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EFECTOS MODULADORES DEL GÉNERO EN LA CONDUCTA ANTISOCIAL DE ESTUDIANTES DE SECUNDARIA. Orellana-Ramírez, Mª Carmen Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos. Universidad de Sevilla. mcorellan[email protected] Garcia-Martínez, Jesús Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos. Universidad de Sevilla. [email protected] Guerrero-Gómez, Rafael Centro de Orientación y Psicología Cerro del Águila (COPSICA, Sevilla) [email protected] RESUMEN: En este trabajo se estudia el efecto que el género tiene en una serie de factores que describen la conducta violenta de estudiantes de secundaria. Se administró una batería de cuestionarios a 295 estudiantes de secundaria que incluían pruebas de conducta pro y antisocial, impulsividad y empatía. Para comprobar los efectos de las interacciones se aplicaron una serie de Manovas intersujetos. La tipología de la violencia, el papel adoptado ante el acoso y la opinión sobre las víctimas y las peleas. El género aparece como un factor relevante en la tipología de la violencia y la opinión sobre víctimas y peleas. Las chicas resultan ser más empáticas y prosociales, mientras que los varones son más impulsivos y se sienten más aislados. Parelelamente, se realizó un estudio cualitativo codificando las respuestas del mismo grupo de chicos y chicas a tres preguntas sobre la naturaleza de agresores, víctimas y observadores. Los datos cualitativos se analizaron mediante un procedimiento de teoría fundamentada. Los resultados de análisis cualitativo son convergentes con los cuantitativos y determinan también un mayor nivel de conducta pro-social en las chicas, un mayor uso de la violencia directa en los chicos y de la violencia indirecta en las chicas. Palabras Clave: Acoso escolar, género, conducta pro-social, conducta antisocial, dominios de personalidad, teoría fundamentada 1. INTRODUCCIÓN La violencia infanto-juvenil es un fenómeno al que cada vez más se le está prestando atención desde una perspectiva preventiva y ya no sólo paliativa. Muestra de ello son el Informe del Defensor del Pueblo sobre violencia escolar (2006) o el más reciente sobre los centros de protección de menores con trastornos de conducta y en situación de dificultad social (2009). Los estudios sobre la violencia en la infancia y adolescencia han estudiado de forma especial sus factores moduladores. Además de variables de tipo social o contextual (Binglan, Brennan, Foster y Holder, 2004; Connor, 2002; Kazdin y Buela-Casal, 1994) o de componentes relacionados con el clima escolar o las interacciones en el aula (Ortega y del Rey, 2003; Sullivan, Cleary y Sullivan, 2003), los moduladores más estudiados han sido los relacionados con variables individuales de personalidad 897
(Connor, 2002; Kazdin y Buela-Casal, 1994). No obstante, la personalidad es un sistema muy complejo en el que interactúan diversos niveles o dominios. Una de las formulaciones más claras de los dominios de la personalidad es la formulada por McAdams y Pals (2006) que tienen en cuenta, al menos, tres de estos ámbitos: el biológico y de rasgos, que incluiría la impulsividad y la ansiedad, entre otras variables relacionadas con la violencia; el de adaptaciones características o regulación de la conducta en ambientes, que incluye elementos como la empatía o el liderazgo; y el identitario que incluye las narrativas personales y otros factores relacionados con la visión individual del mundo, como los constructos personales. Nuestro estudio se centra en la valoración del papel que las variables de personalidad juegan en la regulación de las conductas violentas y vamos a considerar los tres dominios: el básico o de rasgos, concretado a través de la impulsividad; el de adaptaciones, definido a través de la empatía y el de disposiciones personales, representado por las respuestas a tres preguntas sobre la naturaleza de agresores/as, víctimas y observadores/as. La impulsividad es un componente que tradicionalmente se ha ligado a la falta de control de la conducta y diversos estudios la vinculan tanto con la violencia (Patterson, 1992) como con una clara base biológica. La empatía, por su parte, es una de las variables que mejor definen los comportamientos prosociales (González, Casullo, Martorell y Clavo, 1998; Mestre, Frías y Samper, 2004) y está claramente conectada con elaboraciones cognitivas y emocionales que son los procesos psicológicos más representativos del dominio adaptativo de la personalidad. Por último no hay que olvidar el papel de la narratividad en la regulación de la violencia (Sánchez, 1998; Viney y Henry, 2002). Mora-Merchán (2006) encuentra que las víctimas de acoso escolar pueden sufrir estrés en la vida adulta asociado a dicha experiencia, no tanto por la estrategias de afrontamiento