THÉMATA. Re is a de Filoso ía
Nº 57, ene o-junio (2018) pp.: 191-210.
ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X
doi: 10.12795/ hema a.2018.i57.11
DECOLONIZAR EL MARXISMO. ALGUNAS OBSERVA-
CIONES CRÍTICAS EN TORNO A UN PENSAMIENTO
QUE APENAS PUDO DEJAR DE SER EUROCÉNTRICO
DECOLONISING MARXISM. SOME CRITICAL OBSERVATIONS
CONCERNING A SCHOOL OF THOUGHT THAT COULD
SCARCELY AVOID BEING EUROCENTRIC
Jo ge Polo Blanco1
Uni e sidad de Guayaquil (Ecuado )
Recibido: 17/07/2017
Acep ado 17/10/2017
Resumen: En el p esen e abajo in en a emos esboza una c í ica de la adi-
ción ma xis a, con el obje o de mos a algunos de sus elemen os eó icos más
desca nadamen e eu océn icos. Desde una pe spec i a decolonial, obse a emos
que buena pa e de dicha adición seguía manejando esquemas, concepciones y p e-
supues os que la incapaci aban pa a comp ende la especi icidad de la si uación his-
ó ica de los pueblos colonizados. Es más, en muchos casos la iloso ía de la his o ia
ma xis a desembocó en una jus i icación explíci a de la iolencia colonial, concebida
és a como un mal dolo oso pe o necesa io pa a alumb a una pos e io ansición
al socialismo. El ma xismo eu ocen ado, po odo ello, apenas pudo calib a en su
ín ima especi icidad la e dade a índole de algunas luchas an i-coloniales.
Palab as cla e: ma xismo eu opeo, eu ocen ismo, colonialidad del sabe , c í-
ica decolonial, conocimien os subal e nos.
Abs ac : In his pape , we will a emp o ou line a c i ique o he Ma xis adi ion,
wi h he aim o showing some o i s mo e c udely Eu ocen ic heo e ical elemen s.
F om a decolonial pe spec i e, we will obse e ha a la ge pa o his adi ion con i-
nued o use ways o hinking, concep ions and p esupposi ions ha ende ed i un i in
o de o unde s and he speci ic na u e o he his o ical si ua ion o he colonised peo-
ples. Mo eo e , in many cases he Ma xis philosophy o his o y led o an explici jus i-
ica ion o colonial iolence, iewed as a pain ul bu necessa y e il in o de o gi e ise
o a subsequen ansi ion o socialism. Eu ocen ic Ma xism, he e o e, could sca cely
assess in i s in ima e speci ici y he ue na u e o some an i-colonial s uggles.
Key wo ds: Eu opean Ma xism, Eu ocen ism, coloniali y o knowledge, deco-
lonial c i icism, subal e n knowledge.
1. In es igado y docen e en la Facul ad de Ju isp udencia y Ciencias Sociales y Polí icas de la
Uni e sidad de Guayaquil, República del Ecuado . Co eo elec ónico: [email p o ec ed].
Jo ge Polo Blanco
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1. In oducción
Una lace an e i onía, y lo exp esamos así pa a man ene cie a
cau ela, ha la ido desde siemp e en el pensamien o emancipado eu opeo.
Cómo no eco da el emendo ejemplo de San o Domingo, colonia ancesa
en 1789; la e olución ma illeaba con enesí las calles de Pa ís, mien as
un deleznable sis ema escla is a pe manecía en las An illas colonizadas.
Bien es cie o que, en su momen o más a dien e y pujan e, la Asamblea
ancesa (la Con ención Nacional) o o gó la libe ad a los escla os de las
colonias (un 4 de eb e o de 1794); aunque, poco iempo después, los sec-
o es más eacciona ios (espoleados po la bu guesía ma í ima ancesa y
po la plan oc acia blanca de las colonias an illanas) e oca on dicha libe-
ación. Pe o los escla os de San o Domingo no pe manecie on inmó iles y
sumisos, a la espe a de una libe ación exógena concedida po ilán opos
eu opeos; ellos mismos, “jacobinos neg os”, hicie on suyos los ideales ilus-
ados de la libe ad y la igualdad, le an ándose en a mas con a la i a-
nía escla is a (James, 2003). Bonapa e u o que en ia opas a San o
Domingo, miles y miles de soldados del ejé ci o más pode oso de Eu opa,
pa a a a de so oca la ebelión y es au a el sis ema escla is a. Pe o
los neg os encie on; las opas napoleónicas ue on de o adas y expul-
sadas de la isla. Los ex-escla os gana on su emancipación y decla a on la
independencia de Hai í (1804).
