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Juan de la Cueva, artifex exclusus: un poeta en los márgenes del Parnaso sevillano, a propósito del Viage de Sannio

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Juan de la Cueva, artifex exclusus: un poeta en los márgenes del Parnaso sevillano, a propósito del Viage de Sannio

Author: Escobar Borrego, Francisco Javier
Publisher: Universidad de Santiago de Compostela
Year: 2008
Source: https://idus.us.es/bitstreams/dafba11c-2f83-4302-a1b9-07d6803b3bc6/download
CoMPos ellA Au eA. AC As del Viii ConG eso de lA Aiso isBn 978-84-9887-552-2 ( .i); isBn 978-84-9887-555-3 (o.c)
Juan de la Cue a, a i ex.exclusus: un poe a en los “má genes” del Pa naso se illano, a p opósi o del Viage.de.Sannio
Juan de la Cue a, a i ex exclusus: un poe a en los “má genes” del
Pa naso se illano, a p opósi o del Viage de Sannio
ancISco J. eScoBa
Uni e sidad de Se illa
Momo, a i e escluyen
del banque e y de i los dioses huyen.
(Cue a, Llan o de Venus, 65)
Reco daba Ce an es, en el “Can o de Calíope” de La Gala ea (IV, 57), la necesidad de
lib a del “e e no ol ido” la ob a de Juan de la Cue a (1543-1612)
1
. De ales e sos –que
insis en en una palma ia ei indicación canónica–, se deduce que ya, po esos años, un
lec o an a isado como el au o del Quijo e conside aba que Cue a no había gozado
del luga me ecido. Las azones que hicie on posible es a émo a son, según e emos,
a iadas. Pe o a ello debió con ibui , de en ada, el complejo ca ác e de Cue a
2
y su
obsesión a la ho a de eclama un pues o en el Pa naso se illano así como en los cí culos
académicos de la ciudad.
So p ende, po o a pa e, el hecho de que Cue a no ece en los p oyec os más
no o ios de es e cí culo eli is a, como el Recibimien o de Mal La a o las Ano aciones de
He e a. De es a sue e, da la imp esión de que nues o poe a su ió un “desplazamien o”
canónico quedando elegado a los má genes del Pa naso. Todo ello hace de Cue a un
1. La Colombina cus odia su manusc i o au óg a o (56-3-4/5) que a eso a, p ác icamen e, el conjun o de
su co pus poé ico. Sob e su ob a, c . Gleen (1973), Ceb ián (1984, 1986, 1988, 1990, 1991, 2002), Reyes (1980,
1986), Mon e o (1986) y Núñez (2000). En cuan o a los pa alelismos en e Cue a y Ce an es como poe as
esen idos, id. Ceb ián (1999).
2. Así, Ba olomé de Góngo a, en el Co egido sagaz (1656), e oca la igu a del iejo Cue a, amigo suyo,
pe o enemigo, en cambio, de los poe as de su época.
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au o mal si uado en dicho ma co social, desde su lo ui con Mal La a has a los p ime-
os compases del XVII. Con odo, Cue a ei indicó es e p i ilegio en el anscu so de su
ida. F u o de ello es el amplio co pus poé ico que acome ió, lo que deja e su in ención
a la ho a de demos a su calidad es é ica al iempo que se g anjeaba el a o de igu as
in luyen es. Es a ac i ud se comp ueba al consag a di e sas composiciones a un nu ido
elenco de auc o es p es igiosos.
Dejando pa a o a ocasión un es udio sob e los ínculos que Cue a man u o con
cada uno de los miemb os del Pa naso, cen a emos nues o análisis en la ei indicación
canónica que hace el poe a median e la denuncia del ámbi o académico. Pa a ello op a
Cue a po la o ja de un poema en cla e, el Viage de Sannio, jalonado sob e uno de los
ma ices es é icos di e enciales de Cue a espec o al g upo se illano. Nos e e imos a su
pe sonal a amien o pa ódico del mi o como écnica de iccionalización de la ealidad.
