LEIDO
EN
LA^NIVERSIDAD
LITERARIA
DE
SEVILLA
i^CT©
Ape - u -a
del
Cum
Académioa
de
á
ig
8
4
.
*
Á
LEIDO
k
ewlíil
I
EH
Blí
i^CTO
DE
LA
APERTURA
DEL
CURSO
ACADÉMICO
DE
1888-84
^>oxa
EX.
B
B
M
I
-§$
1
$»
'
CATEDRATICO
DE
HISTORIA
CRITICA
DE
ESPA lA,
h
'h
S
E
V
I
Xj
X.
- ii.
.
Imp en a
y
Lib e ía
Española
y
Ex ange a,
DE
D.
Ra ael
Ta ascó
y
Lassa,
Sie pes
j3.
1883.
iéña *
Hoy
se
ins au an
los
es udios
en
es e
gimnasio
del
sabe ,
amoso
po
sus
ilus es
hijos
y
sus
glo iosas
y
no
in e umpidas
adicio¬
nes;
y,
así
como
he
sido
designado,
en
i ud
de
las
p esc ipciones
eglamen a ias,
pa a
di igi
mi
débil
oz
á
V.
lima.,
pe mi idme,
que,
an e
la
con icción
de
mi
p opia
insu iciencia,
elija
po
ma e ia
de
es a
o ación
inaugu al
un
asun o
de
suyo
an
g andioso
y
le¬
an ado,
que,
cau i ando
oda
nues a
a ención,
no
os
pe mi a
epa¬
a
en
la
pequeñez
del
que
habla,
ni
ija os
en
las
de ec uosas
o ¬
mas
li e a ias
de
quien
se
econoce,
á
dicha,
po
el
meno
de
ues¬
os
discípulos
y
el
más
hon ado
de
ues os
compañe os.
Pe mi idme,
sí;
que,
enamo ado
de
la
i ud
de
nues os
ma¬
yo es,
ab a
el
magní ico
lib o
de
nues a
His o ia,
y,
ijando
mi
is a
en
una
de
sus
más
he mosas
páginas,
os
ecue de
aquellos
dias
de
memo ia
impe ecede a,
en
que,
á
pa ,
que
Boabdil
lanzaba
apenado
su
pos e
suspi o
en
el
Vico
del
Padul,
anunciando
al
mundo,
que
la
dominación
aga ena
había
concluido
en
nues o
suelo,
los
Reyes
Ca¬
ólicos,
encedo es
en
-
aquella
épica
jo nada,
omaban
posesión
allende
los
ma es
de
un
nue o
y
expléndido
ono,
descubie o
po
un
ex ange o
insigne
y
conquis ado
po
los
ale osos
hijos
de
la
hi¬
dalga
y
ague ida
nación
española.
¡Dias
elices
aquellos!
en
que
el
in encible
León
de
Cas illa,
a asallando
los
ma es
é
imponiéndose
á
la
b a u a
misma
del
Océano,
llegó
á
esc ibi
en
las
calu osas
a e¬
nas
del
Nue o
Mundo
aquel
memo able
ad
u umqiie^
que
cons i u¬
ye
desde
en onces
la
di isa
mas
p eciada
del
sólio
de
nues os
Reyes.
Pe mi idme,
po
an o,
que
os
ecue de
en
es e
dia
las
p oezas
dignas
del
alo
y
buen
en endimien o
de
C is óbal
Colon
y
de
nues¬
os
animosos
compa io as,
cuya
lec u a
an o
enseña,
delei a
y
ad¬
mi a
á
los
más
elices
alen os,
y
ap o eche
es a
ocasión
an
solem-
2
(
6
)
ne
pa a
indica
á
nues a
amada
España
de
las
exage adas
acusa¬
ciones
lanzadas
á
su
nobilísimo
os o
po
mano
ex ange a,
con
ocasión
de
su
gobie no
y
polí ica
en
aquel
con inen e,
y
esc i as
y
acogidas,
en
mal
ho a
y
sin
e lexión,
po
quienes
á
í ulo
de
espa¬
ñoles
es aban
obligados
á
zela
con
decidido
empeño
la
hon a
de
su
ca iñosa
y
noble
pá ia.
En
los
con ines
me idionales
de
nues a
península,
y
en
la
con¬
luencia
del
Tin o
y
del
Odiel,
elé ase
un
edi icio
se e o
y
mages-
uoso,
que,
si
no
o ece
á
la
is a
del
obse ado
bellezas'
a qui ec ó¬
nicas,
a eso a
den o
de
sus
an iguos
mu os
ecue dos
magni icos
de
glo ia
impe ecede a.
Es
el
con en o
de
San a
Ma ía
de
la
Rábi¬
da,
(i)
habi ado
en
el
siglo
XV
po
eligiosos
anciscanos
obse ¬
an es
de
la
p o incia
de
Andalucia,
quienes,
huyendo
del
munda¬
nal
uido,
se
habian
e ugiado
en
aquella
soledad
encan ado a
pa a
consag a se
al
es udio
y
á
la
o ación
con
la
solici ud
p opia
de
su
bené ico
y
saludable
ins i u o.
Sus
blanqueados
mu os,
lo
soli a io
del
luga ,
que
dis a
unos
es
kilóme os
de
Palos
y
su
anquilidad
apacible,
que
solo
in e umpen
el
blando
mo imien o
de
las
amas
y
los
can os
a moniosos
del
uiseño ;
la
inmensidad
del
A lán ico,
que,
bañando
sus
cimien os,
iene
á
deposi a -
sus
espumosas
olas
á
las
plan as
del
sag ado
ecin o,
y
las
e des
p ade as,
que
lo
odean,
pobladas
de
g anados
y
de
al os
pinos,
á
cuya
esca
somb a
suspi¬
a
el
pas o
y
se
apacien a
el
manso
co de o,
hacen,
que
apa ezca
es e
ene ado
edi icio
á
modo
de
blanca
paloma,
que
gozándose
en
la
soli a ia
peña,
donde
anida,
cie ne
sus
alas
sob e
el
insonda¬
ble
piélago,
y
deja
e
en
o no
suyo
cuan o
de
bello
y
de
sublime
nos
b inda
la
na u aleza.
En
es a
casa
de
bendición,
mo aba
hácia
los
úl imos
años
de
la
mencionada
cen u ia
um
homb e
de
san idad
y
de
ciencia,
modes o
como
odo
e dade o
sabio,
que
habia
p e e¬
ido
el
e i o
del
cláus o
á
los
hono es
y
las
in igas
del
mundo-,
cuyas
i udes
y
sabe
le
habían
ele ado
al
ca go
de
con eso
de
la
Reina
Doña
Isabel
la
Ca ólica,
y
que,
habiendo
p o esado
un
amo
incansable
al
es udio,
habia
adqui ido
p o undos
conocimien os
en
las
ciencias
na u ales
y
geog á casy)
(2).
Tal
e a
el
hono able
gua ¬
dián
F ay
Juan
Pe ez
de
Ma chena,
el
aile
ilus e,
cuya
memo ia
e ocan
las
naciones
con
el
mayo
espe o;
F aile,
sí;
pe o
sabio
y
san o,
como
ue on
los
más
de
ellos.
Pues
bien;
á
es e
a ón
de
a¬
ma
no o ia
enia
buscando
un
ex ange o,
cuñado
de
Ped o
Co ¬
ea,
ecino
de
Palos.
En
e ec o;
una
mañana
al
despun a
el
dia,
que
e a
uno
del
a e-
I
(
■
7
)
ido
in ie no
de
1484,
(
3
)
á
a és
de
los
he mosos
ayos
del
Sol,
que
comenzaban
á
do a
los
o eados
mu os
del
encumb ado
cas¬
illo
de
Palos,
eíase
camina
po
las
pin o escas
sendas
del
Co iji-
11
o
y
de
las
Rondanas
con
di ección
á
la
Rábida
á
un
a igado
ia¬
je o^
al o
de
cue po,
de
os o
luengo
y
au o i{ado,
de
na i{
agui¬
leña
y
ojos
ga bos,
blanco
su
colo ,
que
i aba
á
ojo
encendido,
y
de
ba ba
y
cabellos
canos,
(4)
lle ando
de
su
mano
un
niño,
(
5
)
cuya
az
e idenciaba
asimismo
el
insomnio
y
el
cansancio.
E a
el
insig¬
ne
geno és
C is óbal
Colon,
(6)
que,
enido
en
las
co es
de
Géno a,
de
F ancia,
de
Ingla e a
y
de
Po ugal
po
un
mise able
calen u¬
ien o,
Í7)
habia
enido
á
España
pa a
b inda
á
los
Reyes
Ca ólicos
un
nue o
y
iquísimo
ce o
y
á
po ción
igno ada
de
la
humanidad
‘-i
los
mas
en u osos
sende os.
Llegados
al
con en o,
hubie on
de
descansa
en
el
pó ico;
cuan¬
do
ape cibido
de
ello
el
he mano
po e o,
acudió
solíci o
á
o ece
hospi alidad
y
e ige io
á
los
nobles
caminan es,
que
acep a on
ag adecidos
los
se icios
del
buen
aile.
Siemp e
ue on,
limo.
Se¬
ño ,
los
con en os
asilos
ca i a i os,
donde
hallaba
posada
el
pe e-
■
g ino,
comida
el
hamb ien o,
el
sedien o
agua,
el
en e mo
auxilio
y
el
mo ibundo
consuelo.
Con
azón
dijo
el
p ime
esc i o
de
las
Españas,
el
p íncipe
de
nues os
ingenios
«que
los
con en os
e an
I
los
a anjueces
del
cielo,
cuyos
u os
de
o dina io
se
ponen
en
la
;
mesa
del
Al ísimo»
(8).
¡Tan
ele ado
y
jus o
e a
el
concep o
que
es e
no elis a,
admi ación
del
mundo,
enia
o mado
de
las
casas
de
eligiosos!
In o mado
de
su
enida
el
celoso
gua dián
pasó
á
b in-
I
da les
sus
benéñcos
cuidados;
y
hé
aquí,
que
p o idencialmen e
1
inie on
á
es echa
sus
manos
dos
homb es,
cuyas
en es
habia
^
iluminado
el
mismo
ayo
de
luz;
dos
homb es,
que
sin
conoce se
^
has a
aquel
dia,
habian
pensado
se ia
y
minuciosamen e
en
la
po-
sibilidad
de
encon a
un
umbo
mas
co o
y
di ec o
pa a
la
India
(
o
ien al.
Colon
habia
adqui ido
es e
con encimien o
en
sus
es u¬
dios
y
en
el
iaje
que
hizo
á
las
ie as
de
Islandia,
{9)
y
en
las
^
adiciones,
que
allí
ecojió
sob e
la
G oelandia.y
el
Vinland,
y
las
que
supo
ap ecia
como
g an
geóme a,
p o undo
as ónomo,
sábio
geóg a o
y
hábil
ma ino.
F ay
Pe ez
de
Ma chena,
á
la
ez;
habia
concebido
an
a e ida
idea
es udiando,
como
Colon,
j;
las
an iguas
adiciones
sob e
la
A lan ida,
e lexionando
sob e
las
palab as
de
A is ó eles,
que
a i maban
no
halla se
muy
dis¬
an e
la
cos a
de
España
de
la
de
India,
consul ando
á
el
alejan-
d ino
E as ó enes,
que
habia
asegu ado
se
posible
a a esa
desde
I
la
España
á
la
India,
siguiendo
la
misma
línea
pa alela
al
Ecuado
á
menos,
que
no
se
encon asen
en
es e
de o e o
ie as
habi ables
^
y
medi ando
sob e
la
es e oicidad
del
globo
e áqueo.
¡Cuán as
I
eces
al
epa a
desde
su
anquila
celda
en
el
p oceloso
ma
(
8
)
había
p esen ido,
que
en
día
no
lejano
los
bajeles
de
Cas illa,
su cando
a e idos
las
olas
habían
de
descub i
un
nue o
con i¬
nen e!
Es o,
que
pa ecía
un
e dade o
ensueño,
iba,
no
obs an e,
á
ene
el
mas
cumplido
e ec o.
Con e saban
aquellos
a ones
ilus es.
Colon,
animado
po
la
co dialidad
y
llaneza
del
buen
eligioso,
le
expuso
el
obje o
de
su
enida
á
España
y
p endado
del
in e és
con
que
le
escucha a,
no
aciló
en
ab i
el
mapa
y
aza le
con
cla idad
suma,
los
undamen¬
os,
en
que
se
apoyaba
pa a
c ee ,
que,
na egando
al
O.
de
Espa¬
ña,
encon a ía
umbo
mas
co o
y
mas
di ec o
pa a
la
India
o ien¬
al
y
países
desconocidos
en
las
cos as.
El
sábio
Pe ez
de
Ma chena
le
mi aba
de
hi o
en
hi o
y
lo
escuchaba
admi ado,
llegando
á
con¬
ence se
de
que
aquel
homb e,
cuyo
genio
p i ilegiado
le
hacía
p edeci
segu os
descub imien os,
e a
el
escogido
po
Dios
pa a
la
ealización
p óxima
de
aquella
en u osa
jo nada,
que
el
buen
eli¬
gioso
había
p e is o
allá
desde
la
soledad
de
su
celda,
cuando
con emplaba
abso o
el
pode
de
Dios
á
a és
del
lujo
y
e lujo
de
las
olas
emb a ecidas.
Al
e udi o
gua dián
no
se
ocul aban
los
e o es
cosmog á icos
que
padecía
el
ilus e
Geno és,
colocando
al
Japón
mucho
mas
o ien al
de
lo
que
se
halla
(lo)
é
igno ando
la
e ¬
dade a
magni ud
del
globo
e es e;
(ii)
pe o
ma a illado
déla
i meza
de
sus
con icciones
p o undas,
de
sus
conocimien os
ma e¬
má icos
y
geog á icos,
y
sob e
odo
de
la
decisión
y
o aleza
de
su
ánimo,
le
b indó
con
la
p o ección
mas
e icaz,
asegu ándole,
que
no
pe dona ía
medio
has a
consegui ,
que
iese
sa is echas
sus
no¬
bles
aspi aciones.
Si;
un
pob e
mendican e
se á
quien
alien e
los
p oyec os
gigan escos
de
Colon;
un
humilde
áile
p epa a á
al
in¬
signe
geno és
los
mayo es
dias
de
glo ia
y
mos a á
á
la
humani¬
dad
escondida
en e
los
espesos
bosques
de
un
con inen e
igno ado,
los
eso os
magní icos
de
la
ci ilización
ca ólica.
El
sábio
gua dián
cumplió
ielmen e
sus
gene osos
o ecimien¬
os,
y
en
1486
salió
de
la
Rábida
el
hijo
eliz
de
Gogo e o
con
ca ¬
as
de
ecomendación
especialísima
i madas
po
F ay
Juan
Pe ez
de
Ma chena
pa a
ele ados
pe sonajes
de
la
có e
y
p incipalmen e
pa a
el
i uoso
F ay
He nando
de
Tala e a,
monje
ge ónimo,
p io
del
P ado,
Obispo
de
Á ila,
con eso
de
la
Reina
y
mas
a de
A zobispo
de
G anada,
(12)
en
quien
se
he manaban
la
mayo
e u¬
dición
con
la
mas
a a
modes ia.
El
adolescen e
Don
Diego
quedó
en
la
Rábida
al
cuidado
de
aquellos
bendi os
eligiosos,
que
se
esme a¬
on
en
hace le
apacible
y
muy
lle ade a
con
sus
cuidados
la
ausen¬
cia
de
su
ca iñoso
pad e.
Caminaba
Colon,
no
is e
y
aba ido
como
en
pasados
iempos;
su
os o
po
el
con a io
e lejaba
el
con en o
y
el
gozo
emb iagaba
su
alma.
Du an e
su
a esía
has a
Có doba,
donde
se
hallaba
la
Có e,
ocupada
en
el
si io
de
G a-
(
9
)
nada,
se
en e u o
en
aza
en
su
men e
la
combinación
mas
ace ada
de
los
medios
necesa ios
pa a
lle a
á
cabo
el
g an
p o¬
yec o,
que
juzgaba
p óxima
á
ene
cumplimien o.
Todas
e an
es¬
pe anza,
odos
los
planes
los
mas
halagüeños.
Después
de
penosas
jo nadas
llegó
á
la
ciudad
de
los
Cali as
y
el
ene able
Tala e a
le
acogió
bené olo
y,
secundando
los
deseos
del
dignísimo
gua dián,
lo
p esen ó
á
los
Mona cas.
D.
Fe nando
le
escuchó
descon iado,
y
la
Reina
le
oyó
con
asomb o;
uno
y
o o,
sin
emba go,
en e ie on
algo
de
posibilidad
en
aquellos
azona¬
mien os,
y
accediendo
con
la gueza
á
los
deseos
del
ilus e
Pe ez
de
Ma chena
y
del
espe abilísimo
F ay
He nando,
dec e a on,
que
se
diese
á
Colon
ayuda
de
cos as
y
se
le
p o eye a
de
hospedaje
y
ma¬
nu ención,
quedando
así
adop ado
po
la
mad e
pá ia
en
12
de
Ma zo
de
1489.
En
an
a o able
éxi o
hubo
de
in lui
o o
acon ecimien o,
digno
de
se
eco dado.
Deseoso
el
insigne
geno és
de
que
su
idea
ad¬
qui iese
mayo
núme o
de
p oséli os
y
de
que
uese
obus ecida
con
la
au o idad
de
los
a ones
mas
doc os,
pasó
á
Salamanca,
cuya
Uni e sidad
compa ía
con
las
de
Pa is,
Ox o d
y
Bolonia
las
glo¬
ias
cien í icas
de
aquellos
iempos;
y
p endado,
como
se
hallaba,
de
la
ca idad,
muni icencia
é
ilus ación
de
las
ó denes
eligiosas,
se
hospedó
en
el
Con en o
de
Dominicos
de
San
Es éban,
p oponiendo
expone
sus
eo ías
á
cuan os
homb es
de
ciencia
quisie an
escu¬
cha le.
Coincidiendo
es os
deseos
con
los
de
los
Reyes
Ca ólicos,
(i
3
)
u ie on
luga
las
con e encias
en
una
g anja
del
e e ido
Con en o.
El
animoso
Colon
expuso
sus
doc inas
y
á
medida,
que
hacía
e i¬
den es
los
undamen os
de
ellas,
esonaba
el
aplauso
de
los
ci cuns¬
an es,
á
pun o,
de
que
se
decla a on
a o ecedo es
de
an
g ande
idea
los
áiles
de
la
e e ida
casa
de
S.
Es éban
(14)
y
en e
ellos
y
muy
especialmen e
el
hono able
F ay
Diego
Deza,
ca ed á ico
de
p ima
de
la
acul ad
de
Teología
y
maes o
del
p íncipe
D.
Juan.
Y
ué
al
la
decisión
y
an
g ande
el
apoyo,
que
es e
eligioso
insigne
p es a a
á
Colon,
que
llegó
és e
á
exclama
un
dia,
(i
5
)
que
el
descu¬
b imien o
del
Nue o
Mundo
se
debió
á
F ay
Diego
Deza.
El
eliz
hijo
de
Gogo e o
espe ó
du an e
algunos
meses
la
eso¬
lución
a o able
de
su
g andioso
plan,
ocupado
en e
an o
en
pe¬
lea
como
ale oso
soldado
á
las
ó denes
de
nues os
Reyes;
pe o
an¬
e
la
a danza
que
mo i a a
el
p olongado
si io
de
G anada
y
con
oca¬
sión
de
ca as
ecibidas
del
Rey
de
Po ugal,
que
le
o ecía,
su
e i¬
caz
coope ación,
ol ió
á
la
Rábida
con
ánimo
de
pasa
al
se icio
del
lusi ano.
En
el
in ie no,
de
1489
á
90
llegaba,
en
e ec o,
á
las
pue as,
y
después
de
signi ica
su
g a i ud
á
aquellos
buenos
xai-
les,
les
mani es ó
su
desicion
y
p óxima
pa ida.
Sábelo
el
ilus ado
gua dián
y
an o
le
dijo,
an o
le
pe suadió
y
p ome ió,
que
cedió
al
3
(
i6
)
es
de
la
Fé
ca ólica;
y
ya
que
había
log ado
con
su
in epidez,
que
el
sólio
español
no
ie a
pone se
el
Sol
en
sus
dominios,
ci ó
su
em¬
peño,
á
la
ez,
en
que
la
enseña
sac osan a
de
la
C uz
uese
el
bla¬
són
sag ado
del
con inen e,
que
descub ie a.
A
es e
in,
apenas
pisa
ie a
i me
en
la
p ime a
de
las
Lucayas,
en ona
e o oso
him¬
no
de
g a i ud
al
Todopode oso,
y
cla ando
en
ella
el
mages uoso
pen¬
dón
c is iano,
saluda
á
aquella
inhospi ala ia
isla
con
el
nomb e
bendi o
de
San
Sal ado ,
cual
o enda
la
mas
since a
que
indie¬
a
el
genio
del
na egan e
an e
los
al a es
de
la
Fé
ca ólica.
Y
de
al
mane a
supo
asimila se
el
insigne
geno és
la
eligiosidad
de
la
España,
su
pa ia
adop i a,
que
siendo
de oción
p i a i a
de
es os
dominios
la
del
augus o
y
dulcísimo
mis e io
de
la
Concepción
Inmaculada
de
la
Mad e
de
Dios,
el
Almi an e
de
Cas illa
ibu ó
el
mas
endido
homenaje
á
an
ine able
c eencia,
dando
el
nomb e
de
la
Concepción
á
la
segunda
de
las
islas
descubie as.
Los
mas
ene andos
dogmas
de
la
eligión
ca ólica,
la
memo ia
ejempla í-
sima
de
los
mas
insignes
hé oes
c is ianos
ue on
e ocados
en
aquellas
ex ensas
pampas
y
sus
nomb es
queda on
esc i os
á
hon¬
a
de
nues a
Fé,
en
aquellos
dila ados
oasis
po
el
dedo
de
nues¬
os
mayo es.
Es
digno
lo
qne
ace ca
de
es e
pa icula
nos
e ie¬
e
Ba olomé
de
las
Casas
en
su
His o ia
de
las
Indias,
(
3
o
)
pu¬
blicada
ecien emen e:
«conside ando
como
c is iano,
que
las
p i¬
micias
y
p incipios
se
deben
al
on al
y
p ime
p incipio,
del
cual
odas
las
cosas
isibles
ó
in isibles
mana on,
que
es
Dios,
llamó
San ,
Sal¬
ado ,
que
los
indios
llaman
Guanahahi,
o eciendo
g acia
de
las
me cedes
ecibidas
á
quien
an o
bien
le
había
concedido
y
lib ado
de
an os
pelig os
has a
allí,
y
de
quien
mas
y
mayo es
espe aba
ecibi ;
á
la
segunda,*
po que
después
de
Dios
á
nadie
se
debe
an o
como
á
la
Mad e
de
Dios,
y
el
enia
de oción
con
su
ies a
de
la
Con¬
cepción,
nomb óla
San a
Ma ía
de
la
Concepción.»
Ya
sabemos
los
nomb es
de
la
S ma.
T inidad,
del
Espí i u
San o,
de
la
P o i¬
dencia,
de
S.
Juan,
S o.
Tomás,
S o.
Domingo,
San iago,
S.
An¬
d és,
S.
C is óbal,
S.
Lucas,
que
así
Colon
como
sus
compañe os
die on
á
aquellas
poblaciones,
que
unda an;
y
es o
e ela
la
piedad
e ien e
de
aquellos
insignes
na egan es.
El
nomb e
sag ado
de
la
Concepción
se
imp ime
o a
ez
en
la
isla
Española,
donde
Co¬
lon
consag a
nue a
población
á
hon a
de
la
que
había
de
se
p o¬
clamada
siglos
después
Pa ona
de
las
Españas.
Tes imonio
dá
asimismo
de
su
zelo
po
la
p opagación
del
Ca¬
olicismo,
cuando,
al
emp ende
su
segundo
iaje
el
25
de
Se iem-
de
1493,
ma chó
acompañado
del
p ime
Apos o!
del
Nue o
undo.
F ay
Be nal
Boyl,
monge
benedic ino
de
Monse a e,
con
o os
doce
misione os,
(
3
i
)
que
habían
de
p edica
la
san a
doc-
(
I?
)
ina
de
C is o
en
aquellas
apa adas
egiones,
cumpliendo
á
pa
los
manda os
de
la
Silla
Apos ólica
y
los
deseos
an
loables
de
los
Reyes
Ca ólicos,
has a
log a ,
que
con e idos
aquellos
mo ado es
á
la
San a
Fé,
la
enseña
de
la
ci ilización
e dade a
se
a i mase
en¬
e
los
Indios.
Cons a,
asi
mismo,
la
piedad
acend ada
y
eligioso
sen¬
i
del
Almi an e
de
Cas illa
en
aquella
cláusula
es amen a ia,
en
la
que
dispone:
«que
habiendo
en as,
hagan
sus
he ede os
capilla
con
es
capellanes,
que
debe ían
deci
Misa
dia iamen e
en
hono
de
la
San ísima
T inidad,
de
la
Pu ísima
Concepción
de
Ma ía
y
de
las
almas
de
los
ieles
di un os,
como
así
po
la
suya
y
las
de
su
pad e,
mad e
y
muge ,
enca gando,
que
si
pudiese
se ,
se
un¬
dase
en
la
isla
Española
en
la
ega
de
la
Concepción,»
como
ibu o
de
e o osa
de oción
á
es e
mis e io
sac osan o
y
an
alabado
de
odo
buen
español.
Y
no
solo
supo
inspi a se
en
el
sen imien o
eligioso,
elemen o
p imo dial
de
la
g andeza,
á
que
aspi aba
la
Nación
españpla,
.sino
que,
emulando
los
hechos
mas
le an ados
de
los
españoles
de
aque¬
llos
siglos,
se
esme ó
en
endi
á
su
pá ia
adop i a
el
homenaje
p opio
del
más
cumplido
cas ellano.
Así
emos,
que
dejó
pe pe ua¬
do
su
acend ado
pa io ismo
en
el
nomb e
de
Isla
Española,
con
que
saludó
á
una
de
las
más
impo an es
de
las
An illas,
y
en
el
empeño
nobilísimo
con
que
se
a anó
sin
egua
pa a
allega
á
la
España
nue os
e i o ios
y
nue os
y
ecundos
medios
de
iqueza
y
de
pode ío.
Del
p opio
modo,
su
leal ad
quedó
g abada
en
la
mayo
de
aquellas
ie as,
en
la
Isla
de
Cuba,
á
la
que
dió
el
dic ado
de
Fe -
nandina,
en
hono
á
su
ey,
y
en
el
p ime
pue o
que
cons uye¬
a
y
que
apellidó
Isabela,
cual
ca iñoso
y
iel
obsequio
á
la
Ilus e
Reina
de
Cas illa.
G abada
se
mi a
asimismo
la
leal ad
ac isolada
de
aquel
asallo
sumiso
en
la
i meza
cons an e,
con
que
mues a
su
idelidad
á
los
Reyes,
sin
que
el
encono,
las
ejaciones,
pe ¬
secuciones
y
ie os
a amien os,
de
que
ué
obje o,
ni
la
au eola
es¬
pléndida
de
glo ia,
que
ci cunda a
su
en e,
le
indujesen
á
la
ing a¬
i ud
pa a
con
sus
augus os
p o ec o es.
Reco demos
pa a
nues a
enseñanza
la
con esión,
que
hizo
de
sus
sen imien os
an
leales,
cuan¬
do
esc ibiendo
á
D.
Fe nando,
le
dice:
«quien
c eye a,
que
un
pob e
ex anje o
se
hab ía
de
alza
con a
V.
A.
eniendo
odos
mis
hijos
en
su
eal
Có e.¡Qué
documen o
an
mag¬
ni ico!
limo.
S .
¡Pob e
se
econoce
y
decla a
á
las
az
del
mundo
el
homb e
mas
ico
en
me ecimien os,
que
conoció
la
his o ia
en
aquel
siglo
de
gigan escas
igu as!
¡Pob e,
se
dice,
el
descub ido
del
Nue o
Mundo!
¡Ah!
que
siemp e
ué
la
modes ia
compañe a
inse¬
pa able
del
e dade o
mé i o.
Y
aquel
homb e,
aquel
hé oe
se
5
(
i8
)
ma a illa,
de
que
haya
quien
pueda
a ibui le
desleal ad,
apesa
de
no
habe
nacido
en
ie a
española:
¡que
siemp e
ué
la
g a¬
i ud
pa imonio
de
las
almas
gene osas
y
le an adas!
Emuló
á
la
ez,
el
alo
y
el
he oísmo
del
hono
de
nues os
caballe os
y
soldados,
ba iéndose
con
biza ía
á
las
ó denes
de
los
Mona cas
Ca ólicos
en
aquella
penosa,
cuan o
memo able,
emp esa
del
si io
y
oma
de
G anada,
(321
eniendo
la
dicha
de
acompaña
á
aquellos
excelsos
p íncipes
en
el
dia
glo ioso
de
su
iun o
decisi o
sob e
el
pode
aga eno
(
3
3
)
.
La
galan e ía,
an
p opia
del
ca ác e
de
nues os
mayo es,
ué
aca iciada
ambién
po
el
ilus e
Colon;
y
así
le
emos
endi se
an¬
e
los
dulces
lazos
del
amo
c is iano,
ligándose
una
y
o a
ez
en
sag ado
ínculo,
p ime amen e
con
Doña
Felipa
Moñiz
de
Pe es-
ello,
(34)
y,
allecida
és a,
con
Doña
Bea iz
En iquez
de
Có do a
(
3
5
)
;
habiendo
en
la
p ime a
á
su
hijo
D.
Diego
y
en
la
segunda
á
Don
Fe nando,
su
his o iado .
¿Qué
mejo es
í ulos
podemos
da
al
g an
Almi an e
de
Cas illa
limo.
S .,
que
los
que
ob u o,
libando
á
modo
de
disc e a
abeja
has¬
a
ex ae
y
asimila se
el
jugo
exquisi o,
cuan o
ecundo,
de
la
ci i¬
lización
española
de
aquellos
dias?
Digno
es
de
e e na
alabanza
el
hon ado
ex anje o,
que
al
pisa
el
suelo
de
las
Españas
ela
sin
des¬
canso
po
ap opia se
los
ca ac e es
peculia es
y
los
sen imien os
no¬
bilísimos
de
nues o
pueblo;
ca ac e es
y
sen imien os
que
e lejados
se
admi an
en
los
sublimes
can os
de
nues os
enomb ados
lí icos,
en
el
ingenio
p o undo
de
nues os
g andes
d amá icos
y
en
la
maes¬
ía
inimi able
de
nues os
no elis as
insignes;
géne os
li e a ios,
que
dan
es imonio
de
la
o iginalidad,
á
pa
que
de
la
al eza
del
ge¬
nio
español
en
aquella
edad
do ada
de
la
cul u a
española.
Si
e¬
mos,
po
an o,
al
hono able
geno és
doblando
su
odilla
an e
los
al a es
de
nues a
San a
Fé
Ca ólica,
de endiendo
con
su
espada
y
con
su
o aleza
inqueb an able
la
in eg idad
de
la
pa ia,
inclinán¬
dose
e e en e
an e
la
mages ad
del
ono
y
indiendo
pa ias
an e
el
hono
y
la
caballe osidad,
an e
la
hidalguía
y
el
galan e
sen i
del
enamo ado
pecho
c is iano,
no
pod emos
po
menos
que
deci
en
elogio
suyo,
que
ué
dechado
iel
del
cumplido
caballe o
español,
á
despecho
y
á
pesa
de
la
en idia
de
sus
émulos
y
de
sus
mise ables
•
ad e sa ios;
y
que
su
nomb e
debe
pone se
en
el
emplo
de
la
inmo ¬
alidad
pa a
que
si a
de
ejemplo
en
el
p esen e
y
en
los
enide os
siglos.
