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The Female Nude : A Didactic alternative for the history of art

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The Female Nude : A Didactic alternative for the history of art

Author: Pérez-Guerrero, Vicente
Year: 2015
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b1c2e7b9-2efb-4c30-b1e2-df129eaa3e4e/download
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THE FEMALE NUDE: A DIDACTIC ALTERNATIVE FOR THE HISTORY
OF ART
In oducción:
La pe cepción isual es, en e ec o, el medio po el que es uc u amos sensaciones
y emociones. Una ase p e ia a cualquie in e p e ación. Ocu e sin emba go que
al mi a un obje o a ís ico se es ablece siemp e un con lic o, una elación
dialógica en é minos de in e cambio, en e lo que e el ojo, digamos “desnudo”,
sin mediaciones sociales o cul u ales, y lo que nos deja e y no e “el ojo
educado” sob e el que se impone el e ec o de la adición de la época. Los niños,
po ejemplo, no dibujan lo que en, sino lo que conocen, po eso pues os a
dibuja su casa ienden a con undi la con la de chocola e con chimenea con
cubie a a dos aguas. Y pues o que odo sen imien o nace de una idea, una
pe cepción o un p ejuicio, se hace necesa io e lexiona c í icamen e sob e los
condicionan es de la mi ada.
Pod ía deci se, a mayo abundamien o, que nues a mi ada es colonizada po la
lógica de los dominan es a cuyos in e eses, sin duda, se debe. A ni el
socioeconómico, de o ma cla a, pues son quienes de inen el gus o con sus
enca gos, pe o, como e emos al analiza algunos de los p ocedimien os
es ilís icos de JRT (en adelan e JRT), po un sesgo cul u al, and océn ico y
é nocén ico, igualmen e e iden e a la ho a de mos a y ocul a .
La His o ia del A e ha jugado, a es e espec o, un papel nada desdeñable. Al
se icio de la ins i ucionalización y me can ilización del bien a ís ico, ha
canonizado cie as ob as y cie os a is as y elegado a o os, sob e odo a o as,
al ol ido. Tiene así la His o ia del A e una deuda que salda , iene como
asigna u a pendien e que saca del ol ido esas o as o mas de mi a que han sido
adicionalmen e ninguneadas, cuando no simplemen e igno adas. Tiene el debe
de pone se, en de ini i a, de pa e de aquellos que siguen sin his o ia.
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En es e sen ido, pa a pode hace e las implicaciones polí icas y cul u ales que,
a ni el o mal o iconog á ico, se dan en una ob a de a e; pa a mos a las ideas,
c eencias y alo es que insc i os en el cuad o se ansmi en a a és de la pin u a;
pa a, en de ini i a, hace isible lo ocul ado; con end ía, en p ime luga , ene
p esen e que el hecho a ís ico no iene po qué analiza se siemp e bajo las ho cas
caudinas de un único modelo in e p e a i o. Y, en segundo luga , dada la
insu iciencia de la His o ia del A e, conside a las en ajas in e p e a i as de la
c í ica del a e.
A es e espec o, al p egun a se sob e las elaciones en e el obje o a ís ico y el
espec ado , el c í ico piamon és U. Eco (Ob a abie a) ha dejado dicho que una
ob a de a e es e e na po que o ece di e en es signi icados an o a pe sonas de
épocas o cul u as dis in as, como a uno mismo a lo la go de su ida. Po lo que se
a a ía, desde un pun o de is a didác ico, an o de hace e que el obje o
a ís ico po a los discu sos p opios de una época como de comp ende que el
espec ado , suje o a su p opia his o ia, es á si uado y ocupa una posición desde la
cual con empla, ac i a y complemen a la signi icación de un cuad o, en
de ini i a, lo e-c ea. De o ma que el a e no sólo ep oduce una concepción del
o den de las cosas, puede da luga ambién a su ans o mación.
Ob a abie a: pe spec i as in e p e a i as.
En ados en ma e ia, que emos llama la a ención, en p ime luga , sob e el alo
de la didác ica c í ica como una o ma de cues iona la in e p e ación dominan e
del obje o a ís ico e in oduci en el cu ículum escola nue as mi adas (Cala ,
R. e al, 2000; Á ila, R. Mª, 2001; Hidalgo, E. e al, 2003).
1. Mi ada his ó ica: la ob a de a e como p ueba o es imonio de una
época. El qué dice esponde a cuándo.
