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Poder, transgresión y resistencia en "El Apando"

González Cárdenas, Verónica Alejandra

Abstract

El Apando es una novela corta escrita por José Revueltas en la cárcel preventiva de la ciudad de México entre los meses de febrero y marzo de 1969. La obra narra la historia de tres hombres internados en un penal: Albino, Polonio y «El Carajo», que sobreviven en condiciones deplorables, y cuyos únicos alicientes son las drogas y el sexo. El objetivo de este artículo es estudiar la novela desde un enfoque semiótico que nos permita comprender el texto como un producto cultural que refleja las condiciones políticas de la época, así como el discurso contestatario y transgresor usado por el autor para hacer visible el poder ejercido por el Estado sobre los cuerpos.

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195 «Cauce. Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » PODER, TRASGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS UNIVERSIDAD DE COLIMA (MÉXICO) veronica_g[email protected] Resumen: El Apando es una novela corta escrita por José Revueltas en la cárcel preventiva de la ciudad de México entre los meses de febrero y marzo de 1969. La obra narra la historia de tres hombres internados en un penal: Albino, Polonio y «El Carajo», que sobreviven en condiciones deplorables, y cuyos únicos alicientes son las drogas y el sexo. El objetivo de este artículo es estudiar la novela desde un enfoque semiótico que nos permita comprender el texto como un producto cultural que refleja las condiciones políticas de la época, así como el discurso contestatario y transgresor usado por el autor para hacer visible el poder ejercido por el Estado sobre los cuerpos. Palabras clave: Poder. Prisión. Cuerpo. Transgresión y resistencia. Abstract: El Apando is a short novel written by Jose Revueltas in the preventive jail of the city of Mexico between February and March, 1969. The work narrates the history of three men imprisoned in the penal one: Albino, Polonio and «The Carajo», which they survive in deplorable conditions, and whose only inducements are the drugs and the sex. The aim of this article is study the novel from a semiotic approach that allows us to understand the text as a cultural product that reflects the political conditions of the period, as well as the anti-establishment and transgressor discourse used by the author to make visible the power exercised by the State on the bodies. Key words: Power. Prison. Body. Transgression and resistance. Résumé: El Apando est un court roman écrit par José Revueltas en prison préventive à Mexico entre Février et Mars 1969. La pièce raconte l’histoire de trois hommes détenus dans une prison: Albino, Polonio et ‘Le Carajo’, qui survivent dans des conditions déplorables, et dont la seule motivation est la drogue et le sexe. Le but de cet article est d’étudier le roman à partir d’une approche sémiotique qui nous permet de comprendre le texte comme un produit culturel qui reflète les conditions politiques de l’époque, et le discours rebelle et transgressive utilisé par l’auteur pour rendre visible le pouvoir exercé par l’État sur les corps. Mots-clés: Pouvoir. Prison. Corps. La transgression et la résistance. 196 «Homenaje al Dr. Alberto Millán Chivite». Nºs 34-35 (años 2011-2012) 1. REVUELTAS, UN ESCRITOR QUE INTENTÓ TRANSFORMAR LA REALIDAD José Revueltas nació en 1914 en Santiago Papasquiaro, un pueblo del estado de Durango, pero desde niño vivió en la ciudad de México, donde estudió algunos años en el Colegio Alemán, del que desertó debido a las burlas de sus compañeros. Sin embargo, no se alejó de los libros (Luna, 2004), sino que recurrió a las bibliotecas públicas y ahí conoció a los grandes escritores universales que inspiraron su carrera literaria. América Luna Martínez (2004), en su ensayo titulado «José Revueltas o la utopía contrariada», señala que en una de las entrevistas que concedió a lo largo de su vida, el escritor comentó que sus dudas respecto a Dios y a la religión lo llevaron a estudiar filosofía e historia de la filosofía. Fue así como llegó a conocer el pensamiento de los marxistas italianos, como Labriola, aunque fue Carlos Marx y Los manuscritos económico-filosóficos (en que el autor propone su teoría de la enajenación), los que captaron su interés. Para entonces, las lecturas de los filósofos comunistas habrían calado hondo en su pensamiento, lo que sumado a su amistad