Lope de Vega contra los leguleyos: el soneto epitafio a don Francisco de la Cueva (1628) y su contexto
Abstract
Este trabajo examina un soneto de Lope de Vega que encontramos en el Códice Durán, el Epistolario y el Laurel de Apolo en su contexto, justificando las referencias de Lope al jurista Francisco de la Cueva en el ambiente de las polémicas literarias del momento
Full text
Este trabajo examina un soneto de Lope de Vega que encontramos en el Códice Durán, el Epistolario y el Laurel de Apolo en su contexto, justificando las referencias de Lope al jurista Francisco de la Cueva en el ambiente de las polémicas literarias del momento. Palabras clave: Lope de Vega, Francisco de la Cueva, poesía funeral, polémicas literarias. This article examines the background of a sonnet by Lope de Vega that appears in the Códice Durán, the Epistolary, and the Laurel de Apolo. In particular, we explain Lope’s references to the jurist Francisco de la Cueva in the context of the literary controversies of the time. Keywords: Lope de Vega, Francisco de la Cueva, funeral poetry, literary controversies.
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31 n un género tan codificado como la poesía funeral conviene manejar los tópicos tradicionales para analizar sin prejuicios los sonetos funerales de Lope, y concretamente sus epitafios, por ser un marco en el que tanta importancia cobran la retórica y el molde de la tradición previa. El soneto que va a centrar el análisis de este artículo, el que Lope dedicó a la muerte de Francisco de la Cueva en 1628 —Códice Durán 1 , Epistolario 2 , Laurel de Apolo 3 —, no recurre a la retórica biográfica y sincera que tan frecuente es en cierta poesía del Fénix, sino a otros mecanismos discursivos igualmente asentados. Pese a seguir en gran parte modelos previos para construir aspectos centrales de su estructura y tono 4 , este soneto presenta puntos de interés que nos servirán en este artículo para ilustrar dos mecanismos muy comunes en la poesía lopesca: en primer lugar, el soneto nos mostrará cómo el Fénix empleaba una misma composición en contextos diversos y respondiendo a propósitos diferentes; en segundo lugar, nuestro análisis del soneto indicará cómo Lope recurría a la poesía para formar alianzas que le sostuviesen en las diversas batallas que libraba en el campo literario del momento. Para dilucidar estas cuestiones examinaremos en primer lugar el estado de la cuestión acerca de la poesía funeral de Lope en general y de sus epitafios en particular, tras lo que explicaremos el contexto de la segunda aparición del soneto, el del Epistolario, que es paradójicamente el que más información nos aporta acerca de las circunstancias de su composición. Después de estudiar cómo el Fénix reutilizó el soneto en esta ocasión analizaremos el texto en detalle. Para ello examinaremos las leves variantes entre las diferentes versiones y especificaremos a qué tipo de epitafio pertenece, análisis que nos permitirá estudiar con mayor base el contexto del soneto: la relación de Lope con Francisco de la Cueva y Silva y el motivo por el que la alianza con este jurisconsulto le convenía al Fénix en esta etapa de su carrera. 1 Lope de , Códice Durán-Masaveu. Cuaderno autógrafo, ed. Víctor García de la Concha y Abraham Madroñal Durán, Madrid, Real Academia Española, 2011, p. 456. 2 Lope de , Epistolario de Lope de Vega Carpio, ed. de Agustín G. de Amezúa, Madrid, Real Academia Española, 1943, 4. vols., IV, p. 110. 3 Lope de , Laurel de Apolo, ed. Antonio Carreño, Madrid, Cátedra, 2007, silva III, vv. 383-396. Ya Otto Jörder advertía en qué lugares aparecía el texto del soneto (Otto, , Die Formen des Sonetts bei Lope de Vega, Halle, Max Niemeyer, 1936, p. 344). 4 Jacobo , «Reescritura de elogio, lamento y consuelo en los sonetos funerales de Lope, Góngora y Quevedo», Cuadernos de Aleph, 4, 2012, pp. 110-145, p. 127. Véase también al respecto el artículo de Jacobo Llamas Martínez en este mismo volumen de Atalanta. E
