Misión náutica: de libros, discursos y prácticas culturales en la Carrera de Indias de los siglos XVI y XVII
Abstract
Este artículo pretende una reflexión sobre la importancia de la cultura escrita en los viajes transoceánicos de los siglos XVI y XVII, sobre todo los que se realizaban entre España y sus colonias americanas; pero sin dejar de lado los de la metrópoli portuguesa. De esta manera, el objetivo principal del trabajo gira en torno al papel que desempeñó el discurso religioso durante las travesías de los océanos, trayectos peligrosos que los clérigos que solían viajar en los barcos, muchos de ellos rumbo a las misiones de los nuevos mundos, aprovechaban para la instrucción religiosa de los viajeros y tripulantes que encontraban a bordo.
Full text
71 ISBN: 978-84-669-3493-0 Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales en la Carrera de Indias de los siglos XVI y XVII* Carlos Alberto GoNzález sáNchez Universidad de Sevilla [email protected] Fecha de recepción: 22/11/2012 Fecha de aceptación: 02/07/2013 resumen Este artículo pretende una reflexión sobre la importancia de la cultura escrita en los viajes transoceánicos de los siglos XVI y XVII, sobre todo los que se realizaban entre España y sus colonias americanas; pero sin dejar de lado los de la metrópoli portuguesa. De esta manera, el objetivo principal del trabajo gira en torno al papel que desempeñó el discurso religioso durante las travesías de los océanos, trayectos peligrosos que los clérigos que solían viajar en los barcos, muchos de ellos rumbo a las misiones de los nuevos mundos, aprovechaban para la instrucción religiosa de los viajeros y tripulantes que encontraban a bordo. Palabras clave: viajes oceánicos, cultura escrita, clero, religiosidad, misiones. Nautical mission: on books, discourses and cultural practices in the Carrera de Indias during the sixteenth and seventeenth centuries abstract This article considers the significance of written culture on the transoceanic voyages of the sixteenth and seventeenth centuries, focusing mainly on travels between Spain and its American colonies, but also on Portuguese navigations. The article’s main goal is to establish the role played by religious discourses during the overseas journeys. The ships normally carried numerous clergymen who took advantage of dangerous circumstances during the trip in order to indoctrinate travellers and crews. Key words: overseas voyages, writing culture, clergy, religiosity, missions http://dx.doi.org/10.5209/rev_CHMO.2014.46791 * Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto I+D+I Inquisición, cultura y vida cotidiana en el Mundo Hispánico (siglos XVI-XVIII), ref. HAR2011-27021, del Ministerio de Economía y Competitividad. Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86
72 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 1. ASÍ EN EL MAR COMO EN EL CIELO A la vista de los testimonios escritos de viajeros por los nuevos mundos de la alta Modernidad (cartas, memoriales, relaciones, informes, registros de navíos), no resulta complejo especular sobre los objetos gráficos con los que se pertrecharon para aquellos periplos a la ventura. Entre ellos el libro, manuscrito o impreso, antes de llegar a las tierras de destino cumplía una función primordial en las travesías oceánicas que lo llevaban hasta la meta deseada 1. Más de cien días de navegación a merced de los infernales caprichos de la naturaleza y de la vesania humana, en unos navíos, poco mayores que barcas de remos, con un espacio vital reducido al mínimo y un avituallamiento siempre al borde de la extinción, leer, como adujera Fr. Antonio de Guevara en 1539, era el pasatiempo más oportuno y pacífico 2. Las adversidades y peligros propios de la navegación de entonces (naufragios, tempestades, corsarios y piratas, guerras, escasez de agua y alimentos, pésimas condiciones higiénicas), unido a la inadaptación al medio, en unas jornadas interminables, de los ajenos a la profesión del mar, exasperaban los ánimos y predisponían toda suerte de angustias y violencias. Tal cúmulo de circunstancias poco gratas, inciertas y al acecho de la muerte, auspiciaban las llamadas a la intercesión celestial. Estos ruegos al más allá se efectuaban a través de la oración, y, a menudo, sustentados en escritos de contenido religioso (biblias, diurnos, horas, breviarios, misales, estampas de santos y textos piadosos) capaces de ahuyentar la ira divina, de procurar el perdón de los pecados y, en avatares extremos, el sosiego eterno en la otra