Richard en Francia unief 011 todos los héroes de París y Lóndc eS ’ sus banderas amigos confundiendo ; y cuando ya su marcha disponiarí, y que mi vida estaba sin alientos; ya perdida la vista, en la del aimf aun estaba presente el dulce dueñoico creí verle , no como otras veces de honor, de triunfos y de glorias lien 0 ’ sino pálido , triste , consumido , temeroso mirándome de lejos : y arrebatando mi insensible mano la que animaba de su labio el fueg°5 entre lágrimas , ayes y suspiros, de aquestas voces escuché los écos. Ve aquí el último á Dios: ya hace do s años, querida Isaura, que le escucho cr e0 ! su rostro miro, palpitar percibo su tierno corazón, y ain correr siento sus lágrimas que inundan á mi manO* Tres meses hace : : que terrible aspecto que sin cesar Raúl á afligir vienes tu triste, amante ! mi corazón tierno el momento me dijo de tü muerte-^ Isau. Ay amiga iníclíz , no ha sido suen°
esa apariencia que asustada os tiene: ese amante tan fino lia estado puesto vuestros pies, al emprender su mar¬ cha supo vuestro dolor,.y su despecho le hizo esponer su vida en este sitio, por decir solo aquel á Dios postrero. ¡ Con'que vino ! Isau. A no haberle yo apartado sin soltar vuestra mano hubiera muer¬ to. Gab. Oh! última prueba de un amor tan firme , lú i SOl ° ^ SU P resenc ia debo, tu me la oíste ; y á tí te la quitaron tus lagrimas, dolor y sentimiento, y siendo yo-quien moribunda viste , eres tú al fin el que faltó primero? Isau. Pero Fayél.... Gab. Su regocijo has visto al oir esta nueva? su contento al ver su triunfo? ¿cual será su gloria de haber entre sus iras descubierto la verdadera causa de mi llanto ? ay Raúl infeliz! ay dolor fiero que me consume! que, será posible que haya de ver á mi tirano dueño, de tu muerte valido , echarme en cara las desdichas de que es el instrumen¬ to.... Pero que es esto ; yo h Fayél ultrajo? acaso es delincuente ? y en efecto su delito no es solo haberme amado? y me compete á mí que le aborrezco acusar á mi esposo , cuando justo el Cielo me castiga , y el objeto e mi indebido amor airado quita ? pues no^ha de s er , á sujetar probeesta fiera pasión . procuremos ' "f menos cul P a ^ siento ; mas ^ ue entran Monlac es el que viene; como Ioco __ SCENA II. Gabriela , Isaura y Monlac. Mon. Perded , Señora , aquesta ve? el miedo , Pues libremente puedo entrar á ha¬ blaros : de la muerte demi amo \ satisfecho del todo esta Fayéi: no sé que dudas mi relación primera desmintiendo inquieto y receloso le dejaron; mas después de larguísimos rodeos, su tranquilo furor astutamente de todo el caso se informó severo: la verdad pura, junta con mi llanto, hizo que diera á mis palabras crédito, pero la triste comisión ignora, que al espirar Raúl confió á mi pe¬ cho. Gab. Pues bien, lloremos ambos; pero acaso ejecutarlo sin delito puedo? sí, lloremos á un héroe, á quien opri- ■ me • •> mi desgracia: á un héroe que ornamento fué de su siglo; y qué vivió constante, feliz muy poco , grande mucho tiempo. Confiésamelo todo, de su muerte yo sola fií la causa, de-su áespecho á su valor alucinó sin duda, haciendo que espusiese sin acuerdo una vida tan bella y tan preciosa , mas que odiosa le baria su amor ciego. Mon. No os negaré, Señora, que en la Siria , en estraño furor su valor vuelto, los peligros buscaba , no el combate, no las victorias ; pero sí los riesgos: pero la fama á quien sirvió cons¬ tante , preparándole mi triunfo, ya en el tér¬ mino de su gloriosa vida le quedaba una muerte que envidiarán perpetuos todos los corazones de la Francia. En aquellos asaltos tan violentos , contados por batallas que constaron rendir I o s muros de Tolemais soberbios; á la brecha arrojándose Fílipo el primero de todos y se halló envuelto de ¡numerables fuertes enemigos. Raúl seguía su imprudente esfuerzo; metidos en las filas , ambos rompen sus fuertes lanzas, cuando un Turco fiero tira al Rey desarmado un mortal gol¬ pe. Raúl que mira de Filipo el riesgo, con valor se interpone , en sí recibe la inevitable herida, y su leal pecho
8 se gloría al espirar de haber felices la victoria y su Rey h Francia vuelto. Gab. Ay mi Raúl, y cuan en todo digna de tu vida es tu muerte ; yo venero y ndoro tus cenizas, sí, es muy justo: mas díme tú : no pudo su amor tierno nombrarme al espirar, y me han pri¬ vado hasta de su infeliz postrer aliento ? Moa. En la noche cruel, en que vencido de su valor el mal, por algún tiempo logró sobrevivir a sus heridas, llorando por un Rey, que con afecto enjugaba su llanto , yo entretanto sus ojos vi nombraros en secreto. En fin quedamos solos•, y poseído todo de vuestro amor en él suspenso, de su fuerte pasión arrebatado , no oculta ya de su alma los misterios. Ay Señora! si viérades sus ansias, de sus últimos vales los tormentos ! ahora parece que le estoy mirando: démosla, dijo : de un amor inmenso una prueba no vista , y levantándose con bastante fatiga, el monumento último de su amor, despacio traza; y a jurar obligándome primero aunque mi afecto y lealtad conoce ; así me dice: en mi difunto cuerpo toma mi corazón, de qué te espantas? si es que le estimas, es acasa objeto que deba horrorizarte ? esos