Migración, subjetividad y raza
Abstract
El campo de los estudios de la migración incorporó la perspectiva de género hacia los años ochenta del precedente siglo. Desde entonces, numerosos estudios se han centrado en develar las particularidades de las migraciones femeninas debido a que es un fenómeno que se presenta cada vez más universal. Este trabajo responde entonces, al interés de estudiar y documentar los procesos migratorios de un grupo de mujeres colombianas que viven en la ciudad de Huelva. Centrando su interés en la influencia de la pertenencia racial en la configuración de sus trayectorias, así la categoría de raza se convierte en el eje analítico que respalda la presente comunicación. Intentando mostrar cómo la experiencia migratoria se constituye desde la diversidad.
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MIGRACIÓN, SUBJETIVIDAD Y RAZA. Vásquez González, Carmen Cecilia Doctoranda Programa Género, Identidad Ciudadanía Universidad de Huelva [email protected] RESUMEN El campo de los estudios de la migración incorporó la perspectiva de género hacia los años ochenta del precedente siglo. Desde entonces, numerosos estudios se han centrado en develar las particularidades de las migraciones femeninas debido a que es un fenómeno que se presenta cada vez más universal. Este trabajo responde entonces, al interés de estudiar y documentar los procesos migratorios de un grupo de mujeres colombianas que viven en la ciudad de Huelva. Centrando su interés en la influencia de la pertenencia racial en la configuración de sus trayectorias, así la categoría de raza se convierte en el eje analítico que respalda la presente comunicación. Intentando mostrar cómo la experiencia migratoria se constituye desde la diversidad. PALABRAS CLAVE Migración colombiana, mujeres migrantes, pertenencia racial, Huelva capital. 2083
PUNTO DE PARTIDA: Este documento se construye con los insumos de uno de los capítulos de la tesina denominada: “Desde esta orilla: una aproximación a los procesos migratorios de mujeres colombianas en Huelva”, presentada por la autora de la presente comunicación como requisito para obtener el título de Máster en Género, Identidad y Ciudadanía de la Universidad de Huelva, dicho trabajo se realizó bajo la tutoría de la Doctora Mar Gallego Durán y fue financiado por medio de la beca para extranjeros MAEC AECID, de la cual la autora es beneficiaria. El objetivo principal de la mencionada tesina se relacionaba con estudiar el proceso migratorio de las mujeres colombianas en la ciudad de Huelva, valga la pena señalar que estas mujeres migraron por razones estrictamente económicas y en su mayoría se dedicaban a labores de cuidado como trabajadoras en el ámbito doméstico. Uno de los objetivos específicos era el de estudiar la incidencia de su pertenencia racial en la configuración de sus trayectorias migratorias, para ello, se apoyó metodológicamente de la obtención de relatos de vida de mujeres colombianas que llevaran más de diez años viviendo en Huelva capital, la metodología seleccionada, es decir, los relatos de vida se fundamentan en la narración que hace una persona de su vida o de algunos episodios de ella, contextualizándola con situaciones históricas (macro y/o micro) que operan como marcas de cambio1 Así, las reflexiones que a continuación se presentan responden al análisis de tres entrevistas, de un total de diez, realizadas a mujeres racializadas provenientes de Colombia, los datos principales de estas mujeres se presentan en el siguiente cuadro: 1Esta metodología es útil porque hace posible la observación del conjunto de relaciones sociales y estructurales dentro de las cuales se construyó el proyecto de migración de cara a mejorar su situación económica. Los relatos de vida implican la totalización de los elementos constituyentes de la estructura social en un momento dado, a partir de ejemplos y vivencias individuales relacionadas con dicha estructura, y con base en la conciencia retrospectiva de los individuos (Bertaux 1981). 2084
3 Seudónimo Edad Lugar de Nacimiento Lugar de residencia antes de llegar a España Estado Civil Situación familiar Tiempo de permanencia en Huelva Cinthya 41 años Suán (Atlántico) Barranquilla (Atlántico) Casada Hace 11 años se casó con un hombre español con quien convive, tienen una hija de 5 años. 13 años Rosa 50 años Buga (Valle del Cauca) Cali (Valle del Cauca) Soltera Vive sola, no es madre. 10 años Gloria 37 años Cali (Valle del cauca) Cali (Valle del Cauca) Soltera Vive con sus dos hijas, quienes dependen económicamente de ella. 10 años 2085