con activistas políticos, su sensibilidad ante la pobreza y las injusticias sociales, y sus deseos de cambiar el México de la época, lo llevaron a adherirse a las filas del Partido Comunista Mexicano en 1930. La primera experiencia política del escritor es accidentada, ya que la represión del callismo recae sobre todos aquellos que podían representar una amenaza para el caudillo, pero especialmente contra los comunistas (Luna, 2004). De hecho, una de sus primeras acciones dentro del Partido Comunista Mexicano fue su participación en la colocación de una bandera en la torre de la catedral de la capital del país con la inscripción «Viva la revolución rusa, muera el gobierno fascista de México». Entre las principales figuras que tuvieron una gran influencia en la ideología del joven escritor destaca Carlos Marx, quien consideraba que la obra literaria no es un aerolito caído accidentalmente sobre los hombres, sino la creación de hombres en una sociedad determinada por muchos factores, desde los económicos hasta los ideológicos, y en una etapa muy precisa de la evolución histórica. Concebida de esta manera, la obra literaria no es un mero reflejo de la sociedad, sino que surge con fines propios, agita el ánimo de los lectores y contribuye a transformar la sociedad. Además de Marx, en el contexto filosófico, otra de las grandes influencias de Revueltas en el terreno literario fue Dostoievski (Ruiz, 1992), a quien consideraba el gran ejemplo del cristianismo, ya que después de salir de la cárcel donde había sido humillado, agradeció al Zar su benevolencia y puso la otra mejilla, siguiendo los postulados de la doctrina cristiana. En Dostoievski, Revueltas pudo haber encontrado muchas cosas, entre ellas, la infinita impotencia del hombre ante Dios, la dicotomía de la moral y el arte, el sentimiento profundo que revelan VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 197 «Cauce. Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » los personajes de sus novelas respecto a la libertad (una libertad que no saben manejar) y la culpa. Álvaro Ruiz (1992) explica que Dostoievski dejó en Revueltas algo más que una metafísica del caos que es la conciencia humana, y que en ambos autores, el castigo parece un sometimiento no solo del cuerpo, sino ante todo, del alma de un hombre a los designios del tormento. De este modo, el castigo es una expiación de una culpa universal y metafísica. En opinión de este investigador, cada vez que Revueltas era recluido en una prisión por sus ideas políticas, sentía que su cuerpo quedaba bajo la custodia del Estado, y su conciencia en manos de una fuerza omnipresente que lo juzgaría de manera más severa. La escritura revueltiana muestra una clara ideología de izquierda. Su novela El Apando, es un relato de las condiciones infrahumanas en que sobreviven los reclusos, sometidos por la fuerza del Estado. Aunque la trama de la obra y su estilo han llevado a muchos estudiosos de su obra a concluir que es sintomática de la desesperación y resignación del autor en sus últimos años, Ruíz (1992) considera que la estética de la misma es contestataria por su «lado moridor» (Escalante, 1979: 26), es decir, por la desesperanza y el pesimismo que acompañan a los personajes de la historia. Consideramos conveniente para el análisis de la novela, retomar las ideas de George Lukács (1961), quien sostiene que la verdadera literatura es la realista, que nos presenta en forma de «tipos» la soldadura orgánica entre el hombre y el desarrollo histórico-social. Para Lukács, los novelistas están comprometidos con las luchas de su tiempo, y sus obras son tanto documentos del curso histórico como guías para el progreso político. En su estructuralismo genético, Lucien Goldmann (1985: 17) afirma que el escritor no es un genio individual, sino el agente supraindividual que habla por todos los miembros de su grupo y refleja la conducta de los hombres en la historia de la sociedad. En consecuencia, una idea o una obra solo obtienen su verdadera significación cuando se han integrado en el conjunto de una vida y de un comportamiento, y ese comportamiento nos permite comprender que la obra no es exclusivamente del autor, sino del grupo social en el que esta es producida. Quizá por esa razón, los escritores, especialmente aquellos considerados «contestatarios» como es el caso de Revueltas, se vuelven un peligro para los regímenes autoritarios, pues con sus textos incitan, de algún modo, a la acción