Y es jus o ahí donde a anca nues a e lexión. ¿Pudo el pensamien o
eu opeo, incluso en sus momen os más e oluciona ios, desasi se po com-
ple o de la men alidad acis a y escla is a? Desde luego, muchos espí i us
abie amen e abolicionis as señala on con ímpe u la e güenza ignominio-
sa de un epublicanismo e oluciona io que p e endía sos ene , incu ien-
do en nauseabunda con adicción, la escla ización de o os se es humanos;
y ambién es cie o que ales espí i us llega on a ene no able in luencia
polí ica (has a el pun o de que la Asamblea ancesa, como decíamos hace
un momen o, decla ó abolida la escla i ud en los e i o ios de ul ama ).
Pe o la men alidad colonialis a y acis a pe maneció, como un quis e casi
inma cesible, en el pensamien o eu opeo. Y cuidado, po que no hablamos
únicamen e del pensamien o eacciona io; ambién en el pensamien o
emancipado , y es és e el obje o de nues o abajo, pe du ó esa he encia
acis a y colonial. Incluso en el pensamien o eu opeo más adical, aquél
que p e endió libe a a las masas explo adas de odo el mundo, podemos
de ec a la mencionada he encia. Nos e e imos al pensamien o socialis a.
Y po ello, a con inuación, examina emos de o ma c í ica algunos elemen-
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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os inculados al colonialismo eu océn ico que pe manecie on anclados
en el in e io de buena pa e de los discu sos ma xis as.
2. El luga p i ilegiado de la enunciación e oluciona ia
En la cons ucción discu si a y me odológica de disciplinas eó icas
ales como la an opología o la e nología siemp e ope ó una p onunciada
je a quía de la mi ada: la cul u a occiden al e a el suje o que es udiaba, y
el es o de las cul u as apa ecían como el obje o es udiado. El ma iniqués
Aimé Césai e lo señaló emp anamen e: “Es Occiden e el que hace la e no-
g a ía de los o os, y no los o os los que hacen la e nog a ía de Occiden e”
(2006, p. 39). La disciplina an opológica, sos enía el hai iano T ouillo ,
esul ó se en muchas ocasiones un disposi i o muy uncional pa a el des-
pliegue del pode colonial, p ecisamen e po que se ue cons uyendo a a-
és de una po en e ei icación de odos los “o os no-occiden ales” (2011a).
Esos o os debían se conocidos pa a ul e io men e se in e enidos, edu-
cidos y adminis ados; cons ui un obje o de conocimien o y un obje o de
some imien o llegó a se la misma cosa, y el discu so an opológico apo ó
“cien i icidad” a esa dominación ác ica (Res epo, 2007, p. 296). Las con i-
gu aciones epis émicas no occiden ales apa ecie on sis emá icamen e des-
alo izadas y ilipendiadas (Mudimbe, 1988). Puede conclui se, en is a
de lo cual, que la his o ia misma del conocimien o apa ece in eg ada en el
p opio desa ollo del sis ema-mundo mode no; el despliegue mismo de los
conocimien os iene con igu ado y je a quizado po las de e minaciones
geopolí icas, geoeconómicas y geocul u ales de una secula ma iz impe-
ial-colonial (Mignolo, 2001).
Po que, además, y como bien señaló ya a p incipios del siglo XX
el sociólogo e his o iado a o-no eame icano Du Bois, la “línea de colo ”
que sepa a al colonizado del colonizado no ue únicamen e la exp esión
de un cie o modelo social o una pe e sa es a egia geopolí ica, sino que
al línea a a esó la cons i ución misma de las ciencias mode nas y su
concomi an e humanismo (2014). Po que la colonialidad del pode am-
bién se in il a en el ámbi o de los conocimien os; es más, és os quedan
oquelados en buena medida po dicha colonialidad (Walsh, 2005). Po
lo an o, no puede sepa a se el desa ollo de los sabe es sociales mode -
nos de la o ganización colonial del mundo. La dimensión epis émica es á
a a esada de asime ías geopolí icas y geocul u ales, has a el pun o de
que muchos sabe es no eu opeos o no occiden ales ue on his ó icamen-
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e excluidos, silenciados, es igma izados y “ olclo izados”, condenados a
posiciones subal e nas o ma ginales, elegados al iolen o os acismo de
lo impensable, lo subhumano y lo p e- acional. Cab ía habla , incluso, de
e dade os p ocesos de “epis emicidio”, como lo de ine Boa en u a de Sou-
sa San os (2010). Pe o debe comp ende se que la dimensión epis émica de
la dominación no es simplemen e el co ela o “supe es uc u al” (un epi e-
nómeno ideológico) de la e dade a dominación ma e ial (que ocu i ía en
o o ni el); la dimensión epis émica, po el con a io, es pa e cons i u i a
de la dominación colonial y neocolonial (Cas o-Gómez, 2007, p. 88).
