“De lo sublime a lo co idiano: el ace camien o a lo sag ado en la poesía de Muñoz
Rojas”
Ca los Peinado Ellio (Uni e sidad de Se illa)
En la poesía de José An onio Muñoz Rojas asis imos a un pe manen e asedio a
lo sag ado median e el lenguaje, pues la elación con la ascendencia, la búsqueda del
mis e io a a és de la palab a es uno de los núcleos undamen ales de la ob a del poe a
an eque ano. Pe o és a, más que ningún o o mo i o poé ico, plan ea como p oblema la
p opia posibilidad de se ep esen ada. Como a i ma Mi cea Eliade en Lo sag ado y lo
p o ano (15) y se mues a en el ópico de la ine abilidad que eco e oda la li e a u a
mís ica, la hie o anía supone “la mani es ación de algo “comple amen e di e en e”, de
una ealidad que no pe enece a nues o mundo, en obje os que o man pa e in eg an e
de nues o mundo “na u al”, “p o ano”. Así se mues a una ue e ensión en e lo
Absolu o y lo ini o; lo Absolu o que se limi a pa a e ela se en lo ini o, pues sólo en
an o que ini o puede se cap ado po el homb e, pe o en es e sen ido se ocul a o se
acía de su ca ác e ab-solu o (así sucede con la p opia enca nación, que ha de se
in e p e ada como “kénosis” en la eología c is iana, siguiendo Flp 2, 1-8).
En la ayec o ia de Muñoz Rojas des aca la iqueza o mal que adquie e es e
asedio al mis e io: desde las o mas más adicionales (sone os, omances o can a es) a
las más p opiamen e con empo áneas. En sus sone os se descub e esa noción de
pe ección que había indicado en la “Ca a de G edos” (Muñoz Rojas 2005, 61): “Un
encaje o al, el agua jus a pa a el aso, el colo debido en el cielo, el e de p eciso de la
es ación. La palab a en su momen o. La palab a e dade a. Pe ec o”. No podemos, no
obs an e, de ene nos en el análisis de es as o mas poé icas en la p esen e comunicación.
La e olución de las o mas li e a ias de ace camien o a lo di ino en Muñoz Rojas
mani ies a un pe pe uo ehace se, un camina sin in en pos del mis e io, de lo di ino,
que con inuamen e ha de es a e o mulándose, mos ando, po un lado, di e sas ace as
de lo di ino, po o o, di e sas e apas del camino espi i ual eco ido po el poe a. Dada
la b e edad del p esen e abajo, hab emos de con o ma nos con ealiza unas pequeñas
calas (necesa iamen e pa ciales) en la ob a del poe a an eque ano.
Debemos epa a , po su ejempla idad, en el “Poema” de Ab il del alma, en el
que encon amos odo un pa adigma de poesía hímnica, de can o ag adecido a la belleza
que en la Na u aleza se e ela (no en ano pe enece a la que el poe a ha denominado su
“e apa op imis a”-Cue as 149). Poema de la ga ex ensión, esc i o en e so alejand ino
acen uado en su inicio po la epe ición anapés ica, que le con ie e un acen o
celeb a i o, i ual, solemne, o undo (Muñoz Rojas 2008, 135):
Con u amo has llamado a mis pue as ce adas
en la noche han enido us nudillos enaces
a pedi en mi uego un luga en us manos.
Has enido a o ece me u iqueza sin a cas,
un espejo en que e la he mosu a del mundo.
