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El papel de la técnica en el conocimiento científico

Ferreirós Domínguez, José Manuel

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EL PAPEL DE LA TÉCNICA EN EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO José Fe ei ós Uni e sidad de Se illa An es de comenza , no me quedo anquilo sin comen a una ob iedad. Fui in i ado a pa icipa en es e cu so como ep esen an e de la iloso ía, y el í ulo del mismo, “Ingenie ía y pensamien o”, pod ía da a en ende que “po an o” ep esen o al “mundo del pensamien o”, como suele deci se. Pe o na u almen e que el pensamien o no es pa imonio de la iloso ía, ni habi a sólo en e los li e a os. La acul ad de pensa no se adjudica bu oc á icamen e, no depende de un í ulo de licenciado, sino que es ca ac e ís ica de los humanos en gene al. Se encuen a an o en e los ilóso os como en e los ingenie os y los cien í icos, y de la misma mane a: en algunos magní icamen e, en o os de o ma escasa1.Si en iendo bien al p o eso A acil, el sen ido del í ulo es que el hace es siemp e an e io al pensa , y simplemen e exis en ac i idades impo an es (como la ingenie ía) sob e las que e lexionamos poco, aunque las p ac iquemos mucho y bien. Los que abajamos sob e iloso ía de la écnica y de la ciencia podemos apo a algo, den o de nues as limi aciones, a esa a ea de e lexión. En endidas así las cosas, de acue do: ayamos pues al g ano. 1. In oducción Pa a cen a el ema, empeza é discu iendo lo que se ha llamado el “modelo lineal” espec o a las elaciones en e conocimien o y p og eso social2. Es e modelo iene sin duda o ígenes en la Ilus ación, y p obablemen e an es, pe o sob e odo ca ac e izó las polí icas cien í ico- écnicas has a mediados del siglo 123 1Me a e o a deci que se puede se muy bueno usando mic oscopios, o se un expe o en la ob a de Kan , y pensa más bien poco. 2Un lib o sencillo pe o se io donde puede encon a se in o mación a es e espec o es el de J. Ziman, In oducción al es udio de las ciencias [sic; el í ulo o iginal es An In oduc ion o Science S udies], Ba celona, A iel, 1986. XX; sin emba go, es muy insu icien e po a ias azones. La idea es an simple como lo siguien e: si el polí ico desea p oduci p og eso socio-económico, sólo debe p eocupa se de omen a la in es igación cien í ica; los a ances cien í icos “da án u os” de po sí, se ansmi i án de o ma casi au omá ica al mundo de la écnica y al de la indus ia, acabando po a ec a a la sociedad en su conjun o ( e igu a 1). Es una isión que exp esaba con oda cla idad Ramón y Cajal ya en un a ículo de 1898 donde eaccionaba al desas e de aquel año p oponiendo emedios a los males de la nación: Hay que c ea ciencia o iginal, en odos los ó denes del pensamien o: iloso ía, ma emá icas, química, biología, sociología, e cé e a. T as la ciencia o iginal end á la aplicación indus ial de los p incipios cien í icos, pues siemp e b o a al lado del hecho nue o la explo ación del mismo, es deci , la aplicación al aumen o y a la comodidad de la ida. Al in, el u o de la ciencia aplicada a odos los ó denes de la ac i idad humana es la iqueza, el bienes a , el aumen o de la población y la ue za mili a y polí ica3. Como emos, se plan ea aquí la simple idea de una cascada descendiendo bajo la acción de la g a edad, p esuponiendo una je a quía en la que la ciencia se si úa a iba, y un au oma ismo en la apa ición de desa ollos écnicos e inno aciones indus iales. Pa a con ola el sis ema y egula sus endimien os, bas a con ola el polo cien í ico. No hay que pensa demasiado, ni sabe mucha his o ia (aunque conoce la española ayuda), pa a da se cuen a de que el modelo lineal p esupone demasiado: p esupone sociedades simila es a la b i ánica en los siglos XIX y XX, y acasa es epi osamen e cuando se aplica a sociedades con ejidos emp esa iales o ac i udes espec o a la écnica muy di e en es. Figu a 1. El “modelo lineal”, o mejo , unidi eccional de in es igación y desa ollo. 124 3San iago Ramón y Cajal en El Libe al del 26/10/1898, ci ado en J. M. Sánchez Ron, Cincel, ma illo y pied a. His o ia de la ciencia en España (siglos XIX y XX), Mad id, Tau us, 1999, p. 174. Cajal e minaba diciendo: “Hemos caído an e los Es ados Unidos po igno an es y po débiles, que has a negábamos su ciencia y su ue za. Es p eciso, pues, egene a se po el abajo y el es