Nuevas estrategias en la gestión del Patrimonio Industrial
Full text
Nuevas estrategias en la gestión del P atrimonio Indu strial
I Congreso Interna cional de
Patri m onio In dustrial y de l a O bra Pública
26, 27 y 28 de octubre de 20 16
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G ESTIÓN DEL PATRIMONI O INDUSTRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Nuevas estrategias en la gestión del P atrimonio Indu strial
I Congreso Interna cional de
Patri m onio Industrial y de l a Obra Pública
COORD.:
Fco. Javier Sánchez Jiméne z
ISBN
978 - 84 -617-5 659-9
DEP. LEGAL
SE 1609-2 016
MAQUETACIÓN
Textura Diseño G ráfico
IMPRIME
J de Haro Artes G ráficas
CONVOCA Y ORG ANIZA
Cualquier forma de reproducc ión, distr ibución, comunicac ión pública o tra nsformació n de esta obra, s ólo puede ser realizada c o n la autor ización de s us
titulares, sa lvo excepción previs ta por la ley.
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Nuevas estrategias en la gestión del P atrimonio Indu strial
I Congreso Interna cional de
Patri m onio Industrial y de l a Obra Pública
PATROCINA Y COLABORA
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COMITÉ ORGAN IZADOR:
Francisco Díez Ch eca
Inés Durán Mo ntero
Jacinto Mata V ázquez
Josefina Melgos a Márquez
SECRETARIA DE L CO MITÉ ORG ANIZADOR:
Beatriz Blázquez Herre ra
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COMITÉ CIEN TÍFICO:
Antonio Miguel Bernal Ro dríguez - Univers idad de Sev illa (España)
Peter Claughton - Un iversity of Exet er (Reino U nido)
Mónica Fer rari - U niversida d Nacional de Tuc umán (Arg entina)
Carmen Garcí a Ruiz - Coleg io de Ingenieros T éc. de Mina s de Córdo ba (España)
Miguel Giménez Yanguas - Univers idad de Grana da (Espa ña)
Jean-Louis Kerou anton - U niversité de Na ntes (Franc ia)
José Manuel Lope s Cordeir o - Universidade do Minho (P ortugal)
Tomás Lloret García - Univers idad de Sevilla (Espa ña)
Jacinto Mata V ázquez - Uni versidad de H uelva (España)
Cristina Meneguel lo - Univer sidade Estadual de Campinas (Brasil)
Jaime Migone Rettig - TICCIH - Chile (Chile)
Belem Ovied o Gámez - Arc hivo Histórico y Museo de M inería, A.C. y TICCIH (Méx ico)
Massimo Preit e - U niversità degli Studi di Firenze (Ita lia)
Maria Caterina Redini - Un iversità di Roma (I talia)
Luis Repetto M álaga - Comit é Peruano de Co nservació n del Patri monio Ind. (Perú)
Francisco José Rodríguez Marín - Un iversidad de Mála ga (España)
José Ignacio R ojas Sol a- Universi dad de Jaén (Espa ña)
Francisco Javie r Sánchez Jiménez - Un iversidad de Sev illa (España)
Andrés Sánchez Picón - Universidad de Almería (España )
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SALUDO
Inés Durán M on tero
Presidenta de la F undació n Patrimo nio Industria l de Andalucía
Es evidente la crecien te preocupa ción desde dive rsos Organism os, tanto n acionales como
internacionales, así como de múltiples Asociaci ones, p or la protección del Pa trimon io. E sta preocupaci ón,
que i nicialmente contem plaba úni camente lo que ha ven ido denom inándose c omo Patrimoni o H istórico -
Artístico, ha ido ampliando su ámbito y acabando por considerar como Patr imonio cualquier tipo de
herencia cu ltural, sea cual sea su naturaleza. As í, en l as últim as décadas ha ido en a umen to el interés p or
el estudi o y la protección del Patrim onio Ind ustrial, tanto por sus valo res históricos e n relación a la
evolución de la industria y l a tecn ología com o por sus repercus iones so cio -económi cas, etn ográficas y
también culturales .
Fruto de este interé s, la Fundación Patrimonio Industr ial en Andaluc ía
convocó el I Congres o Internacional de Pa tri monio Industrial y de la Obra
Pública, d el 26 a l 2 8 de o ctubr e de 2016, en H uelva, ce ntro de u n e nclave de
reconocida tradición industrial con una excelente herencia patrimonial. En
esta o casión, se pretend e abrir aun más el debate so bre la protecc ión y la
puesta en valor de nuestr o ri co Patri monio Industrial. A sí, además d e dar a
conocer d iferentes paisajes, arquitecturas, máquin as, m odelos s ocioeconómi -
cos y estructuras de la industrializa ción, también se analiza rán nuevas
estrategias en la ge stión del Patrimon io Ind us trial com o el uso del m arketing,
redes sociale s y tec nologías de la inf ormación, a sí como ex perien cias
innovadoras de Turi smo Indus trial como alt ernativa para l a puesta en valor del
Patrimonio Industrial.
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ÍNDICE
EL MUELLE DE RIOT INTO EN HUEL VA. S U TECNOLOG ÍA E I NNOVAC IÓN EN EL
CONTEXTO DE LA INGE NIERÍA CI VIL BRITÁNI CA D EL SIGLO XIX. .............................................. 10
CATÁLOGOS IND USTRIAL ES Y CONSTRUCTIVO S: IDENTIFICAC IÓN DE
MAQUINARIA Y TIPOLOG ÍAS EN EL PA TRIMONIO I NDUS TRIAL .................................................. 23
ELECTRIFICA TION’S EFFECTS IN T HE RAILWAY SYSTEM IN ATHEN S (1869 - 1940).
TRANSIT IN A THE NS AREA ( ATHENS-PIRAEUS RA ILWAY S) ......................................................... 35
COMUNICACIÓ N DE LOS PA ISAJES IND USTR IALES: DE LA R UINA A S U
INTEGRACIÓN EN LA OFERTA T URÍSTICA URBANA. LA COLONI A AGRÍCOL A SANTA
ISABEL DE CÓ RDOBA CO MO PROPUE STA DIDÁC TICA ...................................................................... 55
LA FÁBRICA DE HARI NAS “LA GIRAL DA” DE ÉCIJA, PRIMER EDIFI CIO DE
HORMIGÓN ARMA DO EN ANDALUCÍA ...................................................................................................... 80
LOS SISTEMAS DE INFORMA CIÓN GEOGRÁFICA EN EL ANÁLISI S Y GES TIÓN DEL
PATRIMONIO TERRITORI AL. EL CA SO DE LAS SALI NAS DE A NDALUCÍA ................................ . 92
EL ARTILLERO TOMAS D E MORLA .......................................................................................................... 107
LA COMISARÍA AL GODON ERA DEL ES TADO EN SE VILL A. RECUPERACIÓ N VIRTUAL ..... 128
FÁBRICA DE CER VEZAS CRUZCA MPO DE SE VILLA. REA LIDAD VIRT UAL .............................. 145
RECONSTRU CCIÓN VIRTUAL DEL MOLINO DE LA TAPA DA ........................................................ 160
ESTRATEGIAS Y ACTUAC IONES DE MARK ETING E N LOS VI NOS DE MÁL AGA .................... 172
APRENDIZAJE A LO LARGO DE TODA LA VIDA, PUESTA EN V ALOR Y TURISMO
SOCIAL EN TORNO AL PA TRIMONIO INDUSTR IAL. ESTUDIO DE CASO: JOR NADAS
DE DEBA TE. LA PARTICIPACIÓN ACTIVA DE NUE STROS MAYORES EN LA PUESTA
EN VALOR D EL PATRIMO NIO INDUSTRIAL DE MÁL AGA .............................................................. 190
MAS ALLÁ DEL PATRIMO NIO IND USTRIAL ON UBENSE ................................................................ 200
EXPERIENCIAS INNOVADORA S PARA LA PUESTA EN VALOR DEL PA TRIMON IO
INDUSTRIAL: EL CASO DE A LLARIZ ( OURENSE) ............................................................................... 209
PROYECTO SILOS. DIFUSIÓ N Y VÍAS DE CO NOCIMI ENTO DEL PA TRIMONIO
INDUSTRIAL A TRAVÉ S DE L A CULTURA DIGI TAL ........................................................................... 223
CORTIJOS, HACIENDAS Y LAGARES: ELEME NTOS DEL PATRIMO NIO INDU STRIAL
CLAVES EN EL MO DELADO DE LOS PA ISAJES ANDA LUCES ......................................................... 234
CARGADERO DE MINERA LES DE MELILLA: 90 AÑO S DESPUÉ S ................................................. 249
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FÁBRICA LA TRINIDAD DE SEVILLA: EX PERIEN CIA DESOLADORA DE LA “NO ”
PUESTA EN VAL OR DEL P AT RIMONIO I NDUSTRIAL ....................................................................... 258
PATRIMONIO CULTURA L Y NATURAL EN LA RESER VA DE LA BIOSFERA MARISMA S
DEL ODIEL ” : ID ENTIFI CACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LO S PAISAJES DE LA
PRODUCCIÓ N ..................................................................................................................................................... 274
LA CENTRAL TÉRMICA D E CORRALES: U NA APUE STA POR SU REC UPERACIÓN ............... 289
LAS ES TACIO NES D E F ERROCARRIL DE LA LÍNEA DE THARSI S: SI STEMA S
CONSTRUC TIVOS Y EST RUC TURALES .................................................................................................... 303
ARQUITECT URAS DE LA HIDROELE CTRICIDAD: MIGUEL FISAC Y LAS CENTRALES
DE CANAL ROY A E IP EN CANFRANC, H UESCA. ................................................................................. 314
TRANSFORMAC IÓN DE UN PUEBL O ITALIANO RECONDU CIEND O EL
DESCUBRIMIE NTO DE SU PASADO ROMANO CON EL APROVECHAM IENTO DE SU
INDUSTRIA D E LA TRUFA UNISO NÁNDOLO AL M UNDO DEL TURISM O ................................ . 328
EL PATRIMONI O INDUSTRIAL DE LA PRO VINCIA DE HUELVA EN LA P RÁCTICA
TURÍSTICA: PA SADO, PRE SENTE Y F UTURO ....................................................................................... 337
EL MOLINO PARA LA MOL IENDA DEL SÍLEX DE AGUSTÍN DE BETANC OURT Y
MOLINA: APROXIMA CIÓN A SU MODELADO GEOMÉ TRICO CON AUTODES K
INVENTOR PROF ESSION AL ......................................................................................................................... 353
EL CANAL DE L A COMPA NHIA MI NEIRA SOT IEL-CORONADA .................................................... 362
PROPUESTA METO DOLÓGICA PARA EL ESTUDIO DE BIENES INDUS TRIALE S
INMUEBLE S. APLICACI ÓN A L A PROVINCIA D E HUELVA .............................................................. 378
FLOUR MILLS FACTORIE S INEARLY 20TH CEN TURY: ARCHITECTURAL MODELS OF
BRICK IN Z AMORA (SPAI N) ......................................................................................................................... 393
PROPUESTA S DE MEJOR AS PARA LA EXPLOTA CIÓN TURÍSTICA DEL CAMINITO DEL
REY EN EL COMPLEJO HIDRÁULI CO DE LOS EMBALSES DEL GUADA LHORCE
(MÁLAGA ) ........................................................................................................................................................... 407
EL PAISAJE CUL TURAL DE LA UVA-PA SA EN LA AX ARQUÍA ........................................................ 422
PAISAJES C ULTURALE S E IN ICIATIVA S DE RECUPERA CIÓN DE PAT RIMONIO
INDUSTRIAL MI NERO E N ESPAÑA .......................................................................................................... 435
PATRIMONIO ARQ UITECTÓ NICO DE LA INDUSTRIA QUÍMICA EN LANGREO
(ASTURIAS) ........................................................................................................................................................ 453
NUEVOS MODO S DE IN TERVE NCIÓN E N VIEJOS PAI SAJES IND USTRIALE S .......................... 470
EL PAISAJE IN DUSTRIA L: ENFOQUES METODOL ÓGICOS EN SU INVESTI GACIÓN
DESDE SU CO NSIDERAC IÓN COMO PA ISAJE C ULTURAL ............................................................... 478
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ACERCAR EL PÚBLICO AL PATRIMONIO INDUSTRIAL. ESTRA TEGIAS DE
DESARROLLO DE A UDIENCIAS EN COLECCIO NES DE THAR S IS. ................................................ 485
LECCIONE S DE INGENIERÍA INDUSTR IAL EN TORNO A EL QUIJOT E DE MIGUEL DE
CERVAN TES ....................................................................................................................................................... 501
PATRIMONIO OCULTO EN UN PAI SAJE EN TRANSFORMA CIÓN. L A OBRA
DESCONOCIDA D EL INGENIERO JO SÉ EUGEN IO RIBERA EN ASTUR IAS ................................ . 516
NORMA UNE 30200 1:201 2 DE TURISMO INDUS TRIAL. ANÁLISIS Y APLICAC IÓN DE
LOS REQUISI TOS PARA LA PRESTAC IÓN DEL SERVICIO ............................................................... 529
RESEARCHES AND PROJECTS FOR THE VALORIZATIO N OF THE RAILWAY STATION
OF VOLOS (GREE CE) ...................................................................................................................................... 543
EL PATRIMONIO INDUSTRIAL OLEICO DE ARACE NA (HUELVA). LA COOPERATIVA
ALMAZA RA SAN BLA S Y SU ARQUITE CTURA ASO CIADA ............................................................... 549
LA IMPORTANC IA DE L OS ARCHIVOS DE MINAS PARA SU PUE STA EN VALOR Y
REHABILITA CIÓN. EL CA S O DEL ARCHI VO HIS TÓRICO DE M INA S DE HERRE RÍAS .......... 555
A REU TILIZAÇÃO DO PATRIMÔNIO INDUSTRIAL FERROVIÁRIO COMO FORMA DE
PRESERVAÇÃO: O CASO DO CONJUNTO FERROVIÁR IO DA COMPANHIA
MOGIANAEM CA MPINAS (SÃO PAUL O/BRASIL) ............................................................................... 563
ANÍBAL GONZÁL EZ HETEROTÓPI CO. OBRA FABR IL Y OBRERA EN LA
CONSTRUC CIÓN DE LA CIUDAD I NDUSTRIAL .................................................................................... 577
CONCEPÇÕ ES E VALORES APLICADOS AO PATRIMÔNIO INDUS TRIAL BRASILEIRO :
O CASO DA E STAÇÃO E C ONJUNTO FERROVIÁRIO DE MAIRINQUE ......................................... 594
GESTÃO COMPARTILHA DA E EDUCAÇÃO PA TRIMONIAL: UMA ESTRATÉGIA DE
VALORIZAÇÃO DO PATR IMÔNIO I NDUSTRIAL .................................................................................. 609
LA ARQUITECTURA IND USTRIAL DE ANTONIO PALACIOS A COMIENZOS DEL SIGLO
XX. CLASI CISMO, REGI ONALISMO Y MODERNIDA D ......................................................................... 624
RECUPERACIÓ N DEL MA LACATE DEL P OZO MAE STRO DE CABEZAS DEL PA STO ............ 640
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LA CIMENTACIÓN POR PLATAFORMAS D E M ADERA A MODO DE ZAPATAS
Al clavar los primeros pilotes del muelle de Riotinto con ros cas helicoidal es en su
extremo, se observó con g ran preocupa ción de Bruce y G ibson q ue se superaban
fácilmente las profund idades previstas sin alcanz ar la resistencia ne cesaria para
sostener el peso del embarcadero cargado de vagones de mineral, lo que sup oní a un
grave probl ema de di fícil solución .
Una vez contr atada la empresa de Dix on, se l lev aron a cabo numerosos ensayos,
decidien do f inalmente los ingenieros que la solución de pilotaje de rosca atornillado al
fango del f ondo de la ría no daría la capacidad r esistente necesaria para sostener la s
grandes cargas que se mane jaban, por l o que se optó por adoptar una solución
noved osa, en concreto, construir unas plataformas de madera, ejecutad as con vigas
de pino tea, dimensi onadas como zapatas apoyad as en el f ondo de la ría , lo cual
proporcionarí a una base de trans ferencia de cargas muy superior a la pre v ista.
Las m aderas se las traron con lingotes de fundici ón por medio de buzos y se
dispusieron como z apatas en contacto con el fondo de la ría, de las dimensio nes q ue
se exigí an por los cálculos y ensayos realizados. A cada uno de los pilotes se les
colocaba un collarín troncocónico q ue transmiti ría la m ayor parte de la carga a las
zapatas de madera, haciéndo las descansar en el f ondo del río y aliviando así la
presión sob re los helicoi des de los pilotes ( figura 4).
Figura 4. Pl ano de Gibso n con secci ón por las pla t aformas de made ra
Gibson T. The Huelv a Pi er of Riotinto Railw a y. Londres 1878 .
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LOS INGENIEROS ESPAÑOLES EMPLEAN EL SISTEMA DE ROSCAS
HELICOIDALES D ESDE 1860
La técnica de los pilotes roscados inv adió el m undo de la in genierí a en el Reino Unido.
Pronto, en los muelles embarcade r os y los puentes con struidos en terrenos blandos e
inundados, los ingenier os británicos apli caron los pilotes de rosca como siste ma
general de ci mentación, al tiempo que los más aventajados ing eniero s español e s
utiliz aban el sistema des de la década de 1860 .
El año 1859 el gra n ingeniero y arquitecto Lucio del Vall e viajó a Francia e Ing la terra
comisionado por el gobierno español para estudiar las señales ma rí timas y su
ejecución con cimentac iones de r oscas helico idales. De sus viajes a Francia e
Inglaterra para el estudio de l os f aros y se ñales marítimas, dejó Valle escritos
numerosos artículos en la Revista de O bras Públicas, hoy recopilados en un libro de
indudabl e interés.
En su primer trabajo pu blicado en la ROP [ 10 ] sobre t emas de señales marítimas, e n
1860, Valle rinde tr ibuto de ad miración al inv ento de las ros cas helicoida les para
pilotes, cr eada s por Ale xan der Mitchel l, Elogia asimismo los embarcad eros de hierro ,
de pilotes sobre roscas Mitchell , columnas de hierro f orjado y estruc tura del m ismo
material, con plataforma de tableros de madera , resaltando la r esisten cia q ue estos
muelles ejercen frente al embate de las olas, por su cimentación profunda, la
separación y ligereza de sus columnas, y la supe rficie cilí ndrica de éstas. De todo ello
extrae Val le las determinaciones que le ll evan a proyectar un prototipo de
embarcadero para los p uertos español es, en concreto, un puente de 10 metros de
anchura, f ormado por pórticos de cuatro pil otes, los dos pilotes exteriores de cada
pórtico incli nados, y con una separ ación entre pórticos de 5 metros , atornillad os al
subsuelo mediante roscas de f undición M itchell. En pocos años, los ingenieros
españoles adoptaron el sistema de cimentación por pilotes roscados para puentes y
edificaciones costeras .
Es de señalar la observación que hace Valle sobre el coste excesiv o de los pilotes de
rosca, con estas palabras: “ sin descono cer la feliz aplicación de la ros ca Mitchel l al
objeto que estoy tratand o….cuya resistencia a tracción puede ser tan gra nde como se
desee, el coste es excesivo, monopoliz ada su adquisición en m anos de Mr.
Federico(sic) Johnson, de Londres, a quien el inventor tr aspa só los derech os de su
patente, y el cual exige hoy 5.500, 4.000 y 2.000 reales por los tornillos m odelos 1, 2 y
3, precios bastante exagerados y a cuyo g asto hay que añadir el coste de las llaves y
vástagos de la l í nea, que no bajarán de 15.000 real es cada juego co mpleto...”
INGENIEROS BRITÁNIC OS Y ESPAÑOLES CO NTEMPORÁNEO S OPINAN SOBRE
EL MUELLE DE RIOTINTO
La presentación en 1878 del trabajo de Gibson en la I CE de Londres, sobre el
proyecto y la obra del muell e de Riotinto conllevaba un debate o discusi ón en el q ue
intervení an como ponentes los autores Bruce, G ibson y Dixon f r ente a un jurado de
afamados in g enieros brit ánicos que habí an estudiad o el caso [ 11 ].
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George Bruce basó su intervención en la innovación del sistema de embarque de
mineral sin gr úas, ya utilizado por Harrison y el propio Bruce en los m uel les sobre el
Tyneen New castle con gran éxito técnico y económico, ex poniendo que el may or gasto
pl anteado en la estructura estarí a amortiz ado en pocos años por la vel ocidad de
descarga de mineral con el nuev o sistema.
Bruce r econo ció que el subsuelo era m ucho peor de lo q ue se esperaba y hab ía sido
estimado en el proyecto, llegando el fango a una profu ndidad de 80 pies. El enorme
peso que suponí a el desarrollo en vertical de dos l í neas de f errocarril , una sobre otra,
hací a imposible sostener la carga con pil otes roscados, aún cuand o se decidió
aumentar el diámetro d e los helicoides a 5 pie s. La solución novedosa consistió en
proporcionar una super ficie adicional de sostén mediante la introducción de
plata f ormas de madera a modo de zapatas de cimentación .
John Dix on explicó q ue, en primer lu gar, se e jecutó y t erminó la estructura metálica
con sus pilotes de rosca y posteriormen te se lastraron y colocaron las plataformas .
Expli có q ue, ante la complejidad de la situación de hincado de uno s pilotes tan
pesados, se decidió prescindir de las máq uinas de vapor para cla var los pilotes
roscados, y se sustituyer on por un sistema de hincado m anual, mediante cabrestantes
de 8 radios, en cada uno de los cuales trabajab an 4 hombres, con u n total de 32
hombres trabajando si multáneamente. En situacion es específicas de mayor
compacidad del terreno, Dixon dispuso dos plantas de plataformas de hincado, con un
cabrestante cada una, llegándose a contar con 50 hombres tr aba jando
simultáneamen te, resol vién dose así el hincado de los pilotes con pres teza y
seguridad. En el citado trabajo de Gibson s e especifican de m anera prolija las
soluciones técnicas adoptadas para lastrar y colocar en su lugar las plata formas de
madera y sus collarines de fundición situad os en la vertical de cada pil ote.
Gibson expl icó cómo la capacidad de carga del terreno f angoso no superaba las 700
libras por pie cuadrado (0,35 kg/cm2, la cuarta parte del muelle de T harsis) por lo q ue
el sistema de las plataformas resultaba absolutamente necesario, incorporando sus
cálculos, y aportando nu merosos da tos y tabl as al e fecto.
Los ingenieros , una vez en marcha el proceso general de cimentación y estructura del
sistema, y ej ecutado un 50% aprox imadamen te en las z onas menos prof undas ,
pararon la obra desde Septiembre a Diciembre de 1874 para comprobar mediante
ensay os en los pórticos ya ejecutados, los pesos que podían ser realmente soportad o s
por los pilotes de rosca y las plataformas de madera más ca rgadas, dando un os
resultados absoluta mente válidos para ref rendar el método empleado, por lo que la
cimentación p rosi guió, terminándose en abri l de 1875.
En el debate mantenid o al respec t o en la ICE de Lo ndres, l os in genieros del la
institución se sintieron muy atraídos, por el s istema de plataformas sumergidas ,
manifestando Mr. A. Pain q ue se había comprobad o la inexistenci a de teredos navalis
ni otros gusanos m arino s e n las maderas del muelle lo q ue garantizaba la durabilidad
de la madera sumergida. MrJohn Robinson manifestó “ que se r ecome ndaría a los
ingeni eros, para ob ras en puentes sobre fangos, es te tipo de cimentaci ón por l a
facilidad y rapidez con la que se podía realiz ar, siendo de interés al r especto las tablas
aportadas por los autore s.” Por su parte, Sir James Ramsden se intere só en el coste
final de la estructura, parecién dole cara, a lo que Bruce recordó q ue no era un simple
muelle de tránsito de minerales s ino que incorporaba un nivel bajo dedicado a
mercancías cuy o cost e e staba incluido en la inv ersión g eneral .
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Gibson expl icó que la compañí a estaba embarcando unas cantidades de pirita muy
importantes , del orden de 300.000 t oneladas al año, habiéndose obtenido por la
compañí a un coste por f lete m uy ventajoso. Además se había alquilado recientemente
la planta baja del muelle a la compañí a MZA , de lo q ue se esperaba un rendimiento
adicion al considerabl e.
En cuanto a la opinión que sobre el muelle tenían los ing enieros españoles
contemporáneos , acudi mos a la publicaci ón Anales de la Construcci ón, de 1878, en la
que el ingenie ro Pedro Pérez de la Sala hace la si guiente observ ación [ 12 ]:
“ En primer lugar el extra ordinario peso de la estructura p roviene en gran pa r te de las
luces de 15 metros dad as a los tramos…pudien do reducirse a 4, 5, ó 6 metros como
se hace en casi t odos los muelles sobre pilotes de rosca…así al aumentar el número
de apoyos, estos hubieran tenido que soportar un peso que quiz ás llegara a ser la
décima parte del que corresponde hoy día a cada tubo. Se hubiera así disminuido m uy
considerabl emente la sección de estos pilotes y serí a bastan te con las r oscas
helizoi dales para sustentar toda la constru cción, evitándose las costosa s plataforma s
de made ra.”
Por su parte José Eugeni o Ribera, el más impo rtante de los ingenieros españoles de
final del XI X y primera parte del XX, en uno de sus libros [ 13] dice al respecto:
“ El extraordinario peso de los tramos y la gran f lojedad del t erreno que es de fango e n
una gran prof undidad , obligó a añadir a cada pi la una plataforma de madera….y el
coste total de la obra ha alcanz ado la extr aordina ria cantidad de 3.700.000 pesetas.
Aunque por es tos dato s y el examen de los plan os parecen ser estos muelles
acreedores de un más detenido estudio, no podemos m enos de consig nar aquí que,
por el contrario, ju z gamos debe evitarse la imi tación de este sistema ”. Continúa Ribera
profundiz ando en el asunto en estos t érminos: “ ¿Qué necesidad había de construir un
verdadero puente cuando hubiéranse podido reducir estos tramos a 4, 5 ó 6 metros
como se hace en casi todos los muelles sobre pilotes de rosca?.. . Se hubiera así
disminui do muy considerablemente la sección de estos pilotes, y sería bastante con
las roscas helicoidal es para sustentar t oda la construcción, evitándose las costosas
plataformas de madera, que hubieran podido evitarse también añadiendo otr as roscas
helicoi dales a diferentes alturas del tubo…” ( figura 5) .
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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Figura 5. J.E . Ribera . Planos de se cción del mue lle de Riotinto.
J.E. Ribera (op. Cit. Lámina XI, Madri d 1895).
Figura 6. Pl anta y alz ado del muell e de Ri otinto.
Gibson T. (op. Cit. Londr es 1878) .
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CONCLUSIONES
El Ingeniero George Bruce diseñó para la Riotint o Company Lted. un embarcadero de
mineral en la ría del Odiel, en Huelva de m ás de 1 k m de longitud y de gran altura, al
adoptar el siste ma de e mbarque de mineral po r grav edad (figura 6).
Este sistema no emplea ba grúas, haciendo subir los vagones cargados a g ran altura
con el solo e mpuje de l as locomotoras situadas d etrás de los convoy es de mineral.
También se decidió en el proyecto que la planta baja del m uelle sería destinada a un
ferrocarril de mercancí as, lo cual vení a a incrementar el gran peso a sostener por una
cimentación de pilotes de rosca, No parece q ue existieran ensay os sobre la capacidad
portante y la prof undidad de los lodos, previos a la presentación del proyecto, aunqu e
probablemente se conocerí a la resistencia de los lodos en el muelle de Tharsis, del
orden de 1,60 kg/cm2.
La llegada del ingenier o Dix on parece providenci al. Se r ealiz aron bajo su iniciativ a
toda clase de pruebas y ensayos y se acabó admitiendo q ue la cimentació n
proyectada era insu ficiente pa ra sostene r las car gas previstas,
Se decidió entonces m antener los pórticos metál icos cimentados con pilotes de rosca
para aprovechar la e scasa capacidad porta nte del subsuel o y disponer una
revol ucionaria solución c onsistente en transmitir la m ayor part e de la car ga al lecho de
la r ía, mediante plataformas de madera lastradas a las que los pi lotes transferían la
carga median te coll arines de fundici ón.
Solo conocemos una cimentación por plataformas de madera, que adoptó el propio
Mitchel l en e l Faro de Maplin Sand, en la desembocadura del T ámesis [ 14 ], por la q ue
mantuvo los pilotes roscados proyectados y los complementó con una gr an plataforma
de m adera pa ra ev itar los descalces y movi mientos que las corrientes prov ocaban en
la cimentación del faro metáli co.
Parece evidente q ue la decisi ón de Bruce de separar en su proyecto los pórticos
metálicos más de 15 metros de distancia entre sí, proporcion aba a los pilotes una gran
carga innecesa ria, pudiéndose haber apr oxi mado más los pórticos como
recomendaban los ingen ieros españoles Pérez de la Sala y Ribera. Este último llega a
sugerir la posibil idad de haber colocado pil otes con más de una rosca en su fuste, lo
que hab r í a i ncrementado de mane ra important e l as capacidades de carga de los
pilotes me tálicos.
La solución de l as p lataformas de made ra res ultó t an efectiva que ha pe rdurado
durante más de un siglo de f uncionamie nto del muelle sin provocar problemas de
asientos signi ficativ os. Las maderas se han conserv ado a la perf ecci ón, como lo
demuestran unos t esti gos ex traído s por el Prof. Justo Alpañés en 1993, que se
conservaban en perfecto estado. Sin duda, la contaminaci ón mineral e industrial de la
ría de Huelva ha impedido la ex istencia en este ag ua de inv ertebrados como la tered o
navalis, lo que ha permitido a las maderas sumergidas conserv arse en perf ecto
estado. No ob stante, ex istió un problema q ue no se previó en su día, y que fue el
depósito de f angos y arenas que se fue progresiv amente f ormando en el fondo de la
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22
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
ría, retenido por las zapatas de madera, y la imposibili dad de drag ar j unto al muelle
para no descalzarlas, lo que conllevaba q ue, al cabo de unos años, l os grandes
cargueros to caban en el fondo del rí o en bajamar.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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madera en el sig lo XIX . Actas del Séptimo Congreso de Historia de la
Construcción . Santiago de Compos tela 2011 .
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
CATÁLOG OS INDUSTR IALES Y CO NSTRUCTIVO S:
IDENTIFICAC IÓN DE MAQU INARIA Y TIPO LOGÍAS EN EL
PATRIMONIO IN DUSTR IAL
A gustín Castillo M artínez , Grupo de Invest igación de Patrimonio Ind ustrial (UGR ),
agustincastillom artinez@g m ail.com
RESUMEN
En las investigaciones relacionadas con el es tudio del Patrimonio Industrial o la
Historia de la Construcción, usual mente realiz adas bajo metodologías de corte
histórico-crí t ico, tenem os f recuente acce so a f uentes escritas, carto gráficas ,
iconográficas y, en menor medida, a f uentes oral es. Una de las f uentes escritas más
valiosas, frecuentemen te olvidada, es la q ue r epresentan los catálogos técnicos de
maquinaria in dustrial , materiales y sistemas construc tivos.
El objeto de la presente comunicación es ilustrar los posibles usos de estos catálogos
en las in vestigaciones históricas relacionadas con el Patr imonio, y su aplicación a la
identificación de maqui naria, material es y sistemas cons tructiv os en la industria
granadina, con casos tan caract erísticos como los corr espondientes a la m aquinaria
industrial azucarera y la s solerías hidráulicas de los edificios f abriles y hab itacionales
de finales del XIX y princ ipi os del XX.
Palabras clave: P atrim onio industrial, Histori a de la Construcc ión, c atálogo s, m aquinaria
industrial, m ateriales de co nstrucción.
ABSTRACT
Researchers of I ndustria l Heritage or History of Construction discipl in es hav e f requent
access to w ritten, cartographi c, icon ographi c and – less usually- oral sources. T he
industrial machinery , materials and construction technical catalogues are among t he
more ne glected w ritten sources.
The topic of this paper is the cov erage o f some uses of these catalogues in the
historical r esea rch abo utHeritage , with specific application to the identi fication of
industrial machine ry, mat erials and construction systems in the Granada industry. Early
20 th cent ury sugar industry machine ry and hydrauli c tiles f looring t echn iques a re
presented as case studie s.
Ke y words: Industrial Heritage, constructio n hi stor y, catalogues, industri al m achinery,
construction m aterials.
INTRODUCCIÓN
En la seg unda mitad del siglo XIX comenz ó a expandi rse un f enómeno editorial que
tuvo su comienz o en la Rev olución Industrial británica. La imparable sucesión de
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24
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
adelantos técnicos , que t raí an aparejadas numerosas novedades de carácter
cientí fico, provocaban la urgente necesidad de actuali zaci ón de los conocimientos de
los técnicos que traba jaban en los nu ev os métod os industrial es y const ructiv os.
Así , comenz aron a popularizarse entre la población científica y técni ca l as
suscripciones a gacetas y r evi stas, que, con perio dicidad variable, ponían al día al
técnico sobre los últimos estudios en diversas materias relacionadas con la ingenierí a
y la arquitectura. En numerosas ocasiones estas gacetas venían ilustr adas con
grabados, bien en sus ediciones periódicas, bien en atlas extraor dinarios q ue
recopilaban croquis, dia gram as, ma teriales y sistemas constructiv os.
Esta costumb re editorial era ya muy difundida entr e t odos los t écnicos europeos a
finales del XIX. Las f irm as comerciales r elacionad as con la ingenier ía y arquitectura ,
en un intento de prom ocionar sus patentes y o fertar sus productos, comenz aron a
editar catálogos ilustrados al mismo modo de las revistas periódicas anteriorment e
mencionadas.
El objeto de esta comuni cación es la enumeración de diversos usos de estos
catálogos en el desempeño de la investigación histórica del patrimonio industrial y, en
general, de la historia de la ingeniería. Se mostrarán aplicaciones a los casos de
estudio de la industria azucarera granadina de finales del XIX y principios del XX, así
como de las fábricas g ranadi nas de solerí as hidrául icas, cuyos mosaicos eran
utiliz ados en v iviendas y o ficinas de la re gión a lo largo de buena parte del siglo XX.
LA EVOLU CIÓN DE LA R EPRODUCCIÓN EDITORIA L DE IMÁGE NES Y LAS
PUBLICACIONES TÉCNICAS
El descubrimiento en Muni ch de la litografía a f inales de los años 1790 por Al ois
Senefeld impulsó enor memente la di fusión de croquis e ilustraci ones en las
publicaci ones científicas. Este proceso gráf i co de reproducción , q ue su stituy ó
progresivamente a la xilografía - realiz ada mediante planchas de madera tallad a- ,
consistí a en el tr aba jo sobre una piedra caliz a mediante un “ lápiz litográ fico”,
humedeciendo y entintando la piedra, en un pro ceso q ue terminaba con el ejercicio de
presión entre papel y pied ra en las modernas pre nsas.
Este sistema, como señal a Sandra Szir, no compart e con la tipogra f í a si stema técnico,
pues las planchas planas no pueden imprimirse conj untamen te con las formas
tipográficas con sus tipos en relieve [1] . De esta f orma, y siempre desde el punto de
vi sta editorial, resultaba más sencil lo agrupar tod as las fi guras numerada s y ordenadas
en tomos encuade rnados aparte, usual mente denominados “atlas”, y que eran
continuamen te referido s por el t exto principal para ilustrar mediante cr oquis e
imágenes los artí culos ci entí f icos y técnicos. El sistema fue populariz ándo se confor me
evol ucionaba y se abara taban los cos tes de impre sión de figu ras y gra bados.
El descubrimiento delas cianotipias en 1842, que dio lugar a la terminologí a ang l óf ona
“blueprint”, hiz o los procesos de copia más rápidos, aun que el procedimien to no se
generali zó hasta f inalesde siglo.De este modo, las publicaciones técnicas de la época
solían describir losprocesos constructivos con la m ayor cantidad de texto posibl e ,
recurriendo a separatas ovolúmenes editados aparte donde el mayor número de
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
25
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
ilustraciones posibles seagolpaban en las hojas, sobre todo, en el caso de las
procedentes de grabado s.