Es e ono de can o celeb a i o queda e o zado con las es uc u as pa alelís icas
(especialmen e aná o as), an ecuen es en el poema. Responde es e acen o a la
con emplación de la ma a illa de lo c eado, el descub imien o gozoso de la ida como
don que se o ece al poe a; és e sale de la noche en que se encon aba, es omado po el
amo pa a se in oducido en una ida plena de sen ido po que se encuen a sos enida
po una a i mación que iniendo de más allá, la es uc u a y la sos iene has a llega a
sus mínimas c eaciones, do ando de sen ido el conjun o de lo exis en e. Su ge así el
poema, a pa i de gozo de la p opia exis encia (“y donde engan a es a p oclama que
exis o”), como g an a i mación de lo exis en e, como la a i mación que el amo hace a
cuan o exis e he manándolo a lo e e no, de modo que (a pesa de las ad e sidades) la
solidez que con ie e el amo no puede se de o ada (Muñoz Rojas 2008, 137):
“¡Cuán os uelos de júbilo he is o dibujados / y qué du o cimien o al amo le he
sen ido! / Rocas y empes ades, suspi os y cadenas, / que e ien en los ma es y los
ien os se cuajen / y a as en a las sie as en ilo los a oyos, / es e du o cimien o,
como un cabello ino, / segui á su mensaje de amo a lo c eado, / p oclamándose e e no,
he mano de lo e e no”. Así el poema can a la pe ección de lo c eado según sus
es aciones, descub iendo el sen ido y la belleza de cada una de ellas: en el es ío se
mani ies a la exube ancia, mul iplicidad, iqueza y desbo damien o de la Na u aleza,
con i iéndose así en símbolo y suma de lo c eado; en o oño la paz, el silencio, la
quie ud y el eposo; el gozo y la aleg ía de la p ima e a; la pu i icación a que in i a el
in ie no.
La igu a e ó ica quizá más signi ica i a sea la exclamación, que eco e el
poema de p incipio a in, y que iene a exp esa el asomb o an e la belleza desbo dan e
de lo c eado: “¡Oh es ío con sus uen es!....¡Oh es ío sin descanso!...¡Oh es ío con
albe cas!...¡Oh oc ub e que a mi paso!...¡Oh dulcísimo o oño!...¡Oh lade as de
oc ub e!...” Pues can a es eco e “los gozos / que siemb as a mi paso” (139).
El amo que saca de su encie o al suje o, y de un mi a agmen a io, mues a el
mundo sos enido po una ue za amo osa de la que p ocede y a la que se conduce,
haciendo pe cibi las conexiones exis en es en e los se es. Po ello, odo el poema se
encuen a ansido po el pensamien o analógico, que a a encon a su ecu so más
signi ica i o en el símbolo. La conco dancia se p oduce en la p opia Na u aleza
(“campos de sosiego donde ho as y espigas / ienen el mismo son de música
abundan e”), pe o más aún, en la p opia Na u aleza se enuncia la es uc u a misma del
Se , que se o na icono del C eado , nomb e en el que lee el mis e io. De ahí que el
homb e haya de es a a en o a cuan o se le enuncia en ella, pa a aco da se con el camino
que la p opia Na u aleza le p opone
1
. Se mani ies a de mane a cla a en la es o a en la
que se can a con gozo el o oño, que mues a la necesidad de mo i pa a aden a se en
una nue a y más al a ida, an icipando la esu ección (Muñoz Rojas 2008, 135):
¡Oh dulcísimo o oño, que con lenguas de luces
que an quie as se ex ienden, nos dices que la ie a
nos agua da y ecibe lo mismo que a semilla
pa a luego o na nos en glo ia nue a alzados!
¡Oh o oño que dis azas la mue e de belleza
(en us b azos la mue e ¡qué puen e de en u a!
y o nas deslumb an e la hoja que no agua da
más que un signo de ien o pa a hace el iaje!.
1
C . la p ime a pa e de la In oducción del símbolo de la e de F ay Luis de G anada (“Del u o que se
saca de la conside ación de las ob as de na u aleza”) en la que se a i ma que Dios es odo lo que emos,
po que en odas las cosas emos su sabidu ía y asis encia, pues él es el que den o y ue a sus en a es a
g an ob a que hizo.
