Un viaje por el siglo XX a través de Ana Moreno : reportaje periodístico de base histórica
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UN VIAJE POR EL SIGLO XX A TRAVÉS DE ANA MORENO Reportaje Periodístico de base histórica Trabajo de Fin de Grado Autora: Ana María Rodríguez Lobato Alumna de: Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual Tutorizado por: María José García Orta Para: Grado en Periodismo Curso 2017/2018 Facultad de Comunicación, Universidad de Sevilla
1 ÍNDICE I. MEMORIA EXPLICATIVA 1. INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………………………………..5 1.1. Justificación y delimitación del tema 1.2. Objetivos e hipótesis 2. METODOLOGÍA…………………………………………………………………………………………………………6 2.1. Fuentes documentales 2.2. Entrevistas en profundidad: Fuentes orales 2.3. Análisis de las fuentes entrevistadas 2.4. Dificultades y retos 3. CONTEXTO……………………………………………………………………………………………………………..20 3.1. La Segunda República, la Guerra Civil y el inicio de la posguerra 3.2. La sociedad de la posguerra 3.3. Los años 60 y el final del franquismo 3.4. El camino hacia la Democracia: hitos políticos hasta la actualidad 4. EL REPORTAJE COMO GÉNERO PERIODÍSTICO…………………………………………………………32 4.1. Tipología de reportajes. El reportaje de investigación de base histórica y el reportaje etnográfico 5. FUENTES DOCUMENTALES……………………………………………………………………………………..36 5.1. Libros y capítulos de libros 5.2. Artículos periodísticos y de revistas científicas 5.3. Webgrafía 6. ANEXOS………………………………………………………………………………………………………………….40 II. REPORTAJE
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3 I. MEMORIA EXPLICATIVA
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5 1. INTRODUCCIÓN 1.1. Justificación y delimitación del tema Es usual que los Trabajos de Fin de Grado (TFG) que tienen un reportaje como base, elijan un tema de actualidad para tratar y ser investigado. En este caso, hemos preferido reivindicar y hacer homenaje a una persona anónima que vivió los cambios más trascendentes del siglo XX: Ana Moreno Durán. Su vida fue un ascenso gradual desde lo más duro de la pobreza hasta alcanzar un nivel de vida digno, mientras su mente cambiaba con las épocas y los tiempos modernos que se avecinaban. Luchó por comida, por su casa, por dinero y por llevar a su familia adelante. Todo el que la conoció, la quiso y hablaba bien de ella. Ana Moreno Durán fue una persona extraordinaria, y es por eso que su historia debe ser conocida, no ya solo por sí misma como mujer modelo de un siglo cambiante y caótico, sino como la imagen de gente que, a través de la historia, a pesar de no tener una importancia política o relevancia pública, sí tiene una clara trascendencia social, como son las personas de a pie que vivieron su día a día en el pasado siglo influidos directamente por las decisiones que tomaba el poder. La elección de este personaje como eje central de la investigación viene motivada precisamente por su excepcionalidad: dentro de una sociedad que restringía el mundo de las mujeres y donde estas pertenecían íntegramente a su casa, en un rol pasivo de madre y esposa, Ana Moreno Durán trabajó en el campo para sobrevivir desde su más tierna infancia. Ahorró una gran cantidad de dinero gracias a su astucia; salvó a una sobrina suya de la muerte y a otro sobrino de ser enterrado en una fosa común; sufrió la pérdida de un hijo en el nacimiento; constituyó el pilar alrededor del cual se reunió, no sólo su familia, sino toda la vecindad, confiando en su bondad, su humildad, su inteligencia y su buen juicio. Esto se une al hecho de que no existe ninguna obra especializada que hable de la sociedad y la vida durante el siglo XX en los pueblos del Bajo Guadalquivir, concretamente en Los Palacios y Villafranca. El único exponente encontrado es Pueblo Lejano, de Joaquín Romero Murube (1954), que retrata en un tono lírico la vida en el pueblo durante la última mitad del siglo XIX. A través de entrevistas, documentos y archivos judiciales, se retrata aquí, con un reportaje en profundidad, la historia de esta mujer que creció y cambió a lo largo de todo el siglo XX, concretamente, desde 1933 a 2014. Se trata de un reportaje etnográfico que capta la vida y las tradiciones en una sociedad marcada por un profundo trauma. La historia de decenas de personas que vivieron el Franquismo en las marismas del Valle del Guadalquivir y que tenían la tierra como modo de vida. Se ha elegido el reportaje en profundidad porque es el género que ahonda más en los hechos y los datos, dando una explicación lógica y coherente y exponiendo los sucesos investigados, sus causas y sus consecuencias. En este caso, el reportaje es etnográfico, dado que plasma las vivencias y costumbres de una sociedad en un tiempo y un espacio concretos. A la hora de exponer los hechos se ha optado por la redacción del Nuevo Periodismo Norteamericano, ya que, a partir de la creación de escenas, de los diálogos de los personajes y de una mayor subjetividad a la hora de contar la historia, hace posible que el lector se identifique
6 de manera más clara con los protagonistas y se sumerge más en los hechos como si de una novela se tratara, a la vez que se centra en una investigación minuciosa. 1.2. Objetivos e hipótesis El principal objetivo del reportaje es conocer las costumbres y la vida diaria de las personas que coexistieron durante el siglo XX con la Guerra Civil, el Franquismo, la Transición y la Democracia en Los Palacios y Villafranca, a través de la historia de Ana Moreno Durán, trazando una historia desconocida de la vida de los vecinos de los pequeños pueblos de las marismas cercanas a Sevilla. Asimismo, con este TFG pretendemos también: - Profundizar en la historia de Los Palacios y Villafranca, a fin de realizar una visión social de la misma. - Realizar un perfil de Ana Moreno Durán a través de las personas que la conocieron, para mostrar la singularidad de esta mujer con mentalidad del siglo XXI. No se limitó a ser la ama de casa que el Movimiento pedía, sino que trabajó, maquinó e hizo todo lo posible por sacar a su familia adelante y ayudar a todos los que pudo. Como hipótesis, se plantea que la historia de Los Palacios y Villafranca no ha sido suficientemente estudiada, sobre todo en cuanto a los hechos sociales tales como el comportamiento de las personas o su vida diaria. Por otra parte, Ana Moreno Durán fue una persona adelantada a su tiempo y con un carácter extraordinario para la época, y que esto no será especialmente difícil de corroborar a través de la investigación periodística llevada a cabo. 2. METODOLOGÍA El método empleado para la consecución de los objetivos ha sido el método hipotéticodeductivo, según el cual se realizan una serie de conclusiones a partir de la hipótesis de partida. Para llegar a este fin, se ha seguido el proceso de investigación que propone Jorge Tula (2017): Definición del tema, formulación de la hipótesis, investigación propiamente dicha y redacción del informe, en nuestro caso, el reportaje. Veamos cómo se ha planteado cada fase: - Definición del tema: De partida, conocíamos algunos de los hechos de la vida de Ana Moreno Durán que nos hicieron plantearnos la elección de su vida como tema del reportaje, ya que llamaba la atención el que una mujer de clase tan humilde hubiera sido capaz de hacer tantas cosas extraordinarias. Tras hablar con algunos familiares, la elección de su vida como temática del reportaje fue decidida. - Formulación de la hipótesis: Tras la elección del tema, nos planteamos cuál iba a ser nuestro principal objetivo y cómo queríamos plasmar la vida de Ana Moreno a través de sus parientes aún vivos. Este perfil nos ayudaría a conocer la historia de una zona de Sevilla poco analizada. Asimismo, partíamos de la premisa que, al igual que Ana Moreno
7 Durán era una persona desconocida, pero con cualidades para pasar a la esfera pública, habría más personas que, como ella, tienen mucho que contar y no lo hacen. - Investigación propiamente dicha: En primer lugar, se hizo un estudio de las fuentes a las que se debía contactar, comenzando por la cuñada y mejor amiga de Ana Moreno Durán, Esperanza Rodríguez García. A pesar de que la siguiente en la lista era María Moreno Durán, única hermana viva de Ana Moreno Durán, debido a complicaciones con la edad no fue posible entrevistarla hasta más tarde, por lo que se les hizo entrevistas a otros conocidos de Ana. Una vez que María Moreno Durán pudo hablar, su testimonio se contrastó con la familia más cercana de Ana Moreno Durán: sus hijos, sus nietas mayores y, en última instancia, su marido. La obtención de estos testimonios orales se ha realizado a través de entrevistas de profundidad, las cuales se distinguen por constituir conversaciones entre iguales, en las que el periodista va guiando la interacción escuchando comprensivamente a su interlocutor (S.P.I.P. y K.L.A.R., 2003). Al mismo tiempo que se iban realizando las entrevistas se llevaba a cabo el proceso de documentación a través de la búsqueda de libros especializados sobre el tema, archivos judiciales y registros civiles de nacimientos, matrimonios y defunciones, contrastados con los datos históricos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y, finalmente, fotografías y cartas personales. - Redacción: Una vez recopilada la información necesaria se pasó a la redacción del reportaje, dividido por bloques que seguían una evolución temporal de modalidad narrativa de retrato (Parratt, 2003). En este caso, el reportaje se centra en los personajes para contar las vivencias que el lector nunca experimentó. 2.1. Fuentes documentales Para la consecución de los objetivos se ha recopilado documentación varia, ordenada y clasificada según diferentes autores. Según la periodista Montserrat Quesada (1987), las fuentes escritas pueden dividirse en tres grupos: - Archivos: conjunto de información o datos con nombre designado que se conserva registrado, ya sea en un edificio o a través de una web. - Textos de libre consulta: se encuentran disponibles para el público en general, a través de bibliotecas, quiscos, centros educativos, etc. - Documentación varia: Cualquier otro tipo de documento que no sea archivo ni texto de libre consulta. Por su parte, para José María Caminos Marcet (1997), además de las divisiones anteriores, hay que añadir un grupo más: el banco de datos. Montserrat Quesada (1987) los contempla dentro de “archivos”, si bien Marcet (1997) lo tiene en cuenta de forma independiente por precisar que es fundamental para el periodismo de precisión.