32 Los poemas funerales, y particularmente los epitafios, son una de las facetas de la lírica del Fénix más dejada de lado por la crítica. Como de costumbre, los estudiosos solo han prestado atención a aquellos textos que lamentan la muerte de algún personaje cercano emocionalmente a Lope, poemas en los que se supone que el estro del Fénix estaría especialmente inspirado. El ejemplo más elocuente de esta tendencia es el interés que ha merecido la canción «A la muerte de Carlos Félix» 5 , obra por cierto magnífica que han analizado, entre otros, José F. Montesinos 6 , Alda Croce 7 , sor M. Audrey Aaron 8 , Gonzalo Sobejano 9 , Yolanda Novo 10 o Antonio Sánchez Jiménez 11 . Es un elenco que contrasta con la relativa falta de estudios sobre otras elegías funerales del Fénix, como la también maravillosa «A la muerte del padre Gregorio de Valmaseda» 12 o, posteriormente, la elegía «En la muerte de Baltasar Elisio de Medinilla» 13 , el «Elogio en la muerte de Juan Blas de Castro» 14 , la «Elegía en la muerte del licenciado Jerónimo de Villaizán» 15 , la «Pira sacra» a la muerte de don Gonzalo Fernández de Córdoba 16 o la también «elegía funeral» 17 «Eliso», dedicada a fray Hortensio Félix Paravicino 18 . Dos 5 Lope de , Rimas sacras, eds. Antonio Carreño y Antonio Sánchez Jiménez, Madrid, Iberoamericana, 2006, núm. 145. 6 José F. , Estudios sobre Lope de Vega, México, Colegio de México, 1951, p. 192. 7 Alda , «La “Canción a la muerte de Carlos Félix” di Lope de Vega», en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, ed. S. Aguirre Torre, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1953, 4 vols., IV, pp. 391-404. 8 Sor M. Audrey , Cristo en la poesía lírica de Lope de Vega, Madrid, Cultura Hispánica, 1967, p. 193. 9 Gonzalo , «Argumentos del dolor: la canción “A la muerte de Carlos Félix”, de Lope de Vega», en Estudios de literatura española y francesa. Siglos XVI y XVII. Homenaje a Horts Baader, ed. Frauke Gebecke, Frankfurt, Vervuert, 1984, pp. 65-88. 10 Yolanda , Las Rimas sacras de Lope de Vega: disposición y sentido, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 1990, pp. 242-244; Yolanda , «La elegía poética en Lope», Edad de Oro, 14, 1995, pp. 223-34; Yolanda , «La elegía en el primer tercio del siglo XVII: en torno a Lope de Vega», en La Elegía. III Encuentro Internacional sobre Poesía del Siglo de Oro, ed. Begoña López Bueno, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1996, pp. 227-60. 11 Antonio , Lope pintado por sí mismo: mito e imagen del autor en la poesía de Lope de Vega Carpio, Londres, Tamesis, 2006, pp. 141 y 176. 12 Lope de , op. cit., 2006, núm. 149. 13 Lope de , La Filomena, en Lope de Vega. Poesía, IV, ed. Antonio Carreño, Madrid, Biblioteca Castro, 2003, pp. 1-350, pp. 292-299. 14 Lope de , Lope de Vega. Poesía, V, ed. Antonio Carreño, Madrid, Biblioteca Castro, 2004, pp. 861-866. 15 Ibíd., pp. 867-875. 16 Ibíd., pp. 876-892. 17 Juan Manuel , Lope de Vega y Felipe IV en el «ciclo de senectute», Cáceres, Universidad de Extremadura, 1982, pp. 26-27.
