La revolución en el derecho
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LA EVOLUCIÓN EN EL DERECHO POR AGUSTÍN MARTÍNEZ CAVERO ABOGADO' • .: n -.. _,...fai„;,..._-..--......! MADRID IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ Libertad, i6 duplicado, bajo. 1893
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LA REVOLUCIÓN EN EL DERECHO ¡Salud á las monarquías, salud á los imperios, salud á las repúblicas!... ¡Saludado el poder sea, ya que no por legítimo, por necesario!' ¡Sigan los que en estériles contiendas pasan la vida y comprometen la tranquilidad de los pueblos, consagrando sus esfuerzos y su actividad gastando en propagar las excelencias de esta forma de gobierno sobre aquélla.., de los unos partidos sobre los otros... Hagan política... los que con la política medran. Defiendan la democracia enfrente del absolutismo y el absolutismo enfrente de la democracia... los hombres cuyo solo objetivo es el poder... Hablen de las excelencias del sistema constitucional los que, malvados ó inocentes, creen ó aparenta l n creer que con un Código fundamental político en que los derechos del pueblo se escriben, el pueblo queda redimido de toda tiranía y rebosando bienestar y dicha,.. Piensen en Cortes y en elecciones
6 cuantos en votos trafican y ambicionan para...vivir y honorífico de diputado... Sigan el cargo gratuito los cómicos y los empresarios que representan los papeles de protagonistasy cobran el barato en la acción de la vida, haciendo y explotando lafarsa... mientras haya público que los escuche, incautos que paguen y comparsas que aplaudan y acompañen. Que tiempo es de que una voz amiga advierta á los pueblos de que sus desdichas no hallarán punto ni reposo, con la república ni con la monarquía, con la aristocracia ni con la democracia... con los unos partidos ni con los otros de los que juegan dentro de dichas instituciones. Formas del poder y hechuras los últimos de los que el poder ambicionan, todos son capaces de mantener vivo y creciente el martirio de los pueblos... en-todos cabe la justicia y la iniquidad: el mal y el bien. ¡Empeñar contienda sólo por si ha de ser ésta ó la otra la forma de gobierno... por si el poder ha de ejercerlo uno como heredado de su familia ó por mandato de Dios... ó muchos por elección del pueblo... sin penetrar jamás en el organismo de los Poderes públicos, en el fondo de los gobiernos.., es tan sólo servir de escala para que los más osados se encumbren, para que los predestinados de la suerte se afiancen. Es hacer la causa de los menos, abandonando en sus manos el porvenir y la dicha de los más, Es detenerse
7 en la forma cuando el fondo nos pertenece.., aceptar los efectos sin conocimiento de las causas: y muy ocasionado á engaño es el juzgar por efectos y forma de las cosas! ¡Mucho tiempo ha que la vieja Europa viene conmovida por el vendaval de las pasiones políticas, y que los pueblos crédulos con sus apóstoles, que con frecuencia se han convertido en apóstatas de sus enseñanzas, persiguen los que aquéllos vociferan ser sus derechos, y que, reducidos á una fórmula, sintetizó la revolución francesa del último siglo en estas tres palabras que desde entonces vienen siendo el talismán de todos los que aspiran .á ser---:el primero entre sus iguales...; palabras mágicas que con poder irresistible atrae á las masas y son el espanto de los privilegiados, sin que hasta el presente hayan producido más que constituciones jamás observadas, promesas y esperanzas nunca cumplidas!... ¡ ¡Libertad... Igualdad... Fraternidad!! ... ¡Por ellas han corrido arroyos de sangre y con ellas se han formado mares de lágrimas! ¡Ellas han producido epopeyas de gloriay crímenes inauditos!... ¡Y es: porque en estas palabras han vislumbrado siempre los pueblos tres grandes conceptos subjetivos de la personalidad hombre; y han
S creído que aclamand o y sacrificándose por el principio iban á tocar los efectos, que les bastaba con destruir el mal para que el bien se alzara, con herir á los usurpadores para hacer que ce.- sara la usurpación!... La libertad es: el estado de plenitud de los derechos del hombre y la reivindicación de su conciencia ante la responsabilidad que entrañan sus acciones. La igualdad es: la destrucción de la esclavi• tud y de las castas. La negación de estos dos grandes errores de la humanidad. La fraternidad es: la síntesis de la doctrina de Cristo: tan sabia, tan pura y tan hermosa en el orden moral como en el físico, que no la han hundido en diez y nueve siglos todas las Iglesias docentes que, bastardeándola, han comerciado y hecho tan sólo mercancía con las filosóficas predicaciones del mártir del Gólgota. Desgraciadamente, á las causas siempre justas de las revoluciones no han correspondido los efectos de los movimientos realizados... y á las exageraciones de los primeros momentos han seguido la inanidad y la vacilación que, como hemos notado, apóstoles de doctrinas defendidas al solo fin de su encu mbramiento, apostataron de sus propias pr edicaciones y traicionaron, al creerse sobre el pueblo, la, causa del pueblo,
9 Los grandes principios han quedado escritos; pero con las nuevas leyes han seguido todos los males sociales que afligen á los desheredados. Y es, volvemos á insistir y nunca será bastante' repetido; porque ¡propagandas y guerras, leyes y códigos, pueblo y autoridad, se han ocupado y preocupado con las luchas políticas . , con la forma de gobierno... entendiendo que en la forma estaba el mal, y deteniéndose ante las personas para saciar venganzas ó rendir homenaje, jamás han penetrado en las causas orgánico-sociales que el malestar de los pueblos mantienen vivo y creciente con monarquía y república, con el poder ejercido por los reyes y con el gobierno en manos de los ciudadanos!... ¡Ya es tiempo de que los pueblos despierten! ¡Ya es tiempo de que el libro les diga y enseñe que deben negar su concurso á los revolucionarios políticos y no prodigar su preciosa sangre por que ejerza el poder el príncipe ó el señor feudal, el concejo ó el Parlamento!... ¡La hora ha sonado de que á la propaganda, ya hecha y triunfante, de las ideas sustituya lo práctico de los sistemas. Es tiempo de que la ley político constitucional ceda el puesto á la ley civil; y que, con Cámaras ó sin Cámaras, como hecho b como derecho, por leyó por fuerza, se busque y estudie la forma posible y progresiva de que los males de los pueblos se contengan y
IO remedien, de que la reforma del derecho, de que la revolución social, se haga con república ó monarquía, con rey absoluto ó con régimen constitucional!... ¡La forma de gobierno podrá ser garantía de los derechos del hombre y de la humanidad, como la hipoteca lo es de la obligación contraída! ¡Pero así como en la contratación y en el mundo económico-comercial el crédito es el agente más poderoso y estimado que se conoce, así, la forma de gobierno no es al pueblo y sus derechos más que la hipoteca material buscada á falta de crédito en la conciencia del poder público! ¡El problema que está por resolver y que en sus oscuros términos envuelve pueblos y príncipes, gobiernos y gobernados, á la democracia y á la aristocracia, al rico y al pobre; el problema á cuyas latentes manifestaciones ningún poder es bastante á oponerse, no es político, es social... No es de derechos, es de hechos... No está en el corazón de los pueblos, está en el estómago y en el vientre... No es grito del alma... « ¡Libertad... Igualdad... Fraternidad!» Es necesidad del cuerpo: ¡ ¡ ¡Hambre!!! ......................................... • • • • ?/!1••,*•9•••99999•99••9•99991•••11
II a Si éste—«hambre»--le padecen millones de hombres y familias por culpa y causa de la Naturaleza... ¡maldita la Naturaleza sea!... Si la causa y culpa es de la Sociedad... Hmaldita, maldita, maldita una y mil veces la Sociedad sea!! ¡Paso á la revolución social! ¡Paso á la reforma del derecho! ¡Salud á las repúblicas, salud á las monarquías, salud á los imperios!... ¡Salud á los Poderes públicos que de hecho ó de derecho rigen los pueblos y que hagan posible la ley del progreso!... Que abran calle á la reforma, y que reconozcan ó transijan con las necesidades del pueblo!!
I8 nuestras observaciones, podemos reducir á dos: «Humanidad, Individuo,» III I ND iviDuo—HumANIDAD.-- Prescindiendo del uno, el otro es absoluto. Mas corno ambos han de coexistir naturalmente en el tiempo y en el espacio; como todos somos; y formamos igualmente la integridad de la Humanidad y el total individual... somos parte del todo, que sin el total de partes no puede ser todo... y el todo del individuo que formamos y somos... Y resulta, que; ni todos, ni alguno, ni el individuo, ni la humanidad, ni el hombre, ni la especie, absolutos son en el mundo en que los vemos coexistir. De modo que, en el estado latente, lo absoluto es una idea abstracta. El Individuo y la Humanidad se limitan y son limitados. IV De su limitación nace su positivismo, su existencia. Y como el estudio que hemos emprendido es práctico y tiende al realismo de la vida, aceptaremos como premisa fundamental para el desenvolvimiento de nuestro trabajo la de que:
'9 Hay en el mundo dos personas ciertas en estado de lucha latente: la Humanidad, el Individuo. El número, representado por la colectividad; la unidad, que la constituye cada hombre. La humanidad, la colectividad es el todo. El individuo, el hombre es la parte alícuota del todo, tanto mayor cuanto mayor aquél sea ..... Para comprenderlos hay forzosamente que relacionarlos, porque sin relación son términos absolutos... Relacionados, hemos de sentar un axioma. —Al bien de la humanidad ha de sacrificarse el individuo.—El derecho en la colectividad ha de sobreponerse al derecho en el hombre.—No por ser el hombre y el individuo inferiores en derechos y en bienes á la colectividad y á la Humanidad... sí es porque éstas son el conjunto de aquéllos. V Cualquiera otra teoría es , falsa. No sería práctica, y nos conduciría al absurdo de que el hecho de la lucha que el individuo mantiene con la humanidad y la colectividad con la unidad, se efectuase por repulsión, no por atracción, lo que es contra naturaleza. Se da el caso, pero no puede proclamarse como regla.
2 0 Aceptar que el hombre puede legítimamente sobreponers e á los hombres, que la colectividad puede del mismo modo sobreponerse á las colectividades y éstas á la humanidad, es proclamar la legitimidad del despotismo, el hecho de la fuerza sobre el derecho: levantar lo relativo sobre lo relativamente absoluto; hundir la naturaleza en sus efectos, la causa en el fenómeno, el progreso en la inanición. Y esto ni física ni moralmente es posible VI En tanto concebimos el hombre sin el hombre, sus derechos no tienen otras limitaciones legítimas y necesarias que las que le imponen las leyes de la Naturaleza, con las cuales no hay ni puede haber correlación de derechos si es simplemente de causalidad. Pero desde el momento en que un hecho fatal y continuo (cuyos caracteres fijaremos en el capítulo siguiente) coloca el hombre frente al hombre, la colectividad frente á la colectividad... la identidad de naturaleza determina que lo que de ser único fuera absoluto; dentro de las leyes del Universo resulte limitado, y que—cada. individuo tenga, sobre las antes indicadas, tantas limitaciones
2 1 legítimas de sus ilimitados derechos, cuantos sean los hombres que á su frente se alcen; que cada colectividad se vea atajada en los suyos por los de todas las demás colectividades, y que: á cada uno le sea necesario someterse á todos. De . no admitirlo, con sólo invertir los términos, tendremos la demostración ad absurdum: Todos sometidos á uno. La suma parte de la unidad. El hecho de la tiranía sobre el derecho de libertad... VII El derecho de un hombre no es más menos que el de otro hombre. El de un pueblo, no es más menos que el de otro pueblo... Pero el derecho aunado de dos enfrente del de uno, superior es por su intensidad y extensión... No intrínsecamente el derecho considerado, no porque la esencia del derecho cambie, sí es porque la conjunción del uno con el otro hace que ambos formen parte integrante del que resulta. Porque cada uno está en el todo y el todo no está en cada uno. Todo en sí es absoluto. Todo fuera de sí es relativo.
22 Y como físicamente lo absoluto es la esencia de la cosa y jurídicamente en la persona es el derecho, todo derecho y toda cosa, todo espíritu y toda materia, son limitados. Mas las limitaciones, como no son de la cosa en sí, ni de la persona dentro de sí, hemos de estudiarlas por términos de relación—en la relación,—porque sin relacionar lo absoluto con lo limitado, no ya lo que de objetivo pueda tener la idea, si es, la idea misma se pierde. En la vida real, en el mundo físico, lo absoluto es.un concepto metafísico-especulativo propio del filósofo, pero sin existencia... Todo es relativo, todo carece de sustantividad que excluya toda otra sustantividad, porque todo es limitado. Abandonando el estudio del mundo físico, de la naturaleza como materia, y concretando todas nuestras facultades en las personas con relación á las personas y con relación á las cosas, en el hombre con relación al hombre- . y como parte de la colectividad que con otra y otra colectividad la humanidad forman, concluiremos que:—los términos de relación que, como hecho explicado y realidad sentida, limitan en todos los tiempos y en todos los países lo absoluto de los derechos de la humanidad, de la colectividad y del individuo, no son ni pueden ser fijos; no pueden afectar el carácter de inmutabilidad, que sólo existe en las leyes de la Naturaleza, y
23 que el sabio, por medio del estudio de reflexión y experimentación, logra descubrir, para encerrarlas en fórmulas de derecho, elevándolas del fenómeno á la causa, del efecto al principio que lo produce. La legitimidad de las limitaciones marcadas por las mutuas relaciones que necesaria y fatalmente mantienen el individuo con la especie, el todo con la parte, tienen por contrario, como carácter, el de la variabilidad. VIII Para poder apreciar la legitimidad ó ilegitimidad de las mutuas limitaciones del hombre á los hombres, de los hombres al hombre, es preciso conocer la relación que los une; y según esta relación varíe, según sea el momento en que la lucha latente se establezca y manifieste, así resultará ó no legítima la atracción ó repulsión de fuerzas que, como efecto de ocultas causas, de Continuo existen. Sin el análisis de los hechos, los hechos no pueden ser conocidos. Sin el conocimiento de la relación de derechos, la extensión é intensidad de derechos no puede descubrirse. Donde hay una acción, donde existe un hecho,
24 arraiga un derecho. Pero si tratamos de personalizado y son dos ó más los sujetos que lo solicitan, fuerza es detener el juicio hasta que, estudiados los términos de la relación, pueda concluirse de parte de quién está la legitimidad del acto realizado. Filosóficamente apreciado, el problema carece de solución. Cada escuela, cada hombre, deducir pueden sistemáticamente discurriendo una conclusión: y todas, dentro del orden de ideas de sus pensadores, podrán tener su síntesis. Mas estudiando el problema bajo su punto de aplicación político-social, con el fin limitado y posible de mejorar el derecho escrito y de acercarnos al derecho natural, al cual ninguna legislación positiva ha de llegar; porque el derecho natural es el conjunto de leyes de la Naturaleza inmutables y perfectas, como obra del Creador en el orden moral y del Principio de la Causa en el orden físico... y los códigos de los pueblos son ensayos deleznables y variables de la criatura, que fuera de las cosas, en su imperfeccievn no puede pro• ducir lo perfecto, en su variedad no puede producir lo único... El problema, repetimos, estudiado sólo bajo su aspecto de aplicación político-social, sin otras premisas que los tres factores buscados: «Hombre,. Colectividad, Humanidad,» sin otra preparación que la de las doctri-
25 nas apuntadas, tiene, en nuestro concepto, solución. —Siempre la legitimidad no da la acción, si es de la limitación externa de la acción; no del hecho y del derecho, si es del efecto relacionado con la causa que lo produzca, y al solo fin social-político de nuestro trabajo, se ha de resolver de la misma manera, Mas para formar juicio sobre la legitimidad de las limitaciones nacidas de las mutuas relaciones de los derechos de cada uno con los de todos, y de los de todos con los de cada uno, hay que ver cómo el hombre ha llegado á ser parte de una colectividad; cómo el conjunto de colectividades lo son de la Humanidad... hay que estudiar, en suma, el orgañismo donde los hechos se muestran, y de esta suerte notaremos que los hechos son siempre los mismos como resultado de las mismas causas, que los fenómenos se producen en cuanto están dentro de las leyes de la Naturaleza.