individual y colectiva. Pero la obra literaria como elemento de la cultura, es el mecanismo vivo de la conciencia colectiva. Para Lotman (1996) la cultura puede considerarse como una serie de textos o como un único texto organizado de modo particular, de este PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO 198 «Homenaje al Dr. Alberto Millán Chivite». Nºs 34-35 (años 2011-2012) modo, la Semiótica Textual o Semiótica Discursiva, concibe el texto como un aparato semiótico, y fija su atención en lo que los signos hacen, más que en lo que los signos representan en la actividad textual. Así pues, el texto como objeto semiótico, permite la convergencia de distintas disciplinas: la filosofía, la lingüística, la llamada crítica literaria, etc., pues como dice Bajtín (1992: 294), «donde no hay texto, no hay objeto para la investigación y el pensamiento». 2. PODER Y RESISTENCIA EN EL APANDO Como escritor comprometido con una ideología de izquierda, es probable que Revueltas conociera bien lo que el historiador marxista británico, Edward Palmer Thompson (1989: 13-18), ha postulado: «sin producción, no hay historia y sin cultura, no hay producción.» Recordemos que en la tradición marxista, la clase es una categoría histórica que describe a las personas relacionándose unas con otras en el transcurso del tiempo, el modo en que adquieren conciencia de sus relaciones, se separan, se unen, entran en conflicto, forman instituciones y transmiten valores, en términos de clase. Para Thompson, la clase es una formación económica y es también una formación cultural. La experiencia de clase está ampliamente determinada por las relaciones de producción en las que los hombres nacen, o en las que entran de manera involuntaria. La conciencia de clase es la forma en que se expresan estas experiencias en términos culturales, encarnadas en tradiciones, sistemas de valores, ideas y formas institucionales. Si bien la experiencia de clase aparece como algo determinado, la conciencia de clase no lo está; surge del mismo modo en distintos momentos y lugares, pero nunca surge exactamente de la misma forma. Como la clase es una experiencia, Thompson considera que esta la definen los hombres mientras viven su propia historia. En la novela, la experiencia de clase de la que habla Thompson (1989: 10) se hace explícita cuando se desarrolla el tema de las visitas de los familiares de los presos. Ninguno de ellos ponía en tela de juicio la culpabilidad o la inocencia del hijo, del marido o del hermano, solo sabían que estaban ahí y eso era todo, explica el narrador. Ello ocurría tal vez, porque la mayoría de los internos pertenecían a la llamada clase social «baja». No ocurría lo mismo con otro tipo de visitas, como podemos leer a continuación: Cuando alguna señora de clase alta llegaba a pisar esos lugares, las primeras veces, su preocupación única, obsesiva, manifiesta –que terminaba por carecer de toda lógica y aún de ilaciónera la de establecer un límite social preciso entre su preso –las causas por VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 199 «Cauce. Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » las que estaba detenido, lo pasajero y puramente incidental de su tránsito por la prisión– y los presos de las demás personas. Al suyo se le «acusaba de», sin tener ningún delito – aunque las apariencias resultasen de todos modos sospechosasy ya se habían movilizado en su favor grandes influencias, y dos o tres ministros andaban en el asunto (Revueltas, 1969: 42). La conciencia de clase es distinta a la experiencia de clase, pues mientras la segunda está determinada por las condiciones de producción, la primera es la expresión cultural de esa experiencia. Así, podemos señalar que las relaciones de poder o frente al poder, condicionan la toma de conciencia. En la medida que el poder se ejerce de modo absoluto, en que se restringen las libertades del individuo y se monta un aparato político y socio-cultural alienante, el proceso de toma de conciencia de clase puede verse favorecido. Sin embargo, como dice Lukes (2007), necesitamos prestar atención a esos aspectos del poder que son menos accesibles a la observación, pues el poder alcanza su mayor eficacia cuando es menos observable. Lukes (2007: XXI) estudia «el poder», desde un enfoque radical (EPER). En sus estudios cita a Charles Tilly, quien proporcionó una lista de siete posibles respuestas a la premisa de: «si la dominación ordinaria lesiona constantemente