La Na u aleza es p opiamen e un himno de belleza que esponde a la g acia
p ime a, a la Belleza del C eado , y que en uel e al homb e en su can o, inci ándolo a
uni se en es e esponde a la llamada p ime a que es el éx asis de la belleza di ina
(Muñoz Rojas 2008, 138): “mien as la ja as epa con sus cinco palab as / p onuncia a la
belleza su himno silencioso / y la lo de la encina se enciende sua emen e / y la
alond a, del hilo de su can o, emon a / y emon a y emon a el azul sin esquicio”.
E ec i amen e, odo en la Na u aleza es un signo que lle a a o o signo: así en
las cosas lejanas e el poe a a su amada (“ econoce e en cosas lejanas que no has
is o”) po la he mandad que ienen en la belleza. Pues es a luz de la belleza (que pa a
Plo ino p ocedía del Uno) baña odo lo c eado (ya que odo lo exis en e es un éx asis
que iene y apa ece po que sí g aciosamen e al homb e y lo llama). De nue o la
eología neopla ónica a eopagí ica (que, como señala Ab ams empapa el Roman icismo)
esplandece en es os e sos. No es de ex aña po an o que uno de los símbolos
p imo diales ( epe ido has a en es ocasiones en es e p ime poema) sea el del “puen e”.
La muje es puen e a la Na u aleza, la mue e es puen e de en u a hacia el Mis e io.
Así, y de mane a neopla ónica, i i es ascende , pe o en endiendo es e ascende no
como un deja a ás la ealidad isible (pues no hay dos mundos) sino en an o que
ahonda y pene a el p esen e has a lle a lo a su e dade a esencia, que se encuen a
en aizada en el Mis e io i i ican e de lo di ino (Muñoz Rojas 2008, 140): “Me
encon aba a mi alma emblando en e las cosas / ya lo inexp esable me asomaba a los
ojos / con dulzu a de lág imas, y exis i e a un pu o / ascende a egiones donde no
había on e a / que pa iese en dos mundos ealidad y espe anza”. Se p oduce,
cla amen e, un acceso po la belleza al se : “dibujando las o mas de lo bello po odo, /
sume giendo las almas en las aguas e e nas / donde belleza y se se sien en
he manados”. La belleza (como en la doc ina pla ónica expues a en El Banque e y
p oseguida po los neopla ónicos –de Plo ino a Dionisio-) se encuen a en odo lo
exis en e, y llama, a eba ando al poe a, a segui la has a pene a en el ecin o de lo
e e no, en el que los ascenden ales hallan su unidad (Plo ino 288-293).
Es la ía a i ma i a (unión de belleza y se –de es i pe an cla amen e pla ónica),
en la que el símbolo (como nomb e de la di inidad, o icono de la misma) desempeña un
papel undamen al, en an o que ía de acceso, pue a o puen e po el que se puede
en a en comunicación con la misma. Podemos econoce con acilidad la he encia de
F ay Luis en es os acen os: Unión de belleza y se ; la Belleza como llamada al eg eso;
el ascenso; los nomb es como acceso a lo di ino. Pues cie amen e exis e pa a F ay Luis
una conexión exis en e en e el nomb e y aquel a quien se nomb a (F ay Luis de León
158-159):
Que pues han de se p op ios, engan signi icación de alguna
pa icula p opiedad y de algo de lo que es p op io a aquello de quien se
dizen; y que se omen, y como nazcan y manen, de algún mine o suyo y
pa icula .
Así el nomb ado es á en el nomb e, igual que Dios es á p esen e en odas las
cosas del mundo, an ín imo y en añado a és e, de modo que el homb e puede en a en
con ac o con Él, sin que nos sea p esen e, sin se con enido po el mundo ni la palab a
(F ay Luis de León 166):
(…) Digo que es g ande e dad que Dios es á p esen e en noso os, y
an ezino y an den o de nues o se como él mismo de sí, po que en él y
po él, no sólo nos mo emos y espi amos, sino ambién i imos y enemos
se , como lo con iessa y p edica S. Pablo. Pe o así nos es á p esen e, que en
es a ida nunca nos es p esen e.