26 El hombre en estado de aislamiento: el hombre en estado salvaje. Gradaciones hasta constituirse en un estado social positivo. Aceptación de este hecho. Si el estado natural del hombre es el estado salvaje ó el estado social, no hemos de discutirlo. Sobre las teorías están los hechos, y cuando un hecho se manifiesta constante en el tiempo y en el espacio, es legítimo y superior á todo humano esfuerzo que tienda á contrariarlo. Los seres en la naturaleza se inclinan fatalmente á completar su existencia con todo lo que les es necesario para su conservación y desenvolvimiento; y el hombre, uno de los infinitos seres que la Naturaleza sustenta, ha menester, como todos, en su limitación, del mundo exterior que le rodea; ha de desarrollarse física y moralmente en relación con los elementos morales y físicos de que disponga, porque de otra suerte su desenvolvimiento sería imposible. El individuo sin la especie, la especie sin el individuo, son meras abstracciones. El trabajo analítico de la inteligencia concibe
27 y llega hasta el hombre sin el hombre, hasta el hombre en estado de completo aislamiento... Pero este hombre en estado salvaje existe bajo el poder de las leyes de la Naturaleza moralmente, y de las de la física materialmente; y por la atracción de la materia, respondiendo sus sensaciones á su organismo, ha de buscar necesariamente á la mujer y la mujer al hombre, siquiera no sea más que para la satisfacción de sus deseos, vislumbrándose por tanto, á la luz de la razón, que—en el estado más primitivo y retrógrado, el hombre tiende á la sociedad y está bajo un poder. El hombre salvaje, el hombre de los bosques, extraviado y perdido, sin hogar ni familia, sin ser alguno de su misma especie (cuyo estado es más imaginario que real), vive dentro de un estado. Las inmutables y sobrehumanas leyes de la Naturaleza, que son su medio ambiente y que en tanto que la ciencia no las descubre, misteriosamente le envuelven, son: la constitución, no escrita si es observada, que regla todas sus acciones, que las modera y que le impone derechos y deberes. Su voluntad sin freno le empeña en llegar hasta donde su vista alcanza... Emprende la carrera, y si las fuerzas no le abandonaran, el sol al ocultarse y la noche con sus sombras y oscu-
34 tuas necesidades físico-materiales, á los sentimientos afectivos y morales de su organismo, para la común defensa y vencimiento de las fuerzas que contra él luchan, nos es conocido el fin social, y fácil, por tanto, decidir que es legítima la lucha que el Hombre sostiene contra la Humanidad y la Humanidad contra el Hombre, cuando se empeña por el fin natural del Individuo en la unidad, de la Humanidad en la especie. Este fin no es otro que el de su conservación y progreso. Así, cuando se ataca el principio esencial de su manifestación, se hace en la constitución política de los pueblos, violación de las leyes naturales de su existencia. Es por tanto legítimo: todo, absolutamente todo lo que es necesario á la vida y desarrollo de la Humanidad y del Individuo. El primer derecho del hombre es el derecho á la vida. Derecho subjetivamente absoluto; pero relativo, objetivamente relacionado al mismo fin de conservación y progreso que en la Humanidad existe. Siempre que puedan coexistir fines y derechos del número (colectividad) y de la unidad (individuo), derechos y fines son absolutos. Cuando no, siendo ambos igualmente naturales, como positivos que son, los de la Humanidad deben so-
35 breponerse á los del individuo... Porque la vida de la primera es el conjunto de la vida de todos los hombres; la de la colectividad lo es—de la de todos los individuos que la constituyen. .. y es fuerza en derecho que la parte perezca para conservar el todo, que el miembro se ampute para salvar el cuerpo, que el átomo se sacrifique á la conservación de la materia Y esto no podría conseguirse dentro de la sociedad y al fin común é individual, según los casos, sin un poder que aplique el derecho al fin únicamente legítimo del Hombre y de la Humanidad. «vida y progreso,» cuando en su estado de lucha latente haya que decidir el conflicto que surge del choqUe ó mutua limitación, que es ley en el mundo físico, fuerza de hecho ó de derecho en los pueblos y que expresa con exactitud la palabra «Poder.» III El «Poder» que de hecho existe en toda sociedad constituida, puede ejercerse legítima ó ilegítimamente. Lo hemos saludado y reconocido como necesario; pero, en la esfera del derecho, sólo puede aceptarse en el primer caso. Para conocer su legitimidad, ha de bastarnos ligerísimas consideraciones basadas en el estu-
E6 dio que venimos haciendo. Dedúcese como corolario, de las premisas sentadas, del análisis hecho en páginas anteriores. ((El hombre es la unidad, la colectividad es una suma de unidades, la Humanidad es el conjunto de todas las colectividades.» En la esfera del derecho, el individuo, sin relacionar con el individuo, es soberano. Lo es la colectividad también, sin relacionar con otras colectividades... y no hay otra soberanía que la que constituye la suma de voluntades del mayor número... como no hay más suma que la que dan los sumandos. Así, todo poder para no ser un hecho de fuerza, ha de ejercerse en nombre del pueblo por delegación de soberanía del mayor número de los individuos que constituyen la sociedad. Ningún poder sdcial puede legítimamente proclamarse soberano... Porque, en tanto en derecho se concibe este principio, en cuanto la soberanía se entienda formada como acabamos de exponer. Y, como principio absoluto que es, si existe en el individuo en su estado de aislamiento y en el mayor número de individuos contra el menor, con respecto á la colectividad unida... en términos de relación, de hombre á hombre, claro es que no es posible, en razón ni en materia, que exista también en el poder. Y así como ningún matemático podría probar
37 que hay sumas sin unidades; ningún poder social puede decir que tiene propia sustantividad, que es por sí,... sin hallarse formado por la soberanía que resulta de la unidad de voluntades del mayor número. IV La legitimidad del «Poder» está en el principio de la soberanía nacional... Soberanía que una vez delegada ha de ejercitar el Estado, que es la entidad encargada de la realización del derecho. La necesidad determina el hecho de que el hombre haya de someterse al Estado. La voluntad de los más lo fija. El Poder lo impone. Si la necesidad desaparece ó varía sus caracteres, la voluntad de los asociados por modo natural ha de modificarse, y el Estado ha de variar en razón de derecho. Podrá resistir. En este caso se producirá la guerra, vendrá la revolución... y la vida y el progreso de los pueblos saldrán por necesidad triunfantes del despotismo y de la fuerza.
8 Constitución político social de los Pueblos.—Idea del Poder. l'oción del Estado. La constitución político-social de los pueblos principia donde se pierde la de la familia. En tanto que todos los individuos naturalmente reunidos reconocen un tronco generador, el padre ejerce la autoridad suprema, incondicional, omnímoda... Si el padre falta, pasa al hijo mayor, a.1 más capaz, al más fuerte... Mas en todas estas trasmisiones del poder no se vislumbra la constitución político-social: no hay pacto ni convenio... Existe sólo un hecho, una imposición... Si algún miembro de la familia se rebela, es castigado, y ó se emancipa ó queda sometido. Pero cuando la familia se pierde y las familias se constituyen en sociedad; cuando, rotos por la limitación afectiva del corazón humano los lazos de la sangre, álzanse los unos hombres enfrente de los otros sin más vínculos que los del común interés y mutuas necesidades; cuando ya el castigo basado en el principio de autoridad no es posible porque el poder ejercido ha perdi- 3 3
39 do su abolengo y genealogía, y es disputado y solicitado por todos los individuos con igual derecho, por todas las colectividades con igual te. són; cuando el desenvolvimiento de la especie compromete en un espacio limitado . la suerte de los más ó de los menos, porque no hay en derredor de aquel pueblo, de aquella colectividad, elementos bastantes de vida y progreso; cuando los surcos abiertos por el arado que guía la mano del hombre trabajador se encuentran, se cruzan y confunden con los que otra mano abre con igual derecho; cuando los frutos de la tierra no son bastantes paró todos los que de ella se han posesionado; cuando la lucha en estado latente se manifiesta por la misma causa de necesidades no satisfechas...: instintos y sentimientos que formaron el pueblo, que agruparon sus individuos, han menester de un poder que restablezca si se perturba, que resuelva si se disputa, que mantenga siempre, el fin de progreso y vida de la Humanidad con relación á la especie, del individuo con relación á la unidad, para la general defensa . y vencimiento de las fuerzas que contra él luchan... Y como la violencia ó la justa reclamación pueden venir de cualquiera, y todos han menester de una personalidad que en bien de todos y en garantía de cada uno mantenga el fin social «vida y progreso,» si un hecho de fuerza no ha decidido quién el Poder sea,
40 los asocia-los necesariamen L e lo determinan, y en todo caso conservan el derecho de constituirlo. De esta suerte, vemos: que el Poder en la familia es—autoritario y natural—y que en el Pueblo es:—ejercí lo de hecho ó de derecho: usurpado y constituido ¿Cuándo estará de derecho constituido? ¿Cuándo estará de hecho usurpado?... Es de fácil conocimiento. II La Sociedad es el organismo de la colectividad, como el organismo del individuo es la familia. El organismo es la esencia sustantiva de la vida del ser, en términos que no es orgánico lo que no es vida para la cosa. El Estado, que no es más que la representación del derecho de todos, la ley orgánica del cuerpo social, será legítimo cuando cumpla su fin objetivo: la realización del derecho en el progreso de la vida de la colectividad. Mas como organismo que es, ha de tener origen, existencia y fin. La legitimidad de su origen no puede ser otra
4t que el sufragio; medio que, aunque imperfecto, es el único que en puridad de sistema muestra el mayor número de voluntad, que es la facultad en el hombre que en estado libre da ó niega el consentimiento para todos los actos de la vida. Y como la voluntad es variable, subjetiva en el individuo, y ha de recaer por términos de relación en un objeto también variable, el origen de la legitimidad del Estado está en el tacto que los individuos de una colectividad hacen. Pacto consensual y por tanto libre, Pacto sinalagmático que puede y debe romperse una vez nacido, tantas como legítimamente el sufragio decida la revolución social. Pacto conmutativo, cuya base es la justicia que ha de reglar la igualdad ó proporción del cuasi contrato social.
42 Acción y limites del poder en el Estado . —Su indeterminación. Imposible fijar cuál sea la misión y límites de la acción del Estado. Nacen de los términos del pacto, del objeto de la Sociedad constituyente y constituida. Pero fisiológicamente considerado como organismo y filosóficamente como hecho necesario, el Estado ha de ser socialista, esencialmente socialista:... y en su virtud—el bien del mayor número ha de ser la suprema ley del Estado. Y como el mayor número en tiempo y espacio limitado, con relación á un pueblo, á una nación, á una colectividad, en fin, puede hallarse constituído por unos ú otros elementos, puede verse modificado por unos ú otros accidentes y ser en estas 6 en las otras condiciones... sin conocer el momento histórico en que el Estado ha de ejercitar su acción, no es dable determinar los límites de ésta, ni menos precisar los proce. dimientos que ha de seguir.