Antes de presentar el análisis mencionado me gustaría señalar que el interés por el presente tema responde a la necesidad de de poder abarcar los dispositivos que configuran las migraciones como eventos cargados de diversidad. Así, la entrevista semi-estructurada se construyó tratando de responder, a partir de la autodefinición racial que ellas explicitaron, a la conciencia o no de una pertenencia racial específica, cómo se dieron cuenta o no, de encarnar una supuesta “alteridad”, además de preguntas específicas sobre estereotipos que ellas consideran que se construyen por el hecho de ser mujeres, de ser colombianas y de ser negras o afrocolombianas2. Otro aspecto que respalda la temática elegida interés tiene que ver con preguntas introducidas desde el “feminismo negro” de Angela Davis (2004). Así, no sólo es importante enunciar que su experiencia está constituida por una triple discriminación por el hecho de ser mujeres, negras, e inmigrantes, sino develar los mecanismos sobre los cuales se expresa dicha discriminación. Como bien lo expone la autora, el feminismo blanco se ha presentado como una suerte de conciencia para las mujeres oprimidas, negando así la autonomía de las propias mujeres que experimentan cualquier tipo de opresión. Es como si el “feminismo occidental blanco”, se presentara como la “redención” reproduciendo un acto de negación de la capacidad de las mujeres de generar resistencias, así éstas no se rijan por un orden determinado ni sean explícitas. En consecuencia, mis preguntas se orientaron a develar la conciencia de ellas frente a la diferencia racial que encarnan. Por último, me parece importante agregar que para la comprensión de estas reflexiones, es necesario aproximarse, de manera general, a algunas características del contexto racial de la Colombia contemporánea. CONTEXTO RACIAL COLOMBIANO: Comenzaré señalando que, al igual que en otros lugares de América Latina, en Colombia desde la colonia la organización y estructura social estuvieron basadas en una jerarquización de la diferencia atribuida a fenotipos que se clasificaban por castas. Pese a que “la independencia se obtuvo con una sociedad altamente mezclada” (Wade 1997: 39), la terminología pigmentocrática continuaba facilitando identificar las afiliaciones raciales. Entonces, ese ordenamiento social 2 El uso de estas categorías para referirme a la raza será explicada en un apartado específico. 2086
dependía de asignar un estatus “racial” relacionado con el grado de pigmentación; de esta forma, en la base se encontraba la población india y negra, la población mestiza ocupaba una posición intermedia y la élite, “blanqueada” por supuesto, se encontraba en el estrato superior y privilegiado. En palabras de Wade: A pesar de los altos grados de mezcla racial y cultural, la estratificación social, en las que las características raciales tienen una parte importante, fue enérgicamente marcada, formando la llamada “sociedad de castas”, en las que los diferentes estratos sociales eran reconocidos y designados, sus posiciones supuestamente determinadas fundamentalmente por los grados de mezcla racial (1997: 39). Sin embargo, si reproducimos una pirámide que dé cuenta de la estratificación socio-racial en la Colombia contemporánea, no sería del todo insensato afirmar que las modificaciones del ordenamiento social de esa sociedad de castas no han sido tan evidentes a lo largo de la historia. Aún así, fue a partir de esta élite “blanqueada” que el discurso del mestizaje cobró fuerza como sustento del proyecto de la nación. Este “nuevo” interés surgió en un momento específico relacionado con las ideas provenientes de Europa forjadas dentro de una fuerte motivación de modernización y progreso. No obstante, a partir de la Carta Constitucional de 1991 la definición del país cambió radicalmente y de la democracia racial se oficializó el hecho de que somos una nación pluriétnica y multicultural. Así pues, si antes la idea era “esconder” o “negar” la diversidad constitutiva de Colombia, había que recorrer el camino inverso, es decir la definición de nacionalidad y ciudadanía se construía desde la diversidad. Así, a los grupos indígenas y pueblos afrocolombianos, que habitan en el país se les garantizaron algunos derechos, sobre todo en cuanto a titulación de tierras colectivas en las cuales habían habitado, sin regulación legal ninguna, entre otras acciones afirmativas. Con este telón de fondo, la pertenencia racial en Colombia se ha generado dentro de contradicciones. De ahí la pertinencia de la pregunta entonces por la pertenencia racial que fue incluida dentro de las temáticas a indagar con todas y cada una de las entrevistadas. En un primer lugar, pregunté 2087