udio”. Conocimien o cien í ico ⇒ ⇒ aplicaciones écnicas p og eso social y económico Hoy sabemos que los di e en es elemen os de la Fig. 1 in e accionan, pe o que son au ónomos y no pie den esa au onomía po más que se desa olle el p oceso. Con iene además pensa los como elemen os no je a quizados, de mane a que el con ol socio-polí ico debe in e eni a los es ni eles. Es o da luga a un modelo de ealimen ación ciencia- ecnología-indus ia, que es p ecisamen e lo que signi ica la exp esión que ha es ado de moda en los úl imos años: el habla de I+D+i. Quie e deci se que pa a ob ene p og eso económico y social (dos cosas que, po cie o, no son idén icas) hay que es imula an o la in es igación cien í ica (labo a o ios y cen os de in es igación) como el desa ollo écnico (escuelas de ingenie ía, labo a o ios écnicos) y ambién, sob e odo en países como el nues o, la in oducción de inno aciones a ni el emp esa ial. En el caso español, como enimos epi iendo en las úl imas décadas, es sob e odo es e e ce eje el que alla, y odo el mundo sabe que un ípode al que se le qui a una pa a... cae. En lo que sigue amos a e cómo la au onomía y la in e acción en e conocimien o y écnica se mues an ya en el p opio abajo de los cien í icos. Cómo hay una cons an e ealimen ación, en bucles cada ez más so is icados, que se exp esan ambién en las in e acciones ac uales en e cien í icos e ingenie os. Bas a pensa en los mac op oyec os de la llamada big science, cosas como el P oyec o Genoma Humano o los acele ado es del CERN en Gineb a, o como la Es ación Espacial In e nacional. La p ensa y la ele isión nos enden odo es o como iun os de la ciencia, pe o son en ealidad exp esiones de la colabo ación en e ciencia, ingenie ía e indus ia (sin ol ida al con idado de pied a: el es amen o mili a ). En el labo a o io eu opeo de ísica de pa ículas, el CERN, que es el más g ande del mundo, exis e una plan illa ija de casi 3.000 pe sonas, los cuales ep esen an una amplia gama de p o esiones, incluyendo po supues o adminis ado es, sec e a ios y ob e os, pe o sob e odo ísicos e ingenie os. Sin la colabo ación es echísima en e ísica e ingenie ía, nada de lo que hace el CERN se ía posible4. 125 4Pa a cada expe imen o en pa icula , es a gen e abaja con especialis as de odas pa es del mundo, has a suma (según la in o mación disponible hoy) unos 6.500 ísicos de pa ículas de más de 80 países. Puede e se el lib o His o y o CERN po A. He mann e al. (3 ols., Ams e dam, No h Holland, 1987, 1990, 1996). Po cie o que en su página web (www.ce n.ch) el CERN se anuncia ambién, con oda azón, como el luga donde nació el wo ld wide web, basado en el p o ocolo h p que in en ó en 1989 el ingenie o Tim Be ne s-Lee. Cu iosamen e, las páginas del CERN, al desc ibi es e impo an e in en o del que se sien en muy o gullosos, hablan de Be ne s-Lee como un “cien í ico”: ¡cues ión de imagen! Enseguida ol e emos sob e es a imagen popula de la ciencia y la écnica. Con iene, an es de p osegui , ealiza una úl ima acla ación sob e el sen ido en que oy a emplea la palab a “ écnica”, que, de nue o siguiendo a A acil, p e e i emos usa en gene al en luga del anglicismo “ ecnología”. Es una cons an e en el lenguaje humano la endencia a amplia más y más el uso de las palab as, sob e la base de analogías mejo o peo undadas. Es o lle a a exp esiones que pueden sona pa adójicas a los expe os, como cuando se habla de la “ iloso ía” de un g upo indus ial, o de la “lógica” de lo social o, incluso, de las emociones. Del mismo modo, a menudo oímos habla de “ ecnologías” sociales o de “ écnicas” emp esa iales, pe o yo me oy a esis i conscien emen e a es os usos analógicos. Cuando hablo de écnica me e ie o an e odo a la c eación de a e ac os, la ab icación de obje os ú iles al se humano (desde el a ado al bolíg a o y el o denado ), y secunda iamen e me e ie o ambién a las habilidades necesa ias pa a su manipulación, an o pe sonales como colec i as. Po cos umb e y adición solemos en ende que esos a e ac os son obje os inanimados, pe o nada impide inclui a se es i os como el maíz y los animales domés icos (que son an “na u ales” como “a i iciales”, mos ando las limi aciones de es a dico omía) o los a ones ansgénicos. 