33 de estas elegías han merecido un agudo estudio introductorio de Felipe B. Pedraza Jiménez 19 , mientras que la que lloraba la muerte de don Diego de Toledo fue analizada por Joaquín de Entrambasaguas 20 . Pese a estos estudios la desigualdad es clara, y también sus razones: la crítica actual prefiere la lírica «íntima» de Lope, que considera más lograda, emocionante y, tal vez, sincera, que el resto de su poesía funeral. Esta preferencia tiene evidentes raíces románticas 21 que no conviene arrancar, sino más bien analizar. Cuando la crítica se inclina por estas poesías familiares y biográficas de Lope lo que hace es apreciar unos mecanismos estilísticos que el Fénix empleaba con suma destreza: la retórica de la simplicidad y la sinceridad y el uso de la biografía (real y supuesta) como recurso literario. Lope venía empleando estos procedimientos —por otra parte absolutamente literarios y clásicos— desde sus comienzos como poeta romanceril en los años 80 y los seguiría utilizando durante el resto de su carrera, hasta la parodia final que son las Rimas de Tomé de Burguillos 22 . Curiosamente, la crítica sigue percibiendo esta cuidada retórica de la biografía y de la sinceridad de Lope como un estilo natural e inspirado, como una especie de antirretórica, y contrapone obras como la canción a Carlos Félix con textos como la «Pira sacra», que abandona porque su estética parece artificiosa. Dentro de la poesía funeral de Lope en general, el soneto a Francisco de la Cueva se acerca mucho al subgénero del epitafio, que hasta ahora solo ha sido estudiado en sendos artículos de Elena del Río Parra 23 y Jacobo Llamas Martínez 24 . El de del Río Parra contrasta la afición de Lope al epitafio con su única referencia explícita al género, la brevísima del prólogo a las Rimas de 1609. Además, la autora los localiza a lo largo de la obra del Fénix: Es esta una forma que Lope cultiva durante toda su trayectoria poética: aunque la presencia de los epitafios es más patente en la edición de 1609 de las Rimas, por 18 Lope de , Lope de Vega. Poesía, VI, ed. Antonio Carreño, Madrid, Biblioteca Castro, 2005, pp. 802-816. 19 Lope de , Elegías y elogios de cortesanos, ed. Felipe B. Pedraza Jiménez, Madrid, Universidad de Castilla-La Mancha, 2010, pp. 30-42, sobre el «Elogio en la muerte de Juan Blas de Castro», y pp. 43-55, sobre la elegía a Jerónimo de Villaizán. 20 Joaquín de , «Elegía de Lope de Vega a la muerte de don Diego de Toledo», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, 1, 1933, pp. 5-77. 21 Antonio , op. cit., 2006, pp. 4-5 y 11-16. 22 Ibíd., pp. 182-236. 23 Elena del , «La presencia del epitafio en Lope de Vega», La Torre: Revista de la Universidad de Puerto Rico, 31, 2004, pp. 27-44. 24 Jacobo , art. cit.
34 encontrarse dispuestos en una colección, tropezamos con ellos en el Libro V de la Arcadia, en una Justa poética, en las Poesías varias de Santiago Palomares, en la edición de Os luisiadas comentada por Faria e Sousa, en La Circe y, finalmente, en las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, su último poemario 25 . Amén de proporcionarnos este útil catálogo, del Río Parra analiza las características generales de estos poemas lopescos y enfatiza la variedad de tono (serios y satíricos) y metros, explicando que El corpus de los epitafios de Lope es sintomático por varias razones. Si se aísla del resto de su producción poética, puede notarse cómo manifiesta rasgos que están presentes en toda su obra, tales como la afición por los géneros breves, por la disposición en «galería», por un cierto grado de polimetría, por la intención de elogio, y por la forma de burla o sátira, muy anterior a las Rimas humanas y divinas, generalmente caracterizadas como la cúspide de su ingenio 26 . De este corpus del Río Parra destaca entre los epitafios que le interesan (los de la serie de las Rimas) los dedicados a artistas, poetas, pintores y músicos, que podrían considerarse una categoría especial dentro del género. A ellos queremos añadir el que vamos a analizar en estas páginas, es decir, el que honra a Francisco de la Cueva. Este soneto no es uno de los textos que examina el otro artículo dedicado a la poesía funeral de Lope, el de Llamas Martínez, que sin embargo estudia en conjunto estos poemas de Lope llegando a útiles conclusiones generales. Por ejemplo, en cuanto a la estructura de estos textos, Llamas Martínez señala que los sonetos funerales de Lope tienden a situar en el primer cuarteto una digresión de carácter moral antes de las formas de elogio, lamento y consuelo, independientemente del tono, del marco general de la composición o del personaje 25 Elena del , art. cit., pp. 32-33. Cabe añadir a este elenco una serie de epitafios de la Arcadia, en el libro II (Lope de , Arcadia. Prosas y versos, ed. Antonio Sánchez Jiménez, Madrid, Cátedra, 2012, pp. 331-335), e incluso, tal vez, los dísticos en basas de estatuas del libro III (Íbíd., pp. 395-411), antecedente de la serie de las Rimas. Conviene asimismo mencionar el que Lope dedica a la sepultura de su hija, Teodora de Urbina, en las Rimas (Lope de , Rimas, ed. Felipe B. Pedraza Jiménez, Ciudad Real, Universidad de Castilla-La Mancha, 1993, 2 vols., I, pp. 572573, núm. CLXXVIII), que tal vez es el mejor epitafio que salió de su pluma. Habría también que recordar que la Corona trágica es una inmensa glosa a un epitafio, o al menos así lo entendió Lope (Lope de , Corona trágica, eds. Antonio Carreño Rodríguez y Antonio Carreño, Madrid, Cátedra, 2014, vv. 1221-1223). 26 Elena del , art. cit., p. 38.