43 II El Estado es la atmósfera de la Sociedad, y como la atmósfera en el mundo físico, ha de precipitarse en el vacío que, en su limitación de acción y medios, dejen el individuo, la familia, el concejo, la provincia; pero de ningún modo ha de ingerirse hasta imposibilitar las esferas de acción sustancialmente propias y prácticamente realizables por la actividad y vida de los distintos organismos que, dentro de él, en las sociedades modernas, tienen propia sustantividad. Esta regla, aunque general, no puede proclamarse como principio fijo, porque la misión jurídica del Estado es «la realización del derecho», y para comprender el derecho nos es necesario entrar en el estudio objetivo de lo que hemos llamado «términos de relación», cuyos términos son los que deciden la extensión é intensidad de los derechos, y como consecuencia, la justificación de las acciones del poder público. «Todo en sí, dentro de sí, aisladamente en sí, es absoluto. Pero todo fuera de sí, relacionado, en estado de lucha latente, es limitado.» • • Supongamos el inundo habitado por un solo
5° que se llama Revolución, y que no es más que un acto de legítima defensa. El ejercicio de la acción reivindicatoria. III Cuando el derecho inmanente de la soberanía nacional está reconocido en la Constitución del Estado y es su ejercicio expedito; cuando los individuos todos han sido libres en la emisión de sus sufragios y no pueden acusar de traición á los representantes que han elegido; cuando en la ley política que sirva de fundamento al Estado no se han escrito los irracionales é inmorales principios de los poderes inamovibles, inviolables, irresponsables y por colmo de absurdo, hereditarios!... Cuando, en suma, es posible hacer la revolución en el santuario de las leyes, modificar el derecho constituido por medio de la manifestación pacifica;... el acto de fuerza, la rebelión armada es un crimen: como crimen es en propia defensa el homicidio, cuando su comisión no era absolutamente necesaria al fin natural dé , la conservación de la existencia.' La revolución en sí, ,, como en sí el homicidio, en juicio absoluto, como acción, es para toda
5t cónciencia objeto de reprobación y nosotros la anatematizamos. Pero fuera de sí, como hecho que el filósofo y el moralista han de relacionar con las causas que lo producen, en sus relaciones con el mundo exterior y fuera de sí, la revolución, intrínsecamente considerada mala, no sólo será buena por causa de los motivos que la originen y de los fines, lógrense ó no, que sus autores se prometieron, que la colectividad persiguiera; sí es en casos extremos indispensable, imponiéndose al pueblo como deber, cuya realización no entraña sólo el hecho de la revolución, que en la, historia de todos los pueblos y de todos los países hallamos escrito con sangre... sí es un derecho que llamaremos de—rebelión---in- manente en toda colectividad, y que se manifiesta ó debe manifestarse, contrariados que sean sus fines por el Poder á que se haya sometido para el fin de su realización. Derecho de defensa en los Pueblos, tan sagrado é ilegislable como son todos los derechos naturales. IV --¡Cerrad paso á ideas tan disolventes! —dirán las honradas clases conservadoras, que tiemblan siempre que contra la usurpación y el despotismo se levanta la voz amiga de los deshere-
52 dados y de los oprimidos, de los que sufren y padecen por obra de iniquidad de los fuertes y de los privilegiados. ¡ Arrojemos al fuego, con su autor, el libro que con impudencia nunca vista santifica el crimen y hace la apoteosis de la revolución excitando á las masas á que se levanten en armas contrael poder constituido para que, socavada la sociedad en sus cimientos, todo lo existente sea destruido!... A estos... calumniadores sólo responderemos con la tranquilidad de nuestra conciencia y con las doctrinas que dejamos consignadas. Y como ejemplo de remota antigüedad del derecho de rebelión (que no ha de poder recusar una gran parte de la humanidad, todos aquellos que son cristianos), citaremos el que nos ofreció Jesús al arrojar del Templo á los mercaderes. Dedicábanse éstos á sus granjerías en el sagrado recinto, y aquel gran mártir de una de las más puras doctrinas que se han predicado en el mundo, reivindicó para la Humanidad el derecho de la conciencia, herida por los que habían convertido en mercado el lugar destinado al culto de la Divinidad... Y para rechazar la agresión de la impiedad contra la creencia, para reivindicar los derechos de la Iglesia que con tanto heroísmo fundó Jesús, dando forma de Código moral á las leyes de la Naturaleza,-se rebeló contra
53 la perversión y contra la costumbre, y realizó el acto de fuerza de arrojar á los mercaderes á latigazos del Templo, porque infringían la ley moral... • • • e • ¿Podrá concluirse ante aquel sublime ejemplo que, para cumplimiento de un deber, nos dejó el mismo que herido en una mejilla presentó la otra á su verdugo cuando, terminada ya su misión como apóstol, se ofreció corno mártir?... ¿Podrá concluirse, decimos, que Jesucris- to santificó el empleo de la fuerza y el uso de la violencia?... En modo alguno, mas el hecho es de profunda enseñanza, y prueba: que si para los estadistas el derecho de insurrección es cuando menos un hecho, para la conciencia es un deber; y que lo que nosotros, arrostrando toda impopularidad, acabamos de sostener en el libro, lo sostuvo con el ejemplo Jesucristo. Aquel que al cesar en su misión apostólica, entregado como mártir de su idea al verdugo, llevó la virtud de la humildad y de la mansedumbre hasta la sublimidad, repetirnos, de al ser herido en una mejilla presentar la otra..., era el mismo que valeroso había reivindicado el derecho por la fuerza—cuando cerrados á la razón los oídos de los mercaderes, su empleo fué el medio necÇsario para que lo divino no se prosti•
54 tuyera con lo humano: restableciendo á latigazos el equilibrio roto, la ley conculcada. V Cuando la agresión es y lastima sólo al individuo, el individuo puede no defenderse, y al ser herido en la mejilla izquierda presentar á su verdugo la derecha... Mas cuando es contra la colectividad, cada uno tiene el deber de reivindicar el derecho de todos y el de rebelarse. La rebelión de los pueblos contra el Estado, de los oprimidos contra los opresores, no es un hecho, es un derecho; no es un derecho, es un deber sagrado. ¡Bien hayan de la Humanidad los pueblos que este deber cumplan!
Revolución social.—Medios para realizarla. Reflexiones. Llamamiento á los hombres de buena voluntad. Todo lo orgánico ha de subsistir, y todos los organismos son parte del absoluto orgánico de la Naturaleza. El Estado es fatalmente necesario para mantener el equilibrio de las fuerzas sociales. Es un término en lucha latente con el otro término. Su línea divisoria, su punto de balanza es lo justo en la esfera del derecho: lo necesario en la de los hechos. Donde hay términos hay relación; y donde ésta exista hallaremos leyes naturales que la regulen. El átomo es la unidad en la materia, como el individuo lo es en el Estado. La atracción física determina el cuerpo, que es también en las evoluciones orgánicas unidad sustantiva, como lo es en la humanidad la co lectividad que forma el pueblo. Y así como todo cuerpo halla en la atmósfera su contención y vida, toda sociedad ha de hallar en el Estado
56 las condiciones de su existencia. La colectividad, como el individuo, han de recibir del Estado cuanto á su progreso y vida es necesario. Si aquél no cumple esta su misión única, individuo y colectividad deberán acudir, por derecho, á la revolución; que la Sociedad en este caso 6 el Poder que regula sus fuerzas son sus enemigos, y hacen imposible el fin de su existencial vida y progreso. II Roto el equilibrio de las fuerzas orgánico-so- ciales; en lucha sus elementos sustantivos por sustantivas causas, el choque llega á ser inminente, fatal, necesario...: y la revolución empieza y acaba su obra—la obra del derecho—sin otras contrariedades, sin otras demoras que las sostenidas más 6 menos tiempo por los hechos de fuerza que ha de destruir, por los elementos de _ resistencia que el usurpador presenta á los despojados, el tirano á la víctima, la constitución á los constituidos ... • • • • • •
57 III Determinado por la plenitud de los tiemr pos en la vida de las naciones, el momento his tórico de la revolución social, dos medios hay para su realización, medios concordantes y harmónicos con la fuerza resistente que la produzca, con la actitud del Estado, de las colectividades. Procedimiento de fuerza. Cuando la fuerza se opone á. la sustentación ó reivindicación del derecho. Procedimiento de derecho. Cuando las leyes son la causa de los males sociales y el Poder acepta y los pueblos se someten á la reforma. El derecho de petición de la colectividad y del individuo es la manifestación del segundo. La conspiración y la lucha armada lo son del primero. Uno y otro son legítimos cuando son necesarios. Para ejercerlos han de tener presente los pueblos que los derechos se piden, y si se niegan se toman,
58 IV ¡Escandalícense los tímidos, sean en contra nuestra los partidos legales, cuya sola denominación es un reto á muerte para los vencidos!... ¡Digan los hipócritas, los amantes del orden sobre la libertad, los traidores todos de la causa del pueblo, que santificamos el crimen de insurrección, que lo convertimos en derecho y que con tales doctrinas no hay sociedad posible ni instituciones!... ¡Ellos saben, como nosotros, que la bandera de insurrección no la desplegamos como legítima, sí es en el caso extremo de que á los derechos inmanentes en las colectividades y en el hombre, se oponga la fuerza por el Estado y los, Poderes públicos, sin atender las justas quejas de los desheredados, sin remediar las necesidades de los menesterosos! Las revoluciones son hechos de todos los pues blos, de todos los siglos, y su persistencia en el: tiempo y en el espacio les hace legítimas. Que cuando un hecho presenta estos caracteres tiene en la Humanidad sustantividad propia. . • • • 11 • Lo que ha de ser, será,
59 No hay fuerza moral ni material" que lo evite. Podrá retardarse el efecto, la explosión. Pero fatalmente los efectos vendrán por las causas. Y en la vida social, roto el equilibrio orgánico de los elementos concurrentes y complementarios del total conjunto, surgirá la lucha en el estado latente explicado en anteriores páginas, tanto mayor, tanto más formidable, cuanto mayor sea el desequilibrio producido y la obra de iniquidad de los poderosos. Que, así como todo cuerpo lanzado fuera de su centro de gravedad lo busca y halla necesaria y fatalmente en su caída, porque la ley física de la gravedad lo determina, todo derecho inmanente ha de volver, á despecho de los usurpadores, al sujeto que lo encarna y debe poseer, no por gracia y merced recibidas, sí es —por ley natural. • La opresión ejercida por los Poderes públicos sobre los pueblos, la fuerza de las leyes sobre las colectividades y sobre el hombre, obran como el vapor sobre las paredes de una caldera. Cerrad ésta herméticamente, engrosad aquéllas para que su resistencia sea cada vez mayor, y estad ciertos que cuanto mayor la resistencia sea, cuanto más el hierro avance y estreche al vapor, más inevitable, más inmediato y más potente ha de ser el estallido del receptáculo. Acaso resista su fuerza hasta comprimir el fluido en el espacio
66 Oprimid el torrente y romperá sus diques. Resistid la revolución social, y sobre vosotros y vuestras tiranías, ¡oh poderes públicos! la revolución triunfará. VIII ¡ ¡Triunfará, sí!!... No hay fuerza moral ni material que lo evite. ¡Cada derrota es un triunfo!... ¡Cada persecución, un empuje!... ¡Avanza á pasos de gigante, la necesidad la justifica, la ley divina y humana la amparan... Y tiempo es de que los poderes públicos,, que de hecho ó de derecho rigen los pueblos, dejen el camino libre, colocándose decididamente á la cabeza de* los desheredados, que han de ejercer su acción reivindicatoria contra los usura parlores!... El hombre, la colectividad, no se rebelan contra el Estado... sí contra sus leyes. La revolución, al atacar al. Poder, se erige en Poder: prueba (que tiene la grande elocuencia que de los hechos s?, desprende) d?, que lo reconoce nes cesado.
