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Variaciones sobre el nombre

Zedda, Alberto

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291 En Lebrija, un niño de extraordinaria sensibilidad contempla asombrado la belleza de su tierra andaluza, escucha el canto del ruiseñor y el croar de la rana con la curiosidad del músico que anhela comprehender su secreto mensaje. Observa las sombras del bosque y el colorear de las flores con la mirada del pintor deseoso de fijarlos en una vida duradera; mide en la línea del horizonte ese infinito que impulsa al hombre a superar su límite. Le gustaría ser músico, para dar sentido a la armonía discordante de la naturaleza; pintor, para multiplicar su danza de formas y colores; filósofo para obligar al intelecto a explicar la creación. Sin embargo, decide ser poeta, el demiurgo que osa crear un lenguaje fuera de toda regla, mezcolanza de sentido y de razón, expresión de egoísmo antropocéntrico y de generosas aperturas, verbo capaz de alcanzar en el mismo instante la abstracción de la verdad estética y la ilusión del sueño, de conciliar realidad y ficción, de exaltar la hipérbole del sinsentido. Para forjar los instrumentos de la comunicación, el aprendiz de poeta interroga la obra de los grandes espíritus que lo han fascinado y decide viajar a la tierra donde, con el Renacimiento, nació el hombre moderno. Cuando se acerca a Dante Alighieri, “el músico que lleva dentro” lo induce a confrontar el beethoveniano fragor que emana de las cuartetas del Infierno con el álgido vaRiacioneS SoBRe el nomBRe Por alberto zedda Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 43, 2015, pp. 291–293. 292 algoritmo bachiano que glorifica las rimas del Paraíso; cuando se encuentra con Francesco Petrarca, aprende de un verso de su Canzoniere que palabras simples y adjetivos comunes pueden evocar los sonidos y los colores de un manantial mejor que cualquier instrumento musical y que cualquier pincel, incluyendo el don sublime de transformarse en movimientos palpitantes del ánimo humano. Durante diez largos años Jacobo Cortines, sin faltar a sus deberes de filólogo escrupuloso, confronta la imagen poética de Petrarca con la urgencia de su propia inspiración. El resultado es tal que ciertos sonetos del Canzoniere suenan al oído del lector italiano más placenteros y más llenos de significado en su versión castellana que en la original florentina. Petrarca y Leopardi han alimentado la propensión de Jacobo Cortines a una expresión simple y luminosa, delicada y franca, nunca críptica ni tortuosa, previa a ese ansia de infinito que infundiría luego en el emotivo conjunto de pasión y paisaje que sustancia su obra poética. La levedad aristocrática del verso no oculta el riguroso humanismo que determina la sufrida elección del vocablo y permite alternar vuelos poéticos de excelsa espiritualidad con disquisiciones seculares que nunca logran disminuir la nobleza del discurso, llegando a elevar estas últimas a una dignidad negada a los hechos de la cotidianidad. La práctica musical, la abstracta fascinación del juego sonoro, la obligación de disponer de estructuras capaces de dar continuidad a las frases melódicas le han sugerido agregaciones que añaden frescura y novedad a su modo de componer poético. De ello resulta una lectura insólitamente fácil y fluida que, sin restar profundidad al asunto, inflama el deseo de prolongar y repetir la insólita experiencia. En la poética de Cortines la evocación de la ola marina, la descripción de una arborescencia, de un campo de trigo, del perfil de una montaña va acompañada de la búsqueda de imágenes poéticas, auspicio de renovadas emociones. Las mismas razones inducen al músico a recurrir a la variación para extraer de un tema melódico todo el inagotable potencial expresivo que encierra, multiplicándolo con el prisma de la fantasía. El arte de la música reside en la capacidad de organizar en estructuras ordenadas sonidos que singularmente no se distanciarían del ruido, confiriéndoles un contenido hedonísticamente satisfactorio. La alBeRto Zedda292 293 riqueza de la forma elegida y el afán por alcanzar ambiciosas metas expresivas condicionan de manera importante el resultado de estas agregaciones. Sin una ordenación que las sustraiga al momento fugaz, cualquier afortunado empaste tímbrico, cualquier genial parpadeo melódico está destinado a desvanecerse como paja al viento. La evolución de la historia de la música occidental está marcada por el progresar de construcciones formales cada vez más complejas; la grandeza de un compositor procede de la capacidad para encerrar su inspiración en fórmulas que le confieran a los sonidos el respiro de la narración. Cortines, oyente finísimo y crítico exigente, en el momento de organizar en poemas los versos de su poesía recurre a la sabiduría musical para conferirles una colocación y una medida que aseguren su fluidez y su claridad. Por ello, sus libros de poesía poseen el don de la levedad y de la transparencia, además del de la persuasiva musicalidad, resultando inmediatamente gratos también para el lector no familiarizado con los endecasílabos y los heptasílabos. Nombre entre nombres, además de una riqueza en la construcción de los períodos que recuerda el monteverdiano recitar cantando, despliega un ritmo ágil y seco que confiere a la concisión de un discurso poético carente de énfasis y de sentimentalismo una tensión emocional sin desfallecimientos. La contribución del músico no se limita a asegurar fluidez y lógica expositiva. El tema variado del “nombre” se transforma en un poderoso leit motiv que se va declinando cíclicamente, artificio que multiplica los sombreados psicológicos de la narración. En el poema final, el periódico reclamo al nombre misterioso crea una expectativa espasmódica que trasciende cualquier realidad tangible: “El Labrador” se materializa como el lugar del alma donde los conflictos más funestos se transforman en paz y serenidad, oasis donde todos querríamos al fin deponer frustraciones e inseguridades. La poesía es una llave que abre el cofre de la belleza, única respuesta plausible al misterio de la vida, divina llama capaz de poner en riesgo al mundo. Si existieran muchos cantores dotados de la armoniosa elegancia y la culta desenvoltura [sprezzatura] que encontramos en Nombre entre nombres, su difusión en la conciencia de los hombres daría otro significado a su camino. Traducción de Rosalía Gómez pReSentaciÓn de NOMBRES ENTRE NOMBRES 293