(
19
)
Con
sus
úl imos
iajes
coincidie on,
y
siguie on
luego,
o os
no¬
ables
descub imien os
debidos
á
nues os
in épidos
y
b a os
ma i¬
nos;
siendo
de
menciona
los
ealizados
po
Ped o
Alonso
Niño,
de
Mogue ,
que
a ibó
á
las
cos as
de
Venezuela
y
Ca acas;
Vicen¬
e
Yañei
Pin ón,
de
Palos,
que,
a a esando
la
línea
equinocial
p ime o
que
ninguno
de
los
na egan es
españoles,
dió
is a
al
B asil,
siguió
su
cos a
hacia
el
N.
egis ó
la
embocadu a
del
io
de
las
Amazonas,
llegó
al
gol o
de
Pa ia
y
con inuó
su
iage
po
el
na
de
las
An illas
has a
el
Canal
de
Bahama;
Diego
de
Lepe,
ambién
de
Palos,
que
descub ió
de
la
cos a
del
B asil,
mucho
más
al
S.
del
ca¬
bo
de
San
Agus ín,
has a
donde
habla
llegado
Pinzón;
Rod igo
Bas¬
ida,
de
Se illa,
que
con inuó
los
descub imien os
de
la
cos a
i me,
desde
el
cabo
de
la
Vela,
ma cado
po
Ped o
Niño,
has a
el
pue o
donde
luego
ué
undada
la
ciudad
de
Nomb e
de
Dios;
Juan
Dia{
de
Solis,
y
el
mencionado
Vicen e
Yañe{
Pin ón,
quienes
econo¬
cie on
en
i
5
o
6
la
cos a
occiden al
del
Yuca án,
con enciéndose
de
que
e a
con inuación
del
mismo
con inen e,
que
se
ex endia
has a
el
B asil;
con encimien o
que
con i mó
luego
Solis,
cuando
en
i
5
i
5
descub ió
la
embocadu a
del
inmenso
io
de
la
Pla a;
Ped o
Ponce
de
León
que
en
15
1
2
a ibó
á
nue as
cos as
en
Domingo
de
Pascua
y
dió
al
e i o io
que
descub ie a
el
enomb e
de
la
Flo ida;
Alon¬
so
Al a ei
de
Pineda,
que
na egando
en
iSip
desde
Jamáica
ino
á
a e igua ,
que
la
Flo ida
e a
p olongación
del
con inen e
Me¬
jicano;
Vasco
Nuñei
de
Balboa,
que
iSiq
llegó
al
ma
del
Su ,
a a¬
esando
el
i smo
de
Da ien;
despe ándose
en
los
expediciona ios
odos
la
idea,
después
de
egis adas
las
cos as
del
Pe ú,
de
que
la
Amé ica
e a
en
e ec o
un
g an
con inen e,
que
sepa a
ambos
Oc-
F ancisco
Fe nandez
de
Có doba
y
Juan
de
G ijalba,
que
con i man
es a
c eencia,
descub iendo
sucesi amen e
en
iSiy
y
i
5
i
8
la
bahía
de
Campeche
y
la
cos a
de
Méjico,
p epa ando
aquella
se¬
ie
de
explo aciones
y
conquis as,
que
ealiza on
en
iSig
He nán
Co és
y
en
i
532
los
in épidos
Pi:{a o
y
Almag o',
sin
que
ol ide-
iTios
la
animosa
emp esa
del
po ugués
Magallanes,
que
saliendo
de
Se illa
en
i5ig
a a esó
el
es echo
á
que
dió
nomb e
y
econoció
en
la
Occeanía
las
islas
Ma ianas
y
las
Filipinas,
así
como
la
jo ¬
nada
memo able
del
amoso
español
Juan
Sebas ian
El-cano,
que
(
20
)
con inuando
la
expedición
eg esó
á
la
España
po
el
Cabo
de
Bue¬
na
Espe anza,
después
de
habe
enido
la
glo ia
de
habe
sido
el
p ime o
de
los
na egan es,
que
die a
uel a
al
mundo.
Tan os
y
an
ondososos
lau eles
ecogidos
po
nues os
com¬
pa io as
en
sus
a e idas
y
ascenden ales
na egaciones,
han
e¬
nido
á
se
ajados
po
esc i o es
ex ange os,
que,
ejiendo
calum¬
nias
é
in aman es
a i maciones,
han
p e endido
sus i ui
en
la
en¬
e
de
la
España
la
co ona
de
glo ia
alcanzada
po
Colon
y
nues¬
os
an epasados'en
las
egiones
del
Nue o
Mundo
po
la
neg a
di isa
del
c imen
y
de
la
maldad.
Sí;
dolo oso
es
deci lo,
pe o
es
una
e dad.
¿Lo
dudáis?
Pues
leed
lo
que
se
ha
esc i o
en
una
ob a
dedicada
á
la
ins ucción
del
inmedia o
suceso
á
la
co ona
de
F ancia,
en
los
iempos
de
su
Mona quía:
(
3
6
)
escuchad:
«el
se¬
gundo
iun o
del
homb e,
dice
M .
B aconnie ,
da a
desde
la
con¬
quis a
de
Colon.
En onces
ué
menes e
lucha
con a
el
homb e
mismo
y
con a
la
na u aleza.
El
na io
eu opeo
iun ó
de
la
na¬
u aleza
en
el
Occéano;
el
A lán ico
ué
encido
y
dominado:
oda
la
cos a
ame icana
ué
conquis ada.
¡Pe o
la
lucha
con a
el
hom¬
b e
ué
ho ible!
La
angosa
población
española
se
a ojó
sob e
su
p esa;
millones
de
c is ianos
se
amon ona on
como
un
a en oso
sac i icio.
Es a
es
la
página
más
sang ien a
de
la
his o ia
de
los
homb es.
¡Y
los
conquis ado es
e an
c is ianos!
¡Y
á
la
somb a
de
la
C uz
se
hadan
an as
ma anzas!
A o unadamen e
la
humanidad
y
la
eligión
quedan
pu as
de
es os
excesos,
que
deben
a ibui se
á
la
población
sanguina ia,
que
la
Codiciosa
España
lanzó
sob e
el
Nue o
Mundo,
y
de
lo
cual
end á
que
da
una
cuen a
e ible.»
¿Que éis
sabed
aho a
lo
que
han
dicho
o os
his o iado es
ex¬
ange os,
pues
oidlo:
Robe son
en
su
His o ia
de
Amé ica
(Sy)
dice:
«Los
caciques,
que
caian
en
manos
de
los
españoles
e an
conde¬
nados
como
ge es
de
bandidos
á
los
suplicios
más
c ueles
é
in ames,
y
odos
sus
asallos,
sin
mi amien o
á
las
clases
es ablecidas
en e
ellos,
e an
igualmen e
educidos
á
la
más
du a
escla i ud.
La
gue a
mo ida
con a
el
cacique
de
Higuey
ué
una
con inuación
de
la
pe idia
de
los
españoles.»
Washing hon
I ing
en
la
Vida
y
ia¬
jes
de
Colon,
exclama:
«la
humanidad
se
des ia
con
ho o
de
semejan es
a ocidades
y
que ia
desconoce las
la
His o ia.
la
Ja agua,
luga
que
los
eu opeos
con
sus
iles
pasiones
llena on
de
ho o
y
de
desolación»
P esco
en
la
His o ia
de
la
conquis a
(
21
)
del
Pe ú
(
38
)
a i ma,
que
el
Pe ú
ué
subyugado
po
a en u e os
en
su
mayo
pa e
de
mas
baja
y
mas
e o
alea,
(
3
g
)
que
los
que
siguie on
la
bande a
de
Co és....
Se
en egaban
con
ecuencia
á
sa¬
is ace
odos
los
cap ichos
que
su
an asía
ó
su
c ueldad
les
dic¬
aba....
cazaban
á
los
indios
po
medio
de
pe os....
(4.6)
a anca¬
ban
las
doncellas
del
pode
de
sus
pad es,
iolaban
las
sag adas
casas
de
las
í genes
del
Sol,
y
el
caballe o
español
lle ó
á
su
ha¬
én
mul i ud
de
jó enes
indias;
según
elación
esc i a
po
el
p o¬
iso
Mo ales.»
Has a
aquí
limo.
S .,
las
palab as
de
los
his o iado es
ex an-
ge os
que
han
p e endido
na a
nues os
ac os
en
el
Con inen e
ame icano;
y
en
e dad,
que
debie on
habe
consignado
á
la
ez
los
g andes
hechos
ealizados
po
nues os
mayo es,
demos ando
así
la
impa cialidad
p opia
del
his o iado
concienzudo.
Todo
lo
expues o
limo.
S .,
se
ha
publicado
á
la
az
de
Eu¬
opa;
es o
se
ha
dicho
de
nues a
amada
pá ia.
¿Y
calla émos
los
que,
is iendo
la
hon osa
muce a
del
doc o ado
español,
es amos
obligados
po
azón
de
nues o
ca go
p o esional
á
man ene
incó¬
lumes
la
e dad
y
la
jus icia
de
los
ac os
lle ados
á
cabo
po
nues¬
os
mayo es?
¡Oh!
nó;
el
silencio
se ía
una
a en a
pa a
noso os;
la
indi e encia
un
c imen.
Habla emos,
sí;
y
ya
que
nos
juzgamos
in e io es
en
ilus ación
y
doc ina
á
es os
sabios
esc i o es,
hab e¬
mos
de
acudi
á
la
his o ia,
pa a
que,
en
cualidad
de
deposi a ia
de
las
acciones,
nos
e ele
cuan o
haya
de
cie o
en
es e
pa icula
an
impo an e.
Pa a
ello,
dilucida emos
con
la
se enidad
posible
y
la
impa cialidad,
que
es
peculia
á
quien
anhela
de
buena
é
el
iun o
de
la
jus icia,
algunos
pun os,
que,
con o e idos,
end án
á
con ence
de
apasionadas
é
injus iñcadas
las
alsas
ap eciaciones
de
aquellos
se e os
c í icos.
El
p ime
pun o,
que
se
pone
en
ela
de
juicio
po
algunos
c í i¬
cos,
es
el
de echo
que
pudie on
ene
los
Españoles
pa a
pose¬
siona se
del
Nue o-Mundo.
J.
A.
Spence ,
{41)
haciéndose
eco
de
es a
Opinión
dice:
« odas
las
Naciones
Eu opeas
se
c eían
au o iza¬
das
pa a
posesiona se
de
la
pa e
del
con inen e,
que
uno
de
sus
súbdi os
descub ie a,
sin
ene
en
cuen a
la
p imi i a
ocupación
y
de echos
adqui idos
po
las
ibus
indias.»
Es e
au o
se
inclina,
po
an o,
á
la
opinión
de
aquellos,
que
con
M .
Jus ice
S o y
(42)
a i ¬
man,
que
espec o
á
las
coma cas
poseídas
po
los
habi an es
y
ibus
indígenas
en
la
época
del
descub imien o,
pa ece
di ícil
con-
6
(
22
)
cebi ,
que
clase
de
de echo
puede
unda se
en
cualquie a
descu¬
b imien o
de
es a
clase.
Tenemos,
po
an o,
que
se
iene
hoy
á
nega
el
de echo,
que
asis ie a
á
los
Reyes
Ca ólicos
pa a
esmal a
en
su
co ona
la
joya
del
Nue o
Mundo.
Y
en
e dad,
que
es e
azonamien o
en uel e
un
e o
ascenden al;
y
pa ece
inc eíble,
que
esc i o es
ilus ados
se
ol iden
de
las
eglas
y
p incipios
undamen ales
de
la
c í ica
y
asien en
como
e dades
lo
que
no
me ece
sino
el
nomb e
de
e o .
Todo
ello
p o iene
de
p e ende ,
que
sean
juzgados
los
acon e¬
cimien os
y
sucesos
de
siglos
an e io es
po
el
es ado
de
ci ilidad
y
adelan amien o
de
los
pueblos
en
es e
siglo;
ocasionando
con
an
o pe
aciocinio,
que
sea
obscu ecida
la
e dad
y
los
indoc os
en¬
gan
po
cie o
lo
que
no
lo
es.
¿Cuál
e a
el
de echo
que
legi ima¬
ba
en
el
siglo
XVI
oda
ocupación?
¿No
e a,
po
en u a,
el
de e¬
cho
de
conquis a,
el
que
se
enseño eaba
en
la
polí ica
eu opea?
¿No
e a
es e
el
í ulo
lejí imo
en
que
undó
la
España
la
posesión
del
Reino
de
Nápoles
y
del
de
Na a a,
así
como
los
Reyes
de
las
dis in as
Naciones
Eu opeas
la
de
los
Es ados
y
Luga es
donde
iun a on
sus
a mas?
Pues
si
el
de echo
de
conquis a
e a
el
í¬
ulo
lejí imo
de
adquisición,
e a
el
de echo
polí ico
in e nacional
en
aquellos
siglos,
cla o
es,
que
la
posesión
del
Nue o
Mundo
po
pa e
de
los
Es ados
Eu opeos
se
halla
plenamen e
jus iñcada;
sin
que
o ezca
la
meno
duda,
como
p e enden
los
mencionados
au o es.
Asi
lo
en ienden
con
noso os
los
his o iado es
más
ca ac e i¬
zados;
y
es
digno
de
menciona se
el
dic ámen
emi ido
en
iSiopo
el
T ibunal
Sup emo
de
los
Es ados
Unidos
y
p onunciado
po
su
Ma iscal
ó
juez,
dice
así:
«el
de echo
de
los
Indios
á
las
po¬
sesiones
que
ocupan
no
iene
al
ca ác e
de
alidez,
que
se
oponga
al
dominio
di ec o
y
disposi i o
de
la
ie a
si
es a
con iniese
al
Es ado»
(43).
Y
si
es o
se
sos iene
en
el
siglo
XIX
po
un
T ibunal
an
au o izado
como
ilus ado;
si
.es o
se
publica
y
de iende
en
es os
dias,
en
que
la
conquis a
ha
sido
eemplazada
en
el
de echo
de
gen¬
es
po
las
hábiles
leyes
de
la
diplomacia
mode na,
an
en
a monía
con
nues a
cul u a,
¿qué
no
debemos
deci
con
elación
á
aquellos
siglos,
en
que
la
gue a
e a
la
ocupación
cons an e
de
los
homb es
y
la
conquis a
una
de
las
uen es
mas
ñ mes
del
de echo?
Se
é,
po
an o,
que
cuando
la
impa cialidad
si e
al
his o iado
de
pun o
de
pa ida
pa a
ap ecia
los
sucesos,
la
e dad
apa ece
limpia
y
e sa,
al
cual
es,
sin
que
la
empañen
la
pasión
polí ica,
ni
el
espí i¬
u
i eligioso
de
que
algunos
p e enden
hace
ala de.
La
posesión
del
Nue o-Mundo
po
pa e
de
España,
es
po
an o,
un
hecho
ple¬
namen e
lej
i imado,
po que
el
de echo
de
conquis a,
undamen o
(
.23
)
e dade o
de
adquisición
en
aquellos
dias,
puso
el
Nue o
Mundo
en
manos
de
los
Reyes
Ca ólicos.
Además,
la
Silla
Apos ólica
en
el
eje cicio
del
pode
sup emo
y
acciden al,
que
sob e
los
p íncipes
y
einos
eje cie a
en
la
Edad
Media,
hizo
concesión,
en
i ud
de
es a
au o idad
econocida
en
aquellos
dias
y
p oclamada
po
la
Eu opa
en e a,
á
a o
de
nues a
pá ia
de
las
islas
y
ie as
des¬
cubie as
en
el
Nue o
Mundo.
Tales
son
los
undamen os,
que
alega
España
pa a
deci se
hoy
como
aye ,
seño a
de
las
An illas
(44)..
¿Pe o
es á
jus i icada
la
conduc a
y
gobie no
de
Colon
y
de
los
españoles
en
el
Nue o-Mundo?
Hé
aqui
una
p egun a
que
debe
se
con es ada
con
odo
el
de enimien o
posible,
á
in
de
indica
el
nomb e
del
ilus e
Almi an e
y
de
los
hidalgos
hijos
d,e
Cas illa
de
la
inju ia
con
que
le
a an
algunos,
que
con unden
el
p ocede
noble
de
es e
hijo
adop i o
de
la
Españ'a
y
de
nues os
caballe os
con
los
hechos
ep ensibles,
que
ejecu a an
allende
los
ma es
al¬
gunos
de
los
capi anes
ó
gobe nan es,
que
igie on
aquellos
paises.
Re lexionemos,
po
an o,
a en os
á
lo
que
la
his o ia
enseña,
se¬
gu os
de
que
en
es a,
siendo,
como
en
e ec o
es,
maes a
de
la
e ¬
dad,
hemos
de
encon a
cuan o
haya
de
cie o
en
es e
asun o.
Cuan
p endado
quedá a
Colon
de
las
cos umb es,
usos
y
ma¬
ne as
de
los
indios
nos
lo
dice,
cuando
esc ibe
á
los
Reyes
Ca óli¬
cos
ca a
del
eno
siguien e;
(45)
«jp o
á
Vues as
Mages ades,
que
no
hay
gen e
mejo
en
el
mundo
que
es a,
ni
más
a ec uosa,
a able
y
benigna.
Aman
al
p ójimo
como
á
sí
mismo;
su
lenguaje
es
el
más
dulce,
el
más
sua e
y
el
más
ca iñoso;
pues
siemp e
hablan
son ién¬
dose
y
aunque
andan
desnudos,
c éanme-Vues as
Mages ades,
que
sus
cos umb es
son
muy
mo ige adas
y
su
Rey,
á
quien
si en
con
sumo
espe o,
iene
modales
an
a ac i os
que
dá
gus o
e le,
asi
como
conside a
la
g an
acul ad
e en i a
de
es e
pueblo
y
su
a an
po
sabe ,
que-
les
induce
á
sabe
las
causas
y
los
e ec os
de
las
co¬
sas.»
Es e
juicio,
que
o mó
Colon
de
los
indios,
es
el
mismo
que
nos
o ece
mas
a de
F ay
Ba olomé
de
las
Casas
(46)
cuando
e u¬
ando
al
Doc o
Juan
Ginés
de
Sepúl eda,
nos
dice;
«los
indios
son
de
an
buenos
en endimien os
y
an
agudos
de
ingenio,
de
an a
capa¬
cidad
y
an
dóciles
pa a
cualquie a
ciencia
mo al,
y
especula i a
doc ina
y
an
o denados
po
la
mayo
pa e,
p o eídos
y
en
su
policía
y
en
sus
leyes
jus ísimas
e c.
e c.
(47).
Los
indios,
á
su
ez,
co espondie on
al
buen
a ec o,
que
espec¬
o
á
ellos
sin ie a
Colon,
y
los
hechos
lo
ac edi an;
así
emos
al
(
24
)
cacique
Guanakañ
eni
poseido
de
is eza
á
consola
al-Almi an¬
e,
cuando
és e
se
lamen aba
po
la
pé dida
de
la
u ca
Pin a,
ha¬
ciéndole,
á
la
ez,
las
o e as
más
since as
y
p es ándole
.señalados
se icios
con
el
en ío
de
di e sas
canoas,
que
u iliza on
con
g an
con en o
los
Españoles.
En
e dad,
que
si
odos
los
luga - enien¬
es
pues os
po
Colon
pa a
el
gobie no
de
aquellas
islas
y
los
go¬
be nado es
en iados
po
los
Reyes
Ca ólicos
y
Mona cas
siguien es
hubiesen
seguido
las
huellas
del
descub ido ,
no
hab ia
que
lamen¬
a
los
excesos,
que,
siendo
p opios,
po
lo
gene al,
de
odo
pe íodo
de
conquis a,
es
innegable,
que
hubie on
de
come e se
po
algunos
de
los
expediciona ios
en
el
Nue o-Mundo.
Ce ca
de
cua o
siglos
han
anscu ido
desde
la
llegada
de
Colon
á
aquellas
igno adas
islas
y
oda ía
el
nomb e
ilus e
del
insigne
Geno és
se
epi e
en e
aquellos
na u ales
con
singula
espe o,
á
pa
que.
especial
y
hon oso
a ec o.
(48)
Y
la
con ede ación
que
en
nues os
dias
p oyec an
o ¬
ma
las
epúblicas
de
la
Amé ica
me idional
con
la
Mad e
pá ia,
¿qué
iene
á
ele a ,
sino
la
g a i ud
y
noble
esolución
de
pueblos,
que
si
au ónomos
hoy,
se
con ian
deudo es
á
la
España
de
su
ci i¬
lización,
de
su
lengua,
de
su
li e a u a,
de
su
a e
y
de
oda
se ie
de
bienes?
La
his o ia
ielmen e
na ada
po
esc i o es,
que
ue on
es igos
p e¬
senciales,
nos
dice,
que
los
p ime os
desmanes
en
aquellas
apa adas
egiones
se
come ie on
po
los
ein a
y
ocho
españoles,
que
queda on
de
gua nición
en
la
isla
Española,
cuando
el
Almi an e
eg esó
á
España
(49).
Lle ados
del
espí i u
inquie o
y
u bulen o
del
pueblo
cas ellano,
acos umb ado
du an e
ocho
siglos
á
la
mo ilidad,
á
la
lucha
y
á
la
a en u a,
desobedecie on
la
oz
de
sus
ge es
y
no
so¬
lo
lle a on
á
cabo
a aigadas
incu siones
po
el
in e io
de
la
Isla,
sino
que,
en
con ac o
con
los
indios,
bu la on
su
buena
é,
obán¬
doles
sus
muge es
y
sus
hijos
y
á
eces
sus
p o isiones:
mo i an¬
do
el
ódio
y
encono
de
aquellos
na u ales.
Re e ido
es e
suceso,
hemos
de
comple a
su
ela o
eco dando,
que
indignados
los
in¬
dios,
esol ie on
da
mue e
á
los
españoles
odos,
so p endiéndo¬
los
do midos
ó
despie os,
como
pudiesen;
y
así
lo
hicie on,
dan¬
do
mues a
de
su
b a a
condición,
que
no
se
allanaba
ácilmen e
an e
la
a bi a iedad
y
la
injus icia.
La
ma anza
de
aquellos
nues¬
os
compa io as
p ueba
de
modo
concluyen e,
que
no
ué
Colon,
sino
sus
subo ninados
los
que
come ie on
los
a opellos
de
esul¬
ados
an
unes os
pa a
Cas illa,
y
que,
á
la
ez,
no
e an
los
indios
gen es
an
ímidas
y
cando osas,
como
algunos
exage an,
sino
e ¬
dade os
sal ages
capaces
de
come e ,
como
come ie on
es a
ez,
la
mas
sanguina ia
enganza.
Es o
espues o,
hemos
de
ad e i ,
cuan o
ue a
la
suspicacia
de
(
25
)
los
indígenas,
cuando
ins alados
los
nues os
en
la
colonia
Isabe¬
la,
se
alie on
aquellos
del
medio
más
ingenioso
pa a
hace
i n-
posible
la
pe manencia
de
los
españoles
en
el
Nue o
Mundo.
Si;
los
indios
quie en
ale se
de
los
medios
posibles
pa a
sos ene
su
independencia:
obje o
al amen e
plausible;
pe o
e leccionemos,
que
la
nación
que
a iba
á
aquellas
cos as,
á
ueque
de
ella
b in¬
da
á
los
na u ales
con
sus
nobles
ideales,
sus
magníñcas
adicio¬
nes,
su
g andiosa
cul u a,
su
le an ada
ciencia
y
su
ida
glo iosa.
Sí;
y
odo
es o
ha
de
log a se,
luego
que
el
á bol
ondoso
de
la
ci ilización
ca ólica,
conducido
en
los
bajeles
de
Cas illa,
llegue
á
a i ma se
en
el
he moso
suelo
ame icano.
¡Qué
mucho,
que
aquel
pueblo
sal age
pe diese
su
au onomía,
si
es a
pé dida
iene
á
es¬
labona
su
exis encia
en
la
do ada
cadena
del
e dade o
p og e¬
so,
que
encie a
oda
sue e
de
bienes
y
augu a
odo
géne o
de
p ospe idades!
Consis ió
la
-ingeniosa
e olución
de
los
indios
en
deja
de
cul¬
i a
las
ie as,
á
in
de
que
concluidos
los
í e es,
que
se
lle a on
de
España,
el
hamb e
les
hicie a
abandona
aquellas
egiones.
Ac edi an
los
his o iado es
más
idedignos,
que
las
insidiosas
y
p e iso as
medidas
de
los
indios
se
cumplie on,
y
llegó
dia,
en
que
concluido
odo
alimen o,
u ie on
necesidad
de
busca
su
manu¬
ención,
los
españoles,
en
pe os,
laga os
y
o os
ep iles,
p odu¬
ciéndose
con
ello
mo andad
an
no o ia,
que
edujo
al
núme o
(
5
o)
de
ein a
los
ale osos
de enso es
de
la
colonia
Isabela.
En
San o
Tomás,
ue e
e igido
po
Colon
en
las
minas
de
Cibao
y
cuya
cus odia
encomendó
al
Comendado
D.
Ped o
Ma ga i ,
homb e
de
sob esalien es
cualidades,
dejóse
sen i
igualmen e
el
hamb e
y
los
padecimien os
y
de unciones
consiguien es
á
an
noci a
alimen¬
ación.
Nada
pudo
emedia
D.
Diego
Colon,
he mano
del
Almi¬
an e,
que
eje cía
el
mando
en
la
Española,
en
an o
que
és e
p oseguía
el
descub imien o
de
o as
islas.
Nada
pudo
ampoco
el
Adelan ado
D.
Ba olomé,
he mano
de
los
an e io es,
que
ino
á
poco
á
egi
aquel
e i o io.
La
casualidad,
no
obs an e,
un
ac¬
ciden e
imp e is o
pudo
impedi
la
mue e
segu a
de
los
españo¬
les
odos.
Habiendo
ma ado
el
a agonés
Miguel
Diez
á
un
c iado
de
D.
Ba olomé
Colon,
huyó,
é
in e nándose
en
aquellos
bosques
í genes,
encon ó
un
pueblo
de
indios
donde
conoció
á
una
Caci¬
ca,
con
quien
abó
conocimien o.
El
a o
gene oso
de
es a
muge
(
5
i
)
despe ó
el
amo
en
el
pecho
del
ugi i o
y
ella
co espondió
an
endidamen e
á
la
galan e ía
del
c is iano,
que
in o mado
po
és e
de
la
si uación
p eca ia,
en
que
hablan
quedado
sus
compa¬
ñe os,
le
indicó
luga es
con enien es
á
donde
podían
aslada se,
segu os
de
que
ella
les
dispensa la
sus
cuidados
y
p o ección.
C e-
7
(
32
)
mo
los
ul ima on,
una
ez
descubie o
po
Colon,
el
de o e o
de
las
Indias
Occiden ales.
Y
obsé ese,
que
no
solo
le
o denan,
que
aya
o a
ez
al
Nue o
con inen e,
sino
que,
según
se
desp ende
de
modo
cla o
y
esplíci o
de
ca as
de
los
mismos
Reyes
di igidas
al
P.
Boyl
echa
4
de
Agos o
de
1493
(66)
y
á
D.
Juan
Fonseca,
echa
9
de
Ab il
de
1495
(67)
en e
o as,
odos
cuan os
hubiese
ó
uesen
al
Nue o
Mundo,
debe ían
espe a
y
aca a
la
au o idad
y
go¬
bie no
del
Almi an e.
An e
odo
lo
expues o,
ya
nos
se á
ácil
decidi ,
que
en
la
am¬
bición
de
unos
y
en
el
p ocede
poco
e lexi o
de
o os,
que
de¬
sa acaban
ó
ponían
obs áculos
á
la
au o idad
de
Colon,
se
halla
el
e dade o
o íjen
de
las
inju ias
p opaladas
con a
la
adminis¬
ación
y
gobie no
de
C is óbal
Colon.
En
ello
descansa,
como
sob e
segu o
undamen o,
aquella
sé ie
de
males
de
que
ué
ea¬
o
el
Nue o
con inen e;
males
que
p o oca on
los
excesos,
c uel¬
dades
y
i anías
que
come ió
du an e
su
gobie no
Ped a ias,
cuyos
ac os
ep ensibles
así
espec o
á
los
indios
como
á
los
españoles
nos
e ie e
O iedo,
es igo
p esencial;
males,
que
ue on
causa,
á
la
ez,
de
los
hechos
in áus os
ealizados
po
D.
Juan
de
Que edo
y
de
las
a bi a iedades
come idas
en
la
isla
Española
po
Alonso
Pe ez
de
Se a o;
males,
que
alimen a on
en
F ancisco
Roldan
el
espí i u
de
ebelión
con a
la
au o idad
del
Vi ey,
no
ya
en e
los
mismos
españoles,
sino
ambién
en e
los
indios;
males,
que
con¬
duje on
á
Alonso
de
Ojeda,
y
á
Fe nando
de
Gue a a
á
desen aina
sus
espadas
con a
el
mismo
Colon,
haciendo
cómplices
á
los
in¬
dios
de
su
indisciplina,
y
mo i ando
con al
sé ie
de
injus i icables
sucesos
la
ma cha
á
aquellas
islas
del
Comendado
de
Cala a a
D.
F ancisco
de
Bobadilla,
en
21
de
Mayo
de
1499,
ilien
osó
ca ga
de
cadenas
y
suge a
con
g ille es
al
homb e
ilus e,
que
habia
dado
un
ce o
nue o
á
la
Mona quía
española;
males,
que
die on
ocasión
al
gobie no
del
Comendado
mayo
F ay
Nicolás
de
O ando;
males,
en
in,
que
susci a on
aquel
sin
cuen a
de
e¬
jaciones
y
as o nos,
que
ino
p esenciando
el
suelo
ame icano
y
de
los
cuales
ué
es igo
ambién
el
ilus e
dominico
F ay
Ba ¬
olomé
de
las
Casas.
Todo
ué
debido,
á
qué
calla lo,
á
que
al¬
gunos
de
los
gobe nan es
en iados
á
aquellas
egiones,
en
ez
de
iden i ica se
con
Colon
en
las
ancenden ales
ideas
de
da
g an¬
deza
á
la
pá ia
y
p ocu a
el
bien
de
la
humanidad,
ci a on
su
empeño
en
eng andece se
asi
mismo,
sin
comp ende ,
que
de
es e
modo
mal a aban
los
blasones
augus os
de
Cas illa,
y
de
León.
Lan¬
cemos,
limo.
S .,
al
desp ecio
á
esos
capi dnes
díscolos,
que
bas a -
ea on
os
nobles
in en os
de
Colon
y
de
los
Reyes
Ca ólicos
es¬
pec o
a
los
indios,
que
cons an
esc i os
en
documen os
impo an-
(
33
)
ísimos
(68)
y
a ojemos
á
sus
os os
el
es igma
de
la
aición,
ya
que
no
ui e on
o aleza
pa a
domina
la
sed
del
o o
y
p e i ie¬
on
su
luc o
á
la
hon a
de
la
pá ia.
(69^
¿Es aña emos
ya
el
gemido,
que
á
la
az
de
Eu opa
lanza
un
his o iado
de
celo
ca i a i o
an
a dien e
como
impe uoso?