eficaz o no eficaz que usaron sino por la interpretación que hacen de dicha vivencia. Asimismo Viney, Truneckova, Weekes y Oades (1999) encuentran gracias al estudio profundo de la perspectiva de los chicos con conducta antisocial que no sólo manifiestan que sus actos son en defensa de ellos mismos, sino que realmente estos jóvenes se sienten atacados por los demás (no se trata de excusas) al percibir su mundo como inestable y tener sólo la acción propia como mecanismo estabilizador. Por otro lado, hay evidencias claras de que los componentes de género modulan la expresión y tipología de la violencia (Connor, 1992). Las mujeres típicamente suelen mostrar más una violencia relacional que física y menos agresividad en general. Numerosos estudios han analizado cuáles son los efectos del acoso sobre el rendimiento escolar, tanto en víctimas, como en agresores. Sus resultados indican que tiende a darse un rendimiento más bajo tanto en ambos grupos de protagonistas (Olweus, 1978; Ortega, 1998; Cerezo, 2001). Olweus (1983) encontró que un ajuste escolar pobre podría estar relacionado con el rechazo de los compañeros y de esta forma indirecta si se vincularía con mayores problemas de disciplina en el aula, absentismo y abandono escolar. De hecho las personas agresivas e impulsivas, en general, suelen mostrar peores resultados académicos (Harmon-Jones, Barratt y Wigg, 1997). El presente estudio pretende valorar la realidad del acoso escolar tal y cómo los estudiantes implicados la conceptualizan y experimentan. Para ello no son suficientes 898
sólo medidas psicométricas, sino que se hace necesario buscar nuevas metodologías que permitan estudiar este campo con la profundidad y rigor que precisa. Como indica Ortega (2008) estamos en una tercera fase del estudio del acoso escolar, donde es necesario ampliar las temáticas y las metodologías de estudio para no perder la riqueza de este fenómeno. Y dentro de esa lógica se expone el siguiente trabajo que intenta aunar una metodología científica cuantitativa con aportaciones de la metodología científica cualitativa. Junto a medidas de autoinforme y opinión proponemos el uso de la Teoría Fundamentada (Strauss y Corbin, 1998) que es un procedimiento por el que se estudian las ideas que emergen de la experiencia. Parte de la concepción de que el sujeto es el informante privilegiado del hecho psicológico que le marca. Y por ello su discurso, sus palabras se toman precisamente como objeto de estudio fundamental. Pero sin olvidar el rigor metodológico necesario en toda investigación psicológica a través de la comparación exhaustiva de las categorías que emergen de las narrativas. Este estudio pretende por tanto tomar el discurso de los propios protagonistas del acoso escolar y ponerlo en primer plano de estudio. 2. OBJETIVOS E HIPÓTESIS Se han tenido en cuenta estas dos variables (género y respuestas personales) en el diseño y se pretende estudiar su interacción con los factores de personalidad. El objetivo principal de este estudio es comprobar cuáles son las interacciones entre factores de género y diversas manifestaciones de la conducta violenta en adolescentes. Partimos del supuesto de que el género va a influir en las manifestaciones de la conducta violenta. Operativamente planteamos tres hipótesis: 1. Los varones tenderán a ejercer un patrón de violencia más extremo (uso de armas, violencia física). 2. Cuando las mujeres presenten conductas violentas éstas serán más de tipo verbal o relacional. 3. Es posible encontrar correlatos de la conducta violenta en varios niveles de consolidación del sistema de la personalidad (por ejemplo, empatía e impulsividad, así como en las formulaciones narrativas de chicos y chicas), lo que implica que hay concordancias entre los tres dominios de la personalidad. 3. MÉTODO Participantes La muestra general está compuesta por 295 estudiantes de los cuatro cursos de Enseñanza Secundaria Obligatoria, procedentes de tres Institutos de una zona periférica de Jerez de la Frontera (Cádiz). El 44% son varones y el 56% mujeres. La edad media es de14,29 años (Sd = 1,45), con un rango comprendido entre los 12 y los 19. No obstante, hay que mencionar que para el segundo estudio, dedicado a la elaboración de una Teoría Fundamentada, sólo se tiene en cuenta 89 de estos 295 estudiantes, que son los que muestran valores más extremos en conducta antisocial. Esta submuestra para el segundo estudio está compuesta por 47 mujeres y 42 varones. 899
