Una contribución a la historia del psicoanálisis en España
Abstract
Con este trabajo pretendemos contribuir a la reconstrucción histórica del asentamiento del psicoanálisis en España, para lo que recogemos algunos detalles de las diversas ediciones de las obras completas de Freud en nuestra lengua, así como de su correspondencia, además de una reflexión crítica sobre las consideraciones que hizo Ortega en torno al psicoanálisis, algunas notas sobre los pioneros que posibilitaron el desarrollo de este saber entre nosotros y ciertas referencias respecto al nacimiento de las principales instituciones psicoanalíticas en España.
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165 Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, Universidad de Huelva y Universidad de Sevilla Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), págs. 165-174 Número especial: 30 años de Apuntes de Psicología ISSN 0213-3334 Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Antonio SÁNCHEZ-BARRANCO RUIZ Pablo SÁNCHEZ-BARRANCO VALLEJO Francisco BALBUENA RIVERA Universidad de Sevilla Resumen Con este trabajo pretendemos contribuir a la reconstrucción histórica del asentamiento del psicoanálisis en España, para lo que recogemos algunos detalles de las diversas ediciones de las obras completas de Freud en nuestra lengua, así como de su correspondencia, además de una reflexión crítica sobre las consideraciones que hizo Ortega en torno al psicoanálisis, algunas notas sobre los pioneros que posibilitaron el desarrollo de este saber entre nosotros y ciertas referencias respecto al nacimiento de las principales instituciones psicoanalíticas en España. Palabras clave: Freud, psicoanálisis, historia, obras en castellano, Ortega, pioneros, instituciones. Abstract In this paper we intend to make a contribution to the historical reconstruction of the development psychoanalysis in Spain. Some details from the different editions in our language of Freud’s complete works and his correspondence are gathered. A critical reflection on the considerations Ortega made about psychoanalysis, some notes about the pioneers that made possible the development of this field among us and certain references on the birth of the main psychoanalytic institutions in Spain are also included. Key words: Freud, psychoanalysis, history, works in Spanish, pioneers, institutions. La historia del psicoanálisis en España no ha sido suficientemente abordada, aunque son muy meritorios los trabajos de Carpintero y Mestre (1987), Muñoz (1990), Frutos (1994a, 1994b) y Bermejo (1991, 1992a, 1992b, 1993, 1994), así como algunas tesis doctorales llevadas a cabo en la universidad de Murcia. Por nuestra parte, revisaremos aquí los avatares de las diversas ediciones de la obra de Freud en castellano, llevaremos a cabo una reflexión crítica sobre las ideas de Ortega respecto al psicoanálisis, que tanta influencia tuvieron entre nosotros, además de dar algunas notas sobre los pioneros que hicieron posible el asentamiento del psicoanálisis en España, finalizando con una reconstrucción histórica del nacimiento de las principales instituciones psicoanalíticas en la península ibérica. La obra de Freud en castellano El 10 y 25 de febrero de 1893, un mes después de la publicación original del artículo de Breuer y Freud titulado Sobre el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos: comunicación preliminar, en los números 1 y 2 del Neurologisches Zentralblatt, aparece en el tomo XIX, números 3 y 4 de la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona y el 28 de febrero y 15 de marzo del mismo año en el volumen Xl, números 232 y 233 de la Gaceta Médica de Granada, la traducción de dicho artículo. Al parecer, su recepción no tuvo una particular resonancia. La versión de la Revista de Ciencias Médicas constituyó la primerísima traducción mundial de una obra psicológica de Freud y no así la versión de la Gaceta Médica, que fue una reproducción literal de aquélla (Bermejo, 1991). Para una nueva presencia del psicoanálisis entre nosotros, hubo de esperarse hasta 1911, fecha en la que Ortega redacta un artículo para la revista argentina La Lectura, cuyo título fue La psicoanálisis, ciencia problemática (Ortega, 1911). El trabajo es de carácter epistemológico, manifestando Ortega que el psicoanálisis no era un saber científico. Referencia de la publicación original: Sánchez-Barranco Ruiz, A., Sánchez-Barranco Vallejo, P., & Balbuena Rivera, F. (1996). Una contribución a la historia del psicoanálisis en España. Apuntes de Psicología, 46, 5-20.
