Historia de los valientes caballeros Tablante de Ricamonte y Jofre Donason
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I)' ^«: 'II l’iüj. IHt| .nd.;-' '.íi í'lllíi ’l f!" ViH'i' ! •r. *^C' 'i‘: i*' '.J .di' 'f.¡ f•ti ’iniubj •ilip "1. >1**íisp ¡•1•: ^pfií 1' TABUm BE i** u< » CAPITULO PRIMERO. Se presenta Tablanle de Eicamonle en la corle del rey Arlus ydesafia álodos los caballeros de la Tabla Redondafvenciendo y llevándose, prisionero al conde don Miian,=Jofre Donason pide pata ir álibertarle, *r\ »•'9.,f ÜE60 que, se hubo insUtuiuQ la orden de los caballerós de la Tabla Redonda .fundada jjqr el rey Arlus, floreció un apuesto dorícery denodado cabaUerd llamado Táhlante dé'Ricamoífle. Este noble señor dei castillo de su ilustre apellido, anheloso de gloriosas aventuras, abandonó sus Estados yse dirigió ála córte dej rey Arlus sin otra, compañia que su esfuerzo; ydesprecmndo C^ÍOs caballeros de la^ nueva Orden, cuyo fundador era el rey, se entró en la córte ydirigiéndose al palacio, manifestó álos criados yguardias de Su Alteza, que él era un caballero andante, yque su objeto era el de batirse con el mejor que hubiese en fa córfe, seguro de salir airoso en la demanda por conceptuarse mas esforzado que ninguno de .4.
-4^ ya pniebr la «Büleioíuit oto Mmilido que fuese oque formalmeute hacia. Asombrados los guardias y^¡rviendel rey de tan temeraria empresa ,ydeseosos de castigar el insolente descaro de un solo caballero que se atrevía ódosaflar á todos los de la córte, dieron parte al rey de la demanda de Tablante, quien les conteslA le dijeran que manirestarn su nombro; pero el caballero no quiso acceder «í eHo, diciéutíolei qu« ásu tiempo lo diría. Admirados el rey yla reina, que ála sazón se hallaban reunidos en uno de los magníficos salones de palacio, do la arrogancia del andante caballero, preguntaron ásus ministros si había alguno de los de la Tabla Redonda capaz de salir ácampaña ycastigar la osadía éinsnlto hecho ásu córte, por el desconocido caballero que armado con las mas brillantes armas ysoberbio caballo esneraba en la muy ancha Plaza del palacio la contestación al reto auo ‘ había osado hacer. Los ministros contestaron áSus Altezas aiie por una rarísima casualidad no se hallaba en la córte otro nhillP ro que el conde don Milán, imposibilitado entonces de pode^ acampana ,aconsecuencia de una grave enfermedad que hobk padecido yde la que aun se hallaba en convalecenrh ní! u en sumo grado, Al'escúcSar d rey esta noticia, mandó le proveyesen de sus arm-.» ^ ^él e„ persona árespondí ./duelo ái' “"rovoc/bf¡"t dos los caballeros de su córte ;pero la reina le hi J5, este propósito, manifestándole lo imprudente que sena“llrft ¿f. combate con un desconocido caballero, que en caso de vencer haría caer una inquitable mancha sobre la corona, ysi fuese vencido nada ganaría en ello la real persona ni sus Estados. Convencido ei rey de tan justas reflexiones, desistió, aunque muy ásu pesar de la proyectada empresa; pero el conde don .Milán, ácuya noticia había llegado ya cuanto pasaba, pidió al rey le diese licencia yle abriese' el campo.^ para contestar al .atrevido que había osado desafiar átoda su córte; pues no era bien visto, ysí sería demasiado afrentoso el que el caballero fuese jactándose de no haber hallado quién ’con él se batiera. El rey Artus no pudo menos de otorgarle lo que pedia, porque de lo contrario hubiera sido deshonrar átoda su córte El noble conde montó en un arrogante alazan, que tascando el freno que cubría con blanco espumarajo, yesparciendo la arena por el aire con sus delgadas manos, daba. inequívocas pruebas de su fogosidad ybravura. Üna brillante armadura de bruñido acero esmaltada en oro, un gracioso casco de relumbrante plata, en cuya cimera ondeaba un hermoso plumero blaneo, una gruesa lanza una larga ybrilladora espada, yuna daga de marfil yacero, com-