Instrumentos y medidas Se utilizan dos clases de instrumentos. Primero un cuestionario desarrollado ad hoc que valora la autopercepción del comportamiento de los sujetos ante situaciones de agresión. A partir de éste se definen hasta seis tipos de agrupación relacionados con la violencia y que son considerados como factores fijos en los análisis posteriores. Tres de ellos se refieren a la actuación del sujeto: -Rol ante el acoso, que define el papel auto-atribuido ante el mismo (niveles: víctima, observador, agresor, agresor-víctima). -Tipología de la violencia, que describe la clase de conducta violenta que suele desplegar el sujeto (niveles: no violento, baja frecuencia de la violencia verbal, frecuencia media de violencia verbal, baja frecuencia de violencia física, frecuencia media-alta de violencia física y uso de armas). -Actuación como observador, que define el comportamiento ante las agresiones de otros (niveles: cómplice del agresor, indiferente, solidario con la víctima). Otros tres tipos de ítems que determinan posteriormente factores de análisis preguntan por la opinión que se tiene de: las peleas, las víctimas y los acosadores. En segundo lugar, se utilizan escalas psicométricas que evalúan distintas dimensiones conductuales o de personalidad. Por un lado, dos medidas de la conducta antisocial: la primera evalúa el grado de cumplimiento de normas de comportamiento general y de la vida pública (subescala A de Conducta Antisocial del Cuestionario A-D de conductas antisociales-delictivas –AD-; Seisdedos, 1998); y la segunda es un instrumento que evalúa los componentes afectivos y de agresividad de la conducta antisocial y que estudia ésta desde una perspectiva inter-relacional (Cuestionario de Conducta Antisocial, CCA; González y Martorell, 1992). Está compuesto por tres subescalas, Aislamiento (CCA-AI), Agresividad (CCA-AG) y Retraimiento-Ansiedad (CCA-RA). Por otro lado, está comprobado que los comportamientos prosociales constituyen un complejo psicológico diferente de los antisociales y no son, meramente, polos opuestos de una misma dimensión. Por ello, evaluamos también la conducta prosocial a través del Prosocial Behavior Scale (CP, Caprara y Pastorelli, 1993). Por último, se evalúan dos dimensiones de personalidad que se ubican en diferentes niveles de consolidación de la misma. Una, la impulsividad, que se sitúa en el nivel de rasgos y dimensiones biológicas y que se mide operativamente a través de la Escala de Impulsividad de Barratt (BIS, Oquendo y cols., 2001). Además de ofrecer una medida global de la impulsividad, mide los componentes de Impulsividad Cognitiva (BIS-C), Impulsividad Motora (BIS-M), e Impulsividad No Planificada (BIS-NP). El nivel de personalidad de adaptaciones características se mide mediante el estudio de la empatía, que operativamente se concreta en el uso del Interpersonal Reactivity Index (IRI, Mestre, Frías y Samper, 2004) que evalúa la disposición empática. Este instrumento ofrece cinco medidas: una puntuación general y cuatro factores, dos cognitivos, Toma de Perspectiva (IRI-PT) y Fantasía (IRI-FS); y dos emocionales, Preocupación Empática (IRI-EC) y Malestar Personal (IRI-PD). Se puede consultar una descripción más pormenorizada del cuestionario y de las escalas psicométricas en Orellana-Ramírez y Garcia-Martínez (2007). 900
Procedimiento La aplicación de los instrumentos se desarrolla durante el horario de tutorías de forma colectiva. Los sujetos participan de forma voluntaria en el estudio y cuentan tanto con autorización parental como propia para participar. Aunque la administración es anónima se utiliza un sistema de claves que permite saber qué conjunto de instrumentos contesta una determinada persona, pero no la identidad de ésta. En cuanto al diseño estadístico utilizado, se realizan seis Manovas intersujetos con dos factores como componentes principales. El género actúa como factor fijo en todos ellos y el segundo factor varia para cada uno de los análisis y es uno de los seis componentes de clasificación de la conducta violenta extraídos del cuestionario. El tipo de efecto de los componentes principales se calcula según el valor de la traza de Pillai. Las variables dependientes son siempre todas las medidas psicométricas (CA, CP, CCA, BIS e IRI con sus correspondientes subescalas). No obstante, se excluyen de los análisis aquellas que no muestran una distribución normal de las varianzas de los grupos. La decisión acerca de la normalidad de la varianza se adopta según un criterio combinado. Por un lado, se aplica el estadístico de Levene; por otro, se obtienen representaciones gráficas de la distribución de las medias de los grupos. Excluimos del análisis una variable dependiente únicamente si ambos indicadores concuerdan en la falta de homogeneidad de sus varianzas. Las exclusiones realizadas son las siguientes: CCA-AG, CCA-RA y BIS-NP. La prueba de contraste entre niveles elegida es el contraste simple, siendo siempre la categoría de referencia la superior. Los análisis se realizan con el paquete estadístico SPSS 14.0. Como hemos comentado, en la primera fase del estudio los análisis