¿Es a¬
ña emos
oi
á
Ba olomé
de
las
Casas;
cuando
nos
dice
en
el
cap.
XLIII,
lib o
2.®
de
su
His o ia
gene al
de
las
Indias:
«¿quién
pod á
su i
que
u iese
co azón
de
ca ne
y
en añas
de
homb e
á
e
an
inhumana
c ueldad?
¿Qué
memo ia
debia
en onces
de
ha¬
be
de
aquel
p ecep o
de
la
ca idad
«ama ás
á
u
p ójimo
como
á
i
mismo»
en
aquellos
que
an
ol idados
de
se
c is ianos
y
aun
de
se
homb es,
así
a aban
en
aquellos
homb es
la
humanidad.»
¿Qué
signi ican
es as
endechas
de
dolo ;
qué
es os
las ime os'
ayes,
en
que
p o umpe
el
pecho
las imado
del
ilus e
dominico?
Signi¬
ican,
ya
lo
sabemos,
que
en onces,
como
en
odas
las
edades,
ha
habido
en
la
España
pe íodos
de
conquis a,
iempo
de
gue a
con
odos
los
ho o es;
signi ica,
que
aye ,
como
hoy,
han
i ido
en e
noso os
homb es,
que
sob eponiendo
sus
p opios
in e eses
á
los
sen imien os
nobles
y
ele ados
de
nues a
aza
y
de
nues o
pue¬
blo,
busca on
en
la
codicia
ayudada
po
la
a bi a iedad
los
un
¬
damen os
de
la
g andeza
ma e ial
á
que
aspi a an
con
mengua
de
oda
jus icia
y
de
oda
mo al.
¿Y
se á
esponsable
la
nación
Española
de
la
conduc a
censu¬
able
de
es os
malos
gobe nan es
ó
capi anes?
Cie amen e
que
nó;
po que
al
abusa
de
su
mando
ó
del
pode
de
su
espada
en
aque¬
llas
lejanas
egiones
lo
hicie on,
con a iando
los
deseos
del
g an
Colon,
los
manda os
de
lós
Reyes
Ca ólicos,
las
aspi aciones
de
la
pá ia
y
la
cul u a
y
ci ilización
españolas
an
espléndidas
en
aque¬
llos
dias;
po que
al
ob a
así,
bas a dea on
los
g andes
y
ecun¬
dos
ca ac e es
p opios
de
nues a
nacionalidad,
hollando
con
in¬
sensa a
conduc a
la
Fé
eligiosa,
el
pa io ismo,
el
hono ,
la
hidal¬
guía
y
la
leal ad
de
la
España
del
siglo
XVI.
(70)
Es
cie o,
que,
si
bien
econocemos
á
í ulo
de
impa ciales
las
injus icias
y
desa ue os
come idos
po
algunos
españoles
en
el
Nue¬
o
Mundo,
no
exaje amos
al
ex emo
de
c ee ,
que
sus
ac os
ue¬
on
ales,
que
jamás
p esenció
la
humanidad
escenas
han
e o i icas.
Es o
sos ienen
los
esc i o es
es anje os,
según
lo
expues o,
siguiendo
á
Ba olomé
de
las
Casas;
pe o
debe
nues o
es
demos a ,
ya
que
se
p esen a
ocasión
p opicia,
que
los
españoles
jamás
come ie on
9
(
34
)
espec o
á
los
indios
los
hechos
exec ables,
que
la
his o ia
nos
o e¬
ce
ealizados
po
o as
naciones.
Es udiemos
en
comp obación
de
es a
e dad
algunos
de
los
he¬
chos,
que
la
his o ia
nos
e ie e
con
mo i o
de
la
conquis a
de
la
India
o ien al
po
los
po ugueses.
Ab amos
el
in e esan e
lib o,
que
con
el
í ulo
de
His o ia
gene al
de
la
India
O ien al
de
Po ugal
es¬
c ibió
en
i
6
o3
,
F .
An onio
Román.
Ab amos
el
cap.
II
del
lib.
III
y
en
la
pág.
469
lee emos,
que
D.
Jo ge
de
Meneses,
después
de
co ¬
a
las
manos
en
Te na e
á
dos
culpables,
impuso
á
o o
el
cas igo
más
inhumani a io,
que
consis ió
en
a a le
las
manos
a ás
con
ue ¬
es
ligadu as,
echándole
luego
dos
leb eles,
pa a
que
lo
despedaza¬
sen
á
bocados,
á
p esencia
de
odos.
Cas igos
an
ho ibles
jamás
los
lle a on
á
cabo
los
hijos
de
la
hidalga
Nación
cas ellana,
cuyo
co azón
pod á
se
de
ace o
bien
emplado,
mas
no
de
hie o
du o
y
enmohecido.
Te ible
se
nos
p esen a,
asimismo,
la
conduc a
ob¬
se ada
po
los
po ugueses
en
la
oma
de
B a a,
según
e ie e
el
mismo
au o ,
(71)
cuando
a i ma,
que
los
soldados
lusi anos,
no
so¬
lo
oba on
cuan o
pudie on,
saquea on
la
plaza,
degolla on
á
cuan¬
os
halla on
y
esol ie on
en ega la
á
las
llamas,
sino
que
co a¬
on
las
manos
y
o ejas
á
muchas
muge es,
mo idos
del
codicioso
y
uin
anhelo
de
saca
p on amen e
las
axo cas,
muñecas
y
za ci¬
llos
de
o o
y
pla a,
que
aian
en
los
b azos
y
o ejas
(72).
La
his¬
o ia
nos
dice
ambién,
que
la
escandalosa
é
inmo al
adminis a*-
cion
de
un
Vi ey
de
Goa
dió
ocasión
á
aquella
memo able
sá i a
que
le
endilga a
el
amoso
Camoens,
mo i ando
el
des ie o
del
in¬
signe
épico
po ugués
á
Macao,
donde
esc ibió
su
inmo al
poema
Las
Luisiadas.
Es
e dad,
que
juzgados
los
po ugueses
impa cial-
men e,
son,
po
o a
pa e
dignos
de
mayo
alabanza,
dado
su
es¬
pí i u
emp endedo
y
sus
g andes
y
a aigadas
incu siones
acome¬
idas
á
a és
del
Occéano;
así
como
po
su
p o e bial
b a u a.
Dígalo,
en e
o o
hechos,
aquel
lle ado
á
cabo
po
un
ale oso
ca¬
pi án,
que
acome ido
po
los
a icanos
y
iéndose
sin
municiones,
se
ompió
los
dien es
con
una
pied a
ca gó
con
ellos
su
usil
y
e¬
chazó
animoso
al
enemigo,
en
an o,
que
la
sang e
manaba
de
sus
encías
en
g ande
abundancia
(y
3
).
Hablemos
con
cla idad,
limo.
S .
que
la
jus icia
dis ibu i a
nos
impone
el
debe
de
dá
á
cada
uno
lo
que
es
suyo.
Los
ingleses,
los
anceses
y
los
holandeses,
dice
la
His o ia,
codiciosos
de
las
pingües
iquezas,
que
a eso aba
el
mundo
descu¬
bie o
po
Colon
y
nues os
animósos
compa io as,
co ie on
ha¬
cia
aquellas
apa adas
islas,
apenas
ue on
sabedo es
del
g andio¬
so
acon ecimien o;
y
las
de
S.
C is óbal,
la
To uga,
las
An illas
meno es,
en
in,
y
luego
la
Jamáica,
se
ie on
pobladas
poco
des-
(
35
)
pues
de
nume osos
a en u e os
de
aquellos
países,
á
quienes
el
es¬
pí i u
de
g ange ía
y
el
amo
á
lospelig os
impulsaba
á oda
sue ¬
e
de
emp esas.
Allí,
limo.
S .,
es ablecie on
plan aciones
de
abaco;
y
allí
con
mengua
de
la
humanidad
y
menosp ecio
de
nues a
p opia
aza
au o iza on
y
se
ec ea on
en
la
escla i ud
de
los
blan¬
cos,
que
log aban
lle a
de
la
Eu opa,
seducidos
an e
las
o e as
más
espléndidas
y
las
p omesas
más
alhagüeñas.
Y
enseña
la
His¬
o ia,
limo.
S .,
en
su
cualidad
de
émula
del
iempo,
que
desple¬
ga on
an a
maldad
aquellos
ex anje os,
y
de
al
mane a
ensan¬
g en a on
el
suelo
de
la
Amé ica
española,
que
hubo
en e
ellos
alguno,
como
Re esa,
que
dio
mue e
con
su
lá igo
en
la
p ime a
de
las
islas
mencionadas
á
más
de
cien o
de
sus
c iados
blancos,
enidos
de
F ancia
y
de
Ingla e a.
Si
á
es o
unimos
los
ac os
an
ho ibles
como
inhumanos
come idos
po
Lolonois
y
el
ingles
Mo ¬
gan
y
o os
muchos
ex anje os
en
sus
incu siones
pi á icas,
en¬
d emos
á
con ence nos,
de
que
no
son
culpables
los
españoles
de
la
se ie
de
c ueldades,
que
egis a
la
His o ia
de
la
Conquis a
y
posesión
del
Nue o
Mundo,
sino
o os
pueblos,
que
a ec ándo
amis¬
ad
espec o
á
nues a
pá ia,
semb a on
de
ho o es
aquellos
dila adas
pampas
y
en ogecie on
con
sang e
humana
las
aguas
del
espumoso
Occéano.
Felizmen e,
limo.
S .,
la
His o ia
de
la
Amé ica
española
se
esc ibe
hoy
me ced
á
la
diligen e
y
sábia
in es igación
de
hom¬
b es
an
impa ciales
como
doc os,
españoles
los
unos,
ame icanos
ios
o os;
y
en
ella
apa ece
ap eciado
debidamen e
el
p ocede
de
nues os
mayo es,
á
la
ez
que
se
desco e
el
elo
y
se
mani ies an
en
oda
su
epugnan e
c ueldad
los
hechos
ealizados
po
o as
naciones,
po
las
mismas,
p ecisamen e,
que
mas
han
clamado
con¬
a
lo
sanguina io
y
bes ial
de
nues a
conduc a
y
gobie no
en
el
Nue o
Mundo
(74).
Si
examinamos
la
conduc a
de
los
alemanes
á
su
en ada
en
Ve¬
nezuela,
año
de
1626,
no
pod emos
po
menos
que
ho o iza nos
an e
la
se ie
de
ac os
ne andos,
que
nos
e ie e
Ba olomé
de
las
Casas
(75).
Si
es udiamos
la
conduc a
de
los
ingleses
espec o
á
sus
Colonias
ame icanas
y
ab imos
cualquie a
ob a
ex anje a,
que
a e
de
es os
sucesos,
lee emos,
.
g.
en
la
de
J.
A.
Spence ,
(76)
en e
o os
hechos
e dade amen e
sanguina ios,
el
lle ado
á
e ec¬
o
en
la
colonia
Vi ginia,
año
de
i
6
32
-
.
^cuando
engañados
los
in~
dios
po
men idas
p omesas
de
impunidad
po
pa e
de
los
ingleses^
ue on
acuchillados
desapiadadamen e
en
ep esalia
de
la
ma anza,
que
ellos
habían
come ido.'»
¡Qué
con as e!
limo.
S .
¡qué
con as¬
e
con
aquel
p ocede
gene oso,
y
c is iano
de
nues o
Almi an e,
cuando
al
llega
á
la
isla
Española
supo,
que
hablan
pe ecido
á
manos
de
los
indios
los
ein a
y
o o
españoles,
que
allí
queda an!
(
36
)
Los
ingleses
se
engan,
Colon
pe dona,
yá
pesa
de
con a
poco
des¬
pués
con
dos
mil
quinien os
homb es,
núme o
bas an e
pa a
enga
el
asesina o
de
los
suyos,
p e ie e
la
clemencia
y
se
ocupa
de
p e e¬
ni
nue as
desg acias.
¿No
sabemos,
además,
según
nos
dice
el
his o iado
b i ánico
Linga d,
(77)
«que
los
conquis ado es
de
la
B e aña
endían
sin
esc úpulo
á
sus
compa io as
y
has a
á
sus
p o¬
pios
hijos?»
Pues
es o
nó
lo
hizimos
jamás
los
españoles.
Bueno
es,
que
hagámos
al o
en
algunos
de
es os
de alles
pa a
ap ecia
debidamen e
la
conduc a
de
nues os
an epasados
en
el
Nue o
Mundo.
A
es e
in
con iene,
que
analisemos
con
espí i u
e dade amen e
c í ico
las
ob as
esc i as
po
los
his o iado es
ex-
ange os,
que,
demos ando
celo
loable
po
las
cosas
de
España,
se
han
ocupado
de
na a
y
comen a
á
su
modo»
bajo
la
in iuencia
del
espí i u
p opio
de
su
nacionalidad,
las
g andes
emp esas
eali¬
zadas
po
nues os
mayo es.
Mucho
enemos
que
ag adece
á
Was-
sing hon
I win,
á
Robe son
y
á
P esco
y
á
los
demás
ex ange os
doc os,
que
han
consag ado
su
pluma
á
e e i
los
hechos
de
la
nación
española;
pe o
mucho
enemos
que
indica
á
la
ez
en
sus
e udi as
ob as,
po que
así
lo
exige
la
e dad
his ó ica
y
el
ca ác¬
e
peculia
de
nues os
compa io as,
no
a alo ado
debidamen e
po
quienes
ni
e an
españoles,
ni
p o esaban
la
eligión
Ca ólica,
gé men
e dade o
y
ecundo
de
nues a
g andeza.
Noso os,
en¬
iéndanlo
bien
los
esc i o es
anspi enáicos,
que
han
p e endido
consigna
la
e dade a
his o ia
de
los
cas ellanos
en
Indias,
no¬
so os
no
uimos
al
Nue o
Mundo
á
caza
indios,
como
si
ue¬
an
bes ias
e oces,
ni
á
ex e mina
ale osamen e
á
los
pieles
ojas,
que
al
han
hecho
o as
naciones:
uimos
en
nomb e
de
la
ci ilización,
como
soldados
ale osos
y
homb es
de
gue a,
jamás
encidos,
á
conquis a
pa a
el
Ca olicismo
á
los
mo ado es
de
aquellos
igno ados
e i o ios;
pe o
lle ando
po
enseña
la
San a
C uz,
se íanos
la
Fé
de
no e
segu o
y
de
mode ado a
pa a
con'
ene
los
ímpe us
de
aquellos
de
nues os
capi anes
ó
soldados,
que
mal
guiados
po
la
codicia
ó
la
c ueldad
se
apa aban
de
la
sen¬
da
ec a
del
bien
ó
de
la
jus icia.
Y
ué
an a
nues a
nobleza
y
an a
nues a
gene osidad
en
medio
de
los
ho o es
p opios
de
la
conquis a,
que
mien as
los
ingleses,
po
ejemplo,
es ablecie on
poco
después
en
el
Canadá
un
lími e
di iso io
en e
eu opeos
é
indígenas,
noso os,
á
impulsó
de
la
galan e ía
peculia
de
nues o
pueblo,
nacida
de
la
Fé
Ca ólica
de
los
españoles,
nos
con undi¬
mos,
nos
iden i icamos
con
el
indio,
le
ab imos
los
eso os
de
nues as
c eencias,
de
nues as
cos umb es,
de
nues a
gigan esca
cul u a
y
de
nues o
co azón;
llegando
al
es emo,
nunca
bien
alabado,
de
uni nos
en
lazo
amo oso,
an
san o
como
indisoluble
(
37
)
con
aquélla
muge ,
que
no
po
habe
nacido
allende
los
ma es
e a
menos
ac eedo a
á
nues o
espe o
y
al
ca iño
del
apasionado
pecho
español.
Así
inimos
á
ealiza
de
modo
admi able
en
aquel
he moso
suelo
el
g an
p incipio
de
la
a e nidad
c is iana,
p e¬
dicada
po
C is o
en
las
o illas
del
Jo dán
y
en
las
playas
del
ma
Tibe iades
y
consignado
en
los
san os
e angelios.
Es o
hemos
hecho
los
españoles,
jus o
es
eco da lo
en
su
elogio.
Es o
es
lo
que
han
callado
los
his o iado es
ex anje os;
iempo
es
de
publi¬
ca lo
á
la
az
de
la
Eu opa
sábia.
Pe o,
ya
escucho
la
oz
de
los
ex anje os,
que
ensalzando
á
Ba olomé
de
las
Casas,
nos
acusan
de
habe
implan ado
y
a¬
o ecido
la
escla i ud
en e
los
indios
(78).
Asun o
es
es e
de
im¬
po ancia
suma,
que
hemos
de
a a
con
el
de enimien o
posible,
dada
la
índole
de
es e
discu so,
has a
con ence
á
odos,
de
que
nues a
amada
España,
ep esen ada
dignamen e
po
sus
ca óli¬
cos
mona cas,
ué
la
más
decidida
p o ec o a
de
la
legí ima
libe ¬
ad
de
aquellos
isleños.
Glo ia
es,
limo.
S .,
pa a
noso os
los
se illanos,
que
un
hijo
del
populoso
ba io
de
T iana,
como
lo
ué
Ba olomé
de
las
Casas,
de endiese
á
ines
del
siglo
XV,
en
aquellos
iempos,
en
que
la
gue a
y
la
conquis a
e an
habi uales
á
nues o
pueblo,
que
el
homb e
en
odo
caso
y
ci cuns ancia
debía
se
conside ado
como
lib e,
y
enido
po
al,
aunque
la
cau i idad,
que
sigue
á
la
san¬
g ien a
lucha
pesase
sob e
su
ce iz.
En
e ec o;
la
ine able
doc¬
ina
del
C uci icado,
que
mu ió
po
odos
los
homb es
y
á
odos
ab ió
las
do adas
pue as
del
Cielo
con
sus
me ecimien os
in ini¬
os;
es a
doc ina
sac osan a,
que
sus en a
la
igualdad
en
su
mas-
sublime
concep o,
nos
mues a
al
homb e
c iado
po
Dios
á
su
imagen
y
semejanza,
in eligen e,
lib e
y
decla ado
po
el
Pad e
co¬
he ede o
con
Jesús
de
la
Glo ia
e e na
adqui ida
á
cos a
de
la
sang e
p eciosísima
de
es e
Va ón
de
dolo es.
Dios
y
Homb e
e da-'
de o;
es a
doc ina
celes ial
ompió
con
la
al eza
de
sus
enseñanzas
las
ominosas
cadenas
de
la
escla i ud
del
linage
humano.
La
eligión
ca ólica
p oclama
la
libe ad
e dade a
de
odos
los
homb es
y
en
an o
condena
la
se idumb e,
en
cuan o
ienda
á
bo a
de
sus
en¬
es
el
des ello
de
la
Di inidad,
ó
á
p o ana
sus
cue pos,
que
según
San
Pablo
(79)
son
emplos
del
Espí i u
San o.
Enseñanza
an
consolado a
como
sublime
u o
po
especial
de enso
al
se illano
insigne,
que
ha¬
lo
(
38
)
hiendo
pasado
al
Nue o
Mundo,
llegó
á
p esencia
la
poca
con¬
side ación,
con
que
algunos
capi anes
a aban
á
los
indígenas,
y
el
abuso
que
o os
gobe nan es,
despe ados
po
la
codicia,
hacian
de
su
pode .
La
eligión
c is iana,
apesa
de
lo
expues o,
no
ino
á
des ui ,
sino
á
edi ica ,
no
á
aniquila
los
impe ios
sino
á
ob a
la
egene a¬
ción
de
ellos,
median e
las
enseñanzas
saludables
de
su
dogma
y
de
su
mo al:
no
cambió,
po
an o,
seguidamen e
el
es ado
ci il
de
los
homb es,
si
bien
p epa ó
con
sus
ca i a i as
ins ucciones
la
eman¬
cipación
o al
de
los
sie os,
á
quienes
p oclamaba
lib es
en
el
ó den
eligioso:
«si e
se us,
si e
libe ,
unus
sumus
in
Ch is-
o.»
So).
En
es e
sen i ,
la
escla i ud
limi ada
al
dominio
ú il
sob e
los
sie os,
subsis ió
du an e
los
úl imos
siglos
del
impe io
omano,
apesa
de
los
gene osos
ex ue zos
que
hicie on
desde
el
siglo
IV
los
empe ado es
c is ianos,
(8i;
coadyu ando
á
los
in en os
de
la
Iglesia.
Vienen
los
bá ba os
del
No e
en
la
siguien e
cen u ia,
y
llegados
á
nues o
suelo,
la
escla i ud
con inua
en
España,
po que
así
la
pobla¬
ción
omana
como
los
in aso es
la
acep aban
y
au o izaban
en
sus
cos umb es
y
sus
leyes.
Con e ido
Reca edo
al
Ca olisismo
e an
an
g a es
los
in e eses
c eados
po
los
seño es
á
la
sombia
del
a ianismo
y
an
udas
las
cos umb es
de
aquellos
dias,
que
la
escla i ud
con inuó
en
nues o
pueblo,
pe o
escla i ud,
limo.
S .,
median e
la
que
el
seño
eje cía
el
dominio
ú il,
no
el
dominio
de
p opiedad
sob e
su
sie o,
de
lo
que
dan
es imonio
en e
o as
disposiciones
legales
los
cáno¬
nes
de
los
concilios
Toledanos
III
y
IX,
Aga hense
y
B aca ense
II.
Reñida
á
las
má genes
del
Guadale e
aquella
sang ien a
ba alla,
que
dió
paso
á
los
hijos
del
Ko an,
dióse
p incipio
seis
años
después
á
la
econquis a;
y
la
escla i ud
subsis ió,
apesa
de
la
acción
ci ilizado¬
a
y
eminen e
humani a ia
de
la
Iglesia,
como
consecuencia
del
égi¬
men
eudal
p omo iéndose,
á
eces,
suble aciones
de
sie os
con a
sus
seño es,
como
la
ocu ida
en
los
dias
de
Au elio
(82).
Bene icioso
el
Ca olicismo,
á
lo
sumo,
enía
len amen e
sa u ando
de
ca idad
las
cos umb es
de
nues o
pueblo
y
las
amilias
de
c iazón
epo a on
an
p o echoso
in lujo,
iniéndose
á
o o ga
con
ecuencia
ca as
de
emancipación,
p op e
emedium
animce
mece^
como
se
lee
en
muchas.
En
al
es ado
se
hallaba
nues a
España,
cuando
las
leyes
de
Pa ida
inie on
á
demos a
al
mundo,
que
la
cul u a
in elec ual,
ápa
que
la
g andeza
pá ia,
se
despe aban
en
la
península.
Si;
limo.
Se¬
ño ;
en
aquel
admi able
código
se
esc ibió
á
la
az
de
las
naciones:
que
la
se idumb e
es
la
mas
il
é
lamas
desp eciada
cosa
que
los
o nes
pueden
se »
(
8
3
^
«j
ca
assi
como
es
la
mas
il
cosa
des e
mundo
(que
pecado
non
sea),
é
la
mas
desp eciada,
assi
la
libe ad
es
la
(
39
)
masca a
é
mas
p eciada»
(84)
«y
la
se idumb e
es
cosa
que
abo¬
ecen
los
homb es
na u almen e
(
8
5
)
.
An e
decla aciones
an
esplíci-
as,
la
escla i ud
en
odas
sus
ases
quedaba
he ida
de
mue e
en
nues o
suelo;
y
jus o
es
ibu a
los
elogios
debidos
al
legislado
insigne,
que
dijo
en
su
Ti .
úl .;
Regla
es
de
de echo^
que
odos
los
judgado es
deben
ayuda
á
la
libe ad^
po que
es
amiga
de
la
na u a,
que
la
aman
no
an
solamen e
los
o nes,
mas
aun
odos
los
o os
animales.
El
ey
Sábio
no
podía,
sin
emba go,
conclui
en
un
momen o
dado
con
aquélla
ins i ución
desg aciada,
que
e a
ob a
de
los
si¬
glos;
y
así
limi ó
su
acción
inmedia a
á
mejo a
la
condición
de
los
sie os,
mandando
que
si
bien
el
seño
enía
pleno
dominio
sob e
ellos,
A
con
odo
eso
nol
debe
ma a ,
nin
es ema ,
mague
le
icie-
se
po qué,
sin
mandamien o
del
juez
del
luga
('86).
Concedió
ade¬
más
á
los
escla os
el
de echo
de
con ae
ma imonio
en e
si
y
con
pe sonas
lib es;
o denando,
que
caso
de
que
los
cónyuge^
pe ene¬
ciesen
á
dis in os
dueños,
debía
la
Iglesia
ap emia
á
que
uno
com¬
p e
el
sie o
del
o o,
y
si
no
consin ie e
«cómp elo
la
eglesia,
po ¬
que
non
i an
depa idos
el
ma ido
y
la
muje »
(87).
Tenemos,
po
an o,
á
los
escla os
eje ciendo
de echos
legí imos
al
ampa o
de
nues as
leyes.
Si
pasamos
á
es udia
con
el
de enimien o
debido
las
disposi¬
ciones
del
Fue o
Viejo
de
Cas illa,
del
o denamien o
de
Alcalá,
y
de
los
ue os
municipales,
y
eco damos
la
condición
de
los
sie os
de
la
gleba
y
de
los
payeses
de
emensa
emancipados
legalmen e
en
i ud
de
sen encia
a bi al
dic ada
en
21
de
Ab il
de
1486
po
Don
Fe nando
el
Ca ólico,
nos
se á
ácil
a i ma ,
que
la
escla i¬
ud
e a
un
hecho
en
nues a
España
en
los
dias
de
los
Reyes
Ca¬
ólicos,
bien
que
limi ada
á
lo
sumo
an e
la
in luencia
e icaz
de
la
Iglesia
(88).
Los
escla os
se
hacian
po
ia
de
pena,
po
en a
del
pad e
legí imo
y
po
nacimien o
de
sie a.
Es o
expues o
¿nos
causa á
admi ación
el
sabe ,
que
el
g an
Al¬
mi an e
de
Cas illa
al
posesiona se
del
Nue o
Mundo,
c eyese
que
la
escla i ud
debia
egi
en
aquellos
e i o ios,
(89)
ya
que
es a¬
blecida
y
au o izada
se
hallaba
en
la
península?
¿Pod á
ene se
po
inculpación
jus i icada
la
que
hacen
á
Colon
cuan os
le
acusan
de
habe
hecho
escla os
en
el
nue o
Con inen e?
¡Oh!
no;
se ía
un
e dade o
e o .
La
escla i ud
exis ía
en e
noso os,
y
Colon
no
hizo
allí
o a
cosa,
sino
a ene se
á
nues as
cos umb es
de
aquellos
iempos.
Además,
como
la
escla i ud,
en
su
o ma
mas
ho ible
exis ía
en e
los
indios,
según
a i man
los
mas
g a es
y
au o izados
his o iado es,
que
i ie on
en
el
Nue o
Mundo,
(90)
nada
in odujo
el
Vi ey
de
las
Españas
en
aquellas
egiones,
que
pe judicase
la
com
(
40
)
dicion
de
los
indígenas;
po
el
con a io,
ino
á
oca
la
sue e
mí¬
se a
de
los
escla os
indios,
po
la
penosa,
sí,
pe o
lle ade a
del
sie ¬
o
español
(91).
No
ol idemos,
limo.
S .,
que
al
con empla
poco
después
el
insigne
Descub ido
de
la
Amé ica
los
ins in os
san¬
guina ios
de
muchos
de
aquellos
na u ales,
al
epa a
el
es ado
de
sal agismo,
en
que
i ian,
comiéndose
los
caníbales
los
unos
á
los
o os,
(92)
juzgó
necesa io
el
empleo
de
la
ue za,
no
solo
pa a
educi los
á
la
obediencia
y
p epa a los
de
es e
modo
á
e¬
cibi
la
ci ilización,
con
que
les
b indá amos,
sino
pa a
que
lle¬
asen
á
e ec o
el
cul i o
de
aquellas
e oces
campiñas,
ya
que
con
e inada
malicia,
según
hemos
dicho
an e io men e,
hablan
de e ¬
minado
abandona
el
labo eo
de
las
ie as,
como
medio
segu o
de
que
pe eciesen
de
hamb e
los
españoles.
La
se idumb e,
po
an o,
ué
necesa ia,
á
juicio
de
Colon,
en
aquellos
dias
espec o
á
los
ca ibes,
y
no
ué
una
impo ación
de
pa e
de
noso os
en
aquellas
egiones,
pues o
que
exis ia
en e
los
indios,
según
hemos
demos ado.
Aho a
bien,
cesando
años
después
aquel
es ado
de
ue za
é
ins uidos
y
aleccionados
los
indígenas
en
las
egene ado¬
as
y
san as
máximas
c is ianas,
y
colocados
los
pueblos
ame ica¬
nos
en
la
senda
anchu osa
de
la
ci ilización
e dade a,
debió
cesa
oda
escla i ud,
iniendo
á
goza
odos
aquellos
mo ado es
de
la
libe ad
c is iana
conquis ada
en
la
cumb e
del
Cal a io.
Fue on,
limo.
S .,
los
Mona cas
Ca ólicos
celosísimos
de enso¬
es
de
la
libe ad
de
los
indios,
y
an o,
que
haciéndose
supe io¬
es
á
las
ideas
y
udas
cos umb es
del
siglo
XV,
de e mina on,
p é ia
consul a
de
sus
sábios
conseje os,
(93)
ene
po
lib es
á
aquellos
na u ales,
disin iendo
en
es e
pa icula
de
la
opinión
del
g an
Almi an e
de
Cas illa.
A
es e
in,
en ia on
al
Comendado
F ey
Nicolás
de
O ando
con
exp eso
manda o,
de
que
sos u iese
la
libe ad
de
los
indios,
como
a i ma
el
his o iado
He e a
(94).
Apesa
de
ello,
an e
las
azones
expues as
en
su
Memo ial
po
el
ilus e
Descub ido ,
se
dió
pa en e
au o izando
la
se idumb e
de
los
ca ibes,
con
obje o
de
que,
ayéndolos
p e
c is ianos,
pudie¬
sen
se
con e idos
mas
ácilmen e;
(95)
y
conside ando,
dadas
las
ideas
eligiosas
de
aquel
siglo,
que
su
cualidad
de
idóla as,
so¬
domi as
y
an opó agos
exigia
á
es a
se e a
de e minación
(96).
,
Fallecida
la
ilus e
Reina
Doña
Isabel
I,
dejó
en
su
es amen o
c
ausula
magní ica
(97)
á
a o
de
los
indios,
que
bien
puede
consi-
(
4
^
)
de a se
como
el
can o
mas
sen ido,
en
que
aquel
co azón
nobilísimo
e a aba
su
ca idad
a dien e
y
su
amo
hacia
sus
asallos.
D.
Fe ¬
nando
secundó
con
digno
empeño
los
deseos
de
su
magnánima
conso e;
y
así,
cediendo
á
las
eclamaciones
de
incansables
misio¬
ne os,
consul ó
de
nue o
á
los
doc os
a ones
del
consejo
y
á
o os
homb es
eminen es.
¿Qué
hubie on
de
expone
los
p uden es
conseje os
del
mona ¬
ca?,
Fáciles
de
adi ina .
Resol ie on,
a en os
á
los
dogmas
ene¬
andos
de
la
Religión
Ca ólica,
e que
odos
los
indios
e an
lib es
y
que
debian
se
a ados
como
ales»
(98)
¡Magní ica
enseñanza
y
demos ación
concluyen e
del
espí i u
de
cul u a,
que
se
pe cibe
en
ios
dias
de
los
Reyes
Ca ólicos!
