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Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 287 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 Summary 2020 marks the fiftieth anniversary of the constitution of the Orcasitas Neighbors Association (Madrid). In this neighborhood, immigrants coming mainly from Andalusia, Extremadura and Castilla-La Mancha settled on land classified as being for rural use, building their own homes - shacks - lacking the minimum services. Initially, the neighborhood struggle was focused on achieving infrastructure improvements, but it did not take long for the Association to be non-complacent, demanding decent housing and educational, socio-cultural, sports, leisure and supply facilities, etc. The struggle for dignified housing spreads to other neighbourhoods. In the 1980s, Madrid underwent the largest urban development operation in Europe in terms of housing after the one carried out to repair the damage caused by the Second World War. The residents of Orcasitas not only participated in the struggle, they also participated in the urban design of the urban layout, the typology and distribution of the space of the house or in the selection of the construction materials, or of the thermal power station, or even in the design of the Pradolongo park, one of the largest newly created parks in Madrid. Making use of a combined emic (account of the native population) and etic (analysis by the research staff) in a projective way methodology, this article pays tribute to the Association and the process of struggle and participation undertaken in the spatial transformation, making city. Key words Associationism; Housing struggle; Citizen’s movement; Orcasitas; Participation Resumen En el año 2020 se cumple el cincuenta aniversario de la constitución de la Asociación de Vecinos de Orcasitas (Madrid). En este barrio, inmigrantes procedentes principalmente de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha se asentaron en terrenos calificados de uso rural, autoconstruyendo sus infraviviendas —chabolas— carentes de los servicios mínimos. Inicialmente la lucha vecinal se centró en conseguir mejoras infraestructurales pero no tardando mucho la Asociación no se conforma con ello, reclama viviendas dignas y equipamientos educativos, socioculturales, deportivos, de ocio y abastecimiento, etc. La lucha por una vivienda digna se extendió a otros barrios. En la década de los ochenta, en Madrid se realiza la mayor operación urbanística en materia de vivienda de Europa tras la realizada para reparar los daños causados por las segunda guerra mundial. Los/as vecinos/as de Orcasitas no solo participaron en la lucha, lo hicieron también en el diseño urbanístico de la trama urbana, la tipología y distribución del espacio de la vivienda o en la selección de los materiales de construcción, o de la central térmica, o incluso en el diseño del parque Pradolongo, uno de los más grandes de Madrid de nueva creación. Haciendo uso de una combinada metodología emic (relato de la población nativa) y etic (el análisis del personal investigador) de manera proyectiva, en este artículo se rinde homenaje a la Asociación y al proceso de lucha y participación emprendido en la transformación espacial, haciendo ciudad. Palabras clave Asociacionismo; Lucha por la vivienda; Movimiento ciudadano; Orcasitas; Participación El asociacionismo y la participación vecinal luchando por la vivienda, haciendo ciudad Associationism and neighborhood participation fighting for housing, making city Manuel Montañés Serrano1 y María Carmen Gómez Sánchez2 Fecha de recepción: 21-01-2020 – Fecha de aceptación: 08-04-2020 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, pp. 287-298. http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 1 Licenciado y doctor en CCPP y Sociología. Profesor en la Universidad de Valladolid (Campus de Segovia), plaza de la Universidad, 1, 40005, Segovia. E-mail: [email protected]. ORCID: 0000-0002-3107-8818. 2 Graduada en Enfermería y doctoranda del Programa Investigación en Cuidados de la UCM. Profesora Asociada de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la UCM y Enfermera de Medicina Interna del Hospital Universitario 12 de Octubre, Av. de Córdoba s/n. Madrid. E-mail: [email protected]. ORCID: 0000-0001-7551-7205.