35 elogiado. [. . .] A partir de este primer cuarteto es cuando Lope suele introducir el resto de elementos: el encomio antes de lamento y consuelo, si el soneto se dedica a un cortesano del que se pondera su fortaleza, o lamento y consuelo antes del elogio, si se dirige a una dama difunta 27 . Asimismo, Llamas Martínez parangona desfavorablemente estos sonetos con los de Góngora o Quevedo, en cuya comparación «su construcción resulta mucho más mecánica, por lo que elogio, lamento y consuelo fluyen de un modo bastante abrupto» 28 , lo que en su opinión impide que alcancen ni «la agudeza panegírica de Quevedo ni la densidad moral de Góngora» 29 . Como veremos al analizar el soneto a Francisco de la Cueva, tal análisis de la estructura de los sonetos epitafio de Lope es absolutamente certera, aunque reste matizar esa valoración y, sobre todo, examinar los motivos por los que Lope acudía a esta forma. Como hemos avanzado arriba, el soneto de Lope a Francisco de la Cueva aparece en el Códice Durán 30 , en el Laurel de Apolo 31 y, en el ínterin, y con leves variantes, en el epistolario del Fénix, y concretamente en una carta al duque de Sessa del 14 de febrero de 1628. La carta, que incluye dos sonetos («Seyano, a leves culpas, graves penas» y el que nos ocupa), tiene como propósito fundamental desenojar y entretener al duque, que se encontraba desterrado a sus posesiones y dolido de que Lope no le escribiera con la frecuencia que le habría gustado. Es lo que se traduce de ciertos comentarios del Fénix en el texto de la carta: «Estoy corrido de la reprensión de vuestra excelencia en materia de la escritura, y estuviéralo más si no lo hubiera yo remediado desde que vi que vuestra excelencia no me escribía» 32 . Siguen una serie de disculpas y encarecimientos del amor de Lope a su señor, y luego unos comentarios y noticias que nos hacen ver qué quería el 27 Jacobo , art. cit., p. 127. 28 Ibíd., p. 127. 29 Ibíd., p. 131. 30 Lope de , op. cit., 2011, p. 456. 31 Lope de , op. cit., 2007, silva III, vv. 383-396. 32 Lope de , op. cit., 1943, IV, p. 108. Modernizamos la ortografía de todas las citas del Epistolario y las puntuamos según nuestro criterio, incluyendo el soneto a Francisco de la Cueva. Asimismo desarrollamos las abreviaturas del original.