Sin embargo, en las revi stas españolas la xi lograf í a estuvo muy presente c omo técnica
de impresión hasta bien avanzado el siglo X IX, cuando se produce la gran eclosión de
publicaci ones técnicas y científicas. La f igura del x ilógrafo, que co menzó en los
equipos editorial es como una posición de carácter absoluta mente artesa nal, y q ue fue
evol ucionando a lo larg o del siglo hacia una profesi onaliz ación cada vez más exigente,
era obligada en las publicaciones técnicas de la época. La primera xilogra fía de la que
tenemos constancia en una publicaci ón española es la aparecida en el Semanario
Pintoresco Español [2] .
Según Antonio Algaba, entre los años de 1760 y 1936 se editaron en España un t otal
de 1.520 títulos de revistas especializ adas en estas ma terias [3] , de f iniendo cinco
periodos principa les en el desarroll o histórico de las mis mas:
1) Desde 1736 hasta 1808. Primera s publicaci ones periódi cas, de carácter p úblico
y priv ado, con predomini o de la div ulgación cientí f ica general .
2) Desde 1809 hasta 1833. Guerra de la Independ encia y reinado de Fernando
VII. Se produce un claro retroceso en el fenómeno edi torial.
3) Desde 1834 hasta 1868. Reinado de Isabel II. Se recupera la actividad editorial
de tipo científico y técnico. Comienzan a aparecer los prime ros catál ogos
industriales. Apare ce, asimismo, el fenómeno de las reuniones científi cas y
expo siciones univ ersales, con gran predica mento en periodos po steriores.
4) Desde 1869 hasta 1918. Especial desarrollo de las industrias metalúr gica y
textil, la electricidad, la agricultura y las obras públicas. Aparición de
numerosos catálogos ilustrados de proveedor es de obras de ingeni ería y
arquitectura.
5) Desde 1919 hasta 193 6. Gran actividad científica y cultural, denominada la
“edad de plata de la cultura española”, con gran f lorecimien to de publicaci ones
relacionadas con la medicina, la ag ricultura y la e cono mía. La periodicidad más
común entre este tipo de rev istas es la mensual e n esta época .
Títulos de renombre relacionad os con la técnica en nuestro país fueron, entr e otros: la
“ Revista de Obras Públicas ”, el “ Anuario de Minería , Metalurgi a, Electrici dad y demás
Industrias de España ”, “ Ingeniería y Construcción ”, “ Anales de la Construcción y de la
Industria ”, “ Dyna ”, “ Revi sta de Ingenier ía Industrial ”, “ El Progreso de la Ingeniería ”, “ La
Gaceta Indust rial ”, “ Ma drid Cien tífico ” y la “ Revista Ci entífica del Ministerio de
Fomento ” [4] .
En las colonias españolas, la autorí a de las publicaciones técnicas estaba ,
mayoritariamen te, en manos de los ingenieros militares, q ue g ozaron de gran prestigi o
en Cuba, Filipi nas y Guinea. Editaron numerosas publicacion es, manuales y atlas
cientí ficos, siendo uno d e los de may or renombre M arvá Mayer, con sus tratados sob re
estructuras y sus análisis de las inf raestructur as civiles y militares de Filipinas [5] .
M uchos de ellos, que solí an proceder de la Academia de Ingeniero s del Ej ército,
habí an pasado a formar parte, co mo el propio M a rvá, de la Acade mia de l as Ciencias y
del Instituto de Refor mas Soci ales.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Figur a 5. Diseño de solería hidráulica del catálogo de T orres y López. Fuente: Archivo privado M .
Giménez Yanguas.
A esta capa de decoración , que podía tener hasta 8 mm de espesor, se añad í a una
segunda capa formada por mezcla de arena f in a y cemento gris, y q ue acababa de
conformar el mosaico en sus 2 cm de espesor total. Tras el prensado (inicial mente
manual, posteriormen te hidráulico), el mosaico se sumerg í a en ag ua d urante 1 dí a,
pasado el cual se dejaba f raguar el cemento durante ot ros 20 días de almacenamiento
vertical en lugar fresco y oreado. De este proceso de f raguado procede el nombre d e
hidráuli co, y no del uso de prensas de ese t ipo , como comúnmen te se cr ee, ya q ue la
técnica comenz ó r ealiz ándose median t e las anti guas prensa s manuales.
En la f igura 6 podemos observar el estado actual de una solerí a de una vivienda
situada en la Gran Vía d e Colón de Granada, con m osaicos hidráulicos fabricados por
Torres y López . En es te caso, el molde de tipo hexagonal nos da idea de las
posibil idades geométricas que ofrece es te sistema construc tivo para las sol erías de las
viv iendas.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Figura 6. Solería de mosaico hidráulico de la fábrica de los hermanos Torres y López en vi vienda sita en
Gran Vía de Colón, 27. Fuente: Ela boración propia.
CONCLUSIONES
Los catálogos de maqui naria y materiales editados por las empresas suministrado ras
en la construcción de r ecintos fabriles y obras públicas de valor patrimonial son
documentos de g ran utilida d para el investigador histór ico de este tipo de recintos. En
el caso de instalaciones bien conservadas, pueden ser la clave de la metodol ogía para
su correcto mantenimien to, o de la sustitución o restauración de fragmentos dañados.
En el caso de instalaci ones desaparecidas o muy dañadas, nos sirven para reconstruir
la realidad q ue f ue, así como para compr ender en su completitud la di stribución ,
funciones o geometrí a de los elemen tos perdido s.
Los casos de estudio dan idea de la diversidad de este tipo de publicaciones, donde la
precisión cientí fica y técnica y la abundanci a de datos de los catálogos de m aquinaria
de las g randes empresa s centroeuropeas choca con la concisión, simplici dad y belleza
de los catálog os de f ábricas de ámbito más regional de m aterial es de construcción
artesanales , como hemo s vi sto en el caso del mosai co de tipo hidrául ico.
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34
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
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NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
ELECTRIFICATION ’S EFFECTS IN THE RAILWAY SYSTEM
IN ATHENS (186 9 - 1940) . TRANSI T IN ATHEN S AREA
(ATHENS-PIRAE US RAILWA YS)
Dr. GEORGI A CHEIRCH ANT ERI. Arc hitect Engine er AUTH, Prof es sor in TEI of Athens.
Departm ent of Interior Arch itecture, Decorat ive Arts and Design
RESUME
The modern history of Athens starts in 1834 when the Bav arian Reg ency selected the
town as the capital of t he newly established Greek state . In 1869 British ent repreneur s
founded Athens – Pirae us Railways (SAP), a steam locomotiv e railway system, which
connected t he Por t of Piraeus with Athens (T hissi o). There w ere no vehicles at that
time in Athens and the railway was the only alternative for reaching Piraeus from
Athens instea d of coveri ng t his dis tance on foot or by usin g a carriage.
In 1904, the introduction of electrification constitut ed “ a turning poin t” for t hi s company .
The railw ay system endow ed t he citizens of Athens with the opportunity t o visit the
area o f Fali ro by train and go to the thea tre, visit a play ground, the sea, A’ class
restaurants, e tc..
In 1926, SAP was collaborated w ith the Englis h Company Power and T raction, so ,
Athens-Piraeus Railw ays (SAP) was renamed to G reek Electric Rail way s (EHS ). In the
meanw hile, this English Company, Pow er and T raction, builds the new Power Plant in
Saint George Bay, in order to electrify Athens and Piraeus area, as well as t he ne w
Terminal Railw ay Station in Piraeus. T hese t wo constr uction s were very impressi ve,
because were based on m etal frames, somethin g new for g reek data. Now ada ys, the
Terminal Rai lway Station in Piraeus remains a monumental buildi ng for almost 90
years.
Under the 107 years of Athens- Piraeus Electri c Railw ays operation, Line 1 (Piraeus-
Omonia-Ki fissia) played a significant role i n th e l ife o f the citiz ens of Athens and
Piraeus and was considered t o be one of the most effec tive and innovative public
works at that time.
Palabras clav e: Ferrocarril , Estación de f erroca rril, Electricidad, Patrimoni o, Obra
Publi ca
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
ABSTRACT
The modern history of Athens starts in 1834 when the Bav arian Reg ency selected the
town as the capital of the newly established Gr eek S tate. In 1831 , architects Stamatio s
Kleanthis and Eduard Schaubert assigned the f irst town plan of the new capital.[1] The
related plan was based on a triangle, the edges of w hich were f ormed by Stadiou,
Ermou and Piraeus streets, whil e the vertices woul d be Om onoia and Syntagma
Squares, w ith the third another square at t he junction between Ermou and Piraeus
Streets, whi ch, however, was never constructed. Also, Piraeus Street w as the link
betwee n the capital and its seaport, which was being t hen devel oped into t he largest
port of the country.[2 ]
The g reat increase of the capital po pulation numbers, 1 with countrysi de people moving
in, exceeded an y provision the initial planners of the city had made. As a result, daily
life needs were heighten ed, leading to an ever increasing deterior ation of the
Athenians' livi ng standards.[3] One of t he most important needs for the reside nts was a
railw ay line construction, based on a steam system, linkin g Athens to Piraeus, w hich
became a contentious issue between the State representa t ives and the citiz ens, since
1835. 2
Keyw ords: Railw ay, Railw ay station, electricity , Herita ge, Public w orks
1 Since 186 0’ s, Athens pop ulation had rea ched 40,000 inhabitant s and Piraeu s 6,500.
2 I n 1835 , Francois Theophile Feraldi, a French engineer, propose s to the Greek government the rail way “single line”
construction , Athens – Piraeus. Even though this prop osal has been accepted, never was implemented . Eight years
later, in 1843, Alexander Ragkavis repeats in publi c the proposa l for constructing a railway b ut once aga in t here was no
response, because until t hat time the use of s team in land transportation, w as a new invention but very dangerous.
[NATHENAS G., KOURBELIS A., etc, From horse-drawns to the s ub way. 170 years of public transpor tations in Athens -
Piraeus-Suburb s area, vol I&II, Athe ns, 2007 pp 53 7- 538]
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T A BLE 1
Statistical Data Exploitati on S AP (steam p eriod)
Year
Linelength
( Klm )
Steam
locomotiv es
Vehicles
staff
passengers
Proceeds
(thnds
drms )
For
passengers
Vans
1869
9
90
1885
9
10
37
12
105
2.232
1890
9
10
37
12
123
2.412
1.112
1895
10
15
38
15
145
2.564
1.228
1900
10
14
42
19
170
3.199
1.518
Table 1: Statistica l Data Ex ploitatio n SAP, durin g the s team period (1869 -1 900)
On June 16th, 1855, the Prime Mi nister and Minister of Foreign A ffairs Alex andros
M avrokordatos submi ts the first bill f or establ ishing an Athens – Piraeus railw a y, which
becomes a law and is published at the G ove r nment Gazet te, on 28 th December ,
1855 3 . It’s the law ‘TZ’: “About the r ailw a y establishment, from Athens to Piraeus ” ,
which woul d grant the e xpl oitation rig ht f or a peri od of 55 years to the company which
would undertake the pr oject. T wo yea rs later this exploi tation right is increased to a
period of 75 yea rs. This law must hav e been considered as extremely important for the
Greek cultural history, because of giving the op portunity to the Modern Greek state,
havi ng a railway tr ansportation system (table 1), even though, in a very s hort distance .
So, Athens could be like the other European civilized countr ies, at least in this
sector.[4]
The constru ction, as wel l as the exploi tation of the new railway line, has been g iven t o
Priv ate Companies, especially f oreign investors, because they had the constr uction
expe rtise and t he pro duction of machinery , combi ned w ith funds. After some
unsuccess ful effo rts to assign the project in 1867, the project is awarded to the En glish
3 ΦΕΚ 48 /28- 12 - 1855
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
businessman Edw ard Pick eri ng, who begins the constru ction works in Nov ember of the
same year. One year later, in 1868, Pickering transfers his contractual obligations to
the established company "Athens - Piraeus Railway" - S. Α .P. S.A. So, on February 17,
1869 4 the aforementione d company had completed the works for the steam locomotiv e
railw ay sy stem (table 2) , which connected the Por t of Piraeus w ith Athens (Thissio) .
TA BLE 2
ELECTR IC RA ILWA Y LINE STA TIONS
1869 - 2004
STA TION NA M E
INA UGURA TION
DIST RICT
PIRA EUS
27th February 1869
PIRA EUS
FA LIRO
9th Augus t 1882
MOSCHA T O
9th Augus t 1882
ATHE NS
SOUT H SECT OR
KA LLITHEA
1st July 1928
TA VROS
6th February 1989
PET RALONA
22nd Nov ember 1954
TH ISSIO
27th February 1869
ATHE NS
CENT R A L SECTOR
MONA S TIRAK I
17th May 1895
OMONIA
17th May 1895
VICT ORIA
1st March 1948
ATT IKI
30th June 1949
A G IOS NIKOLA OS
12th February 1956
KA TO P A T ISSI A
12th February 1956
A G IOS ELEFT HERIOS
4th Augus t 1961
A N O P A TISSIA
12th February 1956
PERISS OS
14th March 1956
PEFKA KI A
5th July 1956
NEA IONI A
14th March 1956
A THENS
NORT H SECT OR
IRA KLIO
4th March 1957
IRINI
3rd Septembe r 1982
NERA TZIOTISSA
6th Augus t 2004
MAR OUSI
1st Septembe r 1957
KA T
27th March 1989
KIFISSIA
10th Augus t 1957
Table 2: Electr ic Railwa y Line Stations’ Inaug uration. ( 1869 - 2004)
4 The off icial inauguration t ook place in an atmosphe re of gener al delight on Februar y 27, 1869, having as passenger s
at the first itinerar y Queen Olga , Prim e Minister Zaimi s, minister s, mil itary staf f, diplom ats and other dig nitaries .
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Fig.1 . Athens-P iraeus Stea m Railway Line (SAP) un der cons truction in T hissio are a. (1869)
Fig. 2. Firs t Railw ay Station (SAP) in Piraeus. (18 69)
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At last t he drea m comes tr ue. T he s team engin e with 6 wagons travels the 8,5 km.
distance from Thissio t o Pireas in approximately 19 minutes. T he two cities (Athens
and Piraeus) are now linked with iron railway t racks (fig.1,2). M any g ood comments
appeared on the press of t his era. On March 3rd, 1869 the newspaper "Aiwn"
("Century ") w rote that the railway had started operation and t hat there was maximu m
concourse of pa ssen gers and they al l spoke abo ut the optimal benefits that they gained
from its use . T he newspa per hopes t hat this littl e track wi ll be the start of a complex
railw ay netw ork which will serv e all the Gree k territory .[6]
In 1875, the Company (SAP) became a co mp any of Greek interes ts setti ng at the time
very ambitious goals f or the extension of the netw ork; how ev er, t hese goals were only
met a fter 1895, w hen the Line was extended f rom T hissio to the Center of Athens at
Omonia Square (fig.3). In the meanw hile, t he p ublic interest of accessing Faliro Bay
was increasing more and more. So, in1882, Fali ro’s and M oschato’s platf orms ,
betwee n Athens-Piraeus railw ay ax is, were ready for use (table2).
In addition t o the Athens-Piraeus Railw ay, as the only way of transporta tion in Athens,
in 1882, the f irst horse – draw n tramway s made, also, their appea rance at the streets
of Athens. They were lightweight vehicles, closed f or t he winter with 16 seats and open
for the summe r with 20 seats.[7] They were pull ed by thr ee horses. 5 These f irst lines
connected the center of Athens wi th the subu rbs (as they were at that t ime) that is
Patissia, Ampel okipi and Kolokinthou as w ell as Omonia square with Syntagma, Gkazi,
Keramiko Dipilo w hile later in 1902 have ser ved the I ppokr atous, Mitropoleo s and
Acharnon streets . The steam-powered tram of Fali ro started its operation in 1887.
Hav ing its starting point in fr ont of the A cademy of Athens it trav ersed t he
Panepisti miou, Amalias and T hisseos, w ent up to T zi tzifies and from there, through the
coastal avenue ended up to Faliro, where at that time existed seaside resorts and sea
baths.
At this point it’s worth to be mentioned that in 1896, during the f irst Athens Olympic
Games, thousands of f oreign visi tors, w ho came to Greece especi ally f or this even t,
moved fr om Piraeus to Athens by using stea m loc omotive railw a y.[8]
ATHENS’ ELE CTRIFICATION: A “TURNING POINT” IN ATHENS- PIRAEUS
RAILWAY SYSTEM (1904- 1926)
Greece w elcomed electrifica tion at the end of 19th centu ry under King Geor ge I. Un til
then the country was m ainly ag ricultural and sparsely inhabited. G radual increase of
the Greek territo ry, mainl y since Haril aos Trikoupis' period, boosted economic gr ow th,
includi ng industrial development, whi ch was remarkable at the beginning of 20t h
century.[9]
5 The 800 horses t hat were us ed in total w ere from Asia Mi nor ("Mikra A sia"), they were little and sinewiness, but
appropriate f or the s loping streets of Athens and for the c ontinuous stops.
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Since the late 1870s, the develop ment of this ne w source of energy globally had
resulted in t he radical c hange o f the w ay the production and t ransport used t o be. In
addition to hard coal and steam, whi ch used to power wheels and eng ines until then,
diesel and electrici ty appeared to lead industry to a new t echnolo g ical and energy
revol ution. Moreov er, in their effort to conquer internation al markets, power compani es
had to f ace elec t ricity coal gas com petition, w hich obstruc ted the d evel opment of
electricity .[10]
Factors that played a definitiv e role in the dev elopment of t he power generation
industry were consumption density, the de gree of indus trial development in each
country, local ly available energy sources, availabil ity of sig nificant f unds for inv estment
in this industry , all type s of state intervention s as well as an y availability o f proven
alternative source s of en ergy.[11]
Fig. 3 . Athens-Piraeu s S team Rail w ay Line (SAP) under ground part in Omoni a
Square (1895 )
It was natural for t he electricity innov ation to develop initially at large urba n cent ers and
cities which had already developed industries, such as Volos, Ermoupoli , Halkida and,
mainly , Athens being the capital [ 12]. Especially in urban centers, the density of
pop ulation allowed the installation of a sig ni ficant networ k whil e it was also amenabl e
to the utili zation of electricity in t ransport (Athens electric railway). I n f oreign countries
electricity had a si gnific ant contribution to the industrial revolution with larg e power
plants supply ing industrial f acili ties and towns. How ever, in Greece every industrial uni t
had its own pow er statio n to cov er its ow n requir ements almos t until the end o f 1920. 6
6 After 1906, the Faliro Po wer Plant (1 902) shall provide e lectricity for m otion the industrie s too.
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Faced with this situation, the Greek Government invi ted interested indivi duals to invest
in acquirin g buses and, a lone or w ith partners, pro vide public transportation serv ices o n
lines of their choice. The owne r of a bus, who very of ten was also its driv er, was
responsible f or its operation and maintenance on a day- to -day basis. Entrepreneu rs
responded and, in those early post-war days, the investment in a bus had a hi gh r ate o f
return.[27]
Th i s " simple" styl e of operating could not and did not last very long. As people f loc ked
to Athens loo king f or bette r employment opportu nities t han those that existed in their
vill ages, t he de mand for public transportation serv ices start ed to increase sharpl y. So
did the sq uabbles among the bus owner-operators, each one of whom wanted to see
his bus r unnin g in one of the lucrative high demand co rridors and, in particular, on a
route where the topogra phy resulted in the low e st possible f uel consu mption and the
least "fati gue" on the vehi cle in order to mini mise operatin g and main tenan ce costs.
The problems associate d wi th unrestricted fr ee enterprise led to the formation of t he
"KTEL" system f or managin g and coordinating bus servi ces. This acronym is made up
of t he initials of t he words in the G reek langua ge for "Com mon Treasury f or Buses ”. 10
The KTEL system, t hou gh a little cumbersome, worked well and provided r easonable
bus services in the 1950 s and 1960s. In 1965, public transportati on usage in Athens hit
its all time hei g ht of 973 milli on passengers on all modes .[28]
Other significan t changes in the urban transit netw ork occur red during this period.
Electric trolley buses were int roduced in Piraeu s in 1949 and in A thens in 1953 (table
4). By 1961, all local tram lines in Athens and Pir aeus had been r eplaced by electric or
internal combustion powered buses; suburban t rams connectin g Piraeus with Perama
continued to ope r ate unti l 1977 w hen they too w ere replace d by diesel buses.[29 ]
10 The s ystem w as somehow more complicated than implied by its name, but it addressed the problem s of the past
rather succes sfully. No w everybody's buse s were sched uled by the Oper ating Office of the KTEL which was respon sibl e
for rotating them from line to lin e so that over a cycle period each owner -operator had an equal share of the f are
revenue and each bus would be exposed to all roa d conditions, good or bad, and thus had similar c osts for f uel and
mainten ance.
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TA BLE 4
YEA R
MILEST ONES
1869
Commissioning of the f irst steam-driven railway of Greece (Pirae us –
Thissio)
1894
Extensi on of the rail way network (Thissio – Omo nia)
1904
Electrifica tion of the railw ay network
1949
First elect rical buses in Piraeus
1953
First elect rical buses in Athens
1957
Extensi on of the rail way network to Ki f issia (Ki fissia Station )
1971
ILPAP public compa ny replaces the private company of Electrical
Transports
1976
ISAP public co mpany replace s EHS priv ate company
1978
Establishmen t of A thens Urban T ransport Organi zatio n
1991
Establishmen t of A TTIKO M ETRO S.A.
Table 4: Cha nges in electrif ied Athens Trans portation (1869 - 1991)
In the meantime, a start was made on developing a Metro Sy stem f or the G reate r
Athens Area. T he existing line connecting Piraeus with Athens had its origins in
Greece's f irst steam railw ay, placed in service i n 1869. T his line was extended fr om
Thissio thr ough Mon astiraki to Omonia in 1894, electrified and conv erte d into one of
Europe's first metropoli tan railw ays in 1904, and extended from Omonia through
Victoria t o Atti ki Square in 1926. T hree decades later, t he Metro was extended vi a the
right- of -way of an aban don ed one-m eter gauge steam railway , reaching Nea Ionia in
1956 and its present northern terminal in Kifissia in 1957 (table 4). Although ambitiou s
proposals were announced for additional M etro lines, the f unds needed to construc t
them w ere not avai labl e.[30]
Those were the days when urban transit serv ices with a low f are structure could easily
cover their operating costs and leave sig ni ficant prof its f or their owners or operators .
This was not t o last much longer. W hi le the population of the Greater Athen s Area was
increasing at a significa nt rate (3.5 percent per annum in t he 1961 -1971 period and
1.75 percent per annum in the 1971- 1981 period), t he much great er rate of increase in
privatel y o w ned automobile ownership became the most significan t f actor affectin g
usage of public tr anspo rtation services. In 19 61, 39 ,000 automobiles were i n
circulation. By 1971 this number had grown to 170,000, representin g a phenomenal
rate of growth of 15.8 percent per annu m. Althou gh t he growth rate declined gradually
to 11.2 percent per annum in the 1972-1981 decad e and to 6.7 percen t in t he 1982- 91
decade, the numbe r of automobiles in use in Athens increased to 492,000 in 1981 and
to 943,000 in 1991 . In addi tion, over 16 ,000 taxi s had been licensed by 19 91.[31]
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The very high ownershi p and usage of automobiles and taxis had a significan t
depressin g e ffect on the ridership of urban transit services. P ublic tr ansp ortation trips
per year dropped from the record f igure o f 973 milli on passengers in 1965 to a
spiralli ng 510 m illi on passengers in 1983. The att endant loss of revenue, coupled with
spiralli ng operating cos ts, made u rban tran sit serv ices unprofitable. 11
TA BLE 5
The most important dat es in the history of the P iraeus - Kifissia Rai lway
1869
The inauguration of the steam pow ered railw ay for the route Thissio
– Piraeus from the company Athens Pirae us R ailw ays S.A.
1889
Construction of the unde rground tunnel Thissio - Omonia
1904
Railw ays' electrifica tion
1926
"Athens Piraeus Rai lways S.A." is renamed to "Hellenic Electric
Railw ays S.A."
1976
Acquisition of "Helleni c El ectric Rai lway s S.A." by the Greek State
and renaming to "Athen s Piraeus Elec tric Railw a ys S.A. (ISAP) ".
Table 5: The m os t important dates in the histor y of the Piraeus - Kif issia Railwa y, 1869- 1976
CONCLUSION
On January 1st, 1976 the Hell enic Electric Railways become property of t he State and
their name changes t o Athens Piraeus Electric Railw ays ( ISAP S.A .) (table 5). T he
modernizatio n, the progress and the concern for better, f aste r and reliable service f or
the passengers in a cl ean environment are c ontinued until today. Throughout its
historical progress, the railw a y has lived moments of great ness but it has also
expe rienced disasters. It tr anspo rted k in gs and prominent personalities, it was present
at the f irs t O ly mpic Games w hich took place in Athens in 1896 and also at the recent
Athens 2004 Olympic Games, it transported soldi ers t hat f ought in the 1912 -1913 war.
The r ailw a y was bombed but it survived with pride until today, carrying out millions o f
itineraries w hich serv ed bil lions of passen gers.
11 Concer ned ab out the de creasin g level and q uality of ser v ice b eing provided b y the urban tran sit sy stem, the
Governm ent mad e several at tempts to reorg anise it. After considerable study and debate, the f ollow ing major changes
in its organi sational s tructure too k place in the 1970 s:
• The private -owned Electric Transport Company, operator of the trolley bus lines in Athens and P iraeus, w as dissolve d
in 1971 and re placed by the Gover nment-owned Athens - Piraeu s and Subu rbs Ele ctric Bu s Compan y
• The privatel y-owned Hellenic Electri c Rail way Comp any, opera tor of the Metro line and the Piraeus - Peram a tram
line, was di ssolved in 1976 and replaced b y the Go vernm ent -owned Athen s - Piraeus Electric Railway
• The diesel bus lines opera ted by the Comm on Treasury fo r B uses were taken over by the Governmen t -owned Urban
Transport Com pany in 1978
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Under t he 107 years of its operation as a private company, Electric Railw ay Line
play ed a significant r ole in the life of t he citiz ens of Athens and Piraeus and was
considered to be one o f the mos t effectiv e and innov ating companies a t that time.
In 1869, a slow – moving locomo tive railway system connected the port of Piraeus to
Athens. Afte r the introdu ction of electrifica tion, in 1904, became t he faster way of city
transporta tion.
W he n in 1922, 400.000 refugees cam e t o Athens; the city was spread abruptly in order
to house the increasin g number of new citizen s w ithout being adju sted t o older
proposals of tow n planning. Al so, t he procedures of the tow n planning w ere no t
follow ed properly .
There f ore, transportation w as one of the most importan t expressions of Athens’ s public
character. As a result, t he urbaniz ation of some suburbs precede d th e creation o f
public means o f transpor t such as the Rail w ay Athens-Kifissia line.
The most importan t is that, the T erminal Piraeus Railway station, bas ed on metal
frames (1926) , still remains the most signi ficant m onument, in u se, ev er buil t.
BIBLIOGRAPHY
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[9],[10] CHE IRCHAN TERI, Geor gia, Power plant s’ first buildi gs during the period 1889 -
1940/50: Foundi ng Fac tors and Planning , Thesis in NTUA , Athens, 2014, p p.113- 120
[11] PAN TELAKIS, Niko s, Electrification of Greece. From the pri vate initi ative at State
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[12] VLACHOP OULOS , Nikos, Elect ricity companies in Greece: St atistics and
conclusion s, In: ERGA , v ol 99, pp 69-77.
[13] TSAPOGAS, George , The first lamp lights in 1888. His torical electrification
flashbacks in Greece , At hens, 2006, pp .15-16.
[14] ATHANA SIADOU, George, Neo Fariro Power Plant and the trans fer of electricit y
in Athens and Piraeus , Athens, 1902, pp.16-18 .
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[17] NATHENA S G., K OURBELIS A. , etc, From horse-drawns to the subway. 170
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[18],[19] CHEIR CHAN TERI, Georgia, Power pl ants’ f irst build igs during the period
1889 -1940/50: Foundi ng Factors and Planning, Th esis in NTUA, Athens, 2014,pp. 380-
410.
[20] NATHENA S G., K OURBELIS A. , etc, From horse-drawns to the subway. 170
years of public t ransport ations in Athens-Piraeus - Suburbs a rea , vol I, Ath ens, 2007, pp .
587
[21] NATHENA S G., K OURBELIS A. , etc, From horse-drawns to the subway. 170
years of public transportations in Athens-Piraeu s -Suburbs area , vol I, Athens, 2007 ,
pp.587- 595
[22] NATHENA S G., K OURBELIS A. , etc, From horse-drawns to the subway. 170
years of public t ransport ations in Athens-Piraeus - Suburbs a rea , vol I, Ath ens, 2007 , pp.
595
[23] ATHENS ELEC TRIC RA IL W A YS. ht tp://ww w.stasy .gr/index.
[24] NATHENA S G., K OURBELIS A. , etc, From horse-drawns to the subway. 170
years of public transportations in Athens-Piraeu s -Suburbs area , vol I, Athens, 2007 ,
pp.587- 595
[25] ATHEN S ELEC TRIC RAIL W AYS. http://w ww .stasy.gr/index ..
[26],[27] GREEK ELECTRIC RAIL W A YS (EHS) 1869 -1969. An album for 100 year s
EHS operation , EHS pub lication, Athens,1970, pp. 140 -146.
[28] NATHENA S G., K OURBELIS A. , etc, From horse-drawns to the subway. 170
years of public transportations in Athens-Piraeu s -Suburbs area , vol I, Athens, 2007 ,
pp.603-605 .
[29] TRAM W AY HIS TORICAL DATA . http:/ /www.stasy. gr/index .
[30] HIS TORIC DA TA. http:/ /www .ametro.gr/pa ge/default .
[31] ATHENS ELEC TRIC RA IL W A YS. ht tp://ww w.stasy .gr/index..
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IMAGES& TABLES: TITLES AND SOURCES
Fig.1. Athens-Piraeus Steam Railw ay Line (SAP) under construction in Thissio area,
(1869), (Sou rce: ISAP Museum Pho to Archives)
Fig. 2. First Railw ay Station (SAP) in Piraeus, (1869), (Source: ISAP Museum Phot o
Archives)
Fig. 3. Athens-Piraeus Steam Railw a y Line (SAP) underground part in O monia S quare
(1869), (Sou rce: ISAP Museum Pho to Archives)
Fig. 4. Greek Electric Railway s (EHS) Man sion in Piraeus. Ex ternal view (1926),
(Source: ISAP Museum Pho to Archives)
Fig. 5. T er minal Electric Railways (EHS) Station in Piraeus, under construction. Interior
vi ew (1926), (Source: ISAP Museum Pho to Archives )
Fig. 6. Interior vi ew of the Piraeus Terminal Electric Rail w ays Station (ISAP) today
(2016), (Sou rce: ISAP Museum Pho to Archives )
Tab le 1: Statistical Data Exploitation SAP, during the steam pe riod (1869 -1900),
(Source : NATHENA S G., KOURBELIS A., etc, F rom horse-drawns to the subway. 170
years of public transpor tations in Athens-Piraeus -Suburbs area , vol I, Ath ens, 2007)
Tab le 2: Electric Rai lway Line Stations’ Inauguration. (1869 -2004), (Source: ISA P
Museum)
Tab le 3: El ectric Railway Line: important dates (1869 -2004), (Source : HISTORIC
DATA http: //www.a metro.gr /page/default .)
Tab le 4: Changes in electrified Athens Tran sportation (1869-1991), (Source :
HISTORIC DATA ht tp://www.a metro.gr/page /defaul t .)
Tab le 5: T he most importan t dates in the history of t he Piraeus - Kifissia Railway,
1869 - 1976, (Source : ATH ENS ELE CTRIC RA ILWAY S. http://ww w.stasy.gr /index.)
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COMUNICAC IÓN DE LOS PA ISAJES INDUSTR IALES: DE LA
RUINA A SU INTEGRACIÓ N EN LA OFERTA T URÍ STICA
URBANA. LA C OLONIA AGRÍCOLA SANTA ISABEL DE
CÓRDOBA COM O PROPUESTA D IDÁCTICA
Belén Calderón Roca. Prof ª Dra. Universidad d e Córdoba y Universidad Pablo de Ola vide.
belencalderon@ hotm ail.com
M arta Moreno M uñoz. Doctoranda Univers idad Pablo de O lavide. m artam [email protected]
RESUMEN
La atribución de val ores al patrimonio cultural i mpli ca construir escenarios emocionales
donde la labor del intérprete es fundamental. Comunicar correctamente el valor de los
paisajes industriales r esulta bastante di f í cil, pues se trata acervos tecnol ógicos en
desuso, a su vez , contextos de una vi da productiv a fuertemente arrai g ada a la historia
local y sujeta a r audos vai ven es históricos, lo que unido a su exi gua permanencia en la
memoria colectiv a, viene a dificultar la lectura su campo semántico. M ás allá de su
aspecto epidérmi co y tangible, en muchos casos menoscabado, los paisajes
industriales esconden prof undas raíces antropológicas que se traduce n en valores
espirituales óptimos pa ra protagonizar propuestas turísticas veraces. Es el caso de la
Coloni a Agrícola “Santa Isabel” de Córdoba, pues a t ravés de este trabajo
realiz aremos un estudio de su crecimiento industri al en las postrimerí as del siglo X IX y
principios del XX y propondremos unas pautas didácticas para su int erpretación y
comunicación. En este enclav e industrial con gran valor paisají stico, m uy próximo a la
urbe co rdobesa, t end rá especi al prota gonism o el IX Conde de T orres-Cabrera,
promotor de la Colonia, pues en ella logró implantar p or primera vez en España el
cultiv o de la remolacha azucarera, instaurando un complejo constructi vo armónico
formado por las instalaci ones fabriles, produ ctivas y habitacion ales, y e l castillo “La
Isabela”, v ivi enda del promotor y buque insi gnia de la Colo nia.
Palabras clave: Didáctica del patrimonio, Patrimonio Industrial , T urismo, Córdoba ,
Coloni a Agrícola, Castil lo “La Isabel a”, Conde de Torres -Cabrera.
ABSTRACT
The assignment of values to the cultural herita ge involv es to build emotional scenes
whe re the work of t he interpre ter is fundamental. To properly communicat e the value of
the industrial landscape s is quite di fficult, since it is t echnolo gical achi ev ements in
disuse, and at t he sa me time are contexts of a productiv e life is stron gly rooted in the
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local history and subject to speedy historical swings, which coupled with its meager
permanence in the collective memory, hinder the reading its semantic f ield. Be yond its
epidermal and tangible aspect, in many cases undercut, the industrial landscapes hide
deep anthropological roo ts that are translated into spiritual value s optimal f or starring in
tourist proposals truthful. Is T he case of the a grarian Colony of “ S anta Isabel” de
Córdoba. Through this work we will make a study of i ts industrial g rowth in t he endin g
of the nineteenth and early twentieth century , a nd we will propose didactic g uideli nes
for their interpretation and communica tion. In this industrial pla ce with great landscape
val ue v ery near to Córdoba´s city, will ha ve spe cial prom inence T orres-Cabrera´s IX
Count, promote r o f the Col ony, because she manag ed to es tablish f or the f irst time in
Spain the cultiv ation of the su gar beet, instituting a har moni c constructiv e complex
formed by the m anu facturing f acilities, produc tive and housi ng, and “ The Isabela
Castle", housi ng of the p romoter and flagshi p of the Col ony .
Key words: Heritage T eachi ng, Industrial heritage, Turism, Córdob a, Agrarian Col ony
“The Isabela Ca stle”, Torres -Cabrera´ s Count.