166 A. Sánchez-Barranco Ruiz, P. Sánchez-Barranco Vallejo y F. Balbuena Rivera Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 165-174. A pesar de ello, no dudó en recomendar en 1917 a José Ruiz-Castillo, el editor de Biblioteca Nueva, la traducción al castellano de las obras completas de Freud, llegando a prologar en 1922 el primero de sus volúmenes. Entre 1922 y 1934, aparecieron 17 tomos, traducidos por Luis López-Ballesteros, empleando como principal fuente las Gesammelte Schriften, que fueron apareciendo entre 1924 y 1934. La traducción fue alabada por el propio Freud, que conocía nuestra lengua, aunque realmente dejaba bastante que desear. En todo caso, el proyecto no pudo culminarse a causa de nuestra guerra civil (Harrington, 1977). En 1948 Biblioteca Nueva reedita las obras de Freud en dos volúmenes, encuadernados en piel (que acogían los 17 ya publicados y uno nuevo), retirándose el prólogo de Ortega que es sustituido por una presentación del editor, aunque probablemente fue redactada por José Germain (1897-1985), responsable de la organización y revisión de la obra. En ella, apoyándose en la autoridad del padre Gemelli y del padre Moore, se manifiesta que el psicoanálisis debe ser estudiado con un espíritu claro e imparcial e interpretado con un sentido cristiano (Ruiz-Castillo o Germain, 1948). En la Revista de Psicología General y Aplicada, Julián Marías hizo un jugoso comentario crítico a la aparición de esta nueva edición de las obras freudianas, el cual contiene una clara referencia al artículo de 1911 de su maestro Ortega. De todo lo que expresa, extractamos lo siguiente: “No se puede dar aquí al adjetivo «problemático» un valor meramente negativo. Si es cierto que las reservas que hay que hacer frente a su interpretación de muchos de los hechos aducidos por él son incontables, no es menos verdad que el torso general de la doctrina psicoanalítica significa un egregio descubrimiento, de los mayores que se han realizado en los dominios de la vida psíquica durante los últimos decenios. Y el valor metódico del psicoanálisis, unido a su eficacia terapéutica, da plena actualidad a la posición freudiana, cuyas posibilidades no están, ni mucho menos, exhaustas. El auge extremado del psicoanlálisis en estos últimos años, sobre todo en Norteamérica, la enorme bibliografía que ha suscitado, su creciente Inclusión entre los recursos de la terapéutica psiquiátrica, son buena prueba de ello.” (Marías, 1948, 559-560). En el año 1968, Biblioteca Nueva edita un tercer volumen encuadernado en piel, atribuyéndose el profesor Rey Ardid (1968) la traducción de los trabajos en él contenidos, según consta en la presentación del mismo, pero que de hecho constituía un plagio de la traducción que Ludovico Rosenthal había llevado a cabo en Argentina (Vezzetti, 1991), a la que luego nos referiremos. Años más tarde, las obras completas freudianas ven la luz en dos presentaciones: entre 1972 y 1975, en rústica y en nueve tomos, en 1973 en piel y en tres tomos. Reaparece entonces el prólogo de Ortega de 1922, junto al de Ruiz-Castillo (o Germain), así como una presentación de Rof Carballo (1972), sin que haya rastros de lo que Rey Ardid había escrito en 1968. Estas ediciones se han reimpreso en varias ocasiones desde la anterior aparición, habiendo supuesto la columna vertebral económica de Biblioteca Nueva. Respecto a publicaciones en español fuera de nuestro país, la Editorial Americana se responsabiliza en Argentina de la distribución de las obras completas de Freud, que aparecen por primera vez en 1943: los 17 tomos de Biblioteca Nueva y dos tomos más, con Ludovico Rosenthal como traductor (que antes hemos referido en el plagio de Rey Ardid), quedando sin finalizar el proyecto total, que era de 22 tomos (Etcheverry, 1978). En 1952, se completa la tarea, siendo, el editor Santiago Rueda, colaborando también Rosenthal, buen conocedor de la lengua germana y con experiencia personal en el psicoanálisis, ya que se había analizado en Viena con Hartmann (Bruno, 1982). Antes de ello, la Revista de Psicoanálisis había publicado varios artículos breves y cartas inéditas de Freud y la prestigiosa editorial Losada, inmediatamente después de salir en inglés, en 1939, Moisés y la religión monoteísta, en versión del penalista español Luis Jiménez de Asúa, que se había establecido en Buenos Aires, tras huir del régimen franquista (Vezzetti, 1991). Entre 1978 y 1982, Amorrortu pone en circulación, con Etcheverry como traductor directo del alemán, y con el beneplácito de Anna Freud (García Hoz, 1985), las obras completas de Freud en 24 tomos, que siguen fielmente la Standard Edition de Strachey, conteniendo los comentarios y notas de éste. Esta versión de la obra freudiana es la más correcta, aunque aún no se ha asumido en nuestro país como fuera de desear. En cuanto a la presencia de otras publicaciones de Freud en nuestra lengua, Alianza, Nueva Visión y Alhambra ponen en circulación a partir de 1967 obras sueltas, en ediciones de bolsillo. Con anterioridad, en 1963, Biblioteca Nueva había editado el Epistolario (reeditado por Plaza y Janés en 1970 y por Orbis en 1988), en 1966 Fondo de Cultura Económica se responsabiliza de la Correspondencia Sigmund Freud-Oskar Pfister (19061933) y en 1968 Siglo XXI publica la Correspondencia Sigmund Freud-Andreas Salomé. En 1973, Letra Viva pone en circulación un trabajo firmado por Freud y Bullitt titulado El presidente Thomas Woodrow Wilson. Un estudio psicológico. En 1977, Anagrama asume la Correspondencia Freud-Groddeck, mientras que la Correspondencia Sigmund Freud-Carl G. Jung es editada en 1978 por Taurus. En 1979, Gedisa pone en el mercado la Correspondencia Freud-Weiss y diez años después Ariel se hace cargo de la traducción de Sinopsis de la neurosis de transferencia, una obra de Freud encontrada casi por azar. A mitad de la década de los ochenta, Gedisa edita la Correspondencia Sigmund Freud-Karl Abraham y la