En es e poema alegó ico –que p esen a concomi ancias con las ob as mi og á icas de
Mal La a y el Elioc iso de Mosque a–, el pan eón de los dioses a eme e, de pleno, con a
Sannio. Se a a, cla o es á, de un con a ac um del concilium deo um –a la mane a del
Apocolocyn osis de Séneca, Luciano y Apuleyo– aplicado aquí en oposición composi i a
a Mal La a, quien abo dó el ópos, en La Psyche
3
, desde una aza solemne. Cue a, po
su pa e, b inda una lec u a simbólica espec o a su si uación en el Pa naso se illano.
En la ob a, llama la a ención, en p ime luga , la con inua p esencia de Hé cules
–uno de los pe sonajes de mayo calado sa í ico en el Viage– en es e concilio. Puede jus-
i ica se, a p io i, po que cons i uye un no o io encla e simbólico de la ciudad. Además,
como e emos, los dioses pueden encub i , bajo másca as ic icias, a los poe as-aca-
démicos que con o man al Pa naso (II, 74)
4
. No es casual, po ende, que sea Hé cules
quien p ohíba a Sannio el acceso a es e espacio. En conc e o, el p o agonis a mues a la
ac i ud de no econoce al hé oe pese a que és e le exige plei esía. En ealidad, Sannio
se es á bu lando de él po su a ogancia mien as le uega que sea menos p olijo al na-
a su a e alogía (III, 113). Hé cules, po su pa e, se encuen a p eso del u o po que
Sannio lo igno a, mos ándole indi e encia. És e, como con apun o, no cesa en su p o-
pósi o, de mane a que se pa angona a O eo, compañe o, po cie o, de Hé cules en el
celeb ado poema de Mal La a (III, 115). An e es e p ocede , Sannio mani ies a no habe
leído ales ges as. Hé cules le eplica, diciéndole que no lo iene po e dade o poe a
(III, 116). En es e agón dialéc ico, Cue a aduce, a modo de se mocina io, un acopio de
las hazañas de Hé cules. Se a a, en e ec o, de una sín esis de los emas ca dinales que
p opone Mal La a en su monumen al ob a.
Sin emba go, la obs inación de Hé cules no da sus u os (III, 117). En el anscu so
de la escena – e es ida de un ca iz ea al humanís ico–, el lec o ad ie e cómo Hé -
cules a mudando su na u aleza en la del senecano Hé cules u ens. Se p oduce, de es a
sue e, una pa odia del a amien o se io espec o a Mal La a, según el binomio a io-
u o , en i ud de una in e sión bu lesca. Hé cules, además, llama a Sannio “ aido ”,
como si hubiese p o e ido imp ope ios sob e él. És e, en con as e, le pide empe ancia
3. La edi amos jun o al Hé cules animoso y la poesía dispe sa en la Biblio eca Cas o (en p ensa).
4. Un p ocedimien o pa ejo emplea Cue a en sus églogas, como ambién Mal La a en el Hé cules.
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a in de a enua los e ec os de su cóle a. Aboga Cue a así po es e p incipio es oico an
g a o a Mal La a; de hecho, es la p incipal cualidad que le o o ga a Hé cules (III, 119).
En es a si uación, el hé oe con inúa e i iendo odas sus p oezas has a denomina se a sí
mismo “Hé cules amoso”, lo cual e oca la popula idad del Hé cules animoso – epá ese
en la simili ud ónica– en los cenáculos se illanos (III, 121)
5
. Llegados a al pun o, San-
nio se cansa del ela o de Hé cules de mane a que le uega que sea b e e en su discu so.
Asimismo, le hace sabe , a modo de pa ap osdokía i ónica, que no se es ue ce an o,
pues o que ya con aba con no icias sob e él desde los p eámbulos del diálogo.