8 Es la clasificación de Caminos Marcet (1997) la que se ha utilizado en este TFG, si bien hemos dividido el grupo de archivos en tres subgrupos a fin de facilitar el encasillamiento de la documentación, además de ser fruto de diferentes técnicas de obtención: ─ Archivos periodísticos: noticias, artículos y otros textos conseguidos a través de la prensa física o digital. ─ Archivos históricos: encontrados en el Archivo Local y que hablan de la historia del municipio. ─ Archivos judiciales: proporcionados por el Registro Civil y pertenecientes a registros judiciales y notariales. El resto de la clasificación dada por Quesada (1987) y Caminos Marcet (1997), es decir, los textos de libre consulta, la documentación varia y el banco de datos, se utilizan con los mismos nombres y grupos que los mencionados en dichos manuales. Teniendo en cuenta dicha clasificación, pasamos a continuación a detallar cuáles son las fuentes documentales consultadas en este TFG. ─ Archivos periodísticos: encontrados a través de las diversas versiones digitales de los periódicos físicos. Los periódicos consultados han sido El País y El Mundo, a través de búsquedas con palabras clave sobre la información que se quería conseguir: Expo 92, atentados atocha, constitución… ─ Archivos judiciales: conseguidos a través del Registro Civil de Los Palacios y Villafranca, aportan las inscripciones de nacimiento, matrimonio y muerte relacionada con la familia de Ana Moreno Durán. Los documentos aportados son: - Acta de Nacimiento de José Moreno Begines, padre Ana Moreno Durán, fechado en el 8 de marzo de 1896 - Acta de Nacimiento de Ana Moreno Durán, fechada en el 16 de octubre de 1933 - Acta de Defunción de María Jiménez Calvo, abuela de Ana Moreno Durán, donde se registra su nacimiento el día 12 de diciembre de 1862, y su muerte el nueve de julio de 1942 - Acta de Defunción de José Moreno Begines, fechada en el 15 de agosto de 1942, por asistolia. - Inscripción del matrimonio de Manuel Rodríguez García y Ana Moreno Durán, donde se ve el nacimiento de Manuel Rodríguez García, fechado como 12 de marzo de 1934 - Acta de Defunción de Josefa Durán Jiménez, madre de Ana Moreno Durán, donde se ve su nacimiento el 15 d abril de 1896, y su muerte el 30 de agosto de 1969, a causa de arteriosclerosis. - Acta de Defunción de Ana Moreno Durán, fechada el 22 de octubre de 2014 ─ Archivos históricos: Datos recogidos en el Archivo Municipal de Los Palacios y Villafranca proporcionados por el archivero local, Julio Mayo, a través de correo electrónico, donde se recoge:
15 a. Características informativas y humanas de la fuente. Nació en 1966, hijo de Ana Moreno Durán y Manuel Rodríguez García. Aunque fue al colegio de niño, pasó su infancia y su adolescencia trabajando la tierra junto a su hermana mayor. Acabó sus estudios escolares mientras trabajaba con una nota media de Notable, a pesar de haber ido al colegio 4 de los 9 meses estipulados. Inteligente y tranquilo, siempre se dedicó al campo y a cuidar de su familia. Se casó en 1994 con Ana María Lobato Márquez y tuvo dos hijos: Ana María, en 1995 y Alejandro, en 1998. Según su sobrina y su hermana, era el hijo que estaba más apegado a Ana Moreno Durán. Actualmente trabaja como agricultor. b. Gradación temporal y estrategia de contacto. José Manuel Rodríguez Moreno fue la primera fuente entrevistada, en 2016, aunque sus aportaciones han sido constantes a lo largo de la investigación debido a su cercanía a la investigadora. Su contacto fue directo a través de su domicilio. c. Valoración de la credibilidad. Todos los datos proporcionados por José Manuel Rodríguez Moreno han sido corroborados por las diversas fuentes personales y documentales. Además, su inteligencia y su amplia memoria le permiten recordar fechas concretas, datos exactos y nombres de personas, además de líneas de parentesco. Su información se considera muy creíble. Entre sus aportaciones destaca la curación de su prima por parte de Ana Moreno Durán, el entierro de su primo por parte también de ella, la adquisición de la parcela de Lebrija y varias explicaciones necesarias para la correcta interpretación de los hechos. 2.3.3. Ana Rodríguez Moreno, hija mayor de Ana Moreno Durán: a. Características informativas y humanas de la fuente. Nació en 1961, hija de Ana Moreno Durán y Manuel Rodríguez García. Fue una niña inquieta y revoltosa. Su madre la quitó del colegio tras descubrir que se dedicaba más a los deportes que a estudiar, y la puso a trabajar en el campo. Su adolescencia estuvo marcada por las ansias de libertad por su parte y el qué dirán por parte de su familia, que la coartaba a la hora de salir y divertirse. Se casó a los 22 años con José García Moguer y tuvo dos hijas: Ana, en 1985, e Isabel María, en 1989. Actualmente, es ama de casa y se encarga, junto con su hermana Esperanza, de su padre. b. Gradación temporal y estrategia de contacto. Con Ana Rodríguez Moreno se contactó vía telefónica, quedando la entrevista fijada para el día 25 de mayo de 2018. Su hija, Ana García Rodríguez, también fue entrevistada por segunda vez ese día. Fue la penúltima persona entrevistada, antes de su padre, Manuel Rodríguez García. c. Valoración de la credibilidad. La información que nos proporcionó ha sido contrastada con el resto de familiares entrevistados. Al igual que su hermano y su padre, Ana Rodríguez Moreno siempre ha dado muestras de buena memoria en cuanto a sucesos y datos se refiere, siendo sincera cuando no podía contrastar alguna información previa por desconocimiento. Su información se considera muy creíble, centrándose sobre todo en la vida de la juventud durante los años setenta y ochenta en contraste con la moral que regía en la época. 2.3.4. Ana García Rodríguez, nieta mayor de Ana Moreno Durán:
16 a. Características informativas y humanas de la fuente. Nació en 1985, hija de Ana Rodríguez Moreno y José García. Fue la nieta que más relación tuvo siempre con Ana Moreno Durán, quien se convirtió en su confidente. De pequeña fue una niña terrible que pasaba casi tanto tiempo en casa de su abuela como en la suya propia. Igualmente inquieta como su madre, trabaja en la empresa Airgrup en el departamento de control de calidad y dedica su tiempo libre a viajar. b. Gradación y estrategia de contacto. Su contacto fue a través de la red social Whatsapp, quedando fijada la entrevista para el 20 de mayo de 2018. Insistió en estar presente durante la entrevista a su madre, Ana Rodríguez Moreno. c. Valoración de la credibilidad. Ana García Rodríguez fue, durante años, la confidente de Ana Moreno Durán, por lo que su información se considera valiosa y creíble. Se centró sobre todo en la imagen de Ana Moreno Durán como abuela, en sus primeros años de vida, en las enfermedades de su abuela y su personalidad. 2.3.5. Isabel María García Rodríguez, segunda nieta de Ana Moreno Durán: a. Características informativas y humanas de la fuente. Nació en 1989, hija de Ana Rodríguez Moreno y José García. Al igual que su hermana, Isabel María pasó su infancia tanto en su casa como en la de su abuela. Se casó en 2015 con Isidro Fernández Molina poco después de la muerte de Ana Moreno Durán, a pesar de lo cuidadoso de la fecha para que ella no faltara. Trabaja como esteticista y tiene un niño, Hugo, nacido en 2017. b. Gradación y estrategia de contacto. Isabel María García Rodríguez ha sido una fuente permanente a lo largo de toda la investigación, ayudando a contrastar las diferentes informaciones proporcionadas. Su primer contacto se realizó vía Whatsapp en octubre de 2017, realizándose la entrevista a principios de noviembre de ese mismo año. c. Valoración de la credibilidad. Al ser la segunda nieta de Ana Moreno Durán, estuvo muy apegada a ella durante toda su vida. Su información, corroborada a través de las distintas fuentes, se considera muy creíble. En cuanto a su contribución, esta ha sido la de contrastar las informaciones obtenidas, siendo crucial para dirimir el nacimiento de su madre y la pérdida del segundo hijo de Ana Moreno Durán. 2.3.6. María Moreno Durán, hermana mayor de Ana Moreno Durán: a. Características informativas y humanas de la fuente. Nació en 1926, hija de Josefa Durán y de José Moreno, y hermana mayor de Ana Moreno Durán. Siempre mantuvo una relación muy estrecha con sus hermanas, tanto Ana como con Concepción. Meticulosa y trabajadora, se casó con Antonio Amuedo y tuvo ocho hijos. Vive en Los Palacios con su hijo Antonio. b. Gradación y estrategia de contacto. El contacto se realizó a través de José Manuel Rodríguez Moreno, sobrino suyo, quien estuvo hablando con su hija, Dolores Amuedo Moreno. En un primer momento la entrevista estaba programada para octubre de 2017, pero tuvo que ser suspendida varias veces debido a una enfermedad que le ha llevado
17 en el último año a estar ingresada en el hospital por complicaciones respiratorias. Finalmente, fue entrevistada el 4 de marzo de 2018, junto a tres de sus hijos. d. Valoración de la credibilidad. Aunque algunas de sus informaciones se han corroborado a través de las distintas fuentes, muchas de ellas han sido contrastadas con resultados negativos, lo que le resta credibilidad a la fuente. Su explicación de los primeros años de vida de Ana Moreno Durán, la muerte de su padre y el tiempo de la posguerra ha sido vital para la investigación. 2.3.7. Dolores Amuedo Moreno, sobrina de Ana Moreno Durán a. Características informativas y humanas de la fuente. Segunda hija de María Moreno Durán y Antonio Amuedo, estaba muy apegada a su abuela Josefa, madre de su madre y de Ana Moreno Durán. Vivió en la casa de su abuela durante varios años y dejó de ir a la escuela para trabajar debido a la falta de recursos de una familia tan grande como la suya. Actualmente es ama de casa. b. Gradación y estrategia de contacto. Dolores Amuedo Moreno fue contactada a través de su primo José Manuel Rodríguez Moreno y entrevistada el mismo día que su madre, 4 de marzo de 2018. e. Valoración de la credibilidad. Al ser hija de María Moreno Durán, parte de la información proporcionada es la misma que dio su madre, en algunos casos incorrectas. Sin embargo, durante la entrevista, corrigió en varias ocasiones a su madre, por lo que su información se considera fiable. Su aportación se resume en la explicación de lo que hizo su tía, Ana Moreno Durán, cuando ella estuvo enferma, además de dar una luz a la personalidad de su abuela Josefa, madre de su madre. 2.3.8. María del Carmen Amuedo Moreno, sobrina de Ana Moreno Durán a. Características informativas y humanas de la fuente. Hija mayor de María Moreno Durán y Antonio Amuedo. Era la nieta que más apegada estaba a Josefa Durán, y la sobrina más cercana a Ana. Al igual que su hermana, se quitó del colegio para ir a trabajar. Sufrió tifus siendo pequeña, que se curó gracias a los cuidados de su tía Ana Moreno Durán. Actualmente es ama de casa. b. Gradación y estrategia de contacto. Al igual que su hermana, fue contactada a través de José Manuel Rodríguez Moreno y entrevistada el 4 de marzo de 2018 junto a su madre. f. Valoración de la credibilidad. Durante la entrevista, María del Carmen Amuedo Moreno trató temas que conocía por vivencia personal, y no por historias de su madre o su abuela, corrigiendo a María Moreno Durán y discutiendo con su hermana los hechos que no quedaban aclarados. Su información se considera creíble. Su contribución se centra en una explicación de su niñez como nieta de Ana Moreno Durán, y en la relación con su tía y con su abuela. 2.3.9. Antonio Amuedo Moreno, sobrino de Ana Moreno Durán
18 a. Características informativas y humanas de la fuente. Único hijo varón de María Moreno Durán. Al ser más pequeño, no tuvo tanto trato con su tía Ana y con su abuela Josefa. Sufrió tifus igual que su hermana y perdió el pelo debido a la enfermedad. Es agricultor. b. Gradación y estrategia de contacto. Fue contactado gracias a José Manuel Rodríguez Moreno y entrevistado el 4 de marzo junto a su madre y sus hermanas. c. Valoración de la credibilidad. La información aportada por Antonio Amuedo Moreno fue escasa, centrándose más en ayudar a su madre a recordar las historias que le había contado a él durante toda su vida, por lo que su credibilidad es baja, por ser poca la información aportada. 2.3.10 Esperanza Rodríguez García, cuñada de Ana Moreno Durán a. Características informativas y humanas de la fuente. Nació en 1928, hija de José Rodríguez y María García, y hermana de Manuel Rodríguez García. Desde que conoció a Ana Moreno Durán, se convirtió en su mejor amiga debido a su carácter afín. Estuvo con Ana en los momentos más importantes de su vida y nunca la dejó sola. Valiente y fuerte, se casó con Francisco Martín y tuvo tres hijos. Actualmente es viuda y se encuentra jubilada. b. Gradación y estrategia de contacto. Al igual que María Moreno Durán, fue contactada a través de su sobrino José Manuel Rodríguez Moreno. La entrevista se llevó a cabo en su domicilio el día 25 de enero de 2018. g. Valoración de la credibilidad. Todos los hechos narrados por Esperanza Rodríguez García han sido contrastados con las diversas fuentes. A pesar de contar noventa años, demostró durante la entrevista una gran memoria, explicando los acontecimientos con gran detalle y recordando diálogos. Su información se considera muy creíble. La vida de Ana Moreno Durán durante los años de noviazgo con Manuel Rodríguez García, su boda, el nacimiento de su hijo muerto, la muerte de su padre y de la madre de Ana o el nacimiento de su última hija son algunas de las aportaciones de Esperanza. 2.3.11. María Barba Troncoso, amiga de la infancia de Ana Moreno Durán a. Características informativas y humanas de la fuente. Conocida popularmente como “la Rubia Palito”, fue íntima amiga de Ana Moreno Durán. A pesar de ser pobre, siempre fue muy honrada, según reconoce ella misma. De niña se dedicaba a vender cisco de puerta en puerta junto con Ana, y a trabajar en lo que podía. Actualmente es viuda y se encuentra jubilada, siendo atendida por sus hijas. b. Gradación y estrategia de contacto. En esta ocasión, fue a través de Ana Rodríguez Moreno que se consiguió contactar con la fuente, ya que es amiga de la hija de ésta, Narcy. La entrevista se realizó el 9 de febrero de 2018 y fue una de las primeras fuentes en ser contactadas, con el fin de que esclareciera la infancia y la juventud de Ana Moreno Durán.