los intereses bien definidos de los grupos subordinados, ¿por qué obedecen los subordinados? ¿Por qué no se rebelan continuamente o se resisten al menos todo el tiempo?». Tilly pensaba que la premisa anterior es incorrecta, ya que en realidad los subordinados se rebelan constantemente, pero de formas encubiertas. Aunque el concepto de poder es polisémico y no siempre refiere a una connotación despectiva, Lukes retoma la idea de John Locke y la amplía para sostener que «tener poder es tener la capacidad de hacer cualquier cambio, de admitirlo o de resistirse a él» (Lukes, 2007: 76). Para Foucault (1978: 139), el poder no solo pertenece a la esfera gubernativa, sino que existe un subpoder, es decir, «una trama de poder microscópico, capilar», que no implica el poder político, ni los aparatos de Estado, ni el de una clase privilegiada, sino el conjunto de pequeños poderes e instituciones situados en un nivel más bajo. Visto desde este enfoque, podríamos señalar que en la sociedad se dan múltiples relaciones de poder que se manifiestan de manera sutil en distintos niveles. En el campo de los estudios culturales, Edgar y Sedgwick (2005) afirman que la teoría de la hegemonía facilitó el análisis de las formas en que los grupos subordinados resisten activamente y responden a la dominación política y económica. Estas formas de resistencia no necesariamente tienen que ser violentas y muchas veces se manifiestan de manera pacífica. En El Apando las relaciones de poder son evidentes. Los presos son los que PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO 200 «Homenaje al Dr. Alberto Millán Chivite». Nºs 34-35 (años 2011-2012) menos poder ejercen respecto de los celadores, quienes son los representantes del Estado, y cuya función es velar por la seguridad de la sociedad. Es en la cárcel donde son recluidas las personas que han causado un mal a la sociedad, supuestamente para rehabilitarse, aunque luego la experiencia revele lo contrario, y son los guardias de la prisión los responsables de evitar fugas. Así pues, los internos están bajo constante vigilancia. De algún modo, ya no son dueños de sus cuerpos, si es que algún día lo fueron. Pero también podemos observar una inversión en las relaciones de poder y de castigo. «Los monos», es decir, los celadores que vigilan a los internos, están presos también, solo que ellos no son conscientes de su situación. Quizá, porque no han tomado conciencia de clase, o tal vez, porque su sistema de creencias está tan normalizado por el Estado, que ingenuamente creen que están en una posición de poder frente a los presos. Revueltas, con su discurso subversivo, nos dice que no es así. Estaban presos ahí los monos, nada menos que ellos, mona y mono; bien, mono y mono, los dos, en su jaula, todavía sin desesperación, sin desesperarse del todo, con sus pasos de extremo a extremo, detenidos pero en movimiento, atrapados por la escala zoológica como si alguien, los demás, la humanidad, impiadosamente ya no quisiera ocuparse de su asunto, de ese asunto de ser monos, del que por otra parte ellos tampoco querían enterarse, monos al fin, o no sabían ni querían, presos en cualquier sentido que se les mirara, enjaulados dentro del cajón de altas rejas de dos pisos, dentro del traje azul de paño y la escarapela brillante encima de la cabeza… encarcelados, jodidos (Revueltas, 1969: 11). Por otro lado, entre los internos se manifiestan diversas relaciones de poder. Polonio y Albino ejercen poder sobre El Carajo, bajo el empleo de la fuerza y la violencia, aunque luego, las relaciones de poder se invierten cuando El Carajo convence a su madre de que introduzca la droga a la cárcel. Como la mujer solo entregará la droga a su hijo, los otros dos quedan expensas de El Carajo, a quien menosprecian. Como sabemos, «donde hay poder, hay resistencia» (Foucault, 2000: 116117), por ello, Meche y La Chata lideran una protesta dentro de la cárcel, cuando acuden a la visita familiar, para exigir que saquen a sus hombres de «el apando»: Lanzaban los gritos y aullidos más inverosímiles, agitando en el aire sin cesar las manos, ya crispadas, ya en un puño, y los brazos, parecidos a robustas y torneadas raíces de acero, sacudidos por cortas y violentas descargas eléctricas, mientras los ojos, abiertos más allá de lo imaginable, descompuestos y enrojecidos, tenían destellos de una rabia sin límites. «¿Sáquenlos, sáquenlos», la palabra dividida en dos coléricas emisiones: sáquen-lós, saquénlós (Revueltas, 1969: 46). VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 201 «Cauce. Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » La protesta hace que el comandante dé la orden a los celadores de que liberen a los tres «apandados», para llevarlos a otra celda junto con sus mujeres, pero apenas entran dos celadores, seguidos de Meche, La Chata y la madre de El Carajo, estos empujan a las mujeres y las dejan fuera de la crujía. Albino y Polonio, con El Carajo en medio, irrumpen con ciega violencia, seguidos por el comandante y un celador más. Los presos cierran el candado de la puerta y ahí dentro, comienzan a golpear a los guardias en medio de una pelea desigual. Los internos se rebelan ante el poder, repelen el castigo, como ya no tienen nada que perder, se manifiestan abiertamente contra sus opresores. En El Apando, podemos observar una metáfora de la resistencia. Aunque en la novela los que se resisten son ladrones y homicidas, en la sociedad de la época los que se resistían eran estudiantes, obreros, campesinos, activistas políticos e intelectuales, y por ese solo hecho eran considerados delincuentes. Se les acusaba de alterar el orden público, o de otros delitos, pero el Estado no aceptaba su condición de presos políticos. Así pues, en el movimiento estudiantil del 68, la resistencia se organizaría en un movimiento político que pretendía generar cambios para una mayor justicia social, libertad y democracia. De esta forma, la novela El Apando, como afirma Marentes (2001), es en sí misma un acto de resistencia y de fe. 3. LA PRISIÓN DE LA CARNE COMO LIBERACIÓN DE LA CONCIENCIA Según Foucault (2009), el sistema de la prisión represiva fue establecido prácticamente a finales del siglo XVIII, pues antes de esa fecha la prisión no era un castigo legal, sino que se encarcelaba a las personas simplemente para retenerlas antes de procesarlas y no para castigarlas, salvo en casos excepcionales. La cárcel como castigo se crea a partir de la premisa de que la prisión es un sistema de reeducación de los criminales, de modo que se esperaba que después de una estadía en ese lugar, gracias a una domesticación de tipo militar y escolar, el delincuente se transformara en un individuo obediente de las leyes. Se buscaba pues, la producción de individuos obedientes. Aunque en los primeros tiempos de los sistemas de las prisiones quedó claro que no se obtenía el resultado deseado, sino su opuesto, pues mientras que un delincuente pasaba más tiempo en prisión se volvía más delincuente, las prisiones han permanecido hasta nuestros días porque, la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política en las llamadas sociedades modernas. Y es a través de la producción, circulación y funcionamiento del discurso, como operan las relaciones de poder que constituyen el cuerpo social (Foucault, 1991: 139-140). PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO 202 «Homenaje al Dr. Alberto Millán Chivite». Nºs 34-35 (años 2011-2012) Ahora bien, Revueltas fue un escritor con una clara ideología comunista, que intentó transformar la realidad no solamente con su obra literaria, sino también con su activismo político, lo que lo llevó varias veces a prisión. Un día mientras los izquierdistas se congregaban en un mitin en la Plaza de Santo Domingo en el centro de la ciudad de México, la policía disuelve la reunión con gran violencia y el joven militante es llevado a la correccional. En el reclusorio juvenil José cumple quince años, ahí también comienza su peregrinar por las cárceles mexicanas hasta los últimos años de su vida. Esa temprana experiencia carcelaria será recreada años más tarde en el cuento El quebranto y marcará para siempre su escritura desgarradora y catártica cuando años más tarde amparado en el realismo dialéctico emprenda la redacción de sus cuentos y novelas. O con agudeza recorre la historia nacional para desmitificarla junto con sus fallidos redentores, en sus numerosos escritos periodísticos y documentos de discusión política (Luna, 2004: 411-420). Desde muy joven, Revueltas conoció la cárcel. En 1932 fue enviado a las Islas Marías, donde permaneció cinco meses y luego fue liberado por ser menor de edad; en 1934 es recluido por segunda vez, por su participación en huelgas de campesinos; la tercera ocasión que estuvo preso fue en la cárcel de Lecumberri, en la ciudad de México, por su participación en el movimiento estudiantil de 1968 como líder intelectual. Es