2. His o ia de dos p ejuicios (pa e I) A la ho a de pensa la ciencia, es muy impo an e supe a dos p ejuicios que es án eno memen e ex endidos. Los in oduci emos a base de ejemplos. El p ime ejemplo iene al caso debido a ani e sa ios y decesos, pe o pod ían habe se elegido muchos o os. Hace poco se celeb ó el medio siglo del descub imien o cien í ico más impo an e del siglo XX. Sucedió en 1953, y dio luga al p emio Nobel de 1962, o o gado a Wa son y C ick: odo el mundo sabe que es oy hablando de la es uc u a en doble hélice del DNA. Pe o lo cie o es 126 que el p emio Nobel ue pa a es pe sonas: los dos mencionados y Mau ice Wilkins (1916-2004), un cien í ico que abajaba en Lond es, cuyo nomb e es desconocido pa a la inmensa mayo ía de la gen e5. Hay ambién una cua a pe sona que ealizó una con ibución cen al al descub imien o de la es uc u a de DNA, Rosalind F anklin (1920-1958), que segu amen e hubie a sido la cua a ecipien e del Nobel de no se po que ya había mue o, y el p emio se o o ga sólo en ida6. Hay dos azones undamen ales po las que Wa son y C ick se han lle ado la ama, mien as F anklin y Wilkins son los g andes ol idados. La p ime a azón es de pu a simplicidad, un mo i o pedagógico. El modelo de la doble hélice lle a el nomb e de Wa son y C ick, que lo p opusie on en un a ículo de Na u e, y la mayo pa e de la gen e se limi a a es udia es e modelo supe icialmen e; así que odos nos encon amos con sus nomb es, pe o no con los o os. La labo de F anklin y Wilkins ue undamen al pa a es ablece la base expe imen al que si ió pa a c ea y pa a con i ma el modelo de la doble hélice; ue on abajos muy cuidadosos en labo a o io, ealizados median e di acción de ayos X. Y aquí es á la segunda azón de su ol ido: F anklin y Wilkins e an expe imen ado es, mien as que Wa son y C ick desempeña on el papel de eó icos. Nues a memo ia de la ciencia pasada es á sesgada muy cla amen e a a o de los eó icos y en con a de los expe imen ado es y obse ado es. Los ejemplos se pod ían mul iplica : Keple en e a B ahe, New on en e a Hooke, e c. También han es ado sesgadas en es e sen ido la iloso ía de la ciencia y la his o ia de la ciencia, has a iempos muy ecien es7. La iloso ía de la ciencia se ha ocupado adicionalmen e de las eo ías, sin p es a a ención a la expe imen ación, sus p oblemas y su epis emología. La his o ia de la ciencia ha sido, has a hace pocos años, his o ia de los concep os cien í icos y su e olución, p es ando poca a ención a los ins umen os, e c. 127 5Las echas de F ancis C ick son ambién 1916-2004; mu ió el pasado 28 de julio. 6Sob e el DNA puede e se el en e enido lib o de Wa son, La doble hélice (Ba celona, Sal a , 1989) jun o con los comen a ios en la ob a de C ick, Qué loco p opósi o: una isión pe sonal del descub imien o cien í ico (Tusque s); y el es udio his ó ico de R. Olby, El camino hacia la doble hélice (Mad id, Alianza, 1991). 7Véase J. Fe ei ós y J. O dóñez, “Hacia una iloso ía de la expe imen ación”, C í ica 34 (2002) nº 102, 47-86, y el núme o especial “Theo ia expe imen o um” de la e is a Theo ia 17 (2002) nº 44. Un clásico y pione o del ema es el lib o de I. Hacking, Rep esen a e in e eni (Ba celona, Paidós/UNAM, 1996; o ig. de 1983), así como D. Gooding, e al., The uses o expe imen (Camb idge Uni . P ess, 1989). Llama é a es o el p ejuicio in elec ualis a. Es un p ejuicio muy a aigado en nues a cul u a occiden al: lo in elec ual, lo p opio de la men e o el alma, es supe io a lo p ác ico o ma e ial. Sus o ígenes son múl iples, en oncando po supues o con las ideas eligiosas más ex endidas, pe o odo el mundo es á de acue do en que un o igen cla e se emon a a los an iguos g iegos, a pe sonajes como Pla ón. Los g iegos que más han in luido en la Eu opa c is iana u ie on una ideología muy ma cada, a o able a lo eó ico y lo con empla i o, con a ia a odo lo que ue a ac i idad p ác ica o écnica, “mancha se las manos”. Ma x ya en a izó la elación en e esas ac i udes y la es uc u a socio-económica de la sociedad g iega: e a una sociedad escla is a, donde la écnica y las a eas p ác icas e an cosa de escla os, mien as que los ciudadanos lib es se dedicaban a la polí ica, la ma emá ica, la iloso ía y la gue a8. Es e eli ismo de lo con empla i o se ha ei e ado luego en momen os muy impo an es de nues a his o ia: podemos menciona a ilóso os como Agus ín de Hipona, quien “c is ianizó” a Pla ón allá po el siglo V; a cien í icos como New on en el XVII, in elec uales como W. on Humbold en el