167 A. Sánchez-Barranco Ruiz, P. Sánchez-Barranco Vallejo y F. Balbuena Rivera Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 165-174. Correspondencia Freud-Zweig, y en 1992 Cartas de juventud. Finalmente, en 1994, Amorrortu distribuye Cartas a Wilhelm Fließ, que desvela interesantísimas informaciones tanto de los orígenes del psicoanálisis como de la vida de Freud. Ortega y sus ideas sobre el psicoanálisis Las primeras opiniones críticas sobre el psicoanálisis en nuestra lengua se deben a José Ortega y Gasset (18831955), que aparecieron en el artículo antes reseñado bajo el título La psicoanálisis, ciencia problemática (Ortega, 1911). En él, tras llevar a cabo una serie de consideraciones para diferenciar la ciencia del mito, Ortega opta por incluir al psicoanálisis en esta última categoría, definiendo el mito de la siguiente forma: (…) contenido mental indiferenciado que aspira a ejercer la función de Concepto o explicación teórica de un problema, pero que no se ha libertado suficientemente del empirismo sensitivo ni de la tonalidad afectiva y sentimental de todo lo que en nosotros es espontáneo.” (Ortega, 1911, 217). Para llegar a la idea de que el psicoanálisis es un mito, Ortega se apoya básicamente en el estudio de las Cinco conferencias sobre psicoanálisis que Freud impartió en 1909 en la Clark University, así como en su Psicopatología de la vida cotidiana (1901 en dos artículos de revista y en 1904 en forma de libro), extractando algunos trozos de una y otra obra, en función de lo cual va llegando a una serie de conclusiones como que la esencia terapéutica del psicoanálisis está en una catarsis semejante a la de la confesión religiosa, junto a la posibilidad de realizar el deseo en conflicto (si es éticamente aceptable), o ayudar a una sublimación del mismo por medio de oportunas sugestiones, o bien, si nada de ello es factible, facilitando una nueva y definitiva represión. Si lo anterior ya indica que Ortega no había terminado de aprehender la esencia de la terapéutica del psicoanálisis, la cuestión aún se torna más decepcionante cuando nos acercamos a sus reflexiones respecto a cómo entiende que el psicoanálisis no es explicativo ni por tanto científico. El argumento que Ortega esgrime es que los hallazgos de Freud no dan realmente cuenta de las causas que sostienen los diversos hechos psíquicos que aborda, dado que no hay una conexión necesaria o exacta entre los fenómenos observables y los que la investigación psicoanalítica evidencia, razonamiento típicamente positivista-causalista que repugna a la epistemología del psicoanálisis. Para objetar tal posicionamiento, y empleando un estilo lingüístico orteguiano, podríamos decir que no es la razón fisicalista la adecuada para dar cuenta de las propuestas freudianas, sino la razón hermenéutica, buscando no causas, sino significados a la luz de la dinámica inconsciente. Que esto se enmarque o no dentro de los saberes científicos es otra cuestión, desde luego discutible. Pero Ortega, por entonces, estaba apegado a un modelo de ciencia natural (al que, es verdad, también Freud aspiraba), y al entender que el psicoanálisis no era sino una forma de psicofisiología, su manera de razonar tenía una cierta lógica (Sánchez-Barranco, 1995). En otros trabajos, como el contenido del prólogo de la primera edición de las obras completas de Freud, al que antes hemos hecho referencia, Ortega (1922) había escrito: “La empresa me parece sobremanera acertada y contribuirá enérgicamente a atraer la atención de un público amplio sobre los asuntos psicológicos. Han sido, en efecto, las ideas de Freud la creación más original y sugestiva que en los últimos veinte años ha cruzado el horizonte de la psiquiatría.” (Ortega, 1922, 301). Algo más adelante, añade: “De tal propósito [la cura del trastorno mental] surgió para Freud la necesidad de elaborar todo un sistema psicológico, construir con observaciones auténticas y arriesgadas hipótesis. No hay duda de que algunas de estas invenciones –como la ‘represión’– quedarán aflincadas en la ciencia. Otras parecen un poco excesivas y, sobre todo, un bastante caprichosas. Pero todas son de sin par agudeza y originalidad. Lo más problemático en la obra de Freud es, a la vez, lo más provechoso. Me refiero a la atención central que dedica a los fenómenos de la sexualidad.” (Ortega, 1922,302). Como puede inferirse, Ortega no terminaba de fijar cuál era su auténtica actitud ante el psicoanálisis, aunque se deja claramente entrever que no le agradaba el papel que se le concedía a la sexualidad. Sea como fuere, mostró la suficiente honestidad como para promover el conocimiento de Freud en nuestro país, que, si consideramos el éxito de venta que se obtuvo con la traducción de las obras completas (15.000 ejemplares hasta 1936), debió ver cumplidos los deseos orteguianos. Pero veamos otras opiniones de Ortega en relación con el psicoanálisis. Así, en sus Ensayos filosóficos. Biología y pedagogía, que redactó en 1920, afirma: “El genial psiquiatra Freud descubre la génesis de muchas enfermedades mentales y de ciertas formas de histerismo en la explosión anómala que hace dentro del hombre adulto su niñez maltratada. Fue acaso una escena violenta presenciada en los primeros años, una cruda negativa de los padres a satisfacer Un enérgico deseo del niño; el choque afectivo experimentado entonces forma a modo de un quiste o tumor psíquico que acompaña al alma en su crecimiento, deformándola hasta el día en que explota como una carga de espiritual dinamita. ¡Cuántas veces, al mirar los ojos de un hombre maduro, vemos deslizarse por el fondo de ellos su niñez inicial, que se arrastra, todavía doliente, con un plomo en el ala!” (Ortega, 1920, 300).