INTRODUCCIÓN A LA ECLOSIÓN DE LAS COLONIAS AGRÍCOLAS COMO
PATRIMONIO INDUSTRIAL
Fueron muchas las colonias creadas en España a finales del sig lo X IX, un momento
de g randes t ransformaci ones, tanto polí t icas como económicas que afectó a muchos
aspectos territoriales del paí s, en concreto a la expansi ón urbana y a la t rans formación
interna de las ciudades [1]. Éstas se convirtieron en el punto de encuentro de aq uellos
ciudadanos que buscaban un f uturo mejor, aun que la tardía industrializaci ón del paí s,
influyó con un débil impacto de la Revol ución Industr ial en la estructur a territorial y
urbana de España, a diferencia de otros paí ses como Inglaterra , dond e ya hab í an
proliferado las poblaci ones industriales y urbanas. A unque Cataluña y Vizcaya ya
habí an comenzado a despeg ar en el terr eno de la industria, el r esto de España seg uía
siendo, en su mayor parte, agraria y r ural, lo q ue habrí a q ue sumar a los bajos niveles
de producción y condiciones lab orales de sobreex plotación y subdesarrollo [2]. La
masificación de las ciudades llev ó al abandono del campo, por lo que a mediados del
decimonov eno siglo, se llevaron a cabo m edidas para la repoblación de estas zonas.
Entró entonces en j uego la f igura de Fermí n Caballero, quien en su obra “Fomento de
la población Rural”, p romovió la distribución de la población por el territorio .
Coinci diendo con los procesos de desamortiz ación que causaron la transmisión de la
propiedad agrar ia desde manos eclesial es a la nueva burg uesí a capitalista, y tomando
como base las teorías de Caballero, se sucedieron g randes mejoras en la legislación y
en las políticas de coloniz ación, q ue buscaban dev olver al campo a esas almas que l o
habí an abandonado, potenciando la recuperación y repoblación de sus zonas más
empobrecidas . Se intentó de esta m anera, dev ol ver los equilibrios terr itori ales,
demográfi cos y económicos y revitalizar el entor no rural mediante la promoción del
establecimien to de la pob lación en pequeños núcleo s aislados. Estos ideales serán
plasmados en la Ley de 3 de j unio de 1868 , do cumento que p roponí a como objetiv o
impulsar el establecimie nto de una poblaci ón rural dispersa en el campo, así como
mejorar la producción y el uso del suelo a grícola. De esta manera se disminui ría la
migración masiv a de población hacia las ciudades y provocaría la emersión en España
de la crisis agrícol a. Además, para promover la cr eación de estas poblacion es, se
crearon una seri e de be neficios f iscales y sociales, tanto para el propietario como para
el colono. Consecuencia de ello fue, como antes hemos citado, el gran número de
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colonias agrícol as, industr iales o mineras que se f undaron a lo largo de todo el
territorio nacional. Estos poblados o caserí os ten í an fines produc tivos a trav és del
cultiv o, emplazán dose en las proximida des de los cauces fluvial es para explotar la
fuerza del ag ua como ener gía h idráulica y así mover diferentes maquinarias, o bien
cerca de can teras o pun tos de ex tracción de mine rales [ 3].
Haciendo hincapi é en las colonias agrícolas, tenemos que tener en cuenta que, en la
segunda mitad del siglo, la práct ica totalidad de la producción agraria y de la superficie
cultiv ada se repartía en t res productos básicos, el cereal, la vid y el olivo, y hemos de
atender a q ue el campo andaluz era m ayoritariamente terreno de secano. De ahí q ue
en estos momentos su rgiese una nueva preocupación por extender el reg adí o como
solución a los problemas agrarios y facilitar la implantación de nuevos cultivos. Esta
tendencia fue ideada por Joaquín Costa [4], y consistí a en la creación de un sistema
de embalses para recoger la preciada agua de lluvia, posteriormen te encauzad a a
través de una red de canales y acequias. Por este motiv o también se cr earon políticas
para la adaptación de t ierras al regadío, en las que se prote gían las comunidades
regantes con subvencion es para realizar obras hidráuli cas, estableciendo rentas y
concesiones. Otro aspecto destacado y muy interesante que nos afecta di rectamente ,
es q ue al sur del país encontramos una estructura social extrema formada por un
número escaso de propietarios lati fundistas que acumulaban una g ran cantidad de
tierras, y un proletariado rur al crecien te y ademá s, reivindi cativo. Todo ello se uní a al
desinterés de dichos propietarios por la formación y el empeño en mejorar la
productivi dad de sus tierras. Aun así , los precios agrícolas, los bajos salarios y la
fertili dad de la t ierra, seguían siendo de suf ici ente rentabili dad en estos terrenos
agrí colas, m al culti vados, pero sin mayores preocupaci ones para sus propietarios ,
pues las ganancias seguían siendo considerables debido al tamaño de las tierras
cultiv adas . Un aspecto impor tante de esta es tructura social era q ue albe r gaba un tipo
de proletariado rural no existente en otros lugares de Europa , formado por jornaleros,
desempleados durante largos periodos de tiempo , a voluntad de las cosechas y la
estacionali dad, debido a la falta de tierras propias para cul tivar.
Los artesano s, por su part e, ta mbién se vieron a fectados po r la i ncorporaci ón al
mercado de los productos industriales, es por ello q ue decidieron ver su futuro en el
campo, lo que provocó un exceden te en el sector agrario, un descenso de los jornales
y un empeora miento de l a situación [5].
LA COLONIA AGRÍCOLA DE SANTA ISABEL DE CÓRDOBA: UN EJEMPLO
PATRIMONIAL QUE EXIGE SU CO MUNICACIÓN Y PUESTA EN VALOR
Es precisamente en este contex to donde enco ntramos la f undaci ón de la Col onia
Agrícol a Santa Isabel po r parte de Ri cardo M artel Fernández de Córdoba , IX Conde de
Torres-Cabrera y VII del Menado Alto. Según Ricardo M ontis, este personaje de la
Córdoba f inisecul ar era “(…) el prototipo del noble de rancia alcurnia, del castellano
l eal… Su f igura arro gante majestuosa inspira admiración y respeto” [6]. Esta f igur a
polifacética de la Córdoba de l XIX ocupó i mportan tes cargos en l as instituci ones
locales, además de pertenecer a la oligarquí a ag raria, ya q ue se considera uno de los
mayores propietarios t erritoriales de la provinci a [7]. Será su personalida d
emprendedo ra la que lo conducirá a innovar en el campo de la agricultura a t ravés de
la implantación de m aquinaria movida con vapor e hidráulica, orientada hacia los
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maquinarias, construccio nes residenciales, r ecurs os naturales, medios de transporte y
ví as de comunicación … [35]. La arqueologí a industrial es, en este caso, la ciencia
auxili ar encargada del estudio de dichos “ fósiles ” . Por una parte, como t estimoni o
material de determinadas manifestacion es ya obsoletas, de carácter arquitectónico y
de ing enierí a, y por otra, como fuente para el conocimien to de f ormas de vida y de
relaciones sociales q ue dinamizaron a nivel ec onómico un determina do territorio en
una época histórica concreta [ 36]. Mercedes Tatjer afirma que la reci ente disciplina de
la Arq ueolo gía Industr ial ha estudiado habitualm ente los vestigios indust riales como
elementos autónomo s ajenos a su entorno, siendo objeto de análisi s -casi excl usivo-
los bienes inmuebles, c omo arquitectura e instal aciones, o los bienes muebles como
maquinaria y utillaje, desatendiendo a m enud os los cambios ex perimentados por
estos, o su vinculaci ón con el entorno natural donde estos bienes se generaron y se
desarrollaron. Por otra part e, siempre se ha conced ido mayor importancia al t ejido
industrial de las grandes empresas q ue, por otra parte, son las que mejor han logrado
resistir al paso del t iempo y a la acción del hombre, perdurando su hu ella de f orm a
menos delebl e en el paisaje. A ello hay que unir que éstas conservan mayor cantidad
de documen tación que puede servir para su estudio, por lo que el tejido industrial de
menor entidad o las e mpresas locales suelen estar relegadas como objeto de las
principal es investigaciones [37]. Así pues, además de la evi dente importanci a de las
innov aciones t écnicas, alg unos aspectos antropol ógicos se encuentran dotados de
gran val or patrimonial, como son la permanencia, la continuidad o el gr ado de
conex ión entre las estruc turas ind ustrial es actuales y pretéritas en un mismo territorio.
Partiendo de los postulados de Angelique T racha na, podríamos defini r el paisaje
industrial como cual quier parte del territorio donde el hombre impri me sus huellas
mediante estructuras e instalacion es destina das a la e xplotación, producción,
transformación y t ransporte de r ecursos agrí colas e industriales q ue a su vez, han
determinado la génesis de diversos acontecimientos vincul ados ent re sí, e
í ntimamente adheridos al t erritorio donde se han originado [38]. La ima gen q ue suscita
el paisaje industrial será percibida o no por la sociedad, dependiendo del modo en q ue
ésta sea comunicada , si bien su identificación y aprehensión derivará en gran medida
del valor q ue se conc eda a su utilidad productiv a [39]. Por ello, la educación y
aprendiz aje de la ciudad y su patrimonio industrial cosecharán r esultado s efectivos a
niv el pedagógico, siem pre que pa rtan de ex perienci as de cali dad, íntimament e
conectadas con el ámbito local más próxi mo: “ la hi storia de la localidad y, en general,
los estudios de entorno pueden constituir un punto de interdisciplina riedad y m otor de
aprendiz ajes instrumen tales base para la comuni cabil idad” [40]. Por ejemplo, en el
ámbito de la enseñanza formal, centrar el aprendiz aje de los alumnos en la histori a
más próxima extrapolándola a la g eneral y vi ceversa, constituye para Joaq uim Prat s
un recurso de suma utilidad. La historia local f acilita la comprensión d e
acontecimiento s históricos y culturales desde la proximidad de algunos hechos para
contextual izarlo s a posteriori a modo de enlace, lo que f avorecerá , sin duda, el arraigo
y el sentimien to identitari o del indivi duo con su entorno .
Desde una óptica m eto dológica, el conoci miento histórico f acili ta la comprensión del
pr esente mediante un análisi s coherente del pasado; se trata de presentar los hechos
cohesionados, no de forma aislada, ofreciendo un marco de referencia esencial para
entender los problemas y proponer alte rnativas. Ayud a además a util iz ar la informació n
de f orma selectiv a, f ormulando opini ones y estableciendo juicios crí ticos sobre los
acontecimiento s y potencia el desarr ollo de la conci encia sobre los propios orí genes
culturales, estimul a ndo por ende, la construcción del sentimiento identitario: “( …) la
comprensión his tórica no es solo r ecuerdo y almacena miento de informaci ón, sino q ue
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requiere de f acultades intelectuales de orde n superior co mo son la c apacidad de
análisi s, de sí ntesis, de deducción, o de inte rpretación ” [41]. Al respecto, el “ejercicio
rem emorati vo” resulta f undamental . Para Joaqui m Prats la historia local y los estudios
sobre el entorno pueden constituir un importan te impulso para incrementa r la adhesión
al patrimonio de sde un punto de vi sta pedagó gico . Compa rtimos total mente su opini ón .
Cuando el individuo toma contacto directo con su entorno más próximo, se sitúa en
una situación idónea para el descubrimiento por observaci ón, pues ello le permite
apreciar la ligaz ón entre l as cosas concreta s, co mprobables y ce rcanas, que se podrán
transformar más fácil mente en conceptos [42] .
Indudablemente , entre la historia y la ciudad se t eje una dialéctica de intrahi storias y
ello impulsa a investiga r los significados de los hechos q ue las han motivad o. Al
respecto, la visita al medio físico y el cont acto con lo cotidian o, consti tuye una vía
esencial [43] pa ra experi mentar el paisaje indu strial urbano, así como la principal
herramienta “experienci al” de la que nos pode mos valer para aprehende r la ciudad y
su patr imonio, además de conectarlos con otras realidades más g lobal es, como el
impacto de la Revol ución I ndus trial en diferentes ámbitos históricos, sociales, polí ticos,
económicos o cientí fico-técnicos. Esta última cuestión se reviste de singular
importancia , puesto que habitualmente los estudi os sobre el patr imonio industrial han
desatendido aspec tos deriv ados de la Historia de la Ciencia y de la Técnica, para
conceder m ayor importanci a al ámbito de las humanidades y priori zar los valores
arquitectónicos , estético s y emocionales f rente a los técnicos. Pero f rente a la
tendencia tradici onal, a mbas disci plinas no sólo no caminan separad as, sino q ue
exi sten estrechas relaciones entre las humani dades y los procesos técnicos. La
influencia de la ciencia y la técnica en e l patrimonio in dustr ial no ha sido unilateral, es
decir, no se han efectuado únicamente aplicaciones de avances, hallaz gos o
descubrimientos tecnoló gicos a las f ábricas , sino también en sentido contrario, pues
las nec esidades del sistema productivo activaron debates teóricos que estimularon la
introducción de nuev as t écnicas de producción y organiz ación. De este modo, la
“civi lización industrial” llegó a convertirse en un laborat ori o para llevar a cabo ensayos
de carácter económico y sociológico [44 ] .
Así pues, la comprensión del patrimonio industrial y su paisaje posibilita el
acercamien to a la histori a contemporánea general desde una vertiente hetero génea; el
conocimiento del territori o y del paisaje; la aproximación a ámbitos laborales pretéritos;
a la historia de la ing enierí a industrial y su estética ; a los descubrimientos científicos y
su aplicaci ón a la producción industrial, así como de los m ovi mientos sociales
asociados a ésta. Empero y llegados a este punto, observamos ciertos sesgos en el
enfoque habitual para la comunicación del paisaje industrial. Por eje mplo, los proceso s
de industrializ ación han primado encauzados hacia la primera Revolución industrial,
donde las máq uinas de vap or y las primeras fábricas con sus chimeneas se al zan
como hitos incuestion ables. Asimis m o, el patrimonio industrial se t iñe d e
adjetivaci ones negativas asociadas a la degradaci ón de ambientes y a la clase obrera
oprimida. Se tiende pues, a presentar a empresarios y obreros como g rupos
antagónicos en f rentados tradicionalmente , donde los primeros acusaban una patente
repulsa social y se desatendí an las relaciones comunes entre ambos en el proceso de
producción. Es frecue nte encontrar alusi ones a las pésimas condiciones de
habitabil idad de los trabajadores y al inestable mercado laboral, deriv ado de la
ausencia de propied ad en los medios de pr oducción, aunque tal y como indica
M ercedes Tatjer, hay q ue tener en cuenta q ue dichos males ya estaban presentes en
la sociedad antes de la i ndustrializaci ón. Por otra part e, a menudo se obvian aspectos
antropoló gicos co mo el carácter de los saberes t écnicos o el m odo de tr ansmisión de
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dichos saberes. Este as pecto resul ta de vi tal importancia, pues el bagaje técnico que
se adquirí a mediante la pr áctica o la ins trucción, suponía un mé r ito para la
consecución de de termin ados puestos o ascenso s por parte de los trabaja dores .
Ya hemos advertido en párrafos precedente s, que por naturalez a, los valores del
patrimonio urbano son estimulados a través de la experiencia colectiv a. Se comunican
y se transmiten por que están ligados a su propia ex istencia y a la de los individuos que
disfrutan de ellos, contemplando la opción de disfrute futuro de otras generaciones ,
mediante el le gado de los bienes integrantes de dicho patrimonio . En cual quiera de los
casos, el contacto con el patrimonio debe f undamen tarse en experien cias por
descubrimiento que permi tan a los visitantes establecer relacion es empáticas con el
entorno y seg uir rastros, encontrar huellas, selec cionar dat os en el mismo contexto de
producción donde se han generado; verifica r hipótesis y elaborar juicios críticos en
contraste con aq uello s datos proporcionad os mediante otras ví a s, como el
conocimiento histórico . En este sentido Jorge Morales Miranda a f irma que, “c ual quier
forma de interpre tación que no relacione los objetos que presenta y descri be con algo
que se encuentre en la expe riencia y la personalidad de los visitantes, será totalmente
estéril” [45], Efectivame nte, la expe riencia resulta imprescindible para rescatar el
mensaje au téntico para el legítimo conocimiento y valoraci ón de nuestr o legado
cultural, es deci r para rescatar su memoria :
(…) en el paisaje se m aterializa la experiencia y la s aspirac iones de un grupo social,
convirtiéndose de term inados lugares en ce ntros de significado, en sím bolos que de alg una
form a expresan pensam ientos y emoc iones [46].
POSIBILIDAD ES DIDÁCT ICAS DEL PATRIMONIO INDUSTRIAL URBANO Y SU
PAISAJE D ESDE LA EDU CACIÓN NO FORMAL.
La enseñ anza del patrimonio industrial suele ser a menudo poc o práctica y
concentra da en las aul as, cuando el trabajo de campo y el contacto con las estru ctura s
industriales resulta fundamental. Por otra parte, suele estudiarse desvi nculada de la
realidad actual , es decir, como proceso ai slado acaecido en un tiempo determinado sin
apenas lazos con el pr esente. Debemos tener en cuenta que cuanto mayor sea el
conocimiento y aprecio del acervo cu ltural de u na comunidad, más se incrementarán
las acciones de tutela y conservación del mismo, por lo q ue la tarea educativ a t iene la
fundamental misión de facili tar el con ocimiento y reconocimiento, tanto de bienes
tangibles como intan gibles, por que:
La educación participa como emerg ente de la cultura ( …) la cultura es una f orma de
ver la vida cr eada por una comunidad, y q ue se caract eriz a por la manera de r esolv er
física, emocional y mentalmente las relacione s que mantiene con la naturaleza,
consigo misma, con otras comunidades y con lo que ella conside ra sagrado, para dar
continuidad y pleni tud de sentido a la totalida d de la exi stencia [47].
Hemos comprobado en párrafos preceden t es cómo habitual mente ha ex istido una falta
de sensibil ización hacia los valores del patrimonio industrial, conv irtién dose es ta
cuestión en los casos de paisajes netamente industriales, en un problema que afecta a
la identidad local. El patrimonio industrial define y caracteriza a las sociedades como
habitantes de un determinado contexto, por el lo debe abordarse desde paráme tros
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educativ os, t anto formales, como no f ormales [ 48]. Conocer la existenci a del
patrimonio ( indus trial o no) constituye un acto prev io f undamental para su val oración y
posteriormen te, para su enseñanza, independientemente de su contexto: f ormal o no
formal.
Atendiendo a esta última cuestión, el concepto de educación no formal apareci ó en los
años sesenta como un intento de dar respuestas al ámbito escolar y atender la varia da
casuí stica de demandas educativas existentes. El aprendiz aje de los valores
patrimoniales del paisaje industrial de un modo informal, puede realizarse desde el
sector turístico, por e jemplo. La educación no formal surgió para sa tisfacer las distinta s
necesidades de ap rendiz aje de las soci edades en desar rollo [49], de finiéndo las como:
(… ) aquellas act ividades que se organizan intencio nadam ente con e l propós ito expres o de
lograr determ inados objetiv os educat ivos y de aprend izaje (…) consti tu yen o de berían const ituir
un im portante c om plemento de la e nseñanza form al en el esfuer zo tota l de l a enseñan za de
cualquier país [ 50] .
No obstante, la capacid ad de aprendiz aje en contextos no formales depende en gran
modo, de la sensibili dad, de la herencia cultu ral de las propias su gestiones del
indivi duo, del gusto personal o de la predisposici ón de ánimo. Por ello se t rata de
educar en la sensi bilida d [51], para q ue las ex perienci as, por ej em plo turísticas,
resulten m ás placentera s y provechosas. Podríamos concreta r la definici ón esencial
del concepto de Educación no f ormal como "el conj unto de proce sos, medios e
instituciones especí f ica y diferenciadamente diseñados en f unción de explí citos
objetivos de f ormación o de i nstrucción, que n o están directamente d irigidos a la
provisi ón de los grados propi os del sistema educa tivo reglado ” [52] .
La escuel a es, sin duda, la f ormación educativ a más import ante, sin embargo, no
resulta adecuada pa ra todos los tipos de ap rendi zaje o situaciones. Las persona s se
educan m ás allá de las aulas y de la f amilia, y al respecto, ocio y tiempo libre resultan
factores esenciales para el desarr ollo integral de los individuos, porq ue permite n
desenv olver actuaciones educativ as para el disfr ute (traspa sando la fr ontera de la
educación como algo obl igado). El ocio y el t iempo libre como necesid ad y derecho,
constituyen “ámbito s d e aplicación y expansión pedagógica-social, idóne os para
promover expe riencias o iniciativ as con f ines educativ os, culturales y terapéuticos ”
[53], q ue además incrementan la calidad de vida de las personas. Por ello existen
activi dades potencialmente educativas f uera del ámbito de la educación f ormal, que
bien estructuradas y sistemáticas, y con una duración relativamente brev e, “ cuando
están bien enfocadas, contribuy en muy positivamente al desarroll o de los indiv iduos y
de las comuni dades, así como al auto-enri quecimien to cultural y autorreal iz ación
personal”, contribuy endo a modificar la conducta de los indivi duos, a la par q ue
cumpliendo unos ob j etivos de ap rendiz aje identi ficables.
El aprendiz aje de los valores patrimonial es del p aisaje industrial de un modo informal,
puede r ealiz arse desde el sector turístico, por e jemplo. Este t ipo de educaci ón resulta
una herramienta óptima para desen trañar me nsajes y discursos proveni entes de
diferentes discipl inas, asociados al tiempo y al espacio urbano, así como para
compartir experien cias y practicar la retroalimentación, respecto a lenguajes de tipo
oral, visual , escrito, sono r o, ol fativo…
La cr eciente sensibi lidad que se predica sobre la necesidad de implemen tar a ctitudes
de respeto hacia los valores sociales, especialmente en las generaciones más
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jóvenes, nos llev a a considerar el espacio urbano como un óptimo agen te f ormativ o de
tipo informal. Se tr ata de un contexto potencialmente educativ o, as í co mo un denso
canal para la transmisió n de información heterog énea, por lo que debe estar abierto a
la experimentación ped agógica constante. Res ulta imprescind ible dar conocer de
forma ordenada y estructurada los recursos desde los m edios e instituciones
educativ as existentes en el ámbito urbano, para a posteriori detectar las posibles
carencias de los mismos, además de las necesidades y expectativ as de los
ciudadanos, e intentar dar respuesta a nuevas realidades sociales y cu lturales .
Asimismo, es importante conocer el uso real q ue se hace de los recursos y prever la
inclusi ón de aquellos ot ros q ue no son usados educativ amente, pero que podrí an
adquirir alguna f unciona lidad pedagógica . De este modo , los esfuerzos educativ os
destinados a poner en práctica actividades lúdico-educativas, merecerán más atenció n
que la dispensa da hasta ahora, y lograremos “dev olver a la gente j oven espacios en
los cuales pued an m anifestarse estimulando pr ácticas de ciud adaní a, como único
modo en que una institución educativa, cada vez más pobre en recursos simbólicos y
económicos, pueda reconstruir su capacidad de socialización” [54] . Para fraseando a
Jaume Trilla, las ciudades deben saber cómo educar “por”, “en” y “desde” su propi a
esencia como contenido educativo integr al, conv irtiéndose pues, en u n contenedor
utilísi mo para una educación múltipl e y diversa. Una heterogénea red de espacios,
encuentros y viven cias s e dan cita en la ciudad y necesitan de interpre tación didáctica,
por lo que desde el pr opio ámbi to escolar, as í desde como otras in stituciones y
colectiv os, se pueden poner en m archa recurso s educativos eventuales q ue puedan
satisfacer necesidade s o demandas formativ as puntuales, asociadas o no al ámbito
formal: “ La ciudad educ adora real, pues, acoge y revuelve entre sí a las educacion es
formal, no formal e informal, y es el resu ltado de la dial éctica entre l o
pedagógica mente orden ado y el inevi table azar de encuentros y viven cias educativas
que se producen por la h ipercomplejida d del medio urbano ” [55].
PROPUESTA DID ÁCTI CA PARA LA COMUNICACIÓN DEL PATRIMONIO
INDUSTRIAL: LA S EÑAL ÉTICA APLICADA A L CO NOCIMIENTO Y DIFUSIÓN DE
LA COLONIA AGR ÍCOLA “SANTA ISABEL” DE CÓRDOBA
Cuando se comparten activi dades f ormativ as colectivas dentr o de contextos con algún
componente lúd ico, las necesidades educativ as se satisfacen de un modo óptimo ,
pu es colman una serie de necesidades v itales como el f omento de las r elaciones
sociales y la interacción, además de estimul ar la expresi ón de opiniones y emociones.
Resulta indispensabl e salir del aula y f undirse con el locus, pues el contacto con el
medio de f orma pautada, promueve la adq uisici ón de determinados si gnificados y
mensajes, p resentándos e como un tipo de aprendi zaje m uy valioso. Por ello nuestra
propuesta de educa ción patr imonial se trata más bien una invitación a aprender el
patrimonio in situ , desde y por la ciudad m ediante técnicas interpretativ as [ 56 ].
C onside ramos la Interpretación del Patrimonio como el “arte” de revelar in situ el
significado del legado natural y cultural al público que visita esos luga res en su tiempo
de ocio. Se trata de util izar unos instrumentos metodológicos adec uados para
presentar, comuni car y promov er l a aprehen sión del patrimonio con f inalidade s
culturales, educa tivas, social es y turí sticas [57]:
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La interpretación es a la vez una disciplina y una profesión. Esto q u iere decir q ue es
un cuerpo de conocimientos técnicos y metodológicos bien concreto y definido, al
mismo t iempo que es una práctica pro fesional que ejecutan personas que provi enen
de otras pro fesiones o son especialistas ex clusivamente en interpre tación ” [ 58].
Para Guillermo Martí n Guglielmino la presentación in situ resulta indi spensable, así
que la transmisión del mensaje sea impactan te y q ue la visi ta deje huella en los
vi sitantes, inf undiendo comportamien tos positiv os de respeto hacia el entorno social y
cultural. Así pues, transformar un recu rso patrimon ial en un producto turístico cul tural o
educativ o de tipo no for mal, requiere utiliz ar herramientas adecua das para despertar el
interés del público vi sitante, t ransfor mando mensajes co mplejos e n signific ados
sencill os sin perder el rigor científico ni la f idelidad con la historia. Nuestra propuesta
didáctica piloto consistirá en pone r en marcha una serie de estrategias de
comunicación que per mitirán desci f rar el mensaje del paisaje indu strial local y
transmitirlo a q uien no está obligado a saber, confiriendo significado a lo q ue v e y
siente. Se trata de que a partir de dichos significad os, el visitante experimente una
conex ión real con el esp acio y la imagen que ést e genera; conoci endo, c omprendiendo
y reconociendo algo inédito, a partir de reacci ones y emociones pro vocadas por
nuestros es tímul os instrumentales :
La interpretación preten de entretener y buscar una respuesta positiv a del usuario,
construyéndose a part ir de los conocimientos de las personas, pr ovocando y
estimulando sensacione s, sustentándose siem pre en la investigación cientí f ica y
estando enrai zada en l a identid ad local [59].
Cuando abordamos el estudio de un tipo de patrimonio tan f rágil como es el industrial,
partimos de la imposibi lidad de aseg urar a priori su permanencia. Estos bienes
tampoco tienen la capacidad para ser asimil ados de f orma espontánea por todos los
sectores de la sociedad, en especial, en lo que atañe al val or del ser humano como
protagonista de la historia. Añadimos a ell o su tradicion al adjetivación de
obsolescenci a y disfuncional idad, lo que lleva a ser considerado po r lo s ciudadan os
como algo caduco y viejo, por lo q ue raramente podrá ser v alorado sin un previ o
programa educativ o. Por ello debemos dejar testimonio de esas intrahisto rias,
inmersas en la “otra” g ran historia de la ciudad mediante su interpretación y
comunicación especí fica. Los itinerarios cultur ales resultan de gran utilidad como
material didáctico, pues si son generados a partir de una documenta ción veraz y
rigurosa, pe rmiten al v isitante obse rvar y aprehender los elementos del patr imonio
industrial in situ, m edia nte técnicas basadas en las teorías de la percep ción. Estos
presentan la ima gen de los territorios en un esce nario idóneo -transformados en
productos q ue reúnen atributos de excepci onalidad o autenticidad [60]- m ediante la
definici ón de sus cualidades e inte grando en un úni co recorrido una serie d e
elementos patrimonial es trabados ent re sí :
Desde el punto de vi sta conceptual e stos itinerarios t ratan de present ar la relació n
entre los elementos productiv os y la propia s ociedad y terr itorio que los acogió,
indican do la presencia de r estos materiales de vivi endas obreras y de clases medias ,
espacios de sociabilidad (…) presentan amplias referencias a las t rans formacione s
urbaní sticas y paisajísticas recientes y al m odo como tr atan de insertarse en los restos
de patrimonio industrial (… ) potencias las estrategias de aprendizaje relacionad as con
la observaci ón directa [6 1].
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70
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Trataremos de rendir efectiv a dicha propuesta di dáctica mediante un recurso de suma
utilidad: un itinerario dotado de un prog rama señal ético. La señalética constituye una
“discipli na que se encar ga del diseño , la creación y la planificación de los sistema s
informativ os estr ucturad os m ediante señales” [62] . En espacios particularmente
complejos, como puede ser un entorno urbano con pluriestra tificaciones históricas y
pai sajes poliédricos, ésta permite orien tar al usuario en su movi lidad, transmitiendo
señales mediante un lenguaje claro, f ácil de percib ir y eminentemen te visual muy
eficaz : “El lenguaje señalético se apoya en tres t ipos de códigos: lingüí sticos, icónicos
y cr omáticos, aportando cada uno de ellos un lenguaje y codif icación propia” [ 63]. Y
especialmente, cuando nos enfr entamo s a zonas de incertidumbre sintáctica ,
deberemos j erarquiz ar la información relativ a al paisaje industrial urbano de un modo
que resulte accesibl e para el usuario, y ello le posibilite la recepción del mensaje q ue
queremos transmitir. Incluiremos un pro grama señal ético que será distribui do a través
de un recorrido de libre elecci ón, correctamente indi cado sobre plano para orientar al
usuario, indicándole donde está y conduciéndole hacia donde puede ir. Nue stra
señaliz ac ión incluirá: códigos de acces o y de identif icación el luga r ( núcleo y
calles/senderos adyacen tes). Y deberá consisti r en todo caso en una prop uesta con
integración ambiental que no compita en prot ago nismo con el entorno natural, aunque
situada en un lugar estra tégico para el paso de viandantes. No obstante , dependiendo
del soport e que utili cemos (en nuestro caso serán paneles), deberemos atender al
tiempo que cada persona dedica a leer la inf ormaci ón, normalmente muy reducido, po r
lo que es serí a interesante situarla en diferente s niveles de complejidad. Habrá que
tener en cuen ta las si guientes cuestion es para facil itar la lectura:
Utiliz ar de un tamaño de l etra no demasi ado pequeño, ev itando las cursiv as y
mayúscul as, así como los serif, y la tipo g rafía de masiado o rnamentada o
caligráfica . Tampoco es conv eniente utili zar más de dos tipogra fías di ferentes
en el mismo texto.
Utiliz ar negrita o subray ado para resaltar a spectos esenciales, pero sin ab usar.
Utiliz ar frases no de masiado lar gas, ni demasi ado conde nsadas .
Utiliz ar un buen contrast e entre fondo y caracte res, inten tando no superpo ner
texto sobre i mágene s, o en caso de hace rlo asegurar el contras te adecua do
entre ambos recursos.
Partiendo de algunos de los hitos significativ os pertenecientes al paisaje industrial de
la Co lonia “ Santa Isabel” de Córdoba ubicados en lo que actualmente constituye en
Alcolea y Barriada del Ángel o de los Án geles, realizar íamos un itinerari o cultural que
vi ncularía diversos bien es industriales de la ciu dad, y que estaría acompaña do de un
programa especí f ico de señaliz ac ión didáctica (Figura 5). Hemos de tener en cuenta ,
que gran parte de los contenidos de nuestra propuesta atienden a u n pa trimonio
desaparecido de los q ue únicamente perm anec en en pie algunos hitos. No obstante,
dicha propuesta de señalética se plantea como un prototipo, ejempl o y r evul sivo,
estructurado a parti r de las pautas f ormales y de contenido ya descritas en párrafos
superiores . Así pues, dicho programa se organiz a a partir del siguiente esq ue ma de
información :
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
I. OBJETIVOS
I.1) OBJETIV O GENERAL
Ampliar los niv eles culturales acerca del patrim onio industrial cordobés y su paisaje
mediante una activ idad educativa que ofrezca alternativ as al ocio y tiempo li bre .
Comprender el paisaje ind ustrial y su patrimonio como producto de los testimoni os
materiales e inmateriales producidos en el pasado, e incorporados por las sociedades
contemporáneas a su sistema cultural, asimilan do sus usos, signi ficados y v alores
pretéritos y ac tuales.
I.2.) OBJ ETIVOS ESP ECÍFICOS
a) OBJETIVO ESPECÍFICO 1 (actitudinal)
Observar la influencia d e los e fectos de la Rev olución Industrial en el ámbito local
mediante el ej empl o de la Coloni a agrícol a de Santa Isabel de Córdoba , así como su
impacto en el paisaje. Comprender los orígene s, evoluci ón y declive d el patrimonio
industrial local, así como sus características, í ntimamente ligado al territorio y a la
sociedad que lo generó.
b) OBJETIVO ESPECÍFICO 2 (actitudinal)
Reconocer l a impo rtancia de la recuperaci ón y la pu esta en valor del pa trimonio
industrial para el desarrollo local, mediante el reconocimi ento de los valores de
aquellos vestigios o inmuebles emplazad os e n el pai saje urba no. E n con creto, el
Castill o de la Isabela .
c) OBJETIVO ESPECÍFICO 3 (act itudinal)
Vincul ar los aspectos material es de la in genierí a, las cons t rucciones industriales y los
artefactos ( con val ores tecnológicos, cien tí f icos y estéticos) con aq uellos
antropoló gicos derivad os de la historia de la producci ón, por parte de los operario s
(colonos) y p romotores i ndustr iales (Con de de Torres-Cabrera ).
d) OBJETIVO ESPECÍFICO 4 (competencial)
Ofrecer una visi ón interdisciplina r y hol ística del conocimiento del patr imonio local al
conectar dicha activ idad con otros modelos de enseñ anza formal, a modo d e
contenido transversal dentro de l currí culo de E ducación Secundaria (ESO y
Bachil lerato). Dicha ac tiv idad conectarí a con las competenci as clave del sistem a
educativ o español: competencias básicas en ciencia y tecnologí a; competencias
sociales y cív icas y conciencia y expresi ones cultural es [ 64].
II. PROCEDI MIENTO
Cómo llev aremos a cabo este aprendiz aje.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
- Observando , analizan do y asimil ando in situ manifestacion es y elemen tos de ca rácter
industrial (sin gulares y cotidi anos) presentes en el espacio urbano .
- Tomando contacto con la historiogra fía elaborada a partir de las fuentes
documentales exi stentes.
- Anal iz ar de f orma crítica hechos y situaci ones (confrontando y valorando
expe riencias de diversa índole) q ue permita n al usuario ex presar sentimientos ,
opinion es e ideas propio s.
III. ACTITUDES
a) P RELIMINAR :
Deseos de en tretenimien t o y aprendiz aje.
b) FINAL
Qué pretende mos obten er de los usua r ios que llev en a cabo la ex periencia.
- Adquirir sensibili dad y respetar el entorno más p róxi mo.
- Admitir las div ersas interpre taciones de un mis mo hecho o a conteci miento.
- Respetar y val orar el patrimonio in dustrial y su pai saje.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMEN TALES
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c o lo niz a ci ón in t e ri o r en Es p añ a a fi n al es d e l si gl o X I X” . Ge oG ra p h o s: R e v i sta Di gi t a l p a ra
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[ 5 ] C al za d a P é r e z , M . ( 2 00 4 ) : Op . C i t.
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C ór do b a, P ub li ca ci on es d e l M on te d e Pi ed a d y C aj a de A ho rr os d e C ó r d o b a.
[ 7 ] A l ma n sa P ér ez , R. M . (2 00 5 ) : Fa mi li a , ti e rr a y pod e r e n l a Có rd ob a de l a Re s t a ur a c i ó n.
U niv e rs i da d de C ór do b a, p . 3 3
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
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[ 9 ] M a rr ó n Ga i te , M . J . (2 0 11 ): La a d o p c i ón de un a i n n ov a ci ó n ag ra ri a en E s p a ña : l os
o rí g en e s de l cu lt i v o d e l a r e m o l a ch a az u ca re ra . Ex pe ri en ci a s pi on e ra s y su re pe rc us ió n
e c on ó mi c a y te rr i t o ri al . Es tu di os Ge og rá fi co s , IS SN 00 1 4 -1 4 9 6 , V o l. 72 , nº . 27 0 , pp . 10 3 -
134.
[ 1 0 ] A rc hi v o H i st ór i co d e l P a la ci o d e V i a n a “A . H .P .V .” . E xp e d i en t e “ E x p . ” L0 04 1 - 1.
[ 1 1 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 41 - 1
[ 1 2 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 1- 1.
[ 1 3 ] A l m an s a P é r e z , R .M . (2 00 5 ) : O p . C i t . , p . 1 60 .
[ 1 4 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 4- 1.
[ 1 5 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 1- 1 y A H PV . Ex p e di en te : L 0 0 44 - 1.
[ 1 6 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 4- 1.
[ 1 7 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 5 2- 1.
[ 1 8 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 52 - 1.
[ 1 9 ] A CM A G R A M A , E xp . 18 5 .
[ 2 0 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 1- 1.
[ 2 1 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 8- 1.
[ 2 2 ] M a rr ó n G a i te , M . J. ( 2 0 1 1) : Op . C i t .
[ 2 3 ] A HP V . E x p .: L 00 44 - 1.
[ 2 4 ] M a rr ó n G a i te , M . J. ( 2 0 1 1) : Op . C i t .
[ 2 5 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 7- 1.
[ 2 6 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 5 0- 1.
[ 2 7 ] M a rr ó n G a i te , M . J. ( 2 0 1 1) : Op . C i t .
[ 2 8 ] A .H .P . V . E x p . : L 00 4 6- 1.
[ 2 9 ] M a rr ó n G a i te , M . J. ( 2 0 1 1) : Op . C i t .
[ 3 0 ] A .H .P . V . E x p : L 00 4 0- 1.
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
LA FÁBRICA DE HARINAS “LA G IRALDA” DE É CIJA, PRIMER
EDIFICIO DE HO RMIGÓN ARMAD O EN ANDALUC ÍA
A nton io Burgo s Núñez , Univers idad de Gran ada, abn@u gr.es
Gonzalo Rod ríguez M árquez , Universi dad de Gra nada , g onzarm @corr eo.ugr.es
RESUMEN
Los edificios industrial es f ueron uno de los p rinc ipales vectores de introducci ón de la
nuev a técnica constructi v a del hormigón a rmado, a co mienz os del siglo XX.
En el marco de la co mpetencia empresarial caracterí stica de la más temprana
evol ución del nuevo mater ial, diversas compañías técnico -constructo ras desarrollaro n
su activi dad en Andalucí a, lev antando los primeros edificios de hormigón armado en
esta región.
Entre ellas, la empresa francesa Hennebi que tendría un pap el relev ante,
correspondiéndol e la re alizaci ón (dirigida desde su primitiv a delegación nacional de
M adrid) del primero de tales edi f icios, la fábrica de harina s “La Giral da”, de Éci ja.
Esta comunicaci ón tiene como obje tivo la descripción y el análisis constructiv o y
estructural de este edifi cio singular, una aportaci ón relev ante a la Hi storia de la
Construcción española en g eneral y andaluza en particular. En pie todavía, constituy e
un val ioso patrimonio de ar quitectura indus trial pendiente de reconocimien t o.
Palabras clav e: hormi gón ar mado, arquite ctura in dustrial, estructuras , patri monio
ABSTRACT
Industrial bui ldings were one of the main vectors of introduction of the new construction
technique o f rein forced concrete , in the early twentieth cen tury.
In the first dev elopment o f rein forced conc rete, several technical and construction
companies were competitors in Andalusia. Amon g them, the French company
Hennebi que had an important role. In 1900 Span ish delegates of this com pany bui lt the
flour mill "La Giralda, " in Eci ja. It was the first con crete rein forced bui lding i n Andalusia.
This paper aims at the description and the constructiv e and str uctural ana lysi s of t his
unique buildi ng, a significant contribution to the Spanish and Andalusian Construction
History. The building s till stands and is now a valuabl e part of our industrial heritage
Keyw ords: reinforced concrete, indus trial archi tecture , s tructure s , heritage.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
LOS EDIFICIOS INDUSTRIALES Y LA DIFUSIÓN DEL HORMIGÓN ARMAD O EN
LOS COMIENZOS DEL SIGLO XX
La t écnica de construcción con hormigón a rmado se gestó en Europa Occidental a lo
largo de la segunda mitad del siglo XIX. T uvo un desarrollo r ela tivamente rápido, pero
no obstante tardarí a mucho tiempo en consolidarse como el materia l de construcció n
genérico, universal y de uso normalizad o que hoy conocemos. En su lugar, lo q ue
habí a al principio era una multitud de heterogéneos procedimientos pa tentados, cada
uno de los cuales permití a a su propietario explotar comercial mente la apl icación del
nuev o material.
En España empezó a utiliz arse en la década de 1 890 . Por lo general, se seguían
procedimientos impo rtados de F rancia, aplic ados por di versas co mpañí as que
competían entre sí. Puede decirse que la trayect oria del nuev o material fue inaug urada
por la empresa del arquitecto Claudio Durán, q ue po seí a los derechos del sistema
M onier para nuestro país. Desarrolló una actividad notable princi palmente en el área
de Cataluña [1].
El otro polo de industrial iz ación, la Cornisa Cantábrica, s erí a el teatro de operaciones
inici al de la f irma fr anc esa Hennebi que. Con diferencia, esta era la empresa más
adelantada a nivel internaci onal. Provista de su propio sistema de hormigón armado y
con una eficaz estrategia de expansi ón ( red de contratistas f ranquici ados a los que
apoy aba t écnicamente desde su o f icina centra l de Parí s), a f inales del XIX hab í a
conseguido trascender d e su locali zaci ón original e impl antarse en varios paí ses [2].
En España, tras un desordenado comienzo de la mano del ingeniero José Eugenio
Ribera, pronto intentó consolida r una estructura estable y de rango nacional . En 1898
abrió una ofi cina técni ca en M adrid y empezó a busca r concesion arios en provi ncias.
Sus agentes no tardarían en conseguir impo rtantes en cargos, de cuya gestión técnic a
se ocuparí an los técnicos de la oficina de Madrid. Entre ellos el m áxi mo responsabl e
era el in geniero de ca minos R amón Grot ta.
En estos primeros momen tos, las pri ncipales aplicaciones del hormigón armado, no
por casualidad, f ueron edificios industriales. Su consideraci ón estrictamente funcional
así lo f avorecí a, pues quedaban al margen de los condicionamie ntos estéticos de la
arquitectura residencial y púb lica. Pero por otro lado, el hormig ón armado ofrecí a
notables ven tajas para s u construcción.
Las nuevas estructur as de hormigón armado podí an reproducir con ventaja la ef iciente
configuración de entramados de pórticos metálicos y f orjados planos, irreemplaz able
para la tipol ogía de fábrica de pisos .
M anteniendo sus prestaciones (espacios de trabajo diáfanos, iluminación natural,..) el
hormigón armado mej oraba su compo rtamiento estruc tural, admitiendo cargas
mayores y reduciendo por su m onolitismo efecto s secundarios indeseables como las
trepidaciones. Pero lo que constituía su potencial más valorado era la resistencia q ue,
como ma terial incombus tibl e, presentaba an te los incend ios.
Estas circuns tancias animaron a m uchos propietarios de estas industrias a utiliz ar el
hormigón armado. Sob re todo, tras habe r su frido un incendio desastroso. De este
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
modo, se conv irtieron en auténticos vectore s para la propa gación del nuev o mater ial .
En muchos paí ses el primer edificio de hormi g ón armado fue una fábrica de harina. Así
sucedió en nuestro paí s, con la construcción, en 1899, de las f ábricas de la viuda de
Ayal a en Badajoz y de “La Ceres” en Bilbao. Pr ecisamente esta última, paradigma de
la arq uitectu ra industrial del hormigón armado en España, f ue proyectada y construida
por el ya mencionado Ra m ón Grotta y la casa He nebique [3].
LA FÁBRICA DE HAR INA S “LA GIRALDA” DE ÉC IJA, ANTECEDENTES Y
CIRCUNSTANCIAS DE SU CREACIÓN
Situada en el tramo final del río Genil, la ciuda d de Écija cuenta con una larga tradición
de molinos e ingenios hidráulicos, que se remonta al m enos hasta la época mediev al .
Por la época que nos ocupa estaban en funcionamiento no menos de media docena
de fábricas de harina y de luz , desplegadas a lo lar go de la mar gen izquie rda del rí o.
Una de ellas, la del industrial José García de Castro, resul tó muy afectada por un
incendi o q ue t uvo lugar el 18 de f ebrero de 1900. Según dio cuenta la prensa local, en
el suceso se consumieron completamente los elementos de madera, hundiéndose los
pisos y cubi erta del edi f icio 1 .
Su propietario no t ardarí a en empr ender su recons trucción, apro vechan do la
circunstancia para m ode rnizar la f ábrica con nuev as máquinas de molienda movidas
por electri cidad. Pa ra abastecerlas , el renovado establecimiento acogerí a también una
central hidroeléc t rica, cuy a producción sobran te podría comercial iz arse
ventajosamen te. Tres meses después solici taba el oport uno p ermiso en el
Ayun tamiento de Écija 2
Resuelto a evitar las deficiencias de la construcción tradicional, G arcí a de Castro
decidió levantar la nueva f ábrica con hormigón armado. Su materiali zación la conf ió a
la empresa Hennebique, que como ya hemos visto ya había t enía en su haber dos
establecimien tos simil ares en nuestro paí s.
Aunque no se ha conser vado mucha in formación sobre la construc ción de la f ábrica 3 ,
sí que contamos con un dato fundamental , q ue nos con firma esta ad scripción: su
registro en la lista de realiz aciones de la casa Hennebi que de 1900.
Dentro de su exitosa organi zaci ón, esta casa patroci naba la publicación de una revista
con el hormigón a rmado como t emá tica principal , Le béton armé . Si bi en pretendía
tener cier to carácter técnico, su f inalidad principal era la difusión publicitaria de las
activi dades de la empresa. De este modo, cada número recogí a las nuevas
construccion es y a f inal de año se h ací a una recapitulaci ón general. En la de 1900,
dentro del capítulo de “Construcción industrial”, se registraba con el número 9411 la
1 En [4]. Archivo M unicip al de É cija
2 Permiso de obras a D. José García de Cas tro y Bernasqué. 26 de mayo de 1900. Archivo Municipal de
Écija, legajo nº 889, documento nº 11.
3 No hay ninguna información sobre la fábrica en los archiv os de la casa Hennebique(hoy en el Instituto
Francés de Arquitectura), únicos que por tratarse de una actuación privada podí an disponer de ella.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
construcción de un “moulin à farine” en Écija, propiedad del industrial José García de
Castro y llev ada a cabo por el in g eniero Ramón Grotta 4 .
Este dato confirma lo señal ado en algunas menciones a la f ábri ca hechas en diversas
revistas técnicas español as. En estas escueta s notas se la incluye dentro de las
realiz aciones de la casa Henne bique como una “fábrica de ha r inas y el ectricidad” 5 .
La f echa de cons trucción (1900) q uedó registrada t ambi én en u n documento
excep cional, una pasarel a integrada en la fábrica . La inscripción hoy está parcial mente
deteriorada y oculta po r un añadido posterior.
Así pues, puede afirmars e que la fábrica fue una obra del ingeniero Ra m ón G rotta, que
simultaneó su construcción con la de “La Ceres ” en el invi erno de 1900. Es por tanto
una de las más temp ranas realiz aciones del hormig ón armado en Españ a y el primer
edificio const ruido con e ste material en Andalucí a.
DECRIPC IÓN DEL EDIFICIO: CON FIGURACIÓN GENERAL
No consta que se realizara proyecto alguno del nuevo edificio. En su mayor parte, y
dada la premura con qu e se llevaron a cabo las obras, su configuración debió
decidirse sobre la marcha. Con sentido práct ico se impl antaron los esquema s
constructiv os de Hennebi que, q ue Grotta ya esta ba apli cando en la fábrica bilbaí na “La
Ceres” .
No obstante, según se desprende de la comparación de la f ábrica en la actualidad con
la imagen más anti gua que se conserva de la m isma ( datada hacia 1910), apenas ha
expe rimentado modi ficacion es desde entonces ( figu ra 1). El reconoci miento del edificio
en la actualidad rev ela con bastante fidelida d su ordenación original.
Figura 1: la fábrica hacia 1910, f otograf ía de Juan N. Díaz Custo dio. En (Freire 2011).
4 En [5]. Universiteitsbibliotheek Gent.
5 En [6], Biblioteca Nacional de España, y en [7], Bibl ioteca de la Universidad de Granada.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Dicho r econocimiento s e ha practicado en la primavera del presente año (2016) .
Gracias a él se ha podi do realizar un levantamiento completo de planos del edificio 6 ,
qu e se inco rporan al cue rpo de esta comuni cación (figu ra 2).
Figura 2 : pla ntas y alzado de la fábrica en la actualida d. Levantam iento reali zado por los
autores.
Se constata, en primer lugar, la permanencia de una irregular planta baja, remanent e
del edificio anterior a 1900. A ella accedí an los caces de la ancest ral aceña, dos de los
cuales se ceg aron en la remodelación. Otros do s q uedaron activos para alimentar la
central hidroeléctrica (s e conservan hoy, fosilizados, los taja mares de las bocas de
entrada de t odos ellos). El azud se encontraba inmedi atamente adyacente al edificio ,
según puede verse en la f otografí a de 1910 (figura 1). Una canalización cubierta,
integrada en el edificio p ero claramen te destacad a , hacía las v eces de ali vi adero.
Su presencia, así como la de l as canales de alimentación y la col ocación de la
maquinaria condicionó l a org aniz ación del edif icio, que se con formó en dos cuerpo s
bien dif erenci ados. El occidental, donde se ubi can dichos elementos , muestra una
disposici ón de elementos est ructurales heterogé nea, con m uros de carga y alg ún que
otro pil ar de f undición como elementos verticale s sustentantes de los f orjados . Esto s
muestran paños irregula res de losas de hormigó n alternando con otros de viguetas
metálicas y r oscas de la drillo (f igura 3 ).
6 El levantamiento s e ha reali zado a partir de mediciones efectuadas con taquímetro LEICA TCR 407,
cedido por el Departamento de Expresión Gráfica Arquitectónica y en la Ingenie ría de la Universidad de
Granada.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Figura 3: elem entos estruct urales de d istinta natur aleza en el cu erpo occ idental del edif icio.
Fotografía tom ada por los autores
En cambio, el cuerpo oriental muestra una di sposición más ordenad a. De planta
sensiblemente rectangul ar, si bi en se conserv aron l os muros de ca rga exteriores,
interiormente se organiz ó í ntegramente con estructura de hormigón armado. Arranca
esta en la planta baj a, levan tándose hasta tres niv eles más, de alturas variables. La
cubierta se resolv ió en azotea.
LA ESTRUCTURA DE HORMIGÓN ARMADO
De este modo, la intervenci ón m ás cr eati va tuvo lug ar en el cuerpo oriental, donde con
los pisos apoyados en cuatro pil ares se pudo habilitar un espacio diáfano . Esto
permitió la ubicaci ón de la nuev a maquinaría de molienda que con su volumen
prácticamente colma el interior de las plantas (figura 5).
La articulación estructur al r esponde con exactitud a los patrones del diseño básico
estandariz ado de Henne bique pa ra Edificación, que constaba de unos pórticos con sus
jácenas o vigas maestras y unos brochales t ransversal es (viguetas intermedias seg ún
la terminolo gía de la época). Entre ambos tipos de vigas se sustentab an las losas
constituyen tes de los for jados.
Tanto en las j ácenas como en las vigue tas el armado est aba compuesto por barras
longitudinal es in feriores; en los extremos las bar ras lon gitudinales se lev antaban para
resistir las t ensiones d e tracción generadas por los momen tos negativ os. Como
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
armadura de cortante se utili zaban flejes v erticales, que tambi én f uncionab an a modo
de conectores c on la losa del f orjado (figura 4 ). La ej ecución de los f orjad os empezab a
por las v iguetas, compl etándose después sucesiv amente las j ácenas y la losa
superior.
Figura 4: proc eso de ejecu ción de los forjado s y descripción de arm aduras. En [8]. (Seco de la
Gar z a 1898). Bibliotec a Ce ntral Militar, M adrid.
Por su parte, los pilares, de sección rectangular, se armaban con cuatro bar ras
longitudinal es, uni das a interv alos reg ulares de 1,00 m median te pl etinas
transversales.
Este esque ma es f ácilm ente reconoci ble a simple vista (figur a 5). Los cuatro pilares,
acha f lanados, arrancan en la planta baja y tienen sección rectangul ar decreci ente
según la altura (35x35, 31x31, 25x25 y 21x21 c m, respectiv amente). Las j ácenas, del
orden de 4,50 de luz , t ienen una sección tipo de 45x30 cm; simi lares dimensiones
tienen las vi guetas (aprox imadamente 4,00 m de luz y sección transversal 45x20cm).
La losa de for jado tiene 15 cm de e spesor.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Figura 5: vista de la estr uctura de horm igón armado e n la planta prim era, donde s e ubica la
m aquinaria original de m olienda y clasificación d e la harina. Fotograf ía de los aut ores.
En cuanto al armado, ante la imposibilida d de dejar las barras al descubierto en
ninguno de los elemen tos estructurales, se han identi ficado con técnicas de inspección
no destructiv as 7 . No obstante, en algunos puntos los desperfectos han permitido
observar directa mente lo s elemento s constituy entes del armado. Las obse rvaci ones de
los dos t ipos conf irman concentraciones de armaduras coincidentes con la disposici ó n
típi ca de Hennebi que ya descrita .
IMAGEN DEL EDIFICIO. ASPECTOS FORMALES
En los comienz os de l hormigón armado el diseño de los edificios primaba casi
excl usivamente la f uncional idad. Como enfatizaba Hennebi que con su lema 8 todo se
supeditaba a la obtención de una gran resiste ncia al f uego y a la capacidad de
soportar grandes car gas. Aunque j unto a la potencia de su organizaci ón tectónica,
7 Se ha utilizado un localizador m agnético de ba rras, tipo Profomter -4, cedido por el departamento de
Expresión Grafica Arquitectónica y en la ingeniería d e la Univ ersidad de Granada.
8 “ No más incendios desastrosos; solidez y resis tencia a las m ás fuertes cargas ”
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
también pesaba como condicionante la racionali dad constructiv a, entendida en un
sentido econó mico, de a provech amiento óptimo de l os material es.
No obstante, los edificios de hormigón armado fueron poco a poco adquiriendo unas
caracterí sticas formales distintivas, que en la década inaugural del siglo XX se
articularon como un lenguaje propio para el nuevo mater ial. Teóricos y prácticos de la
Arquitectura posteriores (Le Corbusier , Giedion) terminarí an por reconocer en esto s
edificios de la primera generación de constructores con hormigón armado un nuevo
estilo, basado precisame nte en las formas surgid as de la ló gica y del cál culo [9].
Algunos de estos rasgos distintiv os eran específicos de las f ábricas de pisos, con
independe ncia de si su estructura e ra metáli ca o de hormigón arma do. T odas se
conformaban exterior mente como bloques paral elepipé dicos que se desarrollaban en
altura median te registros horizontal es.
En muchos de los edif icios industriales de hormigón armado, especialmente en los de
Hennebi que, se procura ba dejar explíci ta al e xterior la estructura de en tramados de
pórticos. Det rás de este rasgo común puede que estuviera cierto a fán de difusión del
nuev o material.
No obstante, en los momentos inici ales, cuando se construy ó “La Giralda” , este
lenguaje estaba todaví a lejos de definirse. Tenía entonces mucho predica mento entre
los ingenieros (abrumad ora m ayorí a de los pioneros de la construcción en hormigón
armado) la idea de que no debían preocuparse del aspecto de sus co nstrucciones,
por que “eran obr as industriales y no monument os” [10 ]. Incluso llegaba n a identificar
apariencia con ornamentación, sos teniendo q ue en circunstancias esp eciales (por
ejemplo, obras situadas en ent ornos urbanos), habría q ue agregar aditamentos
decorativos. No se admití a, en de f initiva, que un a imagen “industrial” fuera
efectivamente eso, una ex presión consci entemente buscada po r el cread or de la obra .
La f ábri ca “ La Ceres” constituy e un buen ejempl o de esta incorporaci ón de elementos
ornamentales. Situada en pleno casco urbano de una de las más prósperas urbe s
españolas, Gr otta no podí a permitirse dejar su edificio con la controvertida image n
industrial.
Pero en Écija la situación era bien distinta y sin duda prevaleci ó el pragmatismo en el
ánimo del ingeniero. A ello también contribuirí a la posibilidad de mantener los muros
de car ga exteriores. Así que, con trariamente a como habí a hecho en su hermana
bilbaí na, en “La Giralda” Grotta no pretendió nada más allá de resolv er económica y
racionalmente la estructura del nuevo edif icio, para que se pudiera desarroll ar con
seguridad y a plena satis f acción la ac tivi dad corriente de una fábrica de harinas.
De este modo, externa mente la f ábrica mantu v o la apariencia t radicional, pesada y
rotunda, de una f ábrica de pisos con muros de carga, aunque ciert os detalles nos
permitan ent rever al gunas di ferencias.
Pero el edif icio cuenta con un elemento verdade ramente expresiv o de la modernidad
estructural : una pasarel a de 16 m de luz con la que se accedí a a la f ábrica (situada en
su may or parte dentro d el cauce) desde los edifici os aux iliares q ue se ubi caban en la
ribera urbani zada ( figura 1 ).
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De concepción muy simple, está f ormada por dos vigas gemelas de sección
rectangular, unidas por una losa q ue hace las veces de tablero. Una vez más se trata
de un diseño ya suf ici entemente contrastado por la org aniz ación Hennebique en
re ali zaci ones f oránea s [11], que aquí Grotta se li mitó a re produci r mecán icamente.
El armado de esas vigas ( también barras longitudinal es y f lejes) y el de la losa -tablero
(malla) ha quedado al descubierto por problemas de conservación. Hoy está al
descubierto en muchos puntos, especialmente en los apoyos. La pasarela cuenta con
sus propios estribos de fábrica (incluso con arcos de aligeramien to), por lo que,
aunque sencillo, constituy e un puente con t odas las de la ley. De he cho, se trat a
igualmen te de una construcción relev ante para la H istoria de la Ing eni ería Civil: el
primer puente de hormigón armado (y de la tipolog ía de viga recta) de Andalucía.Tiene
además, mucho valor como documento histórico para nuestra inv estigaci ón, pues en
una de sus vigas está g rabada la inscripción antes comentada con la f echa de
construcción del edi ficio.
ESTADO ACTUAL Y PROBLEM ÁTICA DE CONSERVAC IÓN
La f ábrica ha estado en funcionamiento como tal ini nterrumpidamente hasta nuest ros
dí as. Actualmente, igual que hace más de un siglo, se si gue siendo procesando en ella
la harina. Esta circunstanci a ha sido f avorable para la conserv ación del edif icio, que ha
sido objeto de labores de mantenimien to. Aunque en al gunos elemen t os concretos ,
como la pasarela, empi ezan a advertirse sí ntomas de deterioro (las ar maduras están
al aire y con signos claros de corrosión). No obst ante, en general puede decirse que la
estructura ha cumplido y cumple satisfactoriam ente su co metido, encontrándose el
edificio en buen estado (f igura 6). I ncluso soportando importantes car gas añadidas
como las esta ciones de telefoní a móvil instaladas hace más de una década.
Figura 6 : Vista de la fábrica “La Giralda” en la actualidad (f achada sur). Fotograf ía de los
autores.
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información q ue aparece en los dosie res y memorias enviados por los administrado res
de salinas a la Di rección General de Rentas Reales en aquella época .
Figura 7 . Estructura terr itorial de la sal en Anda lucía, S. XIX
Fuente: Elab oración p ropi a
Con la interacción de t odos estos factores a lo largo del tiempo se construy e el paisaje
cultural de la sal: el proceso salinero se localiza en un territorio, con unas
caracterí sticas específicas, y según se desarrollan las diferentes fa ses de la activ idad
se va g ene rando un valioso patrimonio, q ue en su primera etapa es tangible, en forma
de edificios, po zos, eras, alfolíes, camino s, herramientas, pintura, literatur a,
documentos y cartogra fía histórica, e tc. y posteriormente aparece el p atrimonio
intangible, a trav és de fiestas populares, tradiciones, gastronomí a, léxico, etc . D e
hecho, las salinas han sido símbolos de identidad y tradición de muchas ciudades y
pueblos de Andal ucí a, prota gonistas de su historia e, incluso, motivo de su fu ndación.
CONSTRUCCIÓN Y CARAC TERÍSTICAS DE L A BASE DE DATOS DE SALINAS DE
ANDALUCÍA
En este punto se muestra la base de datos alfanu mérica, g eorre ferenciad a y en
formato digital, de las sali nas de Andalucía, creada para recoger y sintetizar parte de
los datos obtenidos en la tesis doctoral. A través de este procedimiento se pretende
facilitar la actual iz ación e incorporación de nu evos datos y variabl es, así como la
elaboración de nuevos indicadores para el segu imiento del patrimonio salinero. L a
base de datos se desar rolló con el programa informático ArcGIS, versió n 10.1, de la
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empresa ESRI. El objetiv o es la elaboración de una herramienta q ue facilite la difusión
de resultados , las labore s de análisis y seg uimiento, en las diferentes es calas, desde
la territorial hasta la ar quitectónica, la diagnosis y toma de decisiones sobre la g estión
del patrimonio natural y cultural de la sal en Andal ucía, sus interrelaci ones y
organiz ación territorial.
La base de datos de salinas de Andalucí a r ecoge y s intetiz a los datos obten idos en los
puntos de la t esis relativ os al “ Estado de la cuestión ” y análisis de los “ Casos de
estudio ” , y ha serv ido para la elaboración de mapas temáticos y documento s
posteriores, r eferido s al análisi s, diagnosis y a la organiz a ción terr itorial de la sal en
Andalucí a. Para su construcci ón se ha utili zado en una pri mera fase la in formación qu e
aparece en la publi caci ón Sali nas de Andalucía [7] donde existe un i nven tario de
salinas de la comunidad autónoma y datos sobre su estado de conservación en el año
2004. Sobre esta in formación se ha ampli ado y completado el núme ro de salinas
exi stentes, gracias a los dat os q ue aparecen en otras fuentes consultadas y
analizad as. Además, se ha añadido la informaci ón ex acta sobre la ubicación de las
salinas utilizando el s istema de proy ección g eog ráfica Datu m ETRS8 9. Otra tarea
importante ha sido la actualiz ación de la informaci ón sobre el estado de conservación
de las explotaciones salineras visitadas, y la toma y r ecogida de datos de contacto d e
las empresas y personas asociad as a la actividad de cada una de las salinas,
imágenes ac tualiz adas, etc.
Para la localiz ación y c aracteriz ación de los casos de estudio se han elaborado dos
tipos de fichas: la primera denominada Ficha de viaje y localización , cuya única
finalidad es f acilitar la búsqueda y acceso a la salina, y la Ficha de caract eriz ación ,
donde se realiza una amplia descripción de la explotación mediante la recogida de
datos, la obse rvaci ón directa y las en trevistas abiertas .
Uno de los problemas detectados ha sido la escasa información sobre la localiz ación y
modos de acceso a la mayoría de salinas. Este hecho dificultaba el trabajo de campo,
ya q ue, aun que exi stían datos al respecto , car ecí an de la suf iciente exactitud para
facilitar la visita a la e xplotación salinera. Por tanto, el primer paso f ue la localizaci ón,
georreferenciaci ón y estudio de las formas de acceso a los casos de estudio mediante
la utilizaci ón de Sistemas de I nforma ción Geográ fica. Para ello se util izó el Visor
SIGPAC [8], puesto que ofrecía la posibilidad de superposición de ortofotos y m apas
topográfico s nacionales a di ferentes escalas pa ra todo el ámbi to de estudi o.
Tras localizar la provincia y el muni cipio dond e se ubicaba la sal ina (inf orma ción
exi stente para todas la s salinas andaluz as), la búsqueda de la salina se r ealiz aba
mediante datos e indicacion es encontradas en div ersas publicacion es, tex tos antiguos
y, también, a través de la toponimia del terr itorio. Este último dato ha facilitado en gr an
medida la ubicación exacta de las explotaciones, ya que en un porcen taje muy alto las
salinas se encontraban junto a elemen tos naturales y/o antrópicos q ue hací an
referencia a la sal: Arro yo Salado, Cerro de la Sal, Arroyo de la Saladi lla, Casa del
Saline ro, Cortijo de las S alinas, etc.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Una vez localiz ada la sa lina se completaba la f icha de viaje, q ue contiene datos muy
básicos destinados a f aci litar el tr abajo de campo. Hay que señalar la conveniencia de
que estas f ichas se pre pararen antes de r ealizar los via jes a cada provi ncia, para
poder estimar el prog rama de v isitas, su duración y l a posibilidad de realizar
entrevistas a los agentes implicados. A modo de ejemplo se ofrece, a cont inuación , la
vi sualización de una Fic ha de vi aje y localiz ación cumplimen tad a:
Figura 8 . Fich a de Viaje. S alinas de N. S. del Rocío, Sanlúcar de Barram eda (Cádi z )
Fuente: Elaboraci ón propia
El contenido de las Fichas de caracteriz ac ión de salinas está dirigido hacia la
construcción de un in ventario donde se puedan conocer con m ayor det alle las
caracterí sticas principales de estas explotaciones art esanales y su entorno próximo .
La selección de las escalas de estudio ha sido de g ran import ancia para el análi sis en
los distintos niveles espaciales. Este hecho se manifiesta en esta f icha , donde la toma
de datos se realiz a desde la escala territorial hasta la escala de detalle d el edificio. De
esta m anera se pretende f omenta r el conocimie nto en detalle del patrimonio y f acilita r
la evaluaci ón de las oportunidades y dificultades que pudieran exi stir de cara a la toma
de decisiones para posteriores interv enciones. La f icha se estructura en cuatro pa rtes
claramente di ferenciada s:
- DATOS BÁS ICOS, q ue permiten conocer la denominación de la salina,
tipologí a, ubicación, e tc.
- COM PONEN TES TERRITORIALE S. Descripción básica de las principal es
caracterí sticas de los elementos antrópicos, bi ofísicos y de pa isaje que
conforman el territo rio dond e se ubica l a salina.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
- DESC RIPCIÓN DE LA EXPLOTACIÓN, que incl uye los elementos propios de
la instalación (superficies de evaporación y sistemas de canaliz ación) y sus
edificios (o ficinas, almac enes, vi vi endas, etc.)
- REPORTAJE FOTOGRÁ FICO. O rto f otos y fotogra fías realizadas durante la
vi sita de campo q ue descri ban adecuadamente lo explicitado en los apartados
anteriores.
CONTENIDO DE LA BASE DE DATOS DE SALINAS DE ANDALUCÍA
Una vez localizadas y caracteriz adas las explotaciones salineras, l a inf ormaci ón
almacenada en la base de datos aparece siguiendo la estructura que a continuación
se detalla:
- ID: Nú mero de iden tificación de la salina . Se ha procurado manten er el
código asignado a las salinas en la publicación de referencia “ Salinas de
Andalucía” , para dar continuidad a este tr abajo, ya q ue era uno de los
documentos que ofrecía la inf orma ción más completa sobre la ubicación y el
estado de conservaci ón de las salinas existentes en esta comunidad autó noma
(aunque, como se ha comentado an teriormen te está referida al año 200 4).
Además, se han incorporado nuevas salinas no incluidas en el listado of recido
en la menci onada publi cación, pero encon t radas en otros docu mentos.
- Nombre_sal ina : Denomina ción de la salina. En algunos casos se ha
incorporado más de un nombre para la mis ma salina, ya que s e ha
comprobado que, en ocasiones, existen salinas que se deno minan de varias
maneras distinta s.
- Prov incia: Denominaci ón de la prov inci a donde se ubi ca la salina.
- Población: M unicipio donde se ubica la explotación salinera.
- Coord X : Coordenada relativ a a la localización g eográ fica , coordenadas UT M
(huso UTM: 29 y 30) / Datum ETRS89. Información obtenida durante la
realiz ación de la Ficha de vi aje y localización. Para las salinas q ue no tienen
ficha de vi aje se ha tomad o la ubicación aproxim ada q ue aparece en el Mapa
de salinas de Andalucí a (Pérez Hurtado d e Mendoz a, 2004), tras una
georreferenciaci ón de la imagen de dicho mapa medi ante el pro grama Ar cGIS.
- Coord Y : Coordenada relativa a la localiz ación geográ fica , coordenadas UTM
(huso UTM : 30) / Datum ETRS89. Informaci ón obtenida durante la realización
de la Ficha de v iaje y local ización. En las salina s que no tienen ficha de v iaje se
ha tomado la ubicaci ón aproximada q ue aparece en el Mapa de salinas de
Andalucí a (Pérez Hurtado de M endoza, 2004), tras una g eorre ferenciación de
la imagen de dicho map a m ediante el pro grama ArcG IS.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
- Estado_2004 : I ndica el estado de conservaci ón de cada salina, asignado en el
año de la publicaci ón Salinas de Andalucía (Pérez Hurtado de M endoz a, 2004)
y descrito en el punt o re f eri do al estado de la instalación . Las categorías
utiliz adas han s ido las siguientes: En uso / A bandonada / D esapareci da /
Cultiv os marinos / Sin da tos.
- Tipo_S alina : Según el punto desarroll ado en la tesis doctoral sobre la
ubicación y estado de agregación del r ecurso, se indica si la salina es de
interior o es marí t ima (tipologí as escog idas para los casos de estudi o)
- Ficha_v iaje: Se indi ca si se ha realizado ficha de vi aje y localización para la
salina, se gún el punto deno minado Organiz ación y r egistro de la base de da tos .
Categorí as utiliz adas: SI / NO
- Visitada: Se indi ca si s e ha vi sitado la salina durante el trabajo de c ampo.
Categorí as utiliz adas: SI / NO
Figura 9 . Plan de visitas para las salin as de Anda lucía
Fuente: Elaboraci ón propia
- Estado_v isita : Se des cri be cuál es el estado de la salina durante la v isita
realiz ada en el trabajo de campo. Las cate gorías utiliz adas son las siguientes:
En uso / Abandon ada / Desapa recida / Cultiv os m arinos / Sin datos .
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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- Fecha_v isita: Se indica la fecha de la visita, según la f icha de viaje y
localiz ación r ealizad a p ara la salina, en el punto denomina do O rganiz a ción y
registro de la base de datos .
- Protección_Á mbito Mundial : Se indica el nivel de protección de la salina a
escala m undial, según las conclusiones del punto relativo al Marco norm ativo
de ámbito mundial. Categorí as utilizadas: Reserva de la Biosfera / Pa trimonio
Humanidad / Humedal R AMS AR / Geopar que / Sin pro tección.
- Protección_Á mbito Europeo : Se indica el nivel de prot ección de la sal ina a
escala europea, según las conclusiones del rel ativo al Marco normativo de
ámbito europe o . Catego rí as utilizad as: LIC / ZEPA / ZEC / ZEPIM / Dipl oma
Europeo / Sin p r otección .
o LIC: Lugar de Importanci a Comunitaria (Red Natu ra 2000)
o ZEPA: Zo na de E speci al de P rotección pa ra l as Av es (Red Natura
2000)
o ZEC: Zona Espe cial de Conserv ación (Red N atura 2000 )
o ZEPIM : Zonas Especialmente Protegidas de Importanci a para el M ar
M editerráneo ( Protocolo sobre las Zonas Especialmente Protegidas y la
Div ersidad Bi ológica del M editerráneo, 1995)
o Dipl oma Europeo (Cons ej o de Europa , 1965)
- Protección_Á mbito Estatal : Se indi ca el nivel de protección de la sa lina a
escala estatal, según las conclusiones del punto referente al Marco normativo
de ámbito es tatal . Catego rías util izadas DPM T / Sin protección .
o DPM T: Domini o Públi co M arítimo T errestre (Ley de Protección y Uso
Sostenible del Litoral y modi f icación de la Ley de Costas, 2013 ))
- Protección_Á mbito A utonómico : Se indica e l ni vel de p rotección de la s alina
a escala autonómica, según las conclusiones del punto re ferente al Marco
normativo de ámbito autonómico . Categorí as utiliz adas: Parque Natural /
Paraje Natural / Reserv a Natural / PIA / IHA / Sin protecci ón.
o PIA: Patrimoni o Inmueble de Andalucí a (Base de Datos del Patrimonio
Inmueble de And alucí a, 2007)
o IHA: Inventario de Humedales de Andalucí a (I nventa rio del Plan
Andaluz de Humedales, 20 02)
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Figura 10 . Salinas y Red de Es pacios Na turales Prote gidos de Andalucía (R ENPA)
Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos de la RE DIAM [9] , Junta de Anda lucía
- A s pectos_protegidos : Aspectos que se protegen mediante las f igu ras de
protección descrita s ante riormente, según el punto referen te a las salinas y sus
figuras de prote cción. Aspectos prote gidos. Cate gorías utilizadas: Natural /
Cultural / Etnol ógico / Arqueol ógico / Arquitectóni co / Ninguno .
- Región climática : Se indi ca la región climática de Andalucí a en la que se
encuentra la salina. Categorí as utilizadas: Mediterráneo oceá nico /
M editerráneo con tinen tal / Medi terráneo subtropical / M editerráneo
subdesértico / Continent al M editerráneo / M editerráneo de montaña.
- Categoría pa isajística : Se indica la categoría paisají stica de Andalucí a en la
que se encuentra la salina, seg ún lo establecido en el punto correspondiente a
las Dinámicas, transfor maciones y nuevos parámetros de clasificaci ón de los
paisajes de la sal . Cate gorí as util izad as: Serraní as / Campiñas / Altiplano s y
subdesiertos estepa rios / Valles, vegas y marismas / Litoral. Además se
incorporan l os datos s obre las 19 áreas y l os 85 ámbitos paisajísticos
establecidos para la co munida d autónoma resp ecto a cada sali na.
- Demarcación de paisaje cultural : se indica la d emarcación de paisaje cultural
a la q ue pertenece la sal ina, seg ún el estudio realizad o por el Instituto Andal uz
de Patrimonio Histórico [10], que div ide e l territorio andaluz en 32
demarcaciones de paisa je cultural .
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
La visual ización de los datos introducidos en el programa Arc GIS 10.1, al consulta r
cada salina, apa rece de la siguien te manera :
Figura 11 . Visualización d e la bas e de datos d e salina s de Anda lucía
Fuente: Elaboraci ón propia con progr am a ArcGIS, versión10.1
A la información anteriormen te especi ficada se podrí an añadir multitud de datos que
también se han recogido , como f oto grafías de las salinas ( históricas y realiz adas en e l
momento de la v isita de campo), f igura s de protección en el ámbito municipal ,
cartogra f í a y documentos históricos , pinturas , postal es, datos de l as personas de
contacto, f ichas descri ptiv as, etc. Esta t area sobrepasa l os objetiv os de l a
inv estigación, pero abre futuras lí neas de trabajo en este sen tido.
En total se han incorpor ado en la base de dat os la información actualizada para las
186 salinas reco gidas en el inv entario de la publ icación sobre Salinas de A ndalucía .
CONCLUSIONES
Exi ste una urgente necesi dad de considera r el patrimonio salinero desde una óptica
integral, q ue considere el conj unto de elementos que conforman la es tructura territorial
del patrimonio de la sal en Andalucí a y q ue, además, contempl e su configuración
espacial y las relaciones que se establecen entre ell os. Se ha comprobado que la
vi sión f ragmentada, que entiende el patrimonio salinero como una suma de objetos
aislados y sin relación ente sí, no es eficaz f rent e al acelerado proceso de destrucción
y abando no que sufren en la actual idad.
En este senti do, el Plan Nacional de Patr imonio Industrial refuerz a la importancia de
considerar este t ipo de patrimonio en su contexto territorial, y no como elemento s
aislados e independien tes: “ El patrimonio industrial y sus huellas sobre el territorio se
han converti do, en Espa ña, en nuevos bienes cul turales y en un recurs o activo para
fomentar programas de desarrollo sostenible a escala local y regional. Estos bienes se
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
insertan en un paisaje determinado, siendo cada ve z más necesario interp retar el
patrimonio no como ele mento ai slado, sino en su contex to territo rial ." [11]
El paisaje sal inero es algo más que el patrimonio existente en el contexto local,
además de sus espacios naturales, edificios y superficies de evap oración incluye toda
una estructura territorial que se constituyó, a lo lar go de los siglos, para l a
comercializ ación y distribución de la sal. Salinas, poblaciones, alfolíes (almacenes) y
caminos están relacionados entre sí , y han o r ganiz ado históricamente el t errito rio
andaluz de la misma forma que lo han hecho la ganadería, la agricul tura, la red
hidrográ fica, la topogra f í a o el clima, y por ell o resul ta necesario tenerlos en cuenta a
la hora de anal iz ar y entende r el territorio actual.
Figura 12 . Edificios y eras de eva poración en Salinas de Cald erón, Ca zorla (Jaén)
Fotografía: Em ilia Rom án López
Lo expuesto en esta comunicación es la f ase ini cial para la constr ucci ón de una
potente plata forma de gestión de datos dedicad a al análisi s, seguimiento y gestión de
los paisajes de la sal en Andalucí a. El f in de almacena r y ordenar la información
obtenida mediante las nuev as tecnologías que proporcionan l os Sistemas de
Información Geo gráfica está enfocado a la dispo sición, de forma rápida y estructu rada,
de una base de datos dinámi ca, donde se pueda n realiz ar consultas de datos relativos
a las salinas andal uzas: su ubicaci ón exacta, estado de conservaci ón, tipología,
figuras de protección , aspectos protegidos , imágenes actualiz adas e históricas,
pinturas, postales , etc. y, además, se permitan operacion es de act ualiz ación, creación
y edición de datos, con el f in de poder, progresivamente, ampliar la inf or mación sobre
las expl otaciones sali neras en el s. XXI .
Estas tareas podrí an ser lideradas por la admini stración pública o por las asociaciones
salineras interesadas, de t al manera que se conv ierta en una suma estructurada de
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
conocimiento de todos l os agentes implicados, es decir, en una herra mienta
participativ a donde, además de a spectos técnicos, se puedan inclui r otro s
relacionados con la identidad, cultura, tradición, historia, e tc., q ue o frecen esto s
valiosos pai sajes.
Por último destaca r, q ue el objetivo principal de esta inv estigación ha perseguido el
establecimien to y definición de un marco territorial , global e integrad or, para los
paisajes culturales salineros andaluces, q ue ha permitido identifica r, clas ificar, analiz ar
y val orar sus principales caracterí sticas y su evolución en el tiempo, para establece r
una sistemática integral de análisis, con el f in de poder actuar, a partir del
conocimiento, a f avor de la gestión, salv aguard a y pervivencia de los e xcepci onales
val ores culturales y naturales, que de finen el carácter e identid ad de estos singulares
paisajes.
REFERENCIAS
[1] Román López , E. Paisajes de la sal en Andalu cía . Tesis doctoral, Depa rtamento d e
Urbaní stica y O rdenación del Terr itorio. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de
M adrid, UPM , 2014
[2] Feria T oribi o, J. M . Patr imonio territorial y desarr ollo sostenible: un estudio
comparativo en Iberoamérica y España . Estudios Geográficos, vol. LX XI, 268 pp. 129-
159, Enero- junio 2010
[3] Saba té Bel, J. De l a Preser vación del Patr imonio a la Ordenación del Paisaje.
Intervenciones en Paisajes Culturales de Lati noamérica . En: Paisajes Culturales :
Comprensión, protec ción y g estión. Cartagen a de Indias: A gencia Español a de
Cooperación Internacion al para el Desa rrollo (AECID), pp.11-24, 2010
[4] Ortega Varcárcel , J, El patrimonio t erritorial: el territorio como r ecurso cultural y
económico . Revi sta Ciudades, nº 4 , pp. 33-48, 19 98
[5] Plan Naci onal de Paisaje Cul tural . Madrid: M inisterio de Educación, Cul tura y
Deporte, 2012
[6] Fariña Tojo, J., 2008. El valle de Tafí y el Camino de la Sal . El Blog de Fariña. [En
línea] Avail able at: http://elbl ogdefarina.blo gspot.co m.es/2008 /05/el-valle- de -ta f-y- el -
camino- de - la -sal.ht ml [Último a cceso: 10 septie mbre 2016 ]
[7] Pérez Hurtado de Mendoz a, A. Salinas de Andalucía . Sev ill a: Junta de Andalucía,
Consejerí a de M edio Ambiente, 2004 .
[8] Sistema de In formaci ón Geográfica de Parcel as Agrícolas (SIGPAC) , Mi nisterio de
Agricultura, Alimentaci ón y Med io Ambiente. [ En lí nea] Available at:
http://sigpac. mapa.es/ fega /Visor/ [Último acce so: 20 sep tiembre 2016 ]
[9] Red de Informaci ón Ambiental de Andalucía (RE DIAM ), Conseje rí a de M edio
Ambiente y Orden ación del Territo rio. [En lí nea] Available at:
http://www .j untadeandal ucia.es/ medioambiente /si te/rediam [Último acceso: 18
septiembre 2016 ]
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
uso de los caballeros cadetes del Real Cuerp o de Artillerí a”. En esta obra quedó
patente que su autor era un cientí fico que había hecho una importante labor
inv estigadora y que estudió a f ondo las disti ntas opini ones de eruditos ext ranjeros.
Portada del Tratado
El resultado f ue un t ratad o compuesto por cuatro tomos; en los dos primeros se
expo nen nociones y doctr inas sobre las funciones de los oficiales del C uerpo en paz.
El í ndice de esa secci ón es:
Artícul o I: De la pólv ora
Artícul o II: De la fundici ón de las piez as de ar tillerí a de bronce
Artícul o III: Del hierro y de la fundición y f ábri ca de las piezas y mun iciones
compuestas po r él
Artícul o IV: De la construcción del carr uaje, útiles y máq uinas para el serv icio de la
artillerí a y de las madera s más a propósito par a el los
Artícul o V: De los puen tes mili tares
Artícul o VI: Del cordaje y cuerda-mecha
Artícul o VII: De los recon ocimientos e inv entarios de la ar tillerí a
Artícul o VIII: De las ar mas de fuego, punta y cor te
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Artícul o IX: De los fuegos
artificiales
Lámina del IV tomo del
Tratado
Artícul o X: De las Escuelas
Prácticas de Ar tillerí a
Artícul o XI: De los alcan ces y
cargas de las a r mas de
fuego
Artícul o XII: De las mina s
En el tercer tomo se desarrollan conocimientos sobre el uso de la artillerí a en las
operaciones militares en tiempo de guerra, tan to en campaña, ataque de las plazas y
defensa de las mismas . E sta materia se desarrolla en los siguiente s artí culos:
Artícul o I: De los trenes de campaña
Artícul o II: Del uso de la artillerí a de campaña
Artícul o III: De los trenes de ba tir
Artícul o IV: Del ata que de las plaz as
Artícul o V: Dotación de las plaz as
Artícul o VI: De la de fensa de las plaz as
El cuarto to mo es una bel lísi ma colección de
láminas grabadas al cobre, donde se
vi sualizan los conocimientos explicados en
los tomos anteriores. Este tomo se editó
cuatro años más tarde q ue los anteriores ,
debido al al to coste de la impresión .
Lámina del IV tomo del Trata do
Algunos enemigos de Morla pusieron en
duda la autoría de la obra y se le acusó de
haberse apropiado del tr abajo de su
maestro Rí os y publicarlo t ras hacerle algunas ampli aciones, pero estudiando a f ondo
su obra se ha demostrado que dicha acusación carece de f undamen to. El propio Morla
justifica en el prólo go que termina el tr atado porque las ocupaciones y la t emprana
muerte de su maest ro le impidi eron finaliz arlo, y también afirma con hum ilda d que su
intervenci ón no estará nunca a la al t ura de Gutiérrez de los Rí os.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
EL SITIO DE GIBRALTAR (1782)
El G ran Asedio a Gibraltar fue uno de los intent os de España de recuperar la colonia
británica. Duran te cuatro años se sometió al peñón a un bloqueo naval , a intensos
bombardeos y a la acci ón de las novedosas baterí as flotantes.
En 1782, Morla consiguió al f in vivir la experiencia de la g uerra al se r destinado al
Sitio de Gibraltar. Allí le asignaron una plaza en una batería f lotante, q ue consistí a en
una embarcación con dos filas superpuestas de cañones. En medio de l a batalla una
bala lan zada desde Gibraltar incendió su embarcación y la hundió, pero Morla
consiguió sob rev ivir. Cu ando se r ecup eró l e e ncargaron que prepara se una mina
subterránea para abrir c amino por tierra hasta Gibral tar. La mina funcionó ta l como él
habí a previsto, pero la ex plosión le produj o heridas de gravedad. Cuando se recupe ró ,
regresó a Segov ia, oste ntando el grado de Capi tán Graduado, y con una hoja de
servici os en la que con staba que su compor tamiento habí a sido valeroso y e ficaz.
Ya en la Academia se mostró sa tisfecho de haber practicado con la artillería en la
guerra, y de haber e mplea do la pólv ora para la u tiliz ac ión de minas subte rráneas .
Pocos años después se le nombró prof esor de la asignatura de Táctica y Artillería,
reemplaz ando a su mae stro, ya fallecido.
EL VIAJE CIENTÍFICO (1787- 1791)
Cuando Felipe V llegó al trono, se comenz ó a impulsar la industria siderúrgica, con el
fin de que España f ues e autosuficiente en la producción del armamento, lo cual era
imprescindibl e para la de fensa de sus intere ses.
Una de las iniciativ as pa ra lograr esos objetivos era la r ealiz ación de viajes cientí ficos.
Para hacer estos viajes se seleccionaban a los oficiales con mejor f ormación técnica,
que fueran capaces de captar los adelantos e n la f abricación y tuviesen la habilidad de
establecer relaci ones co n los técnicos de otros p aí ses.
Continuando dicha política el g obierno de Carlos III, propuso a M orla, que ya habí a
cumplido 40 años, para formar parte de una comisión técnica q ue r ealiz a r í a un viaje
por aquellas naciones europeas q ue disponí an de las mej ores y más actualiz adas
industrias de aplicaci ón militar, con el f in de conoce r los adelantos armamentí st icos y
los avan ces de la metalu rgia y de la quí mica que fuesen útiles a nue stra industr ia.
Fue seleccionado Jorge Guillel mi, antiguo pr ofesor de la Real Acad emia, para
acompañarle . Esto s vi ajes duraban varios años y se realiz aban con unas condici ones
ventajosas, ya q ue viajaban acompañados de varios asistentes y con una
sustanciosa die ta.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
En 1787 partieron desde Barcelona en direcci ón a Parí s. De los detalles del viaje
informaba puntualmente , pero des graciada mente se ha perdido una gran parte de la
documentaci ón y poco
se sabe de la estancia
de los art illeros en
Francia.
Tras pasar allí dos
años vi ajaron a
Inglaterra e Irlanda.
Poblado industrial in glés e n
el siglo XVIII
Fue entonces cuando Morla comienza a escribir los “Apuntes Biográficos “ en los que
se relatan los po rmenores de las visitas q ue realiz an, describien do las máquinas ,
inv entos y técnicas industriales q ue encuen tra, así como las impresiones q ue le
producen dichos lugares. Los viajeros tenían en ocasiones serias dificul tades para
entrar en algunas instalacion es, y más aún para conocer los secretos de la
fabricación, ya que en de finitiva su tarea tení a mucho de espiona je indus trial.
Cerca de Londres visitó a Heschel, el famoso ast rónomo in glés q ue habí a descubierto
el planeta Urano. Admiró el telescopio que acababa de construir de 13 m etros de largo
y vio cómo corregía la curvatura de los espejos para conseguir mayor nitidez de la
imagen. Unos años des pués G odoy encargó a Heschel un telescopio para nuestro
Observato rio Astronómic o.
En Birmingham, ciudad de gran activi dad industrial, tuvo la ocasión de visita r f ábricas
de arneses de caballos, botones de metal, cad enas de acero para relojes, hebillas ,
candeleros y otr os artil ugios de uso do méstico. La que m ás le atra jo f ue la de
arcabuces, escopetas y t rabucos. Fue en esta ciudad donde vio por primera vez lo
que él llamó bombas de fuego, q ue eran las primitiv as máquinas de v apor, y su
asombro f ue enorme por que ense g uida fue consciente de las infinitas ventajas que
estas máquinas iban a aportar en el f uturo. Durante todo el viaje no d ejó de hacer
referencias a ellas, cada vez que descubría sus utilidades en las instalaciones q ue
vi sitaba.
Conoció la empr esa de fabricación de máquinas de vapor de Mr. Boulton y Mr. W att, y
pensó q ue gr aci as a ellas, se t erminarí an los problemas de limitación de energ í a
disponibl e, y que en adelante se podrían situar las f ábrica s junto a los lugares dond e
se extra jesen las ma terias prima s.
Pasó a Bradley , donde visitó las ferr erí as, y allí vio que se estaba sustituyendo el
carbón v egetal por el carbón mineral, pues en esa región la hulla er a un recurso
natural muy abundante, lo cual resolvería el pr oblema de desforestació n q ue estaba
padeciendo Inglaterra .
Llegó a Sheff ield , y allí supo de las investigaciones que se hací an sobre aleacion es de
hierro.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
En New castle se bajó a una mina de carbón, pasó por las galerías sostenidas po r
puntales y estudió los diversos mecanismos que utilizaban para t ransportar el mineral
dentro de la mina. Allí criticó, por escasas, las medidas de seguridad de los
trabajadores .
Su paso por W ake f ields y Leeds lo aprovechó pa ra conocer la manufactu ra de la lana
y la i ndustria química subsidiaria dedicada a detergentes, blanqueadores, lejías y
ácidos para tintes. T ambi én observó los telares, llamándole la atención la lanz adera
vol ante, q ue pe rmití a tejer piez as con cual quier a nchura.
En G lasgow pudo ap render cómo era la t écni ca de la estampación de telas con
planchas de cobre y tórculo, y en Manche ster, donde se trabajaba la seda y el
algodón, v io las máquina s de cardar lana, simi lares a las q ue estudió en R ouan.
Por el camino, alabó la perfecta organización d el m olino de harina de Blackfriend, y
llegó a Greenw ich, donde visi tó la residencia de marinos inv álidos, y el m eridiano cero,
pero lo que má s le a gradó fue su pa rque, por las v ariadas especi es qu e c ontení a.
Tuvo un lógico interés en conocer el Departamento de Artillerí a de W ol w ich, y allí
criticó la falta de re glamentos y de org aniz ación, así como el bajo nivel de las
enseñanz as impartidas, las malas instalaciones del campo de t iro e incluso que la
fundición se encon trase sin activ idad.
La Universid ad de O x ford tampoco f ue de su gusto. Decía de ella que a los
estudiantes les enseñaba n los llamados pa santes, mientras que los profesores no
asistí an a las aulas.
Fábrica de teji dos en Inglaterra
Pe ro admiró los hospitales ingleses, donde no sólo se cuidaban a los enfermos, sino
que además los curaban. T ambién le g usto la cárcel de Liverpool, por ser seg ura y
ventil ada a la vez .
Y t erminó su recorrido por Inglate rra vien do la Torr e de Londres, que ca lificó como la
caja fuerte de la realez a inglesa, y la casa de f ieras, dond e pudo obse rv ar tigres, un
león y un oso blanco.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Pasó al continente y se dirigió a Flan des; allí le l lamaron la atención los puentes que
giraban sobre los canales. En el Gabinete d e Historia Natural de La Haya tuvo ocasión
de ver el mecanismo de una esclusa de un canal y una máquina q ue elev aba grandes
pesos y los depo sitaba con ex actitud en la altu ra el egida.
En Amsterdam pudo entrar en v arios molinos, pero en los de pólvora, que eran lo de
mayor interés pa r a él, no le permitieron pasar.
Se dirigió después a S ajonia y al lí f ue al Colegio Militar, del q ue sacó una buena
impresión, sobre todo por sus extensas caball erías. T ambién vi sitó las m anufactura s
del lino, donde hac í an lienz os y m antelerí as. Sajonia tenía una abundante producción
de minerales, se ext raía cobre, estaño , plomo, hierro y cobal to. Allí tuvo ocasión de ver
las minas de Freiber g y la Escuela de M inería y Metalurgia.
Intentó conocer el Arsen al Militar de Rotterdam, pe ro le denega ron la entrada, y desde
allí se desplazó a La Fundición de La Haya, cuyo director era sobrino del f amoso
fundidor Jean Maritz, que había r eformado y actualizado la Real Fábrica de Artillería
de Sevilla unos años an tes. Aunque Morla no estaba to talmente de acuerdo con los
métodos de fundición de cañones en sólido q ue Maritz había implantado en España,
reconoció que en la fábrica de La Haya se ap licaban mejores t écnicas q ue las que se
consideraban co mo in mejorables en Sev illa.
Pasó a Prusia donde estudió a fondo su f uerza militar. Allí se maravill ó de su
organiz ación que habí a implantado años antes el soberano Federico, llamado el r ey-
soldado. T anto le g ustó q ue escribió un extensí simo l ibro monográfico que tituló
“Constitución Mi litar Prusiana”, donde de scribía la composición del ejército y las
tácticas utili zadas. En los ocho meses que permaneció en Prusia tuvo ocasión de
vi sitar cuart eles , estudi ar su armamento y t odo lo alabó, desde la disciplina aplicada a
la elegante v estimenta d e los o f iciales.
Desde allí viajó a Bruselas, ciudad en las q ue observó las costumbres sociales y los
ropajes de la población . En Amberes estuvo en las plazas fuert es cons truidas por los
españoles; en Brunswick vio una industria de producción de achicoria, y describió
como se consumí a dicho producto en la r egión. M ás adelante pasó por Liepzig y f ue a
la Bibli oteca Pública de Dresde, q ue le impa ctó por la bellez a del edificio y por
contener má s de cuatroc ientos mil libros.
Por último se despl azó a Pra ga, a las factorí as de cristal de Bohemia y terminó su viaje
en Viena.
Encontrándose agotado, decidió ir a pasar una temporada a un balneario de Pisa,
antes de v olv er a Barcelona.
A su vuelta convenci ó a la dirección de la Academia de Se govia de la conv enienci a de
que los artilleros supiesen idiomas y consiguió que esta institución f uese la primera en
España donde se impa rtieron clases de in glés a los estudian t es.
LA FÁBRICA DE ARTILLERÍA DE BARC ELONA (1791- 1793)
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Regresó a España e n 1791 y encontró un país muy diferente al que habí a
abandonado cuatro años antes. Durante su aus encia había f allecido Carlos III y su
hijo Carlos IV habí a heredado el trono; por otra parte la Rev olución Francesa había
convul sionado a toda Eu ropa.
Morla fue destinado a la Fundición de Artillería y M aestranza de Barcelona, y allí tuvo
la oportunidad de aplicar los conocimientos adqui ridos durante el viaje. Perfeccionó los
procesos de f abricaci ón utili zados hasta esos momentos . Puso en marcha las teorías
del francés Gribeauval. Este t écnico habí a llevado a cabo la r enov ación de la artillerí a
francesa dotándola de gran m ovi lidad, diseñando carr uajes mucho más ligeros y
cambiando la disposi ción de los tiros de caba llos. Sus cañones disponí an de una
munición cuidadosamen te di señada, t orni llos de el evación y medidas de t iro, q ue
mejoraban la punterí a y acort aban la cadencia del disparo, ya que su recarga er a
mucho m ás rápida, además estanda riz ó la form a y el peso de las balas hasta
conseguir que el cañón fuese el mayor destruc tor de las ba tallas.
En Barcelona ta mbién con struyó morteros que t ení an la recámara en f or ma de cono y
demostró su mayor e ficacia.
LA GUERRA DEL ROSELLÓN (1793)
Pero llegado el año 1793, España entró en un conflicto bélico contra Fra ncia, a causa
de las discrepancias surgidas contra los revol ucionarios f ranceses, q ue habí an llevado
a la guillotina a sus reyes, emparentados con nuestros monarcas , de la casa de los
Borbones, y amenaz ando el equilibrio político en Europa. Godoy se había erigido
defensor de la causa mo nárquica y preparó una ofensi va en los Pi rineos.
España q uería resolver con rapidez el c onflicto y situó tres f rentes a lo largo de la
frontera para defender el terr itorio e invad ir la z ona del Rosellón, limí trofe con
Cataluña, que un si glo antes había pertenecido a España. Envió al General R icardos
junto a 32.000 soldados, que entraron en Francia y se batieron en la batall a de Saint
Laurent de Cerdá, d onde
obtuvo l a victoria nuestro
ejército.
Fases de la Guerra de l
Rosellón
Pero la euforia ini cial pasó a
ser una derr ota tras otra, lo
que finalmente le costó a
España la pérdida de los
terrenos del Rosel lón y la Isla
de Santo Domin go y
terminaron por capitular en el
castillo de Figueras dos años
más tarde.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
119
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
M orla f ue r equ erido para acudir a las campañas del Rosellón, lo que le obligó a pone r
fin a su activi dad en la fábrica de Barcelon a. Fue nombrado Cuartel Maestre Gene ral
del ejército de operacion es, cargo equiv alente al actual Jefe del Estado May or, y q uiso
que la art illerí a que se emplease en la campaña fueran f undamentalmen te piezas de l
modelo Griv eauv al, q ue se acoplaron per fectamente a los planes de los artilleros
demostrando su facili dad de uso y su precisi ón.
Durante la guerra no hubo un buen ente ndimiento entre el g ene ral Ricardos y Morla.
Éste pensaba que las órdenes q ue le dictaba su superior eran confusas y difíci les de
cumplir. Tampoco estuv o de acuerdo con la elecci ón del lugar más estraté gico para
establecer el esfuerz o princi pal de la batalla.
Aunque las campaña s del Rose llón f ueron de saf ortunadas para los españoles, la
figura de Morla comenzó a tener renomb re y llegó a se r premiado por Godoy, junto a
otros militares destacado s durante la campaña .
Desde ese momento la vida militar de M orla adquirió una creciente activ idad q ue le
obligó a a bandonar el intenso trabajo como ingeniero y científico que habí a
desarrollado has ta enton ces, tanto en la Academi a com o en la fábrica de cañones.
LOS REGLAMENTOS Y LAS FÁ BRICAS (1793- 1800)
Godoy había cr eado una Junta de Generales q ue tení a la misión d e elevar propuestas
para hacer un ejér cito más instruido y operativo y eligió a Morla para que trabajase en
lo relativo al cuerpo de Artillerí a. Éste redactó en tan sólo seis meses cuatr o
reglamento s donde se ordenaban las plantill as y su org anizaci ón, f un ciones y
ascensos de los mili tares, estudi o del arma ment o, uniformidad y dev engos.
Con 48 años f ue ascendido a Teniente General del Ejército. Godoy depositó en él una
gran confianza que más t arde se convirtió en una f uerte amistad , y le encargó que
reformase y actualiz ara la f ábrica de El Salitre, en M urcia y la de El Farge, en
Granada. Esta misión le ocupó dos años y al f inaliz ar r egresó a Madrid donde se
dedicó a r edac tar otra de sus grandes obras, “El arte de f abricar pólv ora”, que fue
declarada de uso obligatorio en la Academia de Segovia y enviada para su aplicación
a todas las guarnicion es artill eras.
GOBERNADOR DE CÁDIZ (1800)
Ya con 53 años f ue ascendi do a Capitán General de Andalucía y se instaló en Cádiz,
ciudad que le ag radaba m ás q ue ninguna, y a que simpatizab a con el c arácter de la
población y disfr utaba con su clima. Cuando llegó a la ciudad se encontró con una
situación extremadame nte difíci l, pues se habí a inici ado una epidemia de f iebre
amarilla.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
120
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Cádi z e n el siglo XVIII
Encontró una ciudad inv adida de
enfermos con cóli cos, diarreas y
altas fiebres, asolad a por una
epidemia que no remitía, pues
los ciudadan os se alimentaban
de productos de huertas regadas
con aguas no potables, y se
pescaba en r ocas cercanas
donde se vertían los desagües
de la ciudad.
El pueblo estaba desconcertado y lanzan do oraciones e invocacion es a los santos,
mientras que recurrí a a curanderos, pero la enfermedad se extendí a si n parar por la
baja Andalucí a. Morla visitó, sin demostrar ni ngún temor, todos los barrios pa ra
conocer el alcance de la epidemia y ordenó que se limpiase todo con cal, az ufre y
agua herv ida, f acil itando estos productos a la población . Tal f ue su entrega que llegó a
contagiarse de la enfer medad, a fortunadamen te s in graved ad.
Pero no fue la epidemia el único problema q ue encontró en Cádiz . Una poderosa f lota
inglesa, formada por ciento cuarenta y ocho buques y mandada por el alm irante Keith
amenazab a con atacar la en cualquier m omento. Morla optó por la ví a diplomática y se
comunicó con el almi rante, pidiéndole q ue ab andonase los propósitos de ocupar
Cádiz , ya que el desembarco podrí a provocar que sus soldados se contagiasen, y
advi rtió q ue se produci ría un inútil derramamien to de sangre, pues los gaditanos, ant e
su situación desesperada, estaban dispuestos a luchar hasta la muerte. El almirante le
respondió q ue estaba d ispuesto a capitular a cambio de la entr ega de los barcos
españoles que se hallaban f ondeados en la bahí a. Morla decidi ó escribir una carta a
Godoy donde le relataba los hechos y la posición del ing lés y esta carta se distribuy ó
por las cancil lerí as ex t ranjeras, lo que provocó una g ran indi gnación contra el
almirante inglés, por su actitud poco humanitaria. En esos días hubo f uertes
temporales en el mar, y la situación de los ingleses se deterioró de tal manera que
todo condu jo a que el al mirante Keith desistiera de la idea de la invasi ón. La actitud
valiente y decidida de Morla ay udó a que el puebl o gaditano aumentase el aprecio y la
admiración po r su f i gura.
Pasados los peligros , Morla se centró en dester rar defini tivamente la epidemia y en
mejorar las fortificacione s. Propu so hacer una f ortalez a nueva, reestr uctu ran do la zona
de la Isla del León, Puntales y La Cortadura. Deseaba ampliar el perímetro de Cádiz y
construir nuev as murallas que impidieran la invasi ón de la ciudad. Se reunió co n
ingenieros y redactó un proyecto que envió a M adrid, pero nada pudo llevarse a cabo,
porque en esos moment os, cuando tan sólo llevaba un año en Cádiz, fue llamado al
frente y tuv o que abando nar la ciudad.
LA GUERRA DE LAS NARANJAS (1801)
La situaci ón internaci onal en 1801 estaba marcada por la disputa entre Francia e
Inglaterra en ostent ar el poderío en Europa. Napoleón deseaba q ue Portugal rompies e
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
su ali anza tradicional con Inglate rra y cerrara sus puertos a lo s bar cos ingleses y
comprometió a España , en vi rtud de un tra tado, a declarar la guerra a Por tugal.
Godoy sabía q ue M orla conocía a f ondo la artillerí a y le encarg ó la organización y el
planteamiento estraté gico y logístico del ataque. Esta guerra t an solo duró dos
semanas, ya que el ejérci to port ugués opuso escasa resistencia, y apenas hubo bajas .
Se desarrolló en la frontera con Badajoz y la victoria fue para España, q ue g anó l a
fronteriz a ciudad de Oli venza.
Se llamó Gue rra de las N aranjas por que Godoy le hiz o llegar a la reina u n ramo de es a
fruta reco gido en El vas como sí mbolo de la v ictori a.
COLABORACIÓN CON GODOY (1801- 1805)
Tras la interv ención en la guerra Morla se quedó en Mad rid junto a Godoy, com o
técnico encargado de estudiar los problemas del ejercito y proponer soluciones, y
también actualizan do las Ordenanzas de Carlos I II. Contaban con un experto equipo
de once jefes y seis of iciales de
distintas ar mas. En esos años
ambos confor maron el poder militar
de España.
Retrato de M an uel Godoy, por Francisco
de Goya
Pero la presencia de Morla en
M adrid y su creciente amistad con
Godoy molestaba a otros militares,
que se sentían relegados ante las
cada vez mayores atribuciones que le otor gaban. Much os envidiab an sus
conocimientos y labori osidad, a otros l es disgustaba su cará cter firme y poco
diplomático. Entre las personas a las q ue Morla desagradaba se encontraba la propia
reina Marí a Luisa de P arma, tal vez por haber tomado la decisión de reorganiz ar y
reducir la plantill a de los Guardias de Corps, que la Reina entendió como un desprecio
a su persona, y q uiso q ue alejaran de la Corte al artillero y q ue volviese a su plaza en
Cádiz . Esta decisión no le desagradó pue s a él no le gustaba la capital, por sus
costumbres y frivol idad. La criticaba a biertamente y manifestaba que prefería las
sociedades de Sev illa o Cádiz .
ESTANCIA EN GRANADA (18 05)
Llegó a Cádiz convencido de que éste serí a su ultimo destino, ya que tení a 57 años y
deseaba vivir con tran quili dad el resto de sus dí as, pe ro cuand o s e encontraba
pasando unos d í as de descanso en El Puerto de Santa María f ue llamado a
incorporarse con urgenc ia a G ranada, pues allí se había declarado una epidemia de
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128
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
LA COMISAR ÍA ALGODO NERA DEL ESTAD O EN SE VILLA.
RECUPERACI ÓN VIRTUAL
Fernández-G il, M aría, Universid ad de Se villa , m aria_ fgb@hotm ail.com
Sánchez-Jim énez, Franci sco J. , Universida d de Sevilla, j sanchez@ us.es
RESUMEN
La Real Orden de 10 de Noviembre de 1923 dictó las normas para la constitución y
funcionamiento de la Comisarí a Algodonera del Estado en la ciudad de Sevilla,
acordándose la adquisición de los t erreno s donde habí a de constr ui rse la factoría de
desmotación y de la ma quinaria necesari a para su funcionamiento . El proyecto inici al
de este comple jo industrial en estil o neomudéjar es obra de L orenzo Or tiz Irí bar
conformando un conju nto de pabell ones cuyos usos eran f ábri ca textil, almacenes y
oficinas, pero es José Espiau y Muñoz el q ue se encarga de su construcción
respetando el diseño de Iríbar. Posteriormente , en 1935, t ambi én se le encarga su
ampliación , en un estilo racionalista en la composici ón general pero con elementos
decorativos neomudé j ar es como rasgos de i dentida d del conjunto .
Tras el cese de su activi dad industrial, el complejo entra en un periodo de abandono y
paulatina ruina hasta que en 1989 se propone su rehabili tación para albergar a la
Consejerí a de Agr icultur a y Pesca de la Junta de Andalucí a, encargándose de este
proyecto el estudio de arquitectu ra de G onzál ez Cordón, recuperando algunas de sus
vi ejas naves, demoliend o otra s y añadien do un n uev o edificio de ofici nas.
Si bien su pasado industrial ya q uedó prácticamente en el olvido, la mezcla de estilos
regional ista, racionali sta y contemporáneo, fru to de las distintas fases histó ricas por las
que ha pasado, así como su val or patr imonial , hacen que el conjun to sea único y digno
de estudio y con servaci ón.
Con este trabajo se pretende reco rdar la importancia q ue este comp lejo industrial
supuso para la ciudad de Sev illa y su entorno más cercano, rescatando del olvido su
composición original y su pasado industrial mediante la recuperación virtual con
herramientas asis tidas por ordenador de sus edif icios original es para, al menos
vi rtualmente, poder se guir conte mplando su alto v alor patrimoni al.
Palabras clave: algodo nera , patrimonio industrial , r ehabilitac ión , reconstrucción vi rtual.