temores desecha con valor , y de tu dueño el corazón , de su sepulcro libre por tí renazca, pues que.solo empleo fue de una amante, y un constante amigo: á la amistad ansioso se le entrego, paraque de ella en el amor descanse, tu fina ley me debe aqueste obsequio. Del honrado Ratél puedes valerte, si acaso temes de Payé! los.zulos; pero aqueste papel primero entrega, Gab. Oh ! y qué bien multiplica los tor¬ mentos de vivir mas que él.' Mon. Esta es su carta. Gab. El don que la acompaña es el que temo. Lee. n Yo muero , y de mi cuerpo desa¬ sida »> mi alma , en amarte vivirá ocupada w quedando de los muertos separada w esta parte mortal a tí debida: » como siempre contigo vivió unid») » sin tí no quiere verte sepultada, «y en tu busca se va, Gabriela a® 3 ' da, » mísera ofrenda de una fe perdida. » No te asustes al verla; del constad 11 del infeliz Raúl una memoria 11 es que acordarte de sus finezas pue° 3 ' i) buela el alma , llevando siemp fí amante i) tu hermosa imágen: el corazón, q flí gloria ! « es mas dichoso , y en tus manos qu®' da. No, no, tu alma unirse con la mia logrará pronto , y del obscuro cent^ de tu sepulcro, tu corazón fino solo k buscar el mió viene huyendo: la triste muerte que mi yugo romp e ' nuestra feliz unión forma de núev®* Monlac, no puedo sin horror mirart 3 ' Mon. Señora... Gab. Espera, y deja que primero á mi ventura mi valor prepare , para poder mirar tan triste objeto... Esto, pues, ha de ser: de horror n® ra ' mos. Se vuelve hácia Monlac. Mon. No temáis ya, Señora, este fuñe'' to , y espantoso espectáculo, la suerte me libró de tan triste ministerio. Gab. Oh Dios ! si acaso... Mon. Apenas esta carta me entrega, cuando de enemigos vem° 5 nuestras tropas cercadas, y entre sai** gre , horror y llamas todo el campo en' vuelto. El Saladino , Capitán bien hábil, quiso volver á recobrar soberbio los perdidos laureles, y las armas de los cautivos con astucia haciendo a sus tropas vestir, con este engan 0 nuestro campo deshace en un momea' to. Raúl envuelto en el cruel desastre, bajo mi herido ensangrentado cuerp°i fué muerto sin defensa, y cuando osad 0 el valiente Ratel, vengando diestro
9 nuestro común error, y el enemigo auyentado por él , ya casi muerto roe arrancó de sus brazos inhumanos; conocer nuestros ojos no pudieron . de mi Amo destrozado las reliquias. Entre aquellos montones tan horrendos de deshechos cadáveres, en vano ^ sus hermanos, hijos, compañeros buscaba cada cual: aquellos monstruos as u Sultán, glorioso del suceso de su empresa feliz , de nuestros gefes degollados llevaron por trofeo las míseras cabezas. Ved , Señora, por que raro camino mi secreto me ha hecho violar infiel destino. Por ultima desgracia, cuando dejo la Siria, una tormenta pavorosa á Candía me arroja, y en su puerto mas de un mes detenido , con trabajo antes que el Rey apenas llegar puedo: y ya su flota por el Ron entraba cuando de Genova al claro Sena llego. Gab. No es bastante penar? hado tirano! quieres doblar su muerte y mi tormen¬ to? no aflijas mas, Monlac, mi triste suer¬ te : qué quieres que responda mi despecho a tus llantos ? en males semejantes la resistencia falta y el esfuerzo. Un valor sordo embarga mis sentidos, tu notarás eu mi ultimo momento que esta carta apresura , adonde llega por tal amor mi reconocimiento. ° n% Y yo qué he de esperar? perdí a mi amigo ; y demasiado supe obedecerlo • PU6S ‘"causo 1 ? 3 qUedé ’ la ™ e r te 09 la única dicha q ue "„ es soI . amen,e Señora , a Dios. ' ans,a es P«°> Gab. No mas , de nuevo vuelvo k pedirte que rae dejes sola; aun la amistad me sirve de tormento. Mi corazón con sus desdichas quiere hallarse solo. SC EN A I V. Gab. sola. En su dolor inmenso, que se anegue á su gusto; gozar tristede mi dolor es mi placer postrero, siendo legítimo no deja de ser dulce , lo amargo del delito en el no siento. Ya nada turbará con nuevas ansias mis inocentes penas, mis afectos y mis justos suspiros; es posible que permites su muerte, Dios Eterno, solo para hacer justas mis pasiones! ¡y no ha podido ser á menos precio el dejarle vivir en mi memoria! ay Raúl mió! á tu postrer aliento, tu amante corazón me i*em¡tias; temblar me hiciste ; mas la falta veo, que le hace á mi dolor: creyendo verte en él, pensando hablarte y á los écos de tu voz escuchar; el alma toda entregaría á un corazón tan tierno; y en breve de mis lazos desatada mi corazón dejando , firme asiento tomar podría en el tuyo, mas aun de este triste placer privarme quiere el Cielo: y ya de tí, ve aquí lo que me queda. Mirando la caria. Volvamos otra vez k leer de nuevo este papel de tu pasión garante. Que aqueste don precioso , de su dueño ocupe el lugar digno : yo recibo tu alma preciosa; en tu postrer momento, toda entera el amor en el la puso. SCENA III. Gabriela y Isaura. Gabriela echándose en los braz r Isaura. C S p aUraarai 8 a - a P ár ' a , e - ^«'í« Permite que mi amor.... Vuelve á leer. SCENA V. Fayél y Gabriela. Fayél apartando á Isaura. Fay. En vano rae detienes , sál puedo yo pensar? qué