67 Comprendan los hombres que tienen la representación del Estado cuál es la misión que les está confiada. Persuádanse que son los guardadores de los derechos de todos y del de cada uno. Estúdienlos relacionándolos.., para dar solución conveniente á los conflictos que surjan entre unos y otros. Tengan en cuenta que no son la representación de clases é intereses singulares ni privilegiados... sí es los depositarios de las fuerzas vivas de la humanidad que han de dirigir al fin único del hombre y de la colectividad: «vida y progreso.» Que con frecuencia el estado tranquilo de derecho se perturba en los pueblos... y que su misión es restablecer el equilibrio roto por el excesivo desarrollo de las unas fuerzas sobre las otras, por las luchas, siempre perturbadoras, de intereses egoístas cuando leyes sabias y justas no los regulan y contienen. IX La revolución en el derecho se hará, porque el derecho en los pueblos es. Para su realización hacemos un llamamiento á los hombres todos de buena voluntad. No persistan en ver, los que se creen sobre el Pueblo, su enemigo en el Pueblo, aprestándose
68 insensatos á una resistencia imposible en la que serán vencidos. Consulten su propia conciencia y les responderá que el enemigo está en sus propias acciones y omisiones... Que pueden, y aún es tiempo, evitar la lucha de destrucción que su actitud provoca, sin más que desistir del injusto empeño de ser vencedores de sus iguales... No creemos, como La Sabrán, que esté hecha de fango el alma de los reyes y de los lacayos; ¡que tanto como nosotros son y valen los que están altos como los que están bajos!... Mas tampoco es cierto que el hombre de color sea esclavo del blanco por naturaleza; el obrero, del fabricante; el trabajador, del capitalista... Que haya en derecho señores y siervos, ricos y pobres, familias que gocen y familias que padezcan! ¡clases sociales dominantes y clases sirvientes! ... Las fuerzas vivas que constituyen la Sociedad están desequilibradas. El predominio de las unas sobre las otras ha destruido los límites que el derecho natural establece... ' El despotismo del Estado contra los pueblos, de los Gobiernos contra los gobernados, está dando lugar, es causa de la lucha latente que á todo hombre pensador preocupa... Y como el desequilibrio social no puede prevalecer sobre el equilibrio de la Naturaleza, ni la viciada ó viciosa constitución de los pueblos sobre las leyes harmónicas del Uni-
6.9 verso, cooperemos todos á la creación del estado tranquilo de derecho en que fían su porvenir los que sin presente saben ya, por la propaganda hecha de las ideas, que son fines de la Humanidad «vida y progreso,» y que su exclusión del banquete de la vida no es:—agravio del Creador, obra de la Naturaleza, fatalidad del Destino, contra losqueno cabe rebelarse!... Sí es ¡obra de la iniquidad del hombre!... y que puede repararla y castigar á su autor con la venganza, sin que de la venganza sea responsable la mano del Pueblo que la ejecuta, sí es el delito que la precisa!... X ¡¡Venganza!! ¡Fuera posible que los oprimidos se vengasen de los opresores, el esclavo del señor, y á fuer de leales decimos que no haríamos el llamamiento que hacemos á los de arriba para mejorar la suerte de los de abajo; al Poder para que realice la revolución en el derecho y restablezca el derecho de los pueblos!... Porque en el fuero interno de nuestra conciencia, como jueces de los hechos que han tenido y tienen lugar en el tiempo y en el espacio s como filósofos y rnoralis-
70 tas, habría de sernos más satisfactorio la expiación de la culpa por el culpable que la reparación que por causa de daño eminente, para los unos y para los otros si se yerra el procedimien- to, pedimos al verdugo para la víctima!... Mas como estadistas y al fin esencialmente práctico y humanitario de nuestras aspiraciones, forzoso nos es confesar que — ¡ la venganza del Pueblo es impotente y mezquina para borrar con la sangre que en los momentos de las supremas crisis se derrama... el surco que los desafueros y la tiranía de los dominadores ha impreso en las abatidas frentes de los oprimidos! ... Repasando la historia, los llamados excesos de las revoluciones son verdaderos crí m enes que contristan la conciencia de los que con ánimo sereno y el juicio concentrado sólo en el momento en que los hechos se realizaron, los aprecian y califican. Mas cuando filósofos y pensadores estudian los efectos por las causas... ¡Cuando al caer al golpe de la guillotina la cabeza del aristócrata ó del burgués se aparta la vista del sacrificio y se suma el número de las víctimas del sacrificado!... ¡Cuando á la rojiza luz de la tea del incendiario se penetra en los antros de miseria y lágrimas que aquella riqueza destruida ó saqueada representa!... ¡Cuando los ojos se apartan del palacio que arde para fijarlos en millares de albergues en que no ya individuos pi familias 1 , sí es gener?- - çiories
71 esclavas de la suerte han perecido de hambre, de frío y por falta de aire y de luz!... ¡Cuando de la noble dama atropellada por el bestial sensualismo del villano que asaltó su castillo se pasa á las modestas viviendas en las que las hijas del pueblo fueron traicionadas en su fe ó forzadas en su debilidad y miseria por el padre, el esposo ó los hijos de la que en su desgracia excitaba la compasión!... ¡Cuando de la severa y respetable figura del sacerdote se desciende á la realidad, y en el que llora y suplica al verse brutalmente perseguido por las turbas y sin piedad mutilado y asesinado, se descubre al cura disoluto que abusó de su ministerio para prostituir doncellas, que apartó á la esposa de la confianza y del cariñ o del esposo, que mató la santa figura de la madre en el repugnante engendro de la beata, que penetró en el sagrado del hogar por el indigno espionaje ejercido sobre la ignorancia de la mujer en el confesonario, que se apoderó de los bienes de las familias, que ahogó todo destello de inteligencia y preparó y condujo á los creyentes y fanáticos á los mayores excesos, tranquilizando sus pervertidas conciencias con la absolución de sus culpas á tan poca costa redimidas!... ¡Cuando se comparan y -relacionan los horrores y las iniquidades de tantos siglos, con las iniquidades y los horrores de algunos días, horas ó minutos!. ¡Cuando se pesan crímenes con críme-
72 nes, desafueros con desafueros, dolores y sufrimientos con sufrimientos y dolores ¡qué son, qué significan en la balanza de la justicia humana los últimos para los primeros! ¡Quien que de virtuoso y recto blasone podrá pedir... misericordia para los verdugos al contemplar sus víctimas! ¡Nada es su venganza, nada, relacionada con el agravio, y si la sangre se derrama, oprimidos y opresores quedarán manchados!.. Por esto la rechazamos, por esto sólo queremos evitar el choque material y encauzar la revolución por los derroteros del derecho, haciendo un llamamien- to á los hombres todos de buena voluntad para que nos ayuden en la obra de la reforma... para que sientan con nosotros la necesidad que se impone de que los Poderes públicos, que de hecho ó de derecho rigen los pueblos, comprendan y sean los ejecutores de su misión esencialmente social. ¡Que tiempo es ya de que á la propaganda hecha y triunfante de las ideas sustituya lo práctico de los sistemas; de que la ley político-consti- tucional ceda la primacía á la ley civil, y que, con Cámaras 6 sin Cámaras, como hecho 6 como derecho, por ley 6 por fuerza, se busque y estudie la forma posible y progresiva de que los males de los pueblos se contengan y remedien, de
73 que se abra paso á la revolución social por medio de la reforma del derecho! • • • XI Reconocido en principio, que en el actual momento histórico la misión del Estado es esencialmente socialista y no política, abandonemos el orden de ideas especulativas en que fundamos nuestro trabajo, para exponer un sistema de reforma. Como es natural, al tratar de desenvolver la revolución en el derecho que al derecho de los pueblos precisa hacer, habremos de partir de un derecho constituido y vigente. Tomaremos como base el que en España rige, tanto por sernos más sensible, cuanto porque más sensible es para nuestros inmediatos lectores, reuniendo condiciones bastantes para que el juicio se forme con conocimiento de causa; siquiera debamos observar que no es el interés nacional el que únicamente nos mueve, sí es el interés de la Humanidad y el de los pueblos todos que abarcan y comprenden, corno todo que
74 es, las partes representadas por las actuales nacionalidades. El derecho de gentes, el derecho natural es único. Y las mismas causas producen en todas partes los mismos efectos.
SEGUNDA PARTE De las personas. El derecho constituido considera las personas en estado natural y en estado civil. En el primero sus derechos varían por razón del sexo, del nacimiento y de la edad. En el segundo, según sean naturales ó extranjeros. Entendemos que el sexo y la edad son diferencias sustancialmente naturales, que en sí determinan, dentro del derecho natural, variedad subjetiva que necesariamente hace que el hombre y la mujer, el infante, el púber y el adulto no puedan ser lo mismo ante la ley. La fuerza y la inteligencia, la razón, la conciencia y la viabilidad aumentan y decrecen progresivamente con la edad, que marca en el individuo estados característicos y funciones distintas, tanto en el orden físico corro en el orden
8 2 y los abismos de la satisfacción de sus pasiones y de sus vicios. Y no se diga que desde el momento en que se efectúa la confusión legal de los hijos nacidos en matrimonio con los habidos fuera de matrimonio, perjudicamos el derecho de los primeros, porque los hijos comparten natural y civilmente los derechos que la sucesión les da con sus hermanos; porque, aceptada la objeción, la lógica nos conduciría á limitar en los cónyuges el número de hijos en relación con su fortuna. ¡Sean hermanos ante la ley todos los nacidos del mismo padre ó de la misma madre, y hermanos sean todos los hombres ante la humana conciencia! Sin esta reforma en el derecho, sin este principio de fraternidad en los pueblos, los desheredados, los parias que hoy la sociedad registra con inaudita crueldad, serán enemigos naturales de la familia y de la colectividad dentro de la cual vivan ¡fermento de la inmoralidad y del pecado con que su inocencia fué marcada! Menos infanticidios y más hombres virtuosos registrarían las estadísticas del crimen y la historia de las familias, si la Iglesia y el Estado inscribieran los nacidos, por caridad la primera y por imperativo categórico del derecho el segundo, sin indiscretas relaciones sobre el hecho
83 natural, y por tanto legítimo, de su venida al mundo, corno hijos de la madre y del padre que los reconoce y presenta, suprimiendo de las partidas sacramentales y del registro civil la clasificación de «legítimo ó ilegítimo,» que sólo en el orden moral debe quedar en la conciencia de los progenitores del nuevo ser para la expiación subjetiva de la falta; pero sin que nunca ésta alcance al inocente que, al venir á ser individuo de una sociedad, unidad de una colectividad, parte de la Humanidad á la cual pertenece, tiene derecho al derecho de todos. • En el estado natural de las personas no hay más que dos diferencias que determinan, con razón y en derecho, distintas aptitudes en el individuo. La edad y el sexo. IV En el estado civil, la clasificación de «naturales y extranjeros» tiene inmensa importancia para la Humanidad. Es contraria al derecho natural, y urgente, por tanto, que el derecho, en su revolución, la borre como maldita y para siempre de sus Códigos.
84 ¡Cuánta será nuestra convicción en este pun- to, cuando no nos detiene la universal impopularidad que ha de alcanzarnos por la sola manifestación de nuestro pensamiento! Nada hay más funesto para el progreso de la Humanidad que el concepto de la Patria. Es una fuerza ciega que arrastra y hunde colectividades y pueblos... En cuyo nombre se resiste la razón y el derecho, lo útil y lo justo... Grito de explotación, de expoliación y de despojo con el que han cubierto sus crímenes y ambiciones los tiranos de todos los tiempos... Concepto liberticida que corta y rompe la corriente eléctrica de las grandes revoluciones... Que ata- ja y detiene en las fronteras el esforzado progreso de los genios de la Humanidad... Que lanza al hermano contra el hermano, al hombre contra el hombre, ofuscando su entendimiento hasta el extremo de obrar por sentimiento y no por conocimiento. • 9 -e •
85 VI No pretendemos de momento la desaparición de las nacionalidades. Mas, como reforma necesaria, llevaríamos á la revolución del derecho el que el estado de las personas no se vea modificado por el antifraternal principio de considerarles «nacionales y extranjeros.» Hora es ya de que los derechos del hombre se fundan en el crisol de lo justo y de lo bueno, y de que el individuo, como las colectividades, dejen de considerarse authoctonos para lanzarse en alas del cosmopolitismo á la realización del progreso que, indefinidamente, se desarrolla en el tiempo y en el espacio. «¡Ante todo la patria!» dicen los explotadores eternos de los pueblos. Y éstos «¡ ¡Ante todo!!» repiten, oponiendo el fanatismo de sus corazones al pensar del cerebro y á la voz de la conciencia Y por mantener, por ejemplo, la integridad del territorio que se halla repartido entre los privilegiados... y en el cual ¡ni una sola pulgada tienen suya los desheredados!... ¡se destroza la integridad de la vida humana y se pierden millones de vidas y haciendas, que los tiranos
de todos los países y de todos los tiempos emplean como combustible indispensable para sostener personales grandezas, feudos de familia, orgullos y ambiciones... si es que no obras de iniquidad y de vergüenza! «¡Ante todo, vida y progreso!» decimos nosotros y con nosotros los oprimidos de todos los pueblos. ¡Que ya es tiempo de que á la idea de la Patria sustituya la idea del Universo, y á los conceptos de «nacionales y extranjeros,» el concep- to único de «Humanidad», la personalidad «hombre!» VII La primera aspiración es remota, porque la forma práctica para alcanzarla es la de federación y confederación de Estados en la República universal. Mas la segunda quedó de derecho reconocida desde que la revolución francesa del último siglo grabó con sangre en el corazon de todos los pueblos de Europa (como antes lo hiciera la más grande de las colonias inglesas en América) el lema de su bandera redentora: «libertad, igualdad, fraternidad». ¡Tiempo es ya de que á la propaganda hecha de las ideas sustituya la práctica de las virtudes d.-
87 visas, virtudes que hoy atajan y esterilizan antiguas preocupaciones, á las que las masas rinden culto, y de las que sólo sacan individual provecho los que viven de la ignorancia de las muchedumbres y llaman sagrado lo que es impío! El concepto de la patria es para los Gobiernos de todos los pueblos, como la existencia de Dios para los sacerdotes de todos los cultos. Una mina en explotación. Y precisa: que los patriotas, como los creyentes, distingan—cuándo les dan los directores el oro nativo que su seno guarda... y cuándo les precipitan por ineptitud ó perfidia, sobre gases que asfixian y matan.
SS De la familia. Si de las personas, primer elemento simple de la sociedad, pasamos á la familia, forma originaria de su primera manifestación, institución hallada en todos tiempos y países, habremos de reconocer sobre este hecho su legitimidad; y estudiada, encontraremos racionalmente, sus caracteres esenciales y constitutivos, la organización sustancial de su existencia, el derecho natural por que se rige; y una vez éste conocido, fácil ha de sernos determinar la solución que reclaman los distintos problemas de actualidad que con ella se relacionan. Ti La familia, en el orden de la Naturaleza, no se manifiesta en la unión del hombre con la mujer. Este es un acto dependiente de la voluntad de las partes y que determina el amor, el interés, la pasión, el cálculo... No ofrece carac•
89 teres indelebles, consecuencias fatales, lazos indestructibles. Es una compañía en la que sólo hay obligacionistas, socios fundadores. La familia nace con el hijo. Desde el momento en que esta nueva personalidad se presenta, al hecho voluntario de la unión de los padres, se sobrepone el hecho de relación forzosa en que se ve constituido el ser que viene al mundo fatalmente, por ley natural. El hombre es con la mujer, la mujer es con el hombre porque quieren. Acto de voluntad. El hijo es del padre, es de la madre, sin que quiera. Acto sin voluntad. En el primero, se vislumbran tan sólo caracteres de contrato. En el segundo, hay algo más trascendental. La institución de la familia. Segundo elemento orgánico de la Sociedad. III El matrimonio, para la Religión, es sacramen- to; para la Sociedad, contrato. Sea en el primer concepto lo que el dogma determine y la disciplina de la Iglesia á que pertenezcan las partes preceptúe. El Poder civil, el Estado, no puede menos de
90 respetar la libertad de conciencia y de garantir la libertad de cultos en cuanto sus prácticas externas no ataquen, por necesidad subsiguiente á su manifestación, derechos inmanentes del individuo, de la colectividad ó de la Humanidad. La Iglesia es una asociación dentro del Estado. No es un poder con el Estado, ni sobre el Estado. De aquí la limitación racional de sus actos externos. El hombre, como ser moral que es, en todos los tiempos y en todos los países tiene la creencia en Dios, y solemniza los principales actos de su vida, y entre ellos el matrimonio, con los ritos de su Iglesia, la práctica de sus antepasados ó el fanatismo de la superstición. El hombre, como ser inteligente y sensible, como compuesto de espíritu y materia, tiene distintos fines que cumplir; ejercita su actividad en las múltiples esferas de acción en que se mueve: y la misión del Estado es hacer posible el fin religioso, el fin científico, el fin moral... todos los que se derivan de las varias aptitudes del individuo, sin otras limitaciones que las ya explicadas en páginas anteriores en que nos hemos ocupado de los derechos del Hombre, de la Colectividad y de la Humanidad. En el transcurso de este libro trataremos de las relaciones de las Iglesias con el Estado. Mas de presente, y sin entrar en una cuestión prác-
9t tica tan importante y trascendental, rindiendo culto á la buena fe de nuestro razonar, confesamos que no comprendemos la indignación y la sorpresa de la escuela liberal moderna contra el clero católico, que declara concubinario al casado civilmente cuando, miembro de su Iglesia, no recibe la bendición nupcial. La calificación, el anatema, nos parece tan lógico, tan merecido, como lógico á su vez es que el Estado no se ocupe ni preocupe de lo que la Iglesia ate ó desate, debiendo legislar sobre el matrimonio como contrato, sobre la familia como institución, con entera libertad é independencia. Tan absurda es la ley que alarma y contraría la conciencia y el fanatismo individual, exigiendo que el contrato civil de matrimonio preceda á la celebración del matrimonio religioso, como la que, por sentido inverso, admite para la inscripción en el registro la partida sacramental, el certificado que expida la Iglesia de la unión bendecida... En el primer caso hay tiranía por parte del Poder; en el segundo, debilidad, abdicación. El Estado no debe legislar sobre las conciencias. La Iglesia no puede dar ni quitar derechos al individuo y á la familia dentro de la Sociedad que el poder civil regula.