estadísticos se aplican a la totalidad de la muestra (295 estudiantes). Sin embargo, para el estudio posterior de naturaleza cualitativa se escogen a los 89 sujetos (47 mujeres y 42 varones) que presentan valores de conducta antisocial (Seisdedos, 1998) extremos y prototípicos según el rol ante el acoso que manifiestan, a saber: - 21 sujetos víctimas sin conducta antisocial (13 mujeres y 8 varones), - 21 sujetos agresores con conducta antisocial extrema -superior al percentil 75- (9 mujeres y 12 varones) - 21 sujetos observadores con conducta antisocial (9 mujeres y 12 varones) y 18 sujetos observadores sin conducta antisocial (13 mujeres y 5 varones), -Finalmente los 8 sujetos agresores-víctimas que responden a todas las preguntas abiertas1 (3 mujeres y 5 varones). Esta segunda fase del estudio pretende construir un esbozo de Teoría Fundamentada (Glaser y Strauss, 1967) a partir de las narrativas de los sujetos, concretamente breves textos escritos de una media aproximada de 10 líneas. Esta selección de una submuestra más representativa de los sujetos responde a la necesidad de acotar los textos disponibles para el análisis, en aras de potenciar la claridad de los resultados. 1Esta submuestra de agresores-víctimas no se distingue por sus niveles en conducta antisocial porque tiene un tamaño muestral demasiado pequeño y se opta por seleccionar todos los sujetos del rol que reúnen las condiciones (tener todas las preguntas abiertas contestadas). 901
Se siguió una versión modificada del procedimiento habitual de Teoría Fundamentada (Orellana-Ramírez, 2008). Concretamente se modifica la recogida de datos en los siguientes aspectos: •Petición a los sujetos de textos breves en vez de entrevistas en profundidad que es lo que tradicionalmente se realiza para la recogida de información. •Esto lleva a una recogida de información estática, cerrada y a priori (en vez de ser un proceso dinámico, abierto y en espiral como sería si se realizaran entrevistas). No obstante se mantiene el uso de la Teoría Fundamentada como método de análisis a través del uso del método comparativo constante (interrelación entre la recogida de datos y su análisis), que implica un análisis microscópico de los datos (Strauss y Corbin, 1998) para localizar concepciones que pueden ser susceptibles de ser categorizadas y ordenadas en un sistema cada vez más jerárquico de ideas del texto. Para cada categoría o significado que emerge (independientemente del sujeto en el que haya emergido) se busca su presencia o ausencia en el texto de cada sujeto (hasta completar la comparación con los 89). De forma que si aparece en el texto de un sujeto, independientemente del números de veces que éste lo refiera, la categoría puntúa una sola vez para ese sujeto. Para una mayor profundización en las categorías emergidas y su definición puede consultarse a Orellana-Ramírez (2008). 4. RESULTADOS Manova Género x Rol ante el acoso (2x4) En el análisis de contrastes multivariados para este diseño se obtienen efectos significativos para el factor principal género (Traza de Pillai = .088; F = 1.891, P = .036, Eta2 parcial = .088) y para el factor principal rol (Traza de Pillai = .403; F = 3.048, P = .000, Eta2 parcial = .134), quedando la interacción de los factores por encima del nivel mínimo de P < .05. Fuente V D2 F Significación Eta2 parcial GÉNERO BIS-C 4,066 ,045 ,016 CP 6,880 ,009 ,027 ROL AD 20,249 ,000 ,199 CCA 3,878 ,010 ,045 BIS 5,865 ,001 ,067 BIS-M 3,932 ,009 ,046 IRI 4,013 ,008 ,047 IRIPT 5,053 ,002 ,058 IRIEC 5,554 ,001 ,064 Tabla 1. Efectos intersujetos para factores significativos Género x Rol ante el acoso En la tabla 1 se muestran las variables dependientes que obtienen valores significativos para las pruebas de efectos intersujetos en el factor género3; que se alcanza en 2Variables dependientes 902
impulsividad cognitiva (BIS-C) y conducta prosocial (CP). En rol ante el acoso se alcanzan en las dos pruebas que valoran conducta antisocial (AD y CCA), en Impulsividad general y motora y en empatía general y sus componentes de toma de perspectiva y preocupación empáticos. Niveles VD Género AD CCA CCAAI BIS BIS BISMIRI IRIPT IRIEC CP Mujer - Varón - 1,304 -,066 -2,331 3,306 2,126 2,280 1,319 ,491 ,153 2,254 P,199 ,982 ,112 ,251 ,045 ,130 ,632 ,624 ,884 ,009 Rol Víctima - Observador - 2,121 2,444 1,834 - 4,044 -,533 - 1,313 2,843 1,843 2,175 ,425 P,002 ,199 ,060 ,035 ,445 ,188 ,120 ,006 ,002 ,456 Agresor - Observador 5,382 1,821 ,078 6,458 1,989 ,876 -4,206 - 1,161 -,882 -,822 P,000 ,466 ,952 ,011 ,031 ,504 ,080 ,185 ,336 ,274 Agresor/víctima - Observador 3,312 16,266 5,100 9,279 ,888 7,651 - 10,570 - 3,019 -3,296 -,655 P,062 ,001 ,047 ,065 ,629 ,004 ,028 ,085 ,073 ,662 Tabla 2. Contraste simples género x rol ante el acoso Los contrates simples demuestran (tabla 2) que