vida, pues la terrena no siempre estaba acorde a la fe profesada. No obstante, dichos productos gráficos también podían ser un entretenimiento ideal durante una agónica aventura que, según los moralistas de la época, se debía aprovechar para reflexionar y cimentar conductas y virtudes cristianas con las que lograr la reconciliación con Dios. Fr. Antonio de Guevara (1480-1545), egregio polígrafo del siglo XVI, dio un saludable consejo, para superar tormentos y aminorar el trayecto, a los pasajeros de cualquier embarcación, en especial a los que presumen de cuerdos y honrados; es como sigue: “compre algunos libros sabrosos y unas horas devotas; porque de tres ejercicios que hay en la mar, es a saber, el jugar, el parlar y el leer, el más provechoso y menos dañoso es el leer” 3. Al igual, el general Juan Escalante de Mendoza (1529- 1596), culto y diestro mareante de la Carrera de Indias del Quinientos, recomienda a las gentes de mar doblegar el tedio con libros devotos y de sabios autores: Mas con todo me parece que será bien advertir y aconsejar a todo buen marinero que demás de los libros de su arte, siempre traiga consigo otros de buena doctrina y sabios autores, y que el tiempo que hubiere de estar ocioso, o jugando, lo emplee y ocupe 1 Una novedad editorial al respecto es la de alGraNti, L. M. y meGiaNi, A. P. (orgs.): O Império por Escrito. Formas de transmissão da cultura letrada no Mundo Ibérico (séc. XVI-XIX), São Paulo, Alameda Editorial, 2009. 2 Guevara, A. de: De los muchos trabajos que se pasan en las galeras, Valladolid, 1539. Lo recoge en un apéndice martíNez, J. L.: Pasajeros a Indias. Viajes transatlánticos en el siglo XVI, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp. 231-251. 3 Guevara, op. cit. (nota 2).
73 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 en leer y estudiar en ellos, porque haciéndolo así y con el uso y discreta experiencia vendrá a saber mucho 4. Hemos de considerar, no obstante, que el libro piadoso, en una sociedad sacralizada y mayoritariamente analfabeta, podía cumplir otras funciones distintas a la de su lectura en situaciones diversas, ya fuere silenciosa, en voz alta, colectiva o individual. Entre estas utilidades alternativas primaría la de símbolos u objetos de culto, fetiches o talismanes cuya naturaleza sagrada los convierte en mediadores sobrenaturales. De este modo, la simple posesión podía garantizar protección frente a circunstancias adversas y asegurar un potencial mirífico a unos fieles necesitados de esperanzas y satisfacciones espirituales. La reducción del tamaño que desde mediados del siglo XVI van experimentando estas manufacturas tipográficas, hasta formatos, en 8º y 16º, fácilmente transportables –de bolsillo diríamos hoy– y, gracias a su multiplicación mecánica más baratos, evidencia, además del éxito editorial, una interesante diversidad de usos. Debieron ser muchas las personas que se protegían de enemigos mortales e invisibles con unas horas u otro devocionario que jamás leían o que ponían entre sus manos cuando rezaban en cualquier lugar oportuno 5. Las estampas que por lo común suelen ilustrarlos pueden ser otro de los móviles fundamentales de su posesión. He aquí el consejo de un denodado asceta de la época, el jesuita Nicolás de Arnaya (1557-1623), misionero y provincial de su orden en México: que en ellos como en unas armerias, se pueden armar todos los fieles para defenderse de sus enemigos y hazerles la guerra. Esta el ayre lleno de saetas, y dardos arrojadizos, con que pretenden atravesarnos el coraçon nuestros enemigos, y assi conviene armarnos con divinas letras. 6 Los recursos del rezo y la lectura religiosa son manifiestos, como era de esperar entre clérigos regulares, en el relato que el dominico fray Tomás de la Torre (┼ 1567) escribió del accidentado viaje que hizo de Sevilla a Tabasco (México) con Bartolomé de las Casas y otros correligionarios en 1544. Cuenta de su grupo que en estando para ello comenzamos a entrar en concierto y comíamos juntos con lección y decíamos cada día misa en secreto, y los domingos y fiestas las cantábamos y había sermón a todo el navío, y cada noche cantábamos la salve 7. 4 escalaNte de meNdoza, J.: Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales 1575, edición de R. Barreiro-Meiro, Madrid, Museo Naval, 1985, p. 116. 