36 duque de su correspondencia con el poeta: una especie de intercambio literario y una fuente de información sobre las nuevas de la corte. En cuanto al primero, destaquemos que Lope abre la carta con el soneto sobre el caballo de Seyano («Seyano, aleves culpas, graves penas») y que luego contesta a «las mercedes y favores» que el duque le ha hecho «a mi librito, tan dignas de su gran entendimiento como indignas de mi rudeza e ignorancia» 33 , que debían de versar sobre la Corona trágica, «librito» que había salido en otoño de 1627 y que Lope debía de haberle enviado a su desterrado señor. Este intercambio literario con el gran Lope debía de halagar al duque, y además entretenerle, función que también cumplen las nuevas de la corte que el Fénix le proporciona. Así, Lope indica que el rey está en el Pardo, que el marqués de Espínola viene hacia la corte, que Pedro de Herrera, que venía a Madrid a tratar negocios relativos al Monferrato, murió súbitamente, etc 34 . Y en este contexto aparece la noticia de la muerte de Francisco de la Cueva y el soneto que nos ocupa: Faltó don Francisco de la Cueva así a las letras y a los consejos, insigne varón, por cierto, y digno de toda alabanza. Lea vuestra excelencia este soneto, que me le han agradecido, aunque a tanto varón se debían mayores elogios. Pero yo ofrecí esta memoria al templo de nuestra amistad, pagando con ella alguna pequeña parte del amor que le debía 35 . Este contexto es ya suficiente para poner de relieve la primera función del soneto en el Epistolario, que es la de aplacar y entretener al duque de Sessa con noticias de la corte y con una correspondencia literaria. Para lograrlo, Lope le envía dos sonetos, de los cuales al menos el que nos ocupa fue escrito para otra ocasión, pues lo encontramos en el Códice Durán y además el Fénix nos da pistas sobre su recepción en las líneas que acabamos de citar, según las que «me le han agradecido». Es decir, Lope debió de escribir el soneto para enviárselo a la familia o amigos del difunto, o tal vez a alguna corporación a la que perteneciera. Tras componerlo en el Durán y pasarlo a limpio, luego decidió copiárselo también al duque para entretener sus ocios en el exilio. Estamos, por tanto, ante un caso de lo que José María Ruano de la Haza llama simplemente «reutilización» en contextos dramáticos, y que define como «el 33 Ibíd., p. 108. 34 Ibíd., p. 109. 35 Ibíd., pp. 109-110.
37 aprovechamiento de una escena o pasaje textual en diferentes piezas teatrales» 36 . Por supuesto, el soneto a de la Cueva no es una escena ni un pasaje, sino una obra en sí, y Lope no lo reutiliza inserto en diversas obras mayores (con excepción del Laurel de Apolo), pero sí que lo emplea en al menos tres contextos diferentes, para destinatarios muy distintos y con funciones igualmente distintas: en el Códice Durán, en el Epistolario y en el Laurel de Apolo 37 . Esta reutilización y readaptación de motivos o versos previos es característica de la producción del Fénix y no se limita, como podemos comprobar, a su obra teatral. Mediante ese recurso, que hemos estudiado en otras ocasiones 38 , Lope exploraba formas que le interesaban, pero también se mantenía al día de sus obligaciones como escritor y de una demanda creciente. El caso del soneto a de la Cueva es el último que hemos citado: reutilizando un soneto funeral compuesto para otra ocasión, el Fénix trató de complacer al exigente duque de Sessa con noticias de la corte y un estímulo intelectual que el aristócrata echaba de menos en sus dominios. Esta es la primera función del soneto, aunque la segunda en orden cronológico. Y es que lo que vamos a analizar como segundo fin del poema es en realidad el principal, el objetivo para el que fue compuesto en el Códice Durán y para el que luego fue reutilizado en el Laurel de Apolo: para mostrarle a los enemigos del Fénix que de la Cueva era un aliado de Lope en sus contiendas literarias. Para hacer explícita esta función convendrá estudiar el soneto, pues el análisis del poema evidenciará si el soneto se acerca más a uno de los dos tipos de epitafios que distingue Antonio Carreño 39 en las Rimas: el epicedio («el canto cercano a la muerte del difunto») o las nenias («cantos fúnebres que pretenden ensalzar y recordar a la persona desaparecida, ya cercanos a la 36 José María , «Las dos versiones de El mayor monstruo del mundo, de Calderón», Criticón, 72, 1998, pp. 35-47, p. 36. 37 Lope de , op. cit., 2007, silva III, vv. 383-396. 38 Antonio , «La poética de la noche en siete sonetos apelativos de Lope de Vega (Rimas, La prueba de los amigos, La noche toledana, El mayor imposible): estudio de una fórmula literaria», eHumanista, 22, 2012, pp. 357-374; Antonio , «Otro soneto apelativo a la noche en Lope de Vega: El príncipe perfeto (c. 16121614)», eHumanista, 27, 2014, pp. 407-414. 39 Lope de , Rimas humanas y otros versos, ed. Antonio Carreño, Barcelona, Crítica, 1998, p. 347.