las mujeres son más impulsivas cognitivamente que los varones pero presentan más conducta prosocial. En cuanto al rol ante el acoso hay diferencias claras entre los cuatro niveles: en AD las víctimas son menos antisociales que los observadores y éstos lo son menos que los agresores. La falta de significación del contraste entre observadores y el grupo de agresores-víctimas se debe, probablemente, al escaso número de éstos. No obstante, la prueba CCA indica que estos son más antisociales que los observadores y están más aislados (CCA-AI). La impulsividad general indica que los observadores son más impulsivos que las víctimas pero menos que los agresores (esto último también respecto a la impulsividad cognitiva) y que los agresores-víctimas en impulsividad motora. En cuanto a las variables de empatía, las víctimas obtienen valores mayores que los observadores en toma de perspectiva y en preocupación empática; y los observadores se muestran más empáticos que los agresores-víctimas. Manova Género x Tipología de la Violencia (2x6) En este diseño se encuentran efectos significativos en los contrastes multiviariados para los dos factores fijos, género (Traza de Pillai = .116, F = 2.532, P = .004, Eta2 parcial = .116) y tipología de la violencia (Traza de Pillai = .472, F = 2.043, P = .000, Eta2 parcial =.094). Ninguna interacción los consigue. 3 Por razones de espacio, sólo se incluyen en las tablas las variables que alcanzan efectos significativos con una probabilidad al menos menor que P <.05. 903
Fuente V D F P Eta2 parcial GÉNERO CCA-AI 5,051 ,026 ,020 BIS 8,436 ,004 ,034 BIS-C 4,223 ,041 ,017 BIS-M 4,783 ,030 ,019 IRI 5,319 ,022 ,022 IRIEC 4,624 ,033 ,019 TIPOVIOLENCIA AD 12,805 ,000 ,209 CCA 3,298 ,007 ,064 BIS 7,432 ,000 ,133 BIS-C 2,693 ,022 ,053 BIS-M 4,611 ,000 ,087 Tabla 3. Efectos intersujetos para factores significativos género x tipo violencia Niveles VD Género AD CCA CCAAI BIS BISC BISMIRI IRIEC IRIPD CP Mujer - Varón -,099 -1,693 - 2,499 5,973 1,602 2,378 4,725 1,708 1,323 1,184 P ,897 ,429 ,026 ,004 ,041 ,030 ,022 ,033 ,080 ,058 Tipo de violencia No violentos - Armas - 10,667 - 10,100 - 3,033 - 12,833 - 2,367 - 4,000 9,267 ,900 2,800 3,300 P ,000 ,041 ,237 ,007 ,188 ,111 ,050 ,623 ,107 ,022 Baja violencia verbal - Armas -9,191 -3,600 -,045 -6,673 - 1,709 -,164 11,855 2,727 3,245 2,691 P ,000 ,434 ,985 ,132 ,309 ,944 ,008 ,111 ,046 ,045 Media violencia verbalArmas -6,267 2,567 1,833 -6,900 ,033 1,200 3,733 -1,167 1,867 5,433 P ,028 ,747 ,657 ,367 ,991 ,766 ,624 ,692 ,504 ,019 Baja violencia física - Armas -7,267 -2,910 -,929 -2,971 ,676 ,129 5,376 -,238 1,724 3,695 P ,000 ,493 ,674 ,467 ,662 ,952 ,187 ,880 ,249 ,003 Media alta violencia física - Armas -5,835 -1,335 - 1,441 1,865 1,347 1,082 8,753 ,382 2,847 2,982 P ,001 ,781 ,564 ,687 ,442 ,658 ,058 ,830 ,093 ,033 Tabla 4. Matriz K de contrastes simples para género y tipo de violencia En el factor género (tabla 3) se encuentran diferencias significativas en relación con el aislamiento (CCA-AI), todos los componentes de impulsividad (BIS, BIS-C y BIS-M) y 904
algunos aspectos de empatía (IRI e IRI-EC). El tipo de violencia también presenta diferencias significativas en todos los elementos de conducta antisocial e impulsividad. Los contrastes simples en género (tabla 4) indican que las mujeres son más impulsivas en todos los aspectos, aunque también son más empáticas en general, tienen más preocupación empática y están menos asiladas. En cuanto al factor Tipo de violencia, la prueba AD muestra efectos significativos en todos los grupos, mostrando más conducta antisocial según aumenta la violencia (Tabla 4). También la conducta prosocial muestra efectos significativos en todos los grupos y en todas las comparaciones siempre muestran más prosocialidad el grupo menos violento de comparación, indicando una diferencia generalizada entre los sujetos que usan armas y el resto de los niveles. Manova Género x Opinión sobre las peleas (2x5) En este diseño se encuentran efectos significativos en los contrastes multiviariados para los factores fijos género (Traza de Pillai = ,176, F = 4,190(a), P = ,000, Eta2 parcial = ,176) y opinión sobre las peleas (Traza de Pillai = ,395, F = 2,179, P = ,000, Eta2 parcial = ,099). Fuente VD F P Eta2 parcial Género CCA-A 9,984 ,002 ,039 BIS 6,635 ,011 ,026 BIS-C 7,404 ,007 ,029 BIS-M 5,107 ,025 ,020 IRI 9,760 ,002 ,038 IRI-FS 6,049 ,015 ,024 IRI-EC 5,233 ,023 ,021 IR-IPD 6,557 ,011 ,026 CP 14,563 ,000 ,056 Opinión sobre las peleas AD 15,364 ,000 ,199 BIS 7,931 ,000 ,114 BIS-C 5,417 ,000 ,081 IRI 2,764 ,028 ,043 IRI-PT 4,905 ,001 ,074 IRI-EC 3,091 ,017 ,048 Género * Opinión sobre las Peleas CP 2,632 ,035 ,041 Tabla 5. Efectos intersujetos Género x Opinión peleas El análisis de efectos intersujetos (tabla 5) muestra que el factor género influye en los resultados de CCA-AI, todos los elementos de impulsividad, todos los elementos de empatía menos toma de perspectiva y CP. Opinión sobre las peleas arroja diferencias significativas en AD, BIS, BIS-C, IRI, IRI-PT, IRI-EC. Y también se registran efectos significativos en la interacción entre género y opinión de las peleas en conducta prosocial. 905