98 La propiedad, la religión, la ciencia, el arte, el desarrollo físico y moral del hombre, el trabajo, etc., son cuestiones todas cuya generalización, cuya universalidad hace que no quepan dentro de los estrechos moldes de la familia, cuya sustantividad exige puntos de vista más levantados que los que consienten afecciones y egoísmos de la institución que nos ha ocupado.
99 Derecho sobra las cosas. Todo lo que está fuera de la persona y no es persona, es materia apropiable. Hay un derecho común sobre las cosas, colectivismo, y un hecho de relación, individua. lismo. De este dualismo innegable surge un estado de lucha latente de hombre á hombre, de familia á familia, de clase á clase, de pueblo á pueblo, de nación á nación. De lo particular contra lo general, de lo indeterminado contra lo determinado . Todos los Estados aceptan esta teoría, la reconocen. Prueba, el dominio eminente que se reservan. Mas esta reserva obliga al Poder á regular la propiedad en términos que—mediante leyes de constante y variable aplicación, según el momento histórico para que se legisla, se concilien: el bien individual con el bien social, el individua• lismo con el colectivismo. El orden en el universo exige que cada esfera
i00 se mueva dentro de su órbita. El orden social exige también que cada individuo coexista con todos los individuos y que todos los individuos hagan posible la vida de cada uno. El hombre como la colectividad, la colectividad como la Humanidad, tienen un fin que cumplir, como lo tienen las cosas en el orden físico ó relacionadas con el sujeto á cuyo servicio quedan en el orden social. Y cuanto haga posible el fin de la Humanidad, de la colectividad y del individuo, es ley de su existencia. Y si con la exposición abstracta de nuestra doctrina hemos concluido, de deducción en deducción, que «todo en sí es absoluto y relativo fuera de sí» necesariamente hemos de sentar como axioma, después de reconocida la condición de apropiabilidad de las cosas por las , personas, que, jurídicamente, la propiedad colectiva es absoluta y relativa la individual, ó en otros términos: que, relacionada la materia apropiable con un sujeto, si la causa de relación se cumple, si la condición subsiste, el vínculo es legítimo, y que no lo es en caso contrario. La propiedad, jurídica y racionalmente juzgada, será institución de derecho en cuanto como cosa, obre en poder del sujeto á los altos fines de su existencia «vida y progreso.» De donde se deduce que no es lícito el dominio, sí es cuando la cosa presta las utilidades de que inme-
IOT diatamente y por su naturaleza es susceptible. Hay en el individuo, como en la colectividad, necesidades materiales é inmateriales, morales y físicas: y en tanto la relación subjetiva con la objetiva existirá de derecho, en cuanto se mantenga por la persona para los fines por que se determina... Violados ó rotos por el sujeto: la relación podrá subsistir de hecho, pero no de derecho; y el colectivismo deberá sobreponerse al individualismo; y el dominio eminente del Estado á la propiedad particular—no para retenerla y que en sus manos muertas se esterilice ó dilapide, sí es para distribuirla y darla como sea justo y necesario. II Todo lo que está fuera del hombre y es susceptible de apropiación se nos manifiesta bajo dos diferentes aspectos, en dos momentos distintos. Antes de haber caído en la servidumbre del sujeto. Bajo el dominio de éste. En el primer caso no hay ley de relación, porque la relación no existe, y es para el estudio del derecho que venimos haciendo mera abstracción. En el segundo existe, porque su estado lo determina, y sobre el hecho que se manifiesta está, la, causa, de lo manifestado,
102 III Las necesidades en la Humanidad son comunes. Su satisfacción individual. De aquí el doble carácter que la propiedad reviste. La cosa en su esencia es susceptible de prestar al hombre una, dos ó más utilidades; y en tanto la apropiación estará en derecho mantenida en cuanto que las utilidades sean, porque si se abandonan por el sujeto, si no se ejercitan, se pierden para el bien de la colectividad, que es —el conjunto de todos los sujetos que sienten la necesidad que justifica la relación con el objeto. Y en este caso, la persona jurídica, en la que de hecho vemos la relación y á la que de derecho podrá corresponderle, no es dueño, sino detentador, puesto que no la aprovecha para sí y priva á los demás del aprovechamiento. Cuando esto sucede, el Estado debe intervenir: y la propiedad individual cede al colectivismo de la propiedad. IV Colectivismo de la propiedad. Hé aquí el derecho, no reconocido por nuestras leyes, que en la revolución del derecho hay
103 que oponer al derecho de propiedad individual. No para destruir éste, sí para completarlo. V • No somos comunistas de los que quieren la igualación de fortunas, la destrucción del capital, la repartición de bienes... Abogamos por la reforma del derecho, por el derecho de los pue • blos, y somos enemigos de toda violencia, de todo estado de fuerza. Es menester desconocer la naturaleza huma na, el estudio de sus leyes, la historia del hombre... para creer posibles aquellas utopias que sólo la maldad ó la ignorancia pueden patro- . cinar. Mas si el Estado permanece inactivo... si los privilegiados por la fortuna siguen sordos á los gritos de angustia y desesperación que lanzan las clases desheredadas... sucederá—y en corto plazo—el choque de las unas clases contra las otras... Habrá agresión justificada por la ley de la necesidad, sustentada por el odio. agrandada por la resistencia... y erigidos los pueblos en jueces de su propia causa en los momentos de la sangrienta lucha, se harán re-
104 partos de bienes, se destruirá el capital, y los igualitarios... robarán á los ricos para satisfacer sus excitadas pasiones, cederán á las masas (instrumento inconsciente de sus atropellos) la menor parte de sus rapiñas, y darán el triunfo á su codicia... Mas aunque así no sucediera, aun suponiendo que los apóstoles de tales doctrinas, ignorantes y no malvados, y con medios bastantes para la ejecución, distribuyeran la común riqueza entre todos en la misma cantidad, determinando un momento histórico de absoluta igualdad de bienes... Antes del nuevo día su obra habría desaparecido...: porque las diversas aptitudes, los vicios, las pasiones, males y bienes, virtud y trabajo, las leyes de la naturaleza subjetiva y objetiva y las diversas condicionalidades, en suma, de la totalidad de individuos que forman la colectividad.., harían de todo punto inestable—imposible en fin—ese grosero comunismo, del cual nos confesamos adversarios. Pero por lo mismo que prevemos sus horrores y afirmamos su ineficacia, ante la existencia de las causas que, no atajadas, deben producir la catástrofe... con valentía hemos de exponer el remedio: y... ¡ojalá que los hombres de buena voluntad nos sigan para que la ley haga lo que po ruede hacer la fuerza!..,
T 05 VI Toma el hombre de los tres reinos de la Naturaleza cuanto necesita para su subsistencia; y el Creador, perfecto en su obra, la Naturaleza, pródiga en sus manifestaciones, le ofrecen exuberancia de materia, sobra de medios para que viva y progrese. Las leyes por las cuales se rigen en su desenvolvimiento y trasmutación, los mundos ani mal, vegetal y mineral, nos demuestran que la reproducción de sus especies y ejemplares, que el acrecentamiento genesiaco de su materia orgánica se efectúa más rápidamente y en mayor número que la reproducción en el hombre. Es decir, que éste no debe jamás, al menos hasta el presente, carecer por modo natural de medios para su subsistencia porque éstos falten en los organismos cósmicos. Y sin embargo, contra esta afirmación experimental están los hechos que nos prueban, la historia que nos enseña, que son más los desheredados en las sociedades civilizadas que los escogidos; los hambrientos, que los hartos; los que carecen de bienes, que los que los poseen... Ante los efectos, forzoso es descender á las Gamsas, Y como éstas rlo sor l naturales, corno
1o6 acabamos de ver, en vicios orgánicos de la sociedad han de estribar, y al Poder regulador de la Sociedad, al Estado, toca atajar el mal, cauterizar la herida. VII Hemos dicho que la falta de medios para vivir y progresar no es natural, en razón á que Dios para el creyente y la Naturaleza para el racionalista han regulado las leyes por que se rige el desenvolvimiento de la materia, de modo que--cuanto en el mundo físico y moral aprovecha al hombre, nace, crece y se desarrolla en mayor proporción que esta especie para nosotros dominante de todos los elementos cósmicos y psicológicos. La ciencia es una realidad. Su posesión en el hombre una aspiración, y en tantos miles de siglos como el mundo es, la última palabra no se ha pronunciado ni pronunciará hasta su consumación, porque la sobe bia de creerlo nos conduciría en el or len religioso á la herejía de confundir el Creador con la criatura, y en el material, el efecto con la causa, el hecho con la ley que lo regula. La naturaleza física del hombre es tan limitada en sus necesidades, tan atómica en su reja-
107 ción con elementos y primeras materias de que se sirve y nutre, que en el banquete de la vida cabemos todos sin escaseces. Es inexacta de toda inexactitud la célebre teoría que con más ó menos verdad se atribuye á Malthus. Lo que hay, que al ejercitar el hombre su facultad de apropiación ha abusado, y no usado, de los fines naturales que la legitiman, por móviles particulares y egoísta exclusivismo, en perjuicio y á expensas de los demás. VIII Abandonando de momento las necesidades morales é intelectuales del hombre, y estudiando sólo la relación del hombre con las cosas, en cuanto que son susceptibles y apropiadas por naturaleza para satisfacer las necesidades materiales de la especie, hallamos, como primer elemento de vida, el sustento, y como medio apropiado y natural para realizarlo, la utilización de las sustancias vegetales que produce la tierra. De aquí que, lo mismo el bruto que el hombre, se hayan hecho instintivamente dueños de sus frutos, sin más que una diferencia sustancial: la de que el primero busca y se apropia la cosa Guando la necesita, y el segundo, en previsión
"4 Ideas económico-sociales. La necesidad es la suprema ley en el hombre como ser material. Es también la ley racional del Estado, como entidad jurídica, con la sustancial diferencia de que, como el Estado ha de realizar el bien general, debiendo atender á todos, tiene que sobreponer, en caso de lucha entre la colectividad y el individuo, á la satisfacción legítima de las necesidades de éste, las legítimas necesidades del mayor número; pues para el Estado es relativo lo que para el individuo puede ser—y ser por modo natural—absoluto. El hombre, como sujeto de la economía politica, se propone un fin—adquisición de riqueza como medio de cubrir sus necesidades. Y persigue en las cosas la utilidad especial. Mas, como al singularizar para sí, la utilidad que la cosa es susceptible de prestará cualquiera, y al apropiársela uno solo, hay un desprendimien- to que merma ó anula la general que en sí tiene, sucede en la sociedad el desequilibrio de hecho,
"5 entra la utilidad génefal y la relación de utilidad que se establece de la cosa para el sujeto; y á restablecer el equilibrio ha de tender la ley. II Las cosas son útiles:— necesariamente, circunstancialmente, convencionalmente. Necesariamente lo es el aire, porque de él precisamos en todo momento. Circunstancialmente, el agua, el alimento, el vestido, porque nos son indispensables cuando la necesidad se manifiesta. Convencionalmente, el lujo, la moda, el diamante, etc. Sobre las dos primeras tiene el hombre derecho inmanente, el cual puede verse contrariado por el Estado, por otros individuos, por el suje- to mismo. Por el Estado: con leyes fiscales y Códigos civiles en que se reconozca, por ejemplo, la propiedad individual con caracteres inmutables exclusivistas y absolutos, contrarios al derecho de propiedad que á la colectividad asiste, y que, en igualdad de intensidad, es superior, por ser más extenso. Por otros individuos: al usar ó abusar de los que sobre la cosa tengan, con perjuicio de los demás. Y por el mismo sujeto en relacion con
I16 el objeto: por iguales causas que las que de exponer acabamos. Las aduanas, los tributos, las patentes de ciencia que para poder ejercer las profesiones se permite dar el Estado en sus universidades excluyendo toda capacidad que él no haya reconocido como tal y haciendo, por contrario, irresponsable la ignorancia y nulidad de los que compraron un título... El dominio absoluto en la cosa, que permite al propietario abusar de ella hasta destruirla, ó abandonarla hasta hacerla improductiva sin provecho particular y en daño de las necesidades que por su naturaleza pudiera llenar cerca de la colectividad... El exceso ó de-` fecto en la comida y bebida, la ignorancia voluntaria, el suicidio y muchos otros que pudiéramos citar, son ejemplos de negaciones contra el derecho inmanente en el individuo sobre las cosas útiles «necesariamente» y «circunstancialmente,»—contradicciones á los fines esenciales de su existencia, «vida y progreso» que arrancan del sujeto mismo, de otras personalidades y del Estado. Más adelante desarrollaremos las ideas que dejamos apuntadas.