44 indica cuáles están del lado de los «llanos», en el que espera alistar al aristócrata: Grave socorro se hubiera tenido en vuestra excelencia, que el excelentísimo conde de Lemos estaba en Galicia y el duque de Taurisana en Italia, pero el doctísimo fray Ángel Manrique, el señor doctor Gregorio López Madera, del Consejo de Su Majestad, y don Francisco de la Cueva, jurisconsulto insigne, nos han dado su patrocinio, ya por escrito, ya por viva voz y autoridad irrefragable 72 . Fray Ángel Manrique fue un ilustre cisterciense, predicador célebre, que llegó a ser obispo de Badajoz (1645-1649) 73 , pero desconocemos el motivo concreto por el que Lope le alistó en su bando. En contraste, los otros dos personajes citados nos son ya conocidos: López Madera y de la Cueva, ambos jurisconsultos. La importancia de su oficio se pone de relieve en el texto que nos hemos saltado, pero que vamos a examinar ahora: la epístola primera «A don Francisco de la Cueva y Silva, insigne jurisconsulto» de La Filomena (1621). En medio de las citadas polémicas y en un volumen totalmente imbuido por ellas como La Filomena, Lope le dedica la primera de las diez epístolas del libro a de la Cueva. El motivo aparece muy rápidamente en el texto: tras una breve introducción encareciendo su amor por el destinatario, el Fénix explica que De hablaros esta vez tengo deseo de ciertos envidiosos, laberinto de donde sale la virtud Teseo 74 . Y es que la epístola es una sátira contra unos maldicientes cuya envidia enfatiza Lope casi obsesivamente en los versos siguientes (vv. 21, 25, 78 y 228) 75 . Esta sátira revela claramente qué le interesa a Lope de de la Cueva: contraponer este jurisconsulto y poeta a los leguleyos/poetastros que le acosan. Y es que, explica el Fénix de modo jocoso, los que le están atacando son letrados: 72 Lope de , op. cit., 1975, p. 195. 73 M. Patricio , «Fray Ángel Manrique, obispo de Badajoz y su famoso memorial (15771649)», Miscelánea Comillas, 21, 1963, pp. 299-355. 74 Lope de , op. cit., 2003, vv. 16-18. 75 Sobre Lope y la envidia, véase Portús Pérez (Javier , «Envidia y conciencia creativa en el Siglo de Oro», Anales de Historia del Arte, volumen extraordinario, 2008, pp. 135-149, p. 139) y Sánchez Jiménez (Antonio , El pincel y el Fénix: pintura y literatura en la obra de Lope de Vega Carpio, Madrid, Iberoamericana, 2011, pp. 283-284). Sobre la tradición humanista de autodefinirse como genio acosado por la envidia, véase Cast (David , The Calumny of Apelles. A Study in the Humanist Tradition, New Haven, Yale University Press, 1981, p. 8).
45 Hay en este lugar ciertas arpías de estas que estudian, ¡oh qué ciencia rara!, súmulas de Vilhán, noches y días 76 . Por supuesto, la referencia a las súmulas de Vilhán (‘la baraja’) es maliciosa, pues Lope encarece con ella la ignorancia de estos aficionados a la nueva poesía cultista que nadie comprende 77 , así como su malicia, pues todo el afán de estos leguleyos es fustigar a los demás: ¡Oh qué contentos infinitos viven de esto que llaman crítica censura!; ¡oh qué placer de criticar reciben! 78 . Tras despacharse a su gusto contra ellos durante varios tercetos, Lope explica lo que había avanzado con la alusión a las «súmulas de Vilhán», es decir, que estos envidiosos son concretamente juristas: Cuando yo veo un hombre licenciado, o sea doctor, picado de humanista, de lego en leyes le confirmo el grado. En siendo un escolar bufonicista, para sacarle solas cuatro leyes es menester llamar un exorcista. Jamás a los consejos de los reyes llegan estos bonetes poeticidas, y de los libros vuelven a los bueyes 79 . Claramente, el Fénix contrapone a estos ignorantes que no son ni buenos poetas ni buenos letrados con de la Cueva, pues estos «bonetes poeticidas» no llegan jamás al máximo grado que puede alcanzar un jurista, es decir, a sentarse en los «consejos de los reyes» como de la Cueva (o López Madera). Tras este contraste implícito, Lope se 76 Lope de , op. cit., 2003, vv. 28-30. 77 Ibíd., vv. 67-69. 78 Ibíd., vv. 70-72. 79 Ibíd., vv. 97-105.
