Anua io de Es udios Ame icanos, 73, 2
Se illa (España), julio-diciemb e, 2016, 539-572
ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeame .2016.2.07
El in ie no sob e ieles. La iolencia que no cesa
en La Ma a de Ra ael Ramí ez He edia/
Hell on Rails. The Con inuing Violence in La Ma a
by Ra ael Rami ez He edia
José Manuel Camacho Delgado
o cid.o g/0000-0001-6655-7272
Uni e sidad de Se illa
Pa a C is ina Me cedes, ancladi a en
mis anden os, deshaciendo on e as
La Ma a (2004) es una de las g andes no elas hispanoame icanas sob e la iolencia
que azo a la on e a que hay en e México y Gua emala, donde ope an las ma as, los na -
co a ican es y odo ipo de bandas ma iosas. Ra ael Ramí ez He edia ec ea el pe eg ina-
je las imoso de miles de inmig an es indocumen ados que a an de c uza México a lomos
del en conocido como la Bes ia.
PALABRAS CLAVE: Violencia; T en (la Bes ia); F on e a; Bandas; Co upción; Na co á ico; Ta uajes;
Ma as.
La Ma a (2004) is one o he g ea es La in Ame ican no els abou he iolence
plaguing he bo de be ween Mexico and Gua emala, whe e he ma as (gangs), d ug a -
icke s and all kinds o ma ia o ganiza ions ope a e. Ra ael Rami ez He edia ec ea es he
pi i ul pilg image o housands o undocumen ed immig an s who y o c oss Mexico on a
ain known as he Beas .
KEYWORDS: Violence; T ain ( he Beas ); Bo de ; Gangs; Co up ion; D ug a icking; Ta oos; Ma as.
Copy igh : © 2016 CSIC. Es e es un a ículo de acceso abie o dis ibuido bajo los é minos de una
licencia de uso y dis ibución C ea i e Commons A ibu ion (CC-by) España 3.0.
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Del Tijuani a a El Palmi o. Hacia una ca og a ía
on e iza de la co upción
Poco an es de su mue e, el esc i o mexicano Ra ael Ramí ez He edia
(Tampico, 1942-Ciudad de México, 2006) dejó pa a la li e a u a en español
una ob a deslumb an e y monumen al, una no ela i uosa e i epe ible en
el uso de los ecu sos o ales, una icción admi able su gida de las espesu as
abisales de la sel a, un ela o po en oso que pe ila con azo ce e o la
co upción y la iolencia desca nada de la on e a en e México y Gua e -
mala, donde campan a sus anchas las bandas ju eniles y los g upos c imina-
les o ganizados pa a ex o siona , chan ajea y asesina a los inmig an es
indocumen ados que a an de alcanza el no e del su . La Ma a,1como i u-
ló el esc i o mexicano su ex ao dina ia no ela, ob u o desde el p ime
momen o el econocimien o de la c í ica —P emio Dashiel Hamme de la
Semana Neg a de Gijón (2005)— y ue conside ada como «la ob a más
impo an e esc i a en México en los úl imos ein a años».2
Ramí ez He edia ha si uado su no ela en el co azón de una on e a an
impo an e como la que conduce a los indocumen ados has a EEUU, y que
supone una escala impo an ísima en los mo imien os mig a o ios hacia el
no e, como es la on e a que di ide y conec a a México con sus ecinos del
su , Gua emala, Hondu as y el Sal ado , a a és del ío Suchia e, uno de los
luga es más u bios y pelig osos de la la ga a esía, po que al ededo de sus
aguas ope a odo ipo de ma ias y g upos iolen os, donde se a ica con
a mas, con d ogas, con indocumen ados, con muje es, con ó ganos, con
odo aquello que pueda gene a algún ipo de iqueza en los má genes de la
ley. En es e sen ido, el í ulo p opues o po el no elis a mexicano, La Ma a,
esul a equí oco, po que no es una ob a al uso cen ada en es as pandillas
u banas sino que plan ea las o mas complejas de la iolencia en o no a una
on e a lu ial, donde los ma e os ac úan como compinches de las au o i-
dades locales y de los pode es ác icos de la sociedad, acili ando la impuni-
dad e, incluso, la p o ección de los cue pos de segu idad del es ado, del ejé -
ci o desplegado en la zona, de los agen es de inmig ación o de la p opia
mig a no eame icana.
De los es ablecimien os que con o man es e inquie an e mic ocos-
mos, el na ado cen a su a ención en a ios encla es que azan las p in-
1 México-Mad id, Al agua a, 2004. En adelan e ci o siemp e po es a edición, indicando en
el p opio ex o el núme o de página en e co che es.
2 Ca dona, 2006.
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
Anu. es ud. am., 73, 2, julio-diciemb e, 2016, 539-572. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeame .2016.2.07
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cipales líneas a gumen ales de la no ela: el p os íbulo o «bailade o» de
doña Li a, conocido como el Tijuani a, la es ación policial de El Palmi o,
el consul o io médico-mágico de Ximenus Fidalgo, la casa llena de insec-
os de don Nicolás Fuen es, excónsul de México y las p opias aguas del
Suchia e en donde abaja sin descanso un balse o conocido como Ta a
Año e y que se á cla e en la dimensión ágica y mesiánica de la no ela.
Buena pa e de la localización de la no ela anscu e en el Tijuani a, el
p os íbulo de al os uelos de Tecún Umán, en la pa e gua emal eca, donde
las jó enes no solo es án adies adas en las a es del kamasu a opical,
sino que además, muchas de ellas ienen sus p opias edes de dis ibución y
su clien ela incondicional que les pe mi e hace negocios con la cocaína, las
me an e aminas, el c ack o la p opia he oína. De alguna o ma, odas las
his o ias que a iculan La Ma a es án conec adas con es e epicen o del pla-
ce , un opos luju ioso y on e izo, un san ua io e ó ico cómplice de la io-
lencia e ical que coloniza oda es a zona, donde los códigos, los alo es y
las no mas han sido sub e idos pa a gene a un nue o espacio egido po
sus p opias leyes. Al igual que ocu e en o os p os íbulos de pos ín de la
na a i a hispanoame icana —como los que apa ecen en El luga sin lími es
de José Donoso, en El amo en los iempos del cóle a o en Memo ia de mis
pu as is es, de Ga cía Má quez, en La casa e de o Pan aleón y las isi a-
do as, de Va gas Llosa, en La ca e a de En ique Amo im, en Ilona llega
con la llu ia de Ál a o Mu is o en La dulce canción de Caye ana, de Nélida
Piñón—, ambién en La Ma a el p os íbulo de doña Li a es el cen o neu ál-
gico del pode , donde se dan ci as las ue zas i as de la sociedad: el licen-
ciado Cossio, el gene al Valde ama, el excónsul Nicolás Fuen es, los
«comandan es» Julio Sa abia, alias el Mo o, y A emio Meda do, más cono-
cido como el Bu ona, además de oda una is a de emp esa ios de mo ali-
dad enenosa, su icien emen e pe i ados en las mil p ác icas delic i as que
con ie en ambas o illas del Suchia e en un e dade o pa que emá ico de la
c iminalidad.