Manuel Montañés Serrano y María Carmen Gómez Sánchez 288 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 Introducción Cinco años antes de la muerte del dictador y de que se iniciara lo que se vino a llamar la Transición democrática, en el año setenta del anterior siglo, se constituyó la Asociación de Vecinos de Orcasitas (Madrid), una de las primeras de este tipo creadas en España. La asociación fue la impulsora de la lucha por una vivienda digna, participando el vecindario tanto en las movilizaciones sociales de protesta como en el diseño de sus viviendas y del propio barrio, siendo un ejemplo seguido por otros vecindarios y otras asociaciones y entidades vecinales. Este aniversario es una buena ocasión para dar cuenta de los aspectos más relevantes de la trayectoria de esta asociación en este decalustro, al tiempo que se rinde homenaje a los hombres y mujeres de este y otros barrios que con sus acciones hicieron ciudad a la par que ciudadanía. Para tal fin, en este artículo se ha recurrido a una metodología en la que se ha articulado las perspectivas emic/etic de manera proyectiva (Montañés, 2012). El par emic/etic fue acuñado por Pike (1954) en la década de los cincuenta del anterior siglo, tomando como referencia dos disciplinas lingüísticas: la fonología (en inglés phomemics) y la fonética. Mientras que la primera se ocupa de los fonemas, es decir, de los sonidos pertinentes (con sentido) para el hablante; la segunda estudia los sonidos emitidos por el hablante desde una perspectiva física y fisiológica sin tener en cuenta la opinión de quienes los efectúan. Esta dualidad trasladada a las ciencias sociales es utilizada para distinguir entre el relato y explicación de la población estudiada (emic) del enfoque del científico social (etic). En esta ocasión, la autoría de este artículo es tanto sujeto del proceso (emic) como sujeto investigador del mismo (etic). Consecuentemente, los textos sangrados que aparecen destacados no son verbatim de entrevistas o grupos de discusión con los que justificar el análisis e interpretación de los discursos de la población nativa, son amenos microrrelatos que expresan y por los cuales habla el proceso. Contexto El Plan de Estabilización Económica de 1959 puso fin a la autarquía, abriendo sus puertas a la internacional industria contaminante y depredadora de materias primas y energía, que es atendida por una mano de obra carente de derecho laborales y sindicales y escasamente remunerada si se compara con los salarios que recibían los trabajadores de las empresas matrices. Salarios muy superiores, sin embargo, a los que recibían los trabajadores del mundo rural, muchos de ellos ni siquiera tenían acceso a una actividad laboral continuada. Este modelo económico productivo incrementó la emigración interior y exterior que se había iniciado al principio de la década de los cincuenta. En algunos casos la interior fue el primer paso de otro que se daría fuera de España, como Alemania, Francia o Suiza. Cientos de miles de migrantes se vieron obligados a abandonar sus municipios, trasladándose principalmente a Madrid, Barcelona, Bilbao, al concentrarse en estas ciudades el capital, la industria multinacional y las plusvalías generadas en todo el territorio del Estado. Pueblos enteros de Castilla-La Mancha, Andalucía o Extremadura fueron abandonados casi por la totalidad de sus
El asociacionismo y la participación vecinal luchando por la vivienda, haciendo ciudad Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 289 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 habitantes. Muchos de esto inmigrantes, al carecer de recursos económicos, se instalaron en la periferia de las ciudades (Valenzuela, 1974). Si bien la periferia era más social que geográfica. Orcasitas se halla a menos de seis kilómetros de la Puerta del Sol, centro simbólico del municipio de Madrid y Kilómetro cero de la red de carreteras españolas. En Orcasitas, en terrenos calificados de uso rural, los inmigrantes autoconstruyen sus infraviviendas —chabolas— carentes de los servicios mínimos (como son luz, agua, alcantarillado, etc.). Habitando en un espacio sin pavimentar, sin calzadas, sin tendido eléctrico, sin centros educativos o sanitarios, etc. A finales de los sesenta el hombre ya había pisado la luna, y los Beatles nos deleitaban con su música, pero en mi barrio no había wáter. Tampoco había