46 dirige directamente a los letrados advirtiéndoles de que no se dediquen, como Torres Rámila, Suárez de Figueroa o Pérez de Amaya, a criticar a los poetas: Hombre que las estudias, no reincidas en ofender con detracción poetas, si, crítico, sus obras circuncidas; que aunque blasones por fingidas tretas de que las invectivas no te ofenden, muchas hacen efectos de cometas 80 . Tras ello, Lope presenta el contraste explícito con de la Cueva, que es modelo para Lope por su sabiduría, pero también por el aprecio con que se acerca a las obras de los poetas: ¡Oh vos, claro Francisco, a quien pretenden las musas por su Apolo y su divino Orfeo, en cuya música se encienden! Vos, que quitasteis de la frente a Dino el primero laurel, nestóreos años viva ese ingenio, a cuya luz me inclino 81 . De hecho, el resto de la epístola es una larga alabanza del ingenio de de la Cueva, a quien Lope celebra como octava maravilla del mundo. La referencia es ya tópica, pero este encomio final va precedido de los versos que nos interesan y que hemos analizado. Y en ellos es evidente que el Fénix se coloca junto a de la Cueva porque era un ejemplo ilustre de jurisconsulto poeta que le servía para debelar a los leguleyos metidos a poetas y a críticos literarios que le acosaban. Como hemos visto al analizar el soneto epitafio de 1628, Lope siguió encomiando sin reservas a de la Cueva tras su muerte, que le había convertido en un estandarte más de los que solía izar el Fénix para enfrentarse a sus enemigos. Este es uno de los sentidos de la mención a de la Cueva que incluye ese inmenso catálogo de ingenios que es el Laurel de Apolo: 80 Ibíd., vv. 106-111. 81 Ibíd., vv. 112-117.
47 Medina, en cuyo Campo solamente pudo hallarse la cueva del Parnaso, ofrece diligente a Baldo en el espíritu de Laso, al docto don Francisco de la Cueva, que los versos de Píndaro renueva, tan gran ingenio que, con triste suerte, la más sangrienta ley lloró su muerte, que deben con razón llorar las leyes los que honran patrias y engrandecen reyes; ¡qué triste de su pluma nos advierte, si bien en verde edad primero fruto, «Porcia, después que del famoso Bruto supo y creyó la miserable suerte»! Llorad, pues, juntas, de su muerte ciertas, Musas y Leyes, si no sois las muertas; y yo también, por las que obligan tanto, de la eterna amistad vínculo santo, diciendo a su divino entendimiento con triste Musa en lamentable acento 82 . Como es típico de muchas entradas del Laurel de Apolo, este elogio nos indica la ciudad de nacimiento del interesado (Medina del Campo), hace un juego de palabras con su nombre («cueva del Parnaso») y encomia al sujeto en cuestión parangonándole con los máximos representantes de su profesión, en este caso el jurista Pietro Baldo. Además, y como de la Cueva era poeta, Lope le compara con Garcilaso («a Baldo en el espíritu de Laso») y Píndaro, y presenta para hablar de su muerte un concepto muy semejante al de 1628, es decir, uno basado en el campo semántico legal y en percibir la muerte como una ley que, paradójicamente, se ejecutó en el gran abogado que era de la Cueva («la más sangrienta ley lloró su muerte»). Por último, Lope enfatiza su relación con el finado recordando que escribió un soneto a su muerte, y transcribiéndolo en los vv. 383-396, con leves variantes que hemos apuntado arriba. Las dos menciones del acto IV, escena segunda de La Dorotea son en parte de diverso tenor, pues una incluye a de la Cueva en un catálogo de «graves poetas» 82 Lope de , op. cit., 2007, silva III, vv. 363-382.