Homi K. Bhabha apun aba a una pe sis en e “ iolencia epis émica”
eje cida a a és de esa mi ada blanca, pa ia cal y eu ocen ada que ue
cons uyendo al dominado, sojuzgado y colonizado (2002, p. 63). El “deci
eu opeo” se con ie e así en el luga p i ilegiado de la enunciación, y algu-
nos de sus pa adigmas cien í icos (cómo no pensa en el posi i ismo y en el
e olucionismo) ue on obje i ando-na u alizando (es o es, no malizando-le-
gi imando) unas elaciones económicas, polí icas y cul u ales de es ic a
dominación neocolonial (Lande , 2005). También la his o iog a ía, de una
mane a no able y casi undacional, ha quedado ma cada y a a esada po
elaciones de pode y colonialidad; y, en ese sen ido, las na a i as his ó i-
cas hegemónicas silencia on mul i ud de elemen os que, de se explici ados
y na ados, pod ían co oci cui a la consis encia de dicho pode (T ouillo ,
1995). Como sos iene Wal e Mignolo, ese locus p i ilegiado de la enuncia-
ción y de la cons ucción de sen ido su gió en el p oceso mismo de la a icu-
lación expansi a del pode colonial (1995). Césai e, de nue o con lace an e
sa casmo, decía que “sólo Occiden e sabe pensa ” (2006, p. 37).
¿Pudo el ma xismo escapa de odo lo an e io , o po el con a io pe -
maneció anclado en esa ma iz colonial? Debemos adelan a que ambién
el discu so ma xis a ep odujo, en dosis muy impo an es, esa iolencia
epis émica de la que enimos hablando. Desde un cien i icismo exace ba-
do, cie a adición ma xis a (y no la más ma ginal, p ecisamen e) sos u-
o que los pueblos no-eu opeos (colonizados po Eu opa) no sabían lo que
ealmen e les es aba sucediendo (y, po ende, ampoco e an capaces de en-
en a lo de una mane a co ec a). Sólo el ma xismo eu opeo, pe echado
con un a senal eó ico capaz de ap ehende los e dade os mecanismos que
de e minan el mo imien o his ó ico en cualquie luga del plane a, es aba
en disposición de o ece un conocimien o obje i o de la ealidad his ó ica.
El ma xismo canónico se aguó en unos moldes de e minis as y meca-
nicis as que, según sos enían sus p incipales epígonos, p opo cionaba un
conocimien o an segu o y an cie o como el que en egaban las ciencias
na u ales (Kau sky, 1975, p. 75; Kau sky, 1981, p. 26; Buja in, 1974, pp.
116-127). Un mismo mé odo pa a desci a las leyes na u ales y las leyes
de la his o ia humana, po lo an o. Ka l Ko sch llegó a deci que aquéllos
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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que se quejan de la “unila e alidad” de la concepción ma e ialis a de la
his o ia hab ían de queja se igualmen e de la “unila e alidad” de la ísica
eó ica, oda ez que és a subsume bajo la ley uni e sal de la g a i ación
los múl iples mo imien os de los cue pos pa icula es, sin ene en cuen a
las modi icaciones p o ocadas po ci cuns ancias concomi an es (1975, p.
244). La in ención de Ko sch, en e ec o, e a consolida al ma e ialismo
his ó ico como aquella ciencia capaz de saca a la luz las “conexiones lega-
li o mes” que es uc u an el campo de la ida social, y pa a ello no dudaba
en es ablece una analogía, quizás heu ís ica, con la legalidad descubie a
en el mundo na u al po las ciencias ísicas. En el abajo Ma e ialismo y
empi ioc i icismo de Lenin (1974) quedó consag ada (y el empleo de es e
é mino no es me a ó ico) esa isión cien i icis a, na u alis a y mecanicis-
a de la eo ía ma xis a.