5 De álvarez saNtaló, L. C.: “Religiosidad moderna y cultura lectora en la España de los siglos XVI al XVIII”, en cortés, A. L. y lóPez-GuadaluPe, M. (dirs.): Estudios sobre Iglesia y sociedad en la Andalucía moderna, Granada, Universidad de Granada, 1999, pp. 225-265. Muy útil también: Pérez García, R. M.: Sociedad y lectura espiritual en la Castilla del Renacimiento, 1470-1560, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2005; y Palomo, F.: “Cultura religiosa, comunicación y escritura en el Mundo Ibérico de la Edad Moderna”, en serraNo, E. (coord.): De la tierra al cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”-Universidad de Zaragoza, 2013, pp. 53-88. 6 arNaya, N.: Conferencias espirituales, utiles, y provechosas para todo genero y estado de personas, Sevilla, Francisco de Lyra, 1617, p. 157. 7 El diario del viaje de Fr. Tomás de la Torre también lo reproduce completo José L. Martínez en el apéndice de Pasajeros de Indias, op. cit. (nota 2), pp. 252-293.
74 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 Pero tras describir con todo lujo de detalles el sinfín de penalidades que les tocó experimentar a bordo –vértigos, tormentas, hambre, sed, enfermedades, muertes, agresiones–, narra cómo los más hacían frente a la pesadilla atlántica: unas veces llorando y otras cantando el rosario, salmos e himnos, aquí tres, acullá seis. Los seglares tañendo guitarra y cantando romances, y cada uno a su modo: visitábamos Nuestro Señor con gran consolación y muchos se iban en un rincón en oración, otros leyendo en libros, y hartos llorando arroyos de lágrimas 8. La mayoría de los habitantes del barco, por tanto, se enajenaba de aquellos maléficos días de la manera que el medio y el miedo permitían: llorando, leyendo, cantando. Si bien, no serían muchos, aparte de los frailes y algún que otro individuo adiestrado en letras, los que podían evadirse de tantas semanas aciagas mediante la lectura individual y silenciosa, y en la medida de lo posible solitaria, que Fr. Tomás nos refiere; una técnica en continuo progreso desde la Edad Media que anulaba la separación entre el mundo del texto y el del lector, y con la que el escrito ganaba una notoria y desconocida fuerza imaginativa y de persuasión, considerada por la Iglesia especialmente peligrosa y nociva en las deshonestas ficciones y otros cuentos de invención poética que tanto encantaban y maravillaban al público de naos y galeones. No obstante, los componentes de la cultura oral que se mencionan, canciones y romances, y la lectura colectiva en voz alta, habitual entonces, suplirían las carencias alfabéticas del grueso de pasajeros y tripulantes 9. Al menos así lo exhibe el acta inquisitorial de una visita, en busca de libros prohibidos, efectuada en el navío Santa María de Arratia en el puerto de San Juan de Ulúa en septiembre de 1582, en la que un declarante afirmó que “el pasajero Alonso Almaraz estaba un día leyendo la vida de San Luis y desde entonces hacían que les leyera” 10. Idénticas recomendaciones argumentó Pedro Fernández de Quirós (1565-1614) a sus marineros a la zaga de la quarta pars incognita, Australia. En una ocasión, intentando disuadirles de matar el tiempo jugando a dados y naipes, divertimentos prohibidos en las instrucciones oficiales dadas a la expedición, y mediando en el altercado subsecuente que se produjo, pero consciente del desaliento que provocaban unas tentativas descubridoras frustrantes y prolongadas en demasía, les ofreció como alternativa una honrosa ocupación: “para gasto de tiempo tenía muy buenos libros, quien enseñase a leer, escribir y contar a los que no sabían... y que esto les convenía más que jugar su dinero” 11. Tampoco faltan en su relación testimonios de lectura común 8 Ibidem. 9 Sobre este tema chartier, R.: Las revoluciones de la cultura escrita, Barcelona, Gedisa, 2000; y Bouza, F.: Del escribano a la biblioteca. La civilización escrita europea en la Alta Edad Moderna (siglos XV-XVII), Madrid, Síntesis, 1992. 10 En FerNáNdez del castillo, F.: Libros y libreros en el siglo XVI, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 389. Este libro es una recopilación de documentos de la Inquisición de México, entre los que se encuentra un interesante conjunto de actas de visitas de naos llegadas al puerto de Veracruz. Para la lectura en voz alta: chartier, R.: “Loisir et sociabilité: lire à haute voix dans l´Europe moderne”, Littératures Clasiques, 12, 1990, pp. 127-147. También FreNk, M.: Entre la voz y el silencio. La lectura en tiempos de Cervantes, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 1997. 11 FerNáNdez de Quirós, P.: Descubrimiento de las regiones australes, edición de R. Ferrando, Madrid, Historia 16, 1986, p. 236.