XIX, incluso cien í icos y ilóso os del siglo XX como Poppe , y un la go e cé e a. El e ec o acumula i o de los siglos que ha pe du ado esa ac i ud es una de o mación de la imagen de la ciencia, que a eces nos esul a di ícil pe cibi dado lo mucho que el p ejuicio nos ha sido inoculado. Incluso hoy, cuando el péndulo se ha desplazado y el p ejuicio más ex endido es exac amen e el con a io, siguen eniendo eno me p esencia las implicaciones más su iles del in elec ualismo. En ealidad, la ciencia mode na siemp e se ha opues o a dicho p ejuicio, pe o “la ciencia” no es una pe sona, sino una ep esen ación abs ac a que nos hacemos del colec i o de los cien í icos y de sus apo aciones. La ciencia no iene una única oz. Como el in elec ualismo e a an pe sis en e y di ícil de e adica , las quejas se han ei e ado una y o a ez. Da é dos ejemplos. En 1638 Galileo publicó su lib o más impo an e, Conside aciones y demos aciones ma emá icas en o no a dos nue as ciencias9, donde p oponía sus amosas ideas en mecánica (la ciencia del mo imien o) y donde –po cie o– a aba ambién de desa olla la ciencia de la esis encia de ma e iales. El diálogo comenzaba 128 8En e ec o, las únicas a es p ác icas dignas de un homb e lib e e an las a es mili a es. Un de alle en el que no suele pensa se, pe o que me ece una buena e lexión. 9Mad id, Edi o a Nacional, 1976. con un can o a la in ensa ac i idad écnica desplegada en el “ amoso A senal” de Venecia, y en a izaba el “g an campo pa a iloso a ” que esas ac i idades o ecen “a los in elec os que especulan”. Galileo ecomendaba habla con los a esanos pa a descub i nue os p oblemas y nue os e ec os na u ales; ue así como empezó a anda el camino que lle a ía a su discípulo To icelli a descub i la p esión a mos é ica, y a la in ención del ba óme o. Pe o a la oz de Galileo se opusie on muchas o as, y aunque los ilus ados ue on eminen emen e u ili a is as, ansmi iendo sus ideas a a és de la céleb e Enciclopedia y muchas o as ob as, luego end ía la época omán ica con su e o no a los iejos ideales. Ya en el siglo XIX, la Uni e sidad alemana, que ma có el camino hacia las uni e sidades de hoy, ue ambién el mayo oco de p opagación de la ideología pu is a e in elec ualis a10. Mien as, los b i ánicos ue on los pa ida ios más decla ados de lo ú il. Un ejemplo llama i o es el de William Thomson, Lo d Kel in, quien no sólo ealizó con ibuciones muy impo an es a la ísica, sino ambién al endido de cables subma inos de elég a o y al desa ollo de la ingenie ía eléc ica como p o esión. Kel in esc ibió: No puede habe un e o mayo que el de con empla con desdén las aplicaciones p ác icas de la ciencia. El alma y la ida de la ciencia es á en su aplicación p ác ica11. Pe o e iden emen e es o no zanjó la cues ión, ni siquie a en e los anglosajones. Po pone un úl imo ejemplo, el céleb e ísico no eame icano Albe A. Michelson (1852-1931) le ep ochaba a un discípulo suyo el en a a abaja en un labo a o io indus ial después de acabado el doc o ado, diciéndole nada menos que al hace lo es aba “p os i uyendo [su] o mación y [sus] ideales”12. Cuando pensamos en la ciencia, no malmen e nos iene a la men e la idea de unas eo ías pe ec amen e o ganizadas y sis ema izadas. Sin duda, es o esponde a que la mayo ía de la gen e, incluso con una conside able o mación cien í ica, la ha ecibido es udiando manuales que a an de p esen a esas eo ías 129 10 Sob e es e ema puede e se J. M. Sánchez Ron, El pode de la ciencia (Mad id, Alianza, 1992). 11 De un discu so an e la Ins i ución de Ingenie os Ci iles b i ánica en 1883, ecogido en Popula Lec u es and Add esses (3 ols., Lond es, 1891). 12 F ank Jewe , que se ía je e de los Labo a o ios Bell, ci ado en S. R. Wea , “The ise o ‘p os i u ed’ physics”, Na u e 262 (1976), 13-17. Michelson es céleb e po sus expe imen os de p ecisión, ealizados en pa e con Mo ley, que allana on el camino hacia la eo ía de la ela i idad especial. de la mane a más ápida y cla a. El obje i o de es os manuales es comunica nos bien los esul ados, pe o no enseña nos cómo esos esul ados se ob ienen. Son muy pocos los que han llegado a oma con ac o di ec o con el mundo de la in es igación, de ahí que la idea habi ual sea la ía imagen de la ciencia como p oduc o elabo ado comple o, y no la imagen de la ciencia en desa ollo, en acción, en calien e13. Pe o bas a asoma se