Si cada elemen o de la Na u aleza se encuen a conec ado po la belleza con el
Mis e io, pues se encuen a p esen e en las en añas de lo c eado, cada ins an e puede
se la pue a de en ada en el Mis e io. El iempo es (al igual que la Na u aleza) un
egalo que se en ega al aman e, el momen o en el que ad enga la g acia. Po ello, el
aman e no desea desap o echa lo, sino i i lo en pleni ud lle ando odo a su esencia.
Es ella la que ilumina cada cosa lle ándola a su e dade o se (Muñoz Rojas 2008,
139):
Ni un ins an e se aya sin que e lle e en e a.
Te busco en el silencio que se hace en mi alma,
cuando en i es oy pensando y u oz no lo ompe;
pe o sien o en mi mano u mano, y en mi dicha
una luz solo uya. Dejadme en mi silencio
que la lle e a las cosas. Yo no quie o un minu o
que no aya de echo, como aíz al agua,
en busca de su esencia.
La es i pe c is iana (que se obse a en es a ca encia de dualidad de los mundos)
es á, igualmen e, ue a de dudas. Como se obse a en un hecho muy signi ica i o: el
deseo del homb e es in ini o, pe o la e e nidad se e ela y se halla en lo ini o
(Enca nación), de modo que en su con ac o amo oso con lo ini o, el homb e puede
pa icipa e ec i amen e de lo in ini o. Así sucede en la concepción del símbolo del
A eopagi a, en la que la Belleza “con iene y excede oda he mosu a” –A eopagi a 301-.
Quien se inco po a al símbolo o en a en él puede pa icipa del Impa icipable. De es e
modo es llamado el homb e incansablemen e a ascende lo, pe o es a ascendencia no
es la pe secución de una somb a engañosa que siemp e se esconde más allá (ni po an o
p o oca una sed desespe an e), sino que, al con a io, mues a la pa icipación ya en lo
ini o de es e absolu o (Muñoz Rojas 2008, 136-137):
Po que e engo, engo la iqueza del mundo,
un espejo sin mancha en que e la belleza,
una na e en que emba que mis ansias, y mis ojos
sa is agan su hamb e de in ini o en ha u a,
un compás que me apun e los de o e os ijos
donde la e e nidad con su mugido clama.
Como se ap ecia cla amen e en es a úl ima ci a se une es a poesía a la adición
simbolis a que desde Fin de Siglo a a iesa la poesía con empo ánea has a la ac ualidad,
especialmen e en la concepción de la muje como pue a o acceso a lo ascenden e. Si
bien podemos encon a un an eceden e ya en el neopla onismo del Siglo de O o, la
muje iden i icada con la Na u aleza como en ada a la ascendencia es un mo i o
plenamen e simbolis a. La en ada en la muje se exp esa con e minología y
simbolismo mís icos (Muñoz Rojas 2008, 141): “¡Cómo ag andaba el mundo pensa
que e enía! / Venida de la luz, sol abas las bandadas / de gacelas, de dichas po los
so os sin nadie. / Ce e a me guiabas po los du os sec e os / donde ni el ojo e, ni la
lengua p egun a, / y sólo, sal ado a, la plan a del que ama / halla sende o ijo y luz a la
en u a”. Hallamos en es a ci a (jun o a una alusión a 1 Co 2, 9 y nue amen e la
eología pla ónica de la luz y la belleza) símbolos que conec an con El Can a de los
Can a es y el Cán ico espi i ual (“gacelas”, “so os”). Es os símbolos espi i uales y
mís icos no escasean a lo la go del poema: “llamas aleg es en las noches oscu as”,
“pue o segu o” (de aigamb e ailuisiana
2
), on e as que hay que aspasa .