La
ac i ud
y
las
ep esen aciones
de
aquellas
almas
gene osas,
que
hablan
ele ado
su
oz
has a
‘el
ono
deD.
Fe nando,
p o es ando
con a
ios
a opellos
y
iolencias
come idos
po
algunos
gobe nan es
en
el
Nue o
Mundo,
ue on
a endidos
debidamen e;
y
no
podia
espe a se
o a
cosa
de
la
ilus¬
ación
y
madu ez
de
los
celeb ados
ju is as
y
g andes
eólogos
con¬
sul ados
po
la
co ona.
An e
documen o
an
impo an e,
bien
po¬
demos
a i ma ,
que
los
Reyes
Ca ólicos,
ep esen an es
ieles
de
los
hidalgos
sen imien os
de
es a
nación
nobilísima,
se
opusie on
cons¬
an emen e
á
la
escla i ud
de
odos
los
indios;
esolución
que
an¬
o
los
enal ece
cuan o
acusa
la
pe idia
é
inhumanidad
de
aquellos
gobe nan es
a bi a ios,
que
al
e se
en
el
Nue o
Con inen e
á
g an
dis ancia
de
los
mona cas,
die on
in e p e ación
o cida
á
sus
sá-
bias
disposiciones
é
hicie on
gemi
al
homb e
del
Nue o
Mundo
bajo
el
azo e
de
injus a
pena
ó
del
inhumano
a amien o.
La
se idumb e,
espec o
á
los
ca ibes,
con inuó
en
igo ,
a anán¬
dose,
sin
emba go,
los
eyes
suceso espo
mejo a
la
condición
de
los
indios
y
opone
co ec i o
á
los
desa ue os
délos
gobe nan es.
En
es e
sen i
el
Empe ado
Cá los
V,
po
Real
cédula
espedida
en
G anada
á
5
de
No iemb e
de
i526
mandó
«que
nádie
pudiese
lle a
indio
alguno,
ni
pasa lo
á
los
einos
de
España.»
En
eal
p o isión
de
la
misma
echa
o denó
«sopeña
de
mue e
y
pé dida
de
bienes,
que
ninguno
uese
osado
de
hace
escla os
en
Indias,
sino
con
su icien e
in o mación
hecha
al
Gobe nado
y
o iciales
eales»,
manda o
que
con i ma on
las
céleb es
o denanzas
de
To¬
ledo
de
4
de
Diciemb e
de
i528,
que
disponían
bajo
penas
g a es,
«que
nadie
pudie a
saca
indios
de
la
ie a
de
donde
e an,
aun¬
que
uese
so
colo
de
escla os,
as
de
los
que
cap i aban
en
las
gue as,
como
de
los
que
hadan
escla os
po
deli os
y
o as
ias.»
La
Real
p o isión
expedida
en
Valladolid
á
3
de
Se iemb e
de
1543
con i mó
es os
dec e os.
Como
si
no
ue an
bas an es
es as
disc e as
medidas
pa a
con-
(
48
)
os
conmise ación
y
lás ima
espec o
á
los
indígenas
é
indi e encia
y
ialdad
hacia
la
sue e
in áus a
de
nues os
compa io as?
Es,
nos
di án,
que
los
indios
se'
po aban
como
sal ages,
que
e an,
y
los
españoles
e an
c is ianos
y
cul os;
pe o,
siendo
es o
cie o
¿se án
menos
dignas
de
se
llo adas
las
íc imas
nume osas
sac i¬
icadas
po
aquellos
na u ales?
¿Y
se
p e ende á,
limo.
S .,
que
los
españoles,
los
b a os
es¬
pañoles,
hubiesen
pe manecido
impá idos
an e
hechos
de
suyo
an
jus iciables,
y
en ainando
sus
bien
emplados
ace os,
hubiesen
li¬
mi ado
su
acción
á
enseña
el
Ca ecismo
y
las
a es
ú iles
á
los
indios,
sopo ando
con
e ángelica
mansedumb e
y
he oica
ca idad
las
o ensas,
que
de
ellos
ecibie an,
como
p edicaban
las
Casas
y
los
áiles
dominicos,
mo idos
de
su
eligioso
zelo?
En
e dad,
que
es o
hicie on
en
su
apos ólica
abnegación
los
e o osos
mi¬
sione os,
que
ega on
con
su
sang e
e ida
po
la
Sac osan a
Fé
Ca ólica
los
ex ensos
e i o ios
ame icanos;
pe o
á
los
conquis a¬
do es
y
ale osos
soldados
de
la
España,
que
acababan
de
en¬
ce
pa a
siemp e
en
los
ondosos
bosques
de
la
Alhamb a
y
en
las
isueñas
má genes
del
esco
Genil
á
las
hues es
de
Mahoma,
no
e a
posible
exigi les
an
sublime
sac iñcio.
La
pe ección
e an¬
gélica,
limo.
S .,
an
p opio
del
Obispo,
del
Sace do e
y
del
eli¬
gioso,
no
obliga
al
pueblo
c is iano,
que
cumple
limi ando
su
obe¬
diencia
al
iel
cumplimien o
de
la
ley
di ina.
Además
¿pod emos
ex aña ,
que
el
espí i u
caballe esco
an
apasionado
de
nues os
mayo es,
que
no
pe mi ía
la
meno
o ensa
á
la
muge
an
digna
de
espe o,
cuan o
de
amo ,
pa a
el
asallo
de
Cas illa,
hubiese
desnudado
su
espada
y
acuchillado
con
b ío
i esis ible
á
los
sal ages,
que
así
daban
mue e
á
las
esposas,
á
las
hijas,
á
las
mad es,
á
las
damas
c is ianas,
que
e an
las
due¬
ñas
del
co azón
y
las
seño as
de
nues os
caballe os?
¡Oh!
no
e a
posible
exigi
an a
abnegación
á
los
hidalgos
cas ellanos;
pedi
o a
cosa
se ia
nega
los
sen imien os
nobles
y
peculia es
de
la
ci ilización
española
de
aquellos
dias.
Desengañémonos,
que
nada
de
es o
e lexionó
las
Casas
cuando
cali icó
de
homb es
bes iales
á
los
españoles,
sus
compa io as,
que
lle a on
al
Nue o
Mun¬
do,
los
eso os
de
la
Fé
y
de
la
e dade a
ci ilización;
dando
Ocasión,
á
que
o os
esc ibiesen
peo
y
en
o ensa
de
la
nobilísima
España.
Es
indudable,
que
el
ilus e
Se illano,
mo ido
po
su
acend ada
piedad
y
conside ación
especial
hacia
los
indios,
que ia
que
odos
los
españoles,
que
a iba on
á
las
playas
ame icanas,
hubiesen
sido,
no
ales
como
e an
y
enian
que
se
dadas
las
ideas
y
cos umb es
de
los
siglos
XV
y
XVI,
sino
como
la
pe ¬
ección
e angélica
aconseja;
y
es a
idealidad
encan ado a
e a
asun-
(
49
)
o
imposible
en
aquellas
ci cuns ancias,
según
lo
expues o.
Nues^
os
compa io as,
con
ocasión
de
aquel
memo able
descub imien¬
o,
die on
mues as,
y
es a
es
la
e dad,
de
sus
g andes,
de
sus
he oicas
i udes,
según
lo
ac edi a on
los
in a igables
misione os,
los
buenos
capi anes
y
los
celosos
gobe nan es;
pe o
p oba on,
á
la
ez,
que
e an
homb es
con
odas
las
laquezas
de
la
na u aleza
humana,
según
lo
die on
á
en ende
algunos
o os
con
su
con¬
duc a
ep ensible.
Ba olomé
de
las
Gasas
se
limi ó
á
enume a
y
na a
los
ac os
censu ables
de
es os
a en u e os
sus
compa io as,
callando
cuan o
de
digno
y
de
plausible
ealiza a
la
g an
muche¬
dumb e
de
españoles
en
aquellas
egiones:
y
noso os
amos
hoy
á
llena
en
pa e
es e
acío,
azando
á
g andes
asgos
el
cuad o
ci ilizado
de
la
España
en
los
dominios
ame icanos.
An es
de
p osegui
nos
c eemos
obligados,
á
i ulo
de
impa ¬
ciales,
á
indica
la
buena
é
de
Ba olomé
de
las
Casas,
de
la
inculpación
an
g a e
como
injus a,
que
han
lanzado
á
su
en e
los
mismos
ex anje os,
sus
admi ado es,
(i
i8)
acusándolo
de
au o
de
la
ne anda
a a
de
neg os
en
la
Amé ica
española.
Asun o
es
es e,
limo.
S .,
de
impo ancia
suma;
que
hemos
de
escla ece
en
cuan o
nues as
débiles
ue zas
lo
pe mi an,
has a
de ol e
á
nues¬
o
espe able
paisano
el
hono ,
á
que
en
es e
pa icula
se
ha
hecho
ac eedo
en
es ic a
jus icia.
La
in oducción
de
neg os
en
las
An illas
españolas
dió
p inci¬
pio
en
los
dias
del
gobie no
de
F ancisco
de
Bobadilla,
de
aquel
homb e
de
ominosos
ecue dos,
cuya
a ilan ez
le
indujo
á
en ia
p eso
á
la
península
á
el
G ande
Almi an e
de
Cas illa:
y
ue on
an
poco
a o ables
los
esul ados
de
es a
medida,
que
en
i
5
o
3
el
Co¬
mendado
F ey
Nicolás
de
O ando
dió
ó denes,
pa a
que
no
se
lle asen
nue os
escla os
neg os
á
nues as
colonias,
en
bien
de
la
segu idad
pública.
Así
lo
a i ma
el
his o iado
He e a
(i
19).
Vein e
años
después,
p óximamen e,
Ba olomé
de
las
Casas,
conside ando
las
penalidades,
á
que
el
cul i o
de
aquellas
e oces
y
es ensas
campiñas
obligaba
á
los
indios,
y
mo ido
del
deseo
de
pobla
las
Indias
de
muchos
españoles
y
aumen a
á
la
ez
las
en¬
as
eales,
ele ó
Memo ial
(120)
al
Gobe nado
del
Reino
p opo¬
niendo
en e’o as
medidas:
«que
á
odo
ecino
se
le
pe mi iese
lle¬
a
ancamen e
dos
neg os
y
dos
neg as;»
es
deci ,
el
ilus e
do¬
minico
pide,
que
se
au o ize
de
nue o
la
in oducción,
pe o
limi-
i
3
(
5o
)
ada^
de
neg os
en
nues as
An illas;
y
ad ié ase,
que
no
pide,
que
sean
lle ados
los
neg os
po
la
ue za,
ni
que
sean
endidos
po
escla os.
Las
Casas^
limo
S .,
y
debo
deci
la
e dad
sin
ambages,
ni
odeos,
ya
que
engo
la
al a
hon a
de
di iji me
á
una
co po a¬
ción
an
ilus ada,
las
Casas
suplicó
aquello
que
de
suyo
e a
líci o,
en
su
concep o;
y
no
solo
en
su
concep o,
sino
que
ambién
en
el
sen i
de
los
eólogos
mas
eminen es
de
nues a
España
en
aquel
siglo
de
o o,
y
se
hallaba
sancionado
po
las
cos umb es
de
aquel
iempo
(i2i).
¿Lo
dudáis?
Pues
ab id
la
Suma
de
a os
y
con a os
que
en
el
año
i
5
6
8
publicó
el
R.
Maes o
F .
Tomás
Me cado,
(122)
de
la
ó den
de
San o
Domingo,
lib o
que
me eció
la
ap obación
y
plácemes
de
doce
de
los
mo alis as
mas
amosos
de
aquellos
dias,
así
dominicos
como
agus inos,
ge ónimos,
benedic inos
y
secula¬
es;
lib o,
que
el
insigne
F ay
Luis
de
León
cali icó
de
muy
ace ¬
ado
y
p o echoso;
y
en
él
lee emos
es as
palab as;
«Po
an¬
o
la
en a
y
comp a
de
neg os
es
de
suyo
líci a
y
jus a
y
que
si
bien
es
pecado
mo al
y
i en
mal
y
en
g an
pelig o
los
me cade es
de
g adas,
que
a an
en
saca
neg os
de
Cabo
Ve ¬
de,
es
po que
es e
a o
es á
in amado
y
se
pública
oz,
que
á
muchos
de
ellos
se
les
hace
ue za
y
iolencia.
Po
lo
cual
solo
es án
obligados
los
de
acá
á
no
me e se
en
ello
pa a
no
pa ¬
icipa
de
la
injus icia».
De
modo,
limo.
S .,
que
los
eólogo's
españoles
en endían,
que
en
an o
no
se
eje cie a
ue za
y
io¬
lencia
sob e
los
neg os,
e a
líci a
su
comp a
y
en a;
pues
á
la
e dad,
siendo
lib e
el
homb e
pa a
ende
su
abajo
pe sonal,
nadie
puede
impedi le,
que
se
decidiese
á
ende lo
po
oda
la
ida
ó
que
hallándose
cons i uido
en
la
se idumb e
de
o o,
es e
asmi a
su
de echo
á
un
e ce o
(i
2
3
)
.
Así,
pues,
es udiando
la
p oposición
de
las
Casas
á
la
luz
de
la
ciencia,
se
ad ie e
la
eno ¬
me
injus icia
con
que
se
le
acusa
de
habe
sido
au o
de
la
a a
de
neg os
en
la
Amé ica
española
(124).
No,
cie amen¬
e;
en
su
ilus ación,
que
g abada
ha
quedado
en
sus
ob as,
(i
2
5
)
hubo
de
comp ende
pe ec amen e,
que
el
homb e
neg o
lo
mismo
que
el
blanco
es
nues o
he mano,
y
que
desde
el
momen o
en
que
la
oz
augus a
del
Di ino
Reden o
habia
esonado
en
las
o illas
del
Jo dán
y
en
las
playas
del
ma
de
Tibe iades,
el
homb e
sin
dis inción
de
azas,
habia
ecob ado
su
libe ad
pe dida
y
ap isionada
en
mal
ho a,
po
los
deli ios
del
paganis¬
mo;
no
eniendo
los
c is ianos
o o
Seño ,
que
eje za
e dade o
y
pleno
dominio
sob e
ellos,
más
que
Dios,
de
quien
es
la
Tie a
y
su
pleni ud,
el
o be
en e o
y
los
se es
odos,
que
habi an
en
sus
es ensos
dominios.
Po
ello,
el
ilus e
Dominico
no
pidió
en
su
Memo ial,
que
se
lle asen
neg os
iolen amen e,
pa a
que
ue-
(
5
i
)
sen
a ados
como
iles
escla os
con
o ensa
de
la
mo al
ca ó¬
lica.
Quién
de endia
con
an o
a do
la
libe ad
de
los
indios
mal
pod ia
pedi
la
escla i ud
de
los
neg os.
Leyendo
a en amen e
el
Memo ial
ci ado
end emos
á
con ence nos,
de
que
su
ánimo
ué,
que
se
pe mi iese
la
in oducción
limi ada
de
neg os,
p ohibida
po
O ando;
pe o
sin
eje ce
ue za,
ni
iolencia
sob e
ellos;
á
in
de
que
como
do ados
que
e an
de
mayo
obus éz
y
más
ap os
pa a
el
abajo,
que
los
indios,
omasen
á
su
ca go
el
labo eo
de
aquellos
es ensos
campos,
si iendo
con
su
abajo
pe sonal
á
aquellos,
que
en
i ud
de
de echos
eje cie an
sob e
ellos
domi¬
nio
ú il.
¿Y
es
es o
limo.
S .,
de ende
la
a a
de
neg os?
No
cie a¬
men e.
Ba olomé
de
las
Casas
no
pudo
pedi ,
ni
a o ece
la
a a
de
neg os,
po que
es e
á ico
ne ando
no
iene
de ensa,
ni
pudo
ene la
jamás;
y
an
cie o
es
es o,
que
apenas
a a on
los
po ugueses
de
esplo a
y
monopoliza
es e
á ico,
apode ándose
en
la
Guinea
de
los
neg os,
escla izándolos
y
endiéndolos
como
ales
escla os
en
los
me cados
de
Eu opa,
la
Silla
Apos ólica,
zelando
la
libe ad
del
géne o
humano,
expidió
b e e
en
7
de
Oc ub e
de
1462,
es
deci ,
ein a
años
an es
de
que
las
ele as
na es
de
Cas illa
se
enseño easen
en
los
ma es
del
Nue o
Mun¬
do,
condenando
aquel
come cio
an
inhumani a io
é
indigno
de
pueblos
ci ilizados.
En
e ec o;
es a
ominosa
a a,
ilíci a
según
odo
de echo,
implica
la
iolencia
más
ie a,
en
is ud
de
la
que
los
ne¬
g os
son
ap esados
y
despojados
de
su
libe ad,
aspo ados
como
animales
iles
de
las
egiones
en
que
habi an
y
endidos
a bi a ia
é
injus amen e.
Casas
jamás
pudo
pedi
iniquidad
semejan e,
e¬
p obada
con
an e io idad
po
el
Vica io
de
Jesuc is o
en
la
Tie a.
Y
en
hono
á
la
e dad,
di emos,
que
á
la
condenación
mencionada,
que
emanó
de
los
labios
del
Pon í ice
Pió
II,
si¬
guióse
la
no
menos
explíci a
dec e ada
po
el
g an
León
X,
de
glo iosa
memo ia,
que
dijo
á
la
az
del
mundo:
«.non
modo
eli-
gionem^
sed
e iam
na u am
eclami a e
se i u i y>
siendo
más
e ¬
minan es
las
Cons i uciones
de
Paulo
III,
que
decla ó
se
aquella
escla i ud
in ención
del
demonio;
po
lo
que
en
29
de
Mayo
de
1537
se
di igió
al
A zobispo
de
Toledo,
ep obando
y
ana ema i¬
zando
la
exec able
a a
de
neg os:
y
las
de
U bano
VIII,
Benedic o
XVI
y
G ego io
XVI,
que
expidió
la
amosa
In
sup emo
Apos olaíus
en
i
8
3
g
.
De
es e
modo,
limo.
S .,
la
San a
Sede,
ampa ando
la
libe ad
humana,
en enaba
con
el
sup emo
pode
de
su
magis e¬
io
in alible,
los
codiciosos
in en os
de
aquellos,
que
come ciaban
con
la
sang e
de
sus
he manos.
Y
no
se
c ea,
que
es a
mages uosa
y
ené gica
ac i ud
del
suceso
de
San
Ped o,
se
hallaba
en
oposi-
(
52
)
cion
con
la
doc ina
de
los
eólogos
españoles,
que
hemos
eco ¬
dado;
nó.
La
e dad
es
una
é
indi isible
y
una
la
mo al
ca ólica;
po
ello,
los
eólogos
del
siglo
XVI,
enonociendo
en
el
ó den
me a¬
men e
cien í ico,
que
la
comp a
y
en a
de
neg os
(126),
que
exis an
en
legí ima
se idumb e,
no
es
pues
ilíci a,
pues
pe enece
al
de e¬
cho
de
gen es,
p oclama on
an e
la
mo al
ca ólica
po
boca
de
F ay
Tomás
Me cado
y
de
sus
doc os
censo es,
«que
i en
en
pecado
mo al
y
se
hallan
en
g an
pelig o
los
me cade es
de
g adas
que
a an
en
saca
neg os
de
Capo
Ve de,»
es
deci ,
que
es e
come cio
es
al amen e
o ensi o
al
dogma
y
á
la
mo al
ca ólica;
po
lo
que
«los
españoles
es án
obligados
á
no
me e se
en
ello
pa a
no
pa ici
pa
de
la
injus icia,»
según
dice
Me cado;
que
es
p ecisamen e
lo
mismo
enseñado
y
p oclamado
en
sus
cons i uciones
po
el
Sup e¬
mo
Pad e,
Pas o
y
Rec o
de
la
Iglesia
Uni e sal
(127).
Apesa
de
lo
espues o,
la
his o ia
nos
enseña,
que
la
ne anda
a a
de
neg os
ino
á
poco
á
enseño ea se
en
la
Amé ica
Españo¬
la;
sí
á
poco;
pe o
me ced,
y
en iéndase
bien,
pues
lo
digo
muy
al o
po
hono
á
España,
mi
amada
pá ia
y
pa a
deco o
de
la
e dad,
me ced
á
los
es ue zos
de
los
ex ange os,
que
an a
in luencia
eje ¬
cie on
ce ca
del
ono
de
nues os
Reyes,
en
los
dias
del
Empe a¬
do
Cá los
V.
Ven u osamen e
la
libe ad
humana
habia
encon ado,
después
de
mue o
D.
Fe nando
el
Ca ólico,
un
campeón
in encible
en
uno
de
los
homb es
mas
g andes,
que
i ie on
en
aquel
siglo
de
gigan¬
escas
igu as;
en
el
Ca denal
Jiménez
de
Cisne os,
(128)
que
á
o¬
dos
se
niega,
an es
que
á
ansigi
con
la
escla i ud
y
come cio
del
homb e
en
las
An illas:
que
no
pe mi e
con
ené gica
decisión,
que
la
san a
libe ad
c is iana
sea
ul ajada
en
el
suelo
ame icano,
á
í¬
ulo
de
con eniencia
de
los
mismos
indios,
y
que
lle ó
su
p e i¬
sión
admi able
al
es emo
de
con es a
á
los
pa ida ios
de
la
in o¬
ducción
de
escla os
neg os:
«Con
esos
neg os,
que
p e endéis
ae
como
escla os
á
las
An illas,
hab á
de
o ma se
una
aza
nue a
y
o gullosa,
que
a de
ó
emp ano
ha
de
p ocu a
su
emancipación
o al
(129).
Dígannos
aho a
los
homb es
e lexi os,
si
ué
disc e o
el
p onós ico
del
G an
Regen e
de
las
Españas.
No
hablan
ans¬
cu ido
escien os
años
del
a ibo
de
Colon
á
aquellas
playas,
cuan¬
do
la
mayo
pa e
de
las
colonias
españolas
en
las
Amé icas
ha¬
blan
p oclamado
su
independencia.
Los
inponde ables
se icios,
que
Jiménez
de
Cisne os
p es a a
á
la
causa
de
la
humanidad,
inie on
á
se
con ai
es ados
á
poco
po
los
ex ange os.
Los
lamencos,
en
e ec o,
expusie on
é
hicie on
en ende
al
Empe ado ,
que
los
indios
e an
poco
de
suyo
pa a
el
labo eo
y
cul i o
de
aquellas
inmensas
y
é ilísimas
coma cas
y
(
53
)
que
los
españoles
mal
pod ían
a ende
á
es as
aenas
ocupados,
como
hablan
de
es a ,
en
el
eje cicio
de
la
gue a.
El
Empe ado ,
an
dado
á
a o ece
la
condición
de
los
Indios,
según
hemos
de¬
mos ado,
accedió
á
lo
solici ado,
concediendo
á
M .
de
la
B esa
4000
licencias,
y
el
Indigno
á ico
de
los
neg os
ué
au o izado
en
la
Amé ica
española,
habiéndose
o o gado
á
los
lamencos
an
odioso
p i ilegio
de
la
en a
de
es os
In elices
homb es;
p i ilegio
que
ellos
endie on
luego’
á
los
Geno eses
en
25
,
0
00
ducados.
Tal
ué
la
e dade a
mancha
que
los
es ange os
consiguie on
a oja
á
la
en e
limpia
y
he mosa
de
nues a
España.
;Tan o
enemos
que
ag adece les!
Casas,
pidió
la
In oducción
limi ada
de
neg os
escla os,
sí;
pe o
no
el
come cio,
ni
la
en a,
ni
la
ne anda
a a
del
homb e;
es e
a o
se
lo
debemos
á
los
lamencos,
que
pusie on
en
su
log o
empeño
singula ísimo.
T is e
es
eco da ,
que
en
el
año
de
1524
llegó
á
Cuba
la
p ime¬
a
emesa
de
es os
desg aciados
con
g an
con en o
de
algunos
In¬
sula es,
quienes
po
a o ece
la
sue e
de
los
Indios
se
ec eaban
an e
el
es ado
humillan e
de
aquellos
escla os.
En
i
5
3
2
cons aban
In oducidos
quinien os
neg os;
y
á
poco
ué
au o izado
He nando
de
Cas o,
pa a
que
Impo ase
cincuen a
sin
paga
de echos,
en
a¬
zón
á
que
habla
o ecido
mon a
á
su
cos a
un
Ingenio.
El
Rey
Don
Felipe
II
desposeyó
á
los
Geno eses
del
p i ilegio
mencionado,
pe¬
o
la
In oducción
de
neg os
y
su
a a
con inuó
o alecida
po
los
In e eses
c eados
á
la
somb a
de
su
au o ización
y
po
las
eclama¬
ciones
de
los
colonos.
Reales
cédulas
y
leyes
especiales,
en
cuya
e¬
dacción
omaba
pa e
Impo an ísima
el
Consejo
de
Indias,
inie¬
on
á
eglamen a
aquella
se idumb e
y
es
de
no a ,
según
a i ma
un
no able
abolicionis a
(i3o)
«la
ela i a
dulzu a
y
la
endencia
libe al
de
las
leyes
y
p ác icas
españolas,
que
nos
o ecen
los
ana¬
les
de
la
escla i ud
en
nues as
An illas
has a
bien
en ado
el
si¬
glo
ac ual.»
.
En
e ec o;
el
í ulo
XVIII,
lib o
8.®
de
nues a
Recopilación
de
Indias,
a a
«De
los
de echos
de
los
escla os»
¡De echos
de
los
es¬
cla os!
Luego
la
escla i ud
en
la
Amé ica
española
enia
á
su
a o
de echos
legí imos;
luego
el
escla o
en
nues as
posesiones
no
e a
una
cosa
mueble,
como
en
la
Amé ica
ancesa;
(i
3
i
)
luego
pod emos
conclui
a i mando
con
el
Ilus e
abolicionis a
ci ado,
(i
3
2
)
«que
las
leyes
y
p ác icas
de
España
ue on
siemp e
enzalsadas,
como
un
ela i o
adelan o,
en e
á
las
demás
naciones
escla is as
(i33).
En
i ud
de
lo
expues o,
ácil
es
comp ende ,
que
los
acon e¬
cimien os
lamen ables,
que
egis a
la
His o ia
del
Nue o
Mundo
9
n
aquellos
días,
no
ue on
ocasionados
an o
po
el
desa ec o
y
codicia
de
algunos
gobe nan es,
(134)
como
supone
Ba olomé
de
14
(
54
)
las
Casas
en
su
ob a
i ulada
Des ucción
délas
Indias,
(i
3
5
)
cuan¬
o
po
la
ac i ud
e dade amen e
an i-c is iana
de
los
que,
coinci¬
diendo
con
los
deseos
de
los
lamencos
y
coope ando
á
su
ejecu¬
ción,
plan ea on
la
ne anda
é
indigna
a a
de
neg os
en
las
isue¬
ñas
-campiñas
de
la
Amé ica
Española.
Y
la
p ueba
es
concluyen-
e;
acusando
de
le an isca
y
de
pe u bado a
á
la
aza
neg a,
se
es-
ci ó
una
p e ención
al amen e
des a o able
con a
aquellos
desg a¬
ciados,
y,
al
p opio
iempo
que
se
a o écia
á
los
indios,
se
dic¬
aban
disposiciones
se e as
con a
los
a icanos;
iniendo
an
io¬
len a
ac i ud
á
se
causa
na u al,
mas
de
una
ez,
de
le an amien¬
os
y
de
ho o es,
que
la
his o ia
ha
esc i o
en
sus
páginas
(i
3
6
).
Si
la
España
se
hubie a
desen endido
de
oda
inge encia
ex ange a,
y
se
hubie a
opues o
en
los
dias
de
Cá los
V
á
la
in oducción
de
neg os
a icanos
en
sus
colonias,
como
se
negó
después
en
1743
á
p o oga
el
plazo
pa a
su
impo ación
en
ellas,
hubie an
sido
mas
anquilos
los
dias
de
nues a
conquis a
en
aquellas
he mosas
pla¬
yas
{137).
Expues o
cuan o
ela i amen e
á
la
escla i ud
es ábamos
obliga¬
dos
á
consigna ,
pasemos
á
eco da
la
sé ie
de
bienes,
que
la
Es¬
paña
susci ó
en
el
Nue o
Mundo;
á
cuyo
in
íimos
á
enume a
sus
hechos
nobilísimos
en
la
con e sión
de
los
indios,
sus
a anes
en
p omo e
en e
ellos
la
a ición
al
abajo
y
á
las
á es
ú iles,
sus
laudables
es ue zos
en
despe a
el
amo
hacia
lo
bello,
haciéndo¬
les
emp ende
el
es udio
de
las
bellas
á es,
y
los
gene osos
p opó¬
si os
de
di undi
la
mayo
cul u a
in elec ual
cien í ica
y
li e a ia
en
el
seno
de
aquéllos
pueblos.
Admi ando
el
celo
de
nues os
mayo es
po
el
bien
espi i¬
ual
de
los
isleños,
hemos
de
con ence
de
injus a
y
de
apaciona-
da
la
inculpación,
que
algunos
homb es
díscolos
é
i e lexi os
lan¬
za on
con a
Colon
y
sus
compañe os
de
conquis a,
asegu ando
al
G an
Ca denal
Jiménez
de
Cisne os
«que
los
españoles
en
el
Nue o
Con¬
inen e
solo
habian
cuidado
de
gana
los
cue pos
de
los
indios,
de¬
sen endiéndose
de
sus
almas.»
Acusación
que
hace
suya
P esco
en
su
His o ia
de
la
conquis a
del
Pe ú,
diciéndonos,
en
el
capí ulo
yi
del
lib o
IV:
^Las
comunidades
eligiosas,
que
pasaban
una
ida
cómoda
en
las
ie as
cul i adas
po
los
escla os
indios,
pensaban
ménos
en
la
sal ación
de
sus
almas,
que
en
ap o echa ¬
se
del
abajo
de
los
cue pos.»
Y
ci ando
una
elación
del
Licencia-
(
55
)
do
Ma el
San oyo,
i mada
en
1542,
anadeen
una
no a:
«^ni
los
dominicos,
ni
los
me cena ios,
que
ienen
allí
con en os,
hablan
doc¬
inado
ó
con e ido
á
ningún
indio.»
Felizmen e
la
his o ia,
que
es
émula
del
iempo,
nos
ha
conse ado
da os
bas an es
pa a
desmen i
es as
ase e aciones
des i uidas
de
odo
undamen o.
Documen os
i ecusables
p ueban
de
modo
concluyen e
el
anhe¬
lo
con
que
Colon
p ocu ó
desde
un
p incipio
la
con e sión
de
los
indios
y
la
solici ud
con
que
los
eyes
Ca ólicos
se
esme a on
en
es¬
e
pa icula
de
an a
impo ancia
pa a
el
bien
espi i ual
de
aque¬
llos
indígenas.
En
e ec o;
sabemos
que
consecuen emen e
a
es os
deseos
an
plausibles,
y
secundando
los
a anes
de
la
Silla
Apos ólica
consignados
en
la
Bula
espedida
po
el
Papa
Alejand o
VI,
en
4
de
Mayo
de
1498,
(i
3
8
)
ma cha on
con
C is óbal
Colon
al
Nue o
Mun¬
do
en
1493
el
Re e endo
P.
F ay
Be nal
Boyl
y
doce
eclesiás icos
enca gados
de
p edica
la
san a
doc ina
del
c uci icado
en
aque¬
llas
egiones,
habiéndose
e igido
en
1494
ciudad
de
San o
Domingo
el
p ime
emplo
consag ado
á
Dios
en
las
Amé icas.