19 c. Valoración de la credibilidad. Hubo varios problemas a la hora de entrevistar a esta fuente, debido principalmente a su edad, ya que cuenta con 84 años. Del conjunto de la entrevista apenas se pudieron contrastar algunos hechos iniciales. Su información se considera escasa, pero fiable. 2.3.11 José Hidalgo, sobrino del alcalde fusilado de Los Palacios y Villafranca a. Características informativas y humanas de la fuente. Sobrino de Rafael Hidalgo, alcalde de Los Palacios y Villafranca durante la Guerra Civil. Tanto su tío como sus primos han muerto ya y es la persona con más relación con ellos que permanece viva. Tras quedarse huérfano, se dedicó a trabajar y a la especulación de solares y fincas hasta salir de la pobreza y lograr un buen nivel de vida. Trabajador y con inventiva, está casado con Guadalupe Maestre y tiene seis hijos. b. Gradación y estrategia de contacto. Al igual que con María Barba Troncoso, el contacto se realizó a través de Ana Rodríguez Moreno, amiga de la hija de Rafael Hidalgo, Ana María. La entrevista se realizó en febrero de 2018, junto a su esposa, Guadalupe Maestre. h. Valoración de la credibilidad. La información recibida por parte de esta fuente fue especialmente relevante para establecer un marco temporal y social de la época más allá de la vida de Ana Moreno Durán, explicando la situación de Los Palacios y Villafranca y la mentalidad de sus conciudadanos, además de contrastar algunas informaciones. Las ofrecidas por él fueron corroboradas por diversas fuentes, por lo que se considera una fuente fiable. 2.3.12. Guadalupe Maestre, esposa de José Hidalgo: a. Características informativas y humanas de la fuente. Esposa de José Hidalgo. A diferencia de Ana Moreno Durán, nunca tuvo que trabajar, sino que se encargaba de llevar la casa. Su abuela le enseñó a ser ama de casa y a eso se dedicó toda su vida. b. Gradación y estrategia de contacto. Fue contactada a través de su hija Ana María, amiga de Ana Rodríguez Moreno, y la entrevista se realizó el 15 febrero de 2018. i. Valoración de la credibilidad. A pesar de que no dio tanta información relevante como su esposo, los hechos que Guadalupe Maestre expuso han sido contrastados, sobre todo a partir de fuentes documentales, por lo que se considera una fuente fiable. El contenido aportado para la investigación se centra en la vida de la mujer en Los Palacios durante el siglo XX. 2.4. Dificultades y retos La edad es un factor determinante a la hora de rescatar recuerdos de la memoria, y en este caso, a veces es un problema. Si bien con algunos de los entrevistados, este hecho no ha sido ninguna lacra, en otros casos sí que ha impedido la correcta recopilación de la información. María Barba Troncoso tiene 84 años, y aunque su memoria funciona bien, como demostró con algunas de sus declaraciones, no así la forma de expresar lo que recuerda. Su atención se
20 desviaba a veces completamente, hablaba de personas que ella había conocido, pero que no eran relevantes o sus familiares más próximos no conocían, y repetía una y otra vez, cuando se le preguntaba acerca de Ana Moreno Durán: “¡Muy honrá!”, sin dar ninguna otra información relevante. Un caso similar puede ser el de María Moreno Durán, cuya entrevista fue muy significativa por la cantidad de información dada. No obstante, se ha confirmado que algunos de los datos aportados son falsos a través del contraste con otras fuentes, por lo que se supone un error debido a la edad, ya que cuenta con 91 años y, como hemos comentado anteriormente, ha estado ingresada en el hospital recientemente en varias ocasiones a causa de problemas respiratorios. En cuanto a las fuentes documentales, las de más difícil acceso han sido los archivos históricos del Archivo Local de Los Palacios y Villafranca, ya que esté sufrió un incendio en el verano de 2013, por lo que no está visitable debido a las labores de recuperación. El Archivero Local, no obstante, nos proporcionó su correo electrónico, aunque tuvimos que mandarle varios para lograr al fin una respuesta parcial y bastante escueta. Sin embargo, no pudo contestar a todas las cuestiones que se le habían planteado. Esto, sumado a la escasez de estudios sobre la historia de la localidad, ha constituido un problema mayor ante la poca información existente sobre el municipio. De igual forma y debido a la memoria histórica, en el Registro Civil no se han encontrado todos los documentos de nacimientos y defunciones que eran necesarios, debido a que muchos de los registros anteriores a la posguerra, simplemente, no se hacían, puesto que era la Iglesia la encargada de bautizar o celebrar misa por la defunción de las personas, sin intervención del juzgado civil. Asimismo, resulta especialmente difícil ser objetivo teniendo en cuenta la proximidad del tema y la implicación personal, aunque se ha conseguir al ceñirse única y exclusivamente a las informaciones que las fuentes han explicado, dejando a un lado los recuerdos personales o las valoraciones propias. El proceso de verificación, en este caso, se llevó a cabo a través del contacto con las diversas fuentes, contrastando los hechos referidos por ellas entre unos y otros y viendo si las diferentes versiones concordaban y se adecuaban entre sí. En cuanto a la validación documental, la poca información encontrada sobre el municipio y la vida en Los Palacios ha sido contrastada a través de los pocos libros existentes, de correos electrónicos con el Archivero Local y, una vez más, a partir de fuentes personales. No obstante, no se ha podido encontrar ninguna fuente experta que pueda aclarar los hechos acaecidos durante el siglo XX en Los Palacios, ya que el Archivero Local sólo nos atendió a través de correos electrónicos y realmente no hay nadie en el municipio que sea un experto en la historia local. 3. CONTEXTO 3.1. La Segunda República, la Guerra Civil y el inicio de la posguerra La Segunda República fue un periodo de luchas internas y tensiones políticas en toda España. En el gobierno, la Izquierda Republicana y la Confederación Española de Derechas
21 Autónomas (CEDA) estaban continuamente en disputa, con la izquierda y la derecha políticas visiblemente enfrentadas. No es de extrañar que estas tensiones se dieran también en Los Palacios y Villafranca, donde, según el historiador Antonio Cruzado (2006), el Ayuntamiento fue sancionado por las continuas riñas entre los concejales, hasta el punto de nombrar a un nuevo alcalde, Eduardo Gómez Baquero, que duraría del 12 de octubre de 1934 al 20 de febrero del siguiente año. A partir de aquí entra como alcalde Juan Hidalgo González, del Frente Popular (Cruzado González, 2006). De igual forma, las denuncias contra los cortijos colindantes al municipio no dejaban de llegar, por no cumplir las normas sobre el “labreo forzoso”, es decir, la obligación de cosechar. Es importante el caso de una vecina de Utrera a la que llamaban “La Simona”, Mercedes Vázquez Montado, quien cede su cortijo de Los Villares “con la condición de que mientras duran los trabajos de recolección no podrá este Ayuntamiento de ningún modo repartir en dichas tierras ningunos otros obreros más que aquellos a los que se ceda la explotación de los referidos sembrados” (Cruzado González, 2006, p. 221). El 17 de julio de 1936 se sublevaron las guarniciones militares de Melilla, Tetuán y Ceuta, pero el gobierno de la República, en un primer momento, no se preocupó. Paul Presto (1978) comenta en su libro La Guerra Civil Española que “al llegar a Madrid la noticia de la sublevación en Marruecos, Azaña preguntó a Casares Quiroga qué estaba haciendo Franco y recibió una respuesta que reflejaba una infundada sensación de seguridad: «Está bien guardado en Canarias»” (p. 401). La guerra se refleja en los datos del Movimiento Natural de la Población, donde se observa una parálisis del crecimiento vegetativo de la población, que comienza a disminuir hasta 1940, donde se recupera. De igual forma, también los matrimonios y nacimientos caen en más de 100.000 personas, mientras que las defunciones suben en igual medida (INE, 1957). A Los Palacios y Villafranca también llegó la guerra. El hambre azotó con fuerza y se hizo un intento de “Cocina Benéfica” 1 que sólo duró un año debido a la poca asistencia (Cruzado González, 2006). Al alcalde lo encarcelaron durante un mes antes de fusilarlo en la tapia del cementerio de Dos Hermanas, mientras que a su hermano, Rafael Hidalgo, encargado del cortijo de Los Villares, lo fusilaron de inmediato. Según Antonio Cruzado (2006), “las muertes superaron la treintena” (p. 224). Para el comienzo de la guerra civil, había aproximadamente 2.000 hogares con un total aproximado de 8000 habitantes de hecho (INE, 2012). El periodista sevillano Nicolás Salas (2009) va más allá, y en una tabla de datos recoge que en Los Palacios y Villafranca hubo un total de 26 presuntos fusilados y ninguna persona huida. Sin embargo, Antonio Cruzado (2006) insiste en que “comenzaron a ser encarcelados todos aquellos señalados dirigentes republicanos que no consiguieron huir, aunque la mayoría lo hicieron, permaneciendo escondidos como fugitivos en diversos refugios” (p. 223). Franco ganó la guerra en 1939 y creó un nuevo régimen con el que gobernar España bajo las bases de autoridad, unidad, patria y religión, aglutinados en el movimiento falangista (Prats, 2000b). Tras el final de la contienda, los partidos políticos fueron prohibidos y los sindicatos quedaron en manos de la Falange, como explica Arturo Pérez-Reverte (2015) en su obra La 1 Lugar donde se daba a comer gratuitamente a aquellos que no podían permitírselo.
22 guerra civil contada a los jóvenes. El general Queipo de Llanos quedó a cargo de Sevilla, y en el Bajo Guadalquivir comienza la construcción del Canal, comúnmente conocido como “Canal de los Presos”, ya que eran estos, recluidos en los campos de concentración de Los Merinales y La Corchuela (entre Dos Hermanas y Los Palacios), quienes lo construyeron. Muchos de ellos, tras acabar su estancia penitenciaria, se quedaron a vivir en los pueblos circundantes tales como Dos Hermanas, Bellavista o Los Palacios y Villafranca, ya que, según Salas (2009), los mismos presos guardan buenos recuerdos de las personas que ocuparon puestos de responsabilidad tanto en los campos de concentración como en la construcción del Canal. Nicolás Salas (2009), además, insiste en que “entre 1939 y 1962, los campos de concentración para presos de la guerra fueron realidades ocultas. Más de diez mil prisioneros construyeron el Canal del Bajo Guadalquivir, un proyecto ancestral, desde los campos de La Corchuela y los Merinales” (pp. 677-679). 3.2. La sociedad de la posguerra Tras finalizar la guerra, los matrimonios subieron más de 100.000 de 1939 a 1940, y bajarían de nuevo durante los siguientes años de posguerra hasta volver a recuperarse cerca de los años 50. Los nacimientos también subieron en igual medida, al contrario que las muertes, y el crecimiento vegetativo sufrió un impulso con más 150.000 personas. La esperanza de vida al nacer comienza a crecer, aunque las cifras de mortalidad infantil aún son muy altas, sobre todo en la primera mitad de la década de 1940, donde superan el 15% en el caso de los fallecidos menores de un año, y el 20% en el caso de los fallecidos menores de cinco (INE, 1957). Esta cifra se irá haciendo paulatinamente más pequeña a lo largo de los años cincuenta, pasando de los 35.867 niños muertos menores de un año en 1950 a la cifra de 27.375 en 1959. Esto no es extraño, teniendo en cuenta que en 1951 había apenas un total de 10 clínicas de lactantes y hospitales infantiles en toda España, 50 matronas y 100 médicos maternólogos (INE, 1952). Este dato cambia radicalmente en diez años, habiendo en 1962 un total de 5.004 enfermeros con título de Matrona. La cifra más alta de abortos durante esta época se registra en 1948, con un total de 21.159 entre los niños nacidos muertos, muertos al nacer y muertos antes del primer día. La posguerra y el hambre no sólo se vislumbra en los altos índices de mortalidad infantil, sino también en los censos agrarios de la época. En 1943 se recogieron víveres por valor de 22.191 millones de las antiguas pesetas en toda España, de lo que la mayoría eran cultivos arbóreos y cereales (INE, 1957). Sin embargo, la propaganda del Movimiento insistía en lo contrario. A pesar del aislamiento del país y de los problemas sociales, en los carteles se leían elogios al Caudillo y frases como “Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan. Franco” (Prats, 2000, p. 2.829). La responsabilidad por esta crítica situación en la posguerra no era atribuida al régimen, sino a la guerra precedente, al “injusto” aislamiento internacional (Naciones Unidas habían condenado el Régimen Franquista en 1946, dando lugar en España a una autarquía) y a la sequía, a la vez que se inducía la “exaltación patriótica” (Prats, 2000b, p. 2.842). En Sevilla, y a pesar de los esfuerzos por construir y enriquecer la ciudad con estaciones de autobuses o escuelas (caso del grupo escolar Queipo de Llano, conocido como “Colegio de