En el “Poema” de Ab il del alma, los ojos son aguas sin izo, po los que e
discu i “peces de dicha” de un alma a o a (en cla a ac ualización del ópico
neopla ónico); la muje condensa egas y íos “que hacen de la e nu a sus o illas
pe ennes”; suel a bandadas de gacelas, el ío y el ai e se iden i ican con sus cabellos, la
muje ansi a po aguas e e nas, “empujada po ien os que an a la belleza”. Unida a
los elemen os, en a en con ac o con la Muje es en a en con ac o con la Na u aleza,
pe o es a unión Muje - Na u aleza no lle a a una usión pan eís a sino que conduce más
allá de sí al iempo que se man iene la dis inción de los aman es, el lími e que al iempo
que los une los sepa a (Muñoz Rojas 2008, 137): “Asomado a las aguas sin izo de us
ojos, / ¡cuán os peces de dicha he is o discu iendo / de u alma a mi alma, sin que
aspongan linde!”. Se mani ies a, median e la i upción de es a simbología na u al en el
cue po de la muje , la in ini ud que puede halla se en la amada, al desplega se sin
é mino.
Pod ía comple a se es e análisis con los p ime os poemas de Consolaciones, en
los que encon amos epe idos ópicos y símbolos semejan es a los ya es udiados
3
. El
homb o de la muje o ece el ma anquilo, sus ojos son á boles donde ienen las a es,
su ca ne es la ie a “donde los íos de amo caminan sin ibe a”. El p ime e so del
poema es ya una negación de los dos mundos, pa a a i ma la p esencia de la e e nidad
y el in ini o en la ma e ia que ocamos: “Yo ya sé que la ie a es cielo que pisamos”. La
amada se con ie e en cen o de oda la ida, como co azón que llega a odo y al que se
eg esa, a mónicamen e (Muñoz Rojas 2008, 161): “Desde i pa o a odo, / a i uel o
de odo, / y odo me lo encuen o y odo me lo cuen an / las aguas in ini as”. No
podemos de ene nos en el análisis de es e lib o que me ece ía un es udio de allado. Nos
si e, no obs an e, pa a mos a en di e sos momen os de la ob a de Muñoz Rojas cómo
el amo e ela la g an a i mación que subyace a lo exis en e, que ae la ma a illa
2
C . el comen a io de la me á o a del pue o po Senab e, a pa i de la oda de F ay Luis “¡Oh ya segu o
pue o…!”.
3
No podemos de ene nos en es e lib o que me ece ía un análisis de allado.
incesan e de lo c eado, la mul iplicidad que se descub e como belleza y a ae y llama al
poe a a ascende has a llega a la uen e amo osa de cuan o con empla. Es el os o
ascinan e de lo sag ado, según la acepción de Rudol O o (51).
Pe o jun o a es e os o ascinan e de lo sag ado encon amos en la ob a de
Muñoz Rojas su os o “ emendo”. Si es e aspec o se había esbozado en algunos e sos
de Al dulce son de Dios, es especialmen e en Oscu idad aden o donde, como ha
obse ado Ma ía del Rosa io Cue as en su a ículo “Poesía y biog a ía en la ob a de
José An onio Muñoz Rojas”, “o ece ma ices poco ecuen ados en su ob a an e io ”,
sepa ándose de los asgos p opios de una poesía desa aigada pa a mos a la c isis del
yo poé ico. En la sección “Raíces en lo oscu o” encon amos poemas de es i pe
simbolis a: poemas b e es o mados po e sos endecasílabos y hep asílabos, en los que
el poe a se aden a en una zona de somb as en la que los símbolos p edominan es son el
acío, la soledad, la oscu idad, las inieblas, las aguas neg as. Hay, sin emba go, una
p esencia silenciosa que acompaña al poe a, de ahí que, a pesa las dudas y la
acilación, encon emos la pe i encia de la e que se cimen a en dos pila es: po una
pa e, la memo ia (“Oscu idad aden o, cómo huelen / en nos algia y ecue do aquellas
osas!”); po o a pa e, la espe anza (“el co azón espe a y siemp e espe a”). Los
símbolos de mue e con igu an un espacio ascé ico, de desie o y pu i icación, que el yo
ha de a a esa pa a pode segui as el absolu o que lo ha llamado y que aho a es un
simple umo lejano o una “ emo a lucecilla”. Aun en es a lejanía, po an o, no es
abandonado po comple o, como se obse a en los símbolos del umo y la b isa (que
ecue dan al mismo iempo al soplo del Espí i u, y al pasaje de Elías en el mon e
Ho eb
4
).