poiiian el ludo de las armas dd ilustre ,conde, que partió iouiU' diaUuneule para la grao plaza donde le esperaba el desconocí' do innnlenedor: puesto ásu frente se saludaron con política suplicándose inútuainenle manífestaseu sus nombres, álo que occcdierou gustosos. Pasudos estos cumplidos propios de aquellos tiempos, los dos ealtaileros tomaron el suficiente espacio para encontrarse con mas fuerza, yfue tan grande el primer choque que los dos bambolearon sobre las sitias yapenas los caballos pudieron sostenerlos sobre las ancas :volvieron átomar campo yarremeten con tanta violencia, que las armas centellean con el choque echando chis* pas; los escudos cayeron en pedazos sobre la arena, yTablantc se sintió herido aunque ligeramente. Furioso como el león que siente en sus espaldas la aguzada saeta' dei cazador, arremete á su contrario, yde un bote de lanza logra derribarlo al suelo, desmontándose en seguida para concluir su existencia; pero compadecido del conde que imploraba su perdón, con la condición de obligarse áhacer cuanto le mandase, le perdonó ia vida, previ-r, niéndole se fuese ásu castillo de Ricaraonte en calidad de -prisio- nero, dándole algunos dias de treguas para despedirse del rey y la reina, de su esposa yvasallos. Otorgado todo por el conde don Milán, Tablante de Ricamonte: partió para sus tierras y manifestó alos suyos cuanto le había pasado ,espresando que dentro de algunos dias se presentaria el conde en el castillo dontenían que darle diariamente, cincuenta azotes para eterna deshonra del rey A.rlus, ácuya córte pertenecia. En el mismo castillo de Ricamonte hábia treinta caballeros prisioneros vencidos por Tablante, ácuya presencia dió la órden respecto al castigo del conde don Milán. El conde por su parte, pronto siempre ácumplir la palabra que había dado como caballero áTablante, se presentó al reV Artus ydemas de su córte, manifestándoles su desgracia, que todos compadecieron; yen seguida partió para sus Estados’ yse despidió de su esposa, amigos yvasallos, suplicándoles buscasen algún medio para librarle de la inevitable prisión áque su mala estrella le conducía. Llegado el conde don Milán al castillo de Ricaraonte, manifestó quién era; ydelante délos criados que le acompañaban, los de Tablante le dieron los cincuenta azotes que había mandado su señor, sobre' la misma acémila que allí le había conducií'o, diciéndoles que participasen al rey Artus el deplorable estado en que había quedado el conde. Los sirvientes partieron para su tierra, ypresentándose al rey le manifestaron cuanto Ies habían dicho yellos habían presenciado en el ^castillo de Ricamonte
Al fey yla córte, lo misfnd que ála esposa, deudos yvhsallos del conde,, se les aumentó el encono yresenllmientó al sal^er el infiu* mano porte que COA él se habra usedó. La desgracia de don Milán no se ajyariaba' un instante del corazón del monarca que le amaba demasiado; yen uno de los dias en que se hallaba solo con la reina yun apuesto doncel,' no pudo menos de esclamar; Qué desgraciado és el conde! parece inc^eij^ ble que de tantos caballeros cómo existen en la córte, no haya uno solo que se haya ofrecido ásacarle del horrible cautiverio en que, se halla sumergido. Jofre que oyó al rey espresar sus sentimientosi no pudo menos de avergonzarse, al pensar que en la córte de ían poderoso monarca no hubiese ün caballero capaz de mitigar su amargo pesar, libertando al conde de la prisión que sufría; ypostrado álas reales plantas ,lé dijo: Poderoso señor, os suplico enoárecidamente tengáis ábien de armarme caballero, y áfé de tal ,OS juro por la reina mi señora, que 'presencia estos votos que no descansaré hasta encontrarme cón Tabiante de Ricamonte yexigirle la mas completa satisfacción por el agravio que os ha hechó;, yátodos los cabálleros de la Tabía Redonda, con la prisión del ilustre conde mi pariente, áquien ha tratado cual pudiera hacerlo con un facineroso^ El rey se enterneció al escuchar la caballerosa oferta de sU' doncel, pero no quéria consentir que un joven que apenas contaba diez yocho años, fuese áesponer su vida en contra de un enemigo tan formidable ytemible como era blante; pero la reina que tenia el mas convincente presentimiento de lo mucho que valia el imberve Jofre, suplicó al rey encarecidamente accediese ála demanda, álo que no pudo resistirse el condescendiente soberano. .. Armado Jofre caballero por los mismos reyes, ápresencia de todos los demias de la córte, pidió licencia para partir ácumplir la palabra que tenia empeñada: yconcedida aquella, la reina le regaló una brillantísima armadura que podía competir con la mas rica que tuviera el mas poderoso caballero de la Tabla