117 III Las cosas son legítimamente nuestras porque nos snn útiles, y son de la colectividad cuando no prestan la utilidad que pueden producir, con arreglo á la capacidad que tienen, para satisfacer las necesi Jades del hombre. Esta satisfacción puede ser espontánea y sin esfuerzo por parte del adquirente, como el aire que respiramos; gratuita, cuando no media precio en su adquisición, y onerosa, en caso contrario. Las cosas —y entiéndase que usamos de esta palabra en su acepción más lata comprendiendo en la denominación no sólo las materiales sí es las inmateriales, hechos, servicios, etc.—llegan á nosotros, son nuestras por todos los medios que el derecho natural y el derecho constituido reconocen: por ocupación, percepción, convenio, fuerza, herencia, donación, etc. Y, como la totalidad de cosas útiles que nuestras necesidades precisan, no pueden ser poseídas ni producidas por el individuo, porque están en la Naturaleza, son el contenido de la ciencia y el fruto del trabajo de la Humanidad cuyos conceptos, por su universalización, no caben dentro de la limitación del sujeto—de la unidad hombre: naturalmen-
u 18 te nació el cambio, y con el cambio el valor, cuyas instituciones son legítimas y necesarias, como lo prueba el hecho de su manifestación, desarrollo y subsistencia en todos los tiempos y en todos los países. ¿Qué es el valor en las cosas? Los economistas no están conformes al fijar este concepto. Para nosotros se encuentra—en la relación subjetivamente relativa de las cualidades de las cosas, con las personas, individual ó colectiva, que las poseen y solicitan. Supongamos un individuo, una familia, un pueblo, que vive en un país en que el agua se manifiesta y produce con tal abundancia que no sólo es sobrada para sus necesidades sí es perjudicial por exceso, porque invade las tierras que habían de darle sus frutos: su valor es negativo. Si por contrario sucede, su valor es positivo. Y entiéndase que hablamos del valor mercantil, no del intrínseco en la cosa, el cual está en razón directa para el sujeto de la utilidad que le reporta, de la necesidad que satisface. El valor es la idea. Su expresión, el precio. Como primera ley que lo regula está la relación entre la oferta y la demanda, relación cuya influencia se determina del modo siguiente: «El precio está en el mercado en razón directa del pedido y en razón opuesta de la oferta,»
Esta ley, experimentalmente demostrable, evidente, axiomática, trae consigo la necesidad económico-social del libre-cambio y la condenación racional de la escuela proteccionista. IV Las necesidades humanas se satisfacen por medio de la producción. En la producción hay que distinguir el sujeto, el objeto y el instrumento. El sujeto es el hombre que ejecuta; el objeto, la materia sobre que se obra, y el instrumento, los medios de que nos valemos. Las fuerzas productoras son: el Hombre y la Naturaleza, y sociológicamente el Capital. En derecho natural, para la Humanidad, no hay más que un sujeto en la produccion: el Hombre. Como objeto: la Naturaleza en el orden material, y el hombre en el orden intelectual y moral. Y como instrumento, todo lo que es adecuado y necesario al fin de la producción. La producción es: inmediata por fuerza de la Naturaleza; mediata, por el trabajo del hombre. La aplicación objetiva de fuerzas productoras á la producción es: la industria. La producción puede ser material, y su objeto, las necesidades materiales. A este grupo corres-
120 ponien las indus`rias extractiva, agrícola, fabril y comerci 1 1. Psicológicas, de fin subjetivo, que pro-lucen por y sobre las facultades inmateriales del hombre, obrando directamente sobre su imaginación, sobre su espíritu, sobre su inteligencia; prestación de servicios inmateriales, de conocimientos: como el sacerlote, el abo ;-ado, el maestro. Y mixtas, las que en sus resultados inmediatos participan de los caracteres s, ñalados á las dos anteriores, como las bellas artes. Puede haber trabajo sin industria, pero no industria sin trabajo. De aquí que el trabajo de la Naturaleza ó del hombre sea causa de la producción, y que al ser causa necesaria tenga que sujetarse á leyes. El hombre trabajando es la causa de la pro, ducción. El producto debe ser del que trabaja. De todos y cada uno de los agentes que á la producción cooperen. La primera ley del trabajo es su remuneración. La primera condición, la libertad de todos, mientras esta libertad haga posible el equilibrio jurídico-natural de las fuerzas que entran en la producción, sin que el predominio de. clases 6
121 elementos den por resultado la imposición y la explotación del capitalista sobre el obrero, del empresario sol)] e el trabajador, de los privilegiados sobre los desheredados, ó viceversa. La esclavitud del hombre y la del trabajo son contrarias al desarrollo de la producción. La segunda condición es la ciencia, que no es otra cosa—que el reflejo de las leyes objetivas que existen en la Naturaleza; el conocimiento de las causas y de sus relaciones; el principio de - causalidad. La ciencia obra, generalmente, por medio de la educación. La educación ha de ser libre. Ni el Estado ni la Iglesia deben reglamentar. La esfera de acción de la ciencia es independiente de la que en derecho corresponde á la institución «Estado» y á la asociación «Iglesia». VI El trabajo requiere aptitud. La diferencia de aptitudes, la limitación de facultades y la generalización y multiplicidad de necesidades, son causas, económicamente discurriendo, de la sociedad. Constituido el hombre en sociedad para el fin
122 expresado, se deriva, como consecuencia precisa, la división del trabajo. El individuo no puede dedicarse á todas las industrias cuyos productos le son precisos, útiles ó agradables. Tiene que dedicarse á una determinada y producir en ella más de lo que necesita, para cambiar el sobrante por los servicios, por los objetos de las otras, de los que por su limitado esfuerzo carecería. Este principio entraña la solidaridad del trabajo y la igualdad de los trabajadores. Sin otra excepción que la consiguiente al de que «cada uno es según su capacidad y cada capacidad según sus obras,» entendiendo además, como límite natural y social, el que exige la mutua relación entre el Individuo y la Colectividad, la Colectividad y: la Humanidad, caso de que roto el equilibrio económico en la producción haya choque de intereses, porque si lo hay, la necesidad más extensa ha de satisfacerse á costa de la más limitada; la utilidad de uno cede á la utilidad de todos... El Estado debe intervenir decidiendo el conflicto con arreglo á la doctrina que hemos desarrollado al ocuparnos del derecho en el nombre, en la Colectividad y en la Humanidad.
1 23 VII Volviendo á la división del trabajo, decimos: que el bello ideal de la economía es que se divida y subdivida cada vez más. La demostración es experimental. Smith popularizó sus ventajas. La limitación y diversidad de aptitudes como causa, y la división del trabajo como efecto, son los fundamentos de la asociación del hombre con el hombre como medio de producción, porque el esfuerzo aislado de cada uno hace impotente el trabajo del hombre, no ya para la satisfacción de las necesidades comunes, sí es para las del individuo. Y desde el momento en que el hombre ha menester del hombre para producir y vivir, no debe (económicamente razonando y de acuerdo los principios de la economía política con los de la moral y el derecho) haber quien explote y quien padezca. Los vínculos nacidos entre la inteligencia que dirige y el esfuerzo material que ejecuta, entre los que en una ú otra forma prestan dentro de la asociación, su servicio personal y el capital necesario á la empresa para cuyo logro harmónicamente concurren todos, han de ser tales, que las utilidades se repartan con equidad; te-
TERCERA PARTE Los grandes problemas. INVOCACIÓN ¡Despertad, pueblos! ¡Esclavos, romped las cadenas y azotad con ellas el rostro de vuestros iguales que á título de señores os han hecho durante muchos siglos de peor condición que á las bestias! ¡Que el derecho natural impere en toda la tierra y sus eternos principios brillen y resplandezcan á la luz de las hogueras en que arrojéis airados todos los códigos civiles y penales hechos contra vosotros por los hombres malvados, por el egoísmo de las familias y de las clases, por los dominadores sobre los dominados, por los menos contra los más! ¡Que los eternos principios de la moral y de la justicia borren para siempre la letra de la ley escrita que invoca el sacerdote contra la conciencia, el harto contra el hambriento y esa personalidad híbrida que se llama
131 sociedad contra los asociados que sufren y padecen!... ¡Hombres de razón, pensad que los explotados sois más que los explotadores, y que en tan- to os vencen y avasallan en cuanto que no atacáis unidos!... ¡Grabad en vuestra memoria la enseñanza del rey Scita!... Octogenario y moribundo llamó á sus hijos y los mandó romper un haz de flechas. Los jóvenes, con todo su vigor, no pudieron, y entonces, el anciano, con sus temblorosas manos, tomó el haz, lo desató y una por una quebró cada flecha, diciéndoles: «Hé aquí los efectos de la unión. Reunidos en un haz seréis invencibles: tomados separadamente seréis rotos como cañas...» ¡Caminad unidos á la reivindicación de vuestros derechos, y atacad á vuestros enemigos uno por uno; porque débiles como son aisladamente, forman apretado haz para vivir, ¡oh pueblos desdichados! de vuestra sangre y á costa de vuestra ignorancia! ¡Hombre! !Deserta ferro! ¡Que tu suerte no está echada y Malthus blasfemó contra la Naturaleza al decir que no había cubierto para todos en el banquete de la vida!... El Ser Supremo en su justicia , el Principio Creador en sus manifestaciones y le-
132 yes universales, nos dicen todo lo contrario. ¡Si faltan puestos en el banquete de la vida para muchos hombres, no es porque la Naturaleza los excluya en el orden físico, ni el Ente- Dios en el orden moral, porque en este caso Dios no sería justo y la Naturaleza no sería sabia... Sí, porque las leyes positivas de un lado, y la iniquidad subjetiva de otro, han hecho que haya individuos, familias y clases que ocupan más de un puesto en el gran banquete de la vida. ¡Cerrad contra ellos, hombres de corazón! ¡No para destruir y dañar, sí porque el equilibrio de las fuerzas sociales se ha roto y cada uno tiene que reivindicar sus derechos y cumplir sus deberes!... ¡Deberes y derechos que no se otorgan, que son inmanentes, subjetivos y objetivos... y que arraigan en el Hombre, en la Colectividad y en la Humanidad... porque les pertenecen: estén ó no detentados por unos ú otros organismos ó personalidades, que ante la justicia de su causa nada son, nada valen, nada pueden! Su ley es la ley natural. ¡Si los poderosos de la tierra han torcido la ley natural, si se desconoce, escrita la tiene Dios en sus obras! ¡Ayudad la obra de la creación, que nos brinda á todos con sus dones, que á todos impone sus leyes!
133 ¡Empeñad la lucha: porque el equilibrio de las fuerzas sociales se ha roto; y cada uno, por la unión de todos, reivindique sus derechos partiendo del principio de que: nunca el derecho natural de la personalidad individual ó colectiva debe ser interior á las necesidades del fin de su existencia! ¡Dos instituciones humanas, el Estado y la Iglesia, os han explotado ¡oh pueblos! en el transcurso de los siglos... robándoos vuestros bienes, esclavizando vuestras almas, atajando los vuelos de vuestra inteligencia, negándoos en su delirium tremens la facultad divina de pensar, la posibilidad de obrar y de moveros, atajando vuestro progreso, embruteciéndoos y degradándoos! ¡Iglesias y Estados, Reyes y Pontífices, se han precipitado sobre vosotros y ejercido dominio... Más como lobos carniceros que arrastran su presa para disputársela á dentelladas en el festín que ha de seguir á sus rapiñas, que como madre amorosa que cuida solícita del fruto de sus entrañas!... ¡Pedid á los monstruos que abran sus mandíbulas y recobrad vuestra libertad: no para ejercitar derechos políticos, sí para saciar el hambre y sed de justicia que sienten vuestra alma y vuestro cuerpo y que con imperiosa necesidad
134 reclaman : la conciencia en el orden moral y la ciencia en el orden físico!... ¡La iniquidad es obra de los hombres! ¡Levantaos contra ellos si no ceden de buen grado vuestros usurpados derechos! Pero ¡no os volváis airados contra Dios y la Naturaleza destruyendo sus bienes y conculcando sus leyes! ¡Contad que, al amparo de éstas, recobraréis aquéllos; y que la tiranía y la arbitrariedad, el vicio y el crimen, os llevarían á confundiros con vuestros vedug-os, recogiendo tan sólo,_ si el éxito en la lucha os diera el triunfo, frutos de iniquidad y de miseria; y la vergüenza de haberos parecí lo á los poderosos de la tierra! ¡El toque de rebato que marca la hora de la justicia—que es vuestro génesis—no es toque de venganza, que sería la muerte y condenación de vuestros derechos! ¡La derrota, aun vencedores, de la santa causa del Hombre y de la Humanidad! ¡ ¡Moveos á impulsos de la razón, y que jamás las pasiones ofusquen vuestro entendimiento y arrastren vuestras voluntades!!
OBSERVACIÓN Adonde pueda llegarse, se llegará. Que el camino sea largo y penoso, ¿es razón para no ponerse en marcha?... Demos el primer paso. Y señalemos —e/ principio del fin—que deben recorrer los pueblos en el trascurso , de los siglos y en su vida de progreso. Las soluciones que, como prácticas, pasamos á exponer sobre algunos de los grandes problemas sociales que á la consideración del filósofo se ofrecen, no son el límite de nuestro pensamiento, expuesto en la parte teórica de este libro, sí es el límite de lo que en el actual momento histórico consideramos posible. ¿Es más?... Pues... ¡Adelante!... ¿Es menos?... Pues... ¡Andando!...
136 Problema religioso. Podrá serlo aun para la conciencia del individuo, pero no debe serlo para el Estado. Los pueblos modernos ya no se mueven ni ni moverse pueden por ideas religiosas... y las doctrinas y predicaciones de los parásitos de secta, que á título de intermediarios entre Dios y el hombre, han logrado por tantos siglos esclavizar la razón para explotar al creyente... ¡no reunirán ya en su derredor miríadas de fanáticos que les ayuden y sirvan para resucitar las guerrassantas! Los pueblos, instrumentos de sus tiranos, han sido el juguete de la ambición y soberbia de la yerocracia de todas las iglesias y de los césares de todas las edades, durante tantos y tantos siglos, que preciosos descubrimientos arqueológicos nos demuestran monumentalmente, que: ¡ha más de quince mil años antes de Jesucristo... ya los pueblos se preparaban, con su idolatría y con sus castas sacerdotales, á ser víctimas de su ignorancia ó del crimen, de la vergonzosa abdicación de la razón humana!.