El enezolano Edga do Lande señalaba de o ma c í ica esa ubica-
ción del ma xismo hegemónico en el in e io de una ma iz de pensamien o
esencialmen e eu océn ica. “Sólo el ma xismo nos ga an iza ap oxima -
nos a la e dad absolu a. Las o as sendas del conocimien o nos ga an i-
zan el e o , la no- e dad. A pa i de es as p oposiciones, Lenin saca sus
conclusiones polí icas. Si la ma cha de la his o ia se da de acue do con las
leyes obje i as, cuya na u aleza y esencia pueden se conocidas –y son de
hecho conocidas– obje i amen e sólo po el ma xismo, oda acción polí ica
que se undamen e en la e dad del ma xismo se á una acción polí ica
mon ada sob e la di ección de la his o ia y es a á jus i icada po ello. Toda
acción polí ica que se undamen e en o a concepción de la sociedad y de la
his o ia es a á basada necesa iamen e en el engaño y la pa aña; es a á
con apues a y des iada con elación a la di ección del desa ollo obje i o
de los acon ecimien os his ó icos” (2006, p. 226). La p opues a leninis a,
po odo lo dicho, ep oducía de mane a muy con unden e las o mas más
coloniales del conocimien o eu opeo. “Hay, sin emba go, una impo an e
di e encia. La ciencia posi i a pos ula la exis encia de un suje o abs ac o
(la azón), capaz de un conocimien o obje i o y uni e sal. Se a a en ea-
lidad de un disposi i o epis emológico median e el cual se ocul a al suje o
del conocimien o dominan e del mundo colonial-mode no; un suje o eu o-
peo, blanco, masculino, de clase al a y, po lo menos en su p esen ación pú-
blica, he e osexual. Todos “los O os” (muje es, neg os, indios, no eu opeos)
son con e idos, median e es e disposi i o, en obje os de conocimien o, en
no-suje os, en se es incapaces de c ea un conocimien o álido. En la a-
dicalización que hace Lenin de es a pos u a colonial eu océn ica de nega-
ción de odo O o suje o capaz de conoce , no apa ece es e disposi i o de
ocul amien o. El suje o p i ilegiado del conocimien o obje i o y uni e sal
es pos ulado abie amen e: la angua dia del p ole a iado” (Ídem.). Sólo
el p ole a iado eu opeo (en ealidad su angua dia in elec ual, no las p o-
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pias masas explo adas) es capaz de desen aña el sen ido p o undo de la
his o ia uni e sal, su e dad úl ima; y es ése un p i ilegio epis emológico
que no ienen o os pueblos de la ie a.
Lo an e io , po supues o, albe gaba impo an es consecuencias
p ác icas y desencadenaba inquie an es e ec os polí icos. Po que única-
men e desde esa e dad, que es obje i a y uni e sal, y a la cual sólo iene
acceso p i ilegiado esa angua dia in elec ual (eu opea, blanca, mayo i-
a iamen e masculina e c.), es posible impulsa un “p oceso ci iliza o io”
que pe mi a a los “pueblos a asados” si ua se en la “di ección co ec a
de la His o ia”, eco iendo pa a ello odas las e apas que necesa iamen e
han de eco e se: mayo indus ialización, desa ollo del me cado y de
las elaciones de p opiedad de ipo capi alis a y, inalmen e, e olución y
sociedad socialis a. De es a mane a, en polémica con los populis as usos
que p e endían en aiza los p ocesos de cambio en las pa icula idades
his ó ico-cul u ales de la sociedad usa, se legi ima y aplaude la inme sión
(si es p eciso, ab up a y iolen a) de la sociedad usa en el ma co de las
sociedades indus iales de ipo occiden al, con el obje o de “supe a ” su
a aso cul u al y económico y, de al o ma, “acele a ” la ansición hacia
una mode nidad capi alis a que, ul e io men e, gene e las condiciones ob-
je i as pa a da el sal o al socialismo indus ial (Lenin, 1975). Sucumbien-
do al más a dien e e ichismo ecnoc á ico, lo ema caba en el año 1920:
“Hay que aga a se a los ingenie os y ag ónomos […] El comunismo es el
pode so ié ico más la elec i icación de odo el país […] sólo cuando el país
es é elec i icado, cuando la indus ia, la ag icul u a y el anspo e descan-
sen sob e la base écnica de la g an indus ia mode na, sólo en onces en-
ce emos de ini i amen e” (Lenin, 1978: 212). La Rusia bá ba a, p imi i a
y supe s iciosa debía se “elec i icada” y mode nizada g acias a los e ec os
siemp e bea í icos de la ecnología indus ial. Pe o, como puede obse a se,
no hay mucha di e encia en e es as esis y los discu sos impe ialis as que
hablaban de “ci iliza ” a odos los pueblos que yacían aún en el sal ajismo.