Si a endemos a una lec u a en cla e, puede con empla se una c í ica a la ex ensión
del Hé cules –de ahí que Sannio-Cue a le insis a en que no sea p olijo–, que le impidió a
Mal La a, como ecue da Mosque a en la Desc ipción, pone lo en el pun o de lima exi-
gible
6
. Al iempo, la inmodes ia de Hé cules sugie e el g ado de anaglo ia de Mal La a
po su ob a, de alle bien cie o, según queda e lejado en La Filoso ía ulga o La Psyche.
En cualquie caso, Cue a ap o echa la oz de su al e ego pa a en a iza los asun os u -
bios de Hé cules, jus amen e los que Mal La a había omi ido en su poema. P opone, po
an o, un con a ac um pa ódico del hé oe (III, 123-125). Hé cules, po su pa e, inaliza
su in e ención dando mues as de un isible desequilib io, en una ac i ud alejada del
Hé cules animoso (III, 126).
A la is a de es a lec u a, se pe cibe que Hé cules, como emblema de la ciudad y
cuyo e e en e des acado esul aba se la ob a de Mal La a, impide el paso a Sannio-
Cue a, as habe solici ado dicha en ada en el Pa naso-Academia. Al e us adas
es as expec a i as y como sucede en la epís ola a Sayas, Cue a o mula, en ambos es i-
monios de 1585, una lec u a c í ica de es e cenáculo. En es a epís ola, a eme e con a
He e a po sus Ano aciones –y po añadidu a con a los académicos
7
–, mien as que
aquí cen a su pun o de mi a en la p ohibición del ing eso al Pa naso-Academia. Según
se comp ueba, el p ocedimien o écnico en ales pasajes se mues a simila po el empleo
de in e ex os. Como en el caso de He e a, Cue a admi ó a Mal La a –y así lo deja e
en a ios poemas–, pe o no compa ía el a amien o p olijo y solemne pa a el mi o de
Hé cules, como ampoco su anidad an e la o ja de an descomunal ob a.
En e ec o, Mal La a –y, en gene al, su cí culo en el que ya despun aba He e a– no
debió acep a , con acilidad, la inco po ación del bisoño Cue a a es e en o no de éli e.
El poe a pudo pe cibi , de ac o, indi e encia po pa e de los académicos que hab ía de
plasma , con ono bu lesco, en la icción. Po ello, Sannio, con i onía, dice que no eco-
noce –aunque no sea cie o– a Hé cules. No obs an e, a la mue e de Mal La a, sí pa ece
e iden e el ínculo en e Cue a y Gi ón llegando a se amigos, aunque sin pode im-
pedi és e úl imo las i alidades en e Cue a y He e a, quienes man enían una ac i ud
ecléc ica de admi ación y pugna encubie a. En es a década, Cue a debió pa icipa en
5. Puede eco da se, a es e espec o, la Sá i a de Pacheco en la que ca ica u iza el Hé cules jun o a La Psyche.
Ambos poe as ue on, de hecho, amigos. Así, pa a la Segunda pa e (1604), Pacheco acome e un sone o en
alabanza de Cue a. A su ez, con mo i o de la mue e del Canónigo (1599), Cue a compuso un sone o (De las
Rimas …, ols. 177 -178 ).
6. Además, una no a anónima de la época al inal del Hé cules censu a su p olijidad así como la di icul ad
de a moniza an as ges as en la na ación.
7. Mon e o (1986). O os de alles sob e los ínculos en e Cue a y He e a o ece Reyes (1986).
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el cí culo lide ado po Gi ón –de ahí que pudiese es a in o mado sob e asun os pe so-
nales de o os con e ulios– has a la década de los ochen a. Nos ubicamos, po an o, en
la echa de las Ano aciones, con a las que se di ige el poe a en la epís ola aducida, man-
eniendo, al iempo, su oposición a los académicos. Además, en 1582, He e a y Cue a
daban a la luz sendas an ologías, po lo que el desa ío li e a io es aba se ido.
El ines able ínculo de Cue a con el en o no de He e a y Gi ón hab ía de ina-
liza con la mue e de és e úl imo –obje o de una elegía po su pa e– en 1590. Desde
es a echa, cualquie conexión i me de nues o poe a con es e ámbi o puede conside-
a se poco p obable excep uando sus in enciones de man ene débiles y espo ádicos
lazos con Rioja, A guijo y el pin o Pacheco. De al sue e que Cue a se aleja del Pa -
naso, sin iéndose como a i ex exclusus. Con odo, Cue a había p ocu ado gana se el
aplauso de poe as econocidos así como el a o de mecenas. Sucede con el conde de
Gel es, al que le esc ibe, en la epís ola I, p egun ándole si lo había apa ado del cí culo
de sus amis ades, según le había llegado el umo . Po de alles como és e y su no ácil
ca ác e , Cue a debió se un homb e incómodo pa a pe sonalidades de es e calado,
po que, al es a en con ac o con conocidos que pe enecían a dicho ambien e, sabía
de las glo ias de és os pe o ambién de sus mise ias humanas. Es a p emisa pod ía
explica que Sannio-Cue a amenace con des ela episodios deshon osos de los dioses
(académicos), an e la p esencia de Momo.
Po o a pa e, acep ando que la c í ica a las p olijas ges as de Hé cules pudiese ci -
cunsc ibi se a Mal La a, esul a suges i o apun a que Júpi e , quien p eside el concilio
–los con e ulios de la Academia–, uese, bajo una másca a ic icia, el conde de Gel es y
Cupido, He e a, como poe a del amo , con el que Cue a a eme e con du eza. En es e
elenco hos il, sólo hay un dios a o able a las p e ensiones de Sannio-Cue a. Nos e e-
imos a Me cu io, quien eje ce como in e media io en e ambos bandos en an o que
apacigua la espues a de los dioses (III, 151-155). Pa a ello, a gumen a –aunque no e i e
la expulsión– que Sannio-Cue a iene acompañado de la Vi ud (III, 153; IV, 85). Po
es a azón, cabe p egun a se: ¿pod ía esconde es e dis az el nomb e de Gi ón, amigo
de Cue a y de He e a en la medida que a enuaba la ensión en e ambos?
Como pa adoja, Hé cules, adalid de la i us es oica –así lo e leja Mal La a en el
Hé cules–, e a la pue a del Pa naso an o a Sannio como a la Vi ud, que lo acom-
pañaba. En e an o, el Pa naso-Olimpo luce isos de Academia, pues o que Apolo
llega a p egun a le al aspi an e Sannio, en un juicio de na u aleza li e a ia, di e sas
cues iones sob e poesía y sus p ecep os, a las que esponde sa is ac o iamen e (IV, 45
ss.). Pe o, sin emba go, Júpi e concede au o idad al juez Momo –pe sonaje p esen e
en el lib o XII de La Psyche de Mal La a– pa a que, como esc i o no álido en el
o icio, lo condene donde habi e el ol ido (IV, 25). Al deci de Cue a, ese es el aciago
u u o que espe a a poe as como él, aunque se encuen en a opados po la Vi ud. Es
más, du an e la e aluación de Sannio-Cue a, Apolo le uega que no malgas e iempo
en enseña le an as ob as de su as o ca apacio, sino sólo un sone o – ecué dese el
p ocede de los académicos con Sayas– a in de e alua su calidad poé ica (IV, 74). ¿Se
es a ía haciendo eco Cue a de las c í icas ecibidas po su obsesión de compone una
ob a ex ensa con is as a su econocimien o li e a io? ¿Es o a o ma de censu a a los
académicos que sólo necesi an un sone o, como el de Sayas, pa a jus i ica su sabidu ía
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en calidad de c í icos y jueces implacables, en e los que se debía encon a He e a?
Sea como ue e, Cue a pa odia, al modo de es a epís ola, la dispa idad de c i e ios y
juicios desa inados en e las deidades cuando alo an el sone o. Según se e, se a a de
o a es a egia li e a ia aplicada po el poe a en a as de desa olla su in ec i a con a
los dioses con e ulios (IV, 77).
T as es e deba e académico in uc uoso pa a Sannio-Cue a, la Vi ud con inúa
animando a nues o p o agonis a. En las p oximidades del Be is, con empla un des ile
de poe as que han ob enido an deseado p i ilegio, inalcanzable, en cambio, pa a él.
És e ca álogo, concebido desde un p isma pa ódico, os en a o o signi icado espec o
a los ec eados po Mal La a, con un ono se io y de me a laus. De hecho, la es a egia
de in e sión bu lesca se man iene con su iles ma ices i ónicos. Es a pe spec i a nos la
hace e Sannio, quien anuncia a la Vi ud que, con el exiguo éxi o ob enido, cambia á
de p ocede , es deci , el mensaje opues o que la Vi ud b inda a Psique en el poema de
Mal La a (lib o XI). En conc e o, le demues a Sannio que pues o que habiendo sido
i uoso se ha sen ido excluido del Pa naso, end á aho a que conside a el camino del
icio, plan eado en la enc ucijada de Hé cules en el Viage (I, 26), en el Hé cules animoso
y el p og ama iconog á ico del palace e de A guijo y la Casa de Pila os po ob a de Pa-
checo y Medina. Aboga, po an o, Cue a po el ca iz sa í ico del pasaje (V, 9) a modo de
con a ac um espec o a la lec u a mo al e e ida. Po es a azón, la Vi ud y Sannio no
suben al Pa naso, en calidad de ascensus es oico, sino que descienden a la mane a de una
ca ábasis o descensus ad In e os –p o agonizado po Hé cules como colo ón al poema de
Mal La a– en el que Sannio con empla cómo no eza en e los ingenios se illanos. De ahí
que los pe sonajes “bajen” al Be is, expe imen ando una caída, cual a iesgado Íca o po
habe aspi ado a la ama –imagen ecu en e en el cí culo se illano– o el mendigan e
Láza o de la Segunda pa e, en su descenso acuá ico. És e, además, se encuen a acompa-
ñado de la Ve dad, como Sannio de la Vi ud, en una c í ica a la jus icia y a los pode osos
que excluyen de sus cí culos eli is as a los ma ginados.
Como se e, el pasaje de Cue a iene p esidido po la i onía ya que es a nue a
p omesa de la Vi ud ampoco se hab á de cumpli , pese a lo que pueda obse a el
p o agonis a, y Sannio queda á pa a siemp e –al igual que su c eado – alejado de al
Pa naso-Academia. Se a a, pues, de o a o ma de abo da el mo i o pe o desde una
pe spec i a concluyen e (V, 14). Bajo es e p isma, la laus u bis na alis que sigue se con-
ex ualiza a pa i de la mi ada ama ga de Sannio, al que se le cie an las pue as del
éxi o. Y Hé cules, al que hemos is o no como po ado de la i ud, uel e a igu a a
modo de injus o undado de la ciudad que ha con ibuido a expulsa no sólo a Sannio
sino a la p opia Vi ud (V, 29).
Cen ando, seguidamen e, nues a a ención en es e Pa naso, que ecue da el p o-
cede de Mal La a en el Hé cules –aunque no en su in encionalidad–, se pe cibe que
és e comp ende allegados de Cue a y o os no an amigos. Es amos an e una ó mula
más amplia y adecuada a los in e eses del poe a que la es ingida del cí culo en o no
a He e a (V, 53-79). En cualquie caso, Sannio-Cue a se encuen a al ma gen de dicho
ca álogo y sólo puede islumb a lo desde la dis ancia, sin la posibilidad de in eg ación.
Puede ad e i se, po lo demás, en i ud de su acos umb ada ambigüedad, cómo Cue a
elogia a A guijo y He e a, a los que, en o os poemas, a aca. Anuncia, po úl imo, que

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es a gale ía de semblanzas se á con inuada po Pacheco en El lib o de e a os, a modo de
ma idaje en e palab a y pin u a como mecanismo de canonización
8
.
Aho a bien, inalizado dicho ca álogo, esboza Cue a, en un c oma ismo eneb is a,
una igu a somb ía alimen ada po el enco . És a no puede apa ece jun o a ales “cis-
nes” poé icos. Po ello, ¿se e ie e nues o poe a i ónicamen e a él mismo median e una
másca a? (V, 80-81). En e ec o, es e ca ác e elegado al anonima o, en con aposición a
los auc o es dignos de encomio, apun a al au o e a o de Sannio-Cue a. Se p oduce, po
consiguien e, una in e sión pa ódico- e ó ica del au oelogio canónico, g a o al cí culo
de Mal La a y He e a. Con odo, Cue a b inda o a di ec iz que da, una ez más, espe-
anza –aunque ana– a Sannio. Su o men o, compañe o de iaje, e oca a Sísi o pues o
que cada ez que el p o agonis a c ee log a su p opósi o, su sueño se des anece (V, 82).
A la is a de los da os p eceden es, p oponemos unas úl imas conside aciones so-
b e la lábil si uación de nues o poe a en es e Pa naso. A endiendo a c i e ios c onológi-
cos, cabe p egun a se si llegó a pa icipa el bisoño Cue a en el cí culo de Mal La a. No,
a pa i de 1565, como se e en el Hé cules, dado que el humanis a no e oca su nomb e.
Pudie a se que hubiese in en ado su in eg ación después de esa echa, pe íodo en el
que en abló lazos con Gi ón –según la epís ola VI compues a en México– y quien lo
puso en con ac o con o os se illanos ilus es, al hace se ca go del legado del maes o.
Segu amen e, al no en e e posibilidad de med a en los p ime os años de la década de
los 70 y no exen o de polémica
9
, decide abandona Se illa pa a di igi se a Indias en 1574
(has a 1577) a in de ob ene mejo o una
10
. A su uel a en ese año, debió pa icipa en
el cí culo académico en o no al conde de Gel es y He e a, al que admi a pe o a quien
conside a un se io i al pa a sus aspi aciones. Po es a azón, no debió de es a nunca
Cue a comple amen e in eg ado –pese al apoyo de Gi ón–, de ahí que as la publica-
ción de las Ano aciones y de las an ologías de He e a y la suya p opia en 1582, a lo a ía
una i alidad la en e po esos años. Así lo demues an an o la epís ola a Sayas como el
Viage, de 1585, conlle ando, po añadidu a, la exclusión de Sannio-Cue a del Pa naso-
Academia. A ello debió con ibui el hecho de que si He e a ei indicaba un luga como
poe a y eó ico (y, sin duda, debió e igi se en calidad de líde es é ico), Cue a insis ía
en es a a la al u a, publicando su an ología. Cumplido es e p opósi o, nues o au o
con inuó edac ando e sos pa a el Co o Febeo de Romances His o iados (1587) en an o
que plasmaba sus juicios eó icos en el Exempla poé ico, el Viage y la epís ola a Sayas.
Po o a pa e, cuando He e a y Cue a dan a la luz sus an ologías en 1582, ambos
se han decan ado po la poesía ama o ia
11
, lo cual enía a sub aya la compe ición en e
ellos. B illa, asimismo, una ace a de Cue a en e 1579 y 1585. En conc e o, desde 1579,
p e ia an esala a las Ano aciones, gozaba de elie e como au o ea al en Se illa has a
8. En con as e, no esul a bien isible la colabo ación de Cue a en el Lib o, excep uando la p esencia de
sendos poemas en los elogios a Felipe II y a Sayas. Bassegoda, po su pa e (1991), sugie e que el e a o, ob a
de Pacheco, cus odiado en la Biblio eca Nacional de Mad id sea el de Cue a.
9. Pues o que en la epís ola IV (1577) p ome e a su p imo abandona las dispu as académico-li e a ias.
10. En es e con ex o, ezan a ias composiciones suyas en el manusc i o mexicano Flo es de ba ia poesía
(1577), en el que pa icipaba buena pa e de los poe as hispalenses del momen o. Además, se le ha a ibuido
a Cue a la compilación de dicho códice; c . Ceb ián (2001).
11. G a a a los lec o es de esos años, según Gi ón en el p ólogo a la edición de Cue a.
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llega a la P ime a pa e de las Comedias y T agedias (1583) y su Segunda pa e (1595).
Pe o ello no hab ía de ayuda le en su obje i o ca dinal, a gumen o e o zado po la au-
sencia de un mecenas linajudo –a eno del manusc i o colombino–, sal o la excepción
de su he mano Claudio. An e ales condiciones, el esen imien o hace que Cue a maneje
másca as ic icias como Zoylo o Momo en calidad de espues a a las c í icas de sus ob as.
Aho a bien, el p opio Cue a se ale de una es a egia e ó ica median e la cual se bu la
de sí mismo en i ud de la au oi onía. Según es a lec u a, escla ecedo es son los e sos,
en el Llan o de Venus (65), en los que Momo –como Sannio-Cue a– es excluido del ban-
que e de los dioses. Más adelan e (68) és e apun a, al igual que p ocede Sannio-Cue a en
el Viage: “Momo es el malo po deci e dades, / ellos son buenos po hace maldades”.
O os poe as, como He e a –ensalzado po Mal La a en el Hé cules–, pasa án de la
laus a Cue a a silencia su nomb e a pa i de 1582 e incluso an es, en las Ano aciones
12
.
En consecuencia, He e a, jun o a sus compañe os académicos, no lo hab án de acep a
en los cenáculos li e a ios de la ciudad. Con odo, an e es os a duos a a a es, Cue a no
cesa en su empeño de adqui i glo ia. Así, has a su mue e, en 1612, publica ob as como
la Conquis a de la Bé ica (1603), mien as que a depu ando su manusc i o poé ico. Po
esos años debió pe se e a en el a o de au o es bien elacionados, como A guijo –con
el que man u o un a o ambiguo, aunque le acili ase la publicación de la Conquis a– y
Rioja, al que le dedica pun ualmen e un poema lauda o io. No obs an e, es a ác ica in-
e esada no le si ió de mucho. Es más, su a iedad de egis os poé icos y d amá icos,
en pa e po la olun ad de demos a su alía, pudo se con ap oducen e, de mane a
que susci ó la oje iza de los académicos.
Po úl imo, su ca ác e he mé ico y poco dispues o a c ea un magis e io –pues-
o que él mismo se es aba excluyendo de ales cí culos– le lle ó a neu aliza es a o a
sa is acción. Como con apun o, los ingenios se illanos con aban con discípulos o, al
menos, habían dejado su huella en o os: Mal La a en Medina, Gi ón y He e a; Medina
en A guijo –con apos illas a sus sone os–, D. Fe nando En íquez y Juan de Robles; He-
e a en A guijo, siendo econocido, a la pa , como poe a canónico po sus coe áneos.
Sin emba go, la labo de Cue a no in luyó decisi amen e en o os a es de la ciudad
13
,
émo a que le lle a ía a ce cena su magis e io y e se, además, ma ginado. Po an o,
la Fo una a Cue a, como a Sannio, le depa ó un des ino no deseado po Ce an es en
el “Can o de Calíope”, el del “e e no ol ido”, en ez de la ama. De es a sue e, Cue a se
io condenado, po ob a de los dioses-académicos del Viage, a sopo a la condición de
a i ex exclusus, an e la sa dónica isa de Momo, esignándose, en in, a si ua se en los
“má genes” del Pa naso se illano.
12. Es a desa enencia pod ía explica que Cue a no pa icipase con un poema p elimina en Algunas ob as
de He e a, si bien és e lo había hecho en su an ología.
13. Lo que no impidió, empe o, el elogio de poe as como Juan An onio del Alcáza y Cons an ino de Vale a
(Ceb ián: 2002).
CoMPos ellA Au eA. AC As del Viii ConG eso de lA Aiso
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