2. Mi ada sociológica: lo que el a is a quie e deci iene de e minado
po el pa a qué y pa a quién es la ob a de a e.
3. Mi ada o mal: a a de esponde al cómo se dice.
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4. Mi ada iconológica: la ob a de a e como signo, como concepción del
mundo que hay que in e p e a . Responde al po qué lo dice.
En el caso conc e o que nos ocupa, el desnudo emenino en la ob a de JRT:
1. La mi ada his ó ica-sociológica de la ob a de JRT (1874-1930) nos lle a a
pensa en la España de la Res au ación (1874-1923) y la Dic adu a de P imo
de Ri e a (1923-30). En la España del u nismo, de los pa idos dinás ico, u al y
caciquil… Un país que, al comenza el siglo XX, con aba con una espe anza de
ida de 35 años y una asa de anal abe ismo del 56%, la misma que, un siglo
an es, enía F ancia o Ingla e a.
En esa España, en e el Roman icismo, el Imp esionismo, el na u alismo y el
mode nismo simbolis a, JRT se ue o mando cuando Vi ido as del amo , la ob a
que p esen ó en la Exposición Nacional de BB.AA. de Mad id de 1906 es
echazada po los académicos po conside a la amo al. Mien as an o, los
gua dianes de la angua dia mode na conside an que su ob a es á pasada de
moda.
2. Mi ada sociológica. Teniendo en cuen a que lo que el a is a quie e deci iene
de e minado po el pa a qué y pa a quién es la ob a de a e. Como se ha
señalado, hay que eco da que JRT pudo gana se la ida holgadamen e con su
pin u a, y aunque u o una ida bohemia y la mo al de muchos de sus cuad os
es aba al ma gen del o den es ablecido, al g an público le gus aba y, de hecho, su
clien ela e a amplia. Llegó a ealiza más de seiscien os e a os emeninos en los
que la pau a que seguían odas sus modelos espondía a los cánones de belleza de
la época: muje es de g andes ojos, mi ada enigmá ica, anchas cade as y cue po
esbel o, de la gas melenas.
No obs an e, el ema que ma có la ida y la ob a del pin o co dobés ue el
cue po de la muje desnudo. En 1908 la Exposición Nacional de Bellas A es le
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concedía el p ime p emio po su Musa gi ana. A pa i de ese momen o, su éxi o
ue absolu o.
El desnudo es uno de los emas adicionales del a e occiden al. Sin emba go,
pensa sob e el desnudo en a e es hace lo sob e el desnudo emenino. Teniendo
en cuen a que se pin a pa a sa is ace las demandas del comp ado , no puede
ob ia se que en el desnudo emenino la muje es cosi icada, cons uida como
obje o de deseo del p opie a io. No es sólo que las ob as maes as del géne o han
de e minado la p esunción de que el a is a es a ón y el cue po e a ado se
co esponde con el de una muje , en é minos de su o mación a a és de las
escuelas de a e, las gale ías y la c í ica del a e, his ó icamen e se ha ido ambién
di undiendo un discu so que puede en ende se como un p ocedimien o pa a
o dena y pone a cada sexo-géne o en su si io. Analizando la his o ia del a e
occiden al, es ácil comp oba lo, po medio del desnudo emenino la iden idad de
la muje , dada la abundancia de imágenes que de inen su eminidad, ha sido
“enma cada”. Bas a con echa un ojo a los manuales escola es pa a cons a a que
el cue po emenino, a a és de los di e en es cánones de belleza, eglas y
es ánda es, se encuen a, en e ec o, en un p oceso cons an e de de inición pe o, a
pesa de que su concepción cambia, sob e el mismo siemp e se impone una doble
condición al se a la ez el papel del obje o is o y del suje o que e. Po an o,
an e es a omnip esencia inconog á ica, la muje ine i ablemen e iende a eje ce
sob e su p opia imagen una eno me au o egulación. Po o a pa e, siendo es o
necesa io, más que señala una e idencia, desde una didác ica c í ica se a a ía
de desa olla en e el alumnado una ac i ud de sospecha ace ca de quién aza
las líneas, dónde y pa a quién se azan (L. Nead, 1998: 59).
3. La mi ada o mal: El simbolismo, mo imien o li e a io y plás ico su gido en
la década de 1880 en F ancia como eacción al en oque ealis a imp esionis a con
el obje i o de suge i más que mos a , es, al ez, de los que desa olló JRT el
que mejo lo de ine. Así, aunque es igu a i o y obje i is a, sus ep esen aciones
desp enden el mis e io y espi i ualidad que ca ac e iza a los simbolis as.
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El ema p edilec o del pin o co dobés es, como hemos dicho, la muje , pe o po
in luencia simbolis a es a se á ep esen ada de o ma melancólica, quedando
asociada a la emme a ale de in siglo. T a ada con la pale a oscu a (semejan e a
los Zuloaga, Solana, Nonell, Rica do Ba oja…) que de endie a Unamuno, a ono
con la li e a u a “del desas e” (1898), en e a la o a g an endencia del
momen o, el luminismo que desa olla a So olla; la imp esión de ese es ado
ánimo aún e á más e o zado como consecuencia de un p ocedimien o
composi i o ecuen emen e basado en la copia de o og a ías en un es udio
iluminado en penumb a, el uso de eladu as al óleo y, sob e odo, en el
dominio de la écnica del es umina o en la que des acó al ex emo de se
conocido como el Leona do co dobés.
4. La mi ada iconológica. Rome o de To es e a, se ha dicho, un “can o ”
us ado. Con su pin u a can a las peni as de la muje menes e osa, de la “clase
b u a y hamb ien a”, la muje pe dedo a o caída en desg acia. La mís ica del
amo y la mue e, la a alidad, can ada en las coplas y que an asociada es á a
la cul u a popula . Unas le as y unas imágenes que ansmi en una pe spec i a
mise abilis a que consis e en incula a las clases popula es con la incul u a,
ca en es de lógica acional, escla as de las bajas pasiones; sin mo alidad, suje as
a las ue zas de la na u aleza. Una pe spec i a que amén de acis a es, como
luego e emos, engañosa.

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“La nie a de la
T ini” (1929). Ob a de Julio Rome o de To es.
El asun o es que el desnudo de JRT es la ep esen ación de la agedia, que ya es
o se anuncia inminen e. Pa a pode en ende es a iconología asociada a la emme
a ale de in de siglo es necesa io analiza los cambios es uc u ales que, a ni el
ci iliza o io, es aban eniendo luga .
4.1. El mi o de la emme a ale. És e esponde a las siguien es ci cuns ancias
his ó icas:
- Mo imien o su agis a, eminis as que ei indicaban el de echo al su agio
emenino. Supuso el emo masculino a la pé dida de p i ilegios dando luga a
una iconog a ía pa ia cal que eaccionaba a acando a es a muje “libe a ia” que
e a ada como una amenaza e a diagnos icada de “his é ica” (L. NEAD, 1992).
- La Re olución Indus ial, el desa ollo del u banismo, la mise ia de la ida en
la ciudad lle ó a miles de muje es a ene que p os i ui se sin p o ección
ex endiéndose las en e medades ené eas has a llega a deci se que “la
en e medad es una muje ”. En Ba celona, po ejemplo, en las p ime as décadas
del siglo XX, el enómeno de la p os i ución alcanzó p opo ciones gigan esca. En
la “ciudad bu del”, como cali icaba la p ensa a los al ededo es del Pa alelo, las
“palille as”, así se les llamaba hacía elaciones a los anseún es y p ac icaban
coi os en plena calle, a la is a de odos los que en g upo espe aban su u no.
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- Las eo ías misóginas: Schopenhaue , Nie zsche… “¿Qué es la muje pa a el
homb e? –se p egun a és e úl imo-: Dos cosas equie e el homb e au én ico:
pelig o y juego, quie e a la muje como eso, como el jugue e más pelig oso. El
homb e ha de se educado pa a la gue a y la muje pa a descanso del gue e o:
lo demás es locu a”.
En e dad, no puede en ende se la cons ucción del mi o de la muje has a las
úl imas décadas del siglo XIX, coincidiendo con los e o es masculinos an e la
ma ea de si ilo obia y en e al ho izon e de una muje en ías de su
emancipación (MORENO MENGÍBAR, A.; VÁZQUEZ GARCÍA, F. 1999:
189). Sin emba go, es a acusación de la muje como po ado a del mal es an
ieja como Ma usalén, descendien e de E a.
- La li e a u a, an o la simbolis a de Baudelai e en “Las lo es del mal” como el
na u alismo de Flaube , “Emma Bo a y”, o Tols oi en “Anne Ka enina”, uel e
a pone de moda, en e el g an público, a la muje adúl e a o la p os i u a.
Renacen así los mi os clásicos de Helena, Pando a, Salomé, Judi …, o
hagiog á icos como el caso de San a Inés, de los que, en e ec o, se ocupó JRT.
4.2. Andalucía como o ien e y la imagen de los iaje os omán icos de la
muje andaluza. Las asociaciones de en e la p os i ución y el mi o acial de la
andaluza a dien e p oceden di ec amen e del ex anje o. Fue on las desc ipciones
de los iaje os omán icos anceses (S endhal, Gau ie , Do é, Me imée, Dumas)
y b i ánicos (Fo d, Bo ows, e c…) las que o ja on en lo esencial el ópico de la
muje andaluza que ha llegado has a nues os días: la mo ena ó ida con ojos
como la end ina, agi anada y de es i pe á abe, con despa pajo en el ges o y en los
anda es y capaz de hechiza al homb e lle ándolo a la pe dición.
“Hallábase al en e de él una jo en y he mosa iuda andaluza, cuya
ado nada basquiña de seda neg a con anjas de abalo ios dejaba e los
encan os de sus g aciosas o mas y de sus o neados y lexibles miemb os.
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Su anda e a i me y delicado; sus ojos, neg os y llenos de uego; y la
coque e ía de su po e, y los a iados ado nos de su pe sona indicaban que
es aba acos umb ada a que la admi asen” (I ing, W. Cuen os de la
Alamb a, p. 40).
La medicina de la época enía a a ala con igo es as ap eciaciones. “Los
acul a i os daban pie a la sospecha de que las andaluzas, po su condición
me idional, e an especialmen e p opensas al u o u e ino o nin omanía. Así se
exp esaba A ce y Luque en el e ce olumen de su T a ado Comple o de las
En e medades de las Muje es (1845): ‘las iudas jó enes, las muje es públicas…
son las más expues as a la en e medad que nos ocupa, mayo men e si habi an
climas cálidos, en los que las pasiones son más i as y la imaginación exal ada’.
La p ocli idad a p os i ui se no e a po an o, en e las muje es del su , un hábi o
inducido po la educación. Se a aba de una consecuencia acial, biológica
inhe en e al sal aje p imi i ismo de su cons i ución… De ás de cada malagueña,
se illana o gadi ana la ía en el ondo el co azón de una Jezabel. Es a a ian e
andaluza de la muje diabólica, de la emme a ale, apa ece ya expues a po
P ospe Me imée… p o ocan la desg acia de los homb es, dos amigos acaban
enza zados en un duelo po su amo . El desenlace es ágico; el supe i ien e de
la dispu a acaba apuñalado a la p o agonis a, causa de an o u o ” (MORENO
MENGÍBAR, A.; VÁZQUEZ GARCÍA, F. 1999: 186-188).
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“Can e Jondo” (1930). Ob a de Julio
Rome o de To es.
4.3. La sexualidad como mecanismo de ascenso social. En una sociedad
pa ia cal, cuan o más ce ca del “seño i o” más ácil e a ascende socialmen e.
Es ecuen e así el concubina o. Pe o ambién es ácil cae en desg acia si
quedaban en cin a, o caían en las edes de pa onos desalmados que las
conducían al bu del. Lo cie o es que la ilegi imidad e a el doble que la ac ual,
800 de cada 10.000 muje es en e 15 y 49 años (A. De Miguel, 1998). Mad id
es aba lleno de casas cunas, expósi os. Celeb e a es e espec o ue la de ensa de
Cla a Campoamo sob e la in es igación de la pa e nidad y de echo a que “los
hijos nacidos ue a de ma imonio end án los mismos de echos y debe es que los
habidos den o de él”, al y como se ecoge en el a . 41 de la cons i ución de
1931 du an e la II República.
El asun o es que, sin duda, muchas muje es pob es encon a on en la ía del
concubina o un mecanismo de ascenso social, una o ma de mejo amien o de su
si uación. Vis o así, el concubina o ue una espues a a la necesidad económica
(Bas ide, 1970). No obs an e, en e al educcionismo de la in e p e ación
economicis a, es e iden e que hubo de habe ambién muje es que ap ecia an en
es as o mas de amo una o ma de a en u a. Que no se nos escape que la