Media Intervalo de confianza al 95%. Opinión sobre los/as agresores/as Variable dependiente Género Límite inferior Límite inferior Límite superior AD M 6,529 4,312 8,747 V 3,440 1,612 5,268 CCA-AI M 20,941 17,958 23,924 V 24,320 21,860 26,780 BIS M 54,765 48,920 60,609 V 45,560 40,741 50,379 BIS-M M 21,059 18,081 24,036 V 13,920 11,465 16,375 CP M 25,353 23,653 27,052 Delincuentes V 23,360 21,959 24,761 AD M 3,184 2,260 4,107 V 5,650 4,470 6,830 CCA M 62,092 59,658 64,526 V 65,400 62,289 68,511 CCA-AI M 22,163 20,921 23,406 V 24,450 22,862 26,038 IRI M 88,337 86,015 90,658 V 81,267 78,300 84,233 IRIPT M 22,490 21,641 23,339 V 21,400 20,315 22,485 IRIFS M 21,643 20,684 22,602 V 18,900 17,675 20,125 IRIEC M 24,582 23,678 25,485 V 22,817 21,662 23,972 IRIPD M 19,622 18,774 20,471 V 18,150 17,066 19,234 CP M 24,867 24,159 25,575 Mal intencionados V 22,800 21,895 23,705 CCA-AI M 22,167 19,267 25,066 V 26,167 22,616 29,717 BIS M 54,944 49,265 60,624 V 46,833 39,877 53,789 IRI M 88,500 83,084 93,916 V 82,333 75,700 88,967 IRIPT M 22,556 20,575 24,536 V 21,333 18,908 23,759 IRIEC M 24,833 22,725 26,942 No conocen otra solución V 22,083 19,501 24,666 912
AD M 2,875 -,357 6,107 V 8,500 2,036 14,964 CCA M 71,250 62,731 79,769 V 61,500 44,462 78,538 BIS-M M 14,000 9,660 18,340 V 20,000 11,320 28,680 IRIPT M 22,875 19,905 25,845 V 18,000 12,059 23,941 IRIFS M 17,875 14,519 21,231 V 24,500 17,788 31,212 IRIPD M 19,000 16,032 21,968 Medio para lograr objetivos V 16,000 10,063 21,937 CP M 25,286 22,637 27,934Logran respeto V 20,800 18,584 23,016 Tabla 12. Comparación de medias de Género x Opinión sobre los/as agresores/as Si observamos la interacción género x opinión sobre los/as agresores/as, a través de la comparación de sus medias (Tabla 12) se distinguen las diferencias de género en sujetos con la misma opinión sobre los/as agresores/as. De nuevo, sólo los sujetos con opiniones radicalmente a favor de los agresores ("son personas que se hacen respetar") muestran una sola diferencia de género asociada a la conducta prosocial: contrario a la tendencia general, los varones son más prosociales que las mujeres. El resto de sujetos con opiniones menos favorables presentan mayores diferencias según el género. Comenzando por el principio de la tabla se observa que las mujeres que consideran que los/as agresores/as son delincuentes se diferencian de los varones de la misma opinión en que éstas son más antisociales (AD) e impulsivas (BIS y BIS-M), pero menos aisladas y más prosociales. Las mujeres que consideran que los/as agresores/as son personas con malas intenciones y que disfrutan metiéndose con otros muestran las mayores diferencias con sus compañeros de opinión: ellas son menos antisociales (AD, CCA y CCA-AI) y más empáticas (en todos los sentidos) y prosociales. Las mujeres que tienen mejores opiniones de los/as agresores/as (o bien consideran que no conocen otra solución o bien que les sirve de medio para lograr objetivos) presentan diferencias según el género más erráticas; de forma que son sólo los varones de estas opiniones los que se demarcan en general con menor empatía. Esbozo de Teoría Fundamentada En la gráfica 1 siguiente se puede observar la distribución según género de las categorías encontradas en la pregunta sobre las víctimas. En concreto se recogen categorías que reflejan soluciones posibles de la víctima (que pueden entenderse como estrategias de resolución de conflictos desde la perspectiva personal). En general, los 913
17% 36% 40% 13% 10% 28% 7% 19% 14% 6% 7% 19% 2% 13% 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% Denunciar Agresión Física Hablar con el Agresor/a Pasar Escapar o Huir Otras (Inhibición) Acción de Terceros Hom br e s Mujeres 50% 49% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% Hombres Mujeres hombres mencionan más como solución posible la agresión física (lo nombra el 40% de los varones) y escapar o huir (pero esto sólo lo mencionan el 14% de ellos). Dos aspectos en absoluto mencionados como principales por las mujeres. Ellas en su mayoría (36%) mencionan la respuesta de denunciar como la más apropiada, seguida por una respuesta que puede considerarse mucho más activa: hablar con el agresor/a (28%). Y son ellas también las que dan un repertorio más variado de respuestas posibles de las víctimas respecto a los varones (que mencionan menos que ellas el resto de categorías). Gráfica 1. Porcentaje de categorías mencionadas en la pregunta