16 en suplicios convierte mi injusticia, ¿sabes como & este esposo en este ins¬ tante olvidar a tu amor prometí fina? Cuci. Qué! ¿ha entendido Fayél nues¬ tros afectos ? Gab. Tu carta está en sus manos. Cuci. Llegaría á tai crueldad... Gab. No tengas zelos , en mi pecho podrás ver esculpidas de tu fino papel todas las letras: ¡ mas otra vez tan dulces fantasías vuelven á arrebatarme! vete luego, escusa á mi virtud la afrenta indigna de defenderse: vive por la gloria, ya que tan fino por amor morías. Cuci con abatimiento. Cuci. ¡Y qué importa la gloria á el que en tí sola para siempre perdió toda su dicha I Gab. Tu Rey á quien adoras.... Cuci. Nos separa. Gabriela con viveza. Sin saber nuestros males los mitiga; tu reinas en su Corte, sus favores... Cuci. Nada sin tí mi desventura alivia. La Corte, el Mundo es para mí un de¬ sierto. Gab. Tú darme egemplo de valor debías. Cuci siempre abatido. Cuci. Ya perdido lo mas, piérdase todo. Gabriela siempre con viveza. Gab. Tú á lo menos podrás en tus desdi¬ chas exalar el dolor ; y á mí en secreto el corazón deborarán las mias. Llora lejos de mí, nada te estorba, y déjame á mí sola la delicia de ser quien mas la compasión merezca. Partid, pues, antes que Fayél lo impida que de Vergí podrá volver muy pronto. Desengañada su intención maligna de la voz que ha corrido de tu muerte, en descubrir tus pasos su ojeriza ocupada estará: quizás ya sabe de que llegado aquí... Cuci. De quien temía ser yo visto era Armance, mas seguro estoy que no me vio. Gab. ¿ Pues quién motiva este rumor? mirad los dos que es esto* Fánse Tsaura y Monlac. t , Ahí si .llegase, ¿y cómo de sus i f35 os pudierais librar? , fsau. volv. á salir. Fayél ha vuelto. Gab. Huid ya siempre de mi vista. Cuci. Yo huir? Gab. ¿Pues quieres arriesgar acaso, . á un mismo tiempo que mi honor 01 vida ? . , Cuci. Ya me voy, atento á tu honor sol 0 ' el mió sin dudar se sacrifica. Y Monlac ? Isau. A Fayél detiene astuto. Fase Cuci por un lado. , Gab. Ocultemos mi afrenta y mi ag on>‘ SCEN A VI. Fayél , Alverico y Guardias. Fayél entrando por el fondo del Tecit^ con la espada desnuda , y viendo salir á Gabriela. Fay. Sola está y huye! ah! Monlac fame , atrevido á oponérseme la vida de su Dueño salvo! pero á lo menos el temerario feneció á mis iras- Alv. Acia aquí mal herido se dirige. ■ Monlac herido y hablando • con trabj. Moni. Señor, si con mi muerte se r# 6 vuestro enojo... Raúl es virtuoso. • • Inocente también tu esposa digna.*;* Yo muero. L .. Fay. Ah impostor! de mi presencia ** ^ que lo quiten al punto. Aquesta and» galería cerrad; cercadlo todo; traed luego su cómplice á mi vista ’• que ante esta infame en el insta 1 muera ; ^ . g , hazla venir aquí. á Alv erí Alv. Señor, podría este furor violento... Fay. Reportarme procuraré, guardemos la cuchilla» Envaina la espada. Ya á mis ojos borraron tus del¡ t oS todas tus gracias: esas fementidas» pérfidas lágrimas han endurecido el corazón y las entrañas mias. .$ f Ya no habrá para tí piedad ni g ra
mayor será m i f ur j a q ue tu iniqua et estable conducta , y aumentando os males de Raól con tus desdichas, PP r P r olongar tu muerte , de la suya dataré la hora ; mi ojeriza e su infiel corazón sabrá arrancarte, acieudo mueras con el que le anima, en arroyos de sangre derramada apagaré tni amor y mi ignominia. Se apoya á una colana . ■ dlv. ¿ Pero estáis bien impuesto en este asunto ? ¿y sabéis porque causa así publican la muerte de Cuci ? Fay. con furia. Todo lo ignoro y solo sé que entre la comitiva no viéndole del Rey á mi llegada, me informaron dispuso su partida con bastante misterio ; yo creyendo que solamente así lo dirigía con el fin de ofenderme, sin pararme en mas informaciones, repentina por solo sorprenderlos, di la vuelta. . En sus dos corazones la mentira agotó sus engaños y traiciones. De falsos ruegos esta infiel valida sola y sin mí quedarse procuraba, siendo la repugnancia que fingía ®n seguirme á la Corte , manejada á encubrir de su amante la venida, este vil confidente (que ya ha sido con justa causa mi primera víctima) a su Dueño con arte se adelanta; y encubre su llegada la noticia supuesta de su muerte aquella carta para engañar mejor, con arte escrita: me dejan sorprender, y l a perjura finge una confesión „ j , T al honor mas subUmt *?. d “ n de brllla á recibir s„ amame d¡S° sol ° Pero no vienen - « B¡e„ conozco, Sefior P<S f SÍn dada - quererlos disculpar; hab« s rv? s , o Sadía bastantemente su pasión indica • s : V1? * S paraque esta carta, esto* íorzoso es que esta trama tan feUda* ’ c°n tanta maña encubra W os proyec- > '' ay - i Pü v e “ ? "° conoces donde todo estri- Monlac de su furor arrebatado ‘ musrte Procuraba , y con la misma vil intención su dueño se me oculta. pase. \ Y la ingrata... Quizás también querría en mi sangre lavarse: muchas veces de una muger infiel esta es la mira. Cansada acaso de esperar mi muerte, la abreviará para lograr sus dichas; y siguiendo los vicios será fácil que al adulterio el parricidio siga. Sí; de tu amor mi muerte es el objeto; sino puedo quererte, ya mi vida de qué me sirve? pero mi venganza sangre desea: traígase a mi vista esa pérfida luego, yo lo mando: A Aherico y váse. bastante aliento tengo todavía para hacer un esfuerzo : mas terrible