colegio y teníamos que ir a unos barracones de un barrio vecino (que también era un poblado chabolista) que se llamaba Pozoblanco. El panadero de aquel barrio era el señor Mercedes. No sé qué me sorprendía más, si el hecho de que no hubiera agua corriente o que un señor se llamara Mercedes. Los niños iban a un barracón y las niñas a otro, y entre uno y otro había un par de letrinas, que por supuesto no usábamos por el overbooking que allí se formaba, por lo que sorteábamos las rocas en mitad del campo, buscando un poco de intimidad. Éramos niños asilvestrados a los que a media mañana nos daban un botellín de leche, no sé si todavía regalo de los americanos. Cada vez que llovía el colegio se inundaba y era casi una aventura cuando tenían que intervenir los bomberos o cuando la señorita Catalina, la directora del colegio, nos tenía que sacar de aquel cenagal en su seiscientos, en el que llevaba un perro de porcelana que no dejaba de mover la cabeza al vaivén de los socavones y al que yo no podía dejar de mirar. Soy vintage …, me siguen gustando esos perros y sigo estando asilvestrada aunque no siempre pueda practicar como tal. En este contexto nace la asociación. Dotar al barrio de infraestructuras imprescindibles, como el tendido eléctrico y servicios básicos como el agua potable, fue lo que, entre otros aspectos, motivó a algunos vecinos a crear la Asociación de Vecinos, en tanto organización social como literalmente un local en donde reunirse y en donde, entre otras cuestiones, el vecindario pudiera ducharse o recibir asesoría jurídica gratuita en materia laboral. Si inicialmente la lucha vecinal se centró en conseguir mejoras infraestructurales, no tardando mucho la Asociación no se conforma con ello, reclama viviendas dignas y equipamientos educativos, socioculturales, deportivos, de ocio y abastecimiento, etc., que serán construidos en el mismo sitio en donde estaban asentados. Mis padres llegaron a Madrid en los años cincuenta procedentes de Toledo y se asentaron en el barrio chabolista de Orcasitas, que recuerdo como un pueblo paupérrimo, sin agua, váter o alcantarillas y que fue mejorando gracias a la lucha incansable de muchos vecinos. Nuestra vida transcurría con apacible resignación, hasta que, en los años setenta, un barrendero trajo un periódico que decía que unos terratenientes y especuladores iban a echarnos del barrio, y ahí comenzó unaauténtica batalla campal. Yo escuchaba con desconcierto a mis padres hablar de la Asociación de Vecinos, del Plan Parcial, de la Memoria Vinculante, del Poblado Dirigido, del Poblado Mínimo, del Poblado Agrícola y enseguida me aburría y me iba a jugar al “truque” pensando que los mayores eran muy raros para expresar sus deseos, con lo fácil que era decir: “quiero una casita mejor”.
Manuel Montañés Serrano y María Carmen Gómez Sánchez 290 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 Contribución al nacimiento del Movimiento Ciudadano y a la construcción de la identidad social vecinal Los habitantes de otros barrios de similares características imitaron a los vecinos de Orcasitas, creando sus respectivas asociaciones de vecinos. El contagio se extendió por barrios y pueblos. En marzo de 1977, un artículo del periódico El País titulaba: “Los movimientos ciudadanos en torno al problema de la vivienda son imparables”. Otras necesidades y reivindicaciones, no solo las relacionadas con los asentamientos de chabolas, como la mejora de los transportes o la dotación de centros educativos, constituyeron las bases de la constitución de las asociaciones de vecinos (CIDUR, 1976). Nació un movimiento social sin parangón en otras épocas o lugares. Un movimiento horizontal, asambleario que aglutinaba a los vecinos y vecinas de un barrio o localidad sin distinción ideológica, partidista o adscripción socioeconómica. En muchos barrios y pueblos de España en las asociaciones de vecinos se practicaba la democracia antes de la aprobación de la constitución democrática española. No solo se ejercía la democracia en la elección de la junta directiva —en la que una mujer forma parte de la primera que se constituye, y en años posteriores otra es elegida presidenta—, sino asimismo en las asambleas en las que se debatía, reflexionaba y se tomaban decisiones. Como asevera Manuel Castells, las asociaciones de vecinos constituyeron verdaderas escuelas de democracia, fueron “escuela(s) de