48 contemporáneos 83 y otra le presenta más bien como ejemplo de jurista que ha escrito comedias: Don Francisco de la Cueva y Berrío, jurisconsultos gravísimos —de quien pudiéramos decir lo que de Dino y Alciato, intérpretes consultísimos de las leyes, y poetas dulcísimos—, escribieron comedias que se representaron con general aplauso 84 . Sin embargo, la aparición conjunta de de la Cueva y el licenciado y jurista Gonzalo Mateo de Berrío en ambas páginas revela que al menos en parte Lope les incluye en la lista de ingenios y les cita en esta obra porque le sirven para dignificar su producción teatral. Es decir, también en este caso Lope acude a de la Cueva para sostener su bando frente a sus enemigos literarios. En suma, el análisis de las diversas menciones que Lope dedicó a Francisco de la Cueva a lo largo de su obra muestra cómo el Fénix consideró al letrado como un aliado fundamental en las batallas literarias que arreciaron a partir de 1617. En principio, Lope recurría a de la Cueva para sostener la dignidad de la poesía cómica tan atacada por los moralistas en general y por los enemigos del Fénix en particular. Por su condición de jurista poeta (recordemos que de la Cueva escribió una tragedia, el Narciso, que fue censor de libros y abogado de las Cofradías de Representantes y Autores de Comedias), las menciones a de la Cueva eran un argumento de autoridad decisivo contra los detractores de las comedias. Además, otro factor que percibimos en la epístola de La Filomena explica el interés de Lope por de la Cueva, y los motivos por los que su soneto epitafio adquirió un aire tan encomiástico: los leguleyos maliciosos. En el citado y decisivo año de 1617 saltaron a la palestra una serie de letrados o aspirantes a letrados que atacaron al Fénix con furia inusitada desde hacía más de una década: el maestrillo de gramática y estudiante de cánones Torres Rámila, y los juristas Pérez de Amaya y Suárez de Figueroa. En la epístola de La Filomena Lope se queja amargamente de estos 83 Lope de , op. cit., 2011, p. 287. 84 Ibíd., p. 288.
49 leguleyos ambiciosos que dan en criticar a los poetas, les ataca por envidiosos e ignorantes y, lo que más nos interesa, pone a de la Cueva como modelo de prestigioso abogado poeta de su bando, algo que seguirá haciendo después de finado el letrado, en 1630 y 1632. Es decir, de la Cueva fue probablemente un gran amigo de Lope y un hombre de méritos que el Fénix apreció por motivos intelectuales. Pero obras como la epístola primera de La Filomena y, en menor grado, el soneto funeral del Códice Durán, muestran que de la Cueva también fue un arma que blandió el Fénix en sus guerras literarias. , sor M. Audrey, Cristo en la poesía lírica de Lope de Vega, Madrid, Cultura Hispánica, 1967. , Roberta, «La fiesta cortesana y el corral: los diferentes receptores de La Burgalesa de Lerma», Anuario Lope de Vega, 6, 2000, pp. 11-18. , David, The Calumny of Apelles. A Study in the Humanist Tradition, New Haven, Yale University Press, 1981. , Diego, «Don Francisco de la Cueva y Silva y los orígenes del teatro nacional», Nueva Revista de Filología Hispánica, 3, 1949, pp. 130-140. , Miguel de, Viaje del Parnaso, ed. Vicente Gaos, Madrid, Castalia, 1990. , Manuel, «Lope de Vega y las fiestas de Lerma (1617): la teatralización de “las Fiestas de Castilla” en Lo que pasa en una tarde», Mélanges de la Casa de Velázquez, 37, 2007, pp. 179-198. , Alda, «La “Canción a la muerte de Carlos Félix” di Lope de Vega», en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, ed. S. Aguirre Torre, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1953, 4 vols., IV, pp. 391-404. , Francisco de la, Trajedia del Narciso, ed. James P. Wickersham Crawford, Philadelphia, Wickersham, 1909.
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