en espera de una respuesta espontánea, y luego les pedí una ubicación dentro de las categorías de “blanca”, “mestiza”, “morena”, “negra” o “afrocolombiana”. Fue curioso que todas las mujeres no racializadas se definieran como mestizas, muchas de ellas expresaron que en Colombia se habían sentido blancas, pero al llegar aquí tal percepción fue cambiando, reconociendo que en Europa, “los blancos eran blancos de verdad”. RESULTADOS: Un asunto, que apareció como una constante con esta pregunta fue que todas las entrevistadas construyeron unos límites raciales que señalaban que su racialidad se encontraba en una zona muy mezclada sobre la cual no era posible identificar una “pureza racial”, lo anterior evidencia cómo la idea de mestizaje sigue estando fuertemente ligada a la idea de nación. Dicho de otra forma, las mujeres que explicitaban su mestizaje lo respaldaban por la mezcla racial que las definía. Sin embargo, al tiempo afirmaban que era muy difícil asociarlas con una ascendencia indígena, como no lo era en el caso de las bolivianas o las ecuatorianas, esas mujeres entonces se definían como el límite de lo considerado indígena. En el caso de las mujeres que se definieron una como “morena” y dos como “negras”, también expusieron que su color de piel hablaba de una mezcla que tampoco se podía comparar con la evidente pureza racial de la gente del África. En este punto me gustaría señalar otras precisiones teóricas, ahora con respecto a la utilización del término raza. Si bien la raza como categoría genética no tiene sentido ni fundamento científico, como dispositivo de diferenciación y jerarquización social actúa de manera efectiva. Así entiendo y utilizo la raza, a falta de otro término, como la carga de sentido que opera tras la identificación de un color de piel (Cunin 2003; Wade 1997, 2002) En ese orden de ideas, interpreto la raza como una categoría construida socialmente y por lo tanto relacional. Sin embargo, hay un sustento compartido debido a que la raza se construye como una clasificación impuesta que se refiere a características “naturales” y “evidentes” en un fenotipo, color de la piel, forma del cabello, nariz o boca. Bien podría ser el tamaño de las orejas, pero más bien están orientadas y relacionadas con aquellas que les sirvieron a la población europea para legitimar el sistema de subordinación y dominación de personas no europeas mediante la esclavización (Wade 1997, 2003). 2088
Ahora bien, lo que resulta interesante de estas “características naturales” es que se transformaron en un sistema de valores que deshumanizaron a quienes las poseían (de Friedemann 1984). Así, a partir de la construcción de ésta fue justificada la empresa colonizadora. Lo relevante aquí es que, en la actualidad, sea utilizada para dar cuenta de sujetos percibidos como diferentes, “los negros” entre otros, por lo cual opera de manera que las diferencias culturales se naturalicen. En ese sentido, la utilización del término “negro” o “negra” posee las mismas características del concepto del cual se desprende, la raza, en la medida en que tiene un trasfondo histórico y social bastante particular que con el tiempo se legitimó como algo “natural”. Victoren Lavou plantea que la designación “negro” o “negra” no es sino el resultado de una denominación que “sólo existió en determinadas circunstancias históricas para ratificar una lógica de deshumanización junto con una explotación esclavista y colonialista”. Añade que la clasificación “negro” fue construida, pero además impuesta desde una categoría “blanca” inventada en oposición a lo negro (Lavou 2002: 339). Por último, quiero aclarar por qué utilizo los términos afrocolmbiana(s) o mujeres negras de manera indistinta para dar cuenta de las mujeres racializadas con quienes conversé. Reivindico el uso de término afrocolombiano(a) para enfatizar la experiencia histórica singular de los individuos que han sido definidos sobre la base de su ancestro africano, en una sociedad que nunca ha sido ciega al color (de la Fuente 2000: 17). Coincido con de la Fuente cuando indica la importancia del término “afro” puesto que enfatiza el papel de las personas negras en la formación de la nacionalidad. Aunque el texto de de la Fuente fue elaborado con base en la experiencia particular de Cuba, me parece una buena aproximación para el caso concreto de las afrocolombianas y los afrocolombianos. Considero que el uso del término negro o negra no contradice lo que expuse antes, lo utilizo debido a que creo importante resaltar que fue el término que más emplearon ellas mismas. Si bien considero que posee fuerte carga negativa, es interesante problematizarlo pues entre otras cosas ejemplifica de manera sustancial la efectiva permanencia y reproducción de la ideología colonialista y también evidencia las dinámicas de dominación y jerarquización, por ser una identificación impuesta sobre los “otros.” 2089