ABSTRACT
Real Orden of November 10, 1923 issued the rules f or the establishmen t and operation
of the Comisa ría Algodon era del Estado in the city of Sevil le, r emembering the
acquisition of land w hich w as to build the cotton factory and the necessary machinery
for f unctioni ng. T he initial project of this industrial complex in neomudéjar styl e is the
work o f Lorenzo Ortiz Iríbar f ormin g a set o f f lags w hose applications were tex tile
factory, warehouse s and offices, but José Es piau y M uñoz who is r esponsibl e f or its
construction respectin g the design of I ríba r. Later, in 1935, he is also re sponsibl e for
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
enlargement , in a ratio nalist style in the ov erall composition but with Neo - Mud ejar
decorative el ements as features o f identity se t.
After t he cessation of industrial activity , the complex enters a period of neglect and
gradual ruin until rehabilitation is proposed in 1989 to house the Mi nistry of Agriculture
and Fisheries of Jun ta de Andalucí a, in cha r ge of this project the architec tural
Gonzal ez Cordon, recoverin g some of its old ships, demolishing others and adding a
new off ice bui lding.
W hil e its industrial past and was virtuall y forgotten, t he mixture of regional ist, rational is t
and contempora ry st yles, the r esult of the differe nt historical phases t hat has past and
its herita ge value, ma k e the w hole is uni que and w ort hy of study and conserv ation.
The aim of this wor k is remember the impo rtance of this industrial complex f or the city
of Sevi lle and its immedi ate environment , rescuin g from obliv ion its original composition
and its indust rial past by virtual r ecovery w ith computer aided t ools to continue
watchi ng its high herita ge val ue.
Ke y words: cot ton , i ndustri al herit age, rehabilitation , vi rtual r econst ruction .
LA COMISARÍA ALGODONERA EN SEVILLA
El culti vo de algodón en España procede de la ocupación m usulman a. Durante la
segunda mitad del siglo IX, familias procedentes de Oriente Medio iniciaron el cultivo
en el área del Valle d el Guadalquivi r, avanz ando posteriormente ha cia la costa
M editerránea y Baleares. El cultivo se mantuvo estable en esta zona reduci da hasta el
siglo XIX, ya que llegaba compet encia de algodon es desde América y otras partes del
mundo. Por otro lado, la inici ativa ag rícola e n Andalucía tampoco lograba el auge del
algodón, ya que se enc ontraba en pleno period o de introducción de nu evos cultivos.
Esto hizo q ue el cultivo en España f uera perdiendo importancia, siendo apenas
mencionado en algún in f orme, publicaci ón o estu dio al respecto.
El f racaso de las primeras iniciativ as t ambién estuvo determinado por una serie de
factores aj eno s al propio cultivo de alg odón t ale s como las condiciones de desarrollo
de la industria textil catalana, la carencia de tecnologí a adecuada y la f alt a de
desarrollo e mpresarial debi do a las condicion es competi tivas del cultivo.
Sin embargo, a principi os del siglo XIX surge el verdadero lanzamiento del cultivo
algodonero. Esto es debido a la demanda de algodón g enerada dura nte la Primera
Guerra M undial, dada la dif icultad de importa r materia prima del extranjero. A raíz de
ahí , se necesitaba más terreno cultivable y comienza a crecer la expansión del cultivo
de algodón en Andal ucía. Así , bajo la inici ativa de empresas textil es catalanas, en
1918 se crea la “Socieda d Cat alana A grícol a Algodone ra” con sede en Sev illa.
Ahora bien, el algodón recién recolectado no cotizaba en el mercado, po r no estar en
buenas condici ones de ser utiliz ado en la industria. Para ello, era necesario proceder a
la separación de la se milla y la f ibra, denomi nado comúnmente como proceso de
desmotación . El Estado ll evab a ofr eciendo leve prot ección entre los siglos XVIII y XIX,
aunque ésta f ue realmente efectiva a partir de la Dictadura de Primo de Rivera. Éste
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130
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
no podí a dejar al agricult or con el problema cons tante de no poder ven der la cosecha y
proporcionó como solución la construcción de la Factorí a Alg odonera de Tabladil la.
Es de apreciar que r egí menes polí ticos t an diversos como eran la Dicta dura de Primo
de Rivera y la II República protegieran el cultiv o del algodón en España. Las razones
fundamentales f ueron que, por un lado, la exportación de f ibra al ex tranjero sería una
de las mayores f uentes de ing resos; y por el otro, porque veí an en él una razón social
por la gran can tidad de trabajo que demandab a, lo que ayudarí a a disminuir, entre
otras cosas , las altas tasas de pa ro agrí cola de la época .
En noviembre de 1923 se acuerdan los t erren os donde tendría que construirse la
Factoría de T abladill a, primera f actorí a desmotadora m oderna en España. Ésta estaba
formada por almacen es, tren de desmota doras, máquinas desborrador as y
laboratorios de análisis de calidad. La f ábrica, capaz de atender una co secha máxima
de 25.000 hectáreas, realizaba las operaciones necesarias para extrae r la f ibra de la
semilla de algodón. T ras la desmotación, se obtiene la fibra en f orma de balas de
algodón, tal y co mo se comerciali za en el me rcado.
A continuaci ón se detalla paso a paso el camino q ue recorre el algodón por la f ábrica ,
desde su entrada como materia prima en bruto hasta su salida en f orma de balas de
algodón.
En el campo se r ecoge y se almacena en sacos el algodón , el cual está f ormado por
una serie de cápsulas compuestas por f ibra y semilla, en proporción de uno y dos
tercios respec tivamente.
Al llegar a la fábrica, es tos sacos de al godón se pesan en grandes bás cu las y se anota
el peso en bruto de la m ercancí a junto con toda la inf ormación necesaria del
cosechador . A cont inua ción es clasificado en tres cate gorí as, las cuales tienen su
propio almacén donde se v a acumulando c ad a mercancí a.
Desde estos almacenes , pasa a un limpiador median te una corriente de aire donde se
extrae el polv o o sustanc ias ex trañas que pudi era traer el algodón consi g o.
A continuaci ón, pasa por el elemento principal de la f actorí a: el t ren de desmotadoras .
Aquí se separa la f ibra d e la semilla q ue contiene cada cápsula de algodó n. El m odelo
de desmotado ras q ue se utilizaba en la f actorí a f uncionaba mediante la acción de una
serie de paletas paralelas, de entre las q ue pa saban unas 80 sierras circulares en
torno a un ej e horizontal. Éste, al girar, hace q ue las f ibras q uede n enganchadas en
las sierras, de sprendién dose así, sin romper se, de l a semil la.
Seguidamen te, a través de otra corriente de aire las f ibras son arr astradas de las
desmotadoras a un condensador, y de éste a la s maq uinas donde se v an prensando.
Finalmente se van formando las bal as de al godón , tal como salen al me rcado .
Normalmen te la semill a, tr as el proceso de desmotación , sigue rodeada de una lani ll a
de f ibra, deno minada borra, la cual es conveniente eliminar, ya sea para mejorar el
rendimiento del algodón saliente de ella como para f acilitar la extracción del aceite de
semilla. Este proceso se reali za gracias a las máqu inas desbor radoras. [Fig. 1 ]
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
131
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
La f ibra obtenida tras el proceso de de sborrad o continúa como el resto de la f ibra
obtenida tras la des motación, para ser final mente empa quetada en forma de balas.
Por otro lado, la semilla va hacia una seleccionadora donde se distin gue la semilla que
vaya a ser cultivad a en el año próx imo. El resto s e ven derí a al extranjero.
Figura 13 . Conjunto de m áquinas des borradoras y m áquinas hiladoras c ontinuas de anillo.
( Fuente: Agricultura. Revista agropecuaria)
Una vez f orm adas las balas de algodón, este producto pasa por unos laborato rios de
calidad ya q ue, con objeto de abastece r a las industrias textil es, debe asegurarse la
calidad del m ismo. Además, es importan te q ue la f actorí a conozca si la calidad de los
productos generados es la que ex ige la manu factura nacional .
Por ello, surgía la necesidad de construir i ntrínsecamente a la f actoría unas
instalacion es destinada s a los laboratori os. El edificio cons taba de una serie de
laboratorios con la siguiente dist ribución. En la pl anta baja estaba sit uado el laborato rio
de hilatura, f ormad o por una m áquina desmot adora de ensay o y una hiladora de
anill os, donde puede seguirse la t rayectoria de la fibra de algodón desd e que es
extraí da de la semilla ha sta q ue sale en forma de hilo [Fig . 1]. En la misma planta se
sitúan también los laboratorios de ensayo de r esistencia de la f ibra y los hilos de
algodón, además de otr as máquinas de prueba s. En la planta principal se situaba el
Laboratorio de ensayo de semillas, donde se desinfecta la semilla que es
posteriormen te entr egad a a los cultivadores para su siembra. Conjuntamente , en la
parte central de esta m is ma planta, estaba el laboratorio de ensayo de la fibra y el hilo
de algodón, ade más de otras má quinas de p rueba.
Además contaban con un laboratorio de patologí a, donde analiz aban distintos estudios
de plagas y en f ermeda des proceden tes del algodón , seguido finalme nte de unas
instalacion es de análisi s quí micos.
FASES ESTILÍSTICAS DEL COMPLEJO ARQUITECTÓNICO
El complejo de la Factor í a Algodonera es sometido a ciertos cambios est ilísti cos a lo
largo de los años, desde su proyecci ón en el 1924 hasta la actualidad. Para un mejor
detalle de estos periodos, se procede a una divisi ón cronológica f ormad a por cuatro
etapas: una primera etapa que trata sobre el proyecto inicial de Lorenzo Ortíz e Ir íbar ,
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132
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
seguida de la etapa de construcción llev ada a cabo por José Espiau y Muñ oz. A
continuación aparece la fase de ampl iación del conjunto en el año 1935 realiz ada de
nuev o por Espiau; y por último, la rehabilitación d el conjunto industri al como sede de la
Consejerí a de Agricultur a y Pesca de la Junta de Andalucí a en 1989, por el arquitecto
Antonio Gonz ález Cordón.
PRIMERA ETAPA. PROYECTO INICIAL
El proyecto del arquitecto Lorenzo Or tíz e I ríbar de 1924 es un conjunto de pabellones
con gran valor arq uitectó nico. Cabe destacar los detalles neomudéjares que presentan
las fachadas, dinteles, acabados con azul ejos, etc. Todo ello acompañado de un uso
caracterí stico del ladrillo, como material no sólo de construc ción sino también como
aportación esté tica.
Si bien el edificio es construido en el siglo XX, es cierto que el arquitecto t oma como
referencia su experien cia en el estilo arquitec tónico basado en el uso del ladrill o, de la
tendencia europea del si glo XIX. En España, los historiadores la denominaron con el
nombre genérico de arquitectura “neo - mudéjar”, asociándol a con arquitecturas
antiguas donde podí a mostrarse el ladrillo a la vista. Con este t érmin o parecía q ue
quedaban inmediatamen te resueltos conceptos teóricos de carácter estil ístico, f or mal,
e incl uso de datación. Sur ge como estilo reivind icativo, un estilo nacional, ya que t ra s
la crisis del 98 España n ecesitaba encontrar un estilo propio y elementos de identidad
que div ergiesen de otros estilos internaci onales, sin carác ter geo gráfico a lguno.
En esta época, surge as í , la arquitectura del regional ismo. La renovación constructiva
de Sevill a adquirió un aug e con vistas a la Ex posición Iberoamericana de 1929. La
capital andaluz a acog e este estilo regio nalista , de ladrillo y azulejo, como propio,
donde con la utili zaci ón de estos materiales junto con la configu ración de la
construcción de los edificios, quiere recrear el estilo m udéjar, sirvién dose de la t écnica
y los av ances de la époc a.
A lo largo de toda la historia se han utilizado el ladrillo para la constr ucció n, pero es en
el siglo XIX cuando empieza a tener valor propio, ya q ue será el elemento
caracterí stico de la arqui tectura de la época. El ladrill o es sometido a av ances formale s
y t écnicos, de m anera q ue llega rá a ser el ement o clav e y a que tendrá gran
connotación simbólica debido a su uso estético en las f achadas, dependiendo de la
disposici ón de estas piez as.
Gracias a su carácter modul ar, este elemen to prismático de cerámica empez ó a
entenderse como ele mento básico en arqui tectura, pudiendo r eal izar distintas
composiciones ajustándose a diferentes estilos. Of recía as í , una mezcla homogénea
de estilos, oto rgando un toque de modernida d util izan do un material tradici onal.
Desde el punto de v ista geométrico, se pued e observar la can t idad de procesos
combinato rios posibles que permite el ladril lo, siguiendo sencill as reglas de unión y
repetición. Según su colocación existen las denominaciones de “a t izón ”, “ a soga”, “a
sardinel”, o en posic ión obl icua llamada “t riscada”. Estas hiladas de ladr illos pueden
tener distintas configur aciones, “dentellad as”, “corridas” o “arpadas ”, así como
“enrasadas”, “rehundi das” o “ resal tadas”, con l o que se po tencia el at ractivo de la
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133
I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
fachada, j ugando con las luces y sombr as q ue estas posiciones de hila das generan .
Asimismo, se juega con el aspecto cromá tico, dando énfasis a las fachadas usando
ladrill os de distintas tonali dades
El empleo de cerámica coloreada, como son los azulejos, se alterna frecuentemen te
con el ladrillo, f ormando variada s combinacione s decorativ as, dando como resultado
obras tí picamente hí bridas, pe ro realmen te origin ales.
En cuanto a la g eomet ría de los edificios neo mudéjares , suelen se guir siempre l a
misma tendencia. G ene ralmente son edi ficios f ormados por un bloque cuadran gular o
bien por una composici ón de bloques simétrico s, constituidos por pabell ones en el
centro y los extre mos.
El proyecto de Ortíz e Íribar, es una propues ta de una pequeña ciudad de pabellones,
de organiz ación reticulad a y con calles di f erencia das. Éstos son:
- Un hotel pa ra oficinas y v ivi endas
- Un pabellón destinado a garaje, v ivienda s para dos f amilias y almacen es de
envase s y útiles.
- Un almacén pa ra deposi tar balas de al godón.
- Un almacén pa ra depósi to de al godón en bru to.
- Un almacén de stinado a depósi to de semilla de al g odón.
- Una nave para colocar en ella la maquinaria de desmotado y empacado del
algodón y labora t orios para el anál isis y seleccio nado de la s emilla.
La composición aclarada en la planta g eneral [Fig. 2] t raza una calle c entral con dos
edificios a cada lado. Junto a la en trada se situa rían los edif icios destinados al hotel,
viv iendas y g araje. Más adelante, siguiendo por la calle central estr í an situados el
almacén para balas de algodón, a la izquierda, y el almacén pa ra semillas, a l a
derecha.
Al f ondo de la calle centr al, y en dirección perpendicular, quedarían otros dos
pabell ones. Un primero con la f uncional idad de laboratorio y nav e de máquinas, y el
último como al m acén de algodón en bruto.
Los pabellones son naves rectangulares, f ormados por cerchas metálicas cubiertas de
tejas, y muros de carga de ladrillo vi sto, exceptuand o los dos pabellones situados a la
entrada, que poseen la geometrí a que les ofrece los lindes del r ecinto y estarán
organiz ados interiormente entorno a un patio central , siguiendo siempre u na geometrí a
cercana a la si m etrí a.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Figura 14 . Planos de l arquitecto Loren zo Ortíz e Irí bar de 1924 ( Fuent e: Sevilla. C ien Edificios )
SEGUNDA ETAPA. CONSTRUCCIÓN
El proyecto de la Comisarí a Algodonera es redactado por el arquitecto Lorenzo O rtíz e
Iríbar en el año 1924, pero es José Espiau y M uñoz q uien q ueda a cargo de la
dirección de obras . El conjunto de edificios se construirá durante los años 1925 y
1926, siendo este último , el año en que queda rí a inaugurado.
El arquitecto llev a a cabo la construcción de los seis pabell ones, adecuándos e
totalmente a la co mposici ón en planta que se aco rdaba en el proyecto de Or tiz e Iríba r.
Sin embarg o, Espiau modificará sustancialmente el proyecto de O rtíz , en cuanto a sus
caracterí sticas estilí stica s. Si el lengua je f ormal empleado por Ort iz responde a las
influencias historici stas de inspiración plateresca, Espiau, aun aceptand o muchos de
los temas expresados en el proyecto, t ratará de reconducir éste haci a posiciones
regional istas -básicamente repre sent adas en l a masiva util ización de l ladrillo- con
claras in fluencias neomu déj ares.
El proyecto de 1924 es una constr ucción destacada, no sólo por su valor
arquitectónico , como por su valor urbano. Está rea lizado con una visi ón m ás racional,
intenta saca r mayor efec tiv idad al espacio y no s e trata solo de un edificio con valores
estéticos. Todo esto pued e ser debido a que, al tratarse de un edi f icio industrial, se
minimice el val or de la bel leza por doquier y se le dé én fasis a la disposición ordenada
de los edificios. Así, podemos observar la planta del r ecinto, caracteriz ada por las
posicion es de los distintos pabell ones, q ue generan una estruc tura reticular digna de
destacar.
Los primeros pabell ones construidos ocupan una superf icie total de 7.000 m 2 , siento la
superficie con struida de unos 4.500 m 2 , ap roxi madamente.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
TERCERA ETAPA. AMPLIACIÓN
En 1935 se produce la ampl iación de la f ábri ca, esta vez l levad a a cabo solamente por
Espiau. Los nuev os edif icios construido s no tienen ningún valor arquit ectónico, en
comparación con los real izados en la primera fase. Entre la prim era fase de
construcción de estil o neomudéjar y la nueva ampliación pasan algunos años de
cambios. El regionali smo tardío que muestran los primeros pabellones empi eza a
desaparecer dejando pa so a un estilo racionali sta, reflejado en los nuevos edificios.
Éstos están dotados de una mezcl a de estilos y unos materiales poco atractiv os, por lo
que no tienen interés arq uitectónico. Simplemente cabe destaca r el valor de esta
ampliación en el contex to de creación de empleo en ese mo mento.
Las primeras construcci ones, como menci onaba antes, con formaban una serie de
pabell ones con algunas características racionalistas, ya q ue eran nav es bastante
contemporáneas y con ideas de estructura reticulad a. Pero en las ampliaciones del
año 1935, no sólo la distribución de los ed ificios, sino t ambién la estructura de ellos y
la utiliz ación de los materiales se vue lv en racionales.
Las características de estos nuevos edificios, por tanto, varí an completamente con
respecto a los pabell ones anteriores. Además, el pabel lón de oficinas y v ivienda s,
hexagonal en el proyecto original es refor mado posterior mente a una plan ta
rectangular y con dos alturas. Aun así , siguen apareciendo ele mentos decora tivos
neomudéjares como ra sgo de identidad del con junto ar quitectónico.
El recinto q uedaría f orm ado entonces, por un conjunto de 16 pabellones f ormado por
almacenes, nave de máquinas, pabel lón de oficinas, laboratori o, viviendas y g araje .
[Fig. 3] El garaje, vivi endas y almacenes presentan cubierta a dos aguas con t ej a
cerámica sobre una estructura de cerchas de madera. Los pabellon es de operaciones
y laboratorio estaban formados por una cubie rta de fib rocemento sobre cerchas d e
acero atirantadas en madera. Y por último, el almacén de balas de al godón, de igual
estructura que la nave de almacenaje de ma teria prima, era un edificio de tres naves
con cubier ta de fibrocem ento a dos a guas sob re cerchas metálicas.
Figura 15 . Planta genera l del conjunto de edificios tras la am pliación. ( F uente: S V60 Cordón &
Liñán Arquitectos )
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
CUARTA ETAPA. REHABILITACIÓN
Tras la decadencia de su actividad industrial , el complejo entra en u n periodo de
abandono y progr esiva ruina, hast a q ue en 1985 se pr opone su rehabilitación par a uso
como Conse jería de A gricultura y Pesca de la Junta de Andalucí a.
Esto sucede en un contex to previ o a la Exposi ción Univ ersal que se harí a en Sevi lla en
el año 1992, haciéndose coincidir con el V centenario del descubrimien to de Amé rica.
Con vistas a ésta, la ciudad se reforma por completo, g enerando nuev as
infraestruc turas f errov iarias, puen tes, r efor mando antiguas carreteras, inaugurando
autoví as y amplian do e l aeropuerto. Sevil la to ma un gr an impul so, no sólo con la
construcción del conjunto de edificios y recinto para la exposi ción situado en la isla de
la Cartuja, sino tambi én con grandes cambios urbaní sticos junto con la rehabilitación
de antiguos ed ificios.
El proyecto de rehabilit ación del edificio es realiz ado por el arq uitecto Antonio
Gonzál ez Cordón en el año 1985, siendo luego ampliado en 1988 y lle vado a cabo en
1990 por el mismo ar quitecto. El proyecto de 1985 hace hincapi é en la recuperación
de las na ves conside radas neomudéjares, la mayoría construidas en la primera fase
según el proyecto de 19 24, demoli endo el resto y añadiendo nuevos edificios de estilo
contemporáneo al conjunto.
De los edificios proyectados en 1924, sólo es demolido uno de el los, el q ue está más
al Este y cercano a la en trada, ya que se encont raba aban donado y en estado de ruina
parcial. Si n emba rgo, González Cordón lo sustituy e con un edifici o que sigue
conservan do la planta ortogonal y el concepto de patio central. El arquitecto decide
conservar los edif icios más destacables, es decir, aq uellas naves de estilo neomudéjar
con alto valor arquitectóni co e inicia la demolición de todos aquell os construidos en la
ampliación de 1935, excep tuando la nave más ampli a situada al sur del recinto, que
sería usado como garaje. En sustitución a estas d emolicion es, g ene ra espacios v erdes
y una amplia plaza central q ue rompe con la ortogonali dad del conjunto y sirve como
ent rada y espaci o centra l desde el que accede r a las nav es.
Para poder habil itar los edif icios a un uso admi ni strativo era necesario reacondici onar
el interior de los edif icios, es decir, los pabell ones neomudéjares que permanecen en
la actualidad sólo conserv an la f achada. González cordón conserva tan sólo la piel de
los pabellones de Espiau, ya que es lo q ue más dest acaba de la arquitec tura de ellos:
el ornamento, el uso de l adrill os vistos en co mbinación con azulejos.
Además, se construye un nuev o edificio de of icinas de seis plan tas, acristalado casi en
su totalidad, de estilo claramente cont emporáneo q ue rompe con la tradicionalida d del
resto de l os co mpone ntes del conjun to. Asi mismo col oca elemen tos, también
contemporáneos , como pér golas, en la fachada de alguna de las nav es.
En 1988 también se realiza una ampliación haciendo interven ción sobre una fr anja del
solar desalojada, q ue se complementa con el pro yecto anterior, formando así edificios
para uso de cafete ría, archivos y bibli oteca. Éstos q uedarí an situados en la nueva y
única entrada desde la calle Tabladilla, la cual cuenta con una centralit a de acceso
restringido .
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Esta nueva ampliación no busca tanto la precedencia de la antigua f ábrica, como la
complemen tación de la ciudad urbaní stica administrativa, g ene rando contraste en tre
los nuevos edificios y los ya construidos en el 1925. Se cr ea, por ello, una separación
vi sual en el r ecinto entre el complejo tr adicion al con la plaza central y estos nuevos
edificios conte mporáneo s. [Fig. 4 y 5]
Figura 16 . Planta genera l. Estado ac tua l. ( Fuente: S V60 Cordón & Liñán Arqu itectos )
Figura 17 . F otograf ía del conjunto ant es y después de la rehabilitac ión. ( Fuente: SV 60 Cordón
& Liñán Arquitec tos)
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
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2/conceptos-pa ra-logra r-imagenes-realista s/.
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
FÁBRICA DE CER VEZAS C RUZCA MPO DE SEV ILLA.
REALIDAD VIRT UAL
Fonseca Vasco , Jav ier. U niversidad de S evilla , javi_fonsec a@hotm ail.com
Sánchez-Jim énez, Franci sco J. Universidad de Sev illa , jsanche [email protected]
RESUMEN
La Fábrica de Cervezas La Cruz del Campo, fundada en 1904 por los hermano s
Osborne, no sólo es hoy en día el ed ificio insignia de la empresa Cruzcampo, sino
también, patri monio indu strial de la ciudad de Sev i lla.
En sus inicios la empr esa Cruz campo estaba constituida excl usiv amente por este
conjunto de edi ficios y la s labores que en él se e jercí an, operando sólo en Sevi lla y sus
cercaní as. Estas instalac iones orig inales estaban ubicadas en las afueras de la ciudad
de Sevill a, en el t erreno conocido como La Cruz del Campo, por la ubicación cercana
del temple te religioso del mismo no mbre.
Con el paso del tiempo la empresa y la fábric a f ueron creci endo, au mentando su
número de ventas, su producción y la envergadura de sus instalaciones, pero a su vez
también fue creciendo la ciudad, aprox imándose cad a vez más a la f ábrica y ocupando
sus alrededo res.
Hoy en día, la empresa Cruzcampo es una de las más importan tes de España y su
presencia internacional va en aumento, pero, desde 2008 la empresa de cidió llevar l a
factorí a a la periferia, ya que los edi ficios de la factor í a orig inal, a la cual dedicamos
éste trabajo, están hoy rodeados de barriadas. Con el traslado a la nuev a f actorí a, la
mayorí a de sus edif icios se han demolido, conse rv ándose sólo los más emblemá ticos ,
destinados hoy en día a of icinas cen trales, escue la de hostelerí a y a sede de la
Fundación Cruzcampo.
En este t rabajo se mostrará de forma gráfica mediante diferentes recreaciones
vi rtuales como f ue la evolución de esta f actoría en cada una de sus etapas más
importantes , llevando an exa una memoria donde se expli cará la evolución paralela de
la empresa y su contex to en la ciuda d a lo la rgo d e su vida .
Palabras clave: Modela do 3D, p atrim onio industria l , cerve za , rec onstrucción v irtual.
ABSTRACT
The brewery La Cruz del Campo, founded in 1904 by Osborne Bro thers, not only is
today the f la gship building of the company Cruz campo, bu t also indust rial heritage of
the city o f Sevil le.
In its incep tion t he company Cruzcampo consisted excl usively of this set of buildings,
operatin g only in Seville and its su rroundin gs. These original f aciliti es w ere located on
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the outskirts of t he city of Sev ille, in t he area k nown as La Cruz de l Campo, by the
close location of the rel igious shrine o f the same na me.
Over time t he company and the factory g rew , increasing its number of sale s,
production and the scale o f its facilities, but in turn also gr ew t he city, closer to the
factory and occupy ing its surroundi ngs.
Today, the company Cruz campo is one of the most impor tant in Spain and its
international presence is g rowing, but since 2008 the company decided to bring t he
factory to the periphery, as t he buildi ngs o f the orig inal f actory , which d edicated this
work, are now surrounded by slums. W ith the move t o the new f actory , most of its
buildi ngs hav e been demolishe d, preserving only the most embl ematic, f or today at
headquarte rs, hotel school and head q uarters o f Cruz campo Founda tion.
In this work wil l be show n graphically by different virtual recreations as was the
evol ution of this factory i n each of its most important sta ges, lea ding appends a
memory w here t he parallel ev olution of the company will be explained and its context in
the city alon g of their life.
Ke y words: 3D Modeling , industria l herita ge, beer , virtu al reconstruc tion.
INTRODUCCIÓN
Desde sus inicios, Cruz campo ha sido una empresa que no ha hecho más que
expa ndirse, convirtiéndo se hoy en día en una de las empre sas cerv eceras más
importantes de España y su presenci a internacion al va en aumento. De todo su
desarrollo a lo largo de su historia podrí an destacar tres momen tos:
1) Cruzcampo como marca de ce rvez a es creada en Sev il la en 1904
De los inicios de nuestra Empresa hablare mos m ás detalladamen te cuando nos
enfoquemos en los edi f icios fundacionales de la fábrica.
2) En 1991 fue adquirida por Guinness Brew ing W or ldw ide
En enero de 1991 la irlandesa Guinness Brewi ng W orldw ide adquirió el 98% de las
acciones de Cruzcampo por 98.000 m ill ones de pesetas, lo que supuso la venta más
cara de una empres a españo la hasta esa fecha. Dos años más t arde, la matriz decide
unificar todas las empresas que formaban parte del g rupo en una sola: Grup o
Cruzcampo S.A., a f in de aunar las ventas y la logística de t odas las f ábricas. Pa ra
entonces, la nueva empresa acumul aba el 25% de las ventas totales de cervez a en
España.
Guinness introdu j o al Grupo Cruz campo den tro d e la empresa británica Diageo.
En j unio de 1991 Cruz campo co mpra a la danesa United Breew ers (fabricante d e
Carlsber g y Skol) su f ilial española, la empresa Unión Cer vecera. De esta forma, el
Grupo Cruzcampo será propietario de tres fábricas más ( en Valenci a, M álaga y Bilba o)
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que seguirí an produciendo Carlsberg y Skol de ig ual f orma , preserv ando su 6% d e
mercado.
3) Desde el año 2000 ha sta hoy, pertenece a la empresa Heineken Inte rnationa l
En el año 2000 se produce otr o giro empresari al en la compañía. En el año 2000 la
compañí a neerlandesa Heine ken International compr ó a Diageo el 88,2% del Grupo
Cruzcampo por 145.000 mill ones de pese tas.
Heineken, q ue ya poseía la mayorí a de las ac ciones de la empresa madrileñ a de
cervez as El Águila (Amstel), tomó la decisión de asentarse en Españ a f usi onand o
ambas empresas . En primer lu gar, integró toda la logística de El Águila en Cruzcampo,
y a continuación, cambió el nombre social de Grupo Cruzcampo S.A. por el de
Heineken España S.A .
La sede social y fiscal de la emp resa se mantuvo en Sev illa, en la sede de Cruzcampo ,
aunque las o ficinas cent rales se trasladaron a M adrid, a la anti gua sede d e El Águila.
Las cervezas del g rupo Heine ken, con Cruzcampo a l a cabeza, s on las más
consumidas en el sur de España, y encuentran su principal competenci a en M ahou-
San M iguel y en Damm.
El Grupo Cruzcampo es tá f ormado por nueve f ábricas de cerveza, repartidas por toda
la geografía española: posee f ábricas en Sevilla, Madrid, Jaén, Ciudad R eal, Navarra,
Bilba o, Mál aga y Valencia.
En 2004 Cruzcampo era ya una de las 10 cervezas más vendidas de Europa y se
expo rtaba a más de 30 pa íses. En 2008 Heineken inau guró su nueva f ábrica a las
afueras d e Sevill a, al surest e de la ciudad, con instalacion es r enovadas y más
capacidad de p roducción .
La parte más antigua de la f actorí a original, a la cual dedicamos este trabajo, está hoy
rodeada de barriadas y se ha conserv ado como ejemplo de arquitectu ra in dustrial de
principios del siglo XX . .
PRIMERA ET APA: LA FÁ BRICA O RIGINAL, LA CUNA DE CRUZCAMPO (19 04 -
1925)
El proyecto de crear la compañía surg e en 1903 de la mano de los hermanos Tomás y
Roberto Osborne Guezala, ambos naturales de El Puerto de Santa Mar ía, aunque con
ascendencia inglesa y alemana, y de estir pe bodeguera, q uiene s decidieron
emprender su propio camino r ompien do con la tradición viní cola de su f amil ia y
apostando por la cerv eza, que por aquel en tonces no era muy popular en nuestro paí s.
El lugar escogido par a crear su empresa fue Sev illa, y a q ue p oseí a unas
caracterí sticas óptima s para a quel negocio , como :
La calidad de sus aguas .
Las condicion es climáti cas idón eas.
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Ser ciudad más poblada de Andalucí a y con una alta tasa de paro .
Esta iniciativ a empr esarial , arriesgada para la ép oca, no contaba con el benepláci to de
su f amilia, pe ro en sus viajes por Europa y España habían podido observar que la
industria ce rvecera esta ba creciendo rápidamente en otr os paí ses y comenzaba a
emerger en España en c iudades como M adrid y Barcelona.
Decidi dos con la idea de su empresa cervecera, R oberto Osborne se puso en contacto
con el maestro cervecero alemán Max Steinmeyer. Ambos se ocuparon de seleccionar
las cepas de levadura y las mater ias primas necesarias para su proc esamiento en
Sev illa. Una vez decidi do q uién se encargarí a de llevar la producción de la f ábrica,
comenzaron a busca r su ubicación en la ciudad. Aprov echando la ex pansión que
estaba teniendo la ciudad con la creación de las líneas de l ferrocarril , se decidi ó
situarla al este de la ciudad, en las afueras, lo q ue hoy dí a es el barrio de Nerv ión ,
pr óxima al templete de la Cruz del Campo, un monumento religioso y relacionado con
la Semana San ta de Sev illa, del q ue to maría su n ombre.
Tras haber esco gido los terrenos y haber contratado a Steinmeyer, se iniciaron las
obras de construcción de la f ábrica. Dos años más tarde, el jueves 22 de diciembre de
1904, el arcipreste del Puerto de Santa María (Cádiz ), M anuel Gon zález M acías,
bendijo las ins talaciones de la que era ya la p rime ra fábrica de cervez as de Andalucí a.
La empresa, en aquell os primeros años, se llamaba todaví a “T omás y Roberto
Osborne S.L.”, pero para comercializ ar mejor su cervez a adoptó desde el principio el
nombre de La Cruz del Campo, y la imagen del t emplete como elemento identif icado r
de la marca .
Poco se parece una fábrica de hoy a la fábrica que Cruzcampo abrió en 1904, aunque
aquella primera f actorí a ya era, para su época, un prodigio de m odernidad y
sofisticación técnica.
El edificio es proyectado por los alemanes W ilhem W ri st y Friedrich Stolze. Es una
construcción exenta de tres plantas que forman un conjunto rectangula r y en la que el
material predominante es el ladrillo rojo; los vanos, de dos en dos, se enmarca n con
un dintel semicircul ar y en los tejados, de gran vertiente, se abre n buhardil las,
acentuando su o r igen nó rdico (Garcí a y Peñalver, 1986).
Cabe destacar del edifici o las persianas de esparto de las ventanas bajas, y el
cerramiento míni mo del entorno de la f ábrica, el cual nos da una idea del t ipo de
empresa humilde en aquell os tiempos. También vemos en la parte trasera asomar la
enorme chimenea , la cual servía para dar salida a los humos resultantes del proceso
de cocción de la cebada (Sobrino, 2006).
La fábrica de Cruzcampo en Sevilla conserva todavía a lgunos elementos reconocibles
de lo que fueron las ins talaciones originales de la empresa: la f achada original, que
medí a 83 metros de ancho por 60 m etros de f ondo, y las calderas orig inales, q ue por
aq uella época eran las más grandes de España , todaví a pueden verse hoy en d í a en
el M useo Cruz campo.
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Figura 1 . Fotograf ía m ás antigua que ex iste de la fábri ca fundacional (autor desc onocido)
En el sótano de la f ábrica original levantada por los he rmanos O sborne habí a cuatro
bodegas destinadas a la conservación de la cerveza, que tenían una capacidad t otal
de 192 toneles. La fábrica tenía una dinamo de 150 amperios , que producí a energía
para alumbrar todas las dependenci as.
Figura 2 . Ge nerador indust ri al a vapor (Cortesía de Antoni o García Caraba llo)
En aquella fábri ca, la maquinaria se habí a distrib uido según las fases de producción:
Comenz ando por el malt eado, en el pi so princi pal habí a un depósito de agua
caliente y una limpiadora de malta, y también un condensado r para el
amoní aco de la máquina refri geradora.
En el se gundo piso esta ban los grane ros, un depósi to de agua fría y una
báscula auto mática con un molino pa ra moler la malta.
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Por último, la sala de co cimien to estaba en la planta ba ja, y dis poní a de las tres
calderas pa ra mezcl ar la malta que aún se conse r van en el M useo.
En aquel entonces, multitud de tareas se realizaban manualmente : el t ransporte de
materias primas en el interio r de las instalaciones, la carga y descarga de los silos, la
colocación de los tapones en las botellas, la carga de las cajas de c ervez a en los
camiones…
Destacar también que la f uente de calor m ás importante en la anti g ua fábrica eran los
hornos de carbón .
A medida que se ib an suced iendo los av ances técni cos, la fábrica fue me caniz ando las
tareas más pesad as, como po r ejempl o la car ga de cajas en el muelle de car ga.