La
di e sidad
del
idioma,
que
hablaban
los
indios
espec o
al
de
los
españoles,
e a,
sin
emba go,
un
obs áculo,
que
de
un
p incipio
hacía
ine icaces
los
es ue zos
de
los
celosos
misione os.
A
su
e¬
medio
acudió
Colon,
p oponiendo
á
los
eyes
en
memo ial
de
3
o
de
Ene o
de
1494,
que
ajo
An onio
de
To es,
lo
siguien e:
(iSq)
A
cabsa
que
acá
no
hay
lengua
po
medio
de
la
cual
á
es a
gen e
se
pueda
da
á
en ende
nues a
San a
Fé,
como
sus
Al ezas
desean
y
aun
los
que
acá
es amos,
como
quie
que
se
abaja a
cuan o
pu¬
diesen,
se
en ían
de
p esen e
con
es os
na ios
así
de
los
caníbales
homb es
y
muge es,
niños
y
niñas,
las
cuales
sus
Al ezas
pueden
manda
pone
en
pode
de
pe sonas
con
quien
puedan
mejo
ap en¬
de
la
lengua,
eje ci ándolos
en
cosa
de
se icio,
y
poco
á
poco
mandando
pone
en
ellos
algún
mas
cuidado
que
en
o os
escla os,
pa a
que
dep endan
unos
de
o os,
que
no
se
hablen
ni
se
ean
sino
muy
a de,
que
mas
p es o
dep ende án
allá
que
no
acá
y
se án
mejo es
in é p e es,
como
quie
que
acá
no
se
deja á
de
hace
lo
que
se
pueda;»
El
Pad e
Boyl
en
ca a
álos
Reyes
mani es aba,
á
la
ez,
su
disgus o
po
no
pode
alecciona
á
los
indios
dada
la
imposibilidad
de
da se
á
en ende
á
ellos.
Los
Mona cas
Ca ólicos,
en
ca as
echadas
en
Sego ia
á
16
de
Agos o
del
1494
esc ibie on
á
el
Almi an e
y
al
P.
Boyl,
alabando
su
celo
po
la
p opagación
de
la
Fé
Ca ólica
en
aquellas
islas
y
es imulando
al
ene able
Após ol
del
Nue o
Mundo,
pa a
que
pe se e ase
al
en e
de
aquellas
mi¬
siones
(140).
El
eg eso
del
P.
Boyl
á
España
á
ines
de
1494
no
amino ó
los
cons an es
abajos
de
los
eligiosos
españoles;
pues
en
Ab il
de
1495,
según
enca go
hecho
po
los
Reyes
á
D.
Juan
Fonse-
(
56
)
ca,
en
ca a
de
9
del
mismo
mes,
ma chó
en
las
ca abelas
de
Cas¬
illa
el
clé igo
de
buena
conciencia
y
de
algunas
le as^
que
habia
de
sus i ui
al
Re e endo
P.
Boyl
en
la
p e ec u a
de
aquellas
mi¬
siones.
Vencida
en
pa e
la
di icul ad
de
hace se
en ende
de
los
indios
ecibie on
el
san o
bau ismo
en
la
Isla
Española
el
21
de
Se¬
iemb e
de
1496
Juan
Ma eo
y
odos
los
de
su
amilia,
que
ue on
los
p ime os
que
goza on
de
la
dicha
ine able
de
insc ibi se
en
las
bande as
de
C is o,
así
como
Ganau a ia
y
las
diez
y
sie e
pe so¬
nas,
que
habi aban
en
su
casa;
siguiéndoles
o os
muchos
de
la
Is¬
la.
Así
lo
e ie e
Román
Paño,
ci ado
po
D.
Fe nando
Colon
en
la
His o ia
del
Almi an e,
añadiendo
que
muchos
más
húbiesen
e
nido
al
g emio
de
la
Iglesia
Ca ólica,
si
hubiesen
enido
pe sonas
en
núme o
bas an e
pa a
enseña los
y
e ena los
(141).
La
necesidad
de
mayo
núme o
de
misione os
sen ida
en
aque¬
llas
egiones,
lle ó
á
aquellas
islas
en
i5o2
á
e o osos
hijos
de
S.
F ancisco
de
Asís,
(142)
y
de
an a
indus ia
se
alie on
pa a
co¬
munica
y
hace se
en ende
de
los
isleños,
que
ápoco
F .
Juan
de
Bo goñon
y
F .
Juan
de
Tisim,
na u ales
de
Pica día
y
eligiosos
legos,
jun amen e
con
F .
Ramón,
a ón
ejempla ,
hijo
de
Ca alu¬
ña,
que
habia
ido
allá
con
Colon,
log a on
domina
las
di icul a¬
des
del
idioma,
empezando
con
señalado
u o
á
e angeliza
á
aque¬
llos
idóla as.
La
doc ina
sac osan a
del
C uci icado
comenzó
á
in¬
il a se
de
modo
admi able
en
el
co azón
de
aquel
pueblo
y
ue¬
on
an
ápidos
los
p og esos
y
al
el
ac ecen amien o
de
aquella
po ción
no ísima
del
ebaño
de
Jesuc is o,
que
no
habian
ans¬
cu ido
sie e
años
después
del
úl imo
iage
de
Colon,
cuando
la
g ey
C is iana
se
p esen aba
en
núme o
incalculable
en
aquellos
dominios,
cons i uida
ya
y
o ganizada
debidamen e
con
sus
p o in¬
cias
eclesiás icas,
egidas
po
celosos
Obispos.
En
e ec o;
la
his o ia
nos
dice,
que
en
el
año
de
i
5
i
i
ué
e igida
po
el
Papa
Julio
II
la
p ime a
Iglesia
Ca ed al
de
la
Amé ica
Española
en
la
Ciudad
de
San o
Domingo
y
nomb ado
pa a
su
gobie no
el
Rdo.
Ga cía
de
Padilla,
de
la
ó den
de
S.
F ancisco,
(iqJ)
y
seguidamen e
el
Obis¬
pado
de
la
Concepción
de
la
Vega,
pa a
cuya
silla
ué
designado
Pe o
Sua ez
de
Deza.
Un
año
an es,
en
i
5
i
o
,
mo idos
de
eligioso
a do
po
el
bien
de
las
almas
de
los
indios
llega on
á
aquellas
in¬
hospi ala ias
cos as
los
eligiosos
Dominicos
(144)
y
al
siguien e
los
Me cena ios
F .
Ba olomé
de
Olmedo
y
F .
Juan
Zamb ana,
acom¬
pañando
á
Diego
Velazquez
y
en iados
po
el
Rdo.
F .
Jacobo
de
la
Ma a.
Quedóse
Zamb ana
en
Cuba,
y
Olmedo
pasó
á
la
Nue a
España,
donde
bau izó
y
ca equizó
innume ables
indios,
le an ó
em¬
plos
en
hono
del
Dios
e dade o
y
des uyó
los
al a es
de
los
ídolos
(145^.
La
llegada
á
Méjico
de
diez
y
nue e
eligiosos
anciscanos
(
57
)
y
o os
clé igos
á
ines
delaño
de
i524
y
de
los
e mi años
de
San
Agus in
en
i
5
3
2
(146)
dió
impulso
no abilísimo
á
la
ca i a i a
em¬
p esa
de
la
ins ucción
de
los
indígenas
en
la
doc ina
c is iana;
así
como
in luyó
no ablemen e
en
an
elices
a eas
la
p esencia,
dis¬
c eción
y
ace ados
consejos
de
los
monges
ge ónimos,
en iados
en
1
5
1
7
po
el
Ca denal
Jiménez
de
Cisne os
á
la
Isla
Española,
á
i ud
de
los
deseos
é
ins ucciones
mani es adas
en
ida
po
los
Re¬
yes
Ca ólicos
D.
Fe nando
y
Doña
Isabel,
(147)
y
los
que
llega on
en
i
5
i
8
con
p o echosas
ins ucciones.
El
celo
de
nues os
misione os
no
conocia
lími es,
y
así,
sopo an¬
do
oda
sue e
de
a igas
y
de
penalidades,
y
su iendo
á
eces
con
sublime
o aleza
el
ma i io
po
la
é
de
C is o,
consiguie on
u os
an
opimos,
que
según
e ie e
Juan
de
To quemada,
el
esc i o
más
g a e
y
e ídico
de
nues os
his o iado es
de
Indias,
apellidado
po
los
doc os
el
Ti o
Li io
en e
odos
ellos,
un
solo
eligioso,
el
ene able
To ibio
de
Mo olinia
(148)
llegó
á
bau iza
400.Ó00
de
aquellos
isleños
(149).
Y
no
solo
limi aban
sus
cons an es
es ue zos
á
ca equiza
sin
egua
ni
descanso,
sino
que
p ocu aban
po
odos
los
medios
posibles
hace
más
ácil
y
p o echosa
la
acción
benéñca
del
C is ianismo;
y
así
o a
celeb aban
jun as
solemnes
pa a
aco da ,
cual
uese
el
mé odo
mas
e icaz
en
la
p opagación
de
la
San a
Fé
Ca ólica,
como
la
que
en
1524
se
eunió
en
Méjico
con
asis encia
de
He nán
Co és
y
19
eligiosos
anciscanos,
7
clé igos
y
5
le ados;
o a
esc ibían
ca ecismos
edac ados
con
suma
cla idad
y
admi able
p ecisión,
pa a
que
su
lec u a
si iese
á
los
indios
de
saludable
en¬
señanza,
bien
publicaban
lib os
del
a e
de
aquellas
lenguas
pa a
acili a
su
ap endizaje.
No ables
ue on
en
es e
géne o
las
ob as
de¬
bidas
á
los
eligiosos
F ancisco
Jiménez,
que
ué
el
p ime o
que
puso
en
a e
la
lengua
mejicana;
á
To ibio
de
Mo olinia,
que
esc ibió
una
b e e
doc ina
c is iana;
á
Juan
de
Ri as,
au o
de
un
ca ecis¬
mo
c is iano,
de
se mones
dominicales,
los
sanc o um
y
la
ida
c is iana
en
p egun as
y
espues as;
á
Ped o
de
Gan e,
que
imp i¬
mió
la
doc ina
c is iana,
ampliada;
á
Juan
de
S.
F ancisco,
que
publicó
un
se mona io
cumplido
y
unas
colaciones
llenas
de
ejem¬
plos,
muy
p o echoso
pa a
p edica
á
los
indios:
á
Alonso
de
He ¬
e a,
au o
de
o o
se mona io
dominical
y
de
los
San os;
á
Alon¬
so
Rengel,
memo able
po
su
escelen e
a e
de
la
lengua
mejicana
y
de
la
lengua
o omí,
que
esc ibió
se mones
de
odo
el
año
en
len¬
gua
mejicana;
á
And és
de
Olmos,
céleb e
po
sus
e udi as
a es
de
las
lenguas
Mejicana,
To onaca
y
Guax eca,
que
publicó
además
un
ocabula io;
á
Juan
Gaona,
pe i ísimo
en
la
lengua
mejicana,
que
publicó
admi ables
a ados,
conse ándose
solo
memo ia
de
los
diálogos
imp esos
y
de
sus
coloquios
sob é
la
Pasión
de
Nues o
i
5
(
64
)
dia
al
Nue o
con inen e
an a
glo ia
die on
á
Dios
y
an o
hono
epo a on
á
la
España.
Aleccionados
los
indígenas
en
la
ins ucción
ca ólica
an
hábil¬
men e
di igida,
y
ocupados
á
la
ez
en
el
abajo
manual
y
en
las
a eas
a ís icas,
pasa on
nues os
mayo es
á
ensancha
la
senda
de
su
bienes a ,
descub iéndoles
nue os
é
inago ables
ene os
de
p o¬
echosa
cul u a.
Cupo
la
dicha
ambién
al
cle o
y
á
las
ó denes
e¬
ligiosas
de
habe
sido
los
que
p omo ie on
los
adelan os
in elec ua¬
les
de
los
indios
con
los
nume osos
colegios,
que
pa a
la
enseñan-
.za
es ablecie on
en
aquellos
e i o ios,
muchos
de
los
que
es aban
anexos
á
los
con en os
de
las
dis in as
ó denes
eligiosas;
y
la
his¬
o ia
conmemo a
con
g an
con en o
los
de
S.
Ge ónimo,
S.
Jus o
y
S.
Pas o ,
S.
Miguel,
el
Rosa io,
S.
Ped o
y
S.
Pablo,
odos
los
San os,
San iago,
San a
C uz
de
Tlal elolco,
e igido
pa a
la
educación
de
indios
nobles
y
S.
Ilde onso,
que
ino
á
se
el
más
an iguo
y
céleb e
de
odos
los
de
Méjico
egido
p ime o
po
clé igos
secula es
y
luego
po
la
Compañía
de
Jesús.
El
de
S.
León
de
Ca acas,
los
de
S.
Ma in
y
Copa
Cabana
en
Lima
pa a
la
educación
de
indios
nobles
y
de
indias
caciques,
espec i amen e,
en e
o os
memo¬
ables.
Pe o
limo.
S .,
iempo
es
ya
de
que
leamos
la
úl ima
y
mas
pe eg ina
página
de
la
ag adable
his o ia
de
nues a
misión
ci ili¬
zado a
en
el
Nue o
Mundo
y
pongamos
é mino
con
su
sab osa
lec u a
á
esa
sé ie
de
ac os,
que
an o
hon an
á
los
españoles,
cuan¬
o
ma a illan
y
so p enden,
á
quienes
de
buena
é
buscan
la
e ¬
dad
his ó ica.
Si;
la
noble
España
decidió
co ona
su
ob a
g andiosa
y
com¬
ple a
de
modo
expléndido
la
cul u a
de
los
indios,
p opo cionán¬
doles
oda
sue e
de
supe io es
conocimien os.
A
es e
in,
c eó
uni¬
e sidades
en
aquel
con inen e
como
á
cen os
los
más
p o echosos
del
sabe ,
llamados
á
di undi
los
adelan os
cien í icos
y
los
p og e¬
sos
li e a ios
allende
los
ma es.
En
an
magní ica
emp esa
u ie on
pa e
y
muy
p incipal
los
sábios
é
ilus es
P elados,
que
eglan
aquellas
no ísimas
p o incias
eclesiás icas,
así
como
o os
eligiosos
dignos
de
eliz
ecue do,
que
ela on
con
incompa able
e icacia
po
la
ci ilización
del
pueblo
indígena.
Nues os
mona cas
co espon-
die on
ielmen e
á
an
ele adas
mi as
y
la
Silla
Apos ólica
se
ego¬
cijo,
á
la
ez,
á
is a
de
es os
p opósi os,
dignándose
con i ma
la
e ección
de
aquellos
nue os
gimnasios
de
la
in eligencia.
Así;
en
21
(
65
)
de
Se iemb e
en
i
5
5
i
ué
undada
la
céleb e
Uni e sidad
de
Méjico
po
cédula
del
Empe ado
Cá los
I
de
España
y
V
de
Alemania,
expedida
á
uego
del
i uoso
y
doc o
hijo
de
la
Alca ia
F .
Alon¬
so
de
Ve ac uz,
que
donó
nume osos
. olúmenes
pa a
la
biblio eca
de
la
nue a
Academia,
y
ué
su
p ime
ca ed á ico
de
Sag ada
Es¬
c i u a;
en
el
mismo
año
ue on
e igidas
la
de
Lima
po
el
hono a¬
ble
P elado
F .
Ge ónimo
de
Loaysa,
dominico,
y
la
de
San a
Fé
po
su
A zobispo
F .
D.
C is óbal
de
To es,
dominico
ambién;
en
i
5
5
8
la
de
San o
Domingo,
me ced
al
celo
é
ilus ación
de
He ¬
nando
Fo gan;
en
1628
la
de
Gua emala;
en
1684
las
de
Tucuman
y
el
Pa aguay,
en
1690
la
de
Qui o;
en
1698
ué
con i mado
a
pe ¬
pe uidad
po
el
Papa
Inocencio
XII
la
de
San a
Fé
c eada
an e io ¬
men e
y
en
1722
la
de
Ca acas
sob e
la
base
del
an iguo
Colegio
de
S.
León
{i
5
8
).
En
sus
aulas
se
daba
las
enseñanzas
de
la
G a¬
má ica,
la
Re ó ica,
las
Ma emá icas,
la
Filoso ía
y
la
Dialéc ica,
y
de
la
Ju isp udencia
Ci il
y
Canónica,
la
Medicina
y
la
S&g ada
Teologia,
o eciéndosenos
las
ciencias
odas
en
la
mayo
al eza
po¬
sible.
Los
esul ados
ob enidos
po
la
solici ud
é
ilus ada
gene osidad
de
la
Mad e
pá ia
ue on
las
mas
elices
y
en u osos
pa a
aque¬
llos
na u ales.
Y
no emos,
que
la
imaginación
a dien e
y
el
ge¬
nio
de
nues os
compa io as
ecibia
á
pa
aumen o
de
g andeza
an¬
e
el
pano ama
encan ado ,
que
le
o ecía
la
Amé ica
en
sus
espe¬
sos
bosques,
sus
p olongadas
sábanas,
sus
mon añas
ele adísimas,
que
pa ecían
oca
el
cielo
y
sus
caudalosos
ios,
amosos
po
las
i-
'
quezas,
que
a as aban
sus
co ien es.
Todo
es e
admi able
ea¬
lismo
inspi aba
á
nues os
mayo es
y
hacía,
que
en e
aquellas
lo¬
es as,
lo
mismo
que
en
las
llanu as,
se
a anasen
po
enlaza
el
ealismo,
que
egalaba
aquel
con inen e,
con
el
idealismo,
que
as¬
po aba
á
aquellas
colonias
la
mages uosa
y
p epo en e
nación
es¬
pañola.
No
habla
ascu ido
medio
siglo
de
la
llegada
de
Colon
al
Nue o
Mundo,
cuando
la
ilus ación,
apode ándose
de
la
in eligen¬
cia
de
los
isleños,
hacía
palpi a
de
en usiasmo
á
cuan os
acudían
á
las
aulas;
y
la
Iglesia
y
el
Es ado
ie on
sali
de
aquellos
Cole¬
gios
amosos
y
de
las
Uni e sidades
insignes
de
la
Amé ica
espa¬
ñola
á
incalculable
núme o
de
homb es
eminen es,
que
desde
ines
del
siglo
XVI
apa ecen
hon ando
la
his o ia
cien í ica
y
li e a ia
de
aquel
con inen e,
indiendo
á
pa
ibu o
de
alabanza
y
de
ag ade-
17
(
66
)
cimien o
á
nues a
amada
España,
bajo
cuyos
glo iosos
pendones
se
condensó
y
eng andeció
aquella
ci ilización
mages uosa.
En
p ueba
de
es a
e dad,
eco demos
algunos
de
los
esc i o es,
que
nacidos
en
aquel
p i ilegiado
suelo,
han
conquis ado
po
sus
alen¬
os
ó
po
su
sabe
me ecido
enomb e
en e
los
a ones
doc os,
á
pun o
de
consegui ,
que
su
memo ia
i a
á
a és
de
los
siglos.
He
aquí
sus
nomb es:
F .
Buena en u a
de
Salinas,
no able
his¬
o iado ,
que
dejó
esc i os
los
Monumen os
de
la
His o ia
del
Nue o
Mundo
Pe uano
j
o a
ob a
i ulada
Mé i os
y
O namen¬
os
de
la
ciudad
de
Lima
Juana
Inés
de
la
C uz,
Monja,
Mejica¬
na,
á
quien
debemos
e udi os
Comen a ios^
c í icos
y
poé icos:
An¬
d és
Kiles
Galindo,
Mejicano
ambién.
P elado
de
los
eligiosos
meno es,
au o
del
cu ioso
lib o
de
la
Desc ipción
de
las
p o in¬
cias^
climasj
mon es^
ios^
puen es
y
playas
de
la
Nue a
España:
José
Gumila,
S.
J.
P o incial
del
nue o
eino
de
G anada,
que
esc ibió
el
O inoco
ilus ado’^
Ana
Ma ía
(Jonzalez,
Poe isa
Mejica.-
na;
Juan
José
de
Eguia a,
Mejicano
y
Rec o
de
aquella
Uni e sidad,
Obispo
de
Yuca án,
que
dejó
esc i o
la
Biblio eca
Mejicana
y
Se-
lec ae
dise a iones
Mexicanse
Scholas icam
spec an es
heologiam
i¬
bus
omis
dis inc ae;
los
dominicos
Ge ónimo
Rubion
y
Ped o
de
la
Cue a,
excelen es
o ado es
sag ados;
Al onso
B izeño,
Chileno,
de
los
áiles
meno es,
eólogo,
ca ed á ico
de
la
Uni e sidad
de
Lima,
que
publicó
Comen a ii
celeb a um
con a e sia umm
I.
sen
Seo-
i;
Ped o
de
Med ano,
de
la
Compañía
de
Jesús,
de
Lima,
que
nos
legó
la
ob a
i ulada
Rose um
heologicum
schola icum
ma ianum
Nicolás
Segu a,
de
la
Puebla
de
los
Angeles
que
compuso
las
Dis-
pu a iones
Scholas icce
Selec ee,
omis
II
ólio;
An onio
de
Pe al a
S.
J.,
Mejicano,
g an
eólogo
como
lo
p ueban
sus
lib os,
De
di inis
dec e is,
de
S.
S.
Deipa a^
de
S.
Joseph
el
inca
Ga cilaso
de
la
Ve¬
ga,
céleb e
au o
de
la
His o ia
de
la
Flo ida
y
de
los
Comen a¬
ios
Reales^
donde
se
con iene
la
His o ia
gene al
del
Pe ú
Ped o
Sua ez,
au o
del
Memo ial
en
lengua
Mejicana
de
cosas
memo a¬
bles:
Juan
de
To a ,
S.
J.,
His o iado
y
escelen e
o ado
sag ado
apellidado
el
Cice ón
Mejicano;
Domingo
Climalpain,
mejicano
ambién,
au o
de
la
His o ia
de
su
pa ia
y
de
la
C ónica
de
la
g an
ciudad-,
An onio
de
To a
Mo ezuma
Ix liljochilp,
descendien e
de
los
Reyes
de
Méjico,
que
en iqueció
con
sus
memo ias
la
genealogía
de
aquellos
mona cas;
F .
Juan
B..
de
Méjico,
F anciscano,
que
á
pa
que
esc ibió
d amas
espi i uales
pa a
ec eación
de
los
indios,
a¬
dujo
á
la
lengua
Mejicana
el
excelen e
lib o
de
la
Imu acion
de
C is o
y
u o
la
g an
dicha
de
se
el
maes o
del
g an
His o iado
de
In¬
dias
Juan
de
To quemada;
F .
Ma in
da
Ace edo,
que
esc ibió
impo an es
d amas
alegó icos
y
au os
sac amen ales.
Damian
Gon-
(
67
)
zalez
de
Cue o,
Mejicano,
au o
de
e udi os
a ados
sob e
medicina',
el
Ldo.
Miguel
de
Zaldie na,
memo able
poe a
Mejicano;
C is ó¬
bal
Sánchez
de
Gue a a,
Mejicano
ambién,
abogado
amoso
y
ex¬
celen e
humanis a;
Juan
Ala és,
áile
Me cena io,
nacido
en
el
mismo
suelo
y
de
an
p ecoz
ingenio,
que
á
los
ece
años
ganó
po
Oposición
la
cá ed a
de
Re ó ica
y
Poé ica
de
aquella
Uni e sidad;
F ay
Ped o
To illa,
de
Chiapa,
F anciscano,
apellidado
el
Demós e-
nes
Gua emal eco;
Fe nando
de
Alba
Ix liljochip,
de
Tex uco,
cé¬
leb e
au o
de
la
His o ia
de
la
Nue a
España',
F .
San ama ía,
de
Lima,
au o
de
una
ob a
de
eología;
P.
Manuel
Lacunza,
S.
J.,
de
Chile,
de enso
del
eino
milena io
á
cuyo
in
esc ibió
un
lib o,
so¬
b e
la
enida
del
Mesías
en
glo ia
y
mages ad',
el
Maes o
Zea,
do¬
minico,
de
A equipa,
au o
de
los
Comen a ios
á
a o
de
la
ob a
de
Lacun^a',
D.
Pablo
Ola ide,
asis en e
que
ué
de
Se illa,
que
es-,
c ibió
el
E angelio
en
iun o
y
el
Sal e io
Pe uano
y
la
ob a
d amá ica
i ulada
el
Te emo o
de
la
Ma inica',
D.
Clemen e
Je¬
sús
Munguía,
que
nacido
en
es e
siglo,
ué
A zobispo
de
Mo elia,
de
donde
e a
na u al
y
publicó
no ables
se mones
y
luminosos
a ados
sob e
de echo
ci il
y
canónico',
D.
Jus o
Donoso,
Chileno,
Obispo
de
Ancú,
au o
del
Pá oco
Ame icano
y
del
De echo
Canó¬
nico
Ame icano',
D.
Ignacio
Isagui e,
P esbí e o,
Chileno,
unda¬
do
del
Colegio
Ame icano
en
Roma,
esc ibió
el
P o es an ismo
an es
sus
desciden es',
D.
Manuel
Ignacio
Mo eno,
de
Guayaquil,
A cediano
de
Lima,
esc ibió
un
a ado
la
Sup emacía
del
Pa¬
pa',
D.
Ba olomé
He e a,
de
Lima,
Obispo
de
A equipa,
que
pu¬
blicó
una
ob a
sob e
el
O igen
de
la
Sobe anía',
el
P,
U ias,
de
Li¬
ma,
Agus ino,
á
quien
debemos
la
His o ia
y
emancipación
del
Pe¬
ú',
D.
Ped o
Pablo
Rod íguez,
de
Lima
y
Dean
de
aquella
Ca e¬
d al,
que
edac ó
un
P o
72
/
w¿z /o
de
o denandos-,
D.
Jus o
Sa aguauga,
■
del
Cuzco,
y
Chan e
de
aquella
Iglesia,
esc ibió
la
Biog a ía
de
los
Reyes
Incas
del
Pe ú',
el
S .
Có doba
y
Que ejazu,
Limense
y
Canó¬
nigo
de
aquella
Ca ed al,
Obispo
elec o
de
Pue o
Rico,
esc i o
c í ico,
au o
de
las
Lág imas
c is ianas
y
de
la
ida
de
S a.
Rosa',
Don
Lucas
Alaman,
céleb e
his o iado ,
que
esc ibió
las
Dise acio¬
nes
sob e
la
His o ia
de
la
epública
mejicana',
el
D .
Valdés,
de
Li¬
ma,
médico
que
publicó
a ias
ob as
de
medicina,
un
nue o
Sal¬
e io
Pe uano
y
o as;
el
Ldo.
D.
José
An onio
O iz
U uela,
Gua¬
emal eco,
p o undo
o ado
sag ado
y
ca ed á ico
que
ué
de
aque¬
lla
Uni e sidad,
au o
de
a ias
impo an es
ob as
eligiosas;
Don
Alejand o
A ango,
céleb e
his o iado
mejicano;
D.
José
Quijano
O e o,
de
Colombia,
his o iado
e udi o;
D.
E a is o
Tombona
no able
esc i o
de
Ca acas;
D.
Joaquín
Ga da
Icazbalce a
his o¬
iado
de
me ecido
enomb e,
au o
de
la
colección
de
documen os
(
68
)
pa a
la
His o ia
de
Méjico;
D.
José
Fe nando
Ramí ez,
his o iado
mejicano
ambién;
el
D .
Nuñez,
de
Colombia,
ilus e
es adis a;
el
Ilus ísimo
D.
Ignacio
Mon es
de
Oc^,
de
Méjico,
epu ado
huma¬
nis a,
aduc o
de
Pinda o
é
inspi ado
poe a,
y
o os
y
o os,
que
como
es os
úl imos,
i en
en
nues os
dias.
A
es os
nomb es
debemos
uni
los
de
aquellos,
que
cul i ando
la
mas
excelen e
de
las
bellas
a es,
han
me ecido
con
jus icia
se
aclamados
como
poe as
de
le an ado
es o;
en e
ellos
ci a emos
á
C is óbal
Nuñez,
C is óbal
Po cel,
Medina
y
Ba ien os,
A a e
y
Luis
González
de
Za a e,
glo ias
de
Méjico;
al
Venezolano
F an¬
cisco
G.
Pa do;
al
Pe uano
Rica do
Palma,
his o iado
á
la
ez;
y
á
los
ilus es
hijos
de
Cuba
Manuel
de
Zequei a,
José
Ma ía
He edia,
Rubalcaba,
Ge udis
Gómez
de
A ellaneda,
Gab iel
de
la
Concepción
Valdés
(Plácido),
Ramón
de
Palma,
José
Jacin o
Milanés,
José
Luis
Alonso,
Joaquín
Lo enzo
Suaces,
Felipe
López
de
B iñas,
Ra ael
Ma ía
Mendi e,
José
Soco o
de
León,
Juan
Clemen e
Zenea,
An onio
Viñage as,
(159)
y
o os,
que
pulsando
sus
bien
empladas
li as
se
han
hecho
aplaudi
de
la
Eu opa
en e a.
Con
cuán a
azón
el
P íncipe
de
los
ingenios
Españoles
al
e e¬
i se
en
su
Cala ea
á
nues as
Colonias
en
Amé ica,
dijo:
E e niza
ingenios
sobe anos,
que
si
iquezas
hoy
sus en a
y
c ía
ambién
en endimien os
sob ehumanos.
Aun
ué
mas
gene osa
la
España
pa a
con
el
Nue o-Mundo
en
un
deseo,
an
poco
medi ado
po
algunos,
de
en iquece
la
ci ili¬
zación
de
aquellos
pueblos
has a
log a ,
que
la
cul u a
in elec ual
de
la
Amé ica
iniese
á
iden i ica s'e
con
el
g an
desa ollo
cien í¬
ico
y
li e a io,
que
admi aba
el
mundo
en
la
mad e
pá ia.
A
es e
in,
en ió
á
aquellos
an
lejanos
e i o ios
al
p ime o
de
sus
poe as
épicos,
el
ale oso
capi án,
cuan o
poe a
insigne,
D.
Alonso
de
E cilla
y
Zúñiga;
y
la
mas
magní ica
de
las
epopeyas
españolas
se
esc ibió
allí
en e
los
espesos
bosques
del
Valle
de
A auco.
Y
cual
concluyen e
es imonio
de
los
nobilísimos
in en os
de
la
Es¬
paña,
el
a e
d amá ico
Español,
exp esión
admi able
y
la
mas
es¬
pon anea
de
los
sen imien os
de
nues o
pueblo,
co onó
la
en e
del
ilus e
Mejicano
Juan
Ruiz
de
Ala con,
(i6oj
aclamándolo
á
la
az
del
Mundo,
como
el
más
eminen e
de
nues os
g andes
d amá¬
icos,
po
el
admi able
concep o
ilosó ico,
que
sus
comedias
a e-
(
69
)
so an.
Sí;
y
cabe
la
glo ia
á
la
España,
que
p omo ió
la
ilus ación
en
el
Nue o
con inen e,
de
que
saliese
de
las
aulas
de
la
Uni e ¬
sidad
de
Méjico
es e
poe a
escla ecido,
que
en
su
Ve dad
sospecho¬
sa^
o eció
á
Molie e
el
dechado
mas
pe ec o
de
la
Comedia
clá¬
sica.