será mi rabia siendo mas tranquila. De Gabriela imitemos las astucias; con gran serenidad las mas iniquas acciones arrostremos, y dejándola algún tiempo gozar de su alegría, para hacer mas terrible su suplicio fingamos ignorar su trama indigna. Alo. volviendo. Aquí está ya . Fayél echando mano al puñal y dete¬ niendo á Alverico . Fay. Oh Dios ! tened mi brazo. Yé, corre pronto, y al instante avisa si su amante está preso; aquí te espero. Vosotros en la bóveda vecina á las guardias, os esperad, SCENA VII. Fayél y Gabriela. Fay. Señora, á vuestros ojos otra vez me conducen mis caricias. Prontos á separarnos , según pienso por largo tiempo; mi amistad quería confiaros asuntos importantes, que mi pecho en el vuestro deposita. Vos huis de la Corte, no me opongo: yo solo seguiré hasta las orillas del Sena á mi Monarca. Si este sitio tiene para con vos tantas delicias, de él no saldréis, ya estáis por mí escusada ante Filipo: tengo conocidas vuestras razones: el volver á veros C
i8 con vuestro amante, con razón temía vuestra virtud, y,ahora inas que nunca /temer debierais su arriesgada vista. Porque no dudo estáis bien informada de como, desmintiendo las noticias que hubo aquí de su muerte, Raúl vive y vuelve vencedor : ved si en el dia en que el amor de entrambos he sentido, no aprobaré la sabia y advertida circunspección que así los riesgos huye. Con ironía. Ya mis sospechas quedan desmentidas, y sé cuanto de vos puedo fiarme. Que impediréis discurro la atrevida presencia de Raúl en esta ausencia: y si á entrar se atreviese su osadía, le entregareis vos misma á quien me vengue. Con amenaza. Gab. Señor , si sin llegar á mi noticia tuviese aliento de venir á verme, desterrándole luego de mi vista á no verle jamas , y dándoos parte, vuestro amor me persuado ablandaría. Fay. alte. Nadie de mi furor le liberta¬ ra. Aparte. ¡Qué es lo que digo ya! Gab. ap. Conmigo misma tengamos cuenta, no quizás me pierda. Fayél mas tranquilo. Fay. ¿ Este criado incógnito le envía acaso vuestro amante ? Gab. asustada. Raúl! creyerais ? Fayél con ironía. Fay. Aquesta turbación me tranquiliza y me asegura : ¿mas por qué de nuevo os inquietáis? qué objeto lo motiva? Gabriela mas serena. Gab. Nada me asusta; sin misterio alguno he visto ése criado ; la noticia le dió Monlac de haber su dueño vuelto. Fay. MonlaC ? discurro estáis mal ins¬ truida ; pues yo sé que le espera en otra parte quizás por poco tiempo. ¿Mas debia de Retél el amigo así ocultarse? Gab . - Y a partió? Fay. Yo lo dudo: orden precisa di de buscarle: porque siendo amigo de Raúl, que supiese convendria la suerte que le espera, si es que acaso engañarme intentase su malicia. Aparte con alegría , viendo entrar U s Guardias. Ya viene, ruido escucho: y bien? A Alverico. SCENA VIII. Gabriela , Fayél,' Alverico y Guardia Alverico bajo á Fayél. Alv. Se le busca en Palacio , y se im 3 ' gina , „ A que á esta hora en Dijon... alto á GOH Fay. bajo. Allá voy luego, forzoso es que mientras yo no asista j en Autrey, contra el Duque su defett 5 ¡ asegure prudente : mi partida voy luego á disponer; pero muy br eV | podré volver quizás á vuestra vis t3 '. Da un jyaso y se pára. Al verla á mi pesar mi amor se Infiz^ mas mi victoria adoro al ir á herirá Fase con las Guardias y Alverico• SCENA IX. Gabriela y Jsaura. Gab. Tan abatida estoy que ya no siefl^' Qué furores serán los que le agitan’ si sabrá que Raúl... Ah! vén, Is^ prSI advierte mi temor, mi susto mh’ a * Sí; de Fayél penetro el sobresal^ 0 ’ de Raúl ha sabido la venida. Viste á Monlac cuando salió de h&blü le ? ¿y el asunto se ignora todavia de su conversación? Jsaura asustada. Señora, á todos un oculto pavor atemoriza. J En todos los semblantes consterné J claramente se ven vuestras desdickjl Todo en Palacio se confunde y tuf p ninguno á mis preguntas da salida* £ ; Huyen temblando cuando á Mo 11 ■ nombro: f á un soldado advertí de mi encubr* un brazo ensangrentado. Gab. exclam. Aquesto es hecho : I del desastre cruel la seña iniq u a j está ya dada, y Monlac ha sido
del horrible rencor primera víctima. ¿Cual, infeliz Raúl, será tu suerte? ^ en 5 á lo menos logre yo la dicha de la ---* - - - primera: y luego finalmente la rabia de Fayél así consiga que estos dos corazones que separa logren unirse al acabar la vida, acto cuarto. SCENA I. Gabriela y Isaura. Gab. En vano, Isaura, asegurarme in¬ tentas; yo he perdido del todo la esperanza. Junto á estos muros esta Guardia puesta que Fayél. al partir dejó doblada, me anuncia que Raúl no habrá salido: y mientras aquí esté me sobresalta y asusta todo. Jsau. Cuando aquí estuviera que importa si Fayél no sabe nada? y á saberlo ¿pensáis que partiría sin que primero averigüar lograra su sospecha ? no ha^ duda, vuestro es¬ poso acia la Corte con Filipo marcha: justamente podéis con su partida disipar vuestro susto , confiada podéis quedar, pues bien habéis notado que. su serenidad no perturbaba la inquietud de los zelos. Aquel pecho en donde reina esa pasión bastarda muj pronto al fingimiento se acostumlas inquietudes '," t e “ C l °n e s declaradas mas esta vez no decla*^ il c dejaron ’ de esta pasión rabiosa -.1 ” Cara Gnb ' Es antiguó esa funesta U»*' Es r Y°5 r t? ‘ n Prest0 así mudarsf Esa Ungida y sospechosa calma es da que aumenta mis temores justos Quizas que por estar tan ocupada en observarme bien mis inquietudes juzgan mal de las suyas. Otra C a USa de asegurarme tengo en u , .? a y serena sesión que Monlac trata^* 3 La relación de Armance y Alverico rti también minora mi desconfianza. Mas mientras de Cuci el destino igno¬ re, no ha de salir de su opresión el alma. Vé y mira... Isau. Yo quisiera que un instante por la postrera vez veros íográra , y á conocer le dieseis , si á este sitio le condujesen otra vez sus ansias,' cuanto eí amor y honor ofenderían: que de lina eterna ausencia la tirana y dura 'precisión padecer debe un amante y un héroe que idolatra vuestro sosiego : el que desesperado está ya, solo escucha una palabi’a; y da sentencia que á morir le obliga solo debe su amante pronunciarla. Gab. No: de mi boca no llegará á oírla: de su’presencia librante arriesgada. Cuánto hoy me asjusta su terrible es¬ panto ! oh! ¡ con qué fuerza vuelve á arder la llama que me consume. 1 ya no es la suave y tranquila pasión que alimentaba mi tierno pecho: á fuerza de oprimirla y contenerla, ya tan irritada se manifiesta que lo vence todo, y el corazón no basta á sujetarla. Este fuego es quien solo me mantiene; si yo á Raúl el olvidar lograra, moriría logrando mi victoria. ' Mi delito detesto y á él me arrastra mi funesto destino. v Isau. Mas , Señora , volved en vos, dejad esas estrañas odiosas aprehensiones... Gab. Quien pudiera con digno llanto conseguir, ,Isaura, borrar éstos suspiros vergonzosos. Ah i por piedad, amiga, échame en,cara mi detestable culpar por curarme mi vergüenza , delito y dolor agria. Dime que tu amistad tengo perdida; de un ciego error á veces desengañan los continuos sonrojos: vé , y si acaso Raúl aun se mantiene en esta estancia, á ese infiel corazón intima luego la terrible , cruel sentencia infausta de un eierno. destierro : pero, amigo, procura suavizar con tus palabras sus terribles tormentos; que reciban
20 algún constelo sus amantes ansias, pues á matarle vas; di que mas penas solo las ocasionan sus desgracias: díie que yo su ausencia he decretado... Y á quien le cuesta sus mas tiernas lᬠgrimas. ¡Qué comisión te doy! la amistad sola la ternura y valor sabe unir sabia. Pero vele aquí: huyamos. SCENA II. Gabriela , Cuci y Isaura. Cuci saliendo por donde entró el acto an¬ terior , y deteniendo á Gabriela. Cuci . Deteneos: y escuchadme, cruel. Avergonzada se mira mi obediencia de haber huido del terrible peligro que amenaza á Monlac y á vos misma: solo intento tener con ambos parte en la desgracia. Gab. Ese riesgo cesó ; pero os destierra el honor riguroso ; á su jornada Fayél partió tranquilo : con discursos artificiosos tuvo Monlac maña de alucinarle para disuadirle : ya se ausentó de aquí: sino me engañan según lo que me han dicho, me persua¬ do que cerca de estos muros os aguarda: idos , pues conocéis todos los pasos. Cuci. Si ningún riesgo aquí nos embaraza, logre un instante tan siquiera hablaros. Gab. No!... Cuci. La misma virtud así lo manda. Gab. Que os huya solo quiere. Cuci. deteni. De no hacerlo me mirareis morir á vuestras plantas. Gab. impetuos. ¡ Así osais detenerme l Cuci. Sí, me atrevo. Gab. Temerario, ve aquí la única causa que te ha traído: de mi amor funesto solo hablar quieres: oprimirme trazas con mis pesares: ;mas en mi delito cebarme intentas ! tus culpables ansias te hacen menos temible á mis virtudes. Raúl ya de mi amor y mi constancia pretende hacerse indigno ! aborrecerle Será preciso y mi mayor desgracia. Cuci deteniéndola siempre , Cuci. Ingrata, de formar avergonzaos una indigna sospecha que me agravíe el honor es quien solo á hablar obliga. Gabriela le escucha. Poco há que enternecidas nuestras mas al mirar nuestras penas su entereza vieron titubear: vuestra esperanza, vuestro solo deseo fue la muerte: .; yo quiero que de triunfos coronada aseguréis Vuestra preciosa vida. Yo causaba sus males , yo turbaba su inquietud toda : pague yo la p^ s ‘ A este amante infeliz que os idola* 1 ? olvidad para siempre. Oh Cielos! ¡ c °' mo Raúl pronuncia tan desesperada y terrible sentencia ! sí: mi afecto de vos una acción pide, que imitarla me será á mi imposible. En tal monie^ á nuestros corazones solo falta que mutuamente tiernos se socorras- Mi suerte sea feliz ó sea Infausta f ; en todo ha de arreglarse por la vue stl y mi vida ó mi muerte decretadas serán por vuestro egemplo. Gabriela con dulzura . Gab. Bien , Raúl mió , p hagamos que la unión de nuestras 3 mas la virtud siga que engendrarla sup 0 ' Las pasiones ardientes y elevadas» solo nacen en grandes corazones; quien las conoce sabe sujetarlas. No es el valor una tibieza estoica es una ardiente y encendida llama ^ que á lo heroico aspira: bien conoZ ser intento imposible que apagada esta pasión se vea; pero el triuin 0 conseguiremos con purificarla. # Considera, pues, cuanto en los prí* 1 pios nuestros amantes pechos inflamaba ^ de virtud solo el nombre ; como ambos la recíproca unión era la causa de seguir el honor: que el amor i° l i.
ha servido de norte á nuestras almas, a lo glorioso siempre han aspirado. e “espertar con tu discurso acabas este zelo en mi pecho , y en el tuyo el mismo efecto mis razones causan. ■ Procuremos en nuestros desvarios a ninguna flaqueza dar entrada. Este dichoso instante aprovechemos; prometamos vivir, dando palabra de eternamente no volver á vernos. Mientras yo de la Corte retirad? en tranquilas virtudes me egercito; en temro mas publico levanta a las tuyas honrosos monumentos S„-ve s.onpre de oráculo i ¡^Fraudade humanidad, de egempio á los morí tales: ilustra al mundo y á la patria ensalza. Amigo de tu Rey marcha á su lado * y sírvele de escudo en las batallas. ’ Ofréceme en obsequio todo el mérito que adquirieren gloriosas tus hazañas: cuando el amor mi imagen te presente, creyéndome testigo de aumentarlas tendrás mayor cuidado; y de este modo toda sombra de culpa disipada , logrará nuestro afecto un ser sublime, y al pesar del deber de la desgracia y el himeneo para siempre cuerdos, conservaremos nuestro amor sin mancha Uc *' Dónde estoy ? Cielos ! qué encanto lisongero así hechiza , suspende y arrebata potencias y sentidos ! ¡ cuántos gustos í S' S pen ? s en sí siente el alma eSgldo” PO ! ‘ quilín me habla enaunque ocasiona toda i que tierna y dulwl ! ama rgura í la hermosura tras sí *cómn°f arrastra ¡>m débil corazón que p' para resistir tiene! aquesto * í® 8 dar cuenta debo al mundo y /f hecho: de los tesoros que con mano « '?. atria mC hab ^’ Señora, enriquec^do^ef^ii- e 8uro que seré querido siempre* 2 r por complaceros fuerza es que renazca. Cuidaré de mi vida, solamente por agradaros , por sacrificarla por mi patria y mi Rey , por tantos tristes á quienes la fortuna desampara: (y con todo no son tan infelices como nosotros ) quiero que la fama á pesar de los héroes que lo envidien diga porque redunde en tu alabanza: ,, Raúl de su Gabriela para siempre „ cruelmente privado tuvo tanta ,, fuerza para vencerse que obediente ,, pudo vivir, y consiguió imitarla. Gab. Ya á Raúl reconozco : este glorioso vencedor mió nunca conquistara mi corazón á merecerlo menos. De egercitar es tiempo mi constancia y el zelo tuyo. Aliento... Separémonos. Cuasi enmudecida. Cuci entremetiéndose . Cuci. La resistencia y el valor me faltan. Gab. mir. con firm. No , Señor. Cuci. Perdonad: al dividirse con mayor fuerza, parece que se enlazan nuestros dos corazones. Triste triunfo de horrores lleno , aunque también de gracias. Gabriela apartándose un poco. Gab. | Y á mí me cuesta menos? procu¬ remos si puede ser el ocultar mis lágrimas. Cuci siguiéndola. Cuci. Hasta mi corazón corren las mias. Gabriela parándose. Gab. Para siempre , Raúl , de tí se aparta tu Gabriela infeliz: á Dios te queda. Apartándose mas. Raúl. A Dios. Gab. Encubre su salida Isaura. Váse con Raúl. SCENA III. Gabriela. Gab. Tu ley severa , oh Cielo l satisfecha debe de estar: en la cruel batalla de que salimos hemos empleado todo el valor y toda la constancia que á nuestro frágil sér se le permite. A tu socorro se abandona el alma.
23 Tu bondad premia las virtudes todas. De este héroe cuida, de su desgracia¬ da pero preciosa vida: qué á perderla le habrán traído sus amantes ansias! mas qué triste rumqr es el que escucho? Va creciendo, se acerca, suenan ar¬ mas. A Isaura que sale. Díme y Raúl ? Isau. Señora , está perdido. Gab. ¡ Qué es lo que miro! S C E N A IV. Fayél , Cuci , Gabriela , Alverico y Guar¬ dia. Fayél persiguiendo á Cuci que se defiende de él y de sus Guardias. Fay. Suelta aquesta espada. Cuci. No me has vencido aun: toda esa gente me importa poco: nada me acobarda. Cáesele la espada , y la coge Alverico. Fay. Alverico , haced que le encadenen. Todo estaba previsto, y es ya vana A Cuci. tu resistencia. Abranse esas puertas: A la Guardia. malvados viles, ved de vuestra infamia al cómplice ya muerto por mis manos. Vcse á Monlac muerto en la galería. Gab. Cielos! Cuci. Monlac asesinadp ! Gab. á Isau. ¡Qué tú no me creyeses! Cuci. acercándose á Monlac. > Cuci. ¡ Quién pensara semejante maldad! oh monstruo! goza de tu indigna victoria. Fayél tranquil. Ya empezada , de vuestro cruel suplicio veis la prueba: traidor , del mismo modo procurabas encubrir tu perfidia que aquel dia, en que astuto partiéndote acia el Asia tu vil amor aquí á ultrajarme vino; tu mismo apresuraste mi venganza. Bien conocí, no hallándote á mi vuel¬ ta , que ocultándote solo procurabas venir aquí sabiendo mi partida. Mas yo que los engaños despreciaba, precisado á fingir también me he visto. Ya caíste en el lazo que me armaba*) y que vuestros delitos engañosos pusieron á mi vida y á mi fama. Cogiendo á Cuci y llevándole acia briela. Ven que tu sangre en este punto mo sobre ella salte; teme desdichada, su muerte empieza tu suplicio horri^ a ' Vale á herir. Gab. deteni. Tened . Alv. impid. tamb. ¿Qué hacéis, Señ<> r Cuci. Fiera tirana, Mere ; muero contento si consigo á sus ojos morir: mas por qué ultraj 3 sus sublimes virtudes? es preciso para hacerme morir el infamarla? Quién? nosotros formar contra tu vi“ 3 ' tramas indignas! si me gobernara por esas miras , sin duda en otro ti e(íl ' P° cuando tu amor su mano me robar’ ante los ojos mismos de su púdre¬ me hubieras visto pronto á la veng a ® za, obtenerla ó perderla en desafio. Pero tú que mi honor así disfamé . con supuestas maldades , solo intefl ta poder asesinarme con ventaja. Pues bien, vil impostor > yo te dj¡? miento, ^ y antes que muera declaro afl* e Francia o3 y el mundo todo que inocentes s °f ^ Monlac, Gabriela y yo. ¿De qu e ^espantas? su esposo* no eres ya, pues te has ^ mado contra su vida: mi valor reclama la ley de los ilustres Caballeros: mas de una mano dejará vengada á su gloria y mi muerte. Fay. Esa ley sola . í( es la que busco yo. No me acobard^ Tu carácter respeto al mismo tierap que miro con desprecio tu vil alma' Armadle luego. Vámonos al camp 0. De mi justicia cuidará mí espada: castigarte podría , y aun sin duda ^ tengo derecho á hacerlo ; mas p elisa ^ 0 ? quizá al morir que yo temerte P-^ No; Francés como tú solo me a g lí
la ■ venganza , y á vista del peligro oble satisfacion siento al tomarla. uci. .¿sta vez solo se .ha mostrado digno de ella tu corazón: vamos. a ’ P on iend. en.medio. ¿Aguarda qué vas á hacer? detente , temerario: , A Cuci. que nuevo horror vuestra iracunda fra¬ gua ? y vos , bárbaro , vos contra mi esposo queréis ensangrentaros? Vos de infamia cu ru a mi virtud? de parricidio r efamn, quieres? de£es “ > * esperanza 5 esteTJo^ ° S la da: venida acote smo ni muerte apresuraba Conocerlo debnais: no me quejovuestra vida también aquí arriesgada estaba con la raia, procuremos que quede por lo menos expiada nuestra imprudencia. Si nuestras razo¬ nes á su cólera aquí no desengañan ; morir os^toca pues que por vos muero. Vos., S<?ñor, escuchad. Fay. con viol. Cuanto ahora, ingrata, decirme quieras , á instruirme solo de tu amor servirá: contra tí hablan tus mismos ojos : cómplice me haces de mi ultraje y mi afrenta: en tus mi¬ radas se llega á traslucir: claro se imprime mi deshonor en todas tus palabras. “p te quiere; es querido, tus delitos obles son estos. De zelosa rabia enas mi corazón. Su muerte ordenas: Señalando á Cuci . conmigo morirás , aun que iográra salir et victorioso. Ola soIóJLc á esa infiel de mi vuí» SOldados 5 de Alverico á laTór í * Se P aradla: «~ les yálapa . de su vida... Fa y- Por todos yo respondo • obedeced lo que mi voz os manda A Cuci tomándola por l a mano' Ven a saciar la sed que n O R ™ la ardiente sed á quien tan sni USUme: Ja sangre de un ribal aborrecido^ 383 Consiga mi furor, pérfida ir. ‘ que fenezcamos ambos tristemente:’ a 3 acabe de una vez cuanto te amaba. ACTO QUINTO. S CE N A I. El teatro representa un calabozo , don¬ de se ve una mesa de piedra , y clos ca¬ luñas : la mesa ha de estar algo oculta con la una. Gabriela sentada junto á la mesa , sobre la cual habrá una lámpara. Gab. Oh! qué triste, qué lenta y qué ter¬ rible ¡se presenta mi infausta y postrer ho¬ ra ! esta es mi tumba, viva me sepultan : oh suprema justicia ! mis congojas después de tantas penas te suplican que entre mi pecho y vos juzgues tu sola. Si un corazón sensible es una prenda digna del Cielo , dime ¿ cómo logra de vuestros dones ser el mas funesto? ¿ mi delito cual es paraque toda la serie de tormentos así pruebe? ¿ habrá en el mundo acaso una persona que se queje mirando mis martirios ? pero nadie me oiga la dudosa y triste suerte del fatal combate : donde vencido y vencedor me asombra el furor de Fayéll sin duda alguna que algún secreto horror me propor¬ ciona Con viveza. ¡Pero Raúl peligra y yo me inquieto 1 ay mi triste Cuci ! si casi toda tu noble sangre derramaron fieros los sarracenos , ¿ cómo di la poca que te ha quedado defenderla "puedes ? tus brazos débiles con trabajo logran el preciso manejo , y á tus manos falta el valor que al corazón le sobra. Qué es lo que digo? ¡cómo preocupada en otro que en mi esposo , mis zozo¬ bras se interesan así! sola yo muera: Se levanta. mi sangre vierte : quita de esta forma el origen fatal del odio vuestro.