La conciencia de la ini ud (que se e ela como mo o de la c isis en el úl imo
poema de es a sección, “Sob e es e pol o”) causa la angus ia como onalidad a ec i a
del yo, y con ello, la ce azón del poe a. De ahí que el símbolo que se ye gue en alguno
de es os poemas ( éase “Salmo”) sea la pied a, an dis an e en su signi icación al
símbolo del puen e an es analizado. La epe ición (median e aná o as, epí o as y
pa alelismos) se o na obsesi a en algunos poemas (“Sob e es e pol o”) señalando el
cí culo ce ado en el que el yo se e en uel o po e ec o del e o an e la ini ud:
Sob e es e pol o
4
1Re 19, 12.
que sabe a i, que ú sabo eas e,
es e epe imien o de congojas,
es e ai e con inuo de congojas,
es e camino de congoja y pol o.
Sob e es e pol o,
Seño , que espi as e, que espi o (…)
Me deshago.
Pe o incluso en es a ce azón in e nal, en es a noche oscu a en la que se deshace,
alien a la igu a, el ejemplo de C is o, ya que su enca nación ha omado posesión del
ba o y de la ini ud e enas has a sus úl imas consecuencias, de ahí que pueda
encon a se a Dios (cie o que en la mudez del sábado san o) en el peo es ado de
angus ia.
Se mues a aquí el asgo Ab-solu o, y po ello, T emendo, de la di inidad, su
in ini ud en e a la ini ud humana, su ascendencia absolu a sob e odo lo c eado y
odo lo ini o. La angus ia que p o oca el aislamien o del yo e ue za has a su ex emo
la ascendencia de Dios sob e el lenguaje, sob e la palab a. Si eíamos an e io men e
cómo el símbolo pa icipaba, e a pue a del mis e io (el Nomb e de Dios), en es a e apa
se acen úa su ascendencia sob e el nomb e, y la pa adoja del poe a que, a pesa de ello,
ha de emplea lo: “sob e es e ene que usa los nomb es, / sob e es e g an emo de usa
los nomb es”. Se agudiza la c isis del lenguaje, que se cons i uye en un núcleo emá ico
cla e en el poema io, acen uando nue amen e el lími e y la ini ud del homb e que lo
hie en en lo más hondo, en su ocación poé ica que asis e a una ealidad que se le
escu e sin pode la nomb a (2008, 320):
Y o no la is a, y nada
es á, y me uel o a deci :
¡Si hace un momen o es aba
donde enía que es a , y lo llamaba
Po an o, a pesa de compa i (como hemos señalado) asgos del ealismo
que iun a en España en los años no en a
9
, la búsqueda de obje os co idianos se
asciende me a ísicamen e, apun ando a lo di ino, al iempo que se o na búsqueda
me ali e a ia, como ha señalado Juan José Lanz
10
: p egun a po el más allá, po las
pe sonas pe didas, búsqueda del nomb e pe dido en el poema. Obje os pe didos es una
au én ica a en u a que na a el p opio busca , sume giéndose en el lenguaje, de mane a
que podemos obse a cómo se p olonga en él el cues ionamien o de la p opia palab a
poé ica an es analizado. El poe a no sólo asciende los obje os pe didos que se
ans o ma en búsqueda me a ísica, sino que as oca las palab as (Mo ón 266),
ehaciéndolas has a encon a el sen ido e dade o al que han de apun a (2008, 349):
Lle o an o iempo pe diendo el iempo,
sin sabe cómo lo pie do, ni dónde
como no sea en u egazo. Me gus a ía
gua da lo pa a necesidades u gen es,
como és a de u egazo donde
9
Julio Nei a (210) ha obse ado es a elación de Obje os pe didos con las gene aciones jó enes del
momen o, así como has a qué pun o en el poema io de Muñoz Rojas se ascienden es os asgos:
(…) las p omociones más jó enes encon a on una oz desinhibida que dice la
angus ia de la i encia de lo co idiano y consigna las debilidades de la ejez, siemp e
conscien e de sí misma, siemp e digna. El ex a ío de las ga as, el ol ido de un nomb e
bien conocido, e c., episodios banales que jalonan nues a exis encia dia ia alcanzan en sus
e sos una dimensión de símbolos de un len o consumi se en la hogue a del iempo. Mi ada
a lo inmedia o, al en o no domés ico que, aunque ascendido en Muñoz Rojas, sin onizaba
bien con la poesía de las p omociones más ecien es.