precisamente en la cárcel de Lecumberri donde escribe su novela El Apando, en la que podemos observar una escritura autobiográfica que es a la vez un grito desesperado por transformar la realidad individual y colectiva de los seres humanos, en una época en que la represión, la tortura y las desapariciones forzadas eran el castigo del sistema político mexicano para deshacerse de quienes les resultaban incómodos, por sus ideas y su activismo político en la búsqueda del bien común y en la defensa de las clases populares. De hecho, «el apando» es una cárcel dentro de la prisión, una celda diminuta para aislar a algunos internos del resto, sometiéndolos a la vigilancia constante y permanente de los guardias, como si el Estado pretendiera inscribir en sus cuerpos la huella del castigo por infringir las normas y violar las leyes. La novela narra la historia de tres reclusos: Albino, Polonio y «El Carajo» –apodado así porque servía «para un carajo»–, que sobreviven en condiciones deplorables. Los tres son drogadictos, pero Albino y Polonio tendrán un aliciente más: el sexo, bien sea que lo practiquen con sus mujeres, cuando estas los visitan, o que se lo imaginen. Albino y Polonio son auxiliados por sus mujeres: Meche y La Chata, respectivamente, para introducir la droga al penal, pero por ser parejas de adictos, son blanco de sospechas de las celadoras. Por esa razón, ambos hacen una alianza con El Carajo para que su madre, una mujer de más de setenta años, acepte VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 203 «Cauce. Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » introducir la droga a la cárcel en un «tampón anticonceptivo» dentro de su vagina. Al final, el plan fracasa y la madre es delatada ante la policía por su propio hijo. Revueltas crea el personaje de El Carajo como un hombre contradictorio. Por un lado, es un hombre vil capaz de traicionar a su propia madre cuando, al final de la novela, la delata ante un guardia como portadora de la droga, no obstante que fue él mismo quien la involucró en el plan. Pero el protagonista de El Apando también tiene cualidades humanas que rayan en la ingenuidad. Es como un niño que se aferra a las entrañas de su madre, quien también es un personaje contradictorio, pues aunque ama a su hijo, al mismo tiempo lo desprecia. El Carajo es un hombre maltrecho físicamente: está tullido, no tiene un ojo, ha intentado suicidarse varias veces y hasta en eso ha fracasado, porque aunque anhela la muerte, en el fondo la teme. Es despreciado no solo por sus compañeros de celda, Albino y Polonio, un par de homicidas, sino también por su madre, que se culpa por el destino de su hijo, condenándose a sí misma por haberlo parido, como si su nacimiento hubiese sido una maldición: La culpa no es de nadien, más que mía, por haberte tenido… De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien. Por haberte tenido. La rabia de tener ahora aquí a El Carajo encerrado junto a ellos en la misma celda, junto a Polonio y Albino, y el deseo agudo, imperioso, suplicante, de que se muriera y dejara por fin de rodar en el mundo con ese cuerpo envilecido. La madre también lo deseaba con igual fuerza, con la misma ansiedad, se veía. Muérete muérete muérete. Suscitaba con una misericordia llena de repugnancia y de cólera (Revueltas, 1969: 17). La madre de El Carajo se sentía culpable porque aún no terminaba de parir al hijo, quien se aferraba a sus entrañas y la llamaba cariñosamente «mamá». Era ese sentimiento de culpa el que la llevaba a desear la muerte de su hijo, quizá para no soportar más el castigo de verlo sufrir a causa de su doble prisión, la de la carne y la del espíritu. Ahora bien, si «el cuerpo es el vehículo del ser en el mundo, y tener un cuerpo es para un viviente unirse a un medio definido, confundirse con ciertos proyectos y comprometerse con ellos continuamente» (Merleau, 1945: 97), los «apandados» viven el cuerpo de maneras diversas. Podríamos decir que soportan una triple prisión: la material, por estar recluidos en una celda; la física, porque están presos dentro de su propio cuerpo, y la espiritual, porque su vida no tiene ningún propósito. Polonio y Albino están presos de la carne, de sus deseos sexuales. Albino libera esa carga sexual a través del baile. Sabe que excita a sus espectadores, que se masturban frente a él. Observamos pues, una alusión implícita a la homosexualidad en el código PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO