scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La arquitectura como integración

Pérez Escolano, Víctor

Full text

60 La arquitectura comointegración Víctor Pérez Escolano En el frontispicio de la convocatoria de este curso se afi rma que la arquitectura, por defi nición, es «una profesión abierta, que trabaja en colaboración con otras disciplinas». En consecuencia, la formación del arquitecto, o como ahora se dice, el aprendizaje de la arquitectura está abocado a basarse en la complejidad disciplinar y a ejercitar la transversalidad como ejercicio permanente que el arquitecto debe dominar si quiere alcanzar resultados en las misiones que la sociedad le demanda. No se trata, pues, de adquirir tan solo las habilidades específi cas de un ofi cio, o los recursos científi cos y técnicos que capacitan para resolver determinados objetivos establecidos, sino que en la arquitectura se integran parámetros y dimensiones heterogéneos cuya integración se produce en un proceso holístico, en el que se persigue no la simple suma de soluciones parciales, sino la creación de una respuesta integral a requerimientos plurales. Otra refl exión de partida con Marc Wigley, quien rememora el sentido darwiniano de la arquitectura, y afi rma que «la especie arquitectónica sólo puede sobrevivir si exhibe una biodiversidad de formas y un aprovisionamiento constante de mutaciones que provean de una agilidad a las condiciones cambiantes del entorno»1. Comparto la selección de los tres referentes disciplinares (arquitectura, paisaje y urbanismo) que, como ramas de un árbol, se enlazan en el concepto de los proyectos integrados. La integración proyectual se viene utilizando frecuentemente referida a las coordenadas técnicas, se trate del modelo integrado con información para la construcción, o al modelo integrado de programación y de efi ciencia de costes económicos. Si los arquitectos se suelen sentir atraídos por términos procedentes de otras ramas de la ciencia, la sociología o la fi losofía, también el sentido y la fuerza de las palabras propias de la disciplina arquitectónica, son recogidas por otras profesiones, por otros campos de conocimiento. Proyecto, palabra esencial que se ha extendido a todo el desarrollo científi co. Como estética o restauración se utiliza en actividades ajenas al convencional entendimiento artístico. El propio término arquitectura se ha instalado, por ejemplo, en la informática. Son términos que han devenido polisémicos. No es una apropiación de la integridad de su signifi cado, sino del valor añadido que otorga su precisión y efi cacia semántica. Por 1 Anthony Burke y Therese Tierney (eds.), Network Practices. New Strategies in Architecture and Design, Princeton Architectural Press, Nueva York, 2007. 2 Miguel Ángel Barreto, «La interdisciplina en el abordaje académico del hábitat social informal: Fundamentos, líneas de acción y obstáculos a partir de la carrera de arquitectura», en Revista INVI nº 56, Santiago de Chile, mayo 2006, pp. 16–30. 61 consiguiente, no se trata de caer en el falso juego dialéctico de su sentido competencial, ni mucho menos de pertenencia, sino asumir que en esas prácticas y usos se revela la pluralidad de miradas, interpretaciones y proposiciones posibles ante hechos determinados, realidades constatables, que requieren respuestas y soluciones. Es la manifestación elocuente de la dimensión pluridisciplinar que opera en el reconocimiento del medio físico y en su transformación. Arquitectura, es nuestro concepto central histórico, urbanismo el concepto central contemporáneo, paisaje es un concepto central actual. A los tres hemos de referirnos, junto a los que debe aparecer un cuarto término, patrimonio, en tanto que piedra de toque respecto a la estima que demos o no al resultado de la acción integrada del proyecto, en tanto que hecho cultural. La diversidad de las miradas ha permitido reconocer aspectos de la realidad que la institución arquitectónica no contemplaba. La bifurcación de la arquitectura y la ingeniería es paradigmática. Pero son muchos las consideraciones que se pueden hacer al respecto. La arquitectura y la geografía, la arquitectura y la arqueología, la arquitectura y la sociología, la arquitectura y la economía, etc. No hay rama del saber, de las ciencias humanas y sociales, de las ciencias y técnicas tradicionales o avanzadas, que no sean susceptibles de ser apreciadas por la arquitectura, que lo hayan sido o que lo puedan ser. Dentro de este reconocimiento de la dimensión multi e inter disciplinar en el horizonte proyectual se visualizó el hábitat social «informal», a partir de su inicial abordaje académico desde la sociología. Y dentro de ese proceso, en que medida el debate sobre la pobreza ocurrido en la décadas fi nales del siglo pasado en América Latina, trajo consigo cambios signifi cativos en los enfoques ofi ciales, dado que resultaba imprescindible integrar los aspectos de la determinación física, antes pasados por alto. Consecuentemente, en las escuelas de arquitectura se ha ido produciendo la incorporación de ese aspecto de la realidad urbana. La «pobreza» pasó de tomarse como un «estado», en una concepción unidimensional, a estimarse como un proceso, en una concepción multidimensional (Programa Hábitat formulado en la Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos, Hábitat II, Estambul 1996). Los Programas de Mejoramiento Barrial en América Latina han venido a demostrar «la necesaria interdisciplinariedad que esta nueva concepción ofi cial del problema habitacional social demanda a los equipos técnicos que deben operar estas políticas y la insufi ciente formación académica de grado que al respecto reciben convencionalmente estos profesionales, en particular los arquitectos»2. El cambio PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO62 3 Josep Maria Sostres, «Paisaje y diseño», en Cuadernos de Arquitectura nº 64, Barcelona, 1966, pp. 28–29. Y en Opiniones sobre arquitectura, «Arquilectura 10», Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos-Galería Librería YebraConsejería de Cultura y Educación de la Comunidad Autónoma, Murcia, 1983, pp. 289–298. 4 Carlos García Vázquez, El desvanecimiento de lo urbano en el Cinturón del Sol, Gustavo Gili, Barcelona, 2011. 5 Eero Saarinen, (1943, 1967): The City: Its Growth, ItsDecay, Its Future, MIT Press, Cambridge Mass., 1943 (ed. cast. La Ciudad. Su crecimiento, su declinación y su futuro, Limusa Wiley, México, 1967). 6 aa.vv, Territorio y Patrimonio. Los Paisajes Andaluces, Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Sevilla, 2003. 7 Stephan Oetermann, The Panorama: History of Mass Media, Zone Books, Nueva York, 1997. 8 Silvia Bordini, Storia del panorama. La visione nella pittura del xix secolo, Officina Edizioni, Roma, 1984. 9 Fernando Chueca Goitia, Invariantes castizos de la arquitectura española, Dossat, Madrid, 1947. que se viene produciendo en determinadas regiones del planeta está condicionado por la quiebra de la convencional concepción elitista en la selección de objetivos a afrontar. En España es relevante el paso adelante dado con la implantación de enfoques y programas interdisciplinares, así puede apreciarse en la Universidad Sevilla (etsas), en el curso de libre confi guración Gestión social del hábitat, impulsado por el prof. Esteban de Manuel, quien lidera la ong Arquitectura y Compromiso Social; o en postgrados y trabajos de investigación. En ese enfoque no es posible avanzar sin la articulación transversal del conocimiento. Ni ello signifi que que se demande a los arquitectos una conversión, abandonando las coordenadas «burguesas» de la arquitectura. Es un hecho que la arquitectura, en su acompasamiento con el tiempo, ha ido evolucionando continuamente, de manera que las ideas y prácticas que se han reducido a mirar atrás y reiterar el ofrecimiento de soluciones viejas a problemas nuevos, han terminado consumidas en su propia esclerosis. Volvamos, pues, al sentido vivo de las coordenadas bajo las que se nos convoca. Hace casi medio siglo, Josep Maria Sostres3 analizaba las relaciones entre paisaje y diseño, y observaba como antiguamente, «antes de producirse la escisión entre planeamiento y espontaneidad», los sistemas tradicionales regulaban con la debida fl uencia los fenómenos de crecimiento garantizándose la coherencia y armonía de los resultados ya que «eran afi nes a las leyes naturales». Producida tal escisión, la cultura urbanística contemporánea viene necesitando una sistematización que, cada vez más, tendrá en el análisis del hecho urbano y territorial, la morfología del ambiente, y su comprensión histórica, el fundamento humano del que carece la dinámica de la economía urbana más radical4, o del enfoque no menos radical del ecologismo entendido como utopía de la espontaneidad natural, activado también hace medio siglo, y hoy ponderado bajo los principios de la sostenibilidad medioambiental. Con anterioridad Eliel Saarinen5 afi rmaba que «la planifi cación hacia el futuro debe marchar en términos de fl exibilidad. Mientras más fl exibilidad infunde el diseñador a su proyección, mayores serán las oportunidades que tendrá el futuro diseñador de coordinar su diseño conforme a la vida». La vida, centro de la arquitectura. Donde hay vida, actividad humana, se produce la arquitectura. Y como el desenvolvimiento de la vida comporta respuestas diversas a similares demandas, es que vida y fl exibilidad son líneas de coordenadas donde se refl eja el gran don humano, la diversidad. El Convenio Europeo del Paisaje, tratado auspiciado por el Consejo de Europa, aprobado en 2000 pero con entrada en vigor en 2004, tuvo uno de sus precedentes más relevantes en la Carta del Paisaje Mediterráneo (Carta de Sevilla, 1992). El paisaje quedaba asumido en su integridad, consolidando la idea de que el paisaje se reconoce y defi ne según como lo vemos. El ejercicio de una actividad sensorial, de la que están dotados todos los seres vivos, que se trasciende en la estimación humana de la realidad circundante, en la que habitamos sea o no de manera estable. Una necesidad social que partiendo de su valor testimonial, puede hacerse efi caz en la ordenación territorial, y trascenderse en su estima patrimonial, en el que los valores del espacio vivido y sentido cotidianamente termina formando parte de la identidad humana, en sentido estricto6. 63La arquitectura comointegración Víctor Pérez Escolano El paisaje es como habitan las personas, donde se confi gura la existencia humana. Es por ello que la idea que durante tanto tiempo identifi caba al paisaje, en cuanto que género pictórico, con las visiones de la naturaleza, derivó al entorno de la vida humana, y no a su ausencia. La falsa dicotomía de géneros entre paisajes (naturalezas vivas) y naturalezas muertas (manipuladas), traspasó los intereses de los artistas contemporáneos. Los paisajes urbanos, paisajes del habitar, como I costruttori (1929) de Sironi, se componen a la manera de alguna naturaleza muerta de Morandi de diez años antes. Como la de De Pisis (1944) adquiere la escala espacial del Mulino (1938) de Rosai. Una experiencia posible al visitar el recién abierto Museo del Novecento en el Arengario de Milán. Un museo siempre es una experiencia singular de creaciones en las que se revelan los valores del paisaje humano. Ejercicios de observación creativa y perceptiva que hoy se nos ofrecen desbordados en las infi nitas posibilidades abiertas por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Ventanas concentradas en el uso privativo e individual que en otros momentos solo era posible realizar mediante el ejercicio social del espectáculo. Los panoramas cumplieron en una coyuntura temporal concreta esa fi nalidad7. Antes de la aparición del cinematógrafo, en el que la representación del espacio-tiempo ensayara inéditas maneras de ofrecer realidades virtuales en las que las personas cumplieran el papel de protagonistas de los acontecimientos, la representación del entorno próximo o lejano, natural o cultural, o de hechos históricos singulares, como las grandes batallas, se valió de la representación pictórica circular contenida en un pabellón ad hoc, de magnitud bastante para generar, junto con el verismo de la composición de las imágenes, el asombro y la admiración de los visitantes8. Estas arquitecturas del artifi cio, creadas para simular paisajes y acontecimientos, alcanzaron popularidad durante el siglo xix. En sus arquitecturas los visitantes ocupaban el espacio central pudiendo ver a su derredor el espectáculo visual. Su crisis no impidió que las maquetas siguieran cumpliendo parecidas ilusiones, pero ahora en una visión circundante, y que integradas en un recorrido abocaran a una resurrección de las simulaciones en la tematización de parques de ocio o lugares culturales. La representación ha sido un objetivo humano permanente desde los orígenes. Figuras, símbolos, lugares, vinculados a la actividad cotidiana o a los acontecimientos singulares. La fi nalidad es expresar la voluntad de fi jación de la existencia cuya defi nitiva materialización se produce mediante la arquitectura. Los procesos civilizatorios y las manifestaciones culturales decantan las condiciones geográfi cas y climáticas en los atributos estructurales de la arquitectura mientras que los más circunstanciales se vinculan a la evolución tecnológica, a los valores estéticos y a la orientación del gusto. La estabilidad y variación de la composición formal de las obras responde a la evolución de las demandas. En la arquitectura española, a mediados del siglo xx, la infl uencia de los avatares históricos generales y nacionales se vio compartida por la evolución de la cultura arquitectónica que, también en nuestro país, ofreció ciertas peculiaridades. La fuerza de las ideas identitarias derivó hacia una sagaz interpretación de la historia de la arquitectura española llevada a cabo por Fernando Chueca Goitia en su enRobert Burford, sección de «The Rotunda», el panorama de Leicester Square, Londres, 1801 PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO64 10 aa.vv, Manifiesto de la Alhambra, Dirección General de Arquitectura, Madrid, 1953. Posteriormente, Dossat, Madrid, 1981, y Fundación Rodríguez Acosta-Colegio de Arquitectos, Granada, 1993 (con estudio preliminar de Ángel Isac). Cfr. también aa.vv, El Manifiesto de la Alhambra. 50 años después. El monumento y la arquitectura contemporánea, «Monografías de la Alhambra 1», Patronato de la Alhambra, Granada, 2003. 11 Pedro Salmerón, La Alhambra. Estructura y paisaje, Fundación Caja Granada-Ayuntamiento de Granada, Granada, 1977. Nueva edición: Tinta Blanca-Patronato de la Alhambra, Córdoba, 2006. 12 Antonio Gámiz Gordo, La Alhambra nazarí. Apuntes sobre su paisaje y arquitectura, Universidad de SevillaIUACC, Sevilla, 2001. sayo Invariantes castizos de la arquitectura española9. Reconocer ciertos valores permanentes en la arquitectura de una nación estaba a la orden del día, pero sin duda ese libro es uno de los trabajos más brillantes en procurarlo. Lo que subyace en la idea de la «españolidad» de ciertas estructuras y formas, no solo responde a un propósito ideológico a favor de un tradicionalismo, por cultural también político, sino que acentúa los límites de «seguridad disciplinar», en tanto que establecimiento de límites retroactivos ante la inseguridad, la inestabilidad, que se derivaba de la consolidación de los nuevos principios modernos en la arquitectura y la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. Frente a los planteamientos historicistas, pero también refractarios a las composiciones canónicas del movimiento moderno, una tercera vía para la arquitectura española se plasmó en un documento de un gran signifi - cado, el Manifi esto de la Alhambra10. El gran monumento granadino ofrecía una gran lección de atributos históricos pero ajenos a la regulación académica y al historicismo europeo. La arquitectura nazarí había decantado valores que son propuestos por Chueca, redactor del manifi esto, a sus compañeros de Madrid en una singular Sesión de Crítica de Arquitectura que el Colegio de Arquitectos y su revista Arquitectura venían desarrollando desde años atrás. En efecto, partiendo de la crisis del 98, hereda el consecuente fervor hispanista, pero supera la interpretación estilística de Vicente Lampérez, optando por la vía crítica iniciada por Leopoldo Torres Balbás. Salir de la «grave desorientación» debería producirse mediante el desarrollo de una nueva mirada, de «ojos de arquitecto», extrayendo conclusiones del «formidable depósito de arquitectura esencial» que la Alhambra ofrecía. Se llega a afi rmar la existencia de un asombroso «parentesco entre este edifi cio del siglo xiv y la arquitectura actual más avanzada»: la aceptación del módulo humano; la resolución de plantas de manera asimétrica, pero orgánica; los volúmenes puros y sinceros; el uso económico y estricto de los materiales. Y subyace, de manera menos explícita, la referencia a su cualifi cación del lugar, tan extraordinario en la confi guración del paisaje, enmarcada en un apartado dedicado a los jardines, que tuvo su particular debate. En términos teóricos gozó de algún reconocimiento, por ejemplo por parte de Alberto Sartoris, que entonces, como Gio Ponti, ya realizaba visitas a España, pero no tuvo especial impacto en la arquitectura de la época, ya plenamente activada la recuperación de los planteamientos modernos transnacionales. No obstante, es signifi cativo que una obra como la villa Ugalde en Caldetas de José Antonio Coderch y Manuel Valls, ajenos al manifi esto, en su publicación en la revista Arquitectura, Manifiesto de la Alhambra, 1953 «Villa en Caldetas», en Revista Nacional de Arquitectura nº 144, diciembre 1953, p. 25 65La arquitectura comointegración Víctor Pérez Escolano su director Carlos de Miguel haga mención al manifi esto para revelar su adecuación al paisaje. La adecuación geográfi ca es consubstancial al complejo granadino, como lo refl eja el levantamiento académico (1766–67) de Villanueva, Hermosilla y Arnal. Posteriormente prevalecerán los estudios de orden arqueológico e histórico, pero en las últimas décadas se consolidarían los enfoques paisajísticos integrales, cruciales para la ordenación actual y futura del conjunto, como muestran los concursos sobre los nuevos accesos, primero en el proyecto ejecutado de Hubman y Vass, y más recientemente en el de Álvaro Siza Vieira y Juan Domingo Santos. De igual modo los análisis textuales y las percepciones gráfi cas han adoptado esa cualidad como muestran los libros de Pedro Salmerón11 o Antonio Gámiz12, por ejemplo. El paisaje cultural es un poderoso instrumento de integración disciplinar, particularmente elocuente en las respuestas arquitectónicas a lugares complejos. Sin negar las virtudes de los escenarios inmediatos de la vida cotidiana, la escala territorial confi ere al proyecto arquitectónico intensidades y riesgos. Es evidente que, en la historia contemporánea, el desarrollo urbano y el fenómeno de la conurbación han demandado los mayores avances en la actividad de la arquitectura y la ingeniería. Pero en la escala territorial, la ordenación del territorio ha escrito capítulos particularmente brillantes. En el último medio siglo España ha escrito uno de sus más dramáticos episodios en el desarrollo desordenado de sus costas, especialmente en el Mediterráneo, a resultas de las demandas desbocadas del turismo de masas; Álvaro Siza y Juan Domingo Santos presentando su proyecto Puerta nueva, vencedor del Concurso Internacional de Ideas Atrio de la Alhambra 2011 Erich Hubmann y Andreas Vass, Nuevos accesos a la Alhambra, 1989–1996 PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO66 13 eua/auia (eds.), Historia y evolución de la colonización agraria en España, ieal (map)-iryda y sgt (mapa)-dgav e itu (mopu), Madrid, 1988–91. 14 José Luis Fernández del Amo, «Un poblado de colonización. Vegaviana», en Revista Nacional de Arquitectura nº 202, octubre 1958, pp. 1–14. 15 Francisco Javier Sáenz de Oíza, «El pueblo de Vegaviana», en Arquitectura, vol. I, nº 7, julio 1959, pp. 25–28. También en «Vegaviana. Cáceres», en Cuadernos de Arte nº 4, marzo-abril 1959 (catálogo exposición Ateneo de Madrid). 16 aa.vv, Kindel. Fotografía de Arquitectura, Fundación coam, Madrid, 2007. 17 Alejandro de la Sota,«El nuevo pueblo de Esquivel, cerca de Sevilla», en Revista Nacional de Arquitectura nº 133, enero 1953, pp. 15–22 (reproducido en Manuel Calzada Pérez y Víctor Pérez Escolano, Pueblo de Esquivel, Sevilla. 1952–1955. Alejandro de la Sota, Colegio de Arquitectos, Almería, 2009). una fuerza económica potentísima que no se ha sabido conducir, salvo excepciones, con la armonía que garantizara valores en la explotación de esa industria, y la prolongación fi rme de sus atributos naturales y climáticos. Pero en el sistema fl uvial de España se escribió un capítulo relevante que ha mostrado prodigiosamente las posibilidades de la transversalidad en benefi cio de lo que podemos entender como cultura arquitectónica. Los desequilibrios territoriales de la península ibérica fueron examinados desde fi nales del siglo xix al amparo de la innovación de las disciplinas geoeconómicas, y su proyección en las ideas fi losófi cas y políticas de carácter progresista. La regeneración de la sociedad debía pasar por la modernización del espacio territorial, para lo que el variado sistema fl uvial debía servir como estructura mediante su regulación a fi n de contribuir a la intensifi cación de la agricultura mediante el regadío. En un país de carácter rural, en el que el sector primario pesaba frente a un escaso y parcial desarrollo industrial, el ideal de la colonización fue un referente del progreso. A las canalizaciones se vinieron a sumar la construcción de presas, que con el paso del tiempo demandarían de la ingeniería civil una de sus actividades más signifi cativas, en especial al integrarse en sus fi nes el consumo urbano e industrial del agua, con la producción de energía eléctrica como objetivo destacado. Pero otro campo específi co de la ingeniería, la agrícola, vino a confl uir en la refl exión multidisciplinar en el trazado y construcción del sistema de colonización para los que los arquitectos fueron requeridos13. Las vicisitudes históricas de la España del siglo xx condujeron a que, a pesar de los planteamientos de las décadas anteriores, como por ejemplo el concurso para la construcción de pueblos de colonización en sectores del Guadalquivir y del Guadalmellato, convocado en plena IIRepública, tuviera que ser en la larga trayectoria de la dictadura de Franco, cuando se produjeran las numerosas actuaciones que en todas y cada una de las cuencas hidrográfi cas conformarían uno de los capítulos más intensos de integración disciplinar. El juicio crítico sobre la colonización integral ha puesto en su verdadera magnitud la relación éxito/fracaso mirado desde distintas posiciones ofrecidas por la geografía, la economía o la historia. Javier Monclús y José Luis Oyón llevaron a término los estudios más avanzados al respecto desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico, por más que más recientemente se hayan sucedido nuevos trabajos sobre el tema. La transversalidad disciplinar quedó defi nitivamente integrada en un amplio sistema territorial condensado en una red de núcleos de población cuyas cualidades arquitectónicas, reconocidas en ejemplos destacados como Vegaviana (Cáceres) o Esquivel (Sevilla), forman parte destacada de la historia de la arquitectura española de la segunda mitad del siglo. El Instituto Nacional de Colonización, creado en octubre de 1939, fue una de las tempranas iniciativas del régimen. Las docenas de arquitectos, jóvenes en su mayor parte, que trabajaron para el inc, pueden estar representadas en José Luis Fernández del Amo, el más activo de todos ellos, y el que más infl uyó en desarrollar los valores de apertura disciplinar. En su caso con particular empeño puesto en integrar las artes plásticas en la arquitectura, fundamentalmente en las iglesias. Vegaviana14, su obra más reconocida, ha sido estudiada desde múltiples puntos de vista, pero recién inaugurado, Francisco Javier Sáenz de Oíza le dedicó al pueblo en 1959 palabras sugestivas: «Ya está, por obra de colonización, el agua abriendo 67La arquitectura comointegración Víctor Pérez Escolano surcos de plata sobre la tierra: ahuyentando de paso a la encina que se refugia en el pueblo nuevo para, antes de morir, brindar un último servicio al hombre: la sombra benefi ciosa y la siesta grata bajo el sol abrasador de esta seca Extremadura. Vegaviana nace con árboles. Es curiosa la estadística para los árboles de París o Nueva York. Vegaviana les gana desde su niñez porque el arquitecto supo, entre encinas y con encinas, levantar una geometría perfecta de casas blancas. El encargo que el poeta reclama mientras llenándoos va el hacha de calvijares, ¿nadie cantaros sabrá encinares? Lo cumple el artista arquitecto, por que Vegaviana es una forma poética de decir: y si la transformación en regadío —hacha para la encina— barre el árbol, ahí está el nuevo pueblo dándole cobijo en sus calles, en un mutuo intercambio árbol-hombre de amor y subsistencia»15. Un comentario que siguió, meses después, a la ejemplar y exhaustiva publicación, con catorce páginas y veinticinco fotografías de Kindel (Joaquín del Palacio). Como dijo Ignacio Bisbal, en el catálogo de la exposición dedicada a Kindel en 2007, «Kindel y Fernández del Amo se encuentran en un momento clave de sus trayectorias, y en este proyecto concreto ambos convergen para dar como resultado algunas de las imágenes canónicas de la arquitectura de esta segunda modernidad de los cincuenta»16. Distinta, pero no menos signifi cativa había sido la difusión del proyecto de otro pueblo relevante, Esquivel17, al que Kindel también fotografi ará, junto a otra decena de poblados del inc. Seis años antes, Esquivel se publica con un texto de Alejandro de la Sota acompañando a unos cincuenta dibujos que explicaban pormenorizadamente el proyecto. Sota cuidó con esmero las ocho páginas que se imprimieron en un papel especial. Incluso en sus publicaciones, estos dos pueblos compiten y se complementan en el propósito de representar la conquista arquitectónica alcanzada en este episodio de la España contemporánea. Sota confi esa que en Esquivel intentó tomar como maestros a los albañiles pueblerinos. Una orientación Joaquín del Palacio, Kindel, Vegaviana, Cáceres, 1958 Alejandro de la Sota, vista aérea de Esquivel, Sevilla, c.1955 PROYECTOS INTEGRADOS DE ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO68 18 Ídem, «Arquitectura y Naturaleza» (conferencia pronunciada en el curso de Jardinería y Paisaje), Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, Madrid, 1956. 19 Ídem, «Sesiones de crítica de la arquitectura. La arquitectura y el paisaje», en Revista Nacional de Arquitectura nº 128, agosto 1952, pp. 35–48. que procura alcanzar en la escala humana pero de la que se aleja en el trazado, que es rígido porque «nació de una vez». Racionalidad que le separa del modelo popular, pintoresco, que se estimula desde el inc. Una decantación de los valores sencillos que aparecen en el estudio sobre la vivienda popular de Leopoldo Torres Balbás, y en la aproximación que llevarán a cabo los arquitectos modernos como Fernando García Mercadal o el gatcpac en su revista AC. En los años cincuenta se intensifi ca este interés por lo vernáculo favorecido por las revisiones empíricas que se están generalizando. La excursión de Richard Neutra por tierras de Castilla o los dibujos de Alvar Aalto en su estancia de 1951 son buenos ejemplos. No es sólo la simplicidad decantada del caserío rural; es también un interés por la escala superior del paisaje. En las escuelas de arquitectura la jardinería emerge como precedente del paisaje. Las conferencias impartidas en 1956 en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, e inmediatamente publicadas, son muy ilustrativas de hasta que punto la integración interdisciplinar es crucial en este proceso. Recordar algunas de ellas: Las masas forestales en el paisaje, por el ingeniero de montes Pío García Escudero, El paisaje en la carretera, por el ingeniero de montes Jaime Foxá, Recursos ornamentales de la vegetación espontánea, por el también ingeniero de Montes Luis Ceballos, mientras que el arquitecto Víctor Escribano Ucelay lo haría sobre la Ornamentación vegetal de los patios cordobeses. En el mismo ciclo Alejandro de la Sota intervino sobre Arquitectura y Naturaleza18. Vale la pena recordar como se inicia: «Realmente es importante el estudio de la Naturaleza. Impresiona su contemplación y las consecuencias «El nuevo pueblo de Esquivel, cerca de Sevilla», en Revista Nacional de Arquitectura nº 133, enero 1953, pp. 15 y 16 75La arquitectura comointegración Víctor Pérez Escolano por unanimidad por el pleno municipal, y que obtuvo el Premio Pays.Med.Urban a las buenas prácticas de ámbito europeo. Ese documento se fundamenta en el reconocimiento del Guadalquivir y sus vaguadas como estructura y soporte operativo de Córdoba. En años anteriores, fue objetivo esencial la intervención sobre el río urbano y sus bordes, mediante un conjunto de proyectos ejecutados en su mayor parte (como, por ejemplo, la rehabilitación del Molino de Martos y los jardines del Balcón del Guadalquivir, de Juan Navarro Baldeweg). Ahora se trataría de potenciar la vida social y económica mediante el fortalecimiento y desarrollo de actividades culturales integradas en el fl ujo de espacios abiertos y edifi cios adecuados en cada una de las vaguadas identifi cadas, hasta alcanzar los elementos nuevos creados en la vivifi cación del Guadalquivir cordobés como boulevard cultural. Si se compara el plano que restituye el territorio de Córdoba y Madinat al-Zahra a mediados del siglo x con la realidad actual del desarrollo urbano, podría decirse que lo que fue el territorio de Madinat al-Zahra o Madinat al-Zahira guarda correspondencia con lo que sería hoy del aeropuerto al Arenal. Un paisaje transformado pero con substrato geográfi cos permanentes en el juego de la infl exión del curso del Guadalquivir. Río arriba, Madinat al-Zahra es sólo una referencia sin identidad física, a la espera de que la arqueología sea capaz de descubrirnos esa segunda y menor ciudad palatina en el ámbito de lo que conocemos hoy como Arenal. Pero río abajo, la ciudad de Abderramán III es una realidad fantástica que ejemplifi caría algunas de las refl exiones de Julio Caro Baroja sobre la localización geográfi ca de las ciudades. Un conjunto arqueológico excepcional del que tenemos un amplísimo conocimiento, como muestra el reciente compendio de su director Antonio Vallejo Triano. Sus articulaciones con el territorio es de tal intensidad e importancia, que lo que en principio fue un sugestivo yacimiento arqueológico, impulsado por Ricardo Velázquez Bosco, hoy es un sistema de valores culturales extraordinarios, cuyo último hito es el Museo proyectado por Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano. Una obra de integración en el paisaje como aportación de nuestra época a una complejidad que antes había sido analizada y ordenada mediante un Plan Espacial de disposiciones claras para un amplio entorno, en el que las construcciones ilegales eran, y son, su mayor peligro. Las piezas apiladas por Velázquez Bosco expuestas al aire libre, balbucían un diálogo desarticulado de la memoria del lugar. Un siglo después, un contenido mirador emerge del museo excavado por Nieto y Sobejano, que se enhebra con el camino de llegada desde Córdoba. Un paisaje puesto en valor en su mismidad. Como apuntó Pessoa, para mejor ser lo que somos, más que lo que vemos. O como dijo Navarro Baldeweg, interviniente en el conjunto, «para ver lo que ya sabemos ver».