23 los moros” gracias a que se encontraba en lo que había sido el hospital de las tropas de África), se acentúa el chabolismo debido a la escasez de comida y recursos. “Las clases más humildes no disponían ni siquiera de una habitación en una casa de vecinos. Por ello tenían que construirse sus propias chabolas” (Pastor Torres, 2015, p. 101). Destaca el asentamiento del Vacie, que se conserva en la actualidad. De igual forma, y a pesar de las cartillas de racionamiento impuestas por el gobierno para paliar el hambre provocada por la guerra, en Sevilla era común el “estraperlo”, que “consistía en la venta de alimentos al margen del racionamiento oficial” (Pastor Torres, 2015, p. 103). Por otra parte, el Guadalquivir no daba tregua y las riadas fueron frecuentes durante toda la década de 1940, provocando que en 1944 se recuperara un antiguo proyecto para construir un canal de 3.500 metros desde la actual Cartuja hasta San Juan de Aznalfarache, dejando el canal principal del río bajo control. Las obras sufrieron un impulso tras la riada de 1948 y fueron terminadas un año después (Pastor Torres, 2015, p. 114). En 1945 se promulgó la Ley de Primera Enseñanza, donde se ve la unión entre el Estado y la Iglesia. “El Estado consagraba la religión católica como la propia y la única legítima, y delegaba en la Iglesia parte de las competencias en educación. A su vez, la Iglesia se comprometía en el apoyo incondicional al franquismo y a integrar el ideario político del Régimen en las enseñanzas religiosas” (Gassió, 2013, p. 22). El Régimen y la Iglesia eran parte inefable de la educación de los niños durante el Régimen Franquista. Al inicio y al final de las clases, “se subía y bajaba formalmente la bandera con los alumnos formados en el patio cantando el “Cara al Sol”” (Gassió, 2013, p. 24). No obstante, y a pesar de esta carga religiosa, para los niños la fe y la Iglesia resultaba indiferente y era obviada durante casi todo el tiempo. Un ejemplo de la unión entre la Iglesia y el Estado es el suceso que tuvo lugar en Los Palacios y Villafranca en 1952. El Cardenal Segura dispone el “entredicho personal” a la localidad por programar bailes para la Feria de ese año. El “entredicho personal” es un tipo de censura según la cual los fieles, aun estando dentro de la Iglesia, tienen prohibido recibir los sacramentos o asistir a misa (Cruzado González, 2006). Cuando la Ley de Educación fue promulgada, había en total 2.800.377 niños menores de once años escolarizados. Diez años después, esta cifra se había aumentado en un millón, de los cuales 132 606 pertenecían a la provincia de Sevilla (INE, 1957). En 1947 se produjo la primera de las dos llamadas a las urnas para aprobar la Ley de Sucesión que garantizaba la vuelta a la monarquía tras la muerte de Franco. Sin embargo, en dichos comicios “las condiciones establecidas carecían de las mínimas garantías democráticas” (Prats, 2000b, p. 2.845). Al fin y al cabo, seguía tratándose de una dictadura. A partir de 1951 se comenzó a dar un cambio en la política exterior del régimen que repercutiría en la sociedad. Tusell (1988) habla del “primer crédito de los Estados Unidos” y de la “aceptación en los organismos internacionales relacionados con la ONU” (p. 254). Al periodo que va desde 1951 hasta 1959, Tusell (1988) lo llama el “apogeo del Régimen” (p. 255), debido al reconocimiento internacional. En 1951 murió Queipo de Llano y fue enterrado el 10 de marzo en la basílica de la Macarena, mientras un terremoto sacudía Sevilla. Ese mismo año se inauguró el Sanatorio de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. En 1952 las cartillas de racionamiento dejaron de existir, y
24 tres años después vio la luz el Hospital García Morato (actual Hospital Virgen del Rocío), con unas precarias condiciones laborales. Aunque si hay un hecho que aún se recuerda y que despertó la alegría sevillana en la época fue la nevada del 2 de febrero de 1954, algo que no ha vuelto a ocurrir (Pastor Torres, 2015). A finales de la década, en 1958, tuvo lugar otro suceso impactante en la provincia de Sevilla: unos obreros encontraron en Camas 21 piezas de oro de 24 kilates. Se trataba del tesoro del Carambolo (Pastor Torres, 2015, p. 132). Jossuah Rapp Leaearn (2018) explica para National Geographic que las piezas encontradas datan de más de 3000 años, siendo el resultado de la mezcla entre fenicios y tartessos dada en Valencina de la Concepción (National Geographic, 2018). Es precisamente en la década de los cincuenta cuando el hambre y el horror de la posguerra comenzaban a quedar atrás. En 1955, el valor de las cosechas había aumentado a 68.243 millones de las antiguas pesetas, dando una imagen de recuperación. De estos 68.243, fueron 3.197 millones las recolectadas con los aprovechamientos agrícolas en la provincia de Sevilla, 1.325 de los cuales se recaudaron de cereales, y 500 de cultivos industriales, como el algodón (INE, 1957). En Los Palacios y Villafranca, pueblo eminentemente agrícola, el aumento de los cultivos también supuso el final de la hambruna. En 1956, el hambre sufrida durante la posguerra dejó paso a más de 6 millones de kilos de arroz. La marisma comenzaba a dar sus frutos y la miseria comenzaba a olvidarse (Cruzado González, 2006). En cuanto a la vida diaria de la población civil, las mujeres perdieron el poder que habían conseguido durante la Segunda República. Pérez-Reverte (2015) explica que “la imagen de la mujer activa, independiente y dueña de su propia vida se planteó como algo negativo, y fue sustituida por un modelo de mujer sumisa, esposa y madre, hogareña y religiosa” (pp. 82-83). El matrimonio, el servicio al marido, la educación de los hijos y la limpieza eran las máximas del “almanaque de la madre de familia para 1955” (Gassió, 2013, p. 58), donde se mostraban las virtudes que habían de tener las amas de casa. 3.3. Los años 60 y el final del franquismo A partir de 1959 se da un giro en la política exterior e interior de España que permite que el país se abra al mundo. (…) con todas las limitaciones de tratarse de un crecimiento infraccionario y desequilibrado, a partir de 1948-50 tuvo lugar un proceso por el que España pasó de ser un país agrícola a uno semi industrializado (…). De ahí, por supuesto, que sea precisamente El desarrollo un título apropiado para la etapa posterior a 1959 (Tusell, 1988, p. 257). Según Javier Tusell (1988), el factor decisivo para ver el desarrollo en esta etapa es el crecimiento poblacional en un 8,7%. Mientras que en Sevilla nacen 29.265 niños vivos en 1961, cuatro años después la cifra es de 31.663 recién nacidos. El número de fallecidos en la provincia en 1961 asciende a 10.022, frente a los 10.351 de 1965 (INE, 1962). Por lo tanto, el crecimiento es evidente.
31 (1983) y la de aborto voluntario (1987), además del cambio de nombre de los delitos contra la honestidad, que pasan a ser “delitos contra la libertad sexual”, son un aliciente más para la libertad de la mujer. “Ha desaparecido de la escena española la legislación discriminatoria para la mujer” (Prats, 2000a, p. 3.163), aunque la teoría sigue alejada de la realidad, y más en las primeras décadas de la transición y la democracia, a causa, “de hondas raíces históricas y culturales” (Prats, 2000a, p. 3.163). La educación también cambia con los distintos gobiernos que llegan al poder. Primero en 1985 con la LODE (Ley Orgánica de Derecho a la Educación), y luego con la LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema Educativo). Esta última, de 1990, convirtió la educación en obligatoria hasta los 16 años y reformó el sistema de estudios de la formación profesional. Tras la reforma educativa de 1997, la EGB (Enseñanza General Básica) desaparecía y dejaba paso a la ESO (Educación Secundaria Obligatoria). El cambio de educación primaria a educación secundaria se haría entonces con 12 años, y no con 14, como venía siendo hasta entonces. En 2006 el Congreso aprobó la Ley Orgánica de Educación (LOE), donde la asignatura de Religión ya no era obligatoria ni evaluable y se imponía una única prueba de acceso a la Universidad desde Bachillerato. En 2013 entra en vigor la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa), cuyo cambio más significativo se refiere a las pruebas de acceso, cambiando la forma de realizarlas a un nuevo modelo más mecánico de respuesta tipo test. La educación superior también sufrió cambios con la Ley de Reforma Universitaria (LRU) de 1983, donde los departamentos pasaban a ser el núcleo de la enseñanza y la autonomía económica se potenciaba. En 2010 llega el Plan Bolonia, donde las universidades españolas se integraban en el plan europeo, homogeneizando todos los estudios profesionales de Europa y cambiando el sistema de créditos y normalizando las horas lectivas necesarias, donde se potenciaba el trabajo del alumno además de la asistencia a clase. En este entorno, estudiantes universitarios de toda España se movilizaron en contra, argumentando que la reforma estaba hecha para los intereses de las empresas. Otro de los aspectos clave que influye en el modelo de sociedad es la reforma agraria, uno de los principales sectores económicos del siglo XX. Tras la entrada de España en la Comunidad Europea (CE), muchos se preguntaban por una reforma agraria para integrar la agricultura española en Europa. Desde la década de los sesenta se venían haciendo cambios en el modo de producción agrícola, perfeccionándolo y haciéndolo más efectivo. “En los años noventa las viejas prácticas apenas afectaban a un 1 por 100 de la actividad del sector” (Prats, 2000a, p. 3.134). Introduciendo nuevos productos y llevando a cabo medidas para contrarrestar los riesgos climatológicos, la agricultura española podía considerarse competitiva dentro de la CE. En el Censo Agrario de 1982, se observa una reducción del número de explotaciones agrícolas, pasando de 3.006.690 en 1962 a 2.284.944 en 1989. A pesar de esta caída de las explotaciones agrícolas, teniendo en cuenta que la extensión de tierra es la misma, el tamaño de cada explotación aumentó. En 1991 había 2.264.166 explotaciones en España, de las cuales 423.645 estaban en Andalucía, y 36.566 en Sevilla, lo que suponía un 8,6% del total nacional. La superficie total utilizada en Sevilla ascendía a 1.085.525 hectáreas, las mismas que en 1962 (INE,1982). Durante el gobierno de UCD fueron promulgadas varias leyes en busca de un mayor aprovechamiento de los campos y en evitar el envejecimiento de la población agraria debido al
32 éxodo de jóvenes a las ciudades. Entre 1976 y 1982 se hicieron grandes inversiones a favor de la agricultura de regadío debido al clima árido de España. En la década de los noventa, las tres cuartas partes del agua embalsamada se dedicaba al regadío (Prats, 2000a). No obstante, la entrada en una Comunidad Europea ya superpoblada de productos agrarios y que estaba teniendo problemas para controlar supuso un aumento del paro agrícola. En 1991, la PAC (Política Agraria Comunitaria) desligó la financiación agrícola de la producción, en un intento por equilibrarla. Dos años después, esta medida fue llevada hasta la producción de cereales, uno de los principales pilares históricos de la agricultura española, a los que, además, bajaron los precios. El malestar en el campo español culminó en 1993 con una “marcha verde” sobre Madrid, una manifestación convocada por diferentes sindicatos a la que acudieron más de 14.000 agricultores. Con la llegada de la OMC (Organización Mundial del Comercio) en 1994 y las ayudas directas a partir de las reformas de 1999, se consiguió paliar parcialmente esta situación. Actualmente, el valor de las producciones agrarias está en un ligero aumento. En 2015 había aumentado un 18% respecto a la media de los anteriores cinco años (Gobierno de España, 2016). 4. EL REPORTAJE COMO GÉNERO PERIODÍSTICO Para la narración de esta historia se ha elegido el género del reportaje, ya que permite una mayor profundidad de indagación y una exposición de los hechos más amplia y libre. Dentro del reportaje, el nuevo periodismo y el reportaje etnográfico son los utilizados para llevar a cabo esta investigación. Según Sonia F. Parratt (2003), el reportaje es un género “de extensión variable en el que se suele ahondar, e incluso explicar y analizar, en hechos actuales, pero no necesariamente noticiosos, cuyo autor goza de una mayor libertad estructural y expresiva, y que generalmente se publica firmado y acompañado de fotografías e infografías” (p. 35). Para Eduardo Ulibarri (1994): (…) el reportaje engloba y cobija a las demás formas periodísticas. Tiene algo de noticia cuando produce revelaciones de crónica cuando emprende el relato de un fenómeno; de entrevista cuando transcribe con amplitud opiniones de las fuentes o fragmentos de los diálogos con ellas. Se hermana con el análisis en sus afanes de interpretar hechos, y coquetea con el editorial, el artículo y la crítica cuando el autor sucumbe a la tentación de dar sus juicios sobre aquello que cuenta o explica (p. 23). Por su parte, Begoña Echevarría Llombart (1998) arguye que “el reportaje es el texto periodístico fruto de una investigación profunda mediante la cual el periodista describe, explica, informa, relata, compara e interpreta” (p. 23). Teniendo en cuenta a estos autores, podemos deducir que el reportaje es un género periodístico que aglutina la información, el análisis, la crítica, la explicación y la interpretación de hechos actuales, aunque no necesariamente noticiosos a través de una narrativa más libre, convirtiéndose en uno de los géneros más completos del periodismo escrito.