10
C . Lanz (129):
Volun ad exp esi a y aspi ación cognosci i a con luyen en la poesía de Muñoz
Rojas, donde la e elación acon ece en el momen o en que lo que se sabe in ui i amen e se
ma e ializa e balmen e en el poema pa a se exp esado y compa ido en una palab a
en añada y co dial (…). La búsqueda me a ísica se unde, de es e modo, en sus úl imos
lib os (…), con una búsqueda me alingüís ica, me apoé ica, si acaso no había sido siemp e
así. El juego an i é ico, la i onía, cie o dis anciamien o que sub aya el ono a eces
escép ico y desespe anzado de es os lib os, la cons ucción alegó ica de sus poemas, son
modos de mani es ación de una búsqueda que acon ece undamen almen e en el lenguaje.
Si la ida es pa a el poe a “un mon ón de obje os pe didos”, es en el “nomb e”, de e iden es
eminiscencias juan amonianas, donde se ecupe a; es en la palab a donde se e ela el
e dade o sen ido de ese “ umo in e io ”, de ese simbólico” anda po den o”, que sólo se
cons a a en el momen o en que es exp esado lingüís icamen e.
deja pa a siemp e y nunca el iempo
que dicen que se pie de.
Pues si Obje os pe didos es una p egun a po la memo ia, po el des ino de lo
que se pie de, e mina inalmen e con una espues a sapiencial (y, po an o, espi i ual),
como obse amos en las dos acepciones de “pe de se” que se e lejan en el lib o: po
una pa e, “echa se a pe de ” (“No dejes que me pie da, Seño ”) como aleja se de Dios;
po o a pa e, en ega se, pues pe de se po amo (“deja se el alma”, como en el poema
XIII) es gana
11
. Es a úl ima in e sión e angélica as o na semán icamen e el poema io
y p opone un ho izon e de comp ensión abie o a la espe anza, pues aquello que se
pie de en el amo , pe du a (2008, 355):
Son, pe o no obje os,
que no se pie den nunca, aunque se pie da.
Acaban eapa eciendo
o os con nomb e, Gab iel, Algie,
y los demás sin nomb e, no ol ido,
siguen pa a siemp e,
i en en noso os mismos.
La pé dida de la memo ia ep esen a una alego ía del homb e pos mode no, que
ha pe dido la isión uni a ia del mundo, y nau aga en e agmen os cuyo sen ido es
incapaz de econs ui . Pe dido en es e uni e so lleno de huecos, de zonas oscu as, se
es ue za po da una di ección a sus pasos, como el suje o poé ico de Obje os pe didos,
opezando una y o a ez, andando a ien as, según se decla a en el poema XXVI. Y sin
emba go, en la memo ia se encuen a la palab a y el nomb e ( e sos que se ecue dan,
o aciones que ienen aídas po el hilo del discu so), que ab en a un más allá, a un
mis e io siemp e in uido y p esen ido, cuya e elación puede su gi en cualquie
ins an e. Así esas palab as (“Silencio y Soledad. / y su u o la paz”) del poema XVI,
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Si los obje os co idianos se ascienden simbólicamen e, ambién las ases hechas se con ie en en
emblemas as se ein e p e adas espi i ualmen e: “Pa a qué sino pa a pe de se es á la cabeza?” (2008,
353).
semejan es a las palab as sus anciales de San Juan de la C uz, que alimen an el alma y
la sal an.