sobre el rol de víctima según el género. En la gráfica 2 se encuentra uno de los datos emergidos en la pregunta sobre el rol de agresor/a. Concretamente se reflejan los porcentajes de mención a la agresión física o carga hostil de la narrativa según el género (bastante similares). Estos datos no indican que tanto la mitad de hombres como de mujeres apliquen la agresión física, sino que la mencionan en sus respuestas, ya sea en su referencia al comportamiento propio o ajeno. Gráfica 2. Porcentaje de agresión física mencionada en las respuestas a la pregunta sobre el rol de agresor/a según el género. También es posible categorizar las respuestas de los sujetos a esta pregunta sobre el rol de agresor/a según la naturaleza proactiva o reactiva (Dodge y Coie, 1987) de la agresividad física mencionada (propia o ajena). Según la Tabla 13 casi un tercio de los 914
hombres y de las mujeres mencionan a un/a agresor/a físico/a activo/a (AFA) y un porcentaje parecido mencionan a un/a agresor/a físico/a reactivo/a (AFR). Aunque no se aplican pruebas de significación para estas frecuencias es pertinente observar que los varones mencionan un 2% más la agresión física reactiva (la que se ejerce como autodefensa en respuesta a una agresión de otro/a). Las mujeres sin embargo, según el porcentaje resultante de restar ambos datos, parecen otorgar más la agresión física a alguien que agrede gratuitamente (y no tanto como defensa). HOMBRES MUJERES AGRESOR/A FÍSICO/A ACTIVO/A (AFA) 29% 30% AGRESOR/A FÍSICO/A REACTIVO/A (AFR) 31% 26% AFA - AFR -2% +4% Tabla 13. Tipos de agresores/as mencionados/as según el género. HOMBRES MUJERES RESPUESTAS PROSOCIALES (RP) 48% 66% RESPUESTAS ANTISOCIALES (RA) 22% 16% RP - RA +26% +47% Tabla 14. Tipos de respuesta mencionadas como observador/a según el género. También se analizan las respuestas de los sujetos a la pregunta sobre el rol de observador/a (Tabla 14). Todos los sujetos tienden a reflejar lo que ellos y ellas harían ante la situación de acoso de un/a compañero/a. Se observa que las mujeres frente a los chicos destacan en manifestar respuestas prosociales (66% separaría, mediaría o avisaría a alguien para separar) frente a otros tipos de respuestas no prosociales (quedarse mirando, animar la pelea, grabarla, participar agresivamente en ella -aunque sea para apoyar a uno de los bandos-, etc.). 5. DISCUSIÓN Los datos reflejan una gran coherencia entre las medidas estandarizadas y lo obtenido a partir de la mera observación del discurso de los sujetos. Los criterios utilizados para identificar el perfil y que se han utilizado como factores fijos resultan adecuados, ya que todos muestran diferencias relevantes al menos en conducta 915
antisocial, prosocial, empatía e impulsividad, a pesar del bajo valor del tamaño de los efectos encontrados. Esto supone, por un lado, que probablemente hay otros factores que contribuyen a determinar la expresión de las variables dependientes utilizadas (educativos, familiares); por otro, que la información que los chicos y chicas dan acerca de cómo se sitúan en procesos de acoso escolar es relevante para entender su conducta final y se relaciona con variables de personalidad útiles para explicar los fenómenos de violencia escolar. Lo que lleva a pensar que si partimos del marco comprensivo que brinda el análisis de Teoría Fundamentada, podemos entender y analizar de un modo mucho más claro las implicaciones de los resultados cuantitativos que aquí se presentan. Si se repasan nuestras hipótesis, se asume que van a aparecer diferencias relacionadas con el género (hipótesis 1 y 2) y relaciones lógicas entre los distintos niveles de la personalidad operativizado en las distintas medidas usadas (hipótesis 3). Respecto a las hipótesis 1 y 2, relacionadas con las diferencias de género, se encuentran datos que las avalan. En general los resultados confirman los obtenidos por otros autores: las mujeres son más pro-sociales y empáticas. La hipótesis 1 (los varones presentan patrones de violencia más extremos) se confirma que los chicos presentan en general mayor conducta antisocial, lo que también se observa a nivel identitario en el estudio de Teoría Fundamentada, ya que se sugiere que son los hombres los que más justifican la violencia al mencionar más frecuentemente la agresión física como una respuesta posible para la auto-defensa. Aunque quizás el matiz no sea tanto la conducta antisocial en sí como un patrón de conducta y personalidad claramente diferente a las chicas donde los varones se ven más aislados de los demás y son menos empáticos. Esto refleja un patrón estereotípico de género: el varón debe resolver sus problemas sin ayuda o, simplemente, no debe relacionarse con los demás. En cualquiera de estos casos, dado que su orientación es menos relacional, le costará más