Todos los mundos cul u ales p ecapi alis as es aban des inados a desapa e-
ce , mode nizándose (es o es, ans o mándose en sociedades indus iales y
de me cado) pa a después da un sal o his ó ico al socialismo.
Has a al pun o esul ó así, que el colonialismo más a oz pudo
queda jus i icado como un episodio ineluc able en el despliegue de la his-
o ia uni e sal. En buena pa e del mo imien o ob e o eu opeo (o, más
p ecisamen e, en e sus in elec uales o gánicos) se asumie on como nece-
sa ias las p ác icas colonialis as eje cidas en Asia o Á ica, oda ez que
se conside aba que cumplían una misión ci iliza o ia; dolo osa, se admi ía
en el mejo de los casos, pe o imp escindible a pesa de odo. La e ciega
en el p og eso lle aba a conside a como bene iciosa (a la go plazo) la im-
plan ación de una economía capi alis a en las sociedades colonizadas, a
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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pesa de la emenda de as ación cul u al que al p oceso ocasionaba a las
poblaciones na i as. E a un p ecio que debía paga se, un emendo cos o
humano que debía asumi se como imp escindible e impos e gable. Pues o
que el modo de p oducción capi alis a e a una o ma supe io de o ganiza-
ción económica, y una e apa necesa ia en el p og eso con inuado e ine i a-
ble de la ci ilización, los c ímenes impe ialis as y las ca ás o es sociales
in ligidas a aquellos g upos humanos apa ecían como males necesa ios,
pues con odo ello queda ían sen adas y a iculadas las bases obje i as
que pe mi i ían el paso al socialismo ( econciliación inal del p oceso his-
ó ico uni e sal). E a p eciso deja al capi alismo cumpli mundialmen e
su labo exp opiado a y me can ilizado a, an o en Eu opa como en los e-
i o ios colonizados. Kau sky, empleando es e esquema, p o e ía un juicio
demoledo : “El desa ollo económico po medio de la ex ensión del me cado
mundial y po medio de la polí ica colonial, nos p esen a el mismo caso,
quizá con una e idencia un poco meno . También es e mé odo, en el ondo,
no es más que un mé odo de exp opiación; eposa sob e la exp opiación de
los habi an es y de los p opie a ios o igina ios de los e i o ios coloniales
y sob e la uina de sus indus ias indígenas. (…) Es e p oceso ampoco pue-
de se de enido, es igualmen e una condición p e ia de la sociedad socialis-
a, pe o al cual no puede ampoco la socialdemoc acia p es a su concu so.
In i a a la socialdemoc acia a sos ene la esis encia de los indígenas de
las colonias con a la exp opiación, es una u opía an eacciona ia como la
de que e man ene la a esanía y el campesinado; pe o signi ica ía una
bo e ada pa a los in e eses del p ole a iado, el exigi le que apoyase a los
capi alis as poniendo a disposición de ellos su po encia polí ica. No, és a
es una aena demasiado sucia pa a que el p ole a iado se haga cómplice de
ella. Es e mise able negocio pe enece a las a eas his ó icas de la bu gue-
sía; y el p ole a iado se end á po eliz de no habe se ensuciado las manos
con ello” (1984, pp. 355-356). Posiciona se con a los sang ien os c ímenes
del colonialismo (apoyando, po ejemplo, las luchas indígenas) no e a más
que el espejismo p opio de una u opía eacciona ia; el ma xismo, que cono-
cía cien í icamen e las leyes del desa ollo his ó ico, sabía que ales luchas
e an comple amen e inanes, p ecisamen e po que a aban de ena un
p oceso que e a comple amen e inde enible, i e ocable.
El p opio Ma x, en sus céleb es y polémicas ca as sob e la India,
había manejado un esquema idén ico. E a plenamen e conscien e de que
los b i ánicos es aban a asando sin con emplaciones mul i ud de o mas
de ida a caicas, des ozando odo ipo de adiciones p eindus iales, des-
guazando odas las elaciones sociales p eexis en es y desa iculando e-
ozmen e los en amados cul u ales que allí se daban an es de la llegada
del Occiden e indus ial e impe ialis a. “Sin emba go, po muy lamen a-
ble que sea desde un pun o de is a humano e cómo se deso ganizan
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y disuel en esas decenas de miles de o ganizaciones sociales labo iosas,
pa ia cales e ino ensi as; po is e que sea e las sumidas en un ma de
dolo (…) Pe o no se a a de eso. De lo que se a a es de sabe si la huma-
nidad puede cumpli su misión sin una e olución a ondo del es ado social
de Asia. Si no puede, en onces, y a pesa de odos sus c ímenes, Ingla e a
ue el ins umen o inconscien e de la his o ia al ealiza dicha e olución.
En al caso, po penoso que sea pa a nues os sen imien os pe sonales el
espec áculo de un mundo que se de umba, desde el pun o de is a de la
his o ia enemos de echo a exclama con Goe he: Soll e diese Qual uns
Quälen/Da sie uns e Lus e meh (…)” (Godelie , 1977, p. 84). Es cie o
que Ma x abju a ía de es e ipo de in e p e aciones ul e io men e, en la
úl ima e apa de su ida (Shanin, 1990). Pe o bien es e dad, como pa ece
e idencia se a la luz de semejan e ex o, que en un cie o momen o quiso
e el “componen e ilus ado” que lle aba consigo el capi alismo. Si el me-
canismo ins i ucional del me cado capi alis a había inoculado un inmenso
caudal de su imien o a las poblaciones na i as, desa iculando odo su en-
amado ins i ucional y oda su o ganización socie a ia, no cabía duda de
que, a la go plazo, un indubi able “p og eso his ó ico” se había p oducido
o se hab ía de p oduci en la India. O o an o había señalado Engels con
espec o a las bá ba as p ác icas que los no eame icanos habían in ligido
a los mexicanos (Ribas, 2005, p. 22).
¿La “disolución de odo lo sólido en el ai e”, exp esión que igu a
en el Mani ies o, supone en odos los casos una libe ación emancipado a?
El modo de p oducción capi alis a i e es uc u almen e de e oluciona
pe manen emen e sus p opias condiciones de p oducción, es o es, el capi-
alismo se ep oduce median e su incesan e econ igu ación, a a és de
un eciclaje pe pe uo de su base ecnop oduc i a, si uando con ello a oda
la sociedad en un emolino inacabable de “des ucción c eado a”, an o en
el plano sociocul u al e ins i ucional como en el ámbi o subje i o y simbó-
lico (Alba Rico, 2007). La acumulación de capi al unciona como un po en e
disol en e cul u al que sume ge a la en e a sociedad en una conmoción
inacabable; y los p ocesos de “mode nización capi alis a” han ope ado, po
lo an o, como o midables ue zas que co oen y diluyen in e e ados coá-
gulos sociocul u ales, es o es, como p ocesos que en cie o sen ido sí pue-
den se conside ados “emancipa o ios” cuando lo que se diluye y co oe son
adiciones absolu amen e abe an es. Pe o lo cie o es que esa disolución
ue injus i icablemen e iolen a y c iminal, aunque alguno de sus e ec os
cola e ales esul ase se la ex inción de una adición que me ecía se ex-
inguida. Y más injus i icable aún se ía la p e ensión de que e jus i ica
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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inmensas de as aciones cul u ales, genocidios inena ables, en a as de un
“p og eso his ó ico” que, en úl ima ins ancia, conduci ía a un u u o mejo .
3. Pa ícipes de un mismo ela o eu océn ico
Todas las ci ilizaciones humanas no eu opeas, según es ipuló la
he menéu ica del iempo his ó ico hegemónica en la mode nidad occiden-
al, son “pe i e ia” con espec o a Eu opa, que apa ece como el “cen o”
de la His o ia Mundial. Aníbal Quijano lo encuad a con p ecisión cuando
señala que “los eu opeos gene a on una nue a pe spec i a empo al de la
his o ia y e-ubica on a los pueblos colonizados, y a sus espec i as his o-
ias y cul u as, en el pasado de una ayec o ia his ó ica cuya culminación
e a Eu opa” (2000, p. 210). En es e esquema e olucionis a y monológico,
sólo apa en emen e supe ado, la acionalidad eme ge como un p oduc o
exclusi amen e eu opeo, oda ez que sólo Eu opa hab ía log ado sali
de ese lamen able y p imi i o es ado de na u aleza en el que se halla ían
sumidas la p ác ica o alidad de las as as egiones no-eu opeas. En el
in e io de es a pode osa y en ol en e cons ucción ilosó ico- empo al, o-
dos esos e i o ios humanos no-eu opeos (no-occiden ales) son ubicados
en una an e io idad que es pensada e imaginada como incomple a, ca en e
e in e io ; sociedades, en suma, que han de se mejo adas o supe adas,
es o es, aídas al p esen e. La ca ego ía de lo “anac ónico” adqui ía con-
no aciones odiosas y desp eciables. Es lo que Cas o-Gómez denominaba
“la no simul aneidad empo al en e las sociedades indígenas ame icanas
y las sociedades ilus adas eu opeas” (2005, p. 37). Esa iloso ía, exp esada
ní idamen e en pensado es ilus ados como Tu go , concebía que ambas
sociedades coexis ían en el espacio pe o no en el iempo. El ec o - iempo,
el eje inexo able po el cual anscu ía el p og eso obje i o del espí i u
humano, de e minaba que aquellas comunidades humanas habi aban un
“ iempo an e io ”, en lo e e en e a su o ganización ma e ial y despliegue
espi i ual; mien as que las sociedades eu opeas habi aban un “ iempo
p esen e”, es o es, un iempo a anzado y po ello mismo in ínsecamen e
supe io . El ma xismo, con su iloso ía de la his o ia eleológica y p og e-
sis a, se inca dinó en esa misma ma iz.