168 A. Sánchez-Barranco Ruiz, P. Sánchez-Barranco Vallejo y F. Balbuena Rivera Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 165-174. Consciente Ortega, quizas tras una lectura de repaso o influido por algún comentario ajeno, de que estaba considerando las primitivas teorías traumáticas de Breuer y Freud, añade al anterior párrafo la siguiente nota a pie de página: “Esta es la idea inicial de Freud, que considero digna de no ser abandonada. Luego tomó su teoría un sesgo extravagante, concretando el origen de la psicosis en perturbaciones sexuales de la primera edad.” (Ortega, 1920, 300). Pero tampoco con esta apostilla terminó de percatarse Ortega de lo que, en 1920, era el psicoanálisis: una doctrina que había dejado completamente de lado la teoría traumática inespecífica y la teoría de la seducción, en favor de la teoría del conflicto inconsciente del deseo prohibido (Sánchez-Barranco, 1995). Para dar fin a los acercamientos orteguianos al psicoanálisis, podemos referir otro de sus típicos posicionamientos al respecto, en el que, a nuestro entender, se ve aún con mayor claridad que no llegó a captar la esencia del mismo. Para ello recuperemos un contenido de Vitalidad, alma, espíritu (Ortega, 1924), donde trata de esclarecer un malentendido de una crónica sobre una de sus conferencias, pues teme ser inscrito en la hueste freudiana: “Creo que en el sistema de Freud hay algunas ideas útiles y claras; pero su conjunto me es poco afín. Para no hablar de cuestiones particulares, indicaré sólo que la psicología de Freud tiende a hacer la vida psíquica un proceso mecánico, bien que de un mecanismo mental y no físico. Ahora bien: yo creo superada en principio por la ciencia actual esa pretensión mecanicista y me parece más fecunda una teoría psicológica que no atomiza la conciencia explicándola como un mero resultado de asociaciones y disociaciones entre elementos sueltos. Vamos, en psicología, como en biología general, a intentar un ensayo opuesto: partir del todo psíquico para explicar sus partes. No son las sensaciones –los átomos psíquicos– quienes puede aclarar la estructura de la persolla, sino viceversa: cada sensación es una especificación del Todo psíquico. Mi distancia de Freud es, pues, radical y previa a la cuestión ya más concreta de la importancia que pueda tener la sexualidad en la arquitectura mental. Casi podría decir que soy muy anti-freudiano, a no ser por dos razones: la primera, porque ello me situaria entre gentes de mala catadura; la segunda y decisiva, que en esta época donde todo el mundo es ‘anti’, yo aspiro a ‘ser’ y a no ‘antiser’.” (Ortega, 1924, 452-453). Si uno se detiene, aunque sea someramente, en la argumentación que utiliza Ortega para desmarcarse de la doctrina freudiana, nos da la impresión de que está atacando, desde la perspectiva gestáltica, una especie de psicología wundtiana, en su versión titcheneriana. ¿Qué tiene que ver el psicoanálisis con las sensaciones o con el asociacionismo? Creemos, en fin, que nuestro admirado Ortega no terminó de captar la genuina esencia del psicoanálisis, aunque supuso el puntal básico para que empezase a conocerse entre nosotros. Los pioneros del psicoanálisis en España Aparte de la labor de Ortega desde el bastión filosófico, desde el campo médico hay que recordar que en 1909 el psiquiatra Miguel Gayarre (1866-1936) publica un artículo titulado La génesis sexual del histerismo y de las neurosis en general, en el que el autor muestra una actitud de claro rechazo a las teorías freudianas. En 1914, el psiquiatra madrileño Enrique Fernández Sanz (1872-1950) escribe El psicoanálisis, artículo que reedita como capítulo en un libro que ve la luz el mismo año, Histerismo. Teoría y clínica. En 1923 redacta el trabajo Técnica de la psicoanálisis como instrumento terapéutico, además de otros interesantes artículos en 1920, 1921, 1922, 1923, 1924 y 1925, a lo largo de cuyas publicaciones Fernández Sanz muestra un conocimiento profundo y actualizado del psicoanálisis, criticando lo que denomina su exclusivismo sexual (Carpintero & Mestre, 1987). Otras dos figuras que tuvieron un papel pionero fueron Gonzalo Rodríguez Lafora (1886-1971) y José Miguel Sacristán (1887-1957), que redactaron varios artículos de contenido psicoanalítico en la década de los veinte: Lafora escribió Estudios psicoanalíticos sobre las obsesiones (1922), La teoría y los métodos del psicoanálisis (1923) y La interpretación de los sueños (1924), entre otros; en cuanto a Sacristán, fue responsable de El psicoanálisis como método de exploración del inconsciente (1923), La teoría psicoanalítica de