En todo caso, cuando el término es utilizado utilizo no da cuenta de una identidad “naturalizada” y única. Así empleo el término negra, como un adjetivo que da cuenta de “las calificaciones y clasificaciones raciales a partir de las cuales se discrimina a las personas por su raza. Estas clasificaciones son entendidas como construcciones sociales complejas con esquemas de naturalización históricamente constituidas” (Viveros y Gil 2010: 104); del mismo modo asumo que las percepción de las variaciones fenotípicas es un hecho social. Tras las breves aclaraciones teóricas los hallazgos en este punto se presentarán siguiendo la misma dinámica, esto es, las voces de las entrevistadas son las que guiarán las interpretaciones aquí recogidas. En primer lugar, debo señalar que la pregunta entre ellas generaba mucha sorpresa, era diciente que no tuvieran ningún tipo de prevención ni de reparo en contar otras cosas de la vida a una desconocida, pero el hecho de que quisiera indagar por lo racial les generaba dudas. Cuando le hice la pregunta a Rosa, lo primero que afirmó fue: “yo soy negra, es decir aquí en Huelva soy negra, pero si me comparas con una chica del Africa, de Guinea y eso, entonces no lo soy tanto”. Asimismo, se refirió a que nunca se había sentido discriminada, mi pregunta por la raza fue asumida de una vez como una indagación por una posible búsqueda por racismo: Rosa: Yo llego a una casa a arreglar unas uñas y el marido de ella se sienta con el hermano y me miran, y cuando termino, nos sentamos en el comedor a tomar café y él se sienta y me miran así, como todo el tiempo. Y yo le digo a ella: “ay, Ángeles, no”, y ella me dice, no Rosa, no se ponga así que es que a él le gusta y mi cuñado también le fascina cuando usted viene acá y mi marido le dice: va a venir la manicurista, veníte para acá. Y yo hablo y hablo y ella me dice: ve contáme tal cosa, y yo me pongo a hablar con ellos y a ellos les gusta. Y ellos se quedan mirándome, el pelo, los crespos.... qué sé yo. Yo tengo bastante amigas españolas, en la Merced, en Punta Umbría, entonces yo aquí nunca me he sentido menospreciada porque dicen que aquí hay mucho racismo, y yo sí he visto, pero nunca contra mí. Yo sí lo he visto en Sevilla, yo estuve el año pasado en Sevilla. Y como allá hay muchos negritos... yo me subí al metro o a un autobús y ay, no qué pesar de ellos, a ellos sí los discriminan mucho porque son muy racistas qué pesar y a los 2090
moros también. Pero yo nunca, nunca porque yo nunca me he sentido menos que ellos y es que nadie es menos que nadie. En ese sentido, Rosa no se siente como incluida dentro de un grupo sobre el que recaigan prácticas de racismo, valga la pena señalar que el racismo siempre está asociada con prácticas violentas o de exclusión evidentes. Por el contrario, Rosa está recalcando que se sabe diferente en ciertos contextos, que la miran mucho, pero en un sentido de curiosidad y de admiración, esa diferencia ella la ve positiva. El caso de Cinthya también es muy significativo al respecto. Cinthya llegó hace doce años a Huelva y su primer y único empleo remunerado estuvo relacionado con el trabajo sexual: “Llegué a un piso, donde las chavalas me presentaban amigos y yo pasaba la noche con ellos”. Al respecto de su experiencia como mujer negra afirmó: Cinthya: Pues la amiga con la que llegué, tiene el color así sentadito como nosotras y eso acá gusta mucho, entonces yo sí veía que una de la que más clientes tenía era yo, porque era diferente, ni tan, tan negra, pero nada pálida, un bronceado permanente (ríe). Entonces yo me di cuenta y para hacerlo más, entonces me compré estas lentillas de colores, porque este verde no es mío... y yo creo que eso fue lo que mató a Gustavo, (su esposo) y bueno mira, que hasta me casé con un español, que eso no lo puede decir cualquier mujer colombiana que llegue acá, yo sé que eso fue porque yo era diferente y eso acá gusta mucho, es una ventaja3. Este fragmento de la entrevista es muy sugerente al respecto. Cinthya narró que sólo se dedicó a ese trabajo por dos años, antes de conocer a Gustavo su esposo y casarse con él. Para ella es claro que la diferencia que encarna por su color de piel fue una ventaja, es un dato que no resulta anodino y que, al igual que en el caso de Rosa, no es motivo de rechazo, sino por el 3 El fragmento de esta entrevista serviría como marco para abordar lo que Teodora Hurtado (2008: 346) denomina “triangulación entre género, condición étnicas–raciales y mercados de trabajo sexual” analizado por ella en el caso de las mujeres de Buenaventura en Italia. Para la autora esta actividad laboral, algunas veces puede ser una estrategia para insertarse en el mercado matrimonial en la ciudad de acogida. Sin embargo, podría ser prematuro afirmar esto con los datos de los cuales dispongo. En todo caso, es una información que debe ser tenida en cuenta. 2091