137 ¡Cuánta sangre, cuántos horrores, cuántos crímenes y maldades!... Cuánta fuerza y vida robados á la sociedad!!... ¡Siglos y siglos de eterna lucha... Iguales procedimientos... Hecatombes parecidas! ... ¡ ¡Las guerras santas! !! Sostuviéronlas el imperio de los czares y el de los sultanes, conmovido éste por los gritos del tártaro fugitivo ante la persecución y avance de conquista de los moscovitas. Los imanes y santones por una parte y los sacerdotes cristianos por otra, fabrican el fanatismo en los templos para encender las pasiones entre los pueblos y hacer que los hombres se despedacen y luchen como fieras... ¡en nombre de Dios clemente y Dios misericordioso! Reunidos los musulmanes delante de sus mezquitas, se lavan manos y pies, cortan uñas, peinan barba, extienden alfombras sobre la tierra, y volviéndose hacia el mediodía, unas veces con los brazos abiertos y otras con los brazos cruzados, haciendo genuflexiones y postraciones, convenientemente preparados para la plegaria, la elevan al Altísimo pidiéndole... ¡la destrucción de los infieles!... Y si la sangrienta lucha, contra la promesa hecha al Profeta, les ha sido adversa, santones é imanes mantienen la fe diciendo á las
138 muchedumbre s: «Es el castigo de vuestros pe. caclos, porque com g is tocino, bebéis licores y tocáis !as cosas inmundas... Sí, Dios os castiga; haced penitencia , purificaos; decid la profesión de fe; ayunad desde la aurora hasta que el sol se ponga; dad el diezmo de vuestros bienes á las mezquitas... id á la Mekka, y Dios os hará triunfar. Los vencedores, por otra parte, prosternados de rodillas daban gracias á Dios, cuyo poder celebraban, ofreciéndole para agradarle que pasarían tres días sin comer carne ni huevos, y como precio del aniquilamiento de los impíos mahometanos y destrucción de su imperio, ofrecían á la Divinidad el diezmo de los despojos y nuevos templos ad majorem gloriam Dei... Y los sacerdotes llenaban las iglesias de una nube de humo y decían al pueblo ruso: «Continuad ayunando y combatiendo; decidnos vuestras culpas secretas; dad vuestros bienes á la Iglesia y nosotros os absolveremos de vuestros pecados, y moriréis en gracia...» (1). Al mismo tiempo echaban agua sobre el pueblo, le distribuían huesecitos de muertos para que le sirviesen de reliquias y de (1) Volney.
139 talismanes... ¡y el pueblo no respiraba sino guerra, furores y exterminio! • • • • • II ¡Y guerra y furores han respirado todos los pueblos que se hin movido por el fanatismo religioso, haciéndose instrumentos de las castas sacerdotales de todos los tiempos y de los césares de todas las edades!... Y antes y después de la guerra santa sostenida por el imperio de los czares y el de los sultanes, sostuviéronla los brahmanes en la India, los papas en Occidente, Mahoma en Oriente, los cruzados en América, en Asia Pedro el Ermitaño; y Lutero y Calvino, y tantos y • tantos otros pontífices y apóstoles de doctrinas extendidas á sangre y fuego, ¡con igual cortejo de horrores, crímenes y maldades, iguales procedimientos y hecatombes parecidas! III Mas, afortunadamente, como las religiones impuestas han sido tantas y las luchas tan tremendas, del choque encarnizado de tantos fanatismos, encontradas pasiones y bastardos intere-
146 girse en fiador ni en pontífice de religión alguna. Entre los distintos fines á que el hombre aplica su actividad, está el fin religioso. Para lograrlo ó sostenerlo se asocia, y esta asociación constituye la Iglesia. La Iglesia es, pues—una asociación de hombres, como cualquiera otra asociación, que se distingue por su fin. Puede y debe vivir autónoma dentro del Estado. No existe entre la colectividad Iglesia y el Poder-Estado relación inmediata, y en este concepto la Iglesia debe ser libre dentro del Estado. Mas de ningún modo puede admitirse la teoría de «la Iglesia libre en el Estado libre,» porque de tan absurda tesis surge el reconocimiento de dos poderes, dos potencias, dos fuerzas... Y esto precisamente es lo que no es, en el fin social que el Estado representa. La Iglesia no depende del Estado ni el Estado de la Iglesia. Cierto. Pero la Iglesia como institución humana, en sus manifestaciones y movimientos, está sujeta á la acción del Estado: acción pasiva en este caso, limitada á que el derecho de todos y cada uno se realice. De la doctrina expuesta se desprendes—qué el
I47 Estado no puede ni debe atacar la creencia; es más: que no tiene posibilidad de hacerlo. Porque la creencia es subje1iva y nace del libre pensamiento cuando es consciente. Mas debe y puede—dentro de su esfera de acción y para mantener el derecho de todos y cada uno—atacar la acción externa de la creencia, cuando perdiendo su forma abstracta y espiritual, se manifieste y materialice, intrusándose por modo sensible en las atribuciones del Estado ó po'r medio de la sugestión, de la vio 'encía y del engaño, en los distintos organismos y personalidades que dentro del Estado viven. VII Causas históricas, que no hemos de traer á examen, determinaron dos tiranías: la del poder civil y la del poder religioso... y reyes y sacerdotes cayeron sobre los pueblos, realizando el príncipe—la usurpación de la soberanía del pue • blo, y el ministro del altar—la esclavitud de la conciencia... Y tirando unos y otros del Hombre, tendieron, en lucha ó en concierto ambos poderes, á anularlo; convirtiéndole de sujeto en objeto, de persona en cosa... ¡en instrumento de 5US apetitos y de sus ambiciones!...
148 Para conseguirlo, se apoderaron de dos hechos necesarios. El de la existencia del Estado y el de la existencia de Dios. Y se erigieron en causa. El rey dijo: «Yo soy el Poder. La soberanía... Reino por derecho propio. El pueblo me pertenece...» é hizo de los hombres rebaños y los ex- Y el sacerdote afirmó: «Que la verdad le había sido revelada... Que sólo él era intermediario entre el Creador y la criatura...» y prohibiendo el libre examen de la doctrina, que su libre pensamiento había inventado, impuso la creencia y sometió á su autoridad la conciencia... Los tiranos se disputaron su presa. Mas como el objeto de sus ambiciones era el mismo, la dominación y explotación del hombre por el hombre, las conquistas de los príncipes y de los sacerdotes chocaron necesariamente, y en todos los pueblos y en todos los países se produjo un estado de lucha latente, tanto más encarnizada y duradera cuanto nikás equilibradas estaban las fuerzas. No hace á nuestro propósito, y fuera ardua empresa, reseñar las sangrientas guerras mantenidas entre el altar y el trono. Habríamos de limitarnos sólo á la del pontificado y el imperio,
149 es decir, á la -de una sola Iglesia contra un solo Estado, que es nada en la historia de la Humanidad, y el correr de la pluma se haría interminable... Nos limitaremos á consignar un hecho: En los pueblos civilizados el triunfo ha sido del Estado; y las castas sacerdotales, sin poder alguno sobre el pueblo, lo ejercen cuando más sobre el individuo... En los pueblos bárbaros, como el progreso no es ley de su sociedad, las ideas religioso-dog- máticas, cuyo carácter es el estacionamiento, mueven aún las colectividades; y las guerras religiosas prevalecieron, y sus movimientos se dirigen por las castas sacerdotales: levantándose sus caudillos como profetas y sostenedores de la creencia que arrastra las masas inconscientes de los sectarios y fanáticos. El Papa, como hemos dicho, no reivindicará su poder temporal por la guerra santa... La Reforma no hará ya sus conquistas con las armas .. La Europa no penetrará en el África explotando los caudillos el fanatismo religioso á la voz de los cruzados... En cambio, el derrocado poder de la media luna ¡aún se mueve á impulsos del Mahadí, al grito de guerra santa!... Mas si la lucha material entre la Iglesia y el Estado no es ya posible en los pueblos civilizados... no por esto deja el último de tener que po.
150 ner coto á las intrusiones de la primera, y de es. tudiar, sin preocupaciones, el que hemos llamado. «problema religioso.» VIII El problema y la dificultad para resolverlo estriban:— en que todas las asociaciones y colee. tividades que forman un organismo, una persona jurídica dentro del Estado, tienden á un fin por esencia determinado, y emplean medios adecuados y propios para su desarrollo, medios harmónicos siempre al objeto. El ladrón, roba; el agricultor, siembra; el artista, crea; el comerciante, cambia... La Iglesia, por el contrario, tiende á un fin: el fin religioso... Mas los medios son tan varios, tan contradictorios, tan opuestos á veces al fin mismo, que no hay términos racionales para concluir cl priori, como en todas las demás ma- -14 nifestaciones de las actividades humanas... si el Estado debe 6 no reconocer y amparar las distintas asociaciones y colectividades que con aquel carácter se manifiestan, máxime cuando de la moral más pura pueden venir, cuando el interés bastardo de las castas sacerdotales lo determina, tremendas perturbaciones para la mar-
'5' cha del progreso de la Humanidad, de la Colectividad y del Individuo. Y la razón es evidente. Las religiones positivas, ó mejor, las Iglesias docentes de todos los cultos, para los fines, materiales de su despotismo sobre las conciencias y del embrutecimiento del espíritu humano, han representado á Dios como si fuera hecho á imagen y semejanza del hombre; y las de más puras doctrinas nos hablan de su ira, de su venganza, ¡qué más!... ¡de su interés y de su codicia... puesto que para inclinarlo al perdón y á la misericordia es nece • sario ofrecerle bienes y dádivas, sacrificios, privaciones y el trastorno completo de las leyes de la. Naturaleza!... Los católicos, sobre todos los sectarios, con la vida monástica y conventual, con el anacoritismo y solitarismo, favorecidos por causas y artificios para cuya exposición no bastaría un volumen, llegaron á bastardear la doctrina de Cristo á'punto tan escandaloso y contrario á sus predicaciones, que fundaron una moral «adnegativa y antisocial bastante para sumergir las naciones en la inlolencia y la muerte» (i), estableciendo en el mundo poiítico «una ociosidad sagrada,» por la que «se abandonaron los campos, se multiplicaron los baldíos, quedaron (1) Pi y Margall.
152 yermos los imperios,» ¡robando á la humanidad sus fuerzas vivas y al progreso la savia de la inteligencia y del pensamiento, Y no es de extrañar que á la consideración del filósofo y del estadista, se ofrezca la antinomia de una tesis, con antítesis, pero sin síntesis... Porque el fin religioso es tan grande por su causa, tan potente por la subjetividad del efecto, que, conociéndolo, las castas sacerdotales lo han explotado, en todos los tiempos y en todos los países, á todos los fines profanos del Hombre en la unidad y de la Humanidad en la colectividad. Las religiones, cuyo fin debiera ser distinto, no se sabe nunca dónde van á parar. Porque con la doctrina viene la práctica: y hay dioses y cultos para todas las gentes, para la satisfacción de todas las pasiones, de todas las virtudes y de todos los vicios... IX El Estado, ante el hecho que se manifiesta, tiene que distinguir. Entre lo inofensivo y lo ofensivo; entre lo inmaterial y lo material. Entre la creencia y el culto y sus ministros. La libertad de conciencia y la de cultos son - 1 1
153 los dos únicos principios que deben regular las relaciones de las Iglesias con el Estado—igualando ante éste todas las asociaciones religiosas... y comprendiéndolas como organismos y personas jurídicas que viven dentro de la acción del Estado, á la ley común. Las inmunidades, los privilegios, el reconocimiento oficial del culto a, ó b, son, han sido y serán:—las causas de todos los conflictos entre el Estado y la Iglesia Y claro es que si en la misión del Estado no sólo no está el fin religioso, sí es que por su sustancialidad no puede ingerirse en su realización, el Estado no debe sostener el culto y sus ministros, garantizando únicamente el libérrimo ejercicio de todas las religiones, en tanto no se pongan las asociaciones religiosas, las iglesias, en lucha con los fines de la Humanidad, «vida y progreso, ► y en tanto que no ejerzan coacciones y violencia sobre las personas. Llegados estos casos:—cualquiera que sea la forma de la trasgresión, de la intrusión, del ataque.., el Estado tiene la ineludible obligación de mantener la integridad de sus funciones y los derechos é intereses de la colectividad y del individuo.
15 4 Problema político. Doctrinal mente al fin de la revolución en el derecho, de las reformas sociales que como necesidad sentida en los pueblos, se imponen, la forma del Estado tiene para nosotros escasa ó ninguna importancia; porque el Estado, de hecho ó de derecho constituído, puede realizar el derecho, transigir diferencias, aunar intereses, ejecutar la acción reivindicatoria que las clases desheredadas tienen á su favor contra las privilegiadas. Entendemos, sin embargo, que:—si de hecho los poderes arbitrarios, ora absolutistas, ora anárquicos, pueden realizar el derecho en momentos históricos determinados, por el impulso avasallador de los tiempos ó la voluntad de las personas que han asumido de grado ó por fuerza la representación de la institución del Estado; resultados tan halagüeños como inesperados, son la excepción de la regla, haciéndose de todo punto necesario que el Poder no sea anárquico ni arbitrario, y que represente el triunfo de la
155 democracia sobre las castas que, unas veces invocando el dominio de la Iglesia, otras primicias de sangres mayorazgos, vínculos de familia, el triunfo de las armas, etc., se han erigido en dominadores del pueblo y señores de los ciudadanos. La soberanía reside en el Pueblo, en la colectividad asociada á los fines necesarios en la Humanidad. Y no existe por tanto sobre el pueblo el poder, siendo los que lo ejercen meros mandatarios del pueblo, del que han recibido el mandato imperativo, la ley, para ser sus ejecutores y guardadores. No hay derecho divino: no hay imperio, no hay monarquía que sean per sé . La República federal es la sola forma de gobierno que tiene condicionalidades para respon • der en todos los momentos, al desenvolvimiento del derecho colectivo é individual de los asociados. Los poderes irresponsables y hereditarios son de hecho, no de derecho. El jefe del Estado no es la suma que comprende y abarca todos los_ sumandos, es decir, todos los organismos que en sí son y constituyen los derechos y deberes del individuo en la unidad y del número en la colectividad. Es la resta que resulta de la cantidad total representada por la plenitud de los derechos del Hombre
256 por ejemplo, lo que á naciones menos siervas 6 emancipadas, concederá la misma Iglesia. A risa nos movería si, aleccionados por la historia , no vislumbráramos días de sangre, luto y exterminio, la acción amiga del cautivo del rey de Italia en favor de la república... El liberalismo era pecado cuando la fuerza estaba en los tronos y el Papa ocupaba uno... Convencido ya de que sus amados hij os no han de volar en su socorro, se apresta, acaso, á reivindicar su perdido reino temporal apoyándose en la democracia. ¡Vivan apercibidos los ilusos!! ¡Y apercíbanse contra otros peligros! ¡Sordos, con harta razón, los oídos de los desheredados á la voz de sus constantes explotadores, escuchan ciegos las predicaciones de compañeros que no sabemos si tratan de redimirlos ó de suplantar á la Iglesia y al Estado en su inicua misión de tantos siglos! Se declama. -mucho y -se razona poco. La tendencia es para destruir, no para crear; y millones sin cuento se pierden-y evaporan en organis zar huelgas imposibles' de ióátener.