75 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 y oral. Fracasada su onírica empresa austral, navegando de vuelta a Nueva España, menciona una mañana en la que “habían estado muy atentos oyendo leer la vida de San Antón ermitaño, y que alabándola mucho dobló la hoja y guardó el libro” 12. Tanto encendió la piedad de sus hombres que uno de ellos se arrojó en una tabla al mar con la intención de volver a las tierras dejadas atrás para evangelizar a sus naturales. Podemos seguir esta secuencia de representaciones con el misionero jesuita Hernando de Padilla (1550-1607). En el diario de su viaje a Lima (1628-29), en compañía de otros de su religión, menciona cómo empleaban el escueto tiempo de sosiego en el navío, del modo siguiente: “quando las ocupaciones, o la salud lo permitían se recogian en sus exercicios espirituales, de oracion, examenes, licion espiritual y rosario” 13. Este ejercicio de oración interior, un ritual con unos pasos bien definidos que promovió la Compañía de Jesús y la Contrarreforma, concibe la lectura como una práctica ascético-espiritual individual y silenciosa sin otro mediador entre Dios y el creyente que un libro, el soporte de la meditación que, una vez cumplida su función –proporcionar el argumento meditativo–, debía ser desechado. La oración introspectiva, pues, siempre trasciende al texto que le antecede 14. El franciscano Diego de Estella (1524-1578), uno de los ascetas más famosos de aquel tiempo, así lo estipula con pocas palabras: “Has de sacar de la lección el affecto de la devoción, y formar desde allí la oración, dejando la lección” 15. El método, ajustado a la composición de lugar ignaciana, y para evitar las veleidades de la libre imaginación mística, consistía en meditar en lo concreto y no en lo abstracto, o lo que es lo mismo, la representación mental, dentro de unos cauces estrictamente definidos y en un contexto físico concreto, de la humanidad de Cristo o las postrimerías del hombre, fórmula que se desarrolla a través de motivos efectistas, emotivos, sensoriales y visuales. El fin no es otro que golpear los sentidos del creyente para dirigirle su religiosidad, y su vida en general, y provocarle así las conductas y reacciones emotivas deseadas: arrepentimiento, compasión, humildad, caridad, miedo, obediencia, paciencia, piedad o satisfacción 16. La lección espiritual, colectiva e individual, también fue el pasatiempo obligado y habitual durante la travesía oceánica de los evangelizadores que, en 1612, llevó al 12 FerNáNdez de Quirós, P.: Memoriales de las Indias Australes, edición de Óscar Pinochet, Madrid, Historia 16, 1991, p. 294. 13 Se trata del manuscrito hológrafo Relación del viaje del padre Hernando de Padilla y sus compañeros a Lyma de 1628 y de 1629, Real Academia de la Historia (RAH), Papeles de Jesuitas, t. CXXIX, fols. 555 y ss. Debo agradecer su consulta a Delphine Tèmpere, quien además es autora de un excelente libro, de referencia para las cuestiones que aquí se tratan: Vivre et mourir sur les navires du siècle D´Or, París, Presses de l´Université Paris-Sorbonne, 2009. Asimismo, castillo Gómez, A.: “Leer en comunidad. Libro y espiritualidad en la España del Barroco”, Via Spiritus, 7 (2000), pp. 99-122; id.: Leggere nella Spagna moderna. Erudizione, religiosità e svago, Bolonia, Pàtron Editore, 2013. 14 Aquí recomiendo en excelente ensayo de Bouza, F.: “Leer para creer. Religión y cultura del libro en la Edad Moderna”, en cortés Peña, A. L. (coord.): Historia del cristianismo, Madrid, Trotta, 2004, pp. 637-680. 15 estella, D. de: Libro de la vanidad del mundo, Alcalá de Henares, Juan Gracián, 1597, p. 96. 16 Uno de los grandes estudiosos de la lectura ascético-espiritual fue orozco, E.: Manierismo y Barroco, Madrid, Cátedra, 1981. Un estado de la cuestión recojo en mi trabajo “Lection espiritual. Lectores y lectura en los libros ascético-espirituales de la Contrarreforma”, en GoNzález sáNchez, C. A. y vila vilar, E. (comps.): Grafías del imaginario. Representaciones culturales en España y América (siglos XVI-XVIII), México, Fondo de Cultura Económica, 2003, pp. 272-300.