Po o o lado, y con base en esa misma lógica, buena pa e de la
adición ma xis a asumió que el desa ollo sin lími e de las ue zas p o-
duc i as hab ía de conduci necesa iamen e a un es adio mejo , oda ez
que en és e ya se hab ían c eado las óp imas condiciones que pe mi i ían
ab i la posibilidad de una supe ación de las con adicciones del modo de
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ins ancia, decoloniza al ma xismo; esca a lo de algunos moldes eó icos
(el p incipal de ellos, la iloso ía de la his o ia eleológica) que lo si uaban
en una conni encia y complicidad di ec a con los discu sos más c iminales
del impe ialismo eu opeo.
Las p opues as de F an z Fanon son muy aliosas a la ho a de
comp ende esa especi icidad (poco en endida po el ma xismo) de la do-
minación colonial; señalaba, en ese sen ido, que lo que es aba en juego
en el pode colonial e a una on ología sob e-de e minada desde ue a de
sí misma. “Ya mos a emos cómo lo que se llama el alma neg a es una
cons ucción del blanco” (1973, p. 13). En endió, en la dolo osa y lace an e
au ocomp ensión de su iden idad, que és a había sido o jada en los imagi-
na ios del colonizado blanco; és e, dice, “me había ejido con mil de alles,
anécdo as y ela os” (Ibíd., p. 92). Po que el neg o, como ha señalado el
came unés Achille Mbembe, no es en e dad sino un “yacimien o de an-
asías u didas po Occiden e” (2016, p. 83). Una subje i idad desga ada,
p oducida secula men e en el in e io de una ma iz cul u al adicalmen-
e subal e nizada. “El neg o no iene esis encia on ológica a los ojos del
blanco” (Fanon, 1973, p. 91). El au o de Les damnés de la e e, con un
lenguaje siemp e cla i iden e y a eces lí ico, lo exp esa de mane a con-
unden e cuando dice que el neg o, al expone se en el campo isual de su
dominado sien e la insc ipción o gánica de su “cue po neg o” en una a-
ma his ó ica de some imien o y epudio, pues “a la p ime a mi ada blanca,
expe imen a el peso de su melanina” (Fanon, 1973, p. 124). Ese peso es
densamen e his ó ico, aquila ado en imagina ios de dominación ( o jados
en una ex e io idad aplas an e) que obje i an al neg o (y al “indio”, y al
“á abe”) de una al o ma que la p opia subje i idad de los subyugados
adquie e y asume los con o nos adjudicados po el colonizado . “Las mi-
adas blancas, las únicas e dade as, me disecan”, uel e a sen encia
Fanon (Ibíd., p. 95). He aquí el imagina io colonial que, anscu idas las
décadas, sigue ope ando en con ex os neocoloniales (Mudimbe, 1994). Es
e iden e que odas es as cons ucciones simbólicas y cul u ales ge minan
en un con ex o geopolí ico y geoeconómico muy conc e o; y es o lo explican
bien el ma xismo y la eo ía de la dependencia. Es deci , odo aquello de
lo que nos hablaba Fanon iene luga en el seno de los p oyec os impe ia-
lis as lle ados a é mino po las g andes po encias indus iales; p oyec os
que implican una complejísima adminis ación polí ica, una es uc u a
económica de explo ación bien a iculada, un en amado come cial ul a-
ma ino de colosales p opo ciones y una mo ilización mili a pode osísima.