vida colectiva, de ejercicio de los derechos ciudadanos y hasta de uso de la palabra” (Castells, 1977, p. 113). En el Movimiento vecinal, que algunos autores denominaron Movimiento Ciudadano (VV. AA., 2008), no había adscripción partidista —incluso algunas potentes asociaciones de vecinos se esforzaban en pregonar que en la asociación no se hacía política—, pero ello no significaba que no hubiera militantes de partidos políticos en el seno de las mismas. Los partidos políticos clandestinos consideraron que las asociaciones de vecinos podían ser un gran instrumento para llevar la lucha contra el régimen franquista al ámbito local, de modo análogo a como se procedía en el ámbito laboral con las organizaciones sindicales. De acuerdo con este planteamiento el Partido Comunista, el Partido del Trabajo, la Organización Revolucionaria de Trabajadores y el Movimiento Comunista, entre otros, se afanaron por hacer crecer y expandir el Movimiento Vecinal. En Orcasitas ningún partido crea y desarrolla la Asociación. Algunos de sus componentes son captados para militar en el Partido Comunista, pero ello no significa que la línea a seguir la marque el Partido, se podría decir que más bien el PCE va a remolque de la estrategia y acciones de la asociación y no tanto que los dirigentes de la asociación sigan acríticamente las directrices del Partido. Esta cuestión es de gran relevancia. Todos los vecinos y vecinas son conocedores de la militancia política de los componentes de la Junta directiva pero la confianza y ascendencia social que trasmiten es atribuida a su dirección, implicación y trabajo en la asociación y no tanto por su afiliación a uno u otro partido. A los diez años comencé a ir a un colegio de curas, en el que era de obligado cumplimiento que cada día de la semana los alumnos de un par de cursos escucharan misa antes de entrar a las aulas. En cada una de esas ceremonias el Padre Pablo, un alemán enorme, finalizaba sentenciando “niños, rezad el rosario o el comunismo se extenderá”. Yo salía de la iglesia con el corazón en un puño y las tripas encogidas pensando en esos perver-
El asociacionismo y la participación vecinal luchando por la vivienda, haciendo ciudad Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 291 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 sos hombres provenientes de Rusia, a los que miingenua infancia les atribuía cuernos y rabo, y que me inspiraban mucho más terror que la patraña, tan extendida en la época, del hombre del saco. Crecí temiendo a los comunistas. En el barrio se rumoreaba que Félix y otros más de la Asociación de Vecinos eran comunistas … y hasta marxistas-leninistas, por más ende … esos debían ser los peores. A medida que iba creciendo vi como aquellos hombres siempre estaban implicados en resolver problemas que acuciaban al barrio y a los vecinos, y que si tenían cuernos y rabo los enmascaraban muy bien. Ahora recuerdo a Félix como aquel joven entusiasta que acompañaba al entonces alcalde franquista de Madrid, Juan de Arespacochaga y a Florentino Pérez, Delegado de Saneamiento y Medioambiente en el Ayuntamiento, a ver mi casa, para que el alcalde comprobara con sus propios ojos como vivían las familias en nuestro barrio y buscaran soluciones. Aunque era muy pequeña, me sentí, por un momento, como debían sentirse los animales de la Casa de Fieras del Retiro … o la mujer barbuda, o el hombre elefante, en una feria, hasta que uno de esos hombres se acercó a mí y me dijo “qué niña tan bonita” y vi cordialidad en sus palabras. Yo era una niña pobre de un barrio pobre, pero que no estaba sola. Había vecinos luchando por combatir esa pobreza. Y como el que pierde un diente de leche, sin apenas darme cuenta, les fui perdiendo el miedo. Al acostarme el miedo a los comunistas había desaparecido, me di cuenta que era a otros a los que había que combatir. La asociación no solo constituyó una organización de lucha, sino que se convirtió en un factor condicionante de la construcción de la identidad social. La asociación se convirtió en el motor de vertebración e identidad ciudadana. Antes de la asociación y la lucha vecinal eran las redes de parentesco y familia y las telúricas las que prevalecían en la construcción de la identidad social. Ahora, sin que quedasen diluidas las redes familiares y de paisanaje, todos y todas forman parte de una identidad colectiva, ser y formar parte de Orcasitas, de todos y todas, que con su lucha transformaron el barro de sus calles en un barrio de Madrid, adquiriendo así el carné de ciudadanía. El barro era la seña de identidad de muchos barrios como el mío. Cada vez que llovía, el barro lo cubría todo, como si quisiera engullirnos. Un fin de semana lluvioso, siendo adolescentes, mi amiga Isabel quedó con unos pijos de Serrano, en un sitio de moda de Princesa. Cuando conseguimos llegar al transporte público, el lodo ascendía hasta nuestras rodillas. ¡Qué fatalidad! ¿Cómo íbamos a ir a una cita vestidas de poceras? Hicimos una parada en El Corte Inglés de Preciados y subimos a la planta de oportunidades. Todavía conservo aquella imagen, de esas dos chiquillas llegando a la cita, vestidas como dos meninas de Velázquez, con unas faldas baratas y horrorosas que nos llegaban al tobillo, y la cara de aquellos chicos ante semejante aparición. Yo no abrí la boca en toda la tarde. Nunca más volvimos a verlos. Ese día me juré a mí misma que no volvería a disfrazarme para ocultar mi procedencia y aprendí que no había que ocuparse tanto de limpiar el barro de nuestros zapatos como de luchar para eliminarlo de nuestras calles y de nuestras vidas. Los vecinos y vecinas de este barrio convirtieron los elementos que les denigraban en bandera con la que propiciar la autoafirmación y la autovaloración. El barro y la lucha por la vivienda se convirtieron en señas de identificación grupal, como así lo atestiguan algunas de las frases escritas en la monografía dedicada al barrio, como la que sigue:
Manuel Montañés Serrano y María Carmen Gómez Sánchez 292 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 “Esta es nuestra tierra, esta es nuestra casa, estos somos nosotros: los hijos del barro y la lucha de La Meseta de Orcasitas” (Martín Arnoriaga, 1986, p. 50), o esta otra: “¡Ay!, nuestro pobre y precioso barrio de barro [...] en el corazón lo llevamos clavaíto” (ob. cit., p. 113). Como sostiene Montañés, “estas expresiones de afirmación grupal tuvieron su eficacia en el momento en que fueron pronunciadas, y en la actualidad sirven como mito de origen con el que afrontar el futuro” (Montañés, 2006, p. 86). Proclaman a los cuatro vientos la situación en la que se encuentran, convirtiendo su origen y la lucha parar transformar sus precarias condiciones en señas de identidad. En 1970, Félix López-Rey —unos de los fundadores de la asociación— llama a una emisora de radio para exclamar: “¡¿cómo es posible que mientras que el hombre llega a la luna, nosotros en Orcasitas tengamos que cagar en una lata?!”. Esta intervención marcó el pistoletazo de salida de la lucha con la que a la par que consiguen mejoras sustanciales urbanísticas y socioeconómicas les dignificaba como realidad grupal. Como relata Martín Arnoriaga, recogiendo las palabras de Félix: Tuvimos que salir nosotros y llevar adelante nuestras pancartas y nuestras voces [ …]. A nosotros no nos da vergüenza contar nuestro origen, de dónde venimos y por dónde hemos tenido que atravesar. Todo lo contrario: nos sirve de orgullo, y queremos dejarlo bien clarito y expreso. Para que todos lo sepan, para que nunca lo olvidemos (ob. cit., p. 15). Y para que no se olvide y lo recuerden las nuevas generaciones, los nombres de las calles del nuevo barrio construido en donde se asentaban las chabolas remiten a la lucha vecinal, como el de la calle de las Asambleas, o la calle de Los encierros o la Memoria Vinculante o la Participación, o la Asociación, etc. La lucha por una vivienda digna se extendió a otros barrios de Madrid. En los años setenta, Madrid ostentaba el triste récord de tener el mayor porcentaje de chabolas de toda Europa. Entre los años ochenta y noventa, gracias a la lucha vecinal, disminuye considerablemente ese porcentaje. En esos años se realiza la mayor operación urbanística en materia de vivienda de Europa tras la realizada para reparar los daños causados por la segunda guerra mundial. Se levantaron treinta barrios donde antes había chabolas, infraviviendas o viviendas que presentaban más o menos déficit de calidad. Construyéndose unas treinta y nueve mil viviendas, que acogieron a más de ciento cincuenta mil personas, “con una inversión pública superior a los 220 000 millones de pesetas” (Villasante et al., 1999, p. 18). Los vecinos de Orcasitas no solo participaron en la lucha, también lo hicieron en el diseño de sus viviendas, trama urbana, equipamientos sociales, culturales, educativos, comerciales, zonas verdes, etc., en la selección de los materiales de construcción, en el seguimiento y control de la calidad de la edificación -mediante comisiones que periódicamente visitaban las obras-, en la liberación de espacios, en la gestión de la entrega de llaves de la nueva vivienda, en el diseño del parque Pradolongo —uno de los parques más grandes de Madrid de nueva creación—, así como del Centro Cívico Cultural del barrio o de la central térmica (Cuéllar, 2005). Sí, una central gestionada por el vecindario que suministra energía a un coste muy económico. Como dicen sus habitantes, “tenemos calefacción de ricos a precio de pobres”.
El asociacionismo y la participación vecinal luchando por la vivienda, haciendo ciudad Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 293 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 Este modelo de participación ciudadana obtuvo, en el año 2008, el premio del Concurso Internacional de Buenas Prácticas de Naciones Unidas. Muchos años antes de este reconocimiento, cuando muy pocos hablaban de democracias o metodologías participativas, en Orcasitas se practicaban, aunque no sabían que así se llamaba su modo de proceder. En las asambleas, en las que participan socios y no socios de la asociación, se debatía, se reflexionaba, se deliberaba y se tomaban decisiones, entre otras, la elección de los técnicos y arquitectos que eran impuestos a las administraciones públicas, estando éstos al servicio de los acuerdos, sugerencias e indicaciones vecinales, y no al revés. Para facilitar la información y el conocimiento de muchas personas de escasa instrucción educativa se idearon mecanismos con los que facilitar la comprensión de las temáticas a debatir, como cuando se realizaron planos a escala real mediante un replanteo de unos setenta centímetros construido con ladrillos. Adentrarse en los planos, y no solo observarlos, permitía a los vecinos y vecinas hacerse una certera idea de la distribución del espacio de la vivienda según diversas tipologías y así poder seleccionar la que más les satisfacía. Gracias a la sentencia judicial de la Memoria Vinculante, el nuevo barrio, como se ha dicho, se construye en los mismos terrenos en donde se asentaban las chabolas. Dibujándose un escenario singular, junto con los nuevos edificios había otros en construcción, chabolas derruidas y otras habitadas. El proceso duró más de una década según diferentes fases impregnadas de incertidumbre, pues la Administración no asumió todo el proceso de una vez, sino que son las sucesivas luchas vecinales las que arrancan a los diferentes responsables públicos una fase tras otra. Esta circunstancia trajo consigo que algunos vecinos gozaran de dignas viviendas mientras que otros continuaban habitando en sus chabolas soportando los ruidos y los polvos provocados por las obras de remodelación. La selección del suelo que liberar y la adjudicación de viviendas requerían total trasparencia y la plena participación del vecindario para que así se sintiera comprometido con las decisiones adoptadas. Y pasaron los años y el nuevo barrio se iba construyendo en distintas fases y algunos de nosotros, que seguíamos viviendo entre escombros y eternas obras, veíamos con desolación y no sin cierta envidia cómo iban reubicando a algunos vecinos y esperando con anhelo nuestro momento, que en nuestro caso llegó en 1979, ¡por fin iba a tener una ducha! Y surgió la ambivalencia al más puro estilo del Síndrome de Estocolmo. Esa vivienda digna que veníamos reivindicando, desde que tengo uso de razón, significaba un adiós definitivo a nuestro mísero hogar, el único que yo había conocido, a nuestros conejos, patos, perros, gatos y gallinas y a ese pino ubicado en mi patio, al que yo me subía cuando quería estar sola en esos momentos melodramáticos que en ocasiones te regala la adolescencia. Un día me dijeron que el pino sigue en pie …, yo sigo buscándolo. La lucha por la vivienda es, sin duda, la seña de identidad de la asociación, pero, como decía uno de los eslóganes de las múltiples campañas acometidas en estos cincuenta años, “casas y parque son solo una parte”. Decenas han sido las luchas, batallas y acciones emprendidas, como la denuncia del fraude del pan, que se acometió vendiendo barras de pan la propia asociación.
Manuel Montañés Serrano y María Carmen Gómez Sánchez 294 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 El pan con aceite y azúcar o pan y una onza de chocolate era la merienda más habitual de los niños de mi calle. La inmensa mayoría de las veces nuestras madres nos daban el trozo de pan y nos mandaban a la tienda de la señora Encarna y el señor Ramón a por la onza de chocolate, diciéndoles “apúntelo en la cuenta de mi madre”. A mí eso siempre me dio un poco de vergüenza. Cuántas meriendas solidarias tuvimos gracias a esos dos tenderos hasta que nuestros padres cobraban elmísero sueldo de la época. El pan era el pilar fundamental de nuestra alimentación en aquel barrio olvidado. Un día se descubrió un fraude en el peso del pan. Cada barra pesaba mucho menos de lo que oficialmente se decía que pesaba. Los vecinos se pusieron en pie de guerra empuñando en sus manos barras de pan (siempre he creído que de ahí pasó a llamárselas pistolas), capitaneados por la Asociación de Vecinos que vendía el pan a un precio más justo. Yo iba todos los días con mi madre a la asociación a comprar el pan bajo una pancarta que decía “Aquí se lucha contra el fraude del pan y la carestía de la vida”. Lucha, fraude y carestía se transformaron en tres de la lista de mis palabras favoritas, que fue creciendo día a día y creando en mí conciencia, mientras construíamos ciudad. Pan, trabajo y libertad fueron las siguientes de la lista. La asociación también participó en otras luchas como la que se emprendió contra los efectos sociales del consumo de drogas, la delincuencia y la marginación social, o a favor del soterramiento del tendido eléctrico que en algunas zonas aún no lo estaba, o contra el desempleo juvenil o contra la violencia de género o la denuncia del fracaso y abandono escolar o contra el deterioro de los servicios públicos en materia de limpieza, sanidad, arreglo de calles y redes viarias, etc., o apoyando a la Asociación de Afectados por el Síndrome Tóxico o al 15-M, cediendo salas para sus reuniones. Dos años después de vivir en la casa nueva nos envenenaron a mi madre, a uno de mis hermanos y a mí. Fuimos tres de las víctimas de esas veinticinco mil personas anónimas que sufrieron el atroz Síndrome del Aceite Tóxico. Rompieron en añicos nuestras vidas. Nos dieron de comer aceite de colza para uso industrial, de nuevo ganaba la batalla la injusticia, el dinero, el ansia de poder y la desigualdad. El miedo a la muerte no fue lo peor. Fue un tiempo de mucho dolor físico y emocional, en los quea cada paso quería tirar la toalla, pero tenía 20 años y una vida entera por vivir. Tenía que reponerme de ese sufrimiento sin adoptar un papel de víctima sino de defensora de los derechos humanos. No era el momento de echarme a llorar, sino de salir a pelear, y así lo hice. Junto a un grupo de personas creamos la Asociación de Afectados del Síndrome del Aceite Tóxico de Orcasitas, a la que dieron cabida en la Asociación de Vecinos. Fueron años de encierros en el hall de hospitales, centros de salud y en diversas instituciones, de manifestaciones, de acampadas en el Palacio de la Moncloa y la Oficina del Defensor del Pueblo, de peregrinaje por la OMS, la OIT y el Parlamento Europeo, de entrevistas en radio y televisión …, años de estudio a la luz de las farolas de cualquier calle y en autocares que nos fueron llevando por Alemania, Dinamarca, Bélgica, Suiza, Cuba …, haciendo eco de este atentado a la salud y defendiendo nuestros derechos. La niña de 20 años se había hecho mayor, muy a su pesar. Y últimamente, la Asociación ha emprendido la batalla para lograr que las administraciones sufraguen los costes que implica la sustitución