Rein en a en es e lib o Muñoz Rojas el acceso a lo di ino, a a és (como indica
me apoé icamen e el poema XXV) de un pe de se en los meand os de una conciencia
co idiana en la que, de epen e, iene luga un hallazgo, el descub imien o y la e dad.
Emplea elemen os de es é ica del ealismo posmode no, pe o los asciende en una
búsqueda me a ísica que acaba con i iendo los obje os en símbolos, y odo el lib o en
una alego ía del homb e pe dido en el uni e so, p egun ando po su sen ido. Y a pesa
de los momen os de oscu idad y ebelión, se espe a la oz que dice: “No busques más lo
que ienes delan e” (2008, 352).
Po úl imo, no podemos deja de apun a cómo en o as ob as (po ejemplo, en la
sección “Cues iones” de En e o os ol idos) asis imos a la palab a que se con ae,
cues ionándose a sí misma, con emplamos la lucha con el lenguaje en un poema b e e,
enso, que gua da cie as semejanzas con la es é ica del silencio y que e leja la
necesidad de limi a el p opio yo pa a accede a la ascendencia, al sen i se condenado
una y o a ez en el “yo”: “los muchos an asmas del yomismo / que soy, / si me
desen e a a y me aye a / de es e yomismo que soy, / quizá se ía un homb e
lib e”(2008, 365) . Sin duda, se con inúa y p o undiza aquí una de las líneas de la poesía
simbolis a, conscien e de la “co edad del deci ”, de la insu iciencia de la palab a an e el
mis e io. Se e oman ópicos ales como el “nullus se mo su icia ”, el “ la us ocis”, la
“ine abilidad” (Pa ejo 616), y iene luga en los poemas una c í ica me ali e a ia del
lenguaje. Es a consciencia a oja en unos casos al poe a en el sen imien o de la
inu ilidad, en o os lo lle a a la in ocación al Espí i u San o.
Como hemos obse ado en la p esen e in es igación, a a és de la ob a de
Muñoz Rojas asis imos a un con inuo cues ionamien o de la o ma, que se ehace pa a
pode ace ca se al Mis e io que a a de hace p esen e en su palab a y al que oda su
c eación apun a. Es a es la base de la pe ección a ís ica y la pe ección c is iana, como
él mismo señala en su ca a de G edos (Muñoz Rojas 2005, 70):
Aquí andamos buscando algo, y como aquella buena muje que decía que
cuando llega a el momen o de halla se delan e de Dios y Dios le p egun a a:
“¿Qué has hecho, muje ?”, sólo pod ía deci le: “Se me ha pasado la ida
pe diendo cosas. Todo se me ha pe dido. Y se me ha ido el iempo
buscándolo. Seño , no he hecho o a cosa que busca lo que se me ha
pe dido”. Así noso os andamos pe ennemen e buscando lo que se nos ha
pe dido. Lo que se nos ha pe dido y es á en noso os mismos. El que e lo
bueno es á en noso os, Lo que pasa es que es á en lo oscu o de noso os,
que sólo con una luz que no es nues a podemos encon a lo.
Muñoz Rojas i e en una búsqueda y cues ionamien o pe manen es de la o ma
que es asun o de una búsqueda me a ísica que iene po campo de ac uación su p opio
in e io . De la con emplación de la belleza de lo c eado a la angus ia an e la ini ud, del
p esen imien o de un más allá que se apun a en la banalidad del día a día a la pleni ud
del amo , Muñoz Rojas a a de aslada a los e sos (en lucha con inua con la o ma)
el Mis e io que acosa y po el que i e acosado. En es e sen ido, es plenamen e un poe a
eligioso, en el que se puede ap ecia “el hondo ecogimien o in e io , el pasmo que
conlle a una ac i ud eligiosa” (Muñoz Rojas 1996, 26).
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