33 Para profundizar más en el reportaje como género periodístico, Sonia F. Parrat (2003) establece una serie de características definitorias, tomando como referencia otros autores como José Javier Muñoz (1994): - El reportaje no tiene una extensión fija, sino que es variable, llegando incluso a convertirse en libros. - No tiene por qué seguir el esquema de la pirámide invertida, sino que su estructura es libre y puede ser tan compleja como el periodista lo necesite. - Su lenguaje es sencillo y adaptado al público. - Admite antecedentes, explicaciones, anécdotas, diálogos y descripciones de ambientes. - La puesta en página es mucho más elaborada que tan sólo un título y el cuerpo de texto, llegando a tener imágenes, gráficos, etc. - Su contenido no tiene por qué ser de actualidad reciente, sino que pueden tratarse de temas de actualidad permanente. - Hay una gran profundidad a la hora de tratar los acontecimientos e investigar los hechos. - Puede hacer uso de la primera persona, ya que analiza circunstancias específicas o grandes tendencias. - Puede usar adjetivos. - Es frecuente el uso de un estilo literario que de un texto más bello y elaborado que el de la propia información. - El periodista puede expresas sus ideas y valoraciones, haciendo el reportaje menos objetivo. El reportaje se ha posicionado en los últimos años como el factor diferenciador del periodismo. Según María José García Orta (2007), la competencia informativa entre los distintos medios permite que el reportaje se convierta en “el un elemento que caracteriza al periódico en cuestión” (p. 4). 4.1. Tipología de reportajes. El reportaje de investigación de base histórica y el reportaje etnográfico Rafael Yanes Mesa (2006) distingue cuatro tipos distintos de reportaje: - El reportaje objetivo: construido con datos e informes oficiales y usualmente acompañado de infografías que expliquen estos datos. - El reportaje retrospectivo: explica hechos del pasado que, por algún motivo, son noticia actual. Suelen estar relacionados con personas que son noticia por algún hecho importante. - El reportaje de profundización: explican causas o descubren nuevos hechos que dan una versión nueva sobre aspectos concretos de las noticias de actualidad. Caminos
34 Marcet (1997) prefiere utilizar el término reportaje de profundidad, aquél en el que “el periodista, a través de distintos ángulos, analiza en profundidad situaciones que considera de interés social y que habitualmente no son abordadas por el periodismo diario” (p. 115). - El reportaje de investigación: Según este autor, es el más importante, ya que pretende descubrir aspectos ocultos a la opinión pública que no son noticias de actualidad. Dentro de esta última modalidad, Javier Chicote (2006) distingue entre periodismo de investigación literario y periodismo de investigación de base histórica. Al primero lo caracteriza por “el estilo con el que se escriben estos reportajes, similar al de la novela, no permite la estructura informativa de la pirámide invertida, sino que los hallazgos del periodista, las novedades, se van deslizando a lo largo de la obra” (Chicote, 2006, p. 58). Este estilo es propio del Nuevo Periodismo norteamericano de la década de los sesenta. Uno de sus creadores, Tom Wolfe (1973), señala que los inicios de esta nueva forma de hacer periodismo fue una auténtica sorpresa para la profesión: Al comenzar los años sesenta, un nuevo y curioso concepto, lo bastante vivo como para inflamar los egos, había empezado a invadir los diminutos confines de la esfera profesional del reportaje. Este descubrimiento, modesto al principio, humilde, de hecho respetuoso, podríamos decir, consistiría en hacer posible un periodismo que… se leyera igual que una novela (Wolfe, 1973, p. 18). En un principio, según Wolfe (1973), esa nueva visión del reportaje no llegó a gustar en los ámbitos profesionales, aunque luego “destronara a la novela como máximo exponente literario” (p. 18). Pronto, a los detractores periodistas se unieron los detractores literarios. “Hacia 1966, el Nuevo Periodismo había cobrado ya su tributo literario y al contado: esto es, amargura, envidia y resentimiento” (Wolfe, 1973, p. 39). Si algo se puede extraer de las conclusiones de Tom Wolfe es que el Nuevo Periodismo pretende narrar los hechos noticiosos como si se tratase de un escrito literario. “Cuando se pasa del reportaje de periódico a esta nueva forma de periodismo, como yo y muchos otros hicimos, se descubre que la unidad fundamental de trabajo no es ya el dato, la pieza de información, sino la escena” (Wolfe, 1973, p. 76). De esta forma, la descripción del momento se convierte en más importante que los hechos en sí, ya que en la literatura es algo de importancia capital. Otra de las características que le atribuye Tom Wolfe es la subjetividad: Muchos reporteros que practican el Nuevo Periodismo empelan el marco autobiográfico - «Yo estaba allí y así es como influyó en mí»- precisamente porque esto parece resolver tantos problemas técnicos. El Nuevo Periodismo se ha definido muchas veces como un “periodismo subjetivo” por esta precisa razón (Wolfe, 1973, p. 65). Esto convierte al Nuevo Periodismo en una reacción a la objetividad que imperaba anteriormente en el periodismo norteamericano, como explica Xosé López García (2012): “la corriente surgió como una reacción a la rigidez, a las limitaciones lingüísticas y estilísticas, al encorsetamiento formal del propio objetivismo” (p. 74). Este autor va más allá y acusa que “era en la libertad expresiva radical, virtualmente capaz de incorporar o mezclar múltiples recursos estilísticos acuñados por la tradición literario ay periodística, donde residía la esencia de la escritura de los new journalists” (López García, 2012, p. 75). Entre sus características, López
35 (2012) destaca “la construcción escena por escena, el registro del diálogo, el retrato global del comportamiento del personaje, el punto de vista en tercera persona, la utilización de interjecciones y onomatopeyas, el caso como ejemplo y la extrapolación general, y la implicación y el subjetivismo del autor” (pp. 75-76). Teniendo en cuenta lo expuesto hasta el momento, vamos a tener en cuenta para la redacción de nuestro reportaje las siguientes características del Nuevo Periodismo: - La utilización de recursos literarios y retóricos en la creación del relato. - La escenografía y la descripción tienen más importancia que el hecho noticioso en sí. - Subjetivismo imperante, por lo que es tácito el uso de la primera persona. - Se pueden usar onomatopeyas e interjecciones en la construcción del texto, así como diálogos. - La descripción de los personajes cuenta con una importancia capital. - Se usan ejemplos para describir las ideas y los hechos. Regresando a la clasificación de Javier Chicote, este autor establecía un segundo tipo de reportaje, el de investigación de base histórica. Para Chicote (2006), “está íntimamente ligado al periodismo de investigación clásico, pero con la particularidad de que aborda hechos pasados, más o menos lejanos en el tiempo, y que pueden tener o no una relación directa con la actualidad” (p. 49). De esta forma, dentro del periodismo de investigación, podría haber tantos subgrupos como tipos de reportaje pudieran hacerse, siendo uno de ellos el periodismo de investigación de base histórica. Sin embargo, no hay que confundir este tipo de reportaje con un tratado sobre historia. El periodismo de base histórica debe tener, aunque lo haga de manera lejana, un anclaje con la actualidad, debido principalmente a su definición de periodismo. Chicote (2006) distingue el trabajo del periodista del trabajo del historiador precisamente en este punto: Este último utiliza una mayor amplitud temporal, aborda hechos más lejanos en el tiempo y su principal instrumento de trabajo son los archivos y documentos. Mientras, el periodista se ocupa de temas más recientes, lo que le permite el uso de la entrevista como arma para descubrir el pasado, además de, por supuesto, las fuentes documentales (p. 50). Otra tipología de reportaje que está estrechamente ligada a nuestro TFG es la del reportaje etnográfico, entendido como el reportaje que usa la investigación etnográfica como núcleo. La etnografía es “un método de investigación por el que se aprende el modo de vida de una unidad social concreta” (Psyma, 2015, , p. XXX). Francisco Javier Murillo y Cynthia Martínez- Garrido (2010), sostienen que “la etnografía es el único método que permite entender el sentido que da forma y contenido a los procesos sociales y es, por tanto, un método central y el único legítimo para la investigación social” (p. 2). Por su parte, Elisenda Ardèvol (1997) habla de la etnografía como una “técnica antropológica de construcción de datos para la descripción de la forma de vida de un grupo humano” (p. 221). Podemos concluir, por tanto, que el reportaje etnográfico es aquel que explica la forma de vida de una sociedad en un tiempo y un lugar determinado, a partir de la recolección de datos por parte del periodista.
36 5. FUENTES DOCUMENTALES 5.1. Libros y capítulos de Libros Abad Balboa, C. (1993). La agricultura española en el último tercio del siglo XX: principales pautas evolutivas, Madrid: Gobierno de España. Recuperado de http://www.mapama.gob.es/ministerio/pags/biblioteca/fondo/pdf/13385_5.pdf Andrade Rubio, K.L., Izcara Palacios, S.P. (2003). La entrevista en profundidad: teoría y práctica, Tamaulipas, México: Uat. Caminos Marcet, J.M. (1997). Periodismo de investigación. Teoría y práctica. Madrid: Síntesis. Chicote, J. (2006). El periodismo de investigación en España. Madrid: Fragua Cruzado González, A. (1975). Evolución Histórica de Los Palacios y Villafranca, Tomo II. Los Palacios y Villafranca: Ayuntamiento de Los Palacios y Vfca. Echevarría Llombart, B. (1998). Las W’s del reportaje. Valencia: Fundación Universitaria San Pablo C.E.U. Gassió, X. (2013). Los niños de Franco. Barcelona: Lunwerg Editores. López Estrada, R.E., Deslauriers, J.P. (2011). La entrevista cualitativa como técnica para la investigación en Trabajo Social. México: Margen. López García, J. (2012) Movimientos periodísticos. Las múltiples iniciativas profesionales y ciudadanas para salvar los elementos básicos del periodismo en la era digital. Salamanca: Comunicación Social Merlino, A. (2009). Investigación cualitativa en ciencias sociales. Buenos Aires: Cengage Learning Murillo, F.J., Martinez-Garrido, C. (2010). Investigación Etnográfica. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid. Parrat, S. (2003) Introducción al reportaje. Antecedentes, actualidad y perspectivas. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela. Pastor Torres, A., Robles, F., Roldán, M.J., (2013). Sevilla siglo XX. Sevilla: Abec Editores. Pérez Reverte, A (2015). La Guerra Civil contada a los Jóvenes. Madrid: Alfaguara. Prats, J.M. (2000a). Historia de España: Democracia y Europeísmo. Barcelona: Instituto Gallach. Prats, J.M. (2000b) Historia de España: Segunda República y Franquismo. Barcelona: Instituto Gallach. Preston, P. (1978). La Guerra Civil Española, Madrid, España: Debate Quesada, M. (1987). La investigación periodística: el caso español, Barcelona, España: Ariel Robles, B (2011) La entrevista en profundidad: una técnica útil dentro del campo antropofísico. México: Cuicuilco. Rodríguez, P. (1994). Periodismo de investigación: técnicas y estrategias. Barcelona: Paidós. Salas, N. (2009). La Guerra Civil en Sevilla. Madrid: Guadalturia Editores.
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que le daba vértigo, la esperaba en el suelo con los cestos junto a ella. Una nueva vida Si la boda de Manuel y Ana se celebró en octubre en la Parroquia Santa María la Blanca, los dichos se tomaron dos meses antes. La fiesta de los dichos tenía lugar justo después de que el sacerdote citara a los novios para atestiguar su promesa de que se casarían en breve. Se tomaban “los dichos” al prometerse formalmente frente al sacerdote. Era entonces cuando se celebraba una gran fiesta con el fin de recaudar dinero para la compra de muebles, ropa o para finalizar la casa donde viviría la futura pareja. Meses después, cuando se llevara a cabo la boda, no se celebraría la unión: ya se había celebrado antes. Tras acudir a la iglesia, la celebración de la toma de dichos –ineludible para recolectar el dinero necesario para los muebles y la casafue en el patio de Pepa la Taladra, que era más grande que el del Platero. Como Manuel estaba trabajando de jornalero, cargando vagones de la remolacha, avisó al encargado de que no iba a poder ir al día siguiente: -Manuel, mañana no voy a venir, porque esta noche me voy a tomar de dicho. Mande usted a uno en mi sitio a cargar los vagones. La fiesta de los dichos fue bastante concurrida. Uno de los asistentes, hijo único del carbonero, llegó a la fiesta con unos botos de media caña, y acabó enfrascado en una pelea precisamente por esos mismos botos, ya que generaron envidia y discusiones con otro de los asistentes. Cuando Manuel se dio cuenta, gritó: -¿Pero este qué plan es? –y la trifulca se detuvo sin llegar a más. En los dichos recogieron 8000 pesetas. Cuando Manuel volvió a su trabajo, dos días después, el hijo del encargado de las cuadrillas de remolacha había enviado a su yerno a cargar los vagones, así que Manuel, muy a su pesar porque había perdido la sombra de la que disfrutaba trabajando mientras cargaba los vagones, y tuvo que ir a sacar remolachas a mitad del campo raso con los demás. Si la toma de dichos se había celebrado por la noche, la boda lo hizo de madrugada. A las ocho de la mañana del 26 de octubre de 1959, Ana y Manuel contrajeron matrimonio. Esperanza, entre otros, había acudido a la ceremonia tras dejar a una muchacha cuidando a su hijo de tres meses. Luego se celebró un desayuno en la casa de Pepa la Taladra, y Esperanza nunca olvidaría a su nuera entrando en la casa, tan alta, tan derecha y tan guapa, orgullosa y feliz tras casarse con el amor de su vida, con el que llevaba trece años de noviazgo, mucho más altiva y satisfecha que si se hubiera convertido en una dama de la nobleza. Por aquel entonces, y para afianzar la creación de familias y el nacimiento de los hijos, algo que había caído en picado debido a la guerra civil y a la pobreza de la posguerra, el gobierno entregaba 3000 pesetas a todos los recién casados para que pudiesen empezar una nueva vida con algo más que lo puesto. Tras almorzar, y después de que su hermano la enseñara a escribir su nombre para poder firmar y recoger el dinero, se montaron en el autobús y fueron de viaje de novios a Sevilla, donde se quedaron en un hotel frente al Parque María Luisa. Allí, les entregaron 3000 pesetas que Ana metía cada noche en el colchón del hotel, para tenerlas escondidas y seguras. Al cabo de tres días, dijo: -Niño, nosotros ya tenemos el dinero. Vámonos para el pueblo. A lo que Manuel respondió: -Venga, vámonos, que aquí no hacemos nada. Poco después de casarse, Ana descubrió que estaba embarazada. Fue un momento de inmensa alegría para la pareja, que esperó con ilusión los nueve meses hasta el nacimiento del niño. El cuerpo de Ana se deformaba con el tiempo; su vientre se hacía cada vez más prominente, tanto que pensaron que quizás podrían nacer mellizos o gemelos. Cuando los nueve meses llegaron y pasaron, tuvieron claro que algo no iba bien. Veinte días después de la fecha en la que 4 Ani, la primera hija del matrimonio, a los tres meses.
el niño debía nacer, Ana se encaminó con su hermana María y su cuñada Encarna al nuevo hospital que habían abierto en Sevilla: el hospital García Morato. Al reconocerla, la matrona decidió que había que inducir el parto de forma inmediata. Pero no había acabado todo. No eran dos niños los que Ana llevaba en su vientre, sino uno solo, aunque tan grande que no podía nacer. La joven madre sudaba, empujaba y sangraba, atendida por las dos mujeres que la habían acompañado y la matrona. Cuando el bebé nació al fin, un miedo sordo se alojó en el pecho de Ana: estaba muerto. La matrona sacudió al bebé -una niña -, lo zarandeó, le dio varios cachetes en el culo y en la espalda, pero la pequeña no reaccionaba. Finalmente, la metieron en una palangana con agua fría. De repente, la niña abrió los ojos y chilló. Estaba viva. Había pesado seis kilos. Ana no sabía entonces que todos sus hijos nacerían igual de grandes. La medicina existente no permitía saberlo en aquella época, pero la joven tenía diabetes, lo que provocaba que sus bebés crecieran de forma anómala en su vientre hasta alcanzar proporciones tan enormes para personitas tan pequeñas. La niña fue bautizada como Ana, igual que su madre, algo que sentaría un precedente para generaciones futuras. Sin embargo, durante toda su vida, sería conocida como Ani. El campamento de los Merinales La casa que Pepa la Taladra tenía en el pueblo contaba con varias habitaciones, una de las cuales le sirvió a Ana y Manuel como hogar durante los primeros meses de su vida en común. Al cabo de estos les ofrecieron una casita en el campamento de Dos Hermanas, en las tierras labrantías que había cerca del campo de concentración. Se trataba del campamento de los Merinales, donde ellos estarían encargados de vigilar, cosechar y cuidar las tierras de alrededor, junto a otras familias a las que ofrecieron hogares similares en la misma zona. Ana y Manuel nunca habían vivido tan bien en una casa tan bonita. La casa era cuadrada, con un jardín delantero y las baldosas rojas. La cocina y la calefacción funcionaban con electricidad y contaba con tres habitaciones. La niña Ani pasó allí los mejores años de su vida. Mientras Manuel sembraba la cosecha, Pepa corría detrás de los chiquillos asustándolos como un fantasma Al mediodía, cuando Manuel volvía de trabajar, jugaba un poco con su hija antes de regresar al campo, y cada noche Ana contaba el dinero, bolsa en mano, y exclamaba: -¡Ya tenemos por lo menos un kilo! Manuel no cobraba nada por hacer el trabajo de guarda del campo, sin embargo, no tenían que pagar facturas, y todo lo que sembraban en la tierra era para ellos, con lo que resultaba tremendamente fácil ahorrar, si se sabía cómo. La familia cosechaba sandías, melones, y calabacines, que no se conocieron en el pueblo hasta que le dio las semillas a José Hidalgo para que los sembrara él. Estando en los Merinales, Pepa la Taladra decidió que quería irse a vivir con su hija Ana. Aunque María insistía en que se quedara con ella, Pepa lo tenía ya decidido. Los hermanos de Ana fueron a verla y le dijeron: -Anita, que madre se quiere venir a vivir a contigo. 5 Ana se ponía junto a la carretera bajo un sombrajo a vender los frutos. Cuando notaba que su comprador hablaba de forma diferente a los acentos de su alrededor, inflaba los precios y daba tan buenas características a las sandías, los melones y las patatas que, si el cliente había pensado en llevarse un saco, acababa llevándose tres. -Vale. Voy a comentárselo al Platero, a ver qué dice. Cuando lo hizo, Manuel fue rotundo en su respuesta. -Ana, yo no te voy a decir nada, porque eso es cosa de tu familia. Si tu madre se quiere venir a vivir con nosotros, muy bien. Si la habitación del fondo era de Ani y la del centro del matrimonio, la última fue de Pepa de la Taladra. A cambio de pasar con ella los últimos años de su vida, la mitad de su casa fue dejada en testamento a Ana y Manuel. Porque para ella aquello fueron unas merecidas vacaciones después de una vida dura. Pepa era muy amante de las bromas, y tal y como siempre había hecho con sus nietas mayores, así siguió haciendo con los niños vecinos de su hija: se pintaba la cara de blanco con harina, se ponía una sábana blanca por el cuerpo y adornaba su boca con una piel de naranja cortada a modo de dientes afilados. Después corría detrás de los asustados niños que chillaban creyendo que ella era un fantasma. Salvad a los niños Apenas acababa de casarse Ana cuando dos sucesos sacudieron su vida y la pusieron a prueba. El primero tuvo que ver con su hermana María. La hija mayor de María, Dolores, había estado enferma durante el año que cayó la nieve, 1954, pero se había recuperado. A principio de los sesenta volvió a enfermar, esta vez de tifus. María estaba terriblemente preocupada, y ella y su hermana Ana fueron al hospital infantil de Sevilla a ver a la niña. Ana y Manuel durante su estancia en Los Merinales.
Ana a la derecha, con su hermana María, vestida de negro, haciendo de comer durante una Romería local. Cuando llegaron, lo que vieron la descorazonaron. Allí la atención médica era tan reducida, los medios eran tan pocos… María lloraba. Su niña no se recuperaría. -Coge a la niña. –María se volvió hacia su hermana, pero Ana ya se había puesto en acción. Juntas, llevaron de nuevo a la niña al pueblo sin que los médicos la echaran en falta, debido a la superpoblación de pacientes que tenían. Ana acogió a su sobrina en su casa, que aún era la de Pepa la Taladra. Allí la cuidó, dedicándose totalmente a ella, hasta que se curó. Poco después, su cuñada, a la que apodaban Triguita –uno de los tantos apodos del pueblo-, esposa de su hermano José, fue a verla, también llorando, para que la ayudara a sacar a su bebé enfermo del hospital. El niño estaba en a punto de morir, pero su marido, el hermano de Ana, quería verlo antes de que eso pasara. Ambas se pusieron en camino y una vez allí, mientras las enfermeras estaban ocupadas con otros pacientes, Ana miró alrededor y tomó una resolución. -Vamos –insistió, haciéndole gestos a su cuñada para que tomara al niño en brazos. Pero la madre, sollozando, se negaba a cogerlo-. Yo lo llevaré. Envuelto en una toca blanca, Ana cogió al niño y lo apretó contra su pecho, oculto para que nadie viese que se lo estaba llevando. En la puerta del hospital levantaron la mano y pararon un taxi, pero al verlas con el bebé en brazos, el hombre se negó a llevarlas. -Que no, que no os llevo. Que yo no me llevo al niño muerto. -No está muerto. Está vivo, mira. Efectivamente, el bebé aún vivía. El taxista accedió a llevarlas, y mientras la madre del niño lloraba, Ana apretaba a su sobrino contra su pecho y le cantaba una nana. Incluso cuando el pequeño murió a medio camino, Ana siguió cantando. La vida la pondría a prueba unos años más tarde de nuevo, con un suceso que conmovió su alma durante toda su vida. La noche del 28 de diciembre de 1962 comenzó una tormenta que provocó que el Tamarguillo se desbordara. La inundación llegó hasta Sevilla y Utrera, amenazando con alcanzar Los Palacios. María, la hermana mayor de Ana, vivía por aquel entonces en la parte más baja del pueblo, y poco después de medianoche oyó que llamaban a su puerta. Era un policía municipal. -Señora, ¿Vive usted aquí? -Sí. -¿Y dónde tiene usted a los niños? -Están dormidos. -Pues si tiene usted donde irse, coja a los niños y váyase. Asustada, María despertó a sus siete hijos y se encaminó hacia la casa de su madre. Allí había llegado unos días antes Ana con su esposo y su hija, a la espera del nacimiento de su segundo hijo. Apretando los dientes, la mujer esperaba el amanecer y el fin de la lluvia. -Niña, ¿Despierto a tu madre? –le pre- 6
guntó Manuel. -No. Puedo aguantar hasta la mañana… -Que no, que la voy a llamar. -No, déjala acostada… Un sonido atronador se escuchó cuando María llamó a la puerta a las dos de la madrugada. -¡Qué tranquilos estáis, y está en el Pradila vuelta, el cordón umbilical lo había asfixiado. Ana estaba destrozada. Al día siguiente las hermanas de Manuel (Concepción, Esperanza y Encarna) y las de Ana (María y Concepción) fueron a enterrar al niño. Era un niño muy grande, muy bello. Ana lo había envuelto en una toca blanca y lo habían metido dentro de una pequeña cajita, también blanca. Como seguía lloviendo, por mucho que el enterrador sacara tierra, el hoyo se llenaba de agua. María, arrodillada junto a la tumba, intentaba vaciarla con un cazo. Cuando el enterrador cogió la caja para enterrarla, Esperanza y Concha se dieron media vuelta y se fueron antes de que lo hiciera. No podían ver aquello. Y, aunque Ana se recuperó físicamente con rapidez debido a su fortaleza, durante toda su vida, el 28 de diciembre, recordaba el cumpleaños de aquel hijo al que no conoció. El final de los sesenta En 1966 nacería el que sería su segundo hijo vivo, José Manuel. Ya para entonces, la familia había dejado el campamento de Los Merinales y había vuelto a Los Palacios, después de cinco años de estancia allí. Unos meses más tarde, en mayo de 1967, José el Platero comenzó a morirse. Ana iba todos los días a la casa de su suegro y entre ella y sus cuñadas lo cuidaban, lo lavaban y lo vestían por turnos. Para Ana, que apenas había conocido a su padre y que había pasado tantos veranos con los Plateros, aquel hombre era su figura paterna. Así, a veces unas y a veces otras, le hacían compañía, le hablaban, le daban de comer… José el Platero había sido un hombre muy bueno. Cada noche, cuando sus hijos eran pequeños y se iban a dormir, él se quedaba leyendo libros prestados a la luz de la lumbre mientras su hija Esperanza lo escuchaba. Una vez acogió a Teresa, la hija de un amigo suyo, que se quedó con ellos casi quince años antes de volver a su casa cuando encontró pareja. Y había sido un amigo incondicional de Pepa la Taladra, visitándola en Los Merinales por el simple gusto de charlar con ella. Su enfermedad no duró ni diez días. Lo consumió antes. Esperanza se mudó a la casa que ahora era de su madre para hacerle compañía y ayudarla, ya que aún tenía tres hijos solteros. Tres años después, en 1969, aconteció otro nacimiento y otra muerte. Nació Antonio y murió Pepa. Pepa la Taladra era una mujer fuerte que no había estado enferma nunca. Aquella mañana del 30 de agosto de 1969, mientras se dirigía a la casa de su hija Concepción, el corazón le dejó de latir y cayó al suelo. Cuando Esperanza se enteró corrió Ana salvó a su sobrina del tifus y al hijo de su vecina del hambre llo la gente medio ahogada! El sobresalto provocó que el niño se diera una vuelta en el vientre y el parto se aceleró. Manuel se apresuró a abrir la puerta a su cuñada. -Pero, ¿Así se llega? María entró y vio el rostro de su hermana con el vientre hinchado. -¿Qué te pasa? -Nada, que me he asustado… Los niños fueron enviados a la casa de la cuñada de María, en la misma calle. Manuel salió a buscar al médico. Cuando don José Rivera, el nuevo médico de la villa, llegó montado en su motocicleta, le dijo: -Buscad ahora mismo a la matrona. ¡Rápido! Esperanza estaba dormida cuando su hermano llegó a su casa. -¿Qué quieres? -Vístete, que Ana se ha puesto mala y vamos a buscar a la matrona, que dicen que está por estos lados. Bajo la lluvia torrencial y entre el fango del camino, Esperanza y Manuel caminaron por las calles del pueblo hasta encontrar una casa donde había luz. La única casa donde había luz. -¿Está aquí la matrona? –preguntaron. -Sí, pero ahora mismo no puede salir porque está ocupada. Cuando finalmente lograron llegar de nuevo a la casa y la matrona reconoció a la parturienta, sentenció: -Aquí vamos a intentar salvar a la madre, porque con el niño no hay nada que hacer. Debido al susto que había sufrido, el niño se había movido en su interior y al darse 7 José el Platero y su esposa María, padres de Manuel y suegros de Ana.
hacia la casa de Concepción, aunque fue Ana la que le abrió la puerta. -¿Qué haces aquí? –le preguntó, asombrada. -Yo… -murmuró Esperanza- Me he enterado… -Te has enterado… -la voz de Ana se perdió en medio del pragmanisto- ¡Anda, corre y recoge a los niños, que están solos en mi casa! Mientras Manuel trabajaba, los niños se habían quedado en su hogar sin nadie que los vigilara. Ani y José Manuel jugaban fuera con el pequeño Antonio de tres meses. Esperanza los llevó a su casa y aquella noche los niños durmieron allí. Pepa había hecho testamento, según el cual la mitad de la casa sería para Ana y Manuel, y la otra mitad para todos los hijos. Además, ellos tenían que hacerse cargo del entierro y el funeral. Así se hizo, y al día siguiente, estando todos reunidos, el marido de María, al que llamaban Varea, expuso: -Oídme, Manuel ha pagado el entierro, pero aquí vamos a pagar cada uno nuestra parte y el entierro vamos a pagarlo entre todos. Cuando fueron a pagarlo a la parroquia Manuel y su cuñado José, y el sacerdote comenzó a buscar el nombre de Pepa, algo falló. Josefa Durán no aparecía por ningún lado. Manuel, de repente, recordó el cumpleaños de su suegra y dijo: -José, tu madre no se llamaba Josefa. Le pusieron en la Iglesia “Inés María”. Efectivamente, Inés María Durán Jiménez era hija de María Jiménez y madre de Ana Moreno. Al nacer, fue bautizada con el nombre de la onomástica, pero su madre siempre la llamó Josefa, y todos, durante toda su vida, la conocieron por Josefa, aunque ese no era su verdadero nombre. Con la casa de Pepa la Taladra valorada en doce mil duros (sesenta mil pesetas), seis mil pertenecían a Ana y Manuel. Con el dinero ganado en el campamento de Los Merinales compraron su parte de la casa al resto de los hermanos y la arreglaron, modernizándola. Dos años más tarde, en 1971, su hijo Joaquín nacería en la propia casa debido a complicaciones del parto. La matrona tiraba del niño mientras María, sentada sobre su hermana, la ayudaba a empujar presionándole el vientre. Cuando finalmente nació, tenía la clavícula rota: el doctor sentenció que debían dejar al niño un mes tendido boca arriba sin moverlo para que la rotura se soldara. Pero, además de eso, hubo otro pequeño problema. Cuando Esperanza fue a visitarla y a ver al recién nacido, Ana, mostrándoselo, volvió la cara y exclamó: -¡Qué feo es este niño! Me voy a volver para el otro lado a ver si cuando lo mire de nuevo se ha puesto más bonito. Y Manuel decía: -Madre mía de mi alma, como este chiquillo siga así va a asustar a toda la gente del pueblo cuando sea grande. Claro que, una vez que la clavícula se soldó y el niño fue creciendo, su fealdad sólo quedó en un recuerdo. Los cambios del 75 Cuando quedó claro que Ani no servía para estudiar, sino para jugar a los deportes, Ana quitó a su hija de la escuela y la envió a trabajar al almacén de la aceituna, excepto en los meses que le dejaban libre, que acudía a recoger algodón o aceitunas. A su hijo José Manuel, como era el mayor, le tocó acompañar a su hermana al campo en aquellos meses, a pesar de su corta edad. Cada mañana, a las seis de la madrugada, antes de que amaneciera, Ani cogía la bicicleta y se encaminaba por la carretera con su hermano a la espalda, igual que años antes había ido Anita a la espalda de su propio hermano con un vestido amarillo. A los trabajadores les entusiasmaba ver a los dos niños trabajando tan laboriosamente, siendo siempre los que más algodón cogían y los que más dinero ganaban. A veces, cuando se daban cuenta de que algún que otro patrón les pagaba menos de lo estipulado a través de un peso trucado, simplemente dejaban de ir y buscaban otro sitio donde trabajar. En un mundo donde todavía existía la pobreza y el hambre, la escuela estaba infravalorada. José Manuel, asistiendo al colegio cuatro de los nueve meses, lo acabó apenas repitiendo un curso con una nota media de notable. Su hermana Ani nunca se sacó el graduado, como tampoco lo hicieron Antonio ni Joaquín, a pesar de que ellos sí tuvieron la oportunidad. El 4 de mayo de 1975 nació la que sería la última hija del matrimonio. Para entonces, Ana se había llevado tres meses en el hospital. En 1973 le habían diagnosticado diabetes, lo que explicaba los bebés anormalmente grandes que había dado a luz, y eso, unido a que ella ya no era joven -contaba con 42 años-, convertía aquel embarazo en uno de riesgo. Los doctores convinieron en que era mejor que la madre Foto para el Libro de Familia una vez que nació Esperanci. De izquierda a derecha: Ana con Esperanci en brazos. José Manuel sobre su hermano Joaquín. Ani, Manuel y Antonio. 8
pasara su último trimestre en el hospital García Morato, donde habían nacido todos sus hijos excepto Joaquín y el bebé del 62. Ana rezaba a la Vírgen de Fátima por la salud de su nuevo hijito, y prometió a la Vírgen de Consolación que iría a ver a Utrera si el niño nacía sano. Sin embargo, no estaba excesivamente preocupada: había sacado adelante otros cuatro partos con éxito y así haría con el quinto. Allí, postrada en cama durante aquel tiempo, Ana se dedicó a tejer. Siempre le había gustado coser y logró confecionar dos colchas: una para ella y otra que regaló a las monjas que la habían estado cuidado durante su convalecencia. Su esposo, preocupado por la salud de ella y del pequeño, iba a verla todos los días en autobús tras finalizar su jornada laboral. Los niños estaban repartidos en las casas de las diferentes tías que los cuidaban durante el embarazo de su madre. En esta situación, la niña nació por cesárea, con la piel excesivamente amarilla, por lo que fue llevada de forma inmediata a la incubadora. Cuando recibió la noticia del parto, Esperanza, la hermana de Manuel que había sido amiga de Ana desde que se habían conocido, fue a verla. Al llegar la recibió su hermano, pues Ana aún estaba descansando. -¿Qué ha pasado? -Esperanza aún no sabía nada y estaba preocupada, pero Manuel se encogió de hombros. -Nada, es una niña. Un enorme alivio se asentó en la mujer. -¿Y cómo están las dos? -Muy bien, Ana está descansando y la niña es muy bonita. Sonriendo, su hermana replicó: -¡Claro que es bonita! ¡No puede ser fea! Aún con la sonrisa en el rostro, como quien se guarda un caramelo para el final, Manuel preguntó: -¿Sabes cómo se llama? -Acabo de llegar ahora mismo, ¿Cómo quieres que lo sepa? -Se llama Esperanza, como tú. La felicidad que sintió Esperanza fue como una luz en el pecho. Le habían puesto a la niña su nombre, por ella, por todo lo que habían vivido juntos. Nunca se había sentido tan honrada. Tanto Ana como la pequeña Esperanci -así se la conocería siemprepasaron una semana en el hospital, durante la cual María, -Dicen que Franco se ha muerto. -informó. -¿Y qué pasa? ¿Hay que ir al entierro? Él negó con la cabeza. -No, al entierro no hay que ir. Ante esto, Ana se encogió de hombros. -Entonces no pasa nada. Se ha muerto y ya está. La rotación de la tierra y los cultivos no iban a cambiar porque Franco se hubiera muerto. El reparto de la marisma Desde mediados de los años 50, el Gobierno había ideado un plan para el aprovechamiento de las marismas del Guadalquivir, que habían ido repartiendo en sorteo durante décadas. En 1968, y coincidiendo con la repoblación de los poblados que rodeaban Los Palacios y Utrera, se repartieron algunas parcelas de tierra labrantía entre las familias de la zona que presentaron su solicitud. Una de las beneficiarias fue Concepción, la hermana de Ana. De esta forma, cuando Manuel y ella se enteraron de que daban unas tierras cerca del poblado de Pinzón, en 1977, para familias numerosas con bajos ingresos, no se lo pensaron y también la solicitaron. Algo debió de fallar en el sorteo, sin embargo. La corrupción ya entonces era algo frecuente y la mitad de las parcelas estaban prometidas. José, el hermano mayor De izquierda a derecha: Antonio, José Manuel y Joaquín, montados en el tractor que usaban para trabajar en la parcela de Lebrija. la hermana de Ana, y Esperanza, la hermana de Manuel, iban a verlas todos los días mientras el padre de familia seguía trabajando, ya más aliviado porque todo hubiera salido bien. Cuando volvieron al pueblo la madre y la hija, Ana fue caminando en peregrinación a Utrera, a ver a la Vírgen de Consolación, como había prometido al tener una niña tan hermosa y sana. En noviembres de aquel mismo año, el jefe de estado que había dominado la vida de España durante cuarenta años, falleció. La noticia incendió como la pólvora la mente de los jóvenes, los adultos y los niños, algunos celebrando, otros tristes, y algunos más temerosos. En el almacén donde Ani trabajaba de seis de la mañana a doce de la noche, sus compañeras pertenecían a este último grupo, comentando entre ellas en voz baja las últimas noticias: -Ahoran van a venir los comunistas. -Sí, y habrá otra guerra. -¡Espero que el Gobierno no nos quite el ajuar para hacer vendas! Esta última frase desató una sarta de gritos de disgusto y disconformidad. No estaban dispuestas a entregar su ajuar para hacer vendas para otra guerra. En la casa de Ana fue su Manuel quien comunicó la noticia mientras su esposa alimentaba al bebé. 9
de Manuel, casado y sin hijos, fue uno de los beneficiarios de esas parcelas que estaban destinadas para familias numerosas. Manuel y Ana, por el contrario, no lograron nada. José estaba ocupado en aquel entonces con otro campo que tenía cerca de Los Palacios, así que le ofreció a su hermano las tierras que había ganado para que las cultivase como quisieran. En aquel primer año, Manuel sembró melones que luego vendía en el pueblo y en Sevilla. En un esfuerzo comunitario en familia, una vez que estaban cargando los melones en el camión, estos pasaban de mano en mano por todos los hijos hasta acabar en las del padre, que lo ponía cuidadosamente para el transporte. Debió de dedicarle especial atención a uno de ellos, pues cuando se volvió para coger el siguiente, su hija Ani ya lo había lanzado, con tanta fuerza que el melón fue a parar a la cara de Manuel. Perdió dos dientes. Al año sieguiente volvieron a abrirse las bolsas del sorteo, esta vez para las tierras cercanas a Lebrija. Ana se lo comentó a Manuel, pero este no quiso saber nada del tema: ya lo había perdido una vez y no pensaba volver a solicitar y a pagar las 1000 pesetas necesarias para, finalmente, no lograr nada. Ana, decidida, fue ella misma al ayuntamiento sin decir nada a su esposo. Preguntó allí qué tenía que hacer para poder acceder al sorteo y explicó lo ocurrido con las parcelas de Pinzón al funcionario que la atendió. Este le dijo que en el reverso de la solicitud pondrían que ya se les había denegado antes, para aumentar las posibilidades de que la concedieran en esta oportunidad. Su intuición no fue errada. Cuando Manuel recibió la noticia una enorme alegría sacudió su cuerpo. Era la primera vez que poseían una tierra propia. Podrían ser sus propios dueños, no tendrían que trabajar para nadie más ni sembrar los campos de ningún vecino acaudalado. La suerte estaba echada y les había sonreído. Preservar la honra En los años 70 y 80 España comenzaba a modernizarse, y pronto la Movida llegaría a Madrid. No obstante, en un pequeño pueblo de la marisma sevillana, la modernización de la sociedad tardaría un poco más en hacerse efectiva. En la década de los 70 el pensamiento social era el mismo que en la década de los 40. Seguía habiendo los mismos tabúes y también las mismas diferencias de género. Los jóvenes, impulsados por la radio y la televisión, deseaban avanzar, pero el conjunto se quedaba estancado. A sus catorce años, Ani sólo tenía un lugar en el pueblo por el que pudiera pasear: la carretera que unía Sevilla y Cádiz. Toda la juventud se hacinaba en la carreterra, recorriéndola de un extremo a otro, sin hacer otra cosa que hablar y comer pipas. No es de extrañar que fuese aquí donde la joven conoció a José, el que sería su novio y, más tarde, su marido. Los viejos patrones están para cumplirlos y con el fin de preservar la honra de su hija, Ana enviaba a sus hijos, a veces de forma independiente y a veces en grupo, a evitar que la pareja estuviese sola en ningún momento. Mientras Ani y José hablaba en la puerta de la casa, Joaquín y Antonio jugaban en la calle frente a ellos, y cuando se iban aparecía José Manuel, que volvía del cine y se quedaba a hablar un rato. Les narraba la película completa, los anuncios y las noticias, hasta que José se despedía hasta otra visita. Como en todos los pueblos, en Los Palacios también había algunos lugares considerados “peligrosos para la honra”. En este caso se trataba de un pequeño lago a En el momento no dijo nada, pero esperó furiosa, con los labios apretados, a su hija. Ani llegó a su casa mientras su madre tendía la ropa en la azotea, convertida en un mar de tela blanca. Cuando la escuchó llegar, bajó corriendo y le dio una torta en la cara. -¿No te da vergüenza? -le gritó- ¡Todo el mundo te ha visto! ¡Todo el mundo está hablando de ti! ¡Vete a tu habitación, estás castigada! La mentalidad de la sociedad seguía siendo la misma que treinta años atrás, y aunque cambiaría poco después, aun dominaba el pensamiento de que, para una mujer, no había nada más importante que la honra. Llegar a deshora, ser vista en lugares tabú -por muy inocentes que fueran las intenciones- o estar en boca de la gente era lo peor que podía pasar. Ani lo tuvo que sufrir. Esperanci no. La familia se agranda La década de los 80 empezó muy mal y terminó muy bien. En 1981, mientras se celebraba el entierro de un vecino, José Manuel estaba en la calle frente a la puerta de su casa. Como el velatorio del vecino se realizaba en el hogar del hombre, todos los asistentes paseaban y charlaban por la calle, parándose aquí y allá, hasta que uno de ellos dijo: -Que han dado un golpe de estado. José Manuel entró y encendió la radio. Las personas que habían acudido a despedir al difunto, en la calle, hacían lo mismo con sus repetidores. -Bueno, ¿Y ahora qué pasa? -No sé. -Pues algo pasará. -No sé. Todas las emisiones se cortaron. Al anochecer, el mensaje del Rey fue escuchado por todos. Pero fue la curiosidad, más que el miedo, lo que impulsó a Ana, Manuel y sus hijos. Las cosas no habían cambiado con la muerte de Franco y no iban a empezar a cambiar ahora. En 1984 Ani se casó con José, y tan solo un año más tarde tuvieron una niña a la que, por costumbre, llamaron Ana. La pequeña Ana se crió entre su casa y la de su abuela, a la que adoraba. Por la casa de Ana, su nieta paseaba como si fuera suya, se tumbaba en las mantas en el suelo junto a sus tíos, jugaba con los niños de la 10 En 1978 la familia recibió una parcela de tierra cerca de Lebrija las afueras del pueblo, ya entrando en los campos, frente a una derruida hacienda llamada La Mejorada Baja. Lo llamaban Lago Diego Puertas. La gente del pueblo comentaba entre dientes que allí era donde iban los jóvenes a tener encuentros sexuales, por lo que estaba muy mal visto que una mujer estuviera allí. Sin embargo, era un lugar con encanto. Un paraje natural lleno de árboles y ruinas, tan cerca de una localidad donde no había nada. Cierto domingo en el que Ani paseaba con sus amigas y con José, decidieron parar allí para hacer unas fotos. Un vecino que pasaba en motocicletas por el lugar vio la escena y decidió parar en casa de Ana para contarle: -¡Ana, he visto a tu hija en el lago Diego Puertas con uno!