a un depa amen o o un labo a o io y ealiza un ecuen o pa a da se cuen a de que el conjun o de los expe imen ado es supe a siemp e con mucho al de los eó icos, ya sea en e los ísicos, en e los biólogos, o donde que amos. Pa a comp ende qué es la ciencia y cómo se elabo a, es p eciso po an o lib a se de la adicional imagen de la ciencia como eo ía. Sin duda los cien í icos an o mando concep os, p incipios y eo ías, pe o la mayo pa e de su iempo se dedica a ob ene da os iables, a pe ecciona los cálculos y los expe imen os, a medi y a e i ica si los da os y las p edicciones encajan, e c. En los úl imos ein e años, la co ien e que algunos llaman nue o expe imen alismo ha su gido den o de la iloso ía de la ciencia pa a eclama a ención a las ac i idades de obse ación y expe imen ación ( e no a 7). También los his o iado es han eclamado mayo a ención a los ins umen os y los expe imen os14. A mí pa icula men e me gus a deci que debemos concebi la ciencia como ac i idad, y que en una p ime a ap oximación es el p oduc o de una dinámica bipola , de la in e acción en e dos ases: la ac i idad eó ica y la ac i idad expe imen al. Cada una de ellas iene sus eglas y no mas, su me odología y su epis emología; si enunciamos a en ende una de ellas, como hizo la iloso ía de la ciencia adicionalmen e, no pod emos en ende el conocimien o cien í ico. El mé odo hipo é ico-deduc i o (ya sea en e sión alsacionis a o e i icacionis a) nos da una buena ap oximación a cómo se elacionan los p oduc os de una ac i idad ( eo ías) con los de la o a (da os). Pe o ese pob e esquele o lógico, pese a sus i udes, se queda muy lejos de comenza a 130 13 Es e ha sido un ema de moda en e los sociólogos de la ciencia; un lib o muy bueno a es e espec o es el de B. La ou , Ciencia en acción: cómo segui a cien í icos e ingenie os a a és de la sociedad (Ba celona, Labo , 1992). 14 Un abajo pione o en es a di ección es el de J. Heilb on, Elec ici y in he 17 h and 18 h Cen u ies (Uni e si y o Cali o nia P ess 1979), y ambién el de P. Galison, How expe imen s end (Uni . Chicago P ess, 1987). explica nos de dónde p o iene la peculia iabilidad de los p oduc os que o ece la ac i idad cien í ica. Todo es o es algo que pod íamos y debe íamos enseña cuando enseñamos ciencia a nues os es udian es, ya sea en la Uni e sidad o en el Bachille a o. Y una de las mejo es me odologías pa a hace lo es da les a conoce la his o ia de la ciencia, analiza con de alle cómo se ob u ie on algunos g andes a ances cien í icos, desmenuzando los de alles de la me odología, de la o mación de eo ías y de la p oducción de da os iables15. Deci que la ciencia es el esul ado de la in e acción en e eo iza y expe imen a (o en su caso obse a ) es una ob iedad. Pe o quizás pensa las implicaciones de es a idea sea menos ob io. En e o as cosas, po que nos conduce a la conclusión de que la écnica es á en el co azón mismo del abajo cien í ico, más de lo que adicionalmen e se ha pensado. 3. La ábula de la ciencia Con a é aquí una boni a his o ia que, pese a es a demasiado simpli icada, condensa buena pa e del p oceso po el que su gió la so is icada ac i idad que llamamos ciencia. En el p oceso de hominización, du an e el úl imo millón de años, u o un papel cen al el desa ollo de dos ipos de capacidades en el homb e: capacidades simbólicas y capacidades p oduc i as; el manejo de las palab as y el de las he amien as. Las p ime as se ían pa a sos ene una ida social cada ez más compleja, las segundas pa a pe mi i el desa ollo de la écnica, la manipulación y ab icación de a e ac os. Ambos p ocesos es ablecie on la p esión selec i a que hizo que los ce eb os del géne o homo se hicie an cada ez más oluminosos. Esas dos capacidades undamen ales ence aban el po encial de combina se de mane as muy so is icadas, o iginando una inmensa sine gia, pe o es o a da ía en llega cien os de miles de años. Sólo con la in ención de la ciencia mode na, allá po 1600, se es ablece á una unión al amen e e ec i a de ambas. La capacidad p oduc i a se ue pe eccionando a a és de di e sas e oluciones écnicas in e elacionadas: a su giendo el dominio del uego, la ag icul u a, los mine ales y los me ales. Mien as, la capacidad simbólica alcanzaba su exp esión más al a con los mi os: los mi os g iegos de Home o, los 131 15 Un lib o que p esen a ejemplos sencillos, pe o muy bien es uc u ado, es el de R. Gie e, Unde s anding scien i ic easoning (Ha cou B ace Jo ano ich, 1997). Una ez comple ado el p oceso de ob ención de da os, es impo an e siemp e comp oba cómo és os encajan (o no) con lo que cabe espe a a la luz de la eo ía. Aquí es donde en an en juego las p edicciones: C. Ni el de es ablecimien o de p edicciones. Hoy odos somos conscien es del papel de a e ac os a es e ni el, dado el empleo omnip esen e de o denado es pa a ob ene p edicciones a pa i de sis emas de ecuaciones complejos: en me eo ología po supues o, pe o ambién en ísica y an as o as ciencias. Aho a bien, ¿qué pasa ía con las simples écnicas de cálculo que aplicamos au omá icamen e, desde las an iquísimas écnicas de suma , mul iplica y di idi , has a las écnicas de in eg ación? Sin es o, po supues o, las ecuaciones de la ísica “no nos dicen nada” ace ca del mundo. ¿Y las “ écnicas” de ap oximación? De nue o nos encon amos con algo que es di ícil ca aloga , debido al ca ác e ambi alen e de las ma emá icas. 138 Fig. 4. Rep esen ación de la supe icie luna debida al as ónomo alemán Tobias Maye (1723-1762), donde pueden e se los c á e es P olomeo, Hipa co y Al onso, jun o al Ma e Nubium. Fue el p ime caso en que se empleó el mic óme o, cuya e ícula apa ece ep esen ada. A in de cuen as, es a ambi alencia sugie e que incluso al ni el de la eo ía y los modelos abs ac os hay elemen os écnicos en el mismo co azón de la ciencia. Hablemos pues del ni el D. Ni el de la elabo ación y a amien o de eo ías. Nos dejamos lle a con demasiada aleg ía po las ases hechas que nos dicen que una eo ía, la de New on, la de Da win o la que sea, es un p oduc o men al de ese cien í ico. Es o es sin duda cie o, pe o se suele in e p e a de mane a equi ocada: se in e p e a lo men al como algo “in e io ” y con apues o a cualquie cosa “ex e io ” al suje o, como pueden se obje os u o as pe sonas. Se ol ida, pa a empeza , que la eo ía “de New on” que se es udia en la Uni e sidad iene poco que e con los cálculos geomé icos que llenan los P incipia ma hema ica de 1687, y debe mucho al desa ollo de las ma emá icas en los siguien es 200 años; que la eo ía “de Da win” que hoy es udiamos no es la que aquella pe sona p esen ó en su amoso lib o On he o igin o species de 1859, sino el p oduc o de la llamada “nue a sín esis” en la p ime a mi ad del siglo XX. Pe o sob e odo ol idamos que las eo ías no nacen de la men e del cien í ico como Mine a de la cabeza de Júpi e en el an iguo mi o: Mine a su gía como una muje o almen e c ecida y enía ya a mada pa a la gue a. No, el p oceso de c eación de una eo ía es la go y complejo, in oluc ando al ce eb o y a la mano, mucho papel y in a y elec icidad en los o denado es, discusiones con colegas, bo ado es y más bo ado es, ca as y emails, e c. Veamos un ejemplo. Hace poco que la casa de subas as Ch is ie’s, en Lond es, endió po la imp esionan e suma de medio millón de dóla es el manusc i o Eins ein-Besso. Se a a de un esc i o muy in e esan e, po que o mó pa e esencial del p oceso c ea i o que condujo a la eo ía de la Rela i idad Gene al (Fig. 5). Pa a empeza , es un p oduc o bien ísico, pe o además no es el “p oduc o men al” de Eins ein solo, ya que se debe a dos au o es; sin la colabo ación de ma emá icos como su amigo Michele Besso, el amoso ísico no hab ía podido concebi su eo ía de la g a i ación. El manusc i o se dedica a elabo a las consecuencias de la eo ía con espec o al mo imien o de Me cu io, pa a calcula si la amosa anomalía en su ó bi a podía explica se desde la pe spec i a ela i is a (como de hecho ue el caso). 139 Un de alle muy in e esan e del manusc i o Eins ein-Besso es que hay un e o en cie os cálculos, e o que hizo pensa a Eins ein que su eo ía p o isional e a acep able cuando no lo e a. El e o ue localizado en 1915 y, según algunos expe os, condujo a Eins ein a una p o unda e isión de sus ideas que le puso en el camino inal. Es o nos ecue da de una mane a muy g á ica que el papel desempeñado po los ga aba os de in a y las discusiones no es en absolu o secunda io, sino que pe enece cen almen e a la o mación de esos p oduc os men ales que son las eo ías. Fig. 5. Páginas del “Cuade no de Zu ich” en el que Eins ein explo a posibles o mulaciones de su eo ía de la g a edad. La eo ía de ini i a de la Rela i idad Gene al apa eció en no iemb e de 1915 