24 Reservad vuestro aliento á las victo¬ rias que vuestros enemigos os ofrecen. Ese honor falso que maldades brota abandonad magnánimos ; ¿ que objetó á riesgo pone vidas tan preciosas? ha de perder por mí la patria un hijo? mas mi muerte me anuncian: qué di¬ chosa mi suerte miro! S C E N A II. Gabriela , Alv er ico con dos guardias. Gab. ¿Y bien qué ha sucedido? Alv. Que no teneis esposo ya , Señora. Gah. Gran Dios ! Alb. Junto á la torre que sus zelos para observaros solo á mi custodia rezelosos fiaron, vi el combate que solo gobernaba una furiosa y vengativa ira : la destreza con el valor se olvidan y abandonan... En campo alguno se miraron nunca reliquias tantas de mortal discordia: maltratadas espadas por el suelo, robustas lanzas en el aire rotas : retumba el yelmo al repetido golpe, ardientes chispas el escudo arroja. Pero de fuerte herida traspasado, Raúl á vuestro esposo desazona V del caballo cae; queda triunfante el valiente Cuci , cuya victoria ya decidida á libertaros viene. Gab. Anda, vé, corre, y á Raúl estor¬ ba , que hasta aquí llegue: si lo egecütase, mi vida acabara mi mano propia. SCENA III Gabriela y dos guardias. Gab. Ah cruel! vé! aquí de tu venida todo el objeto, la esperanza toda. Vengarme solamente procurabas , y durante el combate, temerosa quizás me interesaba por tí solo: de mi esposo agraviando la memoria, solo pensaba el riesgo de tu vida. | Oh Fayél infeliz ! culpa horrorosa! atroz remordimiento ! ¿ yo he pod^ 0 ocasionar tu muerte? qué congoja! en pago, de tu amor ! de un parricida la causa he sido! tu funesta sombra airada seguirá por todas partes los temerosos pasos de tu esposa. esclamándose. Aniquila, gran Dios , en el sepul cf0 esta culpable que formaron todas las ¡ras del destino , y uaciá solo á traspasar los pechos que la ador 3 ®' ¿ Mas qué horrible espectáculo ah° rí miro? el dolor y la lástima me ahogan: mi esposo moribundo aquí conducen* SCENA IV. Fayél , Gabriela , Alverico y guardé con achas. Gab. Castigadme , Señor, mi culpa vuestra muerte origina. ¡ Fayél herido , ceñido con una bando*' Fay. Satisfecha serás en breve. Pronto á esa íraid^ apartad de mi vista. Que se ci las órdenes que he dado rigurosas* Cuando lo estén, volvedla á m¡ presea cia. Gabriela á quien se llevan. Gab. Solo vuestras desgracias ocasi^ mis verdaderas penas. SCENA V. Fayél , Alverico y guardias. Fayél sentándose junto á la meso- Fay. Mis delicias consisten solo en prepararte otras* , Con este fin bajé á este obscuro sib 0 ' Alv. Pues que con una herida peligros 3 *** Fay. No es tanto como tú te lo iniagia 3 ‘ Raúl se prometió ya la victoria al verme herido ; pero levantado por Armance , consiguió mi cólera de mi enemigo traspasar el pecho* Satisfechos morimos , pues que log r3 ^ nuestro rencor,saciarse en nuestra s3 gre . Tu muerte, ó pérfida, seguirá muy ¡? l
nuestro fslíz des tino. Ah. Sosegaos, \- 3 , 0S ,!e dicho, Señor, como furiosa ai ojr vuestra muerte , maldecid a su amante Gabriela. vay* Pues que importa ? ¿es por eso quizás menos culpable? su.» visitas secretas : su engañosa y execrable conducta... Sus maldades la propria sangre de Raúl abona : ue el Cielo nuestro Juez; él le castiga; que se oculte su muerte ; esa alevosa cicyendole triunfante ante sus ojos SM*'I er que adora. i°‘í ad ° “ llevar esta irden. i Peio, Señor,vuestra vertida sangre... Fay. La que me queda vivo fuego arroja, hierve en el pecho, y encendidas llamas mi rabia h'oi’nble por mis venas brota. No imagines que muera de esta herida* mas seguras harán mis manos otras * en viéndome vengado. Alv. Qué proyecto ! Señor, vivid. La vida me es odiosa. Mi corazón rabioso morir quiere; pero matar también mi pasión loca; , mi mauo.no está quedar con vida, Di perdonar tampoco á esa traidora. Por ponerla á tus pies, querido hubiera tener del mundo entero la corona; la muerte que mereces doy llorando; Do le queda á mi amor luego otra cosa que hacer por tí , sino también matar¬ me. Alverico: cuando del alma toda esta pasión llegó á tomar dominio, ds mVV 68 conscCüeacia s horrorosas cíe mi tunesto amor i • No sé „» a sos . o s P” T « “1 instante. , sombras q terror , que mis amorosas ansias ir, • Todo anunciaba «i en mi amor las desgrncPs de P mt P * a - S Un ms0 tt¡ P“fv y uña carta "y\ pone sobre la mesa. J Todo está pronto ya ; con üne „ deleitemos la Vista : qué tranquilo 5 ^* Jos instrumentos miro que l ie *• • T £»l°car t a y l *'ns'la¿V:;Z' Reconoce el papel eu que Gu infamia * e Cnseñ(í el arte de rengar mi honra. *5 Poniendo la mano sobre el vaso. Este presente qne inventó tu amante pronto recibirás: ahí qt¿e horrorosa presentándola yo será esta prenda! Descubro el vaso. Gima tu corazón , sus senos rompa la vista horrible de este tan sangriento. Le .vuelve a cubrir. Detu amor el objeto y la memoria tus verdugos sefrán, Alv. Pues qué ? Fay. Que gusto lograr espero cuando temerosa en este corazón , que preferido al mió fue , su amante reconozca, y mire por castigo á sus delitos el tr¡3te don que así los ocasiona. En medio de ambas víctimas entonces triunfante moriré. Vela aquí ahora. Se estremece. S C E N A VI. Fayél , Gabriela , Alverico y guardias . Gab. A Señor, terminad ya mis tormentos; de la muerte la imagen espantosa hace morir mil veces. Fay. ¿ Te han contado como Raúl después de su victoria de sacarte de aquí el honor pretende ? que habiendo conseguido ya su cólera herirme mortalmente por tu causa, para forzar tu cárcel tenebrosa solo espera á Retel ? Gab. Matadme al punto, y frustareis sus esperanzas locas. Dándole el papel. Fayél señalando el vaso. Fay. Estas son tu sentencia:: Y mi ven¬ ganza si me asusta Pvaul , juzga tú aho-ra. Al ir a tomar el vaso , mira a Fayél , y este la detiene. Pero detente... Me desarmó su vista, su desesperación temer importa y su llanto ; también volver los ojos al ir á herir á quien el alma adora. A su extremo mis iras han llegado, y mi pasión aun es mas poderosa: sí: yo quiero que muera, mas uo puedo mirar su muerte. Vamos : qué congoja! O >