Sólo den o de es a ma iz geopolí ica pueden da se esos p ocesos de sub-
je i ación colonial. Pe o, descendiendo a o os ni eles, hemos de ase e a
que la colonialidad, que ope a en un ni el mic o, no queda analí icamen e
ago ada en los emendos con ex os mac o. Debe ecalca se y en a iza se,
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po lo an o, que la colonialidad del pode p oduce subje i idad. Y el ma -
xismo no siemp e pudo (o no siemp e quiso) ap ecia la emenda impo -
ancia ( eó ica y p ác ica) de es e componen e.
Den o del mo imien o eminis a, po cie o, había ocu ido algo
muy simila . La esc i o a y ac i is a a ono eame icana Glo ia Jean Wa-
kins, más conocida como bell hooks (pues de es a mane a ha i mado sus
abajos, esc i o así, con minúsculas), en un abajo imp escindible, seña-
laba que “las muje es blancas que dominan el discu so eminis a hoy en
día a a ez se cues ionan si su pe spec i a de la ealidad de las muje es
se adecúa o no a las expe iencias i ales de las muje es como colec i o.
Tampoco son conscien es de has a qué g ado sus pun os de is a e lejan
p ejuicios de aza y de clase, aunque ha exis ido una mayo conciencia de
es os p ejuicios en los úl imos años” (2004, p. 35). Con dolo , explicaba que la
li e a u a eminis a (al menos en los Es ados Unidos) apa ecía ebosan e de
acismo. Muje es blancas de clase media-al a que no podían (o no que ían)
comp ende el ac o di e encial que suponía la “ aza”. Ellas, i anizadas po
el machismo sexis a de sus compañe os a ones ( ambién blancos y de clase
p i ilegiada), p e endían con e i su expe iencia en la expe iencia de odas
las muje es. En sus esc i os, po lo an o, e an incapaces de ap ehende que
una muje neg a de clase ob e a sopo aba, además del sexismo machis a,
el acismo y la mise ia económica. Pa ia cado, clasismo y acismo son es
es uc u as de dominio di e en es, cada una de ellas con su p opia lógica y su
p opia in ensidad; po no habla de la homo obia, si además de muje neg a
y pob e e es lesbiana. También en es e caso, y po ello lo aemos a colación,
el discu so y la p ác ica eminis as han ope ado du an e mucho iempo con
esquemas (polí icos y epis émicos) a es ados de colonialidad. En p ime lu-
ga , po que el “ ac o acial” no ue conside ado como de e minan e; ambién
aquí la especi icidad de la op esión acis a se subsumía (como cues ión secun-
da ia o insigni ican e) en una p oblemá ica p esumiblemen e más amplia e
impo an e: la libe ación de odas las muje es (más allá de las azas y más
allá de las clases sociales). Pe o no exis e ese “más allá”, po que aza y clase
son ac o es decisi os que se en elazan con la cues ión pa ia cal; aquella
subsunción, po lo an o, e a muy amposa, po que las muje es neg as e-
nían ( ienen) que libe a se del pa ia cado, sí, pe o ambién deben lucha po
libe a se del acismo (y de la pob eza); un acismo que, y he aquí el núcleo del
p oblema, ambién es eje cido con a ellas po o as muje es blancas. Es más,
las p opias eminis as blancas a a on con desp ecio y condescendencia, en
demasiadas ocasiones, a las muje es neg as que que ían suma se al mo i-
mien o. “Se ha esc i o poco sob e los in en os po pa e de las eminis as blan-
cas de silencia a las muje es neg as” (2004, p.45). Es e dad que palab as an
ama gas ue on esc i as en 1984, y desde en onces la eo ía c í ica eminis a
ha ido desplegando un a senal eó ico cada ez más po en e y so is icado, en
Jo ge Polo Blanco
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lo que al ema acial se e ie e. “Feminismos neg os” (Jaba do, 2012), “ emi-
nismos musulmanes o islámicos” (G os oguel, 2016), “ eminismos chicanos”
(Anzaldúa, 2016) o “ eminismos decoloniales y poscoloniales” (Mohan y, 1988
y 2003) han sido pues os sob e la mesa con mucha ue za, y aquel eminismo
blanco, clasis a, eu océn ico y occiden alocén ico ue e isado y du amen-
e c i icado desde las p opias ilas del discu so eminis a. El eminismo, en
suma, ambién hubo de se decolonizado.
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