y –a di e encia de dos años an es– conseguía explica o almen e la anomalía del pe ihelio de Me cu io. Eins ein con a ía más a de que es e descub imien o hizo que le palpi a a ue emen e el co azón20. Las ó mulas y los cálculos de Eins ein y Besso me aen a la memo ia lo que dijo o o g an ísico, Hein ich He z, cuya ob a expe imen al puso los cimien os de las elecomunicaciones mode nas, pe o que ue ambién un eó ico: 140 20 Una buena e e encia en cas ellano sob e el ema es J. M. Sánchez Ron, El o igen y desa ollo de la ela i idad, Mad id, Alianza, 1985. No se puede e i a la sensación de que es as ó mulas ma emá icas ienen una exis encia independien e y una in eligencia p opia, de que son más sabias que noso os, más sabias aún que sus descub ido es, y que sacamos de ellas más de lo que o iginalmen e se puso en ellas. Lo mismo puede deci se de las iejas écnicas geomé icas que aplicaba Keple , como an os o os, en la elabo ación y con o mación de sus modelos eó icos. Y de nue o nos emos conducidos a la p egun a, ¿son las ma emá icas pu a eo ía?, ¿son ciencia o son écnica? O lo que iene a se lo mismo: ¿in en an o descub en los ma emá icos? Quizás, si la espues a es que no son pu a eo ía, encon a emos el inicio de un camino que pod ía lle a nos a en ende mejo la ieja alianza en e ma emá icas e ingenie ía. (A in de cuen as, en los siglos XVI y XVII la palab a “ma emá ico” designaba an e odo a un ingenie o.) Pe o enemos ya que abandona es e e eno pan anoso; me limi a é, pa a conclui , a ci a unas palab as del ma emá ico Luis San aló, quien hablaba del doble aspec o de iloso ía y écnica, que ca ac e iza a es e sabe que denominamos ma emá ica; un sabe , po cie o, que siemp e se ha hallado en e el pensa y el ob a , en e el e bo y la acción21. Donde San aló esc ibió “ iloso ía”, quizás el lec o pueda lee conocimien o o ciencia, y con ello se e i e alguna di icul ad en en ende la idea. 6. Algunas e lexiones ilosó icas y conclusiones Hemos is o en lo an e io el papel del p ejuicio in elec ualis a y la cen ación en las eo ías a la ho a de pensa la ciencia, como o igen de algunos sesgos de in e p e ación que no pe mi en concebi esa ac i idad adecuadamen e. También hemos hablado de lo que pod íamos llama el mi o del suje o, la idea e ónea de lo men al como algo pu amen e “in e io ”. Cuando decimos que una eo ía o un diseño sin duda hab án de egis a se en papel o magné icamen e, pe o “p ime o” ienen que apa ece “en la men e de” Albe Eins ein o G aham Bell, y señalamos con nues o dedo a la cabeza, solemos acep a oda una se ie de in e p e aciones 141 21 Ll. San aló, La ma emá ica: una iloso ía y una écnica (Ba celona, A iel, 1994), 7. muy discu ibles. La idea de la men e como algo que es á en el in e io del ce eb o es una me á o a, una igu a lingüís ica y e ó ica que oscu ece la complejidad de los p ocesos de pensamien o y de p oducción de conocimien os. En iéndase bien: no quie o nega la exis encia de los enómenos men ales, de ninguna mane a; no quie o “ oba le” a nadie sus pensamien os y emociones y ecue dos, cosas que nos pe enecen de una mane a ín ima. Lo que p e endo es en a iza que lo men al no es algo inco pó eo, sino que llamamos “men ales” a oda una se ie (he e ogénea) de conduc as y capacidades; es as conduc as y capacidades no sólo in oluc an al ce eb o, sino a odo nues o cue po y ambién a obje os ex e nos. Eins ein no hab ía podido concebi su eo ía de la Rela i idad Gene al sin esc ibi ecuaciones, ealiza cálculos y co egi los, pedi consejo y colabo ación a ma emá icos como Besso o G ossmann, ecibi las c í icas y las suge encias de o os cien í icos. Tampoco el ilóso o sab ía elabo a sus e lexiones sin pone se a esc ibi , con papel y bolíg a o o con el o denado ; como mínimo, necesi a á pone se a habla al modo de Sóc a es, p oduci palab as e in e acciona con o as pe sonas. Los p ocesos que llamamos men ales no suceden den o de los lími es del c áneo, ni ampoco den o de los lími es de la piel de un indi iduo. La idea de que lo men al es es ic amen e “in e io ” no es más que una mala me á o a. Lo que acabo de deci no es no edad. La in e acción en e la écnica y el pensamien o, el papel de los elemen os ma e iales y co pó eos en la p oducción del conocimien o, han sido señalados una y o a ez de di e sas mane as y en di e sos con ex os. Pensemos en la eo ía del conocimien