Redonda; un brioso corcel azabachado, animaba el esforzado corazón del novel caballero que. se juzgaba invencible: montó en él, yal despedirse de los reyes que le miraban entusiasmados desde uno de los balcones del palacio, la reina le dijo cariñosamente: Querido Jofre: ya sabes que por mis súplicas has sido armado caballero; yasi quiero que desde hoy lo seas mió, pue#esta es la voluntad del rey yla mia* Tus hechos nos acreditarán si correspondes óno ala confianza yaprecio que te hemos dispensado. Jofre contestó: ilustre señora, yo os juro por lo que mas amo sobre la tierra, que vuestras esperanzas quedarán cumplidas, ysi faltase álas re-
—7— slas que debe observar oi- Baon caballem ,qu^ eb Cíbk) no me ajuiiibre con. el sol queviv¡fita la tiorra y'.* oaHonta 'á’ los mortalés; ási dijo, yaplicando la espuela^'áilos hijares dél-eaballov desajwj'Cció como un relámpago, quedando los reyes eatbe el temor yla esperanza del éxito de aquélla empresa. 'V Ala segunda jornada varió ‘nuestro héroe de dirección, metiéndose en un espesísimo bosquoi por el: que anduvo errante mas de tres dias, sin que le sucediera ^cosa inotable; pero saliendo al .fin de aquella fragosidad jreparó en úna ehbantadóra floresta á la que embellecía una bien surtidá fuente dé cristalinas aguas, cuyas corrientes serpenteaban mansamente por entre las variadas flores, formando un dulce yapacible susurro que convidaba ádescansar al peregrino yal viajero; Asi lo hizo el valeroso' Jofre echando pie átierra, ysoltando al caballo para que se solazase ypaciese: él se quitó el yelmo, ydespués de haber bebido el agua suficiente para apagár la -sed, se recostó ádescansar. Aun no habia cerrado sus lindísimos párpados, ctiaudo observó que sé‘dirigia áél un caballero armado; púsose éfyelmo yle esperó tranquilamente áque se le acercara; pero cuál fue áu asombro éindignación, cuando vió que el recien llegado le acomete sin hablarle una sola sílaba, yhallándole desprevenido da con él en tierra? Furioso se levantó ymontando ligeramente en su caballo,, que adn no se habia apartado de sü ládo, saca da espada yarrenieté al desatento caballero que tan cobarde 'ytraidoBamente <le halda maltratado sin motivo. Pucos tajos fueron bastantes paraque el áudaz desconocido reconociese la destreza yvaloa* del qué acababa de ofender, pues rolo el escudo yabollado el yelmo cayA -del caballo aturdido ydesalentado. Jofre tuvo inténcion de cortarle la cabeza en desá'^éa, vio .de la ofenso. recibida, pero su generosidad no le permitió 'cometer talatenláde; contentándose con reprenderle por su e»resioQ injusta y-desatenta. El caballero .se disculpó diciéndole: dispensadme ¡oh sefiorl el agravio que engañadamentó os he hecho; el caballo que traéis es idéntico al de ótro -caballeré que mató átraición ó un hermano mío; ypor esto he padecido la equivocación de teneros por él. Jofre le preguntó hácia dónde caia el castillo de Ricamente; álo que no supo dar razón el veneido caballero; pero le señaló una abadía de inoiiges que se hallaba cercana, yen la que 80 croia podian satisfacer su curiosidad. Nuestro jóven ven- ,I ^1 presentarse en la córte del rey Artus, yponerse álas órdenes de la reina Ginebra su señora, yde quien .habia sido elegido caballero. El desconocido lo venfleó apocos días. Llegado ála córte se presentó ála reina según lo habia ordenado Jofre, yle manifestó cuanto había pasa-
-8— (lo con su caballero. S. A. llenade júbilo yradianle de olegria, se lo uotiíicó al rey, quien convocando átodos los caballeros de su córte« los hizo escuchar el relato que el fornslero hizo déla primera victoria del imberve Jofre ,' de quien aseguró el prisionero no haber visto caballero mas bizarro ni diestro en jugar las armas. Todos se alegraron del primer triunfo del bravo doncel, presagiando otros muchos ymas grandes que alcanzaría en la noble empresa que habia emprendido. Los reyes en obsequio de las gratas nuevas que les .habia dado, permitieron al desconocido caballero se volviese ásus tierras, quedándose ellos ylos demas caballeros dé la Tabla Redonda solemnizando, el dia que tan felices noticias hablan recibido, . *1 :• -‘5.r'.'-rL.. ' ’\• ^•-CAPITULO II. « Jofre marcbá en buscá cle Tablarile yencuentra un enano que guarclcibu l'i lanza 'peligrosa por mancado del señor óq'uien servia’, se bale co'ñ é’, je yence^ yda libertad, al enano yveinte caballeros que estabdh presqs eñ uná torre. ' - !i-» J -« .» -. (•i 1* ’ESEQSo nuestro béroe -de diallar 'noticias del castillo dei R'icamontejse dirigió áda abStíía^ quede señalara el vencido caballero qué habió mandado áSU' señora la reina: llegado áaquel asilo consagrado ;á! la penitencia >yála. hospitalf dad, los monges le recibiéránicori agráde, hacién-r dolé descansar-algunas horas yconfortar su estómago con las viandas que Jo presentaron: después de habei^ 'recuperado las fuerkas perdidafc ó'impulsos déL cansancio yla fati^^a dió gracias álos respetables religiosp& por !su•obsequiosánhlantro^ -pía, ydespués de tomar las señas del eániino que debia ^prosecruir para lograr su. objeto, se puso en marcha por una llanura lairdilatada en la que en dos dias no pudo distinguir plantaiárbol, fuente ni arroyo en. que guarecerse de un sol abrasador que - le ábru-^ maba yde kdevoradora sed que le consumia; en vano giraba la ^P°*‘ 'i®*' si podía distinguir alguna choza, castillo óganadería donde poder reponér sus estcnuadas fuerzas v las de su caballo; la seca arena tan solo era kque se le oírecia apurando su paciencia ysufrimiento. Ir sol» cuando distinguió álo lejos un robusto Jaisimo pino que parecía el gigante de aquellas arenosas re-^
—9— gionos^ se encamino háeia él, yal acercarse notó con asombro^ que una lucidisiina lanza se hallaba arrimada al tronco de aquel árbol pasmoso ysolitario; fuese el misterio que creia. encerraba aquel encuentro, ófuese el que le pareció de mejor temple que la suya, lo cierto es que la cambió tomando la que sé hallaba arrimada al pino ycolocando en su lugar la que él llevaba. ; Apenas hahia practicado esta operación, cuando se le presentó un enano que parecía haber abortado la tierrá ósalido del pino, su crespo cabello gris parecido álas cerdas dcl jabalí; sus redondos ojos ensangrentados ymedio cubiertos por unas guedejas de lana que formaban la ceja, una cabeza disforme achatada^ yun cuerpo tan diminuto que apenas contendría una cuarta, formaban el todo de aquel vestiglo parecido áun ser salido de las cabernas de Pluton. Jofre se admiró al contemplar figura tan estraordinaria; pero' el enano, acostumbrado sin duda áver yaun áhablar áotros caballei•os. se puso delante de Jofre ycon centelleantps ojos le dijo: ¿cómo habéis tenido el atrevimiento de arrebatar la lanza que está encargada ámi vigilancia? Nuestro joven le respondió sonriéndose con desprecio: ¿eres tu el guardada esta lanza? Él enano hizo una señal afirmativa yprincipió ádar unos gritos tan descompasados que se dejaban oir. en muchas millas. -.• Apoco rato divisó el esforzado Jofre que un caballero perfectamente armado se dirigía hacia él apresuradamente; el doncel le esperó con la serenidad mas completa que puede imaginarse hasta ei mismo instante en que aproximándose el reeien llegado le dijo; ¿Quién os ha dado permISO p)^i <1 toiriíii* 0Sci lorizn siri pi*j* '‘‘mero bayais sabido álo que está obligado el caballero que tal hace? 'AjDecídmclo ylo sabré, respondió Jofre sin perder un ápice de su sangre frin. Sabed, pues, dijo el caballero de la interrogación, que el que toma esa lanza está obligado áuna de dos cosas: óábatirse conmigo óáir preso áaquel castillo; yle señaló una torre que aun no había visto el caballero de la reina Ginebra. El otro continuó: si admitís el reto yos venzo, sereis colgado iiTemisíbleinente de este pino, como lo han sido todos los caballeros áquienes he vencido en diferentes ocasiones; ysi convenís en venir preso de vuestra propia voluntad, sereis colocado en aquella torre yos destinare alos trabajos mecánicos como al vil esclavo. El intrépido Jofre le miró con desprecio yle dijo: Me dais á conocer en vuestro lenguaje que estáis muy distante de ser un buen yleal caballero; porque el indigno trato quedáis ávuestros prisioneros, mp se parece al que dan álos suyos los bárbaros tiranos del Africa, que álos que debe usar un hombre que ciñe es pnda ycalza espuela de caballero; asi disponeos, pues sin duda el
Cielo me eavié áestos lugares para que castigara tantas iaiqeU da^ yperfidias. £1* eahaUere de Utorre tomó el sufíeiente especio* ylo miañe hizo Jefre» yarremetiéndose con violeneio se dieron difereatei lanzadas, logrando el doncel derrtvar ásu contrarío; luego que le miró en el suelo, le condujo al pie del pino para colgarle dq él> según lo hubiera beclio el otro si le holúese vencido; cuya ope> ración mandó practicar al mismo enano que guardaba la lanzan quien obedeció temiendo sufrir la misma suerte que su señorapero lofre se contentó con hacerle su prisionero, ymandarle le gi^a ála torre: llegados áella, cuando ya la noche hnbia es* parado su manto sobre la tierra, mandó se le presentasen los veinte caballeros que en ella había presos, álos que convidó á que le acompañasen ácenar; estos lo hicieron de buen talante, manifestándoles Jofre que quedaban en libertad bajo la condición de presentái^ con aquel enano en. la córte del rey Artus, yponcrsu señora, participándola cuanto había, oeurndo. • Al siguiente dia se despidieron los caballeros de su liberla- or, las mas espresivas gracias por el singular favor que Ies había dispensado con libertarles de una prisbn en que ha- W^seguidos del enano se eneaminaron ála córte del rev 4.rtiis ála mift ó» i* « preaenlado» álos reyes leV hicieron presenltfl objeío ',irsl! il¿ Jefre el esfuerzo de su caballero / doncel repetidos triunfos de su Qoncei, que coman de boca en boca en todos los círculos de la eórie caballeros después de haber descansado en el oXto ochoTls^ se dirigieron asus tapmq .; .! oeno oías, se dirigieron ásus tierras, Uevánlse Toreah^^ rfl« Iao rA«AiA los caballos yarmas que e i rey les regaló, prometiendo ellos ao deians^rian ® encontrar con el esforzado Jofre oara s^^uITa r® aventuras. El enano quedó en palado porgué Ta "“"l mirar su estraordinaria figura. ^^"egustaba aSS, AA. el
—il- .CAPITÜLOHI. .... . í•. ibfre wdirUfe en busca de Tabianíé yse encuentra can Montesinos el Fuerte’^ sé bate cotí éiy yliberta áRrumessn, señora de la Fioresta^ sobrina del conde don Mitán, i. 1. 1 \, »« /• pcGOcuADo el caballero de la Tabla Redonda, después de la ocurrencia de la lanza peligrosa yde> la torre, se dirigió en busca de Tablante, ydespués de cuatro diás de caminovUndió su atención los gritos descompasados de imá hermosa doncella, que puesta de pechos mi un balcón de .una faerraosísima quinta, imploraba auxilio cubierta de lágrimas, la libertasen del formidable peligro en que se encontraba: Jofre se dirigió hacia la casa, ácuya puerta |)e hallaba un caballero perfectamente armado pugnando por abrirla. La linda dama al acercarse el intrépido Donasen le dijo: noble caballero ,por la órdén que profesáis, os suplico 'me libertéis de este importuno ygrosero pretendiente, que habiendo reusado su mano diferentes veces, intenta baja ycobardemente arrebatarme yempañar mí honor en contra de todas las leyes dé la andante ca* balleria. Yo me llamo Bruniesen, soy señora de la Floresta ydue- )ña de esta quintería donde me hallo de vuelta para mi palacio, pues 'vengo del de mi tío el conde D. Milán, de consolar ámi tía la seiñora condesa, que se halla inconsolable desde de la prisión de su esposo, ejecutada por Tablante de Ricamonte. Jofre quedó asombrado de tan estraña aventura, ydirigiéndose ^al caballero que ya estaba ácaballo, le dijo: ¿Con qué der^bo intentáis violentar la voluntad de esta amable doncella, contraviniendo álas roglas que debe observar todo aquel tpie se precie de caballero? Yo la tomo bajo mi protección, yasi podéis apercibiros al combate ,pues quiero castigar en vos ia afrenta jdeshonra que caería indudablemente en cuantos visten armadura y. calzan espuela si permitiesen que, en vez de proteger álas bellezas, te las violentase yoprimiera como habéis i^erido bacer con esta ilustre señora Los dos caballeros se separaron largo trecho para encontrar! se con mas violencia, con ia lanza en ristre, se acometieron con tanta terocidad, que apenas pudieron sostenerse sobre las sillasse repitió el choque, Jofre tuvo la fortuna de derribar ásu controrio ,que cayó en el suelo gravemente herido de un bote de lanzaeí
T—r»- <? '•*;>: '‘;f(í'‘ . ’ i ''' .. ' CAP1TÜI.0 Y. í*t ‘»’'t* Jofré marcha en buica de Tablante de Hicaimitíe,^Aventuras que te sucedieron durante el viaje. «ANDO el héroe de la Tabla Redonda se hubo separado de sus compañeros en Escocía, tornó áre> pasar la barca del gran rio de Normandía^ yal llegar áun hermoso valle poblado de abetos, naranjos ylimoneros, divisó áuna belleza ácaballo; esta se le acercó preguntándole con el mayor candor ysencillez: ¿sois vos el cáballero Jofre ?Alo :¿por qué lo preguntáis ?Porque deseaba conocerle para darle las gracias debidas ásu virtud yesfuerzo acreditado con la libertad que dió áun hermano mío preso en una torre por espacio dé veinte años. Pues, señora, repuso Jofre, yo no soy el que buscáis' aunque le conozco deniasiado. : En esto vieron venir hácia ellos un caballero armado que Jofre reconoció ser Montesinos,' el mismo qué había querido robar áBru* niesen en la quinta; asi que se acercó áellos, yreparando en la hermosa doncella, preguntó áJofre áquien no Ííabia conocido, si le, pertenecía; álo que contestó que no. Entonces Montesinos asiendo las riendas' del caballo de la bella, queria llevársela ápesar de la resistencia que ella hacia, manifestando que soto queria encontrar al valeroso Jofre, 'y que no abandonaría su camino hasta lograrlo. El atrevido Montesinos al escuchar el nombre de Jofre lejos de respetarle coino áún generoso vencedor^ se burló de él, insistiendo óÁ quererse llevar ála doncella. Entonces el valeroso doncel, indignado' al observar la insolencia del licencioso Montesinos, arremetió contra él con tanta furia que en el primer encuentro le derribó del caballo ;y' desmontándosé del suyole piiso el pie Sobre el pecho, y levantándole la visera le dijo: infame ymal caballero! ¿con que no has escarmentado de querer robar doncellas en vez de acatarlas y protegerlas? hoy no eres digno de mi indulgencia; yle cortó la’ cabeza, sin atender álos ruegos que Montesinos le hacia para que le perdonara la vida . La doncella agradecida al favor que la había -dispensado, le suplicó la dijese quién era; álo que contestó Jofre :Hermosa doncella, no os puedo complacer en este momento; pero partid para la córte del rey Artus, yalH hallareis ávuestro hermano, ydecidle de
-10 - mi porte que el caballero déla torre yde Escocia es elf^ue losíha libertado de ese ttialrado que yace exánime; lo mismo direiSÁla reind Ginebra, yála señora de la Floresta añadirla qué el caballero de la quih* ta no volverá áturbar su reposo, pues es ese mismo qué estáis viehdoj La doncella le dió gracias por el favor que la había dispensado; yllegando ásu casa, que no estaba lejana, partió pará la córte del rey Ar» tus, én la que halló á su hermano, contándole cuanto le había pasado con el caballero qdie'la libertara del atrevido qúe quería robarla. Por , la relación que hizo, todos se cercioraron que era Jofre el caballero de esta aventura; Y' Bruhiesenconobió; qUe el muerto no podía sef otro que el ihtanae Montesinós. (:i; Jofre despiies' de haber libertadol ála doncella,- se acordó <de la casa encantada que guardaba el gigante Malato, ydeseoso de conocer este tan leriiible como formidable personage, sé dirigió áella por to mas espeso de aquellos bosques. Había andado como ünas seis horajs, cuando llamó su atención una afligida muger que ie llamaba ágritds; se acercó áella yla preguntó qué era lo que se la ofrecía ;álo que le contestó: Habéis de saber, ¡oh noble caballero! qúe en lomas intrinca»; do de estos bosques se halla una casa encantada guardada por el fiero ysanguinario Malato que se baila enfermo; un mágico que le visita, le ha recetado para su cura, un baño de sangre de niños, para Jo que el sayón que tiene ásus órdenes ha recogido unos treinta, entre ellos uno mió; os pido, señor, hagais un esfuerzo para libertar áaquellos inocentes de padecer el martirio áque serán condenados por el maldito gigante. Escandalizado Jofre de escuchar, ála pobre madre, la dijo le guíase ála casa del Malato, lo que verificó en el momento. Llegados áella echó pie átierra entregando el caballo ála buena muger que esperaba con ansia el resultado de aquella aventura. La puerta de la casa se hallaba abierta, yJofre se lanzó dentro sin el menor recelo, ydespués de caminar por un largo pasadizo.,se entró en una sala en que se escuchaban lastimeros sollozos ;ála inmediación de un lecho cubierto de ricas colgaduras se hallaba un hombre de unas tres varas, sus ojos eran centelleantes, sus labios gruesos yaceitunados, ysu semblante el mas feroz que hasta entonces se habia visto: ásu lado se hallaba una doncella sumamente afligida. Tan luego como Malato distinguió al guerrero, le dijo con voz atronadora: ¿cómo has osado pisar este recinto del que jamás un caballero salió vivo? Jofre le contestó: vengo decidido áconcluir con tus iniquidades ylibertar áesta joven ydemos niños que tienes en' tus gairas; yse^fue áél con la espada desnuda; el Malato 1© esperaba con una porra grande de hierro; pero Jofre huyendo el cuerpo de la maza, le tiró una cuchillada que se la introdujo hasta medio inusto; el Malato viéndose herido, descargó su maza que no hallando el caer-