76 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 Perú Jerónimo Pallas (1594-1670), otro jesuita que pensaba no haber mejor manera de combatir la herejía y defender la Iglesia sino mediante sermones, pláticas, disputas y libros impresos 17. Como otros muchos evangelizadores aprovecharon el tiempo oyendo las lecturas en quechua que les hacía el padre Juan Vázquez, uno, entre otros, de los ejercicios en el aprendizaje de la lengua con la que habrían de trabajar en el lugar de destino 18. 2. PURGATORIO FLOTANTE Lo prolongado de la travesía y el angosto y rutinario espacio vital de los navíos, unido al hastío y la desocupación que ambos factores provocaban en pasajeros y tripulantes, daban aliento y ponían en suerte, en el tiempo libre, los deberes pastorales y las ansias misionales de los religiosos que por lo común viajaban a bordo. No se apearon de esta función –que de paso hacía menos melancólico el dilatado cruce del Océano– cuantos principiantes jesuitas deseosos de fortalecer el celo y la vocación, la obediencia y la voluntad, a través de vivencias y maravillas en los universos alejados y exóticos a los que, con fervor militante, iban a probar el martirio por la fe. En estas cuitas náuticas Hernando de Padilla y sus correligionarios emplearon muchas horas en el barco, enseñando la doctrina a una humanidad flotante, tratando, “en racionamientos siculares”, asuntos tocantes al aprovechamiento del alma capaces, cual era su meta, de predisponer en muchos la confesión de los pecados. El resultado fue óptimo: 190 personas confesaron y comulgaron en la nao capitana. Tampoco faltaban prédicas y sermones en reclamo de arrepentimientos y delineando las actitudes arquetípicas del buen cristiano, entre las que elevaron el abandono de los libros profanos y de comedias, que harto había en los buques, por los de devotas y sanas enseñanzas. Desde entonces, y a causa de tan encendida exhortación ascética, cuenta el jesuita, no hubo hombre de mar ni pasajero que en aras de paz interior dejara de buscar, y hallados leer en libros pios como de confesonarios, catesismos y guias de pecadores y otros deste jaez, sin que apenas se oyese en todo el galeon un juramento una palabra deshonesta, que negros ignorantes aun de persignarse sabian ya muy bien oraciones o lo que habian oido al padre en la platica, efectos todos estos 19. En esta misión acuática, conforme al programa y la maña de los ignacianos, las imágenes sagradas también contribuyeron a la conversión de confiados y perdidos. El día de san Francisco Javier, en el centro del navío se asentó sobre un dosel una estampa grande del santo, guarnecida con un marco plateado, con el fin de sacralizar 17 Mission a las Indias, con advertencias para religiosos de Europa que la huvieren de emprender, como primero se verá en la historia de un viage y después em discurso. Al muy Rº Pe Geronymo Pallas de la misma Compañía. Archivum Romanum Societatis Iesu (ARSI), Provincia Peruana 22, p. 79. 18 De suma utilidad: romaNo, A.: “El libro como instrumento de la construcción de un mundo global: los misioneros y la cultura del escrito”, EREBEA, 2, 2012, pp. 109-126; y Palomo, F., “Anaqueles de sacra erudición: libros y lecturas de un predicador en el Portugal de mediados del siglo XVII”, Lusitânia Sacra, 18 (2006), pp. 117-146. 19 RAH, Papeles de jesuitas, t. CXXIX, doc cit. (nota 13).