compartir y comprender el punto de vista del otro (menor empatía) y, por otro lado, un mayor grado de aislamiento puede producir una mayor separación respecto a los otros, lo que contribuirá a que construya peor la visión del mundo de los demás (Viney y Henry, 2002). Por otro lado, las chicas parecen ser más prosociales, lo que confirmaría el patrón estereotípico en las dos direcciones. No podemos saber el grado en que los aspectos biológicos y los sociales explican esta diferencia de género, pero cuadra con los resultados generales que apuntan a una diferente socialización (Andreu, Peña y Martín, 1999). Se ha visto de hecho, que en muchos casos (especialmente comparaciones de medias) las mujeres eran más impulsivas que los varones, quizás reflejo de la mayor flexibilidad que estereotípicamente se les permite a las mujeres en la expresión de sus emociones. Aunque no hay que olvidar que es una medida asociada al nivel de rasgos. Respecto al tipo de violencia, aquellos sujetos que exhiben un patrón violento más intenso, se diferencian significativamente de los demás en la intensidad de la conducta antisocial que desarrollan. Este resultado era esperado y confirma que las formas más extremas de violencia se ligan con mayores desórdenes conductuales y con una mayor naturalización de la violencia (Andrés Pueyo y Redondo, 2007). Respecto a la empatía los componentes que resultan más adecuados para discriminar entre diferentes formas de violencia son preocupación empática y toma de perspectiva. Para la impulsividad, los motores y cognitivos. Estos resultados indican, en la línea de 916
estudios anteriores, que hay diferencias en la conducta violenta entre chicos y chicas, y que empatía e impulsividad son dos factores de personalidad que desde distintos ámbitos de la misma (McAdams y Pals, 2006) diferencian el comportamiento agresivo de ambos géneros, por lo que la hipótesis 4 (tanto las variables de tipo básico como las adaptativas explican el acoso escolar) queda confirmada. Resultados similares en la línea de impulsividad-control son encontrados por Carrasco y del Barrio (2007) utilizando los cinco grandes factores de personalidad como variables dependientes. No obstante, sería necesario ampliar el estudio cualitativo con metodologías más estandarizadas y con muestras más extensas que los simples textos cortos escritos. Los autores creemos necesario mayores esfuerzos por estudiar el fenómeno del acoso escolar desde un marco comprensivo que nos permita aprehender la gran cantidad de información que desde perspectivas metodológicas cuantitativas ya se realizan. Pero sin olvidar e integrar las ricas aportaciones que pueden ofrecer otras perspectivas (especialmente la del sujeto protagonista de la problemática objeto de estudio) y otras metodologías científicas cualitativas, especialmente de cara a apoyar una intervención de calidad. 6. REFERENCIAS Andrés Pueyo, A. y Redondo, S. (2007). Predicción de la violencia: entre la peligrosidad y la valoración del riesgo en violencia. Papeles del Psicólogo, 28 (3), 157.173. Andreu, J. M., Peña, M. E. y Martín, J. (1999). Diferenciación sexual en el grado de justificación de la agresión. Boletín de Psicología, 64, 45-56. Binglan, A; Brennan, P. A.; Foster, S. L. y Holder, H. D. (2004). Helping Adolescents at Risk: Prevention of Multiple Problem Behavior. Nueva York: Guilford Press. Caprara, G. V. y Pastorelli, C. (1993). Early emotional instability, prosocial behavior, and aggression: some methodological aspects. European Journal of Personality, 7, 19-36. Carrasco, M. A. y del Barrio, M. V. (2007). El modelo de los cinco grandes como predictor de la conducta agresiva en población infanto-juvenil. Revista de Psicopatología y psicología Clínica, 12, 23-32. Cerezo, F. (2001). Variables de personalidad asociadas a la dinámica bullying (agresores vs. víctimas) en niños y niñas de 10-12 años. Anales de Psicología, 17 (1), 37-43. Connor, D. F. (2002). Aggression and Antisocial Behavior in Children and Adolescent. Research ant Treatment. Nueva York: Guilford Press. Defensor del Pueblo (2009). Centros de protección de menores con trastornos de conducta y en situación de dificultad social. Madrid: Publicaciones Oficina del Defensor del Pueblo. Defensor del Pueblo-UNICEF (2006). Violencia escolar: el maltrato entre iguales en la educación secundaría obligatoria. 1999-2006. Madrid: Publicaciones Oficina del Defensor del Pueblo. Dodge, K.A. y Coie, J.D. (1987). Social-information-processing factors in reactive and proactive aggression in children's peer groups. Journal Personality Social Psycholy, 53:1146-1158. González, B. R. y Martorell, C. (1992). Cuestionarios de conducta prosocial y antisocial. Manual no publicado: Universidad de Valencia. 917
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