El
omance
y
la
no ela
pica esca,
géne os
li e a ios,
cuya
o i¬
ginalidad
es
así
mismo
p opia
de
noso os
y
que
apa ecen
en
nues¬
a
his o ia
como
e lejo
de
nues o
ca ác e ,
de
nues os
ideales,
de
nues a
an asía
a dien e
y
de
nues as
cos umb es,
aspasa on
am¬
bién
los
ma es
á
impulso
del
gene oso
sen i
de
la
pá ia
y
se
e¬
c ea on
á
la
. ez
en
aquellas
calu osas
egiones
eco iendo
sus
hue os
de
nopales,
sus
bosques
somb íos
de
á boles
de
cacao,
e¬
cos ándose
á
la
somb a
de
o cidos
y
olo osos
guayabos
y
con em¬
plando
las
encan ado as
chinampas
y
los
ex ensos
maizales,
que
b inda
aquel
p i ilegiado
suelo.
Ac edi a
es a
e dad
el
poe a
lí i¬
co
Be na do
de
Balbuena,
que
nacido
en
Valdepeñas
en
i
56
8
,
ma chó
al
Nue o
Mundo
á
los
ece
años
de
edad,
y
allí,
educán¬
dose
en
aquellos
Colegios
undados
po
la
pá ia,
adqui ió
el
al o
enomb e
de
que
goza
en e
nues os
más
a en ajados
lí icos
(i6i);
así
como
el
insigne
no elis a
Se illano
Ma eo
Alemán,
que
en
1608
ma chó
á
la
egión
Ame icana
en
unión
de
Juan
Ruiz
de
Ala con,
He nando
de
Cas o
y
Diez
C úza e,
azando
allí
su
ingenio
y
su
agudeza
aquella
bellísima
no ela,
que
con
el
í ulo
del
Pica o
Gu -
man
de
Al a ache
es
hoy
una
de
las
joyas
mas
p eciosas
del
géne¬
o
pica esco
español.
Bas a....
Hé
concluido,
limo.
S .
Tales
son
los
hechos,
que
callados
po
los
his o iado es
ex ange os,
p ome í
e e i os:
si
hé
sido
en
e e i los
p olijo,
no
se i^'en
ag adece os
co o.
A
a és
de
es os
mal
combinados
englones
se
é
cla amen e,
que
los
españo¬
les
no
ue on
á
des ui ,
como
a i ma
Ba olomé
de
las
Casas,
si¬
no
a
edi ica
y
á
edi ica
monumen os
g andiosos
en
los
as os
con¬
ines
Ame icanos;
y
que
su
conduc a
y
gobie no
en
aquel
p i ilegia¬
do
suelo,
es án
plenamen e
jus i icados.
En
elec o
limo.
S .,
odo
lo
na ado,
y
mucho
más
que
á
los
sabios
oca
enume a
y
de a¬
lla
minuciosamen e,
deben
aquellos
pueblos
sumidos
an es
en
la
ma¬
yo
ba ba ie
á
la
España
angosa,
á
la
España
sanguina ia,
á
los
es¬
pañoles
bes iales,
pé idos
y
de
baja
alea,
á
las
iles
pasiones
de
nues os
compa io as,
según
a i man
los
esc i o es
ci ados
an e io ¬
men e;
pe o,
que
digo,...
lo
deben
á
la
noble,
á
la
hidalga,
po
ex-
18’
'(
70
)
celencia,
á
la
g ande,
ale osa
y
admi able
nación
Española,
que
no
u o
o o
de ec o
pa a
aquellos
se e os
c í icos,
que
el
de
habe
sido
gigan e
po
su
inqueb an able
y
ac isolada
é;
gigan e
po
la
al eza
de
su
ciencia
y
su
li e a u a,
gigan e
po
su
gene osidad
nun¬
ca
bien
alabada,
gigan e
po
el
alo
indomable
de
sus
hijos,
que
esis ió
con
biza ía
inusi ada
á
las
incu siones
pi á icas
de
los
pueblos
eu opeos,
que
con a
oda
ley
quisie on
a eba a nos
nues¬
os
dominios
en
las
indias,
(162)
gigan e,
en
in,
po
la
caballe
osidad,
el
hono
y
las
i udes
de
sus
enomb ados
hé oes
¡Qué
e dad
es,
que
aun
espec o
á
las
Naciones,
la
neg a
en idia
y
la
con adicción
mas
decidida
son
somb as
que
signen
á
las
agenasp os¬
pe idades!
Concluyamos
p oclamando
pa ió ica
y
lealmen e,
que
bien
podemos
a i ma
de
nues a
España,
lo
que
dijo
de
Hé cules
el
insigne
Séneca:
«T ansi ,
non
concuspiscendo
sed
indicando,
ma-
ximo um
bono um
auc o
hominibus»;
lo
que
debemos
aduci
di¬
ciendo:
«Reco ió
los
as os
con ines
de
la
Amé ica,
nO'
ya
gozán¬
dose
en
las
pingües
iquezas
de
sus
minas
y
de
sus
caudalosos
ios,
sino
ei indicando
la
dignidad
del
homb e,
o eciéndose
á
la
az
de
aquella
po ción
igno ada
de
la
humanidad,
como
dispensado a
admi able
de
oda
sue e
de
g andes
y
ecundos
bienes.
Y
á
oso os
jó enes
alumnos,
que
sois
la
espe anza
de
la
pá
ia
¿que
os
di é,
cuando
eo
b illa
en
ues a
en e
el
des ello
del
genio,
y
conside o
ues a
aplicación,
que
es
nues a
mas
hon osa
co ona?
Os
di é,
que
así
como
habéis
enido
la
dicha
de
habe
naci¬
do
en
es e
suelo
cuna
de
la
Fé
y
de
la
hidalguía,
es áis
obligados
á
zela
con
e icacia
suma
la
hon a
de
nues a
amada
España,
el
hono
de
es a
noble
y
ca iñosa
Mad e,
que
así
lo
eclama
de
sus
buenos
y
leales
hijos.
¡Qué
dicha!
jó enes
alumnos,
¡qué
dicha
an
ine able!
de
se
hijos
egalados
de
es a
nación
p i ilegiada,
donde
cada
lo¬
es a
esconde
en e
sus
amas
una
adiccion
glo iosa;
donde
los
escos
ios
e lejan
oda ía
en
sus
líquidas
co ien es
las
admi a¬
bles
p oezas
del
alo
de
nues os
pad es,
ealizadas
en
sus
má ge¬
nes
lo idas;
donde
los
in o mes
es os
de
an iguas
y
de uidas
o ¬
alezas
dan
es imonio
al
p esen e
del
pode ío
de
aquellos
caballe os
nues os
an epasados,
cuya
ama
y
cuya
b a u a
e an
poco
á
con¬
ene
las
empinadas
cumb es
del
Pi ineo
ó
las
olas
emb a ecidas
de
ambos
ma es;
donde
la
pequeña
he mi a
de
aye
con e ida
mas
a de
en
sun uoso
emplo,
ecue da
hoy
el
espí i u
eminen e¬
men e
eligioso
del
pueblo’español,
el
mas
g ande
y
pode oso
de
la
(
71
)
ie a
en
aquel
siglo
memo able.
¡Qué
dicha!
la
de
con a
en e
nues os
p ogeni o es
á
gue e os
an
insignes,
á
caudillos
an
ex o ¬
zados,
á
capi anes
an
ale osos,
á
a ones,
en
in,
de
i ud
an
ac isolada,
cuya
o aleza
no
ué
bas an e
á
endi ,
ni
el
ajan e
ace o
del
musulmán,
ni
el
a ac i o
seduc o
del
o o.
¿Y
pe mi i¬
éis,
que
su
memo ia
se
di ame
y
su
i ud
sea
esca necida
y
hollada
po
los
émulos
de
la
g andeza
y
majes ad
de
la
España
del
siglo
XVI?
¡Oh!
no
cie amen e.
Es áis
obligados
á
de ende los
con
ues a
pa¬
lab a
a dien e
y
ues o
en usiasmo
ju enil,
po que
los
buenos
hi¬
jos
deben
hon a
á
sus
pad es
sob e
odo
esca necimien o.
Y
no
desmayéis
en
ues a
ilial
y
pa ió ica
emp esa;
es udiad
mucho,
pa¬
a
comba i
al
enemigo
desde
los
balua es
inexpugnables
de
la
e ¬
dade a
e udición
y
de
la
saludable
doc ina;
y
nada
os
in imide,
que
la
i ud
es
an
pode osa,
(i
6
3
)
que
po
sí
sola,
apesa
de
las
a ¬
es
de
la
calumnia
y
de
la
maledicencia,
sald á
encedo a
de
odo
ance,
y
da á
de
sí
luz
en
el
mundo,
como
la
dá
el
Sol
en
el
Cielo.
HÉ
DICHO.
'
:- .
^.lí .,
'.ií.?;
_
(1)
PÁGINA
6.
La
oz
Rábida
en
nues o
sen i ,
es
de i ada
de
la
palab a
Rábi a
ó
sea
p esidio
on e izo
ó
luga
apa ado,
desde
donde
los
mo abi os
ha-
cian
la
gue a
san a
con a
los
c is ianos.
Tal
ez,
en
iempo
de
la
dominación
musulmana
hubo
de
le an a se
en
es e
si io
algún
balua e
con
es e
obje o
ó
con¬
sag a se
á
ello
edi icio
ya
exis en e.
En
los
iempos
an iguos,
según
se
lee
en
un
manusc i o,
que
se
conse a
en
Mogue
y
que
con iene
la
his o ia
de
la
Rábida,
hubo
en
aquel
mismo
luga
un
emplo
dedicado
á
P ose pina.
(2)
pÁG.
6.
Lama ine
en
su
ob a
i ulada
Gh is ophe
Colomb.
(3)
PÁG.
7.
D.
Fe nando
Colon,
hijo
del
Almi an e,
en
la
His o ia
que
es¬
c ibió
de
su
ilus e
pad e,
dice,
que
llegó
á
España
en
1484.
Ba olomé
de
las
Ca¬
sas
en
su
His o ia
gene al
de
las
Indias
lo
con i ma,
según
se
deduce
de
es as
pa¬
lab as;
«y
ansí
omando
á
su
hijo
niño
D.
Diego
Colon,
dió
consigo
en
la
illa
de
Palos,
donde
quizá
enia
conocimien o
con
algunos
de
los
ma inos
de
allí,
é
am¬
bién,
po
en u a,
con
algunos
eligiosos
de
San .
F ancisco
del
monas e io
que
se
llama
S a.
Ma ía
de
la
Rábida,
donde
dejó
encomendado
ó
su
hijo
chiqui o
D.
Die¬
go
Colon,
pa ióse
pa a
la
co e.llegado
ó
20
de
Ene o
de
1485.
(4)
PÁG.
7.
Tal
es
el
e a o
que
de
C is óbal
Colon
hace
D.
An onio
He e a
en
su
His o ia
gene al
de
las
Indias
Occiden ales.
(5)
PÁG.
7.
D.
Diego,
hijo
del
p ime
ma imonio
de
C is óbal
Colon,
babia
nacido
en
Po ugal
el
año
de
1476;
mu ió
á
los
cincuen a
años
de
su
edad,
año
de
1526,
en
Mon alban.
(6)
PÁG.
7.
Habia
nacido
en
Gogo e o,
epública
de
Géno a
en
el
año
de
1436
y
no
el
1446,
como
a i ma
el
S .
Muñoz
en
su
His o ia
del
Nue o
Munao,
pues
And és
Be naldez,
que
lo
conoció
y
hospedó
en
Se illa,
esc ibe
en
su
His o ia
de
los
Reyes
Ca ólicos,
que
mu ió
en
1506
«á
los
se en a
años
poco
mas
ó
menos.»
Es udió
Cosmog a ía
en
Pa ía
y
á
los
ca o ce
años
en ó
al
se icio
de
la
ma ina
de
su
pá ia;
eco iendo
los
ma es
y
luego
las
có es
de
Eu opa.
Géno a
e a
á
la
sazón,
jun amen e
con
Venecia,
Flo encia
y
Pisa
epública
opulen a
y
pode osa
debido,
ó
que
e an
las
endedo as
de
los
p oduc os
indios,
que
ecibian
de
los
mu¬
sulmanes,
dueños
de
las
escalas
de
Alejand ía
y
del
ma
Rojo
9
(
8o
)
as.
Ob a
clásica
p ecedida
de
una
in oducción
po
M .
Besche elle,
Biblio eca io
del
Rey
en
el
Lou e.
Adop ada
pa a
la
educación
del
Conde
de
Pa is,
inmedia o
suceso
á
la
Co ona
de
F ancia.
«T aducida
del
ancés
po
D.
A anasio
Villacampa
y
adi¬
cionada
en
la
pa e
española
po
D.
Pascual
Madoz.»
2
omos,
Mad id
1846,
éase
el
capí ulo
«Amé ica»
omo
2.°
(37)
PAG.
20.
Lib.
III.
(.38)
PAG.
21.
Lib o
XVII
cap.
2.
Inculpaciones
an
g a es
cuan o
deshon o¬
sas
pa a
odos
los
españoles
es án
desmen idas
de
modo
e minan e
po
los
his o ia¬
do es,
que
p esencia on
los
sucesos
y
que
esc ibie on
lle ados
de
la
impa cialidad
y
no
á
impulso
de
la
pasión
como
Ba olomé
de
las
Casas
y
sus
adep os.
Ab amos
sus
lib os
y
leamos
sus
palab as:
en
ellas
los
e emos
endi
ibu o
á
las
g andes
i udes
de
nues os
mayo es
y
exec a
á
la
ez
las
maldades
de
aquellos,
que
abusa on
del
pode
de
su
espada.
Así
se
esc ibe
la
his o ia;
no
amon onando
ca gos
sob e
una
gene ación
magnánima
y
callando
al
mismo
iempo
sus
hechos
insignesy
nobilísimos,
como
han
hecho
los
ex anje os,
cuyos
nomb es
ci amos
en
es e
discu so.
Fijémonos
en
la
Conquis a
del
Pe ú,
donde
mayo
núme o
de
ho o es
se
dicen
pe pe uados
po
los
españoles,
y
oigamos
los
es igos
p esenciales.
Ped o
de
Cieza,
que
mo ó
la ¬
gos
años
en
es a
egio
del
Nue o
Mundo,
que
p esenció
su
conquis a
y
esc ibió
y
compiló
la
C ónica
de
aquellos
suce.sos,
que
ció
y
a óy
según
dice
en
la
dedica o¬
ia
al
Mona ca
D.
Felipe
II,
nos
dice
en
el
p oliemio,
que
a ias
causas
le
mo ie¬
on
ó
na a
aquel
memo able
suceso;
p ime a,
«el
e
que
en
odas
pa es
po
donde
andaba
ninguno
se
moda
á
esc ibi
nada
de
lo
que
pasaba;
.
Te ce a,
pa a
que
los
que
iendo
en
su
lib o
los
g andes
se icios,
que
muchos
nobles
caballe¬
os
y
mancebos
hicie on
á
la
co ona
Real
de
Cas illa
se
animen
y
p ocu en
de
imi¬
a lo.»
El
inca
Ga cilaso
de
la
Vega
en
sus
e udi os
Comen a ios
Reales,
que
a¬
an
del
o igen
de
los
incas
eyes
que
ue on
del
Pe ú,
a i ma
en
el
P ólogo
de
la
2.“
pa e:
«que
el
segundo
mo i o
de
esc ibi
su
his o ia
Jué
celeb a
las
g andezas
de
los
he óicos
españoles;,
que
con
su
alo
y
ciencia
mili a
gana on
pa a
Dios,
pa a
su
ey
y
pa a
si
aquese
ico
impe io.»
Luego
enemos
p obado
plenamen e,
que
muchos
caballe os
españoles,
que
los
españoles
he óicos,
b illa on
po
sus
cua¬
lidades
nobilísimas
en
aquella
egión
del
Nue o
Mundo,
obscu eciendo
con
lo
cla¬
o
de
sus
i udes
eligiosas
y
cí icas
las
i anías,
escesos
y
aiciones
de
o os
de
s-
g aciados
codiciosos,
¿pués
cómo
callan
aquellas
memo ables
acciones
los
ex an¬
je os
y
se
limi an
solo
á
eca ga
de
neg o
colo ido
los
hechos
ing a os,
que
p o¬
pios
de
oda
conquis a,
come ie on
algunos
en
la
Amé ica
Española?
(39)
PAG.
21.
Lib.
IV,
cap.
VIL
(40)
PAG.
21.
Léase
lo
expues o
en
no a
an e io
sob e
la
Conquis a
del
Pe¬
ú
y
ad e i emos
la
alsedad
de
lo
a i mado
po
es e
his o iado .
¡Cosa
ex aña!
En
an o
que
P esco ,
a eniéndose
á
la
elación
del
p o iso
Mo¬
ales,
digno
secuaz
de
Ba olomé
de
las
Casas,
es o
e ie e,
un
es igo
p esencial
en
la
Nue a
España,
el
his o iado
memo able
de
es a
egión,
que
an os
años
mo ó
en
aquellas
emo as
ie as,
To ibio
de
Mo olinia,
dice
en
su
His o ia
de
los
Indios
de
la
Nue a
España
cap.
X.
a .
III.
«Los
españoles
pa a
de ende
y
conse a
á
los
indios
busca on
buenos
pe os
que
age on
de
Cas illa,
con
los
cuales
han
mue o
muchos
ig es
y
leones;
en
un
pueblo,
que
se
dice
Chocaman
se
han
mue o
po
cuen a
cien¬
o
diez
ig es
y
leones;
y
en
o o,
que
se
llama
Ama lan,
el
indio
seño
de
es e
pueblo
hubo
dos
pe os
délos
de
España,
el
uno
de
ellos
e a
muy
bueno,
con
los
cuales
ha
mue o
cien o
ein e
leones
y
ig es:
yo
i
muchos
de
los
pellejos.»
Re
modo,
que
(
8
>
)
según
P esco ,
en
el
Pe ú
ob a on
los
españoles
de
modo
muy
dis in o,
de
es e
an
noble
y
humano
como
lo
hicie on
en
la
Nue a
España.
¿Es
c eible?
¿Dónde
es á
la
elación
del
p o iso
Mo ales?
¿quién
es
es e?
¿qué
causa
le
impulsó
á
esc ibi ?
Todo
es o
debió
a e igua
P esco
an es
de
da
po
cie as
sus
palab as.
Ca gos
aun
mas
g a es
nos
hace
M.
Ma mon el,
de
la
Academia
ancesa,
en
su
ob a
Les
incas
ou
la
des uc ion
de
1’
empi e
du
Pé ou,
Bas e
eco da
que
en
P e¬
ace
de
su
ob a
dice:
Tou es
les
Na ions
on
eu
leu s
b igands
e
leu s
ana iqnes,
leu s
emps
de
ba ba ie,
leu s
accés
de
u eu .
Les
plus
es imables
son
celles
qui
s’
en
accusen .
Les
Espagnols
on
eu
ce e
ie é,
digne
deleu
ca ac e e.
Jamais
1’
His oi e
n’
a
ien
acé
de
plus
oüchan ,
de
plus
e ible,
que
les
malheu s
du
No eau
Monde
dans
la
Li e
de
Las-Casas.
Ce
Apó e
de
1’
Inde,
ce
e ueux
P éla ,
ce
émoin
qu’
a
endu
céleb e
sa
since i é
con ageuse,
compa e
les
Indiens
á
des
agneaux,
e
les
Espagnols
á
des
ig es,
á
des
loups
dé o an s,
á
des
lions
p essés
d’
une
longue
aim.Pa
le
ana isme,
j’
en ende
1’
esp i
d’
in-
olé ance
e
de
pe secu ion,
1’
esp i
de
haine
e
de
engeance,
pou
la
cause
d’
un
Dieu
que
1’on
c oi
i i é,
e
don
on
se
ai
les
minis es.
Ce
esp i
egnoi
en
Espagne,
e
il
a ai
passé
en
Amé ique
a ec
les
p emie s
Conque en s.......
C’
es
ce e
Opinión,
combinée
a ec
1’
o gueil
e
1’
a a ice,
qui,
dans
1’
ame
des
Cas i-
llans,
e ma,
pou
ainsi
di e,
on
accés
á
1’
humani é.
i
(41)
PAG.
21.
His o ia
de
los
Es ados-Unidos.
(42)
PAG.
21.
Exposición
amilia
de
la
Cons i ución
de
los
Es ados-Unidos.
(43)
PAG.
22.
Léase
á
C anch
en
sus
In o mes.
(44)
PAG.
23.
Ba olomé
de
las
Casas
c eia,
que
el
único
í ulo,
que
podian
alega
los
Reyes
de
España
á
la
posesión
del
Nue o
Mundo,
e a
lá
concesión
que
les
hicie a
la
Silla
Apos ólica;
po
ello
sos enía,
que
en
an o
podian
alega
es¬
e
de echo,
en
an o
abajasen
en
la
con e sión
de
los
indios,
según
p ecep ua¬
ba
el
Papa
Alejand o
VI.
Casas
no
comp endía,
que
el
de echo
de
conquis a,
e a
el
de echo
polí ico
in e nacional
en
el
siglo
XV
y
el
undamen o
e dade o
de
nues o
dominio
en
la
Amé ica.
En
el
mismo
e o
incu ie on
nues os
mas
a amados
ju is as
de
aquellos
iempos,
como
Juan
López
de
Palacios
Rubios,
que
dice
en
su
a ado
del
es ue zo
bélico
be óico,
imp esó
en
1524,
«que
no
enien¬
do
los
caciques
au o idad
econocida
po
el
Papa,
es a
no
e a
legí ima;»
y
sí
el
de echo
de
los
Reyes
Ca ólicos
á
la
conquis a
en
i ud
de
la
concesión
pon i icia.
E an
las
ideas
p opias
de
los
siglos
medios,
en
los
que
el
Pon i icado
eje ció
un
iple
y
bené ico
pode
acciden al
sob e
los
einos
y
las
mona quías.
Véase
De
Mais e,
el
Papa
y
la
Iglesia
galicana.
(45)
Pag.
23.
Ca a
ci ada
po
el
S .
Na a e e
en
su
Colección.
(46)
PAG.
23.
Ba olomé
de
las
Casas,
apellidado
el
P o ec o
de
los
Indios
po
su
celo
a dien e
en
p ocu a
su
libe ad,
nació
en
Se illa
po
los
años
1474,
cu ¬
só
leyes
en
la
Uni e sidad
de
Salamanca,
y
en
1498
se
emba có
pa a
el
Nue o
Mundo.
En
1511
llegó
á
Cuba
con
Diego
Velazquez,
o denado
ya
de
sace do e.
Acompañó
á
Pán ilo
de
Na aez
en
su
segunda
espedicion
á
Bayamo
y
Cama-
guey.
Se
a anó
an e
el
Rey
Ca ólico
y
luego
ce ca
.del
memo able
Jiménez
de
Cis-
ne os
y
de
Cá los
V
po
a o ece
la
condición
de
los
indios.
Reg esó
á
España
en
1517
y
comisionado
po
el
empe ado
ol ió
á
San o
Domingo,
pa a
que
los
dec e¬
os
de
libe ad
uesen
ejecu ados;
pe o
ue on
ales
las
eclamaciones
y
quejas
de
21
(
82
)
los
colonos
y
seño es
que
apesa
de
los
es ue zos
y
de
la
ene gía
de
su
ca ác e
se
ió
obligado
á
eg esa
á
España.
Ul imamen e
enunció
el
Obispado
de
Chiapa,
Ciudad-Real,
p o incia,
pa a
que
ué
consag ado
en
Se illa
1544,
y
disgus ado
á
lo
sumo,
se
e i ó
en
Va-
lladolid
al
Con en o
de
S.
G ego io
de
la
ó den
de
San o
Domingo,
á
la
que
pe ¬
enecía
desde
1523,
donde
esc ibió
la
His o ia
gene al
de
los
Indios,
publicada
en
es os
úl imos
años.
Falleció
en
1566
á
los
92
años
de
edad.
Los
ex ange os
hacen
g andes
elogios
de
es e
español
ilus e;
en e
ellos
G egoi e,
en
su
Apología
de
las
Casas;
Raynal,
His o ia
ilosó ica
de
las
dos
indias;
Michel
Pió,
Vie
de
las
Ca¬
sas;
Weise,
F ay
Ba olomé
de
las
Casas,
opúsculo
inse o
en
la
Gaze e
de
Theo-
logie
his o ique
de
Ilgen,
1834,
omo
l.°;
Washing on
I ing,
en
su
ida
y
iages
de
Colon
y
P esco .
Algunos
au o es
en e
ellos
M.
C.
Sp engel,
Vom
U sp uge
des
scla en
handels,
y
en
su
lib o
De
V
o igine
du
come ce
des
escla es
y
A naldo
He mán
Luis
Hee en
en
su
Manual
his ó ico
del
sis ema
polí ico
de
los
es ados
de
Eu opa
y
de
las
colonias,
desde
el
descub imien o
de
las
indias,
a ibuyen
á
Ca¬
sas
la
in oducción
de
los
neg os
a icanos
en
las
An illas
y
consecuen emen e
la
ne anda
a a
de
neg os.
Es os
au o es
no
han
enido
p esen e,
que
el
memo ial
del
ilus e
dominico,
en
que
solici aba
le
pe mi iese
á
cada
ecino
impo a
dos
neg os
y
dos
neg as,
ué
p esen ado
en
el
año
1519
y
que
desde
1503
ya
aconsejaba
O ando,
que
se
limi ase
la
en ada
de
neg os
po
los
pelig os
que
o ecia.
(47)
PAG.
23.
Debe
ene se
p esen e,
que
Colon
en
su
ca a
ci ada
solo
se
e¬
e ia
á
los
p ime os
indios,
que
ió
y
a ó
y
en
mane a
alguna
á
los
ca ibes,
que
an opó agos
y
sodomi as
i ian
de
modo
an
epugnan e
como
sanguina io.
Po
ello,
no
es
admisible
la
a i mación
de
Casas,
cuando
p e ende
años
después
sin
ha¬
ce
la
dis inción
debida,
p esen a nos
á
los
indios
odos
como
dechados
de
buen
en endimien o,
de
docilidad
y
sen imien os
jus os
y
equi a i os;
ase o,
que
desmien¬
en
los
es igos
mas
e aces,
según
p oba emos
mas
adelan e;
bien
que
bas a a
ab i
los
Comen a ios
eales
del
o igen
de
los
Incas
eyes,
que
ue on
del
Pe ú,
esc i o
po
el
Inca
Ga cilaso
de
la
Vega
y
lee
en
el
lib.
IX,
cap.
XXXV
de
su
p ime a
pa e
la
mue e
c uel
que
A ahuallpa
mandó
da
á
odos
los
incas
de
sang e
eal,
y
has a
á
las
muge es
y
niños
y
c iados,
después
de
o men os
los
mas
ho ibles,
como
e ie e
en
los
capí ulos
XXXVII
y
XXXIX,
pa a
con ence se,
de
que
el
amo
á
la
jus icia,
que
an o
decan a
el
ilus e
dominico,
como
p opio
de
odos
los
indios,
e a
an
solo
pa o
de
su
an asía
y
piadosa
in ención
de
sus
ca¬
i a i os
sen imien os.
En
el
caso
ci ado,
nos
di á
las
Casas,
que
A ahuallpa
al
ob a
así,
a aba
de
hace
en e
á
la
i anía
de
los
españoles;
pe o
el
linage
de
de
los
incas
nada
enia
de
español,
sino
que
e a
an
indígena
como
el
mismo
A a¬
huallpa.
(48)
PAG.
24.
En
comp obación
de
es a
e dad
leamos
la
ca a
que
el
Re e¬
endo
Obispo
del
Pa agúay
di igió
al
Signo
Gius
di
G.
Baldi,
desde
la
Asunción,
en
13
de
Ab il
de
1881.
Dice:
«En
es as
egiones
el
nomb e
del
g an
Colon
des¬
pie a
el
mas
i o
en usiasmo:
igu a
mas
in e esan e
pa a
los
hijos
de
es e
he¬
mis e io
en
ano
se
busca ia
en
los
as os
his ó icos,
ó
en
las
gale ías
de
los
hom¬
b es
ilus es
del
Uni e so.
La
aus e a
mo alidad
del
g an
ma ino
geno és;
su
in uición
sob ena u al
espec o
á
es e
inmenso
con inen e
Ame icano;
su
cons an¬
cia
y
i meza
en
el
g an
p opósi o,
comba ido,
desp eciado
y
pe seguido
po
los
po en ados
de
la
ie a
y
de
los
inc édulos
del
siglo;
su
se enidad
nunca
desmen¬
ida
an e
las
olas
emb a ecidas
de
un
Océano
aun
no
su cado,
y
su
en epidez
an e
la
chusma
amo inada
de
su
chalupas,
qoe
amenazaban
su
ida,
si
en
b e e
(
83
,)
y
pe en o io
é mino
no
les
mos ase
la
ie a
p ome ida:
su
espí i u
p o é íco,
que
ijaba
el
plazo
de
es
dias
á
las
exigencias
de
las
u bas
desespe adas,
cumplién¬
dose
exac amen e
su
palab a;
su
con ianza
ilimi ada
en
Dios,
que
le
impulsó
á
la
g ande
emp esa;
la
eliz
co onación
po
la
P o idencia
de
sus
nobles
aspi acio¬
nes;
la
glo ia
de
plan a
el
p ime o
el
símbolo
de
la
Redención
en
es as
egiones^
su
bondad
p o e bial
con
los
indios,
cuyas
simpa ías
es emosas
le
alie on
calum¬
nias
y
pe secuciones;
la
paciencia
inal e able
que
mos ó
en e
g illos
y
cadenas,
p epa adas
po
la
en idia
y
la
ing a i ud;
an o
bien
en
sumo,
hecho
á
la
huma¬
nidad,
y
an
mal
co espondido,
sin
a anca
de
su
boca
una
maldición
á
sus
ene¬
migos
hacen
de
C is óbal
Colon
un
dechado
an
sublime
de
g andeza
y
i ud
c is iana,
que
na u almen e
esci a
el
deseo
de
e lo
colocado
en
los
al a es.
«Si
es e
hecho
an
g andioso,
pues
llegase
á
ealiza se,
queda án
sa is echos
los
de¬
seos
de
los
pueblos
ca ólicos,
y
especialmen e
de
los
Ame icanos,
que
deben
al
a ojo,
pe se e ancia
y
é
de
es e
genio
sublime,
el
gé men
ecundo
del
E ange¬
lio
y
de
la
ci ilización.
(49^
PAG.
24.
En
la
exposición
de
hechos
nos
a enemos,
como
á
au o idades
mas
g a es,
á
las
de
D.
Fe nando
Colon,
hijo
del
descub ido ,
que
esc ibió
la
His¬
o ia
del
Almi an e
de
las
Indias;
de
Gonzalo
Fe nandez
de
O iedo,
que
se
hallaba
en
Ba celona,
cuando
Colon
eg esó
de
su
p ime
iaje,
y
con
el
P.
Boyl
ma chó
luego
al
Nue o
Mundo,
donde
eje ció
el
mando
po
espacio
de
ein e
y
dos
años
en
la
o aleza
de
S o.
Domingo,
en
la
Isla
Española
y
esc ibió
la
His o ia
gene¬
al
de
las
Indias;
de
Ped o
Má i
de
Angle ia,
que
i ió
en
los
dias
de
los
Reyes
Ca ólicos
y
luego
eje ció
el
ca go
de
Sec e a io
de
Ca los
V,
en
sus
Decadas
de
No o
O be;
de
F ancisco
López
de
Goma a,
que
ué
coe áneo
de
los
an e io es,
au o
de
la
His o ia
de
las
Indias;
F ancisco
Piza o
y
O ellana
au o
de
la
His o ia
de
los
p ime os
ilus es
hé oes
del
Nue o
O be;
de
Juan
Ginés
de
Sepúl eda,
en
sus
sie e
lib os
de
Rebus
ges is
ad
no um
O bem;
de
Ba olomé
de
las
Casas
en
su
His o ia
gene al
de
Indias,
publicada
en
es os
úl imos
años,
y
en
cuan o
no
con¬
adice
á
los
his o iado es
ci ados;
de
Juan
de
To quemada,
el
mas
no able
de
o¬
dos
ellos,
que
esc ib ió
la
Mona quía
Indiana,
en
cuyo
abajo
pe se e ó
du an e
ein a
años
de
los
cincuen a,
que
mo ó
en
las
Amé icas.
Es e
homb e
insigne
na¬
ció
en
España
po
los
años
de
1563
á
1565,
pasando
de
niño
á
Méjico
en
cuyo
con¬
en o
de
anciscanos
omó
el
hábi o
en
1583.
Esc ibió
su
magní ica
ob a
po
ex¬
p eso
manda o
del
Gene al
de
la
ó den,
y
mu ió
en
1624
siendo
Gua dian
del
cou-
en o
y
habiendo
sido
p o incial
de
la
del
San o
E angelio;
de
To ibio
Bena en e,
conocido
po
Mo olinia,
que
pasó
á
Amé ica
en
1534
y
consag ado
al
minis e io
apos¬
ólico
con
celo
admi able,
no
solo
hon ó
los
as os
de
la
eligión
anciscana,
á
que
pe enecía,
sino
á
la
España
su
pá ia,
con
su
piedad
acend ada
y
sus
no aMes
es¬
c i os
que
menciona emos
mas
adelan e.
Mu ió
en
10
de
Agos o
de
1569.
De
Ped o
de
Cieza,
que
acompañó
á
Piza o
en
la
conquis a
del
Pe ú,
y
esc ibió
en
1552
la
c ónica
de
es a
egión;
de
D.
An onio
He e a,
his o iado
de
las
Indias
Occiden¬
ales
en
los
días
de
Felipe
II;
así
como
á
las
ca as
de
capi anes
ú
homb es
ilus es
que
p esencia on
los
hechos;
y
al
Dicciona io
Geog á ico
his ó ico
de
las
Indias
Occiden ales
ó
Amé ica,
publicado
po
el
Co onel
D.
An onio
Alcedo.
Mad id
1786
á
1789
5
ol.
en
4.”
Ob a
que
ué
aducida
al
inglés
po
Thompson
en
1812
al
1815,
Lond es.
(50)
PAG.
25.
El
Concejo
de
Se illa,
sos eniendo
sus
azones
pa a
ne cibi
lo<?
de echos
comunes,
emba gó
las
ca abelas
que
debian
lle a
í e es
á
las
An illas
y
en
cie o
modo
se
hizo
esponsable
de
los
g andes
su imien os
de
los
expedicio’
(
84
)
na ios.
Las
p uebas
las
enemos
en
las
ca as,
que
en
27
de
Agos o
y
8
de
Oc u¬
b e
de
1494
di igie on
los
Reyes
Ca ólicos
al
Concejo,
asis en e,
alcaldes,
algua¬
ciles
mayo es,
ein e
y
cua o
de
dicha
ciudad
y
cuyos
o iginales
se
conse an
en
su
a chi o
municipal.
Dicen
los
Reyes
en
la
2.*
«Nos
a e nos
sabido
que
po
ues a
pa e,
ó
po
ues a
gua da,
ue on
emba gadas
cie as
ca abelas
de
las
que
Nos
mandamos
en ia
á
las
yndias,
que
lle aban
cie o
pase
pa a
man enimien o
de
los
que
allá
es án
po
nues o
manda o;
de
lo
cual
a e nos
á ido
enojo,
po que
non
se
debya
ase ,
pues
aquello
se
asia
po
nues o
manda o
y
pa a
cosa
de
nues o
se icio,
y
la
me ced
que
os
esimos
ocan e
á
la
saca
del
pan
non
se
es iende
á
es o.
Po
ende
nos
os
mandamos
que
de
aquy
adelan e
non
agais,
nyn
consin áis
ase
lo
semejan e,
po que
a yamos
dello
enojo,
y
manda lo
yamos
cas iga ;
y
si
en
es o
es a
echo
algund
emba go,
ó
ecibidas
algunas
ianzas,
luego
lo
dad
odo
po
ninguno,
que
nos
po
la
p esen e
lo
damos....»
(51)
PAG.
25.
Fué
bau izada
y
se
le
impuso
el
nomb e
de
Ca alina.
De
su
unión
con
Diez
hubo
dos
hijos.
(52)
PAG.
26.
Equi ocado
concep o
hizo
concebi
Casas
de
los
indios,
cuando
callando
sus
abominables
sac i icios,
los
in en os
sanguina ios
de
los
ca ibes
y
sus
mons uosos
ac os
de
sodomia
nos
los
e a a
á
odos
á
modo
de
ángeles
en
su
Des¬
ucción
de
las
Indias.
Felizmen e
iene
en
apoyo
de
la
e dad
el
es imonio
de
homb es
impa ciales.
En
e ec o,
llegados
á
la
isla
española
los
PP.
Ge ónimos
en¬
iados
po
el
g an
Ca denal
Jiménez
de
Cisne os
en
1517,
pa a
a e igua
los
abusos
denunciados,
«examina on
doce
ó
ca o ce
pe sonas
da
las
mas
disc e as,
expe imen¬
adas
y
de
mejo
nomb e
y
con enian
en
es os
pun os
con
poca
di e encia.
El
p i¬
me o,
que
sin
duda
e a
es a
una
gen e
b u a,
de
poco
discu so
y
sin
capacidad,
inhábiles
pa a
gobe na se
á
si
mismo.
Y
los
que
mas
alcanzaban
y
pa ecían
mas
ladinos
no
igualaban
con
los
mas
sa ios
y
oscos
aldeanos
de
España:
gen e
na u¬
almen e
holgazana
y
que
de
solo
pone la
en
concie o,
sin
hace les
abaja ,
se
mo ian
y
en e maban
ellas
y
ellos:
iciosísimos,
agenos
de
odo
buen
espe o,
sin
con ianza
de
ningún
géne o
de
es imación,
ni
hon a.
Si
los
es ían
y
a aban
bien,
po
una
ez
de
ino
daban
la
opa
oda
y
oda
la
hacienda
y
se
quedaban
en
ca nes
y
se
iban
po
los
mon es
y
se
man enían
con
aíces
y
ye bas,
y
que ían
mas
aquello,
que
odo,
el
egalo
del
mundo.»
Asi
se
exp esa
el
clásico
y
epu a¬
do
esc i o
F .
José
de
Sigüenza,
que
u o
á
la
is a
los
manusc i os
cu iosos
de
su
ó den,
en
la
His o ia
de
es a,
lib.
I.
cap.
26.
(53)
PAG.
26.
Re ie e
su
hijo
D.
Fe nando
en
la
His o ia
del
Almi an e
de
las
Indias
cap.
XLIX,
que
de amaba
lág imas
siemp e,
que
se
aco daba
de
an
in aus o
acon ecimien o.
En
la
isla
española
hablan
quedado
en e
los
38
mencionados
los
se illanos
F ancisco
Godoy,
Alonso
Velez
de
Mendoza,
F ancisco
Jiménez,
y
el
pla e o
Cas illo,
cuyo
nomb e
no
se
conse a,
así
como
el
inglés
Talla e
de
Lages.
(54)
PAG.
27.
Asi
lo
e ie e
O iedo
en
el
lib o
H,
cap.
13
olio
19
y
con i ma
To quemada
en
el
omo
3.°,
de
la
Mona quía
Indiana.
Debemos
ad e i ,
que
es e
esc i o
insigne
omó
da os
cu iosísimos
de
los
manusc i os
de
Be na dino
de
Sa-
hagun,
And és
de
Olmo
y
To ibio
Mo olinia,
anciscanos,
llenados
al
Nue o
Mun¬
do
en
1524.
(55)
PAG.
27.
Las
palab as
de
O iedo
en
el
pasaje
de
la
ci a
an e io
son
es as.
«Que
no
debia
Colou)
ol ida
la
mise ico dia,
en
especial
en
es as
nue as
(
85
)
ie as,
donde
po
conse a
la
compañía
de
los
pocos
se
han
de
disimula
muchas
eces
las
cosas
que
en
o a
pa e
se ia
deli o
no
cas igalle
»
Lo
mismo
asegu a
Ga¬
b iel
de
Cá denas
en
el
P ólogo
á
los
Comen a ios
Reales
de
los
Reyes
incas
del
Pe ú
po
el
inca
Ga cilaso
de
la
Vega,
edición
2.*
(56J
PAG.
27.
Que
los
Reyes
aplaudie on
espon áneamen e
su
conduc a
se
deduce
del
con es o
de
el
documen o
siguien e,
ca a
de
los
Reyes
Ca ólicos
á
C is ó¬
bal
Colon,
echada
en
Sego ia
á
16
de
Agos o
de
1494,
y
cuya
copia
se
halla
en
el
A chi o
de
Indias.
«El
Rey
é
la
Reina.
D.
C is óbal
Colon,
nues o
Almi an e
Ma¬
yo
de
las
islas
de
las
indias.
Vemos
ues as
le as
é
memo iales
que
nos
en ias¬
eis
con
(An onio)
To es;
é
a e nos
A ido
mucho
place
de
sabe
odo
lo
que
allá
nos
esc ihis es;
y
damos
muchas
g acias
á
nues o
seño
po
odo
ello,
po que
espe¬
amos
que
con
su
ayuda
es e
negocio
ues o
se á
cahsa,
que
nues a
Sanc a
é
ca ólica
sea
mucho
mas
ac ecen ada.
Y
una
délas
p incipales
cosas,
po que
es o
nos
ha
plazido
an o,
es
po que
ué
in en ada,
p incipiada
é
a ida
po
ues a
mano,
abajo
é
indus ia.
É
pa ésenos
que
odo
lo
que
al
p incipio
nos
dixis es
ques
po¬
d ía
alcanza ,
odo
ha
salido
cie o,
como
es o
o ie ades
is o
an es
que
nos
lo
dixis¬
es.
Espe anga
enemos
en
Dios
que
en
loque
queda
po
sabe ,
así
se
con inua á;
de
que
po
ello
os
quedamos
en
mucho
ca go
pa a
os
hace
me cedes
de
ma¬
ne a
que
os
seays
muy
bien
con en'o.
>
Y
en
lo
que
oca
á
la
o ma
que
allá
de és
ene
con
la
gen e
que
allá
enés,
bien
nos
pa ece
lo
que
has a
ago a
a és
p incipiado;
y
asi
lo
de és
con inua
dán¬
dole
el
mas
con en amen o
que
se
pueda;
pe o
no
loga
que
excedan
en
cosa
alguna
en
las
cosas
que
debie en
hace
e
os
les
manda edes
de
nues a
pa e.
Y
cuan o
á
la
población
que
hezis es:
en
aquello,
no
hay
quien
pueda
da
egla
cie a,
ni
enmenda
cosa
alguna
desde
acá;
po que
allá
es a iamos
p esen es,
é
oma íamos
ues o
consejo
é
pa ece
en
ello;
cuan o
mas
en
ausencia.»
Tenemos
además
o a
ca a
memo able
esc i a
po
los
Reyes
con
an e iodad
al
P.
Boyl,
en
4
de
Agos o
de
1493,
desde
Ba celona,
publicada
po
Na a e e,
en
su
Colección,
y
que
dice:
El
Rey
é
la
Reina.
De o o
F ay
Boyl.
Vimos
ues a
le a,
y
en
se icio
os
enemos
ace nos
sa¬
be
la gamen e
lo
que
allá
ha
pasado:
así
os
ogamos
lo
agais
loque
mas
hohie e,
así
an es
de
la
pa ida
como
después
en
ues o
iage
ó
en
odo
el
iempo
que
allá
es o ie edes;
y
ce ca
de
las
cosas
que
nos
esc ibis eis
que
allá
han
pasado
mucho
enojo
hemos
habido
de
ello,
po que
Nos
que emos
que
el
Almi an e
de
las
Indias
sea
mucho
hon ado
y
aca ado
como
es
azón
y
segund
el
es ado
que
le
dimos.......
Nos
os
ogamos
que
en
al
mane a
en endáis
en
odo
lo
que
á
ues o
ca go,
que
Dios
nues o
seño
sea
se ido
y
noso os
asimismo,
y
elló
es e
segund
con iene
é
de
os
lo
con iamos.»
Es
cie o
que
ué
mandado
el
Comendado
F ancisco
de
Bobadilla,
homb e
c uel
que
eje ció
el
mas
escandaloso
cohecho
en
aquel
con inen e,
con
ins ucciones
á
Colon
de
que
le
obedeciese,
pe o
sabido
es,
que
habiendo
en iado
p eso
á
el
Almi¬
an e,
los
eyes
desap oba on
su
p ocede
y
esc ibie on
á
Colon
lamen ándose
de
an
inicuo
a en ado,
según
e ie en
los
his o iado es.
(57)
PAG.
28.
Así
lo
e ie en
O iedo
y
To quemada
en
los
luga es
úl ima¬
men e
ci ados,
y
Gab iel
de
Cá denas
en
su
In oducción
á
la
edición
2.*
de
los
Comen a ios
Reales
de
los
incas
eyes
del
Pe ú
po
Ga cilaso
de
la
Vega.
(58)
PAG.
29.
His o ia
gene al
de
las
Indias
occiden ales,
decada
I
*
lib
2
*
cap.
XXXVI.
22
:
86
}
(59)
PAG.
29.
Lo
i alidad
en e
ambos
pueblos
ascendió
á
su
li e a u a
y
undados
en
Ba celona
en
1443
los
juegos
lo ales
po
D.
Juan
II,
apellidado
con
azón
el
Amado
de
la
gen ileza^
se
ad ie en
en
las
composiciones
de
esc i o es
ca alanes
un
espí i u
des a o able
á
Cas illa,
que
aun
ha
llegado
al
p esen e
siglo
acen uándose
no ablemen e.
Felizmen e
en
es os
úl imos
años
se
ha
ido
emplando
es a
p e ención
y
puede
deci se,
que
á
ella
á
pues o
ilus ado
e edic o
el
A.cadé-
mico
de
la
lengua
y
e udi o
esc i o
del
P incipado
D.
Vic o
Balague
en
su
Dis¬
cu so
p onunciado
en
el
solemne
ac o
de
su
dis ibución
de
p emios
á
los
poe as
dig¬
nos
de
es e
hono ,
celeb ado
en
Ba celona
el
Domingo
6
de
Mayo
de
es e
año
de
1883,
con
mo i o
de
la
ies a
poé ica
de
los
mismos
juegos
lo ales.
Remi imos
á
nues os
lec o es
al
es udio
de
la
inspi ada
poesía
ca alana
y
halla án
comp oba¬
das
nues as
a i maciones.
(60)
PAG.
30.
Lib.
3.
cap.
7.
«Po que
en
an o
que
la
Ca ólica
Reina
Doña
Isabel
i ió,
no
se
admi ian
ni
dejaban
pasa
á
Indias
sino
á
los
p opios
súbdi os
y
asallos
de
los
seño íos
del
Pa imonio
de
la
Reina.
Como
quie a
que
aquellos
ue on
los
que
las
indias
descub ie on,
y
no
A agoneses,
ni
Ca alanes,
ni
Valen¬
cianos,
ó
asallos
del
Pa imonio
Real
del
Rey
Ca ólico;
sal o
po
especial
me ced
á
algún
c iado
y
pe sona
conocida
de
la
Casa
Real
dábasele
licencia
no
siendo
cas¬
ellano....
y
así
se
gua dó
has a
el
in
del
año
1504,
que
Dios
la
lle ó
á
su
glo ia.»
(61)
PAG.
30.
Quien
dude
de
es a
e dad
íjese
además
en
el
lema
que^con¬
cedie on
los
Reyes
Ca ólicos
po
emp esa
á
Colon,
lema
que
hoy
se
pe pe úa
en
su
escla ecido
linage;
«A
Cas illa
y
á
León
nue o
mundo
dió
Colon.»
(62)
PAG.
31.
Un
g a e
his o iado
expone
la
causa
e dade a
del
encono
de
los
cas ellanos
con a
Colon
en
es as
elocuen es
ases;
«el
e
an
hon ado
de
los
Reyes
á
Colon
c ió
en idias
y
engend ó
con adicciones,
con inuas
somb as
que
siguen
á
las
agenas
p ospe idades.»
Calancha,
C ónica
de
la
ó den
de
S.
Agus¬
ín;
cap.
4.®
(63)
PAG.
31.
Así
se
desp ende
de
las
palab as
délos
Reyes
en
su
ca a
á
D.
Juan
de
Fonseca
echada
en
Mad id
á
9
de
Ab il
de
1495,
en
la
que
dicen:
«Nos
pa ece
que
no
debe
de
i
ningnno
de
los
homb es
que
de
allá
inie on,
que
solian
ene
algunos
ca gos
allá.
Po
las
quejas
que
unos
dan
de
los
o os
y
es
mejo
que
es én
acá.»
Se
halla
en
la
colección
de
Na a e e
LXXXV.
(64)
PAG.
31.
El
Comendado
D.
Ped o
Ma ga i
muy
es imado
de
Colon,
e a
homb e
de
nobilísimos
sen imien os
y
ac isolada
ec i ud,
no
«hacia
ni
pe mi ia
se
hiciese
alguna
iolencia
ni
sin azón
á
aquellos
na u ales,»
como
es i ica
el
his o¬
iado
Fe nandez
O iedo.
Es e
caballe o
ué,
según
es i ica
el
mismo
esc i o ,
«el
que
el
Rey
y
la
Reina
oma on
po
p incipal
es igo,
á
quien
die on
mas
c édi o
en
las
cosas
que
acá
pasado
hahian.»
(65)
PAG.
31.
Donde
ino
á
allece
es e
a ón
insigne
en
el
año
de
1520.
El
Re e endo
y
sábio
P.
Fidel
Fi a,
S.
J.
a ibuye
la
pe manencia
del
P.
Boyl
en
la
península
y
su
nomb amien o
pa a
la
Abadía
mencionada
á
azones
de
al a
polí ica
de
los
Reyes
Ca ólicos,
elacionadas
con
las
incumbencias
de
su
Vica ia o
gene al
y
á
la
de olución
del
Rosellon
y
la
Ce daña.
Í66)
PAG.
32.
Se
halla
en
la
Colección
de
Na a e e
LX
y
en
ellas
dicen
al
de o o
misione o;
po que
«nos
que emos
que
el
Almi an e
de
las
Indias
sea
mucho
hon ado
y
aca ado
como
es
azón
y
segund
el
es ado
que
le
dimos.»
(
87
)
(67)
PAG.
32.
En
es a
ca a,
que
se
e ie e
á
la
pe sona
que
haya
de
i
á
In¬
dias
con
los
man enimien os
y
o as
cosas
que
se
en ia en,
dicen;
«Y
pa a
es o,
en
es as
ca as
que
Vos
en iamos
pa a
los
que
es án
en
las
Indias,
henchid
la
pe sona
que
en iá edes
y
decidle
que
ha
de
hace
con o me
con
es o;
pe o
si
hallá e
el
Almi an e,
es é
en
odo
á
su
gobe nación.»
Es a
ca a
es
la
ci ada
en
no a
an e io ,
que
ocupa
el
núm.
LXXXV
en
la
Colección
de
Na a e e.
(68;
PAG.
33.
En
la
ca a
ci ada
de
los
Reyes
al
A cediano
de
Se illa,
lue¬
go
Obispo
de
Badajoz,
D.
Juan
Fonseca,
se
leen
es as
palab as
ela i as
al
comisio¬
nado
que
hahia
de
i
al
Nue o
Mundo
«y
que
le
in o me
bien
del
es ado
de
las
cosas
de
allá,
y
como
se
gobié nalos
de
allí;
y
que
emedio
ha
menes e ,
á
cuyo
ca ¬
go
es
cualquie
cosa
de
al a
que
en
ello
ha
A ido
ó
Ay,
y
ambién
se
in o me
de
los
que
acá
han
enido
como
usaban
de
sus
ca gos;
y
enca ga le
que
con
es a
yn-
o macion
se
enga
acá
pa a
hace nos
elación
de
odo.»
Respec o
á
Colon
cons a
de
su
Memo ial
ele ado
á
los
Reyes
Ca ólicos
y
del
que
nos
ocupa emos,
su
deseo
de
que
uesen
lle ados
los
ca ibes
á
España
pa a
qui a los
de
la
sanguina ia
cos¬
umb e
de
come
homb es
y
pa a
que
ap endie an
la
lengua
y
pudie an
ecibi
el
Bau ismo
y
las
en ajas
de
la
enseñanza
c is iana.
(69)
PAG.
33.
F ay
Agus in
Dá ila
Padilla
en
la
His o ia
de
la
p o incia
de
San iago
de
Méjico
de
la
o den
de
p edicado es,
año
1596
dice:
■
^Todo
se
acabó
y
despobló
po
el
igo
y
c ueldad
de
algunos
capi anes
y
soldados,
que
in e p e ando
sinies amen e
las
jascas
de
los
Reyes
Ca ólicos,
llamaban
p omulgación
pa¬
ci ica
su
iolen a
demanda
de
o o,
y
el
no
dá sele
llamaban
esis encia
á
la
p omul¬
gación
del
E angelio
y
con
es o
lo
des uían.»
Es e
his o iado
impa cial
y
doc o,
con¬
i ma
lo
que
enimos
sos eniendo,
es
deci ,
que
«/¿[anos,
pe o
no
odos
los
gobe nan¬
es,
causa on
g a es
pe juicios
en
el
Nue o
Mundo.
(70)
PAG.
33.
Con iene
es udia
desapacionadamen e
los
hechos
de
nues os
mayo es
en
el
Nue o
Mundo,
po que
de
es e
modo
hab emos
de
con ence nos
de
los
hechos
insignes
ealizados
po
los
nobles
caballe os
de
Cas illa.
En
comp o¬
bación
de
es o
epa amos,
según
lo
an es
expues o,
que
una
de
las
conquis as
pin¬
adas
con
colo es
mas
i os
y
escenas
mas
a e ado as
es
la
del
Pe ú
y
sin
emba ¬
go
Ped o
de
Cieza,
que
omó
pa e
en
es a
jo nada
y
i ió
diez
y
sie e
años
en
aquella
egión,
nos
dice
en
su
C ónica
de.la
conquis a
del
Pe ú^
empezada
á
es¬
c ibi
en
la
ciudad
de
Ca ago
de
Popayan,
año
de
1541,
y
acabada
en
la
de
los
Reyes
del
Reino
del
Pe ú
á
8
dias
de
Se iemb e
de
1550,
siendo
su
au o
de
32
años
«que
como
no
solamen e
admi ables
hazañas
de
muchos
y
muy
ale osos
a ones
y
o as
cosas
hayan
quedado
en
las
inieblas
del
ol ido,
habiendo
yo
pasado
al
Nue¬
o
Mundo
de
Indias,
de e miné
esc ibi
las
cosas
memo ables
del
Reino
del
Pe ú....
y
he
hecho
y
compilado
es a
his o ia
de
lo
que
i
y
a é
y
po
in o maciones
cie ¬
as
de
pe sonas
de
Fé
pude
alcanza .»
Tan o
é l
como
el
inca
Ga cilaso
de
la
Vega,
según
hemos
expues o
en
no a
an¬
e io ,
celeb an
y
aplauden
los
g andes
se icios
de
muchos
caballe os
y
mancebos
y
las
g andezas
de
los
he óicos
españoles
en
el
Pe ú;
p ueba
palma ia
de
la
in¬
jus icia
con
que
los
ex ange os,
acusan
á
los
españoles
odos
de
habe
semb ado
de
ho o es
el
suelo
ame icano.
Re lexionemos,
que
el
homb e
en
odos
los
siglos
ha
sido
el
mismo,
y
que
esos
cuad os
ho ipilan es
azados
po
algunos
españoles,
que
han
esc i o
de
las
cosas
de
la
Amé icana
española,
han
sido
inspi ados
po
el
enco¬
no,
po
la
enganza,
pues o
que
iéndose
desai ados
ó
desa endidos
po
los
eyes
en
(
88
)
SUS
p e ensiones
ambiciosas,
ó
desposeidas
de
sus
ca gos
po
sus
a bi a iedades,
lanza on
con a
la
pa ia
los
mas
se e os
ca gos,
a en ando
con a
la
hon a
espa¬
ñola,
que
ellos
ue on
los
únicos
en
mancilla .
Los
his o iado es
Cieza
y
Ga cilaso
me ecen
el
mayo
c édi o.
Cieza
e a
ecino
de
Se illa
y
es a
cu iosísima
ob a
dedicada
á
Felipe
2.“
uó
imp esa
en
Se illa
en
he mosos
ipos
gó icos
á
13
de
Ma zo
de
1553
en
la
casa
de
Ma in
Mon-
lesdoca,
según
ejempla
que
hemos
examinado.
(71)
PAG.
34.
Lib o
I
cap.
XIX.
pág.
108.
(72)
PAG.
34.
Es udiando
desapacionadamen e
la
his o ia,
se
ad ie e
el
con¬
as e
de
es os
hechos
exec ables
con
la
conduc a,
.
g.
de
He nán
Co és,
cuando,
según
e ie e
Be nal
Diaz
del
Cas illo
en
su
His o ia
de
la
conquis a
de
la
Nue a
E.spaña,
cap.
77,
dice:
que
inie on
los
caciques
iejos
y
aje on
cinco
he mosas
indias,
y
dijo
Xico enga
á
Co és:
«Malinche
es a
es
mi
hija
y
no
ha
sido
casada,
omadla
pa a
os
y
las
demás
pa a
los
capi anes:»
Co és
ehusó
al
o e a
y
las
en egó
en
el
ac o
á
sus
pad es
diciéndoles,
«quie o
hace
an e
odo
lo
que
Dios
nues o
Seño
manda,
que
es
en
el
que
c eemos
y
ado amos.»
Es a
acción
an
hon osa
y
c is iana
es
digna
de
odo
elogio;
y
á
la
e dad
des¬
mien e
e minan emen e
los
pe e sos
in en os
que
á
los
españoles
odos
suponen
los
émulos
de
nues as
glo ias.
No
menos
me ecedo a
de
alanbanza
es
la
acción
he óica
de
Ped o
Ma ga i ,
cuando
endido
po
el
hamb e,
ecibió
de
manos
de
los
indios
dos
lo ólas
pa a
que
sa is aciese
su
necesidad,
y
di ijiéndoseásus
es imados
compañe os,
les
dijo,
sol ando
las
palomas,
«mas
p e ie o
mo i
de
hamb e
con
oso os,
que
sal a
mi
ida
iendo
sucumbi
á
osos os.»
Hechos
análogos
e ie en
los
his o iado es
de
Puhlio
Escipion,
cuando
de ol ió
á
Indi il
sus
hijas,
oe a e
lo en es,
y
de
Ca io
Magno:
y
en
ellos
se
apoyan
pa a
demos a
el
he oísmo
y
la
al eza
de
sen imien¬
os
del
epúhlico
omano
y
del
empe ado
de
los
ancos;
mas
los
lle ados
á
cabo
po
los
españoles,
se
e ie en
ambién,
po que
no
es
posible
ho a los
de
los
lib os
de
nues os
c onis as
de
indias,
pe o
se
copian
sin
comen a io
alguno,
sin
da les
impo ancia,
á
in
de
ebaja
en
lo
posible
el
mé i o
de
las
acciones
de
nues os
mayo es.
Tan o
enemos
que
ag adece
á
los
his o iado es
ex ange os.
(73)
PAG.
34.
El
ci ado
An onio
Román,
en
su
ob a
pág.
538
del
cap.
20,
lib o
3.®
(74)
PAG.
35.
Debe
consul a se
el
p ecioso
lib o
publicado
ecien emen e
po
el
ilus ado
é
in a igable
ame icanis a
S
D.
Jus o
Za agoza;
se
i ula
«Pi a e ías
y
ag esiones
de
los
ingleses
y
de
o os
pueblos
de
Eu opa
en
la
Amé ica
española,
deducidas
de
las
ob as
de
D.
Dionisio
de
Alsedo
y
He e a.»
Mad id
1883.
4."
mayo .
(75)
PAG.
35.
En
su
Des ucción
de
Indias,
al
a a
del
Reino
de
Vene¬
zuela.
Los
alemanes
ue on
á
es a
egión
de
la
Amé ica
en
1526
po
concesión
que
les
hizo
Cá los
I.
(76)
PÁG.
35.
His o ia
de
los
Es ados
Unidos.
(77)
PAG.
36.
Ci ado
po
el
e udi o
é
incansable
abolicionis a
D.
Ra ael
Ma ía
de
Lab a
en
su
opúsculo
Los
-
Códigos
neg os,
pág.
80.
(78)
PAG.
37.
Ba olomé
Leona do
de
A gensola
en
sus
Anales
de
A agón,
(
89
)
pa .
1,*
dice:
«que
el
anhelo
de
es e
eligioso
e a
in oduci
en
las
Indias
un
modo
sua e
de
ca equiza
á
aquellos
gen iles,
j
la
buena
policia,
emo iendo
odas
las
iolencias.»
Digno
de
oda
alabanza
e a,
po
cie o
es e
i ísimo
deseo,
asi
como
na¬
da
pod á
jus i ica ,
po
el
con a io,
el
imp emedi ado
p ocede
de
Casas,
cuando
aliéndose
de
la
pluma
lanzó
al
i upe io
de
las
naciones
y
al
esca nio
de
los
siglos
la
conduc a
de
sus
compa io as
en
Indias;
haciendo
ecae
sob e
los
españoles
o¬
dos,
sin
exclui
á
los
he oicos
misione os,
ni
á
los
celosos
gobe nan es,
la
esponsa¬
bilidad
de
ac os
ep ensibles,
que
solo
deben
impu a se
á
sus
desg aciados
au o es.
(79)
PAG.
37.
Epís ola
de
San
Pablo
á
los
co in ios,
1.*
cap.
3.°
.
16
y
cap
6.”
V.
15.
(80)
PAG.
38.
«E enim
in
uno
Spi i u
omnes
nos
in
unum
co pus
bap iza i
sumus,
si e
Judei,
si e
gen iles,
si e
se i,
si e
libe i:
e
omnes
in
uno
Spi i u
po-
a i
sumus.
D.
Pauli
ad
Co .
cap.
XII
o.
13.
Y aque
a es,
non
sumus
ancillae
ilii,
sed
libe se:
qua
libé a e
Ch is us
nos
libe abi
Gala as
IV- .
31.
(81j
PAG.
38.
La
his o ia
eclesiás ica
e ie e,
que
los
an iguos
c is ianos
so¬
lemnizaban
cada
año
la
memo ia
ado able
de
la
Pasión
y
Mue e
de
N o.
Seño
Jesuc is o
manumi iendo
nume osos
escla os
en
el
dia
del
Vié nes
Sañ o.
L6
cual
p ueba,
que
la
escla i ud
subsis ió
de
hecbo
en
los
es ados
c is ianos
en
los
pasados
siglos.
(82)
PAG.
38.
Amb osio
de
Mo ales.
C ónica
gene al
de
España,
lib.
XIII
cap.
XXL
(83.)
PAG.
38
P eámbulo
del
Ti .
V,
Pa .
IV.
w
PAG.
39.
Ley
VIII,
Ti .
Vil,
Pa .
IV.
(85)
PAG.
39.
Ti .
XXXIV,
Pa .
VIL
(86)
p¿lG.
39.
Ti .
V
y
XXII.
Pa .
IV.
(87)
PAG.
39.
Es a
disposición
demues a,
que
sólo
enian
los
seño es
el
domi-
nio
ú il
sob e
el
sie o
y
no
la
p opiedad
del
dominio,
que
co esponde
sólo
á
Dios,
según
la
doc ina
c is iana.
(88)
PAG.
39
Sob e
es e
pa icula
pueden
consul a se
las
ob as
Hi o ia
c í i¬
ca
de
Ca aluña
po
D.
An onio
Bo a ul,
y
la
memo ia
i ulada
El
Feudalismo
y
la
se ¬
idumb e
de
la
gleba
en
Ca aluña
po
D.
José
Colo eu
é
Inglada.
(89)
PAG.
39.
Es e
sen i
de
Colon
se
deduce
de
sus
palab as
consignadas
en
el
memo ial
que
di igió
á
los
Reyes
Ca ólicos
en
30
de
Ene o
de
1494
con
An onio
de
To es
y
que
ob a
con es ado
po
SS.
MM.
á
15
y
16
de
Agos o
de
1494,
en
la
colec¬
ción
del
S .
Na a e e,
omo
I
pag.
231
y
235.
Dice:
«que
los
ganados
que
se
agesen
se
les
podia
paga
en
escla os
de
es os
Canibales,
gen e
an
ie a
y
dispues a
y
bien
p opo cionada
y
de
buen
conocimien o,
los
cuales,
qui ados
de
aquella
inhumani¬
dad,
c eemos
que
sean
mejo ,
que
o os
ningunos
escla os.»
(90)
PAG.
39.
D.
Fe nando
Colon
en
su
His o ia
del
Almi an e
de
las
Indias
cap.
XXIII,
dice:
Viendo
á
algunos
de
los
indios
de
San
Sal ado
con
cica ices
de
he idas,
se
les
p egun ó
po
señas
la
causa
de
ellas,
y
espondie on
po
señas,
que
23
diese
cie as
a obas
de
cana is ola;
que
dicen
da se
la
mejo
del
mundo
en
la
Es¬
pañola;
mas
c ecidos
á
los
que
hiciesen
ingenio
de
azúca ,
que
es
la
mejo
ie a
que
se
ha
is o
pa a
ello.
Lo
mismo
al
que
diese
an as
lib as
de
pimien a,
cla o,
gingib e,
j
o as
especias;
an o
de
igo
y
ino.»
Muchos
en ienden
que
al
esc ibi
es e
memo ial
escuchó
los
consejos
de
los
lamencos
dada
la
amis ad
y
co diales
elaciones
que
sos u o
con
el
Ilus e
ju is a
Juan
Sel agio;
Dean
de
la
Uni e sidad
de
Lo aina
y
g an
Cancille
de
Gá los
V,
y
á
quien
debió
Casas
p o ección
y
apoyo
en
Indias.
Véase
su
His o ia
om.
IV,
cap.
CII,
pág.
380.
El
Ldo.Ba olomé
Albo ¬
noz
en
su
Ca illa
de
Con a .
lib.
2.“
i .
3.°
pág.
45
a i ma,
que
Casas
man u o
pa ¬
cialidades
con
los
lamencos.
(121)
PAG.
50.
Cons a,
que
con
an e io idad
al
año
1474
se
ecuen aba
des¬
de
los
pue os
de
Andalucía,
na egación
á
las
cos as
de
Á ica
y
de
Guinea,
de
donde
se
aían
escla os
neg os,
que
en
dicho
año
abundaban
ya
en
Se illa.
Los
Reyes
de
Po ugal
quisie on
monopoliza
es e
negocio,
é
impidie on
la
con inua¬
ción
á
los
Andaluces,
que
ecob a on
á
poco
su
eje cicio.
Los
neg os
e an
a ados
en
es a
ciudad
con
g an
benignidad,
así
como
los
mula os,
desde
los
dias
de
nues¬
o
Mona ca
D.
En ique
III,
á
pun o,
que
según
Real
Cédula
dada
en
Dueñas
á
8
de
No iemb e
del
año
e e ido,
ué
c eado
Mayo al
y
Juez
de
los
dichos
neg os
y
mula os,
el
Neg o
Juan
de
Valladolid,
pa a
que
conociese
de
los
deba es,
y
pléi os,
casamien os
y
o as
cosas
que
se
susci asen
en e
neg os
ó
mula os,
o a
lib es
o a
escla os.
Tan
dignamen e
se
po ó
el
e e ido
Juan
en
el
desempeño
de
su
hon oso
come ido,
que
diósele
en
llama
el
Conde-Neg o,
y
su
nomb e
se
pe pe úa
aun
hoy
en
una
de
las
calles
y
espacioso
co al
del
ba io
de
S.
Roque,
donde
se
halla
e i¬
gida
la
Capilla
de
nues a
Seño a
de
los
Angeles,
cuyo
cul o
se
halla
ó
ca go
de
los
neg os
desde
el
año
de
1401
en
que
la
undó
el
A zobispo
D.
Gonzalo
de
Mena,
habiendo
enido
anexso
en
aquellos
p ime os
siglos
hospi al
p opio
de
los
de
aque¬
lla
colo .
De
donde
se
deduce,
que
la
enida
y
pe manencia
de
neg os
en
Se illa
es
indudablemen e
an e io
al
mismo
siglo
XV;
así
como
que
e an
a ados
de
la
mane a
piadosa,
que
exigia
de
pa e
de
c is ianos
el
dominio
ú il
que
sob e
ellos
se
eje cie a,
con as ando
con
la
conduc a
de
los
Po ugueses,
que
los
ap isionaban
pa a
ende los
en
los
es ados
de
Eu opa.
Pueden
consul a se
los
Anales
de
Se illa
po
O iz
de
Zúñiga
año
de
1474.
Condenada
po
la
Silla
Apos ólica
la
a a
de
neg os
en
odas
sus
ases,'
cesa on
en
la
península
es as
escu siones
á
Guinea,
que
solo
puede
explica
el
espí i u
u¬
do
y
belicoso
de
aquellos
siglos.
(122)
PAG.
50.
Lib o
2°
Cap.
20.
Del
a o
de
los
neg os
del
Cabo
Ve de.
Es a
ob a
ué
publicada
en
1568,
según
decimos
y
eimp esa
en
Se illa
el
año
de
1587,
p ecedida
de
la
censu a
y
ap obación
de
doce
de
los
mas
cali icados
y
g a¬
es
eólogos
de
aquellos
iempos,
en e
ellos
el
enomb ado
y
clásico
esc i o
y
poe a
sag ado
F ay
Luis
de
León.
Puede
consul a se
á
So o,
De
Jus i ia
e
ju e,
li¬
b o
4,
q.
2
a .
2.
(123)
PAG.
50.
Puede
consul a se
á
Gu i.
Theologia
mo alis.
om.
I,
de
Jus i¬
ia
e
Ju e
(124)
PAG.
50.
Po
mas
que
econocemos
que
las
Casas
á
eces
acilaba
en
sus
opiniones,
no
admi imos,
que
uese
su
ánimo
pedi
la
escla i ud
y
come cio
de
los
neg os,
po
log a
la
libe ad
de
los
indios.
Respec o
á
sus
acilaciones
oiga¬
mos
lo
que
esc ibe
el
sábio
F ay
Fe nando
Ceballos
en
su
Falsa
iloso ía,
omo
6.
lib o
II,
dise ación
XIII;
«Juzgo
que
sin
a ibui le
o os
in e eses
pa icula es
é
in-
{
97
)
cie os,
bas a
el
espí i u
ogoso
que
se
mues a
en
sus
opúsculos,
un
demasiado
can¬
do
pa a
c ee
muchas
no icias
an
i memen e,
como
si
las
ie a,
y
el
habe
is o
po
si
mismo
muchos
excesos
come idos,
sin
duda,
en
los
p incipios
con a
los
mise¬
ables
indios,
pa a
hane
p o umpido
en
unas
declamaciones
y
ponde aciones
an
asomb osas,
que
desac edi an
absolu amen e
cuan o
e ie e
y
de iende.
Según
que
su
a do
hacía
subi
su
espí i u,
del
mismo
modo
subia
ó
bajaba
en
su
e móme o
el
juicio
que
o maba
de
las
cosas.
Obse ó,
que
habiendo
de endido
é
imp eso
se
imposible
que
las
conquis as
de
las
indias
con a
los
indios
no
uesen
i ánicas,
injus as
ó
inicuas;
luego,
en
el
mismo
año
de
1552
imp imió
ambién
en
Se illa
o o
lib o
con adic o io,
que
lle a
es e
í ulo:
T a ado
comp oba o io
del
impe io
sobe ano
yP incipado
uni e sal
que
los
eyes
de
Cas illayLeon
ienen
sob e
las
Indias.
Si
an
dócil
y
acilan e
se
mos aba
sob e
un
pun o
de
an a
impo ancia
¿qué
se
puede
ia /Sob e
sus
juicios,
aun
cuando
su
in ención
y
ines
uesen
hones¬
os?
Con
odo
eso
los
ilóso os
y
c í icos
ex ange os
se
han
asido
con
al
hamb e
á
los
esc i os
del
limo.
Gasas,
que
como
no a
el
limo.
Sando al
de
la
misma
Religión
y
Obispo
de
Pamplona
en
su
His o ia
de
Ca los
V.
pág.
ci ada
en
no a
an e io ,
«dió
ocasión
pa a
que
o os
esc ibiesen
peo ,
y
en
o ensa
de
su
Nación
como
si
hu¬
biesen
sido
i anos.»
(125)
PAG.
50.
Las
Casas
esc ibió
á
mas
de
la
Relación
de
la
Des ucción
de
Indias
y
de
la
His o ia
gene al
de
las
Indias,
imp esa
en
es os
úl imos
años,
la
Con o e sia
con
Ginés
de
Sepúl edq,
Réplicas
al
doc o
Sepúl eda,
P oposicio¬
nes
sob e
el
De echo
que
la
Iglesia
y
los
p íncipes
c is ianos
ienen
ó
pueden
e¬
ne
sob e
las
Indias,
ma e ia
de
los
indios
que
se
han
hecho
escla os
en
Indias,
Re¬
o mación
de
las
Indias,
Regla
á
los
Con eso es,
T a ado
comp oba o io
del
impe io
sobe ano
y
p incipado
uni e sal
que
los
Reyes
de
Cas illa
y
León
ienen
sob e
las
ludias
y
o as.
(126)
PAG.
52.
O iz
de
Zúñiga
en
los
Anales
de
Se illa,
año
de
1617,
nos
e-
ie e
la
decisión
de
un
neg o,
ecino
de
Se illa,
que
mo ido
de
su
de oción
al
mis¬
e io
de
la
Concepción
Inmaculada
de
la
Mad e
de
Dios,
se
endia
públicamen e
pa a
cos ea
con
el
impo e
una
unción
de
desag a ios,
con
mo i o
de
habe
a aca¬
do
en
el
púlpi o
la
en onces
piadosa
c eencia
un
aile
dominico.
La
adición
nos
ba
conse ado
el
apellido
y
el
con en o
de
es e
eligioso
en
la
siguien e
copla,
que
dió
en
can a
el
pueblo
se illano:
Aunque
no
quie a
Molina,
ni
los
Miles
de
Regina,
ni
su
Pad e
P o incial,
Ma ía
ué
concebida
sin
pecado
o iginal.
Cla o
es,
que
endia
su
abajo
pe sonal
po
oda
su
ida
y
no
o a
cosa.
(127)
PAG.
52.
Domini
es
é a,
e
pleni udo
ejus;
o bis
e a um
e
uni e si,
qui
habi an
in
eo.
Salmo
23.
(128)
PAG.
52.
Es e
eminen e
epúblico,
glo ia
de
la
España
y
o na o
de
la
o den
de
San
F ancisco
es,
sin
dispu a,
el
homb e
que
po
sus
p opios
me ecimien¬
os
alcanzó
mayo es
hono es
y
se
ió
hon ado
po
la
pá ia
con
los
más
aliosos
í u¬
los.
Nacido
en
To delaguna,
e i o io
de
Uceda,
de
hon ados
y
i uosos
pad es
en
1436,
ecibió
en
el
bau ismo
el
nomb e
de
Gonzalo.
Ins uido
en
las
p ime as
le as
po
sus
ios
D.
Ga da
y
el
Ldo.
D.
Al a ,
que
mo aban
en
la
illa
de
Cisne os
pasó
luego
á
Alcalá
de
Hena es,
donde
cu só
Cánones,
Filoso ía
y
Teología
con
25
(
98
)
an o
ap o echamien o,
que
ué
epu ado
po
el
mejo
eólogo
de
sus
dias,
de
lo
que
die on
es imonio
sus
a ados
De
angelis,
Depecca is
y
o os
que
esc ibie a.
G a¬
duado
de
Ldo.
en
Cánones
en
1458,
pasó
á
Roma,
donde,
p endado
el
Sumo
Pon í¬
ice
de
su
sabe
y
i ud,
le
o denó
de
sace do e
á
í ulo
de
su iciencia.
De
eg eso
á
su
pa ia
con
ocasión
de
la
mue e
de
su
pad e,
ué
nomb ado
A cip es e
de
Uceda,
luego
capellán
mayo
de
Sigüenza
y
P o iso
de
aquel
Obispado,
log ando
e
un¬
dada
la
Uni e sidad
de
Sigüenza
á
su
ins ancia
y
solici ud;
e es ido
del
ca go
de
Gobe nado
del
Condado
de
Ci uen es,
se
e i ó
al
Con en o
déla
Saceda,
ce ca
de
Tendilla,
de
la
ó den
de
San
F ancisco,
donde
omó
el
hábi o,
p o esando
al
in
en
el
de
San
Juan
de
los
Reyes
de
Toledo.
Fué
nomb ado
sucesi amen e
Gua dian
del
Cas aña ,
de
la
Saceda,
con eso
de
la
Reina
Ca ólica
y
Comisa io
y
e o mado
Ge¬
ne al
de
las
ó denes
eligiosas.
A zobispo
de
Toledo,
Ca denal
de
la
San a
Iglesia
Romana,
Regen e
del
Reino
e c.
e c.,
dando
en
an os
ele ados
ca gos
p uebas
de
su
ele ado
alen o,
o aleza
de
ánimo
y
i ud
ac isolada.
Celoso
p o ec o
de
las
ciencias
y
las
le as,
p o egió
á
los
sábios,
undó
el
colegio
mayo
de
San
Ilde onso,
la
céleb e
Uni e sidad
de
Alcalá
de
Hena es
y
o as
ins i uciones
eligiosas,
publicó
la
amosa
Poliglo a
Conplu ense
y
se
hizo
digno
de
la
admi ación
de
los
siglos.
Falle¬
ció
en
Roa
á
8
de
No iemb e
de
1517
y
sepul ado
en
mausoleo
sun uoso
en
la
capilla
de
la
Uni e sidad
de
Alcalá,
eposa
hoy
en
la
Iglesia
Magis al
de
es a
población,
que
an o
le
debie a.
Esc ibie on
su
ida
Ped o
de
Quin anilla,
Flecbie
y
Jiménez
de
Cisne os,
en e
o os.
(129)
PAG.
52.
Po
Real
cédula
de
28
de
Se iemb e
de
1532
se
p ohibió
la
in-
po acion
de
neg os
en
la
Isla
de
Ge a e,
po
se
sobe bios,
inobedien es,
e ol edo¬
es
é
inco egibles,
á
pun o
que
hablan
sido
causa
de
los
alzamien os
y
mue es
de
c is ianos,
que
se
hablan
sucedido
en
á ias
pa es.
(130)
PAG.
53.
D.
Ra ael
M.*
de
Lab a
en
su
opúsculo
«Los
Códigos
neg os,
pag.
18.
(131)
PAG.
53.
A ículos
44
y
46
del
Edic o
del
Rey
ocan e
á
la
policía
de
las
islas
en
la
Amé ica
F ancesa.
(132)
PAG.
53.
Lab a,
opúsculo
ci ado,pag.
100.
(133)
PAG.
53.
Si
compa amos
nues os
hechos
con
los
de
la
Ingla e a,
obse ¬
a emos,
que
es a
nación
se
ese ó
el
monopolio
del
á ico
de
neg os
po
el
anexo
al
a ado
de
U ech ,
habiendo
aspo ado
del
A ica
en
los
pocos
años
ascu idos
de
1680
á
1700
un
millón
de
a icanos,
según
Mac-Culloh
y
304,000
desde
1730
á
1779.
(134)
PAG.
53.
Ce a es
a oja
los
da dos
de
su
donosa
sá i a
con a
es os
gobe nado es,
á
quienes
despe aba
la
sed
de
o o,
poniendo
en
boca
de
Sancho
Pan¬
za
es e
ingenioso
azonamien o
«¿qué
se
me
dá
á
mí
que
mis
asallos
sean
neg os?
¿Hab á
más
que
ca ga
con
ellos
y
ae los
á
España,
donde
los
pod é
ende
y
á
donde
me
los
paga án
de
con ado,
de
cuyo
dine o
pod é
comp a
algún
í ulo
ó
algún
o icio
con
que
i i
descansado
odos
los
dias
de
mi
ida?»
El
Quijo e
pa e
L*
cap.
XXIX.
(135)
PAG.
54.
Fué
aducida
al
ancés
con
g abados
o ensi os
á
los
Españo¬
les
á
in
de
exi a
el
ódio
de
los
lamencos
con a
los
nues os
según
lo
expues o.
(
99
)
(136)
PAG.
54.
Bas e
eco da
el
alzamien o
que
lle a on
á
e ec o
los
escla os
en
el
año
1722,
a acando
el
ue e
de
la
Isla
Española
y
asesinando
á
su
gobe nado .
(137)
PAG.
54.
Si
hacemos
un
es udio
compa a i o
de
nues a
ac i ud
en
Amé¬
ica
espec o
á
los
neg os
ela i amen e
á
o as
naciones,
e emos
con
ho o ,
que
los
ingleses
en
sólo
el
siglo
XVIII
según
a i ma
el
his o iado
Bauc o
a anca on
del
A ica
es
millones
de
es os
desg aciados
y
án es
de
1766
hahian
impo ado
á
la
Amé ica
del
No e
300.000,
y
el
a ículo
38
del
Código
neg o
publicado
en
F ancia
en
1685
cas iga
la
uga
del
escla o
en
las
colonias
ancesas
con
la
pena
de
se
co ¬
adas
las
o ejas
y
pues a
la
lo
de
lis
en
la
espalda
y
si
eincide
se
le
impone
o a
lo
de
lis
co ándole
á
la
ez
los
ja e es
ó
las
co has.
(138)
PAG.
55.
Según
la
Bula,
la
con e sión
de
los
Indios
hahia
de
se
el
obje o
p imo dial
de
la
conquis a.
(139)
PAG.
55.
Colección
del
S .
Na a e e
I
pág.
225.
(140)
PAG.
55.
En
la
ca a
á
Colon,
cuya
copia
se
conse a
en
el
a chi o
de
Indias
le
dicen:
«Vimos
ues as
le as
é
memo iales
que
nos
en ias eis
con
To es;
e
a e nos
á ido
mucho
place
de
sabe
de
odo
lo
que
allá
nos
esc i is es
y
damos
las
g acias
á
nues o
Seño
po
odo
ello,
po que
espe amos
que
con
su
ayuda
es e
negocio
ues o
se á
cahsa,
que
nues a
Sanc a
Fé
Ca ólica
sea
mucho
mas
ac ecen¬
ada.»
En
la
ca a
al
R.
P.
Boyl,
publicada
hoy
po
el
P.
Fidel
Fi a
en
el
Bole ín
his ó ico,
omo
3.”
pág.
22,
le
dicen:
«Y
quan o
á
lo
que
nos
esc i is es,
que
pensáis
que
ues a
es ada
allá
no
ap o echa
an o
como
pensabades
po
al a
de
lengua,
que
no
ay
pa a
ace
in é p e es
con
los
indios,
y
que
po
es o
os
que íais
eni
po
se icio
nues o;
que
es o
no
se
aga
po
ago a
en
mane a
alguna.
Bien
c eemos
que
después
que
nos
esc i is es
hab a
á ido
alguna
o ma
de
lengua
pa a
que
comience
á
da
u o
ues a
es ada
allá.»
(141)
PAG.
56
Cap.
LXI.
Reco demos,
que
los
seis
indios
que
ajo
Colon
á
España
de
eg eso
de
su
p ime
iaje,
se
bau iza on,
habiendo
sido
los
Reyes
sus
pa¬
d inos.
Así
lo
e ie e
Calancha,
c ónica
de
la
ó den
de
S.
Agus ín,
cap.
4.®
(142)
Pag.
56.
Así
lo
a i ma
Ba olomé
de
las
Casas
en
su
His o ia
gene al
de
las
Indias,
lib.
3.®
cap.
XIV.
(143)
PAG.
56.
Mu ió
en
1512
an es
de
se
consag ado
y
le
sucedió
Alejand o
Ge a dino,
que
igió
la
diócesis
has a
el
año
1525.
(144)
PAG.
56.
En
dicho
año
llega on
á
la
isla
Española
sie e
de
ellos
con
F ay
Ped o
de
Có doba,
del
Con en o
de
S.
Es éban
de
Salamanca,
en e
ellos
F .
An o¬
nio
de
Mon esinos
y
F .
Be na do
de
San o
Domingo.
Pos e io men e,
en
1526
en iados
po
el
Gene al
F .
F ancisco
Sil es e
de
Fe a a
a iba on
á
dicha
isla*
os
eligiosos
Tomás
O iz,
Vicen e
de
San a
Ana,
Diego
de
So omayo ,
Ped o
de
San a
Ma ía,
Jus o
de
San a
Ma ía,
Ped o
Zamb ano,
Gonzalo
Luce o,*
diácono
e
lego
Ba olomé
Calzadilla.
Llegados
á
la
isla
mencionada
se
le
unie on
* ay
Domingo
de
Be anzos,
F .
Alonso
de
las
Ví genes,
F .
D.ego
Ramí ez,
F ay
cen e
de
las
Casas
y
jun os
desemba ca on
en
las
cos as
de
Méiico
el
28
dp
Tn
nio
del
mismo
año.
•’
ex
ue
au-
(
100
)
(145)
PAG.
56.
Así
lo
asegu a
Remon
en
su
His o ia
gene al
de
la
ó den
de
Nues a
Seño a
de
la
Me ced,
omo
2.°
lib.
XII,
cap.
XI
y
siguien es.
(146)
PAG.
57.
Es os
unda on
en
Méjico
50
monas e ios
con
sus
Colegios
y
9
en
el
Pe ú.
Los
p ime os
que
llega on
á
la
Amé ica
ue on
F .
F ancisco
de
la
C uz,
F .
Agus in
de
la
Co ulla,
que
ué
luego
Obispo
de
Popayan,
F .
Je ónimo
.Jiménez,
F .
Juan
de
S.
Román,
F .
Juan
de
Osegue ,
F .
Alonso
de
Bo ja
y
F ay
Jo ge
de
A ila;
como
puede
e se
en
la
C ónica
de
la
ó den
de
S.
Agus in,
que
esc ibió
Román.
(147)
PAG.
57.
Fue on
es os
Rdos.
monjes
F .
Luis
de
Se illa
ó
Figue oa,
P io
de
la
Mejo ada,
F .
Juan
de
Sal a ie a,
Alonso
de
San o
Domingo,
P io
de
San
Juan
de
O ega
y
F .
Be na dino
de
Có ia
ó
Manzanedo;
á
es os
acompañó
en
concep o
de
consul o
el
Ldo.
Alonso
de
Zuazo;
llega on
á
la
Española
el
24
de
Diciemb e
de
1518,
hospedándose
en
el
Con en o
de
F anciscanos.
Zuazo
llegó
cua o
meses
después.
(148j
PAG.
57.
Es e
a ón
ejempla
y
doc o
nació
en
Bena en e,
p o incia
de
Zanio a,
en
los
úl imos
años
del
siglo
XV
y
pasó
con
los
p ime os
anciscanos
á
la
Nue a
España
en
1524.
Al
e lo
los
indios
descalzo
y
de
aspec o
an
bumilde
empeza on
á
esclama
que
en
cas ellano
signi ica
po6 eci¿o;/y
an o
ag adó
es e
dic ado
á
su
modes o
sen i ,
que
desde
en onces
comenzó
á
llama se
To ibio
de
Mo olinia
y
no
de
Bena en e,
como
se
apellidaba.
En
Junio
del
mencio¬
nado
año
se
hallaba
en
Méjico
dedicado
con
a do
incansable
á
ins ui
y
bau iza
indios.
F .
Juan
de
To quemada
hablando
de
él
en
su
Mona quía
indiana
lib.
XX
capi ulo
25,
dice:
« abajaba
siemp e
en
enseña
la
doc ina
c is iana
y
cosas
de
nues a
San a
Fé,
a.sí
como
en
bau iza
de
lo
cual
e a
a aicisimo.
con
es e
espí i u
se
disponia
á
i
á
lejanas
ie as,
po que
los
niños
no
se
mu iesen
sin
bau¬
ismo...
bau izó
po
cuen a
que
u o
po
esc i o
mas
de
400.000.»
En
el
año
1529
(lió
e ugio
en
Huexo zingo
á
los
caciques
acosados
j*io
las
gen es
de
Gua emala,
Nica agua
y
o os
pun os.
Le
ue on
concedidos
los
í ulos
de
Visi ado ,
de enso
p o ec o
y
Juez
de
los
indios
de
las
p o incias
de
Huexo zingo,
Huacachula
y
Tlux-
cala,
desde
cuyo
pun o
coadyu ó
á
la
undación
de
la
Puebla
de
los
Angeles.
En
1530
ué
nomb ado
gua dián
del
con en o
de
Texcoco
y
en
1638
elec o
6.°
p o incial.
Mu ió
en
su
con en o
de
Méjico
á
9
de
Agos o
de
1569.
Esc ibió
las
siguien es
ob as
«La
His o ia
de
los
indios
de
la
Nue a
España,
De
mo ibus
indo um.
Doc ina
c is ia¬
na
mexicano
idioma e.
Venida
de
los
12
p ime os
pad es
y
lo
que
llegados
acá
hi¬
cie on,
Camino
del
Espí i u,
Vida
y
mue e
de
es
niños
de
Tlaxcala
que
mu ie on
po
la
con esión
de
la
é.
Gue a
de
los
indios
de
la
Nue a
España,
Calenda io
Me¬
jicano,
Memo iales,
Relación
del
iaje
á
Gua emala,
y
18
ca as,
que
pueden
lee ¬
se
en
la
Colección
Documen os
inédi os
ela i os
al
descub imien o
y
conquis a
de
Amé ica,
publicados
po
D.
Luis
To es
de
Mendoza.
La
biog a ía
de
es e
no able
his¬
o iado ,
la
esc ibió
D.
José
Fe nando
Rami ez,
po
enca go
del
sábio
his o iado
me¬
jicano
D.
Joaquin
Ga cia
Icazbalce a
y
se
halla
en
la
colección
de
Documen os
pa a
la
His o ia
de
Méjico,
publicada
po
és e
en
el
omo
I.
Méjico
1858.
("149^
PAG.
.57.
De
F .
Juan
Ruiz
a i ma
Quinlanilla
en
la
ida
del
Ca denal
Cisne os,
que
bau izó
en
un
solo
dia
1200
indios.
(150)
PAG.
58.
Puede
consul a se
la
Mona quía
Indiana,
omo
3.®
lib.
1^^
cap.
XXXIII.
(151)
PAG.
58.
C eado
po
Ca los
V,
según
Real
Cédula
de
24
de
Ene o
de
1528,
el
ca go
de
P o ec o
de
Indios,
nomb ó
pa a
eje ce lo
á
es os
dos
espe ables
p elados.
(152)
PAG.
58.
Gonzalo
Fe nandez
de
O iedo
en
su
His o ia
gene al
de
las
In¬
dias,
cap.
XXXIII
pag.
56,
dice:
«que
en
1535
habia
sus en ado
He nán
Co és
en
Méjico
la
Religión
Ca ólica
con
diez
iglesias
ca ed ales.»
(153)
PAG.
58.
C ónica
de
la
conquis a
del
Pe ú.
Se illa
1552.
(154)
PAG.
59.
Los
jesuí as
llega on
al
Nue o
Mundo
en
el
úl imo
e cio
del
siglo
XVI,
es
deci ,
á
poco
de
se
undada
la
Compañía,
y
comenza on
sus
admi a¬
bles
abajos
á
a o
de
la
Fé
en
Méjico,
el
Pe ú,
Chile,
el
Pa aguay
y
demás
egio¬
nes
de
la
Amé ica,
donde
unda on
Colegios,
que
adqui ie on
me ecido
enomb e.
(155)
P
AG.
61.
His o ia
de
la
Nue a
España
T a .
IH,
cap.
XII.
Ped o
de
Ciesa,
C ónica
de
la
conquis a
del
Pe ú,
pa e
1.*
4
(156)
PÁG.
61
Así
lo
asegu a
Fe nandez
de
O iedo
cap.
XXXIII,
pag.
32
y
46.
(157)
PAG.
62.
Leanse
las
ob as
ci adas
en
la
no a
155.
(158)
PAG.
65.
Sob e
es e
pa ículas
pueden
consul a se
á
Mo ellí,
Fas i
No-
i
O bis
y
á
Gene ,
Theología
dogmá ico-scholas ica.
Romse
1767.
(159)
P
AG.
68.
Puede
lee se
la
Poesía
lí ica
en
Cuba
po
D.
Emilio
Ma in,
1882,
y
los
e udi os
a ículos
publicados
en
la
ac edi ada
publicación
la
Ilus ación
Española
y
Ame icana.
(160)
P
AG.
68.
Nació
en
Méjico
y
comenzados
sus
es udios
en
aquella
Uni¬
e sidad,
ino
á
España,
ecibiendo
el
g ado
de
Bachille
en
Cánones
en
la
Uni e ¬
sidad
de
Salamanca:
domiciliado
en
Se illa,
eje ció
la
p o esión
de
abogado
has a
1608,
en
que
eg esó
á
Méjico
en
unión
de
Ma eo
Alemán
y
o os,
después
de
eci¬
bi
en
la
Uni e sidad
de
Se illa
el
g ado
de
Ldo.
en
Leyes.
Vol ió
á
España
en
1611,
siendo
nomb ado
ela o
de
Indias.
Mu ió
en
1639.
(161)
>AG.
69.
Fué
Abad
de
la
Jamáica
y
Obispo
de
Pue o
Rico.
Esc ibió
nume osas
poesías
y
el
celeb ado
poema
Be na do
de
Ca pió.
Mu ió
en
1627.
(162)
PAG.
70.
Puede
lee se
la
ob a
ci ada
«Pi a e ias
y
ag esiones
de
los
ingleses
y
o os
pueblos
de
Eu opa
en
la
Amé ica
Española,
deducidas
de
la
ob a
de
U-
Dionisio
de
Alsedo.»
Publicada
po
el
in a igable
ame icanis a
D.
Jus o
Za¬
agoza.
(163)
PAG.
71.
Ce an es.
Quijo e.
Pa .
1.
cap.
XLVll.
En
la
página
29
línea
40
dice
Leyes
de
Fo o,
y
debe
lee se
Leyes
de
To o.