77 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 el espacio y, a la vez, para que se venerase y honrase la abnegada entrega misional y memoria ejemplar de aquel adalid cristiano 20. La palabra, el libro y otros productos gráficos icónico-visuales, todos en sabia y cuidada combinación doctrinaria, libraron a muchas almas necesitadas de las garras del demonio y de sus tiránicas prisiones, de las torpezas y aficiones inicuas que las abrasaban en el fuego de una ira rabiosa. Los padres de la Compañía, aparte, cumplían un plan de vida estricto y riguroso. Cada mañana asistían a misa; después acometían estudio quieto y las reflexiones sobre lo estudiado. La comida la hacían sin que a la mesa faltase lecion de un libro devoto, que para este sustento se escojio un tratado no menos erudito que uno hecho por el padre Alonso de Sandoval de instauranda aethiopum salute, particularmente el tercer libro que trata de los misterios de esta jente instruiendo con documentos practicos a nuestros obreros en el modo que con semejantes han de guardar para su catesismo baptismos 21. Concluida tan provechosa, anímica y corporal pitanza, se recogían en descanso para, más tarde, volver al estudio y a la lección espiritual hasta la noche, momento en el que saltaban a cubierta cantando la salve y rezando avemarías. El buque, en suma, fue un espacio idóneo para poner en experimento los métodos misionales que iban a desarrollar al otro lado del Atlántico. Un eficaz auxilio les prestaría el manual del padre Alonso Sandoval (1576-1652), una acertada guía práctica resultado de su pericia evangelizadora con indios y esclavos etíopes del Perú, que puso a buen recaudo la llama vocacional de aquellos jesuitas, en especial la de los neófitos, durante la navegación con destino a la tierra incaica. La intención, a la vista de los resultados y de la subjetiva representación de Padilla, fue buena y fructífera. El espíritu de los misioneros quedó gratamente compensado. De esta manera los barcos, auténticos microcosmos, de buenas a primeras, y al provecho de acontecimientos con riesgo fortuitos –tempestades y ataques de corsarios o piratas–, se transformaban en espacios sagrados durante todo el viaje, cuasi templos flotantes e intercesores celestiales. La misión, pues, comienza en el mar y no en las nuevas tierras; a bordo iban, empleando la terminología de los jesuitas, los “otros indios”, muchas veces peores cristianos que los caribes. En particular, el común de los mareantes, una profesión, en su escalafón inferior ante todo, en la época vista como producto de la suma pobreza y la desesperación, artífice de una empresa incierta y espantosa que siempre conlleva una mala vida, cruel y perversa, aliada de una muerte constante. Unos hombres, como fuere, denostados por malquistos y, lo 20 Imprescindible resulta GruziNski, S.: La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019), México, Fondo de Cultura Económica, 1994. Del mismo autor, su gran obra: Les Quatre parties du monde. Histoire d´une mondialisation, París, Éditions de la Martinière, 2004. 21 Se trata del libro del misionero sevillano Alonso de Sandoval, De Instauranda Aethiopum Salute. Nicolás Antonio cita una edición madrileña, en folio, de 1646. Pudo haber una anterior o estaban usando un manuscrito. Sandoval fue un experto misionero que estuvo en Lima con indios y esclavos negros. Murió en 1652.
78 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 peor, por ignorantes del credo cristiano, blasfemos, presa de la superstición, cuasi paganos, y sin temor de un Dios del que sólo se acuerdan cuando el peligro acecha 22. No había mejor modo, por tanto, de curar los síntomas del aburrimiento que lograr bien el tiempo y no malograrlo en ociosidad, madre de vicios, madrastra de la virtud, raíz, fuente y origen de mil males que se evitan con el honesto trabajo. Ya el agustino Tomás de Kempis (1380-1471), gran místico del Medioevo y uno de los autores religiosos más leído entonces, y hasta hoy, decía: Bueno es que algunas veces nos vengan cosas contrarias: porque muchas veces atraen el hombre al corazón, para que se conozca desterrado y no ponga su esperanza en cosas del mundo...esto ayuda a la humildad y nos defiende de la vanagloria...entonces conoce tener de Dios mayor necesidad, pues que ve claramente que sin él no puede nada bueno 23. Presto lo siguió el doctor y racionero de la catedral de Lima Diego Portichuelo de Rivadeneira, que, al contrario de casi todos nuestros navegantes-escritores, relata su viaje invirtiendo la dirección, del Callao a España en 1654. Las envestidas del océano y el torrente de adversidades que hubieron de enfrentar las gentes de su nao, le dieron el mejor pretexto posible y oportunidad para poner a prueba su astucia misional con las personas de a bordo, a las que hizo ver que la furia del mar, crisálida del infierno, era la más evidente manifestación de la ira divina frente al pecado y el desprecio de la piedad de los embarcados. El clérigo, claro está, se lucró del recuerdo de santa Bárbara cuando truena, es decir, hizo ver que una vida virtuosa y cristiana, en permanente estado de alerta y no sólo ante situaciones extremas, era la norma aconsejable en tormentos como los vividos, y la más eficiente en la obtención de misericordias. Por ello, como pudo y ayudado de otros religiosos que iban en el barco, el racionero se dedicó, sólo con la palabra, a disciplinar y doctrinar a pasajeros y tripulantes, quienes se mostraron humildes y sumisos a la resolución de conflictos entre ellos, el arrepentimiento, la confesión, la comunión y la penitencia. Pero Portichuelo echó de menos un útil fundamental en la acción misional emprendida; así lo anotó en su relación: Y viendo el fruto que se conseguía, proseguí con la predicación, como lo hice todo el viaje, los miércoles y los viernes, y como yo no tenía allí libros, y a esta falta se seguía mi insuficiencia. Y bien se conoció que allí andaba el dedo de Dios, pues lo que Su Majestad obró en aquella gente, que serían de 350 hombres, y las penitencias que hicieron fueron tales, que parece que en todo era el navío otra Nínive convertida 24. El cumplimiento con los deberes religiosos durante la travesía era una obligación que todo buen fiel debía observar, y el capitán del navío asegurar. En las naos, como 22 Sobre este imaginario son fundamentales los libros de Pérez-mallaíNa, P. E.: Los hombres del Océano. Vida cotidiana de los tripulantes de las flotas de Indias. Siglo XVI, Sevilla, Diputación de Sevilla, 1992; id.: El hombre frente al mar. Naufragios en la Carrera de Indias durante los siglos XVI y XVII, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1996. 23 thomas de kemPis: Comptentus mundi, Barcelona, Librería Católica Internacional, 1927, p. 21. Esta edición sigue la traducción de Fr. Luis de Granada, publicada en Sevilla en 1536. 24 Portichuelo de rivadeNeira, D.: Relación del viaje y sucesos que tuvo desde que salió de la ciudad de Lima hasta que llegó a estos reinos de España, Buenos Aires, Biblioteca Ibero-Americana, 1905, p. 67.