En 1904, al año siguiente al t erminarse la construcción del edificio matr iz e instalarse
la maq uinarí a y elementos t écni cos necesario s para f abricar cerv eza, importado s
desde Alemania, La Cr uz del Campo inició sus actividades como primera indus tria
Cervera de And alucí a y una de l as prime ras inst aladas en España .
Ya en 1912 el crecimie nto de la f ábrica era imparabl e, se amplí a en varios edificios
más y a nivel comercial la hac í a la más importante del país, abriendo depósitos en
M adrid y Barcelona.
Cuando Roberto Osbor ne Guezala falleció en 1937, sus herede ros crearon un a
sociedad anóni ma: La Cruz del Campo, S.A. Ocupó la p residencia de la nueva
sociedad el hijo del f undador, José Marí a Osborne Váz quez, que f alle cerí a tan solo
unos meses más tarde , el 27 de diciembre de 1938, cuando el avión que pilotaba f ue
derribado en co mbate durante la G uerra Civ il. Tras su muerte, sus herm anos Felipe y
Eduardo se hicieron ca rgo del ne gocio en cal idad de presidente y vicep residente.
La Cruz del Campo no escapó a las t erribles di ficultades y estr eche ces q ue marcaron
la posguerra q ue si guió a la G uerra Civ il. Debido al aislamiento decretado por el nuevo
régimen, pasó a ser re almente difícil surtirse de materias primas , hecho agrav ado
además po r las confisc aciones de cebada q ue el gobierno español habí a decretado
para todo el paí s. Esta situación fue r ealmente extrema a p r incipi os de los años
cuarenta, hasta el punto de q ue desde el 31 de e nero de 1941 al 22 de mayo de 1942
la fábrica se vio obli gada a ce rrar por fal ta de mat erias primas.
Las dificultades del régimen de aut ar quía económica no solo afectaron a las materias
primas, también se vio afectado por esta situación el mantenimien to de las
instalacion es de la fábrica, ya que la maq uinaria industrial para elaborar cervez a deb ía
importarse de Inglate rra, Alemania y Estados Unido s, y en el nuevo contexto ello
resultaba i mposible.
No obstante, a pesar de las dificultades, la empresa y la f ábrica continuaron con su
crecimiento , y su estruct ura f ue cambiando con el paso del tiempo. Este crecimient o
no fue muy signif icati vo hasta el comienzo de los años 60, q ue marca el comienzo del
auge de la fábrica.
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La siguiente fotografía representa esta pe queña ex pansión que tuvo la fábrica en es tos
años, q ue aunque se pueden obse rvar algu nos nuev os edi f icios y una m ayor
extensi ón, sigue teni endo un carácte r humilde y artesanal .
Figura 3 . Vista aérea de la f ábrica en los años d e posguerra. (Cortesí a de A ntonio Garc ía
Caraballo)
Los edi f icios resaltados se construyeron en ésta época de transici ón, es decir, su
construcción f ue posterior a la construcción de los edificios de la fábrica f undacional ,
pero su const rucción tampoco pertenece a la época de mayor espl endor, q ue
comenzara a partir de los años sesenta. A demás estos edificios tienen una g ran
importancia , ya q ue junto con el edificio de la f achada principal , son los únicos que no
han sido derribados co n el traspaso de la fábrica, al ser considerad o s patrimoni o
industrial de Sev illa
SEGUNDA ETAPA: INDUSTRIALIZACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LA FÁBRICA ( 1960 -
2008)
Durante los años cuarenta y cincuenta, los márgenes de beneficio para los f abricantes
cerveceros no eran muy elevados: la cer veza era una bebida barata, y su precio
estaba fijado por el gobierno, po r ello, no res ultaba rentable busca r un mercado
distante del punto de producción , y era necesario limitarse al mercado más próximo a
la fábrica para no enca recer el p roduc to con cos tes de transporte.
Pero en los años sesen ta las cosas empez aron a cambiar. Pri mero, las ventas
comenzaron a crecer en Cádiz y Hue lva, posteriormente este ascenso se difundió por
el resto de Andalucí a occidental. M ás tarde Cruzcampo se expandi ó por el orien te de
Andalucí a, y las buenas perspec tivas la impulsaron a planear su expans ión comercial
fuera de Andal ucí a.
Para ello decidió aunar es f uerzos con El Á guila ( al ig ual que Cruz campo, integrada en
Heineken España desd e 2000), hecho que poní a punto y f inal a la tradicional
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zoni ficación cervece ra que ha sta entonces ha bí an prov ocado l os altos coste s del
transporte .
Con este mismo propósito de expansión a ni vel nacional, en 1963 la empresa
andaluz a f irmó un acuerdo de colaboraci ón con la cervecera nort eamericana Schlitz
(por aquel entonces ocupab a en segundo puesto en el ránkin g norteamericano de
producción cervecera . Con el nombre de “Cervece ras Asociadas”, Cruzcampo y
Schlitz f irmaron una joint venture cuya primeras medidas f ueron la creac ión conjunta
de una fábrica en Barcel ona, situada en El Prat.
Otro paso importante en el crecimiento y la expansión de Cruz campo se dio en 1977
con la creación, en colaboración con otr as empresas del sector , de la entidad Lúpulo y
Deriv ados, S.A. (LUDESA), firma que instal ó en Sevilla una p lanta para la
transformación y el acon dici onamiento del lúpul o en flor.
La expansión de Cruzcampo se puso en marcha en los años cincuenta, cuando el
Consejo de Ad ministra ción decidió estudiar un ambicioso plan de creci miento, y
adquirió los terrenos v ecinos a la fábrica.
Entre 1956 y 1960, la fábrica nada menos que duplicó su capacidad de producción de
cervez a y mosto. Un ejemplo ilustra la envergadura de los cambios : en 1956, La Cruz
del Campo inauguró un nuevo sistema de embotellad o auto mático gracias al cual se
podí an llenar 258.000 botell as por hora.
La sección de embotellado de Cruzcampo f ue considerada durante años una de las
mejores de Europa, y ocupa una nave propia en la fábrica de Sevilla. En esta parte de
la f ábrica, donde se llevan a cabo la pasteurización y e l llenado de las botellas de
cervez a, la mecanizaci ón hizo aumentar la velocida d de producción vertiginosam ente :
a medida q ue se automatiz aban las tareas, por las puertas de la f ábrica sal í an cada
dí a más y más cajas de cervez a lista para el consumo.
En los años sesenta y setenta Cruzcampo emprendi ó otra gran cantidad de me joras
en sus fábricas, gracias a las cuales continuó mejorando la producción. Cuando este
paquete de inversiones en las instalaciones comen zó a rendir f r utos, el crecimien to de
Cruzcampo se disparó de f orma meteórica . Fue durante estas dos décadas cuando
Cruzcampo presentó al mercado alg unos importan tes lanz amientos de productos y
aumentó su capacidad d e inv estigación.
He aquí al gunos ejemplo s de ello:
En 1961 se ina uguró en la fábrica de Se vill a la primera malter í a de
abastecimiento propio, con capacidad para 15.000 toneladas anuales de malta.
Estaba des tinada al autoabasteci miento y a la venta a otras f ábric as de
cervez a.
Entre 1961 y 1967 continuó la ampliación de las instalaciones de producci ón, y
entraron en serv icio el nuevo Laboratorio y el Departa mento de Investigación , a
la altura de los mej ore s de Europa, q ue per mitieron establecer un riguroso
control de cali dad, y tam bién reali zar trabajos de investigación pura y apl icada.
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En 1963, La Cruz del C ampo introdujo en nuestro paí s la pasteurización f las h,
técnica más depurada q ue la hasta en tonces utilizad a por otras marcas de
cervez a nacional es.
En 1970, Cruzcampo lanzó al mercado el primer barril metálico de 50 L con
espadí n.
La segunda maltería entró en f uncionamie nto en 1977 , lo que per mitió disponer
de una capaci dad anual de 65.000 toneladas de malta.
También se inau g uró en 1978 la cuarta sala de f abricación del mosto, q ue
permite ma ntener el rit mo de p roducción ac tual.
En los años sesenta y s etenta, época del gr an despegue tecnológico de nuestro paí s,
desaparecieron los últimos proc esos totalmen te manuales q ue aún persistí an en la
fábrica de Sev illa, y la mecaniz ación (aunque sie mpre controlada por la m ano humana)
se expand ió por toda la f ábrica.
Con cada novedad t ecnológica, los procesos de trabajo implí citos en la f abricación de
la cerveza se han ido volviendo más ef icace s, y la veloci dad de la producción ha ido
aumentando .
A partir de la década de los ochenta el cr ecimiento continuó de forma sostenida. Un
buen modo de v alorar el alcance de este creci miento consis te en comparar las
capacidades de almacenaje para la f ermen tación y la maduración de la cerveza q ue
Cruzcampo ha tenido a lo largo de di ferentes épo cas:
Hacia 1969 se alcan zó u na capacidad de almace namiento de 17 millon es de
litros.
Los primeros tanques co n gran capacidad 800 .000 li tros cada uno se insta laron
en la fábrica de Sevi lla en 1976.
En 1986, la capaci dad d e almacena miento era y a de 28 mil lones de litros.
Figura 4 . Silos de la f ábrica y a com pletamente desarrollada . (Cortes ía de Antonio G arcía
Caraballo)
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“Frasers and Chalmer s Engineerin g W orks” Engl and.
— Transpor tadoras y elementos especi ales.
“Robins Conv eying Co” EE.UU.
Obras Anex as al Car gadero:
— Puente sobr e el Rí o de Oro.
— Paso Supe rior sobre la carrete ra Mel illa-Nador.
— Viaducto de enlace entre el Paso Supe rior y e l Depósito.
— Depósito de Mi neral.
— Puente de Des carga de M ineral . Viaductos del Depósi to.
— Tramo de enlace e ntre el Depósito de Mi neral y el M uelle.
— Sala de M áquinas . Casa de M ando.
MOMENTO ACTUAL
En la actualidad esta emblemática instalación , que ha dejado su sell o de identidad de
lo que f ue uno de los motores económicos de la ciudad de Melilla, como lo f ue la
minerí a, ha de jado de ser funcional en todo s los sentidos, pues to que no se ha
realiz ado nada con la q ue darle un uso nue vo pa ra el disf rute de los ciudadanos y de
foráneos.
En alguna que otra ocasión se ha gestado una nueva funcionalidad como es el hecho
de constituirlo como la sede de un M useo de la Minerí a, puesto que así se rendiría un
sincero homenaje a todos los que de una f orma u otra pertenecieron a este ámbit o
económico y q ue tanto supuso para Mel illa. Últ imamente, se habla de una instalación
hotelera, pero sincera mente, cree mos que no sal drá adelante .
Lo que sí q ueda muy claro es la oportunidad que todaví a tenemos para darle un
presente y un futuro a esta instalaci ón que fue una de las pi one ras en toda Eur opa.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
[1] San martí n Solano, G., Las minas de la zona nort e de Marruecos , G iné s Sanmartí n,
Hijo Adoptiv o de M elilla, p. 32, M eli lla, 2010
[2] Ibidem, pag. 42
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
[3] Ibidem, pp. 43- 44
[4] Idem
[5] Sanmar tín Solano, G., Historia del Cargadero de Mineral de M elilla, Akros nº 5, pp .
33 -42, M elilla, 2006
[6] Órgano de gobierno de Melilla cuyos miembros eran una mezcla de militares y
civ iles, hasta el año 1931 que se intauró el primer Ayuntamiento de la ciudad de
M elilla.
[7] Sanmar tín Solano, G., Historia del Car gadero de Mineral de Melilla, Akros nº 5, pp.
38, Mel illa, 2006
[8] Idem
[9] Ibíde m pág. 39
BIBLIOGRAFÍA
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33 -42, M elilla, 2006
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
FÁBRICA LA TR INIDAD DE SE VILLA: EXPERIE NCIA
DESOLADORA DE LA “NO” P UEST A EN VALOR DE L
PATRIMONIO IN DUSTR IAL
Celeste Jim énez de M adariaga . Universida d de Huel va
Juan A gudo T orrico . U niv ersidad de Se villa
RESUMEN
La Fábrica de Vidrio de La T rinidad, situada en la Avenida de Miraflores de Sevill a, fue
declara BIC en el año 2001, con la tipología de Lugar de Interés Etnológico. Se t rat a
de un conjunto cons tructiv o y espacios en un a ampl ia parcel a que con forman un
des tacado complejo f abril de amplias dimensiones. Con independe ncia de sus
especiales caract erí st icas arquitec tónicas, La T rini dad destaca/destacab a por ser una
de las escasas f ábricas de vidrio soplado q ue en aq uel momento se encontraba en
activo, una producción de vidrio que podría calificarse de semindust rial , pues se
acercaba más a las técni cas y usos a rtesanos que a la indu stria en cadena.
Desde entonces , la fábrica ha sufrido un largo proceso de degradac ión, cierre y
abandono ante la m irada pasiva de l a administración pública. Esto es algo que
contrasta con un combativ o movimiento ciudad ano de carácter asoci ativ o (Plataform a
Salv emos La Trinida d) q ue ha r eiv indicad o l a protección y pu esta en valor de l a
fábrica. Pero a día de hoy, la f ábrica sigue cerra da, sin ningún uso y d eteriorándos e
progresiv amente.
En esta comunicaci ón pr etendemos mostrar el o tro lado del patri monio industrial , cómo
la iniciativa ciudadana y la voluntad inicial de protección de la administraci ón (con su
inclusi ón en el Catálogo), no son suficien tes para garantiz ar una adecuada puesta en
val or del patrimonio .
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
El t érmino “patrimonio cultural” se ha convertido hoy en día en un concepto “popular ”,
de uso coloquial aplicable a m últiples r eferentes de nuestro entorno sociocultural. E s
empleado tanto en relación con el imag inario tradicional de monumentos y g randes
obras de arte, como, cada vez con más f recuenci a, en relación a expresion es
vi nculadas a modos de vi da cotidianos o de recreaciones recurren tes: gastronomí a,
rituales, compo rtamiento s, música, etc.
Esta “democratizaci ón” , tanto de sus significados y contenidos como de s u vinculación
a todos los grupos sociales, ha tenido que ver en gr an medida co n el r econoci miento
del titulado “patrimoni o etnológico ”. Si el denominado patrimonio histó rico tiene que ve r
con la identi ficación y puesta en v alor de los testimonios del pasado, aquello que nos
habla del deven ir de las colectivi dades que nos han precedido hasta llegar a ser lo que
hoy somos, o el patri moni o artístico 1 1, aquello q ue nos habla de la capacid ad creativa
como pueblo; el patrimonio etnológico nos habla del presente y de los modos de vida
que nos carac terizan: ritual es y f estejos, gastron omí a, arq uitectura tradicion al, música
folk, alimentaci ón, conoc imientos y saberes, etc.
Al mismo tiempo, mientras q ue aq uell os otr os importantes t estimoni os nos suelen
evoca y hab lar de las relevanci as de l pasado y , general mente, de l as élites q ue
dominaron aquellas sociedad es (instituciones religiosas, nobil iarias, etc.); este o tro
patrimonio , modesto , está referido a un tiempo en presente y a los m odo s de vida y
activi dades de los sectores m ás populares de nuestr a sociedad . De hecho, buena
parte de este patrimoni o etnológico percibi do y sent ido a niv el popular como tal , no
necesariamen te ha de ser reconocido y prote gido con las me didas institucionales
habili tadas. Al ser manifestaciones culturales vivas no necesariamente corren peligro
de desaparición, o han de ser protegidas emple ando recurs os e inv ersiones públicas.
Es más, aun cuando se desee su declaración como bienes patrimonial izados, se har á
no tant o para protegerlo s como para que se reconoz ca f ormalmente su valor simbólico
como elementos destacad os de nuestro patrim onio cultural colect ivo. Es lo q ue ha
ocurrido en Andal ucí a c on el flamenco, con dete rminados r ituales (cr uce s de m ayo) o
elementos de esos ritu ales (danz as), y se demanda para otros muchos referentes :
gastronomí a ( dieta medit erránea), dehesas anda luz as, etc.
Sin embargo, tal vez ha bría que matizar este ima ginario patrimonial ista. Cuando se
prioriz an algunos de estos referentes rel acionados con nuestro s modos de v ida, oficios
o actividades, y se t ratan de prot ege r desde un a perspectiva institucion al (inventario,
catalogación ) suelen compartir algunos de los rasgos q ue caracteriz an las razones de
las propuestas y medidas de prot ección de los otros bienes: ademá s de los val ores de
representativ idad que avalen su elecci ón, suelen estar en una situación de riesgos que
amenazan su continui dad.
Ahora bien, ¿cómo se prote g en unos modos de vida?, ¿cómo se prote ge y garantiz a la
continuidad de una actividad u of icio? En principio no tiene por qué haber diferencia
respecto a cual quier otro tipo de bien: en el caso de Andalucí a, se le ca taloga (Bien de
Interés Cultural, Bien de Catalogación General) y se le inscribe en el Catálogo General
del Patrimonio Histó rico Andaluz . Pero sí hay diferencia de hecho. Al co ntrario de los
1 A m odo de r eferencia, pue de c onsultars e e l tra bajo de M. Hernánd ez Ram írez (2006), e l de J.
Sobrino Sim al (1977), o el propio doc um ento de inscripción com o Lug ar de Inter és Etnológico,
de la Fá brica de Vidrios La T rinidad. Orden del 4 d e septiem bre del 200 1, Boja 11 0, pp. 15 .962 -
15.969.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
bienes cuyo sig nificant e está constituido por un ref erente materi al (art efacto ,
inmueble), ofi cios y activ idades se susten tan en prácticas in materi ales; aunque pued a n
o no estar vinculados a otros soportes materiales necesarios o relacion ados con su
desempeño. A decir verdad, el f undamento y razón de ser de este tipo d e bienes son
las propias personas que los pract ican: sus conocimientos, saberes y modos de vida
que recrean. Y en esto s ámbitos se puede t ratar de detene r el tiempo (deterior o,
envejeci miento, transformacion es) t al y como intentamos hace r con los monumento s u
obras de art e. No se puede imponer q ue se sigan reproduciendo los mismos objetos o
prácticas, con unos proc esos, técnicas y tecnologías inmutables respecto a un pasado
que, previamente, también hemos tenido q ue acotar para establecer en qué momen to
se convi rtió en tradición/ tradici onal.
El caso de la f ábrica sevillan a de vi drio sop lado de La T rinidad constituy e un ejemplo
paradigmático de lo q ue estamos diciendo . ¿Qué motivó las medidas de protecció n
que se pusieron en mar cha? ¿Qué se pretendí a proteger y q ué queda en el presente
de ello?
La historia de la Fábrica de la T rinidad está bien documentada 1 2, y se pueden seguir
las peculiaridades y avatares de su proceso de desmantela m iento, expol io y abandono
a través de la abundantes referencias que encon t ramos en las heme rotecas de la
ciudad de Sev illa, y aún en las no menos abunda ntes páginas web promovidas por
asociacion es y part iculares q ue referencian este proceso; siempre desde el
sentimiento de impotenci a no sólo no poder revertir la situación , sino incluso detener la
destrucción de lo poco que va quedando .
El intento fal lido de tratar de preserv arla y, con ello, preservar la acti vida d desarrollada ,
constituye un buen ejemplo de la extraordinaria complejidad de protege r nuestro
patrimonio cuando no s on edificios y testimonios material es, sino activi dades y, en
cierta medida, los lu gares y “modos de vida” con los que se vi ncula, en este caso el
propio barrio del Retiro Obrero.
2 Entre los bienes i nventar iados con motivo de su i nscripción en el Catá logo General d el
Patrimonio Histór ico de A ndalucía (4/9/20 01) está n lo s m ás de tr es m il m oldes e m pleados en la
elaboración d e s us d iferentes productos; unos m oldes que, s egún s e rec oge en d icha
inscripción, son piezas cla ve para poder recons truir en su m om ento la hist oria de los viejos
m odelos de envases y v ajillas que s e el aboraron en la fábrica a lo largo de su historia. Sin
em bargo, significativam ente, c om o ha ocurr ido con buena parte de la m aquina ria c onser vada
en el m omento de la inscripción, h oy no s e sabe m uy bien do nde s e encuentran estos m oldes,
y si los cons ervados lo so n en su total idad. El hech o de q ue a un habien do s ido catalogados
algunos de ellos sigu ieran en us o para la esc ue la taller y en l a nueva em presa constitu yeron
parte de los trabaja dores e n su m omento, h a hecho que, probablem ente, no se ha ya seguido
en det alle lo ocurri do con los m ismos . Ello ex plica que el 20 05 l a Plataform a Salvem os la
Tr inidad de nunciara qu e m ás de 400 de es tos m oldes se enc ontraban abando nados y estaban
siendo saqueados en el edificio ya r uinoso de la antigua fábrica (Sevilla21For o, 18/4/2005:
http://www.se villa21.es/f oro/viewtop ic.php?f= 5&t=2995 ), o qu e ha y a poca o n ula referencia a
ellos e n los docum entos publicados por la Junt a acer ca de los cr iterios y bien es docum entales
preservados de esta fábric a
( http://www.juntade andalucia.es/cu ltura/arc hivos_htm l/sites/defau lt/contenidos/ archivos/ah psevi
lla/fondos Y colec/a hpsevilla /La_Tr inidad.pdf ) . Para m ás informac ión ver el texto de E. Martí n
Marcos (2002).
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
PATRIMONIO, ACTIVIDADES Y SABERES
A decir verdad, la Fábrica de la Trinidad tiene un origen paradójico en rela ción a lo que
pudiéramos considerar el perf il exigible para poder convertirse en patrimonio cultural ;
sobre todo si uno de los val ores q ue lo avalan es el concepto de tradició n/tradicional.
Su antigüedad es relativamente recien te co mo tie mpo/pasado histórico . Y su
funcionali dad no está precisamente relacionada con tradiciones productiv as de f uerte
raigambre andaluz as. Todo lo contrario. La f ábrica se concibe y construye a
comienz os del s. XX (19 00), en la z ona de M iraflores (el conjunto fabril se lev anta en la
aven ida que lleva este nombre), donde a lo largo del s. X IX se irán ubicando diversas
industrias; en un espaci o por entonces extra muros de la ciudad y hoy plenamente
integrado en su entrama do urbano .
Fábricas de salitre, textil es, g as y electricida d, etc. así como los corresp ondientes
bloques de viviendas de stinadas a atr aer a los trabajadores de es tas industrias ( Ba rrio
del Retiro Obrero) con formaron en las primeras décadas del s. XX un nuev o barrio que
aún hoy es rememorado en el imaginario colectivo sevi llano como uno de los espacios
urbanos “tradicional es” más caracterí sticos. Aunque ello no haya evitado, acentuada
en las últimas décadas del s. X X, su progresiv a decadencia, al compás que se f ueron
cerrando y/o derribando sus antiguas f ábricas y talleres para irse convirtiendo en un
espacios urbano más sa turado de nuevas v ivi endas.
El origen de la f ábrica y primera andadura está relacionado personajes (Luis
Rodrí guez Caso, Fernando Barón) y grandes fami lias ( M edina Benjumea) vi nculadas a
la alta burg uesí a sevillana, impulsores por ent once s de escaso tejido industrial q ue
llegó a conformarse en la ciudad. Su diseño como edificio industrial y la f inalidad de su
producción tampoco tuv o que v er con el desarrollo indust rial de antiguos o ficios
andaluces, o con la implan tación en Andal ucía d e las actividade s vidrie ras al uso en
las que las f inali dades suntuarias convi vían con otr as más utilitarias. Desde el princi pio
es concebida para abastecer la creciente de manda de envases dest inados a la
próspera activi dad vitiviní cola y licorera del conjunto de Andalucía; a lo que se une s u
no menos in teresante aporte al m undo de los r itual es andaluces con la elaboración de
tulipas, f anales o guardabrisas con las q ue se ornamentan alt ares, pasos y andas; y
llegando incluso a convert irse en proveedores de g randes compañí as de transporte
ferrovi arias y áreas 1 3 .
Sin embargo, casi desde sus inicios la Fábrica de vidrio s de la T rinidad, va a irse
singulariz ando tanto en el contexto de la zona industrial en la que se ubic a, como en el
propio imag inario de la ciudad de Sevilla y de l colectivo obrero. Dos son las razones
que lo motivan y q ue han sido reseñadas en los estudios que se han a proxi mado al
tema.
La primera es la peculiaridad de los procesos de t rabajo que se desar rollaron en la
fábrica, a caballo entre los industrial y artesanal, de ahí que haya sido calificado como
de industria semiart esan al. Afirmación q ue se f undamenta en la peculiar elaboración
que hicieron de los r ecursos técnicos y tecnológicos de los que dispusieron. El
tecnológico por la capacidad q ue tuvo la f ábrica de elaborar en talleres propios t odas
las herramientas y maquinaria que necesitaron, sin recurrir a la compra e xterna. Para
3 J. Sobrino S imal. O.c. pp. 368-3 70.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
ello dispusieron de talleres especí fic os de molderería, metalurgia o carpintería. Lo que
no implicó q ue en deter minadas f ases de este proceso de trabajo se alcanz ara un
elev ado nivel de m ecaniz ación, como ocurriera con el elaborado mecanism o
automatiz ado instalado en una de las naves para tras ladar en cadena las piez as
terminadas has ta los hornos de temple .
Si bien es el desarrollo de los procesos t écnicos donde este mundo artesanal cobraba
fuerza. Además de la habi lida d necesaria (capacida d indivi dual, maestrí a) para llevar a
buen fin cualquier trabajo con vidrio soplado, es ta condición de activ idad art esanal se
reafirmaba en los proces os de aprendi zaje dentro de la propi a fábrica hasta alcan zar el
grado de maestro, socialmente muy r econocido en el propio barrio . Y en la continuidad
en el t iempo de las tipologías de objetos producidos, q ue ter minaron por t ran sformase
de objetos industri ales en productos artesanal es: “...carácter tradicional de su
producción que produce o puede reproducir, gracias al sistema de aprendi zaje del
oficio y a la existenci a de los moldes primitiv os, las mismas t ipologí as de objetos
(cristalerí as, envase s tradicionales, fanales religiosos , etc.) con casi un siglo de
exi stencia”. (Boja, Orden 4/9/2001. I nscri pción en el Catálogo General del Patrimonio
Histórico Andal uz de la F ábrica de Vidrios La Trinidad).
El segundo aspecto a reseñar en la historia de la f ábrica ha sido su m odelo de
gestión 1 4. La plantill a de la fábrica alcanz a los 500 t rabaj adores en los años 30 del s.
XX. Por entonces las tensiones y conflictos social es que caracteriz an este periodo, en
los q ue se verán inmersos los trabajadores de la f ábrica, concluyen con la cesión de la
fábrica por parte de la f amil ia a los trabajadores por un plazo de 10 años. Surge así la
Sociedad Cooperativa ( 1934) que se afianz a en el periodo f ranquista y se m antendr á
hasta el cierre de la fábrica. En 1945, la Unión Nacional de Cooperativas Industrial es
compra la propiedad de la f ábrica y se la rev ende un año de spués a la antigua
cooperativ a denominada ahora Cooperativ a obr era “ La Trinidad”, que será quien la
gestione has ta su cier re en 1999.
Lo sorprenden te de este proceso no es solo que se mantuviera y afianz ara en un
periodo tan crítico como f ue la dictadura franquista, sino la r epe rcusión simbólica que
tuvo en la propia barriad a. En cierta ma nera Fáb rica de vidrio de la Trinidad, Aveni da
de Miraflores e incluso bloques de vi viendas del Retiro Obrero, constituy en una misma
unidad en e l imag inario de la barriada; asociados a un modo de vida en el que tr abajo ,
vi da cotidiana y comportamientos colectiv os se entre mezcl an.
La producción y rentabilidad de la f ábrica se mantendrí a estable has ta los años
ochenta del siglo pasa do. Pero a partir de entonces , y aunq ue el número de
trabajadores se irá reducien do hasta poco más de un centenar, su r entabi lidad irá
decay endo al tiempo q ue au mentan el end eudamiento de la Co operativ a. La
progresiv a automatización y compet encia de g randes fábricas en el sector de la
producción del vidrio, la generalizaci ón de nu evos productos como el duralex, así
4 Se m antiene la m ism a peculiarid ad qu e e n la le y española de 1 985, d e ser unos b ienes
enunciados c om o “etnográf icos” (encabezam iento de l os títulos) pero aplicado s com o valores
“etnológicos”. En la ac tuali zación d e la le y anda luza en el 2007 s e a únan am bos c onceptos, y
únicamente s e em plea el t érm ino de etnológico. De es te m odo, a nivel teór ico - c onceptual los
bienes seleccionados dej arían de te ner valor en sí m ismos por s us peculiaridades f orma les
(etnográficos), para ser valorados por s u si gnificación contextua l (etn ológicos), en relación a los
territorios y colectividades que los crean y dotan de s entido.
NUEVAS ESTRA TEGIAS EN LA G E STIÓN DEL PA TRIMONIO INDUS TRIAL
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
como de nuevos materiales menos costosos para la elaboración de e nvases;
acrecientan su pérdida de mercado. Aun que la f ábrica trató de centrarse en la f ase
final en la elaboración s olo de vidrio de calidad, acorde con el prestigio al canzad o por
sus cristalerí as, sobre todo la afamada cristale rí a azul (copas, botell as, j arras) .
Finalmente, las deudas acumuladas ocasionan su cierre de finitivo en 1999, cuando
quedaban 68 trabajador es.
DECLARACIÓN COMO LUGAR DE INTERÉS ETNOLÓ GICO
Se inicia entonces un proceso, en cierta m anera angustioso, para tratar de reactivarla .
Tal y como hemos indicad o, la Fábrica de V idrio de la Tr inidad, por todas las
peculiarid ades que habían envuelto su historia y modo de hacer, era un símbolo
incuestionabl e de la memoria vi va de la ciudad de Sevi lla. Su puesta en valor como
patrimonio cultura no ser í a sino el reconocimien to de es te hecho.
Pero, ¿cómo cataloga r un testimonio cultural en el que convergen valores tan
dispares, aunque compl ementarios , como es su historia social, peculiarid ades
arquitectónicas de los edificios que la componen, bienes muebles q ue alber ga
(mobiliario , maquinaria, herramientas , moldes), documento s que reco gen su historia, y ,
sobre todo (al menos en teoría) el saber hacer y conocimientos acumulados de un
oficio transmitido durante varia s g eneraciones por los artesanos que le han dado vida?
A lo q ue unir el impac to q ue su desaparición tendrí a sobre los modos de vida q ue han
configurado y dotado de personalidad a la propia barriada del Retiro Obrero en la q ue
se ubica.
La figura de protección que se utiliz ará para su inscripción y puesta en valor va a ser l a
de Lugar de Interés E tnológico.
La ley 16/ 1985 del Patrimoni o Histórico Español, dero gaba la vi eja ley republi cana de
1933 sobre def ensa, conservaci ón y acrecentamiento del patrimonio histórico -artístico
nacional , curiosamente mantenida por inapli cad a y en g ran medida olvidada durante el
periodo f ranquista . En la nueva le y estat al, entre otras novedades, se incorpora como
nuev o valor patrimonial el “etnográfico”, aplicabl e tanto a bienes muebles e inmuebles
como a conoci mientos y activi dades que “...son o han sido expresión r el evan te de la
cultura tradici onal del pueblo español en sus aspectos materiales, sociales o
espirituales”. (art.46)
Un nuevo criterio de valoración que por di ferentes razones supone una notable
innov ación respecto a los criterios tenidos hasta entonces a la hora de sel eccionar que
bienes deben confor mar nuestro patrimoni o cul tural. El patrimonio etno gráfico incluy e
a partir de ahora,1) l os conocimientos y actividades (aquello que actualmente
constituyen en gran medida el hoy denominado patrimonio inmaterial ), q ue pasan a
formar parte de unos bienes antes circunscritos a referentes o testimoni os materiales ;
siempre y cuando 2) estos bienes m aterial es o intangibles sean o hayan sido
expresi ones r elev ante s (“son o han sido e xpresiones r elev antes”), con lo que el
patrimonio ya no solo se construy e en tiempo pasado, sino también en presente ,
incluy endo manifestacio nes culturales v ivas, en uso; y para ello 3) tienen q ue ser
“expresión relev ante de la cultura tradicional”, con lo que la t radición, con todas las
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
complejidades y contradicci ones q ue conllev a la aplicación de este concepto, s e
convi erte igualmente en fundamento de dete rminados bienes culturales; y no solo los
val ores histórico-artí sticos como has ta entonces .
Sin embargo en esta normativ a legislativ a no se cr ea ninguna f igura de protección
especí fica, y la valoración etnológica, además de a los conocimientos y actividades,
sólo se relaciona potencialmente con los elementos (lugares, paraje s naturales) q ue
conforman los “sitios hi stóricos”, si tuvi eran vincu lación con “tradici ones po pulares”
La ley 1/19991 del Patrimonio Histórico de And alucía m antiene una definici ón similar
en cuanto a los conteni dos de este patrimoni o etnográfico 1 5 : “Forman parte de l
Patrimonio Etnográ fico Andaluz los lugares, bienes y actividades q ue alberguen o
constituyan f ormas relevantes de expresi ón de la cultura y modos de vida propios del
pueblo andal uz” (Título VII, art. 61). Se amplí a su aplicación no solo a las actividade s y
bienes materiales en sí , sino también los “l ugares” o ento rnos t er ritoriales y/o
arquitectónicos creados o relacionados con dichos bienes. Una apreciación que
pudiera habe r estado incluida en la acepción de los bienes inmuebl es, pero q ue
pretende ir más allá de l o m eramen te arquitec tóni co.
En esa formulaci ón no se hace re ferencia a la condición del tiempo cultural que
evoca n o en el que se desarrollan las expresiones culturales valoradas como
etnológicas , pero se intuy e que han de ser manifestaciones vivas, reflejos de uno s
“modos de vida”. Y tampoco se hacer referenci a al soporte concept ual de estos
bienes; no tienen por qué ser tradicional es o populares, únicamente deber ser
expresi ones relevantes d e la “cultura y modos de vi da propios del pueblo andal uz”; ser
expresi ón “de la identidad andal uza” (art. 63). Aunque veremo s que la condici ón de ser
tradicionales si nos aparecerá al de finir los Lugares de inte r és etno gráfico.
También hay coincidenci a entre a mbas leyes en priorizar las medidas de protección
(identi ficación, docume ntación, es tudio) cuando estos bienes, conocimientos o
activi dades estén en pel igro de desaparición.
La valoración etnológica, respecto a los bienes inmuebles, puede formar parte de la
declaración como m onu mento 1 6; pero sobre t odo es determinante en los Lugares 1 7 de
5 La ley 14/2007 del Patrim onio Histórico de Andalu cía am pliará la posible a plicación de los
valores etnológicos a los bienes dec larados com o m onumentos, c onjuntos históric os y sitios
históricos. Por lo dem ás en esta nu eva le y se m antienen los m ismos criter ios en l os conten idos
y razones de ser del pa trim onio etno lógico; si bien reforzando en sus f orm ulaciones la
importancia y significaci ón de las actividades de in terés etnol ógico, y s u vinculación con los
territorios y espacios en las que se desarr ollan.
6 El concepto de “lugar” , bastante im preciso, es tomado de la Convención para la Prot ección
del Patr im onio Cu ltural y Nat ural (U nesco, Parí s, 1972). D icho c oncept o, aunqu e no
exclusivam ente (tam bién se asocia con entornos natu rales y, oc asionalm ente, co n ya c im ientos
arqueológicos) se suele vincular a valores etnológicos/antro pológicos, res eñando su
significación com o s itio de interacció n entre seres hum anos y naturale za. Los lugares vendrían
a ser una fr acción del territorio (pa isajes cultura les) vinculado s a acti vidades o m odos de vida
específicos. S in que se s ep a m uy bien por qué, y com o se pon e de m anifiesto en las diferent es
leyes a utonóm icas s obre patrim onio histórico/c ultural prom ulgadas en España, l a
fragm entación patrimonialis ta de es tos territorio s h a d ado lugar a unas peculiare s asociacio nes
semánticas: los espacios urbanos s on “ conjuntos” históricos, los vin culados con
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
interés etnológico: “.... aquellos para jes naturales, construcci ones o instalacion es
vi nculados a f ormas de vida, cultura y actividades tradicional es del pu eblo andaluz,
que merez can ser prese rv ados por su v alor etnol ógic o”. (ar t. 27.6)
De esta manera se genera una figura espe cí f ica de protección ( tipologí a jurí dica) por la
que un determinado lugar/ter ritorio adquiere valor precisamente por la actividad
(tradicion al) desarrollada en el mismo y q ue dé como resultado o refle j e una
determinada forma de vida.