Freud (1923), Freud ante sus contradictores (1925) y Técnica del psicoanálisis infantil (1929). José Sanchís Banús (1890-1932), otro psiquiatra de la época, publica en 1924 La cuestión del psicoanálisis, un ensayo en tono favorable a las ideas freudianas y César Juarros (1879-1924) en 1928 pone en forma de libro las seis conferencias que dictó en la Academia de Jurisprudencia de Madrid, bajo el título de Los horizontes de la psicoanálisis. También merece unas líneas el psiquiatra José María Villaverde (1888-1936), que fue asesinado al comienzo de nuestra Guerra Civil. Sus reflexiones sobre el psicoanálisis, que aparecieron en 1924 en El Siglo Médico, adoptaron un fuerte tinte crítico, calificándolo de mera palabrería (Carpintero & Mestre, 1987). Hay que resaltar en todo caso que el primer genuino psicoanalista español fue Ángel Garma (1904-1993), un vasco que se licenció en medicina en la Universidad de Madrid y que era huésped de la famosa Residencia de Estudiantes. Gracias a una beca de la Junta de Ampliación de Estudios se trasladó a Alemania en 1927, donde siguió
169 A. Sánchez-Barranco Ruiz, P. Sánchez-Barranco Vallejo y F. Balbuena Rivera Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 165-174. el magisterio del profesor Caupp en Tubinga, desplazándose después a Berlín para formarse con el profesor Bonhoeffer. Por entonces inicia su aprendizaje psicoanalítico en el Instituto de Berlín, analizándose con Theodor Reik por indicación de Eitingon, el director del Instituto, siendo Otto Fenichel su supervisor (Muñoz, 1990). El 13 de octubre de 1931 fue aceptado como miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, tras presentar el 6 de octubre el trabajo titulado La realidad y el ello en la esquizofrenia (que se publicó en 1931 en los Archivos de Neurobiología), regresando a Madrid en noviembre ele ese año, después de asistir a la VI Conferencia de Psicoanalistas de Lengua Francesa, donde conoció a Jacques Lacan. Garma empezó a dar a conocer temas en torno a la teoría y la formación psicoanalítica, además de insistir en las posibilidades terapéuticas del psicoanálisis, todo ello a través de una serie de artículos acogidos por los Archivos de Neurobiología: La interpretación psicoanalítica de un gesto de Santa Teresa (1930a), Cómo se estudia el psicoanálisis (1930b), el anteriormente citado La realidad y el ello en la esquizofrenia (1931 a), La transferencia afectiva en el psicoanálisis (1931b), Consideraciones psicoanalíticas sobre la vida sexual (1932a), Notas sobre psicoterapia en los psicópatas esquizoides (1932d), Crimen y castigo (1934), Paranoia y homosexualidad (1935) y El psicoanálisis, la neurosis y la sociedad (1935). En la Revista de Pedagogía publica La higiene mental en la infancia (1932b) y Los sueños de angustia en la infancia (1933b). Y en Anales de Medicina interna, encontramos Mecanismo de la curación en el psicoanálisis (1932c). También dictó varias conferencias sobre temas psicoanalíticos, un ejemplo de las cuales fue la que pronunció en enero de 1932 en el Instituto de Patología Médica del Hospital Provincial de Madrid, con el título Consideraciones generales sobre el inconsciente en psiquiatría (Bermejo, 1994; Frutos, 1994b), que editó como libro en 1933 en E. Teodoro. Pero nuestra guerra civil rompió una situación que podría haber sido bastante distinta de la que terminó siendo, dado que la entrada de la cultura europea fue de alguna forma vetada y muchas de nuestras grandes cabezas tuvieron que exilarse. Así ocurrió con Garma que, tras dos años en Francia, se estableció en Buenos Aires el 24 de junio de 1938, logrando consolidar en Argentina, junto a figuras como Celes Cárcamo, Arnaldo Rascovsky, Enrique Pichón-Riviere y otros, el 15 de diciembre de 1942, la Asociación Psicoanalítica Argentina, que presidió el propio Garma, grupo que fue reconocido por la API en 1949 (Zalbidea, Cantón & Carpintero, 1991). En 1943, la Asociación Psicoanalítica Argentina comienza a editar la Revista de Psicoanálisis, bajo la dirección de Rascovsky, la cual supuso la primera publicación periódica sobre psicoanálisis en habla castellana. En Argentina, Garma promovió y presidió en 1956 el Primer Congreso Latinoamericano de Buenos Aires, que daría lugar en 1960 a la creación de la Coordinadora de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina (COPA), que sería sustituida en 1980 por la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL) (Zalbidea, Cantón y Carpintero, 1991). Otra figura a destacar entre los pioneros es la de Emilio Mira y López (1896-1964), el primer catedrático de psiquiatría de nuestro país. En el campo psicoanalítico publicó varias interesantes obras, como el artículo Un cas sencill del psicanalisis (1921) y en la editorial Arnáu de Vilanova dos monografías en las que por primera vez se presentaban a los médicos españoles, en forma condensada, la doctrina y las aplicaciones freudianas, junguianas y adlerianas, bajo el título Teoría y práctica del psicoanálisis (1928). Más tarde, tras su exilio en 1939, siguió desarrollando su labor de dar a conocer el psicoanálisis en diversos países sudamericanos, como Cuba, Argentina, Uruguay y Brasil, tanto por medio de conferencias como a través de variadas publicaciones, entre las que destacamos Cuatro gigantes del alma (1947) y Doctrinas psicoanalíticas (1963) (García, Fuentes & Carpintero, 1993). Mira (1963) nos dice que su principal misión es la de procurar una integración del enorme saldo positivo del psicoanálisis dentro del más amplio marco de la psicología científica. Otro nombre que también ha de reseñarse es el del psiquiatra Miguel Prados Such, que como tantos otros tuvo que exilarse durante nuestra guerra civil, fundando en Canadá, en colaboración con otros colegas, la Sociedad Psicoanalítica Canadiense. Prados regresó a finales de los años sesenta a Madrid, donde ejerció como psicoanalista. En los años veinte y treinta, el psicoanálisis también interesó en nuestro país a pedagogos y juristas. Entre los primeros tenemos al sevillano Domingo Barnés (1879-1943), que en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza redactó el trabajo El psicoanálisis y la educación (1925). José Peinado y Juan Jaén, por su parte, publicaron en 1932 Psicología pedagógica: lo subconsciente y la educación. En cuanto a los juristas, hemos de citar a César Camargo (1880-1965) y Luis Jiménez de Asúa (1889-1970): el primero es autor de El psicoanálisis en la doctrina y en la práctica judicial (1930) y el segundo de Valor de la psicología profunda (psicoanálisis y psicología individual) en ciencias penales (1935) (Carpintero & Mestre, 1987). Tras el impasse provocado por nuestra contienda civil, el psicoanálisis parece revivir en España gracias a la labor de los psiquiatras Jerónimo Molina Núñez y Ramón del Portillo en Madrid y José Ramón Otaola en Barcelona, que fueron los continuadores de Garma (Frutos, 1994a). Portillo acude a Berlín en 1949 y empieza a analizarse con Margarette Steimback, regresando a Madrid a finales de los años cincuenta. Bajo sus auspicios, Steimback se desplaza a España en 1951, dado que conocía bien nuestra
170 A. Sánchez-Barranco Ruiz, P. Sánchez-Barranco Vallejo y F. Balbuena Rivera Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 165-174. lengua, para intentar formar a los que estuviesen interesados en el psicoanálisis (Muñoz, 1990). Margarette Steimback (1894-1953) había estado previamente en Madrid como profesora en el Colegio Alemán, desde 1921 a 1924, años en los que dio clases de este idioma a dos hijas de Gregorio Marañón. En 1926 regresa a Alemania y empieza a estudiar psicología en la universidad de Berlín, donde tiene como profesores a Köhler y Lewin, formándose al mismo tiempo en psicoanálisis. En nuestro país, Steimback empezó a analizar a Juan Rof Carballo, Jesusa Pertejo, Julia Corominas, Ramón del Portillo y María Teresa Ruiz, los cuales constituyeron una interesante agrupación psicoanalítica. Tras la muerte de Margarette en oscuras circunstancias el 9 de abril de 1954, los miembros del grupo seguirán diferentes caminos para continuar su formación analítica (Muñoz, 1990), contactando unos con el Instituto Psicoanalítico de París, otros con la Sociedad Suiza de Psicoanálisis, algunos marchando a Estados Unidos, otros dirigiéndose a Buenos Aires y la mayoría de los catalanes a Londres, donde se verán muy influidos por la escuela kleiniana. Ya con anterioridad, Julia Corominas había estado en Londres, durante los años 1947 y 1948, gracias a una beca del Consejo Británico. Allí conoció al doctor Teruel, médico latinoamericano que la puso en contacto con la clínica Tavistock, donde recibió enseñanzas de Bowlby, Bick y otros psicoanalistas ingleses. A su regreso se unió a Bofill y a Tizón, que iniciaron a partir de 1950 su formación en la escuela francesa coliderada por Nacht, Bouvet y otros (Pérez-Sánchez, 1984). Folch marchará después a Suiza y Bofill, tras una etapa en París, conectará también con Suiza, iniciando ambos sus respectivos análisis didácticos, mientras que Julia Corominas seguirá en París, junto a Carolina Zamora. Las personas referidas, así como muchas otras, tuvieron que vencer muchos inconvenientes que derivaban de la ideología del régimen político que imperaba en España. Al respecto, González Duro (1978) ha mantenido que el psicoanálisis estuvo poco menos que proscrito en la dictadura franquista, lo que, como afirma Bermejo (1993) exige matizaciones, pues si bien los profesores Antonio Vallejo-Nágera y Juan José López lbor adoptaron una actitud de claro rechazo, Ramón Sarró en Cataluña no fue tan radical enemigo del psicoanálisis, mostrando una evidente ambivalencia, pues a la par que se declaraba «antifreudiano», abría su cátedra al movimiento psicoanalítico y mantenía relaciones cordiales con Lacan, con el que se carteó (Lafuente, 1992). Otra figura ambivalente fue la de Gregorio Marañón, amigo de Ortega y colaborador de los Archivos de Neurobiología. Y un personaje altamente negativo para el asentamiento del psicoanálisis en la universidad fue José Luis Pinillos, aunque hay que concederle el mérito de haber contribuido, junto a Germain, Yela, Secadas, Siguán, Úbeda y otros, a elevar el estatuto científico de la psicología en nuestro país. Juan José López Ibor, fue sin duda el psiquiatra del régimen franquista, teniendo una enorme influencia en las instituciones académicas. Desde su atalaya planteó un ataque frontal al freudismo, aunque paradójicamente apoyó la aprobación oficial de la primera asociación psicoanalítica. Como parte de sus ataques, López-Ibor editó sucesivas versiones de un texto que apareció por vez primera en 1936, Vida y muerte del psicoanálisis (en 1951 el título fue La agonía del psicoanálisis y 1975 el de Freud y sus dioses ocultos), en donde una y otra vez trataba de dar los últimos sacramentos a Freud y a sus aportaciones. Ramón Sarró, que llegaría a ser catedrático de psiquiatría en Barcelona, marchó a Viena en 1925 y estuvo allí tres años, intentando analizarse con Freud, que lo remitió a Helene Deutsch. Ésta trabajó con Sarró a lo largo de año y medio, interrumpiéndose el análisis sin resultados positivos. Sarró llegó a asistir a algunas reuniones en casa de Freud, llegando a ser miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. De vuelta a Barcelona, tras una etapa en que al parecer practicó el psicoanálisis (Vaca, 1951), terminó alejándose del mismo, llegando Ferenczi a disgustarse con él cuando pasó por la ciudad catalana por tal actitud. Gregorio Marañón (1887-1960), aunque se sintió igualmente atraído por el psicoanálisis, por sus prejuicios religiosos y su conservadurismo moral, no pudo asumirlo, apostando por Carl G. Jung, dado el alejamiento de éste de la sexualidad y su interés por las tipologías. José Luis Pinillos se comprometería con un proyecto eysenckiano, haciendo todo lo que estaba en sus manos para eliminar el psicoanálisis de la universidad española y, de publicaciones como la Revista de Psicología General y Aplicada, que antes de 1958 estaba abierta a colaboraciones psicoanalíticas (Bermejo, 1993). Al respecto, en una entrevista publicada en Papeles del Psicólogo (Carpintero, 1987), mantiene Pinillos que se esforzó durante treinta años en instalar una psicología científica que sustituyera la psicología filosófica y el denostado psicoanálisis, aunque posteriormente se puso un poco en guardia contra los cientifistas. Este viraje, quizás oportunista, le ha llevado a presentar últimamente discursos favorables al freudismo, como hizo en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en un curso celebrado en el verano de 1989 en Santander en torno a la recepción de la obra de Freud en el cincuentenario de su fallecimiento, bajo la dirección del profesor Antonio Caparrós. Hay que señalar igualmente que, si bien ello ha de conectarse con el régimen franquista, algunos miembros de la Iglesia Católica adoptaron un papel muy activo contra la instauración y el desarrollo de las ideas freudianas en España (algunos miembros del Opus Dei calificaban a Freud de «genio satánico»), o bien las falsificaron para asimilarlas a sus conveniencias ideológicas, promocionando bajo el epígrafe de psicoanálisis la doctrina adleriana. En todo caso, siempre se dejaba notar una postura con
171 A. Sánchez-Barranco Ruiz, P. Sánchez-Barranco Vallejo y F. Balbuena Rivera Una contribución a la historia del psicoanálisis en España Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 165-174. ciertos aires tolerantes: al respecto es significativo el libro del agustino César Vaca, Psicoanálisis y dirección espiritual, cuya primera edición fue en 1951, reeditándose al menos en cuatro ocasiones, donde, tras dedicar numerosas páginas a una descripción exhaustiva de la doctrina psicoanalítica, en el último capítulo (4a edición, corregida), que lleva por título Psicoanálisis y catolicismo, aparte de otras reflexiones, se dice, como respuesta a la cuestión de la posible compatibilidad entre el psicoanálisis y el catolicismo, lo siguiente: “En toda la obra de Freud está ausente el concepto de alma, y por todas partes tropezamos con su negación… Para Freud, la religión es una ilusión y una neurosis, la vida social un conjunto de dificultades para la satisfacción de los instintos; los valores culturales y del espíritu son un mero disfraz de la libido. Y no se diga que hay algunos textos que puedan ser interpretados en sentido benigno…” (Vaca, 1967, 369-370). Las instituciones psicoanalíticas españolas Una de las primeras agrupaciones de fuerte tinte psicoanalítico fue la Sociedad Erasmo, fundada en 1947 por los catalanes Rafael Abella, Pere Bofill, Joan Obiols, Enric Grañén, Juan Ramón Otaola y Pere Folch, entre otros (Bofill & Tizón, 1994). Hubo de esperarse hasta 1954 para que, en un clima aparentemente adverso, el Ministerio de Gobernación reconociera sorprendentemente la Asociación Psicoanalítica Española, que el 26 de marzo de 1956 llegará a ser la Sociedad Luso-Española de Psicoanálisis, con sede en Barcelona, que es reconocida por la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) en 1959 en el Congreso Internacional de Copenhague, aunque desde 1957 el portugués Alvim y los catalanes Bofill y Foll funcionaban como grupo de estudios reconocido, desplazándose el profesor Diatkine cada dos semanas desde París a Barcelona para celebrar una serie de seminarios. Los miembros fundadores de esta Sociedad fueron Pere Bofill (presidente), Julia Corominas (vicepresidenta), Pere Folch (secretario) y los portugueses Francisco Alvim y Pedro Luzes, Ramón del Portillo, José Rallo, Jesusa Pertejo, Mª Teresa Ruiz, Carolina Zamora y las esposas de Bofill y Folch como vocales. La Sociedad Luso-Española se disuelve en 1966, dividiéndose en dos asociaciones, la española y la portuguesa (Moulines, 1972; Chemouni, 1990). En 1967 la sección española pasa a denominarse Sociedad Española de Psicoanálisis, con sede en Barcelona (Bofill & Tizón, 1994), adquiriendo los portugueses en 1981, en el Congreso de Helsinki, la categoría de sociedad oficial (Chemouni, 1990). En 1970, tras la visita de Lacan a España, el psicoanálisis empieza a impregnarse de las ideas de éste, especialmente en Cataluña, donde, en 1971, se crea el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona, que fue la primera institución española específicamente dedicada a la formación y enseñanza de psicoanalistas (Bofill & Tizón, 1994). En 1971, los miembros de Madrid comienzan las gestiones para que se reconozca una entidad similar en su ciudad, fundándose la Asociación Psicoanalítica de Madrid en 1973, que fue reconocida en 1974 por el Ministerio de Gobernación. A partir de 1979 es aceptada como componente provisional de la API y en 1981 con todos los derechos (Bermejo, 1994). Por entonces se decide que el XXXIII Congreso Psicoanalítico Internacional se celebre en Madrid en 1983, lo que aconteció en el mes de julio, presidido por Pere Bofill y bajo los auspicios de las dos asociaciones psicoanalíticas españolas (Bofill & Tizón, 1994). A finales de los años setenta se establecen en nuestro país una serie de psicoanalistas sudamericanos, especialmente argentinos, la mayor parte de los cuales vienen como exilados por razones políticas, entre los cuales podemos destacar a Grinberg y Spilka, que, además de ejercer privadamente, inician la formación de algunos otros españoles. A pesar de tales desarrollos, desde entonces hasta nuestros días el psicoanálisis viene debatiéndose entre el ser y no ser en la Universidad, que nunca ha tenido una buena acogida para este saber, mostrando sólo pequeños signos de vida a través del esfuerzo de algunos docentes, que tratan de transmitir aquello que del psicoanálisis puede sacarse de la consulta, que no es poco, si bien no lo es todo. Un grupo de estos docentes (Alejandro Ávila, Blanca Moreno Miljana, José Gutiérrez Terrazas, Pedro Chacón, Joaquim Poch y Antonio Sánchez-Barranco), iniciaron en la Universidad de Málaga, el 26 de enero de 1991, una serie de Jornadas que giraban en torno a la problemática del psicoanálisis en la universidad. Tales reuniones han continuado anualmente (Salamanca, Gerona, Ávila y Cáceres), tratando de plantear las alternativas que permitan la instauración del saber psicoanalítico en el ambiente académico, lo que está teniendo distinta suerte en unos y otros lugares. Referencias Barnés, D. 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