El asociacionismo y la participación vecinal luchando por la vivienda, haciendo ciudad Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 13, noviembre de 2020, Universidad de Sevilla, pp. 287-298 295 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2020.i13.18 del amianto que recubre los tejados de las casas por materiales no cancerígenos. La Asociación asimismo ha participado activamente en la defensa de las libertades y derechos democráticos. Se ha tener presente que la primera concentración legalizada en España por el derecho de asociación y demás derechos democráticos, aún viviendo el dictador —22 de julio de 1975—, fue la convocada por la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Madrid —predecesora de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM)— de la que componentes de la dirección de la asociación formaron parte de su primera junta directiva. Las luchas han sido muchas y de diversidad temática, pero no solo se ha denunciado, se ha sido también propositivo: la asociación ha organizado las fiestas del barrio, los carnavales u otro tipo de actos festivos, en sus locales se instaló una emisora de radio —Radio ELO, que contaba con una amplia audiencia hasta que en año 2008 la administración decretó su cierre—, se han impartido diversos talleres, ha contado, como se ha dicho, con asesoría jurídica gratuita, se dan clases de teatro, yudo, yoga, gimnasia, baile, etc., ensayan grupos de música tradicional, se han realizado conciertos, conferencias, exposiciones de pintura y fotografía, se han representado obras de teatro y cada año la Comisión de Cultura organiza un festival de cortos cinematográficos. Asimismo, la Asociación impulsó la creación de la Fundación Iniciativa Sur —que es un centro de referencia en Madrid de la formación ocupacional y profesional—, la Cooperativa de viviendas mediante la cual centenares de jóvenes accedieron a una vivienda de protección social edificadas en terrenos muy próximos del barrio, y se ha fomentado el deporte, potenciando la Asociación Deportiva de Orcasitas, que cuenta con un campo de fútbol, cuyo propietario es la Asociación de Vecinos, en el que entrenan cientos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Y, últimamente, coincidiendo con la revisión del manuscrito de este artículo, ha creado una red solidaria para atender las necesidades de las personas más vulnerables, que se encuentran, como todos y todas, confinadas en sus casas acatando el mandato del Estado de Alarma decretado por el gobierno para combatir la pandemia del coronavirus. Todo esto ha propiciado que esta asociación de vecinos, a diferencia de otras, siga muy viva. Un papel destacado en el nacimiento y desarrollo de la asociación es el del mencionado Félix López-Rey. Huelga decir que los logros conseguidos no se han de atribuir en exclusividad a él. Este activista vecinal no ha ejercido de caudillista líder imprescindible. Sí, en cambio, se le ha de atribuir su capacidad para construir conjuntos de acción (Mayer (1980) ciudadanistas en el que los diversos niveles de conciencia y participación social —esto es, los grupos animadores, sectores activos y base social (Villasante, 1984)— se articulan entre sí en un proyecto común. Félix no tiene una gran formación académica, pero además de contar con una memoria extraordinaria tiene una mente prodigiosa para dibujar en su cabeza el sociograma relacional (Martín, 1999) de los diversos actores sociales presentes en el barrio. Ello le proporciona la información pertinente con la que sacar el mayor provecho de las capacidades, deseos, intereses, motivaciones y capital relacional de cada actor social que incorporar en un proyecto común. No es sectario ni dogmático, sigue la máxima freireana de unir los afines con los diferentes e incluso con los ajenos para oponerse a los antagónicos (Freire, 1970). Es conocedor de quienes pueden participar en un proyecto