79 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 prescriben ordenanzas y libros de navegación, se habría de vivir “cristianamente y en el temor de Dios”, una norma que también solían vigilar los capellanes y religiosos presentes en la navegación. Un medio ideal de la salud espiritual de pasajeros y tripulantes, en una secuencia vital en continuo contacto con la muerte, fueron las prácticas sacramentales; entre las que destacan la confesión, la eucaristía, la unción de enfermos y la penitencia. Esta última, aparecía como uno de los remedios más eficaces frente a los habituales infortunios del viaje; incluso el lexicógrafo Sebastián de Covarrubias (1539-1613) dice que así como el que en una tormenta ha perdido el navío tiene necesidad de asirse a alguna tabla para no ahogarse, así el que en la tormenta del pecado perdió la inocencia bautismal tiene necesidad del sacramento de la penitencia para no ahogarse en el profundo infierno 25. Los tratados náuticos, por ello, insisten en que nadie embarcase sin haber procurado estado de gracia, y que durante el trayecto oceánico se celebraran metódicamente los ritos religiosos pertinentes, de ahí que los barcos fuesen equipados con los ornamentos y libros litúrgicos necesarios. Había que evitar, pues, morir en pecado, algo factible en cualquier momento repentino en un piélago acuático que la mentalidad de la época equiparaba al infierno; el navío, pues, sería una especie de purgatorio, o sea, un abismo purificador, inhóspito y doloroso, provisional si se aprovechaba como ruta de conversión y perfección. Los jesuitas portugueses en idénticos avatares, al igual que los demás, también desaconsejaban y secuestraban lecturas profanas del cariz de las exitosas ficciones caballerescas, los cuentos eróticos y sentimentales, la Fiametta de Bocaccio o los metros itálicos de Boscán y Garcilaso. Más de lo mismo encontramos en los tres meses de navegación entre Goa y Macao. En mayo de 1586, dos padres y un coadjutor embarcaron en la nao Nuestra Señora del Rosario con destino a China, senda en la que aquellos dos jóvenes sacerdotes cada día decían misa rogando a Dios que la lluvia, el viento y la navegación nunca les estorbara su ministerio y obligaciones. Excepto cuando estaban muy enfermos, siempre cantaban letanías a la Virgen a medio día y jamás cejaban en el auxilio espiritual de los pasajeros. Cada noche reunían en la cubierta a los mareantes y esclavos africanos del buque para enseñarles la doctrina del Altísimo y cantar con ellos oraciones. Tampoco escatimaron en el derroche de caridad ni en el cuidado de enfermos y necesitados, tanto de sus cuerpos como de sus almas; a cambio, todas las mañanas muy temprano, en voz alta y devota, convidaban a los presentes a alabar a Dios y a la Virgen 26. 25 covarruBias, S. de: Tesoro de la lengua castellana o española (1611), Madrid, Castalia, 1995, p. 812. Sobre la religiosidad a bordo un buen trabajo es el de herNáNdez díaz, C.: “Asistencia espiritual en las flotas de Indias”, en torres, B. (ed.): Andalucía, América y el mar, La Rábida, Junta de Andalucía, 1991, pp. 271- 282; y los de sáNchez reyes, G.: “Zarpar bajo el cobijo divino. Prácticas religiosas en los viajes de la Carrera de Indias”; y moNtero recoder, C.: “Encarando a la muerte”, ambos en treJo, F. (coord.): La flota de la Nueva España 1630-1631, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2003, pp. 145-208 y 209- 244, respectivamente. 26 Al respecto loureiro, R. M.: “Livros e bibliotecas europeias no Oriente (século XVI)”, Revista de Cultura, XXXII (1997), pp. 19-34; id.: A Biblioteca de Diogo Couto, Lisboa, Instituto Cultural de Macau,
86 Carlos Alberto González Sánchez Misión náutica. De libros, discursos y prácticas culturales... Cuadernos de Historia Moderna 2014, Anejo XIII, 71-86 hame sido grandemente dificultoso, recopilar lo poco y mal limado que en este libro hallarás 44. No va más de momento, ni requiere este discurso de mayores conclusiones que las que se han ido barajando a lo largo de sus páginas; que, en cualquier caso, el avance del estudio y la reflexión traerán mejor calibradas en el momento oportuno 45. 44 caBello valBoa, M.: Miscelánea antártica, edic. de L. E. Valcárcel, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1951, p. 7. 45 No podía terminar sin citar una obra de gran interés para las cuestiones abordadas, aunque discutible en algunas de sus propuestas, me refiero al libro de schWartz, S. B.: All Can Be Saved. Religious Tolerance and Salvation in the Iberian World, New Haven, Yale University Press, 2008. También, kaPlaN, B. J.: Divided by Faith. Religious Conflict and the Practice of Toleration in Early Modern Europe, Cambridge, Harvard University Press, 2007.