calle, se dejaba peinar y hacer por su tía Esperanci, que sólo tenía diez años. Era la reina de la casa. Cuando se enfadaba con su madre, que no era pocas veces, gritaba: -¡Me voy con abuela! –y salía a la calle y la recorría hasta que su madre la agarraba del brazo y la llevaba a rastras de nuevo a su casa. Muchas tardes, Ana peinaba a su nieta y le hacía una cola de caballo, tan tirante que la niña acababa con dolores de cabeza. -¡Vete con la cabeza bien alta y muévela mucho, que la gente vea la cola que te ha hecho tu abuela! –y allí iba la pequeña Ana camino a su casa, a dos calles de la de su abuela, orgullosa con el peinado que le habían hecho. Cuando era la vecina la que la peinaba, Ana le deshacía las trenzas a la niña y la peinaba ella misma. La pequeña Ana la adoraba. Realmente, su abuela era una Santa. Cuando la primera nieta contaba con cuatro años nació su hermana, Isabel María, que a ojos de la niña vino a destronarla. Aquel día, su abuela le cogió la mano y la llevó al salón de su casa, donde estaba Ani con un bebé en los brazos, y le dijo: -Mira, esta es tu hermana. “¿Mi hermana?”, se preguntó ella. No entendía qué estaba pasando. Pero al poco tiempo se dio cuenta de qué era esa hermana suya y unos celos atronadores se despertaron en ella. Para asustar a la pequeña Isabel María, Ana se inventó a “la Ana buena” y “la Ana mala”, y fingía tener problemas psicóticos que, curiosamente, sólo parecía notar la más pequeña de la familia, que sólo se atrevía a llorar, llamando a su madre una y otra vez y explicándole lo que estaba pasando... aunque Ana volvía a la normalidad de inmediato e Isabel María quedaba allí, temerosa de que pasara otra vez. Abuela Ana Lo único que Ana sabía escribir era su nombre, aprendido cuando se casó para poder recoger las 3000 pesetas que le daba el gobierno. Cuando su nieta Ana contaba con siete años y estaba aprendiendo a sumar y multiplicar, a ambas le gustaban hacer retos, ver quién era la primera en hacer correctamente las cuentas. Ana nunca había ido a la escuela; nunca había aprendido a escribir los números, o las técnicas de suma, resta, multiplicación o división... y sin embargo sorprendía todos los días a su nieta ganándole en aquella carrió hacia ella. Llamaron a una ambulancia de inmediato y la llevaron rápidamente hasta el hospital, donde fue operada de urgencia: la clávicula y varias costillas rotas. Cuando despertó y el doctor pasó a reconocerla, la informó de que no podría volver a peinarse sola. Ana apretó los labios y replicó: -Sí, señor. Sí que me peinaré. La casa que compartían Ana y Manuel tiene un patio interior lleno de las flores que Ana adoraba. Para que en los días de sol a las plantas no les faltara la sombra, habían instalado un toldo que se echaba y se recogía con un sencillísimo sistema de poleas. El fondo del patio lo adornaba un limonero. Ana tomó una de las cuerdas que servían para recoger el toldo y lo tiró por encima de una de las ramas del limonero. Luego ató el extremo a la muñeca del brazo que tenía impedido y, con la otra mano que le quedaba libre, tiraba del otro lado de la cuerda, de forma que su brazo se levantaba guiado por el nudo que se habia hecho alrededor de la mano. Durante varias horas cada día hizo rehabilitación de esta forma, hasta que al cabo de un mes se acercó a su marido y, pasando el brazo malo por encima de su cabeza, le dijo: La pequeña Ana nació en 1985 y su hermana Isabel María en 1989 11 Isabel María a la izquierda y la pequeña Ana a la derecha. rrera, contando sólo con su mente y sus dedos. La pequeña Ana se había dado cuenta de la extrema inteligencia de su abuela y decidió enseñarla a leer, pero al poco tiempo el proyecto quedó olvidado, ya que la diabetes que Ana había sufrido durante toda su vida se estaba llevando su vista. Los ojos que siempre habían sido negros se fueron volviendo lentamente azules. Cierto día que la pequeña Ana e Isabel María corrían y jugaban por la casa de su abuela, la menor interrumpió los juegos y fue en busca de su abuela. Ana estaba subida en la mesa de la cocina pintando las paredes. La niña, desde el suelo, le preguntó si le podía comprar algunas golosinas. Pudo haberse matado. Al volverse, Ana cayó con un fuerte estrépito y Manuel, que se encontraba en la casa, ya jubilado, co-
-Mira, ya puedo peinarme. El tiempo pasaba plácido y tranquilo. Ana se entretenía con las flores a las que adoraba, regándolas y cuidándolas con esmero y cariño. Por las tardes, ella y su marido se sentaban en la puerta a charlar con los vecinos y ver a la gente pasar. Durante la época del algodón, su hijo José Manuel la llevaba a los campos de la marisma, esos que les habían concedido en 1978, y ella, tan sólo echando un ligero vistazo a los campos y sabiendo el precio de mercado, era capaz de adivinar las ganancias de aquel año. Las noches del fin de semana las pasaba en su casa, tranquila, en compañía de sus nietas, que su hija Ana le dejaba allí mientras iba a dar un paseo con su marido. El poder de la familia En 1992, durante la Exposición Universal de Sevilla, Ana y Manuel la visitaron en varias ocasiones acompañados de su familia. Apenas dos años después se casaron dos de sus hijos: Antonio y José Manuel. Dos años después llegaría el turno a Esperanci y por último, a Joaquín. Más nietos se sucedieron como consecuencia de estos enlaces, chiquillos que llenaban la casa de Ana con risas, gritos y algarabía, comiéndose las aceitunas y mojando pan en el gazpacho recién hecho. Pasaban las navidades todos reunidos en casa de los abuelos, cada vez más apretados, y el Fin de Año en la enorme cochera de Esperanci, donde Ani se vestía de Santa Claüs para dar personalmente sus regalos a los pequeños. El año que nació la más pequeña de todos los nietos, la peseta desapareció y una nueva moneda llegó a la vida de la gente: el euro. Ana se adaptó rápido a esto: era capaz de hacer el cambio de moneda mentalmente sin usar la calculadora que regalaban en todos lados, y, como ya su vista era muy precaria, aprendió a reconocer las monedas por las hendiduras de su canto. No fue mucho después cuando, estando arreglando su hermoso patio lleno de flores, su cadera se rompería y ella caería, fracturándose también el fémur. A partir de entonces sólo pudo caminar con andador. Era habitual ver a Ana paseando por la calle, de un extremo a otro, recorriéndosela, para acabar sentada en la puerta hablando con las vecinas. Como ya no podía ocuparse de las tareas del hogar, sus hijas iban a ayudarla y cuidarla. Su salud estaba ya muy resentida debido a la diabetes cuando, en 2013, sucedió la noche fatal. Un dolor penetrante comenzó a apoderarse de su cabeza cuando ya la luna coronaba el cielo. Decidió acostarse, esperando que el dolor pasara con el sueño. Sin embargo, al tumbarse en la cama, este se intensificó. No podía aguantarlo. Se removía, chillaba, gemía. Su hija Esperanci llamó alarmada a todos sus hermanos y de inmediato la llevaron al hospital. En el pasillo, abrazados los unos a los otros, esperaron el terrible diagnóstico del médico. El doctor finalmente salió a hablar con ellos: -Es una meningitis cerebral. No es común en personas tan mayores, lo que resulta muy peligroso... lo mejor es que os despidáis de ella... La esperanza cayó en un abismo tras estas palabras y las lágrimas se desbordaron de los ojos. Los hijos entraron a ver a su madre y luego esperaron toda la noche confirmar sus temores. Al día siguiente, Ana abrió los ojos. Estaba atada a la cama, pues al sufrir tan fuertes espasmos podría haberse caído, y estaba en una habitación extraña que no conocía. Frunciendo el ceño, gritó: -¡Esperanci! ¡Esperanci! ¿Dónde está mi hija? ¿Dónde estoy yo? Los médicos no se lo explicaban. Un milagro, decían. ¿Cómo era posible una recuperación tan rápida? Sus hijos, nietos, yernos y nueras, fueron a verla durante los días que estuvo ingresada. No podría volver a andar, a partir de entonces debería usar siempre una silla de ruedas, pero eso Manuel y Ana con toda su familia el día de Navidad. 12
no importaba cuando se había burlado a la muerte. Cuando sus hijas fueron a verla, llevándole un regalo de parte de todas, Ana las abrazó y exclamó entre lágrimas de alivio: -¡Por esto me he recuperado! ¡Mi familia es mi fuerza! El Cielo no podía esperarte La fuerza se le agotó un 22 de octubre de 2014. Para entonces su cuerpo estaba tan maltrecho, y su cabeza tan buena, que para ella era una tortura verse así, aunque siempre tenía una sonrisa para sus nietos y unas palabras de aliento en la boca. -¿Cómo estás hoy, abuela? -Hoy me siento un poquito mejor. Todos los días se sentía un poquito mejor. Y, sin embargo, ya estaba cansada de estar enferma. Cada dos o tres meses, volvía al hospital por una u otra cuestión, deseando que sus hijas estuvieran todo el tiempo con ella, que hicieran todo lo que ella no podía hacer. Manuel, con ochenta años, acudía cada día a la estación de autobuses a las ocho y media de la mañana y a las cuatro en punto –el mismo autobús que les había visto partir para su luna de mielcon el fin de poder llegar al hospital y estar con su esposa, ya que sus hijos trabajaban y no lo podían llevar, caminando hacia la parada con paso lento y firme impulsado por el amor que se habían tenido durante sesenta y siete años. Luego, cuando ya estaba en casa, algo más recuperada, Manuel se convertía en jardinero y movía, regaba y cuidaba de las flores que adornaban el patio de la casa, unas flores que con tanto cariño y esmero había hecho crecer Ana, y a las órdenes de su esposa cogía las macetas y las cambiaba de sitio, cada día a un lugar distinto, mientras reía y la llamaba “mudamacetas”. A veces, cuando su nieta Ana iba a verla y a hablar con ella, la una convertida en la confidente de la otra, Ana le decía: -Yo ya estoy cansada de estar mala. Estoy cansada de que mis hijos estén pasándolo mal. Yo no quiero esto… Pero la esperanza podía más que el cansancio, y la fuerza de vivir luchaba contra la inevitable venida de la muerte. -Yo no tengo hambre, pero voy a comer porque no quiero morir. La pulsión de vida era demasiado fuerte en ella, y siguió siéndolo hasta el final, cuando, tras una larga estancia en el hospital, y lo que parecía ser un último fin de semana antes de volver a tiempo de celebrar su cumpleaños, sus órganos comenzaron a pararse poco a poco. El 21 de octubre la sedaron. Su nieta Isabel María, que estaba ahorrando junto a ella en una hucha para poder comprar el traje de novia y los zapatos, ya que se casaba al año siguiente, rompió la cerámica con forma de cerdito y contó el dinero para poder decirle a su abuela que sí, que lo habían conseguido. La madrugada del 22 de octubre, Ana subió al Cielo con su madre Josefa, su Madre Jiménez, su padre “el Taladro” y los hermanos que ya había perdido. Cuando yo llegué al tanatorio tenía los ojos secos. No había llorado al consolar a mi padre, José Manuel, ni lo haría al consolar a mi madre, a mi tía Ani, a mis primos, a mi hermano… Todos lloraban y yo permanecía en pie, extrañamente tranquila, porque no podía creer que aquella mujer que había sido tan grande se hubiera marchado. El tanatorio estaba lleno de gente que la quería; personas a las que había ayudado, a las que había sonreído, con las que había hablado. Y tras un cristal había un ataúd cerrado, pero para mí no era más que un ataúd vacío, porque no podía contener el cuerpo de mi abuela. Pasaron meses hasta que finalmente entendí lo que había ocurrido, ya que yo seguía esperando que ella volviera del hospital, como me había dicho dos días antes de su muerte por teléfono. Soñaba que estaba viva y yo me tiraba en sus brazos, llorando y gritando que yo lo sabía, que ella no podía estar muerta. Pero cuando finalmente me di cuenta de que no estaba y de que no iba a regresar nunca, que no volvería a acariciarme el cabello llamándome “su gitanilla” y que no volvería a decir que estaba bien, aunque no lo estaba… cuando por fin asumí la realidad, me di cuenta de lo afortunada que había sido, no sólo por ser parte de ella, de su sangre y de su historia, sino por haberla conocido y haberla podido amar. Ana y Manuel en el 72 cumpleaños de Ana. 13