La p opie a ia del bu del es doña Li a, muje emp endedo a y llena de
inicia i as, au én ica ma ia ca de la ida noc u na, que cuida a sus mucha-
chas con un a án ma e nal, a endiéndolas con mimo y animándolas pa a
que p ospe en y puedan mon a sus p opios negocios en un u u o inminen-
e, aunque pocas consegui án desencla a la pode osa in luencia de la
madame. A pesa del mundo só dido de los bu deles y lupana es de la on-
e a, doña Li a siemp e man iene, al menos en apa iencia, una ac i ud p o-
ec o a y solida ia hacia sus muchachas, a las que a a de inculca unos
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alo es que pasan po la p o esionalidad y la leal ad en el cumplimien o de
su abajo, ad i iéndoles en odo momen o de los pelig os que en añan las
ampas del co azón, las espinas y el eneno que se liba en los amo es ai-
cione os y p e iniéndolas de las e as y mil pelig os de i ados de los ecla-
mos de los coyo es, polle os y o os elemen os ans on e izos. El único
amo que se le conoce es el cu i a de Maza enango, un pá oco muy poco
o odoxo, p o undamen e comp ome ido con el mensaje c is iano, pe o
alé gico a las no mas y p o ocolos dic ados desde la cu ia a icana. En ea-
lidad, las ac i idades de doña Li a an más allá de los ajines del Tijuani a,
asumiendo papeles de in e media ia enca gada de con ac a con los coyo-
es y polle os de la zona pa a lle a a los indocumen ados has a pun os
in e medios del e i o io mexicano, con la complicidad siemp e de los
agen es de la mig a mexicana —el Mo o y el Bu ona, p incipalmen e—,
al y como emos en el capí ulo 19 de la no ela. Es ella quien acili a el
iaje labe ín ico de Dimas Be ón, jun o con su esposa, y o os es inmi-
g an es cen oame icanos al inal de la no ela (capí ulo 26).
Del osa io de pe sonajes que pululan o abajan en el Tijuani a, el
na ado cen a su a ención en dos p os i u as, Selene A igas y Sabina
Ri as, el g an amo del cónsul mexicano don Nicolás Fuen es.
Selene A igas, más conocida como Lizbe h o la panameña, apa ece
po p ime a ez en el capí ulo quin o de la no ela, cuando el au obús en el
que a camino de la on e a gua emal eca pa a abaja en el Tijuani a es
de enido en un e én de los habi uales po los agen es de la policía mexica-
na, sin sabe que se a a de la úl ima adquisición de doña Li a pa a el mejo
«bailade o del mundo». La solución iene de uno de los compinches de
doña Li a, el comandan e Julio Sa abia, quien al edac a su in o me sob e
el e én de ma as habla de sie e de enidos, igno ando así la p esencia de la
panameña. Los g ingos acep an es e acío ap o echándose sexualmen e de
las muje es que han sido de enidas pa a su depo ación, con lo que la
co upción se inocula ambién en los e icien es y p obos unciona ios no -
eame icanos, quienes son capaces de acili a la en ada a Gua emala a
cambio de los pe inen es a o es sexuales: «la panameña ue colocada
como gua emal eca po las azones que Sa abia comen ó como un a o
que los g ingos g uñe on acep ando, po que a su ez ellos se es u ie on las
ho as den o de la celda de las muje es con la hondu eña jo enci a y con
Selene-Lizbe h, du a de cue po, con las e as como as as de no illo» [91].
Muy p on o Lizbe h se a a con e i en la a o i a de doña Li a, en la
muchacha enca gada de sa is ace las an asías sexuales de los icos y
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
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pode osos que con olan ambas o illas de la on e a lu ial. La p ime a ez
que Lizbe h c uza el Suchia e pa a abaja en uno de los luga es de moda
en la zona mexicana, lo hace conducida po un balse o cla e en la no ela,
el Ta a Año e, quien oda ía no ha i ido la e ible desg acia de pe de a
su hija a manos del ma e o Jo any Ri as y que de alguna o ma a a de
p o ege la con a los males y las pe e siones que se il an a a és de las
aguas del ío, en un ges o p emoni o io de su p opia agedia:
La siguió con los ojos al subi an di e en es a las de su chiqui a. El cabello la go an
dis in o al de Anama . Su niña jamás usa ía esos colo es en las uñas de los pies, y u o
ganas de deci le a esa muchachi a de cabello b illan e, olo osa a baño enzaca ado y
pe ume pegos eoso, que los zopilo es siemp e hacen odelas a los iamb es y que lo
pensa a mucho an es de a e e se a c uza la noche del camino, po que las a as de o-
an a los paja illos que se apa an de su nido; sabiendo de lo inú il de las palab as que
no dijo se quedó en la o illa, con el agua a la cin u a, con la mano azando una disi-
mulada c uz [132].
Lizbe h llega al bu del mexicano con la idea de ejecu a odo ipo de
co eog a ías y delei a a los asis en es con sus bailes sensuales, deslizándo-
se po la ba a ame icana, con oneándose en una silla al son de la música
de Ma ea Baja que an a glo ia le ha dado en o os es ablecimien os,
ob iando que en es e luga solo la quie en pa a dis u a la en la cama y lle-
a a cabo las más es a ala ias an asías sexuales. Po eso, as una noche
loca, de sexo loco, de g andes inges as de cocaína y an e aminas, de no
sabe cuál es el e és ni el de echo de la ealidad, Lizbe h despie a con «la
punzadu a de los dien es ajenos en la ca ne machacada en a ios si ios, en
especial los pezones» [135] y con una esaca emenda que no es solo ísi-
ca, sino ambién men al, aguijoneada po odo ipo de humillaciones y
esen imien os cuando ecue da:
los seño es de una aleg ía disc e a pasa on a las apues as en la bebida, a los ab azos
udos, a los jaloneos, a las exigencias dolo osas de aloja po a ás lo que ella a muy
pocos les ha pe mi ido, la moles ia de chupa una y o a y o a las pichulas alineadas
en e a su cue po hincado, y hace cosas que no la so p endie on más de lo que hubie-
an hecho las pe iciones cob adas ex a con los clien es del Tijuani a, o lo que el pa ón
don San os le enseña a en ciudad de Panamá, o don Nico en Tecún como coyo e ja ioso.
Pu os ce o es con el nomb e de don, que son los peo es, como don Cha a, como
don Cossio, sin deja de lado a doña Li a, los ca ajien os dones [136].
Sin emba go, no solo se c uza la on e a en e México y Gua emala
pa a o ece belleza y un sin ín de a es ama o ias, sino ambién pa a hace
las eces de in e media ia («mula» o «camella») en el suculen o negocio de
la d oga, p opo cionada siemp e po el comandan e Bu ona. El me cadeo
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de la cocaína obliga al pe sonaje a c uza in inidad de eces el ío Suchia e,
conocido en e los ma as como el ío Sa anachia, lo que le pe mi i á es a-
blece una ex aña complicidad con el iejo balse o, quien siemp e habla
en un ono p o é ico y apocalíp ico, sob e odo cuando se e ie e a las ban-
das de a uados, lo que imp esiona á a los isi an es que lleguen has a su
casa, gene ándose una pa icula co ien e mesiánica. De hecho, Lizbe h es
de las pocas que se a e en a come cializa la d oga con los ma e os, a
pesa de que Pe edo, el p esen ado del Tijuani a, le «diga que me e se con
esos ipos es anda jugando con las babas del diablo» [243]. Su idea, cuan-
do gane su icien e dine o, es « eg esa a ciudad de Panamá a pone un
negocio de bingo, un caba e de lujo o una casa de cambio» [243], equipa-
ándose así a o os pe sonajes de la no ela —como Dimas Be ón o Rosa
del Llano— que aspi an a alcanza el sueño ame icano, simbolizado, en
es e caso, en la ciudad de Miami. Sin emba go, no es la ida lujosa y con-
o able lo que espe a a la panameña, sino un in ie no de d ogas y alcohol
que a uina á su cue po y su ida.
En La Ma a hay una elación muy pa icula y p óxima al amo en e
don Nicolás Fuen es, excónsul de México, y Sabina Ri as, una de las belle-
zas u ilan es que abajan en el bu del y que da oz a las mise ias y sinsa-
bo es de las p os i u as del Tijuani a. Su his o ia, pun eada a lo la go de la
no ela, es á cen ada en el capí ulo 16, conec ada siemp e a las con iden-
cias que le hace a don Nico, an es de su caída en desg acia. Na u al de
San Ped o Sula (Hondu as), Sabina Ri as p ocede de una amilia iolen a
y deses uc u ada, con un pad e emendamen e ag esi o y una mad e,
doña Jaci, p eocupada solo po sus cosas, gene ándose un caldo de cul i o
excepcional pa a que la niña Sabina acabe p os i uyéndose po la calle y su
he mano Jo any ing ese en el mundo de la Ma a Sal a ucha 13. Como
econoce a don Nico «El pasado de noso as es agua e uel a que nadie
quie e bebe , ni siquie a un b óde leal» [189]. Con apenas ece o ca o ce
años u o que sali huyendo de su casa, pa a cae en manos de Ma io
An eno , un exano, de o igen sal ado eño, que la iola á de mane a inmi-
se ico de y más a de la o ece á como es ín sexual a un g upo de amigos,
odos nacionalizados no eame icanos pe o de o igen hispano, epi iendo
de mane a só dida la his o ia de miles de muje es de los bu deles.
Sin emba go, en su his o ia con ada una y mil eces a don Nico hay un
asun o u bio, una zona oscu a de su biog a ía e e en e a sus pad es, una
pulsión inces uosa c ecien e hacia la igu a de su he mano, el ma e o Jo any
Ri as. El cónsul siemp e se p egun a «¿Po qué ese asun o me e a la ca a-
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
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cha en unas neg u as que le a ancan los chillidos?» [192]. La azón no es
o a que el o igen pa icida de las dos p ime as lág imas de Jo any, el asesi-
na o de sus pad es, lo que lo con ie e en un au én ico hé oe en el mundo
ul a iolen o de la Ma a Sal a ucha.3Pasado el iempo, Sabina se en e a ía,
en el ba io de Sunce y de San Ped o Sula, de que «habían en e ado a sus
pad es sin ella sabe en qué cemen e io es aba la c ip a, o si eposaban en
ie a bendi a» [289]. La his o ia e dade amen e conmo edo a de Sabina
Ri as es la pasión inces uosa po su he mano, alimen ada a lo la go de los
años en la búsqueda obsesi a de sus olo es en cada uno de sus clien es y en
los coque eos amo osos con sus aman es ocasionales. El miedo, la a acción
sexual y la ascinación po la maldad de Jo any acaban gene ando en Sabina
una pe sonalidad obsesi a, en in ensa búsqueda de aquel que la a emo iza y
cuyo deseo apa ece la ado en lo más p o undo de su conciencia:
No quie e sabe que su he mano Jo any anda ce ca, aunque lo sabe. Lo sabe y le a e-
a que una noche se le apa ezca y le enue e ese sen imien o que odia, o lo peo , lo
que sien e con los homb es y se le pega al ecue do del he mano, y eso es mucho
menos ag io que si él le con a a dos pa es de la his o ia de las lág imas a uadas en
la ca a […] … que oiga lo que quie e deci le, que ella no iene salida, es á ma cada
como aca de engo da desde que supo lo que Jo any había hecho pa pone se dos de
sus maldi as lág imas… […]
…si le pide que se acues e con él, que cojan como locos, a lo mejo ella le dice que sí,
que lo único que le impo a es ole le el sudo , que le me a la pichula has a lo hondo del
cue po y así no enga oz pa pedi le cuen as po lo que les hizo a sus pad es, la maldi a
sin azón de habe les dado luz e de pa pone se un pa de lág imas y da se el lujo de
que la clica lo admi e po se más el más cab ón de los cab ones del mundo [32 y 284].
A mi ad de camino en e la ida p os ibula ia y su casi a ce ca del ío
Suchia e, encon amos a don Nicolás Fuen es, uno de los pe sonajes más
complejos de la no ela, quien p ac ica odo ipo de co up elas meno es
desde su condición de cónsul de México en el no e de Gua emala, después
de habe pasado ein e años como o icial de pasapo es en Ciudad de
México. P esen ado al p incipio de la ob a como un pe sonaje en caída
lib e, abandonado en odos los sen idos, pasa sus días ence ado en la casa
donde nada unciona, umbado en su hamaca, acompañado po un ele iso
asediado po las in e e encias, sin aseo pe sonal, odeado de mug e y
cochamb e, con el pijama manchado po la o ina y umiando los ecue dos
lace an es de la bellísima Sabina Ri as, cuyo pa ade o desconoce y cuya
mue e p esume en la ma anza de la E mi a del Ca izal. Su abajo no
ha sido ácil en Tecún Umán, a sabiendas de la animad e sión de los
3 Así se lo decla ó el p opio Ra ael Ramí ez He edia a Raquel Ga zón (2004).
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gua emal ecos hacia la población mexicana y de la imposibilidad de i i
en una localidad ab asada po el calo y la iolencia. Du an e años ha dado
muchas isas a cambio de sexo, con ecuencia a niñas que apenas e an
adolescen es, iajando ocasionalmen e al DF pa a endi cuen as de sus
ges iones en la on e a, pe o siemp e cuidadoso con no con e i se en un
se omnipo en e de la bu oc acia, una deidad ec o a de las isas y o os
documen os necesa ios pa a la legalidad ansnacional.
Aunque ha sido cau o en odas sus echo ías en los úl imos diez años,
la sospecha, posiblemen e lanzada desde el p opio gobie no egional, de
que es u o implicado en la ma anza del Ca izal, ha e minado cos ándole
el ca go diplomá ico que ha eje cido con el consen imien o y la ap obación
de la mayo ía de los ecinos de Tecún Umán, un luga in ame y pes ilen e,
lleno de bu deles y «bailade os» que huelen a o ines. En cie o sen ido,
sus co up elas son siemp e sexuales, como le ecue dan a doña Li a sus
muchachas, y siemp e ha sido muy cuidadoso con no oca o os asun os
que pod ían con e i se en au én icos a ispe os pa a la anquilidad y su
segu idad diplomá ica en ese e i o io inhóspi o, al que llama «basu al,
e ugio de canallas a uados» [21], po eso se ha man enido alejado del á-
ico de d ogas —a pesa de las in i aciones insis en es y machaconas de los
agen es de inmig ación— y de las pandillas y bandas calleje as, g upos
ponzoñosos de jó enes esco ados hacia una iolencia pa ológica:
Pe o a los a uados nunca les dio papel alguno. Chacales pe didos de la oscu idad.
A ésos los e i a si se a a iesan en su camino. Pe cibe sus ojos en la neg u a de los
bailade os. Oye su oz en el pi ido del en. En la es ación donde ienen su mad igue-
a. Pa a ellos la isa no es ida, es la cala e a del demonio. Nunca hizo eso y ampo-
co u o nada que e con la noche en el Ca izal. Eso bien lo sabe, aunque haya gen-
e que lo dude […] A e ado a eso po no que e pene a en di ec o a la his o ia de
los homb es a uados, semidesnudos, dispues os a hendi has a el silencio, de odio
encanijado, de mue e en los ojos. Tampoco a los alijos de cocaína, po más que Julio
el Mo o Sa abia, y el Bu ona, cada quien po su lado, lo camela an, lo siguie an po
meses pa a deci le que no ue a on o:
… don, el gobie no ni se da cuen a… [20 y 23].
Su caída en desg acia, as se maliciosamen e elacionado con el epi-
sodio ágico del Ca izal, se debe en buena pa e a su posicionamien o
independien e y poco cómplice con las co up elas policiales a ambos lados
de la on e a. A pesa de sus chanchullos libidinosos con las jó enes del
Tijuani a, don Nico no ha is o con buenos ojos la co upción policial, el
á ico de a mas y de d ogas o la complicidad de las au o idades con los
ma e os. Tampoco es á de acue do con las in omisiones de los agen es de
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la mig a no eame icana, quienes pa ecen hace y deshace a su an ojo, a
pesa de es a en una on e a muy alejada de los Es ados Unidos, e o -
ciendo aun más la implacable co upción ins i ucional:
Dichos seño es —e i ó deci suje os— llegan a eso de las nue e de la mañana y se
e i an ya en ada la noche. Po los in o mes se sabe que los dos seño es eje ci an el
idioma inglés y al pa ece comandan a los unciona ios mexicanos, quienes cumplen
con acuciosidad las ó denes de los ya mencionados seño es, eg esando a la on e a
a los indocumen ados o dejando pasa a quienes de e minen los mul ici ados seño es
ex anje os […] el pa de g ingos al mando de un pues o on e izo mexicano a miles
de kilóme os del ío B a o ecibía un es ímulo po pa e de su gobie no de cincuen-
a dóla es po cada cen oame icano de enido que no ue a gua emal eco, y que
cálculos baji os mencionaban de ochen a a cien depo ados al día [33-34].
Don Nico i e en un comple o abandono desde que ue cesado en su
pues o diplomá ico, paladeando el desas e co idiano en el que sob e i e,
la obsesión po la desapa ecida Sabina, el pijama malolien e, la ele que no
unciona, los insec os, las cuca achas y los alac anes que se pasean aleg e-
men e po su casa, la b isa pod ida que llega desde el ío Sa anachia,
«como Ximenus le dice al ío» [36]. En su de e io o impa able se queja
ama gamen e de que siemp e es u o solo en su o icina, sin que nadie de la
Sec e a ía le hicie a caso cuando denunció que los g ingos es aban man-
dando en la on e a. Su decli e le impide ol e a una co idianidad que se
pie de en la b uma del pasado, po que ni siquie a puede «i al Tijuani a si
la ce eza lo hace o ina a cada a o y se mancha los pan alones y le da e -
güenza que lo ean así» [187]. Posiblemen e ue on sus denuncias eladas
las que de e mina on su caída, sob epasando las líneas ojas de la in o ma-
ción ese ada que cues ionaban la ac uación de los agen es no eame ica-
nos, al y como plan ea en su esc i o de de ensa:
Que nunca u o que e con con abandos de nada, aunque en las in es igaciones
jamás salie a la palab a con abando. Que sugi ió, nunca de una mane a di ec a po -
que no e a an o pe, que en la on e a hay un pe manen e con abando de a mas y
de d ogas. Que el á ico con indocumen ados es pan de cada ho a. Que el cónsul
in o mó a iempo de las sec as eligiosas [281].
Pe o nada de eso si e, po que don Nico, homb e que ido en Tecún
Umán, se a a con e i en el chi o expia o io de odas las bellaque ías
come idas en la on e a y su denuncia de la complicidad de los ma e os
en dichas p ác icas co up as, en conni encia con los pode es ác icos, la
policía, el ejé ci o y los se icios de inmig ación, se á cues ionada y nin-
guneada po las au o idades mexicanas que e án en el cónsul un e so
suel o al que hay que silencia po la ía de su des i ución:
EL INFIERNO SOBRE RIELES. LA VIOLENCIA QUE NO CESA EN LA MARA
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sabía que una lág ima cla ada pa a siemp e en el os o e a igual a un c is iano menos
en el mundo de acá abajo, y si las lág imas del Poison e an dos, pos dos e an los ba os
pu os que se habían ido a baila a los congales del cielo [54].
Cua o se án las lág imas que ensucien el os o ju enil de Jo any,
cua o lág imas que ep esen an mue es y su imien o, asesina os inmise-
ico des que son asumidos po el lec o como ajus es de cuen as con un
pasado u bio y lleno de pe u bado as pa ologías. Esas lág imas apa ecen
una y o a ez en su memo ia, po que ep esen an a los cua o mue os que
ca ga sob e su conciencia —Lamini as, sus pad es y la jo en Anama , hija
del Ta a Año e— y que apa ecen de o ma quimé ica en los momen os de
mayo iolencia, casi siemp e elacionados con el ío Suchia e-Sa anachia,
con la sel a o con el en aba o ado de indocumen ados a los que hay que
oba , o u a y ma ca de po ida:
Y si nada sabía, menos aún que de ahí me o, de esa men ada Ciudad Hidalgo, ya den-
o de un país llamado México, sale un en acío, eno me, la go como pesadilla, pa a
i hacia el no e, y que alguna ez, después de los ece segundos que u o que sopo -
a pa a se ma e o, ya con lág imas a uadas en las mejillas, a ando de no eco da
siquie a lo que u o que hace pa a pone se esas cua o p ime as lág imas que a den
sin cesa como si a cada ho a se las es u ie an a uando con la pali a g is de a ios
pequeños y dolo osos dien es, se epa ía al en en ma cha y se esconde ía en e dos
agones oyendo el es uendo de la máquina y de las uedas de hie o, pe o no pa a
i se al no e del no e del no e, sino pa a aga a lo que el Poison, el Rogao y el Pa o
le manda on que aga a a, que hicie a en aquella noche, p ime a pa a él, en que los
uidos del en ue on más débiles que los g i os salidos de la oscu idad sa u ada de
llan os de las pe as que no que ían sa is ace las ganas de los ba os locos siemp e ca -
gan y de los o os aullidos que nunca lo abandonan, la mi ada de doña Jaci, la abia
so p endida de su pad e, las babas dulces de la niña, lo que en el hoyancón del cami-
no lanza a Lamini as en esa súplica de sus ojos diciendo no sabe la azón de mo i -
se an ce ca de quien an o lo calen aba [56].
En cie o sen ido, la mi ada esc u ado a del na ado sigue los pasos
de Jo any Ri as, con e ido en una sue e de pa adigma necesa io pa a
explica los eso es y la ipología del clásico ma e o en odas las ases
de su inme sión en una de las bandas o clicas. A lo la go de las sinuosas
líneas a gumen ales de La Ma a, omamos conciencia del con lic o ami-
lia de Jo any, sus obos e in imidaciones a los ecinos, las elaciones
sexuales con su he mana, la ejecución de sus pad es que lo con ie en en
un e dade o hé oe en e los suyos, o cómo, de mane a espec acula ,
Ramí ez He edia na a su ing eso en la Ma a Sal a ucha en el capí ulo
décimo, que cons i uye un e dade o monumen o e bal. A a és de ece
secuencias que ep oducen los ece segundos en los que se pone a p ueba
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
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al aspi an e, el na ado e ue ce un lenguaje que de alla la e ocidad del
i o de en ada con su a alancha de golpes p opiciados po los e e anos del
g upo, el c uji de los huesos o os, las cos illas ac u adas, los dedos des-
memb ados, los dien es a ancados de las encías a pa adas, la hemo agia
que es alla en la ca a, una iolencia espeluznan e con a el candida o que
se con e i á en el ce i icado de su alen ía, en su comp omiso a e nal e
ineludible con los demás miemb os de la pandilla, o eciendo, de mane a
i ual, un ibu o de dolo que los une pa a siemp e21 —«Ellos son los que
le a izan. Su e dade a amilia» [120]—:
Agua dan una oscu idad ana po que nadie llega á a de ene la en ada del nue o, que
sen ado uma. Nadie se á capaz de qui a le la ilusión al nue o b óde . Nadie que se
oponga al bo bollón de golpes que du a á ece segundos. Uno, dos, es, cua o, cin-
co, seis y así has a comple a ece que es el núme o de segundo a segundo a segun-
do has a llega a ece y el nue o sea pa e de la clica 13 sin que el machaca de los
golpes le qui e el gus o de se uno de ellos. Y ambién el núme o que le da con ase-
ña a su Ma a.
No hay quien pueda c uza la ida sin una iden i icación que les diga a los del más
allá de dónde salió ese que po a los a uajes, el le e o y las lág imas en el os o.
… pa que los ba os locos del o o ba io sepan de qué si io a anca on en el iaje…
… de qué luga del pu o mundo ienen…
Y los haga esal a de los demás que no son suyos, como sí lo son los signos en sus
cue pos, el alo de cada una de las igu as que les cla a on pun o a pun o, dolo a
dolo que no mani es a on aunque la mano del dibujan e punza a las agujas sucias en
la pun a de una espá ula con hile a de dien es, delineado es pe ec os de las igu as
en el cue po y de los es pun os en sus nudillos […].
Pa a mos a que un ma e o no se umba ni siquie a cuando le a icen con odo, que
no se a a queja po que le ompan el alma, ni se a a cuaja an es que La Vida Loca
le enseñe que pa a en a a la Ma a Sal a ucha 13 iene que cala se los güe os bien
pues os pa sopo a esos segundos ecibiendo chungazos menos du os de los que les
ha dado la ida an es de se pa e bien aleb es ada de la clica donde es án… [75-76].
O os ma e os cumplen una unción es uc u al y pe mi en amplia el
a co emá ico. Uno de ellos, se p esen a como «Ma is Menses. Gua emal -
eco. T abajado lib e. Sol e o. Ca ólico. Vein e años. Gua emal eco, epi e
y mues a sus documen os. A isi a a unos amigos en Tapachula. En dos
o es días se eg esa a Tecún Umán. Viaja solo. No pe enece a ninguna
banda y nunca ha oído menciona eso de la Ma a Sal a ucha» [86]. Se
encuen a de enido en El Palmi o, el pues o de la policía de inmig ación en
el que, ob iamen e, no se c een la e sión del pandille o. El p opio agen e
Julio Sa abia el Mo o es es igo de las lág imas a uadas y de la iolencia
21 Valenzuela A ce, 2013b.
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de los mo i os dibujados en su piel, que indican pelig o y amenaza pa a
odo el que se c uce en su camino:
Julio Sa abia mue e la boca emo iendo la sali a. No conoce el ipo, no puede cono-
ce a oda la gen e de Tecún, pe o sí sabe de qué á bol se cuelga el e ga ese. A la luz
de la o icina, los a uajes del homb e pa ece que se mue en. La man a le cub e pa e
del cue po, no así el os o donde un acimo de lág imas a uadas, es de un lado y
dos del o o, le pa en las mejillas. La man a no esconde los b azos ado nados de cala-
e as y a es. Tampoco cub e las manos donde es pun os a uados en los nudillos lo-
ecen como osas neg as […]
Ma is se qui a la man a g is. Lo hace como si ue a un mago segundos an es de ini-
cia su ac o. Los a uajes del cue po se mime izan en las pa edes de la celda: d ago-
nes de hocico lamíge o, el os o de un C is o de mi ada ie a, se pien es en elaza-
das, águilas de ojos pene an es, c uces sob e umbas, miles de pun os que a man una
cons elación de es ellas, las dobles auces de un ig e [86 y 92].
Al igual que Lizbe h, Ma is Menses no a a se egis ado en el pa -
e o icial de El Palmi o a pesa de habe sido de enido en un e én u ina-
io, como si ue a anspa en e o in isible pa a los agen es de inmig ación,
y a a ap o echa es a condición pa a des alija con inusi ada iolencia al
g upo de indocumen ados que compa en la celda, pasando po al o que se
encuen a en un ecin o policial donde la complicidad con los ma e os es
e iden e y odo pa ece es a sume gido en las aguas pes ilen es de la
co upción. No hay duda de que exis e una complicidad absolu a en e las
ue zas del o den y las pandillas que pululan po la sel a, a las que se ecu-
e pa a la p o ección de cie os ope a i os elacionados con el á ico de
a mas o de d ogas, al y como Ramí ez He edia na a en el capí ulo 21. De
es a o ma, la co upción, en pe ec o ma idaje con la iolencia, no solo es
e ical y ho izon al,22 sino que pa ece oca lo odo po medio de in e mi-
nables cí culos concén icos que con ie en el espacio de la on e a en un
e dade o espe pen o de la sociedad, un espe pen o a a esado po líneas
de e oca il en las que los inmig an es an a i i un au én ico cal a io.
La Bes ia o el « en de la mue e», como se le llama popula men e, no
es un en solo, ob iamen e, sino una ed de con oyes que c uzan México
de su a no e, en ambos sen idos, anspo ando odo ipo de me cancías,
en e las que des acan los p oduc os químicos o al amen e óxicos que
debe án e i a a oda cos a los inmig an es. Después de c uza el ío
22 A es as o mas de iolencia y co upción, analizadas po Do man en los años 70, Al edo
Na e as inco po a o as ca ego ías p oceden es de la sociología como la iolencia «mul i acé ica»,
«dinámica», «polí ica», «es uc u al», «simbólica» o «co idiana» (Na e as, 2006, 73).
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
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Suchia e en alguno de los pun os que conec a a Tecún Umán con Ciudad
Hidalgo, los indocumen ados end án que abo da el en, que no es á p e-
pa ado pa a lle a pasaje os, a ando po odos los medios de alcanza el
echo de los agones o queda ins alados en cualquie salien e de hie o o
en las escale illas que conec an unos agones con o os, en los luga es más
insóli os, después de lucha a b azo pa ido con o os homb es y muje es
que en su desespe ación pa ean, golpean, mue den, a añan, a as an, con
el único obje i o de ene un pequeño espacio a lomos de la Bes ia que le
pe mi a llega lo más ce ca posible de la on e a con los Es ados Unidos.23
Una de las pa icula idades de es e ipo de enes es que no anuncian
los días ni las ho as de salida, acili ando, de es a mane a, una in o mación
p i ilegiada pa a odo ipo de coyo es, poye os, halcones de los na cos, chi-
a os y soplones de los ma as y o os in o man es de la auna ans on e-
iza, que u iliza án es a aliosísima in o mación, il ada opo unamen e,
pa a en abiliza la con g andes ci as económicas.24 Tan impo an e como
subi al en en medio de la ba alla campal y escapa de lo que se ha llama-
do «la nube de inmig an es», es e i a a oda cos a los « agones malos»,
aquellos que ca gan p oduc os óxicos y, sob e odo, so ea aquellos luga-
es donde iajan es os in o man es de los na cos, de las ma as o de o as
ma ias ope a i as, que más a de señala án pa a su des alijamien o a los
indocumen ados que supues amen e engan mejo es ecu sos económicos.
La subida al en se hace en mo imien o, en medio de los opezones,
codazos y empellones po alcanza el mejo si io posible, po lo que las caí-
das y los acciden es o man pa e del aque eo sinies o del en, con sus
is as habi uales de miemb os ce cenados o inmig an es que mue en al
cae bajo sus uedas, a los que hay que suma las caídas po e ec os de la
modo a, el sueño o los ai enes inespe ados de la maquina ia en los a-
mos di íciles del ayec o. Muchos se án en e ados en los cemen e ios
locales, en osas comunes casi siemp e, sin un nomb e y unas señas pa a
iden i ica los en el mangla de la desg acia, po que la mayo ía iaja sin
documen ación, de ahí el apodo de «indos», con el obje o de di icul a y
e asa su depo ación en el caso de se de enidos po los agen es del amo
23 Ma ínez, 2010, 64-79. Chouza, 2014. Dal on y Elías, 2014.
24 Véanse los documen ales: A lomos de la Bes ia, de Jon Sis iaga, Canal Plus España, 2011,
h p://www.documania .com/social/jon-sis iaga-a-lomos-de-la-bes ia- ideo_eaa08 74d.h ml; y F on -
e as al lími e: La on e a de la bes ia (México-Gua emala), TVE, 2015, h p://www.documania
.com/social/ on e as-al-limi ie-2-la- on e a-de-la-bes ia-mexico-gua emala- ideo_58822a28c.h ml.
[Consul ado: 01/08/2016].
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o bien po que ya no la ienen, después de habe sido a acados y obados a
lo la go del ayec o.25
La geog a ía mexicana es á pun eada de es aciones o apeade os en los
que se p oduce el abo daje a la Bes ia po pa e de los inmig an es, ap o e-
chando la ca ga o desca ga de la me cancía, pe o ambién de pun os neg os
en los que ope an las ma as, los na cos y las ma ias de odo pelaje, a eces
compinchados con los esponsables o unciona ios de la es ación, o en sin-
onía con el maquinis a y los in e en o es del en. Es ecuen e que los
a uados ayan camu lados en e los inmig an es, haciéndose pasa po uno
de ellos. Po eso, el miedo es cons an e en cada kilóme o del iaje, el
emo agazapado en cada cu a, la congoja y la angus ia en cada amo de
ías, en cada pi ido de la Bes ia, pi ido o silba o que puede se anuncio de
salida o de llegada, o código sec e o a modo de con aseña pa a ale a a las
ma as del inminen e asal o. Apa ecen en onces las a mas más udimen a-
ias, palos, mache es, na ajas, cuchillos, punzones, alica es, he amien as y
ape os que han pe dido su signi icación posi i a pa a con e i se en ins u-
men os que gene an un dolo a á ico, que mue e los miedos más ances a-
les del homb e, que de uel e a la íc ima a un p imi i ismo mayo del que
a an de escapa . Los a uajes en el cue po, los pun os neg os en los nudi-
llos, las lág imas e oces que ce i ican el núme o de íc imas, el lenguaje
enc ip ado y e o cido de los pandille os, sus cabezas apadas, las bocas
desden adas, los ojos sal ones po las d ogas, cuando no acíos po los gol-
pes, odo acaba gene ando una a mós e a eneb osa y as ixian e, in ie no de
he ajes y plan as, posiblemen e sob edimensionado po los medios de
comunicación, como c een Valenzuela y o os,26 pe o que en cualquie caso
supone una inme sión en las zonas más abisales y u bias de la sociedad:
En e 1998 y 2003 se p odujo el inc emen o de las ac i idades iolen as y delic i as
de es os g upos. Sin emba go, es a pa i de 2004 cuando, de mane a espec acula , las
ma as (la «Sal a ucha» y la «18») empiezan a ocupa un luga cen al en el imagi-
na io del miedo y se con ie en en la «no a alien e» a o i a de los medios. Es indu-
dable que dos ac o es con ibuyen a es a cen alidad mediá ica: la decisión del
gobie no es adounidense de decla a las «p oblema de segu idad nacional» y, desde
luego, la «di e si icación» delic i a de la ma a: en a de p o ección y aslado de
mig an es (cen oame icanos, eu opeos del es e, á abes) de Cen oamé ica a México,
en ed con g upos mexicanos; con ol de la u a on e iza Gua emala-México (Tecún
Umán-Ciudad Hidalgo) a a és de «la bes ia» o «el en de la mue e»; posesión de
25 Íñiguez Ramos, 2013. Na a o B iones, 2013. He nández y Valle, 2015. Ximénez de
Sando al, 2015.
26 Valenzuela A ce, 2013b, 35. Reguillo, 2016.
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
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a mas de al o calib e y de asal o. Sin emba go, y pese a los con inuos epo es de los
medios, oda ía es amos lejos de en ende desde aden o es e acele ado deslizamien-
o hacia la iolencia ex ema y la delincuencia de los jó enes ag upados en ma as.27
Es cie o que el enómeno de las ma as ha podido se u ilizado po los
gobie nos cen oame icanos como una o ma de sup imi y iola de echos
cons i ucionales y e o ce el código penal a su an ojo, pe o las ci as que
o ece el pe iodis a Jon Sis iaga no dejan luga a dudas: del casi medio
millón de indocumen ados que se suben a la Bes ia, casi un diez po cien-
o de ellos an a se secues ados, ejados, o u ados, mu ilados o asesina-
dos an e la mi ada a óni a y e icen e de los demás pasaje os, sin pe de de
is a que sie e de cada diez muje es se án ioladas y ejadas en epe idas
ocasiones an es de llega a su des ino,28 con lo que su ida, si la man ienen,
queda á pa a siemp e es igma izada.29
El en cumple una unción impo an e en La Ma a, no solo po se un
medio de anspo e cla e pa a los indocumen ados más pob es que a an
de llega al no e de México, sino ambién po o ma pa e ya de la imagi-
ne ía más sinies a de la zona, con una impo an e ca ga mi ológica que ha
lle ado a la opinión pública a bau iza al en como «la Bes ia» y que es, en
úl ima ins ancia, el esponsable de ese con inuo zigzagueo de indocumen a-
dos que buscan en e los agones de ca ga una nue a opo unidad pa a sus
idas. Lo dice un pe sonaje sin esc úpulos, obsesionado con el dine o, el
agen e de inmig ación A emio Meda do, alias el Bu ona: «que lo pongan
ce ca de donde el en iene su eino, el bendi o en que pega más insec os
que un mosqui e o, que jala las ho das que quie en i se y c een que el en
los a a saca del calo y nomás embauca a los jodidos que aen pocos dóla-
es, o sea» [214]. Y en o o luga : «No se queja, qué se a a queja si es os
e gas se es u ie an quie eci os en su país, el negocio se desploma» [259].30
Po pa adójico que esul e, el en ca gado de indocumen ados e inmi-
g an es desampa ados eac i a la economía más sucia y só dida de la zona
y es p o agonis a y es igo de algunas de esas escenas más abyec as y
27 Reguillo, 2016, 4.
28 Sis iaga, 2012. Salinas, 2011.
29 Ma ínez, 2010, 80-99.
30 Galgani plan ea una o midable pa adoja, ya que el « en se cons i uye en la simbólica esis-
encia con que el p og eso p ueba y expele a los que no conside a dignos de sí. Maquina ia nue a que
lle a hacia el no e, hacia la p omesa, hacia el u u o, pe o que puede a oja hacia la mue e o de ol-
e hacia el pasado, la pob eza, el su , con el cue po ampu ado o con el alma endida a los pode es ác-
icos que gobie nan en la on e a. El en es el adelan o de lo que se án los Es ados Unidos pa a los
inmig an es, es deci , una é ea p omesa de p og eso y apidez, pe o ambién la amenaza des uc i a
de un sis ema que e ien a a quienes no se adap an a sus leyes y mecanismos» (2009, 30).
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abominables de la no ela, que pa ecen sacadas de las pin u as de El Bosco.
Sin emba go, Ramí ez He edia no pone la lupa en los inmig an es que se
a e an a los hie os del en, no cuen a su du ísima co idianidad a la espe-
a de que el en a anque o se de enga en alguna es ación, a excepción de
algunos pasajes e e idos al inmig an e Dimas Be ón y su esposa, Rosa del
Llano (capí ulos 7, 19 y 26). De hecho, el en apa ece y desapa ece de la
ob a, como agado po la sel a enco osa, sin emba go, el capí ulo p ime-
o y el úl imo es án conec ados po su p esencia inquie an e, lo que con ie-
e una dimensión ci cula y casi oní ica a es a pesadilla que se i e de o -
ma o men osa sob e las ías y los ieles.
En La Ma a hay un pe sonaje que eje ce una g an in luencia en odos
los es amen os, Ximenus Fidalgo, quien se p esen a an e el lec o como una
especie de b ujo o isiona io, chamán o líde de una sec a, alguien que
pa ece domina el mundo que le odea con su mis icismo g andilocuen e y
lleno de ma be es y sin agmas ampulosos, como si ue a el ep esen an e
de las ue zas cósmicas sob e la ie a. No obs an e, en el pe il del pe so-
naje hay muchos aspec os que apun an a una condición maldi a, casi sa á-
nica, un líde ca ismá ico que hace y deshace a su an ojo desde su consul-
o io as ológico y que man iene unas elaciones p i ilegiadas an o con los
agen es de inmig ación, como con las ma as, pasando po doña Li a y o os
pe sonajes cen ales del encla e on e izo.31 Es él, según pa ece, quien le
ha cambiado el nomb e al ío, sus i uyendo «Suchia e» po «Sa anachia»,32
lo que implica ía una especie de cul o lu ial a la igu a de Sa anás. Desde
es e encla e puede e —o sen i — a las decenas de inmig an es que pulu-
lan po la sel a a la espe a de subi se al en. Esos inmig an es an dobla-
dos, como a ando de se in isibles, caminando en e bu deles y can inu-
chas, a la espe a de llega al des ino, 5.000 kilóme os al no e, en el o o
ma de Ve ac uz. Se a a de idas anónimas, c ia u as pe didas y desespe-
adas, cuyo desconsuelo se mul iplica como los insec os que padecen an e
la posibilidad de eg esa a sus luga es de o igen:
Ximenus sien e a la oscu idad exci a se con el mo imien o de las somb as. Sabe que
du an e el ayec o el en se de end á an as eces como es aciones exis an, o como
la policía mig a o ia lo decida, o como los a uados lo o denen pa a a aja a los que
no conocen el pode de las aguas del ío llamado Sa anachia.
31 Kunz, 2008, 77-78. Galgani, 2009, 20-22.
32 En el mundo eso é ico y mágico, Sa anachia es conside ado como el je e sup emo de los
ejé ci os in e nales, conec ado con el mo imien o de los as os, y ca ac e izado po se una c ia u a
ex emadamen e iolen a, sob e odo con las jó enes, a las que mal a a, posee y descua iza en i ua-
les cosmológicos, con lo que de alguna mane a conec a a Ximenus Fidalgo con los ma e os.
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
Anu. es ud. am., 73, 2, julio-diciemb e, 2016, 539-572. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeame .2016.2.07
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Los ojos de C is o y de Ximenus no cambian su exp esión mien as a iba de los
ca os de hie o se inicia el comba e po ob ene un mejo si io. Se pis onean los puji-
dos. A un homb e se le des igu a el os o po la pa ada lanzada desde una posición
más al a en el e oca il.
Se escucha el desliz de los lamen os. Las amenazas y o e as. Todo en oz baja, como
si ue a un pac o nunca aco dado.
Se escuchan los golpes que o o ecibe en las manos sang an es pa a desp ende lo de
su aside o. Ahí, la pelea que uno sos iene con a los jalones a su opa pa a qui a lo de
la escale a. Allá, los golpes que ecibe un ó ax pegado al la ido del que le dispa a los
puñe azos mien as el dolo se esconde en el bu ido que de iende su posición […]
Pe cibe los olo es y los uidos del en y lo que sucede á du an e el iaje: la pe o a-
ción de los mosqui os del dengue. Las pulgas. El mo disco de las a as. El hamb e sin
apujos. La e quedad de las niguas en e los dedos. Lo que las uedas de hie o apa-
chu a án cuando alguno de ellos se canse y caiga. Lo que ha án los ma as a uados
[12-13 y 16].
Nadie como él pa a sabe lo que oda ía no saben los inmig an es indo-
cumen ados, que el iaje es á lleno de «pe secuciones, a acos, omances,
huidas y mucha sang e» [14] en su in en o desespe ado po subi al con oy.
Toda ía no saben que «en cada ejuego es á la caída, la pé dida de los b a-
zos, las pie nas co adas, la depo ación, la cá cel, el ulula de las an e ami-
nas y el pol o de la coca. No lo imaginan po que es más e ible eg esa
hacia sus países quemados que su i las des en u as hacia el no e» [16].
Y si malo es encon a en cualquie cu a del e oca il un e én de los
agen es de inmig ación, a mados has a los dien es, nada se á compa able a
la e ible y a al expe iencia de encon a se con la Ma a Sal a ucha, la
emida MS 13, algunos de cuyos miemb os iajan en el en, camu lados
pa a que no salgan a la luz sus e ibles a uajes, pa a ocul a sus lág imas
c iminales. De alguna o ma, su apa ición en medio de la noche, en medio
de la b uma de la sel a iene algo an asmagó ico, de pesadilla apocalíp ica,
de isión espeluznan e que in i a al esc i o a lanza una especie de e o
me ali e a io: «¿Qué con ado de ela os pod ía in en a uno donde na e
que a los lados de es e mismo e oca il de a anza asmá ico po en e la
sel a ajena, se es de a uajes en amados en el cue po y lág imas es á icas
iajan po sende os oscu os espe ando que el en se de enga?» [16].
Esa isión espeluznan e que se plan ea en el p ime capí ulo de la
no ela se comple a en el capí ulo 15, cuando la MS 13 lle a a cabo su pa -
icula cace ía con a los indocumen ados que log an escapa de los agen-
es de inmig ación, plan eándose una o midable pa adoja, pues o que al
se de enidos y depo ados sal a án sus idas, en con as e iolen o con la
sue e que an a i i quienes caigan en las ga as de los ma e os, sob e
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odo si son muje es, a las que iolan y ma an de o ma sal aje, pa a deja
los cue pos desmemb ados, asajeados y epa idos en e la maleza pa a ali-
men o de las alimañas. Y odo ello pa ece e lo Ximenus Fidalgo u ilizan-
do la magia y los pode es que lo conec an con ue zas sob ena u ales:
Los ojos de Ximenus pene an la oscu idad, se ace can a las ías desoladas, lejos de
las luces de los mexicanos. Se de ienen. Allá, del o o lado de la ía, es á la Ma a
Sal a ucha, puede e las cala e as, la se pien e bí ida, la c uz gamada, el os o de
la Vi gen Ma ía y las le as de los a uajes del Poison que se es emecen a la seña que
hace al puñado de a uados que siguen sus ó denes.
Un poco más hacia el su , el Pa o , b illan e del c áneo y a añas sob e los homb os,
mu ciélagos de a ilados colmillos en los bíceps, lanza un co o chi lido y sus hom-
b es se agachan [174].
La p ime a in e ención iene luga po pa e de los agen es de inmi-
g ación, que u ilizan sus p o ocolos es ablecidos pa a pa a el en, equi-
sa la me cancía, iden i ica a los iaje os que se descuelgan como acimos
en un in en o suicida de escapa a la policía, sin sabe que las ampas de
la sel a depa an la so p esa de la MS 13 agazapada en e la maleza:
Al ac o de lin e na en so ilegio, el en poco a poco disminuye la elocidad con el
abajo de de ene lo que an o ha cos ado inicia . Las dos máquinas que jalan un sin-
ín de ca os bu an haciendo la segunda a las ó denes de los dos mig as pa ados en
los du mien es de una ía que co e den o de la lo es a […] Las luces de las lin e -
nas sob e el en descub en ozos de hie o, agmen os de os os, humos blancuz-
cos, cue pos que se quie en un a al e oca il cuando las ó denes hechas lad ido
lépe o y los g i os que lanzan los agen es mig a o ios se di igen hacia los que inc us-
ados donde sea iajan a iba y se con unden con el esoplido de los mo o es que
descansan [175].
F en e a las oces, los g i os, los exab up os de la policía mexicana
que llenan la noche de oda clase de uidos, los ma e os se mue en sigilo-
samen e y se comunican en e ellos a base de silbidos. A los códigos de
comunicación co po ales — a uajes en el cue po y lág imas en la ca a—,
los ma e os inco po an el silbido como un lenguaje codi icado y enc ip a-
do que ga an iza la in ulne abilidad de su mensaje, gene ándose una ex a-
ña conjunción musical en e los pi idos del en y los silba os de los a ua-
dos: «El Rogao se alla las lág imas g abadas en las mejillas […] Se
escuchan los chi lidos del Poison con es ados po los del Pa o y la noche
se hace de pi idos» [174]. A la espe a de pode asal a el con oy, el Rogao
«silba con o a modulación ecibiendo la con aseña llegada de a ios pun-
os desde a iba de los u gones de ca ga. Desde sus escond ijos, el Poison,
el Pa o y sus homb es ambién escuchan» [175]. Resul a e iden e que hay
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nume osos ma e os in il ados en el en y que conocen al dedillo odo el
p o ocolo de ac uación cuando se dé la o den con los silbidos de los je es:
Al con a io de los ce o es mexicanos, los ma e os no g i an ó denes ni ap isionan a
los que la ce canía se los pe mi e. Ap o echando el descon ol, cen an su acciona en
las muje es jó enes, en las bichi as que lle an opas holgadas, ambién en los ba os de
pan alones aque os, en los que ca gan bul os pequeñicos. Los de la Ma a Sal a ucha
saben a quién aga a y po qué, ba os locos. Aquí es á la única 13, ba os pu os.
Los ejodidos agen es aga an lo que sea pa llena la pe e sa es adís ica, la Ma a
Sal a ucha no; sabe lo que se debe ene a mano, lo que iene un alo . La Ma a
posee ojos mil. Millones de papilas. Cen ena es de oídos. Voces múl iples. Manos an
la gas como la oscu idad. Alien o de halcón [178].
Los ma e os oba án, golpea án, mu ila án, cas iga án de o ma sal a-
je a los homb es y acaba án b u almen e con las muje es, como una o ma
de ma ca su e i o io. Siemp e deja án algún es igo, alguien que pueda
con a que ha sob e i ido, que pueda da es imonio del pode de la MS 13,
que pueda ce i ica el einado absolu o que eje ce en ambos lados de la
on e a, de esa on e a donde la ba ba ie y la iolencia se enzan en una
geome ía implacable.33 Quienes sob e i an lamen a án siemp e habe sali-
do de sus casas, de sus e enos, de sus pueblos, habe dejado a ás a la
amilia, a los amigos, a los di un os, en busca de una quime a si uada al
o o lado de la on e a úl ima de odas las on e as.34 Po eso, los indocu-
men ados sob e i ien es:
Año an sus on e as del su . Los dulces de coco. Las gallinas en cazuela. Los ja os
de agua esca. Los olo es de su pueblo. La b isa de sus sie as. Los calo es de sus
cos as. Piensan en lo dejado a ás como si ue a un sueño o o po un dolo hecho
pánico que impide en en a a los gua dianes a uados [180].
Quien man iene la solida idad con odas las íc imas de los a uados
es el balse o Ta a Año e, que busca en e las lág imas sinies as de los
ma e os al asesino de su pequeña Anama . En su condición de mensaje o
de las dos o illas, el balse o es es igo p i ilegiado del á ico de d ogas
y de a mas, de la a a de muchachas, del i y eni sin descanso de los
33 Como dice el p opio esc i o , «a su lado, los sica ios de Medellín son niños de e a. Los sica-
ios in en an i i un día más, ienen cie a conciencia. Ellos [los ma e os] no ienen mo al, ni quie en
p opiedades, an semidesnudos pa a que se ean sus a uajes, son casi de las ca e nas […] El ma a es
un nue o ipo de animal a uado, que se mue e en la sel a como un jagua pe o con mayo e ocidad y
canallez», ci ado po Kunz, 2008, 75.
34 Como econoció Ra ael Ramí ez He edia en la en e is a a Raquel Ga zón, « oda on e a
es mágica. Di isión de dos mundos, de dos cul u as y dos mane as de e la ida. La on e a del su
iene una peculia idad: di ide pob eza de pob eza. C uza el ío Suchia e implica llega al no e, pe o
al no e de qué, ¿al no e del su ? EEUU aún es á lejos» (Ga zón, 2004, 3).
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sonido de las balas sob e las omanzas de los co os de Sabia» [321], y que
ienen un alo p emoni o io de la p opia ma anza, pe pe ada unos días
más a de. La au o idades acusan a Ta a de u iliza sus ecu sos pa a a en-
ga a la mul i ud con «mí ines polí icos con ono de anca sub e sión…»
[322]. Acusan a los pe eg inos de ag edi a las au o idades, de i con a los
isi an es ex anje os e indocumen ados, de ompe la paz de la comunidad,
odo ello p opiciado, en cie o sen ido, po la gue a decla ada con a los
ma e os y sus compinches gube namen ales a los que el Ta a Año e acu-
sa de «ac os de bandidaje, asesina os, iolaciones, apiña de los gua dias,
opelías de los agen es mig a o ios, a acos de los polle os y la sinies a
ac uación de los a uados, que nadie de iene sino son p o egidos po chi a-
os y soldados, emidos po la ley y aliados de odo ac o mal ado» [324],
odo ello a alado po el b ujo o chamán de la on e a, Ximenus Fidalgo.
La ma anza se p oduce en plena noche, después de que el gene al
Valde ama y el licenciado Cossio hayan dado la o den, en la que incluyen
ambién la eliminación p e ia del Bu ona, caído en desg acia an e los je es
[334]. De los dieciséis miemb os de la comunidad eligiosa de la San a
Niña del Río, en la que posiblemen e ambién se encuen e Sabina Ri as,
solo se sal a á de la masac e el p opio balse o, quien ap o echa á su cono-
cimien o exhaus i o del ío pa a escapa a a és de sus aguas y hace se
in isible pa a el es o de sus días. Nunca llega á a sabe que las au o ida-
des jus i ican la ca nice ía como un episodio de «la iolencia in a eligio-
sa y las a icidas luchas po la posesión de la ie a» [326], ocul ando un
da o undamen al, como es la pa icipación en ese e ible episodio de los
miemb os de los cue pos de segu idad, ayudados po los ma e os que es án
a sueldo y compinchados con las au o idades:
que los asal an es e an muchos, que a lo aban desde el lado de la ca e e a, y que él,
an es de me e se a la co ien e del ío y deja se i conociendo las mane as del
Suchia e, p o egiendo en el pecho la o o de su niña, pudo e , a ji ones a do osos y
jadeados, que los homb es dispa aban a mas con a la oscu idad, con a los bul os en
el suelo, que acuchillaban a los ine es, que unos iban ocados po kepíes en la cabe-
za, o os es idos con opa oscu a y le as en la espalda, y los más lucían a uajes que
bajo la luna b illaban ema cados en la piel [325].
En el p esen e na a i o de La Ma a, si uado un año después de esa
ma anza que pa ece condiciona lo odo, se ha es ablecido un cie o o den
—aunque sea el de los sepulc os—, eajus ando los pode es que pugnan en
la on e a, ees ableciendo una je a quía en que las ue zas del mal, ep e-
sen adas po el b ujo Ximenus y po las pandillas de a uados, uel en a
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con ola el des ino de los miles de indocumen ados que a an desespe a-
damen e de subi se a lomos de la Bes ia, dejando pa a el lec o la ama ga
sensación de que la co upción implacable y las o mas complejas de la
iolencia han iun ado en es e mundo inmise ico de que cas iga se e a-
men e a los más débiles.
Recibido el 13 de sep iemb e de 2016
Acep ado el 18 de oc ub e de 2016
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