257 Asociaciones que debieran ser públicas y de procedimientos en su acción tan expeditos y claros que la razón de su razón se impusiera á todos, toman los senderos más tortuosos de las sociedades secretas, y sus grandes orientes viven sin trabajar y con desahogo, amoldándose á las circunstancias y dando muestras de valor no más que en la medida que los Gobiernos consienten ¿Son buenos y eficaces estos medios para llegar al fin de la jornada? Entendernos que no. Y damos la voz de alerta á los incautos para que no se dejen arrastrar por sus iguales, como se dejaron arrastrar por sus señores. Entre la tiranía de los de arriba y la tiranía de los de abajo, nuestra conciencia afirma que las dos son peores. La fuerza puede cortar , si triunfa, la iniquidad ; pero no es procedimiento adecuado para que el derecho se levante majestuoso y estable. Lo que el cañón crea, el cañón lo destruye. Lo que la sangre señala, con sangre se borra. No limpia lo que mancha. '7
258 ¡Sólo la obra de la razón es progresiva cuando la razón dirige el movimiento! ......................................... ...................................... • • • Y sin embargo. La situación actual de los pueblos, las corrientes que los agitan y la ignorancia y la inmoralidad que impera en opresores y en 'oprimidos, hacen temer, con sobrado motivo, que—¡la fuerza y sólo la fuerza decida el triunfo momentáneo de los unos ó de los otros! ¡Las tiranías del poder civil y del poder religioso amasaron con lágrimas de muchas generaciones el castillo feudal en que se alzaron so. bre las muchedumbres...; y las muchedumbres ya no lloran, ya no imploran, ya no suplican!... ¡Exigen! y se aprestan á alcanzar de grado ó por fuerza la posesión de sus derechos humanos... HAy el día que tengan la organización que hoy persiguen algunos para destruir, si la antorcha de la razón no ilumina el camino que deben recorrer!! Y ¡ay ese día! decimos; no por conmiseración que sintamos hacia los opresores, sí por el interés que nos inspira la justa causa de los oprimidos y de los explotados, que creemos ganada de derecho y de hecho perdida... ¡si los directo-
259 res del movimiento, en vez de poner en. su mano la palanca del trabajo, arman su brazo con el puñal del asesino! ¡si los compañeros directores de las clases obreras, en vez de levantarlas del precario de su situación actual exigiendo que se les reconozca y dé participación en los productos, las esclavizan aún más, echando sobre todos cargas tan pesadas é insoportables como la fijación de las horas de trabajo, regulación de los salarios, reglamentación y huelgas! e En tanto, los pueblos dejan hacer, dejan pasar á los vividores políticos, que entre sí luchan como felones y malandrines para arrebatarse los primeros puestos en la gobernación del Estado, importándoles nada que asalten el poder blancos <S negros. ¡Contra todos han de arremeter las muchedumbres, colmada que sea la medida! ¡A todos alcanzará por igual su odio, su deseo de venganza: porque—de todos reciben los mismos daños, iguales engaños, idéntico desprecio!... Liberales y conservadores, demócratas y absolutistas practican á maravilla, el consejo vertido por la emperatriz Catalina II de Rusia en su correspondencia con María Antonieta; siguen su camino, «cuidándose de la gritería del pue-
260 blo como se cuida la luna del ladrido de los perros» (1). ¡Ay de los partidos políticos si no se ocupan ni preocupan (como hasta aquí viene sucediendo) de los males sociales! Como dijo Robespierre, «nunca se va tan lejos como cuando no se sabe dónde se camina. » Y esto es lo que desgraciadamente, sucede por parte de los desheredados y de los oprimidos ¡Hombres que tocan al ocaso de su vida y á quienes el pueblo sacó de la nada y encumbró en su juventud á los primeros puestos del Estado; que han sido, en una palabra, gobierno con la monarquía y con la república, en épocas normales y en períodos revolucionarios... ¡sólo caen en cuenta cuando dejan de serlo y de nuevo se aprestan á recuperar, por cualquier medio, el poder... de que el pueblo padece,-de que las clases trabajadoras están en la miseria, muertos la industria y el comercio, el labrador agobiado por los impuestos; de que la inmoralidad es grande... y de que el edificio social va á hundirse s (i) Campou, ih r emoires, II, 106.
261 no se acometen reformas fundamentales, que harmonicen y pongan á salvo intereses encontrados y derechos torpemente hollados y escarnecidos! ¡Y esos grandes hombres, esos sabios, esos estadistas que han podido hacer mucho mientras fueron gobierno ... confiesan paladinamente que nada hicieron yprometen estudiar (¡ qué irrisión!) los males que tan de improviso excitan su sensibilidad y hieren su razón! ¡Viajes de propaganda, meetings, banquetes, exhibición y derroche de elocuencia, si es que no de palabrería! Y como uno que grita mete más ruido que ciento que callan, unos cuantos ilusos ó comprados, preparan y renuevan á estos apóstoles desacreditados, ovaciones injustas, aplausos inmerecidos, silbas groseras, ¡y la bestia humana, por indiferencia los más, por fanatismo, por vanidad ó por simpleza, vuelve á servir de escalera para que los osados se encumbren! • ¡Puro sainete, si tras sí no trajera tantas lágrimas! •
262 El verdadero pueblo, cuyo nombre se usurpa, deja hacer, deja pasar... Y contempla cruzado debrazos las fechorías, que no hechos, de las partidas de políticos que despedazan las Naciónes: y se ríe de las promesas y mentidos halagos de los. unos, como de la fuerza y autoritarismo de los. otros; y no cree en los juramentos ni en los pro gramas, ni en el arrepentimiento de ninguno... permaneciendo silencioso y digno devorando sus. dolores, ¡en tanto que cuenta y recuenta el número de los decididos y engrosa sus filas y se prepara sin impaciencia, pero contesón, para librar combate contra todos! e. No le engañan ya los liberales con sus cacareadas y traicionadas instituciones del sufragio, universal, del jurado, del matrimonio civil, de la enseñanza obligatoria, del Parlamento... Na cree en la tan decantada responsabilidad ministerial, ni se deslumbra y somete su razón al principio de la inmunidad real. Nada de esto es nuevo en la historia política. de los pueblos. Confucio y Mencio, filósofos chinos, fundadores del edificio político de tan legendario imperio, proclamaron que «los consejos de los letrados no se dirigían al emperador sino á sus mi-
263 nistros, por ser tenido aquél como infalible y sólo éstos responsables. » ¡Véase de cuán remota antigüedad es el preciado é irracional fundamento en que descansan las constituciones modernas! El jurado lo estableció en Inglaterra nada menos que Alfredo el Grande, ó bien, de seguir á Meyer en su obra Origen de las instituciones políticas, fué introducido antes de la invasión de los normandos y empezó á funcionar en el reinado de Enrique III. Corondas, antiguo legislador de la magna Grecia, fué el primero que mandó que á todos se enseñara á leer y escribir por maestros pagados por el pueblo. La intervención del sacerdote como ministro en el matrimonio católico, es del Concilio de Trento y su ingerencia en el contrato relativamente moderna; porque antes que los cánones de las Iglesias y las prácticas religiosas están en la Humanidad, los fueros de la Naturaleza, y en el individuo su libertad, la voluntad y el instinto. Esto aparte de que, en la práctica: matrimonio civil, jurado, sufragio, Cortes, libertad, igualdad y cuantos lemas conservan escritos en los jirones de sus manchadas banderas los partidos liberales, son, por regla general, monstruosas mixtificaciones y ridículas parodias de los
264 principios racionales en que, por sustancia y esencia, descansan tan explotadas instituciones, que—no son, no resultan, como exige el imperativo categórico de la conciencia, lo que debieran ser. Pasaron en España por la gobernación del Estado demócratas, republicanos y federales... ¡y los restos de conquistas de la monarquía de derecho divino en América, se sostuvieron, por el hecho de la fuerza, á tiros... y siguieron regidos como colonias!... ¡Gallardas muestras de los principios de soberanía... de libertad.., de igualdad! En todas las naciones, y en España en particular, liberales y conservadores, blancos y negros, son—como dijo Fernando VII—dos mismos galgos con distintos collares,» y ¡todos corren tras de la liebre, que es el pueblo, para destrozarla y engullírsela!... ¡Que no sienten otro objetivo, ni los lleva otra idea al ser Gobierno, que el de saciar su apetito y el de sus camarillas! —Tanto montan, montan tanto----unos como otros. Y el pueblo que los sufre y el pueblo que los conoce... ni se entusiasma, ni se abate porque cobren el barato absolutistas ó republicanos, conservadores, liberales 6 demócratas.
¡Todos son peores! 265 Con monarquía y república, con rey absoluto y... comedia constitucional, los males sociales que abruman á los desheredados no han encontrado punto ni reposo. Y así como Turgot, después de haber estudiado la filosofía materialista, exclamó: «Busco »en esta serie de opiniones el progreso del espí- »ritu humano y casi no veo más que la historia »de sus errores,» así los pueblos, apreciando los hechos de la historia política de todos los partidos que se han sucedido y suceden, pueden decir también: «Buscamos entre todos alguno que »haya trabajado para remediar nuestros males »sociales... y sólo adquirimos . la certidumbre de » que éstos han empeorado.» El liberal Pauli, que tan ardiente fe supo inspirar á Córcega, repetía con razón: «Si caemos, será por falta de jefes que guíen á los pueblos.» ¡Y los pueblos, con efecto, están caídos y los partidos desacreditados por falta de jefes que los levanten... por la perfidia de los unos, por la cobardía de los otros, por la inmoralidad de los
2 7 2 pues de la victoria, hasta una corona de olivo, contestándole como Sócares á Milciades cuando vencedor de los Persas en Maraton reclamó del Senado aquella honra que le fué negada: «Obtendrás honores tú solo cuando tú solo venzas.» • ¡Déjate ¡oh Pueblo! avasallar tan sólo por la razón, la virtud y la justicia! ¡Que el bien á la Humanidad te mueva y guíe! Y halles remedio á los males sociales que hoy sientes y acaso no te explicas, por grado, mejor que por fuerza, y haciendo con el concurso de todos... ¡la reforma del derecho, la revolución en el derecho que con imperio exigen las necesidades de los más, enfrente del privilegio de los menos ! . • Adora á Dios corno sepas y sientas. No como te digan. Ama á la Humanidad como. debes. Y si la fuerza bruta cierra el paso á la justicia de tu causa, y á la satisfacción de tus necesidades el egoísmo de los hombres perversos y duros
273 de . corazón... Si por desdicha de opresores y oprimidos y contra el interés de todos, te ves obligado á librar batalla ¡ ¡Que el éxito sea contigo!! Y si el choque que á todos importa evitar se produce. ¡Si vencedor ¡oh Pueblo!... ¡tuya será la gloria!... ¡Si vencido!... ¡ ¡tuyo el derecho!! Y en ambos casos. Si el día de la hecatombe llega, la sociedad no tendrá razón para maldecir desmanes é imputar crímenes á los desheredados que los cometan... Porque:—con sus materiales autores habrán de compartir remordimientos y sufrir sobre su conciencia todo el peso del apóstrofe que lanzó Salviano hablando de las sublevaciones de los esclavos en Roma é Italia, y que nosotros repetimos para que mediten y piensen los hombres de buena voluntad « ¡ ¡Cómo hemos de llamar rebeldes y reos á los is
274 »que nosotros mismos hemos impulsado al de. • . • • • • • • • • • •'• • • • # • •'. ## # • • FIN
ÍNDICE Páginas. La Revolución en el derecho PRIMERA PARTE Estado lalente de lucha.---Hombre.---Colectividad,--- Humanidad.—Concepto filosófico-práctico de sus derechos.... 13 El hombre en estado de aislamiento. El hombre en estado salvaje.—Gradaciones hasta constituirse en un estado social-positivo.--Aceptación de este hecho. 2 6 Fines positivos y legítimos en la Humanidad y en el Individuo.—Medio fatalmente necesario para conseguirlos.—Noción de los Poderes públicos y del principio de Soberanía 33 Constitución político-social de los Pueblos.—Idea del Poden—Noción del Estado • 38 Acción y limites del Poder del Estado.—Su indeterminación, 42 Derecho de rebelión. 47 Revolución social.—Medios para realizarla.—Reflexiones.—Llamamiento á los hombres de buena voluntad 55 SEGUNDA PARTE De las personas • • • • 75 De la . • • • 88 Derecho sobre las cosas. 99 Ideas económico-sociales 114
Páginas. TERCERA PARTE Los grandes problemas.—Invocación ... 130 Observación • • • • 135 Problema religioso. 136 Problema político.. . • • • • 154 Problemas sociales. 168 Revolución económico-jurídico-social 179 Producto de la tierra.—Derecho constituido • 186 La reforma y sus efectos 190 Producto industrial.—Derecho constituido 203 La reforma y sus efectos. 20$ Propiedad urbana.—El inquilinato 219 Trasmisión de la propiedad mortis causa. 231 Post scriptum • 246
ERRATAS MAS IMPORTANTES Páginas. Líneas. Dice. Debe decir. 16 i I extremarlos estimarlos 19 7 tanto mayor tanto menor 23 3 elevándolas elevándose 44 23 existiendo insistiendo 6o 42 oscurrecido oscurecido 96 15 en colectividad la colectividad 127 23 conceda concede 1 33 6 interior inferior 168 9 es el deI es del