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Decolonizar el marxismo. Algunas observaciones críticas en torno a un pensamiento que apenas pudo dejar de ser eurocéntrico

Abstract

En el presente trabajo intentaremos esbozar una crítica de la tradición marxista, con el objeto de mostrar algunos de sus elementos teóricos más descarnadamente eurocéntricos. Desde una perspectiva decolonial, observaremos que buena parte de dicha tradición seguía manejando esquemas, concepciones y presupuestos que la incapacitaban para comprender la especificidad de la situación histórica de los pueblos colonizados. Es más, en muchos casos la filosofía de la historia marxista desembocó en una justificación explícita de la violencia colonial, concebida ésta como un mal doloroso pero necesario para alumbrar una posterior transición al socialismo. El marxismo eurocentrado, por todo ello, apenas pudo calibrar en su íntima especificidad la verdadera índole de algunas luchas anti-coloniales.

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Decolonizar el marxismo. Algunas observaciones críticas en torno a un pensamiento que apenas pudo dejar de ser eurocéntrico

Author: Polo Blanco, Jorge
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2018
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b8041640-3a4d-400f-be5b-9444e40beff7/download
THÉMATA. Re is a de Filoso ía
Nº 57, ene o-junio (2018) pp.: 191-210.
ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X
doi: 10.12795/ hema a.2018.i57.11
DECOLONIZAR EL MARXISMO. ALGUNAS OBSERVA-
CIONES CRÍTICAS EN TORNO A UN PENSAMIENTO
QUE APENAS PUDO DEJAR DE SER EUROCÉNTRICO
DECOLONISING MARXISM. SOME CRITICAL OBSERVATIONS
CONCERNING A SCHOOL OF THOUGHT THAT COULD
SCARCELY AVOID BEING EUROCENTRIC
Jo ge Polo Blanco1
Uni e sidad de Guayaquil (Ecuado )
Recibido: 17/07/2017
Acep ado 17/10/2017
Resumen: En el p esen e abajo in en a emos esboza una c í ica de la adi-
ción ma xis a, con el obje o de mos a algunos de sus elemen os eó icos más
desca nadamen e eu océn icos. Desde una pe spec i a decolonial, obse a emos
que buena pa e de dicha adición seguía manejando esquemas, concepciones y p e-
supues os que la incapaci aban pa a comp ende la especi icidad de la si uación his-
ó ica de los pueblos colonizados. Es más, en muchos casos la iloso ía de la his o ia
ma xis a desembocó en una jus i icación explíci a de la iolencia colonial, concebida
és a como un mal dolo oso pe o necesa io pa a alumb a una pos e io ansición
al socialismo. El ma xismo eu ocen ado, po odo ello, apenas pudo calib a en su
ín ima especi icidad la e dade a índole de algunas luchas an i-coloniales.
Palab as cla e: ma xismo eu opeo, eu ocen ismo, colonialidad del sabe , c í-
ica decolonial, conocimien os subal e nos.
Abs ac : In his pape , we will a emp o ou line a c i ique o he Ma xis adi ion,
wi h he aim o showing some o i s mo e c udely Eu ocen ic heo e ical elemen s.
F om a decolonial pe spec i e, we will obse e ha a la ge pa o his adi ion con i-
nued o use ways o hinking, concep ions and p esupposi ions ha ende ed i un i in
o de o unde s and he speci ic na u e o he his o ical si ua ion o he colonised peo-
ples. Mo eo e , in many cases he Ma xis philosophy o his o y led o an explici jus i-
ica ion o colonial iolence, iewed as a pain ul bu necessa y e il in o de o gi e ise
o a subsequen ansi ion o socialism. Eu ocen ic Ma xism, he e o e, could sca cely
assess in i s in ima e speci ici y he ue na u e o some an i-colonial s uggles.
Key wo ds: Eu opean Ma xism, Eu ocen ism, coloniali y o knowledge, deco-
lonial c i icism, subal e n knowledge.
1. In es igado y docen e en la Facul ad de Ju isp udencia y Ciencias Sociales y Polí icas de la
Uni e sidad de Guayaquil, República del Ecuado . Co eo elec ónico: [email p o ec ed].
Jo ge Polo Blanco
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1. In oducción
Una lace an e i onía, y lo exp esamos así pa a man ene cie a
cau ela, ha la ido desde siemp e en el pensamien o emancipado eu opeo.
Cómo no eco da el emendo ejemplo de San o Domingo, colonia ancesa
en 1789; la e olución ma illeaba con enesí las calles de Pa ís, mien as
un deleznable sis ema escla is a pe manecía en las An illas colonizadas.
Bien es cie o que, en su momen o más a dien e y pujan e, la Asamblea
ancesa (la Con ención Nacional) o o gó la libe ad a los escla os de las
colonias (un 4 de eb e o de 1794); aunque, poco iempo después, los sec-
o es más eacciona ios (espoleados po la bu guesía ma í ima ancesa y
po la plan oc acia blanca de las colonias an illanas) e oca on dicha libe-
ación. Pe o los escla os de San o Domingo no pe manecie on inmó iles y
sumisos, a la espe a de una libe ación exógena concedida po ilán opos
eu opeos; ellos mismos, “jacobinos neg os”, hicie on suyos los ideales ilus-
ados de la libe ad y la igualdad, le an ándose en a mas con a la i a-
nía escla is a (James, 2003). Bonapa e u o que en ia opas a San o
Domingo, miles y miles de soldados del ejé ci o más pode oso de Eu opa,
pa a a a de so oca la ebelión y es au a el sis ema escla is a. Pe o
los neg os encie on; las opas napoleónicas ue on de o adas y expul-
sadas de la isla. Los ex-escla os gana on su emancipación y decla a on la
independencia de Hai í (1804).
Y es jus o ahí donde a anca nues a e lexión. ¿Pudo el pensamien o
eu opeo, incluso en sus momen os más e oluciona ios, desasi se po com-
ple o de la men alidad acis a y escla is a? Desde luego, muchos espí i us
abie amen e abolicionis as señala on con ímpe u la e güenza ignominio-
sa de un epublicanismo e oluciona io que p e endía sos ene , incu ien-
do en nauseabunda con adicción, la escla ización de o os se es humanos;
y ambién es cie o que ales espí i us llega on a ene no able in luencia
polí ica (has a el pun o de que la Asamblea ancesa, como decíamos hace
un momen o, decla ó abolida la escla i ud en los e i o ios de ul ama ).
Pe o la men alidad colonialis a y acis a pe maneció, como un quis e casi
inma cesible, en el pensamien o eu opeo. Y cuidado, po que no hablamos
únicamen e del pensamien o eacciona io; ambién en el pensamien o
emancipado , y es és e el obje o de nues o abajo, pe du ó esa he encia
acis a y colonial. Incluso en el pensamien o eu opeo más adical, aquél
que p e endió libe a a las masas explo adas de odo el mundo, podemos
de ec a la mencionada he encia. Nos e e imos al pensamien o socialis a.
Y po ello, a con inuación, examina emos de o ma c í ica algunos elemen-
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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os inculados al colonialismo eu océn ico que pe manecie on anclados
en el in e io de buena pa e de los discu sos ma xis as.
2. El luga p i ilegiado de la enunciación e oluciona ia
En la cons ucción discu si a y me odológica de disciplinas eó icas
ales como la an opología o la e nología siemp e ope ó una p onunciada
je a quía de la mi ada: la cul u a occiden al e a el suje o que es udiaba, y
el es o de las cul u as apa ecían como el obje o es udiado. El ma iniqués
Aimé Césai e lo señaló emp anamen e: “Es Occiden e el que hace la e no-
g a ía de los o os, y no los o os los que hacen la e nog a ía de Occiden e”
(2006, p. 39). La disciplina an opológica, sos enía el hai iano T ouillo ,
esul ó se en muchas ocasiones un disposi i o muy uncional pa a el des-
pliegue del pode colonial, p ecisamen e po que se ue cons uyendo a a-
és de una po en e ei icación de odos los “o os no-occiden ales” (2011a).
Esos o os debían se conocidos pa a ul e io men e se in e enidos, edu-
cidos y adminis ados; cons ui un obje o de conocimien o y un obje o de
some imien o llegó a se la misma cosa, y el discu so an opológico apo ó
“cien i icidad” a esa dominación ác ica (Res epo, 2007, p. 296). Las con i-
gu aciones epis émicas no occiden ales apa ecie on sis emá icamen e des-
alo izadas y ilipendiadas (Mudimbe, 1988). Puede conclui se, en is a
de lo cual, que la his o ia misma del conocimien o apa ece in eg ada en el
p opio desa ollo del sis ema-mundo mode no; el despliegue mismo de los
conocimien os iene con igu ado y je a quizado po las de e minaciones
geopolí icas, geoeconómicas y geocul u ales de una secula ma iz impe-
ial-colonial (Mignolo, 2001).
Po que, además, y como bien señaló ya a p incipios del siglo XX
el sociólogo e his o iado a o-no eame icano Du Bois, la “línea de colo ”
que sepa a al colonizado del colonizado no ue únicamen e la exp esión
de un cie o modelo social o una pe e sa es a egia geopolí ica, sino que
al línea a a esó la cons i ución misma de las ciencias mode nas y su
concomi an e humanismo (2014). Po que la colonialidad del pode am-
bién se in il a en el ámbi o de los conocimien os; es más, és os quedan
oquelados en buena medida po dicha colonialidad (Walsh, 2005). Po
lo an o, no puede sepa a se el desa ollo de los sabe es sociales mode -
nos de la o ganización colonial del mundo. La dimensión epis émica es á
a a esada de asime ías geopolí icas y geocul u ales, has a el pun o de
que muchos sabe es no eu opeos o no occiden ales ue on his ó icamen-
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e excluidos, silenciados, es igma izados y “ olclo izados”, condenados a
posiciones subal e nas o ma ginales, elegados al iolen o os acismo de
lo impensable, lo subhumano y lo p e- acional. Cab ía habla , incluso, de
e dade os p ocesos de “epis emicidio”, como lo de ine Boa en u a de Sou-
sa San os (2010). Pe o debe comp ende se que la dimensión epis émica de
la dominación no es simplemen e el co ela o “supe es uc u al” (un epi e-
nómeno ideológico) de la e dade a dominación ma e ial (que ocu i ía en
o o ni el); la dimensión epis émica, po el con a io, es pa e cons i u i a
de la dominación colonial y neocolonial (Cas o-Gómez, 2007, p. 88).
Homi K. Bhabha apun aba a una pe sis en e “ iolencia epis émica”
eje cida a a és de esa mi ada blanca, pa ia cal y eu ocen ada que ue
cons uyendo al dominado, sojuzgado y colonizado (2002, p. 63). El “deci
eu opeo” se con ie e así en el luga p i ilegiado de la enunciación, y algu-
nos de sus pa adigmas cien í icos (cómo no pensa en el posi i ismo y en el
e olucionismo) ue on obje i ando-na u alizando (es o es, no malizando-le-
gi imando) unas elaciones económicas, polí icas y cul u ales de es ic a
dominación neocolonial (Lande , 2005). También la his o iog a ía, de una
mane a no able y casi undacional, ha quedado ma cada y a a esada po
elaciones de pode y colonialidad; y, en ese sen ido, las na a i as his ó i-
cas hegemónicas silencia on mul i ud de elemen os que, de se explici ados
y na ados, pod ían co oci cui a la consis encia de dicho pode (T ouillo ,
1995). Como sos iene Wal e Mignolo, ese locus p i ilegiado de la enuncia-
ción y de la cons ucción de sen ido su gió en el p oceso mismo de la a icu-
lación expansi a del pode colonial (1995). Césai e, de nue o con lace an e
sa casmo, decía que “sólo Occiden e sabe pensa ” (2006, p. 37).
¿Pudo el ma xismo escapa de odo lo an e io , o po el con a io pe -
maneció anclado en esa ma iz colonial? Debemos adelan a que ambién
el discu so ma xis a ep odujo, en dosis muy impo an es, esa iolencia
epis émica de la que enimos hablando. Desde un cien i icismo exace ba-
do, cie a adición ma xis a (y no la más ma ginal, p ecisamen e) sos u-
o que los pueblos no-eu opeos (colonizados po Eu opa) no sabían lo que
ealmen e les es aba sucediendo (y, po ende, ampoco e an capaces de en-
en a lo de una mane a co ec a). Sólo el ma xismo eu opeo, pe echado
con un a senal eó ico capaz de ap ehende los e dade os mecanismos que
de e minan el mo imien o his ó ico en cualquie luga del plane a, es aba
en disposición de o ece un conocimien o obje i o de la ealidad his ó ica.
El ma xismo canónico se aguó en unos moldes de e minis as y meca-
nicis as que, según sos enían sus p incipales epígonos, p opo cionaba un
conocimien o an segu o y an cie o como el que en egaban las ciencias
na u ales (Kau sky, 1975, p. 75; Kau sky, 1981, p. 26; Buja in, 1974, pp.
116-127). Un mismo mé odo pa a desci a las leyes na u ales y las leyes
de la his o ia humana, po lo an o. Ka l Ko sch llegó a deci que aquéllos
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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que se quejan de la “unila e alidad” de la concepción ma e ialis a de la
his o ia hab ían de queja se igualmen e de la “unila e alidad” de la ísica
eó ica, oda ez que és a subsume bajo la ley uni e sal de la g a i ación
los múl iples mo imien os de los cue pos pa icula es, sin ene en cuen a
las modi icaciones p o ocadas po ci cuns ancias concomi an es (1975, p.
244). La in ención de Ko sch, en e ec o, e a consolida al ma e ialismo
his ó ico como aquella ciencia capaz de saca a la luz las “conexiones lega-
li o mes” que es uc u an el campo de la ida social, y pa a ello no dudaba
en es ablece una analogía, quizás heu ís ica, con la legalidad descubie a
en el mundo na u al po las ciencias ísicas. En el abajo Ma e ialismo y
empi ioc i icismo de Lenin (1974) quedó consag ada (y el empleo de es e
é mino no es me a ó ico) esa isión cien i icis a, na u alis a y mecanicis-
a de la eo ía ma xis a.
El enezolano Edga do Lande señalaba de o ma c í ica esa ubica-
ción del ma xismo hegemónico en el in e io de una ma iz de pensamien o
esencialmen e eu océn ica. “Sólo el ma xismo nos ga an iza ap oxima -
nos a la e dad absolu a. Las o as sendas del conocimien o nos ga an i-
zan el e o , la no- e dad. A pa i de es as p oposiciones, Lenin saca sus
conclusiones polí icas. Si la ma cha de la his o ia se da de acue do con las
leyes obje i as, cuya na u aleza y esencia pueden se conocidas –y son de
hecho conocidas– obje i amen e sólo po el ma xismo, oda acción polí ica
que se undamen e en la e dad del ma xismo se á una acción polí ica
mon ada sob e la di ección de la his o ia y es a á jus i icada po ello. Toda
acción polí ica que se undamen e en o a concepción de la sociedad y de la
his o ia es a á basada necesa iamen e en el engaño y la pa aña; es a á
con apues a y des iada con elación a la di ección del desa ollo obje i o
de los acon ecimien os his ó icos” (2006, p. 226). La p opues a leninis a,
po odo lo dicho, ep oducía de mane a muy con unden e las o mas más
coloniales del conocimien o eu opeo. “Hay, sin emba go, una impo an e
di e encia. La ciencia posi i a pos ula la exis encia de un suje o abs ac o
(la azón), capaz de un conocimien o obje i o y uni e sal. Se a a en ea-
lidad de un disposi i o epis emológico median e el cual se ocul a al suje o
del conocimien o dominan e del mundo colonial-mode no; un suje o eu o-
peo, blanco, masculino, de clase al a y, po lo menos en su p esen ación pú-
blica, he e osexual. Todos “los O os” (muje es, neg os, indios, no eu opeos)
son con e idos, median e es e disposi i o, en obje os de conocimien o, en
no-suje os, en se es incapaces de c ea un conocimien o álido. En la a-
dicalización que hace Lenin de es a pos u a colonial eu océn ica de nega-
ción de odo O o suje o capaz de conoce , no apa ece es e disposi i o de
ocul amien o. El suje o p i ilegiado del conocimien o obje i o y uni e sal
es pos ulado abie amen e: la angua dia del p ole a iado” (Ídem.). Sólo
el p ole a iado eu opeo (en ealidad su angua dia in elec ual, no las p o-

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pias masas explo adas) es capaz de desen aña el sen ido p o undo de la
his o ia uni e sal, su e dad úl ima; y es ése un p i ilegio epis emológico
que no ienen o os pueblos de la ie a.
Lo an e io , po supues o, albe gaba impo an es consecuencias
p ác icas y desencadenaba inquie an es e ec os polí icos. Po que única-
men e desde esa e dad, que es obje i a y uni e sal, y a la cual sólo iene
acceso p i ilegiado esa angua dia in elec ual (eu opea, blanca, mayo i-
a iamen e masculina e c.), es posible impulsa un “p oceso ci iliza o io”
que pe mi a a los “pueblos a asados” si ua se en la “di ección co ec a
de la His o ia”, eco iendo pa a ello odas las e apas que necesa iamen e
han de eco e se: mayo indus ialización, desa ollo del me cado y de
las elaciones de p opiedad de ipo capi alis a y, inalmen e, e olución y
sociedad socialis a. De es a mane a, en polémica con los populis as usos
que p e endían en aiza los p ocesos de cambio en las pa icula idades
his ó ico-cul u ales de la sociedad usa, se legi ima y aplaude la inme sión
(si es p eciso, ab up a y iolen a) de la sociedad usa en el ma co de las
sociedades indus iales de ipo occiden al, con el obje o de “supe a ” su
a aso cul u al y económico y, de al o ma, “acele a ” la ansición hacia
una mode nidad capi alis a que, ul e io men e, gene e las condiciones ob-
je i as pa a da el sal o al socialismo indus ial (Lenin, 1975). Sucumbien-
do al más a dien e e ichismo ecnoc á ico, lo ema caba en el año 1920:
“Hay que aga a se a los ingenie os y ag ónomos […] El comunismo es el
pode so ié ico más la elec i icación de odo el país […] sólo cuando el país
es é elec i icado, cuando la indus ia, la ag icul u a y el anspo e descan-
sen sob e la base écnica de la g an indus ia mode na, sólo en onces en-
ce emos de ini i amen e” (Lenin, 1978: 212). La Rusia bá ba a, p imi i a
y supe s iciosa debía se “elec i icada” y mode nizada g acias a los e ec os
siemp e bea í icos de la ecnología indus ial. Pe o, como puede obse a se,
no hay mucha di e encia en e es as esis y los discu sos impe ialis as que
hablaban de “ci iliza ” a odos los pueblos que yacían aún en el sal ajismo.
Todos los mundos cul u ales p ecapi alis as es aban des inados a desapa e-
ce , mode nizándose (es o es, ans o mándose en sociedades indus iales y
de me cado) pa a después da un sal o his ó ico al socialismo.
Has a al pun o esul ó así, que el colonialismo más a oz pudo
queda jus i icado como un episodio ineluc able en el despliegue de la his-
o ia uni e sal. En buena pa e del mo imien o ob e o eu opeo (o, más
p ecisamen e, en e sus in elec uales o gánicos) se asumie on como nece-
sa ias las p ác icas colonialis as eje cidas en Asia o Á ica, oda ez que
se conside aba que cumplían una misión ci iliza o ia; dolo osa, se admi ía
en el mejo de los casos, pe o imp escindible a pesa de odo. La e ciega
en el p og eso lle aba a conside a como bene iciosa (a la go plazo) la im-
plan ación de una economía capi alis a en las sociedades colonizadas, a
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pesa de la emenda de as ación cul u al que al p oceso ocasionaba a las
poblaciones na i as. E a un p ecio que debía paga se, un emendo cos o
humano que debía asumi se como imp escindible e impos e gable. Pues o
que el modo de p oducción capi alis a e a una o ma supe io de o ganiza-
ción económica, y una e apa necesa ia en el p og eso con inuado e ine i a-
ble de la ci ilización, los c ímenes impe ialis as y las ca ás o es sociales
in ligidas a aquellos g upos humanos apa ecían como males necesa ios,
pues con odo ello queda ían sen adas y a iculadas las bases obje i as
que pe mi i ían el paso al socialismo ( econciliación inal del p oceso his-
ó ico uni e sal). E a p eciso deja al capi alismo cumpli mundialmen e
su labo exp opiado a y me can ilizado a, an o en Eu opa como en los e-
i o ios colonizados. Kau sky, empleando es e esquema, p o e ía un juicio
demoledo : “El desa ollo económico po medio de la ex ensión del me cado
mundial y po medio de la polí ica colonial, nos p esen a el mismo caso,
quizá con una e idencia un poco meno . También es e mé odo, en el ondo,
no es más que un mé odo de exp opiación; eposa sob e la exp opiación de
los habi an es y de los p opie a ios o igina ios de los e i o ios coloniales
y sob e la uina de sus indus ias indígenas. (…) Es e p oceso ampoco pue-
de se de enido, es igualmen e una condición p e ia de la sociedad socialis-
a, pe o al cual no puede ampoco la socialdemoc acia p es a su concu so.
In i a a la socialdemoc acia a sos ene la esis encia de los indígenas de
las colonias con a la exp opiación, es una u opía an eacciona ia como la
de que e man ene la a esanía y el campesinado; pe o signi ica ía una
bo e ada pa a los in e eses del p ole a iado, el exigi le que apoyase a los
capi alis as poniendo a disposición de ellos su po encia polí ica. No, és a
es una aena demasiado sucia pa a que el p ole a iado se haga cómplice de
ella. Es e mise able negocio pe enece a las a eas his ó icas de la bu gue-
sía; y el p ole a iado se end á po eliz de no habe se ensuciado las manos
con ello” (1984, pp. 355-356). Posiciona se con a los sang ien os c ímenes
del colonialismo (apoyando, po ejemplo, las luchas indígenas) no e a más
que el espejismo p opio de una u opía eacciona ia; el ma xismo, que cono-
cía cien í icamen e las leyes del desa ollo his ó ico, sabía que ales luchas
e an comple amen e inanes, p ecisamen e po que a aban de ena un
p oceso que e a comple amen e inde enible, i e ocable.
El p opio Ma x, en sus céleb es y polémicas ca as sob e la India,
había manejado un esquema idén ico. E a plenamen e conscien e de que
los b i ánicos es aban a asando sin con emplaciones mul i ud de o mas
de ida a caicas, des ozando odo ipo de adiciones p eindus iales, des-
guazando odas las elaciones sociales p eexis en es y desa iculando e-
ozmen e los en amados cul u ales que allí se daban an es de la llegada
del Occiden e indus ial e impe ialis a. “Sin emba go, po muy lamen a-
ble que sea desde un pun o de is a humano e cómo se deso ganizan
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y disuel en esas decenas de miles de o ganizaciones sociales labo iosas,
pa ia cales e ino ensi as; po is e que sea e las sumidas en un ma de
dolo (…) Pe o no se a a de eso. De lo que se a a es de sabe si la huma-
nidad puede cumpli su misión sin una e olución a ondo del es ado social
de Asia. Si no puede, en onces, y a pesa de odos sus c ímenes, Ingla e a
ue el ins umen o inconscien e de la his o ia al ealiza dicha e olución.
En al caso, po penoso que sea pa a nues os sen imien os pe sonales el
espec áculo de un mundo que se de umba, desde el pun o de is a de la
his o ia enemos de echo a exclama con Goe he: Soll e diese Qual uns
Quälen/Da sie uns e Lus e meh (…)” (Godelie , 1977, p. 84). Es cie o
que Ma x abju a ía de es e ipo de in e p e aciones ul e io men e, en la
úl ima e apa de su ida (Shanin, 1990). Pe o bien es e dad, como pa ece
e idencia se a la luz de semejan e ex o, que en un cie o momen o quiso
e el “componen e ilus ado” que lle aba consigo el capi alismo. Si el me-
canismo ins i ucional del me cado capi alis a había inoculado un inmenso
caudal de su imien o a las poblaciones na i as, desa iculando odo su en-
amado ins i ucional y oda su o ganización socie a ia, no cabía duda de
que, a la go plazo, un indubi able “p og eso his ó ico” se había p oducido
o se hab ía de p oduci en la India. O o an o había señalado Engels con
espec o a las bá ba as p ác icas que los no eame icanos habían in ligido
a los mexicanos (Ribas, 2005, p. 22).
¿La “disolución de odo lo sólido en el ai e”, exp esión que igu a
en el Mani ies o, supone en odos los casos una libe ación emancipado a?
El modo de p oducción capi alis a i e es uc u almen e de e oluciona
pe manen emen e sus p opias condiciones de p oducción, es o es, el capi-
alismo se ep oduce median e su incesan e econ igu ación, a a és de
un eciclaje pe pe uo de su base ecnop oduc i a, si uando con ello a oda
la sociedad en un emolino inacabable de “des ucción c eado a”, an o en
el plano sociocul u al e ins i ucional como en el ámbi o subje i o y simbó-
lico (Alba Rico, 2007). La acumulación de capi al unciona como un po en e
disol en e cul u al que sume ge a la en e a sociedad en una conmoción
inacabable; y los p ocesos de “mode nización capi alis a” han ope ado, po
lo an o, como o midables ue zas que co oen y diluyen in e e ados coá-
gulos sociocul u ales, es o es, como p ocesos que en cie o sen ido sí pue-
den se conside ados “emancipa o ios” cuando lo que se diluye y co oe son
adiciones absolu amen e abe an es. Pe o lo cie o es que esa disolución
ue injus i icablemen e iolen a y c iminal, aunque alguno de sus e ec os
cola e ales esul ase se la ex inción de una adición que me ecía se ex-
inguida. Y más injus i icable aún se ía la p e ensión de que e jus i ica
Théma a. Re is a de Filoso ía Nº57 (2018) pp.: 191-210.
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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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inmensas de as aciones cul u ales, genocidios inena ables, en a as de un
“p og eso his ó ico” que, en úl ima ins ancia, conduci ía a un u u o mejo .
3. Pa ícipes de un mismo ela o eu océn ico
Todas las ci ilizaciones humanas no eu opeas, según es ipuló la
he menéu ica del iempo his ó ico hegemónica en la mode nidad occiden-
al, son “pe i e ia” con espec o a Eu opa, que apa ece como el “cen o”
de la His o ia Mundial. Aníbal Quijano lo encuad a con p ecisión cuando
señala que “los eu opeos gene a on una nue a pe spec i a empo al de la
his o ia y e-ubica on a los pueblos colonizados, y a sus espec i as his o-
ias y cul u as, en el pasado de una ayec o ia his ó ica cuya culminación
e a Eu opa” (2000, p. 210). En es e esquema e olucionis a y monológico,
sólo apa en emen e supe ado, la acionalidad eme ge como un p oduc o
exclusi amen e eu opeo, oda ez que sólo Eu opa hab ía log ado sali
de ese lamen able y p imi i o es ado de na u aleza en el que se halla ían
sumidas la p ác ica o alidad de las as as egiones no-eu opeas. En el
in e io de es a pode osa y en ol en e cons ucción ilosó ico- empo al, o-
dos esos e i o ios humanos no-eu opeos (no-occiden ales) son ubicados
en una an e io idad que es pensada e imaginada como incomple a, ca en e
e in e io ; sociedades, en suma, que han de se mejo adas o supe adas,
es o es, aídas al p esen e. La ca ego ía de lo “anac ónico” adqui ía con-
no aciones odiosas y desp eciables. Es lo que Cas o-Gómez denominaba
“la no simul aneidad empo al en e las sociedades indígenas ame icanas
y las sociedades ilus adas eu opeas” (2005, p. 37). Esa iloso ía, exp esada
ní idamen e en pensado es ilus ados como Tu go , concebía que ambas
sociedades coexis ían en el espacio pe o no en el iempo. El ec o - iempo,
el eje inexo able po el cual anscu ía el p og eso obje i o del espí i u
humano, de e minaba que aquellas comunidades humanas habi aban un
“ iempo an e io ”, en lo e e en e a su o ganización ma e ial y despliegue
espi i ual; mien as que las sociedades eu opeas habi aban un “ iempo
p esen e”, es o es, un iempo a anzado y po ello mismo in ínsecamen e
supe io . El ma xismo, con su iloso ía de la his o ia eleológica y p og e-
sis a, se inca dinó en esa misma ma iz.
Po o o lado, y con base en esa misma lógica, buena pa e de la
adición ma xis a asumió que el desa ollo sin lími e de las ue zas p o-
duc i as hab ía de conduci necesa iamen e a un es adio mejo , oda ez
que en és e ya se hab ían c eado las óp imas condiciones que pe mi i ían
ab i la posibilidad de una supe ación de las con adicciones del modo de
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Théma a. Re is a de Filoso ía Nº57 (2018) pp.: 191-210.
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ins ancia, decoloniza al ma xismo; esca a lo de algunos moldes eó icos
(el p incipal de ellos, la iloso ía de la his o ia eleológica) que lo si uaban
en una conni encia y complicidad di ec a con los discu sos más c iminales
del impe ialismo eu opeo.
Las p opues as de F an z Fanon son muy aliosas a la ho a de
comp ende esa especi icidad (poco en endida po el ma xismo) de la do-
minación colonial; señalaba, en ese sen ido, que lo que es aba en juego
en el pode colonial e a una on ología sob e-de e minada desde ue a de
sí misma. “Ya mos a emos cómo lo que se llama el alma neg a es una
cons ucción del blanco” (1973, p. 13). En endió, en la dolo osa y lace an e
au ocomp ensión de su iden idad, que és a había sido o jada en los imagi-
na ios del colonizado blanco; és e, dice, “me había ejido con mil de alles,
anécdo as y ela os” (Ibíd., p. 92). Po que el neg o, como ha señalado el
came unés Achille Mbembe, no es en e dad sino un “yacimien o de an-
asías u didas po Occiden e” (2016, p. 83). Una subje i idad desga ada,
p oducida secula men e en el in e io de una ma iz cul u al adicalmen-
e subal e nizada. “El neg o no iene esis encia on ológica a los ojos del
blanco” (Fanon, 1973, p. 91). El au o de Les damnés de la e e, con un
lenguaje siemp e cla i iden e y a eces lí ico, lo exp esa de mane a con-
unden e cuando dice que el neg o, al expone se en el campo isual de su
dominado sien e la insc ipción o gánica de su “cue po neg o” en una a-
ma his ó ica de some imien o y epudio, pues “a la p ime a mi ada blanca,
expe imen a el peso de su melanina” (Fanon, 1973, p. 124). Ese peso es
densamen e his ó ico, aquila ado en imagina ios de dominación ( o jados
en una ex e io idad aplas an e) que obje i an al neg o (y al “indio”, y al
“á abe”) de una al o ma que la p opia subje i idad de los subyugados
adquie e y asume los con o nos adjudicados po el colonizado . “Las mi-
adas blancas, las únicas e dade as, me disecan”, uel e a sen encia
Fanon (Ibíd., p. 95). He aquí el imagina io colonial que, anscu idas las
décadas, sigue ope ando en con ex os neocoloniales (Mudimbe, 1994). Es
e iden e que odas es as cons ucciones simbólicas y cul u ales ge minan
en un con ex o geopolí ico y geoeconómico muy conc e o; y es o lo explican
bien el ma xismo y la eo ía de la dependencia. Es deci , odo aquello de
lo que nos hablaba Fanon iene luga en el seno de los p oyec os impe ia-
lis as lle ados a é mino po las g andes po encias indus iales; p oyec os
que implican una complejísima adminis ación polí ica, una es uc u a
económica de explo ación bien a iculada, un en amado come cial ul a-
ma ino de colosales p opo ciones y una mo ilización mili a pode osísima.
Sólo den o de es a ma iz geopolí ica pueden da se esos p ocesos de sub-
je i ación colonial. Pe o, descendiendo a o os ni eles, hemos de ase e a
que la colonialidad, que ope a en un ni el mic o, no queda analí icamen e
ago ada en los emendos con ex os mac o. Debe ecalca se y en a iza se,

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a un pensamien o que apenas pudo deja de se eu océn ico
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po lo an o, que la colonialidad del pode p oduce subje i idad. Y el ma -
xismo no siemp e pudo (o no siemp e quiso) ap ecia la emenda impo -
ancia ( eó ica y p ác ica) de es e componen e.
Den o del mo imien o eminis a, po cie o, había ocu ido algo
muy simila . La esc i o a y ac i is a a ono eame icana Glo ia Jean Wa-
kins, más conocida como bell hooks (pues de es a mane a ha i mado sus
abajos, esc i o así, con minúsculas), en un abajo imp escindible, seña-
laba que “las muje es blancas que dominan el discu so eminis a hoy en
día a a ez se cues ionan si su pe spec i a de la ealidad de las muje es
se adecúa o no a las expe iencias i ales de las muje es como colec i o.
Tampoco son conscien es de has a qué g ado sus pun os de is a e lejan
p ejuicios de aza y de clase, aunque ha exis ido una mayo conciencia de
es os p ejuicios en los úl imos años” (2004, p. 35). Con dolo , explicaba que la
li e a u a eminis a (al menos en los Es ados Unidos) apa ecía ebosan e de
acismo. Muje es blancas de clase media-al a que no podían (o no que ían)
comp ende el ac o di e encial que suponía la “ aza”. Ellas, i anizadas po
el machismo sexis a de sus compañe os a ones ( ambién blancos y de clase
p i ilegiada), p e endían con e i su expe iencia en la expe iencia de odas
las muje es. En sus esc i os, po lo an o, e an incapaces de ap ehende que
una muje neg a de clase ob e a sopo aba, además del sexismo machis a,
el acismo y la mise ia económica. Pa ia cado, clasismo y acismo son es
es uc u as de dominio di e en es, cada una de ellas con su p opia lógica y su
p opia in ensidad; po no habla de la homo obia, si además de muje neg a
y pob e e es lesbiana. También en es e caso, y po ello lo aemos a colación,
el discu so y la p ác ica eminis as han ope ado du an e mucho iempo con
esquemas (polí icos y epis émicos) a es ados de colonialidad. En p ime lu-
ga , po que el “ ac o acial” no ue conside ado como de e minan e; ambién
aquí la especi icidad de la op esión acis a se subsumía (como cues ión secun-
da ia o insigni ican e) en una p oblemá ica p esumiblemen e más amplia e
impo an e: la libe ación de odas las muje es (más allá de las azas y más
allá de las clases sociales). Pe o no exis e ese “más allá”, po que aza y clase
son ac o es decisi os que se en elazan con la cues ión pa ia cal; aquella
subsunción, po lo an o, e a muy amposa, po que las muje es neg as e-
nían ( ienen) que libe a se del pa ia cado, sí, pe o ambién deben lucha po
libe a se del acismo (y de la pob eza); un acismo que, y he aquí el núcleo del
p oblema, ambién es eje cido con a ellas po o as muje es blancas. Es más,
las p opias eminis as blancas a a on con desp ecio y condescendencia, en
demasiadas ocasiones, a las muje es neg as que que ían suma se al mo i-
mien o. “Se ha esc i o poco sob e los in en os po pa e de las eminis as blan-
cas de silencia a las muje es neg as” (2004, p.45). Es e dad que palab as an
ama gas ue on esc i as en 1984, y desde en onces la eo ía c í ica eminis a
ha ido desplegando un a senal eó ico cada ez más po en e y so is icado, en
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lo que al ema acial se e ie e. “Feminismos neg os” (Jaba do, 2012), “ emi-
nismos musulmanes o islámicos” (G os oguel, 2016), “ eminismos chicanos”
(Anzaldúa, 2016) o “ eminismos decoloniales y poscoloniales” (Mohan y, 1988
y 2003) han sido pues os sob e la mesa con mucha ue za, y aquel eminismo
blanco, clasis a, eu océn ico y occiden alocén ico ue e isado y du amen-
e c i icado desde las p opias ilas del discu so eminis a. El eminismo, en
suma, ambién hubo de se decolonizado.
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