Su apl icación v a a suponer un nuev o reto para l a admini stración (Con sejería de
Cultura) enca rgada de identi ficar, documenta r prote ger y val orar en patrim onio cultural
andaluz . Hasta la f echa en la que se produce la incoac ión del expe diente de la Fábrica
de Vidrio de la T rinidad (2001) y aunque la ley lleva en vig encia diez años , sólo se
habí a inscrito en el Catálogo General del Patrimoni o Histórico Andaluz (C.G.P.H.A) u n
Lugar de interés etnoló gico: el corral de la Encarna ción (1995), una casa de veci nos
sevi llana.
Si en este primer caso se aunaba entorno arquitectónico y modos de vida; ahora, con
la Fábrica de Vidrio de la T rinidad, se vi nculaba otr a tipologí a de espacio construido
(fábrica), con una determinada actividad; reflejando así tanto la d iv ersidad de
manifestaci ones en las que se expresan los valores etnológicos en nuestr o patrimonio,
como la potenci alidad de uso de la tipologí a jurídica de Lu gar de inte rés et nológico.
Sin embargo, el propio documento con el q ue se inscribe la Fábrica de Vidrio de la
Trinidad en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con el m áximo
rango de régimen de p rotección, co mo Bi en d e Interés C ultural (B .I.C), r efleja la
complejidad y contradicc iones del proceso se guido y los resultados del mismo.
El expediente f ue incoado en 1999 ( 13 de septiembre); fecha en la que la f ábrica
acababa o es taba cerr ando, y sus bienes inmuebles pasaban a manos de sus
acreedores.
La inscripción def initiv a se produce por O rden del 4 de septiembr e del 2001 (BOJA, nº.
10, 22/09/2001 ). El tex to resu men del expedi ente gene rado para s u incoa ción en 1999,
por lo q ue no deja de ser contradictoria su redacci ón, sobre todo en el uso de los
tiempos verbales en pasado/presente según para q ue valores de es te bien. As í ,
mientras q ue en los hechos justificativ os de la declaración se nos dice que se t rata de
“...una de las escasa s fábricas de vidrio soplado q ue, en la actualidad, se encuentran
en activ o,...” y del “. ..carácter tr adicion al de s u producción que produce o pu ede
reproducir, g racias al sistema de aprendiz aje del oficio y a la e xistenci a d e los moldes
primitivos, las mis mas tipol ogías de objetos (cristal erí as, envases tradicional es, fanales
religiosos, etc.) con casi un siglo de existencia”, en la re alidad, en el 2001, ya estaba
cerrada.
acontecim ientos históricos serán “sitios”, los arqueoló gicos “ zonas” y los etn ológicos “lugares”,
(J. Agudo T orrico, 2013).
7 M . Hernández . O.c. p. 90.
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
Y, según parece, si en la Fábrica de Vidrio de L a T rinidad en p rincipio se valoraba su
condición de semiartesanal, ahora sería la otra cara de la moneda, el haber sido al
menos semiind ustrial. La razón de esta propuesta de cambio está siendo auspici ada ,
al menos, desde la Aso ciación Histórica Retiro O brero, y tiene q u e ver con la f uerza
con la que actualmen te se está promov iendo l a puesta como val or especí f ico de lo que
supone o supusieron los conocimientos y prácticas relaciona das con la
industriali zaci ón como sinó nimo de pro greso y modernidad. E stas fábricas no
reflejarí an sino la modernidad de la Sevill a de entonces frente al tradicional ismo
conservador.
La razón puede que no sea otra q ue los cont eni dos ideológicos que suby acen, más o
menos explí c itos, en t odo discurso patrimonial iz ador. Ahora es el t ie mpo en el que ,
además de reconocer el valor de lo que queda de nuestra cultu ra tradicional , también
se quiere reconocer lo que hubo de desarrollo industrial endógeno en Andalucí a, de
modernidad y cambio social; y, a partir del rec onocimien to de las huel las dejadas,
indagar sobre las razon es de su fr acaso. Sólo que al contrario de lo que ocurre con el
patrimonio etnológico , don de el pasado que se recrea tiene q ue seguir viv o en el
presente (tradición), la propuesta de reconocimie nto y puesta en valor del denominado
patrimonio industrial, a l menos en And alucía, está g eneralmen te vinculada a
testimonios del pasado, a restos fragmentados de lo q ue fueron aquellas in dustrias, de
su memoria olvi dada.
Tal vez por ell o se q uiere revi sar la figura d e protección aplicada, que dej e de ser
Lugar de interés etnoló gico, para convertirse en Lugar de interés industri al. Porque ya
lo que nos q ueda de la fábrica es su carcasa vací a, y comienza a ser parte del olvido
lo q ue fuera su vi nculación con unos modos de vida y trabajo, oficios y s aberes, que
también in fluyeron en l a v ida del barrio y de la ciuda d de Sevi lla.
Sea como f uere, no creemos q ue el cambio en esta denominación, o la priorización de
unos valores sobre otros, repercuta en nada ni en el f uturo de lo q ue queda de la
fábrica, ni en el modo co mo hoy se recrea su me moria en el ima ginario col ectivo.
BIBLIOGRAFÍA
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Ramí rez y E. García Vargas ( coo rds.) Compartie ndo el patr imonio . Paisajes culturales
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I CONGRESO INTERNAC IONAL DE
PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
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390, 1997.
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PATRIMONIO CU LTURAL Y NAT URAL E N LA RESERVA DE
LA BIOSFERA M ARISMAS DEL ODIEL”: IDENT IFICACIÓN Y
CARACTERIZAC IÓN DE LO S PAISAJES DE LA PRO DUCCIÓN
A nton io L. Andivia-M archante , Doctorand o de la Un iversid ad de Huelva ,
antonio.andi [email protected] u.es
Julián Sobrino Simal , Profesor T itular de la Escue la Técnica Superior de Arquitectura de la
Universidad de Sevilla , correo electrón ico , arqu [email protected]
Enrique Larive Ló pez , Prof esor As ociado de la Escuela T écnica Superior d e Arq uitectura de l a
Universidad de Sevilla , correo electrón ico, elarive@ us.es
Juan M anuel Campos Ca rrasco , Profesor T itular de la Univers idad de Hue lva,
[email protected]
RESUMEN
La presente comunicación expone u na p arte de los re sultados del proyecto “El Patrimonio Cultural y
Natural en l a Reserva de la Bios fera Marismas del Odiel (Huelva) y su interacción con el territorio y la
sociedad” (CEI Patrimonio) , dirigido por Juan M. Campos, Catedrá tico de Arqueología de la UHU. En éste
ha participado un amplio equipo interdisciplinar de 32 investigadores pertenecientes a diversas áreas de
conocimiento (Prehistoria, Arqueología, Antropología, Hª Medieval, M oderna y Contemporánea, Hª del
Arte, Arquitectura, Geología, etc.) e integrados en nueve grupos de investigación de cuatro universidades
andaluzas (UHU, USE, UCO y UPO), así c omo de otras instituciones y organismos (IAPH, Con sejerías de
Cultura y Medio Ambien te, etc.). El principal objetivo ha sid o documentar los numerosos procesos
históricos que han tenido lugar en este territorio e identificar e l pa trimonio generado po r éstos a través de
los si glos así c omo evaluar su estado d e conservación. Aq uí nos centraremos concretamente en el
patrimonio originado por las múltiples actividades productiv as que aquí han tenido l ugar (al madraba,
salinas, prod ucción de gas, pesca d e ballenas, construcción naval, almacenaje de explosivos , embarqu e
de mineral, obra pública, etc.) y en el reto que supone establecer l as estrategias apro piadas para s u
puesta en valor en conjunción con los valores ecológicos de un paraje natural protegido.
ABSTRACT
This paper show a part of the re sults of the pro ject “El Patri monio Cultural y Natural en la Reserva de la
Biosfera M arismas de l Odiel (Huelva) y su interacción con el territorio y la sociedad” (CEI Patrimo nio) ,
directed by J uan M. Cam pos, Professor of Arc haeology at the UHU. In this has in volved a b road
interdisciplinary team of 32 rese archers from different areas o f knowledge (Prehistory, Archaeo logy,
Anthropology, Medieval His tor y, Modern and Contempo rary History of Art, Arc hitecture, Geology, etc.) and
integrated in nine research groups four Andalusian uni versities (UHU , USE, UCO and UPO), as well as
other institutions and ag encies (IAPH, Cons ejerías d e Cultura y Medio Ambiente, etc.).The mai n objective
has been to document the many historical processes that ha ve tak en p lace in th is area a nd identify the
heritage generated through the centuries and to assess their conservation status. Here we will focus
specifically on the heritage originated by the many productive activities that have taken place here (trap,
salt, gas production, whaling, s hipbuilding, e x plosi ves s torage , shipment of ore, public works, etc.) and th e
challenge of establishing strat egies appropriate to i ts value in conjuncti on with the ecological values of a
protected natural site.
Palabras c lave: Marismas del Odie l – Huelva – patrimonio indus trial – arqueología – paisaj e – producción
– energía – pesca – minería – obra pública – Tharsis
Keyw ords: Odiel – Huelva – indus trial heritage – arc haeology – lands cape – production – en ergy – fishing
– mining – public works – Tharsis – estuary
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INTRODUCCIÓN
Las Marismas del Odiel como f luido-materia, como una comarca en la q ue se
entremez clan la ficción, el mito, y la realidad, su historia. T odo ello en un ambiente
movedi zo e indefinido, menguante y cr eciente a un tiempo. Un lugar de mudanzas po r
influjo de las m areas, en sus límites y su super ficie real. Un lugar habi tado por las
distintas ocupaciones históricas. Un lug ar altera do por la manipulación a que ha sido
sometido: rel lenado con los cabezos descabezados, conteni do por di ques para su
defensa, surcado por caño s encauzados, desec ado y deforestado por la agricultura y
la ganade ría y amenazado por los depósitos d e residuos u rbanos e industriales. Y
actualmen te un lugar natural prote gido como Paraje Natural 1 con una extensión de
7.185 hectáreas , que tiene sus l ímites comprendidos entre los municipi os de
Aljaraque, Gibraleón, Huel va y Punta Umbría. Un terr i torio f ronteriz o entre el mito y la
historia, como lu gar inventado y como espacio construido y que, en este artí culo,
trataremos de ex plicarlo desde un enfoque m etodoló gico que se concreta en la
caracteriz ación del Paisaje Histó rico de la Produc ción en las Marismas del Odiel.
Para ello tendremos en cuenta el reciente p roy ecto “ Los paisa j es hist óricos de la
producción en Sevilla”, fruto de un trabajo de inv estig ación desarrollado en el marco
general del Proyecto “ Paisaje Histórico Urbano en las Ciudades Patrimonio Mundial.
Indicadores para su conservación y gestión. Formulaci ón de un Plan de G estión del
Paisaj e Histórico Urbano de la ciudad de Sevilla ” coordinado desde el I nstituto de
Andaluz de Patrimonio Hi stórico (IAPH) y realiz ado entre 2009 y 2011 y q ue ha dado
como resultado la edición digital, en marzo de 2015, de la Guía del Paisaje Histórico
Urbano de Sevil la .
Desde la operativi dad de nuestra investigac ión en el m arco del Proyecto de
inv estigación “Patrimoni o en as Marismas del O diel” la definición de los paisajes
históricos de la producción la podemos establecer, partien do del proyecto citado [1] ,
del siguiente modo: los paisajes históricos de la producc ión son una construcción
diacrónica y estrati gráfica q ue se ha confor mado a partir de l as activ idade s
económicas q ue las sociedades han desarroll ado en un territorio concreto. Son de
carácter evol utiv o y en ellos se pueden identificar y caracteriz ar los ra sg os básicos con
los que las actividades productivas los han m ode lado mediante los procedimi entos
expe rtos, las actitude s ante la naturalez a y las relaciones socioeconómicas, co mo
herramientas técnicas, simbólicas y sociales nec esarias para llevar a cabo l as tareas
organiz ativ as de la producción dirigidas al sosteni miento mate rial de la p oblación en un
determinado territorio y durante un prolongado proceso histórico. Éste puede estar
marcado por continuidad es, yuxtaposi ciones y rupturas, q ue convierten al m edio físico,
en nuestro caso el de las m arismas del Odiel, en un escenario privilegiado para la
observaci ón y el análisis crí tico de l as transf ormaci ones, los usos y los impacto s
territoriales, so ciales y medioambien tales, que las sociedades, en sus difer entes
modos de produ cción, han reali zado en este territorio.
1 Planteamiento que inspiró el desarrollo de la Tesis Doctoral Arquitectura industrial en Sevilla 1830-1940
(Universidad de Sevilla, 1 998), d onde J ulián Sobrino define la arquitectura industrial de esta ciudad en el
contexto del espacio de la economía sevillana con cebido como un espacio regional.
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
En el territorio que defini mos como Paisaje Histór ico de la Producción de las Marismas
del Odiel ( PHPM O) se han registrado, desde la arqueología, la antropologí a, la
biologí a, la ecología, la his toria…, numerosos testimonios materiales, inmaterial es o
documentales , asociado s a los distintos subsistemas morfológicos q ue lo integran. Sin
embargo, con este est udio, pretendemos des de la perspectiv a aludida (PHPM O)
analizar de una manera integr al y tr ansversal cómo su extraordinaria div ersidad se
puede comprender a partir del proceso dialéctico ori ginado por la desaparición y
sustitución de los modos de producción q ue en e ste territorio tuvieron su local ización ,
sus procedimientos técnicos y est ructuras socioeconómica s y simbólicas, su s
limitacion es, impactos y ambiciones, y por tanto, como huellas que han construido el
paisaje actual.
Además, también nos marcamos el objetivo de apuntar un enfoque estrat égico para la
gestión sostenible de es te espacio natural hu mani zado, donde estos escenario s de la
producción, f osili zados o viv os, constituyen en su conjunto geográfico amplio, la
región, y en su actual deli mitación administrativ a de protección, el Paraje Natural, un
extraordinari o paisaje cultural interrelacionad o con el m edio g eográfi co y biológico. De
este tipo de paisajes se puede aprehender su sabidu ría adaptativa, su resili encia, y
también g ene rar una ge stión e quilibrada q ue nos permita su uso y disfrute median te
políti cas integrales q ue posibiliten, a part ir de la identificación, caracteriz ación ,
selección y protección de los procesos más r elev antes, su mantenimie nto armónico
desde estrategias preventiv as y activas de gestión territori al, econó mic a, cultu ral y
social de cará cter avan zado.
El paisaje es un recurso muy f rágil, depende de la mirada y se asienta e n el territorio,
pero su preserv ación sigue, a dí a de hoy , constituy endo uno de los r etos más
importantes q ue tenemo s planteados en los albores del siglo XX I y que sólo se puede
resolv er desde una necesaria vi sión multidisci plinar que apo rte un diagnóstico plural
de su génesis, de su estado actual y de su potencialidad e volutiva. Tal como indica el
expe rto Joan Nogué «el paisaje puede interpretarse como un producto social, como el
resultado de un a trans formación colectiv a de la naturalez a y como la proyecci ón
cultural de una sociedad en un espacio determinado» ; en este sentido, el paisaje «no
sólo nos muestra cómo es el m undo , sino que es también una cons trucción, un a
composición, una forma de verlo» [2] .
La escala espacial con la que trabajaremo s en este estudio (PHPM O) es multifocal
para permitirnos dispone r de datos multiescalares que nos han de f acilitar la
expe rimentación en un marco territorial más amplio q ue el de la propia M arisma del
Odiel como unidad biogeográfica. Ya que en el artefacto -territorio , parafraseando a
Lewis M umf ord, hallamos la cristalizaci ón de los diversos estr atos cultural es existentes
en el universo de estudio, pudiendo ser definid o m ediante el término geográfico de
hinterland , vo cablo q ue procede de un g ermani smo q ue si gnifica literal mente “ tierra
posterior a un puerto o una ciudad ”, y que sien do ésta una expresión g eolingüí stica
pensamos que se adapt a con exactitud semántica a la idea del territorio-región 2 de la
Tierra Llana Onubense. E llo nos permitirá identificar los cambios que han af ectado a la
M arisma del O diel, com o sucede en otros hinterl ands históricos, por su proximidad a
una ciudad-nuclear don de, durante importantes periodos de su historia , se constituyó
el núcleo operati vo desd e el q ue se articularon y hacia el que conv ergieron inici ativas
2 El artículo escri to por Pedro Feria Vázquez en est e trabajo y t itula do “El c ampo de prisionero s de Isla Saltés (1939):
una tragedia olv idada”, de sarrolla una crónica detallada de e stos ac ontecimiento s.
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
de todo orden, q ue se expresan en la creación de un espacio de centralidad regional.
Este espaci o, observabl e desde nuestro presente, es el resultado de ese proceso
contemporáneo q ue se orig inó administrativ amente a part ir de la funcionali dad de
Huelv a como capital polí tica provinci al desde 1833 y como centro econó mico de
relev ancia desde el último tercio del siglo X IX con la mundializaci ón propic iada por las
compañí as mineras extra njeras. Convirtiéndo se en un terr itorio social y e conómico [3]
en el que existe actualmente una compleja estratigrafí a patrimonial , de gran r iqueza y
div ersidad, referida a los div ersos procesos q ue pretendemos identi ficar en la Marisma
del Odiel co mo los paisa jes histó ricos de la produ cción.
Definiremos como Regi ón aquella parte del t erritorio, y a sea homogén ea o diversa
geográ f ica mente, que e stando constituida por u na extensión variable d e tierra firme,
puede ser entendida en su conjunto por una seri e de continuidades y discontinuidades
estructurada s en una misma m acla , como f ract al espacio-t emporal, a lo largo de su
exi stencia histórica. Las reg iones no t ienen por qué ser grandes ni pequeñas, sólo
necesitan ser, existir. Poseer la credibilida d proporcionada por un pasado remoto, de
ley enda, donde, en nuestro caso , Hércules y Gerión tuv ieron su asien to en el Jardí n de
Las Hespérides, y han de pert enece r a un t iempo q ue debe aparecer documentado en
textos primigenios y fundacionales, como para nuestr o caso, en la Historia de
Heródoto, del siglo V a. C., o t ambién ser nombrada por héroes y navegantes
clásicos como las citas q ue se recogen en el poema O ra Maritima del escritor romano
Rufo Festo Avi eno, escrita en el siglo I V d. C. basándo se en textos del siglo VI a. C., y
en el Periplo de Artemidoro de Éfeso de mediados del s. II a.C., que describe las
costas del litoral de Huelva y del Algarve [4] . A ello, sólo basta añadir ocasional es
hallaz gos arqueoló gicos prem onito rios de un gran tesoro o de una ciud ad sumergida
para disponer de un ter ritorio-mito y el ho riz onte del m ar A tlántico.
En la literatura encont ramos lugares-mito enigmáticos , hostiles pero plenos de
significado social, como el condado de Yoknapatawpha de las novel as de W illi am
Faulkner, la Comala de Juan Rulfo o la Región de Juan Benet. También, en nuestro
caso, encontramos una denominación literaria de tremendo valor evocador: Estuari a ,
la ciudad entre dos r í os, designada así por Concha Espina en su novela El m etal de
los muertos (1920) [5] .
Para definir el concepto de Región , como escala ampl ia, en relación con el ecosistema
particular en el que se enclava la Marisma del Odiel part iremos de la investigación
desarrollada desde la Universidad de Huelv a denominada “Proyecto Tierra Llana”,
realiz ada desde 1990 a 1994, y que contempló el estudio diacrónico de esta unida d
geográ f ica a partir de la prospección superficia l y la caracterización territo rial de la
unidad biogeográfica de la llanura litoral onubense definida como “T ierra Llana de
Huelv a” [6] .
La T ierra Llana es un t er ritorio de una escasa altitud medi a q ue no llega a superar los
200 metros sobre el nivel del m ar en su conexi ón norte con el Andéval o. La podemos
caracteriz ar como una unidad mixta de campiña y litoral. Se compone de t erreno s
cuaternarios, que han sufrido un intenso model ado f luvial y litoral por su fuerte
expo sición a la influenci a atlántica y como resultado de la confluencia de las cuencas
de los ríos Tinto, Odiel y Piedras. Gracias a sus ensenadas y a sus puertos f luvial es y
marítimos ha dispuesto desde la antig üeda d de una sing ular importanci a estraté gica y
no sólo por su posición sino t ambi én por los importante s r ecursos agrícolas y
pesqueros ex istentes en su entorno .
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PATRIMONIO INDUST RIAL Y DE LA O BRA PÚ BLICA
La sección histórica de este territo rio es el concepto como podemos defini r al
transecto, que es el resultado visual de un a combinación de las condiciones
ecológicas en relación c on el medio modificado por las a ctiv idades human as.
En el espacio natural de las Marism as del Odiel pode m os inv estigar las relacion es de cam bio
socio-geográf ico entre l o rural y lo urbano, entre lo natur al y lo artificial, en el marc o de
aceleración de es tos proc es os, des de la const ituc ión de las soc iedades r ecolect oras antiguas
hasta llegar a los m odelos de exp lotación capita listas (Kayser 197 2). La c onf iguració n de un
espacio rural contro lado in situ por sus pob ladores ocasionales o perm anentes o desde
asentam ientos perif éricos a la Región, q ue de ella extraen sus recurs os, f acilita co nocer e l
proceso d e las relaciones de interdependenci a, tenie ndo en cuenta la sec uenci a organiza da en
torno a las d im ensiones de territor io, región y lugar: “ No se trata de la re gión enten dida com o
un objeto geográfico clasi ficable en un esquema ta xonómico cualqui era, sino de la región
concebida como un proceso histórico de formaci ó n, reproducció n y trans formaci ón d e
estructuras espaciales ” [7] y que en el ecos istem a tierr a-m ar de la desem bocadura de l os r íos
Tinto y Odiel p odem os observar la articulac ión hist órica de estos dos dom inios e n relac ión con
los cabezos, la m arism a y las rías.
Sobre es te esp acio natural d isponem os y a de nu m erosa docu m entación a cerc a de s us
asentam ientos y usos, recurs os que nos perm iten establecer la hipótes is de este trabajo
basada en cóm o a partir de la explotac ión d iscont inua de es te territorio se p ued en ident ificar y
caracteri zar los procesos históricos de la producció n allí representados com o paisajes de la
producción en sus dim ensiones de c riptosistem a, todos aquel los f actores no observables
directam ente, y de fenosist em a, en sus variables p ercibidas .
Los sistem as que nos per m iten caracteri zar los Pais ajes His tóricos de la Producción d e la
Tierra Llana de Hue lva res ponden a tr es m odelos tipo lógicos: 1. Estructurales; 2. Articuladores ;
3. Funcionales.
Tipologías que no deben ser entendidas en una sola dirección: desde la ciudad
funcional al territo rio estructurante pasando por el nodo articulador, sino que constituye
una vía de dos direcciones en la que la c iudad y la r egión forman parte de un m ismo
ecosistema de ap ropiaci ón t erritorial.
INVENTARIO DEL PATRIMONIO INDUS TRIAL EN LAS MARISMAS DEL ODIEL
M uelle d e la Compañía de Tharsis (1871/1923) (Figura 1)
La consti tución de la compañía escocesa Th e Tharsis Sulphur & Cop per Company Ltd . en 1866
representa uno de los hechos más destacados en el pro ceso d e reacti vación contemporánea de las minas
de Huelva. Dada la enorme im portancia que habría de tener el transporte en un negocio concebido para la
exportación de lo s productos mi neros, enseguida la compañía c onsideró prioritaria la construcción de un
ferrocarril que conectara l as minas de Tharsis con una moderna in fraestructura de embarque de mineral
en el puerto de Huelva. Para ello, los ingenieros W il liam Moore y Ja mes Pring diseñan una estructura
metálica que responde a las carac terísticas d e los embarcad eros que se estaban construyendo en Reino
Unido desde 1847: avanzado a modo de espigón, de estructura abierta a base de pilotes de fundición
calzados c on ros cas “M itchel l” y vigas longitud inales d e hier ro forjado y dotado d e cuatro g rúas a vapor .
La puesta en servicio del muelle en 1 871 permitió desechar los primitivos métodos de emb arque
anteriores y multiplicar las cifras de ex portación de la empresa. Aunque ya en 1915 se decide su
ampliación con un nuevo ramal de embarcadero adosado al viaducto, no pudie ro n acopiarse los
materiales hasta 1919 debido al conflicto bélico europeo, finalizando la obra en j unio de 1 922 para ser
recibida ya el 27 de enero de 1923 . El diseño y su construcción c orrieron a cargo de la escocesa W illiam
Arrol & Company Ltd. , una de las más importantes empresas de i ngeniería civ il de la época. El
embarcadero pri mitivo cayó en desu so en 1966 y fue de molido p or la compañía en 19 80 con la
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aquiescencia de las a utoridades compe tentes. Por su parte, e l embarcadero de la ampliación finalizó su
ciclo de actividad en 1991, quedando desde entonces abandonado y sujeto de robos, vandalismo,
incendios, etc. E n 1993 comenzó el desguace de la estructura, que arrasó con las grú as eléctricas de la
Arrol & Company ; afortunadamente fue paralizado ante la pres ión ciudadana y la Jun ta de Anda lucía
incoó su insc ripción e n el Catálogo General del Patrimonio Histórico An daluz, l o que se materializó ya en
octubre de 1997. Este m uelle oc upa un lugar de pri vilegio en la historia de l a ingeniería c ivil es pañola, y a
que s e trata del segundo muelle metálico calzado con roscas “Mitchell” tras el del puerto de L a Coruña
(1869), ya desaparecido, y el prime ro de los numerosos cargaderos de mi neral que se levantaron e n el
litoral español desde el último cuarto del siglo XIX.
Figura 1. A) M uelle de Tharsis an tes de la de molición del pri mer ra mal en 1980. F.O.A.T. Fo tografía Aérea y Terrestre
S.L .; B) Estación de l Puntal de la C ruz. Colección particular .
- El Punta l de la Cruz de la Cruz (c. 1866-1995) (Figura 1 ):
Flanqueado por la ría de Aljaraque y el estero de San Andrés, el Puntal de la Cruz
es una lengua de tie rra situada en la margen derecha del río O diel, frente al puerto de
Huelv a. Fue e l t ercer y definitivo enclave e xplotado por la Compañía de Tharsis como
centro de embarque de mineral; los primeros f ueron los pequeños embarcaderos de
madera de El Charco (c.1861) y El Fraile (c.1864), aguas arriba del estuario. La
construcción del Muelle de Tharsis, aprovechando el f inal de este saliente para apoyar
los pilotes del arranque del viaducto, g eneró una serie de infraestruc turas asociadas a
su f unci onamiento y conectadas por el f erro carril con los depósitos de m inerales de
Corrales. La pri mera fue el Muell e de la Agonía (c. 1866), donde se desem barcaron lo s
materiales import ados para l a construcción del Mue lle de T harsis. Hacia 1884 se
lev antó la última de las estaciones de la lí nea, “La Punta”, a la que m ás tarde se le
adosarí a la vivi enda del g uarda y un huerto. Aquí llegaban no sólo los tra bajadores de
la empresa sino toda cla se de viajeros proceden tes de los pueblos q ue atravesaba el
ferrocarril . El lug ar se conv irtió en nodo de comunicaciones, ya que la construcci ón de
un pequeño embarcadero de madera permitió la conexi ón directa con la ciudad de
Huelv a, única en esta parte de la ría hast a la construc ción del Puente-Sifón en 1969 .
Formaban t ambién parte del conjunto un laboratorio auxi liar, en el q ue se hací a un
análisi s preliminar de las muestras de mineral que después se enviaban al laboratorio
principal de Tharsis, y una cantina para refrigerio de operarios, viajeros y, en
ocasiones, tr ipulaci ón de los mercantes. El último de los edificios construidos f ue la
Subestación Eléctrica (c. 1918) , el más destacado desde el punto de vista
arquitectónico . Está asociad o a la ampliación del M uelle de T harsis (1918-1923 ),
cuyas potentes g rúas de la casa Arrol & Company Ltd . no se moví an ya a vapor sino
con energía eléctrica. Es lo único que q ueda e n pie, puesto que todo lo anterior f ue
desmantelado en 1995 tras caer en des uso. Se tr ata de un edif ici o de planta
rectangular con cubier ta metálica a dos aguas y una cuidada f ábrica de ladrill o que
mezcla elementos de pr ocedencia británica, co mo el aparejo inglés, con resabios de
arquitectura popular espa ñola. Fue restaurado en 2 010 por el Ayuntamiento de
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Aljaraque, aun que de safortunadamen te ya habí an desaparecido las potente s
conmutatrices que convertí an la corr iente alterna, procedente de la Centra l Térmica de
Corrales, en co rrien te continua.
Fábrica de ga s pintsch p ara las boyas del p uer to de Huelv a ( 1891-1962) (Fi gura 2)
El auge minero q ue experimentó la provincia d e Huelva en el último cuarto del
siglo X IX propició un gran aumento del tráfico port uari o así como del calado de los
buques que frecuentaba n la r í a. La nueva situación exi gió la renovaci ón del sistema de
señaliz ac ión luminosa , obsoleto y deficiente p ara satis facer las necesidade s de la
navegación , lo q ue suponí a un
perjuicio para el comercio. El
Ingeniero Director del Puerto, Luis
M ª Moliní, hizo f rente al problema y
redactó un proyecto de balizamiento
cuyo presupuesto , de 145.006,23
pesetas, f ue aprobad o por R.O. de
26 de juli o de 1890, incluy endo la
construcción en la isla de Bacuta de
una fábrica de gas del sistema
pintsch con su m uelle de servicio.
Este gas de aceite, desarrollado por
el f abrican te alemán Julius Pintsch a
partir de 1851, apa rte de permitir
mayor capacida d de
almacenamiento y de iluminación que el gas de carbón, sopo rt aba muy bien las
vi braciones, por lo q ue su uso se extendió rápida mente en faros y boyas por t odo el
mundo. La f rancesa Soci eté International e d ’ Ecl airage par le gaz d ’hu ille , una de las
principal es promotoras de su difusión internacion al, f ue la q ue proporci onó todo el
material de boy as, acumuladores , f ábrica y gasómetro. Las obras comenzaron en
septiembre de 1890 y f ueron recibida s el 18 de julio de 1891. Según f uente s
consultadas, la de Bacut a ha de consi derarse un a de las p rimeras fábrica s que produjo
este tipo de gas en Esp aña, exportándolo incluso a puertos como el de Bilbao, q ue
más tarde se conver tiría en productor ( 1899 ). En 1913 el edif icio fue desmontado y
trasladado al nuev o terrapl én Sur del puerto; Francisco M ontenegro, por entonces
Ingeniero Director de las O bras, j usti ficaba la decisión con estas palabras: «la
vi gilancia era dif íci l y el servicio poco higiénico» (Archivo del Puerto de Huel va). En su
parte trasera se construyó al poco tiempo una casa para el guarda donde José Albel da
instaló en los años veinte un museo con piezas arq ueológicas procedentes de los
dragados. El 12 de octubre de 1946 se cedió este m is mo edificio para alb ergar la
colección del Museo Arq ueoló gico Prov incial, atray endo la visi ta de reputados
arqueólogos como Juan de Mata Carriaz o. No sabemos con exactitud cuándo dejó de
producir la f ábrica, aunque es posible q ue el fin de su servici o esté relacionado con las
noticias anteriores, lo cual puede deducirse también de un art ícul o publicado en La
Provincia (26/07/1930) con motivo de un homenaje brindado al propio Francisco
M ontenegro: «El banquete f ue servido en el recinto q ue da acceso a la fábrica de Gas
el cual habí a sido exornado artísticamente con banderas , g allardetes y flores e
iluminad o profusamente ». Con respecto a la pe rvivenci a del conjunto sólo podemos
apuntar que estuv o en pie al menos hasta 1956 y f ue desmantelado con anteriorid ad a
1973, según se deduce de la observaci ón de la fotografí a aérea histó rica.
Figura 2. La fábrica de gas en su segundo emplaza miento, e l
nuevo t errap lén sur de la zona de servicio del P uer to de Huelva .
Fuentes para la historia de las obras públicas, J unta de
Andalucía, 17- 24 - 1080 nº 17 .
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- Depósitos de explosi v os en Isla de Bacu ta ( 1893-1914) (Figura 3 )
La implantación del modelo de industrial iz ación minera en la provincia Huelva f ue
causa de una f uerte demanda de expl osivos destinados a labores de extracción. Así ,
la instalación de depósitos para estos peligrosos materiales se extendi ó no sólo por la
región m inera sino también en determ inadas áreas del estuario del Odi el, donde un
par de compañí as est ablecieron sus in fraestruc turas de almacenamien t o y distribución.
La primera f ue la Sociedad General de Explosivos , representada en Huel va por Juan
Cornejo Falcón , alcalde que fuera de Huel va durante el breve periodo comprendido
entre el 20 de ab ril y el 1 de julio de 1891. Aunque desconocemos la fecha de
construcción de los depó sitos de esta sociedad, sabemos que ya funcionaban en
octubre de 1893 gracias a la crónica de un incendio acaecido en éstos : «E n uno de los
depósitos de dina mita que existen en la marisma de Bacuta (Hue lv a) se decl aró
anteanoche un incendio». La noticia, publicada en La Iberia (09/10/1893), ex plicaba
que la detonación fue produci da por la expl osión de una caja de cápsulas y q ue f uero n
pasto de l as llamas 500 cajas de dinamita al lí almacenadas. Las autorid ades no
pud ieron hacer nada sal vo ordenar el reconocimiento de los daños tras la pron ta
extinci ón del fuego, que al parecer habí a sido intencion ado. Quedaba así de mani f iesto
que el lu gar elegido lejo s de la población, en la parte oest e de la isla de Bacuta, no
podí a ser más apropiad o. Ya en 1897, por O rden de 13 de f ebrero, se le concede a la
misma sociedad el permiso para lev antar un depósito de dinamita y otr o de explosivos,
debiendo mediar en tre ambos 800 m de distanci a y cerca de 2 k m entre éstos y el
M uelle de Tharsis. En el mismo año, por O rden de 2 de noviembre, se autoriza a
Antonio Reina y Flores, dueño de algunas minas en Alosno, a establecer un depósito
de dinamita y otr o de c ápsulas con suj eción al proyecto redactado por el destacado
arquitecto municipal Manuel Pérez y G onzález, autor, entre ot ros edificios, de l
M ercado de Santa Fe. Hasta aquí lo poco que se ha podido averiguar sobre estos
edificios, pudiéndose t an sólo apuntar, según el plano de 1914 que se acompaña , que
en tal fecha ya estaban aban donados .
Figura 3. A) De pósito s de ex plosivo s en Isla de Ba c uta en un plano de 1898. Bosquejo p lanim étrico de la Provin cia de
Huelva, IGN: PLANI2101 52 ; B) Polvo rín y cartucher ía de lo s depósit os de Unión Española de Explos ivos . Catálogo
Digital de Cartografí a Histórica, Instituto de E stadística y Ca rtogra fía de Anda lucía , Sig. IECA198 8008 271.
- Depós itos de la Un ión Española de Explosivo s en Isla de Cuartos (1906- 1977 )
(Figura 3):
Los conocidos como “Depósitos de explosivos de Peguerillas” f ueron levan tados
por la sociedad Unión Española de Explosivos , fruto de la f usión en 1896 de las nueve
empresas q ue entonce s operaban en España en el sector, entre ellas la ya
mencionada Sociedad General de Explosivos . La autorizaci ón para ocupa r la marism a
la obtuvo Antonio O livei r a Domí ng uez, representante de la compañía, por R.O. de 15
de abril de 1906. Al objeto de construir un depósito de cápsulas y unos p olvorin es, se
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Figura 6. A) El Corona II con una captura amadrinada al cos tado. Web skipsh istorie. net ; B) El Puen te-sifón Santa
Eulalia durante su con strucción . Archiv o del Puer to de Huelva.
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