—20- po' d«< ca^Uero porque álipó huir, el golpe; se metió eti el suelo mae de dos pálmosí >«tttonoes Jofre le tiro otra cuchillada yle cortó .el braip’ deréehoy pero 'el: gigante asiendo la jinazá con la mano izquierr^ da, le; deschrcó ijwi .golpe tan atroz que rompiéndole el escudo dió coüiél eni'tierra; mas la; doncella prisionera ayudó áJofre álevantar^ se; yno pudiendo Malalo openas moverse por la herida del muslo y brazo, popi donde .vertía torrentes de ennegrecida sangre, tuvo tiera* po él. caballero de .daclp^ otro revés, del que le cortó la cabeza. 'Goncluida ide, esta manera la lucha con el gigante, suplicó ála doncellate guiara donde estaban los niños; la jóven le condujo áuna bóveda subterránea alumbrada solo por la opaca luz de una negra lam* párilla de azaboché ;en dicha bóveda, halló al sayón que se había guarecido 'en ella atemorizado, quien le pidió hincado de rodillas le pérdonase la vida, .y le raanifestaria en, qué se cifraba el encanto de aquella infernal casa. Jofre accedió ála súplica, yel sayón le dijo: subios áesa pirámide y. hallareis uná; .cala vera; cojedla yestrelladla contra ella. yqu-edará.deshecho el encanto. Jofre lo verificó asi; yno bien había hecho spedazos la calavera contra -la' pirámide, cuando la bóveda se yió ilüminada por los radiantes; rayos del sol, ytodos los treinta ñiños al rededor de ella. 1'.! héroe entregó el que pertene* cia.á lá rauger. que‘:quedaba ála puerta, mandando al sayón practicase igual. Opéracion con los demas entregándolos ásus respectivas madrosy Cuyoí encargo hizo también ala doncella yála señora que hábia encontrado primero. -— Terminada la aventura de la casa encantada ydel gigante, continuo Jofre su camino hacia el castillo de Ricamonte; pero diez millas antes de llegar ¡á.iél, llamó su atención nn caballero •desarmado yutia doncella que marchaban áoiicontrarse con él ;la joven sollozaba amargamentév ypreguntándola la causa respondió: Habéis de saber, Señor, que este que veis en mi compañía es mi hermano, que sé halla gráveraenle enfermo; marchábamos áuna quinta con intención de que tomase los aires en el campo, mas puros siempre que los que corren en las grandes poblaciones, pero al atravesar ese puente quedeneis ála vista, se opuso ánuestro paso el caballero dueño de .él, exigiendo de mi hermano que se batiese con él; álo que contestó le era imposible por entonces áconsecuencia de la enfermedad qqe pgíiecia; el caballero entonces despreciando mis súplicas ylas reñexionés de mi señor hermano, le desarmó, no permitiéndonos el paso: por lo que nos volvemos ánuestra ciudad afrentados ypesarosos,' si es que no hallamos al valiente Tablante de Ricambnte óal éabállero de la lanza peligrosa, únicos que podrán salir ánuestra defensa. Jofre respondió ala afligida doncella* pues yo aunque no soy ninguno de los caballeros áquie/i habéis nombrado
juro poT’ la ¿rden de cabnUeria que profeso, que de (Vietiijai' tal iniquidad y> groseria tairta ;yasi si oonfíais en mis promesas^ volved -conniigo cpiq' yo. haré os faciliten el paso por el puente. . Los dos hermanos siguieron el consejo de Jofre ,esperanza» dos en sus ofertas ;yllegados al puente hallaron al caballero quien le aguardaba que les preguntó con arrogancia :¿cómo os volvéis contraviniendo mis espresas órdenes? Jofre tomó ásu eargo eLcóntestarle, ylo bfezo en estos términos: Los señores me han asegurado no les habéis permitido el; paso, porque este caballero no ha podido batirse áconsecuencia de sUs dolencias ;sino deseáis mas que un combate á'muerte, aquí me teneis ámí que haré las veces de este doliente caballero. El derpuente contestó, que ni áél ni álos. demás les daria paso sin que antes pasasen por encima de su