o ma xis a, con su insis encia en que el conocimien o es una ac i idad p oduc i a, o pensemos en la idea de “sis emas ecnológicos” que han p opugnado los eó icos de la écnica. O a e sión ecien e y p ome edo a es el en oque de la cognición dis ibuida en ciencias cogni i as22. Es e en oque p e ende p ecisamen e analiza de mane a in eg ada aquellas si uaciones cogni i as en las que in e iene más de un ac o , y en las que los obje os del en o no ienen un papel c ucial en los p ocesos men ales. La cognición indi idual, la in e acción social y la in e acción con obje os y a e ac os ac úan de mane a coo dinada y no son sepa ables. Como ha señalado el mismo Hu chins, la ac i idad de los cien í icos, ejemplos como los que he discu ido en es as páginas, son una magní ica mues a de cognición dis ibuida. 142 22 Ve en e o as la ob a de E. Hu chins, Cogni ion in he wild (MIT P ess, 1995). Pe o es as ideas ienen di ícil pene ación en la cul u a gene al, po que aquí el con apeso de las c eencias eligiosas impide un uncionamien o no mal de los p ocesos de ins ucción y educación, p ocesos de ansmisión de lo ap endido po gene aciones an e io es. A una po ción muy g ande de cada gene ación se le enseña de nue o la idea de la dualidad alma/cue po, an cen al en las p incipales eligiones, y po an o nos emos obligados a supe a esa dualidad de nue o en cada gene ación. Pa a supe a la son necesa ios es ue zos indi iduales basados en lec u as, expe iencias y e lexiones, en un p oceso que es mucho más di ícil y cos oso que la ins ucción no mal23. En conclusión, ei e a é unas pocas ideas. La ciencia no es pu a eo ía; si la en endemos así, nos ol idamos del mundo de los da os y la expe imen ación, que a in de cuen as son la cla e que hace de la ciencia ciencia. La écnica ha sido siemp e de e minan e en la elabo ación de ciencia, incluso en las épocas más an iguas, y desde luego en los p ime os pasos dados du an e los siglos XVI y XVII. Pe o es que, además, la p opia ac i idad eó ica del cien í ico depende cen almen e de la écnica. Como hemos is o, la iloso ía expe imen al del siglo XVII ue hija de es mad es, dos de ellas iejas (la iloso ía y la ma emá ica) y la e ce a an iquísima (la écnica). O a cosa es la elación en e ciencia e ingenie ía. La ingenie ía no es simple écnica sino ecno-logía: eo ía de la écnica y écnica elabo ada en base a eo ías cien í icas. La ciencia no dependió de la ingenie ía du an e los siglos XVII, XVIII y buena pa e del XIX, aunque muchos ingenie os desempeña on un papel muy impo an e en la ciencia: pensemos en el español Jo ge Juan –ma ino de p o esión, pe o ingenie o en la p ác ica– o en el ancés Coulomb. Aho a bien, desde inales del siglo XIX la ciencia no ha podido ya i i sin la ingenie ía (y ecíp ocamen e): hemos is o cómo hoy la obse ación, la expe imen ación, el a amien o de da os, la p edicción y la elabo ación de eo ías ienden a es a mediadas po ecnologías al amen e desa olladas. 143 23 Pond é un pa alelismo: en un país como España, casi odo el mundo sabe qué o ma ienen las ó bi as de los plane as, g acias a la ins ucción ecibida; pe o son muy pocos los que han hecho el es ue zo de pensa esa conclusión, en ende cómo ue posible llega a ella sob e la base de la expe iencia del mo imien o apa en e de los plane as (con sus a ances y mo imien os e óg ados, sus conjunciones y oposiciones al Sol, e c.) al como se e desde nues a Tie a. Yendo algo más lejos, en ealidad puede deci se que no hay ninguna ac i idad humana, ya sea men al o co po al, cien í ica o a ís ica, que no in oluc e a la écnica (y ambién al lenguaje). La écnica, como la ciencia, cons i uye uno de los mayo es ac i os de que dispone la humanidad. Pe o pa a que alcancen odo su alo y odo su po encial, ambas deben se en endidas en un sen ido ele ado y libe ado . Ya hay demasiadas oces y demasiadas manos que se enca gan de impulsa la ciencia y la écnica po su u ilidad y buscando el p o echo. La écnica, y ambién la ingenie ía, son algo más, mucho más que he amien as del emp esa io pa a supe a a sus compe ido es, o he amien as del polí ico pa a consegui un país ico y plenamen e inse o en el “P ime Mundo”. Es necesa io complemen a esas oces y con a es a las apoyando la búsqueda del conocimien o, o, po deci lo de o o modo, impulsando los alo es de la cu iosidad en e a los alo es económicos. 144