cadáver ;lo que visto por el de la Tabla Redonda, le hizo seña de que se apercibiera, yarremetiendo uno yotro con la mayor furia tuvieron el primer encuentro sin causarles notable sensación; pero en él segundo acertó Jofre ámeterle' la lanza por uno de -ios costados de la ar-r madura por donde la abrochaba, ylo derribó del caballo echando torrentes de 'sangre por la boca, de cuyaherida murió álos pocos instantes. -; ’ Los dos hermanos dieron áJofre las mas espresivas gracias; el que contestó devolviéndoles las armas que les habia quitado el del puenté ,que si deseaban volverle áver ,fuesen ála córte del rey Hrlns yrnanifeslaran aquella aventura: álo que accedieron los agradecidos hermanos:, despidiéndose de Jofre que siguió el camino del castillo de Ricamonle. CAPITULO VI. ., * Llegada de Jofre ai caslillo de Ricamonle.=Entrevisía que tuvo con Tablante.^Balalla con el mismo; por la que queda en libertad -el conde don Milán.=B.egreso de lodos ála córte del rey * Arlus'j recibirnienlo que se les hizo .^-Reconciliación ,bodas y i PAÑO con la famosa aventura del puente ,llegó Jofre al castillo de Ricamente ,en el que se hacían grandes preparativos para celebcar la Pascua que era el dia ioraediato ;puesto delante dela puerta del castillo dijo áun criado con imperiosa voz :Decid úvuestro señor Tablante ,que aqui se halla un caballero de la Tabla Redonda deseoso de combatir con él ,para vengar los agravios que ha hecho ála córte del rey Artus mi so- #
borano, en la persona del conde don Milán, áquien ha tratado como ávil esclavo. £1 criado pasó inmediatamente el recado al señor de Ricamonle ,que se asomó áun baleen por ver quién era el ternera* rio que osaba venirle ádesafiar ásu mismo castillo. Efectivamente, desde el balcón pudo examinar ásus anchas él caballo, armas yginete que tenia álá puerta ^quedando admirado así de la gentileza del caballero, como de la hermosura ylozanía del caballo yla magnificencia yfortaleza de las armas. Bájó Tablante á recibir á su enemigo ;pero no como lo hacen los hombres poco generosos, sino como lo practican los caballeros valientes; le saludó córtesmente ,áque contestó Jofre con.la misma cortesanía; en seguida le suplicó Tablante tuviese la bondad de apearse ydescansar aquel dia yel otro en su castillo, respecto que era la Pascua yno estaba en el órden pelear en dia tan solemne ,prometiéndole que pasada, quedaría complacido. Accedió Jofre átan religiosa demanda yechó pie átierra, viniendo en seguida dos criados de Tablante, que el uno se encargó de desarmar ycuidar al caballero, yel otro al arrogante corcel que todos admiraban. Desarmado Jofre, pasó ála sala en que le esperaba Tablante con otros caballeros amigos suyos, ytodos se asombraron al mirarle tan jóven ytan atrevido, atribuyendo su decisión áun grave compromiso), óáun acto de desesperación. Sentados todos en cómodos ymagníficos sitiales, tuvieron tiempo de examinar mas ásu placer al joven Jofre, quien les dejó admirados con sus delicados modales ysu múühisr" instrucción en todo lo concerniente al manejo de las armas, leyes y reglas de la andante caballería. Tablante quedó prendado del fino trato de su huésped, yno dudó seria hijo de un muy grande caballero. Al siguiente dia, que era el de Pascua, salieron ápaseo solos; yTablante dijo al de la Tabla Redonda: Confieso que estoy prendado de vuestra gentileza ,agradable trato, ysobresaliente instrucción en el manejo de las armas; ypor lo tanto desearía que el combate aplazado no se efectuara; antes por el contrario, que nos jurásemos una amistad sincera yde la mas larga duración desde este momento; para cuyo acto suplicóos éncarecidamente me digáis vuestro nombre, de quien sois hijo, ycuál es el motivo de combatirme. Atenlo Jofre ala manifestación de Tablante, le contestó. Principio por daros laj mas esprésivas gracias por el buen concepto que Os he merecido ;y respecto ála amistad que me proponéis ,yque yo aceptaría muy gustoso, vos sois el único que ha de decidir si herños de ser amio^os óenemigos. Soy caballero de la Tabla Redonda yvasallo del rey Artus, yvengo áexigiros la mas completa satisfacción por el insulto hecho ámi rey yálos (xiballeros de la orden en la persona del conde don Milán, áquien habéis tratado cruelmente ;esto por sí solo serí .y